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domingo, 16 de septiembre de 2012

Sam Bacile y los Guerreros del desierto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La oscurísima historia del vídeo sobre Mahoma está todavía por desvelarse. Si yo me dedicara a la "política ficción" o a la "historia ficción", si me dedicara a escribir novelas como "Chacal" o "El cuarto protocolo" o relatos así, me saldría una historia perfecta con muchos escenarios en varios continentes, como demanda el género, con muchos dobles y triples espías, mucha acción y muchas gafas oscuras. Escribiría la novela y sería un bestseller; me comprarían los derechos en Hollywood, harían la película, se estrenaría y lo mismo se volvía a montar otro gigantesco embrollo.
Pero no es tan sencillo. Los detalles que se van conociendo son más rocambolescos que cualquier película de espías y nos muestran que el mundo no necesita de grandes conspiraciones para saltar por los aires, que los huracanes se desatan con la simple apertura de una puerta cuando se ha dejado antes abierta una ventana. La conjunción de integrismo y anti occidentalismo, más precisamente, anti USA, une a mucha clientela lanzándola contra embajadas en este caso o en cualquier otro. A la indignación circunstancial de cualquier musulmán que se haya sentido ofendido por el insulto a su religión, se le suma la violenta reacción de los que esperan la primera oportunidad para continuar con su ira cronificada.


Time ha publicado el "Who's who"* del caso y parece ser —como la propia película— el guión de una historia de bajo presupuesto.** La conjunción de profesionales de los niveles más bajos de la escala —guionistas, técnicos y actores— con un personaje extraño, "Sam Bacile" ha creado todo este caos. Bacile apareció con veinte páginas de historia, contrató a un guionista para que les dieran forma, a un director con pseudónimo que parece que no dirigía desde 1994, a actores que creían estar haciendo una película de aventuras (Guerreros del desierto o Tormenta del desierto) y a los que se les cambiaron los diálogos en el doblaje haciéndoles decir cosas que nunca dijeron. Los riesgos de trabajar con un "pantalla verde" detrás, con lo que nunca sabes en dónde se supone que transcurre la acción —pongamos que realizas una escena de sexo y te ponen de fondo la Capilla Sixtina—; las entregas de las páginas de guión el mismo día de rodaje; las mentiras del supuesto director, un falso "Sam Bacile", sobre los productores y la financiación (inexistentes financieros judíos), que le sirvió para liar a gente en el proyecto, etc., han servido para crear una crisis internacional y a tirar por los suelos los esfuerzos de millones de personas.


La persona real detrás del productor "Sam Bacile", que aparece como responsable de la producción y el proyecto, es la que ha sido detenida por la policía. Resultó ser un cristiano copto, egipcio, que se presentaba con el nombre "Nakoula Nakoula", pero cuyo nombre completo es Nakoula Basseley Nakoula. El parecido sonoro de "Bacile" y "Basseley" es evidente y se corrobora con el uso anterior de documentos falsos con el nombre, entre otros, de "Nicola Bacily". Nakoula tiene historial delictivo por fraude y ha pasado algún tiempo en la cárcel. Parece ser el responsable del proyecto, el que enganchó con promesas a unos y con engaños a todos. Los actores participantes han realizado una declaración señalando haber sido manipulados y engañados, y no se hacen responsables del contenido e intención que se ha dado a sus actuaciones o a la propia película.


La historia se complica más allá del mundo del cine cuando intervienen los grupos radicales antislámicos. La película se llamó durante un tiempo "La inocencia de Bin Laden", lo que hizo saltar alarmas y le dio alguna notoriedad. La difusión de un copto norteamericano, conectado con el pastor Terry Jones, del tráiler en su blog fue un elemento que compensó el cine medio vacío en el que se exhibió la película una vez. El apoyo de Jones, una vez más, otro error de ese monumento andante a la estupidez peligrosa.
La difusión indignada de algo de lo que no se habían enterado el 99'999 (podríamos añadir algunos decimales más) de la población de Estados Unidos y nadie del resto del mundo alcanza máximo apogeo gracias al escándalo del radicalismo del otro lado, de los islamistas. El escándalo estalla y con él la muerte y la destrucción.
¡Se puede iniciar una guerra con menos de 100.000 dólares!, que es el presupuesto con el que parece que contaba Nakoula Basseley Nakoula, alias "Sam Bacile", para "su" película. ¡El odio y la ira son el mejor "apalancamiento"! Con poca inversión, se consigue mucha destrucción.


