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lunes, 6 de enero de 2025

El regreso de Sarkozy ante los tribunales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada vez que surge un escándalo por la actuación de las personas que hemos contribuido en llevar hasta el poder deberíamos preguntarnos sobre cómo los hemos llevado allí, cuales son los fallos del sistema y los nuestros para hacerse con el poder.

Dado el número creciente de casos y de su relevancia deberíamos tomarnos en serio los fallos que cometemos. Que los dictadores gobiernen mal va incluido en su forma de llegar al poder. Solo les queda el arma de la propaganda, pero en muchos casos no podrán decir que han podido hacer lo que han hecho con nuestro voto o apoyo. El problema se plantea en los que son elegidos democráticamente, los que han conseguido convencernos de ser la mejor opción para el país por su sinceridad, honestidad, etc. Es ahí que surgen las dudas, unas dudas que están ahí desde los orígenes mismos del pensamiento político: ¿qué ocurre cuando nos equivocamos, cuando elegimos a personas que nos engañan, que no actúan como esperamos?

Desgraciadamente, esto es cada vez más frecuente, pervirtiendo el fundamento mismo de la democracia y destruyendo la credibilidad del sistema, nuestra confianza en él. Los casos ya no ocurren solo en las dictaduras, sino en países con democracias avanzadas, como ocurre en España o Francia. Es en este último caso, el francés, en el que se centran hoy los medios. Es el caso de Nicolas Sarkozy, también conocido como el "caso libio", En Euronews nos hablan de su vuelta a los tribunales: 

Sarkozy, who was France’s president from 2007 to 2012, retired from public life in 2017.

Former French President Nicolas Sarkozy will stand trial on Monday over claims that his 2007 presidential campaign was illegally funded by the government of the late Libyan leader Muammar Gaddafi.

Sarkozy, 69, is facing charges of passive corruption, illegal campaign financing, concealing embezzlement, and criminal association, which could lead to up to 10 years in prison. He denies all charges.

The so-called “Libyan case,” the biggest and possibly most shocking of several scandals involving the former president, is scheduled to run until 10 April, with a verdict expected at a later date.

The case emerged in March 2011 when a Libyan news agency claimed Gaddafi's government had financed Sarkozy’s 2007 campaign.

In an interview, Gaddafi himself said, “It’s thanks to us that he reached the presidency. We provided him with the funds that allowed him to win,” without providing any amount or other details.

Sarkozy, who had welcomed Gaddafi to Paris with great honours in 2007, became one of the first Western leaders to push for military intervention in Libya in March 2011, when Arab Spring pro-democracy protests swept the Arab world.

Gaddafi was killed by opposition fighters in October that same year, ending his four-decade rule of the North African country.*


¿Qué supone para un país democrático como Francia que su presidente haya sido "pagado" con dinero procedente de una dictadura? Evidentemente, lo que a Gadafi le preocupaba no era la "fortaleza" democrática de Francia sino más bien su "debilidad". De la misma forma evidente, lo que le preocupaba a Sarkozy no era la democracia francesa, a la que comprometía, sino su acceso al poder. Lo que tuviera que hacer posteriormente para devolver el "favor" no le preocupaba tanto.

El escándalo deja tocada la política francesa. La pregunta que no nos hacemos demasiadas veces es cómo han llegado hasta allí los que realizan estas corrupciones graves. ¿Qué les importa "realmente"? Está claro que la democracia francesa no.

Nicolas Sarkozy fue, además, uno de los primeros a los que se le aplicó el término de "pipolización" (de people) dada su presencia en los medios por asuntos más triviales, gracias a su matrimonio con Carla Bruni, formando una pareja de atención permanente. Con Sarkozy y Bruni la política se transformaba en "espectáculo", en portada de revistas, en reportaje trivial.

La democracia es cada vez más sensible a todos estos mecanismos de acceso y promoción en los que las inversiones son necesarias, generando alrededor un gigantesco negocio, el que permite el acceso al poder. Cada vez es menor el peso de las ideas y cada vez mayor el de la "imagen", representando en ese término todo lo que es la fachada exterior, la que incorpora los mecanismos de seducción.

Es este giro de la idea a la seducción lo que está marcando el cambio que lleva cada vez más al poder. La esencia de la democracia, la voluntad popular, se ve como algo manipulable en una dirección determinada, la que lleva al acceso al gobierno, desde el que las posibilidades se amplían.

Cada vez tenemos más ejemplos de corrupción política. La llegada al poder no es vista como un servicio a la propia democracia, sino como la permanencia en unos cargos que permiten apropiarse y repartir para tener una buena perspectiva de futuro. Pero a veces ese futuro se tuerce.

En unos días se verá uno de los juicios contra Donald Trump, poco antes de ser de nuevo investido. El llamado caso "Stormy Daniels" es otro buen ejemplo de esa importancia de la "imagen", pues es eso lo que llevó al soborno e incluirlo como gastos de la campaña electoral.

