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jueves, 16 de marzo de 2017

Una primera batalla ganada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El resultado holandés es bueno para Europa, pero no arregla los problemas. Solo nos da un importante respiro. Lo más importante ha sido la movilización ciudadana holandesa. Las elecciones europeas en el continente siempre han tenido una participación más baja. Es bueno, por tanto, saber que la cuestión europea ha entrado en las elecciones nacionales como un factor decisivo. Ya va siendo hora de que se tome a Europa como un  aspecto esencial de la propia política nacional.
El otro factor importante es que se ha apostado por una imagen de Europa específica al rechazar en las urnas el populismo ultra y xenófobo de Geert Wilders. Eso es también un factor. Lo que las urnas nos dicen es que los holandeses no quieren en su gobierno a Wilders, pero que tampoco les gusta "su visión" de Europa. En este sentido, lo electores han votado simultáneamente como "holandeses" y como "europeos". Probablemente nunca haya habido unas dosis mayores de conciencia de lo que la Unión se jugaba que en estas elecciones.
Los holandeses no solo han dicho "no" a Wilders sino que los han hecho también a todo lo que estaba detrás de él: el apoyo de Donald Trump, de Rusia, de Brexit y de los que usan la crisis migratoria para debilitar a Europa. Puede que muchos electores holandeses no hayan tenido muchas de estas cosas en la cabeza, pero muchos otros sí, alguna o todas.
Creo que cada vez es más obvio el papel molesto que Europa cumple o puede cumplir frente a situaciones o intereses de otros países. Su conversión en objetivo es un indicador de hasta qué punto se interpone en los planes de terceros.
Europa es en estos momentos, pese a las crisis económicas padecidas —cuyo origen, además fue la crisis financiera norteamericana— un espacio de referencia en diversos sentidos. No ha habido otro caso como el europeo. La formación de uniones con estando nacientes sí se ha producido, pero no que toda una serie de países cuya convivencia no había sido precisamente fácil en el pasado —con guerras de religión, territoriales, dinásticas, etc.— haya conseguido crear un espacio común, con su propia moneda, leyes comunes, parlamento e instituciones, etc.


La interferencia en la idea de Europa por parte de terceros países busca su debilitamiento en diferentes sentidos, del económico al defensivo. El desafío a Europa es mayor ahora que nunca. La crisis pasada ha tenido un carácter mixto, pero ha tenido un efecto: el despertar de unos nacionalismos xenófobos. Este fenómeno se suele dar en las crisis económicas. Se dan no por alguna ley histórica, sino porque es el argumento más fácil para llegara al poder. En los momentos de crisis, el más fácil redirigir los miedos hacia aquellos a los que nos interesa estigmatizar.
El populismo actual es hijo de los miedos que nos rodean. En vez de tratar de encontrar soluciones factibles desde dentro, se ofrece la solución de encierro y la huida. No son soluciones, sino una forma de utilizar el miedo para alcanzar los objetivos, en este caso, el fraccionamiento de Europa y su disolución como Unión. ¿A quién beneficia? Evidentemente no a los europeos, que han podido disfrutar en mayor o menor medida de logros comunes, de un espacio y una colaboración insólita en la historia del continente.
¿Problemas? Todos los que queramos poner sobre la mesa, pero ni uno más de los debidos. Los que plantean que "Europa es el problema" no tienen ningún interés en que la Unión funcione sino, por el contrario, que se colapse, entre otras cosas, gracias a sus intervenciones.
Aquí no se trata de un "patriotismo", sino de un nacionalismo cuyos fundamentos se basan más en la exclusión de los otros que en la definición propia. Es un nacionalismo "agresivo" y "agredido". Es "agresivo" porque va contra Europa, a la que opone su idea imposible de nación que encontrará la felicidad en el aislamiento o en un romanticismo trasnochado. La agresividad proviene de considerar enemigos, parásitos, etc. a todos los que están dentro o fuera. Escuchar a los partidarios del Brexit (y repetir exactamente lo mismo a Trump o a Geert Wilders en sus debates estos días) llorar por la soberanía perdida no deja de tener cierta comicidad patética.


