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viernes, 17 de octubre de 2025

Sobre la libertad académica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es, dentro de la siempre interesante sección "Una mirada europea", en la que se traducen al español artículos aparecidos en diversos países del entorno comunitario, se ha publicado un texto de gran interés dedicado a un tema delicado, pero que es urgente revisar por lo que afecta al conjunto de nuestra sociedad, aunque no se sea consciente de ello. Me refiero al artículo firmado por Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia"*, publicado el día 15 de este mes e incorporado a la sección señalada de RTVE. 

Puede parecer que el problema de la "libertad académica" es un problema que atañe a los "académicos", pero la realidad es muy otra. Lo que está ocurriendo en Francia no es muy diferente de la corriente que, salidas de los Estados Unidos, se expanden por el mundo y tratan de recortar y silenciar las voces que desde el ámbito académico tratan de dejar en evidencia ideas, teorías y programas que no solo van contra la lógica y la historia, sino contra el conocimiento científico, oponiéndole dogmas y eliminado cualquier asomo de crítica, una fuerza esencial para una ciencia que avanza gracias a la libertad de investigación, publicación, etc.. Las fuerzas con estos programas según van llegando al poder se esfuerzan por reducir las libertades de los investigadores, declarando zonas o temas, áreas como tabú, eliminando financiación e instituciones.

Es justo esto lo que ha hecho el trumpismo desde que ha llegado al poder y de lo que se ha ido contando en sus avances. Poner, por ejemplo, a un anti vacunas al frente de las instituciones de la Salud del estado ya es una declaración de guerra contra la ciencias y contra la salud de los norteamericanos. Desgraciadamente el ejemplo ha cundido y es lo que están haciendo los que llegan al poder en distintos países.

En el caso francés que se nos cuenta existen diferentes formas de actuación. Las autoras del artículo explican: 

La libertad académica de los investigadores está cada vez más amenazada en Francia, según un informe titulado "Defender y promover la libertad académica", redactado para France Universités por Stéphanie Balme, Directora del Centre de recherches internationales de Sciences Po, y revelado por franceinfo el miércoles 15 de octubre.

Si bien estas amenazas han sido noticia en Estados Unidos, con recortes en las becas para estudios sobre determinados temas, ahora afectan a Francia, según el autor. Lanzado a principios de 2024, a iniciativa de los representantes de las universidades francesas, el denso estudio se centra en la libertad académica. La libertad académica "es un derecho fundamental reconocido a todo el personal de la enseñanza superior y de la investigación", explica Stéphanie Balme. Esta libertad "les garantiza la libertad de pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir, libres de cualquier injerencia, ya sea política-ideológica o económica", explica.

Salvo que, para Stéphanie Balme, basándose en un corpus de reflexiones procedentes de foros, debates y legislaciones recientes, en el espacio de unos pocos meses del año 2025, "la situación de la libertad académica se ha deteriorado claramente, hasta el punto de que es razonable prever un empeoramiento de esta tendencia en los próximos años".* 


Como se señala, la libertad académica implica "pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir· sin presiones exteriores, condicionamientos, recortes, etc. No hay "narcisismo" en ello, sino una necesidad vital, algo de lo que posteriormente se beneficia la propia sociedad.

No es solo en Francia, donde no ha llegado la ultraderecha al poder, sino que esta cuestión hace resentirse a la mayor parte de las universidades y sus centros de investigación, incluida España, donde el deterioro de esa libertad es constante en beneficio de una creciente burocracia que controla y asigna fondos, que crea plazas con perfiles ad hoc y elimina otras que no convienen a terceros. Como fórmula general, se ha empujado desde el exterior a los docentes e investigadores en direcciones donde los intereses son oscuros. Quien no se somete a esos intereses, difícilmente podrá evolucionar en sus carreras académicas; por el contrario, los que se someten a los intereses progresan y refuerzan el sistema aumentando las presiones.

En el artículo, al recoger el informe citado, se citan las principales amenazas, las provenientes del sector privado, del mundo empresarial:

El informe señala como principal amenaza el aumento de los "procedimientos de amordazamiento". Por ejemplo, cuando "empresas o grupos privados impugnan el contenido de una investigación académica", impidiendo al investigador en cuestión publicar su trabajo, mediante presiones o actos de intimidación, explica Stéphanie Balme a franceinfo. "El objetivo es silenciar al investigador", explica.

Estas amenazas también pueden dar lugar a recortes en la financiación de la investigación o las becas de doctorado por parte de agentes privados, e incluso de las autoridades locales, con el pretexto de contenidos considerados "sensibles o controvertidos".*


Esto, de nuevo, no es exclusivo de Francia, sino que se ha extendido a todas aquellas partes en las que el sentido del "ahorro" de las inversiones públicas la fue dejando "liberalmente" en manos de grupos privados. Se ha fomentado durante años esa "colaboración" público-privado que puede funcionar mientras no perjudique a los intereses privados. Si los centros de investigación trabajan para el sector privado, que los financia, este tiene la capacidad de "redirigir" las investigaciones hacia aquello que les interesa y alejarlas de aquello que le perjudica. Por decirlo claramente, se pierde la autonomía que debe tener para poder generar una investigación libre en todas sus dimensiones. Aquí "libertad" no quiere decir "hacer lo que se quiera" sino la capacidad de evaluar libremente aquello que tenga un interés social o científico mayor.

En España, las tesis que se hacen en algunos sectores están sujetas a "confidencialidad", es decir, han sido financiadas por empresas que se benefician de la investigación académica y que excluyen la posibilidad de que puedan acceder públicamente a ellas. Se obtiene así el grado de doctor trabajando para una empresa. Si lo que sale de la investigación les interesa, lo usan en exclusiva; si no es así, se envía a la papelera.

Ese "silenciamiento del investigador" que se señala es un procedimiento frecuente y eficaz. Se financian proyectos que interesan a algunos y no se aceptan los que vayan en otro sentido, por más que pudieran tener interés. Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos con Trump ya es un hecho en la prensa. Los investigadores están emigrando a Europa para dejar de padecer presiones, silenciamientos y recortes en su trabajo.  Las denuncias de las universidades se han hecho públicas y han sido atacadas por ello en sus subvenciones.

