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jueves, 28 de mayo de 2020

El confinado por desconfiado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Aunque en la cabecera de la noticia se afirma que el tiempo de lectura son dos minutos, lo cierto es que llevo dos días dándole vueltas a dos párrafos que no se me van de la cabeza. Una cosa es lo que tardas en leerlo y otra la que tardas en recuperarte de lo leído o  procesar lo que te hayan querido decir.
Hemos entrado en una complicada fase de desescalada lingüística, de malabarismos verbales, de bailes, incluso coreografías, de cifras. El estatismo anterior contrasta con el vértigo de los datos sobre las recuperaciones milagrosas, las terrazas infinitas, los cafés emocionales, los aviones cerrados en los que se respira mejor que fuera, en los beneficios del aire libre para no contagiarse, etc. Todo esto es luz frente al oscuro y siniestro mundo del confinado. ¡Muermo de tío!
Los dos párrafos que me dejaron pasmado nos los ofrecía Radio Televisión Española en su página web:

Aunque la Consellería de Salut ha optado por denominarlo como aumento de casos, en lugar de rebrote, sí ha admitido que estos contagios nuevos, producidos en residencias, personal sanitario, mataderos y en una fiesta de aniversario con 20 personas, en la que se contagiaron todas, han motivado que la región sanitaria de Lleida no sea propuesta para avanzar de fase.
El día 11 de mayo la tasa de incidencia acumulada en 7 días en la provincia de Lleida era de 12,1 casos por 100.000 habitantes, mientras que el 22 de mayo era de 42,7 casos. El Departamento de Salud ha anunciado que esperará unos días para decidir cuándo propone un avance de fase para la región sanitaria leridana, en función de la evolución de los nuevos contagios.*


¡Qué dos párrafos, qué riqueza de estilos! El arranque del primer párrafo, las dudas sobre si llamarlo "aumento de casos" o "rebrote" me parece un buen ejemplo de cómo las palabras nos permiten definir lo que queremos o debemos ver. ¿"Rebrote", "aumento de casos"? ¿Qué es un "rebrote" sino un "aumento de casos"? Pero lo más desconcertante es que los "nuevos" casos son viejos conocidos? ¿Es posible que los "nuevos casos" sigan siendo todavía repetición idéntica de lo que llevamos viviendo meses? ¿Se ha parado el tiempo en Lleida? ¿Qué se ha parado? ¿Nosotros?
Sí representa cierta novedad el caso del llamado "aniversario", el de los veinte invitados y los veinte contagios. No ha fallado ni uno. Les deseo pronta recuperación a todos, pero...
¿Hacia dónde vamos? La proliferación de fiestas estos días, de botellones a cumpleaños, revela una forma de cultura imprudente y puede que hasta desafiante, dado el clima político con el que se ha cargado el confinamiento y su contrapartida, la desescalada.


Una cosa es criticar al gobierno y otra la estupidez de pensar que ser contrario políticamente significa hacer lo contrario sanitariamente, por decirlo así. Es la estupidez que vemos en una parte de los Estados Unidos de Trump, mentalidad de donde provienen estas maneras, donde no llevar mascarilla es un gesto político... un gesto estúpido y peligroso. ¿Vamos a llegar a la conclusión que existe una "estupidez de derechas" y otra "de izquierdas"? ¿Hasta en eso es difícil coincidir?
Uno es muy libre de ser idiota, pero en una situación de contagio, la idiotez la pagan los demás. Los veinte celebrantes del aniversario no podían esperar a cantar el "cumpleaños feliz" y ahora los veinte tienen una cuarentena por delante y esperemos que no tengan que volver a reunirse por motivos más tristes.


La televisión nacional nos mostraba imágenes de un entierro de un motorista, con un incumplimiento absoluto de todas las normas más elementales. La explicación sociológica, por decirlo así, es que era "un motero muy querido" y que los moteros..., ya se sabe, Easy Rider y todo eso. El entierro era una auténtica fiesta. Seguro que el difunto no lo agradece. Pero hay cierta narrativa de fondo con el estereotipo del motero como rebelde de la carretera, como forma de vida, como amistad profunda, un "nosotros somos así y nada puede con nosotros". 
Una de las personas entrevistadas, asistente al concurrido entierro, comentaba que como había "autoridades" en el entierro, dudaba mucho que tomaran medidas. Por supuesto, lo que ocurra en el entierro no se queda en el entierro. Las imágenes serán usadas para hacer ver lo poco seguras que son las medidas de seguridad ahora que todo el mundo pretende ser "ejemplar" en la desescalada y —¡palabrita!— mostrar que se respetan las medidas. Es el turista nacional o internacional el que está en juego.


Las imágenes de nuestros desmadres y alegrías, ya sea en cumpleaños o en entierros, son difundidas como parte de la guerra mundial para evitar que salgas de tu país, reactives la economía de otros y después te tengan que ingresar en la UCI más cercana de tu pueblo, si es que hay sitio. Nadie quiere perder el beneficio y hacerse cargo del gasto. No lo dicen así, pero es así.
Las imágenes de las playas abarrotadas que muestran los medios de otros países (no solo las de España, no hay conspiración contra nosotros, pero sí somos fuertes candidatos al desplazamiento como potencia turística), tienen una doble función: muestran lo que no hay que hacer y donde no hay que ir.
El mundo se ha dividido entre los que piden que les llegue gente y los que no quieren que salga nadie. Nosotros somos de los necesitados de visitas, país estacional, festivo, que mira al cielo para pedir turistas y para comprobar el buen tiempo. La idea de "buen tiempo" ha estado presente en todos los países como un factor peligroso, como una llamada a salir cuando había que quedarse. Con lluvia, la gente se queda en casa; el sol nos manda a la calle o al extranjero.


