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miércoles, 9 de abril de 2025

Salud mental, salud social

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La estrategia de presentar lo que son problemas sociales como problemas "personales" continúa cada vez que se nos dan datos sobre estas cuestiones. Pareciera que con llamar "enfermedad" a los problemas todo se vuelve... y se disuelve en unas generalidades de límites borrosos. Hay ocasiones en las que, obviamente, no se pueden eliminar, que se notan demasiado.

La confusión entre "felicidad" y "salud" es propia de unas sociedades que son incapaces de mirar en el interior de las personas, que se conforman con sonrisas y creen en los selfies como documentos reales, como muestras de un estado interior que, sin embargo, ha sido generado artificialmente para provocar una reacción en los demás. Vivimos en la sociedad de la apariencia, del selfie, por expresarlo metafóricamente.

Hace unos días hablábamos aquí  sobre un tema relacionado, convertir el dormir mal en un obstáculo para la salud sin preocuparnos de qué es lo que nos quita el sueño (falta de empleo, volatilidad, incapacidad de cumplir con los préstamos, etc.). Ahora en RTVE.es nos ofrece el siguiente titular "El Teléfono de la Esperanza atiende más de 173.000 llamadas y su chat crece un 27% en el último año". Se nos ofrece una perspectiva alrededor de otro concepto ya viejo, el de "esperanza", hijo de otra época, con otra visión implícita de los problemas y de lo que nos falta.

Se nos dan los siguientes datos en su inicio: 

El Teléfono de la Esperanza registró 173.264 peticiones de ayuda en 2024, de las cuales 129.880 correspondieron a atenciones en crisis, frente a aquellas de tipo informativo o no completadas. Aunque ha habido una ligera disminución respecto a años anteriores, las necesidades de apoyo emocional siguen siendo elevadas, manteniéndose por encima de los niveles prepandemia.

El servicio de chat (de lunes a domingo, entre las 18:00 y las 00:00), implementado en 2022, ha registrado un aumento del 27% en un año, de 3.194 peticiones de ayuda en 2023 a 4.059 en 2024. Este canal se ha afianzado como una opción preferida por la población joven, convirtiéndose en un pilar clave en la estrategia de atención.

Por otro lado, el servicio telefónico, canal más utilizado por mayores de 46 años, experimentó una reducción del 5,7% en las demandas. Esta tendencia podría estar relacionada con la menor presión emocional tras la pandemia y la expansión de servicios alternativos, como la línea 024 de atención a conductas suicidas, puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad en 2022.* 

La misma forma de la expresión nos dice mucho sobre los enfoques, la falta de indagación en las causas y su reducción a cifras. Con expresiones como la "opción preferida por la población joven", "expansión de servicios alternativos" o la "presión emocional" se está dando una perspectiva que muestra que la cuestión es si "suben" o "bajan" más que otra cosa. La idea de "tendencia" automatiza el problema y lo reduce al ámbito numérico.

De nuevo, cuando se nos ofrecen los datos, se recurre a un lenguaje "técnico" que busca la clasificación de los problemas desde ciertas posiciones, ya que toda clasificación lleva implícita unos valores específicos y una forma de entender lo clasificado.

El texto señala:

Los datos muestran que las principales problemáticas gestionadas por el Teléfono de la Esperanza se relacionan con la soledad e incomunicación, el estado deprimido, la ansiedad y el riesgo suicida. Este último llegando a alcanzar los 14.064 casos, entre los que se incluyen crisis vital, ideación, crisis y actos de suicidio en curso.

Las cifras vinculadas al suicidio han disminuido respecto al año anterior, un descenso que podría estar relacionado con la primera reducción de muertes por suicidio registrada por el INE en 2023, así como con la disponibilidad de otros recursos de atención en crisis. No obstante, continúa siendo motivo de preocupación, especialmente cuando una parte significativa de estas intervenciones se realizaron a través del chat, donde se gestionaron el 16,3% de los casos de ideación suicida y el 15,4% de las crisis.

Estos datos refuerzan la necesidad de una estrategia integral a nivel nacional que ofrezca una respuesta efectiva ante los desafíos de salud mental que enfrenta nuestra sociedad.* 

Los datos sobre el suicidio lo reducen a un problema específico: se han reducido las llamadas, pero puede que sea porque hay otros tipos de atención, por lo que las llamadas se repartirían.


La propia clasificación del suicidio como "crisis vital, ideación, crisis y actos de suicidio en curso" nos dice mucho sobre el problema. El párrafo final citado demanda una "estrategia a nivel nacional", pero lo presenta como "desafíos de salud mental", sin entrar en lo que ese concepto implica: ¿es un problema individual (salud) o es una cuestión del estado de la sociedad (deshumanización generalizada)? ¿Uno "enferma" de suicidio o es presionado desde el exterior por las condiciones sociales y lo acaba realizando? 

Los casos tratados se incluyen en la categoría de "soledad e incomunicación, el estado deprimido, la ansiedad y el riesgo suicida", según indican la categoría de las estadísticas, pero ¿no llevan las tres primeras a la última, al suicidio?

Si pensamos en ellas vemos que afectan a jóvenes y mayores, que la soledad y la incomunicación se producen en una sociedad híper comunicada que cada día, sin embargo, produce más soledad y aislamiento.

Mi admiración y respeto por todos esos voluntarios que dedican horas diarias a tratar de frenar los efectos de esta sociedad maquinal y deshumanizada en sus raíces. Dan sentido pleno a su vida y permiten que sigan las de otros.

