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lunes, 19 de enero de 2026

¿Saldrá Trump de la Casa Blanca?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme pasan los días y hay nuevos acontecimientos, los medios comienzan a tratar algo que parecía impensable y aquí hemos tratado en diversas ocasiones: la posibilidad de que a Donald Trump no le apetezca dejar la Casa Blanca, como está establecido, ante la imposibilidad de encadenar tres mandatos.

Se usa en muchas ocasiones para referirse a un presidente norteamericano la expresión "el inquilino de la Casa Blanca". Por lo que parece, ya empieza a pensarse en que el "inquilino" se sienta "propietario".

Lo tratan con detalle en 20minutos en el artículo titulado "¿Puede ser destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las opciones y los posibles escenarios"* En el texto se contemplan diversas posibilidades, desde que JD Vance se presente con Trump como vicepresidente y luego renuncie a que, sencillamente, se atrinchere y decida convertir la Casa Blanca en El Álamo, que no haya quien le saque, posibilidad no desdeñable. De hecho, el artículo se cierra recordando el asalto al Capitolio por gente armada, a lo que hay que añadir que lo primero que hizo en este segundo mandato fue indultarlos y darles tratamiento de patriotas.

Trump ha puesto el mundo patas arriba y lo de quedarse en la Casa Blanca ya no parece tan descabellado como podría parecerlo hace solo unas fechas. Si ayer hablábamos de las advertencias de psiquiatras del mundo sobre su personalidad narcisista ya en 2017, a día de hoy las preocupaciones van sobre lo que esto supone para la toma de decisiones y, en particular, en cómo se enfrentará a su salida del cargo, si es que esto es posible en su mente.

Las teorías que Trump ha manejado para explicar por qué se encuentra al frente del país tendrán que encajar con las excusas para no abandonarlo. Si miramos las explicaciones podemos vislumbrar lo que puede ocurrir. Alguien que ve su mandato como un designio divino, que se ve a sí mismo como un "enviado", un "mesías" que está ahí para llevar a los Estados Unidos a liderar el mundo, necesariamente tiene que percibir su salida de la presidencia como un "problema", como algo que está por encima de los designios humanos.

Trump se está cargando de tareas que el mundo "necesita". Si no lo hace él, no lo hará nadie, por lo que se considera absolutamente necesario para que se cumpla su destino y el del mundo, ambos fusionados.

Trump, que nunca fue un ejemplo de humildad cristiana, ha actuado en nombre de Dios, que le salvó enviando un ángel. Durante estos años ha vendido biblias y ha invocado a Dios como su asesor presidencial favorito.

El llamado "sionismo cristiano", como tuvimos ocasión de explicar aquí hace unos días, considera que no se han completado las "profecías" y que es necesario ayudar a cumplirlas. Por supuesto, el "nuevo pueblo elegido" es el norteamericano, algo que encandila a una parte importante de su electorado, que asume ese destino marcado desde el inicio de los tiempos.

Todo esto se traduce ahora en la cuestión de si los seres humanos podemos "oponernos" a los mandatos divinos. Eso incluye el desalojo de la Casa Blanca. Como ya expresó (y ahora se entiende mejor) que solo se le puede ganar con trampas, si gana, es que Dios lo quiere y si pierde (en cualquier sentido) es un engañoso triunfo, un fraude.

Pero queda la cuestión de cómo puede perder si no se puede presentar. Y es ahí donde radica la cuestión, el problema real. Necesitará construir un entramado para justificar y explicar que el país, el mundo, necesita que él siga al frente.

Veremos cómo lo hace. Pero no debemos dejar esto de lado por improbable. 

 

* "¿Puede ser destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las opciones y los posibles escenarios" 20minutos 18/01/2026 https://www.20minutos.es/internacional/puede-ser-destituido-donald-trump-como-presidente-eeuu-estas-son-opciones-posibles-escenarios_6922640_0.html

martes, 5 de marzo de 2024

El peor presidente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Aunque la Historia depara sorpresas, algunas son más improbables que otras. El Independent en Español nos destaca entre sus noticias el puesto que Donald Trump ha alcanzado entre los que tendrán que escribir la Historia, entre los académicos de la política a los que les han pedido que valoren a los presidentes de los Estados Unidos.

En el artículo, en plena campaña de primarias, destacan los datos del aspirante republicano confrontándolos con los de los demás presidentes desde los inicios del país. Los resultados son los siguientes:

Donald Trump será recordado por ser el primer presidente en la historia de Estados Unidos que se enfrenta a cargos penales.

