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sábado, 16 de octubre de 2021

La tormenta eléctrica perfecta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Imaginémonos dentro de un coche que toma decisiones propias y nos lleva en dirección contraria a la que deseamos ir, que acelera o frena cuando quiere y donde quiere, que atropella a los peatones llevándoselos por delante. Imaginémonos, sí, dentro de ese infernal vehículo llamado "mercado". Para él no existe código que respetar porque se ha creado el mito de que todas sus decisiones son buenas, lo que convierte en "oportunidades" las muertes de peatones, los choques con otros automóviles y donde le dan el Premio Nobel al que dice que es mejor eso que tomar el volante y respetar ciertas normas básicas del tráfico. Pero algunos señalan que la mejor norma es la ausencia de normas y que mejor que las manos al volante es dejar que la "mano invisible" guíe choques y atropellos asegurando que es así como la Naturaleza quiere las cosas.

Tomando el ejemplo de la Naturaleza, la realidad social se ha transformado en la "cadena alimentaria" en la que los que están más abajo van siendo pasto de distinto tipo de depredadores. El proceso de fusiones y crecimiento, alentado desde diversos ángulos, ha dejado de generar equilibrio pasado un punto crítico pasado el cual, los que han crecido mucho se sienten al margen de la marcha social, teniendo su propio interés como único determinante. Esto es lo que ha sucedido con las fusiones bancarias, otra fuente de abusos, y ahora con las empresas energéticas, "condenadas ganar" siguiendo su puro instinto depredador. ¡Pero basta de metáforas!

El problema  al que nos enfrentamos ya es una realidad y hemos pasado de los avisos a las evidencias. Leemos en RTVE.es sobre los efectos de las subidas energéticas:

 

La subida desorbitada que el precio de la electricidad y del gas ha experimentado en los últimos meses ya ha repercutido en la cesta de la compra, con productos básicos como el aceite que se han encarecido un 20 %; en la renta de los alquileres, que se enfrentan a incrementos mensuales de 27 euros de media; y ahora amenaza con hundir los escasos márgenes de beneficios de la industria, ya tocada por el golpe asestado por la pandemia.

Siguiendo la estela de Reino Unido, varias fábricas españolas han decidido reducir su producción en las horas más caras del día e incluso programar paradas temporales de su actividad. Esta circunstancia podría provocar, a su vez, la marcha de muchas empresas a otros países donde los costes de producción sean menores y la destrucción de puestos de trabajo en los próximos meses, alertan los sindicatos y las asociaciones empresariales.

Esta misma semana, la compañía Sidenor anunciaba un parón de 20 días hasta final de año, una decisión que se suma a la de otras empresas que previamente decidieron reducir su producción de una u otra forma con el fin de ahorrar costes, como Fertiberia o Ferroatlántica. La última en tomar medidas ha sido la siderúrgica ArcelorMittal, que ha anunciado este viernes que realizará paros intermitentes en varias de sus plantas en Europa, los cuales podrían afectar a dos de sus fábricas en el País Vasco.

La decisión responde al encarecimiento de la electricidad y al aumento generalizado del gasto energético, que suponen una losa cada vez más pesada para los márgenes de los negocios industriales. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la electricidad se ha encarecido en casi un 40 % en lo que va de año, los carburantes un 20 %, el gas un 8,6 % y los combustibles líquidos un 32,1 %, materias primas imprescindibles para la labor diaria de estas empresas.

 


¿Ha llegado el día en el que las energéticas maten a la gallina de los huevos de oro? Cuando empezaron las subidas "incontroladas" avisamos del efecto rápido sobre la inflación, que ha subido al 4% en prácticamente un mes y de los efectos multiplicados en todo tipo de productos y servicios porque la energía es el elemento necesario en todo proceso de transformación, del transporte a las fábricas, de los supermercados a las luces del hogar. Todo, absolutamente todo, depende de la electricidad en un punto u otro del sistema. Ya sean los teléfonos, los ordenadores, los televisores, los reproductores de música, las afeitadoras, nuestras lámparas, etc. todo funciona eléctricamente.

