Mostrando entradas con la etiqueta Oscar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de mayo de 2026

La IA y los Oscar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La polémica ya está presente  para la edición de los premios Oscar. Como era previsible, cuestión de tiempo, no solo los tradicionales puestos de trabajo desaparecen por el uso rentable de la IA, sino que entra en el mundo del arte, en este caso del Cine. ¿Puede considerarse artística una interpretación de la IA con forma de "actores"? Disney y Marvel ponen en la calle a una parte de su personal, pero ahora toca uno de los ejes del cine, los actores y, como anticipa la academia, la posibilidad de que accedan a los premios Oscar las interpretaciones generadas por la IA.

El caso de la reconstrucción artificial del actor Val Kilmer, después de muerto y con permiso de la familia, ha puesto sobre el escenario la posibilidad de que pudieran estar nominados en el futuro. En estos tiempos donde todo es promocional, la "simple" nominación ya es un acto que sirve de cara al público.

La cuestión que está de fondo nunca ha abandonado al cine americano: ¿arte o industria? Como siempre se han decantado por lo segundo, la idea de ahorrar y aumentar los beneficios es seductora para una industria carente de imaginación secuela tras secuela, remake tras remake.

Por ello, la Academia de Cine trata de aclararse de cara a los Oscar. En RTVE.es leemos:

Como parte de su revisión anual de las reglas de elegibilidad, la Academia está abordando una de las mayores preocupaciones de la comunidad cinematográfica mundial: la inteligencia artificial generativa.

Las nuevas reglas establecen que “las herramientas no ayudan ni perjudican las posibilidades de obtener una nominación” y que la Academia y cada rama “evaluarán el logro teniendo en cuenta el grado en que un humano estuvo en el centro de la autoría creativa al elegir qué película premiar”. También se reservan el derecho de solicitar más información al equipo cinematográfico sobre la naturaleza del uso de IA y la “autoría humana”.

En cuanto a la elegibilidad de las interpretaciones, solo se considerarán los roles “demostrablemente interpretados por humanos con su consentimiento”. La organización declinó comentar si la próxima interpretación generada por IA de Val Kilmer sería elegible, ya que los cineastas aún no la han presentado.

Una apariencia no es un actor, por un lado, pero también podría depender de cómo se acredite a Kilmer en la película: como Val Kilmer o de otra forma. También se puede tomar como ejemplo a Andy Serkis como Gollum, una colaboración entre humano y tecnología para la interpretación final.

“Lo revisaremos caso por caso”, dijo Kramer. “Nosotros, como todos en nuestra industria y en el mundo, evaluaremos esto cada año”.

Hay menos ambigüedad en las categorías de guion, donde las reglas establecen que “los guiones deben estar escritos por humanos para ser elegibles”.*

 

Lo cierto es que todo queda en el aire. ¿Qué es eso de que "una apariencia no es un actor"? Todo lo que aparece en pantalla, por definición, es una apariencia. Si es un actor, se llama "teatro". Tratar de distinguir entre "apariencias" no tiene mucho sentido y me temo que eso de decidir si la "apariencia artificial" aprendió del actor previo, es decir, si ha sido entrenada, como se suele decir, tampoco da mucho de sí, a menos que den premio a los "entrenadores" de "apariencias".

Por otro lado, la Academia no está desvinculada de la industria, por lo que la influencia para producir nominaciones a las interpretaciones de la IA pronto caerán. Serán utilizadas como patentes de corso, como legitimaciones del uso.

Evidentemente, lo que hay de fondo es el debate entre arte y negocio. Que el cine se mueve en los dos campos es indudable, lo importante es lo que valoramos y si nos importa el camino hasta llegar ahí. Me parece que el titular de RTVE.es se adelanta en afirmar demasiado pronto que no habrá IA en los Oscars. Es cuestión de tiempo y de la promoción adecuada.

Que voces, gestos, movimientos, miradas, etc. sean generadas por una IA es hundir un arte que está muy necesitado de otro tipo de promoción. ¿La reacción del público? Ha ido cambiando a lo largo del tiempo y finalmente las nuevas generaciones lo acabarán aceptando como algo normal en todos los aspectos de la vida. Habrá, por supuesto, nostálgicos, pero de ellos se acaban diluyendo.

Este miércoles en nuestro cinefórum tenemos una película que encumbró y mitificó a un actor, James Dean. Se trata de "Rebelde sin causa" (Nicholas Ray 1955). ¿Podría alcanzar la IA este estatus revolucionario de toda una generación, crear un "mito", algo al alcance de muy pocos. 

* "Los premios Óscar de la Academia primarán la autoría humana creativa frente a la IA" RTVE.es  2/05/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260502/premios-oscar-academia-primaran-autoria-humana-creativa-frente-a-ia/17050681.shtml

martes, 4 de marzo de 2025

Política no o los Oscar del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Sexta comentaba ayer el silencio en los Oscar, Lo que muchas veces es un espacio de reivindicación de causas y críticas había mostrado un extraño silencio en unos tiempos especialmente revueltos. Lo que se esperaba movidito quedó en nada.

Las explicaciones dadas a este silencio, según explicaban en la cadena televisiva se debería a una serie de advertencias a los profesionales mediante el envío de cartas, la selección de presentadores de bajo perfil político (hablaban directamente de "apolíticos") y otros tipos de formas de asegurarse una gala sin incidentes ni sorpresas. Temían, nos decían, que de hacer lo contrario, podían tener respuestas negativas no solo a la gala en sí, sino a las películas cuyos elencos se mostraran críticos.

Una nueva muestra de cómo están las libertades en el llamado "país de la libertad". Los memes sobre una avergonzada estatua de la libertad han proliferado.

Hace unos días hablábamos aquí de las reacciones en el Washington Post, donde Jeff Bezos y sus directivos habían ordenado también líneas "tranquilas" alejándose de la crítica presidencial. Gran parte de los periodistas y directivos había amenazado con irse.

Cada vez se va percibiendo más el clima de amenaza con el que los que apoyan a Trump. La Casa Blanca se está encargando de mantener un entorno mediático cada vez más cerrado y restrictivo.

