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domingo, 16 de noviembre de 2025

De "El pisito" al "cohousing"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El pasado miércoles vimos en nuestro cinefórum la película española "El pisito", estrenada en 1958, dirigida por Marco Ferreri e Isidoro M. Ferri, con guion del gran Rafael Azcona sobre su propia novela. Se trata de una comedia "negra" que nos muestra la situación de una pareja, Rodolfo (José Luis López Vázquez) y Petrita (Mary Carrillo), que no se pueden casar, después de doce años de relaciones, porque no disponen de piso asequible. A él le pagan poco en su trabajo y lo más que le da el sueldo es para vivir en un piso compartido por varios inquilinos realquilados hacinados y a cubierto por el alquiler de una anciana, doña Martina, postrada en la cama en muy mal estado de salud. El dueño del piso está deseando que muera para echarlos a todos a la calle. Esta situación tiene una "solución" que le mencionan por todas partes a Rodolfo: casarse con "la vieja" y cuando muera quedar como titular del alquiler del piso, lo que supone que garantizaría la continuidad de todos. Como viudo continuará en el piso y podrá casarse con Petrita


Las imágenes que vemos del Madrid del año 58 son las de una ciudad vieja y pobre, en la que los edificios son derribados, barrios enteros, para afrontar la nueva década por delante, que intuyen será la de las constructoras: derribar y construir sin freno. La gran especulación ya se estaba creando.

Salvo por la cuestión del "matrimonio", que se ha relativizado con otras formas de convivencia si pasar por el altar, la situación que vivimos hoy no se me iba de la cabeza durante la proyección: hoy lo llamamos de forma eufemística y genérica "el problema de la vivienda", cuando en realidad, entonces como hoy, se enlaza con el problema de la especulación, por un lado, y la mala situación del empleo, su inestabilidad y poca cantidad, por otro. Como ocurría con la pareja del filme, las posibilidades de emanciparse hoy son muy pocas con sueldos bajos y empleos inestables.

La Vanguardia

Pero los problemas ya no son solo de los jóvenes. Leemos cada día en la prensa la situación de octogenarios desahuciados, puestos en la calle por aumento especulativo de los alquileres a cargo de propietarios deseosos de deshacerse de los viejos inquilinos para poder hacerlo.

Las protestas y manifestaciones por el tema de la vivienda son cada vez más frecuentes en nuestras calles. La compra de inmuebles por parte de los llamados "fondos buitre" hace que la presiones vayan aumentando en busca de la obtención de mayores y más rápidos beneficios.

Hoy leo y escucho una pequeña pieza de los informativos Fin de Semana de RTVE.es con el titular "El 'cohousing', una alternativa a la crisis habitacional", cuyo resumen es el siguiente:

El 'cohousing' se está extendiendo por toda España y hay quien ve en esta modalidad una solución al problema de encontrar vivienda.

El término 'cohousing' surge en Dinamarca en los años 60. Se trata de un alojamiento en el que se comparten zonas comunes. Es una forma de alojamiento a medio camino entre la comuna residencial y la vivienda convencional.*

No deja de sorprenderme que a los problemas de siempre les pongamos nombres en inglés. "Cohousing", "Bullying", etc. les da un cierto toque de modernidad y más si han "surgido en Dinamarca", lo que nos convierte en europeos de primera.

La versión española de tener que juntarse para poder vivir la veíamos en toda su crudeza en "El pisito". Hemos vuelto a tener que compartir pisos porque no los podemos pagar individualmente, a hacinarnos, a compartir cocina y baños. La cuestión ya no es como pretendíamos "pisos de inmigrantes", sino nuestra, de todos —de jóvenes cuyos sueldos no llegan y de viejos cuyas pensiones no alcanzan— ante la especulación inmobiliaria que padecemos.

Nuestra división territorial, además, ha creado una forma de corrupción ligada al suelo y a lo que se construye encima. La mayor parte de los escándalos tienen que ver con el suelo y la construcción. Se construye donde no se debe y los políticos miran hacia otro lado; las leyes favorecen a los propietarios y van en detrimento del creciente alquiler por falta de ingresos. Comprar una casa, con los sueldos de hoy y la especulación actual, supone endeudarse para toda la vida, una vida de riesgos económicos con la precariedad de empleos y sueldos. Beneficiarios de todo esto los bancos y las constructoras, los propietarios desaprensivos.

Eso que llaman el "cohousing", tal como se nos presenta en RTVE.es no es un "logro" que nos llega de Dinamarca, sino otro negocio más de quien construye, que buscan la cooperativas de quienes pueden financiar la construcción y la van pagando hasta su muerte. Si no hay dinero en los jóvenes, edifiquemos estos nuevos centros para quienes se los puedan permitir, los que han podido ahorrar en su vida, algo hoy casi imposible. Es la variable del piso de los 50, pero para grupos selectos que invierten sus ahorros en ser copropietarios. Los años cincuenta fueron de pobres; hoy separas a los pobres de los ricos en tu oferta.

Es una forma, nos dicen, de afrontar la llamada, "crisis habitacional", otro eufemismo que busca diluir las responsabilidades políticas de unos estados convertidos en "mercados" especulativos y con unos ciudadanos cuyo derecho se ha reducido al del consumo y de aquello que se pueda permitir.

El "cohousing" se promociona como una hábil oferta para problemas que no se solucionan, ya sean de orden psicológico (la soledad creciente) o de orden especulativo (la compra y derribo de viviendas para hacer nuevas construcciones). Basta con ver las imágenes "promocionales" que se nos ofrecen para saber a quién van dirigidas.

Desgraciadamente, nuestros políticos siguen enzarzados en sus polémicas sin fin y, la mayoría de ellas, sin sentido. La vivienda ha pasado a ser el principal problema de estas generaciones que, como le pasaba a Rodolfo y Petrita, no tenían más que para mal vivir. Que estemos con problemas parecidos a los de los años 50 significa que hemos retrocedido o, si se prefiere, avanzado por caminos equivocados.

"El pisito", en versión 2025, sería en color, tendría otros protagonistas. Rodolfo no tendría "vieja" con quién casarse para hacerse con el piso alquilado. Tendrían que declararse "okupas" y serían desalojados por alguna empresa dedicada a eso. Más allá de esto, el guion tendría pocos cambios. Su mala situación de pensiones para el futuro, sin apenas haber cotizado, tampoco les dejaría la opción del "cohousing", pensada nos dicen en RTVE.es, para combatir "la soledad no deseada", otro tecnicismo eufemístico.

¿Cuándo empezaremos a llamar a las cosas por su nombre (en español) y a afrontar los problemas reales? 