Es necesario volver a los filtros fuertes para quien aspire al poder. Debería haber mecanismos de control independiente para evitar el espectáculo bochornoso y dañino de presidentes, sus familias y amigos, llegando a los tribunales. Son la prueba de que se equivocan los partidos, que son quienes les proponen, y que nos equivocamos nosotros, seducidos y engañados. Pero los partidos, nos dicen, son ya otra cosa, una maquinaria para conseguir el poder. Lejos les queda la democracia, según parece.

Una democracia fuerte debe ser honesta y ser honesta para ser fuerte. 

* "Former French President Sarkozy faces trial over alleged campaign funding from Gaddafi" Euronews / AP 06/01/2025 https://www.euronews.com/2025/01/06/former-french-president-sarkozy-faces-trial-over-alleged-campaign-funding-from-gaddafi

sábado, 2 de octubre de 2021

No vale todo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El problema se plantea con claridad por parte del analista Aaron Blake es su The Fix, en The Washington Post de ayer:

 

Misinformation has always been a problem in politics. What has changed over the last six years or so is how much one movement in particular — the one led by former president Donald Trump — has embraced it as an organizing principle. Trump and his allies have also aligned with the kind of extremist purveyors of conspiracy theories who were once given the cold shoulder in polite society.

Increasingly, though, a bit of a reckoning is taking place. Trump allies spouting wild, baseless theories and otherwise taking our political discourse down misinformation rabbit holes are confronting consequences in court or otherwise facing bona fide legal penalties for their actions.

The question, as ever, is whether it will change anything — whether those penalties will serve as the deterrent they are supposed to be.*

 

El cambio es notable porque significa que el poder ha legitimado las formas de conseguirlo, es decir, una vez que se ha llegado a la cima a través de la "desinformación", se mantiene en él por medio del mismo recurso. Biden se erigió en el paladín de la "verdad" para luchar contra Trump y ese fue el eje de su discurso de toma de posesión; una vez llegado al poder, ya se enfrenta a sus primeros casos de desinformación, como pudimos ver con las declaraciones de los militares sobre lo que ocurriría en Afganistán conforme a los planeas aprobados. Ya le dejaron en evidencia; ellos ya habían advertido lo que ocurriría.

Como señalamos en muchas ocasiones durante el mandato de Trump, su caso ya no era solo su caso, sino una forma de hacer política aceptada, una puerta abierta al futuro; el resto es cuestión de "estilos", de cómo cada uno lo lleva a la práctica. Trump consiguió que la mayoría republicana refrendara sus tropelías, con lo que el sistema quedó contaminado, asumiendo así los tejemanejes del que fuera presidente. Se muestra así el funcionamiento del sistema que se blinda con las mayorías.

Los políticos seducen a los ciudadanos vendiéndoles lo que desean escuchar y estos les siguen irracionalmente, acríticamente, cada vez en mayor cantidad. ¡Asusta pensar en los votos conseguidos por Trump cuando ya se conocían sus manejos! Pasados ya meses de las elecciones, la prensa norteamericana todavía sigue dando cuenta de las maniobras de parte de los republicanos para seguir sosteniendo que "le robaron las elecciones" a Trump. Da igual que no haya una sola prueba, una sola evidencia o sospecha fundada. Lo importante es mantener la llama de la mentira y permitir que los votantes afectados vivan su paranoia.


Ha habido un cambio en la política, un cambio tanto conceptual como estratégico. La mentalidad política está ahora mucho más centrada en la consecución del poder a cualquier precio y en la forma de mantenerse. El poder mismo justifica los medios empleados. No es nuevo, pero sí afecta cada vez a más lugares que ven hundida su moral democrática, su espíritu de un democracia mejor que cree una convivencia más armoniosa. Se apodera cada vez más de nosotros la idea de la democracia como espacio de lucha y de ahí se da el salto al "vale todo".

Ya no se trata tanto de hacer, sino de decir. Las pruebas no son los hechos, sino los discursos, que son cambiantes y circunstanciales, las promesas de que algo se hará, aunque no se haga. Los problemas sepultan las promesas viejas con nuevas promesas. Cualquier mentira es buena si es creída y si sirven de ello para llevar al poder. Es la mezcla de Maquiavelo con la sociedad del espectáculo.

¿En dónde han quedado los viejos congresos de los partidos, espacio de debate de los problemas, de los inicios de la democracia española? ¿Cuándo comenzaron a ser sustituidos por estos shows itinerantes, como los que nos ofrece estos días el PP, aunque todos los partidos lo hacen? ¿Cuándo vieron que no se necesitaba gente que propusiera, que debatiera posibles soluciones y que solo se necesitaba gente que aplaudiera? ¿Cuándo?

El poder de debatir se le cortó a la bases, cuya única alternativa es votar a candidatos que eligen a sus camarillas, donde se decide todo. Son esos acólitos los que reparten y se reparten los distintos espacios de poder, primero internos y después externos.

