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jueves, 4 de septiembre de 2025

De qué hablan los dictadores

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los regímenes autoritarios no solo aumentan en el mundo, sino que se agrupan y celebran sus propias cumbres. En parte, es el efecto extraño de que el bloque democrático tenga a su frente a Donald Trump, que está convirtiendo a Estados Unidos en una extraña "democracia" con la que es difícil estar de acuerdo dadas las manifestaciones y acciones que allí se producen.

La reunión en China de dictadores se ha tomado con gran preocupación por resto del mundo. Los analistas lo ven como una forma de oposición al mundo guiado desde Washington, una manera de fortalecerse, respaldarse y hacer negocios lejos del control desde la Casa Blanca.

De esta forma, el encuentro entre China, Rusia y Corea del Norte, con el añadido de algunos otros aliados, ha suscitado críticas y advertencias del peligro que supone esta alianza.

Pero el encuentro ha dejado dos detalles que han movido de la ironía a la especulación. El primero de ellos se trata de una conversación entre los presidentes ruso y chino. En RTVE.es nos la cuentan así: 

La visita del presidente ruso, Vladímir Putin, a China ha dejado una insólita conversación captada por un micrófono abierto. El mandatario ruso y su homólogo chino, Xi Jinping, han discutido sobre la posibilidad de que los seres humanos vivan hasta 150 años o incluso alcancen la inmortalidad.

El diálogo informal entre ambos líderes se ha producido cuando se dirigían a la tribuna del desfile militar en la plaza de Tiananmen para conmemorar el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Según la traducción difundida por Bloomberg, Xi ha comentado cómo, en el pasado, "rara vez se llegaba a los 70 años, pero hoy se dice que a los 70 se sigue siendo un niño".

Putin ha respondido que "gracias al desarrollo de la biotecnología, los órganos humanos pueden trasplantarse constantemente y las personas pueden sentirse cada vez más jóvenes e incluso alcanzar la inmortalidad". El líder chino ha replicado que las proyecciones científicas apuntan a que este siglo podría abrir la puerta a vidas de hasta 150 años.

En una rueda de prensa posterior, Putin ha confirmado la conversación y ha recordado que el difunto ex primer ministro italiano y aliado suyo, Silvio Berlusconi, "desarrolló activamente" el tema de la longevidad. *

El silencio puede ser muy violento cuando no se sabe de qué hablar, especialmente si se trata de mostrar sintonía, como era el caso. El hecho de que los autócratas especulen sobre la prolongación de la vida ha sido tomado como un tema que, interesando a ambos, tiene relación con su deseo de perpetuarse en el poder. Lo "enterados" que estaban ambos y la propia elección del tema de conversación ha sido tomado como parte de ese interés. El tiempo no perdona y pasa por los dictadores igual que para el resto.

La solución imperfecta la encontramos en el caso del dictador coreano y su acercamiento a la fórmula de la dictadura hereditaria. Como si fuera una monarquía, los dictadores norcoreanos se suceden en la familia consiguiendo así que todo quede en casa y que el ADN perdure. El actual dictador sucedió a su padre y veremos qué ocurre en el futuro.

En países que como Rusia y China tienen una tradición autoritaria "imperial", la sucesión puede verse como inviable por falta de aceptación. La idea de "partido" es superior a la de "familia". Lo de Corea del Norte sigue siendo atípico. Por eso no es de extrañar que se converse sobre fórmulas biológicas para extender la vida y, con ella, el poder dictatorial. Se prescinde, obviamente, de lo que los que están sujetos al autoritarismo puedan pensar de que sus "líderes" sean eternos.

La mención a Berlusconi lleva el problema de la duración más allá del autoritarismo, pero también es una muestra de cómo el tiempo, es decir, la duración de la vida y el poder, preocupa a un tipo de líderes que se siente que el poder está por encima de la muerte. Los avances en la ciencia de la biología, esos trasplantes infinitos, parecen alentar a buscar soluciones prácticas para seguir en el poder.

La otra cuestión que se ha suscitado tiene también que ver con la ciencia, aunque de una forma distinta. En 20minutos podemos leer: 

La imagen ha llamado la atención de muchos usuarios: un guardaespaldas del dictador norcoreano Kim Jong-un limpiando compulsivamente la butaca en la que su líder permaneció sentado durante la reunión con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, en Pekín.

La acción está lejos de responder a un ataque de higiene por parte del trabajador, sino, más bien, está motivada por instrucciones claras de que no quede rastro alguno del ADN del dictador para que nadie pueda utilizarlo con ningún tipo de fin. **


Si Putin y Xi está preocupados por la prolongación de la vida, Kim Jong-un lo está por su duplicación, lo que es bastante revelador. Creo que ese genérico "ningún tipo de fin" que se usa en el texto, tiene varias posibilidades, entre ellas la clonación. La posibilidad de que se acceda al ADN con fines de clonación encaja con esa forma de entender la dictadura como sucesión vinculada a la familia.

Borrar cualquier rastro de ADN es evitar que otros posean la información genética y también el uso que se pueda hacer de él, entre los que se encuentra el clonar.

Que los dictadores hablen de trasplantes infinitos, de técnicas de prolongación de la vida doblando su duración, que muestren miedo a que alguien se pueda hacer con su ADN es revelador de cómo piensan o lo que temen.

Cuando se tiene todo el poder, solo se nos escapa la muerte, ser mortales. Esta vez el pacto fáustico es con la Ciencia. 


