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jueves, 25 de mayo de 2023

Como dos falsas gotas de agua

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Este mundo se debate entre una realidad aceptable y una apariencia plástica, manipulable, que cada vez se parece más a aquello de lo que procede y es más difícil de reconocer. Esto provoca inseguridad de diverso tipo. En un mundo reproducible, empaquetable, enviable de un sitio a otro, donde se llega a millones en segundos, que es imparable..., en un mundo así, ¿quiénes somos?

Varias noticias en el día me dejan pensativo, confundido. La primera se me llega a través del diario El Mundo con el siguiente titular "Videollamadas con la cara y la voz clonada de tu mujer para pedirte dinero: las estafas con inteligencia artificial se disparan en China". Aunque luego se matice inmediatamente que ese "se disparan" se trata de "varios casos", lo que se nos cuenta es ya un caso que nos advierte de este extraño presente que se ha plantado ante nosotros. Me sorprende, en primer lugar, el reclamo del "tu mujer", lo que le da a la noticia y a los roles representado un extraño sesgo machista, especialmente cuando el primer caso que se nos cuenta es el de Guo, que recibió el timo con la cara de su mejor amigo. Supongo que lo de la videollamada de la esposa es un reclamo teniendo en cuenta el público receptor de este tipo de artículos. Por cierto, para mayor confusión, la noticia aparece en la sección de "Macroeconomía", lo que nos hace dudar no solo de la realidad, sino del diccionario.

El hecho de que tu cara, tu voz, tus gestos... puedan ser clonados y recreados para que te llegue un mensaje pidiendo dinero es grave. Pusimos el acento cuando se empezó a mostrar esta tecnología en el peligro que saliera el presidente de un país declarando la guerra a su vecino, por ejemplo, o cualquier otra circunstancia de este tipo. Al final todo se ajusta a diferentes escalas, incluidos los estafadores de la vida cotidiana dando sablazos, que son los que le acaban sacando provecho, como se nos cuenta en el diario.

Estas cosas siembran la duda sobre la realidad, tal como la compra venta de votos siembra nuestras dudas sobre los políticos (¿han sido elegidos con votos comprados u honestos?) y la política misma (¿es solo una imitación de una democracia?).

Como profesor, me enfrento el próximo curso a la posibilidad de que los trabajos que reciba hayan sido elaborados por cualquier aplicación instalada en un simple teléfono. ¿A quién debo evaluar? ¿Cómo debo considerar lo que me entreguen si dudo de ello? Sé que hay compañeros a los que esto les motiva mucho, que los convierte en detectives platónicos de la realidad tratando de saber qué es verdad y qué ilusión y engaño, pero no es mi caso. De cualquier manera, nos obliga a enfrentarnos a nuestro trabajo de una manera distinta y, la verdad sea dicha, poco gratificante. ¿Qué haces si desaparece la confianza en lo que tienes delante?

El otro caso significativo de este necesario recelo ante lo que nuestros ojos ven es el de las falsas fotografías semidesnuda de la cantante Rosalía, lanzadas a la red por parte de un cantante deseoso de promocionarse. La posibilidad de simular una realidad de forma tan convincente es un peligro, de la misma forma que era la simulación de imagen, voz y movimiento del caso anterior. Con esta posibilidad se abre la manipulación del otro, que es utilizado para fines diversos y casi nunca buenos.

El caso tiene la trascendencia de su protagonista y permite al malversador de imágenes, al defraudador de realidades adquirir notoriedad en un mundo que necesita inventarse primero y falsearse después.

En un magnífico documental sobre Charles Chaplin que tuve ocasión de disfrutar hace unos días se nos contaba cómo el éxito de Chaplin se tradujo en un sinfín de imitadores que se lanzaban a las pantallas copiando bastón, movimientos, zapatos, chaqueta y todo lo identificable de su personaje. Chaplin demandó a uno de ellos, un tal Charlie Aplin. La defensa de Aplin frente a Chaplin es que no le imitaba a él, sino a un imitador de Chaplin. La genialidad de su abogado compensaba la falta de originalidad del defendido. Eran los inicios de un mundo que se reproducía y multiplicaba en pantallas. Miramos más a las pantallas que a la realidad de la que proceden o no. La Inteligencia Artificial nos preocupa. Pero debería preocuparnos más la duplicación manipulada de los que tenemos delante, Imagen Artificial, con referente real o irreal. Ver para creer, solemos decir. Esto ha adquirido un nuevo e inquietante sentido en nuestro mundo. 