Lo que es queja y denuncia en el sistema francés o en Estados Unidos, es aceptación silenciosa en España, no porque se ignore el problema sino por justo lo contrario, por su control del sistema, cuyas instituciones son muchas veces tomadas por ciertos grupos que avanzan en su poder frente a otros que retroceden. No es justo pensar que los problemas vienen siempre de fuera; muchos son resultado de la propia evolución del sistema, de sus dinámicas internas.

En un sistema precario, con financiación limitada y controlado, no es fácil ser independiente o desear serlo. Algunos prefieren la vida tranquila de la aceptación sumisa, que les garantiza estabilidad y control sobre ciertas zonas.

La independencia universitaria, científica, es necesaria. Lo es para una sociedad que debe evolucionar. En estos años se ha procedido a un doble movimiento: aislar la producción científica y la trivialización de la universidad en paralelo a la propia trivialización social. En el artículo francés se habla de ausencia de pensamiento crítico, algo que cada vez importa menos dentro y fuera de la universidad, pero que es esencial para ella.

La decadencia de la cultura, las restricciones a la Ciencia, etc. son variantes de un mismo deseo de control, de imponer sobre los agentes sociales un silencio y una forma de controlar a través de la ignorancia. Lo que ocurre en Francia se expande a otros países del entorno en donde se repiten intenciones y modelos. Necesitamos una visión del conjunto para comprender su alcance y sus efectos.

Sería ingenuo pensar que la universidad puede vivir aislada de mundo exterior y sus defectos. Pero sería desastroso pensar que la universidad no se resiste al deterioro. En Estados Unidos y en Francia al menos vemos movimientos y denuncias.

 

* Una mirada europea: Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia" RTVE.es / Franceinfo 15/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/#masnoticias original: https://www.franceinfo.fr/sciences/baisse-de-financements-ingerences-etrangeres-la-liberte-des-chercheurs-de-plus-en-plus-menacee-en-france_7552582.html

viernes, 24 de noviembre de 2023

Verdaderas investigadoras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer cerramos nuestros dos días de las V Jornadas de Mujeres de 3 Culturas "Aspectos culturales de la Misoginia". El nombre de las Jornadas procede de la variedad de mis alumnas de Doctorado. Ha habido algunos varones en años anteriores, pero desde hace ya unos cuantos años, son mujeres que proceden de China, Egipto, México, el Sáhara. Irán y España. Puedo decir, ajustándome a la más pura realidad, que es lo mejor que me ha podido pasar en mi vida académica y, sin duda, en lo personal. Es una rica experiencia para todos, todos aprendemos de todos y los intercambios son permanentes. Nuestras tesis, la realizadas ya y las que están en curso, son un ejemplo de diversidad y la mayor parte llevan dos marcas, la  de la interculturalidad y la del género, una combinación de gran interés por sus resultados.

Ayer, agotado tras las sesiones maratonianas desde la UCM y las virtuales compartidas con el TEC de Monterrey en México, que ha participado con importantes aportaciones en el programa de la Jornadas, pensaba en la enorme suerte de poder vivir cada año esta experiencia de diversidad cultural y temática, de este capítulo del proceso de formación investigadora, de profundización en el correspondiente tema de cada año.


Por la parte de la UCM, pudimos aprender sobre las raíces culturales que desembocan en la política del hijo único y sus consecuencias en la adopción internacional de niñas chinas (CUI Xiaoning), la introducción del humor femenino en China (LUO, Shan); las representaciones de mujeres asiáticas en el cine norteamericano (WU, Hongling); el tratamiento cinematográfico de la emigración femenina en el mundo árabe (Basant Kamal); la misoginia de Donald Trump a través de los memes (JI, Yuantong); la aplicación de los criterios de belleza masculinos a las mujeres y el sufrimiento que conlleva (WANG, Xiaoling); el tratamiento fotográfico de la misoginia por la española Laia Abril, Premio Nacional de Fotografía (Silvia Belloso); la misoginia en El callejón de los milagros, la novela del Nobel egipcio Naguib Mahfuz, y las variantes usadas en sus adaptaciones cinematográficas en Egipto y México.


Junto a esta aportaciones, las realizadas por el TEC de Monterrey, con sus profesoras sobre el tratamiento misógino de las noticias sobre feminicidios (Maricarmen Fernández Chapou y Carla Maeda); el tratamiento de las identidades misóginas (Ileana Delgado); sobre la construcción de espacios libres de misoginia en el ámbito universitario (Mildred P. Mendoza) y un estudio de la construcción de la identidad femenina en la obra literaria de Guadalupe Amor (Mª Guadalupe Mejía).

A esto hay que añadir la presentación a cargo de la catedrática UCM Asunción Bernárdez y de Anita Fuentes, de la obra Misoginia online: La cultura de la manosfera en el contexto español (ed. Tirant Humanidades 2023), un esfuerzo colectivo resultado de un proyecto de investigación UCM del grupo de estudios feministas.

Gracias a la tecnología, hemos podido reunirnos personas en tres continentes (Asia, América y Europa), en cuatro países (España, China, México, Colombia), algo que nos permite seguir trabajando como grupo a pesar de las distancias. Nos mantenemos unidos durante el año y ahora se ve el esfuerzo en estas Jornadas.

Con una gran cantidad de males, externos e internos, de las Universidades, que ceden a los cantos de sirena del comercialismo, el burocratismo, el individualismo por encima del trabajo conjunto, etc., son momentos como estos los que te reconcilian con el trabajo, con la institución universitaria y con sus fines, algo se que ha perdido o se está perdiendo en beneficio de otros que nos llevan a los peligrosos arrecifes. 

La alegría de trabajar juntos, el compañerismo, el poder compartir esfuerzos e ideas... es algo que debería estar presente cada día. Yo lo agradezco.

Ver a gente joven disfrutando con la investigación, creando caminos y recorriéndolos fuera de lo trillado, buscando un conocimiento ampliado y no reductivo del mundo, intentando dibujar y comprender su complejidad y no realizando esquemáticas reducciones en blanco y negro, es enormemente satisfactorio, gratificante.

