Mostrando entradas con la etiqueta Amal Fathy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amal Fathy. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de diciembre de 2018

El caso del mono acosado o lo decente es el silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace unos días, el 28 de diciembre, los titulares de la prensa egipcia nos contaban una gran noticia: la condena a tres años de cárcel a una mujer por manipular los genitales de un mono en una tienda de animales, grabarlo en vídeo y animar a los observadores, según se decía en las noticias. La noticia estaba en lugar preferente de diversos periódicos.
La opinión pública, en cualquier caso, se dividía en dos líneas: las que les parecía que el delito se había realizado contra la dignidad del mono (la modernidad) y los que opinaban que era un atentado a la dignidad del público y una incitación al libertinaje (los tradicionalistas). Algunos incluso mencionaban como algunos monos habían sido considerados como animales sagrados en el antiguo Egipto, apelando a la historia y a la falta de respeto. Algunas fuentes señalan que la mujer se dedicaba a la prostitución y usaba el vídeo como "promoción".
Ya se tomara por el lado de los derechos animales o por el del escándalo público, el caso del mono manipulado (o del público manipulado, pues es claro el fenómeno de identificación buscado), una vez más la sociedad egipcia se encontraba dividida. La difusión por los canales de televisión del debate público no hizo sino aumentar la notoriedad del caso del mono acosado.
Egypt Independent explicaba así el caso:

The Mansoura Misdemeanor Court on Thursday sentenced a housewife to three years in prison for sexually harassing a monkey in a pet shop in Mansoura city, al-Dakahlia governorate, by touching its genitals.
The court charged her with inciting sedition and provoking emotions and lewd acts in public.
A video of the incident went viral on social media in October showing the defendant while she was touching the genitals of a monkey in a public store with the intention of arousing the animal’s sexual instincts and inciting the public to commit adultery.
The police identified the suspect and found that she is named Nesma, 25, and a resident of a village in Dakahlia. She, with help from a friend who recorded the video, made moves to arouse the monkey sexually while it was in a cage in a shop by fondling its genitals.*


Ya se sintieran conmovidos por el pobre animal o por los que miraban, lanzados a la depravación por la imagen de tanta lascivia, el caso no dejó a nadie indiferente, creándose una situación de esas con las que se disfruta discutiendo mientras que la vida pasa por delante como el falso gorila del experimento de percepción, como el gorila invisible entre los jugadores de baloncesto.
El hecho de que se pueda hablar cada vez de menos cosas y que de las que se habla sean cada vez más arriesgadas, lleva a la prensa egipcia a convertirse en una especie de feria friki en la que este tipo de acontecimientos caseros alcanza una inesperada expansión social.
Uno de los comentaristas extranjeros de la noticia pone el dedo en el centro de la dolorosa cuestión en un tuit: "Woman sentenced to 3 years in jail for ‘sexually harassing’ monkey in Egypt. The same Egypt hardly lifts a finger when women are routinely harassed and raped." El comentario es del editor Charles Onyango-Obbo y resulta ilustrativo de la situación egipcia y de la enorme hipocresía social con la que se encara el acoso.


Si hemos traído la noticia del mono acosado al que todos defienden y ante cuyo caso se  rasgan las vestiduras ha sido precisamente a la luz de una noticia en el estatal Ahram Online, con el titular "Egypt court upholds two-year sentence for activist Amal Fathy":

A Cairo appeals court upheld on Sunday a two-year prison term for prominent Egyptian activist Amal Fathy, who was arrested after posting a video online about being sexually harassed earlier this year.
The court rejected an appeal by Fathy against a two-year prison sentence in September and a fine of EGP 10,000 over charges of spreading false news that threatened national security in a video that went viral where she spoke about her experience with sexual harassment at a local bank.
Fathy, a member of the now-banned 6 April Youth Movement, was arrested in May, days after she took her rage online, accusing the government of failing to protect women from sexual harassment, and criticising poor service at a state-owned bank and the deterioration in living conditions and public services.
Sunday's decision comes less than a week after she was granted a conditional release in another case with similar charges, including joining an outlawed group; requiring her to report in to a police station one day a week.
Fathy can still appeal Sunday's sentence with the Court of Cassation.**