Albert Camus escribió en la primera mitad del siglo XX que el suicidio era el tema filosófico más relevante, pues se trata de valorar la vida que llevamos y la forma en que la vemos. Nuestros suicidios y crisis no son camusianos, son resultado de esa "sociedad feliz" que mostramos y a la que llamamos desde todos los rincones a través poderosas herramientas para descubrir después su vaciedad. Somos robinsones mirando al horizonte, esperando alguna llegada que dé sentido a nuestras ruidosas vidas.

Hay que cambiar lo que tenemos para poder vivir con plenitud, algo que hoy se define materialmente. Hay que desoír los cantos de las sirenas y empezar a escucharse a uno mismo y romper los silencios y soledades. La "esperanza" debe ser en algo posible, no autoengaño, y no dura siempre. 

* "El Teléfono de la Esperanza atiende más de 173.000 llamadas y su chat crece un 27% en el último año" RTVE.es 8/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250408/telefono-esperanza-crece-chat-suicidio/16532078.shtml

miércoles, 3 de mayo de 2023

Los observadores del acoso escolar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo el bullying, una expresión para tratar de encubrir una realidad como si fuera algo de importación  y no una triste realidad que avanza a pasos agigantados. En un desplazamiento por los canales de noticias me encuentro —ayer fue el Día Internacional contra el Bullying— con una entrevista en el canal de Aragón con un experto que además de darnos las cifras (1 de cada 4 alumnos lo sufre), da un paso más y deja claras las cosas: los protocolos no solo son inútiles sino que son una forma de protegerse el propio sistema. No funcionan porque no se trata de evitarlo, sino de diluir con ellos la responsabilidad. Es una práctica habitual en diversos campos. Sirven para hacer creer que hay algo en marcha, pero nadie para los acontecimientos, ni las familias de los abusadores, ni las familias de las víctimas que no logran convencer a las instituciones de lo que ocurre y si lo hacen es demasiado tarde.

¿Cómo no ver los síntomas claros, ante los ojos, para unos y otros? Sin embargo, todo parece darse en un mundo invisible. Quizá lo sea y no deseamos verlo porque estropea la imagen social idealizada que se nos vende cada día y que aceptamos.

El caso del suicidio de una joven de 20 años en Gijón ha completado el círculo de la visibilidad, lo que no es posible negar, al dejar una carta denunciando la realidad que vivió. Angélica Reinosa firma en La Sexta el artículo titulado  ""Queridos acosadores": la joven que se suicidó en Gijón dejó una carta culpando a quienes le hicieron bullying". En el texto se nos explica lo vivido: 

La joven que se quitó presuntamente la vida en Gijón tras ser víctima de acoso escolar dejó una carta en la que se dirigía a quienes le hicieron bullying en el colegio, en la que les culpaba directamente de su muerte. "Queridos acosadores", arranca la misiva, que agrega: "Sabéis quienes sois".

"Espero que todos y cada uno de vosotros sepáis el daño que vuestras acciones han hecho. Habéis cogido a una niña de alta autoestima y de altas capacidades y la habéis machacado hasta el punto de no salir de la cama en años y de llevarla al suicidio", continúa la carta.

Una carta en la que la joven fallecida, de 20 años, se dirige a estudiantes del colegio de Gijón donde había estudiado: "Dais asco. Que sepáis que habéis herido a muchas personas y ahora espero que carguéis con una muerte en vuestra conciencia", escribió. Un escrito que terminaba pidiendo el fin del acoso escolar: "Por favor, parad el acoso, dejad a las personas ser quienes son. Stop bullying. Hasta siempre", concluía.

Después de que los familiares de la joven denunciaran su desaparición y de que su cuerpo fuese junto a un cerro, el Gobierno asturiano va a investigarlo. El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha indicado que se encargará a la Inspección Educativa "que determine qué ha sucedido".* 

Lo dramático del caso y lo directo de la acusación contra sus torturadores solo deja dos dudas: 1) que realmente remuerda a alguien la conciencia por el suicidio de la joven, y 2) que la inspección educativa sirva de algo más que para dilatar el proceso y que se pierda en el olvido dando paso al siguiente caso. Hay que dar la razón al experto entrevistado en el Canal Aragón. Una realidad de tamaña magnitud como muestran las cifras solo puede producirse ante algo más que ineficacia.

Como fenómeno, el bullying es el inicio de un estado, el comienzo de una forma social que hace de la violencia su eje. Insistimos en lo que hemos dicho aquí muchas veces: no hay una frontera en la persona, sino, por el contrario, una acumulación de experiencias. Los acosadores saben bien lo que hacen y saben también de la impunidad que el propio sistema les garantiza. El acoso es el resultado de una mediocridad social y personal imperante. No se da para más. Necesitamos de los "débiles", de los que se oponen para ejercitar y mostrar nuestra fuerza a través de la violencia. ¿Cómo podemos llamar "educativo" a un sistema del que sale la gente así, machacada durante años en los colegios? ¿Qué estamos creando allí?

En Aragón Noticias leemos:

Este martes se celebra el Día internacional contra el Acoso Escolar, una jornada en la que centros escolares como el IES Lázaro Carreter de Utrillas (Teruel) realizan encuentros, en este caso con 65 profesores y 273 estudiantes, para visibilizar al alumnado y profesorado que trabajan para mejorar la convivencia. Porque para evitar el acoso escolar, la prevención es clave. 

"El acoso escolar está presente en todos los centros educativos y me atrevería a decir que, si no en todas, en casi todas las aulas. Es un problema y es un problema que no podemos negar. No podemos mirar para otro lado, ni podemos aspirar tampoco a que en un centro educativo no exista ese caldo de cultivo, porque en todas las interacciones sociales hay desigualdades, en las que probablemente los docentes tengan que intervenir", ha explicado Manuel Martínez, coordinador del teléfono de atención contra el acoso escolar (900 100 456).