Los conflictos se reservan para las llamadas "primarias" o para congresos en los que se debate (o no) el liderazgo de segmento, autonomía o nacional, a los que se llega tras complicadas luchas internas por parcelas de poder. Pero el verdadero debate, los problemas reales de la gente, ha desaparecido.


Este proceso selectivo ha ido creando —en una forma darwinista— un perfil de políticos y de partidos que tienen poco que ver con un sentido idealista, de servicio o comprometido de la política, como demuestra el fenómeno del tránsfuga, que se produce en aquellos que se ven disminuidos en su cuota de poder o se le da la oportunidad de ampliarla pasándose a otro bando. 

En el otro extremo del transfuguismo está el cisma, la separación que da lugar a un nuevo partido encabezado por el líder rechazado, que pasa ahora a ser cabeza de ratón del nuevo movimiento. Aquí, el nuevo líder, encabeza un programa alternativo que se reivindica como puro, que recoge los ideales fundacionales traicionados por los otros. Arrastran así a los que ven más posibilidades en el nuevo espacio creado.

Lo ocurrido en los Estados Unidos suele transferirse inmediatamente a otras geografías políticas. La desinformación es un fenómeno serio que, como se ha visto, ya no es cosa de pequeños grupos, sino que  puede llegar a la presidencia de la democracia más poderosa del mundo y llevarla al extremo, manipular desde allí el mundo entero y ponerlo patas arriba. Puede que Trump haya perdido, pero su fórmula es exitosa en resultados y clara en sus principios: todo lo que hagas para conseguir y mantenerte en el poder está justificado; y un segundo principio: si no lo haces tú, lo harán los demás. Creyendo en ellos —y esto no es un acto de fe, sino que se comprueba cada día por medio mundo— el camino está claro.



De Trump a Sarkozy, condenado por segunda vez por financiación ilegal, pisoteando desde el poder democracias consolidadas que acaban deteriorando con sus acciones y sembrando el desánimo. El avance del autoritarismo hacia las lindes democráticas, como ocurre en Polonia o Hungría, otro gran tema de preocupación en países que desperdician sus libertades y las recortan. No hablemos de la felicidad de los regímenes autoritarios, que ven don satisfacción cómo los países democráticos se ven sometidos desde dentro por ese autoritarismo vocacional que estos líderes o partidos manifiestan.

Al cortar las vías naturales de crítica y renovación, esos congresos de las bases, que comienzan en asambleas de barrio y siguen ascendiendo hasta llegar a los congresos nacionales, al convertirlos en escenarios teatrales para la gloria del dirigente y afianzamiento de su poder absoluto asistido por la camarilla de turno.

No es fácil mantener una democracia si los que deben gobernarla no lo tienen asumido y buscan más el derribo del otro, un derribo mutuo, antes que esa palabra marginal del bien común. Unas sociedades que se fragmentan políticamente no son síntoma de diversidad si no de falta de metas comunes, de radicalidad y falta de capacidad de diálogo.



La política moderna no puede vivir ni de utopías ni de mentiras, sino del constante avance superando problemas reales, cotidianos, en los frentes que repercuten en los ciudadanos —sanidad, educación, cultura...—; la tendencia debe ser al acuerdo y no lo contrario. Pero es el enfrentamiento radical lo que atrae, lo que llama la atención, lo que nos hace vivir la vida manipulados entre emociones fuertes y cegueras, elevando el enfrentamiento para felicidad de los dirigentes, cuyos fáciles discursos nos prometen revanchas, exterminios, retrocesos. Lo que nos ocurre con las facturas energéticas, algo que nos afecta a todos, es un buen ejemplo de la impotencia política, de la incapacidad de encontrar soluciones, de los políticos y de cómo se pasan la pelota unos a otros.

La política, en esta sociedad de la imagen, adquiere tintes esencialmente mediáticos. Las convenciones no se hacen para los asistentes, que son parte de la escenografía, sino para los que están al otro lado de las pantallas que los meten en nuestros hogares. Prestamos demasiada atención a los políticos, a lo que ellos quieren que veamos y mucha menos a lo que necesitamos ver. ¿Sabemos cuántas horas se les dedica diariamente a ser mostrados en los medios, la mitad de las veces con el simple y único fin de atacar a los otros?

Dice Aaron Blake en su artículo citado al inicio que los que mintieron, hicieron circular teorías conspiratorias, prevaricaron o acabaron tomando el Capitolio al asalto, pueden enfrentarse ahora a las preguntas de los tribunales, que se les pidan cuentas por sus acciones. El destino de Sarkozy, inoportuno invitado, puede repetirse en otros lugares. 

No vale todo. Hay que recuperar una forma distinta de la política, plural, basada en el bien de la comunidad, una política que nos escuche y no que seamos nosotros los que escuchamos sus versiones del mundo, del bien y del mal.

