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martes, 18 de enero de 2022

El tenista, el alcalde y el coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Como ya señalábamos el otro día, a Novak Djokovic le puede haber salido más caro de lo que pensaba el órdago australiano. Con su expulsión garantizada por tres años de Australia y la consiguiente imposibilidad de acceder al país en tres años, el tenista se ha complicado la vida más de lo que pensaba.

Puede que el alcalde de Madrid se haya complicado también al manifestar el "reclamo"* del jugador si viniera a jugar aquí; es algo que también le pasará factura, ya que aquí nadie desaprovecha nada para la lucha política, de las vacas a los tenistas. Lo que haga falta con tal de destrozar al contrario.



El caso del tenista es lo suficientemente complicado —y lo será más— como para subirlo a la agenda política española. Ya lo ha hecho con efectos imprevisibles el gobierno serbio que lo usará en una cruzada nacional contra... ¿el universo menos Madrid?

¿Cree el alcalde Martínez Almeida que invitar a Djokovic va a crear un flujo de turismo serbio hacia la capital española, que sea el único lugar —más allá de su propio país— donde se le permita jugar? Luego le ha pasado la pelota al "gobierno de la nación", lo que no deja de ser un intento más de enredar las cosas.

No son las únicas complicaciones. Me parece mal, por ejemplo, que en RTVE se añada en varias ocasiones la frase "allana el camino hacia el título" para mencionar después a citar a Rafael Nadal y al ruso Medvédev. Me parece simplemente una maldad, algo de muy baja estofa, porque quien se ha complicado la vida es el propio Djokovic. A veces el periodismo quiere ser sutil y solo es injusto. ¿Qué deben hacer, retirarse?

Ya se han anunciado varios torneos internacionales en lo que no podrá participar porque para entrar al país se exige estar vacunado. En España no, tal como sabemos y hemos visto a Djokovic disfrutar de Marbella antes de su fiasco australiano. Con una PCR negativa le vale, según parece. Por eso nuestro alcalde se ha permitido meterse en ese lío él solito.

Tiene mucha razón Rafael Nadal, que, además de jugar bien al tenis, es muy sensato. Djokovic es culpable, pero no es el único, ha dicho Nadal. A los que "culpable" les parezca "fuerte" habrá que recordarles que Djokovic ha mentido en un documento de ingreso en un país. No es más que una víctima de sí mismo. 

Pero ¿a quién se refiere Nadal? Está claro: al mundo deportivo empresarial que ve el tenis como un negocio y que ha intentado no "perder atractivo" a cualquier costa. Lo importante, como en otros casos, es el dinero y no la salud. Mucho menos el ejemplo, ya que el jugador serbio hace público su idea anti vacunación. Y esto no es precisamente lo deseable tal como están las cosas por el mundo. Después de esto, cada participación de Djokovic, el "jesucristo" de los anti vacunas, será entendida como un impulso claro para estos grupos que buscarán más visibilidad.

Pero la auténtica medida de lo afectará al serbio es el patrocinio y este ya ha dado los primeros pasos con una de las marcas importantes que le patrocinan, Lacoste, todo un símbolo en el mundo del tenis y la moda deportiva.

En Antena 3, bajo el titular "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia", leemos: 

Su negativa a vacunarse puede acabar siendo el final de su carrera, siempre que no cambie de criterio, y la consecuencia es que algunos de sus patrocinadores pueden comenzar a pedir explicaciones a Nole. El primero en hacerlo, al menos de forma pública, ha sido Lacoste. La marca de ropa francesa pedirá cuentas al número 1 del mundo por la polémica que ha protagonizado en los últimos días en Australia, país de que ha sido deportado por no cumplir los requisitos de vacunación del país.

"En cuanto sea posible contactaremos con Novak Djokovic para revisar los acontecimientos que han marcado su presencia en Australia", indicó en un comunicado Lacoste, marca que el serbio luce en su pecho desde que en 2017 firmó un multimillonario contrato y abandonó la japonesa Uniclo.**

Lacoste sabe que la controversia no favorece sus ventas y que la imagen del serbio ha quedado dañada en diferentes aspectos, que sus intentos por colarse en Australia saltándose lo que se le pide al resto de los mortales que no son número 1 del tenis. No es ya la cuestión de la vacunación, sino también las distintas mentiras y falsedades en persona y formularios por parte de él y su séquito lo que acaban de dar forma a su imagen.

Es víctima además de los que le apoyan, que rozan el ridículo y a los que no pueden controlar. Un Djokovic "mesías" es un auténtico insulto a media humanidad y en especial a los fallecidos por millones y a sus muchos más millones de familiares. No, Djokovic no puede ser héroe más que de fanáticos, pero no del tenis, sino de la sinrazón, algo que se trata de combatir por todo el mundo.

Por más que el alcalde de Madrid, señor Martínez Almeida, busque un equilibrio entre el deseo y la norma, verá la de veces que se le recordarán sus palabras—"sería un gran reclamo"—, por más que le pase la pelota del "deber" a otros. Se ha metido él solo en la polémica y ya hay quienes lo utilizan contra él, como era previsible. Callarse es siempre una opción española de supervivencia.

Jugará allí donde las leyes se lo permitan —por eso los grandes torneos ha dejado claro la normativa de sus ciudades, como ha hecho Nueva York, o de sus gobiernos— y tendrá que pasar por el mismo calvario que en Australia si intenta forzar la situación ya con un precedente negativo importante. Pronto, los grandes trofeos intentarán evitar la patata caliente y la publicidad negativa que les supone invitar al serbio a sabiendas de que no está vacunado.

