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jueves, 23 de abril de 2015

Libros y similares

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Como suele ocurrir en esta fecha, la prensa se nos llena de homenajes, recuerdos, anécdotas, etc. de un objeto rectangular llamado libro. El diario El País, por ejemplo, les pregunta a cuatro escritores qué libro han leído más. Para evitar que nos cansemos no nos lo cuentan por escrito, sino que lo hacen a través de vídeo, como los del Estado Islámico, que siempre tiene más impacto y lo entiende todo el mundo. Un poco más allá, virtualmente hablando, nos cuentan que el premio Barco de Vapor se lo ha llevado un autor que ha escrito un libro sobre una niña que escribe blogs. Hasta el Diario de Bridget Jones ha caído en desuso y la niña protagonista se aleja de las Confesiones de Agustín y Rousseau para adentrarse en el provocador universo de la identidad reversible, como las antiguas gabardinas. Hoy que nadie lee a Sartre, la identidad son los otros y no eres nadie si, como Roberto Carlos (el cantante), no tienes un millón de amigos y un canal en YouTube. El que youtube retuvo.


Nuestros dinámicos políticos rivalizan en errores sobre dónde nació Machado (alguno de ellos) o confunden —haciendo las delicias freudianas de los comentaristas políticos— "sacar" con "saquear", casi peor que lo de Rato y Bárcenas juntos. Los políticos ya no necesitan leer a Maquiavelo, les basta con darse sesiones intensivas de fin de semana de Juego de Tronos, que debe ir con el pack del candidato. ¿Para qué citar a Unamuno, a Ortega, a Freud, a Krishnamurti, al que sea..., si puedes citar cosas de The Walking Dead, Los soprano o Mad men? Lo importante es conectar y con Unamuno, Ortega o Krishnamurti, la verdad, no se conecta sino que se da una imagen de desfasado que tira para atrás.


El diario El Mundo se lanza a la piscina del Día del Libro por la vía de la provocación con un titular, "¡Líbranos señor de los que escriben bien!". Pero no, no es provocación ni ironía. Es que la cosa es ya así y se saluda la aparición de otro de esos libros, "estilo rico/ estilo pobre" (¿dónde vamos sin una referencia a las series televisivas, aunque sean trasnochadas?). Nos dice:

Repipis, redichos, ripiososos, niños viejos, pedantuelos, pedorros... Todo tiene remedio, ¡lo nuestro tiene remedio! "Bueno, que conste que yo no fui un niño repipi, o creo que no lo fui, no sé... Era aplicadito, pero lo normal, tampoco es que fuera ese tipo de niños que gusta a las abuelas y avergüenza a los compañeros de clase... Me acuerdo de que me regalaron las obras completas de Shakespeare con 14 años y me encantaron. Ahora lo pienso y sí que me suena un poco raro. Pero que conste que me las regalaron sin que yo las pidiera y que, si me gustaron, fue por la violencia, no por el arte y la literatura y el nosequé... También recuerdo que después, con 18, tenía la obsesión de ser moderno y que quería quedarme con todos los modismos molones que escuchaba".
Luis Magrinyà jura que no fue uno de los nuestros, pero nos entiende, nos perdona y quizá pueda ayudarnos. 'Estilo rico / estilo pobre' (Debate), el último libro del escritor mallorquín, aborda el afán que ponemos muchos en escribir como si fuéramos idiotas solemnes, con frases hechas y pomposas, con formulas que no significan nada, con anglicismos que están mal traídos... "Nunca corrijo el lenguaje oral, me parece algo horroroso. A mi hija, quizá, puede que alguna vez le haya corregido porque los padres tenemos otras responsabilidades, pero, en general, tengo la teoría de que todos hablamos bien. Otra cosa es el lenguaje escrito, el momento en el que sentimos que debemos ponernos formales, aunque sea para escribir una circular para la comunidad de vecinos".*


