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viernes, 28 de julio de 2017

Formas de entender el patriotismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las conferencias que el presidente al-Sisi organiza con frecuencia para mantener a los jóvenes por el buen camino egipcio sirven para que se lo diga, de paso, a los de todas las edades. El presidente, aunque se desprendiera de su uniforme, estar todo el día diciendo a todos lo que deben y no deben hacer. Algunos confunden lo que es "mandar" y lo que es "gobernar". Puede que la mentalidad militar confunda una cosa y la otra, pero suelen ser fáciles de diferenciar. El gobierno admite las críticas mientras que el mando es indiscutible. Se acaba de celebrar la cuarta conferencia nacional; la primera fue en octubre de 2016. ¿Se han resuelto problemas o solo se escucha? Más allá de las sonrisas y los selfies en cada una de las cuatro celebradas, ¿qué hay?
La excusa para las "conferencias para jóvenes" se produce después de constatar que la juventud empezó a pasar fuertemente de la "política" sintiéndose distanciada de la presidencia. Para ellos el régimen no ha cambiado. Este paternalismo político pensaron que terminaría con el último discurso de Mubarak a sus "hijos e hijas" del país. Pero lo jóvenes ya se había dado cuenta que aunque Mubarak los llamara a todos "hijos" había amplia diferencias entre la situación de Gamal y la suya.
El presidente al-Sisi trata escenificar esta especie de encuentro al que van, lógicamente, los que quieren ir y que sirve para muestra de que los jóvenes no están abandonados a su suerte. Los que se van al extranjero es porque ellos quieren.
La primera Conferencia Nacional de la Juventud se celebró hace menos de un año, en octubre de 2016, de 25 al 27. Según la web del gobierno egipcio, su finalidad era:

The conference brings together the Egyptian prominent youth future leaders with the Egyptian State’s officials and institutions, giving them the chance to debate directly the present and the future and exchange ideas and experience to support their ambitions for a better future for their country through constructive talks and pre-planned vision.
This congress will be especially devoted to the purpose of extending effective communication channels among the Egyptian Government and the prominent Egyptian youth across the country, bringing together socially responsible groups of patriotic university students, political powers, media, parties, and the first batch of the Presidential Leadership Program.*


Lo que después sea esto en realidad es otra cuestión. No da la impresión que la juventud haya quedado especialmente motivada en todos estos campos. Ocurre como siempre, lo detalles de "modernización"  quedan desfigurados con las otras cuestiones que no ocurren en los escenarios de las conferencias, sino en el sura vida de las calles y las empresas. Pasar de las palabras a los hechos es bastante duro.
El presidente se ha centrado este año en los dos grandes problemas de Egipto, tal como les ha dicho: el terrorismo y el crecimiento de la población. Del primero se habla todos los días; del segundo, unos días toca celebrarlo como el "país más poblado del mundo árabe" y otros amenazar con imponer algo parecido a la política china del "hijo único" ahora que la han modificado ellos. Es el mensaje que los medios han recogido. Pero ha habido otros también.
Daily News Egypt se ha centrado en el aspecto de la información, un tema menos tratado en los propios medios:

President Abdel Fattah Al-Sisi called on Tuesday media outlets to support the state and create a “phobia” against its failure, adding that the “atmosphere” is adequate for such procedure.
Al-Sisi’s statement came during a session titled “Creating a Failure State: Confrontation Mechanisms”, part of the 4th National Youth Conference in Alexandria.
“This is not biased to the state, but rather protecting Egypt,” Al-Sisi said, adding that the state would “help” with producing films that aim to “enhance patriotism”.
“In 2011, the media had certain agendas, and it almost led Egypt to witness events more severe than what we see in other countries in the region,” Al-Sisi added, although he did not explain what the media agendas were.**