Martínez ha incidido en la importancia de involucrar a toda la comunidad educativa en la prevención de casos de acoso escolar y, especialmente, ha hecho hincapié en la labor de los observadores. "El acoso escolar es como un triángulo. Por un lado, están los acosadores, los acosados y los observadores. Los observadores tienen que formar parte activa porque así es como hacemos que deje de existir el acoso", afirma.**


 

Los "observadores" son el modelo a escala de la sociedad, son el entorno que permite y admira la violencia. Se desahogará posteriormente en el maltrato familiar, en la violencia del deporte, en la conducción temeraria, en el acoso laboral... en un sinfín de formas en las que dará rienda suelta a lo que reprime cada día ante los demás y que necesita liberar.

Los observadores son también la propia comunidad educativa, convertida en mero negocio; son los que no intervienen y pagan sus frustraciones y muchas veces odio hacia su propia tarea, hacia los padres exigentes y amenazantes, con los que se tienen que enfrentar a lo largo del curso.


Produce una enorme tristeza la lectura de la carta de la joven torturada hasta llevarla al suicidio. Creo que "torturadores" es más claro que lo que se ha acuñado con el término "bullying", que define la acción, pero no a sus perpetradores. Los "abusadores" están demasiado cerca del más coloquial y casi de disculpa infantil "abusones". Este se queda corto ante los suicidios producidos por sus acciones, auténtica tortura, física y mental. Es cierto que lo que se vive en esos años angustiados es una marca para toda la vida, algo que definirá nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones. Algunos, como es el caso de la joven, no aguantarán más.

Estamos incubando una sociedad violenta, irresponsable, caótica, donde es posible desarrollar la maldad ante los ojos aburridos de los observadores. Esto tiene consecuencias en el presente, pero también para el futuro. hay que ser ingenuos o idiotas para no verlo.

Leo en el final de uno de los artículos** sobre el acoso el desarrollo de un programa de Inteligencia Artificial que monitoreará a 40.000 niños para detectar sus "cambios emocionales" y saber si están siendo acosados. No sé qué hacer, si reír o llorar.

* Angélica Reinosa ""Queridos acosadores": la joven que se suicidó en Gijón dejó una carta culpando a quienes le hicieron bullying" La Sexta 2/05/2023 https://www.elmundo.es/cronica/2023/05/02/6451641821efa04e5d8b458a.html 

** "La prevención es clave para evitar el acoso escolar, que este curso ya ha recibido 343 notificaciones" Aragón Noticias 02/05/2023 https://www.cartv.es/aragonnoticias/aragon/la-prevencion-es-clave-para-evitar-el-acoso-escolar-que-este-curso-ya-ha-recibido-343-notificaciones-en-aragon-18187

martes, 28 de febrero de 2023

La visita didáctica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En plena tormenta por los casos de bullying, de acoso escolar, con media sociedad horrorizada mientras la otra media piensa en qué ponerse, el diario El Mundo nos sorprende con el titular "Hacienda visita colegios para "educar" a los jóvenes en la obligación de pagar impuestos", algo que me parece muy loable, porque no hay como invertir en buenos ciudadanos para el futuro.

La pregunta que nos salta a la mente es obvia: ¿para cuándo lo mismo contra el acoso escolar? ¿No va a haber una iniciativa similar para "educar" a los jóvenes de que está muy feo eso del acoso, que cuesta cada año muchas vidas, que el suicidio es la segunda causa de muertes entre jóvenes, etc.? 

En la información del diario leemos sobre estas visitas:

Intensificar las visitas a colegios e institutos para concienciar a los estudiantes, para explicar a los jóvenes por qué es importante pagar impuestos y tratar así de que en el futuro cumplan con sus obligaciones tributarias. Es uno de los objetivos que Hacienda se ha marcado para este año, y así lo refleja en el Plan Anual de Control Tributario que ayer publicó el Boletín Oficial del Estado (BOE).

«La Agencia Tributaria considera que uno de los puntos de partida en la lucha contra el fraude ha de ser la educación cívico-tributaria, en el convencimiento de que puede servir para incidir en el comportamiento tributario de los futuros contribuyentes», explica el organismo que dirige Soledad Fernández.

«Por ello, se pretende avanzar en el desarrollo de acciones en el ámbito educativo que fomenten un mejor entendimiento de la necesidad de que toda la sociedad contribuya al sostenimiento del bien común», añade el documento. Y eso pasa, añaden fuentes de la Agencia Tributaria, por esas visitas a colegio e institutos que, remarcan, ya se hacían en el pasado pero que se paralizaron como consecuencia de las restricciones que desató la pandemia del coronavirus. Otra muestra de esta actividad, exponen, son los premios de educación cívico-tributaria.* 


Nada más lejos de mi intención que criticar una iniciativa institucional para mejorar algo. ¿Pero cree alguien que eso puede funcionar así, que se puede ser buen ciudadano sin ser buena persona? ¿Puede haber un "buen comportamiento tributario" si no hay un "buen comportamiento" a secas? ¿Qué es el "bien común" para alguien que lleva a otros con sus acciones de acoso a suicidarse?

Hoy mismo, las noticias nos cuentan el intento de suicidio, lanzándose desde un cuarto piso, de un joven de quince años que sufría de burlas, que se burlaban de él por padecer autismo. No sé si Hacienda ha visitado ese colegio y les ha convencido para que en el futuro sean buenos contribuyentes, jóvenes preocupados por los demás, al día con sus declaraciones.

