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martes, 13 de enero de 2026

La otra violencia española

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las noticias que se nos llegan tienen la mayoría de ellas un fondo de "violencia". No es que sean noticias violentas; son informaciones sobre la violencia, que es algo distinto. Parece que se ha instalado entre nosotros la violencia, lo que hace que se manifieste en  situaciones diferentes.

Un ejemplo claro: nos dicen algunos estudios que ha bajado la cifra de encuentros navideños porque quieren muchos quieren evitar enfrentamientos y discusiones. Nos juntamos y a discutir, lo que hace que muchos prefieran no juntarse.


Rastreo lo que nos dicen: "La ciencia confirma que discutimos más en Navidad" (ABC 13/12/2023), "Por qué discutimos más en Navidad, según Harvard" (La Vanguardia 3/12/2024),  "¿Por que aumentan los conflictos familiares en Navidad?" (Infobae 13/12/2025) o más reciente, de diciembre de estas navidades, "Por qué discutimos más en Navidad y cómo evitarlo" (Antena3 25/12/2025) y "La polarización política rompe amistades y revienta cenas navideñas: el atlas de la fractura social" (RTVE.es 15/12/2025).

Como puede apreciarse el tema no es nuevo y llevamos unos años con ello. La cuestión es a quién responsabilizar, si a las navidades o a nosotros. No creo que las fiestas navideñas sean la responsables, lo que nos deja a nosotros como responsables. Lo que antes era el espíritu navideño hoy es otro tipo de espíritu, más bien enfadado y con ganas de bronca, según parece.

En el artículo de RTVE.es se apunta a un responsable, la polarización política:

Javier tiene tres hermanos y tras "muchas cenas y celebraciones familiares que acababan en bronca total", decidió limitar el número de encuentros a los "imprescindibles" y alcanzar un pacto de consenso familiar: no se habla de política ni de políticos en la mesa. 

Define la suya como una familia normal, no excesivamente politizada, pero la vida le ha llevado a una distancia política e ideológica "sideral" con uno de sus hermanos que eleva las discusiones a cotas demasiado altas. "Sencillamente, yo no le entiendo a él y él no me entiende a mí y me niego a que un encuentro se me vaya de las manos y más con nuestros hijos delante porque soy muy pasional", afirma, para reconocer que no es la única persona con la que ha dejado de hablar de política de su entorno familiar y de amistades. "Yo no soy radical, los radicales son ellos, aunque seguramente ellos piensen lo mismo que yo", reflexiona.

Javier puso freno a lo que podía haber acabado en ruptura familiar, pero el 14% de los españoles ha roto amistades o relaciones familiares por discusiones políticas en el último año y uno de cada cinco presenció o participó en discusiones fuertes sobre política en las cenas de Nochebuena y Nochevieja del pasado año.*


Como el tema tiene interés por lo que nos afecta a todos, los estudios y noticias se multiplican. Parece claro que es el hecho de juntarnos lo que nos pone a discutir porque nos pasamos el año discutiendo. El hecho de que las Navidades sean fiestas "familiares" hace, lógicamente, que discutamos con familiares.
Otra noticia comentada ayer es el de las herencias o, más bien, los desheredados. Entrevistan a notarios que indican cómo ha aumentado el número de casos de padres que se van a la tumba con la satisfacción de no dejar nada a sus hijos. Creo que es otro caso de que algo no marcha bien en las familias. El auge es achacado a que los padres se han sentido abandonados por sus hijos desde la pandemia. El razonamiento es interesante y revela otra dimensión del problema, algo que va más allá de la "soledad" de los mayores y tiene tintes de recriminación clara.


Pero no es el único ámbito en el que aumentan este tipo de situaciones "violentas". Ha habido alguna que otra muerte relacionada con las fiestas familiares, sí, pero es en otros dos ámbitos donde deberíamos preocuparnos por el aumento de conflictos. Uno es el laboral, que se vuelve conflictivo por diversos motivos.

