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domingo, 13 de septiembre de 2020

El impresentable lector molesto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Acababa de mandar a mi doctoranda Ebbaba un artículo publicado en La Vanguardia esta misma mañana con el titular "Francia prohibirá los certificados de virginidad para las musulmanas". Me contestó por el Messenger con un sencillo "¡Por fin!". Eusebio Val, el corresponsal del diario en París, nos informa de la medida tomada por el gobierno de Emmanuel Macron para evitar lo que han calificado como una especie de "secesionismo", un movimiento envolvente para saltarse la leyes igualitarias de la República y crear nichos de control islámico en el que, mediante vigilancia y fuerza, se pueda mantener la presión especialmente sobre las mujeres, auténtica batalla para no perder el poder intercambiable del patriarca y la religión, ya que el uno se basa en la otra para asegurarse la superioridad y la sumisión femenina mediante el socorrido truco del "¡Dios lo quiere!".

El artículo explica el sentido de los certificados de virginidad dentro de la sociedad y, especialmente, lo que supone de refuerzo de la autoridad. Escribe Eusebio Val: "El rigorismo islamista forma un ecosistema, un mundo aparte. Nace de las mezquitas, de asociaciones culturales, de gimnasios, de cafeterías donde se fuma la cachimba o pipa de agua."* Es cierto y aquí lo hemos descrito en distintos momentos en estos años. Conforme se produce una mayor salida de sus países ya sea por inseguridad física o porque el clima se hace irrespirable por la presión de los islamistas en cualquiera de sus variantes, las poblaciones que se forman pasan a recibir a los grupos vigilantes, los que evitan que puedan "liberalizarse" al vivir lejos de los centros propios. El emigrante se les escapa y hay que mantener la cadena alargándola para que no se crean libres para marcar su destino, que claro está, se encuentra en manos de Dios y ellos han de vigilarlo.


La cuestión se agrava en la segunda generación, en los hijos de la emigración, ya que reciben educación en las escuelas con otros valores, algo muy importante dentro de la cultura republicana francesa que ha hecho de la escuela su forma de normalización nacional. Por eso se presiona sobre esta segunda generación, con un efecto desigual. Algunos se alejan, mientras que se radicalizan otros. En este segundo caso, la actitud de aceptación o rechazo de la sociedad es determinante. Es el racismo el principal radicalizador de los futuros terroristas, que repasan una vida de rechazos en sus poblaciones, de discriminaciones y desprecios. Son mucho más proclives a aceptar el discurso antioccidental del terrorismo, pues estos "seductores" islámicos saben aprovechar bien los fallos y debilidades, los miedos y los odios acumulados. Recordemos el caso de los atentados en Barcelona con los jóvenes formados por el tristemente famoso imán de Badalona que los acogió y los fue llevando hasta el punto suficiente para convertirlos en terroristas. Recuerdo los titulares y las entrevistas con sus profesoras, incapaces de creer que aquellos niños que habían tenido en clase se hubieran convertido en despiadados asesinos, con su odio canalizado hacia lo que les rodeaba.

En el caso de las mujeres suele ser bastante distinto. Hay una mayor rebeldía porque es mayor el contraste entre la sociedad en que viven, con un mayor grado de libertad, respecto al que sus propias familias les suelen permitir. Las hijas son vistas muchas veces como la forma de mantener los lazos con el país mediante el matrimonio, muchas veces acordado por las familias.

Es ahí donde entra la cuestión de los "certificados de virginidad" solicitados.

Los certificados de virginidad son hoy algo bastante infrecuente en Francia, pero continúa habiendo peticiones y médicos que se prestan a ello, a pesar de que los colegios profesionales se oponen de manera taxativa desde hace años y de que la seguridad social no cubre el servicio. Suele tratarse de mujeres jóvenes que van a casarse, casi siempre fuera de Francia, en sus países de origen. Para evitar suspicacias de la familia del novio, o para tranquilizar al propio padre –cuando es muy conservador–, prefieren que un ginecólogo confirme por escrito que su himen está intacto.*

 

El certificado, se nos dice también en el artículo, puede ser falsificado para proteger a la joven, que puede sufrir las consecuencias. Lo malo es que no se contendrán con la prohibición y buscarán otras formas de "garantías", incluso forzando viajes de regreso al país de origen para que algún médico "piadoso" realice la esencial revisión y emita el certificado.

