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domingo, 14 de diciembre de 2014

El órdago de Fuenteovejuna o más sobre la tasa Google

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo malo de las noticias que afectan a los medios es que tienes que recurrir a ellos para enterarte. No suelen ser buenos informadores de sí mismos. Todo esto viene a cuento por lo planteado estos días como consecuencia del cierre de "Google News" ante la imposición de la llamada "tasa Google" y que nosotros llamábamos irónicamente "tasa Fuenteovejuna", pues no es voluntaria. Es "irrenunciable", que era la forma de evitar que nadie se escapara del acuerdo, puesto que los intereses de los medios son divergentes ante este caso. 
El argumento de Google, ya lo conocerán, es que ellos no ganan nada con su servicio —que está libre de publicidad—, que por el contrario redirigen hacia los medios españoles millones de visitas, de las que ellos sí se benefician, y no están dispuestos a sufrir ningún imposición unilateral. La consecuencia es, como sabemos, el cierre inmediato de Google News para España. Los medios españoles no serán recogidos, siguiendo su expresa petición, por el agregador. Los que quieran leer las noticias tendrán que ir directamente al medio o usar el buscador general. De nada han servido las patéticas declaraciones del señor ministro Wert diciendo que Google se ha adelantado al irse y que había que sentarse a negociar. Espantoso ridículo.

Las ventajas de los agregadores de noticias son muchas. La principal es que el lector puede programar su dispositivo para filtrar aquellos medios y noticias que quiera. Es una forma de lectura fácil que hace que se deriven hacia los medios seleccionados a los lectores, de forma que se benefician los medios, que reciben a los visitantes redirigidos. Pero esto no era suficiente. Los editores españoles querían más. Querían, como les han acostumbrado los gobiernos españoles, un canon. Y el gobierno quería ser tratado por una vez bien por los medios de comunicación cediendo en este disparate que no era más que un órdago de pretenciosos. Y eso es lo que el gobierno les dio, lo que querían. La respuesta de Google: ¡adiós!
Toda la prensa internacional se ha hecho eco de la machada española, de gobierno y editores. "¡España pone contra la espada y la pared a Google!", les hubiera gustado leer en los titulares de todo el mundo. Pero no ha sido así.
Desde Londres, en la sección Bits de The New York Times, Mark Scott escribía sobre España con el título "Google News to Shut Down in Spain" y establecía los precedentes considerando, entre otros, el caso alemán:

After Germany passed rules that permitted publishers to charge aggregating sites when their articles appeared online, Google removed many German organizations from its news product, which led to a drastic fall in online traffic to some newspapers’ sites. Axel Springer, which has talked openly about Google’s dominance, experienced a 40 percent decline in traffic coming from Google’s search results and an 80 percent drop in traffic from Google News, according to Mathias Döpfner, Axel Springer’s chief executive.
Mr. Döpfner said that Axel Springer would have ‘‘shot ourselves out of the market’’ if the company had continued demanding that news aggregating sites pay a licensing fee for its content.*


Pero el caso alemán no importaba, ¿para qué? Está claro que desaparecer de Google News y otros agregadores no trae ningún beneficio. Ni se cobrará el canon ni se recibirán más lectores. De todo esto habían advertido instituciones como las asociaciones de usuarios y la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, que señaló también los problemas con bastante sensatez. De nada sirve ante el ministerio de Cultura, roca inexpugnable.
The Washington Post advertía también de los efectos para las audiencias fuera de España, ya que Google News tiene muchos lectores fuera del país, con más de cuatrocientos millones de hablantes de los que no somos más que el 10%:

The move announced Thursday will reverberate around the globe. Besides closing Google News in Spain, Google Inc. also is blocking reports from Spanish publishers in the more than other 70 other international editions packaged by Google News.
Google News’ exile of Spanish publishers begins Dec. 16, a couple weeks before the start of a Spanish intellectual-property law requiring news publishers to be paid for their content, even if they are willing to give it away.
That means people in Latin America, where Spanish news organizations have sought to boost their digital audiences, won’t see news from Spain via Google News. Also set to disappear are reports in English from Spanish publishers like Madrid’s leading El Pais newspaper.
People who use Google’s standard search in Spain and anywhere else around the world will still be able to find articles on their own from Spanish publications, because the law applies only to aggregators and not to individuals who do their own searches outside of Google News.**


