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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Corrupción y distancia divina

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sorprendente la tesis sostenida por el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo, Víctor Lapuente. La expresa en el diario El País a través de un artículo titulado "Corrupción y terror", dos conceptos interesantes pero que pueden no tener el mismo significado en las mentes de quienes reflexionan sobre ellos.
Ya el historiador alemán de los "conceptos", Reinhardt Koselleck, nos advirtió del peligro de suponer que las palabras significan o representan los mismos conceptos a los largo de la Historia, algo que se ve confirmado por lo que debería ser un comparatismo intercultural de los conceptos. Si las ideas se modifican en el tiempo aunque puedan aparecer los mismos términos, pocas diferirán tanto como las de "terror" y "corrupción". En la primera de ellas se percibe con mucha claridad las distancias, pero es más interesante la segunda. Es evidente que los "yihadistas" no se ven a sí mismos como "terroristas", sino como "mártires", "guerreros", etc. Esto es fácil de entender, pero la otra cuestión, la de la "corrupción", quizá no lo sea tanto.
Son muchos los intentos de establecer las causas del terrorismo. Se intenta tanto la explicación individual (lo que lleva a una determinada persona a practicar el terrorismo) como causas más generales que sirvan de explicaciones colectivas. No todas las motivaciones para tomar las armas o hacerse estallar son las mismas en todas las personas. El arte del reclutador, como el de cualquier secta, es encontrar los puntos de entrada en la personalidad de cada uno para pasar de las motivaciones personales a las colectivas. Y las estrategias que se sigan en cada caso dependerán de las debilidades y resistencias de cada uno. Lo importante no es cómo se empieza, sino llegar a un final en el que se adhieren a una causa general que se ha convertido en la motivación particular para la acción. Para disparar contra las personas que cenan en una terraza o hacerse estallar entre cientos de personas se requiere algo más que una opinión radical; hace falta una programación específica, en términos de convencimiento, que va más allá de los discursos. Sacarlos de ese autoenclaustramiento no es sencillo, como revelan las historias de familiares que han intentado convencerles; por eso de lo primero que se llama al abandono es de la familia, en beneficio de una idea más elevada en el grupo. Es importante, pues, encontrar los mecanismos ideológicos para lograr esa determinación.
El final del artículo nos muestra el énfasis en el concepto de "corrupción" y su vínculo de causalidad con el "terror":

Es una constante a lo largo de la historia. La reforma protestante en el siglo XVI, sobre todo en sus versiones más puritanas, fue una reacción frente a la percepción de que había una corrupción endémica en el catolicismo, como con la venta de indulgencias. En el caso del yihadismo la reacción puritana es especialmente sangrienta y repulsiva. Pero, por desgracia, el derramamiento purificador de sangre ha estado también presente en demasiados episodios trágicos de nuestro pasado.
Los propios militantes radicalizados confiesan la importancia de la corrupción en su conversión. Chayes cita un estudio en el que se interrogó a prisioneros talibanes sobre las causas que los llevaron al extremismo. Curiosamente, las motivaciones étnicas o religiosas, incluyendo la falta de respeto al islam, o políticas, como la ocupación americana, desempeñaban un papel secundario. El principal motivo para muchos talibanes era la percepción de que el Gobierno afgano era corrupto.
Un sentimiento paralelo puede estar impulsando a muchos jóvenes a combatir por el Estado Islámico, de Siria a las calles de París. No, los jóvenes de las banlieues no se enfrentan a un Estado corrupto en Francia. Y, en términos absolutos, quizás tienen más oportunidades objetivas para progresar socialmente que los jóvenes de otros muchos países. Pero, en términos relativos (que son los que nos motivan a los primates), se sienten ciudadanos de segunda.
Es esa percepción de injusticia, de discriminación, la que alienta la búsqueda de una pureza espiritual. De una justicia divina. Y del infierno terrenal que tan frecuentemente se deriva de ella.*


Mis serios reparos a esta idea no es que no exista la "corrupción" en muchos países. Mis reticencias vienen de que "corrupción" signifique lo mismo para el profesor Lapuente, usted y yo, y los que han causado muertos en París, Beirut, Ankara o El Sinaí últimamente.
La idea de corrupción tiene un componente extremo en el caso del yihadismo terrorista que establece la diferencia entre en dónde lucha y contra quién se dirige de forma muy clara. Es absurdo pensar que los atentados de Francia son una acción contra la "corrupción de Francia", sobre todo cuando ellos han expresado que es una represalia. En la mente del terrorista religioso —por más que se empeñen en decir que no hay una interpretación religiosa— todo aquello que no se ajusta a su idea de pureza es corrupción. Y su idea de "pureza" no se refiere a lo que nosotros pensamos como ausencia de "corrupción".

Desde su mentalidad hay dos tipos de "corrupciones": a) la del dirigente musulmán que no cumple ni hace cumplir la ley islámica; y b) lo exterior al islam, cuyo estado será siempre de corrupción desde el principio de la universalidad de la revelación hasta que no se convierta. Por poner dos ejemplos, para un fundamentalista, el mejor gobernante de un país islámico es un corrupto si ignora o consiente aquello que aleje de las enseñanzas del Corán tal como él las interprete. Por eso se llama a combatir al dirigente corrupto —en el sentido expresado, el que se aleja de las enseñanzas— como una obligación. Los más corruptos dirigentes de los países musulmanes se cuidan mucho de los gestos religiosos porque saben que son esos los que les puede costar el cuello a manos de los radicales religiosos, que en cambio pueden ignorar prácticas que a otros sorprenderían. Desde el radicalismo, igualmente, se da por descontado que todo país no musulmán es corrupto en la medida en que por el hecho de no serlo no cumple los únicos preceptos válidos. En este sentido, el país más justo, transparente y solidario del mundo sería a sus ojos un estado de corrupción.
En su excelente obra El lenguaje político del Islam, Bernard Lewis señala respecto al concepto de "yihad":

De acuerdo con las enseñanzas musulmanas, el ğihād es uno de los mandamientos básicos de la fe, una obligación que Dios ha impuesto, a través de la revelación, sobre todos los musulmanes. En una guerra ofensiva es obligación de la comunidad musulmana en conjunto (fard kifāya); en una guerra defensiva se convierte en una obligación personal de cada varón musulmán adulto (fard'ayn). En una situación así el gobernante debe hacer una llamada general a las armas (nafĭr 'āmm). La base de la obligación del ğihād es la universalidad de la revelación musulmana. La palabra de Dios y el mensaje de Dios son para toda la humanidad; es deber de aquellos que la han aceptado esforzarse (ğāhada) sin descanso por convertir o al menos someter a los que no la aceptan. esta obligación no tiene límite de tiempo ni de espacio. Debe continuar hasta que el mundo entero haya aceptado la fe islámica o se haya sometido al poder del estado islámico.
Hasta que esto ocurra, el mundo estará dividido en dos: el Territorio del Islam (dār al-Islām), en el que los musulmanes gobiernan y prevalece la ley del Islam, y el Territorio de la Guerra (dār al-harb), que comprende el resto del mundo. Entre ambos hay un estado de guerra moralmente necesario, legal y religiosamente obligatorio, hasta el final e inevitable triunfo del Islam sobre los no creyentes. Según los libros de leyes, este estado de guerra se puede interrumpir cuando sea oportuno mediante un armisticio o tregua de duración limitada. No puede acabar con paz, sino solo con la victoria final. (2004: 126).**