 

* "El 'cohousing', una alternativa a la crisis habitacional" RTVE.es 15/11/2025 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-fin-de-semana/cohousing-alternativa-crisis-habitacional/16817060/

 El pisito (1958)

Dirección: Marco Ferreri y Isidoro M. Ferri

Guión: Rafael Azcona y Marco Ferreri

Intérpretes: Mary Carrillo, José Luis López Vázquez, Concha López Silva, Mª Luisa Ponte, Chus Lampreave...

Duración: 87 minutos

lunes, 18 de julio de 2022

El ahorro energético, las casas y nuestras mentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con esta crisis  (con toda crisis) salen a la luz una serie de problemas de los que no éramos conscientes o, sencillamente, no nos importaban. Una de esa ideas revisionistas de lo hecho en el pasado es precisamente la falta de previsión ante el futuro y de las consecuencias de lo que hemos hechos, que se nos manifiestan con toda virulencia en esos momentos críticos. Las crisis son el resultado de la falta de previsión, de un presente que no mira a las consecuencias de lo que hace sino solo a los beneficios del presente. Si los beneficios son muchos, las crisis serán más intensas porque aquello que se ha convertido en problemático es grande y pasa enorme factura.

Con la crisis energética actual estamos descubriendo que lo que parecía eterno y barato, la energía, no es ni una cosa ni otra, junto a un tercer elemento: no es nuestra, hay que comprarla por no producirla.

El debate capitalista es claro: ¿para qué producir energía si es más barato comprarla fuera? La respuesta, una vez pasada la euforia inicial que nos lleva a extender nuestra dependencia, es que quien nos la vende puede dejar de sonreír y se manifieste en toda su crudeza aplicando el siguiente principio de mercado, tan claro como el primero: ¿por qué vender barato cuando se puede vender caro?

Lo que hay de cierto en todo esto es que pagamos hoy nuestros errores y alegría de ayer. En el diario ABC se entrevista a Dolores Huerta, recién elegida directora general del Green Building Council Spain, un organismo privado que busca que las casas en las que vivimos sean más ecológicas, que hoy es decir que nos cuesten menos  al aprovechar los recursos y lo que no se ha hecho habitualmente, construir pensando en el futuro, algo que está cada vez más pegado a nosotros. Con un titular muy claro sobre la situación —«En España se ha construido como si la energía fuese gratis; ahora la prioridad es rehabilitar»—, nos es más fácil comprender la que se nos viene encima con la situación en la que nos encontramos y que tiene todo para seguir agravándose.

Como entrada, la autora de la entrevista, Rocío Mendoza, nos explica: 

La mayor parte de las viviendas españolas no están ni pensadas ni construidas para hacer frente a fenómenos climáticos extremos, como son las sucesivas olas de calor registradas este verano de 2022. Y no es por falta de aparatos de aire acondicionado. Su falta de adaptación se debe a que el grueso de hogares construidos en nuestro país (en la transición y durante el 'boom' antes de 2008) no tenían la obligación legal de atender a unas normas técnicas (el llamado 'Código Técnico de la Edificación') que prepararse bien a los hogares frente a las inclemencias del clima.

Tirar de energía y emitir más emisiones que contribuyen al calentamiento global con sistemas de calefacción y refrigeración fueron las únicas soluciones hasta hace una década. Ahora sí existe una normativa que obliga a tener en cuenta el gasto energético de un edificio, pero solo para los más recientes. ¿Consecuencia? La mayoría de las construcciones no son eficientes.

Así, y ante un escenario de cambio climático en marcha, revertir esta situación se impone. La necesidad de emprender la rehabilitación energética de las viviendas está en el debate social y en los planes económicos de los gobiernos.

El máximo exponente de esta realidad son las ayudas europeas para la rehabilitación de las casas con el fin de tener que consumir menos energía en verano o en invierno. A ellas también se suman las ayudas e incentivos locales para hacer obras que aíslen y mejoren el confort de los edificios. *

Podemos ir por la vía ecológica, hacerlos más eficientes invirtiendo; o podemos plantearlo por la vía económica: hay unos fondos europeos y nacionales destinados a la rehabilitación de los edificios para hacerlos menos gravosos para el medio ambiente y para el bolsillo de sus propietarios.

El Green Building Council Spain es, se nos dice, una entidad destinada a hacernos percibir la necesidad de construir en "verde". Como lo de la construcción se está complicando y la gente quiere casas más baratas, si es que es posible, en negocio está, evidentemente, en la asesoría y en la rehabilitación. Cómo y que de las casas.

Las casas del pasado no están diseñadas (ni pensadas) para consumir menos energía teniendo más luz y evitando perder calor en invierno y reducirlo en verano. Teniendo en cuenta que las perspectivas —este verano es un aperitivo— son bastante negras, la necesidad de ajustarnos a lo que viene son imperiosas. El ejemplo más claro lo tenemos en el aire acondicionado, un negocio que se planteaba cada verano de calor. Desde mi ventana observaba cada verano la instalación de aire condicionados en el edificio de enfrente. Cuando iba al mercado, veía a la gente salir con televisores grandes y aparatos de aire de diverso tipo. Son los indicadores más claros de que las vacaciones se pasarán en casa y que en casa hace mucho calor. Con la crisis energética, la solución eléctrica del aire acondicionado casi se puede equiparar con salir de viaje. Pero —de nuevo la crisis— los precios del turismo y la hostelería se han disparado. Quedarse en casa es caro y salir lo es más.


La solución —nos dicen— es acondicionar la casa para que su gasto energético, en invierno y verano, sea más reducido. Desde hace años, neveras, lavadoras, televisores, etc., llevan etiquetas de menos consumo, de ser más ecológicas. Unos se fijaban en eso y otro no. Ahora se nota en la factura.

Acondicionar la casa para las próximas olas de calor parece que va en contra de la tendencia a salir tras las reclusiones y limitaciones de la pandemia. Pero salir tiene sus riesgos. El turismo se ha encarecido al querer recuperar en poco tiempo lo perdido. Eso obliga a muchos a quedarse en casa o salir menos. Cuando vas a una cafetería y terrazas, como veíamos ayer, la "moda" (así lo llamaban en algunos medios) es la de los servicios cronometrados, media hora para un refresco y de una a hora y media para las comidas. Si quieres salir con una caravana, algo que el coronavirus puso de moda, los precios igualmente se han disparado en los precios de compra y alquileres; eso sin contar el gasto de la gasolina. Como comer tenemos que seguir comiendo, si no salimos a comer fuera por los aumentos de los precios, el mercado nos pone los pelos de punta con los precios de verduras, aves, carnes y frutas, por no decir los quesos, fiambres, etc.