El contraste entre las dos noticias nos permite apreciar directamente la sinrazón que se vive en Egipto y el estado distorsionado de percepción de la realizada que el régimen impone a la opinión pública.
¿Condenar por "amenaza a la seguridad nacional"; condenar por "difundir noticias falsas" la persona que denuncia su propio acoso? Es posible solo desde un principio general que el régimen de al-Sisi ha instaurado: los problemas no existen. De nuevo, no se solucionan los problemas sino que se penaliza hablar de ellos.
El régimen carece de cualquier tipo de principio que no sea encarcelar al que protesta, acallar al que denuncia. Me vienen a la memoria las palabras de dos egipcios sentados entre el público, amenazando a una de las editoras del número dedicado a las mujeres en la Primavera Árabe, en la revista Espéculo que dirijo. "¿A ver qué vas a decir?", le dijeron. El matonismo es un acto constante, una forma de intimidación a cualquiera que se atreva a dar una imagen distanciada de la oficial. Y eso afecta a Egipto o al control que las embajadas hacen de sus residentes en cada país. De ahí el interés de la ministra de hacer un censo de expatriados, de egipcios en el extranjero. Así se les tiene bajo vigilancia, controlados de forma permanente. Y en esto, como ya hicieran las dictaduras militares de Cono Sur latinoamericano, comparten informaciones con sus aliados. El caso reciente del asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado de Turquía es una evidencia de que el papel de las embajadas no es servir a los ciudadanos extranjeros, sino para vigilarlos.


La condena a dos años a Amal Fathy por denunciar el acoso sexual al que fue sometida, tras la inutilidad de las denuncias, que vienen a ser peores, es un ejemplo claro de la deriva de un estado policial y vigilante.
La denuncia estos días de cientos de periodistas sobre la condena al silencio o a la cárcel de aquellos que se atrevan a dar una versión distinta a la oficial, la única posible, es un ejemplo más de cómo está viviendo el país lo que fue descrito por su presidente como el "final de la hoja de ruta a la democracia". Denuncias y renuncias, como señalábamos hace unos días.
Hace unos meses, una turista libanesa fue detenida y acusada de insultar a los egipcios después de que se desahogara en las redes sociales subiendo un vídeo en el que denunciaba el episodio de acoso sufrido. Ahora le toca a Amal Fathy, con el agravante aquí del carácter político de la detención. No se trata solo de una "turista enfadada", sino una activista de los derechos civiles que denuncia el acoso y la inoperancia del régimen.


Durante la Revolución de 2011, el acoso sexual fue usado como una forma de terrorismo (se llegó a usar el término "terrorismo sexual") contra aquellas que salían a manifestarse contra el régimen y las actividades de los militares. Recordemos los "exámenes de virginidad" realizado por los heroicos médicos militares para garantizar a los padres de las manifestantes que sus hijas estaban en "perfecto estado". Era claramente una forma de abuso e intimidación por parte del estado, al igual que cuando se hace desaparecer a alguien se amenaza con difundir informes sobre la "vergonzosa" homosexualidad del desaparecido. Es lo que se hizo inicialmente con Giulio Regeni en cuanto se empezó a exigir cuentas sobre su paradero. Forma parte de loa infames prácticas del régimen egipcio durante décadas y así se han formado sus cuadros y bases, difamando, encarcelando, acusando a las personas que les criticaban. Ni Regeni ni otra víctima, Shaimaa al-Sabbagh tuvieron la suerte de sobrevivir. También se intentó acusar de la muerte de al-Sabbagh a sus propios compañeros, que se vieron detenidos cuando acudían como testigos. Afortunadamente los vídeos y fotografías mostraban con claridad la mano del oficial asesino. Pero para todos aquellos que no tienen la suerte de tener detrás un país, como en el caso de Regeni, o un grupo, como en el de al-Sabbagh, las cosas son más difíciles y oscilan entre el silencio y la difamación.


Considerar "amenazas a la seguridad nacional" la denuncia del acoso es peor una bellaquería. El grupo político, el Movimiento Juvenil 6 de abril, con una larga historia de denuncia de la dictadura desde 2009, fue prohibido por el régimen actual en 2014. De nada han servido las denuncias contra esta decisión. El régimen se deshace de los grupos, fabricando su propia oposición (como se pudo ver en la pantomima de las presidenciales de este año y tras ellas, con el intento de organizar una "oposición" parlamentaria), y también de las voces individuales, que son como en el caso de Amal Fathy, condenadas a penas cárcel por delitos absurdos.
Aprendamos la lección: en Egipto, denunciar el acoso es una amenaza a la seguridad nacional y decir que no te hacen caso "difundir noticias falsas" contra el estado. No se sabe cuánto tiempo podrá estar calentándose el agua antes de que hierva. En poco más de tres semanas, volverá a repetirse el momento del año que el régimen más teme, el aniversario del levantamiento del 25 de enero de 2011, el comienzo de la primavera árabe.