Hacienda siempre ha tratado de hacernos sentir parte de algo, aunque sea del presupuesto nacional. Aquel "Hacienda somos todos" no igualaba en la declaración de la renta, ¡qué bueno ser parte de algo, sentirse que somos necesarios, útiles, que contribuimos al bien común y que alguien, supuestamente, nos lo va a agradecer! Pero todo esto suena ridículo en medio de esta avalancha de caso sobre el acoso, de la inoperancia cuando no la desidia de los centros escolares, donde no se sabe muy bien qué se aprende realmente para la vida futura.

Como siempre, somos un país donde se valora poco la enseñanza, por mucho que se diga. Se ha percibido como una entrada al mundo laboral y no como una entrada en la vida. Las notas son lo importante; lo demás es palabrería, algo que se traduce en una lucha constante entre familias y centros, entre alumnos entre sí. Pero muchos, sin duda, serán buenos contribuyentes, personas con cuyos impuestos se crearán nuevos centros en los que se reproducirán los acosos sin que haya presupuesto para abordarlos.

Volvemos a insistir en la unidad de la persona y sus efectos sociales. Nos hemos acostumbrado a visiones parciales de los datos. Las personas tienen todo un campo de posibilidades. Cuando crece el acoso, cuando lo hace el maltrato y la violencia de género, etc. no son solo datos; son casos reales, personas reales, sufrimientos y muertes reales.


No hemos llegado a saber si los criminales, los que explotan de furia y matan o los que ejercen su maldad de forma lenta y meticulosa, están al tanto de sus impuestos, si donan a alguna institución (religiosa o laica) para de sus impuestos poniendo la x en el casillero correspondiente. No existe el acosador, el violador, el asesino, el criminal "buena persona", "buen contribuyente".

En los casos de violencia de género, el noventa por ciento se acompaña con las declaraciones de vecinos, familiares, conocidos, etc. diciendo estar sorprendidos porque siempre se les veía bien, porque no mostraban síntomas de que pudieran acabar así. Este "así" suele ser la tumba, el hospital, la huida en el mejor de los casos.

Todo esto es una forma de ser, de estar en el mundo, que se va generando precisamente como sentido de superioridad, costumbre en el uso de la violencia o de su deseo contenido de aplicarla en el momento de encontrar alguien lo suficientemente débil como para sentirse superior, propietario de sus vidas, algo que puede acabarse con un gesto suyo. Eso también se aprende en las escuelas, que es el espacio donde se aprenden muchas cosas más que las asignaturas. 

En la noticia sobre el joven de 15 años que se lanzó desde un cuarto piso, leemos:

Según el progenitor, Pol "tiene un grado de autismo" y "dificultades para relacionarse, pero es muy inteligente y se da cuenta de todo lo que le rodea". Según el testimonio del padre, antes de lanzarse, el joven dejó escrito que no quería vivir "en un mundo donde la mala gente es aplaudida y las personas sensibles, nobles y de buen corazón siempre tienen las de perder".

Aunque el padre del menor considera que su hijo no era víctima "directamente" de acoso, sí que piensa que "hay muchas maneras de hacer sentir mal a las personas y todo suma" y que Pol era víctima de risas y de expresiones como "este tío es un rarillo, míralo cómo se mueve, no se relaciona con nadie".

De esta manera, "así estaba completamente solo día tras día, en la hora del patio, en la biblioteca, para no recibir burlas", explica el padre, que lamenta que "hasta que llega un día en el que su mente lógica dice qué hago yo aquí, ya no me quedan momentos de felicidad".**


Sí, es una buena pregunta, la que ronda en la mente de personas que ponen en la balanza del sufrimiento si merece la pena seguir viviendo o es mejor acabar. Efectivamente, hay muchas maneras de hacernos sentir fuera de lugar, solos, aislados.

El joven apunta algo importante sobre ese mundo nuestro en el que "la gente mala es aplaudida". Puede que no nos guste, pero no puede ser más clara la descripción del mundo que hacemos. La visita didáctica de Hacienda trata de evitar que el modelo "pa' la saca" prenda en jóvenes que ven cómo los sinvergüenzas triunfan y se llevan las portadas, cómo hay que abofetear a la pareja en Tiktok para conseguir visitas y triunfar, y muchos otros casos. Sí, el aplauso tiene cada vez menos conciencia.

Hacienda quiere que seamos "buenos ciudadanos", contribuyentes cumplidores por el "bien común". Nuestro aplauso. En las cosas del dinero, todos somos conscientes. Pero si entramos en otros terrenos, nos damos cuenta de la pobreza mental, afectiva, social en la que vivimos, incapaces de frenar este estado de acoso y el sufrimiento que provoca.

En La Vanguardia hablan de la "pandemia de la salud mental" y titulan "Los profesores desbordados por el malestar emocional en el aula". Creo que, sin mala intención, hay un mal enfoque. Equiparar la "pandemia" (aunque sea una metáfora) de muchos casos en los que el acoso es la fuente, solo tiene sentido si el virus son los otros. Sin embargo, se sigue tratando como una "enfermedad" que reside en el "paciente", que en realidad es una "víctima". Echar la culpa o asociarlo con la "pandemia" es liberar de responsabilidades. Igualmente, calificar la situación de "malestar emocional" es recurrir a un eufemismo.

Esto es una lucha por el dominio, de fuertes contra débiles, entendiendo por tales a los que se consideran aislados, como señala el padre del joven que intentó suicidarse lanzándose desde un cuarto piso. Es lo mismo que forzó a lanzarse a las gemelas, es el acoso al diferente, al que tiene que levantarse cada día con una opresión en el estómago, con una voz en la mente que le grita "¡no vayas!", al temblor ante la visión del edificio. Mientras recibe sonrisas del profesorado y escucha las palabras acogedoras, acompañadas de sonrisas, "¡Buenos días!" al entrar en el infierno.