Efectivamente, un apagón informativo. Gracias a esta medida, las noticias de España quedarán en manos de otros diarios, que —como sabemos— se mueren por informar de nosotros más allá de la Liga y la cifras del paro. ¡Pobre "marca España"!
Ignorar los mecanismos de lectura actuales a través de los nuevos dispositivos y, lo que es peor, ignorar sus efectos globales es de una gran irresponsabilidad, por no decir otra cosa. Desde hace años existe una tendencia a ponerle puertas al campo. Es el intento de forzar a través de las leyes lo que son las nuevas situaciones de la vida comunicativa global. La propiedad intelectual surge en unas condiciones específicas, con unas formas de reproducción que no son las mismas que existen ahora con los nuevos medios y formas de circulación. Los editores españoles —en otros países han intentado estas u otras fórmulas— han echado las culpas de su propia inoperancia a las condiciones legales y creen que la forma de combatir sus frustraciones es este tipo de medidas, que demandan a los gobiernos cuando la sociedad las rechaza. Deberían haber aprendido hace mucho tiempo que no se gana nadando contra la corriente, sino buscando formas de aprovecharla. Es penoso ver cómo hunden los propios medios intentando atrapar lo que se les escapa por acumulación de errores. Los ataques contra los agregadores y, lo que es peor, contra los enlaces, "links", demuestran el desconocimiento profundo de lo que es la red, a la que ven únicamente como un mercado. Esta lucha se da desde mediados de los 90 en que pensaban que podrían controlar las redes mediante frenos legales que volvieran de nuevo vertical lo que se había vuelto horizontal.


Los análisis realizados desde diversos medios internacionales critican y consideran absurda la medida española, un suicidio informativo. Pero la clave de esta cuestión la pone la BBC. Hace unos días lanzábamos una pregunta: ¿qué ocurre con los medios españoles que tienen sus filiales en Hispanoamérica o cualquier otro lugar? La Tasa Google es obligatoria, irrenunciable, nadie escapa de ella. Pero es exclusivamente "española"; no obliga a los medios exteriores. La BBC también se ha ocupado de las consecuencias. Lo ha hecho en un artículo titulado "¿Cómo te afecta en América Latina el cierre de Google News en España?". La cadena lo divide en tres puntos. El primero es que no se encontrarán noticias de medios españoles en Google News, que es el efecto primero; en segundo lugar señala que seguirán encontrándose las noticias el buscador de Google o cualquier otro igual que antes. Pero lo interesante es la tercera cuestión:

3. ¿Y si las noticias se originan fuera de España?
Google News tiene más 70 ediciones distintas en el mundo, en las que se muestran noticias de 65.000 editores.
La nueva legislación sobre Propiedad Intelectual afecta sólo a los contenidos generados por medios españoles.
Si "la matriz" que originó un contenido está fuera de España, esa noticia sí podrá aparecer en las plataformas mundiales de Google News, según le explicó a BBC Mundo Anaís Perez Figueras, jefa de prensa de Google España y Portugal.
Este matiz, si bien algo complejo, es interesante porque implica que algunos contenidos que sean aparentemente de un medio español sí puedan aparecer en el servicio de agregado de contenidos de Google.
Algunos grupos mediáticos españoles pueden tener empresas subsidiarias en el extranjero que editan contenido, por ejemplo una cabecera en algún país de América Latina que edita una edición local de un periódico.
Esos contenidos sí podrán aparecer en los índices de Google News.
"Lo que no verás son todas aquellas noticias que pertenezcan directamente a lo que es la matriz española", apuntó Pérez Figueras.***


¿Cómo van a reaccionar los medios de Fuenteovejuna cuando empiecen a aparecer noticias de "colegas" en los agregadores, noticias elaboradas en España que aparecen en sus ediciones españolas, pero que son reproducidas desde alguna de sus cabeceras con las que hacen las Américas? Puede que alguno se sienta un poco engañado. Puede alguno que incluso sospeche que el énfasis que algunos han puesto en el cierre informativo tenía ya en mente que lo comido por lo servido. Este es el temor que anunciábamos el otro día.
Decía el gran David Mamet que cuando vayas a una partida de póker y no sepas quién es el primo es que eres tú. En algunos de los comentarios y reacciones sobre esta delirante tasa señalaban que les daban tres meses antes de que los editores fueran a pedir que la retiraran. Cuando los órdagos no salen bien, no siempre es fácil deshacerlos. En cualquier caso, no se tardará mucho en ver los efectos, directos e indirectos, que pondrán a prueba la paz precaria de Fuenteovejuna.