Después de muchos años, creo que es esta la tarea real de la Universidad, formar investigadores. Somos docente e investigadores, pero también la síntesis de ambos concepto, que muchas veces concebimos separados. Separarlo es muy peligroso, destructivo.

En mi asignatura del Grado, esa misma mañana, antes del comienzo de las Jornadas, tuvimos un interesante debate para deshacer el equívoco entre lo que es "documentarse" e "investigar". Muchos alumnos de nuestras carreras confunden lo primero con lo segundo. Piensan que con documentarse es suficiente y que con repetir lo existente ya han cumplido. Esto no es así. Lo que se les pide como universitarios no es ser máquinas repetitivas, sino conocer lo existente para poder encontrar lo nuevo, que es lo valioso.

Eso es lo que algunos descubren en sus doctorados, que es algo más que un grado, que un título. Es sobre todo una actitud, una forma de ver el mundo planteándolo como problemas que se pueden resolver, que hay que intentar formular para seguir avanzando.

Lo más satisfactorio de nuestras jornadas es ver cómo cada una de esas ponencias han salido de sus tesis, que el conocimiento que han recogido produce algo nuevo, algo original, un enfoque, una conexión, el dibujo de una serie de puntos que se unen en la cultura y que nos permiten comprender primero y explicar después. Hemos tenido así, en conjunto, una visión múltiple de un problema, la misoginia, una visión intercultural e histórica que conecta el pasado con el presente, el principio filosófico de una traducción con su plasmación en aspectos de la cultura popular o de las políticas gubernamentales. Comprendemos conectando y no reduciendo.

Mi mayor satisfacción (y la de ellas) fue escuchar de personas externas, de gente del mundo académico, la expresión "¡qué interesante!". Es la frase que revela el sentido del trabajo del investigador, despertar el interés es algo que requiere novedad y, por supuesto, coherencia, los dos factores que se han de combinar. Investigar es dar sentido a lo nuevo, a lo que estaba ahí, esperando una explicación, una definición.

Quiero hacer pública mi satisfacción personal y académica por ese trabajo que explicaron a los demás, resultado de muchas horas, días y años (algunas terminan sus tesis este curso, otras ya eran doctoras y profesoras en diversas universidades). Muchas veces el trabajo largo se condensa en unos pocos minutos, pero esa es otra capacidad que los investigadores deben tener. Como investigadoras, además han introducido una perspectiva de género, estableciendo una visión necesaria para cambiar algo, la sociedad.

Gracias a nuestra Vicedecana de Política Científica y Doctorado, Dimitrina Jivkova Semova, que nos apoyó con su presencia en la inauguración y cuyas palabras sirvieron de impulso para estos dos días de trabajo. ¡Gracias!

Gracias también al TEC de Monterrey por esta forma colaborativa de trabajo, de intercambio de saberes y experiencias.

En Ciencias Sociales y Humanidades nos empeñamos muchas veces en trabajar como si estuviéramos en los campos de la Física. No es así. La finalidad de la investigación en nuestros campos es la Cultura, comprendernos a nosotros mismos para tratar de mejorar, para comprender nuestros problemas y fallos sociales. Por eso es tan triste el cerco realizado a nuestras publicaciones académicas en el "mundo exterior", esa comunicación entre pares y la penalización de la divulgación, entendida como intentar mejorar el conocimiento que la sociedad debe tener de sí misma. Hoy, que vivimos en tiempos de incultura y trivialidad extremas, es más necesario que nunca que esta investigación que explica nuestras carencias, nuestros lastres, nuestros errores perceptivos, etc. salga a la luz.

Por eso trataremos de que lo dicho en estas Jornadas salga a la luz, algo que también forma parte del ideario investigador. No para que nos den "puntos", enfoque utilitarista y burocrático del asunto, sino para que la sociedad se conozca mejor a sí misma.

Enhorabuena a Xiaoning, Shan, Hongling, Basant, Yuantong, Xiaoling, Silvia, Asmaa. Sois verdaderas investigadoras. Trabajáis para conocer, para saber y para mejorar el mundo que os rodea. 

Me siento muy orgulloso de vuestro trabajo, del esfuerzo personal y académico realizado y del que las Jornadas han sido un ejemplo y una prueba salvada sobre lo que se puede hacer, en el camino que nunca se detiene de la investigación. No es la primera vez ni será la última. Este año ha sido especialmente gratificante. Seguid adelante. Estáis en el buen camino y lo habéis descubierto al dar forma a lo que ya sabéis en esas valiosas ponencias.

¡Gracias y enhorabuena!

Vuestro orgulloso "profe".

viernes, 6 de octubre de 2023

La investigación y el deseo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Releyendo los ensayos completos de Roland Barthes aparecidos en la revista Communications, recogidos con el título "Un mensaje sin código" (Ediciones Godot, Buenos Aires, Argentina 2017), me encuentro, muy al final del volumen, pasadas ya las 340 pp, con un breve texto titulado "Jóvenes investigadores" que sirvió de presentación al número 19, de junio de 1972, titulado "Le texte: de la Théorie à la recherche" (pp.1-5).

El tiempo ha pasado pero la actualidad del texto es máxima porque desde esa fecha la investigación, la vida universitaria en sí, se ha vuelto un callejón sin salida, un laberinto burocrático en el que importa todo menos lo que se dice e importa todavía menos lo que se siente, algo que parece que solo está destinado a los poetas.

