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viernes, 8 de mayo de 2020

La muerte llega a Michigan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Donald Trump puede estar ya satisfecho, quizá hasta orgulloso. Sus palabras sobre la "liberación de los estados" ya se han hecho realidad, una realidad sangrienta. Los "warriors" que reclamaba hace un par de días ya han tomado las armas y se disponen a la lucha, a conquistar la libertad que la constitución les concede y los gobiernos les quieren quitar, según rezan sus pancartas y expresan sus gritos.
Y tenía que pasar. Escribimos hace unos días que era cuestión de tiempo que se derramara sangre, que no es bueno ir a las manifestaciones exhibiendo las armas, otro "derecho" que muchos norteamericanos consideran como parte esencial de su "libertad" y, tenía que pasar, las libertades hay que ejercerlas.
Algo así es lo que ha ocurrido en Michigan. El lugar es importante porque fue hacia ese estado donde Trump apuntó su dedo profético, acusador. "La mujer de Michigan", dijo en equilibrio entre su machismo irreductible y su percepción de que la gobernadora, Gretchen Whitmer, podría acompañar a Joe Biden en su carrera por la presidencia en otoño. Michigan, sí, debía ser el sitio que recalentar, allí donde los manifestantes actuaran de forma contundente y ruidosa, visible, para que se percibiera el estado como un lugar de ataque a las libertades civiles, un espacio de tiranía y opresión contra el que los verdaderos americanos debían salir a luchar por sus derechos pisoteados por los izquierdistas demócratas.


La CNN ayer titulaba "Three family members charged in shooting death of security guard who told a customer to put on a face mask" y nos contaba el triste y previsible caso:

Three family members have been charged in the killing of a security guard who told a customer at a Michigan Family Dollar store to wear a state-mandated face mask, officials said on Monday.
Calvin Munerlyn, 43, died at a Flint hospital after he was shot in the head Friday, said Michigan State Police Lt. David Kaiser.
Ramonyea Travon Bishop, 23, Larry Edward Teague, 44, and Sharmel Lashe Teague, 45, have been charged with first-degree premeditated murder, along with other charges, the Genesee County Prosecutor's Office said in a statement on Monday.
Sharmel and Larry Teague are married, and Bishop is Sharmel's son, according to the prosecutor's office.
"From all indications, Mr. Munerlyn was simply doing his job in upholding the Governor's Executive Order related to the COVID-19 pandemic for the safety of store employees and customers," Genesee County Prosecutor David Leyton said in the statement.
Munerlyn got into a verbal altercation with Sharmel Teague after telling Teague's daughter she needed a mask, according to the prosecutor's office. Surveillance video confirms the incident, Leyton said.
Sharmel Teague's daughter left the store, but "Teague began yelling at Munerlyn who then told her to leave the store and instructed a cashier not to serve her," the prosecutor's office said.
Under an executive order from Michigan Gov. Gretchen Whitmer, all retail employees and customers have to wear a mask.
Footage also shows that immediately after the altercation, the woman left in an SUV. But about 20 minutes later, the SUV returned.
Two men -- identified as Bishop and Larry Teague -- entered the store, according to the statement. One of them yelled at Munerlyn about disrespecting his wife, Leyton said. The other man, later identified as Bishop, then allegedly shot the security guard, the statement said.
"This is senseless. Over a mask. Over a mask?" Munerlyn's cousin, Tina James, told CNN affiliate WJRT. "This is not the way to do things right now. We need to come together."*