Desde la perspectiva del radicalismo religioso, esto es insoslayable, un mandato moral, legal y religioso, algo que se funde en una sola motivación. Desde la perspectiva de la gran mayoría de los musulmanes, que desean una vida y un mundo en paz, la "yihad" se entiende como un esfuerzo interior más que un esfuerzo bélico por conquistar el mundo. Lo que hace el Estado Islámico hoy, sin embargo, es dividir el mundo en dos y juzgar a quienes lo rigen según el cumplimiento de la ley. El propio Lewis señala que, tras los primeros siglos del Islam, al hacer evidente que no era tan sencillo la conquista y conversión del mundo tras los éxitos iniciales, la idea de "yihad" se fue moderando y transformando en otras interpretaciones hasta que el renacimiento de radicalismo la trajo a primer término de nuevo.
Desde esa perspectiva de búsqueda de ese mensaje en su pureza original, para el Estado Islámico el mundo se divide en los países que traicionan el mandato en los "territorios del Islam" y los que no reconocen el mensaje, los "territorios de Guerra". Estos terroristas no necesitan ver a ver a Francia como un país corrupto para atacarlo (no les he oído jamás decir eso).
A Francia no la han atacado por corrupta, sino porque les está combatiendo en el territorio de la pureza, un tercer espacio, en lo que han "marcado" como un "Estado Islámico", es decir, un territorio en el que se sigue la ley de Dios y nada más que la ley de Dios al ciento por ciento. El mundo queda dividido en tres partes: a) el estado puro (los territorios que controla); 2) los territorios islámicos corruptos (países musulmanes que les combaten); y 3) el resto del mundo, que son quienes, hagan lo que hagan, viven en la corrupción.


Los ciudadanos rumanos, por ejemplo, se han manifestado contra la "corrupción" y han hecho caer a su gobierno. No lo han hecho porque no siga la ley de dios sino porque incumple las de los hombres, las normas que nos damos para la convivencia. Es el sentido que usted y yo damos a "corrupción", pero no pensaríamos —otro ejemplo— que el gobierno de España es corrupto por declarar laboral el día del Corpus.
Cuando se interroga a los yihadistas o a los radicales religiosos, no ven la corrupción del mundo en lo material sino en la traición a las leyes reveladas, de obligado cumplimiento para el creyente y que cubren todos los ámbitos de la vida con su inspiración y analogías.
Las luchas religiosas —cristianas o musulmanas— efectivamente siempre se han basado en la pureza interpretativa propia y a acusación de corrupción del mensaje divino a los demás. Pero la corrupción máxima es la separación de lo divino y lo humano. Por eso los radicales dicen que no necesitan constituciones (leyes humanas), sino que les basta y sobra con el Corán, como a los integristas cristianos les sobra todo lo que no sea la Biblia.

Los radicales acusan de corrupción, por ejemplo, a la Universidad de Al-Azhar o al Gran Muftí de Egipto cuando apoya las acciones del Estado egipcio, que les parece culpable de atacar a los "verdaderos" defensores de la fe cuando los bombardea en el Sinaí. Eso los convierte en "corruptos" a los ojos de los yihadistas, como mataron a Sadat por traicionar su religión al pactar con Israel, es decir, renunciar a la yihad en los "territorios de guerra". El esfuerzo por parecer piadoso del gobierno egipcio se traduce en detenciones de homosexuales, contra artistas por ir contra la moral, etc. Si no lo hacen saben que serán acusados de "faraones" por los islamistas, es decir, detentadores de un poder que no cumple con los preceptos religiosos.

Creo que el artículo de El País habla de un proceso de "corrupción" en un sentido próximo al que nosotros le damos en estos momentos, no en el que ellos le dan. Una cosa es la falta de oportunidades, la discriminación, etc. que pueda existir en barrios o poblaciones de Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, etc., incluso la existencias de dirigentes corruptos, y otra lo que ellos entienden por "corrupción". Esto no quiere decir que todos esos factores sumados no posibiliten un inicio de frustración que acabe en un estado psíquico en el que lo que se percibe es la "corrupción" en el sentido de alejamiento de unos preceptos religiosos.
La palabra "corrupción" es muy rica en sentido, como todo lo que implica un "valor" y una toma de posición. Se pudren los estados o grupos, como se pudren los cuerpos, porque están "muertos" porque solo hay luz y vida en el seguimiento de los mandatos divinos.
Conocemos, en cambio, a "corruptos" de misa diaria, como se suele decir. Entendemos una diferencia entre "corrupción" y "pecado". Para otros en cambio se pueden llegar a superponer cuando solo existe una ley, la divina, cuyos mandamientos rigen a toda la sociedad directamente o por interpretación derivada.
Cuando recorría las calles de El Cairo con una amiga al volante, realizó una maniobra de giro brusca. Un conductor airado se puso a nuestra altura y le grito algo a mi amiga, que no movió una pestaña y siguió mirando al frente. Tras unos tensos segundos, me dijo: «Bueno, al menos no me ha insultado. Me ha dicho "¡pecado!"». Aunque sea una anécdota, nos muestra que el conductor percibía como una especie de perversión la maniobra de mi amiga. Si hubiera sido en Arabia Saudí habría sido por simple hecho de que una mujer condujera. Y si hubiera sido en Afganistán, a lo mejor le había costado la vida estar al volante. Una misma acción puede merecer una "multa" o un castigo físico o la muerte, como les cuesta la vida a las niñas que van a la escuela en Afganistán o Pakistán.


La lucha del radicalismo religioso es para negar el paso de la Historia o la Historia misma. Todo se debe detener en un momento en el que se considera que se alcanzó la perfección, que es el momento de la revelación y el orden consiguiente que se va corrompiendo por el paso del tiempo. Es esa la "corrupción" de la que hablan, la de la "modernidad.
Podemos pensar que ellos interpretan mal la religión, que lo hacen desde la distorsión, el anacronismo o contra el sentido común. Pero esa es la labor del adoctrinamiento, llegar a convencerles de que lo suyo es la verdad y que el resto del mundo está equivocado, inmerso en la corrupción y la confusión. Por eso no tienen reparo en poner sus bombas en Francia, El Cairo, Beirut o Ankara. Todos encarnan formas de corrupción y ellos acaban, con sangre, con el error.
Su mentalidad no es la nuestra; el sentido de corrupción es otro, aunque la palabra suene igual. Afortunadamente hay mucha gente sensata en todo el mundo para entenderlo. El mundo musulmán ha reaccionado demandando mayoritariamente la moderación y la actualización interpretativa de los conceptos que los radicales quieren recuperar en su viaje al purismo de los orígenes, al menos tal como ellos los han interpretado. Como señalan muchos estudios, el origen está muchas veces en tendencias mucho más modernas de lo que pensamos y con extrañas fusiones ideológicas en las mentes de sus fundadores.