 


* Aaron Blake "Pro-Trump conspiracy theorists increasingly face legal consequences" The Washington Post 1/10/2021 https://www.washingtonpost.com/politics/2021/10/01/pro-trump-conspiracy-theorists-increasingly-face-legal-consequences/

miércoles, 18 de abril de 2012

La confianza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es justo. Si los ciudadanos no se fían de los políticos, es justo que los políticos no se fíen de los ciudadanos. Así lo muestra el vídeo de Nicolas Sarkozy* en el que decide guardarse su reloj en el bolsillo por temor a salir demasiado limpio del baño de multitudes. La hábil maniobra con la que el actual presidente y participante en la carrera al Elíseo hace desaparecer su reloj en el bolsillo de la chaqueta nos permite intuir que los candidatos reciben un duro entrenamiento para evitar que sus seguidores se queden con sus relojes. Nadie sabe lo que podría ocurrir si alguien intenta quitarle el reloj a Sarkozy —¡la que puede liar!—  con su historial de respuestas a los comentarios que le hacen en sus actos públicos. Por eso, para evitar males mayores, se guarda el reloj. Si Dominique Strauss-Kahn,  el que fuera su descarrilado rival para estas elecciones, cayó en la carrera presidencial —podríamos decirlo así— por su exceso de confianza, Sarkozy no quiere que le ocurra un imprevisto y pasar a la historia como el candidato que persiguió entre la multitud a un seguidor que le robó el reloj. Se conoce y se teme.

La verdad es que ya nadie se fía de nadie. Es lo característico de un sistema que se pasa todo el día hablando de “confianza”. Cuanto más se habla de algo, menos se practica. Los que de verdad tienen confianza o producen confianza no tienen la palabra en la boca permanentemente.

Desde que la “confianza” es algo que se “transmite” y no que “se tiene”, nos va peor a todos. Es el signo inequívoco de que se carece de ella. “Hay que mandar un mensaje de confianza”, “hay que transmitir confianza”, etc., escuchamos de forma constante. ¡Horrible! Cuanto más se nos dice, peor. Las reacciones de aquellos que deben recibir la confianza suelen ser las contrarias. Estamos en la “era del recelo”, como señaló la novelista Nathalie Sarraute ya en los años cincuenta.
Las medidas tomadas por el gobierno, destinadas a generar confianza, llevan el mismo camino. Y es que cuando uno tiene que transmitir tanta confianza es que está muy mal. Cuando comenzaron a hacerse los test de resistencia a los bancos europeos —lo comentamos—, nuestro gobierno de entonces corrió como loco a hacerse las pruebas para producir “confianza”. El primero de la fila y sacando pecho. Angela Merkel dijo que sus bancos no se hacían pruebas, que estaban muy bien y que no había que demostrarlo. Y punto. El resultado lo conocemos. La consecuencia no fue la confianza, sino una desconfianza mayor. Los test revelaron la endeblez de la banca española, de la que nos habíamos hartado de escuchar palabras de confianza de nuestra ministra de Economía y del Presidente de entonces. La mayor parte de los bancos que presentaban problemas en Europa eran de nuestro país por su contaminación hipotecaria por la burbuja inmobiliaria. Hoy me pongo muy nervioso cada vez que escucho que “España es un país serio”.


No es fácil transmitir confianza a unos y otros con las mismas acciones. A veces, tienes que “tranquilizar” a personas, sectores o instituciones cuyos intereses contrapuestos hacen más que complicado la confianza simultánea. Puede que logres la confianza de unos, pero no la de otros. Para transmitir confianza a los mercados, puedes perder la confianza de los votantes. Y viceversa, si quieres conseguir la confianza de los votantes, a lo mejor pierdes las de los mercados. Puede que tengas la confianza de Angela Merkel, pero no tienes la de Christine Lagarde. Puede que tengas la de Mario Draghi, pero no tienes la de Paul Krugman.  Tienes la confianza de los que te piden que recortes, pero pierdas la de los que te piden que inviertas. Y si inviertes, te pasa lo mismo. Como saben los aficionados al fútbol, el "voto de confianza" suele ser la antesala del cese del entrenador.

La enseñanza que se saca de esto es que tienes que elegir —no puedes transmitir confianza simultáneamente— y, mejor incluso, evita tener que llegar a esta situación, la de que todos estén pendientes de ti. Cuando tienes que contentar a todos,  es que todos están descontentos. Será por distintas causa, pero el hecho es que todos lo están. En la vida personal es un síntoma de madurez descubrir que no se puede contentar a todo el mundo. En la vida pública es más complicado y aunque busques “confianza”, sabes que los que hoy te aplauden mañana te saquean. Hoy eres una carga, mañana eres un rival.
No hay que pedir tanta confianza; es mejor tenerla.  Hay que tener la naturalidad de Nicolas Sarkozy: estáis aquí, me aplaudís, me sonreís, todos me vais a votar, que está muy bien, pero…, por si acaso, me guardo el reloj. La confianza no está reñida con la prudencia. Los votantes hacen lo mismo: nos prometes, nos sonríes, nos hablas del futuro..., pero, por si acaso, muchos también se guardan los relojes.