* "Google News to Shut Down in Spain" The New York Times 11/12/2014 http://bits.blogs.nytimes.com/2014/12/11/google-to-drop-its-news-site-in-spain/
** "Spanish news to vanish from Google News globally" The Washington Post 11/12/2014  http://www.washingtonpost.com/business/technology/google-news-to-go-dark-in-spain-over-google-tax/2014/12/10/8874bd70-80dc-11e4-b936-f3afab0155a7_story.html
** "¿Cómo te afecta en América Latina el cierre de Google News en España?" BBC 12/12/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/12/141212_tecnologia_google_cierre_espana_como_afecta_america_latina_ig






viernes, 12 de diciembre de 2014

La tasa Google o Fuenteovejuna, ¡todos a una!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Otra tontería más. El empeño en caminar hacia la propia tumba sorprende y es lo que, advertidos desde mucho lugares, ha ocurrido. Incapaces de generar interés rentable, los editores de periódicos españoles se han lanzado al abismo a intentar arañar unos euros a Google y demás agregadores de noticias. En su momento lo explicamos y también lo que ocurriría. En el mismo sentido, salieron informes advirtiéndolo, pero la soberbia editorial es grande y de la torpeza ministerial, ¡para qué hablar!
Google les ha dado portazo y ahora suenan las palabras patéticas del ministro Wert diciendo que se han adelantado. ¿Había creído el señor ministro que iba intimidar a Google lanzándole un órdago? ¿Creían de verdad que la escuálida prensa española, incapaz de generar beneficios para su propia subsistencia, los iba a lograr de un canon impuesto a Google? Parece ser que sí. A veces las cosas grandes parecen más pequeñas de lejos. Pero Google no se ha molestado en acercarse; simplemente se ha ido. Puede prescindir tranquilamente de las noticias de los medios españoles, algo obvio para el que quiera verlo. No han entendido qué es Google ni cuál es su papel o no quieren entenderlo. No es una cuestión empresarial, sino funcional.
El País lo cuenta así:

La decisión de Google News ha sorprendido a los editores españoles que aseguran que durante dos años —el periodo de tramitación de la ley— han estado dispuestos a sentarse a negociar con el gigante tecnológico. Y siguen estándolo. En un comunicado, manifestaron ayer su voluntad de llegar a acuerdos “que sean beneficiosos para ambas partes”. Eso sí, “dada la posición de dominio de Google”, requirieron “la intervención de las autoridades españolas y comunitarias, y de las autoridades de la competencia, para proteger de manera eficaz los derechos de los ciudadanos y de las empresas”. “No tenemos nada en contra de Google. Al contrario, el buscador es una herramienta muy potente y nos da muchas visitas, pero ignoramos cómo va a afectar esta decisión”, afirmó ayer José Gabriel González Arias, director general de la AEDE. Las empresas editoras se quejan de que carecen de datos certeros sobre el tráfico que genera Google News hacia las distintas cabeceras. Pero, sea el que sea, entienden que los contenidos cuestan mucho dinero y no están dispuestos “a que alguien los monetarice y se aproveche de ellos sin pagar”.*


Jamás se ha visto reculado mayor. Google se ha limitado a decir lo que tenía que decir y hacer lo que ha dicho. Los editores españoles fueron a lamentarse ante el Ministerio, al que le pareció perfecto que los editores vertieran sus lágrimas ante un ministro al que normalmente lanzan cosas y devuelven premios. ¡Por fin tenían a alguien en la puerta pidiendo algo para que les debieran un favor! Y el Ministerio sacó pecho e hizo "irrenunciable" el pago del canon. Con eso se quería decir que no había posibilidades de que nadie —alguno sensato habría— se alejara y dijera que aquello iba a ser contraproducente, como se le advirtió desde muchos puntos, incluidos los usuarios y la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia. El "irrenunciable" convertía la tasa Google en una especie de "tasa Fuenteovejuna": ¡todos a una! ¡Aquí no se raja nadie!