Se han quitado la mayoría de las medidas de precaución reduciendo hasta el 50% lo que era una especie de undécimo mandamiento, los 15 días de cuarentena. Lo más increíble es cómo los países han negociado entre ellos con el "tú dejas pasar a los míos y yo dejo pasar a los tuyos". Los gobiernos del norte —¡siempre la división norte/sur!— advierten que es mejor quedarse en casa, donde "casa" es su ámbito nacional. Nosotros, los del sur, sonreímos y sonreímos con un aquí no pasa nada institucional. Pero puede pasar, de ahí las dudas sobre si hablar del aumento de casos o del rebrote, como se planteaba en la noticia de RTVE, una cuestión que no es baladí hacia el exterior.
¿Qué efectos tendrán sobre Tenerife, sobre Canarias, el funeral festivo del motero, funeral descarado, del aquí estamos y nos da igual? ¿Pasará como en el aniversario de Lleida, veinte de veinte? En Tenerife eran varios cientos de personas.
En el diario canario Atlántico Hoy, se nos cuenta el caso y también hay que procesarlo con sosiego:

Tras el fallecimiento de un vecino, la corporación, reconocen en la nota de prensa, recibió una solicitud por parte de una asociación de motoristas para rendirle un homenaje. Se permitió –mediante autorización- el acompañamiento del féretro siempre exigiendo el cumplimiento de la normativa, con un número limitado de vehículos, en una zona anexa al cementerio y a la plaza de la Iglesia.
La corporación encargó entonces –en cumplimiento de la normativa para la fase 2- un dispositivo de seguridad para dos entierros que tenían previsto celebrarse ese día en el municipio y la Policía Local acudió e informó en todo momento a los asistentes de la necesidad de tomar las medidas de distanciamiento social para prevenir el contagio de la COVID 19, con el apoyo de AEA.
Según se detalla en el comunicado, desde la corporación se reconoce que fue una situación que se desbordó de forma imprevista y que en todo momento se ha intentado actuar desde el respeto a los familiares del fallecido, sin dejar de velar al mismo tiempo por el cumplimiento estricto de la normativa tal y como han acatado otras personas del municipio desde el inicio del Estado de Alarma. Se lamenta también la molestia que esta situación excepcional pueda haber causado a la ciudadanía, finaliza.**


No acabamos de entender lo que se presenta como un conflicto de intereses, el respeto a los familiares y el cumplimiento de las normas. Lo que está claro es que la falta de respeto es la que han tenido los asistentes. Las normas no iban con ellos. Los avisos de la Policía Municipal parece que nos les importaron mucho. ¿No se pudo regular, hacer que se separaran, controlar la entrada al cementerio, que no es un parque público? ¿Se puede controlar la entrada en unos grandes almacenes y no en un cementerio? O lo más importante: ¿solo se pueden rendir homenajes de esta forma? Porque, en el fondo, es eso lo que está encima de la mesa, nuestra voluntad de ajustarnos a una situación que, nos guste más o menos, es insoslayable: el contagio. Motero, obispo, atleta o vicetiple... carne de contagio.
Por eso es tan peligrosa la deriva política de desafío a la que se está llegando, porque sustenta un clima de justificación de lo que es una imprudencia manifiesta pero se presenta como un acto de libertad frente a supuestas opresiones y derechos que nos roban.


Los que me oprimen y me roban son los que me he encontrado en el supermercado sin mascarillas y no manteniendo la prudencia de los dos metros. Son seres, sí, muy libres y hacen ostentación de ello. Las recomendaciones no van con ellos ni para un cumpleaños ni para un entierro. Los resultados de la libertad en Lleida ya los sabemos, veinte de veinte, ¿sabremos dentro de unos días cómo ha evolucionado, si es "rebrote" o "aumento de casos" lo ocurrido en el municipio tinerfeño? ¿"Rebrote", "nuevos casos", error estadístico, anomalía local...?
Lo ocurrido en el cumpleaños de Lleida es demoledor y debe alejar cualquier metáfora o representación de una situación de debilidad del coronavirus. Está claro que la estupidez y la imprudencia forman parte de la lucha por la supervivencia, ¡pero en nuestra contra!
En estos días se refuerzan los mensajes televisivos con campañas de prudencia tras comprobar que hablar de desescalada y empezar a perder el sentido común es todo uno; que fue mostrar una terraza y desatarse la estampida; que el primer día que se autorizaron las salidas empezaron a producirse los incumplimientos, los botellones, las fiestas domiciliarias; que dices 10 y le añaden un cero...


No puedo verificar si la infame gresca política a la que hemos vuelto —¡eso sí que es normalidad!— contribuye con el mal ejemplo a esta situación. Es más que probable que los ataques a la credibilidad de expertos defenestrados por exceso de uso, al trapicheo político para sacar estados de alarma, etc. estén pesando en la mente de muchos que interpretan mal los signos, olvidando que la inoperancia de algunos no nos exime de velar por nuestra salud y por la ajena. Sabemos lo básico, distancia e higiene. No voy a ofender a nadie dudando de lo segundo, pero sí de lo primero.
Señalaban acertadamente que la gresca política se ha trasladado a la gente, que a las ocho se aplaude a los sanitarios y personas de primera línea, para una hora después —como ya ha ocurrido— liarse a bofetadas en la calle. ¡Se echaba de menos la gresca! Han vuelto a dividirnos. No fallan.
Nos engañábamos con el bonito panorama de cultura para todos en una cuarentena ilustrada, de meditación zen y cultivo de la vida interior. Es probable que a algunos eso de la vida interior les hay sonado a eco siniestro. Lo único que parece importar, y en lo que los medios focalizan, son las terrazas y chiringuitos, las fiestas y saraos. Para salir hemos usado perros, niños y difuntos. Nunca he visto tanta ropa deportiva.


No vamos a dejar un cumpleaños sin celebrar, un difunto sin homenajear, un gol sin cantar cuando se abra la siguiente gran espita, que son los estadios. Van a ser los goles más celebrados de la historia del fútbol. Ruego porque haya mucho empate a cero, aunque haya que amañar los partidos. Me asombra el llanto por la procesión cancelada, por la extinción del toro de lidia a falta de corridas. Seguro que las santas patronas nos perdonarán la falta y no digo nada los toros, que habrán ganado al menos unos días antes de llegar a su destino.
Recordemos que esto empezó con turistas, fútbol y funerales. Y estamos igual que antes. ¿Echaremos de menos el confinamiento como otros echaban de menos el estar "desconfinados"? A este paso, me lo estoy temiendo. 
Me siento el "confinado por desconfiado". Si es triste no celebrar un cumpleaños, más triste es que sea el último que celebras. Si es triste no tener una despedida de esta vida, es más triste que te tengan que despedir a ti. Piensa y actúa con sentido común. No es mucho pedir, aunque si cada vez más difícil de encontrar.