Vuelvo a la idea de estos días: lo que ocurre en colegios e institutos es un mal social que se diseminará en el futuro por toda la sociedad dando lugar a los acosadores, a los violadores en grupo o en solitario, al abuso en las empresas y puestos de trabajo. Se aprende que hay fuertes y débiles, que se mira para otro lado, que muchos lo encubren para no verse comprometidos.

Y al igual que Hacienda nos quiere buenos ciudadanos y contribuyentes, conscientes del bien común, deberíamos empezar a explicar en esos mismos centros lo que es la diferencia entre personas, que los débiles o los diferentes deben ser ayudados y protegidos, no maltratados o burlarse de ellos. Pero todo a nuestro alrededor nos dirige en la dirección contraria, el mundo es de los fuertes, de los implacables, de los que solo piensan en los demás como víctimas a las que acosar y explotar en cualquiera de los términos que se consideren aceptables.

 Creo que necesitamos más "visitas didácticas", más voces diciendo que está mal llevar a otros a la desesperación, maltratar. Reciben visitas sobre la violencia de género, ahora de Hacienda. va siendo hora de considerar el acoso escolar como lo que es, un mal ejemplo peligroso, un entrenamiento perverso para la vida. Hay que empezar a llamar "enfermos" a los que lo practican y no a quienes lo padecen.  Quizá haya que luchar contra la "violencia sumergida" al igual que se hace contra la economía sumergida.

* Daniel Viaña "Hacienda visita colegios para "educar" a los jóvenes en la obligación de pagar impuestos" El Mundo 28/02/2023 https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2023/02/28/63fcd8c1fdddff27998b4596.html

** Angela Clemente "Un niño de 15 años con autismo que no quería vivir "donde la mala gente es aplaudida" se lanza desde un cuarto piso" Antena 3 27/02/2023 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/nino-15-anos-autismo-que-queria-vivir-mundo-donde-mala-gente-aplaudida-lanza-cuarto-piso_2023022763fca315b385600001629d90.html

viernes, 24 de febrero de 2023

La realidad del acoso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El caso de las niñas gemelas de 12 años que saltaron al vacío —que comentábamos ayer— va adquiriendo cada vez tintes más sombríos y revelan qué tipo de sociedad estamos creando y sus resultados trágicos. Nuestras categorías mentales establecen divisiones donde no las hay realmente. Esto no es una "cosa de niños", algo que se "cura con la edad". Son los sólidos cimientos de una construcción social basada en la discriminación, en la agresión al diferente, que se manifiesta como una mezcla de odio, burla y violencia. El clima de acoso que se manifiesta en colegios, institutos, etc. no se olvida ni por parte de quien lo sufre no por parte de quienes lo ejercen, que aprovecharán las ocasiones que las circunstancias de la vida les ofrezcan para repetir ese comportamiento. Entenderlo de otra manera es favorecer esto, la punta del iceberg.

En el diario El Mundo se nos anticipa y aclara lo que ayer se dudaba por parte de algunos:

Los agentes indagan el entorno de las menores para determinar qué tipo de acoso podían sufrir. Además de preguntar a amigos y compañeros de instituto también rastrean sus redes sociales. El entorno de las hermanas apuntaban en varios medios que las menores recibían burlas por su origen argentino. Además, Alana, la que falleció, también por su decisión de querer cambiar de sexo. En este sentido, los mensajes que amigos y familiares han dejado, junto a velas y ramos de flores, en un improvisado altar frente al edificio en el que residían las menores no deja dudas.

«Te has ganado el cielo, pequeña. Descansa en Paz. Justicia» o «me quedo con los momentos buenos, con esa sonrisa que tenías siempre en esa cara hermosa», eran algunos de los recuerdos de la hermana fallecida junto a fotos de las dos gemelas con familiares y amigos. Algunos de ellos explicaban que su decisión de convertirse en chico incrementó las burlas que ya venían de antes por su acento argentino.

Incluso el Observatori Contra l'Homofòbia fue más allá y aseguró en un mensaje por las redes sociales: «Una noticia que nos rompe el corazón, un niño trans de 12 años se suicida en Sallent. Una muerte marcada por la intolerancia, el bullying y la transfobia. Enviamos todo el calor al entorno de Iván y nos ponemos a disposición en caso de que se solicitara acompañamiento psicosocial y jurídico».*

No sé si retrocedemos o avanzamos; solo se ve lo que somos, una sociedad en la que se aplaude nuestra generosidad como donantes de órganos, pero en la que conviven personas capaces de burlarse de otros, de acosarlos hasta hacerles insoportable su presencia en la tierra. Esas cartas de despedida que dejaron, que no transcienden; esas dos sillas en la terraza desde la que saltaron, son signos de nuestro propio fallo social e institucional.

El temor a ser señalados como responsables —por acción u omisión— hace que se nos diga todo lo que se estaba haciendo, lo que refleja una inacabable lista de carencias e ineficacia. Por mucho que se diga, la triste realidad es el salto desde el tercer piso. En la información se nos dice que "todo apunta a un salto voluntario". ¿Qué sentido se la da a "voluntario" en un caso claro de acoso? Que no hubiera nadie más en esa terraza no quiere decir no se las empujara. 