Con la narrativa bien ensayada de que cualquier protesta o crítica es una maniobra de los Hermanos Musulmanes (¡hasta se dijo que el movimiento francés de los chalecos amarillos estaba controlado por los Hermanos!), los que se atrevan a salir a la calle corren el riesgo de acabar como Shaimaa al-Sabbagh, la mártir de las flores, asesinada por llevar una corona de flores en recuerdo de los caídos. Pero en Egipto no hay recuerdo que no sea manipulado y apropiado por la narrativa del régimen militar. El miedo a las amenazas, reales o ficticias, es lo que justifica la vigilancia, el control, por más que sea inútil (como se ve en cada atentado, cada vez más simples, de las bombas al paso de los autocares turísticos a las encerronas a las patrullas), como ha ocurrido en varios ocasiones, para irritación del régimen.
El año 2018 ha sido de nuevos recortes de libertades. Por muchos Foros de Jóvenes que se organicen, por muchas tumbas que se desentierren, por muy escandalizados que se muestren ante faldas o películas, por más que se quiera negar la evidencia del acoso y se quiera dar imagen de una sociedad idílica, etc. lo cierto es  que cada día se tienen noticias de nuevas tropelías, de nuevos intentos de silenciar lo que es un hecho: la vida política no es más que un farsa y la social una aventura peligrosa.


El debate social así es imposible o se convierte en un sarcasmo, como ocurre con el caso del "mono acosado" en un país donde no se puede denunciar el acoso bajo riesgo de ser acusado de difamar al país o ser una amenaza nacional. El caso del mono, además, se produce en el contexto de convertir a perros y gatos en alimento cotidiano (una vez comprobado que no va contra el Corán, como informaron los eruditos) o exportable (a Corea), por lo que el estatus de las mascotas está un tanto devaluado. No hablemos de los burros despellejados para exportar sus cueros a Asia, donde son apreciados por la medicina tradicional. Ninguno de esos casos se ha considerado como un problema. El del mono sí; hay que defender a las familias egipcias. Las mujeres acosadas no existen, no deberían vestirse así, ni estar en la calle o... Tenía razón el tuit. Si el mono se hubiera quejado públicamente del acoso, también habría sido condenado como amenaza a la seguridad.
Los egipcios han aprendido la lección: le sale caro a una mujer acosar a un mono y sale caro denunciar el acoso a las mujeres. Sale caro quejarse porque va contra la imagen idílica de la sociedad cuyos principios sirven para defender a los monos y a los varones de las mujeres lascivas de largos y perversos dedos. 
Como egipcia, Amal Fathy debe sufrir en silencio las provocaciones su manera de actuar, hablar, vestirse, etc. causan a los píos varones que abandonan sus deberes seducidos por sus perversas maniobras. En la defensa del mono, ven muchos la propia. ¡Ay, la lascivia femenina sin límite!
Deseamos que Amal Fathy logre justicia en el recurso que tiene por delante. Hay que recordarla porque el silencio es lo que se traga la vida egipcia diariamente, sus esperanzas de un futuro mejor, en paz y libertad. Hay que mantener visibles sus casos, pues es el silencio lo que se busca.
¡Libertad para Amal Fathy!


* "Egypt court imprisons woman for sexually harassing a monkey" Egypt Independent 27/12/2018 https://ww.egyptindependent.com/egypt-court-imprisons-woman-for-sexually-harassing-a-monkey/
** "Egypt court upholds two-year sentence for activist Amal Fathy" Ahram Online 30/12/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/320947/Egypt/Politics-/Egypt-court-upholds-twoyear-sentence-for-activist-.aspx





