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domingo, 9 de enero de 2022

Más allá de los protocolos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mucha gente le suele dar un valor absoluto a las indicaciones de los protocolos. Una cosa es que tenga que guardar cuarentena según ciertas reglas, por ejemplo, y otra muy distinta es que si se siguen esas reglas no pase nada. Como vemos, las autoridades sanitarias y/o políticas están cambiando o reajustando los protocolos, según nos dicen, porque las circunstancias cambian. Eso tampoco significa demasiado. Son solo formas de ponerle puertas al campo, por decirlo así. En realidad, el virus se contagia siempre que se dan las "circunstancias" posibles desde su perspectiva, no desde la nuestra, que es solo una forma de organizarnos, cada vez más a la baja, lo que se suele llamar "flexibilizar". La tendencia de la gente a ir confiada hacia las normas favorables, las más relajadas, provoca la triste realidad que hoy tenemos, con todos los indicadores disparados.

En La Vanguardia leemos sobre los protocolos en la Enseñanza que regirán desde mañana lunes, cuando empiezan mayoritariamente las clases: 

En las clases que no están organizadas como grupos burbujas (secundaria y FP) se considera contacto estrecho a los alumnos que estén sentados alrededor del positivo a menos de dos metros durante más de 15 minutos acumulados durante toda la jornada “salvo que se haya hecho un uso adecuado de la mascarilla”. También los convivientes de los casos confirmados, incluyendo hermanos que acudan al mismo u otro centro y los profesores que hayan estado a menos de dos metros sin la utilización correcta de la mascarilla durante más de 15 minutos durante toda la jornada.*

 

Bajo la apariencia de un discurso ordenado, la nada más absoluta. ¿Qué es la "utilización correcta de la mascarilla" en estas circunstancias? ¿Hay que estar expuesto "15 minutos" —por qué 15— para estar aislado? ¿Qué significa eso de "15 minutos toda la jornada"? Es una jerigonza cuya finalidad es hacernos creer que existe un control absoluto. Las medidas son más para "tranquilizar" que para evitar que el virus se expanda, que debería ser el objetivo primario. Sin embargo, lo que buscamos es que siga la vida a un coste humano cada vez más elevado, llevando a los que tienen que vérselas cada día —el sector sanitario en su totalidad— con ello a una batalla interminable en la que van cayendo unos detrás de otros, ya sea por contagio, agotamiento o desesperación. Hemos tratado aquí de esto en varias ocasiones, de cuando se les acaba la paciencia y necesitan un desahogo.

Alguien puede sacar la extraña conclusión de que estar 12 minutos sin la mascarilla, estar solo 10 minutos a menos de dos metros, etc. implica estar a salvo. Son los típicos casos de "¡No lo entiendo, seguí todas las indicaciones!", que escuchamos muchas veces. La rápida expansión del virus no es solo porque tengamos un virus más "veloz", sino porque esas condiciones son solo una garantía relativa. Desgraciadamente vamos a esperar poco para verlo en cuanto que las escuelas se vuelvan a abrir mañana. Esos 1,5 metros, que pueden ser reducidos a 1,2 metros según las circunstancias, son para niños y jóvenes que van a estar reunidos una media de 6-8 horas diarias en unos mismos locales, con paradas para salir a jugar o a comer. La baza que se juega es que la incidencia en ellos es menor, aunque ha sido la más alta durante unas semanas hasta que la franja 20-29 volvió a tener el negativo liderazgo.


La reducción del tamaño de los grupos, las posibilidades bimodales (online y presencial simultáneas), la ampliación de nuevos espacios, etc. son medidas que requieren inversiones. Las otras medidas, en cambio, son baratas y dejan en manos de las personas el cumplimiento. Si los profesores caen, se reducen las cuarentenas en los casos de enfermos leves y se duplican turnos o se juntan clases si no hay profesorado... hasta que sea imposible hacerlo porque hayamos agotado todo.

A lo mejor no podemos hacer otra cosa, pero hay que ser conscientes y no pensar que son "seguras", como tanto nos gusta repetir. Todo momento tiene su excusa, su excepción, que es a lo que nos agarramos mayoritariamente. Por eso mi insistencia en evitar las palabras trampa, las que nos incitan a creer en lo que no es real, las seguridades absolutas o las inmunidades. La realidad nos dice que la gente se reinfecta; que dependiendo del estado de su sistema inmunológico, del tiempo pasado desde la vacunación, de las medidas que se tomen y de las variantes nuevas, etc. el panorama cambia mucho.

No hay una forma "cómoda" de llevar esta situación y, por más que psicólogos, sociólogos, pediatras, etc. nos expliquen lo que sucede o sus efectos sobre nosotros, lo cierto es que se trata de enfrentarse a algo que no se conmueve por nuestros problemas. Es naturaleza pura, pura evolución con sus mecanismos de expansión y supervivencia. No es un problema de "derechos" o "libertades"; es una fase previa a todo esto. Nuestras armas, afortunadamente, están en la Ciencia, sí, pero también en el sentido común, en la prevención más allá de los intereses parciales que se imponen.

La creencia en que somos todopoderosos frente a la Naturaleza, que podemos vencer cualquier reto, no significa que sea rápido ni que nuestra forma impaciente de entender la velocidad sea la más adecuada. Las cosas no evolucionan a la velocidad que queremos ni en el sentido que deseamos en cualquier momento.


De todo esto, deberíamos sacar al menos una consecuencia: tenemos límites, no somos todopoderosos. Podemos maravillarnos de cómo unos cuantos multimillonarios se dan volteretas en el espacio y podemos querer ser como ellos, pero la vida de la inmensa mayoría de los mortales no es esa. Esto es físico, biológico. Pero también algo más: es social.

Al inicio de la pandemia causó gran escándalo en Estados Unidos —no solo allí— ver cómo las diferencias económicas determinaban las posibilidades de morir. La razón no era muy complicada de entender: los pobres vivían hacinados en estrechas casas, familias enteras dormían en una estrecha habitación; estaban peor alimentados y no se habían podido pagar los tratamientos por carecer de seguros médicos. Además tenían que ir a trabajar estuvieran como estuvieran a riesgo de ser despedidos. Los ricos, en cambio, estaban bien alimentados, vivían en espaciosas y separadas casas y habían disfrutado de cuidados médicos a lo largo de su vida; los que trabajan, lo hacen en cómodas oficinas o lo hacen desde sus casas. Los estudios se centraban en los Estados Unidos mostrando que los más perjudicados eran la población negra frente a la blanca. Habiendo en el país muchos más blancos, en cambio, morían muchos más negros. Rápidamente ataron cabos y sacaron conclusiones. Nos es fácil entender que las muertes se concentraran en los más desfavorecidos, pero se nos ha olvidado lo que significa, perdidos en nuestros intereses, legítimos la mayoría de ellos.