Localmente, los políticos serbios se ponen al lado de sus admiradores y se rasgan las vestiduras, pero cuidado con excederse en las críticas a los demás países, porque llevan las de perder. No sé si Serbia tiene algo más que Djokovic como activo, pero es lo que hay y no creo que pueda ir más allá del pataleo. 

Novak Djokovic quiere ser un privilegiado número 1 y no un ejemplar número 1. Cuando se habla de las virtudes del deporte, también se debería poder hablar de las virtudes de los deportistas. Algunos las tienen, otros no. Al final, algo en el camino marca la diferencia.

Nos queda la polémica nacional de fondo. Es el momento de jugar y ser jugado por unos y otros. Mejor no acabar de complicar algo que es muy sencillo: las normas se cumplen. El problema real para Djokovic no es el torneo de Madrid sino el contrato con sus patrocinadores, algo que se puede terminar si deja de ser "rentable" su imagen.

* "Almeida abre la puerta a Djokovic al Madrid Open y Sánchez responde: "Deberá cumplir las normas sanitarias"" RTVE.es/Agencias 17/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220117/almeida-sanchez-djokovic-madrid-open-normas-sanitarias/2258642.shtml

** Guillermo Fernández "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia" Antena 3 https://www.antena3.com/noticias/deportes/tenis/lacoste-pedira-explicaciones-djokovic-ocurrido-australia_2022011761e58f599890160001bc699b.html

miércoles, 17 de noviembre de 2021

En ascenso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Mientras Europa está desbocada en el número de contagios de coronavirus, España asciende lentamente, pero sin pausa, hacia un futuro peor. "Mejor" o "peor" son términos muy relativos. Por ejemplo, el futuro en términos propios es peor que el presente porque tendremos mañana más casos que hoy. Eso, desgraciadamente, lo hemos asumido. Aquí los "repuntes" van en grupo: repunte de casos, repuntes de la economía, repuntes del turismo, etc. Mientras unos compensen a los otros. Ya sabemos que para que la economía repunte tienen que repuntar los casos porque nos llegarán turistas si no les prohíben salir de su país y porque nosotros mismos saldremos porque no vamos a quedarnos en casa mientras ellos llenan chiringuitos, playas y demás.

Esto parece que ya es un hecho. El mayor peligro, piensan nuestras lumbreras económico políticas, es tener cifras de incidencia por encima de las europeas. Eso sí que es malo porque quién quiere venir a un país donde estarás peor que en el tuyo. Nosotros, internamente, lo resolvemos pasando de una autonomía de alta tasa de incidencia a una de menor, es decir, yendo a un lugar más sano. Ya hemos comentado cómo en este tiempo, esto ha hecho cambiar las situaciones de lugares sanos relativamente a lugares malsanos porque se les disparan los contagios por puro éxito al ir mucha más gente. De esta forma se producen movimientos pendulares atracción-huida.

En el informe que se va haciendo actualizando los datos, a las 19,49 h, nos decían en RTVE.es que la tasa es superior a 88 casos:

 

La tasa asciende en todo el país. Las subidas más elevadas se observan en País Vasco (+14 puntos), Ceuta (+14), Aragón (+12) y Cataluña (+12). Ya solo hay tres comunidades en riesgo bajo: Andalucía, Asturias y Ceuta. Navarra y País Vasco están en riesgo alto (más de 150 casos) y el resto del país, en riesgo medio. 

Por grupos de edad, la incidencia ya se encuentra en nivel de riesgo medio en todas las franjas, salvo en la de 12 a 19 años. Las mayores subidas se han dado en los menores de 12 años (no vacunados) y en los adultos de 30 a 49 años. Por comunidades, la incidencia a 14 días roza los 200 casos en País Vasco, Navarra y La Rioja.*


La verdad es que no son buenas noticias. Ahora ya llega el frío, se cierran las ventanas y el tiempo de estar en la calle se reduce. Las noches empiezan a ser de heladas y apetece poco. La gente se irá concentrando y con estos roces llegarán los contagios.

El hecho de que sean niños, en los menores de 12 años, complica mucho las cosas porque lo que tenemos por delante, las festividades, los tienen a ellos como protagonistas, lo que implica mayor transmisión dentro de las familias y grupos.

La llegada de fiestas, rebajas y ofertas comerciales con gente como loca por hacerse con las oportunidades nos llevan de nuevo al problema inicial. Quedarse en casa no resulta rentable para las economías generales. Con estímulos por todas partes para la compra, incluso para el acaparamiento no vaya a haber escasez de algo o un gran apagón, el que se queda en casa pasa a ser un enemigo de la economía. De nuevo nuestro drama acentuado, hay que salir, que consumir para que esto se ponga en marcha medianamente. ¿Lo conseguiremos con el menor número de bajas? ¿Quién sabe?

Nuestros datos actuales generales nos hablan de una incidencia de 82. No ha tardado mucho en subir. Solo la vacunación superior al resto de Europa nos salva de desastres mayores. Salvo algunos energúmenos, no tenemos muchos negacionistas, comparativamente hablando. Hacen poca piña porque la sociedad tiende más hacia las vacunas. Pero todavía se ve mucho "provocador" sin la mascarilla en ciertos ambientes. ¿Están vacunados? Secreto del sumario.