La corrupción en el sentido que le damos —política, económica, judicial, etc.—, obviamente, juega un papel fundamental en el desarrollo de los radicales. Crean un fondo de injusticia e indignación social. Pero el arte de los reclutadores e ideólogos radicales no es tanto mostrarlo como un mal sino como una consecuencia derivada de su falta de respeto a las leyes divinas. A ellos les interesa que esa corrupción que se podría corregir desde el estado de derecho, implique su negación en favor de un "estado islámico" en el que se estará acorde con los mandatos. La corrupción es natural en quien se aleja de Dios, es su mensaje; estar alejado ya es corrupción.
El problema que se planteó tras la Primavera árabe fue precisamente que la mayoría consideraban a sus gobiernos "corruptos" , pero por causas diferentes. Los conflictos, como es lógico, llegaron a la hora de ponerse de acuerdo en las soluciones a las causas. Y en eso estamos.



* "Corrupción y terror" El País 1/11/2015 http://elpais.com/elpais/2015/11/16/opinion/1447704535_772120.html
**LEWIS, Bernard (2004). El lenguaje político del Islam. Madrid, Taurus.





miércoles, 23 de septiembre de 2015

Congénito

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto sigue siendo un escenario privilegiado para entender los conflictos que se plantean entre las formas tradicionales de la religión y los deseos de dar una salida moderna a aquello que avanza hacia el colapso. La lucha se repite una y otra vez entre el regreso a formas cuya evolución se considera un atentado contra la ley de Dios y el deseo de racionalizar el pensamiento religioso acomodándolo a los tiempos y a los que viven en ellos. No todo el mundo vive en su tiempo, sino que muchos lo hacen negándolos y contra ellos. En ese contra ellos se incluye a todos los que desean vivir en el cambio.
El diario Egypt Independent nos trae un ejemplo de este conflicto que se manifiesta más allá de la violencia del Estado Islámico y de otros grupos terroristas. Hay otras formas de manifestación cuyas vías buscan los mismos objetivos: la destrucción de cualquier idea que se oponga a las suyas, que consideran las de Dios y que les convierte en guardianes.
El titular del artículo señala "Salafis condemn columnist who said Muslims acquire faith coincidently". Podrá parecernos algo anecdótico, pero no lo es y revela los puntos sobre los que se construye la intransigencia y la violencia contra los que manifiestan opiniones distintas que pudieran hacer evolucionar en otras direcciones. Es siempre la misma violencia intimidatoria contra aquellos que osan hablar pensar de forma distinta:

The Salafi Call has lambasted a columnist who said people, including Muslims, acquire their faith by coincidence.
Adel Nasr, spokesperson for the influential Salafi group, said in a statement on Monday that remarks by columnist Fatma Naout that Muslims acquire their faith “by coincidence”, and that humans have the right to select their religion, were against the Constitution.
"Humans, once created by Allah, are congenitally Muslims,” Nasr said in a statement on Monday.
While Nasr conceded that Naout’s suggestions were against the Constitution, which stipulates Islam as the main source of legislation, he stressed that Islam does not compel humans to adopt it.
Replying to the attack, Naout, a candidate for the Wafd Party in the parliamentary elections slated for October, said the Salafi Call’s statement was meant for “political purposes”.
She said on her Facebook page that her remarks to satellite TV channel CBC were taken out of context, stressing that her theory does not apply to Muslims alone, but also to Christians, Jews, Buddhists and the rest of the planet's faiths.
"I am a Muslim because a good coincidence made me the daughter of Muslim parents,” Naout wrote, adding that the same applies for people of other religions.
“Can Mr. Nasr deny that he was born a Muslim and had not chosen his faith? Can he deny that had he been the child of Christian parents, he would not have thought of reading about Islam or willingly adopting it as his faith?” Naout argued.*


La cuestión puede parecer baladí, pero los salafistas saben que no lo es, que la columnista Fatma Naoot ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Lo que ha dicho Naout es que la gente tiene la fe de sus padres. Esto implica que nadie elige su fe porque son los padres los que educan a sus hijos en las creencias. Aunque ella ha hecho esto extensivo a todas las religiones, los salafistas saben que esa no es la cuestión central y que lo dicho es un atentado contra lo enseñado por su religión.
El núcleo radica en lo expresado por el portavoz salafista cuando señala: "Humans, once created by Allah, are congenitally Muslims". ¿Qué quiere decir esto? Que los seres humanos —todos los seres humanos— nacen "musulmanes" y que son desviados de su propia naturaleza cuando "caen" dentro de familias de otras confesiones. Si existe una casualidad, es la que hace caer al musulmán fuera de su fe congénita, la única verdadera, la revelada en el Corán.
Esto es trascendental porque implica que los hijos de todos los demás han sido secuestrados, por decirlo así, y se les mantiene alejados, engañados fuera de la fe que deberían tener por su propia naturaleza. Dios ha revelado su verdad —su ley— a todos a través de la cadena de profetas y los hombres los han ignorado —paganos, ateos, politeístas— o las han malinterpretado desviándose de ella —cristianos, judíos o herejes—.


Decir que la fe de cada uno, incluyendo los musulmanes, es un hecho que depende de la casualidad del nacimiento es un atentado contra un principio básico del que se derivan muchas y terribles consecuencias, por ejemplo, la necesidad de redimir a los cautivos de sus familias y extender la totalidad del islam al mundo como estado de perfección. Por eso salir de cualquier otra religión y convertirse al islam se considera una especie de vuelta a casa, algo natural y obvio, mientras que salir del islam le convierte a uno en apóstata y merecedor de la muerte.
En su extraordinario libro El lenguaje político del Islam (Taurus 2004), el gran conocedor de la cultura e historia de mundo musulmán, cuando analiza el sentido de  los términos relacionados con la idea de "conquista" señala:

El concepto que subyace en este lenguaje es, claramente, el derecho o legitimidad esencial del avance musulmán y, en consecuencia, la legitimidad de la retirada musulmana ante la reconquista infiel. Esto concuerda con la conocida doctrina musulmana según la cual cada niño tiene una disposición innata para ser musulmán, pero sus padres pueden hacer de él un judío, un cristiano o un zoroastra. Así, el avance musulmán es una apertura o liberación, para dar rienda suelta a esta propensión implantada por Dios. (156)**

Comprendemos mejor el sentido del ataque contra Fatma Naoot por parte de los salafistas desde el núcleo de lo señalado por Bernard Lewis: no es una coincidencia o casualidad ser "musulmán", sí lo es, en cambio, serlo cristiano, judío o zoroastra, como señala Lewis. Al poner en el mismo nivel las diferentes religiones, Naoot se ha hecho merecedora de castigo porque ha atentado contra el principio de supremacía del islam sobre las demás religiones, que no son más que perversiones del mensaje divino, malinterpretaciones de la ley que se dio a los seres humanos. Ser cristiano o judío es un accidente, en última instancia una desgracia, del cual la conquista redime. Ser musulmán, en cambio, es ser educado en el verdadero camino y obediencia.