Hoy vemos diferencias grandes según los sectores laborales y los grupos económicos. Estos días se ha vuelto a mostrar el regreso del teletrabajo, que es una forma de evitar riesgos. Pero de nada sirve que una persona teletrabaje si el virus entra en su casa por cualquiera de sus miembros, contagiado en una escuela, un botellón, unas rebajas, un concierto solidario o un transporte público en el que se incumplen las normas más elementales.

Los protocolos son necesarios, pero deben estar basados en la seguridad posible y no en este juego imprudente de ir renegociando cada día las distancias, los metros cuadrados, los minutos, etc. Creo que a estas alturas deberíamos saber ya qué hacer. Así nos iría mucho mejor que con este vaivén de reglas, reajustes a lo posible y demás apaños contables.

Nos estamos confiando demasiado en la "levedad" y en los mensajes optimistas, desoyendo los datos reales, que están disparados y provocarán la aparición de nuevas variantes que deseamos tengan baja letalidad. Ya tenemos algunas en el horizonte, como la ya detectada "deltracrón" (mezcla de Delta y Ómicron), que se nos anuncia ya. Veremos cómo nos afectan. 


* Celeste López "Incertidumbre de las familias ante la vuelta a las aulas con normas más flexibles" La Vanguardia 09/01/2022 https://www.lavanguardia.com/vida/20220109/7975321/incertidumbre-familias-vuelta-aulas-normas-mas-flexibles-colegios.html

viernes, 25 de septiembre de 2020

Madrid y Nueva York o las odiosas comparaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Madrid lo está pasando mal y esto solo está empezando. Tenemos por delante medidas drásticas que volverán a poner en evidencia cuáles son las preferencias: salud o dinero (no escribo "economía" porque la propia salud es ya también un negocio), comunidad o individualidad. Por mucho que se niegue, las autoridades han practicado dos técnicas, la del doble lenguaje y la de la relajación de medidas. Mediante la primera se decía una cosa y se realizaba otra; mediante la segunda, lo que se decía no se hacía.

Partamos del principio de la dificultad, por sus propias características de capitalidad, centralidad, accesibilidad y distribución. Madrid no es una ciudad fácil de controlar por todos esos motivos. Hay que añadir otro factor: el enfrentamiento con las políticas del gobierno, porque había que hacer oposición cuando se trataba de cooperación. En esto Madrid quería sacar nota por las propias condiciones de debilidad política. No es el más fuerte el que más grita; el gobierno de Madrid es débil por su propia constitución y el peso que ha ido tomando la parte más derechista  y la propia ultraderecha. Por otro lado, la política tiene una fuerte vertebración norte-sur con adscripciones política muy diferentes. Otro factor muy importante, decisivo: el poder de la patronal en Madrid.

Todos estos factores han llevado a la situación actual, una ciudad al borde del confinamiento y de la rebelión de los distritos alentados por unos y otros. Los derechistas ven que el gobierno izquierdista les quiere destruir, mientras que los grupos más de izquierda consideran que se les está penalizando. Como esta división ideológica se corresponde también con la distribución espacial, es fácil para ellos suponer que se les está penalizando más allá de los datos.


¿Es cierto? da igual, es lo que parece y eso es lo que cuenta para la forma de respuesta. Lo que sí es cierto —y en eso coinciden todos los que no tienen un cargo político— es que Madrid no ha tenido en cuenta las prioridades de salud, no se han desarrollado los medios de prevención y no se han tomado decisiones a tiempo. Eso es así y solo los políticos responsables se empeñan en decir que no o en responsabilizar a otros. ¿Hay por medio guerras? Por supuesto. Pero son las guerras que nunca se debían haber dado entre administraciones y, mucho menos, convertirlas en la excusa para no invertir en todo lo que se debería haber hecho que, además, podría haber estimulado la propia economía, como es el caso de la digitalización de la enseñanza, del teletrabajo, etc. Se ha preferido lo restrictivo antes que la inversión en sectores que se han estado deteriorando por políticas de recortes y desinversiones, como se ha visto, en la sanidad y en la educación, sectores que se han mostrado como clave.

Desconfío de cualquier político o línea política cuyo única propuesta se la reducción de impuestos y recortes en sectores clave. Y eso es lo que ha resultado de una política de ya muchos años. Hoy entendemos que el problema no es gastar mucho o poco, sino hacerlo de forma inteligente en los sectores que aseguran un estado de bienestar, que incluye la seguridad y prevención sanitarias, a las comunidades. Pero eso no entra en las mentalidades simplistas de algunos neoliberales de salón, con el riñón bien cubierto y que todo lo basan en la filosofía del "dejar hacer", del no intervenir, porque todo se reajusta solo. Y eso se paga.


No, las políticas de Madrid han supuesto encontrarnos ahora en un estado débil para enfrentarnos a esto. El problema es que no se han puesto cimientos sólidos para poder enfrentarse a las oleadas siguientes. Por el contrario, la mentalidad ha sido siempre la provisionalidad dada la excepcionalidad de la situación. Pero la situación ha dejado de ser excepcional para constituir una "nueva anormalidad", un estado cronificado del problema que no solo no se reduce, sino que aumenta dado el deterioro o desgaste de los recursos materiales, humanos y de los fondos disponibles, cuyas deudas veremos cómo pagamos.

Somos la economía más perjudicada de Europa, somos el mayor foco de la pandemia de Europa y somos los que más rápidamente crecemos. Las medidas que haya que tomar se hacen con un sector sanitario agotado y desmoralizado, una población harta y mal acostumbrada por los propios políticos y sus vaivenes pragmáticos, y unos políticos que no quieren cargar con las responsabilidades y el desgaste políticos. Todos se apuntaban a la desescalada, que se prometía feliz, pero nadie quiere asumir su propio fracaso en este problema. Volvemos a repetir: hace mes y medio todas las autonomías clamaban por tener corredores seguros para que les llegaran los turistas. Los sensatos se quedaron en casa porque no les motivaba mucho poner en marcha nuestra economía y los insensatos llegaban a hacer en España las barbaridades que nos les dejaban hacer en los suyos, como ocurrió con los alemanes a los que su propio gobierno tuvo que llamar la atención. Luego, como consecuencia de nuestros deseos ilimitados de actividades sociales —de funerales a bautizos, de despedidas de solteros a barbacoas en las playas y botellones en los parques— todo lo ganado se perdía. Entonces, ya a finales de agosto, nos acordamos que había que llevar a los niños al colegio y que no se había contratado profesorado, no había aulas para dividirlos ni programas que poder hacer online. Lo que se dice de las escuelas, se puede aplicar a las universidades, dejadas a la buena de dios.


Me ha llamado la atención la información que nos ha facilitado Antena 3 sobre la comparación del desarrollo de la pandemia en las ciudades de Madrid y Nueva York. Es muy reveladora y clara, basta con ver las gráficas temporales. Explica porqué muchos científicos piden una auditoría a las acciones de unos políticos que decían siempre actuar guiados por expertos y en nombre de la Ciencia. En la última semana es frecuente comparar los datos de Madrid con los de Nueva York, dos grandes ciudades de gran movimiento y variedad de población.