Ayer escuche lo que aquí llevamos repitiendo tiempo: Trump se ha rodeado esta vez de "ejecutores" y no de asesores, como la primera vez que trataban de disuadirle de que realizara determinadas acciones que consideraban nefastas por lo que podía suponer. Los que ahora rodean a Trump son sumisos o fanáticos. De esta forma se asegura que puede hacer lo que quiere sin que nadie le frene.

Si a esto se le suma en silencio que va ganando en los medios que acaba controlando, las perspectivas para los Estados Unidos no son buenas, por más que muchos las acepten encantados y hablen de "patriotismo".

Sin freno y sin crítica, queda un Trump desatado, público de sí mismo, que puede acusar a Zelenski de "buscar la III Guerra Mundial" y quedarse tan ancho, cortando la ayuda militar en seco, como acaba de hacer, además de dar facilidades y bendiciones a  Putin. Puede hablar sin rubor de que la mejor garantía para Ucrania es que pase a ser una posesión económica norteamericana.

Sin nadie que le diga nada, sin nadie que le frene, el mundo reacciona incrédulo ante los nuevos Estados Unidos de Donald Trump, un mundo silenciado en el que solo resuena las estridencias presidenciales y de algunos de sus acólitos políticos, económicos y mediáticos.

¿Tendrán que recurrir muchos estadounidenses a informarse de lo que realmente pasa en su país, de las consecuencias de las acciones presidenciales, a través de la prensa extranjera, como ocurre siempre en las dictaduras? Pues ese empieza a ser el panorama.

Lo visto en Ucrania y en Gaza, las dos guerras abiertas que involucran a los Estados Unidos, muestran la arbitrariedad estando del lado del genocida en un caso y dejando abandonado al que no quiere ceder sus tierras o recursos ni a empresas ni a invasores.

El silencio que busca Trump es para que voz sea lo único, una visión interesada y unilateral que acabará desatando una reacción anti norteamericana ganada a pulso, día a día, con cada acción, cono cada insulto, con cada desprecio.

La silenciada ceremonia de los Oscar es solo un ejemplo de lo que Trump está haciendo en otros sectores, como los despidos en las administraciones, los recortes a los programas que pueden albergar gente contraria, etc. 

Ahora es cuando comienzan a ponerse a prueba las instituciones y las mentes críticas.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Dilema en el centro de la ficción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Seis de los diez artículos más vistos en el diario El País tienen que ver con la "bofetada de Will Smith", un "acontecimiento" mundial por el fondo, forma y lugar. El caso nos dice mucho de los medios, pero también mucho de nosotros como consumidores de medios y sobre el hecho en sí, que en realidad se puede contar en una sola frase: un marido enfadado da una bofetada a un cómico con mal gusto por hacer chistes sobre su esposa. Punto.

Yo mismo me encuentro que, tras resistirme varios días, hay una fuerza que me empuja a escribir sobre la bofetada. La bofetada como destino ineludible del que se sienta ante la pantalla de su ordenador y una pregunta en su mente: "¿sobre qué escribo?". Una vocecita en el fondo de tu interior dice tímidamente "sobre la bofetaaaadaaaa". Pero la parte racional de tu cerebro dice "¡noooo!". La cuestión se plantea hamletianamente porque a) no ha cambiado nada en el mundo más que los propios medios; y b) para negar algo, hay que escribir sobre ello, el silencio es cómplice. Con Trump pasaba lo mismo: hablar de él era malo; callar, todavía peor.



Mi problema no es "qué decir" sobre la bofetada, sino cómo evitar que me arrastre la corriente universal que lo impulsa por esas circunstancia señaladas, fondo (un chiste cruel y de mal gusto sobre la alopecia de la esposa de Will Smith), forma (una respuesta violenta en forma de bofetada) y lugar (la entrega de los premios Oscar, el suceso mediático más calculado del planeta). Desde estas tres líneas, los medios universales se disparan: del mal concepto del "amor" de Smith a las "sanciones" de la Academia (¿prohibirle la entrada a la próxima, atarlo a la silla...?), del machismo latente en abofeteador y abofeteado a la incapacidad de reaccionar de unos y otros al no saber si formaba parte de la realidad o era una ficción pactada. Entre todas estas líneas y otras muchas más, lo escrito sobre la bofetada es muy superior a todo lo escrito sobre los premios Nobel en todas sus ramas en los últimos veinte años, por utilizar la unidad de premios y trascendencia de los mismos. La bofetada ha conseguido incluso separar al propio Smith de su premio. Las explicaciones dadas entre lágrimas han sido el epílogo de su propia acción. ¿Deberían haber cambiado la tarjeta después del espectáculo previo y que se quedara sin Oscar?

La promoción excesiva de los Oscar es, en este caso, un arma de doble filo. Las expectativas mediáticas generadas se han visto satisfechas más allá de los tópicos manidos de los vestidos en la alfombra roja. Hace mucho que la entrega de los premios se ha disociado de los premios mismos, que la fiesta del cine se convirtió en la fiesta de la "alfombra roja", de los diseñadores de moda compitiendo en paralelo por llamar la atención con sus actores y actrices convertidos en perchas.


Tras la constatación de la expansión del caso de la bofetada glamurosa en el diario El País trato de hacer un merodeo por periódicos serios del planeta. Me dirijo a The Washington Post en busca de equilibrio y cordura. Me encuentro con un pequeño recuadro, orillado a la derecha de la pantalla, al final del listado de las columnas de opinión y leo el titular "The Oscars created worldwide talk — for all the wrong reasons", algo que aviva mis esperanzas de cordura mediática. Lo firma Michelle L. Norris y es muy sensato en sus términos. Tras señalar los logros que esta ceremonia tenía, desde el primer Oscar para un actor sordo a una mujer negra, latina y "abiertamente queer", Norris se lamenta de que esos focos de atención notable, únicos, hayan sido borrados de la faz de la tierra por la bofetada. Escribe Michelle L. Norris:

But days later, it seems like the beatdown is all that people are talking about. That’s a shame. It all points to the supreme selfishness of Will Smith’s actions. He knew that the room was filled with people who were living once-in-a-lifetime moments. He’d been the butt of jokes before — as a big-eared, awkward kid growing up in Philadelphia— and as one the highest grossing international stars on the planet. Rock’s “G.I. Jane” jab at Jada Pinkett Smith’s buzzed head was a low blow and an unforced error. It wasn’t even funny. You don’t go after a nominee’s spouse. You don’t try to earn laughs by mocking someone’s medical condition. And a man who made a movie about Black women called “Good Hair” ought to know better than to chide what does, or does not, grow out of someone’s scalp. But this was a case where the unfortunate was followed by the unacceptable.