Las medidas tomadas por países como Austria y otros que ya le siguen de confinar a los no vacunados empieza a ser una forma de tope en cuanto a la permisividad. No se pueden seguir estirando los casos como consecuencia de la resistencia de un grupo social. Puede que no se pueda obligar a nadie a vacunarse, pero sí se le puede dejar de lado cercándoles. Esta solución es cada vez más drástica por las enormes consecuencias de prolongar esto.


Mientras los negacionistas se atrincheran en Europa, aquí ha pesado más la sociabilidad responsable o pragmática de la mayoría. Ya sea por prevención o por temor a quedarse aislados, lo cierto es que nuestras cifras son mejores en lo que respecta a las vacunas y eso se nota en otras variables, de las UCI a los fallecimientos. Por eso el rápido aumento es muy preocupante por lo que implica de retroceso. ¿Hasta dónde podemos llegar en esta subida?

Si fuéramos capaces de realizar ciertos controles y autocontroles mínimos, podríamos —con nuestras cifras de vacunados del 80% y ya revacunando— frenar las elevadas tasas que se esperan y van a tener incidencia, tal como ocurre ya en País Vasco y Navarra, donde ya han planteado medidas serias para evitar el descontrol que haga dispararse más los contagios. 

El invierno va a ser duro y los será más si hay más irresponsables de la cuenta dispuestos a ignorar las medidas básicas de autoprotección y transmisión. Es sorprendente que después de todo este tiempo haya gente que no se entere o no se quiera enterar.

Una vez que las medidas ya no son cuándo va a desaparecer el virus sino cuándo va a reaparecer, la cuestión cambia mucho. Se hizo mal en prometer la llegada de diversas normalidades. Es mejor ser realistas y decir lo que hay, lo que sabemos y lo que tememos para no sembrar ni el aburrimiento ni la irresponsabilidad. Media Europa está sometida ya a auténticas batallas por controlar a los irresponsables que no se vacunan. Los gobiernos no pueden hacer otra cosa ante una pandemia que nos está afectando en todos los niveles de la vida, personal y social. 


* Noa G. Santiago y Cristina Pérez "Coronavirus última hora, hoy | La incidencia sube a 89 casos sin contar los datos de la C. Valenciana ni Navarra" RTVE.es 16/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211116/coronavirus-covid-directo-espana-mundo-ultima-hora/2225322.shtml

jueves, 12 de agosto de 2021

Virus playeros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El titular de Antena3 no se anda por las ramas, "Los contagios por coronavirus aumentan a gran velocidad en las zonas más turísticas de España". La noticia se sucede a otras de días anteriores, del tipo "crecen los ingresos en los hospitales de las zonas turísticas", "desbordados los centros asistenciales de las zonas costeras", etc.

Como es lógico, los desplazamientos de las personas pasean turísticamente a los virus, en unos casos, y en otros están allí esperando a que lleguemos. Con buen criterio, se ha ido eliminando la expresión "variante india" por "variante Delta" y  —la  nueva— "variante Lambda" en lugar de "variante peruana".

Mi mentalidad positiva quiere creer que es para evitar discriminaciones o acusaciones a las personas, pero no descarto que alguien aluda a que se siente perjudicado por ser agencia de viajes o cualquier otro negocio relacionado. Hace unos días, una joven manifestaba ante las cámaras sus deseos de vacunarse para poder hacer un viaje a la India, que sería como salir de Málaga y entrar en Malagón, según el dicho.



¡Lo que costó convencer a algunos (a otros no se les convenció) que dejaran de usar el término "virus chino" o incluso "¡maldito virus chino!", al que supongo que veía agitando el Libro Rojo de Mao en su interior! ¿No hemos aprendido el efecto de términos como "gripe española", sin comerlo ni beberlo? O quizá sí y por eso lo usamos de esa manera estigmatizadora. 

El artículo de Antena3 comienza con este párrafo:

 

En las zonas costeras es donde más están aumentando los contagios por coronavirus este verano. La incidencia acumulada sube en los municipios más turísticos en comparación con aquellos que reciben menos visitantes. El resultado es una tasa que roza los 1.000 positivos por cada 100.000 habitantes a 14 días.*

 


¿Dónde está la "noticia", en sentido informativo la "novedad? Yo no sé muy bien las fabricaciones mentales que nos hacemos. Los contagios aumentan no por ser "turísticos", sino porque van "turistas" o, simplemente, porque aumenta el tamaño de la población y las interacciones entre sus habitantes. Lo raro, lo excepcional sería lo contrario, que aumentando población y actividades, disminuyeran los contagios.

Los ayuntamientos dirán que ellos vigilan las playas e imponen separaciones, pero eso es solo una parte. En realidad, da igual en qué tipo de actividad turística te contagies, ya sea tomando el vermú al medio día, charlando al borde de la playa con un antiguo conocido o moviendo el esqueleto por la noche. Aplique el lector la actividad "turística" que desee a esos "lugares turísticos".



Seguimos sin poner los bueyes en el lugar correcto y todo porque no queremos reconocer que —insisto— somos nosotros los que esparcimos los virus por donde vamos y allí donde nos paramos sin mantener las medidas. Y es de eso de lo que nadie quiere hablar.

