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domingo, 28 de enero de 2018

Sorpresas, rutinas y medios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los sucesos de la precampaña electoral egipcia se suceden con novedades y previsiones. Entre estas últimas, por ejemplo, se encuentran las quejas del gobierno por la forma en que la prensa extranjera interpreta y valora lo que ocurre allí. El titular del estatal Ahram Online, "Egypt's SIS criticises foreign media coverage of Sami Anan case"*, por empezar por lo previsto, es una nueva versión del eterno lamento sobre la "incomprensión" que Egipto padece. El hecho de que nadie comparta su visión no les preocupa mucho, la verdad. No es fácil cambiar la visión y ajustarla al resto de la humanidad. Como tampoco entiende nadie demasiado bien las notas de protesta por no ser entendidos, la reproducimos:

Egypt's State Information Service (SIS) issued a press release on Thursday criticising the coverage of some foreign media outlets of Lt. General Sami Anan's recent exclusion from the country’s upcoming presidential race.
Anan was removed on Tuesday from the voter registry for the elections because he is still a member of the Armed Forces, whose personnel are barred from political activity. Anan is also currently under investigation by the military for breaching the laws of military service by running for office before ending his service and without seeking the army's permission.
The SIS accused the unnamed foreign media outlets of failing to cite official sources, namely the National Elections Authority (NEA), in their coverage.
"The coverage was marked by absolute disregard for relevant facts, the most significant of which is the legal characterisation of the status of recalled Lieutenant General Sami Anan in accordance with the laws and decisions regulating the affairs of the Armed Forces," the SIS statement said.
The SIS also criticised the use of the word “detention” in reference to Anan’s case, asserting that "detention is non-existent in Egyptian legislation and was abolished by the Supreme Constitutional Court in 2011.”
"In such cases, procedural matters are always governed by the criminal procedures laws," the SIS statement said.
The SIS also slammed the foreign media outlets for "jumping to political conclusions regarding the conduct of the presidential elections," as well as fabricating and exaggerating some incidents.*


Todo el mundo puede entender que un militar no pueda participar directamente en la política, por más que el presidente al-Sisi inaugure vestido con el uniforme militar. Lo que no se puede entender es que un ex militar no sepa que todavía continúa en el Ejército. Sami Anan es presidente de un partido político desde hace años, lo que quiere decir que realizaba actividades políticas, obviamente, aunque solo fuera la fundación. No fue molestado por ello. Sí, sin embargo, cuando decide presentarse a las elecciones presidenciales.
Más increíble es la explicación de que en Egipto no existe la "detención" porque fue abolida por la Constitución. Tampoco existe la tortura o las desapariciones. Tampoco es un crimen la homosexualidad, que no está penalizada, pero se detienen a homosexuales. También está garantizada la libertad religiosa por la constitución y se detiene a los ateos. También está garantizada la libertad de expresión y se cierran o bloquean decenas y decenas de periódicos o medios. El respeto a la ley en Egipto pasa siempre por el juego con la semántica. Lo malo es que se pierde mucho en la "traducción" y la gente no debe entenderlo. Egipto es el país del malentendido.
Es sorprendente lo que se señala en el último párrafo citado. ¿Les extraña que la gente salte a la política con todo esto? Resulta que las campañas presidenciales, las candidaturas no son políticas. Egipto tiene siempre el mayor número de casualidades política cuando hay elecciones. La excusa de la intervención de los jueces es la más manida en un país donde los jueces se complican poco la vida y pertenecen al sistema gracias a los mecanismos de selección férreos. 


Ayer dábamos cuenta de la noticia en la que Hisham Geneina, que había sido anunciado como vicepresidente por Sami Anan, había sido atacado por un grupo de hombres. Puede que sea "casual" y que no sea "político", a cualquiera le pueden dar una paliza en estos tiempos. Lo que no fue casual es que Hisham Geneina, antiguo Auditor General del Estado, fuera "detenido" y enviado a los jueces por difundir mentiras sobre Egipto al poner en su informe el tamaño económico estimado de la corrupción. Tampoco fue casual que su hija, Shorouk Geneina, fuera despedida de su puesto en la Administración sin explicación alguna después de haberse deshecho de su padre. Siempre habrá una explicación, claro, porque en Egipto siempre hay una explicación para estas cosas, o para las desapariciones o para las apariciones en las cunetas de cuerpos torturados, como el de Giulio Regeni, o para morir en una comisaría, como el joven conocido por "Afroto", que entró y en un par de horas salió cadáver hace unos días. Tampoco esto, desgraciadamente, es novedad.


Tampoco entra en las sorpresas el anuncio de restirada de Mortada Mansour, el apodado "perro del régimen", ya que es la segunda vez que lo hace. Mansour ha hecho la misma prueba de músculo en dos ocasiones: se presenta y después se retira. Es una forma como otra de llamar la atención y que te deban un favor. Mansour ha hecho muchos favores. Se cree que es quien pago a los infames jinetes de la llamada "batalla del camello", en la que se lanzaron contra los que protestaban en la Plaza de Tahrir. Profesa un odio profundo a la revolución de 2011 y lo exhibe cuando tiene ocasión. Mansour ha reunido a los medios en su casa para anunciarles que se retira, dando gracias a los diputados que le apoyaron. Tras señalar que lo hace en su casa porque lleva enfermo una semana y no en los locales del Club de Fútbol Zamalek que preside, ha señalado según se recoge en Egypt Independent:

“The details will be announced in full later, and I will announce the candidate I will support in the next election at the time,” he said.
[...] Mansour, considered one of the most controversial public figures in Egypt, has asserted that if elected as the president, his first decision would have been the suspension of Facebook.**


No sabemos si esta vez ha tenido otra visión indicándole que se retirara en beneficio del presidente al-Sisi. Pero tampoco sería extraño que haya recibido otra revelación. Como puede imaginarse, muchos se habrán alegrado de la retirada, aunque solo sean los hinchas del Zamalek, que le odian, y los internautas. Mansour es otro ejemplo del Egipto retrógrado, de esa clase empresarial brutal y autoritaria que ha prosperado. Es otro adulador del poder. Presentarse es para que le deban el favor de retirarse y para que vean que ha tenido el apoyo de los 20 parlamentarios, que tiene conexiones.
Hace dos días, en cambio, teníamos la sorpresa de un "alta" en la carrera presidencial. Era la de al-Sayed al-Badawy, líder del partido Wafd, el liberal, el más antiguo de Egipto, creado hace más de cien años. "Wafd Party chairman Badawy to run for president", nos anunciaba desde los titulares Egypt Independent mientras otros nos contaban que ya se estaba realizando la pruebas médicas preceptivas.