No sé si su teoría de que "todos hablamos bien" abarca también a lo del "saqueo" y similares. Pero no importa. Lo importante de una teoría es que los demás la acepten y esta está requeteaceptada porque para qué vamos a negarla si permite a todos despreciar a los que se abonan a las subordinadas y elevar a los altares académicos y listas de bestsellers a cualquier tarugo bien promocionado. El gran descubrimiento de la posmodernidad es que con un poquito de ayuda cualquier idiota puede convencernos de que es un genio. Y que nosotros somos geniales por saber reconocerlos. Si en algún momento de su vida cayó en la tentación y leyó a Shakespeare, no tema, se pasa con el tiempo. Llegas a los dieciocho y te tira lo molón.
Por supuesto, los grupos del ramo —libreros, editores...— tienen un "plan". Siempre hay un plan A y hasta un plan B, un abecedario. Nos cuentan en El Mundo:

La federación recuerda que una reciente encuesta del CIS revela que el 66,1% de los españoles reconoce que lee "poco", aunque "lo más alarmante" es que un 35% de la población no lo hace nunca y un 7% sólo alguna vez. En opinión de Fernández, esos datos demuestran que es "necesario y urgente" redoblar los esfuerzos para mejorar la calidad de la lectura "y que más ciudadanos incorporen a sus vidas el hábito lector".
"Ese es el principal objetivo del Plan que hemos presentado al ministerio. Además, el plan pretende reforzar el papel de la industria del libro como motor económico y cultural de nuestro país", señala la nota de la federación.**


Me echo a temblar cuando lo editores hablan de "mejorar la calidad de la lectura". Creo que hace mucho tiempo que a los editores han perdido ese rumbo de la calidad o al menos ya no se mide por los mismos parámetros que antes. Los incontables libros deleznables, perfectamente editados, que pueblan las estanterías de nuestras librerías muestran que se vende lo que sea vendible y punto. Preocupan las ventas, no la cultura. Da igual qué libros se venden si son muchos.

Hace tiempo que los libros más interesantes de muchos campos nos llegan desde Hispanoamérica. De allí, por el momento, nos llegan libros que contienen esas frases rimbombantes de "idiotas solemnes". Todavía quedan reductos con editores que gustan de los libros con buenas ideas y no solo con buenas ventas. Aquí hace tiempo que confundimos las dos cosas o lo que es peor, como se nos mostraba, consideramos que lo primero, las buenas ideas, son un obstáculo para lo segundo, las grandes ventas.
Por eso se tiembla cuando nuestros editores, tan deseosos de hacerse con las primaverales memorias del "pequeño Nicolás" o de las de algún concursante de algún "reality", hablan de calidad, algo que han ido rebajando con el paso del tiempo. Medir la cultura por la ventas, siempre es un mal método de cálculo. 
El ABC da el día a muchos con una noticia absurda pero que también vende, como los malos libros: la sanción de Facebook, con cierre de cuentas incluido, por faltas de ortografía. Ni el propio medio se lo acaba de creer, lo que no es un impedimento para que se difunda. La noticia es que el "bulo" vuelve:

Este mismo «fake» surgió el año pasado por estas mismas fechas después de que un medio satírico lanzase el bulo alegando que era para que aquellos que tienen una «ortografía horrorosa» se asustasen un poquito así como para promover el buen uso del lenguaje en estas redes sociales tan utilizadas por el mundo.***


¿Mala conciencia? La simpleza gana terreno y ya no se distingue la noticia de la ironía. Hemos convertido en tragedia la ortografía sin darnos cuenta que hay muchas tonterías correctamente escritas. Y hasta premiadas.
Están los que hablan bien, los que hablan mal y los que hablan siempre. Hay los que escriben bien y no dicen nada; los que parece que tienen ideas, pero otros les escriben, y los hay que no tienen una idea buena, propia o ajena. Están los que leen muchas tonterías y presumen de ello; los que leen buenos libros y lo esconde no vayan a se señalados con el dedo. Hay muchas posibilidades y solo una gran verdad: un país que grita mucho, lee poco. Porque un país que lee está de vez en cuando en silencio, meditando, disfrutando de lo que lee si es bueno. No lea cualquier cosa. Lea libros que, al cerrarlos, su primer pensamiento sea "¡qué tonto he sido!" porque se siente un poco mejor que antes, se comprende mejor que antes, entiende el mundo mejor que antes o simplemente ha eliminado unas cuantas tonterías de su maleta de creencias superfluas. No tema a los libros que le demuestran que está equivocado y no busque aquellos que le ahorrarán pensar el resto de su vida. 
Los libros no son buenos por naturaleza, afortunadamente, sino porque hay personas inteligentes detrás. Los hay muy malos por los mismos motivos. Tenga cuidado, seleccione.