En la web de la cadena podemos leer:

 

[...] en esta segunda ola de la enfermedad en Madrid se ha disparado los contagios de coronavirus, mientras que Nueva York ha conseguido contener el avance del virus.

Pero ¿Cuáles son los motivos para que en Nueva York las cosas hayan funcionado bien, y en Madrid estén funcionando tan mal frente al coronavirus? 

Las diferencias entre Madrid y Nueva York

Madrid pisó el acelerador y Nueva York, puso el freno. Eso creen los expertos. Reabrieron la ciudad más despacio, hicieron muchos más test y rastrearon mejor a los contactos.

Para Sara Lumbreras del Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad de Comillas (ICAI), "si hubiéramos tenido los rastreadores que se necesitaban, habríamos conseguido mantener los contagios tan bajos como estaban en verano y Nueva York parece que sí que ha hecho un gran esfuerzo" afirma la experta.

Antes de la desescalada, Nueva York ya tenía a 6000 rastreadores trabajando. En Madrid en total había 200.

Otro factor: a principios de verano Madrid daba luz verde a la hostelería con aforos reducidos al 50%, en Nueva York esto no ocurrirá hasta el próximo 30 de septiembre y con un 25% de aforo. A día de hoy, solo funcionan las terrazas.

"Si por ello hay un aumento en la tasa de infección, siempre podemos presionar el botón de pausa" afirmaba Andrew Cuomo, Gobernador de Nueva York, al que no le tiembla la mano a la hora de tomar decisiones para frenar el avance del coronavirus en su ciudad.

El pandemia puso a la ciudad de los rascacielos al borde del colapso. Los muertos por coronavirus se amontonaban. Hoy sus pacientes Covid ingresados en UCIS no llegan al 1%.*



 

Creo que las cosas no pueden ser más claras. Demasiada prisa por abrir y poco recursos para controlar. Claro como el agua. Hacer creer que una vez llegados a las cifras buenas, las malas no llegarían, ha sido una irresponsabilidad. La falta de turismo llevo a la promoción mediática de la salidas a donde fuera. Había que cambiar la foto de aquel que salía del supermercado cargado de rollos de papel higiénico por la toalla playera, asegurándonos que el mundo ideal era posible. Pero nadie quería dejar de intentar recuperar lo perdido, ya fueran la caja del negocio o las cervezas dejadas de beber, los cafelitos dejados de remover. ¿Quién puede vivir sin un bar, sin una cafetería, sin un chiringuito?

Hoy la realidad nos cae como una jarra de agua. Nos cae el aguay nos cae la jarra, de dura cerámica dejándonos descalabrados y estupefactos ante el anuncio de lo que no se tenía que haber producido, para lo cual los responsables, llamada la atención desde Europa, tienen que aparentar la firmeza que no tuvieron o que era de boquilla.


Durante meses se ha visto a gente burlar las medidas, sacar cincuenta veces al perro, prestárselo unos a otros. Nosotros no somos confucianos, pero tampoco tenemos a políticos como el gobernador de Nueva York, que decidió tomar el problema de frente, dar la cara todos los días y meterse en la mente de cada ciudadano de Nueva York y de su estado para lograr una respuesta que hoy tiene sus frutos. Nosotros tenemos lo contrario. Políticos quejicas, acusicas, muy limitaditos, temerosos siempre de que alguien les llame desde Génova o Ferraz, desde donde sea, a decirles que las medidas cuestan votos y hay que tener cuidado.

Echamos en falta políticos con ideas, responsabilidad y voluntad y no expertos en el insulto, la queja y en deshacerse del muerto pasándoselo a otros. Esta forma vergonzante de transmitir la responsabilidad a los ciudadanos más allá de los consejos, la recomendaciones, etc. no es la más adecuada. Se ha visto que no sirve porque en el fondo no se quería "parar la economía", frase tonta donde las haya, pues lo que tenían que haber hecho es estimular lo posible y, aún más, lo necesario, que es lo que se les ha quedado en el tintero. No tenemos lo que deberíamos tener en marcha, de hospitales a personal sanitario, de profesores a teletrabajadores. Había que haber estimulado iniciativas, que las hay, en sectores importantes y necesarios. Algunos han cumplido, pero lo han hecho a su aire o han sido dejados a lo que pasara (como ha ocurrido con los temporeros en las recogidas).

Es muy fácil poner sanciones (aunque no sea tan fácil cobrarlas). Es más difícil contratar personal sanitario, educativo, del transporte público, etc. Las condiciones en que se contrata a los sanitarios es de vergüenza ajena. No es nuevo y eso es lo preocupante. Ni la pandemia ha servido para modificar los modelos aberrantes de contratación (una enfermera decía en TV haber tenido decenas de contratos en solo tres meses, hilando unos con otros en un ciclo infinito de contratación y despido).


Lo que ha dejado en evidencia el coronavirus es la miseria de un sistema que lleva años cultivando el desempleo, la subvención, etc. en vez de afrontar la industrialización de España y su salto al siglo XXI. Tenemos un modelo económico infame, asocial y debilitado. Es lo que explica que formemos gente y después emigren a países donde ganan sueldos decentes, con contratos decentes y no lo que se ofrece en esta país que ha hecho de sus vicios virtudes.

No hay trazas de cambio. Es todo tan precario que nadie dice lo que ve o piensa por temor a quedarse fuera. Y eso vale para el que conduce un taxi, atiende una frutería, muere de un golpe da calor por no tener ni sombrajo o ducha, o para un profesor universitario que encadena uno tras otro miserables contratos por los que debe dar las gracias en un entorno despiadado y burocrático que ha convertido en muchas ocasiones los departamentos en escenarios selváticos. A todo esto lo llaman "mercado", "competitividad", "eficiencia", etc. Pero no es más que la injustica camuflada.

Madrid y Nueva York. El gobernador Andrew Cuomo le ha plantado cara a la brutalidad ignorante de Trump. Pero sus resultados le dan la razón, mientras que dejan a Trump en su lugar. Con líderes comprometidos, la gente responde mejor porque confía en ellos y sigue sus recomendaciones. Nosotros, desgraciadamente, nos contentamos con mucho menos. No conseguimos tener proyectos comunes entre tantas divisiones profundas y guerras abiertas, a las que nos arrastran. Acabamos defendiendo a unos porque no son los otros. No hay más mérito.

Suerte, Madrid. Vivir es sobrevivir, muchas veces a uno mismo.

