Mostrando entradas con la etiqueta asaltos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asaltos. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de enero de 2024

Un peligro llamado Donald Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras su salida de la Casa Blanca, no hay día en que Donald Trump haya abandonado los titulares. Es el personaje que encarna una forma de "hacer política". Más bien diríamos que, contemplado con cierta distancia, Trump es en sí mismo un tipo de política que desafía una parte importante de los supuestos de lo que debe ser y cómo debe actuar un mandatario de un estado, en este caso, una superpotencia. No se escribe sobre Trump; uno se siente obligado a hacerlo no solo por lo políticos en sí sino por su conversión de cualquier acto en parte de un escenario que él ha convertido en política. La palabra "escenario" está usada en un sentido pleno, ya que esto es el eje de su forma de entenderla.

Donald Trump tiene pocos precedentes y muchos imitadores, aunque ninguno de los anteriores llegó tan lejos, ni tampoco sus imitadores, que palidecen ante el modelo. Trump ha inaugurado una forma de hacer o más bien de estar en la política. Criado entre negocios poco claros, el mundo de espectáculo televisivo y un sentido narcisista de la vida, Trump es un espectáculo de enormes riesgos porque carece de lo esencial que se le pide a un político, la capacidad de pensar en los otros, en el bien común. Trump solo puede pensar en sí mismo y en proyectar una imagen controlada, actoral con la que recibir lo que son su fuente de energía, la adulación, el sentimiento de que es único y que está destinado a culminar la creación. De todo ello ha dado cuenta en multiplicidad de ocasiones, en gran parte por su incapacidad para contenerse (recordemos las sesiones junto al Dr. Fauci durante la pandemia), su necesidad de mostrarse al frente (recordemos sus primeras carreras en los grupos internacionales para situarse en primera posición, visible para las cámaras), la desesperación de los expertos ante sus iniciativas (de militares a sanitarias), etc.

Hoy volvemos a tener a Trump en el centro de las noticias al celebrarse el aniversario del asalto al Capitolio, un 6 de enero negro para la democracia norteamericana y por extensión para todos los países con sistemas democráticos o con aspiraciones a tenerlos. El "modelo americano" se vio hundido por las actuaciones de ese día convertido en lo que ellos, desde su superioridad, habían criticado en otros, una "república bananera".


En RTVE.es, con el titular "Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años después", leemos en la información firmada por Marta Rey:

El 6 de enero de 2021 Estados Unidos vio tambalear su democracia por unas horas. El mismo día en que los parlamentarios estadounidenses debían ratificar la victoria de Joe Biden en las elecciones, el Capitolio fue escenario de un hecho inédito en la historia del país. Alentados por la insistencia de Donald Trump en que los comicios habían sido un fraude, miles de partidarios del exmandatario, que acababa de perder frente al candidato demócrata en las presidenciales, violaron la seguridad e irrumpieron de forma violenta en la sede de las dos cámaras del Parlamento dejando imágenes impactantes para la historia y un balance de cinco víctimas mortales por los disturbios.

Tres años después, las investigaciones sobre lo ocurrido continúan y miles de personas han sido arrestadas (y cientos de ellas condenadas) por delitos relacionados con los hechos de aquel enero...* 

Estados Unidos no ha tenido todavía la ocasión de defenderse realmente por lo realizado desde el poder por Trump, ni de las insinuaciones que llevaron a la gente a la calle, armados, a asaltar el Capitolio, a invadir despachos y mofarse de los que los habitaban oficialmente. Los cinco muertos son solo una cantidad, un número simbólico, ante lo que podía haber sido un desastre de enorme proporciones.

Que Donald Trump siga libre, que sea de nuevo un posible aspirante a la Casa Blanca, dice mucho de la debilidad del sistema. La democracia solo se sostiene con un espíritu democrático. Trump, como otras personalidades autoritarias en el mundo, se valen del sistema para subvertirlo.

Una prueba de ello es que el tribunal supremo que él contribuyó a desnivelar hacia los republicanos, puede anular los dictámenes de dos estados que le han imposibilitado el acceder a las elecciones primarias republicanas para la designación como candidato a la presidencia.

Si Donald Trump diera mañana un "golpe de estado" y se proclamara "presidente" de los Estados Unidos no sería tan dañino como lo que supone para el sistema democrático que lo haga con el apoyo de los votos. La responsabilidad pasaría al pueblo norteamericano y se vendría abajo la primera suposición democrática: la idea positiva de la voluntad popular.

Supondría valorar positivamente la violencia, la mentira, el engaño, la manipulación de las instituciones, etc. En fin, de todo aquello que se supone que diferencia la democracia de un sistema autoritario y corrupto.

Si Trump saca las primarias significará que el Partido Republicano está alejado de los principios que se suponen democráticos. Supondrá que se deja llevar por dos cosas, la ambición del poder y la aceptación de las mentiras que han mantenido a Trump fuera de la prisión.

Si en algo se mostró la maestría de Trump no fue precisamente en la limpieza, en la rectitud. Esto es algo que los que salieron de su lado, muchos de los colaboradores, lo que dieron testimonios del Trump del interior frente al escénico, han denunciado sus actuaciones. La barrera de colaboradores que actuaban como muro de contención ha ido cayendo, como el último caso de las condenas millonarias a Rudy Giuliani por sus mentiras sobre los funcionarios encargados del recuento de papeletas electorales. 

El asalto al Capitolio se basó en eso, en la llamada a los "patriotas" a que saliera a la calle armados para impedir el nombramiento de Biden en nombre de un supuesto amaño electoral sobre el que Trump sigue realizando insinuaciones. Las denuncias contra los asaltantes, los juicios son muchos y acaban en condenas. En el artículo se pone número a lo que supuso el asalto al Capitolio:

Hasta diciembre de 2023, más de 1.200 personas han sido arrestadas por delitos relacionados con su participación en los disturbios. Algunos de ellos más leves, como allanamiento de morada, y otros muy graves, como el de conspiración sediciosa. La gran mayoría, sin embargo, han pasado desapercibidos. 