* "Putin y Xi discuten sobre los límites de la edad humana y la posibilidad de que las personas vivan hasta los 150 años" RTVE / Agencias 3/09/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250903/putin-xi-discuten-limites-edad-humana-posibilidad-personas-vivan-hasta-150-anos/16716202.shtml

** "El momento en el que un guardaespaldas de Kim Jong-un elimina su ADN de la butaca de la sala en la que se reunió con Putin" 20minutos 3/09/2025 https://www.20minutos.es/internacional/momento-guardaespaldas-kim-jong-elimina-adn-butaca-sala-reunio-putin_6241506_0.html

sábado, 2 de marzo de 2019

La nueva (a)normalidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las palabras más complicadas es "normal". La aplicamos constantemente bajo nuestro propio riesgo a cosas, situaciones, acciones, etc. que no nos sorprenden, por lo que nos referimos a ellas como "normales. Por ello, nuestra percepción de normalidad y anormalidad dice mucho de nosotros, de cómo somos y de cómo percibimos a los demás.
Al periodista y presentador de la CNN, Anderson Cooper, como a millones de personas no le parece muy normal el comportamiento de Donald Trump y lo que se ha convertido en la "nueva normalidad", es decir, lo que el presidente dice, hace y hace ver. No es normal, dice Cooper, que el presidente de los estados Unidos, antes normalmente considerado el "líder del mundo libre" lance flores al dictador de uno de los regímenes más represivos del mundo, Corea del Norte. "No debería ser normal", precisa Anderson Cooper en su intervención televisiva. "Le gusta Kim Jong Un y le ha llamado un "real leader"", dice asombrado Cooper. "Paremos un momento —advierte—, ¿el líder del mundo libre llama al líder del régimen más represivo un "líder real"?". Después de señalar los méritos represivos de Kim Jong Un, se pregunta  "¿Es un líder real, en su opinión?". La conclusión es que es alarmante.


Las preguntas de Cooper son lógicas, pero contienen un pequeño fallo. Trump ya no es el líder del mundo libre, y ha arrastrado en su caída a los Estados Unidos precipitando su liderazgo. Trump ha hecho retroceder a los Estados Unidos en su liderazgo por su propia doctrina. La pregunta debería ser: "¿Es normal que alguien que amenaza, chantajea, niega sus responsabilidades en el calentamiento global, rompe todos los acuerdos internacionales, etc. sea considerado como el "líder del mundo libre"? La respuesta, evidentemente, es "no". Por lo que la respuesta a la pregunta de Cooper se invierte y pasa a ser "sí". Es decir: es "normal" que alguien autoritario, amenazante, que tiende a pisotear la legalidad nacional e internacional, que considera la prensa como un enemigo del pueblo, etc. le "guste" Kim Jong Un (o Putin o el príncipe heredero de Arabia Saudí...) y lo considere un "real leader".
Si los norteamericanos no ven normal lo que hace Trump, imagínense por un momento cómo lo ve el resto del mundo. Podríamos pensar que es recíproco, pero eso no está claro. Los dictadores se conforman con poco. Pero Trump necesita todos los focos.
Con Trump se ha roto la idea de normalidad en muchos planos, por no decir en casi todos. La esperanza es que algún día, cuando Trump desaparezca del mapa, el mundo se recupere de esta anormalidad. No está claro que esto suceda si sigue aumentando el número de regímenes a los que apoya o se siente respaldados por sus palabras. La desgracias es para esos pueblos que antes confiaban y ahora se sienten abrumados por las palabras admiradas que sus dictadores reciben del "líder del mundo libre".


Pero nada es tan sencillo ¿Borrón y cuenta nueva? El mundo no funciona así. El lío que está creando Trump por todo el mundo complica bastante la idea de normalidad, al menos de una normalidad pacífica. Por el contrario, el mundo que Trump venía a arreglar sigue aumentando los puntos de fricción. La "normalidad" de Trump es el conflicto, el escenario del que ahora se alimenta.
Rusia ya ha tomado posiciones en Venezuela agravando lo que ascendió en gravedad desde que el enviado Mike Pence, el vicepresidente, interviene en la compleja situación. Si hay algo peor que una guerra civil en Venezuela, es una guerra civil internacionalizada, con un país protegido por la Rusia de Putin, el gran aprovechador (primero Siria, ahora Venezuela).
Anderson Cooper hace preguntarse una y otra vez a los espectadores de la CNN, hecho tras hecho, si Kim Jung Un es "a real leader". Se trata de hacer ver la anormalidad de Trump. El problema que Trump está creando su nueva normalidad a base de la repetición del modelo. 


Kim Jong-Un no es el único caso. Trump también nos ha querido vender la normalidad del príncipe heredero saudí, cuyas órdenes acabaron con la vida del periodista Jamal Khashoggi; el presidente egipcio era un "buen chico" haciendo un "buen trabajo", otra forma de normalidad. Putin también era un "buen líder". Hay una normalidad en el universo de Trump que espanta al resto.
Y ese es precisamente el peligro de Trump, la normalidad, es decir, la normalización de lo anormal.
La diferencia entre ambos términos no es una cuestión de la realidad misma, sino de cómo la percibimos y valoramos. Si nos acostumbramos, como ha hecho Trump desde el inicio, a llamar buenos chicos y líderes reales a dictadores, autócratas y autoritarios, acabarán siendo tratados y percibidos como tales. De eso se ocupa la diplomacia, de "normalizar" las relaciones de aquellos que las rompen precisamente por no compartir esa normalidad que tratan de restablecer.
Estados Unidos ya no es el líder del mundo libre porque Trump le ha llevado a ser el líder de las dictaduras, que son aquellas con las que mejor se relaciona y admira. La incapacidad de un autoritario (como los norteamericanos ya han comprobado) para relacionarse con democracias le ha llevado a pelarse con, por ejemplo, el líder canadiense, Justin Trudeau, o a ausentarse de reuniones de dirigentes mundiales porque, pese a lo que diga él mismo, no sabe dialogar. Lo que él llama "negociar" es solo la presión a otros desde la fuerza, lo que ha hecho toda su vida en el mundo de los negocios, donde se trata de hacerse con lo que otros tienen o quieren.