Most of us have had a moment when we might want to smack the stank off someone. And if you live in the spotlight as Will and Jada Smith do, that probably happens several times a week. But throwing hands outside a boxing ring is rarely if ever acceptable, and throwing a punch on live television in a room full of people who hold the keys to your future is just not smart.

The Oscars were suddenly part of an international conversation for all the wrong reasons, and violence in America had once again — quite literally — taken center stage.*



Desde que los premios de la Academia necesitan justificarse más allá de la propia interpretación y se ven como la punta del iceberg de colectivos sociales, de demandas reivindicativas, cuotas, etc. un acontecimiento como la bofetada de Smith los reenvía a su mundanidad, a lo más bajo de la escala y deja al descubierto que todo lo que pretende —el Oscar como motor e imagen del progreso— quede en evidencia. La bofetada actúa como un hecho contrarrevolucionario, como una involución en la que en afortunada frase de Michelle L Norris, "lo desafortunado es seguido por lo inaceptable". Pero el problema es que lo inaceptable y lo desafortunado es ampliamente consumido y repetido aunque sea para su condena, generando una sinfonía a lo Berlioz, llena de sonido, furia y mucho de recreación mecánica.

Más abajo, descendiendo por la página de The Washington Post, me encuentro con la correspondiente tanda de noticias sobre la bofetada, todo un ancho de página. También ellos han sucumbido a la tentación, negando el espacio privilegiado a todos los que, por citar a su articulista, han luchado mucho para llegar allí y se ven desplazados por la imagen omnipresente, ineludible, descompuesta en momentos, de la bofetada.

La BBC, por ejemplo, se centra una línea destacada en el suceso, la alopecia de la esposa de Smith. Siguiendo la línea positiva, se apuntan a ya es hora de hablar del problema y que la bofetada es una entrada en él, una ocasión. No deja de ser un punto de vista, pero también nos dice mucho sobre cómo se mueven en la fila los problemas que nos acucian con mayor o menor intensidad. Un hecho como este llama la atención sobre un problema real de la gente.

En el ABC se produce un curioso fenómeno de reciclado. A un artículo de opinión titulado "El Príncipe de Bel Air ha perdido el sentido del humor", firmado por Karina Sainz Bongo, y otro del provocativo Salvador Sostres, titulado "Insultar", se suma un artículo titulado "Violencia, drogas, infidelidad… la no tan feliz vida de Will Smith", fechado el 6 de diciembre de 2021, a cuya entrada se ha añadido el siguiente texto:

Will Smith fue el protagonista de la noche de los Oscars, y no sólo por ganar la estatuilla a Mejor Actor por su papel en “El método Williams”, sino por el bofetón que propinó al cómico Chris Rock durante la gana por llamar Teniente O' Neil a Jada Pinkett haciendo referencia a la alopecia que sufre la mujer del actor.**

De esta forma, el pasado se reescribe a la luz del presente, actuando de una forma asociativa. La "infancia traumática" que se invoca establece una extraña línea causal en la que a esa "violencia, drogas, infidelidad" y los puntos suspensivos del viejo título se añaden ahora la televisiva bofetada como el que pone la estrella en el árbol de navidad. No cae muy bien "el príncipe de Bel Air" en ABC, según parece.

¿Héroe, villano, aguafiestas, chupacámaras, narcisista, machista? ¿Es un poco el Don Lope del Tristana, de Galdós que Buñuel llevó al cine, una figura con demasiado orgullo protector machista, defensor de un concepto de honra un poco desgastado? ¿Una bofetada desafío, un nos vemos en la madrugada en las afueras? ¿Un nos vemos donde usted quiera?

La bofetada es materia de futuras tesis doctorales sobre Comunicación, investigaciones sobre el consumo informativo, sobre el comportamiento de los medios y de las audiencias, de la interacción entre ambos, de los géneros discursivos y periodísticos, entre otras muchas cosas. Es como una piedra tirada al centro de un estanque.

No hay que hablar tanto de la bofetada y, con un poquito de distancia, sobre la bofetada, como un suceso que rebota en las paredes mediáticas sin cesar, que abre caminos para reflexionar sobre el mundo y lo que lo tapa, sobre sus contradicciones, sobre qué es el humor o qué es la alopecia, sobre qué es y debe ser el amor. Quizá la ceremonia de los Oscar, la forma de plantearla y presentarla sean cosas del pasado y esto se produzca como fruto de los desajustes.

Pronto, otras entregas de premios incluirán piezas con parodias de la bofetada para tratar de conjurarla, de evitar que aparezca la realidad escondiéndola tras la ficción. Es eso o eliminar los chistes de mal gusto, los chiste personales, una vieja tradición con la que no quieren acabar.

Fondo, forma y lugar crearon esta tormenta mediática perfecta que nos absorbe en sus giros temáticos expansivos. Pensamos en los medios y en la información trascendente, saber sobre el mundo. Pero el mundo hoy quiere hablar y lo hace de cosas imprevisibles, triviales en sí mismas. ¿Para qué —se preguntaría un informador— elaborar extensos análisis cuando te ves sorprendido por un hecho inesperado de esta naturaleza y se eleva a universal? ¿Qué significa que, en medio de todo tipo de sucesos históricos, de peligros universales, la realidad sea desplazada por una bofetada entre actores en la ceremonia de las ficciones cinematográficas? ¿Veremos la concesión de un Oscar a una película sobre la bofetada, un premio al mejor documental sobre este hecho en el futuro? Es probable. Hollywood necesita moralejas finales y ésta todavía está por decidir. La ficción exorcizaría a la realidad en un acto del que casi todos dudaron que no estuviera preparado. Dilema en el centro de la ficción. Esa es la clave, la "fake reality".