* "Lleida se mantendrá en la Fase 1 tras detectar un rebrote de 187 nuevos contagios" RTVE 26/05/2020 https://www.rtve.es/noticias/20200526/lleida-se-mantendra-fase-1-tras-detectar-rebrote-187-nuevos-contagios/2014944.shtml
** "Un entierro multitudinario en Tenerife se saltó las normas de la desescalada" Atlántico Hoy 27/05/2020 https://atlanticohoy.com/front/post/tag/un-entierro-multitudinario-en-tenerife-se-salta-las-normas-de-la-desescalada

viernes, 22 de mayo de 2020

Decisiones o cuando llegue septiembre

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer hablábamos de la educación y los retos que tiene por delante. El COVID-19 ha cambiado toda nuestra vida y la enseñanza forma parte esencial de ella. En estos momentos, la preocupación parece trasladada al Turismo y qué pasa con las terrazas, playas y hoteles, pero cuando pase la temporada, la realidad nos pasará factura si no hemos sido capaces de resolver, no los grandes planteamientos, sino el momento crucial de abrir la primera puerta para dar clases... o no abrirla.
Como en cualquier toma de decisiones (tenemos hasta importantes teorías para la toma de decisiones), esa primera va haciendo descender toda una serie de alternativas hasta llegar a la última de las que deben ser tomadas. Cada decisión abre una nueva decisión y esta otra y otra y otra. La cuestión problemática, claro está, que las decisiones de la cadena se reparten de forma descendente, es decir, los de arriba cierran unos caminos mientras que nos dejan menos posibilidades abajo.


La Vanguardia publica hoy un artículo sobre las consecuencias de las decisiones y quién debe tomarlas (una cuestión de poder), cómo se deben aplicar y quiénes las deben ejecutar. Son niveles distintos del problema, máxime en una sociedad democrática en la que se toman muchas decisiones en medio de conflictos sobre quiénes tiene las competencias de ida y vuelta (y cuándo deben volver a sus habituales decisores). Cuanto más arriba se toman las decisiones suelen alejarse más de la realidad, ya que tienden a ser muy generales. Es el riesgo de tomar decisiones que afectan a los que están por debajo en la cadena sin contar con ellos. Es cierto que tratar de satisfacer a todos no suele ser posible, pero al menos sí escucharlos y tratar de que las decisiones se ajusten a la realidad y no al contrario. Describen así algunos de los problemas planteados:

El plan de desconfinamiento establece ratios de 5 alumnos por profesor hasta 3 años; de 13, de 3 a 12; y de 15, para el resto. Aunque es posible que estas ratios no sean definitivas. Bargalló advirtió ayer que las clases de P-3, P-4 y P-5 podría pasar a ser de 5 alumnos. Las escuelas no daban crédito. Ya no solo es cuestión de espacio sino también de profesores. Porque el aula de 25 niños necesitará 5 profesionales para atender a niños pequeños, precisamente los que no van a llevar mascarilla y los que menos van a entender la cuestión de las distancias.
En todo caso, las escuelas, ante la advertencia, ya han calculado sus carencias (a razón de 4 m2 por niño) y están ingeniando las readaptaciones internas en todos los espacios de uso colectivos, incluidos patios y pasillos. Otras contemplan tirar paredes, poner carpas o, incluso, montar barracones.
Aún así los números no salen, especialmente en la ciudad de Barcelona y su área metropolitana. “Puede que después del verano se relajen estas medidas, pero si este es un escenario posible, hay que empezar a actuar porque esto no se improvisa”, sostiene la directora del colegio Virolai, Coral Regí, que ha contactado con un club de tenis cercano.*



La mayor parte de las opiniones expresadas en el artículo tienden a hablar de conflictos de este tipo o de otros. Hay conflictos de intereses, claro, pero hay conflictos con la realidad, con lo posible o incluso con lo deseable.
Muchas decisiones se toman pensando en futuros cambios. Otras se toman de cara a la galería. Y otras muchas, sencillamente, están mal tomadas, una posibilidad que al poder —al que tiene la capacidad de tomarla— se le suele escapar gracias al exceso de confianza.
La sociedades democráticas hablan, precisamente, para resolver los problemas de la mejor manera posible y teniendo en cuenta todas las opciones que se van a establecer. Pero los "estados de alarma" pueden llegar a ser "estados alarmantes" o "estados alarmados" si se piensa en el espectáculo político al que asistimos. La aceptación de las decisiones tiene mucho que ver con la credibilidad y el prestigio, algo que la práctica política se encarga de lapidar, ya sea como estrategia contra alguien lo hace bien o como crítica justificada al que lo hace mal. Pero el efecto tiende a ser el mismo: se resienten las decisiones tomadas porque se siembra la desconfianza.


La posibilidad de que el Consejero de Educación, el criticado en el texto Sr. Bargalló, desconozca las cuatro reglas de aritmética básica, efectivamente, siembra el desconcierto y tras ello la crítica y el temor de aquellos que van a tener que dar la cara en los centros ante padres, profesores y niños.
Ayer hablábamos de los problemas en la educación superior, que se ve también amenazada por los criterios actuales y las expectativas de los futuros. Toda decisión, por definición, se toma pensando en el futuro, lo que implica expectativas, pero estas se deben centrar en los recursos (de todo orden, como el espacio disponible, el número de maestros, etc.) y la evolución de las situaciones desde las perspectivas de hoy.


