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jueves, 20 de enero de 2022

Boris, Boris...

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dicen que hubo un presidente en Latinoamérica al que sacaron en volandas del palacio presidencial agarrado a los brazos de su sillón. Puede que Boris Johnson monte su particular El Álamo en el 10 de Downing Streets y tengan que ponerle cerco hasta que se rinda o tenga que ser tomado al asalto.

Este dolor del cargo es un rasgo que comparte con su amigo Donald Trump, con el que creó un frente común en detrimento de Europa. A Trump le sacaron los votos y los consejos de la mayoría de sus asesores, familia y amigos, que no sabían cómo acabar de convencerle para que aceptara que había perdido las elecciones. Pero Trump se despidió a lo general MacArthur en términos históricos y a lo Terminator en ficcionales: ¡volveré!

No está tan claro que el despeinado Boris pueda hacer lo mismo pues ha fallado allí donde a nadie perdonan. Uno se puede equivocar en muchas decisiones, en muchos momentos históricos, que lo de Boris es algo más, una burla a la gente de toda idea, es decir, sin un solo defensor posible. Como le han dicho en la oposición, "¡no sea ridículo!, ¡no diga que, pasando por encima de botellas de vino y platos con sándwiches, creía que estaba en una reunión de trabajo!" Y es que es eso lo que Boris tiene como defensa ante el mundo.


Ese vídeo viral de una niña explicando que el "prime minister" estaba de fiesta durante el "lockdown" que nos ofrecen las televisiones lo dicen todo. Lo que Boris trata de explicar, la niña lo reduce a una verdad más allá de la cual nada existe: el primer ministro se fue de fiesta durante el confinamiento. Todo lo demás es mundo alternativo, deseo, alucinación, trumpismo de segunda.

La verdad es que Boris lo ha intentado todo, de la carantoña a la disculpa masiva, pero no le ha funcionado nada. Sus propios diputados están ya conspirando abiertamente para evitar que les arrastre hacia la nada, hacia la zona oscura. Boris ha pedido perdón a la Reina, al país, a cada ciudadano; si es necesario, les visitará de casa en casa, tomará té con ellos y les pedirá disculpas. Pero es mucho tiempo el necesario y poco el disponible. Ya se le ha pasado públicamente a la oposición alguno de sus diputados, el signo máximo de rechazo en la política británica, rica en gestos.

Lo que Boris pide es demasiado, las cosas como son. La imágenes de la Reina aislada ante el féretro de su marido, lejos de la familia, respetando las distancias, chocan con las del juerguista Boris y sus dinámicos asesores en 10 de Downing Street convertido en poco más o menos que Las Vegas del país.

A Boris le hubieran perdonado amantes, cleptomanías, deslices a micro abierto..., pero no que pidiera a los británicos sacrificios mientras se reía de ellos, que nadie pudiera reunirse mientras que de la residencia del primer ministro salían cientos de mensajes convocando a fiestas a las que había que llevar la botella. ¡La edad del pavo se paga! Y Boris, de tanto jugar al adolescente, se le ha ido la manó con el acné político.


Una vez que haya hecho las maletas, no parece ser un político capaz de aglutinar a muchos, especialmente porque va a salir con la marca de un zapato conservador en el trasero. Mencionaban hace unos días que el sistema británico se caracteriza por la falta de miramientos con sus propios líderes, que suelen salir con las espaldas llenas de puñales con los colores de su propio partido. 

Los políticos británicos son muy conscientes de sus electores y menos de los mecanismos de partido, como ocurre en España. Saben que cuando ocurre algo grave, como esto, se les llenan los buzones de correo y de voz de opiniones y amenazas de sus votantes avisándoles sobre lo que creen que debe hacer y mucho me temo que todos opinen como la niñita de ojos grandes y cejas levantadas, "¡el primer ministro se fue de fiesta durante el confinamiento, durante el confinamiento!", que lleva camino de convertirse en cancioncita infantil o eslogan de marcha callejera.

Como a los niños, las mentiras de Boris han quedado al descubierto en cada excusa con la que trataba de salir del problema. De esta forma, no solo se ha complicado la vida con las fiestas e incumplimientos sino también con las mentiras defensivas que levanto y que cayeron pronto.

La opinión es general: ha comenzado la cuenta atrás para Boris. 