Lo malo de estas situaciones es que sirven para que los que quieren arrastrar a los demás hacia sus posiciones extremas se salgan con la suya. Sirven para confirmar las posiciones ideológicas: a los islamistas radicales les sirve para convencerse de que "Occidente" (no Nakoula Basseley Nakoula) está contra ellos y se dedica todo el día a pensar cuál es la forma mejor para injuriarles; y sirve, por el otro lado, para convencer a los radicales islamofóbicos de Occidente de la "locura del Islam" en su conjunto.
El crecimiento de este clima puede beneficiar a unos y a otros al ganar protagonismo social creando un clima más favorable a la expansión de sus ideas radicales y de odio. Las primeras víctimas son los muertos y heridos en la violencia desatada por el maldito tráiler; después todas las personas moderadas, la mayoría, que no ven con buenos ojos estos excesos que no conducen más que a destrucción y aislamiento.

Me preocupan especialmente las personas que están trabajando por la apertura del mundo árabe hacia el resto del mundo y que ven reducida su capacidad de trabajar por sus pueblos como desean. La principal baza para el mantenimiento del control social es el aislamiento. Creando la sensación de vivir en un mundo hostil, es más fácil conseguir que la gente renuncie a su libertad y se ponga en manos de los salvadores de sus cuerpos y almas.
Un mundo intensamente interconectado es un arma de doble filo. Facilita la comunicación, pero también puede actuar como amplificador de la ira y del agravio creando situaciones desproporcionadas en sus resultados. Los millones de personas que han salido a la calle en muchos lugares del mundo no necesitan tener Internet o haber visto el tráiler de la película. Les basta seguir al que se pone al frente de la manifestación y estallar por lo que le dicen que ha ocurrido: que Occidente en pleno ha ofendido al Profeta. Desde los barrios más pobres de Yemen hasta las calles centrales  de El Cairo se produce un grito y la sangre y el fuego corren. No hace falta más; solo prepararse para la próxima.


Lo han pagado ya muchos, pero lo seguirán pagando en el futuro muchos otros que sufrirán las iras de cualquiera que sienta que su mano es la justicia y matar su obligación sagrada. El trabajo moderado de muchas personas ha sido pisoteado por las masas violentas que descargan su ira contra quienes no tienen la culpa de nada, como el embajador norteamericano en Libia, un amigo del pueblo libio. Con su muerte la causa libia ha perdido otro apoyo. No han matado a un enemigo, sino a un amigo. 
No se trata solo de ir contra Occidente, sino de aislar a los moderados imposibilitándoles el discurso interno y el contacto exterior. Los interesados en presentar un "Occidente" lleno de Terry Jones y Anders Breivik coinciden con aquellos otros interesados en presentar un "Oriente" lleno de Bin Laden: el aislamiento. Existen Anders Breivik y Bin Laden, sin duda. Pero también existen millones de personas más interesadas en trabajar en otra dirección que es importante que se mantenga, la del conocimiento y la convivencia. Es la única forma de no caminar hacia el desastre. Es un camino difícil, pero al que no se debe renunciar.
"Guerreros del desierto" es una película que no estará en la Historia del Cine, pero que desgraciadamente ha entrado, con sangre, en la Historia.


* "Friends of 'Sam Bacile': A Who's Who of the Innocence of Muslims Film" Time 13/09/2012  http://newsfeed.time.com/2012/09/13/friends-of-sam-bacile-a-whos-who-of-the-innocence-of-muslims-film-project/
** "How Innocence of Muslims Emerged from the Seamy Side of Hollywood" Time 15/09/2012
http://nation.time.com/2012/09/15/how-innocence-of-muslims-emerged-from-the-seamy-side-of-hollywood/