Hasta 450 casos han acabado en penas de cárcel, aunque las condenas más largas corresponden a los cabecillas de distintos grupos de ultraderecha como los Proud Boys o los Oath Keepers que, o bien participaron en la organización del ataque, o bien irrumpieron en el edificio con armas. 

En total, unas 720 personas han recibido sentencia, pero todavía quedan por resolver en torno a 350 casos. * 

Que hayan pasado desapercibidas las condenas es un error, pues cada una de ellas era una reafirmación contra lo que ocurrió y, especialmente, para quien lo instigó. Separar los dos casos por las acusaciones a Trump por otros delitos, como los de fraude, los escándalos sexuales de las indemnizaciones, las acusaciones en Nueva York, etc. es un error que simplemente le beneficia. A Trump le ha bastado dar la vuelta a las acusaciones convirtiendo todo en la "mayor persecución del siglo" con el único objetivo de impedir su ascenso olímpico a la Casa Blanca.

Trump ha sabido manipular y controlar las informaciones con un estilo que sus seguidores estaban deseando escuchar. Son millones y han llevado al Partido Republicano a estar entre la espada y la pared. Primero temieron enfrentarse a él porque Trump organizó pronto su frente de batalla. Ahora, en plenas primarias, los candidatos a enfrentarse a él será difícil que puedan contenerle. La forma de acoso contra todo el que se enfrenta a él no permite demasiados errores o ligerezas. Trump manipula y tiene bien constituido un frente amplio en las redes sociales, herencia del apoyo que los grupos ultra y populistas, bien organizados, le brindan. Trump vuelve a apoyarse en ellos y a lanzarlos contra los enemigos. Todos los que se opongan a Trump y participen en las primarias se enfrentan a dos posibilidades: la de enfrentarse a Trump desde una recuperación moderada y democrática del republicanismo, por un lado, y una segunda posibilidad, la de intentar superar su populismo y robarle votos radicales. Es probable que ninguna de las dos líneas consigan robarle protagonismo.

27/03/2023

Los que le apoyen deberán seguir sosteniendo que Biden le robó la presidencia, que el asalto al Capitolio estuvo "justificado" y que fueron "patriotas" los que lo protagonizaron. Es la forma de transferir el protagonismo a los radicales que disfrutan así del sentimiento deseado: ellos son la democracia y ellos la salvarán.

La perspectiva de lo que puedan ser unas próximas elecciones con Trump como candidato y la sola idea de que pudiera ganar un nuevo mandato son de efectos incalculables, no solo para los Estados Unidos, sino para la política mundial.

No es solo el ejemplo, sino el apoyo directo a dictadores de todas partes del mundo, como ya hizo anteriormente y que ahora tendría el apoyo teórico del pueblo americano que le habría elegido. Es aquí, en este apoyo que suponen los votos, en este refrendo, donde reside el mayor peligro para la democracia norteamericana, que siempre se sentía ejemplo mundial, frente a las dictaduras que aparecían por el mundo.

Trump. Sí, hay que hablar de Trump principalmente por el peligro que supone para todos, no solo para los Estados Unidos. 

 

* "Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años después" RTVE.es 6/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240106/tres-anos-asalto-capitolio-eeuu/2470533.shtml


domingo, 6 de agosto de 2023

Sin precedentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A petición del fiscal, la jueza ha decretado el secreto de los materiales y pruebas en contra de Donald Trump. Como es habitual en él, la incapacidad para mantenerse quieto ha tenido que ser cortada por las manipulaciones que realiza sobre el material que se les suministra dentro de lo que el funcionamiento judicial. Lo que está destinado a preparar su defensa, acaba en las redes sociales en la mejor tradición Trump.

Se trata ahora del caso por su instigación al asalto al congreso para tratar de anular el resultado de las elecciones, el caso más grave en la política moderna norteamericana. No hay precedente y, sobre todo, no hay escándalo mayor que el de unas personas que ya hizo de su mandato un bochornoso espectáculo ante el mundo, más allá de los propios Estados Unidos.

El mundo todavía se está recuperando del mandato. La falta de respeto a las reglas internacionales sembró la confusión y una idea que quería transmitir al resto del mundo: Estados Unidos se salta esas reglas porque puede hacerlo. Es la idea de que la fuerza, ser la superpotencia dominante tiene unas ventajas, cambiar lo que haga falta para conseguir lo que le favorece. La ideal del "MAGA" (Make America Great Again) no es otra. Trump acusó a las presidencias anteriores de debilidad, de no saber aprovechar las ventajas. Él, en cambio, cambiaría todo esto.

La idea de romper la confidencialidad y lanzarlas a través de las redes sociales es totalmente Trump, su estilo. La Justicia no es nada; los apoyos populares lo son todo. El mundo es de los que lo toman al asalto.

En RTVE.es se nos explica la nueva situación: 

La magistrada Tanya Chutkan ha dado el visto bueno a la petición hecha por el fiscal especial Jack Smith, quien había solicitado una orden de confidencialidad después de que el republicano hiciera varias publicaciones en redes sociales sobre su proceso judicial. La jueza federal le ha dado a Trump hasta las 17:00 horas del lunes para responder a la moción del fiscal.

"El acusado y sus abogados no divulgarán la evidencia a ninguna persona o entidad que no forme parte de su defensa o que no sean posibles testigos", ha escrito la jueza en un documento judicial. Chutkan ha subrayado que todo el material que la fiscalía proporcione durante el caso quedará sujeto bajo una "orden de protección" y el equipo de Trump solo lo podrá utilizar para preparar su defensa.*


Que se haya tenido que prohibir la difusión a Trump nos muestra cuál es el terreno que él quiere para la lucha. Sabe los apoyos con los que cuenta, gente a la que le da exactamente igual porque creen firme, ciegamente en él. Creen en su mesianismo, en su victimismo conspiratoria. El mundo está contra Trump y él debe declararlo así ante sus seguidores. Estos verán confirmado, una vez más, la persecución a la que se somete a su ídolo.