Tras contarnos cómo han subido las cifras de contagiados en los lugares turísticos, el artículo se cierra con este otro párrafo igualmente significativo:

 

Ante esta situación, el sector turístico y la restauración temen que con el avance de la pandemia y la implantación de nuevas restricciones no puedan salvar el verano. Recientemente, la Asociación Empresarial de Hostelería de Cantabria (AEHC) recurrió ante los tribunales, que dieron la razón al sector, la resolución emitida por la Consejería de Sanidad regional por la cual se obligaba a cerrar los interiores de los establecimientos en 19 municipios, al considerarlas medidas "desproporcionadas".*

 

Uno se imagina al "verano" desmayado al borde de la playa, donde alguien le ha rescatado del naufragio y le está practicando un "boca a boca", en contra de todas las recomendaciones, sin distancia y, claro, sin mascarilla.



Las noticias sobre el aumento de casos en las zonas turísticas y el colapso de sus hospitales forman parte de lo mismo. El lío se completa con eso —también inexplicable— llamado "restricciones", que no son más que las consecuencias lógicas del aumento. No quejamos primero por que no vienen; cuando vienen, se contagian y luego se vuelve a protestar porque nos llenan los hospitales y saturan las urgencias. Aquí no hay nadie que no se vea afectado por una cosa o su contraria. Si las medidas fueran eficaces, no sería necesario tomarlas; pero se toman precisamente como una respuesta tardía a lo inevitable. Los jueces lo acaban de arreglar con su dudoso concepto de "proporción". Esto es preventivo o no es. Si es "proporcionado", ya no tiene sentido, el mal está hecho. La mentalidad jurídica, en esto, no es la más adecuada.

Por cierto, vuelvo a observar cierta tendencia a mostrar planos selectivos de mujeres con velo en las urgencias, algo que no deja de ser llamativo y un tanto tendencioso. O, si se prefiere, algo que algunos populistas harán suyo en las próximas campañas electorales locales, como ya se hizo en Madrid con el famoso cartel de los "MENA". Estos de las urgencias reaparecen después que hayan vuelto otros también con mujeres veladas caminando por las calles. En su momento, eran "asiáticos", lo que nos permite retratar cierta tendencia.



No podemos estar a todo. Si nos vamos a la playa, lo llevamos, lo cogemos o lo despistamos a base de normas de seguridad que, desgraciadamente, tienden a ser poco sociables o veraniegas. Los líos de los toques de queda no son eficaces, porque no es la hora, sino lo que hacemos. Podemos irnos a las once a la cama perfectamente contagiados. El toque de queda es para reducir nuestro tiempo juntos y es ahí donde debemos ver si es eficaz o no. Si hace que la gente se reúna en lugares con peores circunstancias, el efecto desde luego no será positivo. Todo depende de nosotros.

Cuando terminó el curso la gente se reunió masivamente para recuperarse de los exámenes. Unos se fueron de viaje juntos después, como el macro brote de Mallorca y otros similares. Volvieron y se reunieron de nuevo para preguntarse dónde se iban de vacaciones. En los lugares de vacaciones se reencuentran los viejos amigos para contarse qué tal les fue el año y cómo se libraron. Cuando regresan —ahora o en septiembre— se llaman para reunirse y contarse qué tal ha ido el verano.... Y así hasta que empiece el curso y volvamos a reunirnos con los compañeros de clase a los que contaremos lo que hemos hecho durante el verano y si no me he enterado que X y Z están en la UCI. ¡Qué mala suerte!

Y cada vez hay más de qué hablar, porque con cada reunión para ponernos al día aumenta el número de personas que se han contagiado y de las que hablaremos al siguiente contertulio.

Sigo sin entender dónde está la sorpresa, la verdad. 

 

 

* Rosa María Salcedo "Los contagios por coronavirus aumentan a gran velocidad en las zonas más turísticas de España" Antena3 Noticias 11/08/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/contagios-coronavirus-aumentan-gran-velocidad-zonas-mas-turisticas-espana_202108116113e5a051c7e30001434881.html

jueves, 22 de julio de 2021

Falsa sensación de seguridad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Conforme los números hacen batirse en retirada a los buenos deseos, hay que ir cambiando el discurso, algo que no es tan sencillo. Se trata de algo complicado, a ver si lo podemos expresar: se trata de convencer para que se vacunen a los que creían que no se iban a infectar (los jóvenes), pero que se infectan; se trata, en paralelo, de convencer a los vacunados ya que se pueden infectar; y de, en un tercer momento, explicar a la gente que ya lo pasó y se vacunó que se puede volver a infectar. ¡Es mucho convencer! Y más con un gobierno que quiere llegar a lo antes posible dar el nuevo mensaje: ¡todos estamos vacunados!

El mensaje "¡todos estamos vacunados!" es un mensaje político. Con esto queremos decir que es el mensaje-promesa. No es lo mismo decir "¡hemos vencido al coronavirus, todos estamos vacunados!" que decir "¡hemos vencido al virus, ya no quedan contagiados!" Confundir ambos mensajes es muy, muy peligroso.




La paradoja a la que asistimos desde hace algunos días es la siguiente: a) hemos pasado el 50% de las vacunaciones; b) aumenta el número de contagios de forma tremenda; c) bajan las defunciones; d) más del 78% de los fallecidos no estaban vacunados por motivos diversos; e) las cifras  de gente contagiada de 16 a 29 años se han disparado hasta niveles estratosféricos; f) la incidencia general también se ha disparado, pasando en apenas tres semanas de menos de 100 a más de 650. Todo esto coincidió  con la llamada a la sonrisa de la ministra Carolina Darias tras el anuncio del presidente Sánchez de que con las vacunas se acababa el problema. Sánchez se adelantó a Boris Johnson en eso del Día de la Libertad (aquí Día de la Sonrisa).