Pero el más preocupante de todos es el de la "educación". De nuevo, otros estudios nos traen a primer término el problema con más estudios que generan más noticias. Hace apenas unos minutos escuchaba a los representantes de los sindicatos de profesores planteando el problema. En 20minutos podemos leerlo:

En declaraciones a 20minutos, el responsable de Política Educativa de STEs-Intersindical, Fernando Villalba Cabrera, explica que las agresiones verbales más leves son las faltas de respeto como "actitudes insolentes, impertinencias, desconsideraciones o menosprecios al docente". Esto escala a "un ataque personal más grave como agravios, ofensas, injurias o vejaciones". Los "desprecios", continúa, desembocan "en una disrupción constante, o sea, que no se puede dar clase y tienes que expulsar al alumno o la alumna para que el resto pueda avanzar en la materia". Las agresiones físicas, agrega, son más "puntuales".

Esta degeneración de la convivencia en las aulas se observa sin diferencias en todas las comunidades autónomas, según este trabajo. "No hay diferencia entre unos y otros sitios del estado. Solo hay diferencias entre enseñanzas. Por ejemplo, en la Formación Profesional Básica es muy complicado [el 86% cree que están aumentando las agresiones verbales y/o físicas] y, sin embargo, en las escuelas oficiales de idiomas se da clase como siempre [el porcentaje baja al 41,3%]. La dificultad está sobre todo en Secundaria [87%], más que en Primaria [83%]", abunda Villalba, al tiempo que denuncia la falta de apoyo por parte de la Administración. "Cuando el profesorado sufre un problema, no recibe el apoyo de la Administración, que nos dice que la culpa es nuestra porque nos falta formación". **


La situación descrita es fácilmente reconocible. También en la educación universitaria se percibe un aumento de la tensión, lo que no facilita un buen clima para el aprendizaje. La violencia se manifiesta de otra manera, pero no por ello deja de ser violencia. Lo es especialmente en dos vertientes claras, el racismo y el machismo, que ya se detecta contra las profesoras en determinados momentos. Tengo testimonios directos de eso. No es una invención.

¿Pensamos que los que lo hacen en Primaria o más en Secundaria van a cambiar, van a dejar de hacer lo que han hecho a lo largo de su vida? Es poco probable y especialmente porque también se quejan de que esas faltas de educación, esas agresiones y malos modos no son lolo del alumnado, sino también de las familias. Lo que nos lleva de nuevo directamente al escenario navideño de los conflictos familiares.

Es indudable que crece la intolerancia y la mala educación, que se traduce en falta de respeto al otro, que es visto como una molestia o una forma de desahogarse frente a los demás motivos de irritación (laborales, políticos, etc.).

Me vienen a la memoria unas declaraciones televisivas del director de cine, dibujante y humorista Manuel Summers. "Yo soy un español típico, siempre estoy cabreado", decía ya hace años. Pues ya era un adelantado a su tiempo o nosotros nos retrasamos. Pero no le faltaba algo de razón en esa consideración de "tipicidad" que, desgraciadamente, no se nos va. Y ya empieza a ser preocupante por el retroceso que percibimos en la convivencia, en nuestra capaz de dialogar tranquilamente.

En las aulas es muy preocupante porque ya no se trata de ese par de días de fiestas, sino de muchos días, de pérdida de formación, de lo que se queja el profesorado. Muchos abandonan. En RTVE.es nos habla una profesora de la crisis que le desató el trato con la familia de un alumno. Dice que le daba miedo ir a la escuela o salir de ella, que tenía miedo.

No son manías, rarezas. Muchas de estas situaciones son las que están detrás de los crecientes problemas psicológicos, en los que estamos a la cabeza de Europa.  ¿Hay alguna forma de relajarnos, de evitar vivir entre discusiones muchas veces absurdas? ¿Podemos aprender en la escuelas sin acoso, sin crisis educativas, profesores ninguneados? ¿Podremos reunirnos las familias en este clima de tensión? 

El panorama no es bueno.

* María Menéndez "La polarización política rompe amistades y revienta cenas navideñas: el atlas de la fractura social" RTVE.es 15/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251215/polarizacion-politica-rompe-amistades-revienta-cenas-navidenas-fractura-social/16852182.shtml

** Lolita Berenguer "Los profesores alertan de un "desgaste insostenible" por el alza de las agresiones: "Queremos enseñar, no sobrevivir"" 20minutos 12/01/2026 https://www.20minutos.es/nacional/los-profesores-alertan-un-desgaste-insostenible-por-alza-las-agresiones-queremos-ensenar-no-sobrevivir_6919841_0.html

martes, 28 de noviembre de 2023

No molestes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dos cuestiones que van transformar lo andado hasta el momento: la prohibición de los patinetes y la de los teléfonos a los menores. La primera afecta a personas de muy diversas edades, que se verán sin el medio combinado de transporte —transporte público y patinete—, que es un peligro, según denuncias por algunas explosiones en las baterías. También ha habido explosiones en los teléfonos, si bien esta vez tiene otro tipo de peligros: la exposición de la infancia y los efectos negativos que tiene.