Como país aislado durante mucho tiempo, los españoles sabemos que el segundo gran salto tras el desarrollo y la democracia lo dimos con el ingreso en Europa. ¿Ha sido perfecto? Evidentemente no, pero la mejora fue enorme y muy rápida. Esto le debe ser recordado a las generaciones más jóvenes, las que han nacido en la Unión. El pasado debe servir de ejemplo para evitar la profunda demagogia de la que hacen gala muchos. Las cifras están ahí, junto a los hechos. Afortunadamente, España es consciente de esto y los planteamiento europeístas se mantienen.
El potencial de Europa es su diversidad: el desafío, su armonización, la reducción de las diferencias, que solo puede ser un acto doble de generosidad y solidaridad. El mayor reto estará siempre dentro. Y se producirá por intereses igualmente interiores y exteriores. El caso del Brexit mostrará si es posible estar en Europa y no estar en la Unión. El argumento de la pérdida de soberanía se podrá aplicar a Reino Unido que ha argumentado sentirse parasitado. Ahora probará la nueva situación de estar frente a una Unión Europea y podrá comprobar si le beneficia más estar dentro que fuera. Será un experimento caro y no podrá pedir que ese precio lo pague Europa —en la línea de Trump— porque Europa ya no deberá velar por los intereses británicos sino por los suyos frente a ellos. Los que jueguen la estrategia de debilitar Europa para poder negociar desde la superioridad tendrán que planear muy bien sus estrategias, que hasta el momento es el apoyo, la promoción y la financiación de los antieuropeístas para ver si aumentan su peso dentro de los diferentes países.
En este sentido, la presencia de Donald Trump y la visión de su política altanera y prepotente, está siendo contraproducente para el antieuropeísmo. Al igual que ha movilizado de forma intensa el rechazo a sus políticas y actitudes, Trump está movilizando el voto anti-Trump, ya que sus admiradores declarados y orgullosos compañeros de selfie, se ven afectados por la visión negativa que el mundo tiene del magnate metido a presidente. Como a Trump no le importa tanto su imagen exterior, como la interior, está perjudicando a aquellos que esperan obtener beneficios de él tras su elección. La vigilancia estrecha sobre los intereses de Trump y los casos que salen constantemente se vuelven contra sus admiradores, quienes repiten sus discursos, pero no pueden acercarse excesivamente por los riesgos de verse arrastrados en cualquier momento. Lo ocurrido con Theresa May en el Reino Unido tras invitar a Trump a una visita es bastante elocuente. Cuando quieran atacar a May, les bastará mostrarla de la mano de Donald Trump. El presidente le sacó provecho a la foto; ella, no. Como señaló con ironía el británico The Independent en su titular: "It is unclear who initiated the contact".


La mejor forma de hacer fuerte a Europa es seguir profundizando en sus logros y valorando sus virtudes, que deben ser puestas en práctica.
Queda cada vez más claro, que Europa limita al Este con Turquía, cuya situación evoluciona cada día más lejos de los parámetros de la Unión. Turquía se ha hecho un hueco junto a Rusia y prefiere jugar otro tipo de liderazgo en la zona, algo que le permita usar políticas que Europa no le puede aceptar a Erdogan.
Un logro simbólico importante, más allá de lo anecdótico, es la reelección de Donald Tusk con el único voto en contra de Polonia, su propio país. Es una señal clara de que Tusk ha trascendido el hecho nacional partidista y ha sido capaz de trabajar para la totalidad de la Unión, incluida Polonia. Eso es lo que se le ha reconocido. Es Polonia quien debe cambiar su mentalidad.


¿Es el destino de la Unión Europea jugarse su futuro en cada elección nacional? No debería ser así, pero puede que ese sea su camino hacia el futuro. Solo se puede combatir con ideales, igualdad, justicia y eficacia. Mientras se haga, los europeos nos sentiremos más vinculados unos con otros y todos con la idea de Europa.
El resultado de Holanda es esperanzador, pero un aviso. Wilders ha subido respecto a las elecciones anteriores, si bien sus expectativas se han desplomado. Lo importante es combatir con eficacia los problemas para que los argumentos negativos pierdan consistencia.

Queden muchas pruebas por delante. Esto solo ha sido una batalla. Eso sí, ganada. Pero en cualquier momento se puede perder una guerra.


lunes, 13 de marzo de 2017

Las amenazas de Erdogan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La palabra "democracia" siempre suena a sarcasmo en boca de Erdogan. Nunca es una propuesta; siempre es una crítica. La usa para camuflar su propio autoritarismo, eso para lo que algunos acuñaron la expresión "la deriva autoritaria de Erdogan". Quedó en una frase hecha, en un destino inevitable, ante la desesperación de los turcos que sí quieren una democracia, que rechazan el autoritarismo beato de Erdogan y los suyos.
Instalado en el poder y con pretensiones de reinar durante siglos, si Dios lo permite, el sultán hace demostración de fuerza. No entendemos muy bien que esta teatralidad forma parte del recetario islamista. Lo llaman "humillar a Occidente", el sueño de la frustración de los imperios caídos. Ante sus miles de seguidores, Erdogan da recitales de democracia comparada. Lo hace con balanzas trucadas en las que la provocación de sus enviados y ministros, rechazos sus mítines en tierra extraña, pesa lo mismo que los encierros de periodistas por decenas o las purgas de miles de personas. Erdogan acaba de llamar "república bananera" a Holanda y lo hace desde el progresismo que supone su rechazo a los principios darwinista de la evolución y la genética y la petición a las mujeres turcas de que tengan muchos hijos por la patria. Luego se repartirán como semillas por el mundo y Erdogan y sus ministros irán a recordarles lo que deben hacer en los países donde se encuentren. Para ellos reclamará América, que —según su visión— ya era musulmana antes de que Colón llegara, uno de los grandes robos culturales de la Historia.
Cuando ya conocía la prohibición, Erdogan ha mandado a sus ministros para que el escándalo fuera mayor. Ha llamado nazis a holandeses y alemanes, pero se enfada mucho cuando le recuerdan el genocidio armenio, que para él y sus turcos nunca existió. A los insultos, en el más puro estilo, siguen las amenazas. Erdogan ha advertido que "lo pagarán caro". Señala el diario El País:

A las medidas tomadas hasta ahora –instar al embajador holandés a que no regrese a Turquía y bloqueo del acceso a las legaciones diplomáticas neerlandesas en territorio turco- se le unirán más, prometió el mandatario islamista: “Aún no hemos comenzado (a tomar represalias)”.
Durante la tarde, en un discurso ante sus seguidores en la localidad de Kocaeli buscó además soliviantar los ánimos de las comunidades turcas en Europa: “Me dirijo a nuestros ciudadanos fuera del país. ¿Sabéis lo que tenéis que hacer contra los enemigos de Turquía, verdad?”. Una táctica peligrosa que pone a los euroturcos entre la espada y la pared de su patria de origen y aquellas de acogida, en las que nunca se les ha puesto fácil la integración. “Me dirijo a vosotros, dirigentes del AKP (el partido islamista que gobierna en Turquía). El espectáculo que habéis montado para conseguir más votos lo terminaremos pagando nosotros”, escribía en Twitter la comentarista alemana de origen turco Emine Arslaner.*


Pero eso no le preocupa a Erdogan; más bien le beneficia. Cualquier reacción la usará como gasolina en sus continuos y multitudinarios mítines. Nadie practica tanto el culto a la personalidad como Recep Tayyip Erdogan; nadie está en ese vis a vis continuo con sus votantes como el presidente turco.
Erdogan es uno de esos políticos que viven y llevan a sus pueblos hasta la línea toja y se acomodan allí. Son años de amenazas y de autoritarismo hasta llegar al punto del golpe de estado del pasado julio. Para muchos fue una maniobra para hacer salir a los que quería ver a la luz y la excusa para hacer una gigantesca purga. Desconocemos si fue un "autogolpe" —en Egipto, que no le son precisamente favorables, lo llamaron "el regalo de Dios"—, pero lo que sí es cierto es que le permitió hacer la jugada que llevaba tiempo intentando. Frenó las críticas occidentales por su comportamiento ante los kurdos y el Estado Islámico —brutal con los primeros, más relajado con los segundos, hasta que las críticas volvieron ante las dimensiones de la purga, que involucró a miles de personas, incluidos maestros.
En el revuelto panorama europeo, las amenazas de Erdogan y su llamamiento a la comunidad turca puede ser aprovechado por algunos para acabar de desencadenar unos incidentes que afecten a las elecciones que se celebran en algunos países de la Unión. Erdogan les hace el favor a los ultraderechistas y xenófobos mostrando la cara agresiva de los islamistas cuando están en el poder.
Erdogan tiene dos formas de hacer daño a Europa y Europa lo sabe: la inmigración que pasa por Turquía y el terrorismo. Con estas dos llaves, Erdogan ha conseguido muchas cosas, pero es implacable. Y lo es porque el centro de su discurso es antidemocrático.


El sentido de los ataques a Europa es porque sabe que es el lugar en el que sus enemigos internos —los laicos y demócratas— van a tener acogida. Su futuro no está en Europa, en donde estaría en conflicto permanente. Pero Europa es la excusa perfecta para poder mantenerse en el poder y que su transformación de Turquía de un estado laico en uno islámico se acoja de una manera diferente. Toda su estrategia se basa, por ello, en el desprestigio de Europa que es para él el desprestigio de la democracia occidental. Por eso sus desafíos constantes y ese fariseo victimismo que practica ante sus enardecidos seguidores que ya piensan que antes muertos que europeos.
Cuando ataca a Europa por no dejar pasar a sus ministros a dar mítines antieuropeos mientras encarcela periodistas llamándolos "terroristas", Erdogan está cumpliendo a sus objetivos. Está tratando de cerrar las puertas a los que mantienen la esperanza de un cambio en Turquía tras las purgas y los exilios.


El verdadero escándalo del ex consejero de defensa de Trump, Michael Flynn, no es el de los contactos con el embajador ruso. El verdadero es el pago de más de medio millón de dólares a Flynn desde el poder turco —una empresa turca con sede en Holanda precisamente— para que presentara a Fethullah Gulen, su bestia negra, como un radical islamista y terrorista. La gravedad del caso se pierde entre la maraña que es ahora mismo la política norteamericana, con un giro escandaloso cada pocas horas. Pero la claridad del caso deja en entredicho al equipo de Trump y especialmente la forma de trabajar del "demócrata" Erdogan.
¿También Erdogan quiere ser llamado "Mr. Brexit"? Mucho me temo que sí, otro más a la lista cansina de personajes que tienen a la Unión Europea en el punto de mira.
La pregunta "¿Sabéis lo que tenéis que hacer contra los enemigos de Turquía, verdad?", recogida por El País, es algo más que retórica. Es un mensaje peligroso que, tal como está el mundo, no conviene repetir demasiado. Erdogan, como todos los dictadores, identifica su voluntad con el destino y su persona con el país. Quedan fuera todos los que no piensan como él y son enemigos todos los que se le oponen o discrepan. Y él los elimina en el nombre de Turquía.