Y ahora Google se ha ido. Más claro: Google no deja entrar a las publicaciones periódicas españolas en su agregador de noticias "Google News". Está fórmula es más exacta que la lectura que se hace de que son los editores españoles los que prescinden de Google y no al contrario. Google dejará de reproducir las noticias. Los que se quedan fueran son nuestros diarios. Con la puerta en la narices. Y ahora vienen las rectificaciones porque hace frío en la calle. ¡Google se adelanta! ¿Cabe mayor tontería?
El diario El País continúa con las explicaciones:

España no es el primer país en imponer una tasa a los agregadores. Lo hizo Alemania en 2013. Pero en aquel caso los editores tenían el derecho, no el deber, de cobrar. Google decidió entonces eliminar el resumen y las fotos de las noticias reseñadas. Y, vistos los resultados, fueron los medios quienes renunciaron a cobrar por los derechos de propiedad intelectual y pidieron volver a ser indexados. En Francia, la firma llegó a un acuerdo con los medios por el que aceptaba compensarles con 60 millones de euros por usar sus contenidos. Y en Bélgica, después de un largo litigio tras prohibir al buscador en 2011 la difusión de imágenes y textos de periódicos belgas, los diarios volvieron a tocar la puerta de Google News.*


Pero la Historia es inútil en la casa de los necios, más de los necios ilustrados. La diferencia entre un derecho y una obligación es la que le va a costar al señor Wert el enésimo ataque. ¡Él, que se había convertido en el adalid de los grandes editores! Sin duda, será él el responsable del desastre y los mismos que le jalearon para el cano obligatorio pedirán su cabeza. Pero hay cola para conseguir la cabeza del señor ministro Wert.. Lo raro es que no se haya llamado ya la "tasa Wert", que hubiera sido lo lógico. Pero todo se andará. Como los grandes medios estaban detrás, se ha librado, pero veremos ahora.


Una vez comprobado que Google no ha reaccionado como se esperaba (ingenuamente), los micrófonos de la prensa española han ido a recoger las aclaraciones, explicaciones, etc. del señor ministro que les ha recibido reinterpretándose a sí mismo y a su doctrina.
El País recoge en otra de sus informaciones lo dicho:

Preguntado por el perjuicio que la decisión de Google puede generar a medios más pequeños en Internet, el ministro ha añadido que quien considere que la retirada del servicio de agregación por parte de algún agregador no supone una ventaja para él, bien porque no quisiera obtener compensación o bien porque piensa que esa reducción de tráfico es perjudicial para él, siempre puede negociar con el agregador.
Fuentes de Educación han precisado que esta negociación no significa en ningún caso que se pueda desistir de ese derecho que por ley es "irrenunciable", sino que las asociaciones de medios de prensa, principalmente AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles), y los agregadores deben ponerse a negociar los términos de esta compensación, pero siempre deberá haber una remuneración mínima. Las mismas fuentes han añadido que con esta condición se persigue evitar la judicialización del proceso como ha ocurrido en países como Alemania, donde la ley no especificaba que no se pudiera renunciara cobrar la llamada tasa Google.**