Es un tema que llevamos tratando aquí en los últimos años y que parece que finalmente se va imponiendo por los evidentes y peligrosos efectos que tiene cada vez en edades más tempranas y, por ello, más peligrosas ante la incapacidad de indefensión. Es el atractivo que elimina pensar en los peligros reales. Sin embargo, no se resalta que son los adultos quienes ponen el teléfono móvil en manos de los menores. Hablamos mucho de los efectos sobre los niños, sobre las responsabilidades de las tecnológicas, pero mucho menos de la responsabilidad de los más próximos a ello, que son quienes ponen el teléfono en sus manos. El transporte público permite ver a esos padres adictos que están usando el teléfono de sus hijos para no ser "molestados" por sus hijos en los trayectos. Me imagino que lo mismo ocurrirá en las casas, allí donde el niño se refugia en el teléfono ante la indiferencia familiar. Los padres solo tienen que retirar el móvil... pero no lo hacen. Sn los verdaderos introductores del elemento negativo en las vidas de sus hijos. De esto se habla mucho menos, pero es la triste realidad. Podemos escuchar todo tipo de excusas, pero no hay móvil en manos de los niños que no haya estado antes en manos de los padres.

En el diario El Mundo se nos da cuenta, a través de un artículo de Olga R. Sanmartín, de un acuerdo entre instituciones de diverso tipo al respecto. Todo esto servirá de poco mientras exista esa irresponsabilidad familiar que da los teléfonos a los hijos para no ser molestados. En el texto se señalan algunas consideraciones que son de importancia para ver el estado en que se encuentra todo esto: 

La Fiscalía de Menores y la Agencia Española de Protección de Datos han consensuado con 131 entidades un documento con 15 medidas concretas para «proteger a la infancia y a la adolescencia en el mundo digital» que van a presentar a todos los grupos parlamentarios con el objetivo de que alcancen un pacto de Estado. Es el primer gran acuerdo social logrado en España en relación a las pantallas. El texto, que muestra un cambio de rumbo respecto al uso de las nuevas tecnologías por parte de los menores -se aborda como un «problema de salud pública»-, contempla medidas como «limitar» los móviles en los colegios, establecer mecanismos de verificación de edad para impedir el acceso a pornografía u obligar a que las tecnológicas se responsabilicen de los daños causados.

Los firmantes recuerdan que la llegada del primer móvil de uso personal en España está en torno a los 11 años, que el 90,8% de los adolescentes se conectan todos o casi todos los días y que el 98% está registrado en alguna red social. Según un estudio de Unicef, uno de cada tres jóvenes españoles podría tener ya un consumo problemático de internet. La edad media para el primer contacto con la pornografía se encuentra entre los nueve y los 11 años.

«Su uso por parte de niños, niñas y adolescentes es especialmente sensible, además de porque se encuentran en un momento evolutivo y de neurodesarrollo, porque son productos diseñados para adultos, que pueden afectar a su socialización y que pueden potenciar posibles problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, además de facilitar situaciones de violencia como el acoso escolar y sexual», advierten.

«El acceso a la tecnología se ha convertido, en muchas ocasiones, en una puerta a contenidos inapropiados para el desarrollo integral de los niños, como los pornográficos, que generan una banalización de las relaciones sexuales, sexualización precoz o sesgos de género», avisan los fiscales de menores, expertos en protección de datos y representantes de asociaciones que atienden a la infancia como Unicef, Save the Children o la Fundación Anar.