Nos queda un consuelo: sin la realidad no puede existir la imitación, que la necesita de forma parasitaria. El primer interesado en que no desaparezca el original es el que le imita, de cuya notoriedad vive. Pero se puede hacer mucho daño.


* Lucas de la Cal "Videollamadas con la cara y la voz clonada de tu mujer para pedirte dinero: las estafas con inteligencia artificial se disparan en China" El Mundo 24/05/2023 https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2023/05/24/646e32abfdddffa0548b45a2.html

martes, 24 de noviembre de 2020

Más allá de los hechos o la incógnita de la información futura

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Sea cual sea la fuerza del universo empleada, Trump ha empezado a comprender que ha perdido las elecciones. Le ha costado y no descartamos que tenga recaídas en los próximos días y que haya que desalojarlo de la Casa Blanca. Habrá que prepararse para las groserías y desplantes que quedan por venir hasta que Biden pueda entrar. Pero acabará saliendo.

Lo que no tienen tan claro algunos es lo que quedará de la era Trump en el sistema político norteamericano y, más allá, en el resto del mundo, en donde se ha expandido con preocupante facilidad. Desde The Washington Post, Margaret Sullivan, plantea en titulares el fondo de la cuestión: "The disinformation system that Trump unleashed will outlast him. Here’s what reality-based journalists must do about it."

Vivimos en un universo mediático cuya expansión veloz impide detectar con suficiente antelación los cambios. No es un fenómeno nuevo. Cuando pensamos en un problema es más que probable que estemos ya en el siguiente; es la aceleración que crea una estructura "problema-nuevo problema" antes que la deseable "problema-solución". Los problemas no se solucionan, simplemente son desplazados por nuevos problemas como efecto de esa velocidad que nos desborda.

Gran parte de esa velocidad es debida a la aceleración que le imprime una sociedad mediática, que convierte la Historia en el peligroso suelo encerado de una sala de baile en la que intentamos avanzar manteniendo el ritmo. Los medios son aceleradores de la Historia. Así ha ocurrido con cada avance tecnológico, de la escritura a Internet. Nada corre más que la información y la velocidad aumenta cada día que pasa. Nuestra realidad convierte en pasado remoto lo que ocurrió apenas hace unos meses y, por ello, las soluciones se hacen difíciles.

La pregunta sobre los medios y la desinformación es capital y problemática, como hemos tenido ocasión de comprobar en España con el simple anuncio de intentos de frenarla. Los nuevos políticos no van contra las olas, surfean sobre ellas. La desinformación es una forma de modificar la percepción de la realidad, concepto en franca retirada ante las alternativas, la realidad de diseño, realizada para el consumo emocional.

Es lo que hemos visto con esos más de 70 millones de votantes de Donald Trump. Han aceptado la realidad que deseaban tener. Como Trump, pueden seguir consumiéndola, realimentándose cada día con la narrativa del robo electoral, del fraude que habría llevado a Biden a la Casa Blanca. Una de las características básicas del nuevo modelo mediático es su efectos sobre la situación política deshaciendo el concepto de campaña electoral. El político actual está en campaña permanente, por lo que necesita la atención constante de sus electores. La forma de hacerlo es la tendencia a la radicalización mediante la creación o fabricación de conflictos permanentemente.

El artículo de Margaret Sullivan habla de un "periodismo basado en hechos", pero los hechos a los que se apela acaban siendo las réplicas a los "falsos hechos" a los que se concede un estatus. Pasan a ser concreciones discursivas del deseo; es la narrativa que se quiere consumir, que acaba despegándonos de una realidad que no es gratificante. Es la realidad deseada la que se nos recrea para asegurarse nuestra atención y permanencia en ella. La falsedad crea adicción precisamente porque se ajusta al deseo, a lo que quiero creer.