¡Benditas fuentes que no tienen la necesidad de dar la cara "políticamente" por lo dicho y pueden desmentir a su ministro! Pero la llamada "judicialización" solo se produce si Google mantiene a los diarios españoles, que es justo lo que no va a hacer, según decisión muy clara. Ni reproduce ni negocia, que es otro aspecto que las fuentes señalan con el verbo "deber". Si se retiran, no hay nada que deban negociar. La gigante prensa española quería poner contra las cuerdas a Google, sentarles a negociar mientras se frotaba las manos. Por poco que den, siempre será algo más que nada. Pero Google ya les ha explicado —los expertos les han explicado— que ya les estaba mandando miles de lectores diariamente a través de sus agregadores, aunque ellos no lo quieran reconocer. 
La prensa española no ha acabado de entender el funcionamiento. O no ha querido hacerlo. Me tocó ser moderador en el primer encuentro de periódicos con la OJD a medidos de los 90 y ya entonces se veían una serie de vicios de origen en la comprensión del mundo digital y su funcionamiento que no auguraban nada bueno para el futuro. Ese futuro es ahora desde hace bastante tiempo. Y el estado es calamitoso. Los errores se suceden y las consecuencias las pagan los ciudadanos y los profesionales que se mueven en un mundo periodístico y empresarial muy enrarecido. 
Han hecho daño a los pequeños, que recibían visitas gracias a los agregadores. Los "grandes" van a serlo un poco menos y a seguir acumulando pérdidas. Lo malo de una prensa en pérdidas es que tiene que recurrir a fórmulas internas, vamos a decirlo así, para encontrar su financiación. Una prensa en número rojos es una prensa dependiente y escandalosa. Dependiente porque es más débil y tiene que buscar apoyos en un mundo en el que se pagan caras las servidumbres; y escandalosa porque necesita atraer lectores de cualquier forma.


Los dos aspectos los padece ya la prensa española y con ella los lectores. En un momento en el que la lucha política se hace a cara de perro y con repercusiones mediáticas, que la prensa tenga que agitar la coctelera para mantenerse viva no es bueno para casi nadie. Digo casi porque muchos viven y sobreviven gracias al espectáculo de circo en el que se está convirtiendo la política española. 
Cuando llegue enero y los medios empiecen a hacer cuentas, veremos qué ocurre. Los lectores españoles de agregadores verán que pueden leer las noticias sobre España en otros medios extranjeros que se beneficiarán de esa orfandad y verán que les resulta rentable aumentar las noticias españolas de agencia, por ejemplo. Está por ver qué ocurre con los medios "trasantlánticos", los que tienen un pie aquí y otro en América. ¿Les afecta a sus ediciones "americanas" la tasa española? ¿Se convertirán en la fuente única? Muchas preguntas y mucho tiempo para responderlas.



* "Google News dejará de incluir las noticias de los medios españoles" El País 11/12/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/12/10/actualidad/1418244333_431153.html
** "Wert cree que Google se adelanta porque la tasa aún debe negociarse"  El País 11/12/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/12/11/actualidad/1418306002_183035.html







miércoles, 10 de diciembre de 2014

Polémicas o agítese al crítico antes de usarlo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"El abismo entre novedad literaria y calidad"*. Así titula el diario El País una recolección de respuestas a Harold Bloom. La "polémica" venía servida por una entrevista anterior realizada al crítico y aparecida el día antes en el periódico. El párrafo sobre el que gira la "espontánea" polémica es el que cerraba la entrevista y es el siguiente:

Sobre el estado de la literatura dice: “No me parece que en la literatura contemporánea, ya sea en inglés, en Estados Unidos, en español, catalán, francés, italiano, en las lenguas eslavas, haya nada radicalmente nuevo. No hay grandes poetas como Paul Valéry, Georg Trakl, Giuseppe Ungaretti y mi predilecto entre los españoles, Luis Cernuda, o novelistas como Marcel Proust, James Joyce, Franz Kafka y Beckett, el último de la gran estirpe. Borges era fascinante, pero no un creador”. ¿Y qué piensa de la obra de Bolaño, con el que mantuvo correspondencia? “Hay algo ahí, ya veremos. Tuvimos nuestras diferencias, aunque dijo que ejercí influencia sobre él. Algunos de los poetas sudamericanos son muy vigorosos, ése que es incluso mayor que yo, Nicanor Parra. Y Vallejo es un poeta notable. Y, por supuesto, Octavio Paz, un escritor muy vigoroso tanto en prosa como en verso, y un amigo muy querido”.**



¿Y...? Releo la entrevista y vuelvo a mirar el párrafo en cuestión y sigo sin encontrar el problema. El problema, creo, es que se encuentre un problema en estas afirmaciones. En segundo lugar, también creo, es el tipo de respuesta de algunos de los entrevistados, a veces sorprendente sobre lo dicho por Bloom, al que el artículo encuesta califica como "el gran crítico literario de referencia de las últimas décadas"**. Seguramente a Bloom le hará gracia verse definido como crítico de esta manera.
El planteamiento que se da al nuevo artículo es como sigue:

Un total de 23 actores del mundo del libro se lanzan a afrontar el diálogo provocado por la rotunda declaración de Harold Bloom. Y los hay, unos pocos, que están de acuerdo con la opinión del crítico estadounidense. La palabra clave de la frase es “radicalmente”. Hay autores y libros interesantes en este periodo entre siglos pero consideran que ninguno marcará un punto de inflexión en la historia de la literatura.
A aquellos que no comparten la opinión de Bloom, que son la mayoría, se les ha sugerido que señalen algunas de las rutas notables de la creación literaria actual.**


Se insiste en que la cuestión se centra en el "radicalmente", pero eso solo es relativamente cierto porque el eje se centra en la "novedad", que es la exigencia que desde que el concepto de "genio" y el consiguiente de "originalidad" entran en liza. Lo "nuevo", la "novedad" no siempre ha sido un "valor", pues de valores estamos hablando. Tanto de valores críticos como de valores culturales. Bloom no es un crítico de "referencia"; es una reacción histórica contundente al estado de la crítica literaria en su momento y contra la que se definió acusándola de "relativista" e incapaz de fijar un "canon". Que el contestatario Bloom, el señor enfadado, parezca como crítico de referencia no es más que una pérdida de perspectiva en el devenir de la crítica, especialmente, en el terreno académico norteamericano.

Muchos de los que leyeron a Bloom como autor del "canon occidental" no recuerdan que Bloom lo hizo como respuesta a la disolución de valores ordenadores del sistema literario. Las polémicas con Bloom se saltan el paso de que es Bloom el que se enfrentó a la crítica relativista, que pasó a ser la "referencia" en el mundo académico norteamericano. Lo que le preocupaba es la dispersión de lo que para él era el núcleo de la cultura literaria de Occidente en favor de otras formas cuyos intereses estaban más cerca del comercio y de los territorios académicos propios, es decir, las parcelas que cada uno cultiva y que tiende a valorar excesivamente. Bloom empezó a ser polémico y contundente con su entorno académico, cuando sus colegas confirmaban que el canon era "imperialista", "elitista", "machista", etc. y que había que desmontarlo desde nuevas perspectivas. Nunca se ha visto tan combativo a Bloom como cuando se refiere a las preferencias dispersas de sus colegas.
El propio Bloom lo deja claro en su entrevista:

Desde esa atalaya ha levantado una fortaleza en torno a El canon occidental, una de sus obras más influyentes, contra los usurpadores de la primacía estética: críticos marxistas, feministas, historicistas de nuevo cuño, todo aquel que lea un poema como documento social o mezcle política o ideología con la literatura. Denomina “escuela del resentimiento” a esta lectura tendenciosa, y a sus practicantes, pues sostiene que la lectura “cuidadosa y escrupulosa, desinteresada” es un arte que agoniza.**


Volver a construir una polémica porque Bloom diga que no hay nada radicalmente nuevo en lo que ve, me parece de una gran artificialidad. No se trata de eso. Se trata del funcionamiento del sistema de la literatura en su conjunto.
Bloom no es el crítico de referencia. No puede serlo porque es precisamente un solitario cascarrabias que se negó a navegar las corrientes que le tocaron en su tiempo. Pero sí es el crítico más famoso precisamente por cascarrabias y ser poco entendido. Su defensa del canon entra en contradicción diaria con muchos otros críticos y teóricos que consideran que no es posible un canon porque no es posible un modelo de belleza al margen de las consideraciones culturales en el que se da o, sencillamente, los que consideran que la belleza está en las ventas.
No sé si nuestros tiempos son canónicos; probablemente todo tiempo lo sea. Pero mucho me temo que lo son por unos valores diferentes a los que Bloom considera adecuados.


* "El abismo entre novedad literaria y calidad" El País 10/12/2014 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/09/actualidad/1418156781_961396.html
** "“Todos los días recibo correos con el mismo lamento: ‘Leemos basura”" El País 9/12/2014 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/08/actualidad/1418055903_266402.html