Para colmo, el cambio climático nos apunta con su escopeta de cañón recortado. Sí, estamos en una crisis en la que las acciones que se toman no hacen sino incrementarla. Hemos lanzado a la gente a las calles a consumir, pero esto ha disparado una importante inflación en todo. Todo el mundo se siente por debajo de costes, que es la fórmula que nos lanza a la escalada de precios. Unos y otros, todos contribuyen a que esta escalada sea espectacular, batiendo récords. Y, una vez más, nos lleva a matar la gallina, haciéndonos menos competitivos. La esperanza de movilizar al turismo nacional, si no viene el extranjero, es cada vez más reducida por la sencilla razón de que estamos en esta crisis que nos da ya tasas de ahorro negativo. No te puedes gastar lo que no tienes. Corrijo, te puedes llevar por delante la economía con una crisis hipotecaria gastándote lo que no tienes, como ya nos ocurrió y estamos con todos los números para que nos vuelva a ocurrir si lo olvidamos. Pero el olvido es la materia con las que están tejidas las crisis.


Habrá que hacer muchos cálculos para saber cuál es el orden correcto de inversiones para mejorar nuestro maltrecho estado. ¿Empezar en invertir en nuestros hogares para poder resistir en ellos? Las ayudas y diversos tipos de medidas podrían hacer recuperarse, más allá, del sector a las economías domésticas limitando los gastos, aprovechando lo que es negativo y que puede pasarse a positivo. ¿Por qué no aprovechar la energía solar para calentar o como ahorro de luz? ¿Por qué no aislar mejor para evitar los enormes gastos de las calefacciones? Más allá de la economía doméstica, está el planeta, en el que también ahorramos si lo cuidamos mejor.

La última respuesta de Dolores Huerta en la entrevista deja claras las cuestiones:

-Nos encontramos con la pescadilla que se muerde la cola: en la sociedad hay una inquietud por ser sostenible, pero pocos tenemos las soluciones en la mano. Además, algunas propuestas pasan por cambios que no gustan (menos coche, menos carne...) y tendemos a mirar hacia otro lado porque un cambio en la forma de vida genera rechazo. En el caso de la rehabilitación también pasa: ¿Quién se quiere meter en obras y encima poniéndote de acuerdo con la comunidad? Son cambios que no generan una adhesión masiva. En mi comunidad, por ejemplo, hemos tardado un año solo en ponernos de acuerdo. La sociedad necesita tiempo para procesar los cambios, pero las velocidades que necesita la ciudadanía no están acompasadas con el proceso burocrático. Estos fondos europeos a la rehabilitación vienen con el tiempo muy acotado. Se pueden gastar hasta 2026 pero solo se pueden pedir hasta finales de 2023. Hasta ahora, ha habido retraso en abrir las ventanillas salvo en tres comunidades autónomas. Así, se da el efecto perverso de que hay obras paralizadas pendientes de las subvenciones. En cuanto a los propios fondos, son un chollo. Ahora mismo, si tienes un poco ambición, puedes llegar a cubrir hasta un 80% de la inversión, al día siguiente empiezas a ahorrar y con el tiempo la vivienda se puede revalorizar.*

Evidentemente, la entrevista tiene la finalidad de apresurar a la gente a que solicite esos fondos para rehabilitar las casas antes de que caduquen y se pierdan. En estos momentos en que todo el mundo llama nuestra atención para que gastemos con unos y no con otros, es importante tomar las decisiones correctas, ajustar las prioridades porque se acercan tiempos difíciles y hay que saber elegir bien.

Por supuesto, el mercado aprovechará nuestros deseos de ahorrar para apretarnos las clavijas. Ahorrar nos saldrá más caro que antes. Pero lo cierto es que habrá que empezar a hacer algo porque lo que nos viene encima es complejo y complicado. No habrá soluciones al gusto de todos, ni al tiempo de todos.

En España, es cierto, se ha construido como si la energía fuera gratis. También se ha consumido como si fuera nuestra y no se la tuviéramos que comprar a enemigos y vecinos poco fiables. Además de acomodar las casas para el futuro, sería bueno corregir malos hábitos del presente, formas de despilfarro que vemos cada día por todas partes. En tiempos en los que sobra poco, es buen momento para esa revisión de malas costumbres, de cambiar pequeños detalles materiales en lo que nos rodea.

Las rehabilitaciones de casas pueden ser pocas por motivos evidentes, pero hay mucho en su interior que se puede mejorar y corregir. Como siempre, el principal elemento somos nosotros, rehabilitar nuestras mentes y consumir energía de otra manera. Los que no lo hacían por el planeta tendrán que hacerlo por su propio bolsillo. 

 

* Rocío Mendoza, entrevista a Dolores Huerta. "«En España se ha construido como si la energía fuese gratis; ahora la prioridad es rehabilitar»" ABC 17/07/2022  https://www.abc.es/antropia/abci-vivienda-consumo-energia-rehabilitacion-ayudas-europeas-20220717141616_noticia.html




viernes, 8 de julio de 2022

Ladrillos y manguerazos o cómo pagan los de siempre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La confluencia de dos noticias ayer nos debería hacer reflexionar más allá de la actualidad. Son dos noticias que nos deberían preocupar a todos, pues no es lo circunstancial lo grave, sino aquello que es largo en el tiempo y solo sale a la luz después de haber sembrado las malas prácticas y haber recogido varias cosechas ante los ojos ciegos.

Ayer conocíamos la sanción a las mayores empresas constructoras del país por prácticas contra la competencia, aunque sería mucho más ajustado llamar a las cosas por su nombre: prácticas contra la sociedad española. No podemos dejar de sentir una fuerte indignación cuando leemos en RTVE.es el titular "La CNMC multa con 203,6 millones a seis constructoras españolas por alterar las licitaciones durante más de 25 años".

En el artículo sobre la sanción leemos: 

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha multado con un total de 203,6 millones de euros a seis de las principales constructoras españolas por alterar durante 25 años, de 1992 a 2017, la competencia de miles de licitaciones públicas destinadas a la edificación y obra civil de infraestructuras.

Tal como ha confirmado este jueves la CNMC, las compañías y sanciones impuestas son Acciona (29,4 millones), Dragados (57,1 millones), FCC (40,4 millones), Ferrovial (38,5 millones), OHL (21,5 millones) y Sacyr (16,7 millones). "Desde 1992, las compañías se reunían semanalmente y decidían los contratos públicos en que iban a compartir trabajos técnicos de sus ofertas", ha explicado el organismo en una nota remitida a los medios. Además, intercambiaban información sobre su estrategia de presentación a los concursos públicos.