* Michelle L. Norris "Opinion: The 2022 Oscars were part of an international conversation — for all the wrong reasons" The Washington Post 30/03/2022 https://www.washingtonpost.com/opinions/2022/03/29/oscars-will-smith-slap-diversity-international-conversation/ 

** Fernando Goitia "Violencia, drogas, infidelidad… la no tan feliz vida de Will Smith" ABC 6/12/2021 https://www.abc.es/xlsemanal/personajes/will-smith-hijos-infancia-vida-familia-jada-pinkett.html#vca=rot-ed-7&vmc=crosslinking-xlsemanal&vso=noticia-internacional&vli=1-violencia-infidelidades-drogas-la-vida-no-tan-feliz-de-will-smith

lunes, 26 de abril de 2021

Bondades y aullidos, sobre Nomadland

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Ya conocemos los premios de la Academia del Cine. Son unos premios si no extraños, sí atípicos, claramente un cambio de sensibilidad. Las películas de este año tenían valores distintos, más humanos, quizá porque el dolor estaba en el corazón de muchos. Muchas de las películas han sido ejercicios sencillos de ahondar en los sentimientos y en las injusticias.

Creo que se pueden ver dos líneas claras, las películas que nos hablan de nuestro lugar en el mundo y aquellas que presentan un mundo inhóspito, agresivo, con poco sentido de la piedad hacia los demás. Esto nos ha dado películas como Nomadland o The Father, como Minari, en el primer grupo; y aquellas que, en el otro extremo, muestran las luchas, los conflictos sociales, como El juicio de los 7 de Chicago, Los Estados Unidos vs. Billie Holiday o Una joven prometedora, con una dimensión inequívocamente combativa y social. Ya fuera el racismo o el machismo, los esfuerzos combativos estaban en este segundo grupo, mucho más militante.



La vía del primer grupo no abandona las injusticias, pero sí elige otra vía muy distinta para exponerlo. ¿No es Nomadland una película crítica? Por supuesto, hasta sus raíces mismas, pero busca otra forma de exposición porque hay otra forma de entender la vida. El cine es mirada y tras ella están los sentimientos, el corazón y el cerebro. Hay un cine industrial, pero también un cine que es escritura, estilo sobre el mundo y la vida.

En RTVE.es nos hablan de su directora, Chloé Zhao, ya ganadora del Oscar en esa categoría. La llaman La "profeta de los desheredados":

 

Chloé Zhao (Pekin, 1982) ha hecho historia al convertirse en la segunda realizadora en conseguir el Oscar a la mejor dirección por Nomadland. Una noche en la que Frances McDormand ha conseguido su tercer Oscar a la mejor actriz. Además, ambas son coproductoras de la película, por lo que también comparten la estatuilla a la mejor película del año.

Zhao ha calificado la película como: "El viaje de toda una vida, una locura que hemos hecho". Y ha dedicado el Oscar a las buenas personas: "Siempre he encontrado bondad en toda la gente que he conocido, este premio va para todos los que sacan la bondad de las personas que conocen, eso me inspira a seguir".*

 


No creo que a esto, como dirían algunos, se le pueda llamar ingenuidad. Es, simplemente, una forma de entender la vida e ir por el mundo. La adaptación de un libro reportaje sobre las víctimas de la gran crisis de 2008, la crisis de la codicia, de las estafas financieras, etc. era un momento para hacer una película más del segundo grupo. Sin embargo, la mirada que hay implica que es más importante un corazón limpio que uno que odie, que es más importante centrarse en la positividad de la vida, que perderse uno mismo en sentimientos negativos. Por eso no es nada extraño que Zhao dedique a las buenas personas su premio,  a aquellas que sacan bondad de los demás y no lo peor, como, desgraciadamente, tenemos muchos ejemplos cada día. Una buena persona es quien se niega a dejarse arrastrar por las maldades del mundo. No es un tonto, por más que muchos lo crean. Si hay algo peor que ser víctima de los demás, es serlo de ti mismo.

He hablado aquí en varios momentos y en otros lugares de la película, de su carácter atípico, lírico, de su dejarse absorber por la tierra, esa tierra de nómadas. Creo que es una película que puede ser muy mal interpretada, como los que la comparan con un "western de colonos". El "nómada" es lo contrario del "colono"; por eso el western tradicional es una lucha por el dominio de la tierra o por el control sde la ciudad, cuando Nomadland nos muestra los beneficios del no desear, de seguir el camino para la alegría del reencuentro con los que nada tienen.



Sí hay un profundo sentido de la naturaleza, pero no como una posesión, como algo a lo que vencer, sino como algo por lo que desplazarse, un espacio en transformación que debe ser contemplado y partir.

Nomadland es una demostración de que el cine no es mero entretenimiento. Es un arte complejo que corre el riesgo de verse reducido a una actividad económica sin trasfondo. Me he lamentado muchas veces de que el cine no haya entrado realmente en nuestro sistema educativo, lo cual es una ventaja en ocasiones si tenemos en cuenta que este no enseña a formarse una emoción estética. Llevado por la vorágine del estreno, de la temporada, de recuperar lo invertido, etc. el cine necesita de entusiastas capaces de transmitir entusiasmo, de acercarnos a sus sutilezas de expresión, de construcción, etc.

Integrado en lo cotidiano, el cine nos transforma como lenguaje, pero no acabamos de entenderlo, de reflexionar sobre lo que suponen sus obras.



Creo que no hay ningún otro arte que necesite de tanta ayuda como el cine, pues sus problemas provienen precisamente de su propio éxito. De la alfombra roja al glamur, pasando por el cotilleo y el corazón, por citar solo algunas ocupaciones habituales, el cine padece esta atención que muchas veces desvía la mirada del propio filme.

 

"¡Ved la película en la pantalla más grande que encontréis!, ha dicho Frances McDormand al recoger con los otros productores el Oscar a la mejor película. La actriz ha protagonizado uno de los momentos de la gala al despedirse con un aullido de lobo (que ha dedicado a "la manada" de Nomadland).*

 

Los que vivimos la época de las grandes salas en lugares pequeños, en barrios, agradecemos esa visión amplia, esa inmersión que el cine requiera para poder experimentarlo en plenitud.



