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sábado, 25 de enero de 2020

Londres y el problema de la videovigilancia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De nuevo el debate sobre la videovigilancia combinada con el reconocimiento facial. Esta vez lo trae el diario El País desde Londres, donde la Policía tiene listo el sistema.
En un fragmento de la novela de Fiodor Dostoievski, Los hermanos Karamazov, se encuentra una de las piezas claves del mundo contemporáneo; es la denominada Leyenda del Gran Inquisidor, un diálogo simbólico entre Cristo y el Gran Inquisidor (español, para más señas) en el que se debate sobre la elección entre la Libertad y la Seguridad. El Gran Inquisidor, por supuesto, recrimina a Cristo haber antepuesto la libertad humana. Asegura —convencido y triunfante— que los seres humanos prefieren la seguridad, renunciando a la libertad.
El debate es un punto esencial en las sociedades modernas. Vivimos en sociedades controladas y no meramente juntos. Conforme hemos ido avanzando en la Historia a la tecnología —de la burocracia a la videovigilancia— en todas sus variantes se le ha ido sumando a la idea del control social. Y eso afecta a la Rusia zarista de Dostoievski, a la Sevilla imaginada del Gran Inquisidor a los Estados Unidos de Trump o al Reino Unido actual. Vivir hoy es vivir bajo control, en nombre de causas mejores o peores, más o menos convincentes y en nombre, la mayoría de las veces, de nuestro bien. El problema es que también otros deciden cuál debe ser "nuestro bien" y que la idea de algo individual pasa a ser más reducida en beneficio de los grandes números o incluso de la rentabilidad de la seguridad frente al riesgo de la inseguridad.


En el siglo pasado, Lord Acton se preguntaba de qué hablábamos cuando usábamos la palabra "libertad": «La libertad, ¿significa democracia como en Francia, o federalismo como en América, o bien esa independencia nacional que subyuga a los espíritus italianos, o ese gobierno del más apto que constituye el ideal alemán?» (Ensayos sobre la Libertad y el Poder La pregunta de Lord Acton está bien propuesta porque no es sencillo decidir cuáles son los parámetros preferentes sobre los que se construye el concepto y se aplica después a las instituciones, estados y relaciones entre las personas. En cada sociedad, en función de su propia tradición, la definición y la valoración de la libertad puede ser muy diferente y los límites de unas pueden ser difícilmente aceptables en otras. En tiempos globales como los nuestros no es fácil un estándar común y surgen conflictos entre los derechos de los individuos y las "malas costumbres" culturales. Cada día vemos la paradoja de cómo personas que huyen de sus país buscando más libertad, la pierden al llegar o por el camino.
El problema de la videovigilancia  y el reconocimiento facial, dos tecnologías combinadas, se plantea cuando la libertad es individual mientras que la seguridad es institucional y colectiva. Yo soy responsable de mi libertad, pero otros son responsables de mi seguridad o de lo que yo pueda hacer a terceros. Es ahí cuando empiezan los conflictos, cuando los límites se reducen y los excesos aumentan. Siempre existirá el conflicto, por lo que la cuestión está en los límites.
No señalan en el diario El País el cuándo y el cómo del actual conflicto:

La Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard) ha anunciado este viernes que comenzará a usar en el plazo de un mes el polémico sistema de cámaras de reconocimiento facial en vivo (LFR, en sus siglas en inglés) para identificar a delincuentes en las calles de la ciudad. El comisario Nick Ephgrave, responsable de supervisar el sistema, ha anunciado que las cámaras se situarán en zonas concretas donde la investigación previa ha señalado que pueden localizarse los delincuentes más peligrosos. No se grabará aleatoriamente, ha explicado, sino que se introducirá en el sistema una serie de imágenes de los sospechosos más buscados, procedentes de una base de datos, para iniciar un proceso de identificación. Se señalizará claramente la localización de las cámaras, y habrá una distribución previa de información a los vecinos. Son circuitos cerrados de televisión, ha explicado la policía, que no estarán conectados a otros ya existentes en carreteras o zonas públicas.
La decisión se produce en medio de un gran debate global sobre el uso de este sistema de vigilancia, ampliamente utilizado en China, que ya ha sido probado en el Reino Unido por la policía de Gales del Sur. En Estados Unidos, de acuerdo con un grupo de investigadores de la Universidad de Georgetown, ciudades como Nueva York, Chicago, Detroit y Washington tienen al menos programas piloto para implementarlo. Otras, como San Francisco, han decidido prohibir esta tecnología.*