Un condicionante muy fuerte —aunque no se manifieste— es el grado de confianza en el cambio de situación. Muchos sectores hacen ejercicio de contención o de ralentización de sus decisiones pensando que antes de poder llevarlas a la práctica la situación puede cambiar tan radicalmente como llegó.
Esto es precisamente lo que ha hecho que muchos gobiernos no hayan tomado las decisiones cuando podían tomarlas y haberlas tomado con retraso, cuando ya había mucho terreno perdido y la bola de nieve rodaba ya imparable. Los países que muestran ahora los peores estados por el COVID-19 eran los que estaban mejor informados, pero han seguido manteniéndose en la inacción pensando precisamente que cuanto más tarde les llegara la enfermedad más probabilidades de vencerla antes había. La desesperación esperanzada de Trump por la llegada de una vacuna o de un medicamente es la mejor muestra de cómo se siguen tomando decisiones equivocadas porque no se tomaron las adecuadas cuando era el momento. Porque, sí, las decisiones tienen su momento, su instante en el que son eficaces y toda la eternidad para ser tomadas a destiempo. Tenía mucha razón la persona que citábamos hace unos días "tomamos decisiones dos semanas tarde y ahora estamos tomando decisiones dos semanas antes". Se refería, por supuesto, a los que tardaron mucho en cerrar y ahora se quieren dar mucha prisa en abrir.
En la educación, las decisiones se deben tomar ahora porque, ocurra lo que ocurra, hay que garantizar mínimos para cuando llegue septiembre, como pregonaba el título de la famosa y divertida película con Rock Hudson y Gina Lollobrigida, la dirigida por Robert Mulligan en 1961.


El 12 de marzo, el diario argentino Página12 reproducía un artículo de Tomás Pueyo, publicado en Medium, en inglés, dos días antes con el título "Coronavirus: Why You Must Act Now"**, donde planteaba los problemas de la decisión y su momento de una forma muy directa y clara. El artículo en Medium, nos dicen, tuvo 30 millones de visitas en la semana. Las fechas de publicación son importantes porque muestran ya que en ese momento los ciegos se había arrancado previamente los ojos.
Escribía Tomás Pueyo al comienzo del artículo en su versión española en Página 12, que han considerado de enorme importancia por su efecto:

Este artículo incluye las siguientes cuestiones, acompañados de múltiples gráficas, datos y modelos con abundantes fuentes de referencia:
¿Cuántos casos de coronavirus habrá en tu zona?
¿Qué pasará cuando estos casos se materialicen?
¿Qué deberías hacer?
¿Cuándo?
Cuando termines de leer el artículo, esto es con lo que deberías quedarte:
El coronavirus está yendo hacia a vos.
Lo está haciendo a velocidad exponencial: primero gradualmente y luego repentinamente.
Es cuestión de días. Quizás una semana o dos.
Cuando llegue, tu sistema sanitario estará saturado.
La gente tendrá que ser atendida en los pasillos.
El personal sanitario estará agotado. Algunos de ellos contagiados, otros morirán.
Tendrán que decidir qué pacientes reciben el oxígeno y cuáles dejan morir.
La única manera de prevenir esto es el aislamiento social hoy. No mañana. Hoy.
Esto significa mantener a cuanta más gente posible en casa, desde ya.

Como político, empresario o representante de tu comunidad, tienes el poder y la responsabilidad de prevenir esta catástrofe.
Puede que te asalten las dudas: ¿Y si estoy exagerando? ¿Se va a reír la gente de mí? ¿Se van a enfadar? ¿Estoy provocando el pánico? ¿No será mejor esperar a que otros hagan algo primero? ¿Estaré causando un daño irreparable a la economía?
Pero en 2–4 semanas, cuando el mundo entero esté en aislamiento, cuando estos pocos y tan preciados días de distanciamiento social te hayan permitido salvar vidas, nadie te va a criticar: te agradecerán que hayas hecho lo correcto.***



Creo que es difícil explicar con mayor claridad lo que, visto desde hoy (siempre es un hoy), hemos visto cómo se repetía, escenario tras escenario, país tras país. Los que proponían modelos abiertos y felices, hoy están entrando en crisis de distintos grados y velocidades en función de sus características sociales, hábitos, pirámide de edad, demografía, movilidad, etc. Nos preguntamos entonces si se tomaron las decisiones correctas.
Es necesario ganar tiempo para decidir evitando perder tiempo para discutir. El tiempo se echa encima y si las vacaciones son importantes para el sector del turismo, la educación afecta a todos los ciudadanos como conjunto y a una mayoría por las circunstancias personales y familiares.
De nada sirve tomar decisiones sobre los espacios si no se toman sobre el profesorado y su número. De nada sirve tomar decisiones sobre las ratio si después no hay presupuestos, espacios adecuados, personal suficiente, alumnos u ordenadores para asistir a distancia.
Si queremos ser eficaces, podríamos tener en cuenta estos sencillos consejos que ofrezco gratis:
1) las decisiones tienen su momento adecuado;2) necesitan el máximo de información disponible;3) no pueden satisfacer a todos, pero hay que buscar el máximo de acuerdo;4) no mezcles en ellas lo que no se debe mezclar;
5) calcula los efectos colaterales, que necesitarán nuevas decisiones que habrás de negociar;
6) y escucha, escucha, escucha..., pero a los que tienen algo interesante que aportar, no a los que se escuchan a sí mismos.
No tengo mucha esperanza, porque por algo estamos enseñando a las máquinas a tomar decisiones, pero puede que ayudara tener en cuenta esos principios elementales
El COVID-19 deja una vez más nuestros límites y carencias al descubierto. También nuestra obcecación, maldad y poco estilo político. Es lo que creo que demanda la mayoría ciudadana. Que se dedique el tiempo a decidir bien, que quiere decir escuchar, debatir y tomar la mejor decisión. El resto es politiquería (no confundir con el noble arte, cuando le dejan).