* "Sarkozy 'teme' que sus seguidores le roben el reloj". La Vanguardia 17/04/2012  http://www.lavanguardia.com/internacional/20120417/54284573469/sarkozy-teme-seguidores-roben-reloj.html





El "nivel de confianza" de Nicolas Sarkozy

viernes, 16 de marzo de 2012

Con cajas destempladas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los candidatos Hollande y Sarkozy acusan ya el cansancio de la campaña y van por ahí tratando a la gente con nervios, mal humor y despidiendo a los periodistas con cajas destempladas. La expresión echar a alguien con cajas destempladas tiene su explicación en el buen o mal sonido de los tambores militares. Las cajas o tambores templados son los que resuenan en los actos nobles y solemnes, en las celebraciones, mientras que las cajas destempladas eran las que despedían a los expulsados con deshonor.
Quien ha padecido el mal humor de Sarkozy ha sido un periodista quien —tras preguntarle por los enfrentamientos entre la policía y los trabajadores de la empresa siderúrgica Arcelor Mittal,  que intentaban acercarse a su cuartel general en París para protestar contra un posible cierre— ha sido desairado por el actual presidente de la República. Sarkozy le ha dicho, según nos cuenta La Vanguardia: “¿Crees que me importa un comino lo que dices?, ¿Qué esperas que diga?, ¡Qué bobo!”*. Después, ha vuelto a la falsedad de la realidad y le ha pasado la mano por la espalda con su mejor ensayada sonrisa, añadiendo “Es realmente simpático. Es joven”.


Sin embargo, lo que resulta sorprendente —el que se enfade con la gente ya no lo es— es la secuencia de las frases de Sarkozy, sus dos preguntas y la conclusión, esa especie de silogismo insultante que ha practicado con el periodista que ha sufrido sus iras y su paso de mano por la espalda —no sé qué es peor—.
Su “¿crees que me importa un comino lo que dices?” viniendo del presidente de la República y referido a unos incidentes de orden público hacen ver que cuando un político está en campaña, la realidad y los problemas solo existen si son favorables a la producción de imagen pública. La pregunta, cargada de desprecio, con que se responde a una pregunta es reveladora de una concepción de la realidad en términos de imagen. No es un presidente contestando una pregunta sobre algo que ha sucedido en Francia, unos incidentes. Es alguien jugando una especie de partida de ajedrez mediático diciéndole a su rival ¡adónde vas con ese peón, muchacho! Por eso, la segunda pregunta no es absurda, sino consecuente y derivada de la primera: “¿Qué esperas que diga?”


Uno solo le dice a un periodista “¿qué esperas que diga?” cuando ha saltado del papel político al mediático o, para ser más precisos, confunde los dos. Los periodistas no esperan que digas algo; esperan que respondas, por eso te preguntan. Allá tú con lo que dices. Es un perversión importante cuando la realidad se descompone en aquello de lo que interesa hablar y aquello de lo que no interesa, porque la política se convierte entonces en el arte  de hacer declaraciones favorables y en el de ocultar, retocar, maquillar, etc. lo desfavorable. La realidad pasa a segundo plano y al primero lo que se dice de ella. Por eso es imperdonable que un presidente pueda hablar en esos términos sobre lo que ocurre y con esa desfachatez.

Lo obvio también tiene que ser preguntado. El “¿Qué esperas que diga?” es sencillo de responder: lo que usted tenga que decir. Un presidente tiene que hablar, que dar explicaciones, las que sean pertinentes.Y eso oscila entre el “sin comentarios” y una larguísima respuesta sobre la situación económica, los despidos, el euro, etc. Considerar que no tiene que hacerlo es una perversión aceptada.
La conclusión final de los razonamientos implícitos de Sarkozy no podía ser otra que la descalificación e insulto de aquel que ha tenido la osadía de preguntarle sobre algo que a él no le gusta responder. Sarkozy tiene un problema comunicativo, el mismo que tiene cualquier persona que no puede controlar ni sus rasgos faciales ni su lengua, pero con la trascendencia que da la presidencia de Francia. Y cuando consideras que la política es “comunicación”, que la realidad no es más que un estado previo del discurso, eso significa problemas constantes. Tus enemigos políticos pasan a ser los que te realizan las preguntas incorrectas, los que sacan tus fotos con los ojos cerrados o con la boca muy abierta o te pillan con el dedo en la nariz.


El periodista ha cumplido su trabajo; él no ha cumplido el suyo. Y eso le escuece. Si las encuestas electorales se siguen manteniendo, el que saldrá con cajas destempladas del Palacio del Eliseo será el señor Sarkozy. Y cuando algún periodista —joven y simpático— en la inevitable rueda de prensa que tendrá que dar le pregunte cuál es su valoración del resultado de las elecciones, tendrá de nuevo la ocasión de decir: “¿Crees que me importa un comino lo que dices?, ¿Qué esperas que diga?, ¡Qué bobo!
Pero ya no sonará igual.