De esta forma, Trump no necesita que se vean las pruebas; le basta con decir de continuo que estas no se le permite mostrarlas. Una vez más, le dará la vuelta a todo para reforzar sus líneas de actuación. 

En la BBC, la editora y comentarista de la política norteamericana en la cadena, Sarah Smith, comenta en su artículo:

The January 6th attack on the capitol was "fuelled by lies", said special counsel Jack Smith at his brief news conference. Donald Trump's lies.

Throughout the 45 detailed pages of this indictment that theme of dishonesty is repeated again and again. It talks about "prolific lies about election fraud" and says "these claims were false and the defendant knew that they were false".

This will clearly be a key theme when this trial gets to court. Whether it leads to a conviction is unclear - some legal experts have said this is not the strongest case.

But these charges are, in my view, the most serious and potentially the most consequential that Donald Trump has yet faced. Not least because they relate to things that happened whilst he was still president.**


 

La articulista cree en la gravedad del caso porque los hechos se producen durante su periodo presidencial, antes del relevo. Los otros casos abiertos contra Trump son anteriores o posteriores a su estancia en la Casa Blanca.

Sin duda, por encima del caso "Stormy Daniels" y del de los documentos en su posesión, el caso de la incitación al asalto al Congreso del 6 de enero, es de una mayor gravedad no solo por lo sucedido en sí sino por su valor simbólico, por lo que representa de burla y ataques a la democracia y las instituciones. Pero ¿qué puede decirse de alguien que se considera el mejor presidente de los Estados Unidos, alguien para el que el destino no era otro que la Casa Blanca y al que nadie podría derrotar en buena lid?

Sarah Smith cierra su artículo en la BBC señalando:

 

It is such a cliché to describe events involving Donald Trump as "unprecedented".

But what other word is there is to describe the prospect of a US presidential candidate running a re-election campaign at the same time as being prosecuted for attempting to subvert the results of the last election?**

 

Efectivamente, todo lo que rodea a Trump es "sin precedentes". Y en eso radica su atractivo y su peligro. La democracia funciona mejor sin sobresaltos, con otro tipo de carisma, el de la confianza en que todo funcionará institucionalmente de la misma manera al día siguiente.

A Trump le ha prohibido su especialidad, la intoxicación informativa. Fue con ella como consiguió llevar al interior del Congreso a su hueste de seguidores. Con eso y la ayuda de algunos fieles en la luz y otros en las sombras consiguió que la gente creyera lo que le interesaba.

Desgraciadamente, el mundo necesita una demostración de que él y sus peligrosos imitadores no se salen con la suya. Esta forma narcisista y escandalosa des hacer política acaba con la democracia interior y pone en peligro las relaciones exteriores, cada día más importantes para el buen funcionamiento. El mundo no se puede permitir más países guiados por tipos como Trump o similares, por más que sea afortunadamente irrepetible.

Vivimos una enorme crisis de valores democráticos y de convivencia. La mentalidad imperante enseña que todo vale para conseguir el poder, que las formas no son importantes; enseñan que con el poder se pueden hacer cualquier cosa, que todo está permitido. Y que si existe algún problema este se soluciona con comunicación falsa que muchos creerán. No hay mucho más programa tras todo esto. Solo beneficiar al rico y poderoso y hacer que el pobre se sienta aburridamente inconsciente de su estado.

 

 

* La jueza prohíbe a Trump publicar las pruebas en su contra del asalto al Capitolio" RTVE.es /AGENCIAS 5/08/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230805/estados-unidos-donald-trump-jueza-prohibe-publicar-pruebas/2453529.shtml 

** Sarah Smith "Donald Trump indictment: Why these charges are most serious ones yet" BBC 4/08/2023https://www.bbc.com/news/world-us-canada-66381761

viernes, 14 de octubre de 2022

Citado a declarar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo revuelto del mundo no deja ver con claridad lo que está suponiendo para los Estados Unidos la investigación sobre lo ocurrido con el asalto al Capitolio el 6 de enero, un acontecimiento único en la historia de los Estados Unidos. Esto es mucho más serio, tanto por su sentido, como por sus implicaciones y la forma en que ha afectado a la vida estadounidense. Su efecto excede la vida norteamericana y llega a la comunidad internacional, ya afectada por el mandato de Trump y sorprendida por el final.

El asalto al congreso de los Estados Unidos fue algo más que una cencerrada alentada por un payaso y sus acólitos. Es un acontecimiento que marca un ecuador en la vida norteamericana y, teniendo en cuenta su carácter de superpotencia y dentro de las democracias occidentales, la de medio mundo.  Trump ha acercado las democracias a las dictaduras en un peligrosísimo recorrido de incontables y peligrosas consecuencias.

Los trabajos del comité que lo investiga no son rutinarios. Es un acontecimiento superior en trascendencia al que ya fuera altamente traumático, el Watergate. Aquí se fue más lejos, dejando a todos en estado de shock.

The New York Times 14/10/2022

El efecto destructivo de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos nunca se podrá valorar lo suficiente. Las consecuencias las vivimos todavía y las seguiremos viviendo. Con Trump se nos muestran las debilidades de la democracia y eso es un muy mal ejemplo que vivimos hoy en gran parte del mundo. Es ese carácter ejemplar negativo lo que más daño ha hecho junto con el respaldo que sigue manteniendo de un electorado y un partido que está a su merced y que antepone el poder a los propios principios democráticos.

En La Vanguardia leemos sobre los últimos pasos del comité que le investiga: 

En la que pudo ser su última sesión pública antes de las elecciones a medio mandato del 8 de noviembre, el comité investigador del Congreso demostró que Trump tenía un “plan premeditado” para cantar victoria en las elecciones del 2020 aunque perdiera frente a Joe Biden, como sucedió. Y si perdía, trataría de anular el resultado. El plan quedó probado mediante numerosos testimonios de excolaboradores republicanos del expresidente.

