Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
Releía
ayer para nuestro seminario doctoral la introducción al clásico de Walter
Lippmann, "La opinión pública", un libro que sigue siendo de enorme
interés. La idea central de Lippmann es que: "Supondremos que lo que hace
cada hombre no se basa en el conocimiento directo y seguro, sino en las
imágenes hechas por él mismo o que le han sido dadas." Es decir, entre
nosotros y la realidad se interponen todas nuestras ficciones, lo que Lippmann
llama en "pseudo ambiente". Vivimos en un ambiente (lo que nos rodea
físicamente, pero también en pseudo ambiente, lo que nos rodea simbólicamente y
lo que llevamos dentro, la cultura de la que nos alimentamos.
Me
acordé cuando, repasando la prensa egipcia, me enteré de una polémica suscitada hace una semanas y que todavía dura, algo que había
creado una enorme controversia desde una "provocación" televisiva, un
capítulo de una serie de Netflix en la que aparece "Cleopatra".
Cuando "Cleopatra" era Elizabeth Taylor, con todo la parafernalia
hollywoodense, su lujoso cartón piedra y glorioso Technicolor, no había
problema. Pero esta vez han tenido una osadía imperdonable: Cleopatra es
"negra". No sé si a los de Netflix se les ocurrió pensar en el Egipto de hoy; se supone que lo hicieron
en el de ayer, al menos, para sacer
adelante su serie. No sé si pensaron en la "Opinión Pública" (Lippman
diferencia con las mayúsculas la general de la particular).

He recogido
dos textos interesantes en este debate (sé si es la palabra que mejor lo
define, dados los efectos). Uno de ellos aparece en el Ahram Online, un
periódico estatal, en donde se recogen las versiones oficiales, las protestas
indignadas de las distintas instituciones públicas al respecto. Así podemos leer sobre la indignación
causada:
Ahram Online spoke to a number of prominent Egyptian archeologists and
historians about the ongoing controversy surrounding Queen Cleopatra’s
ethnicity and race that erupted following the release of a trailer for the
upcoming Netflix docuseries.
The trailer released on 12 April features claims that Cleopatra had black
skin with curly hair, with one historian saying “I remember my grandmother
saying to me ‘I don't care what they tell you in school, Cleopatra was black.’”
In response, many Egyptians slammed the trailer, claiming that the
historical records show that Cleopatra, who was born in 69 BC, was Macedonian-Greek.
An Egyptian lawyer has even filed a case with Egypt’s Prosecutor-General
demanding they block Netflix in Egypt.
Meanwhile, former Minister of Antiquities Zahi Hawass condemned the
appearance of Queen Cleopatra in the documentary and described it as
“completely fake.”
According to Hawass, Cleopatra was Greek, meaning that she was
light-skinned, not black.
“Statues of Queen Cleopatra uncovered in Taposiris Magna in west Alexandria
are the best evidence of her true features and her Macedonian origins,” he
added.
“The ancient Egyptian civilization is not a black civilization. Scenes
engraved on ancient Egyptian temples and tombs depict the pharaoh striking the
enemies and in front of him are people from Africa, Libya and Asia, and we will
not find any similarities between the pharaoh and the neighbouring people,”
Hawass said.
“Netflix is trying to provoke confusion by spreading false and deceptive
facts that the origin of the Egyptian civilization is black,” he added.
“I am not against black people at all, but I found it my duty as an
archaeologist to clarify the facts and declare that Cleopatra was not black,”
Hawass asserted.*
Recordemos —solo un ejemplo— que el gobierno egipcio la
emprendió hace algunos años contra un centro turístico chino en la provincia de
Hebei porque reproducían la esfinge (junto con otras reproducciones de monumentos
mundiales, como la torre Eiffel o el coliseo romano). Ocurrió en 2014. Es una
muestra de lo celoso que es el gobierno egipcio ante cualquier reproducción que
pudiera quitarles algo de turismo. Pero ahora la cuestión va por otros caminos.
La cuestión es el color de la piel, el origen de esa Cleopatra de un color
inesperado y... sujeto a ciertos conflictos dentro del propio Egipto, que
cuenta con una población nubia al sur no siempre tratada como debe.
 |
| 2014 |
En el texto se pasa de la "piel negra" a la
"civilización negra", como se desprende de las palabras de Hawass.
¿Son diferencias reales de su tiempo o son fruto de nuestra percepción (la percepción
egipcia)? En términos de Lippmann, ¿nos permite el bosque del pseudo ambiente
ver alguna realidad compartible? "Raza", "cultura",
"civilización", términos que utilizamos, son realmente recientes y
puede que no se tenga en mente lo mismo.