sábado, 22 de agosto de 2020

Y ahora el post ocio o de Mediaset al Jacobeo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras el confinamiento, la gente salió como toro de toril, bramando y queriéndose llevar la terracita por delante. El confinamiento no fue, al parecer, ocio sino cárcel, una cárcel de la que se salió con unas ganas de marcha que no veas. Hemos comprendido en este tiempo la diferencia entre estar ocioso y no parar de ocio, el ocio frenético y agotador, intensivo. Hemos aprendido que aquel dolce far niente —el dulce no hacer nada— se ha transformado el dulce no parar, casi atlético por tanto saltarse las normas escritas, no escritas y por escribir. Es un triple salto en el que los españoles, ¡por fin! nos hacemos un hueco en la Historia de la incontinencia humana. Si el mundo antiguo considerada el ocio como una oportunidad del alejarse del mundanal ruido, que decía el poeta, lo nuestro es quedarse sordo de tanto decibelio, inmersión en la vorágine. Cualquier circunstancia es buena, como nos recuerdan los sevillanos que no pueden dejar de abrazar a sus ídolos futbolísticos, de hacerse selfies con ellos y gritar cantos y vítores, esparciendo aerosoles, como se dice ahora, más lejos que nadie con tanta euforia. ¿Nos extraña que hayan caído tantos seguidos en las plantillas? ¡Qué va! ¡Tanto abrazo, tanto abrazo! ¡Goles son amores! Y un título bien vale un contagio, que es amor a los colores.
La Vanguardia nos trae un titular de final de verano: "Mediaset despide a Marta López por su irresponsabilidad’ ante el Covid-19"*. No es casual que sea el mundo de la farándula ociosa el que nos muestre el camino hacia el otoño caliente, apocalíptico now!, que se nos viene encima.

Mediaset España acaba de hacer público un comunicado por el cual da a conocer que prescinde de Marta López como colaboradora de ninguno de sus programas antes “su actitud públicamente irresponsable” frente a la pandemia del Covid-19. La cadena considera que aunque haya sido en su ámbito privado, López no ha mantenido “la rigurosa conducta” que todo ciudadano de cumplir para superar la pandemia.
La noticia se ha dado a conocer mediante un comunicado y ha pillado en directo a sus compañeros de Sálvame. Era Kiko Hernández, muy amigo de la colaboradora, el encargado de leer el comunicado íntegro, que la compañía ha compartido también en sus redes sociales.
El comunicado dice, textualmente, lo siguiente:
“España ha decidido prescindir desde hoy de la colaboración de Marta López en sus distintos programas de entretenimiento ante la actitud  públicamente irresponsable que ha manifestado en su ámbito privado, al no mantener la rigurosa conducta que todo ciudadano debe cumplir para superar la crisis sanitaria provocada por la COVID 19 y que por supuesto exige esta compañía.
Mediaset España, desde el inicio de la crisis sanitaria, ha establecido un riguroso protocolo de medidas de seguridad y preventivas aplicable a sus trabajadores, miembros de productoras y colaboradores externos para mantener una esfera de seguridad que permita la continuidad del servicio público que se lleva a cabo desde el ámbito audiovisual, tanto desde el punto de vista informativo como de entretenimiento.”*



Hablar de "actitud públicamente irresponsable" es ya un listón que no está al alcance de todos. Para que en España te apliquen esos términos, y más en el mundillo del famoseo cotilla, ya hay que pasarse.
En el mundo de la televisión, y otros campos mediáticos, solo se puede trabajar en grupo si existe el pacto de contención, es decir, si los que tienen que trabajar juntos son capaces de protegerse ellos mismos para no arrastrar a sus compañeros de plató o escena. Si algunos sale rana, por decirlo así, pone en riesgo a los compañeros y a la cadena misma que se vería afectada en todo el personal. Eso que llaman "esfera de seguridad" es el compromiso de responsabilidad que precisamente la despedida de Mediaset ha roto con su conducta "irresponsable".
Decía ayer el presidente autonómico Emilio García Page que querían que las escuelas fueran lugares más seguros que lo que hay fuera, un error bienintencionado. Eso solo funcionaría si los niños se quedaran dentro sin salir hasta que desapareciera el peligro. El nivel de seguridad de un sistema lo marca el eslabón más débil, lo que quiere decir que los niños puede que no lo cojan dentro, pero lo pueden traer de fuera. Cada vez que un niño estuviera contagiado, quedaría fuera de la burbuja, por lo que esta se iría reduciendo hasta llegar a cero si los contagios siguen creciendo, eso que llaman "incontrolados".
El control son los "cortafuegos" para evitar que se expanda. Pero es ahí donde fallan muchos. Salen a la calle con mascarillas, como veíamos estos días, pero luego se montan una fiesta privada. Basta un segundo de las 24 horas del día para que el contagio se produzca. Cada acción irresponsable aumenta la probabilidad al interactuar con otros. Por eso hay que restringir las posibilidades, las situaciones de riesgo, y es ahí donde se falla estrepitosamente.


El doctor Simón, del que todo el mundo dice que ha cambiado el tono y está enfadado (¡ya era hora!), ha pedido ayuda a los influencers de la redes sociales, que es una forma directa de responsabilizar de nuevo a los jóvenes, que no solo incumplen sino que además —según diversas fuentes— tienen poco interés en hacerse los test para detectar si están contagiados y están expandiendo el virus en cada quedada.
El gran éxito evolutivo del coronavirus no es que mute más o menos, sino el "asintomático". ¡Eso sí que es un logro! Y ha encontrado el animal perfecto, nosotros, capaces de ser tan listos que acabamos cayendo uno detrás de otros por no querer privarnos de esos grandes avances de las humanidad como discotecas, botellones, despedidas de solteros y solteras, cumpleaños, etc. Siempre hemos considerado que la inteligencia era nuestro rasgo decisivo, lo del "sapiens", pero creo que deberíamos ir pensando en cambiarlo.
El corresponsal en Galicia de La Vanguardia recoge otro caso de brote, esta vez en el Camino de Santiago:

El virus llevaba semanas rondando los tramos gallegos del camino de Santiago, en los que se habían detectado varios brotes a lo largo de su itinerario. Y esta semana el Servicio Gallego de Salud ( Sergas) informó de un foco de ocho casos vinculado a una peregrina madrileña que hizo una etapa después de haberse realizado la prueba PCR, sin esperar por el resultado. Se trata de uno de los múltiples frentes de la pandemia en Galicia que ayer se agravó, con dos muertes en el geriátrico de O Incio (Lugo) y 250 casos nuevos según los datos de la Xunta, el máximo desde el 6 de abril.
Sin embargo, la incidencia hospitalaria sigue siendo mucho menor que durante la primavera. Por ejemplo, en el área sanitaria más afectada en agosto, la de A Coruña, hay 56 pacientes ingresados, frente a los cero que había hace un mes. Pero en abril llegó a haber más de 250.
En el mapa gallego de los brotes destaca el que apareció esta semana en el Camino de Santiago. Se detectó a través del caso de una peregrina madrileña de 53 años que hacía la ruta en un grupo de 17 personas y que se sintió mal a la altura de Palas de Rei (Lugo). Sin esperar por el resultado de la PCR, realizó la siguiente etapa, hasta Arzúa (A Coruña). Con el rastreo de contactos se localizaron los otros siete casos, que volvieron a sus lugares de origen a pasar la cuarentena, por lo que el Sergas da por resuelto este brote.**



¡Muy optimistas los del SERGAS! Creo que quieren decir, más bien, que una vez vueltos a sus casas respectivas los peregrinos, cargarán con ellos los servicios de sus Autonomías, dejando de ser un problema gallego. A cada uno lo suyo. A quién se le endosan los casos es importante es este estado competitivo a la baja de a ver quién tiene menos casos y puede hacer el signo de la victoria. El caso de la peregrina y su grupo nos muestra que no hay excepciones, que no es cosa del dónde, ni del cuánto, ni del con quién. Es cosa de cómo nos protegemos allí donde estemos, de cómo mantener las distancias, ya sea en la juerga o en el rezo, en discoteca o basílica, en bosques galaicos o en chiringuitos mediterráneos. Es en el comportamiento, en nuestra conducta en lo que hay que insistir. Hay que estar con el piloto puesto, con vigilancia constante, por más que cueste. Hacerte un test y no esperar a los resultados es realmente penoso. Pero el Apóstol no da más luces a quienes no las tienen, como Salamanca.
¡Pocos se esperaban, la verdad sea dicha, que iba a ser tan dura la "nueva normalidad"!, que de normalidad tiene poco y de nueva menos, porque vamos hacia atrás, como nos dice con enfado el doctor Simón.
Y es que era incompatible llenar el ocio festivo con la salud. Si los turistas extranjeros no venían había que salir a esos sitios tan seguros (¡todos querían corredores seguros!, ¿recuerdan?) a hacer gasto, abrir la economía. Pero lo que se ha abierto es otra cosa.


Los que han sobrevivido al intenso ocio activo, que por hacerse semiclandestino en muchos locales y casas particulares, regresan del veraneo. Y regresan, como siempre, con ganas de contarlo, de que te vean lo moreno que estás. "¡Cuando regrese quedamos y te cuento!", te amenazan. Es el post ocio. Los lunes se cuenta lo que has hecho el finde y en septiembre lo que has hecho en verano.
El aumento de los rebrotes en Madrid no es casual. Es el resultado del regreso de las vacaciones que se ha ido produciendo desde mediados de agosto. Ahora toca cargar con el post ocio, que no es tan productivo como el ocio. Cuando no es una despedida de soltero, lo es de fin de verano. ¡Qué duro esto del ocio!


A algunos les parecerá más "noble" contagiarse en el camino de Santiago que hacerlo en diferentes juergas "irresponsables". ¡Tremendo error! No se dejen engañar por las apariencias. El mundo del coronavirus no entiende de estas cosas, por más que nos guste verlas así.
El despido de la colaboradora de Mediaset ha sido fulminante. Ellos, al menos, lo tienen claro. Lo malo es como empiecen a inspeccionar las cuentas de redes sociales para comprobar desde las empresas quiénes son "responsables" y quiénes no. Habrá quien llegue el lunes y se encuentre la foto de la juerga y el finiquito sobre la mesa. ¿Injusto? Si los interesados no toman medidas, las acaba tomando alguien. Tampoco es justo que te contagie un irresponsable.
A lo mejor se entiende así el mensaje mejor que con los influencers. Quién sabe.