La comisión proyectó los vídeos de unos documentalistas daneses en los que el exasesor del presidente republicano Roger Stone afirma el 2 de noviembre del 2020, víspera de las elecciones: “A la mierda con la votación, vayamos directamente a la violencia”. En otro momento, Stone comenta que a su juicio “el resultado estará en el aire” y que, “cuando eso suceda, la clave es reclamar la victoria y decir: ‘No, ganamos; lo siento, que se jodan”...* 

En las últimas décadas ha ocurrido algo que no se ha estudiado suficientemente en la política. Se ha producido una transformación en el modelo del liderazgo adecuándolo a unos parámetros populistas incluso dentro de las democracias, que los ha ido acogiendo por la crisis partitocrática.

Las sucesivas crisis y el modelo de erosión posible gracias a la ampliación de la manera de informar e informarse ha transformado el modelo. Se dijo de John F. Kennedy que fue el presidente de la televisión. Hay cientos de artículos en los que se nos habla de su telegenia, una virtud natural. Los Kennedy fueron educados para el poder, para llegar lo más alto. Y lo hicieron. Los nuevos políticos los imitaron y trataron de seguir el modelo. Para ello necesitaban de una preparación mediática y política.

Hoy los tiempos son otros. Las crisis han deteriorado el viejo modelo y los caminos son otros. Esos caminos pasan por el populismo de una forma u otra. Es lo que los nuevos medios posibilitan. No requieren de racionalidad, sino de emociones y furia; necesitan enemigos hacia los que canalizar la ira, que es dirigida hábilmente contra otros. De esta forma surge la xenofobia como móvil en las políticas antiinmigración, el sexismo considerando a las mujeres feministas como destructoras del viejo modelo en crisis de familia, etc. Hace más un sentimiento de peligro que los valores positivos democráticos de la convivencia. El propio sistema genera, como si fuera una selección darwiniana, los políticos posibles. El problema es que el perfil que se ha generado es el del demagogo salvador, entre otros. La intensidad de estos personajes depende de los propios partidos, de su capacidad de filtrarlos, pero vemos que cada vez es más difícil y que se busca concentrar en un líder todos esos recursos capaces de movilizar a los electorados, cada vez más alejados de sutilezas políticas, económicas o de otros orden: quieren culpables, gente, grupos, etc. a los que responsabilizar de las crisis que padecen.

Es lo que ha hecho Trump en los Estados Unidos, llevado desde la sombra por los grupos populistas políticos y religiosos. Hoy controla la vida del Partido Republicano a través del apoyo a sus candidatos en los distintos estados. La gravedad de lo ocurrido en la democracia norteamericana se refleja perfectamente en las palabras agresivas de Roger Stone, uno más en el grupo de asesores de Trump, ninguno destacado por sus principios democráticos.

El poder se ve de otra forma. Es una especie de batalla en la que vale todo para conseguirlo. La oscuridad de los políticos se esconde tras los destellos de la demagogia y el calentamiento constante de sus bases electorales, a las que se convierte finalmente, como en el asalto al Capitolio, en hordas armadas. El revuelo causado estos días en España por los "cantos" sobre el "36" muestra una similitud en la retórica usada para el calentamiento de las personas.

La confirmación de que existía un plan organizado para negar la victoria de Biden es demoledora para los Estados Unidos. Desgraciadamente, son un espejo para bien y para mal en el que los imitadores de Trump, de Bolsonaro a los Orbán y compañía, cada vez son más osados. Una vez en el poder, las consecuencias son de temer ya que van desmontando, como hizo Trump, todo aquello que puede molestarles en la siguiente cita electoral. Si todo falla, están las armas. El asalto al Capitolio dejó muertos y mostró el fondo conspiratorio del incidente cuando se empezó a tirar de diversos hilos.

La política es un sistema complejo en el que se entremezclan los intereses de los partidos con las fuerzas económicas, con los viejos y nuevos medios, donde es posible actuar a distancia a través de la manipulación de las redes sociales. El entramado es cada vez más oscuro y atrae a más grupos, como los radicales religiosos.


La democracia se resiente si deja de guiarse por el principio de la convivencia, de la alternancia pacífica y ordenada en el poder. Cuando aparecen personajes demagógicos como ocurre con Trump, el sistema entero se resiente. Son muchas las democracias que están hoy amenazadas por el "populismo", una vieja ideología para una nueva estrategia de acceso y conquista del poder. El discurso de Abascal el otro día lo muestra con claridad.

La investigación muestra que no se les fue de las manos el asalto al Capitolio, sino que formaba parte del plan B en el caso de perder las elecciones, como ocurrió. Si no fue a más, fue por pura casualidad y porque mucha gente se asustó de lo que podía haber ocurrido.

Hoy es una moda asegurar que hay fraude electoral si no se gana. Lo estamos viendo en ese Trump del sur, Jair Bolsonaro, presidente que se ha encargado de abrir la posesión de armas en el país. Lo que pueda ocurrir podremos verlo pronto. Esperemos que la victoria de Lula sea lo suficiente amplia como para evitar cualquier tentación.

Ahora Donald Trump está citado a declarar. Si va, debemos estar preparados para nuevas maniobras histriónicas, a la demagogia más exagerada con  el objetivo de enardecer a sus huestes, de gritar de forma victimista que es perseguido por ser el gran aspirante, algo con lo que ha jugado todo este tiempo. Según su perspectiva narcisista, ha sido el "mejor presidente de los Estados Unidos". La Historia dirá otra cosa.

Estados Unidos no puede cerrar en falso el caso Trump porque corre el riesgo de que él mismo u otro personaje similar aspire a hacer lo mismo. Y puede que tenga más éxito. 

* Fernando García "El Congreso cita a declarar a Donald Trump para que responda por el asalto al Capitolio" La Vanguardia 13/10/2022 https://www.lavanguardia.com/internacional/20221013/8566295/trump-sigue-siendo-peligro-democracia-comite-asalto-capitolio.html

martes, 21 de junio de 2022

Donald Trump y la Texas alternativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme se estrecha y aclara el cerco investigador del Congreso sobre Donald Trump y el asalto al Capitolio del 6 de enero para tratar de impedir el nombramiento de Joe Biden, lo que ha sido calificado como un intento de golpe de estado, las respuestas del ex presidente y su entorno siguen incidiendo en lo que es un desastre para la democracia norteamericana.