 


* "¿Cuáles son los motivos para que Nueva York pueda contener el coronavirus y Madrid no?" Antena 3 25/09/2020

https://www.antena3.com/noticias/mundo/cuales-son-los-motivos-para-que-nueva-york-pueda-contener-el-coronavirus-y-madrid-no_202009245f6cf6be822f050001a8c91d.html

viernes, 18 de septiembre de 2020

Madrid no se merece esto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El día 2 de septiembre titulábamos la entrada de este blog "La batalla de Madrid" haciendo referencia a la situación de nuestra comunidad con un enfrentamiento bronco entre el gobierno regional y el central. La queja regional de entonces era que el gobierno nacional "tenía una fijación con Madrid", algo que consideramos aquí la típica excusa del alumno que se queja de que sus profesores "le tienen manía". Finalizaba la entrada con la petición de ponerse todos a trabajar y menos a discutir. "Si Madrid empeora sin remedio" —escribíamos—" no va a mejorar mucho el resto. Por ello, a arrimar todos el hombro. Señores del gobierno: menos meter el dedo en el ojo; señores de Madrid: menos quejas y más trabajar. Es lo que necesitamos todos para salir de esto." Pero no es ese el estilo de la Comunidad de Madrid, empeñada en ser la estrella opositora, ni del gobierno.

Los debates televisivos de la mañana, en diversos canales, muestran que el enfrentamiento sobre quién es responsable de que Madrid sea el peor punto de Europa, ¡triste título!, no cesan y que son más importantes que los que llevan a la solución. Es indudable que la situación de Madrid es especial, pero eso no justifica en modo alguno que se haya llegado a esta situación. Es una muestra más, trágica, de dónde nos llevan los políticos cuando no se unen ante causas de gravedad, como la situación en que nos encontramos.

No, "la batalla de Madrid" no cesa. Esta política brutal, que resquebraja al país por encima de sus problemas, es suicida en situaciones en que no hay otra forma más que la unión para alcanzar resultados positivos. La forma política de la agresividad por encima de cualquier otra línea de actuación, de la puya constante, hace que sea imposible ofrecer soluciones que impliquen a la ciudadanía.


Esta no es ajena a esta situación; tiene también su parte de responsabilidad. Pero esta viene en gran parte de la ausencia de directrices reales y de la irresponsabilidad de muchos. Esta situación de Madrid tiene muchos responsables, pero en orden. La responsabilidad primera es de la Comunidad, que es quien debe asumir sus responsabilidades y no lo ha hecho. Las quejas llueven por todos lados, de la sanidad a las escuelas. Lo único que ha llegado a ellas son promesas, pocas o ninguna realidad.

Señalan en La Vanguardia: 

El caos mayúsculo en la región con más casos de la Covid-19 de toda Europa, la Comunidad de Madrid, ha conducido a la intervención del presidente Pedro Sánchez, que ayer se ofreció a reunirse con la líder autonómica, Isabel Díaz Ayuso. Esta respondió con un sí, también por carta, agradeciendo el gesto no sin lamentar que “Madrid ha estado demasiado tiempo sola” y “pese a que (la Comunidad) haya puesto a funcionar a pleno rendimiento todos sus recursos, se hacen necesarias estrategias nacionales”. Ayuso aprovechó ese acuse de recibo para subrayar que la Comunidad necesita “seguridad jurídica, actuaciones en dependencias estatales y respaldo en materia legislativa y de seguridad ciudadana, competencias de las que carecemos, para que todas las demás medidas sean efectivas.”

El intercambio entre Sánchez y Ayuso llega en el momento en el que más unidad se precisa para combatir una pandemia que en Madrid crece imparable. La contribución del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso se resume en la generación de una angustia aún más mayúscula en los ciudadanos. Al caos colaboraron diversos consejeros, como Enrique Ruiz Escudero, el consejero de Sanidad. A través de un vídeo de pocos segundos, Escudero se refirió a las medidas que hoy adoptarán para reducir el “crecimiento sostenido” de la pandemia pero evitó las palabras confinamientos selectivos que el día anterior sí utilizó el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero, porque “provocan alarma”. Escudero, que según la Cadena Ser grabó ese mensaje ante la negativa de Zapatero (hasta ayer el hombre de confianza de Ayuso en detrimento de Escudero), habló de restricciones de la movilidad” y “reducción de la actividad” en las áreas más afectadas, ubicadas fundamentalmente en el sur (Puente de Vallecas, Usera, Carabanchel, Ciudad Lineal, Parla y Fuenlabrada) con casi un millón de habitantes.

Horas antes, el consejero de Justicia, Enrique López, descartaba confinamientos parciales porque eso solo se puede hacer, indicó, con el estado de alarma que Madrid no quiere solicitar al Gobierno de Pedro Sánchez. Mientras López calificaba la situación de la región “como la de todo el mundo, extraordinaria, pero controlada”, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid y portavoz del Ejecutivo, Ignacio Aguado (Ciudadanos), pedía la implicación urgente del Gobierno de Sánchez para atajar los contagios porque “Madrid no puede”. La pregunta sobre si el ejecutivo regional iba a pedir el estado de alarma quedó en el aire porque su intervención no admitía preguntas.* 


Creo que la extensión de la cita es necesaria para poder tener esa visión de conjunto del caos existente. Las intervenciones de los distintos consejeros o de la misma presidenta no alientan a la confianza sino a todo lo contrario. Efectivamente, como se señala en la propia crónica de Celeste López para el diario barcelonés, "caos" es el término que mejor describe la situación a la que se ha llegado en la Comunidad, con una política irresponsable y quejumbrosa, exculpatoria de toda responsabilidad y agresiva hacia los demás.

Recordemos que hace pocos días desde la comunidades limítrofes se pedía el "confinamiento" de Madrid pues se estaba exportando el COVID-19 a los que acudían allí a trabajar y regresaban a sus comunidades a través de los transportes que enlazan con la Comunidad. Madrid es un centro de intercambio constante entre barrios como ciudades y ciudades como barrios. Es el centro de negocios y de la política; centro cultural y espacio de eventos grandes. Y es, sobre todo, un centro de negocios que el gobierno de Díaz Ayuso no ha querido "perjudicar" con medidas que limitaran la vida económica.

De nuevo, aunque no se diga, los intereses económicos por delante de la salud general; de nuevo la tibieza en el corte de actividades para no paralizar la región. Desgraciadamente a esto hay que sumar las propias condiciones de Madrid, las del exceso de población en muchas zonas y las de los recortes de recursos que ahora se notan en demasía. Las quejas de los centros de salud y hospitales, del personal médico, de las escuelas y de los padres, a los que se sumarán pronto de las universidades, dejadas a su aire, etc. muestran que nadie está satisfecho con lo que se ha hecho y, especialmente, con lo que no se ha hecho.


La terrible situación que vivió Madrid desde marzo, con morgue en el Palacio de Hielo, con enfermos en los pasillos, con las UCI rebosantes, con las residencias con muertos sin recoger y extendiendo los contagios, etc. parece que se ha borrado de una ciudadanía errática y con grandes bolsas de irresponsabilidad conforme las promesas de la "nueva normalidad" y de la "curva aplanada" se iban desvaneciendo por el crecimiento de casos.