* "Mediaset despide a Marta López por su “irresponsabilidad’ ante el Covid-19" La Vanguardia 20/08/2020 https://www.lavanguardia.com/television/20200820/482918496888/marta-lopez-despedida-mediaset-colaboradora-coronavirus-telecinco-covid.html
** Anxo Lugilde "Brote en el camino de Santiago por una peregrina que no se esperó a ver su PCR" La Vanguardia 22(08/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200822/482929383173/camino-de-santiago-covid-brote-peregrina-madriena.html

jueves, 28 de mayo de 2020

El confinado por desconfiado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Aunque en la cabecera de la noticia se afirma que el tiempo de lectura son dos minutos, lo cierto es que llevo dos días dándole vueltas a dos párrafos que no se me van de la cabeza. Una cosa es lo que tardas en leerlo y otra la que tardas en recuperarte de lo leído o  procesar lo que te hayan querido decir.
Hemos entrado en una complicada fase de desescalada lingüística, de malabarismos verbales, de bailes, incluso coreografías, de cifras. El estatismo anterior contrasta con el vértigo de los datos sobre las recuperaciones milagrosas, las terrazas infinitas, los cafés emocionales, los aviones cerrados en los que se respira mejor que fuera, en los beneficios del aire libre para no contagiarse, etc. Todo esto es luz frente al oscuro y siniestro mundo del confinado. ¡Muermo de tío!
Los dos párrafos que me dejaron pasmado nos los ofrecía Radio Televisión Española en su página web:

Aunque la Consellería de Salut ha optado por denominarlo como aumento de casos, en lugar de rebrote, sí ha admitido que estos contagios nuevos, producidos en residencias, personal sanitario, mataderos y en una fiesta de aniversario con 20 personas, en la que se contagiaron todas, han motivado que la región sanitaria de Lleida no sea propuesta para avanzar de fase.
El día 11 de mayo la tasa de incidencia acumulada en 7 días en la provincia de Lleida era de 12,1 casos por 100.000 habitantes, mientras que el 22 de mayo era de 42,7 casos. El Departamento de Salud ha anunciado que esperará unos días para decidir cuándo propone un avance de fase para la región sanitaria leridana, en función de la evolución de los nuevos contagios.*


¡Qué dos párrafos, qué riqueza de estilos! El arranque del primer párrafo, las dudas sobre si llamarlo "aumento de casos" o "rebrote" me parece un buen ejemplo de cómo las palabras nos permiten definir lo que queremos o debemos ver. ¿"Rebrote", "aumento de casos"? ¿Qué es un "rebrote" sino un "aumento de casos"? Pero lo más desconcertante es que los "nuevos" casos son viejos conocidos? ¿Es posible que los "nuevos casos" sigan siendo todavía repetición idéntica de lo que llevamos viviendo meses? ¿Se ha parado el tiempo en Lleida? ¿Qué se ha parado? ¿Nosotros?
Sí representa cierta novedad el caso del llamado "aniversario", el de los veinte invitados y los veinte contagios. No ha fallado ni uno. Les deseo pronta recuperación a todos, pero...
¿Hacia dónde vamos? La proliferación de fiestas estos días, de botellones a cumpleaños, revela una forma de cultura imprudente y puede que hasta desafiante, dado el clima político con el que se ha cargado el confinamiento y su contrapartida, la desescalada.


Una cosa es criticar al gobierno y otra la estupidez de pensar que ser contrario políticamente significa hacer lo contrario sanitariamente, por decirlo así. Es la estupidez que vemos en una parte de los Estados Unidos de Trump, mentalidad de donde provienen estas maneras, donde no llevar mascarilla es un gesto político... un gesto estúpido y peligroso. ¿Vamos a llegar a la conclusión que existe una "estupidez de derechas" y otra "de izquierdas"? ¿Hasta en eso es difícil coincidir?
Uno es muy libre de ser idiota, pero en una situación de contagio, la idiotez la pagan los demás. Los veinte celebrantes del aniversario no podían esperar a cantar el "cumpleaños feliz" y ahora los veinte tienen una cuarentena por delante y esperemos que no tengan que volver a reunirse por motivos más tristes.


La televisión nacional nos mostraba imágenes de un entierro de un motorista, con un incumplimiento absoluto de todas las normas más elementales. La explicación sociológica, por decirlo así, es que era "un motero muy querido" y que los moteros..., ya se sabe, Easy Rider y todo eso. El entierro era una auténtica fiesta. Seguro que el difunto no lo agradece. Pero hay cierta narrativa de fondo con el estereotipo del motero como rebelde de la carretera, como forma de vida, como amistad profunda, un "nosotros somos así y nada puede con nosotros". 
Una de las personas entrevistadas, asistente al concurrido entierro, comentaba que como había "autoridades" en el entierro, dudaba mucho que tomaran medidas. Por supuesto, lo que ocurra en el entierro no se queda en el entierro. Las imágenes serán usadas para hacer ver lo poco seguras que son las medidas de seguridad ahora que todo el mundo pretende ser "ejemplar" en la desescalada y —¡palabrita!— mostrar que se respetan las medidas. Es el turista nacional o internacional el que está en juego.