En la célebre revista, escenario de presentación de algunos de los textos más valiosos y revolucionarios en Ciencias Sociales y Humanidades de la época, nos cuenta Barthes que este número es diferente: 

ESTE NÚMERO DE COMMUNICATIONS es distinto: no ha sido concebido para explorar un saber o ilustrar un tema; su unidad, al menos su unidad original, no está dada por su objeto, sino por el grupo de sus autores: todos estudiantes, recientemente comprometidos con la investigación; lo que se ha reunido aquí voluntariamente son los primeros trabajos de jóvenes investigadores, lo suficientemente libres para haber concebido por su cuenta su proyecto de investigación, pero todavía sometidos a una institución, la del doctorado del tercer ciclo. Lo que se explora en estos trabajos es principalmente la investigación misma, o al menos cierta clase de investigación, la que aún está relacionada con el dominio tradicional de las artes y las letras. Esta será la única clase de investigación que abordaremos aquí. (347)

 

Destinar este número a los jóvenes investigadores que se preguntan por el sentido mismo de lo que significa "investigar" es algo que hoy nos cuesta entender ya que son "agencias", "fundaciones", "comités" y todo tipo de organismos los que deciden con mano de hierro lo que pueda ser investigar, los métodos, la valoración de los elementos que se investigan y toda una serie de condicionamientos que se usan no para "saber" más y mejor, sino para reordenar el poder dentro de las áreas creadas. La finalidad de la investigación ya no es "saber", sino repartir, conforme a una serie de criterios considerados "objetivos", los puestos y su jerarquía dentro del campo específico, la financiación, etc.. Se trata pues de cuánto se manda y cuánto se gana. Los que han ascendido con unos protocolos determinados juzgan a los siguientes, a los aspirantes, a seguir subiendo hasta ser habilitados para los últimos peldaños. Desde allí se mira el mundo de otra manera y se tienen nuevos objetivos. El que sigue estos criterios sube, controla y manda; el que no lo hace, queda al margen.

Por eso el texto de Barthes es un respiro, un recordatorio de que el sentido de la investigación no es la reordenación del campo, sino otra cosa muy distinta. Barthes les ha propuesto que se pregunten qué significa "investigar" y es una pregunta que deberíamos seguir haciéndonos hoy.

¿Para qué se forma a un investigador? ¿Qué significa investigar? ¿Qué campos se deben explorar y definir? ¿Dónde está lo "nuevo", qué marca el "horizonte"? Estas y otras más son las preguntas que no se hacen porque ya, se nos dice, están las respuestas en forma de criterios de evaluación que acaban generando lo que en la Ciencia no debería ocurrir, sumisión, rutina, seguir los caminos pautados. Esto simplemente reafirma e ignora la crítica, una función esencial para evitar muchos males. Pero apenas son los que se dedican a criticar el propio sistema por temor a quedar fuera del reparto.

Pero hay un aspecto que señala Barthes en su texto que debemos recordar:

El trabajo (de investigación) debe estar encuadrado en el deseo. De lo contrario, el trabajo es triste, funcional, alienado y está movido por la mera necesidad de aprobar un examen, de obtener un diploma, de asegurarnos una promoción en nuestra carrera. Para que el deseo se insinúe en mi trabajo, es necesario que ese trabajo me sea exigido, no por una colectividad que busca asegurarse de mi labor (de mi esfuerzo) y contabilizar la rentabilidad de las prestaciones que se digna a concederme, sino por una asamblea viviente de lectores en la que pueda oírse el deseo del Otro (y no el control de la Ley). Ahora bien, en nuestra sociedad, en nuestras instituciones, lo que se le pide al estudiante, al joven investigador, al trabajador intelectual, nunca es su deseo: no se le exige que escriba, se le exige que hable (a lo largo de innumerables exposiciones) o que "informe" (previendo controles regulares). (348)

Llevo años intentando que los investigadores que formo comprendan esta idea del placer de la investigación, del deseo. Es el deseo de saber, de conocer, de descubrir, algo que no está reservado solo al placer literario del texto. Barthes señala el mal de la investigación desmotivada y reclama para ella lo que ya definió como el placer del texto.

No se trata de una anarquía que rechace el orden del método. Por el contrario, se trata de una acción que se aleje del poder controlador, de las formas de competencia que transforman la investigación en rutina y en forma de hacer méritos. Todo ello nos aleja de ese "placer", que es el de la investigación misma, y su instrumentalización para fines que se han apoderado del conjunto.

Este año tuve la suerte de ver la alegría de dos jóvenes investigadoras que apenas podían controlar el placer que les había producido desprenderse de todas las presiones que nos desvían de esa alegría investigadora y poder disfrutar de ese descubrimiento. "Después de cuatro años de trabajo", dijo una de ellas, "he podido disfrutar con lo que hecho". Me alegré tremendamente por escuchar eso y me entristecí por todos aquellos que no logran alcanzar ese placer, por aquellos para los que el estudio, investigar, descubrir, construir libremente... ha sido algo inalcanzable.

Barthes lo entendió bien y dio esa oportunidad de placer a aquellos jóvenes investigadores. Valoró la inquietud, el deseo de descubrir. Hoy no es fácil, por no decir otra cosa. Deberíamos preguntarnos alguna vez si no estamos fomentando justamente lo contrario.

Gracias, Barthes.

 

domingo, 2 de abril de 2023

La propuesta de parada de la Inteligencia Artificial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Inteligencia artificial" es una de las expresiones que tenemos cada día en los medios. No hay día que no encontremos algunos titulares sobre ella, sus logros y los que se espera de ella en el futuro, para bien y para mal. Es esta dualidad lo que hace que crezca su presencia mediática y la curiosidad, no exenta de recelo y miedo. ¿Cómo nos afectará la Inteligencia Artificial?

Desde Estados Unidos, Ángel Jiménez de Luis, para el diario El Mundo, titulaba hace unos días: "Elon Musk y Steve Wozniak piden a OpenAI que pare al menos seis meses el desarrollo en inteligencia artificial". En el artículo se nos introduce en esa petición y en sus causas: 

Al dueño de Tesla, Twitter y SpaceX, Elon Musk, y el cofundador de Apple, Steve Wozniak, les quita el sueño el mismo problema. Los últimos avances en inteligencia artificial, en especial el desarrollo de modelos largos de lenguaje, como GPT-4, están produciéndose demasiado rápido y sin ningún tipo de control.

Las consecuencias pueden ser desastrosas para la sociedad. No porque estas inteligencias artificiales vayan a cobrar conciencia de sí mismas y controlar a sus creadores, como en las novelas y películas de ciencia ficción, sino porque amenazan con eliminar millones de trabajos y multiplicar el problema de la desinformación.