* "Erdogan advierte a Holanda de que “pagará caro” impedir los mítines de los ministros" El País 12/03/2017 http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/12/actualidad/1489334036_394958.html




miércoles, 8 de marzo de 2017

El fin de la claridad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times se hace eco de un fenómeno preocupante del que Europa parece no darse cuenta o comprender su significado y alcance. Preocupados por nuestros problemas, Europa parece no darse cuenta de que en estos momentos es un objetivo desde distintos frentes, es decir, no darnos cuenta de que muchos de nuestros problemas no son casuales, sino que tienen un origen.
No acabamos de entender que somos "molestos", que la idea europea —la buena idea de una Europa Unida y funcionando— constituye un objetivo estratégico para algunos. Vivimos tiempos oscuros en la política, cuya definición es cada vez más compleja desde que los intereses comerciales se han ido entremezclando con muchos otros que muchas veces no llegamos a comprender.
La información de The New York Times se refiere a la intervención de la extrema derecha norteamericana en la financiación de sus afines en Holanda, un grupo que tienen entre sus objetivos políticos la desintegración de la Unión Europea:

The parochial world of Dutch elections is not often seen as a hotbed of foreign intrigue. But in recent months, an unexpected worry has emerged: the influence of American money.
The country’s fast-rising far-right leader, Geert Wilders, is getting help from American conservatives attracted to his anti-European Union and anti-Islam views. David Horowitz, an American right-wing activist, has contributed roughly $150,000 to Mr. Wilders’s Party for Freedom over two years — of which nearly $120,000 came in 2015, making it the largest individual contribution in the Dutch political system that year, according to recently released records.
By American standards, the amount is a pittance. But to some Dutch, who are already fearful of possible Russian meddling in the election, the American involvement is an assault on national sovereignty.
“It’s foreign interference in our democracy,” said Ronald van Raak, a senior member of Parliament in the opposition Socialist party, who has co-sponsored legislation to ban foreign donations. “We would not have thought that people from other countries would have been interested in our politics,” he said. “Maybe we underestimated ourselves.”
The Dutch parliamentary elections on March 15 are the kickoff for a pivotal political year in Europe. Other elections loom in France, Germany and possibly Italy. With the viability of the European Union at stake, anxieties are rising about foreign interference, with European intelligence agencies warning that Russia is working to help far-right parties through hacking and disinformation campaigns.*


La connivencia de los grupos de extrema derecha mundiales no es una novedad. Desde hace muchos años aparecen informaciones sobre las conexiones, reuniones, etc., pero —como señala el diario— nunca han tenido tan alcance de la mano cumplir sus objetivo. Solo la sensatez de una mayoría de franceses ha evitado en estos años una presidencia francesa ocupada por los Le Pen, que hubiera supuesto un desastre para Europa, con la salida anunciada del país. ¿Cómo quedaría Europa con Francia fuera? Han conseguido sacar al Reino Unido y amenazan las piezas del tablero, tanto las grandes como las pequeñas.
En estos momentos, Europa esta agrietándose mientras tiran de ella en dos direcciones, desde Rusia y desde los Estados Unidos. La insólita proclamación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en septiembre pasado, pidiendo que le llamaran "Mr Brexit" es algo más que una fanfarronería de un fanfarrón. Es toda una de declaración de intenciones. Anteriormente, cuando se producía el referéndum británico, fue el presidente Obama quien se manifestó públicamente por la unidad europea. Pero son precisamente los que se han deshecho de Obama y su legado, los que están ahora apostando por la ruptura europea.


La pregunta que muchos se harán es ¿por qué, qué interés tienen en que los pacíficos europeos dejen de estar unidos? Una cuestión interesante que probablemente haya que sentarse, con tiempo, a considerar. Pero Europa está muy preocupada con otras muchas cosas, probablemente muy importantes, como para considerar algo a lo que ya es complicado poner nombre, etiquetar.
La cuestión podría parecer paranoica de no ser porque esa paranoia es la que tiene en vilo a un país como los Estados Unidos, donde el sistema se tambalea ante la intervención de los rusos en sus elecciones presidenciales y la evidencia constante y preocupante de que existen lazos de distinto orden entre sus políticos y empresarios y Rusia.
Pero el caso europeo es más complejo por la extraña coincidencia entre la extrema derecha de los americanos y los extremistas de izquierda, de tipo pro ruso. El mismo The New York Times nos contaba:

THE HAGUE — Harry van Bommel, a left-wing member of the Dutch Parliament, had persuasive allies in convincing voters that they should reject a trade pact with Ukraine — his special “Ukrainian team,” a gleefully contrarian group of émigrés whose sympathies lay with Russia.
They attended public meetings, appeared on television and used social media to denounce Ukraine’s pro-Western government as a bloodthirsty kleptocracy, unworthy of Dutch support. As Mr. Van Bommel recalled, it “was very handy to show that not all Ukrainians were in favor.”
Handy but also misleading: The most active members of the Ukrainian team were actually from Russia, or from breakaway Russian-speaking regions of Ukraine, and parroted the Kremlin line.
The Dutch referendum, held last April, became a battering ram aimed at the European Union. With turnout low, Dutch voters rejected the trade agreement between the European Union and Ukraine, delighting Moscow, emboldening pro-Russia populists around Europe and leaving political elites aghast.
It is unclear whether the Ukrainian team was directed by Russia or if it was acting out of shared sympathies, and Mr. Van Bommel said he never checked their identities. But Europe’s political establishment, already rattled by Britain’s vote to leave the European Union and the election of President Trump in the United States, is worried that the Netherlands referendum could foreshadow what is to come.
With elections slated for France, Germany and possibly Italy this year, officials across Europe are warning that the Russians are actively interfering, echoing the Central Intelligence Agency’s assertions that Moscow meddled in the United States presidential election.**


