Joaquín Mª Aguirre
La
acampada de Sol contra los desahucios, contra los abusos de la vivienda, contra
su conversión en espacio imposible, vetado, turístico, de temporada, etc. etc.
se convierte en un costumbrista, en la descripción de una sociedad
reivindicativa que vive en la solidaridad, una utopía realizada.
Como
espacio de denuncia y reivindicación, la acampada se convierte en fuente de
contraste con lo que hay más allá de Sol,
un mundo especulativo, inmisericorde, de egoísmo premiado.
Nos
dicen en RTVE.es que muchos que vivieron el 15-M echaban de menos aquello y que
han vuelto para revivirlo:
A medida que pasan las horas, la acampada se llena de
gente. Las nuevas tiendas crecen como setas. En pocas horas, ya por la
tarde, es irreconocible. Se crea incluso un pasillo central de pequeñas
carpas para protegerse de la lluvia prevista para el lunes. ¿Quién ha decidido
ponerlas? ¿Y dónde? Imposible saberlo. ¿Hay alguien a cargo? "Aquí no
somos ninguna y somos todas", responde Arancha, activista feminista
murciana que ya acampó en el 15M y vuelve ahora, con ganas, a hacerlo.
"Una parte de nuestro corazón siempre estuvo
deseando que volviera algo así, y nunca perdió la ilusión de que la llama siguiera
viva en algún lado", dice, emocionada. Alba, amiga suya, tenía 17 años
cuando prendió aquel movimiento, y participó a nivel local. A ella le cambió,
hasta el punto que tiene un tatuaje en el que se lee 15M.
Más allá de las reivindicaciones concretas, y de lo
que hayan cambiado entonces y ahora, para Arancha "la revolución es
practicar comunidad desde la misma plaza, y eso emociona". Se sienten
cuidadas: mientras hablamos, una voluntaria pasa ofreciendo fruta o bollos.
Ellas responden ofreciendo a su vez protector solar, muy útil bajo un sol de
justicia. "Ver que la autogestión es posible. En el 15M Sol era una
ciudad".*
Hay reivindicación, hay romanticismo, hay deseo de poder repetir la utopía, de volver a aquello que marcó a muchos y hoy es posible revivirlo.
La acampada es justo lo contrario de lo existente. Lo que se reivindica es lo que hemos ido dejando abandonado en esta deshumanización permanente que nos hace perder la perspectiva de lo humano.
La cuestión de la vivienda no es más que una punta de iceberg, lo que nos afecta de forma más visible en lo esencial: dónde vivir y morir. Ha tenido que personalizarse en un caso, poner le cara, la de Maricarmen, para que lo fragmentado y repartido por la sociedad española se unificara.
Es la vivienda, sí, pero esto es solo una parte de lo que hay y de lo que queda por venir. No vivimos en una sociedad, sino en un mercado. La función de los políticos en este nuevo estado es garantizar el beneficio de los que se lo pueden permitir. La ganancia viene de la explotación; no tiene límites. Como se nos ha dicho, "no hay problemas, solo oportunidades". Y las oportunidades nacen de las necesidades; tenemos que comer todos los días, tenemos que dormir en algún sitio, tenemos que satisfacer las necesidades reales o creadas para sacarnos lo poco o mucho que tengamos. Todo esto se ha convertido hoy en reivindicación legal, en objetivo de emprendedores, en objeto de especulación. Se trata de saber qué es imprescindible y ponerle precio; se trata de hacerte creer que no puedes vivir sin ello y que robes por conseguirlo si es necesario.
La vivienda es el caso más extremo, pero solo uno más de la expansión especulativa. Llega a la Sanidad, a la Educación, a la comida, al transporte, a lo básico y a lo superfluo.
La acampada es mantener viva la protesta y el sueño. No solo se trata de ocupar las calles, sino vivir por horas, por días el sueño de que es posible una sociedad en la que se puede compartir lo que se tiene, disfrutar de la vida sin tener que pisar a alguien. Es construir la utopía en el centro de la ciudad, aunque sea unos días.
El sistema es maestro en lavarse la cara. Puede hacernos creer que cede, cuando los demás saben que poco va a cambiar. El enemigo es poderoso porque es quien ha puesto los cimientos. Somos sus ladrillos. Aunque no nos guste, lo somos.
Como ocurrió con el 15-M, la nueva acampada se convertirá en narración, en mito. Nos permitirá vivir de las experiencias positivas, algo con lo que cargar los recuerdos cuando todo pase, transmitirlo a la descendencia, que tendrá que encontrar en ella las fuerzas del mito cuando se tenga que enfrentar a sus propios problemas en el futuro.
Mientras las fuerzas del sistema se hacen más reaccionarias. Utilizan la acampada para mostrar que el radicalismo atenta contra los principios del mismo sistema.
Por delante nos quedan los retos de la IA, que acabará con millones de puestos de trabajo y rebajará los sueldos todavía más y hará el empleo más precario. Se reivindicará como un derecho más a ser más rico y de los demás a buscarse la vida. El precio, las condiciones, nos dirán, los marcan el mercado y sus sagradas leyes. Las sociedades funcionan cuando hay suficientes ricos listos y sobran desempleados. Ningún político, de ningún color, reconocerá que este destino lleva a un colapso. Mientras dure...
Los que acampan dedican su tiempo y esfuerzo a la convivencia, a mostrar que es posible convivir sin explotarse unos a otros, manifestar solidaridad. Es una utopía, sí, pero —también aquí—, mientras dure...
— Álvaro Caballero "La acampada de Sol, una ciudad efímera por el derecho a la vivienda: "Esto tenía que explotar, te vuelve a dar esperanza"" RTVE.es 27/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260927/acampada-sol-ciudad-efimera-derecho-vivienda/17242689.shtml






