Se trata de prácticas, según la CNMC, cuyos efectos "han sido especialmente dañinos para la sociedad", pues entre las miles de licitaciones afectadas existen infraestructuras de interés general como hospitales, puertos y aeropuertos o carreteras; fundamentalmente las pertenecientes al ámbito de fomento, incluido el Ministerio de Fomento (actual Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana), junto con sus organismos y entidades públicas empresariales dependientes.* 

Hay varios aspectos en los que se puede desglosar la rabia. El primero es que el "ladrillo" ha sido el sector que más ha especulado en este país, que lo modelado para convertirlo en un chiringuito turístico durante décadas impulsando construcciones de todo tipo, saltándose en muchas ocasiones normativas; ha sido el mayor factor de corrupción en los niveles locales y autonómicos y son pocos los grandes escándalos de corrupción que no han ido vinculados a la construcción, terrenos, etc. Ha sido el principal factor de endeudamiento de las familias españolas, el que contribuyó a una enorme crisis cuando la economía española se tambaleo y la gente no pudo cubrir los créditos solicitados precisamente para las viviendas y segundas viviendas. Eran tiempos en los que el "ladrillo" era el principal destino del dinero. Pero siempre se quiere más, nunca se gana bastante. La llamada "burbuja inmobiliaria" fue el resultado y se llevó por delante a muchos. Por supuesto, no a los que se habían hecho millonarios, sino a los que tenían que dedicar una parte de sus sueldos o un sueldo entero a pagar unas eternas hipotecas.

El segundo factor es la duración. Se les sanciona por sus actuaciones entre 1992 y 2017. ¿Cómo es posible que hayan podido mantener este comportamiento delictivo durante todo este periodo de tiempo? ¿Cómo es posible que esto se haya estado produciendo así, de esta forma escandalosa durante 25 años? Una vez más hay que apuntar a la corrupción y al efecto corruptor, que son dos cosas distintas. 25 años de corrupción en la construcción son muchos miles de corruptos en ambos lados del hecho.

¿Cómo es posible señalar que "Desde 1992, las compañías se reunían semanalmente y decidían los contratos públicos en que iban a compartir trabajos técnicos de sus ofertas"? ¿Cómo es posible que nadie lo supiera o, peor, que a nadie le importara? Una "reunión semanal" durante 25 años no es una broma, un hecho aislado; es un comportamiento sistemático en contra de los intereses de todos los españoles que somos los que contribuimos a los fondos del estado.

El tercer elemento lo tenemos en las multas. Las multas, que a cualquier mortal nos parecen enormes, son apenas hacerles cosquillas a los que ha estado usando estos procedimientos durante 25 años y que han ganado miles de millones de euros con esto. Las multas son apenas testimoniales; salen rentables. Pagas un poco en comparación con lo mucho que has ganado, por lo mucho que le has sacado al dinero del estado.

El hecho de que los fraudes en las construcciones se dieran en las administraciones autonómicas y municipales, que son las que disponen de terreno es escandaloso. Ahora nos dicen que esto se ha dado en territorios ministeriales, como los de Fomentos, que tenemos menos hospitales, aeropuertos, etc. porque hemos tenido que pagar mucho más por los existentes dados los pactos para no competir y tener que realizar ofertas más bajas. Hemos pagado todo lo construido de forma más cara gracias a estas prácticas durante 25 años.

Pero no es la única noticia indignante. La noticia sobre cómo la bonificación de esos 20 céntimos de euro, destinados a abaratar los combustibles a los ciudadanos, han sido "absorbidos" por las gasolineras subiendo los precios es de nuevo indignante y reveladora.

Es el resultado de un estudio sobre el comportamiento de los precios realizado en ESADE. En RTVE.es se señala:

La hipótesis principal, según sus autores, es que esta situación se debe a "un fallo de diseñode la bonificación del Ejecutivo con respecto a las estaciones de servicio independientes. "El sistema de anticipos implementado por el Gobierno para dotar de liquidez al sector se ha revelado insuficiente en el caso de las gasolineras independientes con menores precios, lo que ha podido llevar a que aumenten sus precios para poder garantizar dicha liquidez", apunta el documento.

Así, los autores consideran que las grandes compañías "pueden permitirse llevar a cabo esta estrategia de no subir precios, o incluso bajarlos ligeramente en el caso de la gasolina 95", ya que cuentan con los márgenes de sus actividades de refino, así como con precios previos superiores respecto a las estaciones de servicio independientes.

"Este abaratamiento relativo de las gasolineras operadas por operadores mayoristas respecto al resto del mercado nos parece especialmente preocupante a medio y largo plazo, puesto que entendemos que puede minar la competencia en el sector", advierte el informe.**


Que el efecto de una ayuda destinada a hacer descender el pago por parte del ciudadano sea encarecer el precio de la gasolina y que se embolsen otros ese dinero es algo más que un despropósito, es una forma de funcionamiento del sistema, que actúa siempre en beneficio de unos y en detrimento de otros.

Esta forma de capitalismo que practicamos no beneficia a los consumidores, sino que por el contrario trata de explotarlo apoyándose en prácticas como las que se nos ha mostrado en un sector como la construcción o ahora en la energía.

Sigue sin haber explicaciones coherentes sobre porqué las energéticas están aumentando beneficios de forma espectacular, mientras se aplica una ley de inevitabilidad a los padecimientos económicos de los consumidores y usuarios, desprovistos de amparo ante los abusos y connivencias de un sector, como es el inmobiliario, que se lleva la base de sus ahorros y otro como el energético, del que cada vez sospechamos más que Putin es el inicio, pero que hay otros muchos que se están beneficiando aumentando su márgenes de beneficio por la sencilla ley del mercado que todo lo que se pueda ganar se gane. Es una versión más elegante del "¡p'a la saca!", el "Non Plus Ultra" de estas generaciones educadas siguiendo a sus mayores. Hasta los más indocumentados son capaces de hacer gastar al estado, como aumento especulativo del precio de las mascarillas; basta tener primo, hermano o amigo bien situado. Luego, el dinero llama dinero.


Las informaciones que nos van llegando describen un estado lleno de agujeros y trampas, fácil de engañar y desviar lejos lo que entra y sale. ¿No hay controles o, por el contrario, los controles están controlados por manos expertas en estos chanchullos?

Comentaban hace unos días en un canal que los viejos lazos entre las empresas y la política no se han desatado y que unos sostienen a otros dándoles apoyos. Hoy por ti; mañana por mí, parece ser el lema.

Lo ocurrido con sector de la construcción es un enorme escándalo, tanto por sus efectos como por su duración. El hecho de que una bonificación al ciudadano se resuelva en un aumento de los precios es algo más que un "fallo de diseño"; es el funcionamiento perverso del sistema que lo permite. Hablan de que han sido los que controlan las refinerías los que han manipulado los precios para recoger ese dinero que sale del estado.

Podríamos citar más casos en los que las ayudas se acaban convirtiendo en perjuicios para los ciudadanos. La pandemia, la guerra, etc. todo son excusas para unos aumento de precios que están causando una enorme inflación. Muchas veces se trata de excusas para las subidas de precios que aumentan las ganancias, por lo que desincentivar los beneficios escandalosos, sin escrúpulos, tendría que empezar a funcionar. Pero, como sucede con los lazos económico-políticos de Putin, los lazos del mismo tipo de los políticos españoles son complicados de deshacer. Demasiadas conexiones, demasiada información circulando, demasiada protección en muchos niveles.