El presidente, hombre carismático, no acaba de entender el papel de los medios. Lo señalamos con frecuencia. La visión de Egipto como un cuartel en el que cada uno tiene asignado un papel que debe cumplir según un plan estricto se impone cuando lo que ocurre no le gusta.
La cuestión —parece ser— es el predominio de la representación sobre la realidad. Cuando las cosas se parecen otra cosa entonces cambian. Es decir, la felicidad empieza por una sonrisa o al patriotismo por un aplauso.
Una y otra vez, el presidente insiste en su idea de que la culpa de lo que ocurre la tienen los terroristas que atentan y los medios que lo cuentan demasiado. Ya lo dijo una vez anticipándose a Donald Trump: "todos mienten y si quieren saber algo, me escuchan a mí". Patriotismo, pues, es no escuchar a los medios que pretenden mostrar que el estado va mal, que las cosas no funcionan como deben. El patriotismo —y probablemente tenga razón— es un acto de ceguera.
El que quiera estar ciego, sordo y mudo, el máximo grado de patriotismo, es muy suyo de hacerlo. El problema es qué pasa con los "no patriotas", que pasan a ser directamente "enemigos del pueblo", en el sentido que Ibsen le dio al término.
Daily News Egypt recoge inmediatamente las reacciones a esta fórmula del patriotismo entendido como relaciones públicas:

The state’s speech is constantly directed towards threatening media practitioners, media analyst Hesham Kassem told Daily News Egypt.
“A phobia is a kind of mental disturbance. Now the president of the country is asking the media to spread mental disturbance among citizens?” Kassem said.
He added that the role of the media is not to develop or protect the country, but this was rather the role of the government.
Meanwhile, media analyst Yasser Abdelaziz told Daily News Egypt that the best way for the media to act as protection to a nation is through doing its role of spreading awareness with transparency and diversity.**

Y tienen razón ambos. Los medios no están para callarse o aplaudir; están para informar, analizar, explicar y criticar. Cuanto más medios hay y mayor información se ofrece podemos ampliar nuestros puntos de vista. Esto no es garantía de un buen estado del sistema informativo, en el que hay muchos factores para producir "ruido", "desinformación" o "propaganda", que son tres modalidades negativas en una sociedad democrática o que aspire a ella. Las autoritarias lo más a lo que aspiran es a la "propaganda", una forma "ordenada" pero falsa, un valor que se debe tener en cuenta. En los medios egipcios hay todas las variantes, de las más caóticas a las demasiado ordenadas. Están los medios oficiales y aquellos que han sido puestos al servicio del poder por empresarios deseosos de servir al poder y al régimen.


Los que tratan, en cambio, de cumplir con su deber informativo, el democrático, son reconvenidos, cuando no cerrados o bloqueados, cuyo número sigue creciendo. El presidente se vuelve en sus discursos contra ellos acusándolos injustamente de la situación.
Los medios, viene  a decir, no son patrióticos". El patriotismo consiste en aceptar la versión oficial y no en llevar la contraria o informar en exceso de lo que no interesa. El diario señala:

Al-Sisi, among other state officials, has long condemned the media coverage for several issues. Following the two church bombings in Tanta and Alexandria in April, Al-Sisi said in a televised speech that the media should deal with the issue sensitively, adding, “It is not logical that every time I turn a [TV] channel I see footage of the incidents, and you know that this hurts citizens.”
Moreover, in 2016, Al-Sisi blamed the media’s coverage on issues challenging Egypt, saying “Italy has accused Egyptian security services of the murder of the Italian young man Giulio Regini based on the news broadcasted by Egyptian media. The same applies to the Russian flight issue.”**

Los dos argumentos son sorprendentes y explican por ellos mismos el concepto "patriótico" de la información. Puede, por ejemplo, estar todos los días hablando de las promesas gubernamentales, pero es anti patriótico interesarse por los atentados. El silencio no para ni balas ni bombas. Los muertos quieren ser reivindicados,  no ocultados, independientemente de que el presidente lo vea "lógico". Parece que entre las funciones presidenciales está el decidir cuántas veces se deben ver las cosas.
En cuanto al segundo aspecto, retomado de la primera Conferencia Nacional de la Juventud, octubre de 2016, es me mayor gravedad. La acusación de que son los medios los que han creado el "problema" con la muerte de Iulio Regeni —secuestrado, torturado y asesinado— no solo es impresentable, sino que es una obscenidad política que mancha a la presidencia y al gobierno de Egipto. La creencia en que los países se basan en lo que los medios egipcios dicen, en este caso, es seguir ignorando las investigaciones ante la obstaculización constante del estado, que dice "colaborar" pero que solo obstruye. Sus versiones de lo ocurrido —del accidente de tráfico a la banda de criminales a la que trataron de responsabilizar después de haber matado a todos sus integrantes— son ridículas y una ofensa cruel a la familia y a Italia, que no se ha creído nunca lo que el gobierno ha dicho.

