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jueves, 9 de diciembre de 2021

Adiós a Angela Merkel

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Angela Merkel se ha ido. Podemos analizar sus logros y fallos, pero creo que es más importante mostrar la valoración conjunta que han hecho los parlamentarios al aplaudirla, con la excepción de los de Iniciativa por Alemania, lo que puede considerarse también como un logro positivo. También se nos ha mostrado su salida del parlamento aplaudida en una doble fila por el personal, sí, los funcionarios también la han aplaudido. Merkel ha sido Merkel, una personalidad sin estridencias y llena de sentido común, hasta el último momento y así ha sido despedida por prácticamente todos.

Merkel es el reverso de la figura habitual que hoy tenemos en la política. Nuestra política se basa en el grito, la negación y la ausencia de ideas, algo que demuestran las hemerotecas cuando nos muestran a los políticos diciendo algo y lo contrario poco después. Merkel ha sido Merkel.

Ha actuado como alemana, pero también ha sido conciencia europea en muchos momentos. No es fácil pensar en una sola idea de Europa, pero Merkel la ha tenido y ha dado la cara al frente de una Alemania europeísta. Nos gustara o no lo que decía, ha sido clara, lo que igualmente es de agradecer.

Si cada país tuviera al frente a políticos como Angela Merkel, aunque fueran de distinto signo, la política adquiriría otra dignidad y los ciudadanos se sentirían más identificados con sus gobiernos, algo que apenas ocurre hoy.


Sobre todo, Merkel ha sido siempre clara. No tenías la impresión de que decía las cosas de cara a la galería. Nuestros políticos convierten la mayor nadería en algo trascendental, entendiendo por tal una subida del volumen de la voz y más aspavientos. Merkel no ha tenido que hacer recorridos turísticos por su país para salir en los medios los lunes. No ha tenido que disculparse tanto como Johnson por las tonterías de su gobierno o las propias; no ha tenido que convencer a los franceses de la autonomía de Francia, como Macron, ni recurrir a Gadafi para que le financiaran las campañas, como ocurrió con Nicolás Sarkozy. No hablemos ya del histrionismo de un Berlusconi, lo opuesto a la sobriedad de Merkel. No hablemos ya de presidencias como la de Trump u otros de la misma calaña populista, que han llevado a sus países a la confrontación nacional, una estrategia divisoria de desastrosos resultados.

Con Merkel y sus "grandes coaliciones" es posible hacer avanzar a un país en una dirección y no está política de amenaza continua de deshacer lo hecho por otros, una forma suicida y costosa de hacer política. Merkel ha sabido hacer de la estabilidad un valor y no del gobierno una aventura.


El último discurso de Merkel fue una llamada a la vacunación. No lo aprovechó para ir contra nadie sino para concienciar a los alemanes.

En RTVE leemos: «Acaban los 16 años de la era Merkel, en los que los socialdemócratas formaron parte de una gran coalición en la primera, tercera y cuarta legislatura, mientras los liberales fueron los socios en la segunda. Merkel ha asegurado que ahora se dedicará a descansar y a leer.»* Todas las legislaturas tuvo que pactar, en tres de ellas formando la "Gran Coalición", es decir, con la oposición mayoritaria. Esto no hubiera sido posible si se hubiera dedicado a poner zancadillas en cualquiera de ellas o a dar puñaladas por la espalda, como vemos, sin ir más lejos, en la España de hoy.


"Descansar y leer" es un buen proyecto de vida, creíble, para una persona que ha dedicado su vida no solo a la "política", sino al "servicio a su país", dos expresiones que cada vez están más distantes en la realidad.

Si hay que aprender algo de Angela Merkel es precisamente ese sentido de "servicio", algo que le quedaba clara a la gente. Merkel no ha sido Thatcher, la apodada "Dama de Hierro" precisamente por apretar lo que pudo. Merkel ha sido pragmática, buscando acuerdos, y clara expresando las ideas de lo que pensaba era mejor desde esa doble y no fácil tarea alemana y europea. Ha sabido mantener la harmonía posible para evitar extremos y desajustes. Merkel siguió la doctrina del "buen árbitro", hacerse notar poco, llamar la atención lo menos posible. Y esto, finalmente, es lo que se nota y valora, el valor de una vida política evitando sobresaltos.


Desde España, en un momento en que todo está cuestionado, en que la política es gresca y malos modos, descalificación continua, negación, la figura de Angela Merkel se ve como un deseable horizonte al que nunca llegaremos. La llamada "nueva política" ha demostrado ser peor que la "vieja", meramente escaparatista; una tensión que no cesa y que busca en la elevación de las tensiones su captación de interés.

Merkel ha sido lo contrario del histrionismo que nos caracteriza, de una política que pasa necesariamente por los asesores de comunicación, por la falta de ideas y centrada toda ella en el envoltorio litigante.

Le deseamos a Angela Merkel ese descanso, plenamente ganado, que se anuncia entre libros y hortalizas. Ha dicho que va a cultivar su huerto, siguiendo las instrucciones del Cándido volteriano, como forma de apartarse del mundanal ruido.

La echaremos de menos pronto.

