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domingo, 20 de febrero de 2022

Los desplantes a Ursula von der Leyen

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


De nuevo, las televisiones nos ofrecen otro desplante a Ursula von de Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. Esta vez ha sido en la reunión cumbre Europa-África donde han quedado en evidencia el machista activo, el general Jeje Odongo, ministro de Asuntos Exteriores de Uganda, y el machista pasivo, nuestro presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

Que el ministro de Asuntos Exteriores de Uganda sea machista se puede lamentar desde diferentes ángulos. Pero lo que es inexplicable es, de nuevo, la actitud de Charles Michel. De nuevo vuelve a ignorar los desprecios que se hacen a nuestra representante y muestran que esta bicefalia europea tiene peligros cuando se da una actitud de este tipo.

Charles Michel es algo más que un machista grosero, indiferente a los desprecios que le puedan hacer a Ursula von der Leyen. Emmanuel Macron tuvo que hacer lo que él, en su cobardía, no se atrevió a hacer. Si tienen algún problema, Michel ha elegido el peor de los caminos, el de los machismos impresentables. Puede haber rivalidades políticas, pero no en este insulto a todos del que se hace cómplice por su inacción. Que se pueden cortar esas actitudes groseras como la del ugandés nos lo ha mostrado Macron.

Me siento representado institucionalmente por Ursula von der Leyen; no me siento identificado, en cambio, con ese señor que se agarra a sillas y privilegios, a posiciones respetadas, dejando al margen a quien debería respetar y no lo hace por ser mujer. El señor Michel vive en un universo masculino retrógrado y jerárquico. Charles Michel no ve a la Presidenta de la Comisión; tan solo ve mujeres a las que es incapaz o no siente el deseo de respetar, pues es eso lo que hace cada vez que permite un desplante.

No es la primera vez, ya que ambos participaron de la encerrona realizada por el súper macho Recep Tayyip Erdogan. El caso se conoció como el "sofagate", etiqueta un tanto absurda" y cuyo chiste permitió a Charles Michel salir del asunto más o menos bien librado.

Pero esta vez se le ha negado el saludo a von der Leyen, lo que representa que la comunicación Europa-África tiene todavía algunas trechos que recorrer en diferentes terrenos. Pero que el general Jeje Odongo considere que las mujeres no existen más que entre las paredes de sus casas, que darles la mano o saludarlas va contra lo aprendido en sus cuarteles de Uganda y que va a perder el respeto de sus tropas nos muestra la mentalidad machista y grosera. Eso deja a Charles Michel con la necesidad de justificar ante Europa por qué hace lo que hace y deja de hacer lo que debería hacer.

Puede que los "principios" del General Jeje Odongo le impidan saludar a las mujeres o incluso la posibilidad de que estas tengan algún tipo de poder social. Esto nos indica ya la naturaleza de tipo de ayuda que Uganda necesita urgentemente.

Las groserías del general, que ya tiene bastante que asumir en la vida internacional, no pueden impedirnos ver el comportamiento impresentable de Charles Michel que debería ya cambiar su actitud y forma de actuar porque, al igual que Ursula von der Leyen, representa a Europa, sus valores y a todos nosotros, que —con algunas excepciones— nos sentimos satisfechos con que una mujer como von der Leyen ocupe ese puesto representativo de todos.

La mala educación de Charles Michel o su lentitud en reaccionar, como se prefiera, nos afectan a todos y habrá muchos que se sientan avergonzados por su actitud, algo que no debería ser. De no estar allí Macron, el hecho habría sido mucho peor.

La prensa nos dice que el general Odongo solo colgó la foto de los tres hombres, dejando fuera a la presidenta de la Comisión Europea, a la que ni siquiera mencionaba. Nos dicen también que retiró la foto rápidamente, me imagino que por orden de la superioridad.


No sé si en Uganda lo que ha hecho se considera "normal", en cuyo caso no le deberían dejar salir de Uganda y menos todavía a situaciones que ofenden su pensamiento machista. Es reciente en su cargo, aunque de amplio historial político. Puede que todavía se estén riendo en algún cuartel allí. La Wikipedia ya recoge, en la última línea de su biografía el incidente. Nos enteramos que, además de su carrera militar, cursó un Máster en Diplomacia, lo que evidentemente no le sirvió de mucho. El incidente es calificado como "misógino", aunque podrían añadirse otros términos.