Las explicaciones siempre tratan de cantar las bondades del sistema y de cómo solo deben preocupar a los delincuentes, pero el concepto de "delincuente" y "seguridad", "peligros", "riesgo", etc. suelen ser cambiantes, circunstanciales, interpretables.
El factor que más se suele usar para promover estos sistemas (u otros de mayor poder de control) siempre es el miedo. Ya Dostoievski decía por boca del Gran Inquisidor que los seres humanos preferiremos la "seguridad" a la libertad. Una "libertad insegura" acaba haciendo que se vaya cediendo terreno y al final uno está "tan seguro" que no puede salir de su casa, se vive en un "toque de queda" permanente.
Otro factor. La industria de la seguridad es un enorme negocio. Se alimenta del miedo y se desarrolla como una necesidad. Es mejor, nos dicen, que invertir en soluciones de otro tipo. La mentalidad que esto desarrolla no es buena porque solo se mira un tipo de soluciones y se evita mirar los problemas desde perspectivas más amplias.
Nuestras sociedades hoy no solucionan problemas, buscan hacerlos rentables, como ocurre con la salud o con el aumento de tiempo de vida. La seguridad vive de la inseguridad y tiene sus formas de presión para hacer que el mundo se perciba como más inseguro y se rebajen los límites para que haya entrada de esta tecnología de reconocimiento, que se combinará con otras.

La policía asegura que tiene intención de desplegar las cámaras de un modo abierto, y que iniciará antes un periodo de consultas con las comunidades donde vayan a ser instaladas. Ephgrave se ha mostrado convencido de que cuentan con el apoyo de una mayoría de ciudadanos. "Como una fuerza policial moderna, tenemos el deber de usar las nuevas tecnologías para mantener la seguridad de los habitantes de Londres. A través de consultas independientes hemos llegado a la conclusión de que contamos con el apoyo de la opinión pública", ha defendido. La Policía Metropolitana asegura que, durante los tres años en los que se han estado realizando pruebas preliminares, el sistema ha registrado aciertos en un 70% de las ocasiones. Solo en uno de cada mil casos, aseguran, se trató de una identificación falsa. Sin embargo, un estudio independiente analizó el uso de esta tecnología en Londres y encontró que daba falsos positivos en el 81% de los casos.*

Queda mucho por afinar la tecnología, parece. En un episodio de la serie Chicago P.D. se mostraba una situación parecida. En uno de los episodios más "oscuros" que recuerdo, se trataba de demostrar la eficiencia de un sistema de reconocimiento como el de Londres que se nos comenta. Tras asegurar la identificación de la identidad con una cifras de acierto importante, se había obviado que el número de falsos positivos entre personas afroamericanas era mucho mayor que entre personas caucásicas. Este era el caso, en el que las cámaras y ordenadores identificaban erróneamente a una persona que no era la que se buscaba. No solo fallaba el sistema, sino que se había construido claramente sobre un prejuicio racial, como se señalaba en el episodio. Es un caso de ficción, pero una seria advertencia sobre algo que sabemos que sí sucede y donde se discuten los márgenes de error.


El aumento de la seguridad tiene efectos, crea más miedo. Los sociedades (y las personas) con miedo son muy peligrosas. Desarrollan unas formas de estrés que hace que acaben teniendo reacciones peligrosas para la misma sociedad, una de ellas es la reacción contra las libertades y la diversidad. Cuando te obsesionas con la seguridad, la pérdida de libertades está en marcha. Tú solo te encierras en la jaula... y pagando por ello.
La cuestión no es solo la eficacia del sistema sino su "amortización" posterior con otros usos que finalmente se acaban desarrollando, al igual que ocurre con muchos otros de nuestros datos. Una vez instalados los sistemas, se sucederán autoridades con percepciones distintas de lo que son la libertades y los límites recortables en función de la seguridad.
El problema es que no se dan alternativas. Una vez producido un caso, se argumentará que ha sido por no estar los sistemas de vigilancia activos. Saldrán voces diciendo que hay que activarlos y así seguiremos hasta que encontremos algo que nos controle más. Hoy lo hacen (o aspiran a ellos) todos, desde el periódico que lees que dice "estar interesado en tu privacidad" hasta tu banco o tu supermercado.
Es un debate de difícil solución pero al que se deben dar alternativas para rebajar las tensiones y el miedo. No podemos confiar solo en la vigilancia y menos en los datos de su eficacia, que no serán un síntoma de perfección, sino de control total. El día que estemos totalmente "seguros" habremos perdido mucho por el camino.