Añaden que «los modelos de negocio de las grandes plataformas y redes sociales se basan en la captación de la atención de estos niños a través de diseños persuasivos, casi siempre ocultos para los padres, produciéndose una mercantilización de sus datos a través de su recogida, la aplicación de algoritmos opacos y el perfilado para su venta a terceros con fines publicitarios».* 

Como puede apreciarse, se sigue soslayando el hecho de que son las familias las que entregan los teléfonos a sus hijos. Peor: el énfasis se pone en los espacios exteriores a la familia, los colegios. Mientras no se ataque el centro del problema (la irresponsabilidad familiar), todo quedará en manos de instituciones a las que se les exige que controlen lo que la familia no controla. Esto es una fuente de problemas futuros, ya que la paciencia institucional es corta y se hartarán de ser ellos los que combaten lo que la familia no hace.

No son necesarios muchas encuestas ni estudios para comprobar la fuente de los móviles. Basta con mirar lo que ocurre en la calle, los padres y madres con un móvil en la mano mientras empujan un carrito, llevan a un hijo de la mano o se aíslan de ellos en un parque. Es algo que se hace a simple vista, en la calle.


El otro día asistí a un trayecto de metro con un padre absorto en su móvil (veía un partido de fútbol), mientras el hijo, de unos ocho o nueve años, se aburría con el suyo. Intentaba acercarse al padre y este le ignoraba, concentrado en su pantalla. Salieron y el padre recorrió los túneles con la mirada fija en la pantalla. El niño avanzaba a su lado, con el móvil en su mano

El niño repite el comportamiento de los padres, normaliza lo que ve y lo repite en su esfera. Nadie se plantea entrar en el ámbito familiar, me imagino que por cuestiones legales, pero ¿qué hacer cuando es ese el foco del problema? A lo mejor es necesario cambiar el objetivo de las campañas, aunque dudo que sirva de mucho a estas alturas.

El acuerdo social es una buena noticias, pero las dudas sobre su eficacia están ahí. Los menores son solo una parte del problema.

* Olga R. Sanmartín "Primer gran acuerdo social para un pacto de Estado que "proteja" a los menores de las pantallas" El Mundo 27/11/2023 https://www.elmundo.es/espana/2023/11/27/65608476e9cf4a3e738b456d.html

viernes, 11 de octubre de 2019

Lo evitable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En la película "El club de la Buena Estrella", basada en la novela homónima de Amy Tan, se recogen diversos episodios de la vida de las mujeres de tres generaciones, dos en China y una tercera, las nietas en los Estados Unidos, donde acabaron sus madres. Una de las terribles historias que nos muestran el mundo profundamente patriarcal es aquel en el que una mujer casada es humillada por su marido desde poco después del matrimonio. Una vez que ha tenido un hijo varón, el marido lleva a casa a sus amantes relegándola a ella al papel de madre servil, con la única función de cuidarle al heredero. Ella enloquece y acaba haciéndole daño con lo único que él valora, a su hijo, al que estrangula. Un historia terrible que desvela los entresijos de este laberinto de las emociones y los efectos del machismo más abyecto, como el representado por el marido.


Me he acordado de esta historia, pese a los años, cada vez que se ha producido uno de estos crímenes en que son los hijos los que pagan con su vida las desavenencias de los padres, sus humillaciones y violencias, sus iras y frustraciones. Han sido varios crímenes recientes con ese horror de la muerte infantil, en ocasiones delante del otro familiar al que se le obliga a contemplar el asesinato como un castigo o una venganza.
El nuevo crimen vuelve a tener a otro inocente como víctima final de la locura criminal en que pueden derivar las crisis de las parejas. El modelo está empezando a repetirse más de lo debido y nos hace ver que estas situaciones tan complejas necesitan de un cambio de modelo en su tratamiento.
Puede haber casos imprevisibles, de eso no hay duda. Pero hay otros en los que asombra por la claridad de los avisos. Leemos en el diario El Mundo:

La familia paterna del niño de siete años presuntamente asesinado ayer en Almería por su madre, Ana María B. L., llevaba meses pleiteando para que la Justicia le concediera la custodia al padre, Sergio F. L., con los argumentos de que la madre se encontraba mal psicológicamente y de que el niño estaba en riesgo.
Una persona cercana a la familia paterna, que reside en la localidad almeriense de Alcolea, de donde son originarios tanto Ana María como Sergio, explica a EL MUNDO que hace sólo unos días el abuelo le contó que tenían una nueva vista por la custodia del pequeño. «Me dijo literalmente: 'Estamos todos los días de juicio y no hay quien nos dé la custodia del niño y tememos por la muerte de mi nieto'», reproduce las palabras que pronunció el abuelo. «Llevan mucho tiempo luchando por la custodia porque veían que esa mujer no estaba en orden», dice en referencia al estado mental de la presunta parricida. «Iban a recurrir a Madrid, iban a hacer todo lo posible porque al niño lo veían en peligro, y al final se ha visto que tenían razón», añade.*