El ejemplo de lo ocurrido con Fatma Naoot nos muestra que el salafismo es el que ha tomado el partido del islam, el de ser los defensores de la verdad ortodoxia y que esa es su campaña en Egipto. Este papel lo jugaron los Hermanos Musulmanes con anterioridad. Esta vez son los salafistas los que juegan en solitario ese papel actuando en aquellos escenarios en los que el conservadurismo religioso egipcio hace más fácil penetrar.
Fatma Naoot ha desafiado con sus palabras —algo que aceptaría sin demasiados problemas cualquier persona sensata— al orden profundo. Ha cuestionado que existan "genes musulmanes" en los que esté escrita la Sharia o cualquier otra religión y lo ha trasladado al ámbito de la recepción cultural. No ha cuestionado la verdad de la revelación, pero la doctrina del innatismo musulmán es otra vuelta de tuerca que choca contra las barreras del conocimiento.
La cuestión, como explicaba, Lewis al citarla es que justifica lo que puedan hacer Boko Haram al secuestrar a niñas de las escuelas cristianas, los ataques talibanes en Afganistán a las escuelas o la invasión de territorios por parte del Estado Islámico; que están devolviendo a las personas al orden natural alienado por otras creencias perversas. Cuando la escritora ha situado a todas las religiones en el mismo nivel, no hay ya justificación para invadir, redimir o convertir a nadie a ninguna verdad única y congénita.
Fatma Naoot ya ha sido atacada otras veces por sus declaraciones. Aquí hemos recogido algunas anteriores. No es nueva en esto. La noticia de Egypt Independent se cierra con algunos datos:

Naout has been at the center of several religious freedoms controversies over the past few years, some involving writings that are critical of the Islamic code of dress, as well as other rituals.
She was referred to trial last year for condemning the slaughtering of sheep on Eid al-Adha (Bairam), a tenet ritual of the Islamic feast. She was found innocent last July.*

Son dos casos, pero el acoso es el mismo. Cualquier persona que manifieste algún tipo de idea o realice acciones que se muevan un milímetro de la ortodoxia sufre el acoso mediático o es llevada ante los jueces. Aquí comentamos la denuncia contra ella al manifestar su dolor por el sufrimiento de los millones de corderos sacrificados en una sola tacada. Eso la llevó ante los tribunales por atacar la religión. Me imagino que matar corderos será también una cuestión "innata" y la crítica es por tanto antinatural. Naoot fue criticado por considerar que Egipto había sido invadida por los árabes, algo que es difícil de negar, pero que también afecta a la raíces señaladas. Por eso ella hablaba de Egipto y no de la República árabe de Egipto. Esta cuestión, como todo, acaba derivando a la religión y, por ello, a lo innato. La perspectiva egipcia de ser considerados "conversos" sacados del error y reconducidos a donde sus genes les reclamaban pone nerviosos a algunos. Les gustaría haber vivido directamente las enseñanzas, pero no fue así. Y algunos no les gusta que se lo recuerden, por eso el nacionalismo (también sospechoso para los islamistas) plantea problemas teológico-genéticos.


Como ocurrió en épocas anteriores, los islamistas sociológicos siguen condicionando la vida egipcia. Aunque se les haya mandado a la cárcel, la tumba o el exilio, queda la parte social importante del conservadurismo religioso que rechaza estas cuestiones, que ve como atentados ante los que no pueden dejar de responder. Unos lanzan las piedras y los otros se suman. También es una forma indirecta de dejar en evidencia a los que "no hacen nada" para defender al islam.
Mediante este procedimiento —acoso e intimidación— se ha impedido la evolución de cualquier pensamiento y se ha castigado a quienes los sostenían. El problema es que cada vez se recurre más a este tipo de fundamentos, como el que sirvió a los jueces para establecer que las huelgas de funcionarios eran contrarias a la ley islámica.
La conversión de los religioso en civil y de todo ello en "genético" o "innato", ya sea en versión biológica o platónico-filosófica, es una forma de blindar las ideas, de crear el inmovilismo mediante el ataque a cualquier diferencia o discrepancia que se exprese respecto a ellas. La inercia social hace el resto convirtiendo en apóstata a cualquiera que el dedo de estos linchadores sociales, los salafistas en este caso, señalen como traidores.


En estos días se ha criticado la vestimenta de una de las nuevas ministras (la de Migración) porque iba en manga corta a jurar su cargo. La excusa es el protocolo, pero ya se la ha puesto en el punto de mira. Ella ha dado una contestación valiente diciendo que ser ministra no va a cambiar su forma de ser o estar. Su carrera diplomática anterior, con estancia en Roma incluida, le ha dado experiencia suficiente en protocolo y en buen gusto al vestir. En este sentido, lo "congénito" en la mujer es ir completamente cubierta y lo alienado es ir de "occidental", a los que hay que reformar el vestuario.

Se ha criticado también al nuevo ministro de cultura porque en sus libros atacaba al wahabismo saudí, poniendo como excusa esta vez que hay "buenas relaciones" con Arabia Saudí. Uno tras otro, cualquiera que salga de la ortodoxia más añeja es cuestionado y llevado ante los medios, expuesto a la opinión pública para llevarlos al descrédito. Es un viejo método y siempre les ha funcionado. Se llama "mala baba" y esa si es congénita.
Esperemos que Fatma Naoot pueda seguir pensando, un buen ejercicio, frente a los innatistas ideológicos a los que como es lógico les da igual las demás evidencias que le aporten todos aquellos que han tenido la mala suerte de caer fuera del alcance de sus privilegiadas y pías manos. Esperemos que el ministro pueda escribir sobre lo que quiera y que la ministra pueda elegir su vestuario sin tener que consultar con el portavoz de los salafistas o de cualquier otro grupo.