* "La policía de Londres se dispone a usar las polémicas cámaras de reconocimiento facial" El País 24/01/2020 https://elpais.com/tecnologia/2020/01/24/actualidad/1579883409_559518.html

sábado, 30 de noviembre de 2019

Sangriento camino al Paraíso

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
El ataque terrorista perpetrado en Londres hace apenas unas horas por una persona que ya había sido condenada anteriormente, cumplida su condena y puesta en libertad hacer una vez más tener que plantearse la adecuación del sistema ante el problema de radicalismo islámico y su traducción a actos de violencia. Como siempre, el que realiza el acto terrorista es el final de una larga cadena de formación. El asesino terrorista es una pieza de artesanía a manos de muchos talladores que le van dando forma. Y el sistema de occidente no está preparado para tratar este tipo de programación de las personas para fines de destrucción y autodestrucción.
Cada vez que se produce un ataque de este tipo se producen una serie de preguntas que suelen llevar a pocos sitios de interés. La principal y más importante es si el autor actuó solo o como miembro de un grupo con diferentes tipos de participación. Es comprensible que este sea el principal foco de interés pues afecta a la posibilidad de posteriores atentados.
En este caso, el terrorista había estado encarcelado. Esta es la información que la BBC ha suministrado:

Khan was known to the authorities, having been convicted for terrorism offences in 2012, according to Met Police Assistant Commissioner Neil Basu.
"He was released from prison in December 2018 on licence and clearly, a key line of enquiry now is to establish how he came to carry out this attack," he said in a statement.
The Times reported that Khan's release from prison last year came after he agreed to wear an electronic tag and have his movements monitored.
The Parole Board said it had no involvement in Khan's release, saying he "appears to have been released automatically on licence (as required by law)".*


Las informaciones que se suministran posteriormente empiezan a desvelar desajustes en el sistema, los que han posibilitado el ataque a una personas que ha pasado siete años en la cárcel y que tras un año fuera busca el "martirio" llevándose por delante, en este caso, a dos personas y herido con distinto grado de gravedad, a tres más.
El problema con este tipo de presos es que no se sabe qué hacer con ellos después de que han cumplido sus condenas, pues son personas programadas y no se ha conseguido desprogramarlas. No tenemos más información aquí, pero muchas veces han sido programadas dentro de las cárceles en las que entraron por delitos menores. Son allí mismo reclutadas y formadas a la vista de todos. Suponemos que esta situación habrá mejorado en algún momento ante la evidencia abrumadora de que los centros penitenciarios eran centros de formación en el terrorismo islamista. Pero tampoco  tenemos muy claro que sea realmente así.


En este caso, lo que sí parece evidente es que la prisión solo sirvió para retrasar sus deseos de matar y ser muerto, que es la segunda y trascendental fase. No se entiende el terrorismo de este tipo, a pecho descubierto, sin la idea del "martirio" y las promesas del paraíso. Se busca la "muerte" (el concepto significa otra cosa para usted que para ellos) a través de la muerte de otros (que tampoco significa lo mismo que su propia muerte).
Es esta relación entre estos tres tipos de muerte (lo que percibimos nosotros, lo que percibe él la propia y cómo ve la de los que mata) lo que hay que tratar de desentrañar y de deshacer. Desgraciadamente no es fácil y, lo que es peor, no está en nuestras manos.
Los sistemas carcelarios no están pensados para estas diferencias. El que ha decidido matarse matando, no ve la cárcel más que como un paréntesis. Probablemente no tenga siquiera el sentimiento de estas siendo castigado, sino solo retenido. Su fe en que es el deseo de Dios que mate le hace aceptar la cárcel como cuestión de tiempo. Ya llegará el momento de matar, cuando Dios lo quiera, expresión común en la que se concentra su fuerza.


El terrorismo islamista no se eliminará mientras las sociedades musulmanas no se abran a la diversidad, mientras no se abran a los que en sus propias sociedades quieren un cambio y que son hoy perseguidos por ellos mismos. Lo ocurrido con el secuestro, tortura, asesinato y descuartizamiento del periodista saudí Jamal Khashoggi es una muestra (que podría ampliarse a otros países) de este proceder.
Los intentos de crear un "islam moderado" (como proponen algunos) puede ser algo bienintencionado, pero no es garantía de que se pueda evitar la radicalización que lleve a la muerte. Puede que se reduzca el número, pero no se acabará el problema. Hay suficientes focos de radicalismo repartidos por el mundo como para pensar en que va a desaparecer. La violencia empleada, además, solo ayuda a creare nuevos focos más radicales.