La CNN, en el programa de Don Lemmon, de esta madrugada un "Alert" señalando en sus titulares sobre un grave acontecimiento, la proclamación de los republicanos tejanos de que Biden llegó a la Casa Blanca tras un fraude electoral, es decir, dando un carácter "oficial" a las tesis enloquecidas de Trump. Las caras de los analistas que expresaban su opinión al respecto eran claras al reflejar un estado de ánimo entre el asombro y el pesimismo. Mientras las pruebas que salen cada día son abrumadoras no solo sobre las mentiras sino sobre el conocimiento de que lo eran por parte de asesores, incluso de la familia, los republicanos tejanos aceptan la línea dura. En The Washington Post, su columnista político Dana Milbank titula su columna de hoy "Texas Republicans want to secede? Good riddance". Usar el término "secesión" en los Estados Unidos tiene una serie de connotaciones históricas que a un columnista político no se le deberían escapar. El término ya refleja el extremo de gravedad que el caso sigue manteniendo y, sobre todo, los efectos sobre la política norteamericana. El "¡pues buen viaje!" del título tiene unos ecos sombríos.

En la CNN el titular es "Texas Republicans just proved (again) that this is Donald Trump's party" señalando el perverso lazo que Trump ha establecido con el partido al que controla precisamente a través del elevado número de seguidores que asumen sus tesis del fraude y que son capaces de dejar fuera de la política a los que no las asuman. El chantaje de Trump condiciona las elecciones y reelecciones republicanas. Los que no incluyen sus reivindicaciones en sus programas electorales dejan de recibir los votos de los fervientes seguidores de Trump, una sólida estructura basada en una serie articulada de grupos muy activos, los que le llevaron a la Casa Blanca mediante una alianza que va de la Asociación del Rifle a los grupos religiosos que lo ven como "enviado", pasando por los racistas que buscaron una alianza tras el triunfo de dos legislatura de Barack Obama, algo que desencadenó su furia y les llevó a actuar conjuntamente.

La presión de Trump es clara. De ello se hace eco The New York Times cuando advierte la tensión política que vive el ex vicepresidente Mike Pence, que podría ser candidato republicano a las próximas elecciones: "In a speech, former Vice President Mike Pence sounded like a future presidential candidate, but not like someone interested in discussing Jan. 6."* Discutir o no discutir lo ocurrido es un estado hamletiano muy peligroso en una política donde callar es otorgar. Ignorar lo ocurrido es el segundo gran pecado republicano, como advirtió ya la republicana Liz Cheney que, armada de valor, es una de los dos republicanos que han tenido el valor de llamar a las cosas por su nombre y enfrentarse tanto a las iras de Trump como al aislamiento de su propio partido.

Hemos tratado esta cuestión en varias ocasiones y el hecho de que, pasado el tiempo, vuelvan a ser una realidad, más que mera actualidad, supone que lejos de llegar a una asimilación de lo sucedido, los republicanos y una parte importante del pueblo norteamericano acepta las mentiras narcisistas de una persona incapaz de asumir la posibilidad de una derrota electoral, algo para lo que está mentalmente incapacitado.

La mente de Trump no es democrática; es incapaz de asumir la realidad y sigue viviendo en una burbuja creyendo sus propias mentiras. El perfil psicológico de Trump se ha trazado innumerables veces y no es cuestión de repetirlo, pero más sorprendente es su transferencia a una parte importante —millones de personas— del pueblo norteamericano, totalmente abducido —más que seducido— por su personalidad autoritaria y egocéntrica. Trump, el multimillonario anti sistema, el hombre que iba a cambiar la política ha cumplido su promesa desde fuera del poder, desde donde su efecto es más perverso.

La conversión de Texas en un "paraíso" de las mentiras trumpistas, un mundo donde se puede vivir oficialmente otra realidad, una realidad alternativa, es enormemente dañino para el sistema democrático norteamericano y debilita su posición mundial ante la reivindicación de Vladimir Putin (un buen amigo de Trump, admiradores mutuos) de un nuevo liderazgo ruso del mundo frente a la decadencia norteamericana.

Los términos en que se pueda medir la decadencia son complejos. Pero la única certeza es que lo que se vio de Trump en el poder está siendo superado por un Trump fuera de la Casa Blanca donde ya es incontrolable, tal como lo son los efectos.

Conforme aumenta la presión investigadora, Trump aumenta el tamaño e intensidad de su rabieta y su inmersión en esa fantasía colectiva que ha creado. Nadie va a cambiar a Trump, un objetivo imposible. Pero lo preocupante es cómo está deteriorando los fundamentos democráticos de la sociedad norteamericana, cuya concreción en las medidas aprobadas por los republicanos de Texas es un signo evidente del proceso. ¿Hasta dónde puede llegar?

* "Pence Navigates Possible White House Run and Fraught Political Moment" The New York Times 20/06/2022 https://www.nytimes.com/2022/06/20/us/politics/pence-trump-jan6-hearings.html

viernes, 10 de junio de 2022

Donald Trump y el golpe de estado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los norteamericanos todavía están tratando de digerir lo que ocurrió en el Capitolio aquel 6 de enero en el que una turba lo asaltó tratando de impedir que se produjera una transición pacífica del poder. El hecho más traumático de la historia moderna de la democracia estadounidense dejó claro que hay algo que falla en el sistema, por un lado, y que ese fallo se puede transmitir por el propio sistema.

En un sistema basado en la elección, la capacidad de elegir es un arma de doble filo, ya que lo que elijas puede tener resultados funestos o crear una ruptura. La Historia nos muestra cómo personas que llegaron al poder democráticamente, inmediatamente socavan el sistema volviéndolo autoritario y cambiando las reglas del juego. Muchos procesos comienzan de forma democrática y acaban con su desaparición.