Todo esto lo sabemos, pero la pregunta es cómo convencer a la gente ahora que respete todo lo que hay que respetar, especialmente por el caso de las reinfecciones y de las infecciones "leves". Se han reducido las muertes de forma clara, pero ¿qué ocurre con el resto?

Así lo intentan en RTVE tras haber entrevistado a un experto:

 

La variante delta continúa extendiéndose por nuestro país. La Unión Europea estima que la variante Delta supondrá el 90% de los casos a finales de agosto. Con una incidencia que no deja de subir, ¿cómo de importante es tener la pauta completa para luchar contra la variante delta? Nos lo explica en La Hora de la 1 el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología.

 

La importancia de la pauta completa 

López Hoyos afirma que “puede significar un problema que la gente se quede sin la segunda dosis”, puesto que es importante “para protegernos de la variante delta”. Pese a todo, el doctor recuerda que “se puede esperar hasta los 42 días para inocular la segunda dosis, pero que corremos el peligro de infectarnos por el camino”. Cabe recordar que el escenario de infección es posible, sobre todo viendo los datos de incidencia de las últimas semanas.

El miembro de la Sociedad Española Inmunología ha querido recordar que las vacunas “no protegen al 100% de la infección, se ha tenido una falsa sensación de seguridad por algunos mensajes que no se han transmitido de la manera adecuada. Además ha incidido en que “a finales de agosto casi todos los contagios serán por la variante delta y por eso hay que extremar las precauciones”. El doctor también ha subrayado que “pese a estar vacunado con la pauta completa no significa que no podamos infectarnos del virus”.*

 


La "falsa sensación de seguridad" permite en gran parte explicar los fenómenos señalados. Lo más penoso es que en la competencia por ganar el éxito unos han vendido unas cosas y otros otras. De haber tenido —como tendría que haber sido— una estrategia común y nacional, todos se habrían mantenido bajo un discurso realista y no triunfalista como algunos han sostenido. Cuando se ha alcanzado algún acuerdo no ha sido total y siempre a regañadientes porque se trataba de erosionar al "otro", al que se responsabiliza de lo negativo.

El gobierno ha dado un mal paso al volver a sacar a la mascarilla de los espacios abiertos, algo que estaba ligado a la estrategia triunfalista desarrollada. Esto ha hecho que inmediatamente las Comunidades autónomas soliciten la vuelta a ella o a los toques de queda, que se están imponiendo de diversas formas. Se ha preferido renunciar a una herramienta de primer orden en la lucha contra la pandemia, como es la mascarilla a reconocer las limitaciones de la vacunación. De esta forma, se produce un efecto negativo, las interacciones sociales producen más contagios y las vacunas pierden eficacia ante la nueva variante expandida.



El mensaje general de "extremar las precauciones" es demasiado laxo a estas alturas, cuando las precauciones brillan por su ausencia y las vacunas se han entendido precisamente como poder pasar de las precauciones.

No va a ser fácil salir de este círculo vicioso que va reduciendo el valor de las vacunas ante las nuevas variantes, por lo que las reinfecciones acabarán colapsando la Atención Primaria (como ya lo hacen) y poco después las UCI por simple proporción.

Ahora tenemos por delante otra batalla: la exigencia del certificado COVID, que ya se ha planteado en Francia. Aquí los empresarios no la quieren, con lo que tendremos otro factor de difusión de los contagios. Pedirlos significará exigir que se vacunen y hay muchos jóvenes que no están dispuestos. Los antivacunas tienen mucho que ver en esto, pero es sobre todo la idea de que llevará a limitar el negocio. Tampoco el certificado servirá de mucho si se producen reinfecciones por las interacciones. Si los vacunados se reinfectan, el certificado, una vez más, servirá para la mencionada "falsa sensación de seguridad". Tendremos más de lo mismo: cuanto más segura se sienta la gente, más contagios, con mayor o menor gravedad.



No se trata de "sentirse seguro", sino de "estar seguro" y eso solo llega con las medidas elementales que la gente se niega a asumir. Demasiadas molestias, parecen pensar algunos.

El mensaje debe ser claro: vacúnese pronto, con las dos dosis, en su caso, y mantenga todas las normas básicas de prevención habituales (distancia, higiene, mascarilla, ventilación). Si hace lo primero y no lo segundo, seguiremos así mucho tiempo, perdiendo eficacia y sumando enfermos y muertes.

Hay vacuna contra el virus, pero no contra la cabezonería.



* "Los expertos recomiendan completar la pauta de vacunación lo antes posible" RTVE.es 21/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210721/expertos-recomiendan-completar-pauta-vacunacion-antes-posible/2134623.shtml

lunes, 12 de julio de 2021

El ocio robado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los medios nos dicen que cuatro de cada diez contagios en Europa se producen en España. Y en España nos dicen que la inmensa mayoría se están produciendo en una franja de edad a la que llaman "joven". De nuevo, como lunes, ya desde los primeros noticiarios de la madrugada se nos muestran imágenes similares a las de todos los lunes: botellones y fiestas repartidas por toda la geografía española. Esta vez están acompañadas por las imágenes de las comunidades en la que la gente más joven acude a vacunarse.