Las imágenes de nuestros desmadres y alegrías, ya sea en cumpleaños o en entierros, son difundidas como parte de la guerra mundial para evitar que salgas de tu país, reactives la economía de otros y después te tengan que ingresar en la UCI más cercana de tu pueblo, si es que hay sitio. Nadie quiere perder el beneficio y hacerse cargo del gasto. No lo dicen así, pero es así.
Las imágenes de las playas abarrotadas que muestran los medios de otros países (no solo las de España, no hay conspiración contra nosotros, pero sí somos fuertes candidatos al desplazamiento como potencia turística), tienen una doble función: muestran lo que no hay que hacer y donde no hay que ir.
El mundo se ha dividido entre los que piden que les llegue gente y los que no quieren que salga nadie. Nosotros somos de los necesitados de visitas, país estacional, festivo, que mira al cielo para pedir turistas y para comprobar el buen tiempo. La idea de "buen tiempo" ha estado presente en todos los países como un factor peligroso, como una llamada a salir cuando había que quedarse. Con lluvia, la gente se queda en casa; el sol nos manda a la calle o al extranjero.


Se han quitado la mayoría de las medidas de precaución reduciendo hasta el 50% lo que era una especie de undécimo mandamiento, los 15 días de cuarentena. Lo más increíble es cómo los países han negociado entre ellos con el "tú dejas pasar a los míos y yo dejo pasar a los tuyos". Los gobiernos del norte —¡siempre la división norte/sur!— advierten que es mejor quedarse en casa, donde "casa" es su ámbito nacional. Nosotros, los del sur, sonreímos y sonreímos con un aquí no pasa nada institucional. Pero puede pasar, de ahí las dudas sobre si hablar del aumento de casos o del rebrote, como se planteaba en la noticia de RTVE, una cuestión que no es baladí hacia el exterior.
¿Qué efectos tendrán sobre Tenerife, sobre Canarias, el funeral festivo del motero, funeral descarado, del aquí estamos y nos da igual? ¿Pasará como en el aniversario de Lleida, veinte de veinte? En Tenerife eran varios cientos de personas.
En el diario canario Atlántico Hoy, se nos cuenta el caso y también hay que procesarlo con sosiego:

Tras el fallecimiento de un vecino, la corporación, reconocen en la nota de prensa, recibió una solicitud por parte de una asociación de motoristas para rendirle un homenaje. Se permitió –mediante autorización- el acompañamiento del féretro siempre exigiendo el cumplimiento de la normativa, con un número limitado de vehículos, en una zona anexa al cementerio y a la plaza de la Iglesia.
La corporación encargó entonces –en cumplimiento de la normativa para la fase 2- un dispositivo de seguridad para dos entierros que tenían previsto celebrarse ese día en el municipio y la Policía Local acudió e informó en todo momento a los asistentes de la necesidad de tomar las medidas de distanciamiento social para prevenir el contagio de la COVID 19, con el apoyo de AEA.
Según se detalla en el comunicado, desde la corporación se reconoce que fue una situación que se desbordó de forma imprevista y que en todo momento se ha intentado actuar desde el respeto a los familiares del fallecido, sin dejar de velar al mismo tiempo por el cumplimiento estricto de la normativa tal y como han acatado otras personas del municipio desde el inicio del Estado de Alarma. Se lamenta también la molestia que esta situación excepcional pueda haber causado a la ciudadanía, finaliza.**


No acabamos de entender lo que se presenta como un conflicto de intereses, el respeto a los familiares y el cumplimiento de las normas. Lo que está claro es que la falta de respeto es la que han tenido los asistentes. Las normas no iban con ellos. Los avisos de la Policía Municipal parece que nos les importaron mucho. ¿No se pudo regular, hacer que se separaran, controlar la entrada al cementerio, que no es un parque público? ¿Se puede controlar la entrada en unos grandes almacenes y no en un cementerio? O lo más importante: ¿solo se pueden rendir homenajes de esta forma? Porque, en el fondo, es eso lo que está encima de la mesa, nuestra voluntad de ajustarnos a una situación que, nos guste más o menos, es insoslayable: el contagio. Motero, obispo, atleta o vicetiple... carne de contagio.
Por eso es tan peligrosa la deriva política de desafío a la que se está llegando, porque sustenta un clima de justificación de lo que es una imprudencia manifiesta pero se presenta como un acto de libertad frente a supuestas opresiones y derechos que nos roban.


Los que me oprimen y me roban son los que me he encontrado en el supermercado sin mascarillas y no manteniendo la prudencia de los dos metros. Son seres, sí, muy libres y hacen ostentación de ello. Las recomendaciones no van con ellos ni para un cumpleaños ni para un entierro. Los resultados de la libertad en Lleida ya los sabemos, veinte de veinte, ¿sabremos dentro de unos días cómo ha evolucionado, si es "rebrote" o "aumento de casos" lo ocurrido en el municipio tinerfeño? ¿"Rebrote", "nuevos casos", error estadístico, anomalía local...?
Lo ocurrido en el cumpleaños de Lleida es demoledor y debe alejar cualquier metáfora o representación de una situación de debilidad del coronavirus. Está claro que la estupidez y la imprudencia forman parte de la lucha por la supervivencia, ¡pero en nuestra contra!
En estos días se refuerzan los mensajes televisivos con campañas de prudencia tras comprobar que hablar de desescalada y empezar a perder el sentido común es todo uno; que fue mostrar una terraza y desatarse la estampida; que el primer día que se autorizaron las salidas empezaron a producirse los incumplimientos, los botellones, las fiestas domiciliarias; que dices 10 y le añaden un cero...