El Comité creado para investigar qué sucedió no se anda con medias tintas: fue un intento de golpe de estado y tuvo un responsable directo, Donald Trump. Es un titular que está hoy en todos los medios y que debería llevarnos a tratar de comprender qué sucedió, por qué se tuerce la historia de un país, su trayectoria democrática en un momento dado.

«El 6 de enero fue la culminación de un intento de golpe de estado, un intento descarado -como dijo uno de los alborotadores poco después del 6 de enero- de ‘derrocar al Gobierno’», proclamó Thompson. «La violencia no fue accidental. Representó el último cartucho de Trump, su intento más desesperado para interrumpir el traspaso de poderes».

En palabras de Thompson, «Trump estaba en el centro de la conspiración» e «incitó a una turba de enemigos domésticos de la Constitución a marchar sobre el Capitolio y subvertir la democracia estadounidense».*


Esto es lo que está diciendo la Comisión que investiga lo sucedido — nos cuenta Javier Ansorena, el corresponsal de ABC— y se enfrenta a la imagen idealizada de la democracia que el país tiene de sí mismo. Esta idealización, por ejemplo, lleva a que los asaltantes se consideren  —y como tales los llamó al desorden el propio Trump— "patriotas".

En tiempos en que se produce un resurgimiento sensible del "populismo" en todo el mundo, hay que tener muy claro que es el juego emocional —frente a la racionalidad democrática— el que se pone en marcha a través de una serie de tópicos sobre los que se construyen los discursos con los que se debilita el logos democrático.

El populismo juega, por ejemplo, con la idea del "peligro". Ya sea la "democracia", la "nación", las "libertades", etc. el discurso populista nos los presenta "en peligro". Para ello se crea una fuerte identificación con símbolos, valores, etc. para después despertar ese sentido de peligro que puede llevar a su pérdida. Este es un mal, vivir tomando decisiones críticas ante la presión, que cada vez está más extendido y que están incorporando a sus discursos aquellos que consideran el factor emocional como esencial para la captación de votos.

¿Eran "patriotas"? Aquí la clave está entonces en la "exclusión", en la negación del contrario. No es un simple rival por el poder, un competidor, sino un "monstruo destructor", alguien capaz de arruinar la labor de siglos, alguien capaz de arrasar con todo lo creado tras su llegada al poder. La demonización del otro es esencial para movilizar a los seguidores, en los que se despierta ese deseo "salvador" que les lleva a tomar las instituciones.

Trump se negó a aceptar los resultados, señalando que se habían producido "robo de votos", "fraudes masivos" que le arrebatan la victoria y, por ello, robaban la "voluntad nacional" surgida de las urnas y le apoyaba a él.

Trump construyó todos sus discursos a lo largo de la precampaña contra H. Clinton, de su mandato presidencia y la siguiente campaña sobre la idea de la "amenaza". El sistema estaba corrupto y él era un "anti sistema" que iba a salvarlo. Para un populista, el mundo está lleno de infiernos y de un solo paraíso, el que va a construir / recuperar como parte de una conjunción de la "voluntad histórica" (la Historia está escrita, como destino prometido) y la "voluntad popular" (los pueblos reescriben la Historia marcada para cumplirlo). De esta forma, el líder populista es un líder mesiánico cuya función es sincronizar esas dos formas de escritura: el voto es la confirmación del destino, el pueblo quiere lo que la Historia le ofrece.

¿Cómo ha podido triunfar un candidato así en una democracia madura, consolidada? Puede que tengamos que centrarnos todos más en lo que ha sido la verdadera defensa de la democracia, las instituciones. ¿Qué es una democracia en la que los electores no creen en ellas o tienen un sentido distorsionado? ¿Qué es una democracia cuando los discursos son falsos, las promesas incumplibles y no se aceptan los resultados? 

La respuesta contundente a este deterioro es un puñado de instituciones independientes que funcionan, cuyos responsables son capaces de enfrentarse al poder abrumador. De no ser por ellas, Trump podría haberse mantenido en el poder alegando, como ha hecho, un robo electoral. Sin embargo, las instituciones —incluso las de los estados republicanos— no encontraron ciertas ninguna de las afirmaciones de Trump. Y lo dijeron. Lo dijeron funcionarios, incluso republicanos, que entendieron que su labor estaba precisamente en proteger al conjunto del sistema, a todos, y no someterse a la voluntad de uno. Frente a ellos, unos miles de seguidores trumpistas asaltando las instituciones y humillándolas con todo tipo de gestos. Ahora están en el punto de mira.

En muchos países estamos asistiendo al control de los gobiernos de los sistemas judiciales, que acaban siendo siervos de la voluntad del poder. Lo vemos en países como Egipto (con el "dictador favorito" de Donald Trump) o en las sanciones que se anuncian contra Polonia por el control de los jueces o casos como el de la Hungría de Víctor Orbán. Hay países que están siendo desmontados en la sombra para asegurarse que las instituciones están controladas, como hizo en Turquía Erdogan con gigantescas purgas entre jueces, fuerzas armadas o profesores universitarios, encarcelando a miles.

El avance de la civilización es precisamente la construcción de instituciones independientes que garanticen los derechos frente a las arbitrariedades de los poderosos. El poder arbitrario es un conjunto de intereses que busca sustituir la voluntad real por una ficción de la que se dice garante. Por eso las dictaduras están llenas de hermosas palabras y sangrientos hechos. Los crímenes de estado se cometen en nombre de principios que, sin embargo, se pisotean.

En los regímenes autoritarios no se puede decir lo que se piensa porque se considera un ataque a la autoridad, un crimen. Hay que pensar en aquello que se permite pensar y hacer solo lo que se permite hacer. 