Mientras nos dediquemos a tratar al acosado como un enfermo y no a tratar como enfermos o delincuentes a los infractores, a los que acosan, atacan, se burlan, presionan, hacen la vida imposible, etc. a los que marcan como sus "juguetes" de rabia, aquellos con los que sentirán superiores, con los que desahogarán sus frustraciones y limitaciones, complejos personales, etc. no vamos a hacer mucho.

Al acoso lo llamamos "bullying" y ya nos parece algo que viene de fuera, que antes no existía y hubo que importar nombre y concepto del exterior. Nada más lejos de la realidad, nada más engañoso. Da igual cómo lo llamamos, es algo nuestro, una forma de violencia social y personal que busca cobardemente salir de la pobreza mental en la que vivimos, de este aburrimiento hipnótico que nos rodea, en la falsedad de los lazos sociales y la falta de sentido de comunidad mientras se refuerzan los lazos tribales de los grupos.

McLuhan habló de la "aldea global" y siempre hablamos del segundo término. Pero el primero nos define como comunidades tribales, más primitivas, donde la individualidad se trata de forma violenta ante los poderes del grupo. McLuhan no teorizó sobre las redes sociales, ya que no existían en su momento, pero habría tenido mucho que decir sobre este "primitivismo" salvaje que convierte nuestras ciudades en fragmentarios centro de batalla, donde se desahoga la violencia que genera el anonimato. Lo hemos visto en el fenómeno de los linchamientos, donde ese anonimato permite ejercer la violencia eliminando la racionalidad que supone la Justicia.

El anonimato en los grupos no supone libertad, sino un sentido de impunidad que hace que se actúe a sabiendas de que la responsabilidad se diluye, por lo que se intensifica en los años protegidos por la minoría de edad.

No es casual que estos sucesos ocurran en unas edades determinadas. Los 12 años de las gemelas es la edad de la mayoría de su entorno escolar, los que les rodean. Se ha transmitido en los grupos que existe una protección legal que se interpreta en muchos casos como una forma de impunidad, una edad en la que se puede hacer de todo porque no hay responsabilidad.


Se burlaban de ellas por su acento; por su identidad sexual. Ahora se intenta establecer más factores que acabarán diluyendo el sentido del suicidio buscando mayor responsabilidad en la propia familia. Se trata de salvar dos cosas: la responsabilidad institucional de no haber detectado esto, por un lado, y la incontrolable violencia social que se padece, que es un fracaso en su conjunto, por otro. 

¿Qué es una institución educativa en la que los alumnos aprenden a burlarse de otros, a acosar hasta llevar a otros a la muerte? ¿Dónde se aprende el respeto a los demás, el valor de las personas? Enseñamos matemáticas, física, química... y hasta ética o religión, ciudadanía, pero ¿qué queda de ello al cerrar los libros, al salir del aula, en las calles? ¿Qué es aprender; qué es enseñar?

Se nos habla del aumento de la violencia (esos fines de semana a puñaladas en las calles), del aumento de la violencia de género (ese 20% que no cree que exista, esos que creen que el papel de la mujer está en la casa y en la obediencia...), que aumentan las tendencias suicidas entre los jóvenes, algo a lo que dedicamos aquí espacio en los últimos, etc. Todo en su conjunto supone un deprimente y preocupante retrato social ante la indiferencia distraída de una mayoría escindida entre deportes, entretenimiento político y trivialidades sociales con canciones alusivas o sin ellas.

Ayer los medios nos ofrecían en el mismo día el caso de las gemelas y el de la amenaza de dimisión de un instituto ante la falta de recursos para poder atender los 15 casos problemáticos —de las amenazas de suicidio a la violencia— que tenían en su centro. Hoy tenemos esos detalles que no solo no tranquilizan sino que se mueven en dirección contraria. Se nos dice:

Una de las gemelas había sido derivada a los servicios de salud mental (CESMIJ), además de ser atendidas las dos por una psicóloga del centro y una orientadora por su situación familiar, ya que era inestable por la relación entre los padres, así como social, ya que la familia cuenta con otro hijo menor. Se estaba indagando si sufrían algún tipo de trastorno.*

¿"Trastorno"? Las maniobras para difuminar el papel del acoso, que es responsabilidad de los centros son claras.  Pese a todo el apoyo de expertos dispensado, nos vienen a decir, había algún "trastorno". De esta forma, la responsabilidad se diluye y las víctimas acaban siendo responsables de su destino.

Tenemos un serio problema. Esto crece y los acosadores no se quedan en la infancia; acaban reapareciendo en empresas, fábricas, barrios, etc. Son los maltratadores del mañana, los acosadores permanentes, los que apuñalan en una noche de viernes, los que violan en grupo, las bandas que se disputan los barrios... Perdemos el tiempo en disputas, las más de las veces inútiles, pero somos incapaces de afrontar los problemas en su raíz. Ponemos flores, encendemos velas..., pero poco más.

En una sociedad como es la nuestra, con cada día más diferencias, más entremezclada, los puntos de fricción son claros, estando la escuela, los institutos en primera línea. Es instituto que se rebela porque no se le concede personal especializado para poder enfrentarse a lo que tiene cada día en las aulas es un ejemplo de lo que ocurre. Pero también es revelador de una forma de percibir el mundo: el suicidio no es un tema de expertos, como lo es el acoso o la violencia. Es un problema que dejamos en manos de otros para no mancharnos demasiado. Es un problema humano, no técnico. Hay que darse cuenta que es es las mentes de los que están realmente enfermos, los acosadores, donde hay que actuar, que es nuestra forma de ver el mundo, de relacionarnos en donde está el problema.