Y no son los únicos que piensan así. Más de 1.000 personas incluyendo varios nombres importantes del mundo de la tecnología y la investigación, como el director del Centro de Sistemas Inteligentes de la Universidad de Berkley, Stuart Russell, o el investigador español Ramón López De Mantaras, del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, también están preocupados. Todos han firmado una petición del Instituto para el Futuro de la Vida, una institución sin ánimo de lucro que trata desde hace años de crear un marco regulatorio en torno a la inteligencia artificial. Buscan que OpenAI y otras empresas de inteligencia artificial paren la investigación durante 6 meses para tratar de considerar el impacto que tienen estas herramientas.* 

Es una cierta obviedad que el problema no está en la investigación sino en la aplicación y expansión de los diferentes productos que se están realizando y se lanzan al mercado. Que los creadores de de IA de la empresa OpenAI se paren no quiere decir que se paren las aplicaciones.

En los medios se da de forma natural —ayer mismo en el programa Cámara abierta de RTVE, sin ir más lejos— la idea de la automatización del trabajo de las empresas. Automatización significa que lo que hacen los humanos lo harán las máquinas, es decir, lo que en el artículo llaman directamente "eliminar millones de trabajos". El programa nos mostraba a grupos de personas proponiendo soluciones a lo que es el "problema" real, que haya que pagar sueldos. La maximización del beneficio con la reducción de los costes, especialmente los humanos, y la conversión de la información en mercancía, entre otros factores, hacen que el desarrollo de las AI sean difíciles de frenar ni por seis meses, como piden los firmantes.

Las máquinas siempre han reducido el número de personas. Un programa de TV de ayer mismo sobre cómo se construían los monumentos en Roma nos ofrece otro ejemplo claro: para elevar una piedra de gran tamaño se necesitaban 16 personas. Con una polea, solo necesitaban 8. Con una polea doble, tan solo 4. Se trataba solo de fuerza, de reducir el número de personas, es decir, de bocas que alimentar. Las guerras, por su lado, suministraban la mano de obra, los esclavos.

Cuando comenzó la revolución industrial en el Reino Unido, los nuevos empresarios lograron que la gente fuera a las ciudades, donde estaban las fábricas, mediante el control de la caridad, que estaba ligada a las parroquias. La gente, que dejó de recibir la ayuda parroquial, se tuvo que desplazar a las ciudades para poder conseguir alimento. La lógica del capital siempre ha sido la misma: ganar el máximo con el mínimo.

Hoy tenemos poderosas máquinas. Hasta no hace mucho, eran los seres humanos los que tenían que poner su pericia y dedicación para poder controlarlas. Ahora hemos desarrollado máquinas que controlan a las máquinas, por lo que los seres humanos no somos necesarios ni para fabricar (lo hacen los robots mecánicos) ni para controlar la fabricación (lo hacen diversas formas de inteligencias artificiales). La programación y su control, en diverso grado, son ya hechos desde hace mucho tiempo. De hecho, estamos iniciando cierta vuelta a la artesanía, como forma de diferenciarnos de la máquina y sus productos. Pero es casi testimonial.


La lógica del ahorro y el beneficio se aplica de muy diversas formas, desde el autoservicio (de un restaurante a una gasolinera, pasando por las taquillas de un cine), se ha implantado por todo el mundo. Ahora nos entran ciertos escrúpulos y pedimos que se detenga el avance de la IA por seis meses. Suena incluso ridículo.

¿No saben los que están financiando estas distintas fórmulas y aplicaciones de la IA lo que pueden causar? De sobra. Pero el campo que queda —por ahora— es el diseño de la IA. Digo "por ahora" porque las máquinas ya están capacitadas para aprender, corregirse y —¿por qué no?— desarrollar nuevas formas de inteligencia aplicada a campos de sustitución.

Una doctoranda me decía hace unos días, un poco asustada, que había probado un ChatGPT al que había preguntado cosas sobre su tesis. "—¡Profe, me ha dicho lo mismo que tú!". No sé si era un elogio o una visión triste del futuro de los enseñantes. Si hay "telediagnóstico médico automatizado", ¿por qué no directores de tesis automáticos, gurús algorítmicos capaces de manejar toda la bibliografía sobre un tema en décimas de segundo? Si se nos repite que los programas médicos de IA tienen un error menor al humanos en el diagnóstico, ¿por qué no ir conectado cada día con la máquina que nos supervise y nos diga lo que debemos hacer, de la toma de la pastilla al descanso obligado, que guíe el bisturí cuando haga falta o nos dé un masaje lumbar, por ejemplo? Todo ello es posible sin necesidad de seis meses de trabajo en la IA.

El siglo XIX vio la fallida revolución contra la máquina, la de los admiradores de Ned Ludd, los llamados "luditas". Se dieron cuenta pronto que las máquinas les dejaban fuera del sistema. Luego, ha sido cuestión de tiempo, de desarrollar máquinas que fueran aumentando su capacidad de trabajo, haciendo el trabajo de cada vez más personas. Pero ahora, además de a la producción, es a esa doble vertiente —control e ideación— a lo que nos enfrentamos como sociedades. Cada vez hacen falta menos trabajadores y los que hay, precisamente por la oferta y la demanda, cada vez cobran menos. Cuando se llega a niveles muy bajos, inasumibles por la población, se da entrada a la inmigración a precios menores, como han dejado en evidencia los empresarios de la hostelería andaluza en estos días, amenazando con contratar "marroquíes" ante la falta de trabajadores hispanos, como señalaban diversos medios hace unos días.

Evidentemente esto no solo es una cuestión de Inteligencia Artificial, sino de la falta de inteligencia social, por expresarlo así. Una visión torpe, competitiva y salvaje, asocial, del desarrollo tecnológico, guiada exclusivamente por ese "ahorro y beneficio", llevará a una enorme crisis social por muy diversos factores entrecruzados, en cadena.

La inteligencia se plantea como un gran logro y lo es, pero sus aplicaciones sociales son ya algo distinto. ¿Nos espera, ante la automatización, una nueva forma de resistencia ludita, por llamarla así, a corto o medio plazo? Es más que probable. Conforme los efectos se sigan acumulando, las probabilidades de que ocurra aumentan.