No estamos hablando aquí de los chorizos, de los tironeros, etc. Estamos hablando de los "respetables" ejecutivos, directivos, empresarios, etc. que han basado su riqueza en este tipo de manipulaciones. Lo han hecho porque han podido, simplemente; lo han hecho porque es bueno ganar mucho dinero y es inteligente saltarse las reglas, normas y leyes, que son para los de abajo, usted y yo. Ganas muchos dinero para ir a las mejores escuelas de negocios, a las mejores universidades, etc. para aprender ese principio básico: la normas son para los de abajo, para los tontos. Me parece muy bien que les multen; me gustaría que les retrataran, que les pusieran foto y nombre y apellidos, su declaración de la renta, etc. Los españoles tenemos derecho a saber dónde va nuestro dinero, creo yo, ver el coche, el yate, los relojes, como los dos listillos comisionistas de las mascarillas del "¡p'a la saca!", alevines con futuro.

Hace falta limpieza a fondo. El "mercado" no es el paraíso, sino la jungla en la que tenemos que sobrevivir cada día. Necesitamos movernos por un sistema limpio y claro y no estas oscuridades acumuladas, estos meandros de corrupción, a un lado y otro de los límites. De la modesta gasolinera a los llamados "G7 del ladrillo" (la G es por "golfos"), hay que proteger a las personas de este afán depredador que afecta tanto a las personas como a las arcas del Estados, es decir, nos las dan por todos lados.  

* "La CNMC multa con 203,6 millones a seis constructoras españolas por alterar las licitaciones durante más de 25 años" RTVE.es 7/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220707/cnmc-multa-constructoras/2387240.shtml

** "Las gasolineras subieron sus precios entre 0,7 y 3,5 céntimos tras la bonificación del Gobierno, según Esade" RTVE.es 7/7/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220707/gasolineras-subieron-precios-carburante-descuento-gobierno/2387216.shtml

domingo, 23 de marzo de 2014

El que no gasta es porque no puede

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El editorial del diario El País se plantea una cuestión que afecta a gran parte de Europa y a nosotros especialmente, ya que estamos en un proceso de débil recuperación de nuestra economía. Señalan en el diario:

 A pesar del desapalancamiento reciente de empresas y familias, el endeudamiento privado sigue en niveles absolutos y relativos muy elevados. En ausencia de crecimiento de las rentas, las generadas por los ingresos de ventas en las empresas o de salarios en las familias, la solvencia no mejorará precisamente. Y con ella la calidad de los activos bancarios. Y estos no normalizaran su inversión crediticia. Un círculo vicioso que nos resulta familiar.
La principal ventaja del acusado descenso de la inflación en España es la mejora de la competitividad vía precios de nuestras empresas. Pero para que esa ventaja sea apreciable es necesario que nuestros competidores o socios comerciales mantengan ritmos de inflación muy superiores a los nuestros. No es el caso de la eurozona, donde el promedio sigue en tasas de inflación del 0,7%. Claro que sería muy deseable que economías como la alemana registraran aumentos de sus rentas y demanda que impulsara algo más su nivel de precios. Pero las políticas que condujeran a ese tipo de resultados parecen hoy descartadas y el horizonte previsible no es otro que el de crecimiento tibio, elevada tasa de paro y pérdidas de bienestar de la población. La ganancia del poder adquisitivo que registran aquellos que tienen empleo y rentas aseguradas es solo un paliativo parcial de las amenazas en economías como la española del descenso excesivo en los precios.*


En resumidas cuentas, lo que no viene a decir es algo sencillo: que deberíamos ganar más para pagar nuestras deudas. Pero para ganar más, los demás deberían comprarnos lo que producimos y parece que no están por la labor. La mejora de la competitividad, con los sacrificios que conlleva, se justifica si se da salida a lo que producimos. Pero si esas circunstancias no se dan, el sacrificio es más doloroso. Lo absurdo de todo esto es que para que a nosotros nos vaya bien, antes le tiene que ir bien a los alemanes, pero lo alemanes le tienen pánico a la inflación y procuran contener su gasto lo que pueden, manteniendo los precios bajos. ¡Estamos listos!
Cada vez se entiende menos cómo la economía española ha podido ser tan poco previsora como para meterse en el atolladero en el que se encuentra. La combinación suicida entre endeudamiento y desempleo y salarios bajos tiene un carácter explosivo. ¿De verdad alguien pensó que eso puede funcionar? Recuerdo la teoría de que los españoles eran capaces de realizar cualquier sacrificio con tal de pagar escrupulosamente sus hipotecas. Pero se tiró demasiado de la burbuja inmobiliaria que afectaba a los dos extremos de la cuerda, constructores y compradores, que iban ambos al mismo sitio, los bancos, a pedir prestado. Todo iba a ser ganancias: el constructor ganaba, el comprador ganaba (¿qué podía ser más rentable que un piso?). Los resultados los conocemos y los padecemos todos en mayor o menor medida.

El crédito fácil se vuelve contra ti cuando has mantenido una política de abaratamiento del empleo y de las condiciones del despido. ¿Con qué dinero devuelves tus préstamos si no te llega para vivir, si donde había dos sueldos ahora vivían solo con uno o donde había uno están en el paro? El Estado ingresa menos y tiene que atender a más y se endeuda.
La gente ya no se pregunta tanto por la "salida de la crisis" sino por la situación que va a constituir nuestra "normalidad" durante mucho tiempo. Algunos señalan que se tardará mucho, décadas, en llegar a niveles como los que teníamos hace unos pocos.
Lo más preocupante es que seguimos sin un diagnóstico crítico, es decir, un diagnóstico que no solo nos muestre nuestro males sino nuestros errores. Será difícil que España supere mucho de lo que tenemos por delante sin un franco examen de conciencia y un sentido nacional de la economía en su conjunto.
Sin embargo, eso no asoma por ningún lugar. España carece de una auténtica política económica dese hace décadas. Por política económica me refiero a una capacidad de marcar líneas y objetivos más allá del consabido número de turistas. El panorama que tenemos delante es negativo en el sentido de no vislumbrarse una unidad eficaz para trazar estrategias que nos alejen de nuestros problemas. Deberíamos abrir un diálogo sobre el modelo económico de país, en su vertiente productiva, porque de otro modo volverá a repetirse nuestra enfermedad vital. Tenemos que apostar por la industria y la innovación, frente a los modelos que no nos van a permitir más que esa nefasta dependencia del turismo y el ladrillo. Esto ya lo hemos experimentado y sabemos lo que da de sí.