* "Salafis condemn columnist who said Muslims acquire faith coincidently" Egypt Independent 21/09/2015 http://www.egyptindependent.com/news/salafis-condemn-columnist-who-said-muslims-acquire-faith-coincidently
** Lewis, Bernard (2004) "El lenguaje político del Islam. Taurus, Madrid. p. 156.


viernes, 7 de agosto de 2015

Una vieja entrevista actual

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer descubrí buscando documentación sobre el orientalista Bernard Lewis una entrevista publicada en ABC con fecha del 4 de abril de 2011, es decir, en plena efervescencia de la llamada "Primavera" o "Primaveras" árabes. La entrevista está tomada de The Wall Street Journal y realizada por Bari Weiss. El titular era acorde con  el optimismo de los tiempos: "Las tiranías árabes están condenadas". Pero pronto descubrimos que es más una focalización periodística que el sentido real de la entrevista en la que, caso infrecuente, Lewis hace una serie de "predicciones" de lo que puede ocurrir en el caso de que se den ciertas circunstancias.
Tras la obligada presentación de Lewis, de 95 años entonces, como académico, se señalan los efectos de su libro "¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la respuesta de Oriente Próximo", redactado antes del 11 de septiembre de 2011 e iluminador después. Lewis ha sido reclamado como asesor por el vicepresidente y el Pentágono, se nos dice, por "su sabiduría". Sus obras, repasando la bibliografía, se reparten entre la Historia, la Literatura y lo que podríamos llamar el ensayo cultural sobre las civilizaciones. Para esto último hay que tener cierta vocación diferenciada pues supone volcar de otra manera lo aprendido con los otros dos campos anteriores: la Historia como acontecimientos y acciones y los discursos literarios como arqueología del hombre interior, tal como la consideraba el positivista Hipólito Taine, que veía en el Arte las huellas del pensamiento. La Literatura enseña mucho de los pueblos, de sus deseos y frustraciones, de sus sueños y pesadillas.

«Creo que las tiranías están condenadas», dice Lewis mientras nos sentamos junto a las ventanas de su biblioteca, abarrotada con miles de libros escritos en la docena aproximada de idiomas que domina. «La verdadera pregunta es qué llegará en su lugar».*

La entrevista, que estructurada en diez puntos, le permite a Bernard Lewis intentar responder a esa "verdadera pregunta" que es la que los prudentes tratan de evitar contestar, pero que el orientalista introduce por su propia voluntad.
Los diez puntos que vertebran la entrevista son los siguientes:

1. La Alemania de 1918 como ejemplo
2. La tradición islámica
3. La palabra mágica: «consulta»
4. La «modernización» árabe
5. Posibilidades en Túnez
6. Egipto: más complejo
7. El fantasma de Jomeini
8. No intervenir en Irán
9. Reislamización en Turquía
10. Vigilar la propagación del fundamentalismo


En los primeros, Lewis hace observaciones generales y algunas advertencias sobre lo que puede ocurrir si el proceso se plantea de forma equivocada. Después analizará la situación de algunos países y sus posibilidades de evolución y cambio, para analizar posteriormente otros agentes importantes del área.
En el primer punto, Lewis advierte sobre el forzar los procesos de la Primavera árabe para que se realicen inmediatamente elecciones parlamentarias y se imponga un modelo "occidental" de democracia. Señala el entrevistado:

«Tenemos muchas más posibilidades de establecer —me da reparo usar la palabra democracia— alguna clase de sociedad abierta y tolerante si se hace dentro de sus sistemas, de acuerdo con sus tradiciones. ¿Por qué tenemos que esperar que adopten un sistema occidental? ¿Y por qué tenemos que esperar que funcione?», pregunta.
Lewis menciona la Alemania de alrededor de 1918. «Después de la Primera Guerra Mundial, los aliados victoriosos trataron de imponer el sistema parlamentario en Alemania, donde tenían una tradición política un tanto diferente. Y la consecuencia fue que Hitler llegó al poder. Hitler llegó al poder mediante la manipulación de unas elecciones libres y justas», relata Lewis, que luchó contra los nazis en el Ejército británico. Por citar un ejemplo más reciente, fíjense en el triunfo electoral de 2006 de Hamás en Gaza.
Las elecciones, sostiene, deben ser la culminación —no el comienzo— de un proceso político gradual. Por tanto, «hacer hincapié continuamente en las elecciones, las elecciones parlamentarias de tipo occidental, es una falsa ilusión peligrosa».*


El tiempo le ha dado parcialmente la razón. La realización rápida de elecciones, allí donde fue posible, favoreció a los islamistas políticos. Y secuestraron la democracia. La evaluación de estos acontecimientos no es sencilla porque desconocemos históricamente —me refiero a más allá del rumor o la creencia— el grado de apuesta de los Estados Unidos por los islamistas políticos, es decir, por los grupos vinculados a los Hermanos Musulmanes. Para muchos analistas —especialmente en los propios países—, el apoyo de los Estados Unidos a los islamistas en la zona formaba parte de su estrategia de seguridad, una estrategia completamente fallida y que llevó al poder a unos gobiernos retrógrados, de oscuras conexiones. El caso de Egipto es el más evidente, con la labor de Morsi durante su único año en el poder, al que llegó, como se recuerda con frecuencia, como Hitler, con unas elecciones, pero en el que trató de implantar una constitución islamista. Desde el punto de vista de los afectados, esto no tiene ninguna duda y el signo más evidente fue las protestas populares contra la embajadora Patterson en El Cairo y la identificación del presidente Obama con el "terrorismo" en las pancartas.


La prisa por seguir teniendo aliados en los gobiernos hizo que se precipitaran las elecciones. También es cierto que no fueron los únicos con prisa, dadas las dudas que el comportamiento de los gobiernos interinos militares suscitaban. El descubrimiento que provoca más melancolía en todo esto es el hecho de que los que se pusieron al frente de los levantamientos no tenían demasiado interés en las libertades, sino solo en hacerse con un poder que les permitiera continuar con el control del país. ¿Fueron los Hermanos Musulmanes y afines los candidatos de los Estados Unidos en Túnez, Egipto, etc.? Para muchos no hay duda. ¿Se equivocaron? Tampoco la hay.
En el punto segundo, Lewis enfrenta los modelos políticos desde la perspectiva de culturas con tradiciones distintas, la occidental y la musulmana. Señala:

«El conjunto de la tradición islámica está claramente en contra del gobierno autocrático e irresponsable», afirma Lewis. «Existe una tradición muy arraigada —tanto histórica como legal, tanto práctica como teórica— de gobierno limitado, controlado».
[...] «No creo que podamos dar por hecho que el sistema angloestadounidense de democracia sea una especie de norma mundial, un ideal mundial», afirma. En vez de eso, a los musulmanes se les debe «permitir —y por supuesto ayudar y animar— a desarrollar sus propias formas de hacer las cosas».*

Tiene razón Lewis cuando señala esa tradición islámica. No creo que exista ninguna tradición en el mundo que celebre el "gobierno autocrático e irresponsable". Sin embargo esa tradición se ciñe al cumplimiento de los preceptos coránicos. Un buen gobernante es el que hace lo que debe —lo que manda la ley islámica, la Sharia— y entonces debe ser obedecido. Es decir, no se admite un gobierno autocrático y menos irresponsable. Pero eso no significa democrático. La diferencia es obvia y esencial: en nuestro modelo de democracia la soberanía reside en el pueblo, al que los gobernantes deben obedecer. En el marco islámico, la perfección se alcanza cuando gobernante y gobernados acatan los preceptos coránicos y derivados. El pueblo no "gobierna", tan solo elige a quien le hace seguir por el buen camino.
Es ahí donde radica gran parte del conflicto de la modernidad política en los países islámicos porque la soberanía popular no entra como deseo de autodeterminación, siendo el gobernante un instrumento para realizar ese deseo y por el que será juzgado. La sumisión a la Ley dada obliga a todos. Este argumento de la elección de los dirigentes o guías se suele utilizar a veces para hablar de la democracia, sin embargo, si este importante principio es imposible considerarlo en un sentido pleno. Esto explica lo ocurrido tras las elecciones en la que los islamistas imponen a los demás su forma de entender la política o la acusación y llamadas a la desobediencia (o peor) contra los dirigentes o votantes que discrepan o desean otra cosa. El debate sobre el papel de la Sharia no es casual; marca los límites del cambio y de la acción política.