* Germán González "Las cartas de Alana y Leila revelan que se quisieron suicidar por un posible acoso por transfobia a una de ellas" El Mundo 24/02/2023 https://www.elmundo.es/cataluna/2023/02/24/63f7cbd121efa00c6b8b4598.html

martes, 26 de abril de 2022

Hola, mundo cruel o el estrés en que vivimos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La pandemia ha servido para sacar a la luz mucha información que antes apenas tenía hueco y que ahora vemos a diario. Me refiero a la cuestión de la salud mental, un asunto que provocó hasta la risa parlamentaria de algún "alma sensible". Salvando estas sensibles excepciones, lo cierto es que la expresión "salud mental" aparece casi a diario. Las noticias llaman a las noticias y lo que despierta interés sigue saliendo. Esto es importante en un sector en el que la tendencia al silencio o a la ocultación suele ser frecuente, cuando no la burla, como en el ejemplo parlamentario antes citado.

En estos días de retirada oficial de las mascarillas se nos habla de "complejos", de "miedos" a mostrar el rostro, de inseguridades en niños y adolescentes, también en adultos, de los que se nos dice que la mascarilla favorecía su deseo de ocultación.

Hemos visto con el confinamiento en la pandemia la escalada de la violencia en los hogares, lugares en los que la convivencia se traducía en muertes y agresiones. No creo que la pandemia en sí sea la que lo ha generado, pero sí ha incidido en la mayor visibilidad, por un lado, y en el aumento de la presión sobre las personas, que han estallado ya sea en implosiones, agravando sus propias situaciones, y en explosiones, haciendo que otros los padezcan.

Vivimos en el filo del estrés, provocado este por múltiples situaciones que no solo no se resuelven sino que van aumentando con el tiempo, nos desequilibran y en muchos casos nos hacen estallar. Estamos en una sociedad que resuelve pocos problemas y crea muchos. Vivimos bajo presión laboral, económica, informativa, física y emocional. Todo esto se debe gestionar por uno mismo ya que nuestra sociedad ha contabilizado el gasto que supone nuestra salud mental y ha decidido ignorarlo. La atención para la salud mental es una de las grandes fallas de nuestro sistema, incapaz de valorar, diagnosticar y ayudar a resolver. Los medios son muy insuficientes ante el desbordamiento de los problemas mentales que se esconden y enquistan hasta que estallan con imprevisibles consecuencias.

Muchos de estos problemas son la traducción de las agresiones exteriores. En RTVE.es leemos sobre los efectos de las violaciones:

 Asaltada, violada y golpeada a los 16 años. ¿Cómo se puede afrontar el trauma de vivir algo así? Hay que tratarlo cuanto antes, para que deje menos secuelas. Lo primero es hacerles ver que ellas no son responsables sino víctimas. Pero hay más dificultades en el proceso. ¿Qué secuelas deja? Desde lo físico a lo emocional y lo social. Vergüenza, desesperanza, desconfianza ante la vida. Un estado constante de hipervigilancia. El proceso puede acompañarles toda la vida.*

"Apoyo, terapia y tiempo" es lo que se necesita y es justamente lo que falta, lo que hace que nos alejemos de la solución de los problemas o de la simple atenuación.

La cuestión es quién te acompaña en el proceso, quién vela porque eso no deje secuelas. En lugar de ello, nos preocupamos por describir las secuelas, que fruto de los hechos, poro también de la falta de asistencia.

Somos el país del mundo con mayor consumo de ansiolíticos, según nos decían hace unos días. Los propios médicos, ante la imposibilidad de profundizar en los trastornos por falta de tiempo en las consultas, confesaban que no les queda otra opción que intentar tapar los síntomas a base de pastillas, que están desbordados y que así es imposible mejorar la salud mental. No solo no arreglamos nada, sino que además creamos problemas de dependencia. Las pastillas lo tapan todo, el dolor, el insomnio, los recuerdos.

También en RTVE.es leemos sobre las secuelas del maltrato infantil:

En España hay 15.000 denuncias al año por maltrato a menores pero son muchos los casos que quedan silenciados. Ese maltrato está detrás de más de un tercio de los problemas mentales que se diagnostican en la edad adulta, como depresión, trastornos de la personalidad o intentos de suicidio. Laura Sanmartín sufrió abusos sexuales de los 8 a los 13 años y asegura a TVE que no sabe "qué clase de persona hubiera sido" si esto no le hubiese sucedido: "Sé que la niña que yo era deje de serlo".**

No sabemos quién podríamos haber sido, pero sí que la existencia es una tortura. La vida se plantea como una carrera de obstáculo en la que cada salto se refleja en lo que sigue. Cada problema es un peso en la mochila vital.

Lo peor es que el sistema en su conjunto se ha deshumanizado. Hablamos de maltrato infantil, violencia de género, pero dejamos de lado la violencia laboral, el estrés que supone trabajar tapado por el estrés que supone el desempleo. Ha sido una sorpresa para muchos comprobar que los despedidos de empresas durante la pandemia —especialmente en el sector de la hostelería— no regresaban a los puestos de trabajo. La explotación en el sector, la precariedad, etc. ha generado un estrés que ha hecho que no regresen y busquen colocación en otras.

Recibo información de muchos ex alumnos que se desempeñan en diversos trabajos. Cuando esperas escuchar la alegría del que tiene un trabajo, te encuentras con una descripción de abusos y humillaciones, de miserias padecidas por parte de compañeros y superiores que no deja de sorprenderte. No es solo aquí, desde luego. Es este mundo creado para explotar sin escuchar, para sacar de ti el máximo posible al menor precio, que una vez usado te tira a tu suerte. Un mundo duro.