Más información:
AP: "California man confirms role in anti-Islam film" AP http://www.google.com/hostednews/ap/article/ALeqM5ifWYKzUPaqJJsJ5aj-58K0JCL1Fg?docId=91c9d18979f24144ba8ea358237f046f





miércoles, 12 de septiembre de 2012

Una carta, muchas preguntas y algunas respuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy he tenido un día "global". Por mi despacho han pasado estudiantes españoles, chinos y egipcios. Concretamos los temas de sus futuras tesis doctorales sobre comunicación intercultural, sobre cómo eliminar barreras, evitar malentendidos, deshacer tópicos;  completamos los papeles administrativos en la rutina de las cartas de aceptación, y nos mostramos ilusionados con la perspectiva de contribuir a que el mundo se conozca un poco mejor. Con un poco nos conformamos.
Una estudiante egipcia me decía divertida que algunos españoles con los que se ha encontrado este tiempo han llegado a preguntarle si tomaba baños de leche de burra, como Cleopatra. Nos hemos reído y le he propuesto que mejor les cuente que todas las noches se venda como las momias antes de acostarse. Otros pensaban, me dijo, que debía llevar velo allí y que se lo quitaba aquí. Lo mismo ocurre con los estudiantes chinos cuando salen las discusiones en clase sobre la distorsionada imagen que se pueda tener de ellos, su cultura y desarrollo. No nos conocemos y no sé si nos interesa.

Todas estos estudiantes, gente que ha apostado por vivir como puente entre dos culturas, que tienen conocimientos de las lenguas y de la realidad de cada país, se desesperan cuando ven reproducidos en los medios o en boca de las personas los tópicos más necios o infames, la ignorancia limitada al absurdo. Les digo a todos que es su tarea despejar el camino de basura y adentrarse en ese conocimiento recíproco que alivie los malentendidos y las crisis.
Cuando en la tarde llego a casa, me encuentro, en el correo de Facebook, con un texto que me envían desde Egipto al hilo de la crisis abierta por los asaltos a las embajadas de Libia y Egipto con motivo de la proyección de un desconocido hasta el momento documental sobre la vida de Mahoma, con el despreciable Terry Jones de animador y con el 11-S como fecha conmemorativa. 
El texto está compuesto por una serie de preguntas, una auténtica ráfaga tormentosa de cuestiones sobre la situación que se vive por una persona que está situada en el ojo del huracán, que contempla las manipulaciones, la maniobras para destruir la convivencia. Y le surgen decenas de preguntas, suposiciones, sospechas.
Tras leerlo esta es mi carta de contestación, el texto que le he hecho llegar por la misma vía que me envió el suyo. En la medida que pueda servir a otros —a mí mismo—, lo reproduzco aquí con alguna ampliación:

Hola, M...! Son muchas preguntas las que te haces :) Podrían ser muchas más. Yo no tengo respuestas a muchas de ellas y trataré quizá de contestar a algunas en estos próximos días. No es fácil responder porque vivimos en un mundo de malentendidos donde hay demasiados intereses en que unas cosas salgan bien y otras salgan mal. Pero la cordura es un elemento que nos pertenece a cada uno y el que quema el Corán o el que quema una embajada es responsable de lo que hace, lo haga en nombre de quien lo haga. El problema es a cuántos consideramos responsables de ello y a quién castigamos y si somos más injustos cuando queremos ser "justos". El mundo es muy complicado. Y ahora pequeño.
Te mando algunas respuestas parciales a lo que me preguntas con cosas que escribí antes, cuando lo de Terry Jones [ver entrada], por ejemplo, o sobre el acoso del Eid [ver entrada] o anteriores, porque no es solo a las cristianas a las que se les acosa. El que crea eso es tonto o está manipulado. Es un tema que me preocupa y del que he querido enterarme porque lo he visto con mis propios ojos sobre mis amigas paseando por El Cairo.
El mundo es muy complejo y no hay respuestas sencillas para casi nada. Una respuesta sencilla es quemar libros o fotos o quemar personas. Lo suelen hacer las mentes más simples, que tienen el mundo muy claro. Me encanta que te hagas preguntas porque es señal de que te importa realmente lo que te rodea. Es más importante tener preguntas que matar gente, bombardear casas o incendiar iglesias o mezquitas. A veces la vida es como un castillo de naipes que hay que ir reconstruyendo cada pocos niveles. Se nos cae con un soplo de viento o un movimiento de la mesa. Es triste, pero es así.
Es desesperante, en efecto, ver lo que cuesta avanzar y que por cada paso que se avanza hay dos de retroceso. Es triste ver que en el mismo escenario en el que se daban las gracias a los Estados Unidos por evitar los bombardeos de Gadafi sobre la población, se asalte hoy, unos meses después, su embajada y se asesine al embajador, alguien que fue expulsado por el dictador por su apoyo a los rebeldes libios, además de a otros miembros del personal diplomático. Muertes absolutamente injusta e inútiles. Ellos no son los "Estados Unidos"; son seres humanos.
Son muchas personas las que discuten en el mundo cada día intentando cambiar la imagen de los países árabes e islámicos, tratando de hace ver a sus compatriotas que es posible el diálogo y la colaboración, pero al igual que tú piensas que se desmorona lo que se consigue, también lo piensan muchos otros, que ven que cada vez es más difícil explicar muchas cosas, como por qué quienes deberían ir hacia adelante, van realmente hacia atrás.
Me duele leer cada día la opinión de personas que dicen que es una pena que se libraran de los dictadores. Sé el daño que os han hecho. Sé que es tan injusto confundir al reverendo Terry Jones con los "Estados Unido" como confundir a los "libios" y los "egipcios" con los que han asesinado al embajador o asaltado las sedes diplomáticas. Lo sé y cada vez que leo noticias así, recuerdo las caras de todos las personas valiosas y sensatas que conozco en esos países, como tú misma, y trato de evitar cometer el error injusto de la generalización. Creo que hace tiempo que aprendí a no caer en esa tentación por personas como vosotros que me hicieron ver que las generalizaciones —"Occidente", los "árabes", los "egipcios", los "españoles", los "cristianos"...— no son más que mentiras fáciles en las que lo peor se toma como norma.
Creo que lo mejor es que las escriba más allá del correo porque no son solo tus preguntas sino las mías, las que me hago cuando veo los titulares o leo los comentarios que suscitan. Y creo que las de muchos más que ven con desesperación que los muros de la irracionalidad, de la intransigencia y de la intolerancia siguen creciendo, elevándose cada vez más altos, justificándose la intransigencia de unos en la de otros.
Te preguntas sobre las conspiraciones y sobre a quién beneficia o perjudica esto. No sé si todo ocurre intencionadamente o no. Sé, por ejemplo, que esto complica la visita de Mohammed Morsi a USA y sé que complica la política internacional de Barack Obama de cara a su reelección. Sé que beneficia a los republicanos; sé que beneficia a los partidos integristas, para los que es importantes mantener aislado al pueblo; sé que beneficia a los partidarios de los dictadores, que justifican así la necesidad de orden y autoridad; sé que beneficia, en fin, a todos los que no creen que pueda existir paz en esas tierras sometidas a demasiadas carcomas.
¿Perjudica a alguien? Sí. A todos vosotros; a los que creen que es posible un futuro para unos pueblos pisoteados por dictadores, visionarios y colonos, que necesitan salir del fondo cavernoso en que han vivido y muchos pretenden que sigan viviendo porque les resulta rentable. ¿Los enemigos están fuera, son conspiraciones como querían Mubarak, Gadafi, Al-Assad...? No. Los principales enemigos están dentro y se llaman intransigencia, manipulación e incultura, tres condiciones con las que es fácil convencer a aquellos que no quieren ni necesitan saber más de nada para que griten, asalten o maten. Ese es el verdadero enemigo; el más difícil de combatir. Esa es vuestra verdadera guerra.
No hace falta un genio para hundir el mundo; basta un imbécil.
Los países son adultos cuando asumen su propia responsabilidad en los bienes y en los males que les ocurren. Solo así pueden remediarlos. Son los niños los que echan las culpas a otros de lo que les ocurre. Tahar Ben Jelloun escribió al hilo de las revoluciones:

En las grandes manifestaciones no se ha escuchado ningún eslogan contra los otros, los extranjeros, los europeos o los israelíes. Esta vez los árabes han tomado su destino entre sus manos y han decidido subirse al tren de la modernidad sin alegar coartada alguna, sin culpar al resto del mundo. Lo que hagan con esa dignidad recuperada depende de ellos. (14)*

Creo firmemente en lo que dice Ben Jelloun, el escritor e intelectual marroquí, premio Goncourt, con todas sus consecuencias. Desde que el pueblo se levantó para recuperar su dignidad y libertad es responsabilidad de todos y cada uno. Son los que agitan las banderas contra otros los que se muestran incapaces de construir su destino más que como miedo o ira, fuerzas autodestructivas de la libertad. Los pueblos son libres porque creen que su destino está en sus manos. Hay que creerlo y practicarlo. Si no, las fuerzas negativas lo arrastran hasta el fondo del pozo de la historia.
Son muchas preguntas sin respuestas. Cada día más. Preguntarse es necesario; también avanzar, no dejarse llevar por los vientos ciegos que arrastran a la irracionalidad, el peor caldo de cultivo y del que nada puede salir.
Seguiré apostando —como lo hizo el embajador Christopher Stevens, un enamorado de Oriente Medio— por las personas, separando el trigo de la paja de la generalización; creyendo que es posible construir algo con buenas personas. Lo intento cada vez que nos sentamos a pensar una tesis o un proyecto de investigación, un curso que impartir. Cualquier cosa que me ayude a comprender mejor a los que son distintos en muchas cosas, pero semejantes en muchas otras. No sé si sirve de algo, pero lo intento. Sé que muchos otros, desde allí lo hacen también.