Gracias a la globalización, estas empresas energéticas quedan flotando en uniones por todo el mundo donde los países que tienen energía la venden a los que la necesitan en un proceso complicado. Cuando ocurrió la "crisis del petróleo" se acabó con los controles especulativos y políticos para evitar que el juego con los precios del combustible zarandearan en exceso los mercados y las vidas de la gente. Hoy la producción eléctrica, que es la que más ha subido, se enlaza con otras energías en un momento, precisamente, en el que se está intentando limitar los efectos negativos sobre el planeta ante una consciencia clara del cambio climático y de la responsabilidad humana en muchos de estos cambios. Las posibilidades de control energético se han vuelto más complejas y complicadas porque ya no sabemos hasta qué punto intervienen factores políticos, estrategias de desestabilización globales o la pura codicia. Pero la única realidad es que esta subida no se puede mantener porque, sencillamente, hunde el sistema y nos llevaría a una crisis sin vuelta en estas condiciones.

Cuando comenzó la subida escribí que lo único comprensible y seguro de ella es que "el sistema lo ha permitido". Es la única realidad, que el propio sistema ha creado su monstruo que actúa contra el sistema. Esto significa que basta con regular para que se convierta en un bien escaso y muy necesario. Los cierres de esas empresas, además, no permitirán abrir otras porque el problema seguirá siendo el mismo, el coste energético. Es decir, la única forma de evitar esto es interviniendo en el sistema porque este ha elegido el camino del enriquecimiento suicida. La caída de la bolsa cuando se anunciaron medidas para el control de las tarifas es el indicador más claro de la especulación; significa que sí hay un beneficio y que ese beneficio se ve favorecido por el carácter de oligopolio que han conseguido gracias a las fusiones las energéticas.

La política reguló el precio del petróleo, por eso se ha apoyado a países controladores de los precios para asegurarse su influencia, como ocurre con Arabia Saudí, que regula el mercado mediante la producción mayor o menor. La situación actual, sin embargo es muy compleja, ante la llamada "fiebre verde", es decir, la reducción del uso de los combustibles fósiles por parte de los países. La subida de la electricidad a estos niveles ha reactivado la subida de los carburantes, complicando más el panorama. El precio más alto permite subir otros precios, que serán relativamente más bajos. Teniendo autolimitado el combustible fósil, contaminante, las otras energías se disparan. La búsqueda del mayor beneficio hace el resto. Es lo que se enseña en las Facultades de Economía.


Pero la energía eléctrica no está en manos de países, con gobiernos visible, sino de empresas multinacionales o partes de ellas, mucho más oscuras. La liberalización del sector ha generado estos poderes que pueden controlar la vida de todos a través de la energía.

Si no se remedia, se seguirá jugando con subidas y bajadas de las tarifas en un juego macabro de tratar de mantener con vida a los suficientes que puedan pagar. El problema es que no hay alternativas, pese a que algunos pidan volver a los combustibles fósiles para tratar de obligarles a bajar las tarifas.

La inflación crece de tal forma que, como se nos dice en el artículo y coinciden en ello todos los expertos, que se comerá los esfuerzos de la recuperación de la pandemia, los ahorros producidos por la menor actividad, etc.

Como hemos podido apreciar en España, el desafío a los poderes públicos —favorecido por una política dividida y con esa chulería de contratar a Antonio Miguel Carmona en plena crisis, para mostrar que los políticos comen de su mano— hacen ver que ellos seguirán y que nadie les va a parar. Las quejas y lamentos a Europa hacen ver que tampoco esta parece dispuesta a sentar las manos a las eléctricas en el corto plazo, hasta haber destruido el tejido industrial y social, pues afecta a todos en cadena. Los cierres parciales acabarán traduciéndose en más paro, por lo que el gasto social necesitará aumentar, generando unas subidas de impuestos que acabarán agravando el problema general, formando todo ello un círculo vicioso infernal.



La cuestión es quién le pone el cascabel a las eléctricas, para lo que se necesitará un gran acuerdo europeo y una firmeza mundial en un planeta en el que los países tienen cada vez un control más reducido sobre los gigantes que han crecido por sus reducciones. La teoría de que dejando las cosas a su aire todo va bien entran en clara contradicción con los que vemos cada día, con los despidos, restricciones, deslocalizaciones, etc., que son sus efectos. Puede que le vaya bien a unos pocos y que nuestro cinismos diga que para que a unos les vaya bien a otros les tiene que ir mal, pero aquí las proporciones han variado mucho al ser un sector básico que afecta al conjunto. Han tirado mucho de la cuerda y parecen creer que todavía hay margen para seguir explotando. Esto no es una cuestión de más o menos energía eléctrica, sino de supervivencia del sistema en su conjunto, incluidas las propias eléctricas. Pero sabemos que la empresas ya no son algo familiar o con perspectiva social. Son maquinarias de producir dividendos y el capital se va allí donde hay más beneficio, sin reparo o sensibilidad alguna.