Recordemos el papel de los certificados de virginidad que los médicos militares egipcios practicaban a las manifestantes de la cairota Plaza de Tahrir, que fueron justificados por el entonces responsable, el ahora presidente al-Sisi. Se trataba, decía, de evitar que se considerara a los militares como responsables de la pérdida de la virginidad tras las detenciones y de "tranquilizar" a los padres sobre el estado de sus hijas. El método fue considerado una forma de represión especializada para las mujeres y evitar que tuvieran un papel activo en las manifestaciones de la Primavera Árabe.


Los choques entre la primera generación y la segunda pueden llegar a ser trágicos entre padres e hijas. Hace un par de semanas, la prensa egipcia y norteamericana se hacían eco de la detención en un pueblo de Texas, tras doce años en paradero desconocido, de Yaser Abdel Said, uno de los criminales más buscados por el FBI tras el asesinato de sus dos hijas, de 17 y 18 años, en el mismo estado norteamericano. A principios de agosto se había lanzado una campaña en redes tratando de encontrar al asesino. En Egyptian Streets leemos sobre esta campaña:

Merhan Keller, a women’s rights activist who started the recent social media campaign in Egypt ‘Amina and Sarah’ (أمينة وسارة), said the support shown by people made her believe he would one day be caught, whether it was in Egypt or the United States of America.

“I can’t be happier and I knew in my heart that he would be caught if people came together in solidarity and that’s exactly what happened,” said Keller.**


El brutal crimen lleva el sello del patriarca, del dueño de la vida de las mujeres bajo su mandato, de cuya vida dispone, ya sea para casarlas o para matarlas. La violencia contra las mujeres  aumenta conforme el  patriarcado se da cuenta que la actitud ya no es la sumisión, sino la rebeldía, la exigencia de los derechos propios y la autonomía. Es el efecto de la Primavera y también su causa. La presencia de las mujeres reivindicándose y reclamando su espacio y capacidad de decisión es el mayor desafío en unas sociedades en donde el mayor paria reclama su derecho "divino" a controlar la vida y destino de las mujeres.

El movimiento reaccionario surgido tras los intentos fallidos de la Primavera árabe, salvo en Túnez, se han saldado con un nuevo machismo tradicionalista, apoyado y fomentado, como ocurre en Egipto, desde el poder mismo. La reclamación de derechos de las mujeres es contagiosa; la igualdad que se exige va más allá de las matemáticas. En realidad se reclama algo más profundo que subvierte el sistema y asusta al poder. La construcción del Estado mismo sobre el modelo de una familia autoritaria, con un foco monolítico en el varón, conectado con una divinidad sancionadora de la que el poder terrenal es representante, ha hecho retroceder a la sociedad hacia un tradicionalismo conservador, autoritario, fundamentado intensamente en la religión, percibida como el justificante de la situación. No es casual que "feminista" sea un término sinónimo de delito contra el islam, contra su sentido de la familia y subversor del orden social y contra la autoridad que lo mantiene.


Lo que me ha decidido a escribir todo esto es un simple comentario de un lector al final de un artículo titulado "Documenting Egyptian Girlhood Through the Art of Fashion Photography", firmado por Mirna Abdulaal, aparecido ayer en Egyptian Streets. La periodista nos ofrece su planteamiento desde el inicio:

 

“Fashion photographers are the new painters,” renowned fashion photographer Peter Lindbergh once said. But in other societies, they aren’t just painters; they’re also storytellers, activists, academics, and historians. They look at fashion more as an art form, exploring multiple socio-political issues such as feminism, identity, and resistance.