Peor es todavía la cuestión del atentado contra el avión de los turistas rusos, que el gobierno se niega a aceptar desde 2015. El hecho de que Rusia siga sin autorizar vuelos debería ser una señal, pero la obcecación egipcia no tiene límites. Lo negarán con la esperanza de que los demás se aburran, como ocurrió con el bombardeo y ametrallamiento por parte del ejército egipcio al grupo de turistas mejicanos, que se vieron sorprendidos, guía incluidos. Hasta la patronal turística intentó arreglarlo de forma paralela, pero no hay nada que hacer con unos diplomáticos empeñados en decirle al mundo entero lo que deben creer, aunque vaya contra toda lógica y evidencia.
Con ello Egipto no gana nada y pierdo todo en credibilidad. No me resisto a recoger el final del artículo de Egypt Independent informando de la inauguración de la primera conferencia nacional de la Juventud en Sharm El-Sheij. Tras contarnos lo importante que era la seguridad, el diario señalaba:

Sharm el-Sheikh has been in a state of high security ahead of the event, with police patrols at night and helicopters hovering over the city.
Shopkeepers in the city expressed hopes that the conference might send a message to the world that Egypt is stable and safe, helping to lure tourists back to the Red Sea resort.***

25 octubre 2016

No hay nada como la visión de las calles llenas de fuerzas de seguridad y helicópteros sobrevolando continuamente la zona como para sentirse "seguro". Me temo que las esperanzas del vendedor se quedaron en muy poco. El "mensaje al mundo" no funcionó.
Las llamadas al patriotismo del presidente tampoco hacen mucho. Los medios deben seguir informando, que es su labor. Una labor difícil: «Egypt ranks 161 out of 180 countries on Reporters Without Borders’ (RWB) 2017 list measuring countries’ freedom of press»**, se nos indica enDaily News Egypt . No es un buen mensaje turístico.
Alguien debería explicar que decir qué, cuánto o cómo deben mostrar la realidad no ayuda nada a la mejora de la situación. Pero son el chivo expiatorio de la falta de eficiencia. Siempre se les podrá culpar por decir (demasiado) lo que ocurre. Sirven para que la gente tenga claro quiénes son los "responsables".
Muchos medios y periodistas entienden que el patriotismo es otra cosa y lo hacen asumiendo su responsabilidad de informar honestamente. Eso eso su forma de ayudar con el país.
 
26 abril 2017
* "1st National Youth Conference" State Information Servuce26/09/2016 http://www.sis.gov.eg/Story/106472?lang=en-us
** "Al-Sisi calls on media to support state and patriotism"  Daily News Egypt 26/07/2017 https://dailynewsegypt.com/2017/07/26/al-sisi-calls-media-support-state-patriotism/
*** "Sisi inaugurates Egypt’s first National Youth Conference in Sharm el-Sheikh" Egypt Independent 25/10/2016 http://www.egyptindependent.com/sisi-inaugurates-egypt-s-first-national-youth-conference-sharm-el-sheikh/



octubre 2016

martes, 23 de septiembre de 2014

Putin y el patriotismo guerrero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos cuenta la BBC que el ciudadano ruso, de 75 años de edad, Igor Andreev, fue multado en San Petersburgo con 10.000 rublos por sostener una pancarta que pedía "Paz en el mundo"*. El clima de exaltación "patriótica" que ha llevado a los altares al presidente Putin por sus aventuras en el país vecino tiene sus consecuencias sociales. Además de haber creado el conflicto con Ucrania, su país vecino, el propio patio ruso está revuelto entre los que siguen ciegamente alentando las aventuras invasoras y prepotentes de Putin, y la una parte de la sociedad que ha visto en estas maniobras una forma suicida a largo plazo.
El reportaje de la BBC —realizado por el periodista y escritor ruso Andrei Ostalski— nos habla de esa "otra Rusia" que va perdiendo el miedo a criticar la locura contagiosa de sus belicistas dirigentes. Una minoritaria parte de Rusia se manifiesta en contra. Lo hacen arriesgando su propia seguridad y estabilidad, pues hacerlo en las calles supone riesgos físicos y realizar declaraciones públicas riesgos laborales, dado el clima exaltado que se ha buscado.
En Rusia, nos cuentan, no hay que pedir permiso para manifestarse individualmente. Una especie de aliento al suicidio, pues los que lo hacen pueden vivir un calvario de insultos y vejaciones por parte de los que sí puede acosarle en grupo. Cuando el manifestante es finalmente agredido, la policía le detiene acusándolo de alterar el orden público. Un caso similar nos cuenta la BBC:

Alexei Sokirko encontró un hueco en la calle Nikolskaya y desdobló su bandera que decía "No a la guerra".
La ley rusa permite piquetes de una sola persona sin autorización o notificación previa, por lo tanto en un principio la policía no hizo nada. De hecho, no hizo falta: los transeúntes, enojados, inmediatamente comenzaron a acosar a Alexei.
Para empezar lo llamaron "fascista" y "escoria". Luego una mujer lo escupió. Algunos hombres empezaron a amenazarlo, y finalmente uno le arrebató el estandarte de sus manos y lo rompió.
La riña siguió cuando la policía intervino para detener a Alexei por violar el orden público. Quizás fue lo mejor, ya que podría haber resultado seriamente golpeado. Una mujer ofreció hacer una acusación más grave contra él. "Puedo dar testimonio de que estaba golpeando a un niño", sugirió, con entusiasmo. Los policías decidieron no hacerle caso.*


Conmueve el patriotismo de esa mujer dispuesta a mentir con tal de conseguir que el hombre que se manifestaba en contra de la corriente general con su "no a la guerra". Es un caso puro y nítido de fascismo social, de un estado en el que cualquier cosa es posible para eliminar la disidencia y lograr, a través del miedo y la violencia, los objetivos de amedrentamiento. No cabe disidencia. Ese es parte del placer morboso que generan líderes como Vladimir Putin, que se convierte en el modelo social y cuyas decisiones son refrendadas con pasión destructiva.
La pregunta que cabe hacerse ante la proliferación de líderes como Putin y la admiración que suscitan en algunos, es: ¿cómo es posible que se pierda toda noción de la proporción, todo sentido común y se produzca esta vergonzosa ceguera que extrae lo peor del comportamiento individual y social?


La única conclusión posible es que en muchas personas existe un componente que les hace adherirse acríticamente a líderes y planteamientos que exaltan la violencia. Mientras que en unos se produce una euforia que les permite canalizar su violencia hacia el punto de mira que el líder les pone delante, en otros se produce un sentimiento crítico contrario que hace arriesgarse, como lo hicieron los ciudadanos que pedían "Paz en el mundo" o "No a la guerra". Solo así es posible explicarse la popularidad de líderes belicistas que han encontrado en el nacionalismo la fuente de energía para alcanzar sus objetivos.
El nacionalismo parece ser el conjunto de recursos retóricos y tópicos sentimentales con los que manejar a las poblaciones. Los estudios sobre la empatía, la comunicación emocional, hemisferios del cerebro, neuromarketing, storytelling, etc. han proliferado en las últimas dos décadas. Todos ellos son el engranaje teórico que permite la construcción de los estados emocionales capaces de bajar las barreras racionales de defensa y hacer crecer, en sentido contrario, las grandes corrientes de la adhesión incondicional.


Una de las herramientas más poderosas es el retorno de la propaganda, una forma emocional, a los medios de comunicación, que fueron los mecanismos que usaron los fascismos de diversa ideología para conseguir las adhesiones hace un siglo. Hemos conmemorado el centenario de la guerra de 1914, pero estamos preparando la posguerra, una combinación de crisis económicas, líderes carismáticos totalitarios en ascenso, y exaltación de los nacionalismos. Una curiosa forma de celebrar aniversarios sin haber sacado ninguna enseñanza positiva.
Al igual que sucedió con personajes como Hitler, también hoy líderes como Putin suscitan la admiración de políticos de países democráticos, que comienzan a proponerlo como "ejemplo". Aquí hemos hecho en varias ocasiones mención de las palabras de admiración lanzadas desde países democráticos, como Inglaterra o Francia, hacia Putin. Ningún comportamiento revela menos inteligencia que esto, tanto desde el plano individual de los líderes como desde los grupos que les siguen, estableciéndose una continuidad empática entre todos ellos, es decir, conectando esas masas en un mismo estado emocional, de adhesión y rechazo de los mismos objetivos. Es un comportamiento irresponsable y bastante representativo de la vuelta de los sentimientos que alientan estados similares.