No me parece mal que en el civilizado y glamuroso Hollywood haya resonado ese aullido de McDormand, una forma de reivindicar lo que el propio filme quiere expresar, ese sentido de lobo solitario, pero también el sentimiento de pertenencia que es el que da sentido a los reencuentros en el filme.

La pandemia ha tenido su lado positivo para el cine. Nos ha traído historias más sencillas, más cotidianas, alejadas de efectos especiales. Con cines cerrados y con las productoras reteniendo sus películas pensadas para ser grandes éxitos y recuperar grandes inversiones, la solución más sencilla ha venido de quienes han decidido asumir los riesgos, muchas veces los propios actores, en un movimiento alternativo cada vez más importante. McDormand produce la película, es su apuesta. Lo hemos visto cada vez con más frecuencia. Independencia creativa que se enfrenta después a la falta de inversiones en promoción y de huecos en las salas. Estas películas han pasado por el boca a boca antes que por la promoción publicitaria.

La pandemia, ante la ausencia de películas taquilleras por estrenar —reservadas para momentos mejores— nos ha traído a los cines películas insospechadas, buen cine de lugares poco frecuentes en las salas. Con todo, la ausencia de promoción ha sido un lastre. He visto magníficas películas en solitario, contemplando una sala vacía. Se han traído películas de otras latitudes sin la más mínima promoción.

Me alegro por Nomadland. Me alegro por su visión del mundo, por su sencillez formal y su profundidad moral. Me alegro por los que apostaron por ella, por su directora y por producirla. Habrá que verla de nuevo, como dice, Frances McDormand en la sala más grande que encontremos y salir de ella aullando. Habrá que hacer sitio para ella también en la colección para poder verla de vez en cuando y recargarnos de bondades frente a la irritación mundana.

 


* Jesús Jiménez "Chloé Zhao, la profeta de los desheredados" RTVE.es 26/04/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210426/oscar-2021-chloe-zhao-profeta-desheredados/2087470.shtml

viernes, 21 de febrero de 2020

El parásito era él o a Trump no le gusta el cine coreano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nadie va a pedir inteligencia o sentido común a Donald Trump a estas alturas. Su paso por la presidencia no le ha hecho tener un sentido diferente de la vida o de las relaciones internacionales o de las nacionales. Trump es el hombre que no aprende. Así lo demuestra con cada acción que realiza, con cada palabra que dice. La "Torre Trump" es él.
Su situación le permite además de presidir los Estados Unidos, dedicar un par de días a la semana a salir de la Casa Blanca y elegir un privilegiado auditorio ante el que dar salida a sus comentarios sobre el mundo, una ocasión más de mostrar su calaña moral y su sentido de la presidencia.
Esta vez le ha tocado sembrar la xenofobia de nuevo. Y la excusa son los premios de la Academia, los Oscar. La CNN titula "Trump isn't pleased a South Korean film won best-picture Oscar", nos muestra en vivo al comediante Trump, ante su público, puro "Club de la Comedia", y transcribe su intervención:

President Donald Trump bemoaned this year's Academy Award winner for best picture, "Parasite," on Thursday because it's a South Korean film.
"How bad were the Academy Awards this year, did you see? 'And the winner is ... a movie from South Korea,' " Trump said, impersonating an announcer, at a rally in Colorado.
"What the hell was that all about? We've got enough problems with South Korea with trade, on top of it they give them the best movie of the year?" he asked.
Parasite was the first foreign language movie to win best picture at the Academy Awards. It also won awards for directing and original screenplay.
Trump, however, wasn't impressed. He seemed more interested in American films that had been made more than 70 years ago.*



Trump suele ejercer de crítico cinematográfico chistoso despreciando a todos los actores, directores, escritores, etc. que le critican. Estos aprovechan su tirón popular y las palabras de recepción de los premios para ponerle verde, lo que le fastidia. Suele decir de ellos que "no le gustan" o que están "sobrevalorados", como dijo de Merryl Streep, una actriz menor, como todos sabemos. Esta vez también le ha tocado a Brad Pitt, que hizo un chiste a su costa sin mencionarlo.
Pero en el caso de "Parásitos" es otra cosa. Una vez más, deja  la presidencia al descubierto con su carga xenófoba. Trump es algo más que un ignorante pretencioso y narcisista. Es un xenófobo y racista. Lo es sencillamente porque en su cabeza no puede aparecer el pensamiento de que haya algo mejor que lo hecho en los Estados Unidos, despreciando todo lo demás como inferior. Su concepto de "America Greater" es clara mente denigratorio para todos los demás, que son "inferiores" a sus ojos. La simple posibilidad de que una película coreana gane es ya un imposible para él.


Pero hay algo peor. Trump no es solo un racista y xenófobo. Es un demagogo. Con los comentarios sobre la "imposibilidad" de que una película coreana pueda ser mejor que una norteamericana está exacerbando el odio hacia lo exterior, que un día es Corea, otros Europa y casi todos China. Trump está envenenando a los Estados Unidos y a todos a los que se suman a este furor que ya va más allá de los nacionalismos.
Los tuits en la productora de la película coreana le han recordado que las películas a las que puesto como ejemplos contra "Parásitos" (— "I'm looking for like, let's get 'Gone with the Wind' -- can we get like 'Gone with the Wind' back, please? 'Sunset Boulevard,' so many great movies," he continued), fueron realizadas con el concurso de actores ingleses (O. de Havilland, Leslie Howard) o de un director austriaco (B. Wilder). Pero la ignorancia, sabemos bien, no se corrige con el poder.


Con sus discursos xenófobos, Trump está alentando una América supremacista e ignorante, basada en la fuerza y la amenaza. Está alentando además la violencia contra el extranjero, algo que no admite bromas ni chistes. Los asesinatos en Alemania por parte de un ultraderechista son de corte xenófobo y racista y han conmocionado a Alemania, que ve el ascenso de la ultraderecha en el país. En los propios Estados Unidos ya se han dado casos de muertes contra los mejicanos, como el caso del racista que bajó hasta El Paso a matar mejicanos.
Lo que Trump deja al descubierto es —lo hemos dicho muchas veces— la pérdida del sentido de los Estados Unidos como nación abierta, como construcción de aquellos que buscan una forma de vida más libre. Ese era el mito. Trump ha conseguido hacer retroceder a los Estados Unidos en derechos y en visión en la Historia. La ha convertido en un matón imperialista que solo sabe recurrir a las amenazas y a la fuerza. Ya no es líder de ningún mundo, sino un abusador que sigue teniendo una imagen incorrecta de sí mismo y de cómo los demás lo ven. Ya no es el "líder del mundo libre", que se ve amenazado por Trump y por las situaciones que este crea.