The Wafd Party’s supreme body held a meeting at the headquarters of a pharmaceutical company belonging to party Chairman al-Sayed al-Badawy in 6 October City, and chose Badawy as the party’s presidential candidate to run against Abdel Fattah al-Sisi, Wafd Party sources said on Thursday evening.
Sources who wished to remain anonymous told Al-Masry Al-Youm that the party had been choosing between Badawy and party leader Hany Sarrey Eddin. Sources added that a senior security official attended the meeting.
In the end, the sources revealed, the party stabilized on Badawy and will officially announce him as presidential candidate on Saturday.
The move comes just two weeks after the Wafd Party endorsed Sisi for a second term as president.***


Puede que a todo el mundo le parezca normal en Egipto que a la reunión de la junta del partido asiste un "senior security official", pero no suele ser lo habitual por el mundo, al menos en países democráticos. El partido Wafd, laico y liberal, cerrado en 1952, ha tenido una vida intermitente y tumultuosa, reapareciendo tras la muerte de Sadat. Formó alianza frente al régimen junto a los islamistas, siendo el tercer partido más votado, tras los Hermanos Musulmanes y los Salafistas, con un poco más del 9 por ciento de los votos.
El cambio de apoyar a al-Sisi a dejar de hacerlo y presentar un candidato puede parecer brusco, pero esto es así. La sorpresa viene ante los nuevos titulares un día después: "Wafd Party members outraged over Badawy’s presidential bid". Es el mismo diario que recogía la entrada en la carrera presidencial la que nos trae información sorprendente:

Leaders of Wafd Party sub-committees in different governorates on Saturday criticized the decision of the party chairman al-Sayed al-Badawy to run in the upcoming presidential elections, dubbing his decision as hasty and unstudied.
The Wafd Party said on Friday that Badawy would run for president out of national concern, after President Abdel Fattah al-Sisi was the only runner left in the race. The Supreme Body of the Wafd will vote on Badawy’s decision on Saturday.
The move comes just two weeks after the Wafd Party officially endorsed Sisi for a second term as president.
Former Prime Minister Ahmed Shafiq, rights lawyer Khaled Ali, Former MP Mohamed Anwar Sadat, and the former chief of staff of the Armed Forces Sami Anan, have either pulled out of their bid or been disqualified.
In Port Said, Badawy’s candidacy for the presidential elections caused a state of anger among the leaders and members of the Wafd Party.
Mohamed Gad, head of a committee of the Wafd in the governorate, said that in response to the anger of the party members, the committee issued a statement criticizing his candidacy as a trial to save face and play a role inappropriate for Egypt’s oldest 100-year-old party.
He added: The candidacy must be announced and prepared months before announcing according to the party’s bylaws and not by the decision of the moment if we want a real competition and a political program.
In Kafr El-Sheikh, Ahmed Younis, a party member and former member of the party’s Supreme Body, criticized Badawy’s candidacy, which will lead to political confusion. He said that he will vote for President Sisi, especially since the party has already announced its support for Sisi.
“In my opinion, Badawy is not fit to be president of Egypt. He did not succeed in running the affairs of the party, how will he succeed in managing a country as big as the size of Egypt?” Younis wondered.
The head of the General Committee of Wafd Party in Alexandria, Hosni Hafez, said that Badawy’s candidacy for the elections put the party members in a big dilemma. “Unfortunately there is a state of confusion, instability in the decision making within the party,” he said.
In Suez, Ali Amin, the head of Wafd committee, stressed the refusal of all members to the party to nomination of Badawy, explaining that it harms the party and its credibility and makes it a fragile party.****


¿Normal? Puede que sí, si lo que tiene tan preocupados a los miembros del Wafd es que sea más rentable alquilar los apoyos al presidente que lanzarse de cabeza a una piscina de la que han sacado el agua pero han dejado los cocodrilos. En estas elecciones da cierta aprensión presentarse, por lo que se ve.
No es fácil ser un partido político en un mundo en el que nadie cree en ellos, empezando por los votantes. Mucho menos lo es ser líder y todavía más candidato. Eso si quieres llegar al poder. La historia egipcia dice que solo se llega al poder a través de los cuarteles. El ejemplo de lo contrario, la llegada de Morsi a la presidencia, es la excepción que confirma la regla. Pero los Hermanos Musulmanes no son un partido, ni les gustan; tuvieron que crear uno para presentarse y decir que no pretendían ganar. Y ganaron. La ley electoral aprobada bajo al-Sisi es una garantía de que no volverá a ocurrir. Y a ello ayuda un poquito controlar los resortes mediante una concentración de poder nunca vista.
Cualquiera que se presente contra al-Sisi perderá, como mínimo las elecciones. Puede perder igualmente su nombre (difamación, como a El-Sadat), perder su libertad (como lo "detenidos") o su salud (como el atacado ayer, Hisham Geneina).


En este contexto, resulta casi un sarcasmo el titular del estatal Ahram Online: "Interview: Press must maintain objectivity in covering presidential elections, says head of Egypt's NPA Karam Gabr"*****. "Objetividad" es otra de esas palabras que gustan al régimen. En la entrevista, el responsable de la Autoridad Nacional de Prensa, se señala que se realizará una "guía" para explicar a los informadores cómo deben informar. Adelanta algo:

Gabr said that news media should not rely on anonymous sources, whose information can be difficult to verify.
"These are open elections that hold no secrets," Gabr said.
Gabr also underscored the necessity of maintaining objectivity, saying that the media should give all candidates equal opportunity to present their programme.
On covering President Abdel-Fattah El-Sisi's candidacy, Gabr said that this should be handled with adherence to two main points.
The first is highlighting El-Sisi's accomplishments during his tenure as president, "which do not belong to President El-Sisi alone, but to the Egyptian state and the Egyptian people."
"These accomplishments should be given their due in promotion before the public," Gabr said.
The second point is that El-Sisi's candidacy should be covered with the same respect shown to all other candidates.*****


Con lo que está ocurriendo, esto puede parecer una broma, pero expresa esa idea de la unidad del presidente con el estado y el pueblo. Lo ha hecho el presidente, sí, pero gracias a su conexión con el pueblo y el Estado. ¡Faltaría más! Lo que se hace así es no poder cuestionar lo hecho, que ya se considera un logro. ¿Son los errores gubernamentales también responsabilidad del presidente o de eso no se puede hablar? Para Karam Gabr los medios estatales representan, según dice, la "conscience of the press", algo que no siempre se cumple.
Los medios estatales llevan varios meses cubriendo inauguraciones y presencias del presidente con una intensidad digna de un programa electoral. Todo tipo de noticias de éxito, reales o imaginarias, son lanzadas para tapar una crisis económica de enorme calado sobre la población. La ley de emergencia se ha prolongado por lo que nadie puede protestar o cuando ocurre algo malo, inmediatamente se decreta un secreto informativo, como ha ocurrido hace unos días con el arresto del candidato Sami Anan. En este contexto, la información sin crítica se convierte en propaganda.