Volvemos a un argumento recurrente: hace poco más de mes y medio, todos los gobiernos autonómicos exigían la calificación de lugares "seguros", pedía corredores internacionales "seguros". Todo era optimismo y demanda de aperturas, de saltos de fases intermedias para liberar la movilidad nacional e internacional. Los extranjeros dieron pronto la voz de alarma y empezaron a poner restricciones a los viajes, a exigir cuarentenas disuasorias. Se trataba entonces de mover al turismo interior. Cada uno tiraba hacia su propia comunidad. El mal está en las costas masificadas, nos decían, vente a la España despoblada, rural, montañas, descubre pueblos, casas rurales... ´No tendremos fiestas, pero celebremos las "no-fiestas", toleradas porque qué alcalde se va a oponer a ellas... Unas cuentas multas y a seguir; que sigan botellones, fiestas privadas, despedidas, entierros multitudinarios porque "era muy popular aquí" (como recogimos en una ocasión).

¿Qué parte no entiendes de "aislamiento", "distancia" y "mascarilla"? ¿Qué parte sigues sin comprender de lo básico? Ayer hablábamos de la falacia de las "burbujas". No las hay ni en residencias, ni en hospitales, ni en cárceles, universidades, escuelas, supermercados, parques... Nadie es una isla, recordábamos citando al poeta John Donne.

El caos político trae la irresponsabilidad de los ciudadanos; la falta de medidas convincente y respaldadas con autoridad lleva a los incumplimientos en la vida diaria de aquellos que quieran salvar su negocio ya sea vendiendo, celebrando, repartiendo... Puedes ir anotando los que cumplen, los que aparentan cumplir y los que no cumplen en absoluto. Son los segundos los más peligrosos, la versión asintomática empresarial, los que expanden el virus que busca después canales familiares, laborales. etc.


Cuando camino a hacer la compra, no dejan de sorprenderme esas personas, adolescentes y adultos, que tienen bajada la mascarilla y que al ver que se acerca alguien la suben. Es un aparentar que no hemos conseguido evitar convenciendo que el riesgo no está en que te vean (el miedo a la bronca, a la multa), sino en estar sin la mascarilla hablando con otra persona, acogerse al eximente del cafetito, la cervecita, el chándal deportivo, el perro, los niños... para poder pasarte por el forro las restricciones. La denuncia de los médicos de recibir presiones para que hagan certificados y librarse de las mascarillas es un auténtica situación de vergüenza irresponsable.

Las autoridades, en la educación tratan de forzar la situación. Los efectos los estamos viendo. No se puede tener todo, cafés abiertos, fiestas privadas, escuelas llenas y UCI vacías. Hay que elegir. Pero lo queremos todo.

La batalla de Madrid se ha diversificado. Ya no son solo los políticos los que se enzarzan en estas infames e irresponsables grescas, los que usan la tinta del calamar en su huida. Ahora son las instituciones, la empresas, la educación en su conjunto, las familias, etc. las que tienen que tomar decisiones que nadie quiere tomar, una responsabilidad descendente hasta que llega al que no se puede negar, al que le llega el problema en una ventanilla, en la tarima de un aula, al volante de un autobús, en la entrada de un Centro de Salud. Son los que tienen que enfrentarse a una realidad ineludible que los políticos eluden echando la pelota al tejado ajeno.

El gobierno sabe que la petición madrileña es una forma de intentar atraparlos diluyendo la responsabilidad. Eso sigue siendo inaceptable en todos los niveles, pero es lo que estamos viendo. El gobierno asumió el desgaste del confinamiento y en el momento en que las cifras comenzaron a mejorar, las comunidades reclamaron el protagonismo de la desescalada pensando que lo peor había pasado y sus medidas serían recibidas con aplausos. Lo que se ha hecho es dilapidar el esfuerzo en una competencia por el turismo europeo frente a Italia, Grecia... cuyos nombres se usaron como trampa. Hoy España tiene las peores cifras de Europa y Madrid la más elevada.


Madrid necesita un liderazgo que no tiene y una extensión de la responsabilidad ciudadana más allá de la que vemos, para lo que es necesario que los responsables acepten su responsabilidad primera, las vidas y salud de las personas. Sin ellas no hay recuperación económica de ningún tipo. Hay que saber qué es el carro y qué los bueyes. Los modelos trumpistas, los de Johnson, con tantos admiradores en algunos sectores de la derecha española han llevado al desastre. Las carnavaladas de los anti mascarillas, los defensores de una libertad contagiosa se han dado en Madrid, en la Plaza de Colón y otros espacios donde se les ha dejado.

Ahora pagamos todos las consecuencias de estos enfoques de prometer y no hacer y de poner la "economía" —aunque no se diga así— por delante de las personas, es decir, no tomar medidas restrictivas y poner poco empeño en que se cumplan. Es no destinar los recursos donde se necesitan, es no hacerlos llegar a tiempo, es no compensar con personas las bajas de los que enferman, es que nada sea claro y que la confusión en escuelas, universidades, empresas, hospitales, etc. sea tan grande como la indignación que empieza a ser tan incontrolable como la pandemia, con trasmisión "social". Las colas en centros de salud, la desesperación de los responsables escolares, de los padres, de las esperas eternas para cumplir con los protocolos, que finalmente resultan imposibles porque se han hecho sin sentido de la realidad. ¿Reducir las cuarentenas, eliminar los PCR cuyos resultados no llegan nunca, desestimar la fiebre como síntoma porque no se puede atender en los centros...? ¿Son esas las soluciones al colapso y al caos?

Madrid no se merece esto, creo. Pero seguirá la batalla, faltarán dedos de la mano para buscar culpables. Pero con uno basta. 


* Celeste López "El desgobierno de Ayuso en Madrid bloquea la respuesta a la Covid-19" La Vanguardia 18/09/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200918/483527492652/desgobierno-ayuso-madrid-bloquea-respuesta-covid-19.html

martes, 1 de septiembre de 2020

El COVID-19 y la Universidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras la reunión de ayer, se ha publicado un documento con los protocolos comunes de las universidades ante la situación del COVID-19. El documento tiene por título "RECOMENDACIONES DEL MINISTERIO DE UNIVERSIDADES A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA PARA ADAPTAR EL CURSO UNIVERSITARIO 2020-2021 A UNA PRESENCIALIDAD ADAPTADA Y MEDIDAS DE ACTUACIÓN DE LAS UNIVERSIDADES ANTE UN CASO SOSPECHOSO O UNO POSITIVO DE COVID-19" y es una actualización del publicado el 11 de junio pasado.
En este documento (puede accederse desde aquí) se establecen una serie de medidas, unas muy concretas y otras muy generales, y una mezcla entre hechos y deseos. Así, entre lo posible y lo deseable, el documento navega dejando a las comunidades unas veces y a las universidades otras el desarrollo de muchas de las cosas esenciales.
Como es evidente, muchas de las cosas que se dice que se deberán hacer, especialmente en la necesaria digitalización de los campus, necesitan de concreciones presupuestarias. Pero eso es solo una parte, el proceso de adquisición es lento y mediante concursos públicos pasada ciertas cantidades. Eso implica tiempo y esto es una carrera contra reloj, ya que el curso avanza. Esto se debería haber hecho mucho antes, como suele ser la queja general. Pero, de nuevo, todo esto se ha visto sometido a la esperanza de que se acabaría rápido y pronto estaría olvidado. ¡Tremendo error! Ni el calor del verano acabó con el coronavirus ni las vacunas llegaron en septiembre, dos premisas sobre las que se construyo la inacción.
El dinero se va en ayudas y subvenciones, pero no en reformas de los sectores para hacerlos viables. Eso hace que las instituciones, en diferentes niveles, sean más débiles para enfrentarse a las situaciones. Pagamos, como ha ocurrido en la Sanidad, el deterioro de años, el olvido y los recortes en el campo de la educación.
Ya que hay que cambiar hagámoslo bien, no pongamos parches, lo que sería una mejor forma de invertir.