* "Sarkozy llama "toca cojones" a un periodista durante un acto oficial" La Vanguardia 16/03/2012 http://www.lavanguardia.com/internacional/20120316/54269215093/sarkozy-imbecil-periodista.html


viernes, 2 de diciembre de 2011

Refundar


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
 Hablar de la “refundación” de Europa puede parecer un sarcasmo en estos momentos. Quizá sería más adecuado hablar de la “refundición” de Europa, de recoger los pedazos y mandarlos a un imaginario horno en el cual se pierdan entre llamas para fundir una nueva pieza. El hecho de que sea Nicolas Sárkozy quien haya utilizado la expresión nos hace temer los resultados porque fue él mismo quien habló no hace mucho de “refundar” el capitalismo. Como sabemos, el capitalismo no solo no se ha “refundado” sino que se ha intensificado volviendo a sus orígenes salvajes: hoy son los mercados —los prestamistas, como en las novelas decimonónicas— los que suben o bajan sus pulgares mientras los países, juntos o por separado, tratan de complacerlos.
Sin embargo, no hemos de sorprendernos demasiado. En Francia, la palabra “refundar” tiene una práctica muy habitual. Se han pasado la vida refundando. Por ejemplo, la República la han refundado cinco veces. Sí, estamos en la Quinta República. Están en el mismo sitio, la capital es París, como casi siempre, siguen tocando la Marsellesa y poniéndose de pie, pero la República es la quinta. Otras veces les da por “refundar” el Imperio y por eso tienen un Segundo Imperio. Y todo esto detrás de los Pirineos, sin moverse mucho de sitio.
Luego está lo de los partidos, claro. Ya no sé cuántas veces se ha “refundado” la derecha francesa. De vez en cuando se refundan y se llaman “gaullistas”, después “neogaullistas” y así sucesivamente. Está la “derecha” y la “nueva derecha”, la “nueva derecha popular”, como también están la “nouvelle cousine” o la cinematográfica “nouvelle vague” y es que a Francia le gusta la discontinuidad nominal en el cambio histórico. Desde que le cogieron el gusto a lo de La Bastilla, no paran de refundar. La nouvelle cousine ya se puede considerar como un “recorte culinario” por lo ridículo de las porciones y lo caro del servicio. Así es Francia, recorte con elegancia.
El propio Nicolas Sárkozy es el resultado de la “refundación” europea de su padre que pasó de Hungría a Francia, de Francia a Hungría, y finalmente se volvió a refundar francés. También se refundaron católicos, porque antes eran protestantes. El propio Nicolas tuvo que “refundar” algún curso porque no era demasiado buen estudiante. Y a nadie le extrañó.
Por eso cuando habló no hace mucho de refundar el capitalismo, los mercados se sintieron aliviados. No se ha refundado nada. La “refundación” de Europa —una vez visto el papel que el término ha jugado en la historia de las repúblicas e imperios franceses desde 1789— pasa a mostrarse como una bonita palabra para encubrir otro tipo de maniobras que, dichas de otra forma, sientan bastante mal.


Refundar Europa, en estos momentos en que no hay Europa, es peligroso. No es más que un cambio más ante la ineficacia de los cambios anteriores. Lo que hay que hacer no es refundar Europa sino refundar —de verdad— el sistema. Todas las energías se están centrando es eso que llaman eufemísticamente “calmar” o “aplacar” a los mercados que, por definición, son implacables y han extendido la idea de que “las crisis son oportunidades”, que es lo que está ocurriendo. El problema es que los que explican el problema son parte del problema. Somos el coche sin líquido de frenos descendiendo por el puerto de montaña, cuyo conductor asustado reza con la esperanza de que las curvas se refundan en rectas y los barrancos en llanos.

Merkel y Sarkozy apuestan por sus cabezas europeas después de haber tenido grandes desastres electorales en sus refundados países —también Alemania es otro país que se refunda de vez en cuando, como sabemos—. Su temor al fracaso es doble: interno y externo. Tratan de recuperar sus votos proyectando una imagen interior de firmeza. No dudo de su intención, aunque sí dudo firmemente (extraña expresión) que al no existir hoy una idea consistente y perfilada de Europa pueda hablarse de “refundación” alguna. Lo que se va a tratar es de resolver mediante cirugía —como ya se está haciendo— un caos político que comenzó con el fracaso de la constitución europea y algún que otro signo evidente de que los engranajes chirriaban.
La Europa de los economistas se demuestra demasiado débil y está generando mucha frustración y enemigos derivados de la ineptitud de muchos dirigentes nacionales, que son los que verdaderamente están guiando Europa. El hecho mismo de la constitución de ese eje franco-alemán siembra las dudas sobre los mecanismos de decisión, que será uno de los elementos que los políticos pondrán encima de la mesa, porque es lo que se está haciendo. No se está creando una Europa de dos velocidades; se están creando ciudadanos de primera y segunda categoría, incluso de tercera (aunque eso ya existía por el tratamiento dado a algún país, teóricamente igual que los otros, pero al que no se le aplicaba el mismo rasero).