Se irán acumulando problemas. En el sector educativo, por ejemplo, son obvios. Se reduce la fiabilidad de las aportaciones, de los alumnos a los investigadores ante las probabilidades de que lo presentado no sea más que el resultado de una máquina. Ya se han desarrollado chatbots capaces de tomar un trabajo existente y darle las vueltas suficientes como para que no se reconozca la autoría o su existencia previa. Eso llevará a una lucha entre máquinas para ver cuál oculta mejor y cuál detecta mejor las reutilizaciones y los fraudes de plagio. Eso significa que se volverá a los exámenes tradicionales ante la imposibilidad de garantizar la autoría de cualquier texto o, peor, a los exámenes orales con un aumento del estrés, convirtiendo la enseñanza en un sistema policial de vigilancia. Todo el trabajo que se pueda aportar queda bajo sospecha; solo lo que veamos hacer en presencia será fiable. Un indudable retroceso.

Es un simple caso, pero se pueden ver las distintas posibilidades que se abren en todos los ámbitos. Ya no es solo la sustitución. Es también la fiabilidad, la confianza en lo que las personas producen. Hay sectores, evidentemente, que no necesitan de confianza, solo de la producción y les da igual que sea una máquina quien lo haga. Es más barato y rápido, no tienes que pagar a la Seguridad Social ni hay problemas laborales. El único problema es la actualización y el mantenimiento.

Para desgracia de los beneficiarios de todo esto, la vida se sostiene en el mercado y necesitan de compradores, de un público, de demanda. Esto explica las especializaciones de muchos en productos de lujo, ya que van desapareciendo los productos para quienes ganan cada vez menos. Esto —es indudable— beneficia a unos pocos y empobrece a muchos otros.

Esos seis meses solicitados para pensar en el alcance son una especie de brindis al sol. Llevamos mucho tiempo haciendo antes de reflexionar sobre el alcance de lo que hacemos. Mientras aumente el poder de los que actúan beneficiándose de todo esto, es difícil que haya alguna solución. Es difícil que alguien encuentre una solución a lo que no se presenta como problema.

Lo cierto es que muchas de estas aplicaciones están realizadas a sabiendas de lo que harán, de sus efectos, pero ¿a quién le importa? Una vez que es el beneficio personal y no la perspectiva social la que se erige en medida de todas las cosas, lo demás deja de importar.

Los medios nos dan abundante información cada día sobre la "inteligencia artificial", los "algoritmos", etc. pero nadie ve en ello más que admiración sobre lo que se puede hacer y dejar de tener que hacer. A veces se describe un futuro "inteligente" como si fuera el de la Humanidad en su conjunto, obviando que solo participarán de él unos cuantos privilegiados, que creará inmensas bolsas de pobreza y desempleo, con el coste social derivado en términos de vigilancia, protección y represión. Una parte importante de la Inteligencia Artificial crece sobre la idea de vigilancia y control social (del reconocimiento facial a la geolocalización); es por algo. Si cada vez menos pueden hacer más, es claro que se generarán enormes bolsas de descontento y violencia, algo que ya estamos viendo ante nosotros, además de enormes desplazamientos ante la pobreza que se extiende.

Las voces de aviso, con más o menos fundamento, empiezan a sonar ante las crisis actuales del empleo y los desajustes sociales posibles. Sería ingenuo pensar que la idea de "bien común" se impusiera frente a la de "codicia" actual, por lo que los conflictos —de una u otra forma, más tarde o más temprano— se acabarán produciendo. Es difícil escapar a ellos en un sistema de enorme complejidad e interconexión mundial. Por muy beneficiosos empleos que pueda tener —que los tiene—, los elementos negativos tienen efectos mayores y más relacionados. De la formación de las personas (ya ha afectado con el desplazamiento y concentración de conocimientos hacia las máquinas en la educación y formación, un sector siempre infravalorado en sus efectos) a su trabajo, pasando por la medicina o la seguridad y control..., todo ello se verá afectado, ya lo está.

2012

Los medios se llenan de artículos a favor y en contra, inquietantes y tranquilizadores sobre lo que pueda ocurrir. Pero no es necesario ser adivino para entender un proceso que lleva más de dos siglos y con efectos claros. La automatización es la prioridad empresarial y administrativa, dejando la gestión de la pobreza en cada vez un estado más precario. Hoy se hablan de pensiones, futuro, etc. Todo ello tiene que ver con los empleos que se generen. Lo que se genera es muy claro, la automatización no deja lugar a muchas dudas. La inteligencia artificial se desarrolla para aplicarse, como una inversión que se recupera liberando de cargas. La carga es todo aquello que se opone al beneficio particular del que invierte precisamente para ello.

No creo que esos seis meses de parada "técnica" de la IA se produzcan, es más, no creo que sirvieran de mucho. Puede que la IA aprenda, pero nosotros no.  Supeditamos el beneficio a los posibles problemas que se desencadenen. El beneficio es de unos pocos; los problemas los asume la sociedad en su conjunto. 


* Ángel Jiménez de Luis "Elon Musk y Steve Wozniak piden a OpenAI que pare al menos seis meses el desarrollo en inteligencia artificial" El Mundo 29/03/2023 https://www.elmundo.es/tecnologia/2023/03/29/6424535721efa071708b4599.html

domingo, 3 de enero de 2021

La triste realidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El titular de La Vanguardia es como un latigazo: "Grecia, Portugal y Polonia superan a España en I+D y la hunden en la cola europea". En un bosque de lamentos por la vieja "normalidad", el titular nos habla de lo que nadie parece echar en falta en este país solar, "solar de "suelo· y "solar" de "suelo". La combinación de suelo y sol es la que mejor describe nuestra posición y el constante retroceso de nuestras aspiraciones como país. El país del chiringuito, la cervecita y la terracita; es el país de un bar por cada 170 habitantes y que necesita de 40 millones de turistas para que la "economía" funcione. Nos salva lo de siempre, la agricultura, que exporta. Lo demás es heroísmo, melancolía y emigración de los mejores en busca de unas condiciones en las que se les ofrezca algo más que precariedad y contratos en constante renovación.