Es preocupante el optimismo inmobiliario, porque ya ve sus signos de recuperación, es decir, de vuelta a la subida de los precios. Es sorprendente que se piense tan poco en nuestro país y se piense más en hacerlo "atractivo" para los demás, que es el sueño del sector inmobiliario y el turístico. Si los españoles no pueden comprar viviendas por lo alto de los precios y lo bajo de los salarios, se venden a los de fuera. Ya estamos preparando la siguiente burbuja.
El mundo visto por el sector inmobiliario es de otro color y, especialmente, de otros intereses. Podemos apreciarlo en las declaraciones hechas a la revista del sector Interempresas por el consultor inmobiliario de entidades financieras y fundado de la Red de Expertos Inmobiliarios, el señor Eduardo Molet:

En la actualidad, en una de cada cuatro ventas de inmuebles, el comprador es extranjero. La mayoría de ellos compra segunda residencia en una zona turística, pero están aumentando las ventas entre los que compran vivienda por motivos laborales. Esta situación se desencadenó hace poco más de un año, pero en los últimos meses se ha acelerado, y todo indica que la compra de vivienda por parte de extranjeros seguirá subiendo. “Hace un año, las ofertas de los fondos por las viviendas eran temerarias, pero actualmente han aumentado considerablemente y ya se ajustan al precio de mercado”.
Por nacionalidades, los que más están comprando son británicos (17%), franceses (10%), rusos (9%) y alemanes (8%). “También están aumentando las ventas entre los chinos, ya que así obtienen el permiso de residencia y se pueden desplazar libremente por Europa para hacer negocios”, explica Eduardo Molet.
Entre estos compradores extranjeros, los rusos son los que posiblemente más y mejor valoran la posibilidad de trasladar su residencia a España, por el estilo de vida y las posibilidades de abrir negocios, “pero para atraer a los extranjeros e incentivar la compra de vivienda entre ellos, hay que hacer el camino más fácil”, explica Eduardo Molet, que cree que hay que garantizar una mayor seguridad jurídica en sus inversiones inmobiliarias.
También es importante, en palabras del consultor, dar un impulso privado con apoyo de las instituciones públicas para organizar salones inmobiliarios en el extranjero, con participación activa de las embajadas, en las principales ciudades el mundo. “Nos tenemos que convertir en un país exportador, vendiendo en el extranjero la vivienda de segunda residencia de las costas y las islas españolas”.**


No entiendo muy bien el concepto de "país exportador" en lo referente a las viviendas, pero me imagino que él lo tendrá claro. La mayor parte de las inversiones en España lo están haciendo de nuevo en el sector inmobiliario que es en el que encuentran las gangas que después se encargarán de ir subiendo de precio.
Es una lástima que la inversión se centre en sectores cuyos resultados hemos visto cuando iban bien: endeudamiento y burbuja. No puedo compartir el optimismo del señor Molet. Entiendo que es un optimismo sectario y sectorial. Me gustaría que esas viviendas las compraran españoles, señal de que disponen de dinero para hacer, de sueldos estables y empleo bien pagados. La idea de subir los precios de la vivienda de cara a los extranjeros nos condena a nosotros, que quedamos en los márgenes. Convertir tu país en "turístico" supone una serie de distorsiones para los que viven aquí, como sabe cualquiera que viva en una ciudad turística. Los precios se empiezan a ajustar a los que tienen dinero, los que llegan de fuera y no a los que viven dentro.


Si como señala El País nuestro problema es que estamos endeudados, que se nos pide que se bajen los salarios, por lo que la débil demanda interna no tira del empleo, y todas nuestras esperanzas están en que los alemanes se suban el sueldo para comprar más cosas que produzcamos y que los comunitarios, rusos y chinos se compren las casas que no podremos comprar de nuevo a causa de la ausencia de créditos y de la subida de los precios, no entiendo muy bien cuál es el futuro que están arreglando.
Llamo no tener política económica a sentarse a esperar a que a otros les suban los sueldos o que vengan a comprar. Todas nuestras expectativas pasan porque los demás sean más ricos que nosotros y que nos caiga algo. Me reconocerán que como política es bastante pobre. Súmenle las noticias del aumento de la desigualdad en España, mayor que en el resto, y tendrán el panorama completo. Deberíamos recordar que nos endeudamos cuando íbamos bien y que cuando vamos mal es cuando no podemos pagar las deudas. Se puede reflexionar mucho sobre eso.
Apoyen a los sectores que producen e innovan; son los únicos con un verdadero futuro. Menos "marca España" y más "made in Spain".



* "Temores deflacionistas" El País 23/03/2014 http://economia.elpais.com/economia/2014/03/21/actualidad/1395418864_922479.html

** "Cada vez más extranjeros compran casa en España y los precios de la vivienda comienzan a subir en algunas zonas" Interempresas 17/03/2014 http://www.interempresas.net/Construccion/Articulos/120802-Cada-vez-mas-extranjeros-compran-casa-Espana-precios-vivienda-comienzan-subir-algunas.html







domingo, 16 de diciembre de 2012

La prudencia y la sinceridad, virtudes bancarias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El Mundo publica una entrevista con el presidente de Banco Popular, Ángel Ron, y dice de él que es un banquero "sincero, pero prudente"*. La sinceridad y la prudencia no deben estar reñidas y si lo están es que se ha metido por medio el "silencio", que sería la prudencia del no decir, algo que no debería llamarse "sinceridad". Sabrá El Mundo por qué lo dice y si no se trata del acto de fe con el que debe comenzar toda entrevista que no derive en una pérdida de tiempo o en una manipulación del que la lee y escucha.
La más sincera declaración de la banca la escuché hace unos días: "Los bancos están para ganar dinero y unos lo hacen mejor que otros". No tuve que ir a ninguna rueda de prensa o citarme en la intimidad de algún reservado. Me lo dijo la cajera que me atiende cuando voy a mi sucursal, desde el otro lado del mostrador, mientras completaba los papeles de una transferencia. "—¡Con la que está cayendo con los bancos!"— le dije algo irritado. "—¡Se dicen muchas cosas de los bancos!"— me respondió con la ironía de quien sabe que el banco que hay al otro lado de la calle está bastante peor.


Utiliza Ángel Ron dos expresiones habituales para sacudirse esas "muchas cosas que se dicen", una de ellas es "chivo expiatorio" y la otra "cabeza de turco". No entra en muchos detalles, quizá por la prudencia que se menciona en la entrada del texto. "Es muy fácil poner a la banca de chivo expiatorio cuando aquí hay animales de diferente condición", dice. Tiene cierta razón en ello, pues la banca siempre ha sido poco dada a la explicación y eso tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es cierta discreción porque la banca nunca suele ser simpática para nadie, ni en los mejores tiempos. Nuestra desgracia comenzó el día en que los banqueros comenzaron a aparecer en la prensa del corazón y se les dieron doctorados Honoris causa. El inconveniente es que esa misma discreción se aprovecha en su contra por parte de los que sí tienen como vocación la locuacidad y por arma la retórica.