 


* "El Parlamento alemán elige canciller a Olaf Scholz y pone fin a la era Merkel" RTVE.es 8/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211208/olaf-scholz-elegido-nuevo-canciller-alemania-bundestag/2237345.shtml

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Échale la culpa al centro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El fuerte "castigo" caído sobre Ciudadanos está produciendo alguna que otra interpretación que creo que no se ajusta a la realidad y, lo que es peor, puede conducir a decisiones que se lamenten en el futuro sobre el mapa político español. Todo ello, creo, procede de la imposición de una estrategia interesada y falsa (pero que ha funcionado) sobre el mal llamado "bipartidismo" español.
Vayamos a algunos hechos de nuestra historia reciente. 1) La transformación política española que hace posible la "transición" del antiguo régimen franquista hasta la nueva democracia pasó por la creación de un "centro", que quien lideró el cambio entre una maraña de partidos, de izquierda y derecha, tanto "históricos" como de nueva creación. 2) el proceso que se desencadenó fue el de desaparición de partidos, por ambos lados del espectro, consolidando una derecha centrista, que en una segunda tanda se produjo por una nueva fusión (conservadores, liberales, demócrata-cristianos, etiquetas con un perfil ideológico claro), y una izquierda centrista que tuvo sus fusiones en dos bloques (centro izquierda, con socialdemócratas y socialistas, por un lado, y una izquierda ordenada alrededor de los comunistas y grupos político-sociales afines). 3) A estos hay que añadir el peso local de los grupos de corte nacionalista de ciertas autonomías, —Galicia, País Vasco y Cataluña—, también con su espectro más radical entre la derecha y la izquierda, con grupos cercanos al terrorismo en ocasiones. 4) El centro desaparece absorbido cuando se producen las alternancias del centro derecha y del centro izquierda (PSOE y PP). 5) La izquierda queda dividida, lo que produce un conflicto que les aleja del centro al ser cuestionada desde su propia izquierda, que gana peso acusando de "indefinición" o de "abandono" de sus causas sociales frente a la larga crisis económica española. 6) El centro izquierda, por temor a perder su electorado ante la presión de la "nueva izquierda" se aleja del centro. 7) El mismo fenómeno empieza a ocurrir como reacción a la radicalización de la izquierda por la derecha, por lo que surgen dos fenómenos consecutivos: primero la emergencia de un centro (Ciudadanos), como respuesta al endurecimiento de las políticas en la política de enfrentamientos, y la emergencia de un partido más radical por la derecha, Vox.


Esto es una simplificación, pero creo que el resultado final de esta lucha por la definición ha sido un mayor grado de radicalización en las posturas, que creo que es un fenómeno diferente. Quien lo ha pagado, como sabemos, ha sido precisamente el centro, con Ciudadanos, que como ocurrió con el primer centro español tras el protagonismo de la transición hasta la llegada de los gobiernos socialistas —de más de una década, recordemos— desapareció desmembrado por sus contradicciones y por el abandono de su propio espacio, del que fue desocupado por las fuerzas de ambos lados del espectro. Durante años, la fórmula política era que en España las elecciones se ganaban en el "centro", un espacio de moderación y estabilidad para el conjunto del país.


Los efectos de la desigualdad tras la crisis económica, los casos de corrupción sin resolver adecuadamente por los partidos y la crisis secesionista, principalmente, han dado lugar a un aumento considerable de la inestabilidad y de la ingobernabilidad. En vez de ir hacia el "centro" convergente y del diálogo, España se ha dirigido hacia los extremos y el fraccionamiento. Eso quiere decir que todos los grandes pierden fuerza, mientras que son los más radicales (derecha, izquierda y secesionismo) los que pasan a tener más poder del que realmente les han dado las urnas porque tienen la capacidad de ser llaves para el gobierno.


El drama histórico es la desaparición de una bisagra moderada —del centro, como los liberales en Inglaterra, por ejemplo— y la aparición de "bisagras radicales" ofreciendo ayudas envenenadas para una gobernabilidad que solo será un foco mayor de inestabilidad, produciendo una mayor radicalización por la derecha, como respuesta, y un fraccionamiento mayor por la izquierda, a la que se obliga a elegir entre un modelo nacional moderado y otros secesionista más radical por sus posiciones locales.
La cuestión está en saber si este mapa seguirá fragmentándose y radicalizándose con cada nueva elección y condenándonos a un futuro proceso de caos o si se producirá una nueva reorganización en torno a la moderación de un centro tripartito, desplazando la radicalidad a una periferia testimonial que pierda fuerza política.


La consecuencia de nuestras frivolidades políticas es la inestabilidad. Lo que tenemos por delante es más que oscuro y políticamente cainita al esconder procesos de intentos de recuperar el espacio perdido, el añorado tras los descensos de todos los grandes por el ataque de pirañas de los pequeños, que se han vuelto más poderosos.
Lo que está sobre la mesa no permite alegrías y lo que se propone solo llevará a nuevos enfrentamientos pues lo que se cuestiona tiene líneas rojas por todas partes. Crear turbulencias, como estrategia, en vez de avanzar hacia zonas estables y seguras, con acuerdos entre interlocutores razonables en planteamientos y en objetivos, es mejor que este clima de desmembramiento que vivimos hoy. Ningún acuerdo, por más que ofrezca un gobierno asegura la gobernabilidad. En este contexto, el hundimiento del centro es la peor señal y, además, el peor futuro ya que —como vemos— los dos partidos mayoritarios han perdido fuerza y temen perder más si se desplazan hacia el centro, al estar vigilados por los más radicales.
En España, el centro es necesario para recuperar una bisagra posible y no tener que recurrir al radicalismo que cuestiona el sistema desde diversos ángulos. Eso solo dará más enfrentamientos, crispación social y desvió de los problemas reales en beneficio de los problemas creados por los políticos y sus intereses partidistas.
No se puede pactar el gobierno de un país con los que quieren dividirlo porque te arrastrarán cuando consigan lo que quieren. Es de sentido común. Eso no es diálogo; es demagogia. No basta con "dialogar"; hay que construir un espacio posible con interlocutores posibles. Ese es el reto y no simplemente "sumar". Y es precisamente lo que no han sabido o querido hacer los políticos españoles en estos años. Han buscado "sus espacios", pero no "el espacio". Les ha preocupado más lo suyo que lo nuestro. Debemos —deben— cambiar esto.