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jueves, 23 de mayo de 2024

Burriana año cero

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El concejal de Cultura del pueblo de Burriana ha decidido vetar dos películas para su biblioteca municipal, Barbie y 20.000 especies de abejas, una norteamericana y otra española. De la primera ha dicho despectivamente que es sobre el "género" y de la segunda un curioso argumento, que ha recaudado lo mismo que recibió en subvenciones. El argumento de la española no vale para la norteamericana, que ha sido récord de taquilla donde se ha estrenado.

Ya hemos tratado aquí la avidez de los políticos de Vox por los cargos de los que depende la Cultura. Este interés está ratificado por ejemplos de la Historia pues ellos ven esos cargos desde su vocación de censores natos, una mentalidad entre eclesial preconciliar y neonazi, con toques claros de ambos.

En otras ocasiones han sido libros para bibliotecas los que han sido prohibidos o eliminados, retirados de sus estantes. Los de Vox son los talibanes de nuestra cultura. Tienen una vocación por salvar tu alma a golpes, en su veta preconciliar y de conseguir votos en la otra, la neonazi, otra ideología emergente que acaba de redimir a parte de las SS diciendo que no todos fueron criminales. Por ahí se empieza y se termina con los campos de exterminio, que seguramente serán reivindicados dentro de muy poco como campamentos de vacaciones.

En su afán controlador, piensan que el mundo está lleno de tentaciones y falsedades. Es el mismo espíritu purificador, la misma espada flamígera, que busca eliminar rodo lo que ellos consideran erróneo, "político" o tentador de la carne.

Es curiosa la interpretación que los de ese partido político dan a político, para lo que practican la tan hispánica "ley del embudo". Ya he oído a varias personas usar el término "ideología" aplicado, en su furor, incluso a las películas de Disney. Según ellos, todo es "política", todo es "ideología"... menos lo suyo, que es una verdad eterna, sancionada por la historia y ratificada por diversas apariciones en los momentos adecuados. Los nazis pensaban lo mismo; los talibanes también. Es una mala costumbre que suelen tener los totalitarios: pensar por ti, decidir por ti.

Escuchar en sus propios términos al concejal de Burriana, con ese aplomo soberbio, con esa pasmosa seguridad en sí mismo, de algo de lo que evidentemente ni sabe ni entiende porque ¿para qué se va a molestar? es muy educativo. Tienes ante ti a un clarividente desilustrado que se siente con la fuerza de pensar por los demás o, con más precisión, de evitar que los demás tengan que hacerlo bajo riesgo de equivocarse.

Ante las elecciones europeas está reflejándose en la prensa del continente el temor al ascenso de la ultraderecha, ya instalada en algunos países, lo que debería hacernos reflexionar sobre el fenómeno. Sin duda, una parte de este fenómeno es la extensión de la incultura, de la que son representante por méritos propios. Nuestras instituciones educativas y sociales fallan demasiado con estas políticas restrictivas que se han ido extendiendo por diferentes causas pero con un mismo fin: la desaparición del pensamiento crítico. El fondo de todo esto es el efecto destructivo que se realiza sistemáticamente mediante la sustitución de la idea de "sociedad" por la de "mercado". Si la sociedad necesita de "ciudadanos", el mercado necesita de "consumidores", para lo que se excitan mecanismos que bajan las defensas. Esto es aprovechado, a través de la polarización, para arrastrar a las personas hacia soluciones populistas. En vez de fomentar la tolerancia y la crítica al radicalismo, se produce el efecto contrario: se busca la radicalización simplificando lo complejo y buscando culpables que nos pongan a la defensiva. Entonces censuras, ataques, etc. se ven como maniobras para la defensa frente a los agresores.

Vox es un ejemplo de esta forma de ver el mundo y de actuar. La celebración en Madrid de su internacional ha sido todo un ejemplo de hacia dónde se va y las acciones del concejal de Cultura de Burriana otro de su mundo censor y autoritario.