En la ficha del país realizada por nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores se señala que

Según el Freedom House Index, los derechos civiles en Uganda deterioraron en el 2019. El presidente intentó restringir la libre expresión a través de la vigilancia de comunicaciones electrónicas y un impuesto regresivo a redes sociales. A su vez, la inseguridad se ha hecho más evidente, así como la corrupción policial, y las tasas de criminalidad y homicidios han ascendido ligeramente. Los anuncios sobre nueva legislación restrictiva en materia de prácticas homosexuales –que son delito según el Código Penal-, han provocado protestas internacionales y recuerdan al aislamiento que el gobierno de Museveni tuvo que afrontar en 2012.*

Lo que a nosotros nos interesa una vez más es por qué Charles Michel no puede hacer lo mismo que el presidente Macron. Creo que no está a la altura o no ha entendido bien el problema, pese a los miles de artículos que se habrán escrito por toda Europa sobre su flojera personal.

Quizá es el momento de empezar a pensar en la necesidad de un nuevo representante europeo si Charles no está a la altura de su cargo. El asunto es relevante porque, primero, ofende a Ursula von der Leyen; segundo, nos ofende a los europeos; y tercero, por el mal ejemplo que transmite al mundo sobre lo que los europeos hacemos. Los machistas de todo el mundo están celebrando la flojera de Charles Michel, gastando chistes sobre cómo un general ugandés hace ejercicio de su mala educación y negativos principios.

Ursula von der Leyen no es la mujer invisible. Charles Michel, en cambio, cada vez nos representa menos; es el convidado de piedra.


* Oficina de Información Diplomática del MAE "Uganda"  http://www.exteriores.gob.es/documents/fichaspais/uganda_ficha%20pais.pdf



lunes, 14 de junio de 2021

Johnson y el chiste de las sillas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Cadenas y periódicos lo han mostrado en medio de las imágenes de la reunión del G7 en Bristol. Boris Johnson no pudo reprimirse o quizá era una jugada planificada por su equipo de guionistas en la sombra. "We've got the chairs" les dijo el sábado a Ursula Von der Leyen y a Charles Michel en referencia al llamado "Sofagate", el insulto escénico planificado por Erdogan cuando la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo fueron a visitarle. Erdogan dejó a Von der Leyen marginada, sin silla, en un gesto machista y maleducado, sentada en un sofá. Lo inesperado de la situación hizo que no reaccionaran (Michel sí lo hizo quedándose rápidamente con la silla).

Podríamos decir que Erdogan se decantó por la comedia física, mientras que Johnson lo hizo por el gag verbal y la complicidad de los espectadores. No se puede dudar de la maldad de Erdogan, deseoso de humillar y sembrar la discordia europea. Con su gesto, Erdogan se retrató, como suele decirse, mostrando que no solo se encuentra distante de la Unión Europea, sino de las normas básicas de la educación y del respeto. Para el dirigente turco, la diplomacia está hecha para que se noten mejor los agravios.



En el caso de Johnson, dudamos entre la mala intención y el deseo de mantener su imagen irreverente más allá de su peinado. ¡Qué se puede esperar de un hombre que no mantiene en orden su cabello! —exclamaría un crítico victoriano de Boris Johnson— ¿Es que no tiene bastante con la extravagancia de llamarse "Boris"? Pero hoy no estamos en el periodo victoriano y la extravagancia es un punto de la identidad diferencial. No hay como tener una imagen propia, aunque te tengas que despeinar para recibir a la prensa. Los chistes de Johnson son frecuentes y la prensa los cita como cualquier otra faceta.

"Tenemos sillas" es un chiste, pero también una proclama de una forma de ser británica, una seña de identidad, como la mala educación lo es de Erdogan, siempre dispuesto a vengarse de que no le dejen ir a dar mítines a los millones de turcos que residen en Alemania o de cualquier otra cosa que le incomode.  Un día te deja sin sillas y otro deja pasar unos miles de refugiados o de terroristas si es necesario para demostrarte que lo del "imperio otomano" va en serio.