Si bien por muchos jóvenes que se nos muestren incumpliendo, no son "todos" los jóvenes, las cifras comentadas sobre los datos europeos dicen que sí son "bastantes", que esto es una cuestión generacional, de una forma de ver el mundo, en gran medida.

Los efectos que estas nuevas oleadas brutales de contagios están teniendo sobre las expectativas de sectores como el turismo y el esfuerzo hecho hasta el momento por muchos para poder bajar los indicadores y mantener en marcha una economía castigada no parecen conmover a nadie. Yo soy yo y me sobran las circunstancias.



Las explicaciones que dan los que se encuentran en las colas tampoco ayudan mucho, pues mayoritariamente se refieren a poder irse de vacaciones o poder seguir con el mismo tren de vida sin contagiar a la familia, ya que siguen dependiendo de ellas.

De poco sirven las noticias que nos hablan de ingresados jóvenes en plantas y algunos en UCI. En algo se ha fallado, ya sea en la comunicación (seguro que sí) o en la educación (indudablemente) que transmitimos, a la formación en valores.

Los ejemplos que la Eurocopa nos ha dejado nos muestran igualmente celebraciones, algunas han acabado mal, como las de la final de ayer. Italia, nos dicen, tenía buenos datos, pero está por ver los efectos de estos días de celebraciones.

Pero nada de lo que vemos tiene algo que ver con lo que vemos. Ellos celebran algo; nosotros simplemente celebramos. Se han conseguido contener las fiestas tradicionales, de los Sanfermines a las fallas, pero no hemos conseguido frenar la celebración a secas, cuyos dos rasgos básicos son la concentración de personas y la ingesta de alcohol, dos pobres motivos pero por los que la gente está dispuesta a jugarse la vida propia, la de sus familiares y compañeros, hundir la economía que se basa en la confianza y seguridad.



Esta vez no podemos echarle la culpa a nadie. Hemos sido nosotros los que hemos espantado a nuestra principal fuente de ingresos: el turismo y todo lo que le rodea. Cada vez son más gobiernos los que recomiendan no venir a España de vacaciones. Los programas entrevistan a los encargados de hoteles que hablan de las cancelaciones crecientes. Basta con mostrar las imágenes españolas para que la avalancha se produzca.

Atrás han quedado los intentos de "corredores turísticos seguros", como los ideados para Baleares y Canarias del verano pasado. Con las cifras existentes es difícil hablar de ellos.

Las campañas de vacunación joven pueden ser un aliciente para intensificar los contactos, ya que parece ser esta la principal motivación. Muchos han asumido que, tras el pinchazo, pueden hacer lo que quieran. Del centro de vacunación al botellón directamente, poco más o menos. Ignoran o quieren ignorar los plazos que supone la vacuna para ser eficaz, los límites que se muestran con las nuevas variantes y que hay gente vacunada que se reinfecta. Ignoran que, vacunados, pueden seguir contagiando a otros.

Ha fallado mucho la comunicación. Se entrevistan expertos y más expertos. Basta que uno discrepe para que se descalifique a todos. Tenemos el inconcebible caso del juez que se permitió decir que "un epidemiólogo era un médico de cabecera con un cursillo". Los políticos tampoco han hecho mucho, pues usaron la pandemia como arma arrojadiza y lo siguen haciendo.



Peor todavía, muchos piensan en el "voto joven" en demasía, lo que les impide afrontar con la energía suficiente el problema, que se evita analizar en su origen. Del "no hay que estigmatizar a los jóvenes" de la ministra Carolina Darias cuando los datos ya eran escandalosos y algunos medios hablaban directamente de la "ola joven" del virus.

No hemos desarrollado un concepto real de salud pública y del compromiso social que esto supone. Por el contrario, se ha podido apreciar que muchas personas carecen de ese concepto en una muestra de egocentrismo que nuestra propia sociedad fomenta en su conjunto.

Nos gusta pensar en nosotros como una sociedad solidaria y los somos en determinados aspectos. Pero lo que estamos viviendo nos obliga a dejar atrás conceptos ilusorios. Puedo entender que los contagios se den en personas que no tienen más remedio que salir a ganarse el pan. No es este el caso. Mientras muchos se sacrifican para poder salir de esto, otra parte de la sociedad (voy más allá de las franjas de edad) es profundamente insolidaria y no ve más lejos de su propio disfrute. Se han desentendido ya sea porque se sienten inmortales o porque ya lo han pasado o les da igual, como señalaba a cámara un entrevistado en un botellón.



Es solo cuestión de tiempo que las mutaciones del virus traigan nuevas formas que se muestren activas ante las vacunas. También habrá que explicarlo, aunque de poco servirá para los que no quieren entenderlo para no privarse de la única meta en su vida: eso que llamamos ocio, diurno o nocturno, al que se nos empuja a través de sutiles y no tan sutiles formas.

Hemos pasado por hacernos con perros para pasearlos, con sacar a los niños para reunirnos en el parque con los amigos... Todo se podía hacer con unas normas básicas: mascarillas y distancia, higiene y ventilación. De las cuatro solo se sigue la cuarta por el simple motivo de hacerse al aire libre. El golpe de efecto del gobierno retirando la mascarilla en lugares públicos ha hecho retroceder uno de los mecanismos. Ahora ya no saben cómo volver a imponerla.