El mismo medio estatal que desde el que Karam Gabr aboga por la objetividad, la ecuanimidad y la libertad "bajo el imperio de la ley", publicaba el día 25 de enero, el mismo día de la revolución un artículo titulado "Conscience of the citizen"****** y firmado por Galal Nassar, Editor Jefe de la también estatal Al-Ahram Weekly. Nassar comienza contando sus discusiones sobre una "teoría de la historia" del pueblo egipcio que había planteado en una conferencia titulada "The Story of a Nation". Según su idea se centra en la carga soportada por los ciudadanos egipcios durante años por la falta de justicia, igualdad, etc. Señala Nassar: "Suffering was made worse during the mayhem and instability following the revolution, followed by harsh economic and security conditions that almost destroyed the country and its people ".
Es interesante observar cómo estos teóricos excluyen el sufrimiento que el propio estado, a través de la represión, ha causado al pueblo egipcio. Parecen dibujarlo siempre como una especie de masa romantizada a la que se le arroja lo suficiente para que esté tranquila. Estas son las palabras siempre de los que han nacido en la mejor parte de la sociedad, que hacen poco por aliviar a los demás, pero teorizan sobre su miseria y cómo hacer que den las gracias.
Por supuesto, la teoría final de la Historia es que ese pueblo sufriente fue salvado gracias a la intervención providencial de los enviados:

These fractures in society made their way to the citizen’s conscience, which grasped at the notions of change and revolution, and their condition and circumstances fuelled a massive revolution on 25 January 2011, after years of internal conflict and derailing of social and ideological values. Despite sophisticated scenes inside Tahrir Square that were admired around the world, on the fringes of the square anarchist groups led some of their militias and followers in confrontations to bring the state to its knees. Their aim was to topple the national state for the sake of a caliphate, supreme guide and emir, through battles with the remnants of state institutions, most notably the military.
But the conscience of the citizen awoke and resolved the conflict quickly in favour of a system of principles, values, heritage, moderation, after realising this reservoir is being depleted and stolen to be replaced by an alien plan. Citizens came out in November 2012, enraged about the puppet of the supreme guide who was sitting in the presidential palace; they chanted “Down with the rule of the Guide” and “Down with the Muslim Brotherhood”. This battle continued for months until it was finally crowned with a popular revolution on 30 June 2013, the largest in human history.
Looking back in 2018, we see how Egyptians are rebuilding their country, gathering their strength and memories to overcome all obstacles. It is a tale of a nation and its people who are rebuilding their personality and heritage, which remain under threat, before they can build mega material projects. The people need someone to sponsor a real ideological and cultural project of renovation to stamp out this constant threat. The state must also break its silence about repeated failures of some institutions that are passive and not sounding the alarm about this threat, which can become the alternative if we drop the ball.
Wake up. Be alert.******


La alusión a las instituciones pasivas se referirá a la sordera de Al-Azhar sobre esa renovación del discurso religioso. Todo el escrito es la glorificación paternalista de un pueblo al que se le enseña el caudillismo como fórmula para asegurarse la continuidad de una institución, el Ejército, el mayor entramado económico y de poder de país, a través de asegurarse que esa parte no se vea tocada por la indiscreción.
Desgraciadamente, si este es un ejemplo de la objetividad que los medios estatales deben tener, está muy lejos de los que los demás entienden por "objetividad". Todo lo que se hace es la glorificación de un golpe de estado con una pretenciosidad ridícula ("a popular revolution on 30 June 2013, the largest in human history"). Con todo, el escrito cumple con los requisitos señalados: identifica al presidente, al pueblo y al Estado. La conclusión es que el "golpe" era el deseo del pueblo (que había pedido nuevas elecciones a través de la carta de Tamarod, firmada por millones de personas). Parece que hay ciertas evidencias de que ese movimiento no fue tan popular como aparentaba.
En julio de 2017, The Washington Post titulaba "How Egypt’s generals used street protests to stage a coup" y señalaba:

Initially portrayed as a grass-roots movement, the Tamarod, or “rebellion,” petition campaign led the calls to oust Morsi on June 30. Only later would the role of Egypt’s military and Interior Ministry stimulating the movement become apparent. Leaked audio recordings reveal that Tamarod’s leadership was drawing on a bank account administered by Egypt’s generals and replenished by the United Arab Emirates. Interviews with Interior Ministry officials and former Tamarod members highlight how the security apparatus fomented street protests against the Morsi government. These revelations quickly discredited Tamarod after the coup. In October 2013, secular activists and revolutionaries attacked one of the movement’s founders, who they denounced as a “pimp of the intelligence services.”*******


Esto no es descubrir ningún secreto, pero está bien recordarlo. Es una de las especialidades de la política egipcia este tipo de maniobras de manipulación y fomento interesado de revueltas cuando toca.
El texto del diario norteamericano se cerraba así:

Of course, the military’s instrumentalization of large crowds June 30 does not detract from the significant popular opposition to Morsi’s divisive and frequently incompetent presidency. But as I have argued elsewhere, appreciating the role of Egypt’s generals and security services in creating the conditions for Morsi’s removal does call into question a pervasive and politically expedient portrayal of the events of June-July 2013: that a majority of Egyptians spontaneously rose up, unaided, to embrace a full-blown return to military rule.*******