El diario ABC nos trae una noticia más, el aumento de suicidios entre la Policía Nacional y la Guardia Civil:

Los meses posteriores al confinamiento dispararon el número de suicidios, también en los ámbitos laborales más comprometidos. En concreto, en las fuerzas de seguridad del estado hasta 17 policías nacionales y 17 guardias civiles se suicidaron en 2021, según los datos de un estudio interno elaborado por los sindicatos y expuesto este lunes por Jupol. La cifra es alarmante, pues supone que cada 11 días se suicidó un agente.

Según el perfil elaborado por el sindicato policial, el 98% de quienes se suicidaron eran hombres, frente al 2%, que eran mujeres, y el 90% de ellos lo hizo con su propia arma, expuso en una mesa redonda sobre salud mental organizada por el CES Carcenal Cisneros Laura González López, policía nacional y secretaria de riesgos laborales en Jupol. 

Tras la pandemia descendió la edad de los agentes que se quitaron la vida, pasando de 47 a 42 años, respecto al año anterior. Llama la atención que 4 de estas personas se encontraban en prácticas o habían empezado a prestar servicio recientemente.

«El problema es que no tenemos ayuda y necesitamos ser superhombres o súpermujeres, cuando en realidad somos personas como todos», ha defendido González.

Según los datos recabados de todos aquellos agentes que han utilizado la ayuda psicológica a través de su teléfono de atención 24 horas la mayoría achacan estrés laboral, y según la función policial que desarrolle influyen también otros problemas laborales así como divorcios o conflictos legales. En los guardias civiles, además, pasa factura el aislamiento y la soledad, pues particularmente trabajan en pueblos o pequeños municipios alejados de las grandes urbes en contraposición al resto de fuerzas policiales. ***


De nuevo la pandemia como desencadenante, pero no es la causa en sí. Podemos entender que la propia naturaleza del trabajo sea estresante, pero no se entiende de nuevo la falta de ayuda, que es la que puede frenar las muertes si se recibe la atención necesaria, que debe estar prevista por las instituciones. Pero nos encontramos aquí con el mismo problema: la falta de ayuda. ¿Se han asumido los suicidios como una situación "normal", algo con lo que ya se cuenta? ¿"Problemas personales"? El descenso de la edad de los suicidas nos indica que el desbordamiento se produce antes, cada vez más pronto. Los suicidios de las personas en prácticas son otro indicador preocupante del aumento del estrés.

Lo terrible de este tipo de situaciones la están padeciendo otros sectores llevados al límite, como ocurre con la Sanidad, en la que vemos el desbordamiento, la falta de recursos denunciada una y otra vez, la precariedad de personas contratadas y despedidas varias veces al año. La situación puede verse en casi todos los sectores, pues es el mundo al que nos hemos "acostumbrado", por el que uno no debe quejarse, sino dar las gracias. Que te despidan es un privilegio porque significa que has estado contratado.

El estrés generado produce violencia contra uno mismo y contra los otros, lo que acaba de agravar el problema. El estresado transmite su rabia contra otros formando una cadena descendente que llega hasta los últimos rincones de las empresas o de las escuelas. Es difícil encontrar puntos de desahogo que no impliquen pagarlo con otros reproduciendo el ritual del maltrato normalizado.


Pero no es solo el trabajo. El aumento de la violencia entre adolescentes los estamos viendo cada día en las noticias. El sector educativo padece muchos de estos problemas, donde la violencia se transmite entre niños y adolescentes a través del acoso escolar. Han aumentado los suicidios entre jóvenes. La noticia de que la mascarilla les había servido para esconderse no debe ser tomada a la ligera.

Más allá de los estudiantes, el sector educativo se encuentra en permanente estrés presionado por mal entendidas fórmulas de competición en las que se reparte miseria y estabilidad. Como todo sector altamente jerarquizado, es fácil que se produzcan abusos, desahogos, y una vez más un estrés crónico. 

Hay mucho más estrés que los abusos en las escuelas repartido por todo el sistema, de universidades a colegios. Pero, una vez más, son el reflejo de este mundo violento e implacable que hace que las personas se tengan que proteger detrás de mascarillas, reales o simbólicas. Es sistema es cruel, distante, donde los problemas que genera este tipo de vida se asumen como parte del conjunto. Se nos acusa de sobreprotectores cuando tratamos de paliar los efectos; la realidad no va a cambiar, cuanto antes nos acostumbremos a ella, mejor, nos dicen. Es elevar la supervivencia a estado de normalidad. Y muchos no sobreviven.

De poco sirve denunciar problemas si el principal problema es la falta de atención. Son de estas cosas de las que se deben ocupar nuestros responsables en las instituciones, en los parlamentos, ayuntamientos y Consejerías. Este empeoramiento de la salud mental, estén donde estén sus límites y definiciones, es preocupante porque se traduce en muchas formas de violencia, unas penalizadas, otras ignoradas y muchas consentidas.  


* "Las claves para recuperarse de una violación: apoyo, terapia y tiempo" RTVE.es A la Carta La 1 Telediario 2 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/claves-recuperacion-violacion-mujer/6502182/ 

** "El maltrato infantil detrás de los problemas mentales" RTVE.es A la Carta Telediario 1 25/02/2022 https://www.rtve.es/play/videos/telediario/maltrato-infantil-problemas-mentales-adultos/6508593/ 

* Nieves Mira "Hombre de 42 años y con problemas personales: el perfil de los agentes de la ley que se suicidaron en 2021" ABC  26/04/2022 https://www.abc.es/sociedad/abci-hombre-42-anos-y-problemas-personales-perfil-agentes-ley-suicidaron-2021-202204260322_noticia.html