Ni las cifras de la inflación, ni las del paro ni las de la destrucción de empresas van a conmover a los que están produciendo esta especulación salvaje. Habrá que usar un lenguaje que entiendan, lo que lo deja bastante simple, por un lado, pero complicado por otro.

Las perspectivas no son buenas y se acabarán tragando cualquier mejora en cualquier sector, algo que será cada vez más difícil por los costes crecientes en todos los sectores. Alguien está creando la tormenta perfecta.

 

25/07/2021

* Diana Fresneda "La subida desorbitada de la luz provoca cierres en la industria y amenaza con deslocalizaciones y despidos" RTVE.es 16/10/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211016/cierre-industria-despidos/2191980.shtml

martes, 12 de octubre de 2021

El atraco energético y sus consecuencias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia del cierre temporal de una empresa siderúrgica en el País Vasco por ser incapaz de afrontar la subida de los precios de la electricidad es un importante aviso. El primero ya nos los dieron con la subida estratosférica de la inflación. Por si fuera poco, los medios ya han empezado una campaña de avisos de subidas prontas de otros sectores o de desabastecimiento inmediato en sectores como el de la juguetería. La economía española, compradora de todo y productora de bronceados en los chiringuitos tiene todas las papeletas para una inflación incontrolable y el cierre de todo aquello que no es asumible por los costes de la energía con el añadido de todo aquellos que la inflación dispare en una espiral inasumible por productores y consumidores.

Unas veces porque hay carencias de algo en Asia y las fábricas se quedan con los brazos cruzados unos meses, otras porque a esos turistas —que ahora empiezan a venir con ganas de sol tras los confinamientos— se les pasen esas ganas por las subidas en cadena de los precios, el destino económico es incierto. Y lo es tanto en la producción como en el consumo. Son demasiados condicionantes lo que pesan sobre cualquier acción o situación, demasiadas variables con movimientos extremos. Uno puede entender "subidas" conforme a los movimientos del mercado, pero no "estas subidas" y esos avisos de "expertos" que ven el mundo como inevitable y no aportan soluciones o, peor, no explican las causas, reservando su "sabiduría" a los vaticinios. Con ello se aumenta la sensación de manipulación y, sobre todo, algo que parece preocuparles a ellos por no a los consumidores: la oscuridad absoluta, por un lado, y, por otro, el convencimiento sumiso de que esto es inevitable, un designio divino. Si fuera así, sería el colapso del sistema.


La subida del precio de las energías (de todas ellas) es una especie de competición por quedarse con los ahorros realizados durante la pandemia. Se nos dicen que los bancos están empezando a cobrar todo tipo de comisiones a los clientes por los motivos más absurdos.

A lo que asistimos es al efecto depredador de los sectores básicos que acabarán matando a la gallina de los huevos de oro, que son los consumidores, incluida su vertiente ahorradora. Es una especie de competición suicida por quedarse con los restos del naufragio pandémico, una euforia depredadora en sectores hacia los que se nos empujó durante décadas de una forma u otra (la centralización de todos los servicios en los bancos, por ejemplo). De igual forma, el crecimiento de las empresas en sectores básicos, como es el energético, hacen que sean incontrolables, que tengan en sus manos el destino de las sociedades que confiaron en la promesa de la competencia pero se encuentran ahora con monopolios encubiertos que pactan entre ellos en un sistema que les protege.


Lo intolerable del asalto energético a las economías son sus amenazas directas al sistema, como han hecho las impresentables españolas. Las amenazas de "cerrar las nucleares" es un ejemplo de esa piratería institucional de quienes se saben protegidos por los gobiernos y liberados de responsabilidad social bajo unas filosofías de "mercado". La triste realidad es que cada vez que se plantean los problemas medio ambientales o de escasez, las empresas consiguen acabar manipulando estas circunstancias en su beneficio, es decir, explotación directa del consumidor, que no tiene una oferta real ante él sino unos monopolios sectoriales debidos a sus fusiones y a la capacidad de pactar entre ellas para no perjudicarse, asegurándose que los precios no bajan para el conjunto. Han sido ya algunas veces las que han sido sancionadas en Europa por pactar o abusar de su posición de privilegio.