Las noticias no son nuevas, pero puestas en relación nos muestran un constante acoso a Europa por parte de los extremismos de derechas e izquierdas con una convergencia de la extrema derecha norteamericana con Rusia, que unos días es la ex Unión Soviética añorada por los izquierdistas irredentos y otros la Santa Rusia, reserva espiritual de Oriente y Occidente, azote de ateos, liberales y gente de sexualidad irisada.
En las últimas fechas llueven la advertencia de la financiación de los "molestos". Esta es una categoría pragmática en la que, por encima de las ideologías, se financia al enemigo de tus enemigos. Por un modesto precio, como señala el diario, pueden ayudar a colocar mejor al antieuropeo Geert Wilders. Unos cuantos dólares en cada canasta europea pueden debilitar a la Unión o tenerla mareada en momentos clave.
Las sanciones europeas a Rusia son un hecho decisivo y Putin lo quiere cambiar promoviendo gobiernos proclives a levantarlas. Ya se escuchan voces en algunos países del Este favorables. Hungtía acaba de firmar un acuerdo para establecer una central nuclear con tecnología rusa que aumentará nuestra dependencia energética, ya elevadísima, dándole una puerta a la influencia. Hay intereses dentro de los Estados Unidos para tener una Europa más débil también.


Hoy ha cambiado la estrategia. Los límites de los tableros de juego se han modificado y no sabes de dónde sale la mano que está moviendo los peones. En otras ocasiones, por el contrario, ves la mano pero no sabes quiénes son los peones, a los que vas descubriendo poco a poco, como ocurre en los Estados Unidos. Financiar partidos, crear grupos, etc. es realmente barato. Cuando a Marine Le Pen no le dan créditos en Francia, se los dan en Rusia. Y así funciona el mundo ahora, a través de eso que llaman "lazos".
Son tiempos confusos. Lo que se acabó fue la claridad, el maniqueísmo del "ellos" y del "nosotros". Ya nos sabemos quiénes son unos y otros, como en la Guerra Fría. Puede que no sepamos quiénes son nuestros atacantes, pero es importante no ignorar que somos las víctimas de todos.



* "Before Elections, Dutch Fear Russian Meddling, but Also U.S. Cash" The New York Times 7/03/2017 https://www.nytimes.com/2017/03/07/world/europe/before-elections-dutch-fear-russian-meddling-but-also-us-cash.html

** "Fake News, Fake Ukrainians: How a Group of Russians Tilted a Dutch Vote" The New York Times 16/02/2017 https://www.nytimes.com/2017/02/16/world/europe/russia-ukraine-fake-news-dutch-vote.html




lunes, 11 de abril de 2016

Eurocomodidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ver a un tipo como Wilders proclamando el fin de Europa tras el referéndum en Holanda es un motivo más para trabajar por ella. Los resultados del referéndum holandés son una satisfacción para quienes lo convocaron con la intención clara —ellos mismos lo dicen— de acabar con Europa más que el rechazo a Ucrania, que es el medio de hacerlo.
El País señala: «Con el escrutinio finalizado, el no logra el 61,1% de papeletas frente al 38,1% de síes, pero la participación (32,2%) apenas rebasa el límite necesario para validar la consulta.»* Con estos datos, el canto de Geert Wilders parece excesivo, pero ha conseguido lo que quería, los focos en el euroescepticismo.
Wilders y los suyos están en un combate permanente cuya objetivo es boicotear cualquier propuesta que salga de la Unión Europea y que pudiera dar la impresión de un funcionamiento satisfactorio.
Lo que se deduce de los hechos es que Europa necesita de mayor compromiso y empuje para su consolidación. ¿Por parte de quién? Evidentemente de los ciudadanos. El "euroescepticismo" tiene su fundamento más claro en el "eurodesconocimiento". Y es de esa situación de donde consiguen su fuerza los euroescépticos y antieuropeos. Apoyos, desde luego, no les faltan.


Padecemos la falta de líderes con una inteligencia comprometedora, capaz de expresar y explicar el proyecto europeo en el contexto de la Historia moderna, capaz de comprometer a los ciudadanos. Desde la percepción exterior, creada desde los espacios nacionales, el espacio europeo es una "otredad" no una "identidad". Esto tiene unas consecuencias, primero de categorización y después políticas, que condicionan las respuestas.
Muchos países han pasado de ver una Europa que ayuda a ver una Europa que perjudica o que ataca. En ambos casos no hay sentido de identidad. Europa es la otra. Este sentimiento ha sido manipulado por los políticos nacionales que lo han usado para convertirse en mediadores cuando les ha interesado y en defensores cuando las circunstancias lo han permitido. Esa actitud es suicida.
Lo que se ha transmitido es la idea de una Europa como un club de líderes nacionales al que se va a discutir y unas veces se gana y otras se pierde. De esta forma, el político usa Europa en su beneficio y la disputa local afecta a las posiciones sobre Europa provocando primero fricción y después distorsión.