Sí, un sinsentido que hay que entender en su frialdad superior, la provocación, la incitación desde la presidencia de los Estados Unidos a "liberar" los estados de gobernadores opresores. Desde el momento en que Trump escribió en sus tuits, "liberad los estados" se hizo responsable de lo que comenzó a ocurrir, la violencia contra las instituciones y las personas.
La violencia ha ido creciendo. Las denuncias de días pasados, incluso entre los republicanos, por la exhibición de banderas con esvásticas ante las instituciones estatales. La imagen del personal sanitario, con ropa de faena y mascarilla, en silencio, frente a unos vociferantes manifestantes que les gritan a pocos centímetros de sus caras simplemente para demostrar que no respetan las distancias de seguridad ni las normas. La "sensatez" ha sido declarada antiamericana. Es muy significativo.
Lo que no tiene sentido no es previsible, pero esto sí lo era, lo que muestra que es parte de una secuencia, es una consecuencia. Y el origen nos lleva hasta Trump y los que repiten sus máximas desintegradoras de la sociedad americana. Esa unidad que se reclama desde el sentido común, es también "antiamericana".


Hace unos días escribían sobre cómo la mascarilla se había convertido en un símbolo político. Llevarla implica que eres un enemigo de las libertades, antiamericano, izquierdista. No llevarla, por el contrario, te convierte en un héroe americano, en un patriota que acepta que Dios está de nuestro lado, que Dios bendice a América, hogar del valor y el orgullo. Tomar las armas y dejar claro que no  aceptas las normas antiamericanas es un gesto de "americanidad" que excluye y niega a los otros el derecho a ser "americanos". La parafernalia absorbente de las banderas, de los colores e himnos no es más que un mecanismo fascista y faccioso de negación de los otros, de su realidad y derecho.
La muerte del guarda jurado que dijo que era obligatorio usar máscara en el reciento ha sido lo que causó su muerte. Regresaron armados y le mataron. No es necesario preguntarse "¿por qué?" por más que la respuesta sea clara. Pero es su propia simpleza absurda lo que hace que lo entendamos pero nos resistamos a considerar que se pueda acabar con la vida de otro por esto. Por eso hay que dirigirse al fondo del proceso que te hace pensar en que eso es un acto heroico. El que no lo entiende no lo va a entender nunca; el que lo hace, en cambio, lo ve con claridad cristalina.


Pero la CNN nos deja también otro incidente en Michigan. El titular es "A Dollar Tree worker told a man he needed a mask, so he wiped his face on her shirt, police say". Esta vez tenemos las imágenes captadas por las cámaras del Dollar Tree, de nuevo en el estado marcado por Trump:

Police in Holly, Michigan, have arrested a 68-year-old man on assault charges after he entered a Dollar Tree on Saturday and wiped his face on an employee's shirt.
Holly Police Chief Jerry Narsh said the man entered the store at around 1:30 p.m. Saturday without a mask, despite an executive order in the state requiring patrons in enclosed public spaces to wear one at all times.
Rex Howard Gomoll of Linden faces misdemeanor charges of assault and battery, Jessica Cooper, the Oakland County prosecutor, told CNN.
Security camera footage inside the store released by police shows a man wiping his face on an employee's shirt. According to police, the employee had told the man he needed to wear a face mask to remain in the store.
He responded by saying, "Here, I'll just use this as a mask," before wiping his nose and face on the shirt, leaving behind "bodily fluids," Narsh said.
The employee was the only person the man came in contact with while at the Dollar Tree, Narsh said, who also said the man made other comments and was loud and disruptive until leaving.**



La soberbia y el machismo humillante del agresor muestran un estado mental de desafío que es revelador. Los dos casos son variantes con distinto grado de violencia física pero con el mismo fondo desafiante. Están "liberando" su estado. En ambos casos lo que se muestra es la rebelión contra la autoridad —un guardia de un establecimiento, una dependiente— por cotidiana que esta sea. Se trata de demostrar que son irreductibles, que las órdenes no van con ellos, que la fuerza es su ley. Es volver al espíritu de la ciudad sin ley, a la pradera, a la ley del más fuerte. Lo que se opone es la ley a la anarquía violenta que rechaza cualquier autoridad. No están reclamando "derechos"; están imponiendo su voluntad mediante la fuerza.
Es el efecto Trump. Es la reproducción de lo que Donald Trump lleva haciendo desde hace tres largos años en los Estados Unidos y en el mundo, ignorando los acuerdos e imponiendo su propia voluntad en los foros internacionales, demostrando que el orden no es suyo, sino que es él quien impone el orden a su voluntad.