Pero eso no es todo, ya que al parecer también se destaca por otras “hazañas”.

Según una nueva encuesta, Trump fue calificado como el peor presidente en la historia de EE. UU.

En la tercera entrega del Proyecto de grandeza presidencial, a cargo de Brandon Rottinghaus, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Houston, y Justin Vaughn, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Carolina Costera, se les pidió a los académicos que califiquen a las 45 personas que han ocupado la presidencia en EE. UU., desde George Washington hasta Joe Biden.

La encuesta se basa en 154 respuestas de académicos de diferentes disciplinas, quienes, de un modo u otro, realizan trabajos relacionados con la política presidencial.

Las encuestas anteriores se publicaron en 2015 y 2018. Este año, los encuestados debían clasificar a todas las personas que han ejercido el cargo de presidente aplicando una escala de 0 a 100, en la que 0 significa que fue un fracaso y 100, que fue excelente.

Trump ocupó el último lugar, con una puntuación de solo 10,9/100, es decir, el mismo puesto que ocupó en la encuesta anterior. Es importante aclarar que no fue incluido en la primera encuesta, ya que se hizo durante la presidencia de Barack Obama.

En la encuesta también se le concedió el galardón al presidente “más polarizador”.*

 

Obviamente, esto no es escribir el futuro, sino más bien describir una percepción del pasado que tienen profesionales, académicos cuyo gusto o valoración puede estar muy distante de la que tienen esos millones de seguidores que le vitorean cada nueva acusación, cada nuevo desastre, etc. El por qué Trump consigue convertir en activos rentables cada desastre que sale a la luz es uno de los grandes misterios que esos mismos académicos deberían analizar. Es urgente porque el mundo, tal como está, no se puede permitir mandatos de Trump.

Hay un dato relativamente esperanzador:

Desgraciadamente para Trump, ni siquiera los académicos republicanos lo favorecieron, pues lo ubicaron en el puesto 41 de un total de 45. Entre los académicos demócratas, obtuvo el puesto 45.*

Que los propios académicos republicanos tengan tan claro que Trump es el peor presidente de la historia (así lo creen esos 41 de 45), tampoco es un dato definitivo. El discurso anti científico de Trump no tiene obviamente mucho predicamento entre los académicos y las personas con sentido común. Pero eso no es un obstáculo para el expresidente con aspiraciones a reincidente.

La cuestión ahora es saber hasta qué punto esos académicos expresan un parecer particular o si este representa en alguna proporción a parte del electorado republicano. Mucho me temo que la opción primera es más probable. Lo que ven los académicos no es lo que ven los votantes en su mayoría o, incluso, les parece algo muy meritorio.

Quizá sea una nueva ley de la democracia que sea necesario entontecer a los electorados para que ganen candidatos tontos, por llamarlos así. Quizá los expertos han descubierto el progresivo deterioro de las mentes bajo el sistema que hemos creado y que se necesitan candidatos a su altura para satisfacerlo. La preferencia por Trump sería un episodio de esa decadencia general que prefiere a alguien así porque les dice lo que quieren escuchar reforzando sus ideas y similares.

Una prueba de esto nos la da el mismo medio unos días antes, el 26 de febrero, en una noticia con el titular "Trump promete proteger a los cristianos y a las radios AM en un discurso repleto de falacias e incoherencias". Allí se nos explica:

El jueves por la noche, Donald Trump subió al escenario en Nashville 90 minutos más tarde de lo pautado para dar un discurso descabellado, incoherente y repleto de afirmaciones falsas.

Con motivo de la Convención Internacional de Medios Cristianos de la NRB (Emisoras de Radio Cristianas), el precandidato republicano a la presidencia llegó al evento visiblemente agotado y tuvo algunas dificultades durante su discurso (p. ej., al pronunciar palabras simples como “evangélico”).

En varias ocasiones, declaró haber convertido a “Israel” en la capital de dicho país durante su presidencia (un error que podría estar vinculado con la decisión de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalem). También sostuvo que planeaba cerrar el Departamento de Educación y elogió a los manifestantes del Capitolio, a quienes definió como prisioneros políticos y “rehenes” con un “espíritu increíble”.

Por otra parte, también afirmó de manera falsa que “todo el mundo” estuvo de acuerdo con la decisión del Tribunal Supremo respecto al derecho al aborto, y pareció confundir la investigación del abogado especial del FBI Robert Mueller sobre los presuntos vínculos de su campaña con Rusia en 2018 con el caso de Hunter Biden y su computadora portátil, uno de los temas preferidos de los conservadores conspiracionistas.