Los grandes beneficiados —y el mejor ejemplo— son los personajes como Geert Wilders, Marie Le Pen, Nigel Farage, etc. a los que les basta con aprovechar este fondo de disputa para canalizar sus discursos contra Europa.
Antes del referéndum, el día 5, Euronews señalaba:

Los holandeses, traumatizados por el accidente del vuelo MH17 en julio de 2014, en principio nada tienen contra Ucrania, pues atribuyen la tragedia a las fuerzas prorrusas, por lo que se podría pensar que se inclinarían a decir “sí” al acuerdo entre Ucrania y la UE.
Pero eso, sin contar con una coalición ecléctica en la que está, por supuesto, la punta de lanza del populismo holandés, Geert Wilders, que ha recogido las 300.000 firmas necesarias para organizar un referéndum, incluso a posteriori.
El rechazo a Europa es el lema de la extrema derecha. Y Holanda ya lo hizo en otra ocasión. En 2005, bajo el impulso de eurófobos y euroescépticos, rechazaron por referéndum el proyecto de Constitución Europea, inmediatamente después de los franceses.
Once años después, el euroescepticismo vuelve a surgir alimentado por la crisis de los emigrantes, la drástica austeridad impuesta por el Gobierno, un crecimiento a la baja y la caída del poder adquisitivo.
Esta votación del miércoles trata de castigar a Europa, que podría salir debilitada por un nuevo golpe. Por no hablar de Ucrania…**


Nadie puede evitar que los grupos como los encabezados por Geert hagan lo que hacen. Lo peligroso es la evidencia de que nadie da la cara por Europa, por su idea, su unidad y sentido.
El referéndum no era "sobre" Europa, sino sobre el establecimiento de una acuerdo con Ucrania, algo que —recordemos— causó la intervención rusa cuando los ucranianos exigieron a su gobierno que lo firmara, como estaba comprometido. Pero Geert y los suyos tratan de dar esa interpretación porque en Gran Bretaña habrá pronto un referéndum que afectará a la unidad europea. Por ahora, además de Wilders, los más beneficiados son Putin y los prorrusos que pueden utilizar este resultado para hacer cundir el desánimo y aislar a Ucrania.
Las "causas" de los holandeses para votar "no" no parecen razonables ya que no tiene por objetivo, como bien nos dicen, afectar a Ucrania sino atacar a Europa. Si los holandeses que han votado "no" lo hubieran hecho como un bien, como una forma de protección a la Unión Europea, se podría entender. Pero las 300.000 firmas conseguidas por Wilders no tenían ese sentido y probablemente la mayoría de los votos emitidos tampoco.
Sencillamente, los que tenían que haberse movido no lo han hecho. Europa, además de luchar contra los eurófobos, contra los euroescépticos, debe hacerlo contra la eurocomodidad y el eurodesconocimiento.


¿Cómo transmitir a los europeos que lo son? ¿Cómo hacerles llegar que hay mucha gente interesada, dentro y fuera de Europa, en que dejen de serlo? Los debates sobre la moneda única llevaron a pensar que lo único que nos unía era la moneda. Y es cierto que ahí se paró la imaginación de nuestras autoridades nacionales. Pero Europa debe aspirar a ser algo más que una moneda única y una respuesta pactada para cada problema en el camino.
Europa carece de los recursos irracionales del nacionalismo, de la emocionalidad y de los mecanismos de diferenciación que caracterizan a las naciones. Por el contrario, Europa se debe construir cerebralmente, como "idea", y buscando mecanismos de integración, no de diferenciación. Los mecanismos de diferenciación son más fáciles de encontrar y usar porque es más sencillo acudir a los recelos y defensas que a la confianza y a la inteligencia. Sobre ellos se han construido todos los conflictos y guerras que nos han desangrado durante siglos.


Dejar la iniciativa a los euroescépticos es suicida. Dejarles las calles para hablar mal de Europa, para canalizar la frustración de los problemas del día a día contra Europa y sus instituciones es tremendamente peligroso. Hay que recuperar las calles y las instituciones para transmitir la idea de una Europa positiva, de cultura y solidaria. Hay que sobreponerse al pensamiento del mercado, el que caracteriza nuestro tiempo, y tratar de construir una identidad de la diferencia, un punto de equilibrio entre la idea nacional y la idea supranacional. No es fácil porque es desandar varios siglos de discursos de construcción del nacionalismo.
Esto no se hace solo. Los euroescépticos unen sus fuerzas porque saben lo que pueden ganar. Los europeos no lo hacen porque no saben lo que pueden perder.



* "El ‘no’ al acuerdo de la UE con Ucrania triunfa en la consulta holandesa" El País 7/04/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/06/actualidad/1459963672_381245.html

** "El referéndum sobre Ucrania pone a prueba el europeísmo holandés" Euronews 5/4/2016  http://es.euronews.com/2016/04/05/el-referendum-sobre-ucrania-pone-a-prueba-el-europeismo-holandes/


domingo, 7 de junio de 2015

El nido del cuco del Estado Islámico

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País recoge que los expertos holandeses creen haber encontrado un patrón psicopatológico en los yihadistas que salieron de allí camino de la lucha en Irak y Siria al lado del Estado Islámico. Nos cuenta el periódico:

Un estudio hecho público por la policía holandesa ofrece una imagen de los yihadistas locales integrados en el Estado Islámico algo distinta a la presentada hasta la fecha. No se trata solo de jóvenes musulmanes de origen diverso, nacidos y educados en Holanda, y que se han radicalizado a espaldas de sus familias y amigos. De los 140 casos analizados, un 60% tenía problemas psíquicos. Una quinta parte padecía trastornos graves como la esquizofrenia. El análisis rompe la imagen hasta ahora extendida del joven musulmán seducido por la versión más extrema del islam. El estudio arroja una radiografía en la que la mayoría de los yihadistas holandeses suelen proceder de familias conflictivas o rotas, han pasado temporadas sin techo y padecen desórdenes de la personalidad. Por este motivo, los agentes apuntan que es preciso “tener en cuenta su conducta anterior a la lucha”.*