 

La resistencia a enfrentarse a los hechos y a lanzarse a la falacia deseada la hemos podido comprobar (y la seguimos comprobando) con motivo de la pandemia del COVID19, donde hemos asistido al mismo tipo de negacionismo que se sigue en la vida política. Los ingenuos que piensan que se ha "politizado" la cuestión de la enfermedad creen que es un hecho circunstancial. Sin embargo, creo que es una tendencia del propio sistema generado, que necesita de una constante absorción y conversión a sus propios términos. El conflicto entre políticos y expertos lo hemos podido apreciar en todas partes. Los intentos de mantener la pandemia en términos de seguridad y salud han sido sistemáticamente subvertidos mediante el descrédito de los expertos, de Fauci a Simón. A ellos les corresponde la carga de la prueba. El deseo se impone y debes crear una realidad que impida la negación, sin márgenes de maniobra, contundente, como para que sea aceptada. Los jueces han tenido que decirle a Trump lo que se negaba a escuchar de las urnas y del sistema de recuento en muchos estados gobernados por los republicanos. Ni eso aceptaba. Tampoco lo acepta ahora; pero permite que se ponga en marcha el proceso de traspaso de poderes.

Los "medios" juegan un papel esencial en esta nueva realidad del deseo. Pueden adoptar dos posiciones, como de hecho ha ocurrido: enfrentarse al deseo, a lo que la gente quiere escuchar —que es el camino fácil— o, por el contrario, interpretar el papel de aguafiestas del deseo y realizar ese "periodismo basado en hechos" del que hablaba Margaret Sullivan.

A Trump le ha derrotado el "fact check", pero no nos emocionemos, es él quien ha jugado con blancas todo el tiempo. La iniciativa ha sido de Trump, quien podía cambiar las reglas del juego cada día con un tuit, hacer que se olvidaran los problemas creando otros nuevos, dando que hablar a los medios críticos, cuyos esfuerzos han sido centrarse en los "hechos" denunciando las mentiras. ¿Pero son los "hechos" lo mismo que la "verdad"? Curiosamente, el concepto de "verdad" es el que ha salido perdiendo, ya que ha quedado como una forma de afirmación frente a los hechos, que introducen un concepto diferente al de la "verdad", el de "lo real" o "la realidad". Hay una muy sutil y esencial diferencia. Los "hechos" configuran nuestro concepto de la realidad, mientras que la verdad es una afirmación que hacemos sobre ella. Los medios, mediante el fact check, no han afirmado; lo que han hecho es señalar que lo dicho por Trump es "falso", que no hay evidencias, que ningún hecho lo respalda. Es más fácil denunciar una mentira que establecer una "verdad" con hechos. Sin embargo, en el discurso de Trump todos son "falsas verdades"

La idea de que estos mecanismos discursivos, esta retórica de lo falso convincente, del deseo satisfecho con lo que quiere escuchar sobrevivirá a Trump es preocupante. Y lo es porque tiene muchas probabilidades de reproducirse. Cualquier idea o método que es capaz de llevar a la Casa Blanca a alguien con las características y limitaciones de Donald Trump ha sido un éxito, aunque no haya durado más de un mandato. Pero el camino está abierto y muchos ya saben por dónde está marcado.

Lo vivido estos cuatro años en Estados Unidos debe ser conectado con lo que hemos visto en países como Reino Unido, una democracia en la que las mentiras sobre el Brexit, como quedó demostrado, no eran más que lo que una parte de los británicos querían creer, que sus desgracias eran causadas por Europa, al igual que los norteamericanos han querido escuchar que la culpa la tenían los latinos, los chinos, los árabes, los europeos. Querían creerlo y se lo dieron.

Hoy el mundo está sometido diariamente a análisis desde todos los ángulos para conocer cuáles son sus más íntimos deseos, sus más profundas frustraciones y odios. Después llegan como informes a las mesas de unos y otros, que planifican cuidadosamente como convertirlo en las metáforas favorecedoras para acceder al poder o conseguir sus objetivos.

Esto no desaparecerá con Trump. Al contrario, será la herramienta de unos y la tentación de otros. Parte del problema es el propio sistema informativo, la pieza que ha sido sustituida por la sociedad de la transmisión aparentemente horizontal, fácil de influir tras ese análisis diario de sus estados. La elección de los medios será determinante para el futuro ya que pueden verse llamadas de nuevo a tener que dejar en evidencia las grandes o pequeñas mentiras con las que nos alimentan cada día.