Tanto Corea del Sur como China han conseguido superar a los Estados Unidos en muchos campos, lo que ha encendido las iras nacionalista o las simplemente económicas. La idea de que coreanos y chinos han logrado llegar hasta donde lo han hecho porque roban sus maravillosas ideas a los Estados Unidos, es un delirio con en el que se trata de encubrir su propia decadencia, retrocediendo hacia una América oscurantista, retrógrada manejada por el Tea Party y demás grupos ultraconservadores que siguen con la idea del "destino manifiesto".
Las amenazas ayer mismo a Europa por el tema de abrir el mercado del 5G a Huawei es intolerable, pues no es más que una maniobra de economía mafiosa, desacreditando a los competidores desde la política. No otra cosa hace Trump. Por eso le da igual las garantías. Solo quiere colocar las compañías norteamericanas, que se han aprovechado de la tecnología para expandir su economía y poder, especialmente el de vigilancia. Si la amenaza del espionaje de Huawei no ha sido probada en absoluto ni se basa en precedentes, por el espionaje habitual espionaje estadounidense debemos todos dar las gracias.


Esto lo ha dejado claro Trump esta semana cuando ha amenazado con no compartir la información de inteligencia si Europa se decanta por el 5G con Huawei. La amenaza es de tal gravedad que se ha corrido un velo de silencio sobre lo que supone para eso que suele llamarse "Occidente" y que es cada vez más la voluntad de Estados Unidos de Trump.
Trump vive del miedo. Es el miedo lo que hace avanzar la industria del armamento, de toda la maquinaria militar y de la protección. Esa ha sido una de sus prioridades: cobrar por proteger. Era su forma de entender la OTAN y lo sigue siendo. Para evitar el establecimiento de relaciones entre países que generen confianza y seguridad, Trump empantana el planeta creando conflictos en todos los puntos: Oriente Medio, Ucrania, Corea, Irán... Nunca se había visto una política de este tono para aliados y de estigmatización de países. Trump retrocede a los peores momentos de la Guerra Fría porque es la que ha hecho progresar a los Estados Unidos y le ha permitido ocupar el lugar que ocupa y el que quiere ocupar. No quiere que se busque un orden armonioso, sino uno de conflictos, de fronteras duras, de bloques en los que vender la protección.


La rabieta con la película Parásitos es muy reveladora de su visión del mundo, agresiva y corta de miras. La película coreana ha ganado en un gran año de cine y ha sido votada por la Academia norteamericana no en las Naciones Unidas. Su incapacidad de entenderlo, por un lado, y su maldad al aprovechar para aumentar la xenofobia en Estados Unidos ya es aprovechar toda circunstancia para intentar denigrar a los que compiten con él. No deja de ser interesante la forma en que el país que preconizaba el sistema de libre mercado lo haya convertido en un sistema desquilibrado basado en el miedo y en la amenaza.
Parásitos ha recibido múltiples premios, muy merecidos todos. Esta vez tampoco hay error; solo es, como se ha señalado, el comentario de un analfabeto. 



* "Trump isn't pleased a South Korean film won best-picture Oscar" CNN 21/02/2020 https://edition.cnn.com/2020/02/20/politics/trump-south-korea-best-picture-parasite/index.html CNN

jueves, 28 de febrero de 2019

La maldición de las raíces o qué difícil es ser egipcio o dejar de serlo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sabía que ocurriría, solo se trataba de saber cuándo. No quería ser agorero, pero sabía que era inevitable. Cuanto más se celebrara el éxito de Rami Malek, cuanto más arriba llegara, antes aparecería la homofobia egipcia. Y si los Oscar se dieron el fin de semana, han sido poco más de 48 las que ha durado la celebración como "héroe egipcio" de Malek.
Egipto es una trituradora, una maquinaria social que necesita de figuras a las que elevar para mostrar el poder de lo "egipcio" (justamente o no) y a las que destruye después mediante procesos de calumnias, insultos o denigraciones. Hay algo perverso en todo ello y que implica el enorme riesgo de ser popular en un país que tiene como deporte destruir a sus mitos, especialmente si el éxito llega de fuera, lo que los hace inmediatamente sospechosos. Eso vale de Moh Salah a Rami Malek, de Sherine a Bassem Youssef.
El éxito cinematográfico internacional de Malek en la interpretación de Freddie Mercury —merecedora de todos los premios importantes— le ha hecho convertirse en un centro de atención doble, por un lado los que aplauden su éxito y tratan de hacerlo suyo, y los que intentan hundir su prestigio, el gran deporte nacional.


Egipto sigue sin asimilar las causas de su emigración, que van desde el sectarismo de los que deben huir por no poder vivir conforme a sus ideas (políticas, religiosas) o los que no consiguen vivir como desean (económicas) y salen a buscar fortuna.
La narrativa estándar del emigrado tiene una formulación inicial: el emigrante sale fuera, fracasa y regresa para que los que se quedaron le reprochen su salida, lo vano de su idea de encontrar un sitio mejor que Egipto. Nada produce más satisfacción que el regreso con la cabeza baja, el regreso pidiendo perdón por haber pensado que hay un lugar mejor que Egipto en el mundo. Esta narración tiene variantes, pero se mantiene como la deseable.
Por el contrario, la narración más irritante es la del éxito migratorio. Tener éxito fuera no se perdona y acaba siendo fuente de ataques. La razón es sencilla y va más allá de la envidia, que —como se decía antes— es muy mala. El triunfo fuera, el éxito de emigrante, es la confirmación del fracaso propio, de la falta de oportunidades para triunfar en un país en donde el triunfo se penaliza como casi cualquier hecho individual, cualquier hecho al margen de los mecanismos de control y vigilancia social. Son los que no perdonan y esperan el momento de preparar la caída.
El triunfo exterior es una traición. Al momento del éxito, el que el pueblo celebra con ilusión, como una posibilidad de salida de la miseria y el control al que se le somete, le sigue el de la caída, el del linchamiento mediático. Hace poco tratamos aquí los ataques al exitoso futbolista Moh Salah: "ya no comes nuestra comida, ya no bebes nuestras aguas", le dijeron.


