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viernes, 17 de enero de 2025

¿Hijos o mascotas? ¿Problema o tendencia?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Una de las cosas que hacían moverse el mundo era el deseo de los padres de que sus hijos tuvieran un mundo mejor. Creo que esto ha cambiado en algunos sentidos, especialmente cuando no hay un sentido claro de que haya un "futuro". En los 60 y 70 era el miedo a la guerra nuclear, al la destrucción del mundo. Ahora, esto ha sido sustituido por el miedo ecológico, el desastre planetario del cambio climático y de otras fórmulas de las que responsabilizamos a la acción humana. La palabra "futuro" ha cambiado se sentido en muchos aspectos, como lo ha hecho "progreso", volviéndose amenazantes.

Lo que en los años 60 y 70 fue un rechazo del mundo urbano, de la tecnología en una generación que decidió abandonar las ciudades, dejarse el pelo largo. Volver a lo básico y rechazar el sistema, es hoy todo lo contrario: tecnología, predominio de lo urbano y consumo. De los sueños, por disparatados e ingenuos que fueran, a lo virtual, otra forma de ensoñación que nos viene desde fuera, seduce y nos hace olvidarnos de lo que pueda ser lo "verdadero".

La ficción que hemos tratado aquí de poder "dialogar con los muertos", de "quedarnos" virtualmente "aquí" para narcisismo de los que se virtualizan mediante IA y los que los acogen como negación de la muerte, va en ese mismo sentido. Sin "muerte" no hay pasado, presente o futuro. La vida se vuelve paréntesis de la nada. Pero es confortable, entretenida, mejor que lo que hay "fuera".

También el negocio se extiende a las mascotas, que pueden ser clonadas por diferentes precios, como ya tratamos aquí. Un gran negocio con futuro.

En RTVE.es nos traen una interesante información (más que noticia) desde el lugar más privilegiado de su página web: "Las mascotas superan a los niños, el gran cambio en los hogares españoles: "La tendencia se va a consolidar""*. No me sorprende el dato en sí, sino la forma en que está desarrollado, su lógica de fondo, por decirlo así.

En España hemos desarrollado un pensamiento en el que un problema no es un problema hasta que alguien lo define como tal. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con la cuestión de la "vivienda", que ha sido definido "oficialmente" como "problema". Han tenido que salir miles de personas a la calle a protestar por el precio, la escasez, el endeudamiento, la proliferación de los "pisos turísticos", etc.

El artículo de Lucía González sí vincula el problema de la vivienda, de los bajos sueldos, con la falta de hijos y la proliferación de mascotas. Pero no acaba de ir más allá, a lo que supone o representa.

En los últimos años, España ha sido testigo de un fenómeno social que ha transformado la estructura de las familias. El número de mascotas ha crecido exponencialmente y supera al de niños en el conjunto de los hogares.

"Es más fácil hacerse cargo de un perro que de un hijo", cuenta a RTVE.es Laura Fernández. "Y mucho más barato", recalca con una sonrisa. Esta joven de 29 años, que comparte un perro con su pareja, reconoce que le gustaría ser madre, pero cree que no puede hacer frente a lo que supondría: "Entre los gastos que conlleva y la conciliación laboral, es misión imposible".

Según los últimos datos publicados por la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), que recoge los animales censados a mediados de 2023, en nuestro país había 10.165.498 perros y 967.834 gatos. Mientras, en enero de ese mismo año había 1.786.406 niños de entre 0 y 4 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Este crecimiento en la población de mascotas no es casual; responde a una serie de factores que han llevado a los españoles a optar por la compañía animal en lugar de la crianza de niños.*

El artículo lleva mucha información de interés, pero tiende a dar por hecho eso que define como "fenómeno social". Que la gente no pueda (o quiera) tener hijos porque; a) no puede tener una vivienda en condiciones; b) no tenga un sueldo suficiente; y c) no pueda conciliar no es un "fenómeno social" es una "crisis social" que determina algo más que una moda o tendencia. Es, como decimos, una "crisis" en toda regla surgida de una serie de problemas encadenados, como los tres enumerados a los que se podrían añadir algunos más.