¿Será la lucha del futuro entre los que inventan la realidad y los que la someten a verificación? ¿Será la futura información un desmentido continuo frente a un torrente de irrealidad? ¿Mitad y mitad, en un escenario de medios polarizado? Parece que es parte de lo que llegará. O quizá ya está aquí.


martes, 18 de diciembre de 2018

La representación o más allá del ser

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Puede que alguien tenga todavía dudas sobre los escenarios que las nuevas tecnologías han abierto sobre las formas políticas y bélicas. La palabra que parecía vieja, "propaganda", ha quedado en un primer término remozada con las nuevas características de la incapacidad de determinar su procedencia —incluso si es humana— y su verdad. Estamos de lleno en una época en la que la virtualidad ha alcanzado una dimensión insólita en un mundo de pantallas y flujos de información. Los hechos —al fin lo comprendemos— son inasibles y adquieren su fuerza como "relatos", como narrativas circulantes que se resisten a ser silenciadas en un mundo de ecos.
El diario El País titula "Los piratas rusos intentaron desacreditar a Robert Mueller tras el triunfo de Trump, según dos informes" y añade para ir preparando el texto: «Las investigaciones sostienen que la fábrica de noticias falsas relacionó al fiscal especial con grupos islámicos y casos de corrupción». Incluso el término "piratas" es una forma metafórica para referirse a una realidad pasada: los viejos piratas de los mares cuyo nombre fue adquirido o asignado a aquellos que entraban a saco en los sistemas informáticos. "Piratear" un sistema adquiría un significado entre el asalto y la copia, entre el abordaje y el pillaje informático. Pero estos "piratas" han pasado a ser más bien "corsarios", malvados agentes a sueldo de unas potencias para "hundir" los barcos ajenos, en este caso la figura del encargado de investigar la trama rusa de Donald Trump.
El diario nos informa sobre este asalto a Robert Mueller:

Los piratas rusos intentaron desacreditar a Robert Mueller tras el triunfo de Trump, según dos informes Así funcionaba la fábrica rusa de las noticias falsas
Los piratas rusos intentaron desacreditar a Robert Mueller tras el triunfo de Trump, según dos informes Twitter detecta más de 50.000 cuentas relacionadas con la injerencia rusa.
Las investigaciones realizadas por universidades y empresas privadas revelan que el papel de Instagram, filial de Facebook, se ha subestimado. Los rusos controlaban 133 cuentas en esta plataforma, que sumaban 2.600 publicaciones al mes en 2016. La frecuencia de publicación se disparó estrepitosamente después de las elecciones, alcanzando las 6.000 mensuales en 2017. Una de las imágenes subidas a la aplicación afirmaba que Mueller había trabajado para "grupos islámicos radicales". En Facebook y Twitter hicieron circular mensajes donde afirmaban falsamente que el exdirector del FBI era corrupto y que las acusaciones de la injerencia rusa eran conspiraciones sin sentido, según recoge el Post.
“Lamentablemente, parece que [los responsables de] las plataformas pueden haber tergiversado o evadido información en algunas de sus declaraciones ante el Congreso”, afirma el informe producido por New Knowledge, una empresa de ciberseguridad, junto con investigadores de la Universidad de Columbia y Canfield Research LLC. La documentación sostiene que la presencia en Instagram de la Agencia de Investigación de Internet (IRA, en sus siglas en inglés), la organización creada por informáticos rusos para interferir en las elecciones, puede haber sido igual o incluso más efectiva que la de Facebook.*


La capacidad de manipulación de la información va más allá de la mentira tradicional. Es la forma en que se construye el "yo representado", aquel que adquiere forma ante los ojos de los demás. No es lo que somos, concepto filosófico metafísico y caduco. Es el "yo" que los otros perciben a través de la información disponible lo que tiene trascendencia en un mundo en el que los hechos  son sustituidos por sus descripciones y las personas por sus "narrativas".
Hoy, "ser" es una tarea vana. Es el control que tenemos de la representación lo que es realmente determinante. Y ese control es prácticamente inútil Por mucho que exijamos leyes para conocer, proteger y borrar, si así lo deseamos, nuestros datos, lo cierto es que eso es absolutamente inútil.