* Tahar Ben Jelloun (2011): La primavera árabe. Alianza, Madrid.







sábado, 23 de julio de 2011

No lo intente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No lo intente. Es imposible ponerse en la mente de un asesino de este tipo. No hay esfuerzo que pueda acercarle siquiera al sentimiento necesario para llegar a ese extremo. Y siéntase afortunado por no poder hacerlo, dé la gracias porque le resulte física y metafísicamente imposible ponerse en la mente y situación de un asesino como el de Oslo, alguien capaz de causar la muerte de 7 personas mediante una bomba y después salir con su arma automática a cazar a 84 jóvenes en una isla convertida en ratonera, uno a uno, rematándolos en el suelo, en el agua, poseído por el frío deseo de acabar con todos ellos. Y finalmente no se suicida. Los que ponen una bomba y los que van con una metralleta matando gente con toda tranquilidad suelen ser mentes diferentes. Aquí se mezclan las dos en un ejemplar, esperamos, que único. Que siga vivo es una muestra de que lo es. No se suele atrapar a este tipo de asesinos, que ven su crimen como un apocalipsis en el que inmolarse. No, este no.
Provocó el estallido de la bomba a sabiendas que eso haría ir a las fuerzas de seguridad al lugar de la explosión. Y se dirigió al otro lugar elegido, vestido de policía, a sabiendas de que se le abrirían todas las puertas, que su presencia sería bienvenida por el temor de lo ocurrido. No podemos meternos ni en la piel ni en la mente de un asesino así. Un criminal de este porte solo podemos entenderlo metafóricamente como el resultado de la tensión extrema entre cultura y naturaleza. Reúne lo peor de ambas. Tiene los instintos naturales de un depredador frío e instintivo y tiene los peores argumentos que la cultura ha acumulado en los cubos de la basura ideológica. La basura cultural se pudre delante de nuestras casas porque el camión de la Historia nunca termina de pasar. No nos acabamos de desprender de la barbarie. La metemos en bolsas de distintos colores para marcarlas, pero siguen allí, atrayendo moscas verdes y gusanos que se forman en la podredumbre frente a nuestras casas limpias y bien ordenadas.

Estos asesinos se realimentan con las iras, las fobias y los odios de los moderados. La elevación del tono de ciertas intransigencias políticas e interculturales alimentan a estos enfermos, que son la caricatura de ideas políticas o religiosas que reciclan sobre sus distorsiones patológicas. La imbecilidad de un predicador norteamericano, su farsa de juicio al Corán, costó la vida a personas que no eran responsables de nada pero que sirvieron de blanco para que otros tarados, en otro lugar del mundo, hicieran prevalecer la voluntad de Dios, a la que tienen acceso permanente y privilegiado. Líbrenos Dios de personas de tan fino oído.
Unos escuchan a Dios y otros a la Historia, pero todos son incapaces de ver que a los que aniquilan son sus semejantes y sus diferentes, que compartimos una misma naturaleza y nos diferenciamos no por nuestras verdades sino por nuestros errores, voluntarios o involuntarios. Solo el soberbio, ya sea por los genes o por la educación, por lo que ha comido o por lo que ha leído, cree ser la encarnación de una verdad más allá de sí mismo y de los tiempos. La cultura no nos libra de la muerte, pero podría liberarnos del asesinato, acto de la voluntad. Al menos de este tipo de asesinatos, surgidos de la intransigencia y del rumiar morboso de la inteligencia.
Mientras se siga alimentando una cultura del odio, decorada con los adornos que se quiera, corremos el riesgo de que este tipo de crímenes se produzcan para nuestra vergüenza. No busquemos mucho en sus antecedentes médicos. Mejor rebusquemos en lo que fue recogiendo a lo largo de su corta vida, en qué escuchó que le hizo fraguar en su mente esta monstruosidad fríamente calculada. No le echemos la culpa a los genes; busquemos en la cultura, en su biblioteca,  en sus películas favoritas, en sus animadas charlas con los amigos un sábado por la tarde con unas cervezas. Un motivo más para medir nuestras palabras.