"If diplomacy is part theater, acted out on meticulously crafted sets, then a protocol blunder this week turned a top-level visit by European Union leaders to Turkey into high drama"*, escribían Matina Stevis-Gridneff y Carlotta Gall en The New York Times, el 7 de abril, en un artículo titulado "Two Presidents Visited Turkey. Only the Man Was Offered a Chair", que ya da cuenta de cómo se percibió la broma sádica y machista del presidente turco. El "sofagate" había estallado, pero a quien menos le importaba fue al autor del "chiste" didáctico cuya moraleja era "mirad, en Turquía no tenemos este problema". Para Erdogan la política es cosa de hombres; de hombres como él, claro. Debe considerar que no es bueno para su imagen poner a una mujer "a su altura"; le parecerá "mal ejemplo".




Como comentamos en su momento, el más perjudicado fue el que cayó en la trampa, Charles Michel, al que todos los años, en la fecha del incidente, se le debería mandar una silla a su despacho o casa. La beneficiada obviamente fue Ursula Von der Leyen, que se pudo despachar posteriormente con contundencia en diversos foros. Médico de profesión, Von der Leyen fue ministra del Ejercito en su natal Alemania. Habrá visto de todo y no se dejó intimidar por el machismo grosero del dirigente turco.

Ahora Boris Johnson ha salido con un "¡tenemos sillas!" cuyos efectos chistosos le han servido para lo que pretendía: ser él mismo y crear un cierto clima relajado ante las tensiones que se veían en el horizonte. No sé si ha sido suficiente, pero lo ha intentado.

No era fácil recibir a Joe Biden después de haber sido el "mejor amigo" de Donald Trump y haberle secundado en sus tropelías. Pero el frente Biden era tranquilo en comparación con lo que le esperaba en el frente continental, en el que sí había "novedades" y no precisamente buenas.

Como estaba previsto, la cuestión de la doble frontera en Irlanda se complica por los trucos británicos de no respetar sus propios acuerdos. Pero habría que volver a definir la diplomacia, más allá de lo que han hecho las dos periodistas de The New York Times, más allá del "Teatro y Reglas". La relación entre ambos conceptos es clara: cuanto menos se cumplen las reglas, más se necesita del teatro y viceversa.



A Johnson le hubiera gustado no ser anfitrión en esta ocasión, pero de eso sí que no se pudo librar. Para él, la cita venía en el peor momento, el del encuentro con Biden y con la Europa de los conflictos por incumplimiento.

El primer ministro británico está descubriendo que la mejor forma de hacer lo que les dé la gana era estar dentro de la Unión, con la amenaza de marcharse, como hicieron casi todos los anteriores premieres británicos. Pero Johnson ha heredado la Gran Bretaña que le dejó el ingenuo Cameron, con una Europa enfadada y dispuesta no pasarle una, a no dejarle los trucos que antes se aceptaban.

Ahora tenemos algo llamado la "guerra de las salchichas" (a todo hay que ponerle nombre) y que afecta al incumplimiento británico de las reglas sobre Irlanda. Cuestión de tener una salida "franca" para los productos británicos aprovechando que Irlanda es Unión Europea. No es la primera vez que se hacen este tipo de trucos con puertas falsas; se hicieron cuando ciertos países tenían prohibido ciertos productos cárnicos por intoxicación. Ahora son las salchichas.



El mayor error de Reino Unido fue pensar que saliéndose de la Unión podría hacer lo que quisiera; ahora tiene que hacer lo que debe en función de los tratados firmados. Y no van a dejar que se salga con la suya. Es duro estar al otro lado, sí; pero ellos lo quisieron. Las promesas al electorado británico, no son posibles sin que Europa lo acepte si le incumben. Promete lo que puedas cumplir es un postulado de la política que hoy apenas se cumple.