La falta de sentido político y el narcisismo le llevan a ponderar a aquellos que le permiten "lucir" sus habilidades, mientras que denigra a aquellos que no le siguen la corriente o se le enfrentan. En privado puede despreciarlos —es poco probable que Trump pueda admirar sinceramente a alguien, pues se siente superior a todos—, como recogen del presidente egipcio. Trump es puro teatro.
Son malos tiempos para la normalidad o, si se prefiere, para la moderación, el diálogo, las libertades, la solidaridad, etc. Con Trump, el gran confundidor, en la Casa Blanca se ha producido una inversión de los valores, incluso de los propiamente americanos, en el sentido de proponerse como antítesis generosa del "viejo mundo". Trump ha convertido Estados Unidos en "viejo", reproduciendo los valores de los que huía y negando los fundacionales, el lugar de amparo. Ese era el "mundo libre" que ahora ha clausurado.



* "Cooper slams Trump: His idea of leadership is not normal" CNN 02/03/2019 https://edition.cnn.com/videos/politics/2019/03/02/kim-jong-un-otto-warmbier-donald-trump-anderson-cooper-kth-sot-ac360-vpx.cnn




sábado, 2 de junio de 2018

Las fotos molestas


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las fotos son muy importantes en política; para algunos, todo. Con una buena foto se pasa a la historia. Antes se apostaba por las grandes frases, pero con lo indocumentada que está la gente últimamente, se la acaban atribuyendo a otros, creyendo que es un refrán o váyase usted a saber. ¡Hay tanto ignorante! Una buena foto, en cambio, acaba en los libros. Primero se pone la foto y luego le crece el texto alrededor.
Así debe pensar Donald Trump, que está como loco por hacerse con la foto con Kim Jong-Un y testimoniar ante el mundo que ha sido él el que ha acabado con el "problema" de Corea del Norte. 
Acostumbrado a los shows y no a la política, para Trump el mundo es un espectáculo. Mucho más allá que Ronald Reagan, que era actor (malo, pero actor) y se curtió como gobernador de California, Donald Trump es un showman egocéntrico que se ofrece a sí mismo como regalo a las audiencias. El espectáculo es él. Y las fotos el recordatorio para la historia.
Cuando fue a Oriente Medio, se hizo una foto con el rey Salman y con el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi. Con las manos puestas sobre una especie de globo terráqueo luminoso, voceó al mundo que ya estaba allí y que se resolverían todos los problemas como si fuera un predicador sureño en una sesión de "revival", levantando enfermos de sus camillas, devolviendo la luz a los ciegos y el oído a los sordos. Pero o no les pagó lo suficiente o Dios no estaba de su lado, algo comprensible. 
Tras su paso nada quedó arreglado sino en un embrollo mayor, que terminó de enredarse con la búsqueda de otra foto, el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén desde Tel-Aviv. La foto no salió bien y acabó mostrando las decenas de muertos palestinos que su inconsciente idea ha causado. El conflicto no solo no se arregló sino que ha llevado al borde de otra entifada. La foto sirvió de poco.


La Rusia de Putin parece empeñada en chafarle las fotos con las que pasar a la historia. Después de elevar el nivel de peligro en las relaciones con Corea del Norte, la siguiente foto era "arreglar" los estropicios. La foto era la cita con Kim Jong-un en la que el apretón mostrara al mundo que ya estaba a salvo después de su intervención. Sin embargo, una vez comprendido el modus operandi, la forma de controlar sus pretensiones de posado son fáciles. Los juegos de la cita o no cita han quedado reventados ante la sorprendente apertura del líder norcoreano de tercera generación. Ha decidido recibir a todo el mundo, como quien dice, antes que a Trump, que ha quedado en evidencia.
El diario El País nos da cuenta de la visita de Serguéi Lavrov y el estrechamiento de manos, otra foto adelantada. El encuentro tiene, además, un marcado acento antinorteamericano:

El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, ha invitado al líder norcoreano Kim Jong-un a viajar a Rusia. "Estaremos encantados de recibirle", ha dicho Lavrov a Kim este jueves durante su visita a Pyongyang, según un comunicado publicado por el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores. Por su parte, Kim, quien ha destacado que se reúne con el canciller ruso por primera vez pero confía en que este encuentro sirva para estrechar más los lazos entre Moscú y Pyongyang, ha elogiado la política del presidente ruso, Vladímir Putin, para contrarrestar "la hegemonía de Estados Unidos".*


Con estas sencillas palabras, Kim Jong-un deja fuera de juego a Trump y sus pretensiones con la foto. Ya no se trata de Trump salvando al mundo del peligro norcoreano, sino de lo contrario, de los peligros del imperialismo norteamericano que debe ser contrarrestado por la unión de los demás.
Es lo mismo que Trump ha conseguido en Irán, es decir, tener en contra a todos y conseguir que Vladimir Putin se lleve el gato al agua. Hace mucho tiempo que Serguéi Lavrov le gana la partida a sus colegas norteamericanos, incluidos Hillary Clinton y John Kelly, no hablemos ya de los Secretarios de Estado de la época Trump, desbordados por su propio jefe, muchas veces sometidos al ridículo del desmentido o del cambio de planes. Lavrov, en cambio, es capaz de poner la misma cara desmintiendo que Rusia tenga algo que ver con lo que ocurra en Ucrania o para defender a Bachar al-Assad. 
El encuentro de Trump con el presidente de Corea del Norte, si es que produce finalmente, no va a ser el que le permita a Trump presentarse como el líder del mundo, sino en el que va a ser mostrado como un peligro mundial, un desestabilizador de la paz. De eso ya se está en cargando el propio Kim Jong-un:

"Valoro altamente que el presidente Putin contrarreste la hegemonía de Estados Unidos. Ustedes actúan con decisión y nosotros estamos siempre listos para intercambiar opiniones con Moscú respecto a la situación en la península coreana", ha dicho Kim al comenzar la reunión en Pyongyang. "Usted está visitando nuestro país en un momento muy significativo, cuando la situación en la península coreana está cambiando radicalmente y se dirige hacia unas negociaciones en consonancia con los intereses de los pueblos" de las dos Coreas, ha añadido, en referencia a las conversaciones que está manteniendo con el presidente surcoreano, Moon Jae-in.*