Eso es lo que le lleva a la conclusión del tercer punto de la entrevista, la "consulta", considerada "palabra mágica". Es cierto de nuevo que —por los motivos expresados anteriormente— se extrema la vigilancia sobre el que tiene el poder. En eso el islam tuvo una ventaja frente a los absolutismos, en donde los gobernantes no tenían que dar explicaciones más que ante Dios. Lewis trata de ilustrarlo con una anécdota:

Lewis me señala una carta escrita por el embajador de Francia en Estambul poco antes de la Revolución Francesa. El Gobierno francés estaba frustrado por lo mucho que el embajador estaba tardando en avanzar determinadas negociaciones. Por eso respondió: «Aquí no es como en Francia, donde el rey es el único señor y hace lo que le place. Aquí, el sultán tiene que consultar».
En la historia de Oriente Próximo, «consulta es la palabra mágica. Aparece una y otra vez en los textos islámicos clásicos. Se remonta a la época del Profeta», afirma Lewis.*

Sí, pero es precisamente la Revolución Francesa la que acaba con ese modelo y hace que las consultas se hagan al pueblo y no a consejos de clérigos o ancianos. La "consulta" nace precisamente de esa necesidad de observación constante para que el gobernante no se aparte de la ley islámica. La sabiduría de los asesores consultados es su conocimiento religioso y no otro, ya que este engloba cualquier tipo de saber posible. Se puede ver en el caso egipcio en la necesidad de consulta con los clérigos de la Universidad de Al-Azhar o en muchos otros terrenos. Es la garantía de que el gobernante estará asesorado por los mejores conocedores del Corán. Son los "eruditos" los que asesoran sobre la interpretación más acorde con el Texto.

Los islamistas radicales no admiten cualquier conocimiento fuera del Corán. No hace muchos días comentábamos aquí ("Dos artículos o el verdadero campo de batalla delas "civilizaciones" 25/07/2015) lo señalado por el médico egipcio y presentador de televisión Khaled Montasser recriminando a un "erudito" sus artículos en Al-Ahram intentando mostrar que en Corán estaban ya los descubrimientos que los científicos acaban de exponer sobre Plutón. Habría cientos de ejemplos en este sentido.
La cuestión que plantea Lewis en realidad no es fácil de resolver porque el modelo islámico entra en contradicción teórica por un lado, pero también práctica ya que no se ha llegado a un grado de apertura que permita a la gente que vive en esas sociedades vivir fuera del modelo estándar islámico. Es decir, no es posible dejar de ser islámico. El sistema se ha blindado justificando la eliminación de quienes quieran salir o de quienes intenten mover sus límites. Esa es la función precisamente de la "consulta", evitarlo.
En una obra "El islam que da miedo", aparecida este mismo año en Francia y ya traducida, el novelista y ensayista asentado en Francia, Tahar Ben Jelloun, trata de establecer las distancias entre el islam y la idea de "laicidad", surgida en Francia. En un diálogo literario con su hija, musulmana y francesa, llega a los límites del sistema:

Discurso inaudible. La umma islamiya abarca a todos los musulmanes, tanto a los buenos como a los malos. No puedes salir de la comunidad. Naces musulmán y mueres musulmán. Salirse del islam es una ruptura que cuesta cara. La apostasía espera al final del camino. Dios castiga al apóstata. Aunque en esta Tierra no esté prevista la condena para el que reniega de la religión musulmana, unos Estados se encargan de castigar aquí: a muerte o a la indignidad cívica. Pero ya se sabe: lo propio del las muchedumbres es la sordera y la ceguera. (22)**

Es el drama de los reformistas, combatidos por los que los consideran enemigos y que condenan al anacronismo y a la falta de libertad a millones de personas que tienen que fingir o exiliarse. Si adquieren protagonismo y pueden servir de referencia a otros, inmediatamente son eliminados, como tantos otros. Si el sistema evita su propia evolución se convierte una trampa gigantesca de la que solo se puede escapar relativamente "Naces musulmán y mueres musulmán". La "comunidad" te "aconseja" cómo te debes portar. Después ya sabes el riesgo.  Ben Jelloun señala su sentimiento tras una conferencia en su tierra tras la cual se le pregunta directamente "¿eres ateo?". Intenta defenderse apelando al su derecho a vivir la religión internamente y no tener que dar explicaciones. Pero no está en Francia. "Me doy cuenta de que estoy ante un tribunal improvisado" (22-23)**.


Bernard Lewis conoce esta sentido de la palabra "consulta". Sabe su alcance y lo que implica de sujeción, pero también de obediencia obligada a los eruditos consultados. De ahí la importancia de las escuelas interpretativas.
Pasa el entrevistado a señalar las diferencias sobre la que se construyen los malentendidos, el concepto de libertad:

Los estadounidenses suelen pensar en el gobierno limitado desde el punto de vista de la «libertad», pero Lewis explica que esa palabra no tiene un equivalente concreto en árabe. «Libertad, liberación, significa no ser un esclavo... Libertad era un término legal y social, no era un término político. Y no se usaba como metáfora de categoría política», afirma. La palabra árabe más cercana a nuestro concepto de libertad es «justicia». «En la tradición musulmana, la justicia es el referente» del buen gobierno.*

No hay que caer en los engaños de las palabras. Efectivamente, si "libertad" es equívoca, no lo es menos "justicia", pues solo es justo lo que se ajusta a la ley islámica, cerrando en un círculo vicioso. Jueces y gobernantes tienen la ley como referencia; están tan obligados como los demás. Pero las leyes no evolucionan conforme evolucionan las sociedades; por el contrario, es la estabilidad de la Ley la que garantiza la pureza social. Lo que está mal lo está desde el principio de los tiempos; igual lo que está bien. Todo quedó fijado para conocimiento de los hombres. La Historia no es más que un recorrido de aceptación u olvido del Mensaje.
La posibilidad de una evolución no traumática o no autoritaria es muy improbable en términos pacíficos. Eso lo estamos viendo ya de forma clara. Los partidarios de las revoluciones acabaron en su propio conflicto respecto al futuro. Los islamistas iban contra los dictadores porque los consideraban alejados del modelo islámico ortodoxo, como "faraones"; mientras que los liberales, demócratas, tienen una visión de libertad basada en la conciencia individual. Esta lucha no es nueva y es la que siguió tras los procesos de descolonización en la que las revoluciones tenían carácter laico y socialista. La regresión islamista favorecida desde los países del Golfo, inundados de millones por el petróleo y amparados por los Estados Unidos para asegurarse el petróleo, ha complicado las cosas. Esa es la lucha actual cuya concreción es el yihadismo y el Estado Islámico: la imposición por la fuerza de la lógica extrema. Ellos son los verdaderos creyentes. Son, por usar el título del libro citado de Ben Jelloun, "el islam que da miedo". Y a quien primero dan miedo es a los propios musulmanes, las verdaderas víctimas de su fanatismo involutivo. Son fundamentalistas, aplican los principios a rajatabla.