Ahora el problema británico es cómo convencer a Europa de que quiere firmar tratados que no cumple. Por eso, los británicos manifiestan su "fuerza" creando problemas para después eliminarlos en negociación (el método Trump, que a su vez era el método británico), como está ocurriendo con el turismo de las Islas, por ejemplo, o como con los europeos encerrados en campos de detención si no han obtenido los correspondientes permisos. Se trata de una dura medida, más allá de la expulsión, una auténtica forma de presión sobre los estados a través de los ciudadanos que no refleja precisamente un deseo de buena convivencia forzada por historia y lazos.

El chiste del "¡tenemos sillas!", reproducido en vídeo y artículos por todo el mundo, quedará como un recuerdo de este confuso G7 de "¡Estados Unidos ha regresado", de la pandemia, de las crisis migratorias, de grandes desigualdades internacionales, de los crecientes focos de problemas por todo el mundo, del cambio climático y de la resistencia europea a dejarse marcar su ruta.

 


*Matina Stevis-Gridneff y Carlotta Gall "Two Presidents Visited Turkey. Only the Man Was Offered a Chair" The New York Times 7/04/2021 https://www.nytimes.com/2021/04/07/world/europe/turkey-eu-women-chair.html



miércoles, 14 de abril de 2021

Sillas turcas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El Watergate dejó una importante secuela, la costumbre de ponerle "gate" a todo. Si hay "gate", hay caso. Ahora Europa se enfrenta al "sofagate", que es una versión morbosa del "juego de la silla", aquel en el que los participantes son uno más que el número de sillas existentes.

En la política hay que empezar a utilizar, como en el Fútbol, el VAR (Video Assistant Referee), ya saben ese dispositivo que permite ver al detalle y comprobar si fue mano o no, si fue voluntaria o no, si fue dentro del área o no. Pues el VAR, aplicado al "sofagate", no deja ningún tipo de dudas. Tarjeta roja para Erdogan, el presidente turco, que ha jugado sucio y es reincidente.

Le han bastado dos sillas y un sofá para dejar en evidencia la inconsistencia europea o, cuando menos, su ingenuidad. Nos olvidamos que en comparación con los cargos democráticos, que apenas tienen tiempo de sacudirse la bisoñez en los mandatos, los gobernantes pseudodemocráticos, como Erdogan, acaban sabiéndoselas todas por sabérselas todas. Erdogan, como Putin, y otros de su ralea política, son zorros astutos y con mala baba. Lo revela el VAR.



Hace mucho tiempo que sabemos  cómo se las gasta Recep Tayyip Erdogan. ¿Se acuerdan la que le jugó a nuestro Mariano Rajoy cuando este se encontró, sin saber adónde iba, en mitad de un mitin de su partido, exhibido como una rareza y aval europeo? Rajoy salió de inaugurar un tren sin saber que el tren le llevaba directo a una encerrona. Podrían citarse todo tipo de maldades en todos estos años de mandato o reinado, según se mire. Erdogan tiene vocación de califa y se presenta ante los suyos como el nuevo emperador otomano, dispuesto a reconquistar lo perdido y, sobre todo, el hombre (léase en sentido machista) que es capaz de humillar a los infieles desafiando a todos, Estados Unidos, la Unión Europea o al faraón egipcio de su misma ralea, el mariscal al-Sisi, un rival al otro lado del imperio que echó de su sillón a su amigo islamista, Mohamed Morsi.

El VAR nos muestra con claridad la jugada al ofrecernos el ángulo adecuado, el que nos muestra la comunicación no verbal, cómo Erdogan baja la mirada y ralentiza el paso para que sus dos invitados contemplen la situación, una silla y dos traseros, con perdón. El VAR muestra, igualmente, el acelerón infantil de Charles Michel hacia la silla libre en ignominiosa competencia con Ursula Von der Leyen, que como la señora educada que es, debió pensar que estas cosas se discuten en privado. Pero en política, la idea de "privado" tiene un sentido algo más que relativo.



Igualmente, el VAR nos muestra la cara de satisfacción de Michel, ganador parcial del juego de Erdogan y perdedor del otro juego, el político y sobre todo personal. Michel ha quedado como un grosero, por un lado, y se ha hundido políticamente. Su postura relajada y satisfecha en la silla de la discordia, no anticipaba la cantidad de patadas que recibiría en su trasero soberano.