No puedo verificar si la infame gresca política a la que hemos vuelto —¡eso sí que es normalidad!— contribuye con el mal ejemplo a esta situación. Es más que probable que los ataques a la credibilidad de expertos defenestrados por exceso de uso, al trapicheo político para sacar estados de alarma, etc. estén pesando en la mente de muchos que interpretan mal los signos, olvidando que la inoperancia de algunos no nos exime de velar por nuestra salud y por la ajena. Sabemos lo básico, distancia e higiene. No voy a ofender a nadie dudando de lo segundo, pero sí de lo primero.
Señalaban acertadamente que la gresca política se ha trasladado a la gente, que a las ocho se aplaude a los sanitarios y personas de primera línea, para una hora después —como ya ha ocurrido— liarse a bofetadas en la calle. ¡Se echaba de menos la gresca! Han vuelto a dividirnos. No fallan.
Nos engañábamos con el bonito panorama de cultura para todos en una cuarentena ilustrada, de meditación zen y cultivo de la vida interior. Es probable que a algunos eso de la vida interior les hay sonado a eco siniestro. Lo único que parece importar, y en lo que los medios focalizan, son las terrazas y chiringuitos, las fiestas y saraos. Para salir hemos usado perros, niños y difuntos. Nunca he visto tanta ropa deportiva.


No vamos a dejar un cumpleaños sin celebrar, un difunto sin homenajear, un gol sin cantar cuando se abra la siguiente gran espita, que son los estadios. Van a ser los goles más celebrados de la historia del fútbol. Ruego porque haya mucho empate a cero, aunque haya que amañar los partidos. Me asombra el llanto por la procesión cancelada, por la extinción del toro de lidia a falta de corridas. Seguro que las santas patronas nos perdonarán la falta y no digo nada los toros, que habrán ganado al menos unos días antes de llegar a su destino.
Recordemos que esto empezó con turistas, fútbol y funerales. Y estamos igual que antes. ¿Echaremos de menos el confinamiento como otros echaban de menos el estar "desconfinados"? A este paso, me lo estoy temiendo. 
Me siento el "confinado por desconfiado". Si es triste no celebrar un cumpleaños, más triste es que sea el último que celebras. Si es triste no tener una despedida de esta vida, es más triste que te tengan que despedir a ti. Piensa y actúa con sentido común. No es mucho pedir, aunque si cada vez más difícil de encontrar.


* "Lleida se mantendrá en la Fase 1 tras detectar un rebrote de 187 nuevos contagios" RTVE 26/05/2020 https://www.rtve.es/noticias/20200526/lleida-se-mantendra-fase-1-tras-detectar-rebrote-187-nuevos-contagios/2014944.shtml
** "Un entierro multitudinario en Tenerife se saltó las normas de la desescalada" Atlántico Hoy 27/05/2020 https://atlanticohoy.com/front/post/tag/un-entierro-multitudinario-en-tenerife-se-salta-las-normas-de-la-desescalada

viernes, 15 de mayo de 2020

En busca del olfato y el gusto perdidos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Kirstie Brewer se hacía ayer una buena pregunta desde las páginas de la BBC: Coronavirus: Why hasn't the UK listed loss of smell as a symptom of Covid-19?"* Son muchos los cuestionamientos sobre la política del gobierno de Boris Johnson, pero este va un poco más allá y se refiere a un elemento importante: la determinación de los síntomas que pueden caracterizar a una enfermedad determinada. Podemos desconocer el funcionamiento o las causas de una enfermedad, pero siempre podremos identificar una serie de elementos y asociarlos con una enfermedad. Muchas veces no es sencillo —como ocurre en este caso— porque los síntomas se pueden identificar con otras enfermedades y aplicar medidas poco eficaces o hasta contraproducentes. El trabajo básico es, pues, identificar síntomas comunes para asociarlos con la enfermedad. Se trata de separar la infección de otras posibles, con algunos síntomas similares. Desde el punto exterior de la observación, una enfermedad es un conjunto de síntomas que se manifiestan. A veces, síntomas parecidos se pueden asociar a otras enfermedades, lo que lleva a debates para encontrar elementos más fiables en los cuadros.
Desde el principio se identificaron las fiebres altas y la tos seca como síntomas ante los cuales debíamos pedir ayuda, aislarnos y esperar a que se confirmara nuestra situación. La pérdida del olfato ha sido uno de esos síntomas que se han asociado con el COVID-19. Pero, nos cuenta Kirstie Brewer, en Reino Unido no lo han tenido tan claro:

Government advisers have been considering since March whether to include loss of smell among the criteria for deciding whether someone has Covid-19. Evidence that it is one of the symptoms is already strong and some scientists argue this is now an urgent step, as the lockdown is eased.
At first Dan, 23, dismissed his stuffy nose as hay fever, but when he couldn't taste his beans on toast, he began to worry he had come down with Covid-19.
"I thought something must be up so just to check I poured myself a strong glass of orange squash," says Dan, who works as a respiratory physiotherapist at a West Midlands hospital.
"I just couldn't taste that at all." He tried inhaling a nasal decongestant made with eucalyptus oil and menthol, but couldn't smell that either.
Dan worried that if he did have Covid-19, going into work might have serious consequences. But when he called the NHS helpline, 111, he was told there was no problem as he didn't have a cough or a high temperature.
"They were obviously reading off a script and they said, 'You're good to go back to work,' which I felt a bit funny about," Dan says. "To have suddenly lost my sense of smell and taste when I work with some patients who have coronavirus felt like too much of a coincidence."
Ignoring this advice, he began self-isolating, as did the rest of his family, including his mum, a podiatrist whose clients include vulnerable elderly people, and his sister, an intensive care nurse at a children's hospital.
Meanwhile Dan's manager arranged a coronavirus test for him - and a few days later it came back positive.
"Based on government advice alone, I would have been back at work, going from patient to patient and potentially giving them coronavirus," says Dan.
That was in April, just after the Easter bank holiday, but the advice from 111 and on the NHS website remains the same today. The website mentions only two symptoms, a high temperature and a new continuous cough.
This is frustrating for Ear Nose and Throat consultant Prof Claire Hopkins, president of the British Rhinological Society, who has been arguing for eight weeks that people suddenly losing their sense of smell should be told to self-isolate.*



El caso del no reconocimiento de la pérdida de gusto y olfato (ambos vinculados) con el COVID-19 plantea diversos interrogantes sobre la forma en que se establecen los criterios de identificación. Parece obvio que es menos frecuente la pérdida de esos dos sentidos que los de una fiebre alta o una tos seca, que pueden ser asociados con otras causas. Lo importante es que la pérdida parece ser uno de los síntomas más tempranos, aparece ante que los otros dos.
La reflexión de la persona citada en el caso merece recordarse: sin fiebre o tos, que son síntomas más visibles, le mandaron a trabajar. La tos y la fiebre se hacen más evidentes en un entorno, mientras que la pérdida de gusto y olfato no es identificable a menos que quien lo padece lo diga.


Esta pandemia está enseñando muchas cosas sobre las prioridades y los comportamientos. Se ha visto que determinados países han tomados ciertas prioridades frente a otros. Reino Unido entra en el grupo de que el contagio era "beneficioso", como se encargó de repetir su primer ministro Boris Johnson en las primeras etapas hasta que las estimaciones de los expertos le hicieron ver los riesgos de miles de muertos. El propio Johnson ha pagado en su cuerpo las consecuencias. Pero el mensaje que ha seguido transmitiendo (aunque de manera confusa, sacándole provecho los humoristas con su "go to work-don't go to work") ha seguido siendo hasta hace unos días: "a trabajar todo el que pueda", lo que no deja de ser una enorme ambigüedad frívola. 
¿Quiere decir que sigas trabajando hasta que no te tengas en pie? ¿Que mientras puedas trabajar debes seguir, pese a tener síntomas? ¿Significa que los asintomáticos deben ir al trabajo aunque contagien a los demás? ¿Qué quiere decir que "vaya a trabajar todo el que pueda"? ¿El que pueda trabajar y pueda contagiar qué debe hacer?
El artículo de la BBC señala

First results from the King's College coronavirus tracker app, published on 1 April, found that 59% of users testing positive for Covid-19 reported loss of smell or taste. The latest research from the same team, produced in collaboration with partners in Massachusetts and Nottingham and published in Nature Medicine, found that 65% of the more than 7,000 users of the app who had tested positive for Covid-19 reported loss of smell and taste, compared with just over a fifth of those who tested negative. This, the authors say, suggests that loss of smell - anosmia - is a stronger predictor of Covid-19 than fever.*



Si el primer síntoma en muchos casos, la pérdida de olor y sabor, se elimina como causa, ¿cuántas personas habrán sido infectadas antes de que se manifiesten los primeros síntomas "oficiales", aquellos que sí son reconocidos como causa para no ir al trabajo y aislarse? Una parte importante de la investigación se dirige precisamente a poder detectar lo antes posible los casos, por unas vías u otras. ¿Por qué eliminar en Reino Unido ese síntoma de los protocolos de detección?
El nuevo pacto social es claro: "yo me protejo y tú te proteges". Yo tomo medidas para no infectar y tú lo hace también. No puede ser "yo hago lo que  quiero porque soy libre", que es lo que se gritan los trumpistas armados en el estado de Michigan y en barrio de Salamanca de Madrid en las manifestaciones. Un concepto muy pobre y egoísta el que hace que tu libertad les cueste la vida a los demás. No es lo mismo la libertad de tirarse de un puente, que tirarse desde un puente con gente debajo; eso no es libertad, es asesinato. No es lo mismo "ser libre" que "ser libre de contaminar a otros". Se oyen muchas tonterías sobre el constitucionalismo y los derechos constitucionales últimamente.