Una parte del artículo enfoca el "fenómeno" como para una "oportunidad" para la economía correspondiente, el negocio de las mascotas, algo que va de las vacunas, las peluquerías, el cortado de uñas, las clínicas veterinarias, la clonación, etc. Lo que ya está llevando a una intensa campaña mediática a favor de los negocios de las mascotas. En las TV ya se ven anuncios sobre los seguros para las mascotas, un negocio floreciente según parece.

Lo preocupante para mí es el paso de un problema real, la falta de hijos debido a problemas de otro orden que son los que involucran a las mascotas. No se trata de enfrentar a hijos y animales, sino de entender los graves problemas derivados, los que irán apareciendo aquí, como han aparecido en otros lados.

Tomemos el problema desde una perspectiva que hemos desarrollado en ocasiones aquí, el de los Estados Unidos, en donde el tener o no tener hijos ha pasado a ser una cuestión política de primer orden que ha favorecido el ascenso y consolidación de Donald Trump y la ultraderecha de corte tradicional o evangélica.

Se ha calificado a los demócratas como gente que no tiene hijos y prefiere las mascotas. Kamala Harris era una "mujer con gato", una idea sobre la que ha girado la campaña. Preferir "gatos" a "hijos" significaba debilitar los Estados Unidos frente a la inmigración que se va "apoderando de América". Los inmigrantes tienen la fuerza de su crecimiento frente a la decadencia norteamericana. La ultraderecha ha hecho de los hijos, de tenerlos o no tenerlos, una de las bases populistas que se están extendiendo por el mundo. Ese es un aspecto puramente político.


La respuesta cruel de la administración Trump fue separar a las familias, separar a los hijos de los padres. Veremos medidas de este tipo en los próximos meses, pues la inmigración y sus familias pobladas siguen en la retórica populista. Los verdaderos norteamericanos tienen hijos, no mascotas alternativas. La ultraderecha europea ha captado el mensaje y ya lo usa.

Evidentemente se trata de una forma de manipulación, pero no por ello es menos real y, sobre todo, encubre los problemas reales y los traslada a otro plano, señalando un origen del problema falso.

El descenso de la natalidad tiene que ver, como se ha repetido, con la necesidad de cubrir puestos de trabajo ante la falta de personas nacionales. Esto acaba creando una espiral en la que lo que es necesario se convierte en problemático. Efectivamente, el problema de los que no pueden tener hijos se acaba convirtiendo en el problema de los que tienen que cubrir el empleo. La manipulación política hace el resto.

Como se suele decir, las mascotas crean nuevas oportunidades. Si hemos mencionado los anuncios de seguros para mascotas, también podemos ver cómo ya aparecen otros anuncios en los que su propone a los jóvenes formarse como "ayudantes de veterinario", una profesión con "futuro" según se nos anticipa. El titular de RTVE.es lo confirma, claro.

Hemos pasado del negocio de la infancia a los de las mascotas. Sigue creciendo, en cambio, el de los ancianos, que es verdadero negocio nacional, como demostró la pandemia con las residencias y las elevadas muertes que ocurrieron en España en ese periodo. Conservarlos, en cambio, es un negocio mientras duran, de los medicamentos, a los terapeutas y cuidadores, a las residencias con más o menos servicios y de calidades muy variables.

Cuando cada mañana me dirijo a coger el tren, me cruzo con innumerables ancianos que, acompañados de amables personas extranjeras, les acompañan mientras espera ser llevados a las residencias cercanas. Las otras personas que me encuentros son padres y madres que llevan a sus hijos al cole y, cada vez más, gente paseando a sus perros. Los ancianos van desapareciendo por ley de vida; los niños crecen y las mascotas se renuevan.

Muchos ya los cuentan como de la familia. Dicen en el artículo que la soledad hace mucho en esto de las mascotas, que llena un hueco. Este es otro problema, que supongo también entra en los "fenómenos" sociales. Si en los 70 el problema era la "incomunicación", ahora es que hablamos más con los animales.

Una cosa es tener mascotas y otra muy diferente creer que son sustitutos de los hijos, especialmente cuando se hace de forma masiva. Decimos que llenan la soledad. Vayamos al problema, no a pseudo soluciones. Decimos que es lo que nos permite la falta de espacio y el bajo suelo. Vayamos a los problemas en el origen. ¿Conciliación? Lo mismo, vayamos al problema.