In Egypt, fashion photography has been rising over the recent years against dramatic social and political shifts that have radically altered the social fabric. From the 2011 revolution to the rise and fall of ex-president Morsi, and now with the current status quo, questions of identity came to very much take hold among the youth, with some starting to define their own independent identity that is quite detached from the social and political context.

We see this most evidently on social media, particularly on visual social platforms such as Instagram or TikTok, as it allows young girls and boys to be more exposed to various identities, as well as express their own. Yet there is also a new generation of fashion photographers that are presenting new ways of documenting contemporary reality, and more importantly the identities of young women. Creating an aesthetic out of the lives of Egyptian youth and the way they dress, and unveil the many different identities that have come to develop over the years.***

 


Es claro y sencillo: la moda es una forma de expresarse los jóvenes y los fotógrafos de moda documentan esas formas de identidad. Cerradas otras vías de expresión, la moda se convierte en discurso personal y social.

Al del artículo y del reportaje fotográfico que lo ilustra ha aparecido un comentario: "Feminist articles only." El comentario va tanto contra el artículo (y la autora) como contra la publicación. La palabra "feminista" se ha convertido en algo más que en un insulto; es una descalificación y, peor, indicador de un delito contra el orden. El sentido de su publicación es claro: descalificar el contenido y alejar a los posibles lectores reduciendo su efecto. Para un varón egipcio como el firmante, es solo un cúmulo de tonterías; algo que le aburre y que solo sirve para llenar la cabeza de las mujeres de tonterías que siempre acaban mal. El "solo" descalifica además a la publicación en su conjunto, tratando de alejar a los lectores advirtiéndoles de la pérdida de tiempo... y del peligro. No entra en ideas, solo descalifica, marca como negativo.


No es la primera vez que aparecen estos mensajes y comentarios despectivos al final de los artículos de Egyptian Streets, una publicación esencial en el Egipto de hoy ante el hundimiento controlado de la mayor parte de la prensa y el avance del conservadurismo del régimen, apoyado en la religión con la excusa de la moderación. Pero la realidad es que ese control a través de las órdenes (fatwas) de los clérigos tiene un efecto negativo en el conjunto. Controlas que los radicales no estén en las mezquitas, pero a cambio está introduciendo un mensaje tradicionalista que corta la trayectoria de las mujeres y sus demandas de derechos y autonomía.

Las mujeres son siempre la moneda de cambio en las negociaciones, como ocurrió (y ocurrirá) en Afganistán. La obsesión de los radicales con las mujeres no es casual. Ellas pueden causar el deterioro de esa autoridad patriarcal aplicable a las familias; se mantiene, además, una insoportable desigualdad en todos los campos, en los que las condiciones de las mujeres son muy diferentes a las de los hombres. Para aumentar el control y reducir la contestación, por ejemplo, se ha ido rebajando la edad de los matrimonios burlando la legalidad con acuerdos de palabra que solo se cumplen cuando llegan a la edad de matrimonio, caso bastante frecuente en Egipto. Las desigualdades en los divorcios, en las custodias de los hijos, en las pensiones, etc. son cada vez mayores, amparadas por jueces. Los escándalos, tratados estos días, de las violaciones que amparan a los hijos de los ricos, saltan a los medios, como el "Fairmont Case", conocido desde 2014, del que han escapado la mayor parte de los acusados antes de que interviniera la fiscalía general. El escándalo de los llamados "matrimonios de verano" en el que principalmente ricos saudíes se casan con niñas para devolverlas a la familia pasada la estación no se tapó con el infame ministro de Justicia (ya tratamos de esto), presidente del club de jueces, con la exigencia de una "fianza" al pedófilo, que fue la solución, en el caso de que hubiera diferencias superiores a los 20 años entre los contrayentes con el beneplácito de las familias.

Las cifras egipcias de mutilación genital femenina, la ablación, practicada en más del 80% de la población femenina y las de acoso hacen ver que la queja del lector supone algo más que un desprecio hacia el texto y la publicación. Son un intento de "normalización" aberrante y de estigmatización de quienes denuncian la situación de las mujeres no solo en Francia y contra sus valores republicanos. Es un proceso que requiere políticas, de denuncia y de acciones de apoyo decididas tanto de los gobiernos como de las instituciones civiles.