* "Líbranos, Señor, de los que escriben bien" El Mundo 22/04/2015 http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/22/5537954822601de4728b457f.html
** "Los editores presentan a Wert una propuesta para fomentar la lectura" El Mundo 22/04/2015 http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/22/5537c0d022601de4728b4590.html
** "El «fake» que vuelve un año más tarde: El cierre de cuentas con faltas de ortografía" ABC 22/04/2005 http://www.abc.es/tecnologia/redes/20150422/abci-facebook-cerrar-cuentas-ortografia-201504221946.html




sábado, 1 de marzo de 2014

La ceguera digital o cómo tirar piedras a tu propio tejado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La contestación que Google ha dado a las pretensiones de editores y gobierno en lo referente a la cuestión de los agregadores de noticias es la esperada y tiene su lógica. No es algo nuevo, sino realmente un round más del combate entre dos sectores cuyas funciones son distintas. Esta es una vieja y absurda guerra que nos muestra —una vez más— la profunda desorientación que los medios tienen, de la falta de comprensión de las direcciones en que se mueve esta Sociedad de la Información que entre todos estamos haciendo. Algunos son agentes, más que involuntarios, inconscientes, un matiz que establece la falta de conocimiento de los efectos que cada uno provoca en el sistema.
La decisión del gobierno español de hacer una "ley" que diga que Google y otros agregadores de noticias (Yahoo News...) deben pagar a los editores por las noticias que difunden es más un brindis al sol que otra cosa. Casi puede considerarse políticamente como una especie de forma de congraciarse —y que cada cual lo entienda como quiera— con los medios o al menos de tenerlos entretenidos e ilusionados dentro de su desastroso recorrido.


Aunque algunos aprovechen para presentar sus ceses al frente de los medios como el resultado de grandes luchas de poder, es más cierto que son los fracasos de los proyectos emprendidos lo que han motivado los cambios, no de uno si no en tres cabeceras periodísticas en apenas unos días. Los periódicos tienen abierta una crisis permanente desde hace ya dos décadas y que esta se agrava por lo inadecuado de los planteamientos, fruto de las cegueras ante los cambios que en el mundo de la información se han producido en todos los niveles.

Recuerdo los debates en Barcelona, en las jornadas "M@ig 98". Los meses precedentes, desde finales de diciembre de 1997, habíamos debatidos on line sobre la adecuación de los medios a los nuevos tiempos, de los tamaños más adecuados de las empresas tradicionales para enfrentarse a las nuevas condiciones, sobre los lenguajes sobre los que se iba a construir esa nueva sociedad-red. Fue un ejercicio estimulante que pronto sería sustituido por la aparición de los "nuevos gurús" que llevarían al desastre de la burbuja tecnológica contando a la gente lo que la gente quería escuchar, prometiendo a todos la llegada de un reino de felicidad, la apertura a millonarias audiencias que iban a llenar los bolsillos a todos los que fueran los suficientemente osados. Y en esa descripción se han visto muchos retratados. Luego, la riada de los tiempos se llevó por delante miles de empresas, sueños y ahorros, para felicidad de unos pocos y desastre de muchos.
Pero la ceguera para ver cuáles son los verdaderos cambios que se han producido en la sociedad sigue siendo grande. Hay distintos tipos de ceguera: por codicia, por ignorancia o por soberbia. Todos ellos funcionan en este campo, lleno de personas capaces de cambiar el rumbo de la Historia con sus decisiones. Pero la auténtica realidad es que en esta sociedad es el movimiento de la sociedad el que marca las pautas y si quieres ponerle puertas al campo, allá tú.
Hace una semanas, tras el Consejo de Ministros se nos contaba en Público:

La vicepresidenta y el ministro de Educación, Cultura y Deporte han anunciado esta reforma en la rueda de prensa posterior a la reunión del Ejecutivo, que responde, según Soraya Sáenz de Santamaría, a una vieja demanda para resolver "uno de los problemas más urgentes en la regulación de la propiedad intelectual", producto de la evolución de las nuevas tecnologías, del progreso de la sociedad de la información o de la identificación de problemas en el funcionamiento de las entidades de gestión.
"La transparencia, el control y la vigilancia efectiva de las entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual por las administraciones públicas" se verán reforzadas con la nueva ley, según la portavoz del Gobierno, que proporcionará, asimismo, una mayor "protección de los autores frente a las vulneraciones de sus derechos en Internet".*


Los dos párrafos no pueden contener más despropósitos, pues equipara la cuestión de las agregaciones con las vulneraciones, que es confundir las cosas terriblemente. Primero te declaran delincuente y luego te multan. Y esto no suele funcionar.
Una cuestión por delante. La sociedad red se basa en el enlace, en el link. Es lo que da sentido y forma a la red. Esto tan sencillo, que una red son enlaces y nodos, no está al alcance de mucha gente que sigue pensando en términos discontinuos y materiales. Lo que favorece el enlace funciona; lo que no lo hace está condenado a quedarse fuera. Ese fuera, hay que decirlo, es cada vez más lejos. Solo la ignorancia histórica de estas dos últimas décadas, de cómo ha evolucionado, puede intentar repetir los mismos errores que se cometieron antes y volverlos a traer a primer término como si fueran novedades, tablas de salvación en el naufragio.

Las palabras con las que Google ha contestado son de gran sencillez:

Google ha querido recalcar, como ya ha hecho cuando se ha visto envuelta en su larga guerra europea con los editores, que estar o no estar en Google News es algo voluntario y que reciben "muchas más solicitudes de inclusión en Google Noticias que de exclusión, porque muchos editores se dan cuenta de la ventaja que supone que su contenido pueda ser descubierto por nuevos lectores o espectadores". La empresa ha subrayado que Google News solo muestra el titular un pequeño fragmento del artículo que agrega: "La idea es que los lectores estén el menor tiempo posible en Google Noticias y se dirijan a las webs de los editores. Para leer artículos completos, los usuarios tienen que pinchar sobre el enlace de la noticia para dirigirse al sitio web del editor".

Google no es el obstáculo; Google es lo que está manteniendo las ediciones de muchos diarios al llevarles los lectores a sus páginas. Es de una evidencia escandalosa y siempre ha sido así. Hay otra ley olvidada: la importancia de una página se mide en término de los enlaces que apuntan a ella. Eso es lo que determina su peso y valor en la red. Una página es valiosa porque se puede acceder desde muchos puntos. Todo lo que sea aumentar las visitas es bueno para las páginas.


Los editores inteligentes intentan estar en el mayor número posible de agregadores de noticias porque así aumenta su visibilidad y pueden aumentar sus tarifas publicitarias. Si Google decide retirar los medios de los agregadores que lo soliciten, esos medios tendrán una sensible pérdida de lectores. Solo la soberbia de algunos puede pensar que ellos solos pueden generar el tráfico suficiente para mantenerse. Sobre todo si pensamos que el hecho de que algunos medios aprovecharán la retirada de los agregadores para beneficiarse de los lectores perdidos.
En la sociedad red no se leen periódicos, se leen noticias. Y en eso se basan los agregadores, que son mecanismos "naturales" —surgen por la propia dinámica de la red— en la forma de acceder a las informaciones. Los agregadores permiten una selección de medios o selecciones temáticas. Casi siempre se ven las noticias de campos seleccionados por los usuarios. Pero la función suya es, como se ha señalado, dirigir a los lectores hacia los textos que les interesan. Es un elemento complementario que favorece, en última instancia, al medio, que recibe más lectores.
A Google le sobra con suspender las noticias de un medio durante una semana para que el medio suspendido se dé cuenta de la diferencia entre estar en un agregador o no, entre que te envíen lectores o que te vuelvas invisible.
A Google le resulta más barato crear su propio servicio de noticias en diferentes idiomas, tirando de agencias o creando sus redacciones, que ceder ante esta cuestión que no les gustará porque considerarán que es parasitaria. Los medios, por supuesto, piensan que el parásito es Google, que se aprovecha de ellos. Esto solo es relativamente cierto, pues es más una cuestión simbiótica que parasitaria. Google hace lo suyo de la mejor manera posible y esa inversión en mejorar su servicio también beneficia a los medios. En la sencilla contestación que han dado señalan:

"Las fuentes de noticias pueden beneficiarse de los mayores índices de audiencia que pueden atraer con Google Noticias. Con las herramientas publicitarias de Google, estos editores también pueden generar ingresos", aclara el post. Y ofrece datos: Más de 6.500 millones de euros en beneficios para los editores en 2013 y más de 10.000 millones de visitas. Todo gracias a su agregador.**


Es evidente y parece mentira que estemos todavía en estas cosas.
Lo que les cuesta más comprender es el carácter sistémico de la Sociedad de la Información y de cómo esto fuerza a movimientos complementarios en el cumplimiento de las funciones que cada uno tiene asignado en el conjunto. Las lucha de las noticias y los medios no debe ser con los agregadores sino la competencia para conseguir el mayor número posible de direccionamientos desde los servicios de agregación o cualquier otro punto de la red desde el que se me haya enlazado.

El gran debate de las audiencias (1997)
Tuve ocasión de moderar algo que se llamó "El gran debate de la audiencias", organizado por Teknoland en 1997, para lo que brindamos el salón de actos de nuestra facultad. Recuerdo la intervención de uno de los dos representantes del diario El País manifestándose en contra de los enlaces en los anuncios que incluían en sus páginas. "Si la gente pincha en un anuncio... ¡se va del periódico", decía. Y le parecía muy mal. Poco ojo, la verdad. Le parecía normal que la gente creara enlaces a sus páginas, pero se quedó bloqueado ante la perspectiva de que en un futuro, alguien pudiera cobrarle por cada lector enviado a sus páginas desde otras, lectores que ellos, en cambio, sí facturaran en la publicidad a los anunciantes. Son esas 10.000 millones —se dice pronto— de visitas que llegan a los diarios.
Más adelante los medios —en la misma ceguera— plantearon otro problema, el de los "deep links". No querían que se realizaran enlaces más que a sus portadas, que es donde ellos concentraban más publicidad. Algunos desviaban automáticamente los enlaces a noticias específicas a otros puntos de sus publicaciones para concentrar la publicidad. Lo que conseguían era que se les diera de baja y no volvieras a visitar ese periódico. Algunos siguen con estas prácticas. No han aprendido mucho.


Si no se entiende cuál es la guerra, difícilmente podrán hacer nada. Puede que el gobierno, en vez de echar una mano a los medios de comunicación mediante el muy barato sistema de hacer que otros paguen, puede que haya destapado un melón peligroso para los propios medios. Se haga lo que se haga, está claro que el que tiene más reservas para resistir en este tira y afloja es Google, al que le sobran recursos.
Si los medios tuvieran algo más de sentido común y ganas de guerra, tratarían de crear agregadores propios llegando a acuerdos entre medios para atraer más lectores y generar sus propios beneficios en este campo. No sería fácil porque una cosa es hablar y otra enfrentarse a Google en medios, calidad de servicio, etc.
El gobierno se pone frente a Google, pero los palos los recibirán los editores y no les queda mucho espacio en la espalda para más. Tratara de evitar los agregadores de noticias es suicida.. En un campo de batalla unificado, como es el ciberespacio, hay que saber distinguir dos cosas: quién es realmente tu competencia y quiénes contribuyen a tus objetivos. Si confundes una cosa y otra, como está ocurriendo, corres el riesgo de que lo próximo que celebres sea tu propio funeral.
Uno de los lectores, a través de los comentarios de la noticia —entre otros muchos que aprovechan para hablar de Wert—, da con el término adecuado: "analfabetismo digital".


* "El Gobierno obliga a los agregadores de contenidos como Google a compensar a los editores" Público 15/02/2014 http://www.publico.es/502048/el-gobierno-obliga-a-los-agregadores-de-contenidos-como-google-a-compensar-a-los-editores
** "Google: “Los editores de noticias se benefician de nuestro agregador”" El País 28/02/2014  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/28/actualidad/1393588445_692440.html