Mientras todos los levantamientos contra el régimen, como el 25 de enero de 2011, se manejan como hacía nuestro teórico como conspiraciones extranjeras, las conspiraciones internas, las fomentadas desde el poder profundo, son siempre fruto del destino, del dedo divino o del flujo de la Historia (elija la que más le guste). En el Egipto de al-Sisi se entra en una comisaría y se muere uno solo, los aviones explotan y caen por leyes exclusivamente físicas, la gente olvida que ya no es militar, la gente se suicida torturándose, etc.
Sorpresas y rutinas componen el escenario electoral egipcio, por llamarlo así. No se parecen a las elecciones de ningún otro país, aunque estas cosas pasan en muchos sitios. Las diferencias esenciales son precisamente las teorías y argumentaciones, las explicaciones, etc. que se dan para justificar que el presidente debe seguir siendo el presidente y que habrá que ir pensando ya en remodelar la constitución para un tercer mandato. Salvo que haya muchas más sorpresas en el futuro.
Sigue la obsesión por el control de la imagen exterior —se anuncia nueva página en francés de Ahram Online— algo imposible de realizar. Rutina es ya la queja de las instituciones sobre cómo son percibidas todas esta peculiaridades políticas y electorales que se tratan de pasar por normalidad. No lo es.
El mayor problema de al-Sisi no son sus oponentes, sino la abstención, que puede ser grande y difícil de camuflar. Se teme especialmente la de los jóvenes, como ocurrió la vez anterior. Es el rechazo por la frustración de una revolución en la que muchos habían depositado sus esperanzas de futuro y por la que dieron la vida o se la jugaron. Algo más complejo e intenso que ir a aplaudir al presidente a las conferencias de jóvenes en Sharm el-Sheik, en donde los jóvenes del régimen muestran su satisfacción.

The New Yorker

* "Egypt's SIS criticises foreign media coverage of Sami Anan case" Ahram Online 25/01/2018 
http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/1187/288798/Egypt/-Presidential-Elections--/Egypts-SIS-criticises-foreign-media-coverage-of-Sa.aspx
** "Mortada Mansour backtracks on presidential bid" Egypt Independent 27/01/2018
http://www.egyptindependent.com/mortada-mansour-backtracks-presidential-bid/
*** "Wafd Party chairman Badawy to run for president" Egypt Independent 26/01/2018 http://www.egyptindependent.com/wafd-party-chairman-badawy-to-run-for-president/
**** "Wafd Party members outraged over Badawy’s presidential bid" Egypt Independent 27/01/2018 http://www.egyptindependent.com/wafd-party-members-outraged-badawys-presidential-bid/
***** "Interview: Press must maintain objectivity in covering presidential elections, says head of Egypt's NPA Karam Gabr" Ahram Online 27/01/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/1187/288905/Egypt/-Presidential-Elections--/Interview-Press-must-maintain-objectivity-in-cover.aspx
****** Galal Nassar "In-Focus: Conscience of the citizen" Ahram Online 25/01/2018  http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/288787/Opinion/InFocus-Conscience-of-the-citizen.aspx

******* "How Egypt’s generals used street protests to stage a coup" The Washington Post 03/07/2017 https://www.washingtonpost.com/news/monkey-cage/wp/2017/07/03/how-egypts-generals-used-street-protests-to-stage-a-coup/?utm_term=.dd5df40f3564




viernes, 26 de julio de 2013

Egipto y las tres teorías o la batalla de la Constitución

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El segundo asesinato de un líder opositor en Túnez llega en un momento especialmente complicado para las democracias emergentes tras la Primavera árabe. Los gobiernos islamistas han tenido su propia hoja de ruta. Es como el que coge un taxi pensando que va a un sitio y a mitad de camino descubre que le llevan a otro. 
El conflicto creciente en Egipto y el nacimiento de un movimiento Tamarod (Rebelión) en Túnez, similar al egipcio, hacen temer por la apertura de un tiempo de violencia y confrontación. Si Egipto comenzó imitando la revolución en Túnez, ahora son los tunecinos los que siguen a los egipcios. La frustración va llegando a las poblaciones que han visto que los sacrificios que realizaron durante los levantamientos populares han sido aprovechados para llevarlos hacia sendas no solicitadas y rumbos oscuros.
La idea de que el "islamismo político" es un camino progresivo y sin retorno está cada vez más asentada en aquellos lugares en los que han tenido ocasión de estrenarse en el gobierno. La excusa de que no tienen "experiencia" en el gobierno es una estrategia más dentro del intento de ocultar que lo que ocurre no es tanto el resultado de errores de inexpertos demócratas, sino por el contrario el cumplimiento de planes trazados en la sombra. El que además lo hagan mal es ya otra cuestión.


Hay un factor importante que es necesario tener en cuenta en estos procesos: la islamización de las leyes. Los debates sobre la "Sharia" y similares tienen un sentido claro. Si se cambian las leyes amoldándolas al islamismo, los resultados serán siempre favorables para las tesis de los islamistas. Es una obviedad, pero es así. La existencia de estas leyes determinan las reglas del juego y, especialmente, las sanciones contra los jugadores. El juego se hace muy restrictivo. 
Una sociedad de este tipo no avanza, sino que retrocede, es decir, su movimiento es siempre hacia una mayor islamización, por lo que la oposición acaba desapareciendo o por lavado de cerebro a través de medios y educación, por su equiparación con la delincuencia a través de los tribunales o por simple emigración. Es lo contrario de una "sociedad abierta"; su búsqueda es la "sociedad perfecta" cuyo modelo de relaciones y ciudadanos (este concepto aquí es metafórico) está ya definido en el "espejo de perfección" en el que todos deben mirarse.


Los tensos debates en Egipto mientras se redactaba la Constitución tenían ese sentido. Los islamistas utilizaron el poder para crear una constitución que dibujara un escenario favorable para su propio desarrollo y, a la vez, fuera un obstáculo para los que no piensan como ellos. Eso explica, por ejemplo, el torrente de denuncias posconstitucionales contra todos aquellos que se les oponían, especialmente en el terreno de la libertad de expresión, campo que siempre temen. Una vez fijada sus normas, inmediatamente las aplican para evitar que se les pueda criticar, sembrando un temor general. Las acusaciones son siempre las mismas y van de los "insultos al islam" que ellos encarnan a la "traición nacional". Por supuesto, "ellos" representan ambos aspectos, el "religioso" y el "nacional", de forma exclusiva. Nadie ama a su patria más que ellos y los demás son traidores vendidos a conjuras internacionales de los enemigos de Dios y Patria. Como suelen decir de sus enemigo, "ya sabemos quién les paga".