El caso de Malek tiene su propia peculiaridad en dos puntos: es hijo de emigrantes coptos, lo que le convierte en un peligroso modelo y sujeto a doble control, y en segundo aspecto, el derivado del personaje interpretado, el de Freddie Mercury, al que se muestra como homosexual. Estos dos puntos se entrecruzan en los ataques.
Con el titular "MP criticizes Rami Malek over homosexual role", Egypt Independent señala:

Egyptian MP Mohamed Ismail, secretary of the Housing Committee in the House of Representatives, commented on Egyptian-American actor Rami Malek winning the Oscar for Best Actor by saying that he aims to spoil the morals of Egyptian youth.
Ismail said during a phone call to Hadret al-Mowaten broadcast on Al-Hadath Al-Youm satellite channel, “I was surprised by the Egyptian media’s celebration of Rami Malek, because the role played by Rami Malek in the film is far from his real character. He is trying to [spread] homosexuality among the youth.”
He added, “If he wins the Oscars, it doesn’t mean we have to celebrate him, because the main objective behind obtaining the prize is spreading something rejected by all religions – homosexuality.”
“The award has a specific goal, which is to corrupt morality in the Arab world. Rami Malek is a bad example. If he was in Egypt, he would have been hanged,” Ismail added.
Egyptian-American actor Rami Malek won the Oscar for Best Actor at the 91st Academy Awards for his exceptional portrayal of Freddie Mercury, the legendary frontman of the British rock band Queen, in the biopic film “Bohemian Rhapsody”.
Besides his brilliant performance in “Bohemian Rhapsody”, Malek is known for his role in the USA Network television series “Mr. Robot”. He has received several awards for his biggest role so far, including the Golden Globe, Screen Actors Guild Award, BAFTA, and more.
As the son of Upper Egyptian parents thanked the late Mercury, he looked to Queen’s surviving members, lead guitarist Brian May and lead drummer Roger Taylor, who were almost in tears, saying, “This is a monumental moment… Thank you, Queen, for letting me be the tiniest part of your phenomenal, extraordinary legacy… I’m forever in your debt.”*


El ataque tiene mucho de amenaza (cuando se señala lo que le podría ocurrir si estuviera en Egipto), pero lo es sobre todo para aquellos que lo celebra. Es el mismo Egipto del que ayer su ministro de Asuntos Exteriores, Sameh Shoukry, presumía de ser adalid de los Derechos Humanos ante la Unión Africana que preside.
La ingenuidad de Malek le llevó celebrar sus orígenes egipcios y dirigirse directamente a los jóvenes. Él, dijo, estaba escribiendo un segundo capítulo en un país que acogió a su familia y que le deba ahora la oportunidad de hacer cosas importantes y que estas fueran reconocidas.
Durante el tiempo de éxito de su serie televisiva, "Mr Robot", Malek ha sido citado a menudo con la etiqueta "actor egipcio norteamericano". Es frecuente que esto se haga ya que sirve para halagar el ego egipcio sin querer preguntarse por el hecho de que el éxito es algo que se produce y reconoce fuera.
Como señala el diputado homófobo y piadoso, no hay nada que celebrar pues es un "mal ejemplo". Pero lo interesante es que la cuestión no queda ahí. Hay dos elementos de maldad puramente egipcia: 1) "He is trying to [spread] homosexuality among the youth"; y 2) “The award has a specific goal, which is to corrupt morality in the Arab world. Rami Malek is a bad example. If he was in Egypt, he would have been hanged,” Ismail added.


Ya no se trata de que el diputado Mohamed Ismail y las religiones estén en contra la homosexualidad. Se trata, nos dice, de una "campaña", de una "conspiración" para corromper a la juventud. El segundo punto señala que esa conspiración tiene un "objetivo específico", que es "corromper la moralidad  en el mundo árabe". ¡Cuánta conspiración mundial contra la pureza moral, contra la perfección!
Puede que alguien piense que es una paranoia de un chiflado. La cuestión es que este tipo de paranoias conforma la vida cotidiana del mundo árabe y, en especial, del egipcio, que es la cima de la perfección moral, el lugar donde todo empezó y al que todo debe regresar, el espacio donde los presidentes siguen llamados por enviados divinos a enseñar a los egipcios y al mundo entero cómo se debe gobernar en nombre de Dios, la única lección aceptable.
Desde esta perspectiva que ahora se trata de expandir, Malek es un agente extranjero, un traidor a patria (Egipto) y religión (copta), cuyo objetivo es, como el de otros tantos, la destrucción de aquello que tantos esfuerzos cuesta al régimen, la protección de la voluble juventud, que un día pide la salida del presidente y otro agita banderas irisadas en conciertos de músicas perversas. Desde ese momento, Malek no es un actor de éxito, hijo de emigrantes egipcios, sino un mal ejemplo que hay que evitar celebrar en nombre de la pureza, las buenas costumbres y las leyes de Dios. Que no venga, porque podría ser encarcelado o peor.
Pero la cuestión no se queda ahí. En Egyptian Streets, con el titular "Somebody to Love? Rami Malek Without Freddie Mercury", nos ofrecen otra perspectiva que acaba con consecuencias negativas. El artículo está firmado por Miray Philips y critica el énfasis puesto por Marek en la cuestión de sus orígenes egipcios tratando de obviar otros elementos concurrentes en el caso de Freddie Mercury. Tras señalar inicialmente el gran éxito de Rami Marek en los premios, encadenados uno tras otro por su interpretación del cantante, se entra en la cuestión central, la sexualidad:

Unlike Rami, Freddie is bisexual. And unacknowledged in the celebrations of Rami’s success is the significance of representing the sexuality of a brown immigrant on screen. My Facebook feed is engulfed with images of Rami Malek winning awards, and none of his role playing Freddie Mercury – a flamboyantly androgynous and queer legend.
Erased from their Facebook posts – intentionally, I think – is part of Rami’s speech where he emphasizes that the film is, indeed, “about a gay man, an immigrant, who lived his life just unapologetically himself.” The selective celebration of immigration and not of queerness is blatant, and the heroization of Rami Malek as an immigrant makes me wonder if he would have been so quickly claimed as “one of us” had he, himself, been queer.