Hay cosas que puedo comprar a diversos proveedores, pero otras en las que estoy atado. Una de ellas es la energía y más si se ponen de acuerdo para beneficiarse de los precios altos. La competencia deja de funcionar y se plantean un juego en el que ganar mucho más. Las amenazas contra los gobiernos son una muestra clara de su poder y desafío. Tras decir que no se beneficiaban, la bolsa les desmintió al tener una poderosa caída en la cotización cuando se les controlaron los beneficios. No hay mejor indicador "natural" que esta caída que ve un recorte de beneficios. Nadie quiere vender la energía "barata" cuando la pueden cobrar cara.



El problema son los costes sociales y políticos de esta operación de "vaciado" de las cuentas bancarias de los consumidores, a los que se les saca de los combustibles fósiles y se les lanza a otras energías "limpias". ¿Cuántas personas han abandonado sus coches de gasolina y se han comprado híbridos o directamente eléctricos? ¿Van a poder afrontar estas subidas o tendrán que hacer como la siderurgia vasca y dejarlo en casa? ¿Cuántos van a pasar del patinete eléctrico a la bicicleta?

La cuestión es delicada porque no afecta solo a España y nuestros gobiernos, encargados parece de darles "seguridades" por temor a alguna barrabasada de las empresas para demostrar su fuerza, estar por encima del bien y del mal, como creen estar. Si los ciudadanos perciben que los poderes públicos en sus diversos niveles son incapaces de protegerles el problema estará sembrado y regado por los llantos y protestas. Si en estos momentos el gasto energético es ya inasumible por la industria y el comercio, si los políticos nacionales dicen que no pueden frenarlo y pasan la patata caliente a Europa, las iras se dirigirán contra las instituciones europeas, beneficiando a populistas y secesionistas, inducidos por las fuerzas exteriores interesadas en sembrar el caos.

Insisto en ello: ninguna causa natural puede ser tan explosiva como para causar un alza de precios de esta categoría; sería claramente perceptible. De la misma manera que el atasco de un barco en el Canal de Suez puede explicar un alza momentánea por los retrasos de días en la llegada de suministros, debería verse una "causa" en el alza explosiva e instantánea de la energía y nadie la sabe explicar bien, lo que quiere decir que es una causa más oscura o una especie de carrera alcista en la que nadie quiere perder la oportunidad. 

La globalización permite crear este tipo de situaciones, si hay deseos de crearlas. Es como el que pisa la manguera que nos lleva el agua. No hay más azares que los justos en la economía. Esto, mientras no se nos muestre lo contario, no es una azar, sino un beneficio permitido por un sistema que no imaginó que la codicia llegaría hasta estos extremos. Nadie quiere quedarse atrás en un sistema diseñado para que todo esté vinculado. La misma invisibilidad de la "mano invisible" garantiza que tras ella hay un cuerpo y, probablemente, varios cerebros. La "mano invisible" ahora lleva un arma y nos mantiene con los brazos en alto.



Las campañas en los medios asegurándonos que los precios de la energía subirían hasta miles de euros el megavatio/hora es ya una forma de mentalizar para la aceptación hasta llegar a los límites en los que el sistema, la gallina, se derrumbe.

El problema es político; son las enormes consecuencias sociales que tendrán que asumir los estados ante el chantaje de las suministradoras de energía. Estamos viendo la cara criminal del capitalismo; la de los beneficios de la competencia desaparecen cuando el proceso se encamina a enorme oligopolios pactados para un "win-win" en el que quien siempre pierde es el consumidor, falto de defensas y ausente la voluntad política de enfrentarse a estas compañías que han situado durante décadas su peones en los gobiernos e instituciones públicas y que acogen igualmente a los políticos en sus consejos de administración como forma de defensa. Tenemos ejemplos cercanos.