Independientemente de la calidad del análisis, está la cuestión de la claridad para explicar un fenómeno que es ridículo explicar en términos de enfermedades de cualquier tipo. Es evidente que el fanatismo y la crueldad exhibidos hasta el momento requieren, cuando menos de una psicología apropiada para llevar a cabo esos fines y que las personas que consideramos "normales" pensamos que no hacen estas cosas.
Sin embargo, independientemente de todo estos factores, creo que extender la imagen "patológica" de todo lo que se nos enfrenta dividiendo las sociedades en "sanas" y "enfermas" no es el camino más adecuado para explicar fenómenos y menos para solucionarlo.
Es cierto que se ha ido modificando la visión general del yihadismo, desde la vinculación del extremismo con la incultura y pobreza hasta la situación actual. Pero eso no significa que sea la correcta. Por lo pronto seguimos considerándolos como "organizaciones terroristas", algo que hace tiempo que dejaron de ser para convertirse en crueles ejércitos que ocupan cada vez porciones más amplias de territorio ante la impotencia, la desgana o la alegría de sus habitantes.
Seguimos obsesionados con los yihadistas occidentales, por el temor a que regresen y el problema deje de ser el de "ellos" y pase a ser el "nuestro". El fenómeno del yihadismo occidental no hay que buscarlo solo en las mentes sino en las condiciones sociales y culturales en las que se han producido, más allá de las simplezas económicas. Bin Laden no era precisamente un "pobre"; no fueron las carencias los que le convirtieron en el líder de Al-Qaeda.
El efecto "llamada" sobre los residentes o sus descendientes en el extranjero debería verse como parte de una lucha más amplia cuya intensidad aumenta conforme va pasando el tiempo. No es una novedad, aunque sí los recursos de los que dispone actualmente y los planteamientos que asume para conseguir sus objetivos.

Al-Qaeda no tuvo el atractivo que tiene el Estado Islámico porque no promete lo mismo. El objetivo de hacer daño a Occidente propuesto por Bin Laden no es el mismo que ofrece hoy el Estado Islámico que se está haciendo con un territorio y ha conseguido aunar lo disperso intensificando los lazos.
La capacidad de comunicación exhibida por el Estado Islámico despierta y estimula los deseos de participación en una "reconquista" espacial y espiritual en la que se embarcan. Lo que no se ha desarrollado hasta el momento es la forma de interferir el arma más antigua de todas, la propaganda. La extensión de cualquier idea requiere el uso adecuado de su propagación a través de las comunicaciones. El cerco que existía frente a Al-Qaeda no funciona con el Estado Islámico que cuenta con otros alicientes añadidos a los de una vida escondidos en las montañas de cualquier zona alejada de la civilización.

La fuerza del Estado Islámico crece sobre el terreno y también su atracción. Por un lado logra apoyo entre islamistas "piadosos", que ven ellos la promesa de un islam triunfante. Por otro, ¿qué tiene de extraño que el espectáculo de crueldad santificada tenga atractivo para aquellos que han sido trabajados psicológicamente para percibirlo como una forma de santidad? El hecho medieval que supone el islamismo —un sistema teocrático y autoritario empeñado en la salvación de las almas— nos hace olvidar que estos procesos no son nuevos y que la gente se iba a las Cruzadas con fines similares a los que hoy repudiamos con razón: a reconquistar territorios perdidos. 
Ya no se ríe tanto la gente cuando se ve el mapa que incluye a España como parte del territorio que hay que reconquistar
Recuerdo la estupefacción que me produjo ver el comentario de respuesta a la lectura de una estudiante egipcia de un libro sobre Granada. La estudiante estaba maravillada por lo leído de aquella Granada musulmana y lo que le dijeron en su página de Facebook fue "recuerda que viven una situación como la de Palestina", es decir, un país ocupado. El comentario venía de una de sus profesoras de la Facultad.
Cualquier fundamentalismo vive de la presión sobre los que atrae. Se trata de absorberlos y aislarlos, como cualquier otra secta. Lo dicho por los expertos holandeses es casi una obviedad y se repite en los casos de las sectas: las personas que quedan dentro están predispuestas a comportamientos así.
La diferencia respecto a las sectas es que estas suelen establecer una barrera con el resto del mundo, del que se quieren diferenciar. Por el contrario, el islamismo trata de extenderse socialmente y usa todos los recursos disponibles para hacerlo. Cuenta con una base social y cultural importante, la que le dan las interpretaciones religiosas que usa en su apoyo. No hay una separación radical de los grupos sino una distinción nebulosa entre grupos con amplio respaldo social de los que van saltando conforme aumenta su propia radicalización, hasta llegar al extremo más violento, el yihadismo actual. Empiezan con interpretaciones restrictivas y acaban con interpretaciones violentas del islam, denunciadas por la mayoría, pero que están presentes en sus sociedades con muchas caras posibles.