En Egipto ha comenzado otra batalla: la de la posconstitución. Hay un camino reformista abierto. El gobierno interino ha encargado a un comité de expertos que realicen los cambios necesarios para poder usarla. Es una labor de poda que se queda a mitad de camino: reconoce la "legalidad" de la Constitución, pero establece su "inutilidad" actual.
La segunda opción es la que ya ha planteado Tamarod: la redacción de una nueva constitución que cuente con el respaldo de la mayoría de los egipcios y no solo el de los islamistas que la redactaron, como ocurrió con la actual. Aquel texto era el enterramiento oficial de la Revolución a manos de los islamistas al dar por concluido el proceso de tránsito legal y poder lanzarse al cambio social. Ha sido esto lo que ha hecho saltar todo.


Están, por supuesto, los islamistas, quienes consideran que la Constitución que ellos redactaron tras el abandono de las fuerzas políticas es perfecta y legal, que no debe ser tocada.
Como es fácil de prever, el acuerdo es difícil en cualquier caso. La Teoría de la Revolución Prolongada mantiene que el proceso iniciado el 25 de enero de 2011 sigue abierto y el pueblo decide. La Teoría de la Revolución Imperfecta sostiene que hay que rectificar aquellos aspectos que no han sido correctamente desarrollados y trabaja en un espacio virtual entre el "pueblo" y la "legalidad vigente", que no ha sido suspendida. Por último, la Teoría de la Anti Revolución, la defendida por los islamistas, es que cualquier cambio forma parte de un proceso de regresión no al periodo revolucionario sino al de Mubarak. Los islamistas no defienden un modelo abierto de democracia, sino el suyo dibujado desde la constitución que ellos fabricaron en exclusiva. Una constitución sin consenso social nace muerta.


Los próximos días —hoy mismo— son cruciales para Egipto. Lo que ocurra en estos días será determinante pues cualquier acontecimiento puede hacer que el precario equilibrio existente degenere de forma imprevisible o, quizá, lo contrario, de forma previsible. El pulso en la calle puede derivar a situaciones muy complicadas.
El "islamismo político", la Hermandad Musulmana, ha perdido una oportunidad histórica de haber liderado de forma consensuada la transición hacia la democracia que las revoluciones pedían: una sociedades más abiertas respecto a las dictaduras en que se encontraban. La gente no hace revoluciones para tener menos libertades. O quizá los islamistas piensen que sí.



Tamarod, con la recolección de los más de 23 millones de firmas de petición de salida de Morsi del gobierno y convocatoria de elecciones generales anticipadas, ha asumido una gran responsabilidad como agente del cambio egipcio. La petición de abandonar la constitución actual y abordar la redacción de una nueva es también un paso adelante que tendrá consecuencias en el desequilibrado tablero sobre el que está el castillo de naipes egipcio. Me imagino que pone un poco más difíciles las cosas al gobierno y bastante más difíciles a los islamistas que pueden encontrarse de nuevo con un masivo rechazo en contra. Hay otros escenarios —como que la respuesta popular no sea tan grande como la esperada, que beneficiaría a los islamistas, que ya trataron de evitar el éxito de la recogida de firmas— pero en el teatro egipcio los guiones se olvidan pronto y las cualidades de improvisación de los actores prevalecen.









martes, 9 de julio de 2013

Egipto y la cuestión semántica

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días muchos egipcios han tratado de hacer ejercicios malabares para salvaguardar las reservas mentales ante lo que se han negado a llamar un "golpe de estado". La intervención militar era la "respuesta" a las demandas del pueblo y de la Revolución, que Morsi y la Hermandad habían manipulado y desperdiciado. Todos los analistas, egipcios y extranjeros, coinciden en que Morsi no ha sido el presidente "de todos los egipcios", de eso no hay duda.
Hace unos días una amiga me tiraba de las orejas porque había utilizado la palabra "golpe" al referirme a que el cierre de los medios islamistas formaba parte del "abc de un golpe". Dije que entendía lo que ella me quería decir, pero que entendía que se había producido un "golpe militar" con todas las circunstancias necesarias para explicarlo. Forma parte de la "narración revolucionaria", de larga tradición, identificar la "revolución" con los "golpes". A nadie le gusta que le llamen "golpista", pero sí "revolucionario". Traté de explicarle lo que entendía por "golpe" y porqué era importante separarlo conceptualmente de la "revolución", a la que había que preservar en su espíritu integrador y democrático y, sobre todo, tener prudencia. Todos, incluso Tantawi, y Morsi ahora, usan la palabra "revolución". Pronto me dí cuenta de que la cuestión semántica había pasado a ser decisiva, casi el eje de la cuestión, nacional e internacional.


El día 3 de julio, el analista internacional de The Washington Post, Max Fisher, se preguntaba sobre esta cuestión político semántica desde el mismo titular de su artículo y él mismo se contestaba: "Is what happened in Egypt a coup or a revolution? It’s both"*. Su tesis es que Egipto está condenado a mantener visiones partidistas separadas de la realidad, que son afirmadas con total convencimiento. Señala Fisher:

Debates are already raging over whether the events of July 3 can be fairly described as a coup or not, as the subversion of democracy or its expression. Those debates are largely academic; what happened could be said to meet the definition of a coup, as well as that of a revolution. But even though both words might apply, neither is in itself enough to describe what happened: It was both a coup and a popular movement, both the expression and subversion of Egypt’s democratic experiment. And, as Foreign Policy’s Joshua Keating points out, although some academic literature finds that coups can be democratizing that doesn’t make them democratic.*


Eso era lo que trataba de explicarle a mi amiga. Unos ven el "golpe" y otros la "revolución" con igual convencimiento. Probablemente esto sea así en la mayor parte de los lugares del mundo y sea una característica de la psique individual y colectiva, que necesitan reafirmar para ver y resolver las disonancias cognitivas. Nos muestra lo importante que es el "enmarcado" de los acontecimientos para interpretarlos de una manera ajustada a nuestra propia situación. Nos sirve para construir el edificio mental en el que vivimos y nos ponemos a resguardo. Cuanto mayor es la tensión, más rotundas son nuestras afirmaciones cuando la realidad nos trae nubarrones. Sin embargo esas reservas mentales pueden ser problemáticas cuando por protegernos de un peligro nos adentran en otros más graves que acabamos aceptando. La acción política es más eficaz para resolver problemas si somos capaces de ir más allá de nuestros puntos ciegos.