La pandemia del ocio, la pandemia gregaria, es un espectáculo que irrita más allá del hecho mismo, pues nos devuelve una imagen de la sociedad que no es nada alentadora. Es, por el contrario, desalentador pensar que este presente es parte de la base de nuestro futuro.

Europa nos teme y, peor, los que buscan esta irresponsabilidad compartida vendrán a hacer aquí lo que no hacen en su país. El llamado "turismo de exceso" tiene en ciertos lugares de nuestra geografía sus atractivos centros de reunión. Lo dicen sin tapujos, ¿por qué iban a ocultarlo? Vienen a sumarse a lo que ven.

Queda mucho para vencer a esta pandemia, sobre todo porque desbaratamos nuestros propios esfuerzos a base de ignorar lo esencial. La vacunación es solo una parte, una foto del coronavirus del pasado. Con cada mutación que se produce el virus gana poder porque nuestras defensas se pueden quedar "anticuadas" en cualquier momento.



Nos dice el investigador del CSIC, Juan José Sanz Ezquerro, en su obra Virus y superbacterias (2017) que los virus "evolucionan muy rápido porque se reproducen en un corto período de tiempo y producen infinidad de nuevos individuos en cada ciclo de replicación. De este modo tienen la oportunidad de generar un gran repertorio de variación biológica, que es el sustrato sobre el que actúa la selección evolutiva. Pero, además, cuentan con mecanismos adicionales que aumentan su variabilidad, sobre todo en el caso de los virus ARN. [...] esta gran capacidad de evolución confiere a los virus grandes ventajas adaptativas que pueden manifestarse en cualquier paso de su ciclo de reproducción. Por ello, el conocimiento de estos mecanismos víricos de invasión y evasión es esencial de cara al diseño de nuevas armas terapéuticas y preventivas en la lucha contra los virus". (86-88)*



Cuantos más contagios se producen, más variantes aparecen; cuantas más variantes aparecen, menos efectivas son las vacunas diseñadas. El mecanismo es sencillo de entender, pero no lo son tantas las implicaciones en nuestras programadas vidas. La velocidad con la que se transmite el virus depende de nosotros. La nueva variante Delta es un explosivo presente que dará lugar a otras nuevas variantes futuras, variantes más evolucionadas más ajustadas a sobrevivirnos. Los efectos de las vacunas quedarán pronto olvidados y necesitaremos nuevas armas para combatirlas..., pero no será con botellones ni con vacaciones porque estén los viajes baratos y hay que aprovechar.

¿Cómo hacerlo entender?  El editorial de hoy del diario El País señala "Hay que salvar el turismo" Sí, ¿pero de quién? Leo un artículo en el que se dice comprender a los que salen porque dicen que les "han robado" lo que él tuvo, sus días de "gloria juvenil". Eso se decía antes de guerras y posguerras, que robaban la juventud. Mundos y tiempos difíciles. No creo que los botellones den para tanto juego. A los que han robado es a los que están ya en el otro mundo. Esos sí que se quedaron sin nada.

 


* Juan José Sanz Ezquerro (2017) Virus y superbacterias. Prevenir las epidemias del futuro. National Geographic-RBA


lunes, 5 de julio de 2021

El finde eterno

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



¿En qué han quedado las palabras de la ministra Carolina Darias sobre "no estigmatizar a los jóvenes" ante la evidencia de lo que se ve y escucha? Me imagino que en prácticamente nada. Más allá de las proporciones de la generalización, las cifras lo señalan y los propios jóvenes lo dicen cuando les ponen un micrófono delante: "Si tuviera 60 años tendría miedo, como tengo 20 años no lo tengo", dice uno; "si me toca, me ha tocado", dice otro; "yo ya lo he pasado" un apunta tercero. "No hay que ser cínicos", señala otro, "nos pasamos en las celebraciones" sin mascarilla ni distancia".

Las palabras son casi literales, escuchadas en cada noticiario. Son solo algunas cuyo sentido no permite demasiadas dudas, nos gusten poco o nada. Al final, la lucha es generacional. Eso sí es una evidencia. El "tenemos muchas ganas de fiesta" o el "hemos pasado un año muy duro" en referencia a la abstención cañera muestran lo que hemos construido como sociedad.

Los eslóganes del gobierno al comienzo de la pandemia —aquello nos suena ahora a ingenuidad propagandística— contrastan con estas muestras de insumisión pandémica, de indiferencia absoluta ante todo lo que vaya más allá de la epidermis propia. Es así y poco hay que decir para explicarlo desde dentro de la propia pandemia. Es algo que va más allá, que viene de lejos y que tiene que ver con esta construcción asimétrica de la sociedad, una asimetría generacional que ha llevado a convertir a la juventud en mano de obra barata, a la que se le anuncia que vivirá peor que sus padres y que, por ello, ve a los mayores como sus explotadores privilegiados.



El "botellón" mismo es una marca generacional que inicialmente tuvo un sentido de marginación, la celebración de la calle ante la exclusión de los locales que no querían dentro a los jóvenes por su baja capacidad de consumo, que es la vara de medir. Pronto se convirtió en marca de identidad. El efecto grupal hizo el resto, quedando los lugares de ocio al margen, como un elemento diferencial en una población en donde las distinciones se hacen sobre el trabajo (becario, precario, estable) y la fiesta (dentro, fuera).