Formamos a ingenieros, médicos, etc. que se tienen que ir de España a lugares donde no se les explote, se les pague mal y vivan en la cuerda floja años y años. Somos el país en el que tiene un sueño emigra o se autoemplea. Nuestra empresas son pequeñas, nano empresas, con algunas excepciones, pocas. Nos gusta decir la palabra "autónomos" como si eso nos diera libertad y lo único que nos da es una tabla de salvación en una economía cuyos últimos y benévolos datos hablan de un 25% sumergida. Estamos a la cabeza del paro europeo, disfrazamos el empleo como becarios, para ahorrarse unos el escándalo de los números y otros crear puestos fijos. Así se tiene un trabajador más dócil y a la baja, cobrando cada vez menos porque hay una enorme bolsa de desempleo.


Las mismas pregunta 8/01/2019

Con este panorama, el abandono escolar crece, el mayor de Europa. ¿Estudiar? ¿Para qué? Antes se hablaba de "mileuristas"; hoy parece un sueño para muchos cobrar "mil euros" y se conforman con lo que les dan, que saben que será por poco tiempo y con tendencia a la baja.

Nos dicen que vamos a ser la economía que más vamos a sufrir con la cuestión del coronavirus, que tardaremos más que los demás; nos dicen también que vamos a ser los más afectados por el Brexit, tanto por las exportaciones como por la pesca y por el turismo británico.

Nos lo dicen cada día ¡y seguimos pidiendo que todo vuelva a ser como antes! ¿Antes de qué? ¿De la burbuja inmobiliaria constante, del ladrillo? ¿Antes de que nos desindustrializaran? ¿Antes de que el país decidieras desequilibrarse hacia el turismo y los ayuntamientos se financiaran con el suelo? ¿Volver a lo de antes?

Nos dicen en el diario barcelonés:

 

Los datos hablan por sí solos. La inversión en innovación y desarrollo (I+D) española aumenta en los presupuestos de manera sostenida durante los últimos años. Es más, el ministerio de Ciencia e Innovación que lidera Pedro Duque ha anunciado la mayor cifra de la historia para el 2021. Pero a la espera de que se lleven a cabo las cuentas públicas, lo que queda es una realidad bien diversa. España ya va por detrás incluso de algunos de los países con menor esfuerzo inversor histórico en I+D europeos como Grecia, Polonia y Portugal. Y por si esto fuera poco el Ejecutivo deja sobre la mitad de lo presupuestado sin ejecutar. 

España, quinta economía europea, se sitúa en la posición 18 de los 28 estados miembros de la UE (incluyendo al Reino Unido) en el 2019 en inversión en I+D respecto al PIB, último dato conocido. Y de las últimas en la eurozona. Destinó el 1,25% según el INE. El 1,14% según la estimación de Eurostat. En uno u otro caso por debajo de los niveles medios europeos, que se sitúan en el 2,13%. España desciende y desciende en la clasificación hasta quedar a la cola del ya de por sí renqueante bloque mediterráneo. A distancia de Rumanía, última de toda la Unión, pero por primera vez superada por Grecia y Polonia. Eslovenia, Estonia, Grecia, Hungría, Polonia, Portugal y la República Checa, a su vez, con menor renta por habitante que España, realizan un mayor esfuerzo inversor en este ámbito que ella.*

 


A la "cola mediterránea". Se dice pronto entre los eslóganes con los que se trata de salvar algo de esta desastrosa economía que hemos creado, de este monstruo económico, una especie de falla condenada a la quema.

España se ha creído su propio tópico de la pandereta y lo lleva adelante como un futuro deseable, como un horizonte hacia el que se dirige al ritmo de la canción del verano, del concurso televisivo, de grito de gol llevado hasta el delirio.

Hace muchos años califique la economía española como la casa del primer cerdito, a la que le basta un soplo para volar por los aires. La primera crisis lo demostró. También España era la más débil. Ha tenido que llegar una pandemia para que se nos vean las arrugas, las cicatrices de la cirugía estética que se realiza con el dinero turístico, con convertir el país en un solárium en el que estar tumbado mientras el reloj de la historia sigue avanzando.


EOM 26/05/2019


España no ha sabido o no ha querido cambiar de modelo, adelantarse a sí misma al modelo que le sirvió para dar el salto de desarrollo. El turismo nos ha convertido en chiringuito. Esto se ha visto intensificado —hay que decirlo—  por el modelo autonómico, que ha buscado el atractivo regional antes que la creación de riqueza industrial y exportadora, solo sostenida por la agricultura allí donde no se ha vaciado.

Está de moda hablar de la "España vaciada" sin entrar más en las causas. Las diferencias entre las ciudades y sus servicios y el campo se fueron haciendo gigantescas y se abandonaron muchos espacios que se convirtieron en reductos turísticos.

El modelo turístico no es muy complicado de desarrollar si se tienen condiciones naturales y tranquilidad, si es eso lo que buscas. El llamado "turismo de exceso" nos ha mostrado, una vez más, la dependencia de tener que aceptar cualquier cosa cuando los tiempos aprietan.

El modelo turístico es engañoso y España ha tenido "suerte". Desde hace diez años, las revueltas han destruido la tranquilidad del norte de África y Oriente Medio, algunos de cuyos países apostaron por la fórmula turística, como sucedió con Túnez, con asesinos ametrallando turistas en sus playas. Eso cortó en seco el turismo hacia la zona y una parte importante nos tocó a nosotros, una vez superados los tiempos en que ETA ponía bombas en las playas para espantar el turismo extranjeros, asegurarse notoriedad mediática y hacer daño a la economía española.


8/07/2018

Nuestra división autonómica —lo hemos visto con la pandemia— se disputa los turistas que llegan a España. La obsesión con temporadas, puentes y festivos es escandalosa. La economía solo se mueve si vamos de festejo en festejo, de bar en bar de comida en comida. ¿A esto es lo que llamamos "normalidad", a esto hay que volver? Las patronales así lo ordenan y son cada vez más exigentes, como hemos podido apreciar en autonomías en las que tienen gran fuerza porque los políticos dependen de ellos, de sus créditos e inversiones, de sus creaciones de empleos precarios que les permitan dar la cara ante sus votantes.