Hasta ahora, los aires acondicionados se rindieron. Pero llega el invierno con su oscuridad y frío. ¿Hasta dónde se va disparar el atraco tarifario? ¿Cuántas empresas van a tener que cerrar ante la imposibilidad de rentabilizar sus negocios por la multiplicación de sus facturas telefónicas? Quieran o no, le guste a Europa o no, pronto tendrán que hacer algo porque el coste final de esos cierres recaerá sobre las arcas del estado, que tendrá que asumir los costes de despidos y cierres. Pero serán los ciudadanos los que, una vez despedidos, tampoco podrán afrontar los costes domésticos de la energía en sus propias casas.

Si los gobiernos siguen responsabilizando a Europa de no poder tomar medidas, el sentimiento antieuropeo crecerá, ya que se mostrará incapaz de proteger a sus ciudadanos y, peor, ser el garante del atraco energético, convertido en acto noble y necesario. El argumento de que las intervenciones dejan a los "inversores" en una situación de "inseguridad" e "incertidumbre" es auténticamente vergonzoso ante la realidad de que deja a los consumidores, personas e instituciones, en la ruina.

Cuanto antes se termine esta codicia disfrazada y descarada, este episodio vergonzoso de atraco energético, antes podrá iniciarse una situación de recuperación y confianza, algo que ahora es imposible en estas circunstancias de abuso y dependencia. Entre el abandono de las energías basadas en carbón y petróleo y el futuro de energías verdes sin desarrollar, todavía insuficientes, hemos creado un escenario confuso en el que solo hay una cosa cierta: la subida imparable y explosiva de la energía.

La energía es el límite del sistema, pero si tira demasiado se corre el riesgo de que el sistema tenga que modificar sus propios límites. Por ahora, otros límites, los de la paciencia ya están siendo desbordados con creces, por más que los medios intenten que nos pleguemos a algo que, dicen, es inevitable. ¿Se ha hecho el sistema tan complejo a globalizarse que no puede ser mantenido bajo control? De ser así, habrá que empezar a tomar decisiones que permitan hacerlo y evitar así este "caos" destructivo del sistema.




miércoles, 15 de septiembre de 2021

La indecencia eléctrica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Insisto en que sigo sin entenderlo y no lo entiendo porque los que deberían dar explicaciones no lo hacen, ya sea porque no quieren o porque tampoco saben. Esto es una cosa un poco orteguiana, es "la luz y sus circunstancias", por parafrasear al filósofo español. Las "circunstancias" de la luz es todo aquello que la envuelve pero que no es la "luz". El gobierno, provisionalmente —es muy difícil olvidarse del matiz—, actúa sobre las "circunstancias", impuestos, beneficios, etc. pero no sobre la luz misma. Es lo que se suele llamar, "pan para hoy y hambre para mañana", pues si no se trata sobre la luz en sí, en cuanto que lo "provisional" sea "pasado", volveremos a caer en las mismas.

Entre las pseudo explicaciones están "el gas", con lo que no se entiende bien porque si el gas sube, nadie habla de esta subida y solo de sus efectos sobre el precio de la energía eléctrica, que viene a ser como hablar de la "materia oscura del universo", que no se ve, pero que debe existir porque tiene efectos sobre el universo mismo.

El otro día salió en TV un señor de una eléctrica —¡por fin!—, pero lo hizo para decir que no solo no ganan nada sino que además esto les está creando "mala imagen" —¡qué inocente!—. Hay algo que no me casa: si las empresas energéticas no ganan nada, porque han pegado hoy un bajón en la bolsa al hacerse públicas las medidas de contención del beneficio "extraordinario".


Muy poderosas deben ser las eléctricas cuando no les importa seguir exprimiendo el limón hasta dejarlo seco. Los empresarios del resto de los campos económicos están escandalizados y ponen el grito en el cielo porque esto les hunde. Cada día vemos a las diferentes personas de la empresas quejándose de que van a tener que cerrar, despedir, subir precios, etc. porque la factura de la energía eléctrica, como ya sabíamos, repercute en todo.

Lo peor sigue siendo, para mí, que un subida de este empaque, desorbitada, se plantea como inevitable o como algo que no se puede controlar. Las excusas de que "Europa no permite" sabemos que son las tradicionales para casi todo. El ayuntamiento de queja de la Autonomía, la Autonomía del Gobierno y el Gobierno le echa la culpa a Europa. Pero ya sabemos que eso es un reconocimiento explícito de no pintar nada en la Unión, porque si esto pasa y has dejado que pase, malo.