Matar al vigilante, limpiarse la cara con la camiseta de la dependienta son dos gestos reveladores en su prepotencia y en su desprecio de personas, instituciones y normas sociales o legales. Es el desprecio, la negación del otro y de los otros, de lo común.
La viuda del vigilante asesinado por esa familia tan celosa de su derecho a incumplir las normas lo ha expresado a Don Lemon en CNN: «"That was senseless and stupid. And now my babies (are) without a father for the rest of their life," Latryna Munerlyn said.»***


Sí, es la triste realidad hacia la que van los Estados Unidos de Trump. Estúpido y sinsentido. Mientras, en la Casa Blanca el empático presidente ve sus programas favoritos en la televisón, envuelto en su bata blanca.
¿Podrá el país despertar? ¿Podrá superar las profundas brechas que el mandato de Trump ha hecho aflorar y que aprovecha para sus estrategias de división, de creación del odio y el enfrentamiento? No es la primera vez que las palabras de incitación al odio o a la violencia de Trump causan muertes. Ya hubo quien bajo a El Paso a "matar mejicanos", para contribuir patrióticamente a la eliminación de los enemigos. Ahora los enemigos están en casa, "disfrazados" de americanos, de vecinos, de empleados.
Michigan es el punto elegido para exacerbar la violencia encrespando los ánimos, produciendo el enfrentamiento con las instituciones o cualquiera que represente las normas de la forma más humilde.  De la gobernadora Whitmer a la humilde dependienta, estos armados de banderas y armas, sin más razón que sus gritos, amenazas e insultos, van convirtiendo en "frontera" el espacio cívico. Habrá que agradecérselo al presidente.



* "Three family members charged in shooting death of security guard who told a customer to put on a face mask" CNN 5/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/04/us/michigan-security-guard-mask-killing-trnd/index.html
** "A Dollar Tree worker told a man he needed a mask, so he wiped his face on her shirt, police say" CNN 5/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/05/us/dollar-tree-wiping-face-trnd/index.html
*** "A security guard was shot after telling a customer to wear a face mask, officials say. His widow calls the killing 'senseless and stupid'" CNN 6/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/06/us/security-guard-shot-mask-wife/index.html




lunes, 27 de agosto de 2018

Los muros que nos encierran

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de los elementos más preocupantes de la actual situación de la política mundial es el radicalismo creciente. Las causas pueden ser muy diferentes y complejas —políticas, religiosas, económicas...—, pero los resultados, el enfrentamiento social, es el mismo, con el crecimiento de la inestabilidad, los enfrentamientos y el malestar general como efectos más visibles. Hoy no nos sentimos a gusto en nuestros entornos, en los que percibimos constantemente una violencia, latente o manifiesta, —con explosiones de grupos o de individuos—, una falta de diálogo, una constante revisión buscando en el pasado causas de enfrentamiento, etc.
Los problemas se suceden unos a otros y la gente pierde la esperanza de que se puedan solucionar. Solo se cambia de problema para poder seguir manteniendo tensiones y discursos. Para ello se recurre al futuro apocalíptico o al pasado tenebroso. Todo vale para actuar en el presente. Esa crispación constante es el resultado de llevarnos hacia la ira, la indignación como estado receptivo y energía constante.
La política populista, ya generalizada, se hace distrayendo con este tipo de acciones que arrastran pasiones contra otros, a los que se estigmatiza. Estos pueden ser inmigrantes, miembros de otra religión, partido político o etnia, etc. hacia los que se dirigen los problemas.