Debemos aprender a vivir con nuestras ficciones incontroladas, con la circulación de lo que antes se llamaba calumnia, difamación, mentira, rumor... todo aquellos que se predica de nosotros y que se aleja de la facticidad. Comprendemos al fin que somos efímeros y que es la información la que desborda nuestros límites. Durante siglos lo intentamos con estatuas, retratos, biografías, historia. Hoy ni el emperador ni el vasallo controlan su propia imagen. Los pintores de la corte son solo una parte; los poetas laureados que cantan nuestras hazañas agotan sus versos laudatorios ante los miles de piratas, vivos o automáticos, empeñados en el desprestigio. Es batalla perdida.
Robert Mueller es una víctima más de esta forma de guerra cuyas bombas caen sobre la realidad —otro concepto anticuado— pulverizándola, dejándola hecha cenizas, más allá del ser.

The New York Times hoy

* "Los piratas rusos intentaron desacreditar a Robert Mueller tras el triunfo de Trump, según dos informes" El País 18/12/2018 https://elpais.com/internacional/2018/12/17/actualidad/1545073300_737388.html


The New York Times hoy

martes, 11 de octubre de 2011

F de fraude, C de crisis: las lecciones de Orson Welles

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer comenzamos la programación del Cineforum de la Facultad y me pareció bien hacerlo con una película de Orson Welles, “F for Fake” (Fraude, 1975). Dentro de la carrera de Welles, Fraude es una obra atípica pero, ¿qué no es atípico en Welles? Es un lúcido semidocumental sobre el arte y la falsificación del arte, cuyas preguntas son inquietantes en todos los niveles. No en vano hizo las delicias de los semiólogos de la década.
Parte del gran escándalo que supuso en los años setenta el descubrimiento de que una parte considerable de las adquisiciones de pintores modernos (Modigliani, Matisse, Renoir, Picasso…) podían deberse al pincel de un pícaro húngaro, superviviente —como judío y homosexual— de los nazis, residente en nuestra isla de Ibiza.
La historia de Elmyr D’Hory, el gran falsificador del siglo XX, según se le consagró, va más allá de lo que pintara. Él mismo era una falsificación, una colección dudosa de nombres, pasaportes e historias oscilantes entre la nobleza y la clase media baja. Su biógrafo, Clifford Irving, falsificó su historia haciendo buena la idea de Roland Barthes de la imposibilidad teórica de cualquier biografía. Pero la biografía dio consistencia al personaje, tal como la firma daba consistencia y valor a los cuadros. 

Elmyr D'Hory (aproximadamente)

Los dos se embarcaron posteriormente en otro fraude conjunto falsificando un manuscrito atribuido al recluido, enloquecido e impenetrable Howard Hughes, esa es al menos la conclusión de Welles. Irving negoció contratos millonarios sobre la base de que tenía la exclusiva de los encuentros con Hughes, el enigmático, el millonario excéntrico y misántropo, recluido en un ático de Las Vegas durante años y al que algunos juraban haber visto convertido en un mendigo de largas uñas y pelo enmarañado. ¿Quién —se pregunta Welles— pudo haber falsificado aquel manuscrito que Irving pretendía vender sino el gran falsificador, el propio D’Hory? El Hughes de Irving no era más que un papel manuscrito y una voz telefónica. El millonario negó haberle visto nunca.
Welles se presenta ante el público como un mago ilusionista cuya función, como la de todo arte, es convencer de la realidad de la mentira. Él ironiza sobre cómo falsificó una invasión extraterrestre con su versión radiofónica de La guerra de los mundos. En su función de presentador de la ceremonia universal del fraude no puede dejar de reconocer la ironía de un mundo en el que se paga una obra de arte falsa con un cheque falsificado.