sábado, 2 de abril de 2011

El diablo existe y se llama Terry Jones


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nunca deja de sorprendernos la cantidad de personas rematadamente estúpidas y su capacidad para ser escuchadas. El autoproclamado reverendo Terry Jones había saltado a la fama por la amenaza de la quema de coranes en el aniversario del 11-S, convirtiendo esa fecha en “Día Internacional” dedicado a ese propósito. Frenado por manifestaciones en todo el mundo, por los llamamientos de las autoridades norteamericanas, advertido de lo que podía pasar, el rematadamente imbécil Sr. Jones, el intransigente Sr. Jones, el purificador Sr. Jones, y un puñado de la misma ralea, han logrado hacerlo. Y sabemos ya sus consecuencias: veinte muertos, de ellos siete trabajadores de Naciones Unidas en Mazar i Sharif, en Afganistán.*
No sé si existe forma penal de responsabilizar al Sr. Jones por esas muertes, pero sí se le podrán plantar en la puerta de esa iglesia de Florida las imágenes de los cadáveres que su acción irresponsable, ignorante e injusta ha causado.

 
Entre el derecho a caricaturizar a Mahoma y el derecho a quemar coranes, Occidente está haciendo un flaco servicio a la libertad y a la convivencia en un mundo en el que cada vez se hacen más necesarias. No basta con tener libertades, hay que usarlas bien. Los miles de musulmanes que, como miles de cristianos, tratan de establecer líneas de convivencia y encuentro, se ven desbordados por las acciones de energúmenos y tarados que en nombre de causas agnósticas o integristas, ya que ambos coinciden en lo mismo, son incapaces de respetar lo que no entienden. Cada paso que se avanza, se tuerce por las acciones minoritarias de los cruzados de la ignorancia o de la intransigencia. Convertidos en salvadores del alma o de la razón, lo único que hacen es traer más intransigencia al mundo disfrazada de plegarias o de chistes. ¡Líbrenos la Nada de tanto “salvador”!
En la película de Yussef Chahine El destino (Al-massir 1997), se hace decir a nuestro andalusí Averroes, enfrentado a los irracionales integristas que ganaban terreno: “Convertís la religión en ignorancia y la ignorancia en religión”. Entre esos dos extremos nos estamos moviendo hoy con gente como el Sr. Jones.
El Gran Muftí de Egipto, Sheihk Ali Gomaa, escribió un ejemplar artículo cuando se produjeron los brotes de intransigencia contra los cristianos coptos. En él decía: “The Islam that we were taught in our youth is one that calls for peace and mercy. The first prophetic saying that is taught to a student of Islam is, “Those who show mercy are shown mercy by the All-Merciful. Show mercy to those who are on earth and the One in the heavens will show mercy to you.” What we have learnt about Islam has been taken from the clear, pristine, and scholarly understanding of the Quran, “O people, we have created you from a single male and female and divided you into nations and tribes so that you may know one another.”*
No sé qué tipo de misericordia espera encontrar el Sr. Jones en esa otra vida en la que cree. Solo sé que no ha contribuido a la felicidad de nadie, ni ha paliado el dolor existente en el mundo en esta. Solo sabemos todos, a ciencia cierta, el dolor que ha traído a muchas familias cuya única culpa era tratar de aliviar el caos en el que nos meten personas como el Sr. Jones. Convertido en ridículo juez en un ridículo tribunal condenó el Corán a la hoguera. Esperemos que en el Juicio final le toque un juez similar.
No sé si existe el diablo o no; pero sé que existe el Sr. Jones. Y con eso nos basta y sobra.

* “La fanática hoguera de una diminuta iglesia prende la mecha del odio global”.  El País 2/04/2011 http://www.elpais.com/articulo/internacional/fanatica/hoguera/diminuta/iglesia/prende/mecha/odio/global/elpepuint/20110402elpepiint_2/Tes
** “Equal and Full Citizenship must replace Sectarism” 14/03/2011  The DailyNewsEgypt http://www.thedailynewsegypt.com/columnists/equal-and-full-citizenship-must-replace-sectarianism.html