En cuanto a su puesta en escena, Trump se presentó a sí mismo como un hombre de fe, aunque no de una manera demasiado convincente. Además, aseguró falsamente que los demócratas estaban a favor de asesinar a los bebés no deseados “incluso después del nacimiento” y sugirió que cualquier cristiano que vote por la oposición debe estar “loco”.

También acusó sin fundamento al Gobierno de Joe Biden de perseguir a los católicos romanos (a pesar de que el propio presidente es un católico devoto que acude regularmente a la iglesia).**


Realmente, el discurso en la capital de la música Country, en Nashville, no podía reunir más despropósitos (es una forma ingenua de hablar). Da igual los errores, incongruencias y falsedades que Trump le dijera a la audiencia, pues es lo que ellos querían escuchar. El ex presidente es un activador del desahogo. Sus mítines son un baño de irrealidad, lo que esos votantes quieren escuchar. Él se lo da.

Trump se ha dirigido a esa federación de "medios cristianos" que sabe que serán difusores de sus incongruencias y así llegar a más votantes en el momento decisivo. Serán esa radios que "promete salvar" las que le den el apoyo en el momento necesario movilizando a su electorado y a sus audiencias, don conceptos cada vez más interconectado en esta universo mediatizado.

Es interesante también que en la encuesta mencionada Trump haya alcanzado el puesto de máximo polarizador. Durante décadas, los políticos aspiraban a "conquistar el centro" partiendo de sus propias ideas. Desde ellas salían a la conquista de gente distante, moderada e indefinida en muchos aspectos. No se llegaba a ellas desde la radicalidad, sino desde la moderación compatible. Era una forma de ampliar el electorado favorable. Pero ahora, la cosa ha cambiado.

2018

Que Trump pudiera alcanzar la presidencia en su momento con un discurso que, lejos de la moderación, azuzara los peores instintos del electorado —del racismo y la xenofobia al radicalismo religioso o las prohibiciones de libros— puede parecernos sorprendente. Sin embargo, puede que estemos enfocando mal el principio de la democracia y que se hayan invertido las motivaciones. Puede que la política haya cambiado los planteamientos permitiendo ofrecer lo que antes quedaba limitado o rechazado. 

Radicales ha habido siempre, pero los electores acababan rechazándolos. Hoy sin embargo los políticos de muchas partes del mundo proponen hechos que habrían suscitado amplio rechazo; ahora son formas de unión entre grupos que ejercían un radicalismo solitario y distante. La convención de "medios cristianos" en Nashville es un ejemplo de esea emergencia sectaria, de ese nuevo fundamentalismo que deja de ser marginal o local y se expande. Hoy este electorado radical ha comprobado su fuerza y entra en la lucha a través de los discursos de candidatos que pueden llegar a las presidencias de los países. Ya no es marginal; puede llegar a ser la tendencia principal, es decir, conseguir el poder.

En esto la polarización es esencial. Hay que mantener un sentido bélico del electorado, debe sentir que se encuentra en una guerra, que los otros, los que quieren destruir logros de siglos, cambiar la identidad nacional, quemar el legado, ir contra Dios.

Trump funciona porque lo que dice funciona con su electorado. La esperanza de que no pase de ahí es precisamente que la creciente radicalización pueda asustar movilizando a esa importante bolsa de personas que rechazan el mensaje trumpista y de los que están detrás. La radicalización creciente crea una inquietud creciente.

Trump ha ido a hablar a los cristianos norteamericanos y les ha dicho las barbaridades que querían escuchar. Muchos, desde fuera, se habrán horrorizado al escucharle. Otros, en cambio, dan gracias a Dios por semejante regalo que erradicará el mal sobre la tierra. Convertir a Trump en un enviado va mucho con su personalidad narcisista, que encaja bien con los deseos electoralistas de que lo sea. Entre muchos dictadores se ha puesto de moda ser "elegidos", de Egipto a Brasil. No basta con el poder; hay que agradecerlo.

Trump ha convencido a sus votantes que es un hombre de la calle, un hombre hecho a sí mismo, que no tiene reparo en ir a una asamblea de medios cristianos cargando con múltiples acusaciones de acoso sexual y demás. Él, millonario hijo de millonario poco escrupuloso, lleno de trampas empresariales, ha convencido a los mismos de ser un hombre de éxito que esparcirá riqueza por el país. Casado con una mujer inmigrante ha convencido a sus electores de que hay que cerrar el país a la inmigración, etc. Quien le crea es porque quiere.