Los certificados de virginidad que ahora quiere abolir son un requisito en muchas partes. No solo es necesario combatir estas prácticas, sino visibilizarlas, que es precisamente lo que tratan de ocultar silenciando a quienes lo denuncias, como ha ocurrido en el "caso Fairmont" en Egipto, donde la denunciante y los que lo publicaban eran amenazados de muerte. Los gobiernos no siguen políticas activas contra estas prácticas porque saben que los islamistas no necesitan el poder si tienen el control social desde la base, es decir, desde el asentamiento de las costumbres. Ese es el terreno que saben les allanará el camino hacia la cumbre política. Por eso la forma de evitarlo es robarles su programa de control de las mujeres.

Es importante dar visibilidad a estos casos porque es la forma de que muchas puedan dejar de soñar con su propio camino y hacerlo una realidad. Hacen falta más fotógrafos que documenten la imagen de las nuevas mujeres, las que quieren encontrar su camino y estar siempre en la senda marcada por el patriarca de turno, su dueño y señor. El hecho de que al lector le molesten las noticias y artículos "feministas", con los problemas existentes, nos muestra que es él, precisamente, el problema, su actitud, desprecio y visión reducida y retorcida del mundo. Los problemas de las mujeres son una pérdida de tiempo y causa de aburrimiento.

Son necesarios algo más que las noticias llamativas. Hay que calar en lo que significa vivir cada día, comprender que son las cosas más sencillas las que marcan las grandes diferencias, como en este caso, tener la libertad de ponerse un jersey o hacerse un peinado o... cualquiera de esas cosas que hacemos ya por rutina, olvidando cuánto costó lograrlas y la necesidad de seguir avanzando.

Hay que apoyar estas iniciativas y no dar la sensación de que no nos importa su destino porque estaríamos siendo, además de crueles e injustos, contrarios a nuestro deseo de libertad, que sería simplemente un lujo que, por ahora, podemos permitirnos.

 


* "Francia prohibirá los certificados de virginidad para las musulmanas" La Vanguardia 13/09/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20200913/483443139156/francia-igualdad-musulmanes-certificados-virginidad.html

** "Egyptian-American Who Killed His Daughters Arrested After 12 Years: FBI" Egyptian Streets 27/08/2020 https://egyptianstreets.com/2020/08/27/egyptian-american-who-killed-his-daughters-arrested-after-12-years-fbi/

*** "Documenting Egyptian Girlhood Through the Art of Fashion Photography" Egyptian Streets 12/09/2020 https://egyptianstreets.com/2020/09/12/documenting-egyptian-girlhood-through-the-art-of-fashion-photography-malak-el-sawi/


viernes, 7 de octubre de 2016

La selectividad virtuosa y el invento perverso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Comentábamos aquí hace apenas unos días la ascendente carrera del diputado egipcio Elhamy Agina que tras solicitar a las nuevas diputadas que se vistieran con decoro, pedir a las mujeres que se sometieran a la mutilación genital para que los hombres egipcios pudieran descansar y finalmente la petición de que se exigieran exámenes de virginidad a las estudiantes egipcias al entrar en la universidad. Protestaron, sí, pero pocos y exclusivamente, como era de prever, las asociaciones e instituciones que defienden habitualmente a las mujeres de abusos e infamias en ese reducto patriarcal en el que Egipto se transformando gracias a las iniciativa de gente como Agina.
Advertimos que no debía ser tomado a broma porque, como algunas personas señalaron, podrían querer imitarle algunos. Calificamos a Algina como portavoz de la minoría silenciosa, precisamente porque sus propuestas son coherentes con la realidad egipcia, es decir, con el 91% de mutilación genital femenina y con los precedentes de los exámenes militares de la virginidad de las manifestantes en 2011. Y lo que haya hecho el Ejército egipcio antes es un precedente virtuoso e incontestable a los ojos de los estos habitantes neoedénicos del régimen de al-Sisi.
La voz de Agina no ha quedado sola y pronto tiene personas que le apoyan desde los escaños, señalando la necesidad de los exámenes a las estudiantes, una especie de "selectividad" perversa y viciosa disfrazada de virtud nacionalista y patriótica. Egyptian Streets nos trae la información del nuevo diputado reclutado por Agina:

Days after an Egyptian MP was attacked over his call for virginity tests to allow women’s admittance to university, another lawmaker has appeared in defense of the initiative.
MP Yousry Al Moghazy, who hails from Daqahliya, told Parlmany he does not understand the uproar around MP Elhamy Agina, saying that he supports the virginity test “initiative.”
“In order to safeguard the country and our children and prevent prostitution, there has to be [virginity] tests. Girls need to know they can be subjected to the test any day,” Al Moghazy asserted.
Attacking the way women dress on campuses, Al Moghazy said that they look like “belly dancers, not students.” The MP said he does not want to limit the tests to university students, but instead wants to make them standard practice in technical schools as well.
“For sure if a girl is subjected to a [virginity] test, she would avoid any wrongdoing because she would know the test will embarrass her in front of her parents,” Al Moghazy believes. He stated that virginity tests are conducted in other countries and that a law should be drafted to legalize them in Egypt.
Despite indeed being carried out in different countries, the World Health Organization released a handbook in 2014 stating that the invasive and degrading “virginity test” or the “two-finger test” to “prove” that a female is a virgin has “no scientific validity.”*


Hasta los argumentos esgrimidos contra él son perversos, como se puede comprobar al final. No se trata de definir si son "científicos" o no lo son. Es un ataque a la libertad de las personas. Pero es ahí donde entra ese argumento que al presidente Sisi le gusta repetir: los Derechos Humanos no son algo nuestro. A los ojos de Agina y su Igor particular, el diputado Yousry Al Moghazy, las mujeres no son personas sino anexos familiares a sus "guardianes", como estipula la tradición. Y la mercancía debe ser revisada periódicamente para comprobar que se encuentra en buen estado no sea que los clientes reclamen posteriormente y haya que recurrir al servicio posventa.
Las misma publicación nos adentra en esas cosas "culturales" que piensan que no se entienden en el exterior:

In Egypt, pre-marital sexual activity is considered taboo and women in many communities need to “prove” they are virgins on their wedding night. A recent photo of a man proudly holding bloodstained sheets to prove his woman relative’s virginity after her wedding night stirred anger on social media, while highlighting how most men regard intact hymens of the women in their family as “honor.”*

El retroceso egipcio es realmente penoso. Las voces que se escuchan, una vez acalladas las progresistas, son las de los ultraconservadores que se mueven entre las opiniones retrógradas que la desidia gubernamental egipcia permitió durante décadas. Mantener la ignorancia, que no funcione la educación tiene estos efectos: solo se mantienen las costumbres, sobre las que se cimenta la exhibición de la virtud. La sociedad se mantiene en las peores prácticas considerándolas su base y combatiendo los derechos individuales frente a la comunidad, que interfiere en todos los aspectos de la vida.


Uno de los negocios médicos más importantes en Oriente Medio es la cirugía plástica de reparación del himen, la himenoplastia. En mundo patriarcal en el que la mujer es el producto que se pone en el mercado para conectarse con las familias de interés, mutilación e himen intacto son las dos garantías que el comprador exige. Una mujer sin mutilar tiene "deseos" insaciables, que un marido es incapaz de asumir; una mujer con el himen roto es un objeto sin valor que será devuelto al comprador, la familia.
En octubre de 2009, Periodista Digital traía una noticia titulada "Musulmana, ¿necesita aparentar ser virgen? Un himen nuevo por 20 euros". La noticia llevaba dos textos acompañando al titular, como antetítulo "Un invento japonés enfurece a los varones islamistas" y una entradilla que nos acerca a la cuestión: "Egipto quiere prohibir este aparato que no necesita cirugía plástica". El periódico recogía la publicidad de la empresa china señalando el fácil uso del "invento" y algunas reacciones que se habían dado por el mundo musulmán:

Da igual que la ciencia médica ha comprobado que la presencia o ausencia de himen no es una prueba cabal para demostrar virginidad. La razón es que muchas mujeres jamás llegan a tener un himen, y otras tienen uno tan resistente que sólo lo pierden hasta el momento de dar a luz.
La tradición manda, el marido debe desvirgar a su esposa rompiéndole el himen y por eso Abdel-Moati Bayoumi, del Centro de Investigación Islámica, ya ha emitido una fatua (edicto islámico) que condena a los importadores porque "expanden el vicio y animan a las chicas a mantener relaciones ilícitas al saber que pueden "recuperar" su virginidad".
Más contundente aún el imán Yussef al Badri:
"Aquellos que vendan el himen artificial que sean azotados, encarcelados o expulsados del país para que nadie se atreva a seguir su ejemplo".
Rafia Zakaria, una filósofa paquistaní que dirige desde EE UU de la Fundación Musulmana de Defensa Jurídica de las Mujeres, lamenta en una tribuna de opinión en el diario Daily Times de Pakistán:
"Se perpetúa el mito de que las mujeres que no son vírgenes son hasta cierto punto sucias, impuras y no válidas para el matrimonio.
La colaboración de los hombres en hacer perder la virginidad a las mujeres es totalmente ignorada. A ellos no se les exige esa misma abstinencia sexual.
"La historia del islam desmiente el mito de la virginidad: Hay que destacar que el primer matrimonio del Profeta Mahoma fue con una viuda".**


El "invento" es más bien atrezzo para la escenificación de la "noche de bodas" y se asemeja a esas manchas de sangre que dan verosimilitud al disparo de fogueo en el escenario. A cada uno le dan lo que espera ver.  En el momento de su aparición fue noticia y, en efecto, suscitó la iras bien pudientes, llegando hasta el Parlamento egipcio de la época. ¡Argucias para engañar maridos o pretendientes firmes!
También sabemos que el jeque Yussef al Badri, uno de los enfadados por el perverso invento, ha seguido defendiendo la necesidad de la mutilación genital femenina al menos, según nuestro rastreo, hasta 2013, en que la BBC recoge sus palabras virtuosas sobre las mujeres y cómo controlarlas.


La empresa china del invento se limitó a aprovechar una oportunidad de mercado, por usar la misma terminología. Vio una necesidad y desarrolló un producto capaz de satisfacerla. Pero en el negocio de la virtud piados hay que andarse con pies de plomo porque la "mano invisible" de Adam Smith es sustituida por la "mano de Dios", que es como a algunos les gusta considerar la propia cuando pasan a la acción.
En 2005, Women's News, un centro de información sobre mujeres, recogía el artículo titulado "Restoring Virginity Becomes Risky Business", en el que se señalaba los peligros que afrontaban los cirujanos plásticos que se dedicaban a practicar himenoplastias:

LOS ANGELES (WOMENSENEWS)–Some doctors perform these specialized surgeries on women late at night when there’s no one else in the waiting room.
The patients are most often women of Middle Eastern descent, some with origins from countries such as Iran and Saudi Arabia. They frequently give false names and pay in cash. They arrive alone, faces hidden, under elaborate hats, wigs, scarves and sunglasses, and afraid, say doctors.
They are there for hymenoplasties, or the repair of hymens, which, when intact, are widely recognized as evidence of virginity. The surgeries could save their lives, noted the physicians who perform them, because, according to some interpretations of Islamic law, if a male relative suspects them of having premarital sex, the woman is a criminal. In some countries, such as Saudi Arabia and Nigeria, the penalty could be death.
Although for the most part, many of the women who seek these surgeries live in the U.S. with family members or to attend school, many return to their home countries when it’s time to look for a husband.
Doctors say that while there are no official statistics, they have seen an increase in requests for hymen repair surgeries in recent years. In addition, more doctors are receiving threats.
"While we have no concrete numbers, doctors have reported growth in the number of hymenoplasties," Dr. V. Leroy Young, chair of the emerging trends task force of the Arlington Heights, Ill., American Society of Plastic Surgeons, told Women’s eNews.
"Yes, there has been a degree of danger to doctors from fundamentalist groups who believe you are violating a law or culture. You can get in a bit of trouble."***