Clifford Ieving
Para aumentar el valor de su personaje, Irving cuenta cómo recorrió los museos pidiendo a los expertos que autentificarán los cuadros pintados por D’Hory con el estilo de los maestros reconocidos: Matisse, Picasso, Modigliani… Irving relata cómo al poco tiempo los expertos regresaban convencidos de que aquellos cuadros pintados en la casa ibicenca por D’Hory habían salido de la mano de los grandes pintores del siglo. 
La conclusión a la que llega Orson Welles, a la que llegaron Irving y D’Hory, es que un falsificador no debe nunca huir de los expertos, como a primera vista todos pensaríamos, sino, por el contrario, debe buscar directamente su aprobación, ya que es el experto el que da el valor y garantiza con su nombre la autenticidad de las cosas. Cuando todos comienzan a temer haber sido engañados, descubren que tienen mucho que perder, su reputación, y así nadie levantará la liebre. Nadie está interesado en descubrir la verdad: los expertos se quedan sin reputación, los museos pierden lo invertido pues el valor de los cuadros queda reducido a la nada, tal como el pícaro D’Hory hace enviándolos ante las cámaras al fuego de su chimenea para demostrar que salen de sus pinceles y no de los maestros.

No sé porqué, me pasé toda la película pensando en la crisis financiera, en las hipotecas basura, en la titulización, y demás falsos modigliani con los que los pícaros y expertos nos han lanzado a la ruina económica. Welles, desde el principio de los 70, nos advierte que el fraude surge precisamente de los expertos y que son los expertos los que han creado el “mercado del arte”. De la misma forma que los productos financieros, los falsos picassos, renoirs, modiglianis basaban su valor en el juicio de los expertos, que fueron los auténticos interesados en aceptar que eran verdaderos y valiosos porque los vendían después a los clientes ávidos de invertir en valores seguros. Gracias a las tasaciones y a las comisiones, el mercado se fue inflando y las paredes de los museos llenándose de cuadros falsos que todo el mundo admiraba y que rivalizaban por conseguir a cualquier precio. El mercado creo sus expertos y los expertos crearon el mercado. D’Hory creaba los cuadros-basura, los cuadros que llevarían a los museos a la bancarrota al hundirse el valor de lo que cuelgan en sus paredes y que se llevó todo su capital en las compras.
Hay un momento en el film en el que Welles pregunta al marchante llamado François por qué, si tenía la certeza de que los cuadros que D’Hory le suministraba eran falsos, no lo denunció. El marchante dice con absoluto cinismo que porque ganaría igualmente mucho dinero vendiéndolo aunque fuera falso. La estafa no importa. Se llama beneficio: la diferencia positiva entre lo que te estafan y tú estafas. El último, paga. Es el mismo procedimiento que se ha seguido en esta mal llamada “crisis financiera”, que ya comentamos que era de orden “fiduciario”. Esta vez los causantes, los que avalaron a los D’Hory, los Irving de turno, son la larga lista de expertos que concedieron valor a lo que no lo tenía, seguros de que ellos ganarían siempre por ser intermediarios, llevándose los ahorros de sus clientes. El árbol de la codicia no cambia sus raíces, solo sus hojas cada primavera. De burbuja en burbuja, avanzamos.


La película de Welles no es solo un magnífico —probablemente uno de los más grandes— filme sobre el arte, sino una lúcida reflexión sobre la forma de vender ilusiones y de cómo la codicia es la mayor ceguera. Convierte en inmoral al que vende y en idiota al que compra. Welles no puede ocultar su risa por navegar entre tanto pícaro. El arte sin firma, la catedral de Chartres, es lo que suscita la reflexión final de Welles sobre el verdadero valor.
Por un extraño juego del destino, sin premeditación alguna, programé esa película ayer, día 10 de octubre. Esta mañana, uno de los asistentes a la película me hizo la siguiente pregunta a través de internet: ¿la pusiste porque es la fecha del fallecimiento de Welles, el 10 de octubre de 1985? No. La puse porque, probablemente, el mago Welles esté riéndose en algún rincón de mi cerebro. No tengo otra explicación. Y no quiero engañar a nadie.



viernes, 22 de julio de 2011

Fraude 2.0

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La entrada de la falsa tienda