Lo he señalado varias veces: no solo es preocupante que el Estado Islámico avance; lo es más los que salen a saludarles, los que los perciben como "liberadores" o los simples acomodaticios que no tienen ganas de salir de sus casas les da igual quién les gobierne. Las críticas norteamericanas a la poca eficacia del ejército iraquí, a sus pocas ganas de defender el territorio puede que tenga que ver con la diferente percepción del que sabe que los norteamericanos se irán algún día mientras que los otros se quedarán allí. En Afganistán han ocurrido en ocasiones casos similares.
El yihadismo es solo una de las facetas del integrismo islámico. Preocuparnos está bien, pero ignorar el resto no. Saber que alguien que viola niñas, las secuestra, las vende y disfruta cortando cabezas en un "enfermo" puede estar muy bien. Me recuerda los análisis psiquiátricos de los dirigentes nazis, en los que también se encuentran patologías cuando se escarba un poco. No explican, sin embargo, por qué las gentes les siguieron contagiadas de su fanatismo. Quizá estaban tiempo esperando escuchar lo que les dijeron con la fanfarria adecuada.
No hay un diálogo real con el mundo árabe. Durante décadas se han amparado a los autócratas que mantenían a raya a los países para comodidad y seguridad occidental. Hoy mantenemos acuerdos con gobiernos autoritarios que nos garantizan que se respetará a los inversores occidentales. Mientras tanto se mira hacia otro lado cuando se encargan de encerrar a los que podrían traer un cambio real en las mentalidades. No se trata solo de la economía, sino del "progreso" en un sentido profundo de la palabra. No tiene que extrañar que prenda un discurso que les explica que existe una confabulación universal para evitar que la religión "verdadera", la suya, está destinada a reinar sobre la tierra eliminado a los infieles que se les oponen y les empobrecen.


Las decenas de miles de yihadistas que han compuesto un ejército que lucha en Siria e Irak no han sido sometidos a los test psicológicos de los investigadores holandeses. Ni falta que hace. No es ese el nivel de explicación, ni mucho menos de resolución del problema. Pensar en ellos como en un ejército de tarados no hace ningún bien a nadie y distorsiona la percepción del problema real.
Si Holanda va a vigilar a todos aquellos que provengan de familias desestructuradas y hayan acabado en la calle, me parece muy bien, pero dudo que sirva para algo. Especialmente porque eso no evitará que salgan de otros lugares. No creo que nadie tenga especial empeño en caer en manos de "holandeses" vistos los resultados.
La publicación profesional Psychiatric Time publicó a mediados de abril un artículo con el título "The Making of a Homegrown Terrorist". El doctor Peter A. Olsson manifestaba la misma preocupación por el terrorista "casero" que los holandeses, pero presentaba así el problema:

The best salespersons get their customers to seek them out to buy the product. Terror group recruiters from ISIL and Al Qaeda mushrooming franchises have many new and effective group membership sales techniques. They are sophisticated brainwashers and seducers. Internet advertisement is popular, even hip, for terrorist recruiters. Charismatic Imams use fiery anti-American sermons at mosques to attract young men. These potential recruits are “in-betweeners”: in between jobs; in between relationships; in between their family homes and their own marriage; in between schools; or in general, in between young adulthood and adulthood.**


Los americanos sitúan el problema en el seductor y no en el seducido. En estos tiempos que corren, ¿quiénes no son vulnerables, quiénes no acumulan frustraciones por encontrase en esa mitad, esa mediocridad que cada día se nos hace sentir desde las filosofías del éxito? El énfasis debe ponerse en la detección de los focos de seducción, en desmantelar su inmenso aparato de propaganda, apoyado inconscientemente por el deseo de espectacularidad que los medios occidentales tienen por las morbosas imágenes que generan. No hay política de comunicación para evitar los efectos de la exposición a los medios, el acceso a toda la información disponible. Ellos crean las imágenes y nosotros las difundimos. Están hechas para eso, para que las difundamos. Señala el doctor Olsson:

The spiritual/religious sermonizing and discusscussions draw many young people toward the idealistic pursuit of social justice or the utopian causes embedded in Jihadist propaganda. The exciting study of weapons, military tactics, physical fitness, and bomb-making technology appeal to youths. They prefer Jihadism to the mundane, boring vocations of their fathers. And, jobs are scarce in many Muslim countries because of the global economic recession.
The appeal of ISIL and Al Qaeda is their unique ability to magnify and expand normal rebelliousness of adolescents and their search for independent identity. What is normal adolescent rebellion and protest for many becomes terrorist identity and actions for some through the tutelage of malignant leaders such as Abu Bakr al-Baghdadi. In other words, ISIL recruiters, by intuition, design, or mere favorable location, take advantage of a normal adolescent stage—young Americans who can’t find jobs or vocations are vulnerable to recruitment.**

Frente a la enfermedad individual —que no se excluye—, el psiquiatra norteamericano prefiere mostrar las debilidades sociales. No sé si es fácil trabajar sobre ellas, pero el primer paso para resolver un problema es siempre la mejor comprensión posible. Y este no es fácil de resolver. 
Nuestras sociedades, con el aumento de la desigualdad y la injusticia social, aseguran un semillero de frustrados para el futuro. Son la materia prima aquí y en muchos lugares. Pero no se debe olvidar que la raíz del problema está allí y que difícilmente se podrá solucionar sin actuar en el origen, apoyando a los que resisten de verdad al fundamentalismo, muchas veces desasistidos y perseguidos.


* "En la mente de los yihadistas" El País 6/06/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/06/actualidad/1433608793_754843.html