lunes, 1 de octubre de 2018

Más patriarcales que nunca

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si ayer hablábamos de la sustitución de las imágenes de Mickey Mouse en la guardería de una provincia egipcia a instancias del gobernador, que ha decidido que los niños y niñas deben crecer rodeados de imágenes patrióticas y ¿quién más patriota que policías y militares?, hoy debemos volver a Egipto para comprender el despropósito en el que vive el país, perdido el rumbo de la modernidad y con un recorrido más parecido al vuelo de un moscardón que al espíritu de la Historia. Egipto cae y cae sin remedio hacia un agujero negro de perfección piadosa.
La noticia ha sido recogida hoy también por Francisco Carrión en el diario El Mundo, uno de los pocos periodistas que informa ya desde El Cairo y al que algún día le llegará un "aviso", como le llegó en su momento al periodista de El País, que tuvo que cambiar de aires. De Egipto solo se puede hablar sin riesgo para loar los empeños gubernamentales. Las críticas, en cambio, solo traen problemas.


La titular de noticia —al final, en una esquinita y sin foto— del diario El Mundo es "Egipto condena a dos años de cárcel a una activista por denunciar el acoso sexual"*. Es una muestra más de que en Egipto no se arregla nada y se silencia todo. La crítica o la denuncia se consideran formas de ataques a la imagen interna y externa del Estado, perfecto y piadoso. Quien denuncia no lo hace porque existan problemas, sino con el afán de perjudicar la imagen de Egipto. Ese es el argumento que se utilizó, por ejemplo, en el caso de la Federación Egipcia de Fútbol cuando la gran estrella del país, Mo Salah, denunció el desastre organizativo que se cerró con la dolorosa derrota ante Arabia Saudí. Si Salah lo denunciaba es que quería perjudicar la imagen de Egipto. La federación tuvo que recular ante la ola de indignación y decir —no se lo pierdan— que les había hackeado sus cuentas y que aquellas respuestas no eran las suyas. Imaginación para lo malo no falta, no.


Pero esto es mucho más grave, ya que afecta a la denuncia de uno de los males mayores del país, el acoso sexual, una verdadera lacra social que choca con un tradicionalismo que encuentra excusas. 
Señala Carrión en el diario El Mundo:

Alzó la voz contra el acoso sexual que padecen las egipcias y el régimen, que ha enviado a la cárcel a decenas de miles de opositores, la hizo enmudecer. La justicia del país árabe ha condenado este sábado a dos años de prisión a la activista de derechos humanos Amal Fathi por "publicar mentiras y hacer mal uso de las redes sociales" tras denunciar públicamente la epidemia que hostiga a la población femenina.
Un tribunal de asuntos menores de la capital egipcia ha sentenciado a la joven a 24 meses entre rejas. Le ha impuesto, además, una fianza de 20.000 libras egipcias (unos 967 euros) y una multa de otros 10.000 libras. La activista y actriz, miembro del ilegalizado movimiento 6 de abril que organizó las primeras revueltas contra Hosni Mubarak en 2011, fue arrestada durante una redada en su domicilio llevada a cabo a primera hora de la mañana del 11 mayo y permanece desde entonces privada de libertad.
En el vídeo difundido en Facebook, Fathi carga contra las autoridades del país y denuncia el acoso sexual, el deterioro de los derechos humanos y los servicios públicos y el programa de austeridad gubernamental. Según un estudio de ONU Mujeres publicado el año pasado, alrededor del 60% de las egipcias ha sufrido algún episodio de acoso. El tribunal, que inauguró el juicio en agosto, le culpa de difamar a los empleados del banco estatal Misr y "propagar noticias falsas" tras acusarles de acosarla durante una de sus visitas a la entidad.
Fathi es esposa de Mohamed Lotfi, director de la ONG Comisión Egipcia para los Derechos y las Libertades, una de las organizaciones que documenta las graves violaciones registradas en la tierra de los faraones desde el golpe de Estado que en 2013 aupó a la presidencia del país al entonces jefe del ejército Abdelfatah al Sisi. "La sentencia es un mensaje muy claro a las víctimas de acoso sexual para que no hablen en contra de sus verdugos ni denuncien los incidentes ante la policía. En caso contrario, serán detenidas y condenadas", señala a EL MUNDO Mohamed, fue detenido fugazmente junto al hijo de ambos, de tres años, en mayo.*