No es casual la obsesión con la "ideología de género", las restricciones a los derechos de las mujeres o de las personas. La idea central que hay que defender es el "modelo" tradicional de familia, que se ve "atacado" desde la diversidad de la sexualidad y, en especial, de la falta se "sumisión" de la mujer al varón, algo que cuenta con el apoyo de la Historia y de la palabra divina. Las sociedades "sanas", para ellos, son las que se fundamentan en una sociedad jerarquizada en donde cada uno se adecúa socialmente al sexo de nacimiento y en donde se obedece al pater familias, que representa la autoridad del Creador en cada célula familiar. Los talibanes también piensan así. Por el mandato de obediencia de la mujer, esta no debe estudiar, trabajar o salir a la calle sin un "vigilante" encargado de que no siga su naturaleza viciosa en cuanto esté sola.

La vieja idea de "la mujer con la pata quebrada y en casa" nos muestra que el refranero no siempre es sabio, aunque a algunos les quede la nostalgia de la mujer sumisa. De nuevo, la ley del embudo. Lo podemos apreciar en el caso Trump en los tribunales: sus múltiples aventuras extramatrimoniales y sus sustituciones periódicas de esposas con las que aparecer en público y engañar en privado. Trump es otro de los impulsores de esta ultraderecha anti género.

Los de Vox ya no van solo contra la Historia, también lo hacen contra la inteligencia. La insistencia en censurarlo todo en nombre de valores eternos es una manera de intentar controlar las mentes. Que vaya creciendo su presencia en las instituciones es una mala señal, una señal del abandono de lo que debería ser una educación amplia, extensiva, diversa. Debería haber una mayor militancia en la cultura y en su diversidad, en la interculturalidad para comprendernos mejor. Pero tenemos la extraña idea que ofreciendo a la gente lo que le gusta escuchar esta evoluciona. La tendencia a la trivialidad, a diseñar el mundo como "producto", la vida como un "muestrario", etc. nos hacen más incultos y, por ello, más indefensos, más manipulables y controlados.

Antes una "persona leída" era alguien que leía, alguien formado; ahora son las personas las que son "leídas" diariamente a través de sus datos, de sus compras, conversaciones, espiadas por teléfonos y televisores, etc. Todo ello con una sola finalidad: dirigirnos, hacernos votar, comprar o asaltar el Capitolio o un ayuntamiento si es necesario.

En Burriana tenemos otro ejemplo local de que el autoritarismo no está lejos, que tiene todo claro, que decide qué debemos leer o ver. Las excusas del concejal eran pintorescas, van de la recaudación a si la gente tiene reproductor de DVD o no.

La película española es una gran película que no se merece esa "censura" por alguien que no ve más allá de sus ideológicas narices. El señor de Burriana, el concejal, no sabía decir su nombre, añadiéndole "submarinas" a las "abejas". Es puro teatro. Se trata de dar a entender que nadie conocía la película. Si tienen ocasión, véanla, aunque sea para que ese señor lo entienda.

Ahora que el señor concejal ha llegado a la fama por censor, los miembros del partido tienen un nuevo héroe al que tendrán que promocionar por los servicios prestados y ponerle un caballo blanco. 

Ahora veremos qué ocurre en las elecciones europeas, cuántos concejales de Burriana andan sueltos por la Unión. 

lunes, 24 de julio de 2023

Barbie, un malentendido

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No, esto no es una reseña, sino un montón de ideas atropelladas y sentimientos al salir de ver Barbie (2023), la película de Greta Gerwig. No es una reseña porque no voy a hablar de la película, una sátira feminista en la línea de otros trabajos de la autora, actriz y directora.

Mi crítica no va al filme, sino a su manipulación comercial para llenar las salas de niñas de entre 5 y 12 años que van ilusionadas a ver una película que no está pensada para ellas.

El fenómeno no es nuevo. Recuerdo la salida del estreno de una estupenda película, Un puente a Terabithia (2007), basada en la novela del mismo título de Katherine Paterson. Niños absolutamente traumatizados por lo que habían visto, en absoluto una película infantil, preguntando a sus padres sobre qué era aquello que habían visto. ¿De dónde el malentendido? En este caso las secuencias de animación existentes, que fueron las que se promocionaron. Por extraño que parezca, seguimos pensando que la "animación" es "infantil" y que todo lo que no es "realista" puede ser visto por los niños más pequeños. De nada sirve, por ejemplo, que el anime japonés tenga todo tipo de niveles. En España, los "dibujos" siguen siendo interpretados como algo destinado a los niños, cuando no lo son.