El artículo señalaba que no era una cuestión exclusivamente musulmana, sino que estaba aumentado el número de himenoplastias entre los grupos fundamentalistas de las distintas creencias:

Young also said that it’s not just women with Middle Eastern backgrounds seeking the surgeries. There has also been an increase in the number of women requesting hymen repair from both the Orthodox Jewish and Christian fundamentalist communities, as well as from women of all nationalities who want the surgery as a sexual enhancement.
"Within the fundamentalist Christian population as well there has been an apparent recent movement towards ‘traditional family values’ and there is pressure put on women to be virgins," Young said.***

El crecimiento de los fundamentalismos tiene mucho de solidaridad a costa de las mujeres consideradas en todas las culturas patriarcales como una propiedad familiar sobre la que se ejerce un control familiar directo o indirecto a través de legislaciones como la que piden Algina y su colega diputado. El problema sobre el que gira el mundo, según parece, es el himen.


Las quejas por las amenazas sufridas por los médicos que hacen las "reparaciones" en el artículo de 2005, contrasta con la página turca denominada "Health Tourism". En ella se recogen las modernas clínicas privadas en las que se practica la himenoplastia. Aquí los doctores muestran sus caras sonrientes y lo único que la mayoría oculta es el precio, con la excepción de la clínica Estethica Surgical Medical Center, en Estambul, cuyos precios oscilan entre los 1.800 y los 2.100 dólares. "Turismo de salud" es un interesante eufemismo que nos muestra cómo la Turquía de Erdogan nada y guarda la ropa ofreciendo sus servicios a las comunidades más allá de sus fronteras.


Una vez más: las mujeres son las que sufren doblemente la opresión. La sufren como ciudadanas y la sufren como mujeres ya que el sistema patriarcal se basa en la desigualdad absoluta entre los sexos. No puede haber un sistema verdaderamente democrático que no reconozca la igualdad. Aquí hay "vigilantes" y "vigiladas" por ley. Ahora, los parlamentarios egipcios quieren ir más allá y que sea el propio estado el que supervise y certifique la virginidad antes de traspasar las puertas de la Universidad.
El argumento del diputado Agina para solicitar los test en ese momento de incorporación a las aulas universitarias no son baladíes. Además de su argumento contra la proliferación de los matrimonios urfís (acordado por la pareja ante dos testigos, sin necesidad de conocimiento de nadie más), implican también una concepción de la Universidad como espacio de riesgo que no es casual. Hasta el momento no se ha producido la segregación en las aulas universitarias, aunque en su mente la propuesta no debe estar muy lejos. La vida universitaria implica una mayor apertura a los ojos familiares y, por ello, un menor control.


En cualquier caso es una "amenaza", un intento de intimidación, como lo fue con los médicos militares en 2011, una forma de frenar las protestas o de llevar la calma al campus en el caso de que se convierta en un foco de disidencia. Aunque hay voces que se han levantado contra Agina, su razonamiento es coherente con lo que se percibe: el crecimiento del conservadurismo y los ataques al mayor foco de resistencia, que no es político, sino cultural, las mujeres. El sistema se sostiene en la autoridad y desafiarla es desafiar a la totalidad del sistema, construido sobre la imagen de la familia con su patriarca al frente. Se empieza desobedeciendo al padre y se acaba desobedeciendo al presidente. Desobedecer a ambos es, por supuesto, desobedecer a Dios, que les confirió esa autoridad. 'I love him like my own dad’, recoge el titular de The National. Son palabras de una emocionada votante del presidente. ¡No sabe cuánta razón tiene!


La reparación del himen es una gigantesca hipocresía que ampara un enorme negocio, como ocurre con la prohibida ablación, que sin embargo, practican mayoritariamente los médicos en Egipto con la excusa de que es mejor que lo hagan ellos. Prohibido desde 2008, se sigue practicando pese a los esfuerzos de los grupos de mujeres e instituciones que tratan convencer de que esa práctica es una forma de tortura. Un buen negocio por ser clandestino.