La condena a Amal Fathi es algo más. Es un nuevo golpe a las mujeres desde el sistema, pero es un golpe también a las mujeres que llevaron a la calle el grito de libertades de 2011.
Todo parece indicar que han querido atacar dos frentes en el matrimonio de activistas. Como se señala, el mensaje que se envía a las mujeres es que no denuncien porque pueden ser encarceladas por ello. Al régimen no le gusta el espejo que muestra el fuerte machismo de la sociedad egipcia. El Cairo ha sido considerada por entidades independientes como la peor ciudad para vivir las mujeres. 
Las declaraciones recientes de la Universidad de Al-Azhar señalando que no hay nada "islámico" en el acoso sexual y que es condenable desde cualquier perspectiva posible quedan en suspenso ante el mensaje enviado ahora por los jueces, que prefieren encarcelar a una activista, quitándola de en medio, a hacer justicia contra un mal endémico de la sociedad egipcia.


Egyptian Streets recoge el encarcelamiento de Amal Fathi señalando el contenido del vídeo de Facebook que ha servido para condenarla:

The 33-year-old released a 12 minute video on Facebook in May, where she voiced two sexual harassment incidents she experienced on the same day. She bashed the government for not protecting women against sexual harassment, an epidemic that has taken over the country.
The first incident was in a taxi. She said that the driver was looking at her inappropriately through the overhead mirror while saying “disgusting things.” The other incident was by a security guard at the state-own institution, Banque Misr, who projected predatory behavior towards her.
According to Amnesty International, the security services barged in Fathy’s house in Maadi at dawn two days after posting the video arresting her, her husband, Mohamed Lotfy, and 3-year-old child. While her husband and child were later released, Fathy remained in custody as part of a criminal case filed by the Public Prosecution.**


Recordemos el reciente caso similar de la turista libanesa que padeció acoso sexual y se desahogó colgando un vídeo en Facebook. Los sabuesos del régimen rápidamente dieron el aviso al hacerse viral y fue detenida y juzgada por el delito de "difamar" a Egipto e "insultar al país". Tras la condena. se la liberó y puso en la frontera.
El procedimiento es el mismo. Las mujeres que denuncian se ven intimidadas, arrestadas, juzgadas y condenadas. El estado egipcio, el régimen de al-Sisi, no solo es represivo y autoritario, sino profundamente patriarcal y machista. Los ejemplos se pueden multiplicar en este sentido. Aquí hemos mostrado muchos de ellos.


La noticia coincide con la publicación estos días de un artículo sobre la historia del feminismo egipcio, 125 años luchando. Y los que quedan.
Se analiza la frustración general de las mujeres enfrentadas a una sociedad patriarcal, reprimida y llena de traumas machistas, a la que para su desesperación adelantan otras como la tunecina. Eso es algo que el orgullo egipcio difícilmente puede aceptar, pero es un hecho, por poco que les guste.
Cuando se trata de señalar las etapas del feminismo en Egipto, se señala como cuarta etapa la que comenzó en 2011 con el activismo de las mujeres:

Perhaps the feminist movement as an independent movement had its start following the promulgation of the 1923 constitution. But political conditions in Egypt were never encouraging for feminists.
Even though the movement came to the fore during the 25 January Revolution, that did not last long in the face of the tyranny of the Islamist movement and the male-oriented culture of our society,” she said.
Even though the movement came to the fore during the 25 January Revolution, that did not last long in the face of the tyranny of the Islamist movement and the male-oriented culture of our society,” she said.
“We are always seen as guilty when we bring up subjects men don’t like. We’re either accused of undermining religion or of implementing foreign ideological agendas. I’ll never forget the ferocious attacks we encountered in the 1970s when we first began to speak out against violence against women. Nevertheless, we continued to fight until the term took hold and the problem was recognised. This is a crucial prerequisite of the feminist movement: it has to continue for years to attain its goals. Its demands cannot be realised in a day. The effort might take decades.”***


Quien habla es la activista egipcia Nola Darwish, que lleva más de treinta años en la lucha por los derechos de las mujeres. Darwish señala aspectos positivos y negativos característicos del feminismo egipcio. Es precisamente esa absorción del estado burocrático anulando la capacidad crítica uno de los factores más señalados de un feminismo nacionalizado.
La condena a Amal Fathi es otra muestra más de la falsedad de un régimen que quiere hacer creer al mundo que se enfrenta al "terrorismo" cuando lo que realmente está haciendo es desmontar cualquier forma de pensamiento que se le oponga para perpetuarse en el poder. El presidente al-Sisi quiere régimen para cien años y cien años tranquilos.