El ex presidente Morsi también enmarcó la realidad de una forma parcial; así interpretó desde su percepción previa los acontecimientos nuevos y no valoró lo que suponía el movimiento popular de contestación que habían provocado su pésimo gobierno y su veloz islamización del país, con choques en todos los frentes sociales. También él estaba condenado a su propia ceguera. Y los demás la han pagado.
En Al-Ahram Weekly, el día 3 de julio, con el escueto y directo título "Ex-President Morsi" se volvían a plantear las cuestiones semánticas, esta vez también en el plano internacional:

On the second day of the ultimatum sources say Morsi was close to agreeing to delegate his powers to a new prime minister and call early presidential elections in exchange for a safe exit and immunity from prosecution for himself and other Brotherhood leaders, only to make a U-turn and broadcast a televised statement insisting he would remain. “This is the rule of legitimacy; if we deviate from legitimacy, our democratic march would suffer a setback… and the country could fall into civil unrest.”
The statement shocked the crowds in Tahrir and in front of the presidential palaces in Heliopolis and Al-Qubba who had been expecting “a moment of celebration”.
The president’s strategy, an impression reinforced by the frantic tweeting of his aides Essam Al-Haddad and Pakinam Al-Sharkawi, had crystallised: the goal now was to persuade the international community that Morsi was threatened by a coup. **


La estrategia de Morsi, de ser cierto lo reflejado, sería reforzar la idea de "golpe" y evitar que se llevara por una vía política y negociadora. Prefirió la vía dura. Esto, curiosamente, le permitía asumir el papel de "guardián de la democracia" y "garante de la revolución". Si la estrategia de Morsi y la Hermandad fue esa —evitar cualquier vía de resolución por vías constitucionales—, y forzar el aislamiento internacional del "golpe" para sostenerle mediante la presión de los países sobre el Ejército, lo que ha conseguido es una lista de muertos que irá creciendo en una espiral incontrolable. Ha sido un órdago sangriento al órdago del Ejército para encontrar en 48 horas una solución a los problemas y demandas populares. Una salida hacia adelante, solemos decir.
El Daily News Egypt publicó ayer una nota dando cuenta de una presunta escisión dentro de la Hermandad de un denominado "Free Brotherhood Front". Según señalan, un grupo de jóvenes de la Hermandad se han distanciado de la dirección acusando a los líderes de utilizarlos en sus estrategias. El artículo se cierra así: “We call on our leaders to come back to reason and give us a chance to express ourselves. Do not drive the country to seas of blood fuelled by us, the Brotherhood youth”***. Ya sea realidad o fruto de la guerra de informaciones, el baño de sangre ha comenzado.

A todos parecen haberles fallado los cálculos: al Ejército, que no esperaba tener que intervenir de esta manera y prefería quedar en segundo término; a la Hermandad, que esperaba poder frenar el "golpe" por la presión internacional sobre el Ejército; a la oposición, que se ve metida en un barco de destino incierto; y, finalmente, al pueblo, que quería más libertad para poder salir de la doble crisis, política y económica, en la que la Hermandad ha sumido al país, que ya estaba debilitado por la agonía de la era Mubarak. Ahora están en las calles, en un enfrentamiento civil generalizado. Es un pulso complicado, lleno de incertidumbres. ¿Cómo ha sido tan ciega la Hermandad?
La Revolución abrió la posibilidad de un Egipto para todos, respetuoso de la Ley, la diversidad y los derechos humanos, pero no triunfaron los que pensaban eso; ni tan siquiera guiaron el proceso, quedando sin voz. El resultado fue el intento acelerado de absorción islamista del Estado para poder cerrar el círculo sobre la sociedad egipcia. La islamización que se había ido introduciendo con fuerza desde los años setenta en muchos sectores, ahora disponía del aval de las urnas, aunque no se les hubiera votado para eso. Es este mensaje el que la Hermanad no quiso o no fue capaz de entender, que no se les había elegido para islamizar el país, algo que ellos mismos negaban de forma insistente para vencer las resistencias de todos aquellos que no querían votar a un candidato militar, Shafiq, y temían votar a uno islamista, Morsi. Ellos se comprometieron a hacer un Egipto para todos, con los nefastos resultados que han cosechado en un solo año. Han llevado al pueblo al borde de la guerra civil con otra intervención militar.


La petición del pueblo, concretada en la objetiva propuesta de Tamarod, avalada con 22 millones de firmas, era la dimisión del presidente Morsi y la convocatoria de elecciones generales. Sin trampa ni cartón, recogiendo en las calles, una a una, las firmas por todo el país. El argumento era el incumplimiento del espíritu de la Revolución, algo más etéreo si se quiere, pero que no quita la solidez del sentimiento de rechazo a las acciones islamistas de gobierno y a su ineptitud para resolver algún problema del país.
Tamarod y los 22 millones de firmantes no han dado un golpe de estado. Las gentes reunidas en Tahrir no pedían un golpe de estado; pedían que el gobierno saliera y se realizaran elecciones. Han manifestado públicamente su rechazo a la actuación del presidente y su gobierno y han hecho lo que se hace en las crisis profundas en muchos otros países con sistemas democráticos: pedir elecciones anticipadas. Con ello no sufre la democracia. Es una tendencia totalitaria identificar la democracia con un partido o líder, creerse que cuando se manifiesta el descontento contra su ineficacia se está atacando a la democracia. Para los Hermanos musulmanes esto es una práctica habitual ya que criticarles, juntos o por separado, es criticar al "islam" o al "país", lo que te convierte en blasfemo o en reo de alta traición. La fiscalía bajo Morsi sabía bastante de eso y llevó o intentó llevar ante los tribunales a los que no simpatizaban con ellos, incluidos a los responsables de Tamarod. Mohamed ElBaradei fue llamado "traidor a Egipto" por pedir disculpas a Etiopía por el espectáculo bochornoso dado en la reunión convocada por el presidente Morsi para tratar la cuestión de la presa del Nilo en territorio etíope, que fue transmitida por error en directo a todo el país, que asistió estupefacto a las discusiones sobre si había que mandar a los servicios secretos a volar la presa, entre otras fórmulas imaginativas y democráticas de entender las relaciones internacionales.


La cuestión semántica del "golpe o no golpe" divide hamletianamente al pueblo egipcio y a la comunidad internacional. Todos saben lo que ha ocurrido, pero según como lo llames dispones de unos argumentos u otros para justificar tu respuesta ante los hechos. También saben que lo que ha ocurrido no es un capricho del destino y que ha ocurrido por algo.