Sé que es muy difícil para la Justicia hacer juicios previos sobre lo que puede ocurrir o no en el futuro. No es fácil tomar decisiones en este sentido ante los conflictos en que se enzarzan por las custodias o cualquier otro tipo de disputa. Pero las custodias de los hijos son especialmente conflictivas por lo que pueden suponer para el enquistamiento de los problemas.
No sé cómo, pero algún tipo de solución —si es que la tienen— hay que buscar. En este mundo de "protocolos", estos fallan demasiado y, peor, establecen una especie de excusa a través de su seguimiento. Si el protocolo se sigue, la culpa es del protocolo. Esta respuesta la encontramos cada vez más en distintos ámbitos en donde es difícil determinar la responsabilidad.
Este tipo de crímenes, como las violaciones en grupo, están proliferando demasiado. Son crímenes que nos dan cierta perspectiva del estado mental de la sociedad. La incapacidad de resolver problemas, ya en lo personal o en lo institucional, revela un profundo déficit de capacidad de diálogo y sobre todo de madurez. Son ejemplo de pérdida de sentido de la realidad.
Nuestra sociedad es cada vez más inmadura. Carece, cada vez de forma más clara, de los recursos personales y sociales para dirimir sus conflictos, que hacen estragos entre nosotros. El límite está cada vez más cercano, sin apenas margen.
Tenemos, además, el defecto de no querer comprender que las presiones en un campo afectan a las personas y que hacen romperse los diques de la violencia en otros.  Cada uno se  hace responsable de su parcela, pero nadie lo hace del conjunto. Y no vivimos haciendo distinciones; simplemente vivimos.


No es un fenómeno nuevo, pero si contamos —cualquier día— las escenas de gente en la calle enfrentándose de forma violenta a sus crisis, nos damos cuenta que hay una violencia manifiesta y otra latente, que se desahoga de forma muchas veces brutal en el ámbito privado.
Estamos híper excitados por los efectos mediáticos. No podemos sustraernos a nada, lo que nos convierte en punto de llegada de la violencia ambiental del planeta entero. No todo el mundo es capaz de sustraerse de sus propios problemas y cuando intenta distanciarse se encuentra con un universo angustioso alrededor. Es un mundo de políticos vociferantes, de calles quemadas, de anuncios de desastres económicos, climáticos, de crímenes horrendos, de reivindicaciones constantes... Todo nos llega a través de los medios que, a su vez, compiten porque nos fijemos en ellos a través del tremendismo de la exposición. Es difícil salirse de este mundo... y la salud mental de muchos se rompe, como muestra la indiferencia de aquellos que solo miran un crimen para sacar fotos o se hacen un selfie con suicidas de fondo. De ello hemos hablado en ocasiones.



Sorprende la claridad de los avisos y la incapacidad de evitar los desastres denunciados. Unos se quejarán de la falta de atención otros de la falta de recursos, de lo saturado de juzgados, comisarías o servicios sociales, de los recortes y de las faltas de personal o presupuestos. Otros apelarán a las macro teorías y a las estructuras; otros a la cuentas. Se trata de mantener la excusa hasta que llegue el siguiente caso. Nada de eso devolverá la vida a los inocentes en cada caso, cuyo único destino parece ser formar parte de peleadas estadísticas.
Sorprende, sí, que estemos tan pendientes de los que venden humo y no nos fijemos en el origen de los fuegos que tenemos tan cerca. Sorprende, sí de nuevo, que estemos tan pendientes de las teorías y seamos incapaces de descender a la vida diaria. Es algo que forma parte de nuestra propia enfermedad. 
Si no podemos evitar lo inevitable y estamos ciegos o sordos ante lo evitable, ¿qué nos queda?



* "El abuelo del niño asesinado en El Ejido se temía lo peor: "Tememos por que la madre mate a mi nieto"" El Mundo 11/10/2019 https://www.elmundo.es/andalucia/2019/10/11/5d9f96d121efa0f94c8b46eb.html