Ahora salen diciendo algunos que se hizo mal en la época de Felipe González al frenar las nucleares. Como recordaremos algunos, las nucleares eran motivo de saraos políticos, donde lo divertido era salir con la pancarta a protestar contra ciertas cosas. Todos han sido jóvenes y algunos un poco lerdos.


Pero, insisto, sigue sin cuadrarme este subidon incontrolado y anunciado cada día sin que se sepa muy bien de dónde salen estos cálculos. Por ello mantengo mi hipótesis inicial: lo hacen porque pueden, porque son realmente los que mandan y a los que nadie se puede oponer. El frenazo de la pandemia ha reducido la actividad empresarial e industrial y se han lanzado a por todas. No es posible, insisto, que un fenómeno de este calibre, no se haya previsto por los gobiernos —¡no me vale ese listillo que siempre aparece señalando que ya lo dijo hace tres años!— y que esto solo sea provisional.

Insisto no es posible; por lo que queda solo una explicación coherente: el sistema lo permite. Hemos llegado a un extremo en que no se defiende a la sociedad, sino los privilegios de los poderosos. Ya parece que es imparable. Y esto tiene mala solución porque fomentará los populismos violentos de uno y otro signo que reaccionará a estas epidemias de codicia, que van de las normalizaciones del "bitcoin" entre los jóvenes españoles o la imposibilidad de hacerse con una vida honesta porque no te pagan salarios honestos, ni te cobran intereses honestos, ni te venden casas a precios honestos que puedas pagar con tus miserias acumuladas durante la vida entera. Lamentablemente es así.

Lo aceptamos ya todo como un proceso natural e irreversible, que no se pueda cobrar un sueldo básico discutiendo por míseras subidas de algo que se va a tragar la factura de la luz; aceptamos que las próximas generaciones vivan peor que sus padres y abuelos; aceptamos que la violencia callejera, el nihilismo, el abandono escolar, etc. son cosas normales sin ponerles freno. Y no lo hacemos porque las cosas se producen por una lógica que se nos escapa, pero que no se le escapa al cliente habitual de los paraísos fiscales, al aficionado a defraudar, porque nada hay más importante que tú mismo. A nadie le importa ya nadie, no hay más que gestos delirantes y de cara a la galería, para evitar que el sonrojo nos suba demasiado.



Desde hace décadas, en todo el mundo rico, aumentan las desigualdades sociales. Otra cosa que hemos aceptado. Los beneficios se los llevan unos pocos y los gastos van a las cuentas de los estados. Las conexiones de la política con la industria y las grandes empresas son cada vez más oscuras, lo que las convierte en intocables.

Llega un invierno que será duro y donde la idea de pobreza energética ha sido aceptada sin más. Nadie toca el precio de la luz, solo se les priva de los impuestos, que serían los que revertirían al propio estado, un despropósito más, dado lo que está sucediendo. Todo provisional para cumplir una promesa que llega solo a la factura de final de año. 

Hay que sacar de las cuentas los ahorros que se han producido con motivo de la reducción del gasto en la pandemia. Todos saben dónde está ese dinero y de tu propio banco a todos los grandes, resultado de fusiones y apaños, lo desean de inmediato. Son tan grandes ya que los estados pintan poco en las decisiones. Son ellos, estos monstruos económicos, los que deciden. No pintamos nada.



La luz sube  y baja en una indecente subida bien calculada. Sube mucho y baja un poquito, algo con lo que juegan psicológicamente. Es la esperanza, pero los récords en cadena prueban que está bien calculado. Cuando crees que algo ha bajado es porque antes ha subido muchísimo, así poco a poco se alejan de los precios de hace nada. Aquellos que de repente desaparecieron como por arte de magia.

La electricidad no es un producto del que se pueda prescindir. Toda nuestra vida se ha construido sobre la energía eléctrica. Afecta a enfermos y hospitales, a supermercados, a los cines, al teléfono que hay que cargar... A todo. Es la trampa perfecta; un servicio esencial en manos de especuladores. Por eso es una indecencia este sistema de monopolio real, de destino fingido, inevitable, donde unos están condenados a hacerse ricos y otros están condenados a desaparecer empobrecidos, a mendigar el vatio. a no tener alternativa alguna a este atraco que hundirá a los países si no se impide de alguna forma. Esto es un aviso, pero la codicia es infinita. El sistema lo permite.