La única salida a un Egipto con futuro, que realmente satisfaga los anhelos de una generación, es una salida democrática, y cada paso dado se va alejando esa posibilidad. Cada muerto es una brecha en la convivencia deteriorada, una luz menos de futuro. La estrategia del pueblo egipcio no ha sido un golpe de estado. El pueblo no tiene "estrategia", solo voluntad de justicia y libertad, que es lo que ha manifestado en repetidas ocasiones. Si los militares lo tenían en mente, es otra cuestión. Si los Hermanos Musulmanes han preferido un baño de sangre antes que ser desalojados del poder, eso también habla de su forma de ser y estar en la política. 
Las voces pidiendo "mártires" e "intifadas" han salido demasiado pronto, sin dar lugar a posibles soluciones. Si alguien pensaba que era posible algún diálogo como salida, cada vez es menos factible. 
Es poco probable que el Ejército consienta en la "reposición" de Morsi; tampoco que se produzca un "contra golpe" a un "golpe teóricamente inexistente". Lo más que pueden hacer, llegados a este punto, es evitar más derramamientos de sangre que conviertan en ciencia ficción política las próximas elecciones o en una guerra abierta su campaña. El desgaste de la sangre es grande porque no es fácil reajustar la conciencia ante los conflictos habidos y por haber, que serán muchos.
Quizá el origen de los problemas es el que señala Max Fisher en su artículo de The Washington Post en el que intentaba aclarar si se había producido un golpe o una revolución:

Flash back to February 2011, when cheering crowds received the news that President Hosni Mubarak was leaving office. It wasn’t until several months later that observers started to wonder if it had really been a revolution that had toppled Mubarak, or a military coup. His resignation, after all, had been announced by one of the top generals who soon took interim rule. Tanks had been in the streets. Were events primarily driven by popular will, as expressed by thousands or millions of protesters, or by the powerful military?
That distinction is not much more obvious today than it was then. And, unless something changes in the Egyptian political culture that allows one part of the country to see two dramatically different versions of the same event, it’s a distinction they may end up revisiting.*

Algunos de mis amigos me han escuchado decir, con ironía, que en Egipto los gobiernos no "caen" sino que se quedan "flotando". El pueblo sigue esperando que una clase política absolutamente inoperante les dé la tranquilidad de poder vivir en un país más pacífico, justo y próspero. Fisher habla de la necesidad de cambios en la "cultura política egipcia". Eso es hoy una necesidad imperiosa, desesperada para poder librar de sufrimiento a un pueblo que lo padece. Por eso hemos expresado aquí con insistencia la apertura a las generaciones que tienen algo que ofrecer, a las que les ha llegado su hora, que están lejos de las viejas luchas y de los principios anquilosados e improductivos que ha fracasado en sus intentos de convertirse en hegemónicos.


El tapón histórico impide que el futuro les llegue. Solo heredan las viejas discordias, las heridas abiertas por lo caduco, víctimas de sus patriarcas. La Hermandad ha fracasado y ha arrastrado con ella el futuro, la oportunidad de la Revolución de los hijos. Más allá de la cuestión semántica está la realidad de los conflictos, que no se resuelven con el diccionario sino con espíritu de concordia y voluntad democrática que la Revolución manifestó y sus intérpretes son incapaces de representar con dignidad.
Egipto se merece otra suerte que la perversión constante de sus buenos deseos.

* "Is what happened in Egypt a coup or a revolution? It’s both" The Washington Post 3/07/2013 http://www.washingtonpost.com/blogs/worldviews/wp/2013/07/03/is-what-happened-in-egypt-a-coup-or-a-revolution-its-both/
** "Ex President Morsi" Al-Ahram Weekly 3/7/2013 http://weekly.ahram.org.eg/News/3230/17/Ex-president-Morsi.aspx

 *** "Brotherhood leadership split members" Daily News Egypt 8/07/2013 http://www.dailynewsegypt.com/2013/07/08/brotherhood-leadership-split-members/






domingo, 7 de julio de 2013

La política de las pequeñas cosas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay algo que debe quedar muy claro: los primeros que padecen los estragos del islamismo son los que quedan bajo su control, que van perdiendo poco a poco los amagos de libertades que puedan haber disfrutado en sus vidas en favor de un estrechamiento cada vez mayor de sus posibilidades vitales. El "islamismo" no es una opción; es lo "correcto", de la misma forma que "Pakistán", república islámica, significa en urdu "tierra de pureza" (پاکستان); implica que los demás no lo son. ¿Quién osa competir con la perfección o actuar contra ella?
No se puede entender esto sin adentrarse en la letra pequeña de la vida cotidiana. Desde Occidente estamos acostumbrados a los grandes titulares. Vivimos en una zona privilegiada del planeta en la que, por mucho que podamos tener nuestras crisis y discusiones, tenemos una serie de derechos que podemos disfrutar, una líneas rojas que nadie traspasa porque son "universalmente" reconocidas. Pronto descubrimos que esa "universalidad" que damos por descontada es un lujo histórico, el resultado de muchos años de conflictos hasta llegar a aceptar lo que es el gran logro: la idea de individualidad, de ciertos derechos que, precisamente por serlo, quedan fuera de la esfera de discusión e influencia ajena.

Cuando, más allá de los grandes titulares egipcios, observamos los detalles, ciertas noticias que algunos pudieran considerar anecdóticas —la niña a la que se le corta el pelo en el metro, los barbudos que irrumpen en una peluquería de señoras, la cafetería que comienza a separar por sexo a sus clientes y solo deja sentarse juntos a los que son familia, la desaparición de ciertas personalidades progresistas de los libros de Historia,  la interrupción de la proyección de una película durante el vuelo de un avión, las denuncias contra humoristas y actores..., todos ellos hechos reales—, nos damos cuenta que son acontecimientos que afectan directamente a la vida de la gente —les ocurren—, son el agua contaminada de la pecera, que se vuelve asfixiante. Poco a poco te das cuenta de que te empieza a faltar el oxigeno. Todas esas pequeñas noticias —y cientos más—son la punta del iceberg de lo que es el fondo social que se va formando.