Si no vamos a los problemas reales, taparlos no es más que una ilusión que tiene también consecuencias. Pero si no hay "futuro", ¿por qué preocuparse? 

 

* Lucía González "Las mascotas superan a los niños, el gran cambio en los hogares españoles: "La tendencia se va a consolidar"" RTVE.es 17/01/02/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250117/mascotas-superan-ninos-espana-cambio-familiar/16277666.shtml

viernes, 15 de noviembre de 2019

Puolanka, el pesimismo como marca

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debo confesar que el reportaje de la BBC, firmado por Saila Huusko, con el título "Puolanka: Finland's ‘best worst’ dying town", me ha servido de catarsis y me ha hecho llorar de risa en estos tiempos de llantos generalizados. Puestos a llorar, prefiero hacerlo de risa. Si te quedan lágrimas, puedes probar.
El reportaje de Huusko nos habla de Puolanka, una pequeña ciudad en Finlandia, el país con mejores índice de felicidad (según los estudios internacionales). Puolanka, como ocurre en España, tiene pequeñas ciudades que se van muriendo, que van envejeciendo y quedándose vacías. Un poco lo de "Teruel existe", pero en más frío y en finés.
Nos la presentan así en la entradilla: «Puolanka was in the news for all the wrong reasons, so locals decided to embrace being the worst. Now it’s the most pessimistic town in Finland – and everyone knows its name.»
Ser el "peor mejor" implica ir en la dirección contraria a la que tomarían probablemente el resto de los humanos que tratarían de salir de esa percepción, pero Puolanka ha tomado la dirección contraria. En Puolanka decirle "¡ánimo!" a alguien es una estrategia equivocada. Si los demás te ven como lo más representativo de lo que no debería ser, ¿por qué no buscar la perfección por ese lado? ¿Por qué todas las ciudades del país más feliz del mundo deben mostrar a su gente sonriendo?
La estrategia de Puolanka es reconocerse como "pesimistas" (los demás tienen razón) y disfrutar con ello:

As you approach Puolanka, a small town in the middle of Finland, large yellow signs appear on the side of the road. On a grey afternoon, they look cheerful – until you see what’s written on them. “Are you lost? Next up: Puolanka,” warns one. “Soon, Puolanka. You’ve still got time to turn around,” cautions another.
“There are people who, on a daily basis, fantasise about knocking over those signs,” says Tommi Rajala, the 41-year-old deadpan executive director of the Puolanka Pessimist Association, the group behind the signage. Yet Puolanka has turned pessimism into a brand, hosting a pessimism festival, a musical, and even an online shop – all served with a wickedly humorous twist. Videos depicting Puolanka in all its pessimistic glory have hundreds of thousands of views online.*


Por explicarlo en términos nacionales, es como si se hicieran campañas como "¡Estás llegando a Teruel!, ¿seguro que no te has equivocado?". El optimismo hispánico de poner a Teruel en el mapa se pierde en el convencimiento de que Puolanka dejará de estar en el mapa y solo podrá estar en uno fantasmal.
Hartos del optimismo del mundo de las campañas de imagen positivas, Puolanka se ha hecho viral por lo contrario. La existencia de una asociación pesimista es la prueba, sin complejos, de que aquella afirmación del escritor Gustave Flaubert "¡hay que ser idiota para ser feliz!" se cumple en Finlandia. El caso es más grave si hay que fingir que eres feliz, es decir, idiota. Ya es triste serlo, pero el velo de la estulticia te libra, algo que no ocurre con el que se tiene que fingir idiota. Si Finlandia es donde viven los más felices, en Puolanka puede tener su buenos momentos, pero una conciencia pesimista de que acabarán desapareciendo porque los números son los números y los de ellos son los peores. De hecho, todo esto comenzó así, cuando los habitantes se dieron cuenta que solo salían en los medios como ejemplo de lo peor. Cuando los números nacionales eran malos, los de Puolanka eran los peores; cuando los del resto mejoraban, los suyos seguían igual de malos:

Hardest hit are municipalities like Puolanka, a place Rajala describes as “the most remote municipality in Finland’s most remote province”. The town has some 2,600 residents, more than 37% of whom are over the age of 64. Its population has fallen by half since the 1980s, and bigger urban centres continue to lure young people away.
Timo Aro, an expert on demographics in Finland, says population change is creating winners and losers – and Puolanka is one of the losers. “If you look at the numbers in Puolanka, they are pretty grim in all possible ways, no matter how positively you interpret them,” he says.
Rajala recalls a period in the early 2000s when, if Puolanka ever appeared in the media, it was always in a negative light. He says the pessimism movement emerged as a response to being constantly cited as the worst example of everything demographic-related. “Alright, we’re the worst, but we’ll be the best worst in Finland,” the thinking went.*



Puede que la idea de ser los "mejores peores" no sea fácilmente aceptada por todos, pero da igual porque ellos lo hicieron. Decidieron ser la ciudad más pesimista y presentarse así al mundo. El cartel de recepción a la llegada al pueblo no deja lugar a dudas, "todavía puedes darte la vuelta".
No nos engañemos: Puolanka no es un más pueblo; es más bien una víctima del cambio demográfico, de la concentración en las ciudades, de la emigración... de la vida urbana moderna. Cuando la gente se va, cada vez se te ve más lejos, aunque no te hayas alejado un metro. La distancia es una percepción psicológica, además de la física. Cada vez te interesa menos ir a determinados sitios porque el esfuerzo mental requerido para ponerte en marcha se percibe como titánico y después insalvable. Por eso no se trata de infraestructuras, sino de actitudes. Las segundas mejoran las primeras.


La Asociación de Pesimistas entró finalmente en crisis en 2016, ya ni el pesimismo era suficiente. Pero fue la llegada de un hijo emigrado, Tommi Rajala, la que le dio nuevos aires con el uso de las redes sociales y la producción de actividades, como el Festival anual del pesimismo, en diciembre, un musical pesimista y otras actividades. Rajala decidió trasmitir la imagen pesimista ante la situación y convertirlo en la seña de identidad. Su misión pasó a ser, de forma muy eficiente, convertir el pesimismo en signos claros, traducir un estado de ánimo ante el futuro, en un presente comunicado.

In the first video he made as part of his job, Rajala sarcastically takes the viewer on a tour of Puolanka. The video, full of dark humour, got 200,000 views when it was posted on social media, and a second video hit half a million. “Usually, advertising is all about making things seem better than they are,” says Rajala. “The absolute best thing about pessimism is that I don’t have to lie.”*


La observación es bastante cierta porque en un mundo en donde todo se convierte en esperanza y optimismo aunque caminemos hacia el desastre (es cierto que podemos elegir entre varios tipos), la realidad es la primera víctima. Rajala, efectivamente, no tiene que mentir nada, no hay nada que maquillar, solo mostrar lo que hay.
En siglo XIX, el pesimismo era una actitud respetable. En nuestro siglo XXI es reprobable y anti cívica aunque el edificio esté ardiendo por los cuatro costados. Es precisamente la marginación de los "pesimistas" de la vida pública y de la intelectual lo que actúa como vacuna para evitar muchos desastres. Son los locos y los mentirosos, los que ignoran la realidad o los que la deforman el verdadero peligro de la humanidad. Escuchando a los pesimistas, efectivamente, se pueden corregir cosas. Con los que todo lo ven perfecto (especialmente si están ellos al mando), no se suele llegar a muchos sitios.


El humor siempre ha sido un aliado del pesimismo. De hecho nadie suele ser más pesimista sobre la especie humana que el humorista, bástenos citar a un Mark Twain. Pero hoy llamamos a menudo  "humor" al escapismo que nos hace olvidar los problemas y no al que nos lleva al centro de los mismos, algo que los verdaderos humoristas han hecho.
Cuando Rajala nos va mostrando en sus vídeos las bellezas de la ciudad, nos muestra los parques sin niños o los espacios para el deporte cubiertos de nieve y hielo. No necesita recurrir a imágenes falsificadas o fingidas. No es una mala ciudad; es solo una ciudad sin futuro, abandonada. Algo que por aquí hemos empezado a llamar la "España vacía".