* "Las escuelas buscan espacios para dar clases en septiembre" La Vanguardia 22/05/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200522/481318059362/escuelas-buscan-espacios-clases-septiembre.html
** Pueyo, Tomás "Coronavirus: por qué tenemos que actuar ahora" Página12 12/03/2020 https://www.pagina12.com.ar/253133-coronavirus-por-que-tenemos-que-actuar-ahora
*** "Pueyo, Tomás "Coronavirus: por qué tenemos que actuar ahora" Página 12 15/03/2020 https://www.pagina12.com.ar/253133-coronavirus-por-que-tenemos-que-actuar-ahora



jueves, 14 de mayo de 2020

La desescalada ¿era esto?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Situaciones diferentes, tiempos diferentes, medidas diferentes. El COVID-19 no admite el café para todos ni se puede permitir el desarrollo a la carta como algunos pretenden. Por mucho que nosotros estemos bien, si los demás no lo están. "Estar bien" es un concepto relativo y frágil.
ABC nos dice que ha aumentado el número de casos infantiles desde que se autorizó las salidas a la calle de los niños porque nos preocupaba la salud física y mental. Recordamos la explosión de júbilo de los niños jugando y los padres comentando lo bien que se lo pasaban sus hijos. El porcentaje que dan del aumento de casos entre menores de 9 años es significativo, el 37%. Las explicaciones no son claras:

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, reconoció su «preocupación» por el aumento de contagios de coronavirus en menores de 10 años. Sin embargo, señaló que esta información le llegó de «hospitales que sí lo han comentado». «Nosotros no hemos detectado una diferencia significativa. Siempre hay oscilaciones en las cifras y descensos, aunque sí puede haber un aumento que tendrá que valorarse con cuidado», señaló el experto ayer en rueda de prensa.
Respecto a este incremento y su posible relación con las medidas de alivio para los menores que entraron en vigor el pasado 26 de abril, Simón dijo que, de deberse a ello, «se tendría que haber observado ya hace casi una semana». «Con lo cual –añadió– debemos tener cuidado a la hora de valorarlo».*

Toda decisión implica elegir entre unos elementos y otros; es lo que conocemos cuando valoramos. Pero hay muchos otros factores que podemos desconocer, que se tienen en cuenta. Los modelos que se usan no son la realidad, mucho más cambiante y caprichosa. Nos gusta pensar que nos regimos por leyes férreas, pero en el caso humano o social son mucho más proyecciones para evitar el temor a lo "azaroso", es decir, a lo que no controlamos, el gran enemigo.
Si el dato del aumento es cierto da igual que hayan sido los niños los que lo hayan cogido o sus paseantes quienes se lo hayan transmitido. La salida de los niños no es algo aislado, sino algo dentro de un conjunto de acciones o situaciones. Cualquier contagio se debe a proximidad o a compartir algo que actúa de transmisor.

Lo cierto es que se están descubriendo por todo el mundo algo que se desestimaba: que los niños se contagiaran. Vemos que no es así, que los niños se contagian y que presentan cuadros específicos en muchos casos, algo que antes no se consideraba vinculado al COVID-19. Hoy muchos piensan que sí, aunque no se sepa por qué o cómo.
Lo que lleva a la preocupación por lo que ocurrirá con las escuelas. Todo se acaba convirtiendo en un problema espacial, de distancias: cómo mantener a los niños separados, cuántos pupitres debe haber por aula... Los expertos hablan desde una realidad hipotética. Luego el que lleva una guardería o una escuela, un instituto o una facultad, tienen que traducir a la realidad de sus propios espacios lo que los expertos han dicho en el vacío, Esos "dos metros" son ya reales... posibles o imposibles, rentables o ruinosos.


Lo que la palabra "desescalada" escondía eran muchas restricciones, que son frustraciones en la realidad. Muchos se imaginaban la desescalada como una Julie Andrews descendiendo por la loma en "Sonrisas y lágrimas", cantando y con muchas flores en los prados. Por eso lo cosas como la exigencia de cuarentena a los turistas o la prohibición de las rebajas en el comercio han sentado como jarras de agua fría, a algunos como manguerazo de agua helada en psiquiátrico de película de los 50, mucha camisa de fuerza y celdas de aislamiento, algo como "Corredor sin retorno", por usar otra imagen cinematográfica. De los colores vistosos, la música alegre y los niños cantando en las montañas, al blanco y negro sórdido y expresionista de Samuel Fuller en su filme.



ABC trae otra noticia inquietante en una realidad inquietante y contextual: la proliferación de colchones amontonados junto a los contenedores de basuras, algo que califica como "plaga" en su titular:

Apoyados junto a los contenedores o tirados en la propia acera. Decenas de colchones viejos permanecen en la vía pública a la espera de ser retirados por los servicios de limpieza viaria del Ayuntamiento de Madrid. La situación afecta sobremanera a zonas de los distritos de Usera, Puente de Vallecas, Vicálvaro o Ciudad Lineal, donde los vecinos han observado la aparición de estos enseres en los últimos diez días. Pese a que las teorías sobre su procedencia son diversas, es una la que cobra fuerza entre los operarios encargados de su recogida: la mayor parte pertenecían a personas fallecidas durante la crisis del coronavirus. Por ello, resulta esencial desinfectarlos antes de proceder a su traslado.**



No vamos a especular sobre si los colchones son de los que han abandonado este mundo o solo su casa. Sea por lo que sea, la imagen causa miedo; esperemos que no le dé a nadie por ponerse a quemarlos en plena calle, que hay mucho pirado desconfinado ya.

Lo cierto es que el desconfinamiento ya no es una etapa de esperanza, sino más bien de frustraciones, del descontento del que esperaba todo y solo tiene un poquito. La llegada de la dura y lenta realidad no satisface a nadie. Los que estaban satisfechos hace unos días por ese primer café en la terraza, una vez pasado el primer momento, comenzarán a exigir otros primeros momentos, más intensos, más variados, una escalada.
Los expertos están asustados y no lo callan. O se tiene cuidado o nos volvemos todos a casa. Pero ¿es esto posible? Las fuerzas oscuras se encargan de extender el descontento al grito de "libertad" tratando de convencernos de que estos es una cuestión constitucional. Están calcando el modelo de Trump y sus trumpistas armados.
La lentitud debería ser mesura. Desgraciadamente se ha sido lento en cosas que tenían que haber sido rápidas y viceversa. Lo ha expresado muy bien en La Vanguardia el catedrático de Ingeniería Informática y Matemáticas de la Universidad Rovira i Virgili, el profesor Álex Arenas, que forma parte de grupos de trabajo sobre el COVID-19: “En esta enfermedad, dos semanas lo son todo. Dos semanas es lo que tardamos de más en confinar, y dos semanas es el tiempo en el que nos hemos precipitado en iniciar el desconfinamiento”. Bien descrito, pero nos trae cierto pesimismo al ver el estado de ánimo, más bien impaciente, de muchos sectores que quieren recuperar lo que creen que han perdido al estar parado todo. Cuidado con las prisas. El mismo investigador señala respecto al temor que manifiestan todos los expertos, del doctor Fauci (a Trump le ha sentado fatal) a los españoles, franceses, alemanes... en todas partes:

Ahora mismo, los modelos matemáticos no pueden predecir cuándo puede producirse ese temido rebrote. Hay datos que todavía se desconocen. “El problema es saber cuánta movilidad está comportando la salida de los niños y el resto de personas. Necesitamos conocer cómo se están restableciendo estas cadenas de contactos”, arguye Arenas.
Todo este escenario es lo que le hace pensar que llevar a cabo las distintas fases de desescalada dentro de los tiempos previstos resultará toda una quimera. “Será imposible estar dentro de la última fase de desescalada en junio. ¿Qué la isla de La Gomera sí podrá estar? Posiblemente, pero, ¿de qué le sirve a La Gomera estar en esa fase si el resto no lo está?”, se pregunta. Y añade: “Es hacer un mal favor a la población pensar que Madrid y Barcelona podrán hacer una vida pseudo normal en junio. No es realista”.***



No, no es realista. El mayor miedo que se tiene en estos momentos es ese, la confusión de los deseos y la realidad. Que los sueños se conviertan en pesadillas de las que sea mucho más difícil salir socialmente. El término "nueva normalidad" ha servido para que muchos se hagan ilusiones sobre su significado y lo que van viendo no les gusta. Pero no se trata de gustos, sino de conseguir un objetivo claro: mantener el sistema en un número de contagios asumibles por los recursos que tenemos. Tenemos límites que han sido desbordados y de poco han servido mostrar los hacinamientos en las UCI, hospitales, funerarias, morgues, ataúdes por calles (Guayaquil) o camiones frigoríficos repletos de muertos (Nueva York), de cifras terribles en las residencias de mayores, etc. Hoy nos sorprenden los colchones en las aceras; mañana...
Las avalanchas para todo, deporte, perros, niños, mayores, compras..., son peligrosas porque esto tiene otro ritmo que es necesario atender. Un par de semanas, como decían, puede marcar una enorme diferencia. Correr demasiado no es bueno; supeditar la realidad al deseo, tampoco.  Realismo, sensatez... por muy mala que sea la situación, mejora con lentitud y empeora a enorme velocidad. Es lo que hay. Podemos comprobar los estragos en países que, como Estados Unidos, han hecho del deseo error.


* "Los contagios en menores de 9 años crecen más rápido que la media desde que se autorizaron los paseos" ABC 14/05/2020 https://www.abc.es/sociedad/abci-contagios-menores-9-anos-crecen-mas-rapido-media-desde-autorizaron-paseos-202005140224_noticia.html
** "Plaga de colchones tirados en la calle tras las muertes por Covid-19" ABC 14/05/2020 https://www.abc.es/espana/madrid/abci-plaga-colchones-tirados-calle-tras-muertes-covid-19-202005132155_noticia.html
** "Científicos avisan: no hay suficientes rastreadores para contener un posible rebrote" La Vanguardia 14/05/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200514/481132988024/coronavirus-modelo-matematico-necesidad-mas-test-contener-rebrote.html

martes, 12 de mayo de 2020

Suspiros de Terraza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La manía de las "dos Españas" ha llevado al diario El Mundo a un ejercicio de mal gusto (a algunos les parecerá bien) hablando de la "España confinada" y la "España con terraza". Las televisiones han ahondado en esta diferencia conectando en directos con bares y cafeterías transmitiendo en directo —como acabo de ver— el placer supremo de una señora al dejar caer sus posaderas sobre la silla de la terraza mientras lanzaba un pletórico suspiro. La cámara estaba allí para recoger ese primer suspiro de las anhelantes nalgas. No somos nadie sin terraza... Don Quijote de la Terraza... Terraza cañí... Suspiros de Terraza.
Poco después, desde otra terraza española, otra señora declaraba en exclusiva que su primer cafelito le ha sabido a gloria, a gloria de la buena. ¡Quién nos iba a decir que ese gesto repetido hasta la invisibilidad se iba a convertir en noticia estrella, en apertura de telediarios! Sin embargo, ahí están, las terrazas disfrutadas por los privilegiados de la "España 1" frente a los parias de la "España 0", la señalada con el dedo, la que sufre —como dice el presidente de la Comunidad Autónoma Andaluza— de grave "daño reputacional", tras la afrenta alevosa de dejar fuera a Málaga y Granada. Desde Boabdil El Chico nadie había llorado tanto por Granada. Se quedan sin suspiros de terraza por ahora.


Por supuesto, el primer suspiro se irá reproduciendo —nuestros medios no dejarían pasar la ocasión— con la primera sentada en la grada —"¡cómo lo echaba de menos!—, el primer gol en casa —"¡cómo lo echaba de menos!"—, el primer abrazo al pariente distante —"¡cómo lo echaba de menos!—...

Los medios televisivos, que tanto informan en directo, nos han sometido a los extraños rituales informativos de las ausencias en la primera fase de la pandemia, la del ascenso al pico de la enfermedad. El modelo ha sido copiado por todos hasta la saciedad y no tenemos constancia de quién fue el primero que lo desarrollo. Un ejemplo, el día de San José te plantas en una plaza valencia vacía y dices que el año pasado allí había una "falla" y unos cuantos miles de personas. Las variantes han sido infinitas, como enfocar un balcón sevillano vacío asegurando que allí alguien cantó una saeta al paso de la procesión. Los que lean esto recordarán sus casos, los casos del "año en blanco", del "quién me ha robado mi falla" o como decían algunos románticos, "mi primavera". 
De algunos sabíamos que tenían poca vida interior, pero lo que no sabíamos era cuánta vida exterior tenían. En nuestra España moderna, la vida exterior es un deber patriótico. La terraza (simbólicamente) es el lugar del cuerpo y del alma, de la convivencia y del gasto para que no se nos pare la economía... o el corazón por falta ese cafelito.
Todos echamos de menos la vieja normalidad. Pero, debo ser raro, echo de menos más a las personas que me atendían que a los cafelitos y las terrazas. Sin salir de casa, me preocupa más su destino, saber si cuando llegue un día a ese bar o restaurante, a esa taquilla, a esa caja del supermercado o a la peluquería, etc. me voy a encontrar con las mismas personas con las que antes hablaba.