Más allá de los titulares económicos, políticos, de las declaraciones rimbombantes, de las grandes palabras, está la vida de cada día. Desde nuestros derechos garantizados, nos resulta difícil pensar en estos términos porque los tenemos interiorizados, los damos por descontado, y estamos en el siguiente nivel de reivindicación de derechos. Hay zonas "aseguradas", que se nos vuelven transparentes y dejamos de valorar en sus implicaciones. Los que no las tienen, sí las valoran porque han de luchar por ellas cada día, en cada esquina.

En este último año he escuchado muchas historias cotidianas de este tipo de amigos que iban y venían de Egipto, las he escuchado en vídeo conferencias nocturnas o llamadas telefónicas para poder explayarse con alguien y dar salida a su indignación, a su rabia contenida con mayor o menor eficacia. Sus vidas se veían modificadas no por los decretos sino por acciones directas sobre ellos. La Revolución la hicieron, entre otras cosas, para garantizarse esas zonas que mantenían porque el régimen no entraba prácticamente en ellas. A Mubarak le interesaban otras cosas y creían que el islamismo no iba a entrar en ellas, que no se podía retroceder en lo que daban por sentado. Ha pasado, por ejemplo, con las leyes referidas a la mujeres con la excusa de que fue la mujer de Hosni Mubarak quien las promovió. Siempre hay una excusa buena para cambiar lo que no les interesa en cualquier sector.

Para muchos millones de egipcios, la Revolución significó romper con las ataduras de la ineficacia e indiferencia del régimen anquilosado, ineficaz y corrupto de Hosni Mubarak. Hablaron de dignidad, la palabra más usada, y de libertad. Los islamistas estaban ahí, agazapados en el fondo de la sociedad, ejerciendo su influencia callada mediante las costumbres, pero carecían de una fuerza real para imponerse por otros medios a aquellos que no los aceptaran. 
El juego de carambolas que ha sido la transición, pésimamente dirigida por los militares del régimen de Mubarak, que quisieron convertirse en "alternativa revolucionaria", tuvo el efecto contrario: instaló en el poder a los islamistas, les dio las llaves del Estado. 
Las revoluciones, sin articulación real, amorfas, meros deseos en explosión callejera, caían en manos de los antirrevolucionarios, de los antiliberales, los únicos organizados por la base: los islamistas. Para ellos no hay más revolución que la islámica. La moderación no es más que la del calendario, la del ritmo de transformación. No hay regreso porque se trata de sustituir los derechos básicos individuales, que no reconocen, por su versión colectiva. El "buen ciudadano" es el "buen musulmán", que solo necesita una "ley", de las que las demás son reflejo. Si tiene dudas, que pida consejo.
Eso es lo que ha percibido la gran mayoría del pueblo egipcio y ha mostrado en las manifestaciones con millones de personas diciendo ¡basta! a la deriva islamista totalitaria del régimen de Morsi. Al percibir las resistencias sociales y profesionales, mostró su cara más autoritaria antes de tiempo, sin haberse hecho con el control judicial y demás sectores estratégicos, como la comunicación o la cultura. Las resistencias mostradas a la "hermanización" en todos los sectores es lo que ha estallado finalmente. Morsi y la Hermandad han encontrado más resistencia de la que pensaban, quizás poseídos por la soberbia faraónica de su líder ocasional, ya que no era el candidato inicial. Quizá esta circunstancia sirva para explicar el deseo de protagonismo de Morsi en el proceso. Son los partidos islamistas los que más le recriminan su prisa, su falta de previsión de la fuerte contestación social, haberse lanzado sin haber desmontado el Ejército y las Leyes. Pero Morsi no quería dar tiempo a que la sociedad civil se organizara más allá de las calles. Y le falló el cálculo.


Tamarod, con la recogida de 22 millones de firmas — más de siete millones de los 15 que Morsi consiguió en la urnas— en muy poco tiempo, dio la voz de alarma a los islamistas y el pistoletazo de salida a los militares, que podían saber ya el respaldo que tendría su intervención. Una vez más, el Ejército, al que hace unos meses se pedía que se retirara, vuelve a intervenir y a convertirse en el elemento decisivo de la vida egipcia.
La idea clásica de democracia es llevada a sus fronteras, a su límite cuando se enfrenta con unas fuerzas que no lo son y que no son minoritarias. Los partidos islamistas no son democráticos por definición; lo pueden decir por mero pragmatismo, para tener su hueco en el sistema, si es estrictamente necesario.
Eso es lo que nos muestran los pequeños detalles, las historias de la vida cotidiana, aquellas que no aparecen en las pantallas ni en los discursos, pero que la gente vive en su propia piel. Una reacción popular tan masiva como las manifestaciones en Egipto para la caída de Mursi es difícil de entender de otra manera. Más allá de la Política, de sus teorías y análisis, está el día a día de la gente que se ve afectada por su transformación en "poder", poder real sobre sus vidas, que se ven cuestionadas en sus detalles mínimos.

Las verdaderas víctimas del islamismo son los que quedan bajo su yugo. La política de las cosas pequeñas convierte en "dictadores de proximidad" al vecino que te detiene para decirte si tu vestimenta, comida, palabras o actitudes son acordes con lo que él tiene en mente y que es, por supuesto, una verdad eterna y no su opinión; a la maestra que exige que sus alumnas lleven velo en el aula o las manda a casa esquiladas como ovejas..., da "poder" a un sinfín de personajes que son los brazos ejecutores reales de una forma autoritaria de vivir. 
Al dividir el mundo en "pecadores" y "virtuosos", esas acciones son gratificantes para quien las realiza, que se siente guía de la comunidad y a la que presume de proteger. Le llena de gozo narcisista. Los recriminados pasan, por el contrario, a vivir con el estigma del señalamiento. Algunos luchan, se rebelan por mantener su derecho a su identidad, a ser ellos mismos y no un reflejo de los otros. Otros, en cambio, sucumben ante esa presión que les llega por todas las vías, incluidas las profesionales y familiares. La vida cotidiana, la de las cosas pequeñas, pasa a ser una cárcel o un infierno.
Una parte muy importante del pueblo egipcio ha reaccionado ante lo que se le venía encima. Veremos ahora cuál es la salida mejor a este laberinto complicado y sangriento; si se consigue un estado en el que tu vecino, tu maestro, tu peluquero o tu taxista no se sientan delegados de un gobierno que no solo te controla mediante las leyes sino a través de la imposición de lo cotidiano.


[Imagen inicial: Hanaa El Degham, La pirámide de la crisis (detalle), mural en la calle Mohamed Mahmoud]