La encuesta de los académicos nos dice mucho, pero es solo una parte. Hay diferentes análisis de los resultados, aunque Trump no sale bien librado. Lo que digan las urnas será otra cosa. Si el "peor presidente" norteamericano sale reelegido habrá que enfrentarse al absurdo de este nuevo modelo. Será difícil explicar los beneficios de la democracia, algo que hará felices a las dictaduras.  

* Amelia Neath "Según una encuesta realizada por expertos, Trump es el peor presidente de la historia de EE. UU." Independent en Español 20/02/2024 https://www.independentespanol.com/politica/ee-uu/trump-peor-presidente-eeuu-encuesta-b2499454.html

** "Trump promete proteger a los cristianos y a las radios AM en un discurso repleto de falacias e incoherencias" Independent en Español 26/02/2024 https://www.independentespanol.com/politica/ee-uu/trump-celebracion-cristiana-nashville-b2502829.html

martes, 21 de noviembre de 2023

Los shows presidenciales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En un mundo lleno de peligros y desastres, de hechos terribles y de otros peores a medio a hacer, una noticia nos deja helados: Donald Trump aventaja en siete puntos a Joe Biden en intención de voto. Con un Trump de nuevo en la Casa Blanca, en su salsa, marcando con ritmo su "he vuelto" como un Terminator de nuevo, para alegría de sus seguidores que no han dejado de serlo pese a las denuncias y campañas en contra.

Sí, Trump marcó tendencia, una forma comunicativa que marca un perfil político y comunicativo. La cuestión es cuántos trumps nos podemos permitir.

En el diario 20minutos nos explican esta vuelta que las encuestas anuncian:

El precandidato presidencial republicano Donald Trump ha obtenido un 48% de apoyo en el último sondeo publicado de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de 2024, siete puntos por delante de su probable rival, el actual presidente estadounidense, Joe Biden.

El estudio de Harvard CAPS-Harris Poll atribuye así a Trump dos puntos más con respecto a la encuesta del mes pasado y sitúa el porcentaje de indecisos, a la postre clave para la votación, en el 11%.

En cuanto a los indecisos, al ser preguntados hacia qué candidato se inclinan, el 53% menciona a Trump, mientras el 47% a Biden.* 

La verdad es que el constante Biden no ha hecho mucho, ni dentro ni fuera. Ha resultado un candidato soso, que no ha transmitido energía por más que lo ha intentado. Es cierto que después de Trump, que es todo lo contrario, puro espectáculo, el que llegara a la Casa Blanca lo tenía muy crudo en cuanto a sus perspectivas. 

Lo cierto es que esto del liderazgo se está poniendo complicado. El estilo ha cambiado. Basta con ver otro showman, como el que acaba de consagrarse en la presidencia argentina, con 11 puntos de ventaja sobre su rival peronista. También es cierto que las horas bajas del país auguraban que el ministro de Economía saliente no era el candidato que sería mejor valorado.

Si de Trump sabemos lo que podemos esperar hasta cierto punto, de Javier Milei no sabemos qué esperar realmente. Veamos el retrato que de él se nos hace en El Mundo, desde Buenos Aires, por Sebastián Fest:

De Javier Milei pueden decirse muchas cosas, no en vano es el nuevo presidente de Argentina. Pero hay dos que vale destacar en su exitoso camino hacia el despacho principal de la Casa Rosada: no es un político y le cuesta mucho mentir.

Milei, de 53 años, es, de hecho, el primer economista en llegar a la presidencia de Argentina, toda una paradoja tratándose de un país en eterna crisis económica. Y, cuando se jugaba voto a voto la victoria, dijo que si es presidente hará un ajuste muy duro.

Eso no es lo que promete un político en campaña, pero sí es lo que inevitablemente sucederá en las próximas semanas en Argentina a partir de la victoria de un hombre que hace tres años no participaba en política. Un hombre que con un partido en realidad inexistente, La Libertad Avanza (LLA), logró derrotar a la más poderosa de las máquinas electorales que haya visto Argentina, el peronismo. En este caso, encarnado por Sergio Massa.**


 

Lo de que no se es un político se va convirtiendo ya en un clásico de la negación, en un estándar de los mensajes políticos. Nadie quiere a los políticos. Trump también presumía de lo mismo, "él no era político", se definía como una especie de antisistema, lo que no dejaba de tener su guasa. Los diversos estratos del republicanismo se volvieron locos de alegría con esta afirmación. Pero lo de Milei es peor. No es político, nos dicen y, para confirmarlo, dicen que "no sabe mentir", algo imprescindible según los estándares. Desde luego, es algo que se aprende rápido, en cuanto que le falle algún cálculo.