Es cierto que la responsabilidad va más allá de la banca, que se extiende a esos otros animales parlanchines que hemos engendrado como sociedad. Pero no por ello deja de ser cierto la responsabilidad de la Banca. En su evaluación de la situación, Ángel Ron señala:

Estamos atravesando la peor crisis económica que haya sufrido España en 70 años. Es una crisis brutal y muy compleja, con tres pilares. Primero, la financiera, consecuencia de una serie de desajustes después del estallido de la burbuja inmobiliaria. Segunda, la económica. Venimos de una economía con un peso de la construcción superior al 12%, y las otras palancas de crecimiento todavía no aportan lo suficiente. Y sobre estas dos crisis se superpone una crisis de deuda soberana. En la medida en que no tengamos una solución sobre la irreversibilidad del euro, tendremos unos costes de financiación muy altos. Insostenibles. Todo esto, mezclado, hace muy difícil saber cuándo podremos retomar la senda del crecimiento. Vamos a vivir un año duro de recesión en 2013.*

Esta labor analítica, de separación, es un interesante movimiento intelectual que no puede hacerse en la realidad pues esa "serie de desajustes después del estallido de la burbuja" prescinde de la formación de la burbuja en la que la Banca ha tenido un papel esencial a través de la financiación inmobiliaria al que construía y al que compraba, llevándose por las dos partes cuando todo iba bien. La burbuja no surgió de la nada ni estalló porque sí. Debo colocar esta omisión del lado de la "prudencia", no desde luego en el de la "sinceridad".


En segundo lugar el excesivo peso del "ladrillo", hasta ese 12% de la economía nacional, tampoco es casual, sino por el exceso de inversión en el sector, precisamente porque existía una "burbuja", una euforia que permitía ganar mucho dinero a muchos, entre ellos la banca, evidentemente, hasta que la morosidad se ha disparado. También el hecho de que las otras "palancas" no consigan tirar de la economía lo suficiente es consecuencia de la política crediticia seguida porque podría haberlo destinado a sectores empresariales emergentes, pero rentaba más hacerlo en la especulación financiera y en la inversión inmobiliaria, como se ha podido comprobar posteriormente.
En tercer lugar, la crisis de la "deuda soberana" es consecuencia de las otras dos, pues surge de la falta de "credibilidad económica" de España, que hace dispararse la prima. La "credibilidad" no es una cuestión personal, sino el resultado la evaluación de la confianza en que nuestra economía se pueda recuperar por sí misma para cumplir sus compromisos. Esos compromisos se pueden cumplir si vamos bien en eso que llama, siguiendo el tópico, la "senda del crecimiento" que, como te descuides se convierte en la "senda de los elefantes", el camino al cementerio. La "confianza" es un hecho circular: tienen confianza en ti cuando mejoras, en donde "mejorar" es un hecho complejo y relativo al ojo del que mira.

Por eso la conclusión a la que llega el señor Ron es a la vez "prudente" y "sincera" desde la perspectiva del ojo del banquero:

Para que vuelva el crédito no sólo se tiene que dar el hecho de que la banca esté saneada, sino también que la economía esté mejor. Si los planes de empresas y los gastos familiares no se soportan con un escenario que vaya a mejor, la prudencia llevará a extremar las condiciones de la financiación.*

No deja de ser curioso escuchar estas cosas. Sin negar la existencia de chivos, cabras y carneros de todas las razas en la responsabilidad de esta crisis brutal, es evidente que donde se está poniendo el énfasis es en la recuperación bancaria. Todo lo que nos dicen los políticos para justificar las ayudas solicitadas, su justificación social, pasa por la fluidez del crédito hacia la sociedad y las empresas. Si no ¿qué sentido tiene sanearla? Y es aquí donde la Banca se vuelve prudente, después de tantos años de imprudencias: si la economía "está mejor" —y solo entonces—, volverá el crédito.


Es difícil pensar con la mente de un banquero. O a lo mejor muy fácil, pero no los entendemos. Parece evidente que esas "palancas débiles" de nuestra economía deberían ser el futuro para evitar ese peso del 12% de la construcción en nuestro país que ha sido nuestra auténtica condena, nuestra pésima elección, la que ha hipotecado nuestro futuro. Sin embargo, parece que la única preocupación es cómo dar salida a esas 800.000 viviendas construidas en una burbuja alentada por quien concedía los préstamos para comprarlas, algo que él cifra en tres años en buenas condiciones. Señala: "[...] habría que empezar a poner grúas dentro de 18 meses para tener pisos al cuarto año". Habrá que acelerar lo de los permisos a rusos y chinos —propuesta del sector inmobiliario al gobierno— a ver si conseguimos que venga alguien con dinero a habitar ese poblado fantasma que hemos levantado.


"Tengo que decir que la banca privada cotizada no le ha costado ni un euro al país"*, señala Ángel Ron. No sé si eso es por la prudencia o por la sinceridad. Pero entendemos el mensaje. Quien no recibe, no está obligado a dar.

* "'No habrá crédito si no mejora la economía'" El Mundo 15/12/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/15/economia/1355572860.html





martes, 20 de noviembre de 2012

Casas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si una gran parte de nuestra economía ha girado sobre el sector inmobiliario, una gran parte de los discursos políticos y sociales giran alrededor de las casas. Parece que se han convertido en el centro del problema. Dice la patronal bancaria que el 97% de las hipotecas se pagan —iba a decir "sin problemas"—, que solo hay ese tres por ciento restante de personas que se ven inmersas en los impagos. Es una forma de relativizar el volumen de los discursos, aunque no sé si será convincente el argumento y tendrá eficacia. 
La Banca está preocupada porque se modifiquen sus condiciones hipotecarias por los efectos sobre una minoría. Todo esto pendientes de lo que diga Europa después de lo que ya han dicho otros sectores, especialmente los jueces, sobre la opinión que les merece en el siglo XXI esta ley de principios del XX que ha cumplido "bien" su función, ser implacable con el que no paga.
Me extraña la salida que ha tenido Miguel Martí, presidente de la Asociación Española de la Banca (AEB), al decir que lo que hay que hacer es construir más casas y dar más hipotecas*. El señor Martín revela así su concepto de lo que le conviene a la Banca. Creo que lo que en este momento necesita España no son más casas, sino más sueldos. Y esos sueldos solo se podrán tener si la Banca concede préstamos a las empresas, que es lo que apenas hace. Sin ese dinero, difícilmente se pondrá en marcha la creación de empleo, que es lo que la gente necesita para tener un sueldo y poder pagar las hipotecas de esas casas que entonces sí se podrían construir, si fueran necesarias.