En los últimos años, siguiendo el aprendizaje de la doctrina "guerra al terror", muchas dictaduras han aprendido la rentabilidad de calificar como "terroristas" a todos lo que se les oponen, da igual que usen la violencia o solo la palabra. El caso más claro lo tenemos en la Rusia de Putin, donde discrepar es ya un crimen, como llamar "guerra" a la guerra y no "operación militar especial", como le gusta y exige el Kremlin. Escribir una novela, un poema, cantar una canción, decir no, escribirlo en una pancarta, etc. se convierten entonces en crímenes que llevan a la consideración de "terroristas" a quien lo ha hecho. Las comunidades de exiliados crecen en muchos países. En un mundo de comunicaciones globales, salir del país no es suficiente; exigen el silencio y te persiguen y matan, como al periodista Jamal Khashoggi, secuestrado, torturado y asesinado por el régimen saudí en su consulado en Turquía donde había entrado a por unos papeles para su boda. El silencio ya no solo se exige dentro, sino que se impone fuera con amenazas, con presiones o con secuestros y desapariciones.

El mundo se adentra en una pérdida de valores democráticos allí donde los había y en un recrudecimiento del autoritarismo. Es lo que vemos cada día. La falta de firmeza en los principios y valores de la democracia es utilizada por las dictaduras, que saben que estarán por delante de los valores los intereses económicos, estratégicos, etc.

El final del artículo del diario ABC nos señala que solo dos republicanos han aceptado formar parte de la Comisión del 6 de enero. Resaltan el carácter solitario de Liz Cheney, la representante republicana que advierte a los suyos (¿tiene sentido esa palabra ya?) de las consecuencias:

La actuación más destacada, sin embargo, fue la de la diputada Liz Cheney, hija del que fuera vicepresidente de EE.UU. Dick Cheney. Ella y Adam Kinzinger son los únicos republicanos en el comité del 6 de enero. Muchos en el partido criticaron a Trump tras el asalto al Capitolio, pero no tardaron en dar marcha atrás ante una evidencia: el expresidente sigue siendo la figura más popular entre su electorado, el que da y quita. La realidad es que la mayoría de los republicanos tragan con la teoría del fraude electoral masivo que defiende Trump. No hacerlo, como es el caso de Cheney y Kinzinger, te convierte en un paria.

Cheney, sin embargo, fue al ataque este jueves contra Trump. Fue ella quién tejió el relato de la conspiración contra los resultados y la responsabilidad de Trump, sus mentiras sobre los resultados electorales, sus derrotas judiciales al respecto y su intento final por impedir la certificación de Biden como presidente.

«Aquellos que invadieron el Capitolio y se enfrentaron durante horas a las fuerzas de seguridad estaban incitados por lo que les dijo el presidente Trump: que la elección había sido robada, que él era el presidente legítimo», recordó. «Trump convocó a la turba, reunió a la turba y encendió la llama de este ataque».

Cheney, que se juega su puesto en primarias en agosto y que lo tendrá muy difícil por no comulgar con Trump, no olvidó un mensaje para su compañeros de bancada: «Esta noche digo lo siguiente a mis colegas republicanos que siguen defendiendo lo indefendible: llegará el día en que Donald Trump ya no esté, pero vuestra deshonra quedará».* 

A todas las perversiones que hemos visto en la democracia, quizá la más grave sea la que nos muestra a una clase política cuyo único horizonte es ella misma, su permanencia en el poder. Los votos de decenas de millones de norteamericanos están en manos de Donald Trump, quien exige el tributo de la aceptación del robo electoral para respaldar a los candidatos republicanos. Estos saben que solo sacarán sus escaños si cuentan con el apoyo del expresidente. Puede que obtengan los puestos que les aseguren su futuro personal, pero el de la democracia es cada día más oscuro si quien obtiene el respaldo de votantes y partidos es alguien como Donald Trump, un enfermizo narcisista que considera imposible que pueda perder.

Deberían publicarse cientos de reflexiones diarias sobre los males de las democracias. Estamos preparados para denunciar los de las dictaduras, pero no tanto para someternos a una seria autocrítica sobre los peligros que la propia democracia permite (no crea). La evolución de las condiciones sociales, el surgimiento de nuevos medios de comunicación, etc. someten cada día prueba los sistemas democráticos que tienen que ser algo más que una forma de repartirse el poder. La democracia tiene sus valores, pero estos sirven de poco si se invierten en su contra.

El principio no es el poder, sino la mejor atención a los problemas de los ciudadanos, el equilibrio entre lo individual y lo social, la búsqueda de la armonía frente a los conflictos. Desgraciadamente, nuestra política carece de esos mecanismos autocríticos; envuelta en feroces luchas internas (tampoco en eso consiste la democracia), se prefieren discursos emocionales que hacen proliferar los populismos en los que las bases son otras muy distintas.

Lo que sale de esa Comisión norteamericana es importante para todos. Aprendemos poco de los errores ajenos y nada de los propios. Sin embargo, es esencial que la política no se separe de esa voluntad de servicio, de compromiso con la comunidad, antes de considerarse un camino promocional personal o una forma de dominio. El abandono, el desinterés por la salud de la democracia trae muchas enfermedades. Los vemos en otros y deberíamos verlo en nuestro entorno.

 

* Javier Ansorena "La comisión del asalto al Capitolio acusa a Trump: «Fue la culminación de un intento de golpe de estado»" ABC 10/06/2022 https://www.abc.es/internacional/abci-comision-asalto-capitolio-acusa-trump-culminacion-intento-golpe-estado-202206100620_noticia.html

 

sábado, 14 de agosto de 2021

Cuatro suicidios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Mientras para los sociópatas seguidores de Trump, el asalto al Capitolio ocurrido el 6 de enero tras las instrucciones dadas por el ex presidente para que se presentaran allí, para los miembros de seguridad que les tocó intentar defender a los que estaban dentro, supuso un hecho en muy alto grado traumático.

Se nos ha dicho que hubo cinco muertos en el asalto. Lo que no hemos recogido es la cadena de suicidios que siguió al asalto entre el personal policial que guardaba el Capitolio. ¿Qué terribles efectos ha tenido aquel hecho para que esto ocurriera?

En The Washington Post leemos sobre estos terribles casos:

 

Smith, 35, shot himself on Jan. 15 while driving his Ford Mustang along with George Washington Memorial Parkway near a scenic overlook on the Potomac River. It was the day after he had been ordered back to work by the Police and Fire Clinic, the first stop for most injured or sick officers seeking treatment.