De esta forma, se desplaza la atención de Trump tanto hacia las dos Coreas como agentes de su propia relación y destino, como hacia la relación con Rusia, a la que se apoya explícitamente en sus actividades de frenado de las pretensiones hegemónicas norteamericanas. Trump está obligando a todos a acercarse a Rusia o, si se prefiere, Rusia aprovecha los distanciamientos que Trump provoca con sus ínfulas y malos modos amenazantes. Kim Jong-un conseguirá que sea él quien parezca controlar a Trump y no al contrario. El peligro para medio mundo son los Estados Unidos, un desestabilizador en estado puro con Trump en el poder. El caso de Irán es claro.
Europa queda en una situación compleja, con una guerra abierta con ambos —con Rusia por las sanciones y con Trump por las sanciones arancelarias—. Es preocupante (y revelador) que la unión de la ultraderecha y de los populistas de izquierda en Italia tenga como primer fruto el acuerdo del levantamiento de sanciones a Rusia tras la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea.


Este último aspecto es el importante tras muchas otras jugadas rusas. La intervención de Rusia en Ucrania es el punto de partida de estrategia de división de la Unión Europea y lo que ha hecho acrecentarse sus apoyos a los movimientos antieuropeos, incluidos los apoyos a Trump como agente desestabilizador mundial, algo que se ha revelado como de importancia para los planes rusos de recogida de los daños causados por la catastrófica política norteamericana.
Las fotos de Donald Trump compondrán un álbum sombrío por el que será recordado cuando pase definitivamente. El mundo tardará años en recuperarse de sus errores y de una política que, centrada en Estados Unidos, tendrá unos efectos nefastos. Norteamérica no se aísla, está siendo aislada. La idea de crear o reavivar focos de tensión para después presentarse como gendarme del orden mundial tiene un límite y un destino desastrosos si se comete un error de cálculo.


Estados Unidos, Trump va a quedar fuera de muchas fotos porque una vez que se ha entendido el protagonismo de Trump, frustrarlo en lo personal es fácil. Es lo que hizo Enmanuel Macron cuando le hizo el truco de dorarle la píldora para después soltar un discurso anti intervencionista en las cámaras norteamericanas. Macron fue astuto. Y le robó la foto. 
RT, el canal de Putin, recoge, con cierta sorna en el titular, la voz de Trump "No me gustó el encuentro de Lavrov con Kim Jong-un" (Rusia Today 1/06/2018). Pues de eso se trataba.


* "Lavrov se reúne con Kim Jong-un en Pyongyang y le invita a viajar a Rusia" El País 1/06/2018  https://elpais.com/internacional/2018/05/31/actualidad/1527760684_917946.html



jueves, 10 de agosto de 2017

Peligrosos juegos de niños

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si las palabras de Donald Trump tenían como objetivo asustar a Corea del Norte, lo cierto es que han asustado a todos —los norteamericanos los primeros— menos a los norcoreanos, cuyo sentido de la realidad es bastante deficiente.
Uno de los aspectos positivos de la globalización informativa y del movimiento de personas por el mundo es que uno puede ir y ver. Por eso los países, como las personas, que se encierran y quedan aisladas pierden el sentido de la realidad. Corea del Norte, está claro, lo ha perdido hace mucho y vive en su propio planeta, como demostró el incidente con la película "The Interview", que fueron incapaces de entender.
En Estados Unidos el fenómeno es más extraño: se han buscado un presidente que es incapaz de entender porque allí donde está él, el mundo se transforma en espejo en el que solo se ve a sí mismo. Lo que en Corea es sociológico, en los Estados Unidos es psicológico.
El hombre que había llegado para arreglar el mundo, lo ha puesto en pie dejando solo a los Estados Unidos y lo que es peor: ha abierto todos los frentes a la vez: Corea, Irán, Rusia, Oriente Medio...


Los editoriales de los principales periódicos norteamericanos muestran su preocupación. The New York Times señala en su editorial:

On some emotional level, one might be able to see why Donald Trump threatened to unleash “fire and fury” against North Korea if it endangered the United States. The North’s nuclear program is a growing menace, its warmongering tirades are unquestionably unnerving, and peaceful solutions to the threat it poses have been maddeningly elusive over many years and many American administrations.
But Mr. Trump is president of the United States, and if prudent, disciplined leadership was ever required, it is now. Rhetorically stomping his feet, as he did on Tuesday, is not just irresponsible; it is dangerous. He is no longer a businessman trying to browbeat someone into a deal. He commands the most powerful nuclear and conventional arsenal in the world, and any miscalculation could be catastrophic.
Even if Mr. Trump’s provocative remarks were part of a deliberate strategy for ratcheting up pressure on North Korea — and on China, which as the North’s main food and fuel supplier has more influence on it than any other nation — they would be at odds with the measured approach of his predecessors. This is a president with no prior government or military experience who has shown no clear grasp of complex strategic issues.
As The Times reported Wednesday, his inflammatory words were entirely improvised and took his closest associates by surprise. Intentionally or not, they echoed President Harry Truman’s 1945 pledge to inflict a “rain of ruin from the air” if Japan did not surrender after the first atomic bomb was dropped at Hiroshima, which made them seem even more ominous.*


El texto podría haber sido publicado en un periódico coreano, lo que nos muestra dónde se percibe el peligro. Puede que Trump no tenga experiencia militar —ya adquirirá cuando toque, piensa él—, pero se considera un maestro del desafío, del órdago a todas... ¡y que lo paguen ellos!
The Washington Post ha elegido otra estrategia diferente. Desde uno de sus titulares, señala "Dos terceras partes de los norteamericanos son incapaces de encontrar en el mapa dónde está Corea del Norte". Después lanza un reto al lector: ¿sabe dónde está?
En otro de sus artículos recoge cómo caricaturistas del mundo ven el enfrentamiento verbal entre los presidentes de los dos países, matización que creo es interesante hacer. El "America First" se ha transformado en un agresivo "Trump First" en el que el presidente sorprende en cada jugada, ya sea a través de un tuit nocturno o, como señala el texto de The New York Times, de forma totalmente improvisada ante sorprendidos miembros de su staff e invitados. No es normal que a un presidente de los Estados Unidos se le tenga que recordar quién es, pero en este caso e totalmente necesario, aunque sea dudosa su eficacia.
En el libro que Donald Trump y Robert T. Kiyosaki, que lleva por título "Queremos que seas rico. Dos hombres, un mensaje" (Aguilar, 2006), podemos leer:

Las personas esperan que los funcionarios de gobierno que han elegido resuelvan los crecientes problemas que afectan a las clases media y baja. Donald Trump y Robert Kiyosaki no son políticos (aunque hay un importante movimiento en favor de la candidatura presidencial de Donald); ellos escriben este libro en su calidad de empresarios, inversionistas y educadores
Ellos no prometen resolver tus problemas; lo que pretenden es que no te vuelvas víctima y los superes. No esperes que los políticos y funcionarios de gobierno ofrezcan soluciones. No pienses que tienes derecho a una vida segura, próspera y saludable. Donald y Robert desean que seas rico y contribuyas a la solución de los problemas que enfrentan nuestro país y el mundo.


De lo que no hablaban entonces los dos "generosos" millonarios es de su capacidad de crear problemas al mundo. Es fácil hablar de los "políticos" y criticarlos responsabilizándolos de todos los males cuando quieres (como en el caso de Trump) hacerte con el poder. La referencia a "un importante movimiento en favor de la candidatura presidencial de Donald" es un aviso sobre no tomarse a broma lo más disparatado.
Una de las caricaturas recogida por The Washington Post lleva el problema a la dimensión psicológica de los personajes, los dos presidentes. Nos muestra una sala de reuniones en la que están instaladas dos "tronas", dos sillas para bebés, con las inscripciones "N. Korea" y "USA" donde les esperan sus platos con puré y una cucharas. "No estoy seguro que hablar sirva de algo en este caso", dicen las dos personas que observan desde la puerta. La caricatura es de Tom Toles, de The Washington Post.*** La verdad del arte.


No son los únicos en ver lo infantil del caso. A las caricaturas habituales de Kim Jon-Un como un niño regordete y malcriado, se les suman ahora las de su rival, Donald Trump, de igual guisa. Se les retrata con frecuencia como dos niños en continua disputa por chupetes, biberones... ¡y bombas! La prensa "patriótica" que apoyó a Trump y sus propias declaraciones sobre que a Estados Unidos le gusta ganar guerras son un inquietante precedente de alguien imprevisible y sobre cuya cordura se han dejado de gastar bromas. Tras arrojar la "madre de todas las bombas", me temo que a Trump le interese crear un clima bélico para establecer un nacionalismo que le apoye. Da para eso y mucho más. El problema son las fantasías de Trump al respecto y la retroalimentación belicista.
Esperemos que lo visto hasta el momento haga que alguien pare esta absurda escalada. El mundo empieza a preocuparse realmente. China ya ha advertido, y es quien más puede hacer por frenar esta locura, algo que tampoco le hará gracias Trump por su afán de protagonismo.
Por mucho odio que le tuvieran a Obama, a Hillary Clinton, el mundo no se merece un Donald Trump en la presidencia. Ningún país se merece una bomba de relojería de este calibre produciendo un sentimiento unos días de vergüenza y otros de terror o una mezcla de ambos.


Los cuatro años de Trump, si llega él o llegamos todos al final, serán recordados como una pesadilla nacida de las migrañas de la democracia. El mundo está muy revuelto y va demasiado deprisa. Crece el número de imitadores de los locos que llegan al poder y venden que los tiempos han cambiado, que hay que enterrar la política y quedarse con el poder. Trump es el anti político que decía que los políticos no arreglan nada. Es la demostración de su propia inutilidad, pasando de la teoría a la práctica.
El mundo ha entendido que los países se pueden permitir todo si se dan las circunstancias. Las circunstancias se llaman poder y un buen enemigo, alguien que permita presentarse como salvador y héroe. Ahora Trump está solo. Nadie le va a seguir en sus disparatadas aventuras. Por el contrario, es un incentivo (el buen enemigo) para Corea del Norte, que es feliz porque un país, cuyas dos terceras partes de su población no sabrían encontrarla en el mapa, le amenaza con la madre de todas las guerras.
Si se piensa un poco, Trump y el dictador coreano tienen mucho más en común de lo que parece. Los dos nacieron con la vida resuelta, son malcriados y egocéntricos, y son la tercera generación de poder. Eso es suficiente para creer que se gana siempre.



 * "Fears of Missiles, and Words" The New York Times 9/08/2017 https://www.nytimes.com/2017/08/09/opinion/north-korea-trump-fire-fury.html
** "How Trump and North Korea are skewered by the ‘fire and fury’ of cartoonists" The Washington Post 9/08/2017 https://www.washingtonpost.com/news/comic-riffs/wp/2017/08/09/how-trump-and-north-korea-are-skewered-with-satires-fire-and-fury-according-to-cartoons/



jueves, 19 de mayo de 2016

Encuentros en cualquier fase

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me imagino que mucha gente se está imaginando cómo podría ser un mundo capitaneado por Donald Trump. Puede incluso que Woody Allen pudiera estar preparando un guión sobre su llegada a la Casa Blanca. Algunos líderes de diferentes países han formulado algunos comentarios, pero la procesión va por dentro. Más de uno se estará preguntando ¿Y si sale? Es el momento en el que la gente empieza a moverse nerviosa en el sillón, que se vuelve súbitamente incómodo.
Por ahora le están creando citas imaginarias, que son como ejercicios mentales que hasta no hace mucho pudieran parecer imposibles, como el que Euronews nos recoge:

Además de renegociar el Acuerdo sobre Cambio Climático, el virtual nominado republicano asegura que se entrevistaría con el líder norcoreano Kim Jong Un, en una reunión que daría un giro a la política estadounidense.
Donald Trump:
“Hablaría con él, no me supondría un problema hablar con él; y al mismo tiempo presionaría con fuerza a China, porque tenemos un enorme poder económico sobre China. China puede acabar con el problema en una reunión o con una llamada de teléfono”
El entorno de Hillary Clinton- su asesor de campaña Jake Sullivan- ha califica los comentarios de Trump de “sin sentido” además de “insultantes” para Corea del Sur, principal aliado de Washington en la región.*


Nadie se ha atrevido a preguntar a Trump que entiende por "presionar con fuerza a China", pero no sé si todo el mundo se atrevería a hacerlo. Puede que desconociera la existencia de Corea del Sur y no haya tenido intención de insultarla. Quién sabe.
La posibilidad de un encuentro en la cumbre entre el líder sexy de Corea del Norte y el líder los Estados Unidos, Donald Trump, puede superar el guión de la película The Interview, que causó algunos problemas por gastar bromas con un país tan serio.
Lo cierto es que el Partido Republicano ha hecho una jugarreta a la Humanidad que no sé si vamos a poder perdonarle en algún momento de la Historia. Ser recordado como el Partido que nominó a Donald Trump para la Presidencia de los Estados Unidos no es algo agradable, teniendo en la historia tantos ilustres nombres. Pero Trump los borrará todos de la memoria como un ciclón amnésico.
El papelón de los republicanos es irrepetible por mucho que se esmeren. No creo que se haya dado una campaña tan poco productiva y más mediática. Son dos aspectos que han ido de la mano: cuanto mayor eran los disparates, los medios han dedicado más espacio, unos llevándose las manos a la cabeza y otros tratando de explicar cómo había que hacer para intentar pararlo.


Ni unos ni otros han servido de mucho, me temo. Ahora todo quedará en las manos de los votantes, como debe ser. No por ello hay que dejar de examinar lo que ha ocurrido aquí, entre otras cosas porque lo que ocurre en los Estados Unidos acaban repitiéndose en muchas otras partes. La modernidad hace tiempo que llega de USA y si Trump (el renovador) sale adelante, mucho me temo que vamos a tener reality para rato.
Los problemas mundiales de liderazgo solo son comparables con los problemas de liderazgo mundial. Recogíamos el otro día aquí que ya estaban algunos echando de menos a Barack Obama como líder mundial, como líder de Occidente. Hillary Clinton es mejor que Trump, pero casi cualquier cosa es mejor que Trump.
Como esos monstruos de las películas de mutantes que se alimentan de aquello que usan para combatirlos, Trump se ha ido haciendo meriendas y desayunos con todo lo que le arrojaban. Los candidatos republicanos no pasaban de aspirantes a premios de feria de barrio mientras que Trump se encargó de despreciarlos y humillarlos. Él es rico y no necesita ir mendigando: mi jet contra vuestros autobuses de campaña.
La BBC ha recogido los piropos que se han ido lanzando en la campaña esos dos monumentos a las libertades que son Trump y Vladimir Putin. La estrategia de Trump ha sido que le compararan con el ruso, entre otras cosas porque Putin ya había batido a Obama en el campeonato mundial que es la portada de la revista Forbes. Y a eso Trump y Putin le han sacado mucho provecho.


Putin siempre juega con blancas y le ha arrebatado a Obama, si no el liderazgo, sí las iniciativas. Putin tiene muchos problemas, pero —como Trump— los usa para los demás vean lo poco que le importan. Ahí está la anexión de Crimea y la guerra de Ucrania como amenaza de reactivación cuando le parezca; ahí está su comportamiento en Siria  apoyando a Al-Assad y convirtiéndose en el que manda realmente en la zona.
Donde Obama realiza cincuenta discursos de advertencia, Putin no dice una palabra y lo hace. Eso le vale la admiración de la parte del planeta que no sabe ruso, pero entiende lo que Putin quiere decir. Un gesto suyo de desprecio equivale a veinte páginas de discurso de Obama.
Como personaje televisivo, Trump es hablador. Le toca porque es el aspirante y tiene que quitar protagonismo. Putin no lo necesita porque en la mentalidad rusa hablar mucho debe ser signo de debilidad.
En el artículo de la BBC se señalaba:

La analista rusa Masha Gessen explicó que un rasgo común entre Putin y Trump es su sentido de "virilidad".
"Trump dijo que si alguien lo golpea devolverá el golpe 10 veces más duro. Podría estar citando a Putin, que toda su narrativa personal se basa en golpear diez veces más duro. Además de golpear, la virilidad se basa en denigrar a las mujeres. Aquí, de nuevo, los dos hombres dicen las mismas cosas, incluso sobre las mismas mujeres", escribió Gessen en su sitio web.**


Desde luego ninguno de los dos es un caballero. De eso no cabe ninguna duda. La Fox ha montado un show, que ha sido criticado por muchos otros medios, con Trump y la periodista "ofendida", Megyn Kelly. Las críticas han ido hacia la cadena y la periodista por adquirir un protagonismo excesivo, pero quizá coincidían en ello ambos interlocutores. Cuando Kelly quiso preguntar por los "suyo", Trump se dejó llevar. Gran astucia porque mientras estuvieran hablando de ella no estaban hablando de él, lo que le permitía quedar como un caballero. La propia Fox News lo resume así:

Megyn Kelly asked Donald Trump about his attacks on her following the first GOP debate last August, where Kelly asked Trump about his offensive comments toward women.
"I thought it was a fair question. Why didn’t you?" she asked.
Trump responded:
I thought it was unfair. I didn’t think it was really a question. I thought it was more of a statement. That’s the first question that I have ever been asked during a debate. And I have never debated before. I mean, my whole life is a debate, but I have never actually debated before. And I am saying to myself, 'Man, what a question.'  And then, of course, then you have Bret doing his thing. So I am saying to myself, 'I got two hours of this?' Um, I don’t really blame you because you are doing your thing. I mean, you have to do your thing. And from an entertainment standpoint, it was fantastic. You got the highest ratings in the history of cable television, 24 million people. I give you credit for it actually. But from my standpoint, I don’t have to like it.
Trump said that looking back, he feels that the tough questions might have been a positive for him as he moved forward in the campaign.
"I said, 'If I could get through this debate, with those questions, you can get through anything.'"
Kelly asked whether his anger toward her in the ensuing months was "anger" or part of a "strategy."***