El documento está dividido en dos partes, estando en la primera los principios más generales y en la segunda los detalles de la aplicación, también actualizado respecto al documento de junio mencionado.
Uno de los primeros puntos es la cuestión del cuerpo docente, que ha tenido una política muy restrictiva en cuanto las concesiones de plazas y la situación de estabilidad del profesorado. Ahora, para evitar la petición de nuevas plazas, se elimina la reducción del tamaño de los grupos, con la combinación de modos. Se señala en el documento:

4. Teniendo en cuenta la escasez de recursos docentes a corto plazo, no se considera conveniente doblar las clases por grupos para mantener la presencialidad, porque ello implicaría una sobrecarga inasumible para el profesorado.

La medida es una forma de reconocimiento de la situación del profesorado, pero también una "advertencia" implícita a la tentación de hacer recaer sobre el profesorado lo que son las carencias del sistema duplicando (o triplicando) el trabajo.
Frente a esa imposibilidad presupuestaria, llamada "escasez de recursos a corto plazo", las apuestas van a por otras vías que, sin embargo, también requieren un esfuerzo presupuestario.
Más adelante, entre los últimos puntos de la primera parte, leemos:


10. Las medidas propuestas requieren una estrategia de digitalización reforzada del sistema universitario tanto para las posibles situaciones de emergencia como para una flexibilización de las modalidades de enseñanza. Dicha estrategia implica una mejora del equipamiento informático y redes telemáticas de las universidades, una capacitación del profesorado en el uso de la comunicación digital y una ayuda de la administración universitaria para la conectividad adecuada del conjunto del estudiantado, de forma que ningún estudiante sea discriminado por la persistencia de la brecha digital. Tenemos que evitar que nos sorprenda de nuevo cualquier circunstancia que interfiera en el normal desarrollo de la actividad universitaria.
11. Las medidas de digitalización y formación de los docentes tienen implicaciones presupuestarias que deberán ser tenidas en cuenta por las administraciones competentes. Las transferencias presupuestarias a las Comunidades Autónomas que el Gobierno de España ha aprobado con el fin de ayudar a que el sistema educativo, incluido el sistema universitario, puedan superar los efectos adversos de la pandemia pueden constituir un soporte presupuestario para atender a las necesidades sobrevenidas.



Es evidente que esto supone inversión y esta viene determinada por el presupuesto. Los dos párrafos apuntan a que el dinero ("transferencias presupuestarias") que llegue a las universidades se invierta en digitalización de las aulas, en mejora de las redes y en formación digital del profesorado (aunque este último punto es un tanto oscuro en su sentido final).
Lo que es evidente es que todo esto no se improvisa en ninguno de sus niveles y que conlleva esfuerzo, inversión y tiempo, algo de lo que no se dispone demasiado.
Cada universidad dispone de una serie de recursos, incluidos los de personal informático y de redes, algo que no se menciona pero que será esencial y requerirá —sí o sí— un aumento del personal porque su papel en el mantenimiento de las redes y la solución de los frecuentísimos problemas que dan es imprescindible. Sin embargo, muchas universidades también han aplicado reducción de su personal con estas funciones o la externalización a través de empresas contratadas para este fin. Esto conlleva también sus propios y variados problemas.
No todas las universidades se han tomado su digitalización de la misma manera ni con modelos coherentes, especialmente en cuanto a la didáctica, concentrándose la mayoría de los casos en aspectos meramente técnicos y sin ahondar suficientemente en la función de las herramientas y la adaptación a la función del aprendizaje. No es lo mismo tener muchos ordenadores que tener un buen uso docente de ellos.
Pero es importante diferenciar el hecho de que se tengan buenas instalaciones al hecho de que exista una docencia digitalizada. Los ordenadores de las universidades, es obvio decirlo y hay que recordarlo, están en la universidades y no en la casa de los alumnos, que es donde deberían recibir la enseñanza a distancia. Y este factor depende de muchas otras cosas, que van desde la disponibilidad de líneas rápidas en los hogares, el problema de que no haya ordenadores suficientes para todos (puede haber varios estudiantes en casa o varios teletrabajadores), pasando por el de las zonas que no tienen cobertura en lugares apartados. Todos estos problemas surgen porque no todo depende de la universidad. Algunos se pueden resolver de forma más o menos sencilla, pero todos tienen el problema de fondo, el tiempo, su paso consume el curso.


El documento sigue insistiendo en la prioridad de la enseñanza en los centros. Siempre que se pueda, nos dice, debe ser presencial. Eso sí, manteniendo las distancias reglamentadas de 1,5 metros y dividiendo los grupos rotativamente, unos en el aula y otros en casa accediendo a la retransmisión. Aunque sobre el papel es fácil decirlo, esto presenta bastantes problemas por la necesidad de transmisiones dentro del horario de clases. ¿Aguantarán los sistemas la demanda de flujo necesaria para que todos puedan emitir en directo sus clases? La inversión se hace más necesaria que nunca y el aumento de personal, pues lo que antes era alternativo y minoritario, un complemento, ahora se convierte en una demanda masiva y simultánea.
Pero hay otra parte en el documento. Las "recomendaciones" del Ministerio fijas aspectos de la enseñanza en sí, pero no desatienden los problemas reales de los contagios entre el alumnado, profesorado y personal de administración y servicios. Contagiados y contactos próximos deben seguir protocolos similares a otros casos porque aquí no hay distinción más que del espacio. Las normas de higiene son las que debe seguir cualquiera y se incluyen las normas de ventilación tras cada clase o mantener abierto mientras se pueda.


El problema de todo esto es que no es autónomo respecto al sistema general, como hemos explicado días anteriores. Lo que ocurra en la Universidad no es independiente de lo que ocurra fuera. Cualquier seguridad está expuesta a los que no cumplen sus medidas y que no será fácil detectar en Facultades numerosas que tendrán que extremar las medidas de vigilancia cada día en sus entradas. Una Facultad no es una escuela o guardería donde pueden controlar los movimientos de los niños. El movimiento es mucho mayor y las edades del alumnado están en la franja precisamente del mayor número de contagios, de 20 a 35. También parte del profesorado, administración se encuentra tanto en la parte alta de la franja y otra en la parte de riesgo, establecida en los 60 años.
Los problemas del COVID-19 y la docencia universitaria son muy diferentes a los de las escuelas. Del transporte (el ministerio de Educación, como titulaba el ABC, recomendaba el uso de bicis y patinetes, como alternativa a los autobuses escolares) al tipo de interacciones de las personas, tanto alumnos como profesorado. El mayor contacto físico de los más pequeños se contrapone al la mayor vida social de los jóvenes universitarios. El problema es que estos protocolos, que muchos se han saltado cuando les ha parecido, se pretenden ahora imponer con fuerza de norma dentro del ámbito universitario, que es un sistema de enseñanza, sí, pero a efectos nuestros es un espacio de encuentro donde da igual de qué hables y lo importante es lo que haces.