Al diputado egipcio le parece que las estudiantes de la universidad van vestidas como bailarinas de danza del vientre —por cierto, una moda importada por los ingleses desde la India—. No creo que llegue a tanto porque ya se encargan los santos varones de acosarlas si se exceden en sus mojigatos criterios. Hace tiempo comentamos los ataques que sufrió una estudiante de Derecho en la Universidad de El Cairo. A sus compañeros —futuros jueces, abogados y fiscales— les parecieron sus pantalones demasiado ceñidos y la joven tuvo que salir protegida por la seguridad del centro. El responsable de la Facultad se quejó entonces de que las muchachas escondieran bajo ropajes más amplios su ropas más "provocativas". Las manos que hoy magrean, mañana administrarán justicia.


La política egipcia es una extraña mezcla. Existe siempre el convencimiento de que se puede mantener la calma con un mínimo de pan y un exceso de virtud. La prueba de esa virtud se realiza sobre la mujer: mutilándola, inspeccionándola, vigilándola, sobándola... por su bien. 
La hipocresía genera más hipocresía. Convertir a la mujer en tarjeta de visita de algo artificial, como el honor familiar, es condenar a todos a la doble vida, algo que se traduce en angustia y desesperación, en violencia visible e invisible. El diputado al que la estudiantes universitarias le parece que van vestidas como "bailarinas del vientre" omite que estas son un buen negocio turístico y diversión propia, aunque, eso sí, que la mayoría son extranjeras. 
Una pobre bailarina armenia, conocida como Safinaz, a la que se le ocurrió cubrirse con una bandera egipcia durante su actuación para sumarse el fervor nacionalista fue deportada por el escándalo hipócrita que se formó. ¡La bandera egipcia en manos de una bailarina!, gritó el virtuoso círculo de espectadores que la coreaban hasta el momento. ¡Y armenia!


La primera acción que realizó como presidente al-Sisi fue ir a visitar al hospital a una mujer violentamente asaltada en Tahrir. Hoy muchos se preguntan si las mujeres, más allá de este gesto, están mejor que antes. Los signos regresivos son cada vez más evidentes en las actitudes y palabras, en la inoperancia legal ante los que violan una leyes para la galería internacional que luego los jueces no aplican. Hay una gran hipocresía disfrazando de virtudes la violencia contra las mujeres.
El invento perverso es una forma de hipocresía obligada por la propia hipocresía social. Es una perversión de las mismas relaciones sexuales, como lo es la exigida mutilación genital. Es una forma de violencia horrenda sobre las mujeres que, por naturaleza, son perversas e insaciables, una fuerza demoníaca que hay que controlar. El invento perverso ayuda a mantener la ficción virtuosa que todos quieren y salva a la mujer de la humillación o algo peor.  
No importan las personas, importan solo los gestos dirigidos a la comunidad que es quien juzga, gestos como ese piadoso varón que muestra la sangre conquistada en su noche de bodas a través de las redes sociales. Hay está la piedad, la virtud y el honor, en banderas y sábanas manchadas.
Ya va siendo hora de poner orden en el paraíso.



* "Egyptian MP Supports Call for Virginity Tests, Saying Women Students Dress ‘Like Belly Dancers’" Egyptian Streets 3/10/2016 http://egyptianstreets.com/2016/10/03/egyptian-mp-supports-call-for-virginity-tests-saying-women-students-dress-like-belly-dancers/
** "Musulmana, ¿necesita aparentar ser virgen? Un himen nuevo por 20 euros" Periodista Digital 18/10/2009 http://www.periodistadigital.com/salud/medicina/2009/10/18/musulmana-necesita-aparentar-ser-virgen-un-himen-nuevo-por-20-euros.shtml
*** "Restoring Virginity Becomes Risky Business" We.news 22/05/2005 http://womensenews.org/2005/05/restoring-virginity-becomes-risky-business/