Las alegaciones a las estatuas y demás no son necesariamente
concluyentes. Representan también una forma de ver el mundo y de dejarlo plasmado,
como también lo era la monumental película de Joseph L. Mankiewicz con Elizabeth Taylor
al frente.

Pero es curioso que una película como esa, considerada
entonces la más cara de la historia, contara con otras opciones de reparto, es
decir, de ponerle la cara de actrices tan diferentes como Joan Collins, Joanne
Woodward, Suzy Parker, Susan Hayward, Audrey Hepburn, Sophia Loren y Gina
Lollobrigida. Pero me llama la atención, a la vista de lo ocurrido, que fuera
tanteada para el papel Doroty Dandridge, a la magnífica actriz y cantante afroamericana que interpretaría
"Carmen Jones" (1954) o "Porgy and Bess" (1959), la segunda afronorteamericana en ser propuesta al
Oscar. La respuesta de Dandridge cuando se lo dijeron fue "You won't have
the guts to go through with this... They are going to talk you out of it." (Wikipedia) (Robinson,
Louie (March 1966). "Dorothy Dandridge: Hollywood's Tragic Enigma".
Ebony. p. 76. ISSN 0012-9011. Retrieved January 11, 2022 – via Google Books.)

¿Qué hubiera ocurrido entonces si Dorothy Dandridge hubiera
asentado en el "pseudo ambiente", el mundo de las ficciones que se
interponen entre nosotros y la realidad (conocida o desconocida)? ¿Qué hubiera
pensado el Egipto institucional, la calle egipcia si una actriz
afronorteamericana hubiera interpretado "su" Cleopatra? El cine (en
concreto, el de Hollywood) es la gran maquinaria de establecer "ficciones"
manejables, de crear ilusiones de realidad.
Egipto es un país repleto de imágenes, propias y ajenas; un
país con una alta definición de sí mismo, con muchos elementos en conflicto:
están las definiciones panárabes, las definiciones nacionalistas y las
religiosas.
La recopilación de imágenes de todo tipo no garantiza mucho. ¿Tenemos un sentido fotográfico de las imágenes antiguas? ¿Pensamos que son "realistas", que reflejan realmente a las personas? ¿Vieron realmente a Cleopatra todos los que hicieron imágenes de ellas? ¿Posó para todos? Al final, son unos pocos rasgos los que indican ese "identidad", entre ellos, evidentemente, el color de la piel. Sobre eso se debate.
En Egyptian
Streets, en cambio, el tono es muy otro y pone el acento en la cultura más que
en la cuestión de la raza. Su titular nos va directamente al centro del
problema identitario:
Adele James, a black actress portraying
Cleopatra, the last active queen of ancient Egypt whose father was Ptolemaic,
in the Queen Cleopatra episode of Netflix’s new docu-series, African Queens,
sparked a worldwide debate. The issue naturally hit
Egyptian society closer to home than others, which led to James’ portrayal of
Cleopatra to be formally addressed on the official level and informally on
social media and in everyday conversations.
Egypt’s Response
There
were several responses from the Egyptian side, which garnered widespread
support, to what is largely considered historical inaccuracy. The Egyptian Supreme Council of
Antiquities issued a statement clarifying that historians described
Cleopatra as light skinned with Hellenistic traits and stated that portraying
her otherwise is a “forgery of history”. In addition, the newly-launched channel,
Al-Watha’eqeya, has announced the production of its own
documentary on Cleopatra.
Another
method of pushing back, this time on social media, garnered mass engagement.
The ‘Egypt for Egyptians’ campaign – expressed
through the hashtag in English and Arabic – has Egyptians taking pictures of
themselves and placing them next to busts of ancient Egyptians. It is intended
to show the similarities in appearance between some Egyptians and their ancient
counterparts.
The
social media campaign has succeeded in raising awareness of the issue. However,
it must be treated with nuance and care, so as to not make segments of the
population feel excluded or erased from the idea of what makes an Egyptian. There are problematic aspects of
‘Egypt for Egyptians’ in its current iteration that must be addressed.**

La petición de que se prohíba Netflix en Egipto nos da
cuenta de la dimensión del problema y de la extrema preocupación de los egipcios
por la exactitud de la Historia, lo que no deja de ser una ironía en un país
donde se han cerrado medios y solo el oficialismo dice qué es verdad y qué no lo es. La idea de que
los egipcios pongan sus fotos actuales junto a las imágenes antiguas como
"prueba" de los antiguos eran como ellos y viceversa no deja de ser
una broma histórica, pero también una prueba de lo fácil que es jugar con la
"Opinión Pública" y con los sentimientos de pertenencia a una unidad
creada desde el pensamiento nacionalista. La campaña "Egipto para los
egipcios" es un sinsentido ya que, como bien señala el articulista, en la
superficie solo aparecen los rasgos físicos, no la cultura en sí. Esto es especialmente
relevante en un mundo, como el antiguo, de mezclas de todo tipo cuyas huellas
otros periodos más preocupados por la identidad se encargaron de borrar. Lo que
se reproduce no es tan lo que había, como la imagen que se quería preservar. Si
solo son egipcios los que se parecen a las viejas imágenes, ¿qué ocurre con los
que no se parecen a nadie?