Bastan los primeros segundos de Barbie para darse cuenta de que los niños no se van a enterar, que Barbie va ser una riada de ideas que no entiende y un montón de imágenes "infantilizadas" de lo que se supone que el mundo de las barbies, Barbiland. Las imágenes aniñadas forman parte del infantilismo que se le atribuye en la separación entre los dos mundos, el real y el de las barbies. ¿Cuántos menores, niños o niñas, han visto 2001 Una odisea espacial, el filme de Stanley Kubrick para entender la broma del tráiler?

Ya no se trata de los continuos juegos de palabras sobre "meterla" o no,  de si tienen no "pene" ni "vagina", sino de la complejidad de ideas frente a la simplificación de las imágenes. El propio mundo de las barbies está lleno de color y falto de sentido. Lejos de reflejar el mundo real, el exterior, Barbieland es una mediación irreal.

Nada hay en la película destinado a las niñas (esto es parte del sexismo previo, que se critica en la película mediante diversos juegos dialécticos). Sin embargo, la película es un continuo desfilar de familias con niñas de esa edad señalada, menores de 10 años. Los padres y adultos han visto una película; las niñas otra, algo que nos debería hacer reflexionar.

Sin embargo, no se trata de eso. Uno de los misterios de la película es la implicación en la producción por parte de Mattel, la empresa propietaria de Barbie. Las críticas a la empresa o a sus políticas se hacen evidentes en momentos, pero confusas en otros. 

Todo este juego, que puede ser criticado o defendido, es totalmente incomprensible para un público infantil que solo se siente fascinado por los colores y por esas muñecas que cobran vida en ese universo artificial y tonto. Nos cuentan las noticias que Mattel se está forrando pues siempre ganan los mismos. No solo se ha ampliado su público, sino que han aumentado las ventas de barbies de todo tipo al hilo de la película.

Si se trataba de hacer tomar conciencia del "patriarcado" a través de Ken y los suyos, algo que descubren al salir al mundo real, el mensaje sigue siendo absurdo para las niñas: Ken y los otros ken deben aprender a ser hombres por sí mismos y no como dominadores de las mujeres.

La película desencadenará una tormenta mental en aquellos que deseen saber qué sentido tiene todo este mundo de colorines al que regresarán transformadas. Todo esto, claro, le da exactamente igual a los fabricantes, que solo miran las ventas. Y eso les funciona.

Esto no es una crítica de la película sino de los desaprensivos que meten menores en las salas con películas no destinadas a los infantes. Ya la calificación de algunas películas calificadas para "12 años" deja bastantes dudas, especialmente cuando se ve las que en otros países les conceden. En España hemos asumido que la responsabilidad es de los padres, por más irresponsables o mal informados que estén.

Todo el movimiento de captación está hecho para llenar la sala de niñas antes de que corra el boca a boca y se corte el flujo al advertirse unos a otros que no es una película infantil.

Cada película tiene un público que es fácil de determinar. El lenguaje contiene diversas alusiones sexuales; los chistes se hacen sobre conceptos complejos o que están fuera del ámbito infantil.  No será fácil explicar a nadie lo que ha ocurrido en la película.

Insisto, no es una crítica del filme, sino de los que llevan al público a las salas, sin importarles demasiado el método. Si el resultado son menores confundidos y aumento de las ventas de barbies por el mundo, algunos habrán conseguido su objetivo; otros, en cambio, habrán quedado un tanto perplejos y deseando cambiar de tema.

El ejercicio satírico sobre Barbie que acaba vendiendo barbies es algo un poco complicado de entender. Los que entienden la película ya no están en edad de jugar con muñecas, mientras que los que sí lo hacen no entienden la película. No está mal el plan del río revuelto. El mensaje crítico queda reducido, anulado o simplemente incompresible.

martes, 8 de marzo de 2011

Las aventuras de Barbie en China

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy, Día Internacional de la Mujer nos llega la noticia del cierre de la gigantesca tienda que Mattel había abierto en 2009 en Shanghai. Podríamos pensar que es un paso hacia el final del sexismo juguetero, pero, desgraciadamente, no es así. Barbie ha simbolizado la lucha de las feministas en los dos sentidos: unas las defendían por mostrar mujeres trabajadoras y otras, en cambio, la odiaban por el estereotipo. La muñeca camaleónica ha servido para definir un tipo negativo, la barbie, de persona preocupada por su aspecto exterior, repetida e insustancial. ¡Cosa de los estereotipos!