De hecho, como Trump, Milei se presenta también como el "gran arreglador", el que va a solucionar los problemas de Argentina desde hace más de un siglo. Ha manifestado su deseo de convertir Argentina en una superpotencia. Lo ha dicho a su manera de espectáculo y al grito de "¡Viva la libertad, carajo!", que es el que le parece más adecuado para la situación. ¡Si la economía se pudiera cambiar a ritmo de estos conjuros!


La experiencia histórica no hace saber que no hay fórmulas mágicas para cambiar las cosas, que los países no son de arcilla moldeable al gusto, sino unos depósitos de malas costumbres, intereses particulares, mitos y creencias sobre uno mismo y esperanzas infundadas en milagros. No hay cambios de la noche a la mañana y la política se hace con lo que hay... y con voluntad firme de cambio. Nada cuesta más que sacar a un pueblo de sus virtudes, las que le han hecho seguir durante décadas tropezando en las mismas piedras.
Deberíamos reflexionar ante lo que suponen estos cambios de modelos hacia políticos espectáculo, aunque nosotros no podemos hablar mucho tampoco, aunque por motivos diferentes. 
Dicen que Trump ha sido uno de los primeros en felicitar a Javier Milei. Me imagino que si Trump gana, ocurrirá lo mismo con Milei.

* "Trump amplía su ventaja sobre Biden en las encuestas electorales" 20 minutos 20/11/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5191956/0/trump-amplia-su-ventaja-sobre-biden-las-encuestas-electorales/

**  Sebastián Fest "Javier Milei, el ultraliberal que promete poner patas arriba a Argentina y llevar a mínimos el vínculo con España" El Mundo 20/11/2023 https://www.elmundo.es/internacional/2023/11/20/655a9a8cfdddffc8b48b4578.html

sábado, 26 de agosto de 2023

Trump, el peor ejemplo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé... De pronto se me ha ocurrido: ¿cómo trataría William Shakespeare la vida de Donald Trump poniéndola en un escenario? ¿Tragedia? ¿Comedia? Hemos superado los límites entre unas y otras en la realidad y ya todo se tiene que entremezclar, como decía Charles Dickens comparando la vida con un trozo de beicon veteado.

Si uno ve, por ejemplo, la foto que le han hecho en la cárcel al ficharle se queda perplejo porque no es la foto del asustado o del contrito; es una foto desafiante, que asusta. Parece que Trump se llevó su propio fotógrafo a la cárcel o, mejor, que se la hiciera en su casa y la llevara ya hecha. Con Trump todo es posible. Está tan orgulloso de ella que la ha colgado en su red social para deleite de sus seguidores que siguen creciendo.

Vuelvo a una idea: que exista Trump es una cuestión de probabilidad, alguien tenía que ser así, ser millonario por la familia y dedicarse al golf, los negocios y la presidencia de los Estados Unidos. De todos esos aspectos, solo el último no depende de la suerte. Él no hizo nada para nacer millonario, simplemente le tocó y tenía que administrar los negocios; lo del golf es una consecuencia de no dar un palo al agua y utilizar el campo para hacer trampas (solo le gusta ganar a lo que sea) y oficina. Solo la presidencia de los Estados Unidos no depende de él. Se puede presentar y muchos quieren ser presidente... pero muy pocos lo logran. Para llegar ahí hace falta el apoyo de millones de personas que ven en él algo merecedor de la presidencia.

Trump es un caso realmente extraordinario (no una persona extraordinaria). Es golfo y putero, pero le votan las comunidades religiosas ultraconservadoras norteamericanas. Es un tramposo nato, un manipulador, pero le votan los que creen de forma ciega en el mercado. Es autoritario, pero le votan los libertarios que rechazan cualquier institución del estado.

Cada vez que Trump hace de las suyas, consigue más votantes y (lo que más le interesa) más dinero para su campaña. La foto de la cárcel, nos dice la prensa, le ha supuesto nuevos millones de dólares y millones de seguidores que apuestan por él para la próxima presidencia de los Estados Unidos, que es como ser presidente vicario de medio planeta, tener en sus manos guerras, hundimientos de países, manipulación de la economía mundial, desastres ecológicos y muchas cosas que nos afectan a todos.