Pero la realidad de la que nos habla La Vanguardia es todavía más dura: la inversión en investigación, en I+D, no se ejecuta, ya sea por desidia administrativa o, lo que sería peor, por la falta de interés en el sector, por falta de investigadores que, hartos de la situación, se dedican a otras cosas o sencillamente se van.

Hay países que cambiaron de modelo económico equilibrándose con los sectores digitales en los que han llegado a ser punteros en menos de una década. Otros rebuscaron en los cajones de las oportunidades, de los huecos industriales. Nosotros no.  Los apoyos y ayudas son populistas, buscan aplauso fácil e inmediatez. Son "pan para hoy, hambre para mañana". Desgraciadamente, el modelo político nos condena a esta disgregación de objetivos en una España capaz de disputar por cualquier cosa. Pero el mañana del hambre ha llegado para muchos en una España desigual, donde las distancias económicas se agrandan de forma insolidaria, en permanente disputa. El gráfico siguiente nos muestra la triste realidad española: la caída de los salarios españoles un 0,3% entre 2008 y 2017. ¡Y los hay que no solo presumen de ello sino que quieren perpetuar esta situación que ha enriquecido a unos cuantos!


EOM 26/05/2019


No se trata de repetir un modelo que ha ido bien solo a algunos. No podemos seguir creyendo que el modelo español sea una bicoca con la precariedad existente, con la economía sumergida, con el enorme paro y con sueldos a la baja. Es indecente solo pensarlo; el problema es que es el modelo que los políticos han aceptado, aunque sea por omisión de cualquier otro modelo diferente. Ese es el gran escándalo, la incapacidad con toques de indiferencia de una clase cuya única función es pelearse, decir lo contrario de lo que expresa el rival para acabar no haciendo nada. La retórica hueca se hunde ante los hechos, ante la realidad de los datos. Estos muestran nuestra enorme dependencia, nuestra fragilidad, nuestra falta de decisión, nuestra petición de ayuda para seguir igual y no para cambiar.


EOM 26/05/2019


Hace años escribimos aquí sobre los informes de La Caixa sobre el problema del empresariado español, de empresas de poca gente, mínimas y muchos autónomos. Esta atomización, nos decían los economistas, impedía que España progresase, que las empresas no se hundieran por los pecados de su pequeño tamaño y la falta de preparación empresarial. Todo es ladrillo, todo es turismo. Lo demás depende del azar y de la confianza de los impulsores de ideas, cuya mejor idea acaba siendo irse con la idea a otro sitio.

Tras la constatación de la dependencia tecnológica europea, que ha dejado la producción a terceros, nos dice el articulista:

 

[...] cada vez es mayor la distancia con las principales economías del Viejo Continente, que ven un gasto-inversión en su I+D superior al 2%, incluso el 3%. Alemania o Francia lo cumplen a rajatabla. E Italia, a la que España recurre habitualmente como objetivo, da hoy pasos adelante y se distancia de España pese a verse superada por esta entre el 2004 y 2014. Porque el máximo histórico español es siempre de antes de la crisis financiera. Está en el 1,25% del PIB según el INE. Estuvo en el 1,35% en el 2008. Esperaba llegar al 2% este año y al 2,12% en el 2027 según se señala en la Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación. No ha ocurrido. Y todo ello tiene graves consecuencias, sobre todo de futuro. 

“Los países que generen tecnología generarán también prosperidad y empleos de calidad y los que no están condenados a la precariedad. La futura división es entre países-líderes y seguidores no será Norte-Sur ni Este-Oeste, será de Tecnología-No Tecnología. Seguir como estamos significa salarios precarios, inestabilidad laboral, desmantelamiento del estado del bienestar y emergencia del populismo”, concluye a su vez Xavier Ferràs, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Data Science de Esade Business and Law School, experto en el ecosistema de las I+D. 

Porque incluso viéndolo por comunidades autónomas en un país descentralizado como España, tampoco cambia nada. Ninguna de ellas alcanza el esperado 2% si bien el País Vasco se queda muy cerca, en el 1,97%. Madrid destina el 1,71%; Navarra, el 1,67%; Catalunya, el 1,52%. Y Canarias y Baleares cierran el ranking, con el 0,47% y 0,40%, respectivamente. Aquellos territorios más apegados a los servicios, la construcción y el turismo de masas que tantos éxitos dieron en el pasado pero muy afectados por la crisis de la Covid, son precisamente los más rezagados en I+D.**

 


No se puede decir más claro. Si seguimos apostando por este "añorado modelo" que solo nos crea dependencia, inestabilidad, debilidad y precariedad, nuestro futuro está echado: perder lo mejor, ser débiles, inestables.

España tiene un enorme potencial que se pierde sin remedio. No entro ya en consideraciones sobre la epidemia de incultura que nos sacude, de pérdida del tejido intelectual y cultural, sometidos a lo chabacano y trivial, a la mediocridad ostentosa y triunfante, objeto de aplauso constante y celebración mediática. El entorno cultural que hemos creado es chabacano, un vacío compartido que resalta en estos días de pandemia en donde se ven los efectos.

España tiene que cambiar de modelo, no solo para no depender tanto de otros, sino para recuperar una imagen de sí misma que podamos mirar sin sonrojo. Pero esta mediocridad favorece a muchos, especialmente nos hace fácil de gobernar a golpe de emociones, de insultos y de proclamas vacías. La baja categoría de nuestra clase política (con las excepciones que quieran) le hace incapaces de proyectar modelos más allá de lo inmediato, lo que haga ganar las próximas elecciones y seguir en el poder. El espectáculo parlamentario sonroja mientras los problemas se acumulan y sube el tono de las disputas. No hay ideas ni sitio para ellas.

No soy optimista. Los carreteros y los bueyes están de acuerdo, cada uno a lo suyo, rumiando por el camino, en la misma dirección. Hay que hacer un alto en cada posada para que la economía funcione.

 


* Alexis Rodríguez-Rata "Grecia, Portugal y Polonia superan a España en I+D y la hunden en la cola europea" La Vanguardia 3/01/2021 https://www.lavanguardia.com/economia/20210103/6131625/grecia-portugal-polonia-superan-espana-inversion-i-d-hunden-cola-europea.html