Igualmente no es lo mismo "estar sano" que "no tener síntomas", como nos enseñan los asintomáticos claramente, pero también la BBC al mostrarnos cómo se elimina un síntoma importante en el protocolo.
En la BBC de ayer, con el titular "Coronavirus: How exposed is your job?", se hace una consideración que concuerda con lo dicho:

Millions of workers are doing their day jobs from makeshift set-ups in their living rooms and kitchens, while those in England who can't work from home are now encouraged to go back in if they can do so safely.
But how exposed to coronavirus might you be in your job? And how does that compare to others?
Data from the UK's Office for National Statistics, based on a US survey, puts into context the risk of exposure to disease, as well as the amount of close human contact workers had before social distancing and other safety measures were introduced.**

Cada uno puede ingresar su profesión o aproximada para saber qué riesgo tiene. La verdad es que es demasiado genérica e incurre en un error general: trabajar no es el riesgo, sino las condiciones del trabajo, que son muy diferentes incluso en las mismas profesiones, y además que el "trabajo" es un acto integral que incluye un factor determinante, los desplazamientos.
La obsesión con relacionar el trabajo con la enfermedad da una sensación de seguridad que es peligrosa. La enfermedad no es una cuestión "laboral", como caerse de un andamio, que se evita con redes o correas o poniéndose un casco. Es la combinación del movimiento, la distancia y las redes de contactos. Es este factor último, la relación con los otros (y con sus huellas), lo que determina el riesgo. Por eso el aislamiento es esencial y cuanto antes mejor. De ahí la gravedad de ignorar los síntomas tempranos, que nos llevaría a contaminar espacios al ser transmisores.
En la situación actual, la responsabilidad de las personas es tan alta como la de las instituciones. Pero son las instituciones las que deben orientar claramente para que los ciudadanos podamos seguir las pautas con la garantía de que son nuestras vidas las que les importan en primer término. Cuando se duda de cuál es la prioridad, malo.
La BBC publicaba  anteriormente en tan fecha temprana como el primero de abril sobre la relación entre la pérdida del olfato y el COVID-19 encontrada por investigadores británicos: "Coronavirus: Are loss of smell and taste key symptoms?" 1 de abril, por Michelle Roberts, editora de Salud. Sin embargo, la idea de poder trabajar, aunque fuera infectando gente era prioritaria en ese momento. Era a lo que se referían en el artículo de ayer, mes y medio después, muchos días, muchos contagios y muchos muertos.


Los que reclaman "libertad" la pueden vivir en su soledad o conjunta, pero que se mantengan a distancia de los que tienen un sentido más responsable o comunal. El no contagiarse es algo más que un derecho: es un deber desde el momento en el que vivimos en sociedad.
Se está importando desde la derecha populista norteamericana un concepto estúpido, agresivo e insolidario, que se califica de forma apropiada por el lucimiento de esvásticas entre sus propias banderas, de exhibición de biblias por carentes de caridad, etc. Recuerdo la petición de que los trabajadores pasaran sus cuarentenas en las fábricas, que fueran confinados unos y otros porque la economía debía continuar. De esta forma, se argüía, no se para la economía, viven igual de hacinados y mantienen sus puestos de trabajo. El que no es bueno es porque no quiere.
Usted puede mirar en la BBC los riesgos de su profesión, pero los riesgos son los de sus compañeros, clientes o proveedores. Este riesgo es en los dos sentidos. Por grande o pequeña que sea mi oficina, tienda o departamento, lo importante es que los que pasan por allí confíen en que yo tomo medidas y que ellos las tomen es importante para mí. Por eso hay tanta irritación por el hecho de que los que no han tenido más remedio que jugarse la vida por nosotros debido a sus profesiones de primera y segunda línea no hayan podido contar con el material adecuado y suficiente. Eso estará siempre en el haber negativo de los responsables irresponsables, que los tenemos de todos los colores y discursos.
13 de abril 2020

Nada hay peor que el egoísmo del irresponsable. Nada es más infame que disfrazarlo de libertad y envolverlo con bellas palabras o banderas para ocultarlo. El COVID-19 nos hace oscilar pendularmente entre el drama y el vodevil, entre la tragedia humana y la astracanada, entre lo ejemplar y el tartufismo. Deja al descubierto la nobleza y, a la vez, las bajezas infames del egoísmo.



* Kirstie Brewer "Coronavirus: Why hasn't the UK listed loss of smell as a symptom of Covid-19?" BBC 14/05/2020  https://www.bbc.com/news/stories-52638382
** "Coronavirus: How exposed is your job?" BBC 14/05/2020 https://www.bbc.com/news/uk-52637008


26 de marzo 2020