El lobo mediático Trump se pone la piel de cordero primerizo. Y le sale bien porque le permite recuperar su objetivo y desandar los errores. No solo insultó con vulgar obscenidad a la periodista sino que ahora ella come de su mano. Si gana Trump, Kelly cantará el Happy Birthday en la Casa Blanca.
El mundo se está llenando de personas que rozan o llegan al poder cargadas de un infame pragmatismo maquiavélico. Están consiguiendo que muchos, dentro y fuera de sus espacios, les admiren. Les copian el estilo (incluso de peinado) y se lanzan con el peor estilo.

Es horrible imaginar los encuentros de un electo Trump con Kim Jong Un, pero también con Putin, con Erdogan, con Maduro, con Boris Johnson, que está dispuesto a ser su copia británica, con Marie LePen, con... Mejor dejarlo.

Echamos de menos la elegancia verbal, la inteligencia bien entendida, la capacidad de dialogar más allá de la respuesta ingeniosa. Hay demasiada "comunicación", demasiados mediadores entre la política y los políticos, demasiado equipo. La política se ha convertido en un plató lleno de marrulleros que se desafían con el convencimiento de que van a dar mejor ante las cámaras, que dominan mejor los trucos retóricos que sus rivales y, en fin, que hacer política es eso.
Echamos de menos políticos de carne y hueso y no de plástico maquillado; con madurez y cierta sabiduría que surja de su experiencia de la vida y no de la Wikipedia como último recurso. Echamos de menos personas sensibles, con emociones sin programar; personas con principios.
Trump es lo contrario de lo que una persona normal querría para la presidencia de los Estados Unidos o de cualquier otro sitio. Pero la cuestión es cuántas personas normales quedan.



* "Donald Trump asegura que se reuniría con Kim Jong Un si llega a la Casa Blanca" Euronews 18/05/2016 http://es.euronews.com/2016/05/18/donald-trump-asegura-que-se-reuniria-con-kim-jong-un-si-llega-a-la-casa-blanca/
** "Los llamativos piropos que no paran de lanzarse Donald Trump y Vladimir Putin" BBC Mundo 21/12/2015 http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151221_llamativos_piropos_trump_putin_parecidos_bm
*** "'Let's Talk About Us': Megyn Kelly Asks Trump About His Attacks on Her" Fox news 17/05/2016  http://insider.foxnews.com/2016/05/17/megyn-kelly-asks-trump-about-his-attacks-her-lets-talk-about-us



sábado, 20 de diciembre de 2014

El humor no viaja bien

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"[...] The humor did not travel well"* escribía ayer Flemming Rose en un artículo publicado por The New York Times. Lo decía evidentemente en referencia al caso de la película norteamericana de Sony, La entrevista, que se ha quedado en el cuarto oscuro ante el ciberataque y las amenazas que, según las autoridades norteamericanas, provenían de Corea del Norte. La afirmación de Rose es absolutamente cierta. En efecto, el humor no viaja bien. A veces lo hace en primera y otras en incómoda tercera, aunque ya no exista.
Mientras nos movemos en nuestros repertorios locales del humor, la cosa funciona. Pero cuando usamos a los demás como material para nuestra risa y carcajada (o cuando los demás lo hacen con nosotros), la cuestión varía bastante. Esto es una novedad histórica porque habitualmente no ocurría así, no porque no fuera cierto el principio, sino porque el mundo era más grande y las comunicaciones mucho más restringidas.
El siglo XIX está lleno de sátiras crueles y representaciones infames de personajes y países y de lo que ocurría por otras tierras. No es que no les importara entonces, sino que no se enteraban de ello. Los viajes eran menos frecuentes y tan largos que si te enfadabas, se te olvidaba el motivo del enfado cuando llegabas a tu país a contarlo. Los medios de comunicación eran locales y difícilmente te enterabas de lo que se publicaba fuera si no era porque otro periódico lo contaba o los embajadores mandaban noticia a sus ministerios. 

Lo normal era ridiculizar a los demás, convertirlos en estereotipos y caricaturas que todo el mundo daba por buenas, porque el mundo era lo que veíamos a nuestro alrededor y poco más. Te peleabas generalmente con los países vecinos y estos se peleaban contigo. Ir más lejos requería un gran esfuerzo. Es la aparición de la prensa la que deslocaliza el humor al informarnos de otros mundos con más asiduidad. A más información, más chistes a costa del otro.
Creo que esto no admite demasiadas dudas. Puede que el humor no viaje bien, pero no deja de hacerlo, que es la cuestión principal. El mundo está tan conectado que hasta los herméticos coreanos del norte, por muy aislados que estén, se enteran de que en Estados Unidos han realizado una película que se ríe con su idolatrado líder sexy.
Nosotros nos reímos de lo divino y de lo humano, decimos, algo que tampoco es un principio universal sino algo que se consigue después de muchos siglos protestando porque se mande a la gente a la hoguera o se le meta en mazmorras. La seriedad es la marca del poder, como el carnaval era la del pueblo que tenía que aguantarlo. Pero el que muchos se rían de todo no significa que todo el mundo se ría con lo mismo, no que les haga gracia que nos riamos de ellos. Sencillamente, la ley nos permite hacerlo hasta ciertos límites en determinados sitios. Hay ciertos temas que eran frecuentes hasta no hace mucho y que hoy han quedado excluidos del repertorio o son denunciados por la mayoría. Recuérdese el reciente caso del "humorista" antisemita en Francia. Sí, hay ciertos límites. Ya sea por motivos legales o morales, no todos nos reímos o hacemos bromas con lo mismo.