La disputa política sobre las dos Españas, con y sin terrazas, me parece triste. Muestra que seguimos por los mismos senderos, fraccionados hasta el infinito, incapaces de ponernos de acuerdo en un asunto de esta trascendencia. Es triste, pero es así. 

No somos los únicos en disputar, claro. Pero tampoco me sirve de consuelo que existan Trump y Bolsonaro. 
Las terrazas están creando la sensación de un falso final o, si se prefiere, de un final en falso. Esto está empezando y ya muchos quieren regresar a la "vieja vulgaridad". 
Desaprovechamos la ocasión de remodelar ante la prisa angustiada por el cafelito y la terraza. El desmantelamiento de decenas de botellones nocturnos y fiestas en casa ocurrido en Madrid y de la que se nos da cuenta en la prensa de hoy tiene mucho de grotesco y deprimente. Los hacinamientos en aviones y autobuses de línea, cuyas imágenes nos han mostrado, dan a entender que muchos ya están en la "España 2", en la "3" o la "4" y lo que le pongan por su cuenta. Las denuncias de los viajeros, su angustia por verse hacinados de golpe después de cincuenta días de soledad mejor o peor llevada hace temer por que la llamada "reapertura de la economía" (una cursilería) sea una mezcla entre la carrera de Oklahoma y Fuenteovejuna.


Vox, siguiendo el modelo del "amigo americano", se ha declarado en rebeldía y reivindica las libertades y el salir a la calle a pecho descubierto (después de haber pasado la enfermedad gracias a sus mítines), sin mascarilla, a protestar, que es lo suyo. Se alinea así con la reacción de la ultraderecha alemana que ha hecho lo mismo. Es el modelo. Ellos sabrán. Quizá reivindiquen la toma de las terrazas al asalto.


Por supuesto, me alegra que la gente se divierta y que los negocios abran, que se pueda tomar el sol, etc. Pero cuando hablo de la España de la terraza veo un modelo. Muestra que todos esos otros artículos sesudos hablando del cambio a la "nueva normalidad", de las carencias observadas en nuestro sistema de producción, de la necesidad de ser menos dependientes en nuestra economía, etc. con los que se han llenado nuestros momentos de angustia y soledad, se han esfumado. Eran para llenar tiempos muertos. Todo parece distante.
Lo que discuten nuestros políticos, al final, es cuándo abrir las terrazas, las playas, la llegada del verano... Sobre eso gira nuestro mundo. Han tenido que regular las rebajas, para evitar descalabros y rebrotes epidémicos por causas tan nobles como un buen descuento.  
Sí, parece que nos acercamos a la "vieja vulgaridad", a lo de siempre, que en el fondo es lo muchos echaban de menos. Y queda mucho, todo, por delante. Todo aquellos de que íbamos a ser distintos, que ya éramos mejores... se irá quedando por el camino, como un efecto secundario de la pandemia. 



lunes, 11 de mayo de 2020

Las alegrías del desconfinamiento o Lázaro está en la calle

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A la pregunta online "¿Temes que se produzca un repunte de contagios de la Covid-19?", formulada en La Vanguardia, las respuestas actuales se reparten entre el 82,92% del "sí", con 14.216, y el "no", con  un 17,08%, que son el reflejo de 2.929 votantes. No parece que haya precisamente una opinión optimista sobre la evolución de los contagios.
Una vez que ha quedado probado que es nuestra falta de precaución lo que ayuda al COVID-19 a tomar posiciones, los resultados se pueden traducir en desconfianza en nuestro propio comportamiento o, si se prefiere, en nuestra falta de sentido de la responsabilidad.


La sociedad se está empezando a polarizar. La división empezará a producirse entre "sensatos" e "insensatos", por decirlo de manera clara. La vigilancia extrema, celosa, de los primeros días de confinamiento, con insultos incluidos a los que pisaban la calle sin aparente justificación, comenzó a relajarse a la vista de lo fácil que resultaba ser descarado. Podías pasarte horas paseando a un pobre perro prestado o podías ir al supermercado ocho veces a comprar cosas distintas. Hubo que desarrollar una vergonzosa casuística para evitar que la falta de letra pequeña permitiera burlar las normas que se basaban en el sentido común y la interpretación responsable. Pero puestos a ser irresponsables, ¿por qué no? Luego empezaron con los niños. La sociedad española empezó a sentirse desasosegada ante los riesgos que los niños corrían por el confinamiento y sumaron "niños", "perros", "supermercados", "periódicos" y lo que hiciera falta. A algunos apenas los ven en casa desde que estamos confinados. La picaresca vuelve y Lázaro está en la calle.


Por ello, el anuncio de las medidas de "relajación" coge a algunos ya agotados de tanto confinarse. Las nuevas normas están pensadas desde la sensatez, pero el español listillo se atiene a la letra pequeña y a la minúscula, a la invisible, si es necesario. No tiene, pues, nada de sorprendente o exagerado el resultado de la encuesta en La Vanguardia: casi todo el mundo teme un rebrote. Basta con abrir los ojos. Que hayan tenido que poner señales para los caminantes en las calles peatonales no es buena señal.
No somos los únicos que temen rebrotes o que lo comprueban en sus propias estadísticas. En La Vanguardia encontramos casos tan diferentes como los de Irán y Corea del Sur, que ya comentamos anteriormente, donde se cierran los bares, discotecas y clubes nocturnos porque de 18 nuevos contagios, 17 están asociados con un mismo individuo, un desconfinado juguetón y bullicioso que visitó cinco locales de alterne en un fin de semana. Lo pilló con ganas.
El caso de Irán, lógicamente, proviene de otras circunstancias. Aquí no han sido los clubes ni discotecas, sino el comercio esencialmente:

“Con la reapertura de los comercios, la gente se ha olvidado de los protocolos. Probablemente era demasiado pronto volver a la vida normal” en Teherán, según declaró Aliréza Maher, miembro del Comité nacional de lucha contra la pandemia, a la agencia Isna.
“La situación no debe en ningún caso ser considerada normal”, ha declarado en la TV estatal el portavoz del ministerio de Salud, Kianuche Jahanpur, recordando que el virus de la Covid-19 todavía está muy presente en todo el país.*



Y es lo que deberíamos recordar todos, porque es el mismo olvido en Irán, Corea del Sur, Estados Unidos o en Alemania, otro país, por cierto, donde también se ha dado un repunte de casos con motivo de las confianzas en lo bien que se ha hecho. China también avisa de algunos repuntes en provincias del norte y en Wuhan.
Quizá las metáforas bélicas engañen con su retórica de "vencer al virus" y todo lo demás. Aquí a los únicos que hay que vencer es a nosotros mismos; nuestro principal enemigo somos nosotros, nuestros olvidos, imprudencias y desganas.


La lista de comunidades y provincias que han "aprobado" para pasar a la siguiente fase tiene demasiadas reminiscencias escolares como para ser aceptable por los suspendidos. Se "suspende" al que no ha hecho sus deberes o, como quieren los interesados, porque el profe gubernamental les tiene manía. Le debemos al presidente andaluz una frase para la posteridad (los políticos ya solo pasan a la posteridad por estas cosas), tal como se recoge en ABC: «Los ciudadanos de las provincia de Granada y Málaga han sido condenados a la asimetría por una decisión que no ha sido objetiva, sino que más bien parece que ha sido discrecional»** Lo dicho, el profe me tiene manía.


La reacción de las Comunidades que se han quedado sin pasar de fase ha sido la pataleta. En un momento de tensiones por la llegada del verano, las provincias que temen verse perjudicadas de cara a una más que hipotética campaña vacacional se rebelan. En este sentido, el gobierno lo ha hecho muy mal. Se comprende ahora el interés en usar la "provincia" como unidad y no las autonomías, que hubiesen obligado a un peligroso "todo o nada".  Habrá que tener cuidad con las alegrías del paso de fase. Puede que alguno quiera recuperar lo perdido por el camino en el primer fin de semana.
¿Pero es lógico este frenesí pre veraniego? El riesgo es grande porque es precisamente la que puede devolvernos al aislamiento a todos.


Como señalábamos antes, Alemania —que el tópico quiere ordenados y serios, responsables frente a los latinos, más tirando a descontrolados— está empezando a padecer un repunte del número de infectados, como muestran la "tasa de reproducción". El diario El País comenta el caso:

El alivio de las restricciones de la vida pública es un camino tortuoso y no exento de peligros. El miedo en Alemania a una recaída en la propagación de contagios de covid-19 se ha avivado este domingo tras superar la tasa de reproducción del virus la barrera del 1, considerada por las autoridades políticas y sanitarias el límite para evitar la propagación exponencial de la enfermedad. El instituto oficial Robert Koch ha cifrado en 1,1 la tasa que mide la media de contagios de los que es responsable una sola persona, casi tres semanas después de que comenzara la desescalada en Alemania con la apertura de los comercios. Mientras, en las calles se palpa una creciente relajación ciudadana.
En los próximos días se podrá saber si el 1,1 se trata de una subida puntual o de si se consolida el incremento, en un país que hasta ahora ha logrado reducir significativamente el número de contagios y donde el número de personas curadas supera con creces a diario el de nuevos casos. El Robert Koch advierte en su informe diario que la tasa de reproducción se trata solo de “una estimación” y que “es demasiado pronto para inferir si el número de nuevas infecciones continuará decreciendo como en las pasadas semanas o si crecerá de nuevo”.***



La cuestión es clara: o nos acostumbramos a tomar ciertas medidas (a vivir con ellas) o nos acostumbramos a las muertes en creciente indiferencia. Es el modelo de Johnson previo a su propio contagio: que se mueran los que "tienen que morir" para que se inmunicen los que queden. Y a otra cosa. Pero la cosa pinta distópica.
¿Vamos a pagar las alegrías del desconfinamiento? ¿Hemos aprendido algo? ¿Somos capaces de comprender que todo ha cambiado? Al virus no se le vence más que con una vacuna. Mientras tanto, solo se le contiene, se le mantiene distante de nosotros... si lo hacemos. Si creamos las condiciones para que se expanda, para que esa tasa vuelva a subir del 1, estaremos condenados a repetir los pasos o a volvernos fatalistas y al que le toque, le ha tocado. 
Lo queremos todo: terraza, fútbol, cafetitos, paseo, cine... y, sí, lo suyo. Desconfinamiento Now! Pero cada día siguen muriendo personas y otros se juegan la vida por evitarlo.  ¡Cuidado con las alegrías!
Prudencia. La Naturaleza —la misma de la que ha surgido el coronavirus— nos dio algo que tiene muchos nombres, pero es nuestra ventaja en la lucha por la vida: sentido común, inteligencia, raciocinio, sabiduría... lo que quieran. Lo que hagamos no solo nos afecta a nosotros, también es un riesgo para los demás. Piensen en el tipo de Seúl: él solito, en un fin de semana, contagió a 17 personas. Seguro que se lo pasó muy bien.



*"Irán advierte de un rebrote un mes después de la reapertura de comercios" La Vanguardia 10/05/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20200510/481072415026/iran-rebrote-mes-despues-reapertura-comercios-teheran-internacional-oriente-medio.html
** "La Junta considera la epidemia del Covid-19 «razonablemente controlada» en Andalucía" ABC Sevilla https://sevilla.abc.es/andalucia/sevi-junta-considera-epidemia-covid-19-razonablemente-controlada-andalucia-202005101602_noticia.html
*** "Alemania teme que se disparen los contagios casi tres semanas después del inicio de la desescalada" El País 10/05/2020 https://elpais.com/sociedad/2020-05-10/alemania-teme-que-se-disparen-los-contagios-casi-tres-semanas-del-inicio-de-la-desescalada.html