Un vídeo de la BBC trata sobre el descontento de los iraníes*, de su falta de esperanza en el futuro. Se ha confeccionado con llamadas desde Irán, personas explicando el malestar. Cada que tenemos, explican, el responsable es el "enemigo", ya sea la subida de los precios, las carencias de productos, la lluvia, las manifestaciones, etc. Siempre hay un "enemigo" al que responsabilizar. La carencia de forma de ese "enemigo" hace que la idea sea ajustable a las situaciones variadas.
Cuando hablamos de Egipto, es frecuente que hablemos de si propio "enemigo", un conglomerado que oscila entre unos conspiradores indefinidos, los Hermanos Musulmanes y unos países, entre los que se encuentran Qatar, Turquía, Irán y en muchas ocasiones, los Estados Unidos, su principal financiador militar y económico. El gobierno responsabiliza a ese "enemigo" de cualquier cosa y todos los que se le oponen o critican forman parte del enemigo global.


Los Estados Unidos de Donald Trump tiene también sus propios enemigos. Los hay exteriores recurrentes (China, Rusia, Corea, Irán...), circunstanciales (Turquía, la Unión Europea, México, Canadá...) y los hay interiores, mayormente los demócratas, las feministas y, gran honor, la prensa, declarada oficialmente "enemiga del pueblo" por el presidente. A su vez, están los enemigos internos históricos, es decir, los presidentes anteriores, responsable de que todo esté mal y excusa para cambiarlo todo (ObamaCare) o renegociar los tratados (comerciales, cambio climático, Irán, la OTAN...).
Todo esto hace que crezca la inseguridad en los países. Se enfrentan a enemigos reales o imaginarios, los que existen en la realidad y los que se vocean desde los exaltados discursos políticos o los titulares llamativos de la prensa. Los medios más serios se han contagiado del sensacionalismo del enemigo. Saben que los lectores, las audiencias, se sienten atraídas por el miedo y la inseguridad. La publicidad misma juega con el miedo a los enemigos buscando atraer a sus clientes y consumidores.
Todo ello va en detrimento de la convivencia y de la democracia misma, la mejor herramienta para la convivencia que hemos inventado. Si el diálogo es la forma de reducir tensiones, de aproximarse y entender al otro, lo que se está fomentando va en la dirección contraria. Los asesores de comunicación de los políticos endurecen sus discursos para fomentar el enfrentamiento radicalizando las posturas.


En Europa y en Estados Unidos esto ha traído unos gobernantes broncos, insultantes y que tienen a gala no hacer uso de lo "políticamente correcto", según afirman en cada intervención. Ellos dicen la "verdad" al pueblo porque son el "pueblo". Y el pueblo les valora porque hacen suyas sus peores instintos. Lejos de civilizar, son ejemplos de intransigencia. Trump es la culminación de este estilo que vemos repetirse en muchos lugares.
Creo que es interesante releer el texto ·Retóricas de la intransigencia", obra de Albert Hirschman, escrito en 1991, es decir, tras la caída del muro de Berlín. Hirschman plantea en esos momentos de euforia de la democracia frente al bloque soviético, el enemigo, los peligros que se avecinan:

La inquietante experiencia de verse excluido, no sólo de las opiniones sino de toda la experiencia vital de un gran número de nuestros contemporáneos, es en efecto característica de las sociedades democráticas modernas. En estos días de celebración universal del modelo democrático puede parecer mezquino explayarse en las deficiencias del funcionamiento de las democracias occidentales. Pero es precisamente el derrumbe espectacular y regocijante de ciertos muros lo que llama la atención respecto a los que siguen intactos o a las brechas que se profundizan. Hay uno entre ellos que puede encontrarse a menudo en las democracias más avanzadas: la sistemática falta de comunicación entre grupos de ciudadanos, como liberales y conservadores, progresistas y reaccionarios. La consecuente separación mutua entre esos grandes grupos me parece más preocupante que el aislamiento de individuos anómicos en la "sociedad de masas" al que tanto bombo han dado los sociólogos.
Curiosamente, la estabilidad misma y el funcionamiento adecuado de una sociedad democrática depende de que sus ciudadanos se organicen en unos pocos grupos importantes (idealmente dos), definidos de manera clara, que sostengan opiniones diferentes en cuestiones centrales de política. Puede suceder que esos grupos se amurallen unos frente a otros; en este sentido, la democracia genera de modo continuo sus propios muros. Como el proceso se alimenta de sí mismo, cada grupo, en algún momento, se preguntará a propósito del otro, con asombro y a veces con mutua aversión: "¿cómo han llegado a ser así?". 6-7