El hecho cierto es que Europa (o lo que sea) no consigue salir de la crisis y que la única forma que propone de hacerlo es blindando las economías más fuertes o que aparentan serlo porque no son inmunes a las crisis como está demostrado y, desgraciadamente, se podrá comprobar. La creencia en que una moneda única era suficiente se ha demostrado equivocada. No se ha conseguido que economías con distinto grado de desarrollo pudieran a la vez ser competitivas interna y externamente. Vemos que no es una cuestión periférica, sino algo que afecta a todos porque es el sistema que lastra y arrastra. El problema real es la forma de financiación, la deuda, que deja de tener el destino en tus manos y lo pasa a los acreedores, cuyos intereses son obtener el máximo beneficio, sin más. En el mercado ya no hay ni política ni conspiración; solo existe un objetivo: tener cada día lo más posible y eso es lo que están haciendo, no otra cosa. Cada uno saca su provecho de la ruina de todos.
El ahorro privado nacional se está beneficiando de la propia sangría nacional de la deuda. Alguien lo titulaba ingenuamente (o estúpidamente)  “hacer patria”. Comprar deuda nacional con altos intereses no es hacer patria, es sangrarla; no porque la compremos nosotros se modifica su alto precio. De ahí la queja de los bancos, con los que compite. Aquí no hace patria nadie. La nueva patria es el bolsillo. Y ese está siempre refundándose.




miércoles, 16 de marzo de 2011

Saif al Islam, doctor en Filosofía


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La risa de Saif al Islam ha vuelto a sonar relajada mientras levanta su ceja condescendiente en una entrevista en exclusiva con Euronews*. Cuando le preguntan, él ya da por zanjada esa pequeña cuestión del Este y se muestra magnánimo. Las ratas rebeldes y sus familias, los mercenarios llegados de fuera, ya se han ido dejando libre Libia. Los que quedan serán considerados buenos libios, seducidos por las ratas drogadictas y alcohólicas entrenadas por Al Qaeda y Estados Unidos, Francia e Inglaterra conjuntamente. Él lo tiene muy claro; los demás, no. Pero le da igual. Su capacidad de razonar está limitada a la necesidad. Si no necesita ser razonable, ¿para qué serlo?
Cuando le preguntan sobre Francia, suelta una perla: Libia ha financiado la campaña electoral de Sarkozy. No son palabras vanas, dice, tiene todas las pruebas y sacarán los papeles cuando sea necesario. Sarkozy les ha defraudado, insiste, porque ellos le financiaron para defender los intereses libios y no lo ha hecho.
Saif El Islam es un caballero y no va a mentir en estas cosas, desde luego. La perla política es una amenaza descarada para evitar que Francia, la que se equivocó con Túnez, pero la más beligerante con Libia, la primera en reconocer a los rebeldes como legítimos responsables del pueblo, siga tomando iniciativas en este sentido. Innecesarias, según el hijo mediático, porque en 48 horas ya no habrá nada que hacer. Todo estará consumado y los discursos sobre la paz serán coincidentes con la realidad del país. Ha costado, pero por fin en Libia todo casa, palabras y hechos.
Saif está acostumbrado a que todo le salga bien o casi. Al igual que el dimitido “Dr. Googleberg”, el ex ministro que plagió su tesis, también él está bajo sospecha académica. Como la lucha política hoy se da en todos los frentes, tiene abierta una sección wiki para enseñar al mundo cómo plagió su tesis doctoral. Borrachos, drogadictos y mercenarios del planeta se dedican a analizar su trabajo de investigación para mostrar al mundo su capacidad de análisis. El apasionante caso del plagio de Saif al Islam se puede seguir, párrafo a párrafo, en Wikia**. Su título es “The Role of Civil Society in the Democratisation of Global Governance Institutions: From 'Soft Power' to Collective Decision-Making”. Deberíamos preguntarle qué significan para él, como teórico del asunto (y de paso al resto de la familia), “sociedad civil”, “democratización”, "decisiones colectivas" e “instituciones”.
Más allá de cualquier ironía, es interesante saber qué pasa por la mente de alguien que ha escrito hace un par de años una tesis sobre la necesidad de que las ONG dejen de ser un “poder blando” y pasen a formar parte del gobierno real de las instituciones internacionales, esas ONG que hoy cuidan de los que huyen de él y los suyos en las fronteras de Túnez y Egipto. En sus propias palabras (al menos las que encabezan su tesis), señala:
This dissertation analyses the problem of how to create more just and democratic global governing institutions, exploring the approach of a more formal system of collective decision-making by the three main actors in global society: governments, civil society and the business sector. The thesis seeks to make a contribution by presenting for discussion an addition to the system of international governance that is morally justified and potentially practicable, referred to as ‘Collective Management’. The thesis focuses on the role of civil society, analysing arguments for and against a role for civil society that goes beyond ‘soft power’ to inclusion as voting members in inter-governmental decision-making structures in the United Nations (UN) system, the Bretton Woods institutions, the World Trade Organisation (WTO) and other institutions.
The thesis defends the argument that inclusion of elected representatives of non-governmental organisations (NGOs) in tripartite decision-making structures could potentially create a more democratic global governing system. This conclusion is supported by a specially-commissioned survey of leading figures in NGOs and IGO decision-making structures. The argument is developed in a case study of the WTO.
No deja de ser curioso que el autor de este trabajo académico sea miembro preferente de un régimen que ha sido condenado mayoritariamente por todas las instituciones a las que quería dar mayor poder para el mejor gobierno del mundo como freno al autoritarismo. Más que por plagio, se le debería retirar el título por incongruencia.
En Alemania, a Karl Theodor zu Guttenberg, conocido impopularmente como “Dr. Googleberg”, el plagio le costó el puesto de ministro, su futuro como delfín de Merkel, y el doctorado. Alemania es una democracia y Libia evidentemente no. Nadie va a salir criticándole ni su padre le va a retirar su favor. No sé si las cuantiosas donaciones recibidas en The London School of Economics and Political Science por parte del régimen de Gadafi permitirán la retirada del título de doctor. En cualquier caso, estos dictadores son siempre generosos en dinero y en palabras con todos aquellos que los acogen y los escuchan. Saif, además, lo es en ideas.
Con sus pueblos no lo son tanto.