Más allá de la certeza de la piel de la reina Cleopatra, lo
que tenemos es un debate subyacente sobre los límites de lo que aceptamos y
permitimos, sobre lo que nos pueda representar y definir. Es una forma de crear
barreras y exclusiones, las que surgen automáticamente al crear la identidad.
Es un proceso que une y separa; me une con los iguales, me separa de los que no
son como yo.
 |
| Foreign Policy 14/05/2023 |
¿Qué hubiera ocurrido si hubieran tenido "la
agallas" para que la actriz afroamericana Dorothy Dandridge hubiera
interpretado a Cleopatra? Pero los mediadores, los constructores de la opinión
pública de la época no habrían dejado probablemente pasar una Cleopatra, como
el estereotipo de la belleza, con piel oscura.
La construcción de una identidad "árabe" egipcia
elimina a otros, creando problemas por la piel, la religión o cualquier otro
factor que tomemos como relevante. El artículo de Egyptian Streets se cierra
con dos párrafos que me parecen relevantes sobre qué significa ser egipcio:
Some Nubians or other people from the south of Egypt may post a picture
of the black actress who played Cleopatra which sparked outrage and point out
that they have more resemblance to her than to historical Cleopatra. Such a
person would not do so because it is historically inaccurate, but are Nubians
not Egyptians, too? What about Bedouins from Sinai? Or the children of
immigrants that came from Sudan, for example, decades ago and mixed with
Egyptians? Too soon? What about their great grandchildren?
This is why it is important to recognize that Egypt is for all
Egyptians, and as we protect the accuracy of Cleopatra’s depiction, we should
also depict the accuracy of Egypt’s diverse racial landscape.**
Vivimos épocas de exaltación de la opinión pública mediante
mecanismo populista, uno de los señalados es precisamente esta forma de
nacionalismo excluyente. "Ser" egipcio o de cualquier otro lado es ya
más una cuestión do convivencia por encima de colores que otra cosa. Es más
compartir ideas y sentimientos que compartir colores epidérmicos y rasgos. Pero
siempre hay intereses que tratan de establecer viejas barreras que les benefician
es sus manipulaciones.
Que haya un documental en el que se muestre a una Cleopatra
negra no debería suscitar este tipo de reacciones. ¿Se
equivocan? De acuerdo. Pero los efectos de la reafirmación de la
identidad pueden ser contraproducentes por excluyente.
 |
| 13/11/2012 |
Me vienen a la memoria las actuaciones de ciertos fundamentalistas radicales egipcios que pedían la destrucción de los monumentos faraónicos, de las pirámides a la esfinge, por ser de otra
cultura o religión. ¿Eran poco o nada
egipcios los monumentos, si ser egipcio implica ser de
una sola religión? Para ellos lo que definía
lo egipcio no era la piel, sino la fe. Por eso, lo mejor era destruir el pasado visible, los monumentos. Una forma radical de entenderlo.
La controversia creada, los intentos de prohibir Netflix en Egipto, la elaboración de nuevos documentales para "reafirmar" el color blanco de la piel de Cleopatra, la campaña de comparación fotográfica, etc. parecen demasiadas polémicas en un país donde no escasean precisamente los problemas de todo tipo, donde los egipcios se ven con muchas dificultades.
Por todo el mundo, los egipcios han llenado los medios con sus ideas sobre lo que representa ser egipcio y, a la vez, sobre cómo lo egipcio debe ser representado. No es tanto una lucha por una verdad difícil de encontrar, sino por una forma de construir ese pseudo entorno, la cultura, del que hablaba Walter Lippmann. Lo malo es hasta dónde somos capaces de llegar para hacerlo.
* Nevine
El-Aref "Egyptian experts weigh in on controversy over Cleopatra’s race
ignited by upcoming Netflix docuseries" Ahram Online /04/2023
https://english.ahram.org.eg/NewsContent/9/41/498583/Antiquities/GrecoRoman/Egyptian-experts-weigh-in-on-controversy-over-Cleo.aspx
** Omar Auf
"‘Egypt for Egyptians’ Raised Awareness, Now it Must Encourage
Inclusion" 4/05/2023
https://egyptianstreets.com/2023/05/04/egypt-for-egyptians-raised-awareness-now-it-must-encourage-inclusion/