¡China! De China, ese país inmenso e inmensamente sorprendente, nos llega una noticia que muestra el signo de los tiempos: una bloguera occidental de visita por el país descubrió con asombro que la tienda de Apple que visitaba era completamente falsa, Hasta el momento la preocupación de los consumidores era que los productos fueran falsos, sin embargo eso era en la época del “Fraude 1.0” y ahora estamos ya en la del “Fraude 2.0”.
En tiempos anteriores, en los del “1.0”, el fraude se refería a la falsificación de los productos. Todos tenemos nuestras casas llenas de productos que parecen ser una cosa y luego son otra o, segunda variante, que parecen hechos en un sitio y luego están hechos en otro. Recuerdo el enfado de una amiga que venía de Nueva York al descubrir, ante mis insinuaciones maliciosas, que aquellos recuerdos auténticos que se había traído desde la ciudad de los rascacielos estaban hechos en cualquier fábrica perdida de Asia. Y así fue. Recuerdo también una visita, cercana ya la medianoche, a una tienda escondida, en pleno barrio de Jan Al Jalili en El Cairo, con un lingüista búlgaro y dos amigas cairotas. El lingüista, una eminencia internacional en lingüística computacional, preguntaba si aquellos perfumes franceses que le ofrecían en garrafas metálicas eran realmente “auténticos”. El vendedor le aseguraba que sí con todo convencimiento. Y como el lingüista estaba dispuesto a dejarse convencer porque eran regalos de compromiso y a desgana, cargó su bolsa de aquellos perfumes franceses. Pero al vendedor nocturno de aquella tienda escondida no se le ocurriría decir que era una tienda oficial “Chanel”, pongamos por caso.

La falsa tienda Apple
Hasta aquí estamos todavía en el fraude 1.0. Sin embargo, con el fraude de la tienda de Apple ya no sabemos dónde entramos. Falsificar productos se explica porque esos productos se meten en contenedores y se exportan a todas partes del globo hasta llegar a esos almacenes que tienen todas las ciudades importantes del mundo. Allí se almacenan toneladas de productos típicos de cualquier parte del mundo y objetos auténticos de todo tipo y condición. Son los fraudes de siempre.
El fraude 2.0 es un metafraude. Ya no se exporta la falsificación; el nuevo fraude actúa como respaldo de la venta, como un marco. Esto es un signo importante porque significa dos cosas: que ya hay un nivel de vida alto y de turismo fluido en China, y que a los chinos les resulta más rentable (en función de lo primero) realizar estafas en casa. Los productos ya no van a Occidente, sino que es Occidente el que va a los productos. Guiados por esa codicia turística que se resume en la frase “aquí las cosas son más baratas”, los que entran en esas tiendas salen convencidos que se llevan un Apple comprado en una genuina “tienda Apple” a mitad de precio de lo que les costaría en su ciudad.
Además, a diferencia de la tienda cutre de los perfumes, la tienda 2.0 está realizada con todo lujo y gusto. Solo el ojo de un experto podría notar las sutiles diferencias entre una auténtica y una 2.0. Pero el fraude va más allá. Interrogados los dependientes “Apple” de la “tienda Apple”, desconocían que se encontraban al servicio de una tienda falsificada, con lo que entran ya en una categoría, la de los “empleados estafados 2.0”, superando a los tradicionales “empleados estafados 1.0”, que son a los que se les paga poco, o sea, todos nosotros.
Ya lo venían avisando: la vanguardia está en China, el gigante asiático.

* "Are you listening Steve Jacobs?" http://birdabroad.wordpress.com/2011/07/20/are-you-listening-steve-jobs/

El falso empleado que nos sabía que era falso

miércoles, 9 de febrero de 2011

Determinación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No se mueven. O si lo hacen, otro ocupa su lugar. O regresan después de hacer su trabajo para seguir. La Plaza Tahrir nos está mostrando un tipo insólito de duelo en la forma de hacer revoluciones. Hemos conocido revueltas de todo tipo, pero esta tienes unos matices muy distintos. No podía ser de otra forma en Egipto. Les enviaron policías uniformados y los rechazaron; les enviaron policías camuflados y los rechazaron; les enviaron tanques y se subieron y besaron a los soldados; les enviaron promesas y se rieron. Y hay que oír reírse a un egipcio. La joven que decía el otro día ante una cámara “Si Mubarak es cabezota, nosotros los somos más”, lo decía con una sonrisa. Hay que saber leer sonrisas para ver su determinación.