Amal Fathi ha sido acusada de "terrorismo". Una de las campañas de apoyo con más sentido es la puesta en marcha por la Associazione dottorandi e dottori di ricerca italiani (ADI). Piden la libertad para la activista y dan un dato más. El marido, también activista de derechos humanos, es uno de los asesores legales egipcios de la familia de Giulio Regeni, el doctorando italiano secuestrado, torturado y asesinado. La página lo recuerda. La familia Regeni pide la libertad de la detenida. Ellos saben del sufrimiento familiar y de la injusticia del sistema.
Nada es casual en Egipto. Los mismos jueces, los mismos verdugos.
Cuando alguien denuncie la injusticia y arbitrariedad de la condena, será igualmente reo de "difamar a Egipto", formará parte de una conspiración que actúa desde el origen de los tiempos. Y el ciclo comenzará de nuevo.
Pero solo hay una conspiración y es contra los que piden libertad y tranquilidad para las mujeres o la verdad para los muertos.



* "Egipto condena a dos años de cárcel a una activista por denunciar el acoso sexual" El Mundo 29/09/2018 http://www.elmundo.es/internacional/2018/09/29/5baf825eca4741296f8b45c4.html
** "Egyptian Activist Sentenced for 2 Years for Speaking up on Sexual Harassment" Egyptian Streets 30/09/2018 https://egyptianstreets.com/2018/09/30/egyptian-activist-sentenced-for-2-years-for-speaking-up-on-harassment/
*** "125 years of the Egyptian women’s movement" Ahram Online 25/09/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/312392/Egypt/Politics-/-years-of-the-Egyptian-women%E2%80%99s-movement.aspx
**** "ADI per Amal Fathy, al fianco della famiglia Regeni" https://dottorato.it/content/adi-amal-fathy-al-fianco-della-famiglia-regeni


jueves, 17 de mayo de 2018

La duda del detenido


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las frases que suelen acompañar a las noticias sobre detenciones de activistas de derechos humanos en Egipto es "no está claro". En general, a gente suele tener una cierta idea de por qué es detenida. Es esencial saber por qué te detienen, no solo por la cuestión de la defensa. Lo es porque necesitas vivir en un espacio de cierta racionalidad y no en una arbitrariedad peligrosa. Lo arbitrario es un signo claro del autoritarismo, que usa la detención como forma de intimidación, como una forma de advertencia y, sobre todo, como manifestación de que el poder está de su lado. Hay un poder que se basa en las leyes, que son límites al poder; pero hay un poder, como bien vio Orwell, cuya fuerza es precisamente la arbitrariedad, la demostración de que las leyes no lo contienen y es por tanto inesperado e ilimitado.
Dos noticias en Mada Masr sobre detenciones de activistas tienen algo en común: existen dudas sobre las causas. Ellos mismos se dan cuenta del patrón y lo reflejan:

In a similar case, activist Amal Fathy was arrested in the early hours of Friday morning, alongside her husband and three-year-old son, also on unknown charges, after she posted a video on Facebook criticizing the ongoing crackdown on political opposition in Egypt, as well as a number of other socioeconomic issues.*


Son dos los casos que la publicación recoge, el de la citada activista Amal Fathy y el de Shady al-Ghazaly Harb. A ninguno de los dos se les explican los motivos de su detención en lo que ya está siendo una costumbre egipcia. Debe ser otra incomprensible línea en la hoja de ruta hacia la democracia.
En la detención de Amal Fathy hay sospechas de que su detención está relacionada con sus denuncias por el acoso sexual.

Activist Amal Fathy was arrested by security forces in the early hours of Friday morning, along with her husband — head of the Egyptian Commission for Rights and Freedoms Mohamed Lotfy — and their three-year-old son.
Fathy was remanded in custody, and Lotfy and his son were released hours later, according to a statement by the commission.
Police stormed and searched the couple’s Maadi house at 2.30 am and confiscated their phones, prohibiting them from contacting a lawyer, the commission’s statement added.
The reasons for Fathy’s arrest are not yet clear. Her detention, however, follows a strong campaign against her over the last couple of days, mounted by state-supporting media outlets, and followed by a wave of gender-based insults on social media, after she posted a video on her personal Facebook account on May 9. In the 12-minute video, Fathy criticizes the crackdown on political opposition in Egypt, and raises other socioeconomic issues. She also recounts an incident of sexual harassment she experienced at Bank Misr by security staff.**


Las entradas en los domicilios en la madrugada suele ser una forma de intimidación, de meter el miedo en el cuerpo a la gente. Despiertas y sin capacidad de reaccionar te encuentras que te sacan de tu domicilio y eres arrastrado en mitad de la noche con ti familia, incluido en este caso un niño de tres años, que como los adultos no entiende nada y añade un punto más de sufrimiento a los detenidos que sufren por ellos y por el niño traumatizado por lo que está ocurriendo.