No va a ser fácil y no se puede pedir al profesorado que ejerza de Policía en sus centros, en constante vigilancia de incumplimientos, algo de los que no se habla en el documento. Como en otras esferas, el problema no es el que cumple, sino el que no lo hace. ¿Habrá que ir disolviendo reuniones? ¿Puedes hacerlo en la entrada de los centros, lugares de encuentro? ¿Es tu función?
Todo dependerá de las actitudes, pero lo que hemos visto a lo largo del verano, con el rebrote masivo de casos, los incumplimientos flagrantes y el desprecio de muchos por las normas, etc. puede ser un factor constante de choque. ¿Llegará a muchos la responsabilidad que todavía ayer no tenían?
Todos tenemos en mente las imágenes de la vida anterior en las aulas, pasillos, bares y salidas y entradas de las facultades. No es fácil desprenderse de ellas ante este futuro incierto. Hará falta estar pendiente de tantas cosas que no será fácil concentrarse en lo esencial, al menos para la institución, la docencia.
Presupuesto (y agilidad presupuestaria) y actitudes son los dos factores esenciales. El primero es importante para poder disponer de medios y recursos necesarios para lo que se pide. Lo segundo, la actitud de las personas, es fundamental, porque dará igual lo que gastemos o invirtamos si después se pierde por la irresponsabilidad de algunos. Hay que invertir en lo que se supone es nuestro fuerte, educar en la conciencia y la responsabilidad de cada uno de nosotros. Sin ello, como se ha podido ver en julio, no vamos a ninguna parte. O peor, iremos al caos.


viernes, 28 de agosto de 2020

La batalla de la educación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El consenso de las medidas de prevención, un protocolo común, para la apertura de las escuelas y el inicio del curso no logra acallar un hecho que afecta a casi toda la sociedad. Medios y grupos analizan micrométricamente la letra grande y la letra pequeña del acuerdo y además lo que falta, la "no letra". Así que unos se preocupan por lo que dice y otros por lo que no dicen; unos por lo que hay y otros por lo que falta.
Las escuelas pasan a ser un terreno conflictivo que el verano había apaciguado por la preocupación por terracitas, sombrillas y demás accesorios turísticos. Pasa la epidemia veraniega toca la escolar. Desgraciadamente nuestra política recoge problemas no para solucionarlos sino para tirárselos a la cabeza. En el caso de las escuelas y el coronavirus que va de oyente, pero es probable que no se pierda una clase.
El sistema del compartimentado y rastreo tienen un problema de fondo. Si hay diez niños en una clase y detectan que uno está contagiado, los otros nueve se van a su casa en cuarentena, una cuarentena que no afecta al niño, sino a toda su familia y contactos. Y es ahí donde se pierde el control y nos empezaremos a encontrar con los problemas, porque nadie quiere quedarse en casa, la mayoría de las veces, supongo, por motivos laborales, pero hemos tenido muchos casos de gente que no se querían perder el ocio de sus vidas, esos esenciales momentos triviales sin los que no pueden vivir.
Cuando el niño o niña llegan a casa con la notita de "su hijo está contagiado de COVID-19. Absténgase de traerlo al centro hasta dentro de 14 días" firmada por el director del colegio o la enfermera adjunta, el protocolo dice que los que están con ellos, al igual que el resto de la clase, tengan fiebre, tos, mala cara o cualquier otro síntoma se tendrían que poner en cuarentena. Y ahí es donde empiezan a fallar los cálculos.


No sé si los rastreadores militares que ahora se incorporan a las Autonomías tendrán más suerte que los poquitos rastreadores anteriores. Me imagino que el pacto se irá extendiendo: "tú no digas que has estado conmigo y yo no diré que has estado conmigo". Si no tienes síntomas, te callas. Eso de me encierro por si las moscas, me temo que no va a funcionar. Los nueve padres restantes pensarán: "Por un maldito niño, ¿mi hijo o hija tiene que dejar de ir al cole? ¿Tenemos que quedarnos en casa, sin ir a trabajar, porque otro alumno se ha contagiado? ¡Que se queden ellos!" No es ciencia ficción. Las denuncias contra personas que tenían que estar en cuarentena y no lo estaban por motivos varios han ido subiendo.
La idea de la "burbuja" es muy bonita hasta que se convierte en "celda" y a la pompa le salen barrotes. Se protege a las otras burbujas, pero a los que les ha tocado el marrón, a esos le confinan hasta que salte la luz verde del final de la cuarentena.


Cometemos el error de pensar la pandemia en términos de espacios o áreas. Tremendo error porque no son los espacios o las actividades los que definen esto. Somos nosotros los que tenemos dimensiones múltiples, todas ellas activas, entrecruzadas, posibilitando los saltos entre actividades a través de esos puntos (los nodos de una red) conectados.
El niño contagiado en la escuela lo ha sido en la escuela o en su casa o en el parque o en un cumpleaños o en la residencia de su abuela o en... Lo ha podido coger de su padre o madre, que a su vez lo han pillado en el transporte público o en sus trabajos, donde lo llevó el amigo con el que fuman fuera de la empresa que lo cogió del repartidor al que se lo habían pegado cuando fue a recoger su moto al taller, cuyo jefes había estado en un funeral de una tía suya del que resultaron doce contagiados de cuatro provincias distintas, por las que fueron repartidos los coronavirus. ¿Entendemos la tarea imposible de los rastreadores más allá del primer círculo?
Pero para estar en cuarentena, nos dicen, no hace falta estar contagiado. Las dos semanas son por si acaso, por lo que muchos que no notan síntomas prefieren no hacerse los test PCR. Siempre podrán esgrimir que ellos "no sabían", que "no se enteraron"... porque no notaron nada. Para hacer el aislamiento no hace falta notar nada; es una forma de prevención que nos podrían estar pidiendo hacer según entramos y salimos de múltiples cuarentenas. ¿Quién sabe hasta dónde llega la larga cadena de los contactos? La palabra misma es engañosa porque tendemos a recordar a los que conocemos, pero ignoramos a los desconocidos, a aquellos con los que también tenemos contacto pero no memorizamos porque son un mero accidente. Pero ahora ese "contacto" puede ser esencial. Es decir, sabemos quiénes son los compañeros de esas clases burbujas, pero ahí los niños están solo unas pocas horas del día. No sabemos con quién juegan en el parque o celebran los cumpleaños propios de la familia. Espero que pronto salgan los expertos, psicólogos y pedagogos, a decir que es importante para la salud mental de los niños celebrar sus cumpleaños con los amiguitos; poco después, el gobierno saldrá a decir que el número máximo de asistentes no debe exceder de 10, de los cuales la mitad deben ser de su burbuja. Al tiempo.