En el cuarto punto, Lewis identifica "modernización" con el "Estado· y el "estado" con la "autocracia". Los límites que la consulta tradicional imponía a los gobernantes desaparecen con la introducción de los estados modernos que los dictadores hacen crecer para incrementar su poder. La "modernización", dice, tiene "mala fama" porque se identifica con los dictadores.
Puede que no le falte razón en un sentido histórico. Pero tampoco es correcto identificar "estado" con "dictadura". Es algo que hacen, desde el ángulo opuesto de la individualidad, los "libertarios" norteamericanos, con los que no creo que Lewis tenga mucho que ver. La caída de Gadafi dejó en evidencia cómo este había jugado con una estructura tribal para mantenerse en el poder. El caos libio lo tenemos ahora mismo delante. Es cierto pues que el crecimiento del Estado sirvió para aumentar los poderes autoritarios de los dictadores y extender la corrupción por sus venas, pero no se pueden negar otros aspectos.
También aquí conceptos, como el de "modernización", tiene lecturas amplias que suscitan conflictos no solo entre el sentido occidental y el islámico, sino en el interior de las mismas sociedades islámicas, donde "modernidad" o "reforma" pueden significar muchas cosas y algunas peligrosas. Es difícil incluso establecerlo en determinadas áreas independientes de otras. Pensemos en un campo, del que se habla muy poco, como es el de la "economía islámica", por ejemplo.


El debate sobre la "modernidad" es esencial, pero lo es más que se pueda poner en práctica. El debate es imposible entre los partidarios de la modernización y aquellos que conciben el progreso como un regreso a un espacio y tiempo, a unas normas prefijadas por siglos. El ejemplo de lo hecho por los islamistas en el poder es claro: reducción de derechos de las mujeres, reducción de las edades de matrimonios, fomento de la economía islámica, censura constante, etc.
Lo más preocupante es la falta de apoyo a los que luchan por esa "modernidad" frente al apoyo económico y político dado a los islamistas (y con anterioridad a los dictadores). Me imagino el dolor de Tahar Ben Jelloun cuando regresa a su tierra y la ve cada vez más intransigente. No tiene más armas que las palabras de sus libros. Por el contrario, los islamistas están apoyados desde las monarquías del Golfo con ingentes cantidades de dinero y han crecido a su sombra. Solo la caída en desgracia o las rivalidades con otros grupos implica su aislamiento económico. Los intelectuales, que son lo contrario de los "eruditos", solo reciben desinterés y temen cada día la llegada de algún fanático que pueda acabar con su vida. Sin embargo es de ellos de donde puede salir alguna solución a la doble crisis, la interna y la externa.
Es en la segunda parte de la lista donde el análisis de Bernard Lewis se muestra más penetrante desde estos cuatro años pasados. Hasta el momento se ha centrado en aspectos generales o culturales. El primer caso que aborda es el de Túnez, en donde señala:

Primero, Túnez tiene posibilidades reales de democratización, en gran parte debido al papel de las mujeres allí. «Que yo sepa, Túnez es el único país musulmán que tiene educación obligatoria para las chicas desde el principio hasta el final. Y en el que se pueden encontrar mujeres en todas la profesiones», añade Lewis.
«Mi impresión es que el mayor defecto del islam y la principal razón por la que se quedaron rezagados respecto a Occidente es el trato a las mujeres», prosigue. Expone el convincente argumento de que los hogares represivos allanan el camino a los gobiernos represivos. «Imagínese un niño que crece en una familia musulmana en la que la madre no tiene ningún derecho, donde está oprimida y está sometida. Eso es una preparación para una vida de despotismo y sumisión. Allana el camino hacia una sociedad autoritaria», afirma.*


Fueron las mujeres las que se plantaron en el parlamento tunecino cuando vieron que se les pretendía recortar libertades y retroceder en el tiempo. El grado de independencia logrado por las mujeres en las sociedades islámicas es determinante, como bien señala, porque el modelo político está construido de forma patriarcal sobre la familia. Si la familia es autoritaria, la sociedad es autoritaria. En casa está el modelo. Lo que se avanza en la familia, se avanza en la sociedad.
Por eso es tan importante avanzar en los derechos de las mujeres, en su ampliación y afianzamiento. Donde las mujeres estaban organizadas y conscientes de sus derechos, no les ha sido tan fácil a los islamistas la regresión política y social. Son la vanguardia y el campo de prueba. Los islamistas tunecinos en el poder han tenido que recoger velas y la sociedad está vigilante ante cualquier iniciativa.


Muy otro es el caso de Egipto, comienzo del feminismo árabe, pero más reislamizado desde los años ochenta. Señala Lewis:

Egipto es un caso más complejo, según Lewis. Los manifestantes jóvenes y liberales que encabezaron la revolución en la plaza de Tahrir ya se están viendo apartados a un lado por el complejo formado por los militares y la Hermandad Musulmana. Unas elecciones precipitadas, que podrían celebrarse en septiembre sin ir más lejos, podrían llevar a la Hermandad Musulmana al poder con una victoria aplastante. Esa sería «una situación muy peligrosa», advierte. «No debemos hacernos ilusiones sobre la Hermandad Musulmana, quiénes son y lo que quieren».
Sin embargo, los analistas occidentales parecen empeñados en albergar esas ilusiones. Fíjense en su modo de tratar al jeque Yusuf Caradaui. El tremendamente popular y carismático clérigo ha dicho que Hitler «consiguió poner [a los judíos] en su sitio» y que el holocausto «fue un castigo divino contra ellos».
Pero a raíz de un sermón que el jeque Caradaui pronunció ante más de un millón de personas en El Cairo tras la expulsión de Mubarak, el periodista de «The New York Times» David D. Kirkpatrick escribió que el clérigo «tocó los temas de la democracia y el pluralismo, muy característicos de sus escritos y sermones». Kirkpatrick añadía: «Los académicos que han estudiado su obra dicen que el jeque Caradaui hace mucho que sostiene que la ley islámica respalda la idea de una democracia pluralista, multipartidista y civil».*

La estimación de Lewis se cumplió plenamente. la "juventud", la que deseaba una "modernización", fue apartada por militares e islamistas en su lucha por el control del Estado. Las elecciones celebradas en 2012 trajeron un respaldo masivo a los islamistas, que obtuvieron junto a los salafistas más del 70% del parlamento. Envalentonados, comenzaron la ocupación del Estado y el manejo de la sociedad, que había creído en sus promesas de gobernar para todos. Pero esas promesas no eran más que una variante política de las astucia que los islamistas han ido practicando allí donde se sentían más débiles o necesitados de ayuda. La insistencia en que Morsi fue elegido democráticamente, algo que nadie niega, evita preguntarse por lo que hizo después. No es el único, desde luego. La situación actual tampoco puede ser considerada como democrática y sí un triste regreso a la represión de islamistas y reformistas, como tratamos con frecuencia aquí.