 

En La Vanguardia leemos:

 

El sofagate va convirtiéndose en un viacrucis para Charles Michel, que va a ritmo de disculpas diarias, y en una palanca para Ursula von der Leyen para apuntalar su estatus en la Unión Europea. Esta tarde, Michel ha reiterado sus excusas púbicas, esta vez ante los jefes de los grupos políticos del Parlamento Europeo.

“Ha insistido en la unidad de la Unión Europea y el espíritu de equipo”, dicen fuentes de su equipo. Lo ha hecho ante los representantes de un parlamento que, desde el primer momento, en su mayoría calificaron de humillación el trato recibido por Von der Leyen en su visita a Turquía, y que lo consideran un ataque tanto a la institución como a las mujeres.

Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea sigue con una posición más contundente, a la ofensiva. “Esto no volverá a pasar”, les ha dicho a los eurodiputados, subrayando algo en lo que todos coinciden, la necesidad de evitar tropiezos similares que implican un desgaste en la imagen de la Unión Europea.

“Como mujer, como europea y como socialdemócrata le he aceptado las disculpas porque yo me sentí ofendida por esa imagen”, ha dicho la presidenta de los socialistas europeos, Iratxe García.*

 


Erdogan, misión cumplida. Eso también lo muestra el VAR y será el chiste turco de la semana, el "saben aquel que dice que vienen dos europeos a ver al presidente..." Pues así se las gasta el emperador otomano cuando juega en casa. Gran parte de su liderazgo consiste en este juego de astucias y desprecios que caracterizan al dirigente islamista que devuelve con este tipo de jugadas el rechazo al comportamiento turco.

Las críticas europeas y de algunos otros países a la retirada del acuerdo sobre la violencia contra las mujeres, llamado precisamente "de Estambul", las devuelve Erdogan con este tipo de jugadas, como una bofetada en el doble rostro institucional.

No tengo las más mínima duda sobre la intencionalidad de lo realizado por Erdogan. El fallo de los servicios diplomáticos, que se debían haber olido algo así, es grande. Podemos llamarlo ingenuidad o buena fe, pero eso con Erdogan no funciona, porque él es de otro cuero y lo que hace lo hace para espectáculo de sus seguidores, para que estos puedan presumir de cómo su jefe humilla a la poderosa Europa.



A Erdogan solo le ha puesto freno en Europa, Angela Merkel cuando este intentó presentarse en Alemania a dar mítines a los millones de turcos que residen allí. Pero Merkel es más lista que todos y a experiencia no le gana nadie. Ir a Turquía, ahora lo saben ya, tiene sus riesgos. Con maldad a su altura solo ha estado Trump, ya que son tal para cual.

Pero aquí la bronca no se la lleva Erdogan, se la lleva Charles Michel, cuyo gozo infantil se quedó en un pozo y bastante profundo. Como explica la socialista española, Iratxe García, la ofensa ha sido triple: ha ofendido a las mujeres, a los europeos y, no contento con ello, a los socialdemócratas. No se entiende muy bien esto último, pero el orden está claro. La tontería es de Michel, la ofensa es nuestra. La maldad es, por supuesto, del dueño de la sillas, del manipulador que se ríe por dentro. 



Pero puestos a reírse, la batalla de los memes —un importante frente hoy— la ha ganado Ursula Von de Leyen, ya sea por la vertiente de crítica al machismo de los dos colegas o al simple oportunismo grosero de Michel, cuya relajada forma de sentarse queda en evidencia en las fotografías, o por la reivindicación de su papel institucional. Charles Michel va a tener que cargar con esto toda su vida política, que puede ser corta. Más complicado está lo de Erdogan, pero ya se encontrará alguna forma de ponerle en su sitio. Su chantaje permanente con los refugiados dejará de funcionarle algún día.

La que ha salido reforzada ha sido Ursula Von der Leyen, demostrando algo que la historia ya había demostrado, que las bicefalias dan dobles dolores de cabeza.

 


* Jaume Masdeu "No habrá otro sofagate, dice Von der Leyen" La Vanguardia 13/04/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210413/6670649/von-der-leyen.html