La Banca ha tenido un papel esencial en la crisis económica pues es el crédito el que orienta selectivamente el crecimiento. Esa es la función del crédito según nos cuentan los libros. Una banca sensata selecciona allí donde ve que hay oportunidades de crecimiento y apuesta con el crédito concedido. El problema es que, cuando hay una burbuja, la Banca —respaldada por una férrea ley de hipotecas— trabaja con red mientras que los hipotecados ven abrirse bajo sus pies los abismos infestados de las alimañas del desempleo. Se quedan sin trabajo primero y sin casa después. Lo que propone el señor Martí es empezar la casa por el tejado. El suelo es el empleo.

La Ley que defiende la banca diciendo que no se deben hacer "reformas de calado" para no alterar el mercado hipotecario es evidentemente proteccionista para los bancos a los que disminuye el riesgo porque se hacen con los bienes suficientes como para que les compense dar "malos" créditos. El problema, como siempre, es que con aquello que se quedan vaya perdiendo valor, que es lo que ocurre ahora con el mercado inmobiliario una vez pinchada la burbuja. La Ley no estaba pensada para burbujas, sino para pérdidas ocasionales que no hicieran bajar los precios del sector inmobiliario en su conjunto. Perdían una parte, pero lo recuperaban con creces al no disminuir el precio de la vivienda. Ahora sí ha caído y lo seguirá haciendo.
En este contexto de caída del precio de la vivienda y de stock sin salida, el gobierno se saca de la chistera una medida que ha dejado a todo el mundo boquiabierto a tenor de las reacciones: ¡conceder permisos de residencia a los que compren viviendas por encima de un cierto valor, de 160.000 euros! Las reacciones son todavía tímidas porque no se conoce precedente y, sobre todo, no se sabe muy bien qué se consigue además de evitar que bajen los precios y que los bancos puedan perder.


La medida es la constatación de que el mercado interior está exhausto, más que agotado; la evidencia de que con cinco millones de parados y sin crearse empleo, la solución viene de más allá de las fronteras, de los que tengan dinero, inversores o simples compradores. Como los comunitarios no tienen ese problema y pueden venir a vivir entre nosotros siempre que quieran y puedan —pues muchos están ya tocados por sus crisis particulares y las de todos—, la medida, apuntan, se dirige a rusos y chinos. Seamos más precisos: a rusos y chinos que dispongan de esas cantidades para comprarse, con la casa, un permiso de residencia.

La medida me parece lamentable y no sé si beneficia a la "marca españa", pero desde luego a España (¿se acuerdan?) no. Que un país pueda vender permisos de residencia por compra de casas es una renuncia, más bien un pisoteo, a su propia consideración como nación. Es, sencillamente, mercadeo. Nuestro deterioro es ya grande como para aumentarlo más con este tipo de medidas. Tienen razón las asociaciones de inmigrantes que han dicho que la medida no les parece justa pues no es más que una compra de "papeles" en la que se pierde de vista la ley para modificarla para quien tiene dinero.
En el fondo es lo que se ha dicho que se va a hacer con el señor Adelson y sus "Eurovegas" madrileñas. Si monta su imperio ruletero aquí, le barremos de la alfombra roja las leyes molestas para dejarle el negocio como los chorros del oro. Cuando un país de dedica a cambiar sus leyes por dinero es que le queda poquito sentido de ciertas cosas básicas.

No entro demasiado en el provecho que ciertos sectores conocidos de ciudadanos rusos y chinos poco ejemplares —como los amigos de Nacho Vidal, sin ir más lejos— le pueden sacar a esto de comprar casas aquí con permiso de residencia incluido. La compra de casas en España para el blanqueo de dinero es casi un tema tabú que reaparece de vez en cuando vinculado a mafias de uno y otro país. La publicación Rusia Hoy nos planteaba algunas consideraciones interesantes sobre el deseo ruso de tener casa en España bajo el título "La aventura rusa contra el fantasma del blanqueo":

Si nos ponemos en la piel de un inversor ruso que quiere adquirir una segunda residencia en nuestro país, las trabas no parecen, en principio, muy grandes. Su primera atracción a la hora de comprar una vivienda en España es, sin duda, el clima y la necesidad de tener una casa a pie de playa a 20 grados al sol, no a menos 30. El carácter sufridor de un ruso, según destacan los abogados españoles que trabajan con estos ciudadanos, es mucho mayor que el del inversor inglés, acostumbrado como europeo a tener otro tipo de facilidades. No ponen reticencias a las grandes colas, por lo que tienen paciencia para llevar a cabo un sinfín de trámites. El primero de ellos y el más dificultoso es el trato con la entidad bancaria que pone una cantidad muy elevada de requisitos a la hora de obtener un crédito español. En conclusión, la atracción rusa que ejerce España es extraordinaria pero para ello sería necesario facilitar su entrada de divisas.
 En la otra cara de la moneda la opinión de los abogados, que tratan con este tipo de clientes, es clara. “La experiencia nos demuestra que en muchos casos las operaciones con origen de capital de ciudadanos rusos han servido para encubrir el origen ilícito de dinero. Esto explica que de alguna manera la procedencia rusa implique un mayor nivel de diligencia en el análisis de riesgo de blanqueo por parte de las empresas españolas”. El abogado catalán Rafael Buzón señala que Rusia está dentro de esta lista de países de riesgo susceptible a una mayor revisión en el SEPBLAC (Servicio Ejecutivo de Prevención de Blanqueo de Capitales). En este sentido, aunque la ley no concreta un listado de estados que deban considerarse particularmente sospechosos de blanqueo de dinero, sí que hay operaciones cuya procedencia  geográfica es suficiente motivo para un mayor análisis de la operación.**

Mucho me temo que lo del "mayor análisis" nos lo exijan de fuera, desde la Unión Europea, ya que aquí solo damos facilidades, según parece. A los tradicionales blanqueos mafiosos en los casinos, que pronto estarán también a nuestra disposición, se suman ahora los más que probables de la llegada de capitales exteriores para la compra de casas. El negocio puede ser redondo para las mafias: compran "casas" y venden "permisos de residencia" a la vez que blanquean.

No salimos de esos cuatro muros mentales que son, en gran medida, responsables de nuestra crisis. No hacen falta más casas; nos sobran. Tampoco nos hacen falta más mafiosos de los que tenemos. Lo que hace falta es apoyo crediticio a las empresas que vayan más allá del sector inmobiliario, apostar por otro crecimiento. Necesitamos empleos estables y sueldos dignos; que las casas sean lugar de descanso y no de sufrimiento angustiado.

* "La banca aboga por construir más casas y dar más hipotecas" La Vanguardia 19/11/2012 http://www.lavanguardia.com/economia/20121119/54354634253/la-banca-aboga-por-construir-mas-casas-y-dar-mas-hipotecas.html
** "La aventura rusa contra el fantasma del blanqueo" Rusia Hoy 30/03/2012 http://rusiahoy.com/articles/2012/03/30/la_aventura_rusa_contra_el_fantasma_del_blanqueo_16687.html