Hemos repetido en muchas ocasiones que uno de sus peores efectos es la proliferación de imitadores por todo el mundo (incluido, a su escala, Luis Rubiales). A los medios les encantan las expresiones nuevas y repetir que la acusación contra Trump (una de ellas) es "revertir el resultado de las elecciones". Dicho así queda hasta bonito. Dicho como se merece es hacer trampas en las elecciones, falsificar los resultados. En resumen, una conducta claramente antidemocrática, manifestada como abuso de poder, ya que era presidente todavía.

El descarado de Rudy Giuliani, que fuera alcalde de Nueva York (y anteriormente fiscal),  pasará a la historia política de los Estados Unidos por haber sido su abogado y asesor político, también se ha entregado en otra cárcel y ha tenido el valor de decir que "no les atacan a ellos, sino al pueblo americano". Esta descarada fórmula arrastra a los "patriotas trumpistas" y trata de convertir a toda esta mafia en héroes americanos.

Estados Unidos está confuso desde Trump. Los discursos van por un lado y los hechos por otro en una ceremonia de la confusión realmente patética. La presidencia de Barack Obama, un afroamericano, hizo estallar rodos los mecanismos ultra en suelo estadounidense. Demócrata y afroamericano, Obama ha sido demasiado para el sentir racista y fundamentalista presente en muchos rincones de la vida norteamericana. Colocar a Trump en la Casa Blanca parecía una solución.

Trump vendió que los problemas venían de la inmigración en lo personal y de la importación de productos de China, que es lo que querían escuchar. Mientras hacía buenas migas con Putin, que le caló rápido, sacaba a Estados Unidos de cualquier agrupación planetaria que supusiera una limitación para sus acciones.

Trump salió de la Casa Blanca de mala manera, resistiendo hasta el final y lanzando sus escuadrones fieles a las calle, armados y violentos, acabaron invadiendo el Congreso aquel 6 de enero en que la democracia norteamericana quedó en entredicho. Son las instituciones y el sentido de la vergüenza de algunos los que han frenado a Trump, evitado que se diera un golpe de estado para seguir en el poder un personaje enfermizo, con claras patologías, que necesita del poder para mantener el ego en marcha y ser adorado.

En RTVE.es dice de la que le cae encima en esta cuarta imputación de cargos: 

La fiscal de Fulton Fani Willis acusa al republicano de 13 delitos por haber liderado un complot con 18 aliados para revertir los resultados electorales en Georgia, donde Trump perdió por un estrecho margen contra el actual presidente, el demócrata Joe Biden.

El principal delito que se le imputa en el estado de Georgia es el de violar la ley de asociación delictiva (RICO, en inglés), usada tradicionalmente en contra de la mafia.

También se le acusa de haber conspirado para que ciertas personas se presentaran falsamente como delegados electorales para certificar la victoria de Trump en Georgia a sabiendas de que en realidad perdió.*

 

No es poco. Además, por mucho que digan algunos de los imputados en esta causa, por mucho que se manifiesten en las calles sus seguidores, las acusaciones son claras y contundentes. Las ideas de Trump liando a la gente para hacer trampas electorales están ahí, en llamadas, en diálogos para que hicieran algo para que él se quedara en la Casa Blanca, de la que no quería salir.

Repito: lo preocupante es cómo arrastra a una parte del pueblo, cómo se retrocede en lo científico para dejarse llevar por lo fundamentalista religioso, por el mandato divino y por la identificación con la Historia y el Pueblo en una misma persona, la suya. Lo malo no es que él lo crea; lo malo son los que le creen y le siguen.

Que en Estados Unidos haya mucha gente que cree en Trump y sus métodos es una mala noticia para la evolución de la democracia en todo el mundo. Para Trump solo hay un valor, "la fuerza". ¿"Para qué sirve el poder si no lo puedes utilizar"?, es una de sus reflexiones vitales que aplica a la política. Me recuerda aquella vieja película en la que el asesino, enfrentado a quien detuvo, le decía: "Te preguntarás por qué hice lo que hice... Simplemente porque podía."

Nos dicen en El Confidencial que han detenido en Salamanca a una banda de aluniceros que atracaban con máscaras de Donald Trump. Por algo será. 

* "Trump, fichado por primera vez tras entregarse a la Justicia en Georgia por el caso de interferencia electoral" RTVE.es / AGENCIAS 25/08/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230825/trump-entrega-prision-georgia-cuarta-imputacion/2454541.shtml