Capitol Police Officer Howard Liebengood, 51, had taken his life three days after the riot. Two other D.C. officers also took their own lives in July. Their families have not spoken publicly.

Relatives of Smith and Liebengood have said they believe the riot led to the suicides and are pushing for their deaths to be recognized as having occurred in the line of duty.*

 


Los intentos de las familias de que estos suicidios sean considerados en actos de deber son importantes para ellos, más allá de los aspectos económicos.

Del asalto al Capitolio nos hemos quedado en gran parte con el circo montado, que es la lectura que Trump ha querido imponer, la del acto festivo e intranscendente, una manifestación lúdica de patriotismo tal como él lo ve y quiere que otros lo evalúen para evadir responsabilidades. Sin embargo, el acto tuvo una dimensión intimidatoria, una manifestación de fuerza en la que el ex presidente recordaba que bastaba con algunas palabras suyas para que gente armada asaltara cualquier edificio. Ya lo hizo anteriormente en Michigan, cuando lanzó a sus huestes a ocupar el palacio de la gobernadora del estado, "esa mujer de Michigan".

Considerar a Trump un "irresponsable" es quedarse muy corto. Los Estados Unidos, institucionalmente, han estado en manos de un sociópata, de alguien capaz de hacer cualquier bellaquería. La historia de sus cuatro años ha sido la de relevos de personas que creían que podrían controlarlo, de militares a ejecutivos. Por eso es también la historia de una cadena de renuncias, de arrojar la toalla, por parte de casi todos ellos. Finalmente, Trump quedó con un reducido grupo que le jaleaba, que buscaba poder a su sombra.



Los miembros de las fuerzas de seguridad, los que tuvieron que dar la cara, sufrieron críticas inicialmente hasta que se empezaron a ver las imágenes tremendas de lo que muchos, la mayoría, tuvieron que pasar durante el asalta. No hay preparación para esto, para las vejaciones que tuvieron que soportar. Los fallos de seguridad se habían producido muchos de ellos por connivencia de los propios republicanos con los responsables. El dispositivo estaba mal diseñado porque se trataba de crear un gran acontecimiento, lo que hicieron, una vejación a la institución en sí, a los despachos y mesas que fueron los objetos que simbólicamente sufrieron el desprecio absoluto de los asaltantes. Sillas, mesas, hasta los baños fueron usados para dejar huellas de la barbarie, para hacerles ver que ellos podían llegar hasta cualquiera de ellos. De eso se trataba, de crear una situación de miedo, de terror ante esas "hordas patrióticas".

Todo esto ocurre en un país donde se da el fenómeno de las "milicias", grupos armados paramilitares que reniegan de los gobiernos, a los que consideran como conspiradores al servicio de Rusia o de cualquier otra potencia. Ellos son los "verdaderos americanos" y ellos tienen las armas para ocupar las instituciones cuando se necesaria.

El mismo país que envía a la Luna a seres humanos, lo niega con la vehemencia del loco dogmático. De Waco al Capitolio solo hay una distancia teórica que Trump y los suyos han aprovechado en sus cuatro años para llevar la violencia a las calles de diversas ciudades y en especial en el tramo final, cuando ya se había perdido todo. Estos son los que siguen diciendo, con un arma en las manos, que Trump ganó, que sigue siendo "su presidente". Toda esa barbarie se lanzó contra el Capitolio el 6 de enero, una fecha negra en la historia de los Estados Unidos y en su democracia.



Los suicidios producidos entre las fuerzas de seguridad son resultado de esas horas de tensión destructivas, de auténtico miedo, desbordados y sin ayuda. Perseguidos por escaleras, pasillos, despachos, etc. la presión y la vergüenza que vivieron esas personas es imposible de medir y explica esos cuatro suicidios hasta el momento. Evitaron lo que podía haber sido una masacre, pero quedaron destruidos por dentro, mutilados mentales, quebrados.

Es difícil sobrevivir a algo así, vivir tu vida arrebatada, Estados Unidos es el país de los suicidios de soldados, una purga constante que es imposible de parar. Muchos veteranos vagan por las calles, muchos dejaron sus casas intentando encontrar algún tipo de soledad reconstructora sin conseguirlo. Aquí hemos tratado un par de veces este problema norteamericano.



El asalto al Capitolio es el equivalente a las guerras que otros vivieron. Los que tomó meses en otros, aquí se produjo en una horas. Quizá porque para alguien que cree en lo que hace, le resulta imposible asimilar el asalto a las instituciones de todos, a las que representan al país. S ha debatido si aquello fue un intento de "golpe de estado" o no. Creo que fue algo más, fue la destrucción de la auto imagen norteamericana como una democracia, el descubrimiento de lo más sórdido que vive en las cloacas de un país capaz de grandes cosas y de las peores cuando se liberan sus instintos de violencia. Trump es la representación viva de esas fuerzas negativas, su concentración en una sola persona. El gran problema es que hay ochenta millones de personas que lo ven de otra forma, que han asumido que es preferible pisotear las instituciones antes que estén ocupadas por minorías, como lo fue Obama y, peor, la fusión de minorías y mujeres, como en el caso de Kamala Harris, atacada por las fuerzas retrógradas religiosas, llamándola Jezabel, como tuvimos ocasión de recoger también aquí.

Esos cuatro suicidios pueden no ser los últimos: "A therapist who counseled many of the D.C. officers who responded to the riot and led group sessions for hundreds has said she fears many suffered long-term head injuries that have gone undiagnosed."*

Mientras tanto, Trump sigue sin que nadie consiga hacerle responsable de nada, gracias a los republicanos, que tratan de frenarlo todo. El Capitolio fue su "fiesta" del 6 de enero.



* Peter Hermann y Rachel Weiner   "Family of D.C. officer who died by suicide after Capitol riot files lawsuit against alleged attacker" The Washington Post 14/08/2021 https://www.washingtonpost.com/local/public-safety/dc-officer-suicide-lawsuit-capitol-riot/2021/08/13/5601aedc-fc5b-11eb-943a-c5cf30d50e6a_story.html