El botellón es visto como una frontera iniciática, un rito de paso. Los que hayan visto las miradas brillantes, los andares rápidos de los quinceañeros, saliendo del metro en la Ciudad Universitaria, cargados con las bolsas con las botellas compradas en los supermercados; los que hayan visto un centro comercial o supermercado un viernes o sábado por la tarde, lugar de compras de las botellas de alcohol de los grupos, etc. no debería chocarles mucho. Los que hayan visto los capós abiertos de los coches, repletos de bebidas para vender, de neveras de camping cargadas de hielo y bebidas puestas a enfriar por parte de los jóvenes "emprendedores", aquellos que pasan del consumo a la venta, tampoco tendrá muchas dudas sobre lo que pasa.



Las palabras de Darias no son más que el encubrimiento de un problema más amplio que ha estallado con la pandemia. Tiene que ver con esa masa de jóvenes que sigue siendo la más perjudicada por este modelo de desarrollo que llevamos.

El problema lo hemos tratado aquí en diversas ocasiones a lo largo de los años. Ahora estalla con su crudeza, sin máscaras ni mascarillas, sin necesidad de mentiras, sin necesidad de palabras buenistas de ministros, ministros o presidentes del gobierno. Las escuchamos delante de cada micrófono, de cada cámara, ya sea por parte de los propios jóvenes o de los adultos que lo señalan como queja. Es evidente que las distancias son algo más que una forma de  ver la vida, que son diferencias profundas, una amplia brecha generacional.

El primer problema viene del empleo de la palabra "joven", que ya no se sabe dónde comienza o donde termina. Ya no hace referencia a una edad concreta sino a una forma de vida. Las imágenes de los botellones nos muestran una amplia gama, hay una pseudo juventud, personas que entre los treinta y los cuarenta que se han ido arrastrando desde que todo esto comenzó a ser una forma de vida, al menos en lo que respecta al ocio. "Estar allí" es "ser joven" y no al contrario. Es el espacio, la actividad, la compañía la que te da el estatus. Ellos se agrupan y se mezclan. Sería interesante hacer una radiografía de estas celebraciones y ver cómo se estructuran.




Es una consecuencia de la prolongación de la infancia, después de la adolescencia y a la resistencia al abandono de la "juventud", que pasa a ser un conjunto de acciones, una actitud —aunque solo sea de fin de semana— que se mantiene.

Los propios medios ayudan con sus titulares cuando hablan de "jóvenes" cuando se refieren a personas que rondan los cuarenta años. Hay un problema terminológico y social en ello. Lo hemos visto cuando la gente ha puesto el grito en el cielo porque se hablaba en algún medio de "ancianos" de 60 años. Ya nadie quiere salir del nicho "joven".



No se me van de la cabeza las palabras de una joven de las confinadas por el macrobrote de Baleares: "No solo es responsabilidad nuestra; ellos lo han creado". ¿Quién ha creado qué? ¿Es una variante española y juvenil del "laboratorio de Wuhan", algo del "joven Bosé" o similares que actúan como justificantes de lo que se hace? Quizá una mezcla interesada de todo ello, fomentado por aquellos que viven de la trivialidad y que se han visto privados de sus ingresos habituales.

Lo más lamentable de todo es esa imagen de desprecio al mundo, entendiendo por tal todo lo que no es uno mismo y los colegas. Esa barrera no es nueva; se ha creado en estas formas de explotación juvenil que practicamos desde hace mucho tiempo, en esa "vieja normalidad" del que trabaja y no cobra, del que cobra y entra y sale del paro de forma continuada, del que no puede pagarse una casa, del que se ve estimulado al gasto y tira de padres como una forma normalizada de vida, del que vive con ellos y su sueldo, mínimo, lo emplea en socializar el fin de semana.



Vivimos en una sociedad de la trivialidad extrema, por lo que no podemos pedir mucho más. Lo que hay se ha creado entre todos. Es un futuro sin demasiadas ilusiones, donde imaginar es generar futuras frustraciones. Estas celebraciones sin medida tienen algo de "nihilismo", como señalábamos el otro día, un mal que nos aqueja como sociedad sin metas, que pierde su rumbo y vive el día a día sin recuerdos y sin expectativas. Cada uno que aguante su vela.

"Findes", "viajes de fin de curso", "botellones"... todo ello forma parte de esta "celebración" entre muertos e ingresados en las UCI. Se enseñó que "solo se mueren los viejos", que "los jóvenes los pasan con síntomas leves". Ahora que lo están expandiendo de regreso de los viajes y juergas, de insensatos finales de curso (turismo interior) que ellos se han organizado y otros han aceptado, nos encontramos con que otros países van poniendo la "segura España", región a región, en la lista roja de las zonas que hay que evitar. Todo esto en apenas una semana en la que las cifras se disparan. ¡Adiós a la cara de satisfacción del presidente anunciando el fin de la mascarilla en exteriores! De poco sirve la letra pequeña si se incumple la grande.

Hacemos mal en enfocar esto como un problema juvenil; es un problema del conjunto, del sistema en su totalidad, que se irá haciendo más grave si no hay más ilusiones que la que llegue el fin de semana. Lo escucho en el metro a primera hora los lunes, "¿qué vas a hacer el próximo finde?" Lo que hay en medio cuenta poco. Es iluso pedir más.

 

24/10/2020