Hay padres que se resisten a aceptar el infantil concepto de "seguridad" exhibido por algunos políticos del presidente para abajo. RTVE hablaba esta mañana de "padres policías" en sus rótulos para definir a aquellos que van a "vigilar" que las condiciones señaladas se cumplan y si no es así sacar a sus hijos del centro. Los debates escolares van desde los que denuncian que los niños tendrán limitaciones por la pérdida de clases del curso anterior hasta los apocalípticos que hablan de una "generación perdida".
Me preocupa esa idea que se ha dejado caer,  que habrá cierta resistencia a cerrar los centros asegurando la presencialidad en las aulas y evitando cerrar los centros. Es un reconocimiento implícito de que los casos van a empezar a saltar como un coro de alarmas en un estacionamiento de coches. Como el concepto es, como ya estamos acostumbrados, de enorme ambigüedad, la discusión se acabará produciendo entre los padres y el centro, y dentro de los propios centros entre el mismo profesorado y personal.
Pero todo esto no es nada frente al próximo debate el de institutos y de la enseñanza universitaria, donde será con adolescentes con quien se trate, por definición, mucho menos controlables que los niños. Aquí la idea de "burbuja" es irrealizable y, además, la interacción social y la movilidad espacial aumenta. A los estudiantes universitarios no se les lleva de casa al colegio y del colegio a casa. Algunos disponen de transporte propio, pero la gran mayoría, especialmente en las universidades, deben recorrer distancias que pueden implicar viajes de una a dos horas.
Ahora mismo, en algunos países, las universidades han tomado decisiones claras respecto a la forma de la docencia. Muchos se han dado cuenta que es a cara o cruz. Se apuesta como algunas por un curso online, decisión que tomaron hace varios meses, o por un curso presencial reducido. Pero eso significa reducciones de los ingresos, dado que además la reducción de los alumnos extranjeros se piensa drástica. El problema de las Universidades españolas es, como siempre, la indefinición y el querer quedarse con todas las opciones, algo que finalmente se vuelve contra ti.


Los números dicen que el mayor número de contagios se ha estado produciendo en la población entre 20 y 35 años, que es justamente la universitaria. La concentración del riesgo es mucho más elevada que en cualquier otro grupo precisamente porque es la que tiene mayor movilidad social —la mayoría no viven cerca de la Universidad, al contrarios de escuelas e institutos—, realizan los viajes en transporte público en horas concentradas (coincide con los horarios laborales), y tienen además una alta tasa de interacciones entre ellos y cada uno, a su vez, con sus propios grupos de edad, además de las familias. Los escolares son fácilmente controlables por la vigilancia parental; los universitarios no lo son y tienen una amplia vida social. Aquí no hay, además burbuja alguna que haga, como dice el ministro Illa de las escuelas, un entorno más seguro que sus casas. De nada sirve tener una escuela segura si luego vas a tu casa insegura por un camino inseguro junto a personas sin seguridad. En la Universidad e Institutos todo este control desaparece por la intensa vida social. Las burbujas se deshacen según se sale del aula a la calle. Puedes controlar lo que ocurra dentro; fuera, todo queda al azar.
Escucho esgrimir argumentos de todo tipo, psicológicos, el derecho a la educación, etc. Todos prescinden de una realidad: el peor estudiante es el estudiante muerto. Por azares biológicos, las cifras dicen que es más fácil que muera el profesor que el alumno, que a lo sumo quedará un poco tocado, algunos fallecerán para que no parezca ojeriza, pero otros seguirán su camino con o sin mascarilla, con o sin distancia de seguridad.


No creo que se haya evaluado la presión psicológica que se va a crear en el entorno educativo: ansiedad, depresión, angustia, estrés, etc. que no es el mejor estado para dar clases. Todo se ha visto, como siempre desde fuera o desde las necesidades de terceros (por ejemplo, el problema de la conciliación), pero vamos a asistir a un tenso duelo, creciente con la edad, entre los que se piensan a salvo y los que se ven más vulnerables por su edad, mayor exposición, etc. Los sindicatos profesionales van a saltar pronto preguntando por la salud de los docentes en todas las escalas en cuanto se empiece a  hacer estudios en este sentido.
De nuevo enfocamos mal el problema, como cuestiones derechos. Es como toda enfermedad mortal cuestión de supervivencia. Y si no se satisface ese principio, los conflictos están asegurados, de la misma forma que los sanitarios acabaron estallando cuando se dieron cuenta que su sacrificios y contagios les importan muy poco a los que celebran despedidas de soltero, botellones, funerales y cumpleaños, etc.
La presión psicológica va a ir en aumento en cuanto que empiecen los casos. En la universidad, me consta, se han acelerado las jubilaciones de personas de pasado los 60 años entran en riesgo y no están dispuestos a acabar su vida docente de esta manera. Han sido los primeros, pero va a haber conflictos en cuanto salgas de un aula y te encuentres con un grupo que incumpla las reglas porque consideran que ya ha acabado su deber de prevención, sin entender que el de todos son las 24 horas.


Hay que invertir más en concienciación, en explicar que no hay entorno seguro si las personas no se aseguran de ello; que cualquier espacio o actividad es un riesgo si el que limpia no lo hace como debe, el que se sienta después no se limpia y se relaciona con los demás sin mascarilla porque ya nadie les ve. Hay que invertir en lo que más nos cuesta: en conciencia ciudadana, en responsabilidad.
Pero no tengo mucha confianza en un mundo en el que se da la vida por una cerveza o un café, solo tienes cuidado cuando te miran y todo te importa un bledo. En el que se piensa que como se ha pasado ya todo da igual (sabemos que no es verdad), que es cosa de viejos o que todo se resuelve con un eslogan bonito y una campaña publicitaria. 
Se avecinan tiempos duros. Los rebrotes brutales lo anticipan. Esto está durando demasiado para las mentalidades caprichosas de algunos, para los que solo existe el momento y mañana se verá. 
Mientras no seamos conscientes de que todos cuidamos de todos cuidando de nosotros mismos, habrá poco que hacer y será cuestión de tiempo o suerte. Pero conseguirlo es un milagro en una sociedad como la nuestra, como ha quedado visto en el desastre de la "nueva normalidad". 
Habría que cambiar muchas prioridades, respetar más a los demás y comprometerse con el conjunto. Y eso no se improvisa. ¡Suerte!


Lea las medidas pactadas aquí:   "Estas son las medidas definitivas de vuelta al cole propuestas por Sanidad y Educación" ABC 27/08/2020 https://www.abc.es/sociedad/abci-estas-medidas-definitivas-vuelta-cole-propuestas-sanidad-y-educacion-202008271132_noticia.html