Barbie, la cincuentona impasible, es la muñeca más famosa del mundo ¡excepto en China! Ben Cavender, analista de los mercados asiáticos, lo ha explicado: "Barbie in the US has a very long history, people grow up with the brand, their parents grow up with the brand, so brand recognition is very high. In China, though, nobody really knew what Barbie stood for"*. Sin embargo, la explicación del conocimiento de la marca puede no ser suficiente para explicar porqué no ha funcionado Barbie en China, especialmente cuando se fabrica allí.

Vayamos por partes. En el año 2007 se formó un gran revuelo internacional cuando el grupo Mattel tuvo que retirar 21 millones de juguetes** de todo el mundo porque, se decía, tenían problemas de fabricación. Los juguetes estaban hechos en China, fabricados por la empresa Lee Der Industrial, que producía para Mattel y su filial Fisher-Price. Mattel culpó de la retirada y el desastre económico y de imagen a la baja calidad de la fabricación.

El 11 de agosto de 2007, Zhang Shuhong, el responsable de la empresa, se dirigió a los cinco mil empleados animándoles a buscar otro empleo y a vender la maquinaria por la quiebra ante el desastre. Poco después se ahorcó en el tercer piso de la fábrica. Posteriormente, ya creado el escándalo, se resolvió que solo el 13% de los juguetes tenía los niveles tóxicos de las pinturas, la principal acusación, altos. Zhang Shuhong no llegó a enterarse.

Los chinos, que no tenían problemas para la fabricación de las muñecas, en cambio sí parece que tienen reparos en comprarlas. Quizá la historia tenga algo que ver. Mattel trató de cargar las responsabilidades del desastre a China y, como tuvo que reconocer posteriormente, por boca de Thomas Debrowski, subdirector general de operaciones internacionales de Mattel, que los errores que causaron la retirada de los juguetes en todo el mundo solo eran achacables al diseño y no a la fabricación de los chinos. Debrowski tuvo que pedir públicamente perdón al pueblo chino.*** Los chinos se dieron por satisfechos en 2007, pero seguro que no han olvidado, y la tienda Barbie de Shanghai ha cerrado ahora.

Más allá de todo esto, nos encontramos con una de las muchas paradojas globales. Los chinos fabrican las Barbies a precio de tercer mundo y después se les pide que las consideren como un lujo occidental y las compren. La tienda de Barbie en Shanghai rezuma glamour y lujo (occidental, no asiático) por los cuatro costados y con una espectacular escalera de caracol que muestra, en una cadena ascendente, la evolución de Barbie de la posguerra norteamericana a la modernidad china. Pero ¿cómo comprar glamour cuando conoces las fábricas de donde han salido las muñecas?

La ironía del asunto es que cuanto mayor sea el nivel de vida de los chinos, más intentaremos venderles las cosas que ellos mismos nos fabrican. Quizá sea pedirles demasiado y rizar el rizo. China, la China de Mao y compañía, la del Libro Rojo y la Revolución Cultural, de la Banda de los Cuatro, se ha lanzado al capitalismo productivo como vía al desarrollo. Como bien dijo su líder, todo lo que no entra en contradicción directa con el pensamiento oficial, está permitido, que es la versión china del Laissez-faire. En China se produce con comunismo y se compra con capitalismo.

Barbie, la muñeca cuyo origen se remonta a una prostituta alemana, rubia platino, Lili, en un comic* de los cincuenta, lavó su pasado sexual, pero parece que no consiguió lavar el comercial.


* “Mattel shuts flagship Shanghai Barbie concept store” http://www.bbc.co.uk/news/business-12670950 BBC News
** http://www.gurusblog.com/archives/mattel-china-y-los-juguetes/24/09/2007/
*** “Mattel pide perdón a China y asume las responsabilidad en el escándalo de los juguetes retirados” El País 21/09/2007 asumehttp://www.elpais.com/articulo/sociedad/Mattel/pide/perdon/China/asume/responsabilidad/escandalo/juguetes/retirados/elpepusoc/20070921elpepusoc_6/Tes
**** http://www.independent.co.uk/opinion/columnists/john-walsh-barbie-was-based-on-a-cartoon-prostitute-whod-do-anything-for-money-1331669.html