* “Exclusiva: El hijo de Gadafi revela que Libia pagó la campaña de Sarkozy” Euronews 16/03/2011 http://es.euronews.net/2011/03/16/el-hijo-de-gadafi-revela-que-libia-pago-la-campana-electoral-de-sarkozy/
** http://saifalislamgaddafithesis.wikia.com/wiki/Plagiarism 


sábado, 12 de marzo de 2011

Sutilezas, el arte de la diplomacia gráfica


Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Simplemente observen y comparen:
Traje oscuro para recibir al dictador; traje claro para recibir al pueblo amigo.
Mano abandonada que apenas abarca los dedos del otro; apretón a dos manos, a falta de una.
Sonrisa mínima; sonrisa de oreja a oreja.
Cuerpo rígido para el tirano; inclinación afectiva hacia los rebeldes.
Saludo al pie de la escalinata; saludo en la puerta de la casa.
La diplomacia es un sistema de signos, de signos sutiles. La sutileza suele consistir en mostrar que recibes a alguien que no te gusta recibir pero que, por intereses superiores, debes hacerlo.
En los últimos años este lenguaje de la sutileza diplomática se ha extendido más allá de las residencias presidenciales. He escuchado frecuentemente defenderlo en debates a periodistas que, iniciados en los misterios de la sutileza y los intereses globales, dicen que hay que tratar bien a algunos fantoches para defender los intereses de las empresas españolas. Lo nuevo en este descaro de realpolitik es que se da por parte de personas que deberían defender los intereses de la ciudadanía y no los de las empresas.
Desde hace varias décadas se ha producido una peligrosísima identificación entre intereses empresariales e intereses nacionales. Consideramos que nuestros políticos solo deben salir al extranjero acompañados de empresarios e inversores. De la misma forma, solo recibimos ya a los que vienen a invertir. No nos importa otra cosa. Si visitamos dictaduras las llamamos nuevos mercados, economías emergentes, etc., lo que haga falta para que los demás lo perciban como un bien económico. Es de mal gusto preguntar ¿cómo va tu país? Porque te puede ocurrir como a Berlusconi: Todo normal, Silvio. Y se te queda cara de póker porque tienes que contarlo a los tuyos y ya tienes bastantes complicaciones con lo de los dientes y lo de los juzgados.
A veces, esos inversores son molestos compañeros fotográficos, pero no les puedes hacer el feo de negarles la imagen que los medios controlados de sus países utilizarán para desmoralizar a sus pueblos tiranizados. ¿A dónde vais a ir a quejaros, pobres míos, si mirad cuántos amigos tengo por esos mundos? Y así, los dictadores vuelven contentos con sus fotos porque los pueblos castigados no entienden las sutilezas del color del traje y la inclinación de la columna vertebral. Es una pena, porque los dictadores deberían quedarse en casa y no complicar la vida interna de los países con los que mantienen negocios.
Y nuestros demócratas gobernantes se tienen que defender de ellos seleccionando trajes más oscuros que demuestren lo oficial y frío del encuentro, dejar de sonreír para que no digan que son amigos, y dejarse coger solo un poquito las puntas de los dedos para que no haya malentendidos. Porque, sí, la política internacional es el arte de la sutileza.
Solo la guerra es descarada.