Si el diputado egipcio acusaba al actor de ser un mal ejemplo y de expandir la homosexualidad para corromper a los jóvenes egipcios, nos encontramos ahora con el caso (casi) contrario en el que las acusaciones son por haber intentado borrar la cuestión de la "bisexualidad" de Mercury en beneficio de un discurso migratorio de éxito. Para la autora, Malek es culpable de no haber mostrado más fotos del personaje y su significación sexual en beneficio de las fotos del éxito, las que consagran al emigrante triunfador.
También aquí la clave es egipcia. En el mundo de Trump, que es el entorno en el que viven la Academia y los norteamericanos, la cuestión sexual de Mercury no tiene la misma importancia que la del inmigrante de éxito, línea en la que se encaminaron muchas de las intervenciones de la noche de los Oscar, incluido, por ejemplo, el discurso de Javier Bardem. El énfasis, pues, no estaba tanto en la bisexualidad, como el de la inmigración en un país cuyo presidente quiere levantar un muro y acusa a los que llegan por el sur de ser criminales, violadores, traficantes, etc.
Pero la perspectiva se desvía en el caso de Egipto precisamente porque se invierten las direcciones de las líneas. Ya no se trata aquí de "los que llegan" (inmigrantes), sino de "los que se van" (emigrantes). Es lo que hemos explicado en el discurso homófobo del diputado: los egipcios coptos se van y sus hijos, fuera, vienen a enseñar perversidades contra Dios que aprende lejos de nuestras piadosas fronteras. No hay que ver a Malek, nos viene a decir, como un "héroe", sino como un traidor y corruptor.
Pero el artículo, en esta línea, va más allá. La autora escribe:

Perhaps, in some ways, Rami Malek has also contributed to the invisibilization of queer people. He belongs to a legacy of straight and cis actors who have won Oscars for playing queer roles. Additionally, while Rami has acknowledged his Egyptian and Coptic origins – and quite charmingly so –, and also even nodded to the violence against Copts in Egypt, he has remained deafeningly silent about the horrific crackdown on queer individuals in Egypt. For years, while LGBTQ+ Egyptians have been incarcerated and tortured en masse, the Coptic Church and other religious institutions have held conferences to “treat” homosexuality.

Once, I watched a Coptic Orthodox priest tell a room of high-schoolers that no queer Copts exist. He said this during Sunday School, in front of a room that was undoubtedly inhabited by queer and questioning Copts. The claim is outrageous, and it both denies the existence of queer Copts and justifies rampant homophobia and transphobia within Coptic communities. To combat such instances, recent efforts by Coptic Egyptians – namely CopticQueerStories and LGBT Coptic Christians – have sought to elevate the existence, reality and theology of queer Copts. These platforms highlight the struggle of queer Copts who often feel like they are “the only one” as they navigate and juggle their multiple, and seemingly competing, identities.
So, in his speech, when Rami Malek says that “we are longing for stories like this”, indeed, we are. We are longing for queer, brown and immigrant success stories. And I am longing for a Facebook feed, and broader communities, that celebrate immigration without invisibilizing and erasing queerness. Any way the wind blows.**

Malek, finalmente, tiene la culpa por hablar o por callar, por poner sus fotos con el Oscar o por quitarlas. Es el destino de las raíces egipcias. Responsabilizarle de una cosa y la contraria explica el callejón sin salida egipcia, el porqué muchos que podrían celebrar su éxito tratan de alejarse porque el éxito de un egipcio siempre es amargo.


Rami Malek trató, como otros hicieron, de manifestar que la sociedad norteamericana es múltiple, por más que tengan un presidente empeñado en demostrar lo contrario. Fue la línea de los discursos contra el racismo y la xenofobia, que ya hemos contado aquí suficientemente.
Pero a Rami Malek se le pide que se sume a causas nobles, como es la defensa de la comunidad LGTB en Egipto, o que las abandone por perversas y corruptoras. Si dice estar orgulloso de sus raíces coptas, se le dice que los coptos son también una maquinaria de represión y control social, como de hecho ocurre.
Todo ello demuestra, una vez más, que se egipcio es complicado (más que complejo), un callejón sin salida porque fracases o triunfes siempre será una cuestión polémica que te acabará quitando las ganas de regresar o simplemente de recordar de dónde vienes.


Malek se ha llevado todos los premios internacionales importantes de este año con su interpretación de un músico, Freddie Mercury, bisexual. ¿Le convierte eso en un mal egipcio (algo que no es), en un mal copto (cosa que no sabemos si le importa), en una mala persona? Para los que le atacan sí, sí y sí. Unos por acción y otros por omisión. En un caso porque te pasas y en el otro porque no llegas.
Malek ha entrado, como Moh Salah y alguna otra figura en el peligroso grupo de egipcio o medio egipcio que tienen un poder de influencia sobre un pueblo que vive alentado hacia la mitomanía y el caudillismo. El peligro de no poder controlar a estos "influencers" hace que se les destruya ante el temor de que su efecto sea nocivo para el poder. En el caso de Malek está claro en qué sentido y en caso de Salah en cuanto que empezó a mandar mensajes sociales o críticos. 
La maquinaria egipcia es capaz de esto y mucho más. Felicitaciones a Rami Malek por sus premios. Puede que se los hayan dado en la perversa sociedad occidental, esa de los derechos humanos, con la intención de destruir Egipto, pero a mucha gente le vale.


* "MP criticizes Rami Malek over homosexual role" Egypt Independent 27/02/2019 https://ww.egyptindependent.com/mp-criticizes-rami-malek-over-homosexual-role/
** "Somebody to Love? Rami Malek Without Freddie Mercury" Egyptian Streets 27/02/2019 https://egyptianstreets.com/2019/02/27/somebody-to-love-rami-malek-without-freddie-mercury/