Putin parece encarnar la potencia del nacionalismo agresivo del que sacan fuerzas otros que alientan sus propios nacionalismos. Conectar con Putin es desconectar de Europa. La coincidencia de los ultranacionalistas de diversos países y los euroescépticos parece indicarlo así. A Putin le admiran desde los euroescépticos británicos a los ultranacionalistas y xenófobos seguidores de Marine Le Pen. De ambos hemos dado cuenta aquí en su momento. Y las preguntas sobre este asunto se acumulan.
Y lo que es euroescepticismo en la Unión Europea es antiamericanismo en Latinoamérica, en donde algunos de sus dirigentes juegan de forma más directa, personal y oficial, con sus simpatías hacia lo que Putin representa para ellos: la canalización emocional de su odio hacia los Estados Unidos. Basta con ver cómo los medios rusos usan estas sintonías de países como Venezuela, Bolivia, etc. para ver que se utilizan como forma de establecer una corriente de adhesión, de apoyo y reafirmación del sentido del liderazgo mundial que Putin quiere encarnar a los ojos de sus propios adoradores. Una forma importante de su refuerzo propagandístico es mostrarse como un generoso mandatario que va por el mundo perdonando deudas (Cuba), amparando regímenes amigos (Siria) o vendiendo armas a los que no se las dan (Egipto).
Putin utiliza todas estas amistades como refuerzo interno y los otros las usan de forma similar en sus propios espacios. Esa foto junto a ellos es esencial en un momento en que la gran mayoría de la comunidad internacional ha dado la espalda a esta Rusia belicista, agresivamente imperialista, y chantajista con sus clientes y vecinos.


Putin no ha tenido bastante con perpetuarse en el poder mediante ese sistema de relevos que se ha fabricado junto a Medvedev. Ha necesitado dar el salto agresivo hacia el oeste para demostrar a todos que nadie comete el pecado imperdonable de Ucrania, tratar de escapar de las garras del oso ruso. Pero ese paso tiene consecuencias graves para Rusia y la comunidad internacional. Más allá del daño causado a Ucrania, país al que ha condenado al chantaje permanente de sus deseos y al que trata de humillar constantemente para regocijo de sus exaltados seguidores, ha causado un daño que tardará décadas en repararse sino va a más, algo que desgraciadamente no está ocurriendo.

Ostalski manifiesta su temor de que esa minoría que tiene hoy el valor de manifestarse, esa Rusia disidente, acabe desapareciendo ante las maniobras de un Putin que exacerbe cada vez más a la sociedad: «La preocupación es que, si se cumplen las predicciones de un mayor endurecimiento del Kremlin, esta pequeña pero importante comunidad podría ser arrastrada a la extinción.»* A los que se manifiestan ahora, se les niega su propia forma de patriotismo, que es querer un país en paz con su vecino. Se les negará su carácter de ruso y pronto se les considerará "agentes extranjeros", "traidores", etc. Sin embargo su patriotismo tiene más sentido y es más racional que el patrioterismo guerrero que se hace a costa de otros. El idioma español permite distinguir entre "patriotismo" y "patrioterismo", que es una distinción importante. Los rusos que se han manifestado contra la guerra encubierta —a la par que descarada— que Rusia mantiene contra Ucrania son personas que aman a su país y lo quieren en paz y con políticas de buena vecindad. Están en su derecho y el tiempo les dará la razón. No traicionan a nadie portando las banderas de Rusia y Ucrania juntas. Rusia no es Putin, ni Putin es Rusia.


Solo la proximidad de algún evento internacional —ahora es el próximo Gran Premio de Fórmula 1 en Sochi— es lo que le da algún relajo. El temor a perder las inversiones de los amigos personales en esta zona sirvió para retrasar la invasión de Crimea durante los Juegos Olímpicos de invierno. Putin se llenó en esos días del espíritu del olimpismo. Quizá la forma de mantener algo de paz sea organizar todo en Sochi, de finales de la Champions a vistas papales. Y es que en el mundo ya lo que no es mercado es cárcel, aunque no podamos distinguir muchas veces entre ambos.




* "Los rusos que se oponen a Putin por la crisis en Ucrania" BBC 22/09/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140312_rusia_anti_putin_rg.shtml