One theme is the relatively small number of women; in general more women than men are leaving small municipalities and in Puolanka men make up about two-thirds of the 20-29 age group. Anti-hero and “master of cruising” Niko, played by 22-year-old Antti Ryynänen, stars in a series of videos where he scours the town for women. In one, he signs up for Tinder – only to ‘match’ with his mother. “It’s not very profound humour,” says Rajala, “but it began with this thought that the only woman to meet in Puolanka is your own mother.”*

El pesimismo no es negar lo que existe, sino mostrar el futuro de lo que hay. ¿Puede el pesimismo cambiarlo? Los lugares vacíos no dejan mucho margen, pero el pesimismo es realista, si las cosas cambian a mejor nadie se va a oponer. Pero no van a camuflar lo que les va quedando por el cambio de los tiempos.
Tampoco son "infelices". El pesimista suele ser quien disfruta más las cosas, pues sabe que van a durar poco. Por ello, el pesimismo no es una ciudad llorando. Como se dice en el reportaje, ellos no combaten molinos de viento.


Uno de sus vídeos más divertidos consiste en la llegada por sorpresa de una "optimista", un niño que se baja de un coche en la plaza vacía del pueblo. Los habitantes de Puolanka no saben cómo reaccionar y pronto la Policía le rodea. No saben en qué idioma dirigirse a él, porque no responde a las advertencias policiales. Creen que puede hablar en sueco. Finalmente manda a una negociadora embutida en una enorme caja de muñeca Barbie, como si fuera a desactivar un artefacto. El humor no oculta la triste realidad de la falta de niños en el pueblo. La forma surreal de enfrentarse a la realidad es el humor.


Era la ciudad que siempre se citaba como ejemplo negativo en todas las estadísticas, lo que iba a desaparecer. Han hecho de ello su marca. Son la mejor peor ciudad de Finlandia, el país más feliz del mundo. Mientras dure. 
Nos dicen que no hay nada más horrible que desaparecer sin que nadie se entere. Los habitantes de Puolanka quieren evitar el silencio.

  
* Saila Huusko "Puolanka: Finland's ‘best worst’ dying town" 14/11/2019 https://www.bbc.com/worklife/article/20191113-puolanka-finland-worlds-most-pessimistic-town

domingo, 18 de noviembre de 2012

El dinosaurio soriano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ni el de Monterroso ni de los de Spielberg. En el diario El Mundo nos dan cuenta del apatosaurio que han plantado en Fuentes de Magaña, provincia de Soria*. Un centenar de personas, público curioso y autoridades, han asistido al descubrimiento —debía estar cubierto— de la gigantesca reproducción de un dinosaurio de la especie indicada, una réplica en fibra de vidrio y estructura de acero. Ya solo la cola tiene 19 metros, que ya es cola.
La idea es atraer gente a la zona de las Tierras Altas sorianas, las más despobladas de la provincia. El dinosaurio es el equivalente a una falla incombustible dedicada a servir de atracción a esa lluvia moderna por la que se reza a todos los santos de nuestra geografía: el turismo. Tratan de promocionar el llamado "turismo paleontológico", gente que se interese, al reclamo del dinosaurio, por los distintos restos y huellas que hay en la zona, un terreno muy rico. Como parte de la campaña piensan hacer venir a los del libro Guinness de los récords para que incluyan la monumental reproducción y, dicen, hacer una réplica en la plaza del pueblo.


A Fuentes de Magaña le pasa como a tantos otros pueblos de nuestra geografía, que trata de promocionar lo que tengan para que alguien les pase por allí y le eche un par de horas en las que se haga algún gasto, ya sea comprando réplicas del dinosaurio, camisetas con su imagen o disfrutando de la oferta gastronómica.
La verdad, no sé cuánto puede dar de sí esto del "turismo paleontológico" y si es capaz de competir con fenómenos turísticos mediáticos como el "ecce homo", un auténtico pelotazo local, que empezó como un ridículo local y acabó como un ridículo universal rentable. Porque en el fondo no se trata más que de eso, de rentabilidad o, como les gusta decir a los políticos, de traer riqueza al pueblo. No sé si lograrán amortizar los 59.000 euros que ha costado el apatosaurio de marras, financiado la mitad por un grupo de promoción, mientras que piensan sacar la otra mitad —deducimos de ello que está sin terminar de pagar— de patrocinadores locales y donantes de donde sea.