El tuit de OBS, un observatorio para defender a los defensores de los derechos humanos en todo el mundo, pide la libertad de Fathy: "We strongly condemn the arbitrary detention of #WHRD Amal Fathy for posting a video criticising #Egypt’s failure to protect women against sexual harassment We call upon @AlsisiOfficial to release her immediately and unconditionally". Lo apoyan ECRF (Egyptian Commision for Rights and Freedom, la embajada suiza en El Cairo, "EU in Egypt" (Delegación de la Unión Europea en Egipto), Michel Forst (Informador Especial de Naciones Unidas sobre los defensores de Derechos Humanos), OMCT (Organización Mundial contra la Tortura), CIHRS (Instituto de El Cairo para Estudios sobre Derechos Humanos) y FIDH (una federación de 184 ONG de Derechos Humanos). Como puede apreciarse, una amplia gama de organizaciones de peso en la defensa de los Derechos Humanos, materia en la que el gobierno se sigue enredando solo.
Difícilmente podrá convencer al mundo que Amal Fathy es una terrorista, táctica con la que se trata de justificar la persecución de los activistas que denuncian la situación del país. A la arbitrariedad de la detención se suma lo que ya se ha convertido en otra marca de identidad: el uso de los medios del estado para atacar a las personas que se mantienen distantes y críticas con el poder.


El gusto egipcio por la difamación adquiere en estos casos tintes grotescos. La batería de periodistas afilan sus armas y se lanzan en persecución de las personas críticas publicando maldades sin pudor en un intento de volver a la opinión pública en su contra. A eso se suele juntar otro deporte nacional: la presentación de denuncias contra ellas ante los jueces por particulares que hacen así méritos. Son los "ofendidos", las personas que dice haberse sentido dañadas por lo dicho o escrito por alguna persona. Estos son una recreación fascistoide de la denuncia para salvar al pueblo de las malas influencias políticas y religiosas.
La información de Mada Masr se cierra con otra petición para la liberación:

Amnesty International published a statement on Friday about Fathy’s arrest, demanding her immediate release and arguing that her arrest is part of an attempt to silence women who speak up about sexual harassment. Amnesty added that the video Fathy released, while it contains strong language, does not contain any incitement to violence, and should be protected as part of her right to freedom of expression.**

Aunque los que detienen a los activistas dejen en la oscuridad los motivos, ellos sí suelen saber qué es lo que ha molestado. Han desarrollado esa faceta intuitiva de la molestia. En el caso de Shady al-Ghazaly Harb, se señalan los motivos más probables, que son los relacionados con las islas regaladas a Arabia Saudí y el negocio turístico inmobiliario que pueda haber detrás. El caso de Fathy, en cambio, entra en una línea más "sociológica", el acoso sexual. El desahogo de la activista frente a la cámara, difundido después por su página de Facebook, parece haber tenido más repercusión de lo que hubiera gustado a las autoridades.
Nuestra solidaridad con ambos activistas y también nuestro deseo de que la claridad legal sea pronto una virtud nacional. La extraña hoja de ruta hacia la democracia del gobierno egipcio le está creando problemas con todas las instituciones dedicadas a la defensa de la democracia, los derechos humanos,  asociaciones jurídicas, etc. 



* "Mada MasrActivist Shady al-Ghazaly Harb brought before Supreme State Security Prosecution" 15/05/2018 https://www.madamasr.com/en/2018/05/15/news/u/activist-shady-al-ghazaly-harb-brought-before-supreme-state-security-prosecution/
** "Activist Amal Fathy detained after posting Facebook video criticizing Egypt’s political crackdown, sexual harassment" Mada Masr 11/05/2018 https://www.madamasr.com/en/2018/05/11/news/u/activist-amal-fathy-detained-after-posting-facebook-video-criticizing-egypts-political-crackdown-sexual-harassment/