La anécdota del sermón incendiario y de odio transformado por los medio occidentales, The New York Times, en un canto a la democracia, también nos dice mucho de los errores occidentales a la hora de valorar a quienes se debía apoyar. Es aquí donde se han cometido los errores más graves y se siguen cometiendo en nombre de una "seguridad" que sorprendentemente está cada vez más amenazada. Nunca se han cometido tantos errores de cálculo para evitar lo que finalmente estamos viendo, el peligro global y las masacres locales.
La parte final de la entrevista se centra en el papel de Irán —otro error de cálculo occidental— y su evolución. Nadie sabía, dice, quién era Jomeini, pero había pistas delante:

Lo que estaba «ahí» era un libro llamado «El gobierno islámico» —ahora conocido como «el Mein Kampf de Jomeini»—disponible en persa y árabe. Lewis sacó ambas copias y empezó a leer. «Me quedó perfectamente claro quién era y cuáles eran sus objetivos. Y que todo lo que decía en aquella época sobre que [él] representaba un paso adelante y un avance hacia una mayor libertad era un completo disparate», recuerda Lewis.
«Traté de llamar la atención de la gente de aquí sobre esto. "The New York Times" no lo tocó. Dijeron: "No creemos que esto interese a nuestros lectores". Pero conseguimos que "The Washington Post" publicase un artículo citándolo. Y la CIA les mandó llamar inmediatamente», relata. «Al final, el mensaje logró cuajar (gracias a Jomeini)».*

Los errores de comprensión o identificación nos recuerdan que se siguen produciendo en cuanto a la evolución del yihadismo terrorista, de la evolución del Estado Islámico o la situación de Siria o Libia. Puede que llamaran a Lewis para ver al Vicepresidente y desde el Pentágono, pero desde luego no debieron entender nada. Lewis creía entonces que Irán irá evolucionando por la falta de conexión del pueblo con los clérigos. Cree que se acabará produciendo un movimiento social. Se han modificado las circunstancias con Teherán y habrá que ver cómo evolucionan.


Lo que llama la atención del final de la entrevista es el mensaje sobre Turquía:

Otra variable clave en la dinámica de la región es Turquía, país en el que Lewis es especialmente experto. Fue el primer occidental al que se le permitió acceder a los archivos otomanos en Estambul en 1950. Los últimos acontecimientos ocurridos allí le preocupan. «En Turquía, hay un movimiento que tiende cada vez más a la reislamización. El Gobierno la tiene como objetivo; y se ha ido apoderando, muy hábilmente, de un sector tras otro de la sociedad turca: la economía, la comunidad empresarial, la comunidad académica, los medios de comunicación. Y ahora se están haciendo con el control de la judicatura, que en el pasado ha sido el bastión del régimen republicano». Lewis piensa que, dentro de 10 años, Turquía e Irán podrían intercambiar posiciones.*


Tenía razón en lo que elegantemente los socios de la OTAN llaman la "deriva autoritaria" de Erdogan. La reislamización turca tiene ya consecuencias graves en el deterioro de la vida política y social. Turquía sigue jugando las bazas de ser socio de Occidente y de reislamizar la sociedad, con lo que el salto al fundamentalismo es cuestión de tiempo.
La idea de que Turquía e Irán pudieran intercambiar posiciones en cinco años (ya se han cumplido otros cinco) parecer demasiado osada. No sabemos la deriva iraní con las modificaciones económicas que establecerá la limitación del bloqueo. Sabemos que el régimen lo venderá (ya lo hace) como una gran victoria frente a Occidente, pero queda por saber la evolución de la sociedad, en la que efectivamente, existen grandes capas con deseos de recuperar libertades. Lo que también sabemos es el conflicto al que Erdogan está llevando a la sociedad turca para no perder el poder, cuyo último logro es desatar otra guerra con los kurdos para evitar las alianzas que le impidan gobernar. Erdogan es un auténtico escándalo político para todos. Solo la existencia del Estado Islámico le está librando de unas críticas mayores. Está por ver si Occidente dejará tirados a los kurdos a los pies de Erdogan mientras estos luchan contra el Estado Islámico, cosa que al presidente turco parece que le cuesta mucho hacer.


La entrevista termina precisamente con un aviso del crecimiento de los fundamentalistas, algo que estamos experimentando cada día:

De modo que, aun cuando ve a los jóvenes activistas de Oriente Próximo levantarse contra las tiranías que les han oprimido, vigila de cerca la propagación del fundamentalismo islámico. Constituye un desafío especialmente complejo porque no tiene «ningún centro político, ninguna identidad étnica... Es al mismo tiempo árabe y persa y turco y todo lo demás. Se define desde un punto de vista religioso. Y puede contar con el apoyo de personas de cualquier nacionalidad una vez que están convencidas. Eso supone una diferencia importante», afirma.
«Pienso que la lucha continuará hasta que alcancen su objetivo, o bien renuncien a él», concluye Lewis. «Por el momento, ambas cosas parecen igual de improbables».*

No es otra cosa que la "internacionalización" de la Yihad que ahora nos sorprende tanto y que ha creado un conflicto de duración impredecible tanto en Siria como en Irak, extendiéndose como terrorismo allá donde les dé por actuar.
La entrevista de Bari Weiss, reproducida por ABC, merece ser rescatada del olvido. Muchas veces pensamos que lo que queda atrás no tiene tanto valor informativo como el presente, pero solo se comprende el futuro cuando se conoce el pasado. Bernard Lewis conoce bien el pasado y sus raíces, la conexión entre ideas y hechos y eso le da capacidad de interpretación y anticipación.
La evolución de los acontecimientos, desde el análisis de los condicionamientos culturales, se ha mostrado eficaz, aunque inútil como forma de prevención de errores. Quizá sean los errores más determinantes que los aciertos para hacer avanzar la historia.
No sé si a Bernard Lewis, a sus 99 años, le siguen invitando a la casa Blanca o al Pentágono. Por los resultados, me da la impresión que no.

* "Bernard Lewis: 'Las tiranías árabes están condenadas'" ABC 4/04/2011 http://www.abc.es/20110409/internacional/abcm-bernard-lewis-tiranias-arabes-201104091819.html

** Tahar Ben Jelloun (2015). El islam que da miedo. Alianza, Madrid. 116 pp.