Los egipcios saben que han pasado de una primera a una segunda fase. Se muestran mucho más inteligentes y mejores estrategas que muchos dirigentes extranjeros y sus ilustrados gabinetes de expertos. Acostumbrados a prometerse cosas unos a otros, los políticos negocian. Pero la gente de la plaza, la de las calles, la de Alejandría, no quiere negociaciones; quieren que se vaya. Se puede decir más alto, pero no más claro. Game Over.

Como en cualquier juego que requiera de un conocimiento profundo del otro, es necesario mantener una estrategia. Creo que en esto, los egipcios juegan con ventaja: ellos conocen mejor a Mubarak que Mubarak a ellos. Llevan décadas observando sus reacciones, interpretando sus gestos, especulando sobre sus señales. Cuanto más retrasa su salida, más justificada está. Game over es game over. El régimen no lo quiere entender porque quiere ser quien controle la transición y presentar su derrota como una victoria. Los egipcios saben que si ceden en esto, mañana tendrán en sus televisiones y periódicos la noticia de que Mubarak ha sido quien ha traído la democracia a Egipto. Y por ahí no pasan. Los dictadores tienen estas cosas. Tienen tanto afán de protagonismo que se apuntan hasta sus caídas. Y Mubarak está cayendo; lleva quince días cayendo, intentando no abrir el paracaídas hasta el último momento.



Mubarak pide al pueblo (me resisto a decir su pueblo, porque no es suyo) que confíe en él cuando él no ha confiado en el pueblo. Porque ¿qué otra cosa es una dictadura sino la máxima desconfianza en el pueblo? Si la democracia es la confianza, la dictadura es su negación. Por eso, el pueblo egipcio confía en sí mismo y no confía en Mubarak. Pura reciprocidad. Nos dice el psiquiatra Carlos Castilla del Pino:

Desconfiar de alguien entraña ofenderlo en un eje básico para la interacción, el de su integridad moral. Desconfiar es poner en cuestión el núcleo sobre el que se sustenta toda relación. Por eso, si ha de mantenerse la relación con aquel de quien desconfiamos, tratamos de que no se traduzca ni en palabras ni en gestos (166)

Los dictadores se hartan de decir que confían en sus pueblos, pero practican lo contrario. Por eso las dictaduras, análogamente a lo que señala Castilla del Pino para la psique individual, suponen una gran ofensa para los pueblos y un largo e intenso aprendizaje sobre el poco valor que tienen sus palabras. Los negociadores quieren regresar a sus casas con muchas palabras, llenos de promesas. Los que están en las calles de Egipto manifestándose, ocupándolas, le deben a Mubarak el conocimiento del poco valor de su palabra. Que tu palabra y tu corazón no se separen, instaba un verso en el Antiguo Egipto**. ¿De qué sirve prometer elecciones cuando están hartos de ver elecciones trucadas? ¿De qué sirven las promesas de reformas constitucionales cuando estas han sido utilizadas en Egipto con profusión para recortar las libertades individuales y colectivas cuando le ha interesado a los gobernantes? Mientras ofrecen libertad siguen metiendo gente en la cárcel. En un exceso teatral insólito, el gobierno egipcio ha emitido un comunicado oficial de protesta ante Turkia quejándose de que el presidente Erdogan se meta en los asuntos internos de Egipto. ¿Delirio?

Aceptar entrar en ese juego es retroceder y ellos han ganado mucho terreno con esfuerzo y sacrificio. Esta todo muy claro. No son negociadores ni retóricos. Son fajadores, luchadores curtidos en recibir golpes, entrenados para llegar al final del combate resistiendo el dolor. Cada combate, cada golpe recibido en cada ataque, les ha enseñado que las palabras vienen lejos del corazón, como un último intento seductor cuando ya les ha fallado todo. El gigante está contra las cuerdas. Rota la confianza, recuperada su moral, los egipcios —visto el poco valor de palabras y gestos— no admiten más que hechos. Solo uno: la salida.

Game over.

* Carlos Castilla del Pino (2009): Conductas y actitudes. Tusquets, Barcelona.

** Henri Frankfort (1998): La religión del Antiguo Egipto. Laertes, Barcelona.