Se queja Flemming Rose en su artículo del proceso de autocensura constante en que se encuentra Occidente frente a las críticas con el humor al islam y que se inició con las famosas "caricaturas de Mahoma", una prueba de fuego para la libertad de expresión. El caso de la autocensura de Sony es un poco más complicado porque no implica cuestiones religiosas sino un hipotético peligro para los que puedan asistir que causara miedo a exhibidores y espectadores. Eso es lo que buscaban los autores del ciberataque.

En los países árabes, sí se han reído de sus dictadores (con alto riesgo), pero no se reían de otras cosas. Más allá del tema religioso, la nueva generación de humoristas ha introducido temas que afectan a las mentalidades y se han permitido criticar al patriarcado, que es como decir, a la tradición. El hecho de que haya ahora mujeres haciendo humor, como la caricaturista egipcia Doaa Eladl, ha significado una nueva mirada sobre lo que implica reírse y quién se convierte en objeto de risa. Se pueden defender los derechos de las mujeres y apuntar a los culpables de sus ataques a través del humor, sí. El humor gráfico sí ha podido viajar bien hacia el exterior, donde ha recibido constantes premios. Pero por lo mismo que se le premia fuera, se la ataca dentro. Lo importante es que su humorismo representa una evolución de la propia sociedad y que tiene fuerte respaldos en la nueva generación que se identifica con valores más universales. El humor viaja mejor cuando se universaliza y eso implica compartir valores, positivos y negativos. El humor se ha "globalizado", pero no se ha universalizado. Llega a todas partes, pero no se entiende en muchas. De ahí vienen muchos de los enfrentamientos. Otros son de simple censura, como siempre han existido, aunque no está censura a distancia.


Me imagino que la risa es un mecanismo universal, algo que le viene bien a nuestro organismo, según nos repiten los expertos en salud. Pero el humor es otra cosa; es pura cultura y, por ello, pleno contexto y tradición. La risa puede ser saludable para el organismo, pero te puede llevar a la cárcel o al paredón, según el humor y el contexto. Nos reímos o no con ciertas cosas según las condiciones culturales, perfectamente reglamentadas en cada cultura. Cuando decimos que el humor es transgresor, generalizamos demasiado. Tiene sus propios límites culturales, que pueden diferir en ciertos casos.
La cuestión en el caso coreano es que se trata de una sátira política sobre un país donde las sátiras se practican con la ley del embudo. Es una dictadura que idolatra —literalmente— a sus dictadores y que proscribe cualquier representación no controlada por los medios del estado, que para eso están. Son aparatos de propaganda y lo que se propaga es la imagen del líder perfecto.
Probablemente, como podemos apreciar en las fotos, el dictador norcoreano es uno de los dirigentes más sonrientes del mundo. Las dictaduras suelen representar a sus estrellas sonrientes. Pero no es una sonrisa de humor, sino de "felicidad", que es la que encarnan y proclaman. Los norcoreanos tienen tal lavado de cerebro que no tienen ojos más que para su líder y es necesario que este les sonría, no que rían de él. Su risa es un signo de que todo sigue bien y pueden confiar en que seguirá así. En Occidente, nuestros líderes alternan sonrisas y caras de preocupación, pero eso es porque deben ser elegidos. Si fueran dictadores también sonreirían.



Las protestas se vuelven ahora contra Sony, a la que se acusa de haber cedido. Es fácil decirlo cuando no se tiene esa responsabilidad. El asunto es complejo y si es cierto que no se debe ceder ante el chantaje de un personajillo como el dictador norcoreano y su régimen, también lo es que hay que tener cuidado.
El humor no viaja bien, es cierto. Se hace para consumo de públicos locales que han recibido un entrenamiento en los límites de lo posible humorístico, que son diferentes según países y culturas. En ocasiones los límites son culturales; en ocasiones, políticos. La risa de las dictaduras, como decíamos, es una risa impostada, falsa, porque la gente no tiene mucho de qué reírse, aunque se les entrena en ello. No es fácil encontrar humoristas universales; tendrían que descontextualizarse tanto que difícilmente harían gracia a alguien. Podemos acercarnos al humor de otros, es cierto, pero debemos hacer esfuerzos. Tampoco está mal cambiar de perspectiva y tratar de vernos a nosotros mismos en los chistes ajenos. No suele funcionar, pero es lo que le pedimos a los demás que hagan.
Lo criticable de este caso no es que no tengan sentido del humor, ¡allá ellos! Lo criticable es que no lo puedan tener los demás, aunque sea a su costa. Ellos no quieren ver la película ni que los demás la vea, No la ven como una cuestión de humor o no, que es como la vemos nosotros, sino como una alternativa al misil o al desembarco. Es una ataque a su líder sexy y quien ataca a su líder ataca al país. Es falta se sentido del humor megalómana.
Intentar vender la película a los norcoreanos sería una muestra de sentido del humor; los pobres no tienen ni la posibilidad de cruzar a Perpiñán a ver una versión semiclandestina. 


El problema con Corea del Norte es que no sabes si te están hablando en broma o en serio. Si te dicen que como estrenes te mandan un misil nuclear, te quedas con la duda. Ese es el problema. Esta vez no ha sido por conducto oficial, pero lo han hecho por lo bajini, disfrazados de ciberpiratas.
Por lo pronto, la IMDB le ha puesto un 10 a la película sin estrenar, lo que debe ser entendido como una cuestión de principios. Lo que parece asegurado es que si se llega a estrenar La entrevista, se convertirá en un film taquillero por principios. El presidente Obama irá al cine a tomar palomitas con sus hijas y Michelle, y será el primero que se estrene en Corea del Norte, si algún día llega a caer la dictadura. Entonces los norcoreanos irán al cine a ver aquella vieja película en la que se satirizaba a un antepasado de su último dictador.




* "Sony Caved to Terror. No One Else Should" The New York Times 19/12/2014 http://www.nytimes.com/2014/12/20/opinion/sony-caved-to-terror-no-one-else-should.html