Es difícil describir mejor la situación actual de los Estados Unidos, con "muro" incluido. Mientras se investiga la participación rusa en las elecciones norteamericanas y el grado de conocimiento de los implicados, la barrera se establece esta vez dentro del país, en donde se han elevado todo tipo de muros invisibles: lenguas, razas, ideas, religiones... Todo es ahora división. Los enemigos que preocupan ahora se encuentran en casa. Es lo que advierte Trump, incluso ha llegado a señalar que los rusos podrían estar ayudando a los demócratas para alejarle de la casa Blanca. Es difícil mayor ejercicio de cinismo y desvergüenza. Pero todo vale en este planteamiento del miedo y el recelo; todo vale para dividir.
The Guardian

La división social es muy rentable pues suele crear unos vínculos de no retorno., es decir, una integración absoluta en el bando al que se pertenece. El vínculo que se crea es difícil de romper incluso (o especialmente) para los propios sujetos, que pierden la capacidad crítica y son arrastrados hacia ese punto. Una vez allí, se puede creer cualquier cosa con solo ser insinuada por parte de los líderes o del grupo mismo que busca reforzarse con esos sentimientos dobles, positivos y acríticos hacia el liderazgo, y negativos para los que queden estigmatizados dentro del concepto de "enemigos".
La obra de Hirschman, que ya contemplaba la división entonces de los norteamericanos y el ascenso de la intransigencia como peligro para las democracias, merece ser leída y tomada como base para el análisis de la situación actual.
Las dictaduras han usado siempre el miedo para justificarse; la situación de las democracias es la preocupante. Si unas y otras actúan de la misma manera, levantando muros y dividiendo a la sociedad, ¿qué esperanza queda? Si el fin del gobiernos es solo mantener el poder y no la convivencia en el tiempo, reducir discrepancias y una política de convergencia, ¿hacia dónde nos lleva?

Hirschman tuvo que huir de su Alemana natal en 1931 por la llegada de Hitler al poder. Se alistó en las Brigadas Internacionales para luchar en España, otro ejemplo de intransigencia. Acabó siendo un especialista en Economía Política, con especial dedicación a Latinoamérica. Se alejo de los meros números para intentar comprender el comportamiento desde la psicología y la sociología, por lo que comprendió que lo que leemos en el papel se da antes o después en la vida. Inventamos al enemigo y salimos a buscarlo. Al final lo encontramos. Por esos los juegos en los discursos son tan peligrosos. Como si de un hechizo se tratara, el enemigo se acaba manifestando.
Los muros que levantamos por el mundo tienen sus consecuencias psicológicas. Las tuvieron en Alemania y las tendrán allí donde se levante con miedo, con odio o con las dos cosas. Los muros visibles son solo una parte. Lo peor son los invisibles porque sus ladrillos son de miedos y odios. Esos muros ya no son tan fáciles de derribar.


* "Iran gripped by despair as country faces economic turmoil, drought" BBC 27/08/2019 https://www.bbc.com/news/av/world-middle-east-45301533/iran-gripped-by-despair-as-country-faces-economic-turmoil-drought
** Albert Hirschman (1991). Retóricas de la intransigencia. FCE.