Soy profundamente escéptico con todo este tipo de reclamos, parecidos a los que sirven para hacer entrar los patos en la zona de cazadores. No tenemos en mente más que el mismo modelo de "atracción". Se trata siempre de que vayan a tu pueblo. No creo que haga falta tanta promoción y sí crear otros tipos de empleos productivos y exportar lo que se produzca buscando mercados. Aunque parezca mentira, hay pueblos que no viven del turismo. Hacen falta fábricas y empresas que miren más allá de las lindes del pueblo, que exporten. Hay que reequilibrar el turismo con otras fuentes de ingresos, diversificar. No podemos vivir todos del turismo.

El dinosaurio es precioso, pero si Fuentes de Magaña piensa que sus problemas locales se van a solucionar poniendo un dinosaurio enorme en las afueras del pueblo y otro en la plaza, me temo que se han equivocado. Necesitarán más cosas para sobrevivir.
La carencia de políticas de desarrollo que involucren inversiones y creación de puestos de trabajo estables, más allá de voluble sector turístico, que es estacional y cambiante, es lo que están pagando pueblos y comarcas enteras, por no decir el país en su conjunto. Las únicas políticas que se practican son las que buscan favorecer mediante planes tipo "renove" determinados sectores—vivienda, automóviles o calderas, lo que toque—, pero son parches a  periodos de enfriamiento. Son temporales y siguen sin solucionar la madre de todos los problemas, el desempleo y la creciente falta de calidad del empleo existente. No hay planes, solo malos remedios.


En julio de 2011, El Norte de Castilla nos contaba la historia de una pareja de "ecologistas militantes" llegada al pueblo de Fuentes de Magaña dos años antes. Su pretensión, tras abandonar Madrid, era crear su huerta ecológica y poder vivir de vender a través de internet sus productos.


Tras comprobar que era viable producir ecológico en Fuentes de Magaña se envenenaron con la idea de dar un paso más. El ayuntamiento del municipio les acondicionaba un local social y así nació “El puchero de la rehuerta”, un negocio que potencia, además, que existan otros productores “verdes”, ya que, ellos, solo adquieren productos naturales, artesanos y próximos. “El queso, los lácteos y la carne los compramos a productores locales y de Castilla y León. Apostamos por contribuir al desarrollo de nuestros pueblos y por ayudar a gente que apuesta por revitalizarlos”. Sus vendedores les adquieren, a su vez, productos de su huerta a un precio asequible, ya que no existen intermediarios de por medio. Un trueque que genera “algo” de economía rural y que promueve la buena alimentación.**


Puede que alguno de los visitantes del dinosaurio y la zona caiga por allí, pero no sé si es eso lo que les resolverá la vida. Han creado una red de extensión de sus productos y es ahí donde deberían centrarse los apoyos, en ampliar los mercados aumentando su producción. Es más seguro que apostar por la atracción. La gente está volviendo a los pueblos ante la desesperación que supone vivir en ciudades caras y sin empleo. El futuro parece que es volver a las cooperativas, tal como está ocurriendo en los Estados Unidos en muchos sectores, y a crear redes de distribución.

La vida en estos pueblos es dura, muy dura. Loreto y Daniel pronto vieron las dificultades de asentarse en los pueblos:

“Si no tienes un buen colchón económico no vengas a vivir a un pueblo, ya que si en la ciudad es difícil salir adelante en un pequeño municipio hay menos oportunidades. Si no generas tu empleo, esto es una ruina absoluta”, advierte Loreto del Valle [...]**

A la generación de empleo, a los proyectos, debe seguir la búsqueda de mercados para sus productos. El turismo que les pueda atraer el dinosaurio inaugurado no dará bastante para vivir todos. La exportación de lo que producen quizá sí. Depende de su trabajo.
Le deseo la mejor de las suertes al pueblo de Fuentes de Magaña, que lucha por sobrevivir en condiciones cada vez más duras. Ojalá que ese apatosaurio les espante lo malo y les atraiga lo bueno.

* "Un pueblo de Soria construye la maqueta de un dinosaurio más grande del mundo" El Mundo 17/11/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/17/ciencia/1353173985.html


** "La ecología, un negocio para el medio rural" El Norte de Soria 25/07/2011 http://www.elnortedecastilla.es/20110725/local/soria/ecologia-negocio-para-medio-201107251358.html