Por lo que respecta al caso de ayer, la cuestión es diferente. No tiene solución fácil, si es que tiene alguna. Qué hacer con personas que creen estar actuando en nombre de Dios es un problema real por mucho que lo infravaloremos en ese aspecto. No tiene más salida que su propia salida. La desprogramación solo puede hacerse desde dentro de la propia doctrina que la ha generado. Por eso son los propios cambios sociales la única garantía posible. El problema es que esos cambios no se ven por ningún lado. Es más, se ve nuevo radicalismo para evitar ser acusados de "occidentalistas". Muchos practican este rentable doble juego.
El terrorismo lo padecen las propias sociedades en las que se produce, donde la gran mayoría no siente el deseo de ir al paraíso por la vía de matar a otros. Hay que profundizar en el fenómeno del radicalismo (y en quienes lo fomentan y manipulan) y sobre todo pensar en la forma en que hay que actuar con personas que no ven ningún problema en matar "infieles". De no ser así, el nuevo atentado solo será cuestión de tiempo una vez que han decidido dejar este mundo llevándose por delante a otros. 
No tiene solución buena ni sencilla, pero hay que buscar alguna. Especialmente hay que eliminar las bases de adoctrinamiento, que es de donde todo surge.


* "London Bridge: Attacker had been convicted of terror offence" 30/11/2019 https://www.bbc.com/news/uk-50610215

domingo, 4 de junio de 2017

Con Londres

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las portadas se escinden. Lo que parecía destinado a inundarse de imágenes y titulares de la celebración de la fiesta del fútbol con la final en Gales, se quiebra con la imperiosa necesidad de dejar sitio a la muerte y el dolor, a la nueva barbarie que busca los fines de semana para actuar en espacios poblados. Y la fiesta cede ante el dolor de los que se ven afectados por la irracionalidad extrema del terrorismo.
Hace unos días era Mánchester; ayer fue en Londres, ciudad elegida para el sufrimiento junto con París. El puente de Londres reclamaba desde hacía tiempo protagonismo doloroso y finalmente lo ha tenido. Siete muertos y casi cincuenta heridos.
Una actualización de este mismo momento de la BBC describe a través de uno de los testigos lo sucedido en el puente:

Witnesses have been telling BBC Radio 5 live what they saw in London Bridge last night.
Eric, who was on the bridge, said he saw the van "veer to the right and those people there, they were trying to run away from the van."
He said once the vehicle stopped the three people who got out "ran towards the people that they nearly ran over".
He said he thought they were going to try to check on the people on the bridge but "they literally just started kicking them, punching them, they took out knives and then they just, it was a rampage really."*


La descripción deja un extraño sentimiento de estar ante unos energúmenos brutales y descerebrados, que es lo que están produciendo cada día a través del adoctrinamiento. La rabia que describe el testigo es resultado de muchas horas, de una laboriosa tarea de aprendizaje del odio hasta llegar a este estado criminal y cobarde.
Los que estaban allí heridos en el suelo no eran "personas", solo "infieles", un término que su interpretación del islam convierte en enemigos de los que hay que deshacerse. Su idea de que estos crímenes son agradables a los ojos de Dios forma parte del esperpento en que han convertido su interpretación de la religión.
La misma BBC recoge el testimonio de otro testigo en su siguiente parada criminal:

The vehicle continued to drive to nearby Borough Market, where the suspects got out and stabbed several people in an area crowded with people having an evening out.
Eyewitnesses spoke of attackers targeting people in pubs.
One witness, Gerard, told the BBC: "They were running up shouting, 'This is for Allah.' They stabbed this girl maybe 10 times, 15 times."
He said he tried to stop them by throwing bottles, chairs and other items.**


No sabemos mucho más de lo ocurrido en Londres. Son tres ataques contra Reino Unido en muy poco tiempo, lo que haría pensar en una campaña contra el país. Sin embargo, la realidad puede ser otra más sencilla: atentan porque están allí.
Durante años, Reino Unido y Francia, especialmente (aunque no han sido los únicos) han acogido a los islamistas perseguidos por los regímenes dictatoriales que cayeron durante la Primavera árabe. Lejos de guardar cualquier tipo de simpatía por quien les acogía, estos grupos han esperado el momento del regreso triunfante. Eso no se ha producido. Theresa May acaba de decir que hay demasiada tolerancia hacia el extremismo. Puede empezar por desmontar los grupos que rondan por las ciudades y que hasta el momento se mantenían estratégicamente inactivas. Luego darse una vuelta por la City a revisar cuentas.


El Estado Islámico es  un intento de establecer su reino en la tierra. Es en una etiqueta bajo la que matar. Va más allá de lo que Al-Qaeda quería: es participativo, abierto a todo el que quiera matar en su nombre. Basta con adherirse y matar. Eso le da un ser y un no-ser simultáneo muy difícil de rastrear y muy cerca de lo cotidiano. No necesita acciones espectaculares, sino buscar momentos significativos.
Es importante saber, como ya se especula, si los ataques son coordinados o no, sobre si forman redes, etc. Esto es importante, pero no lo decisivo. Lo que es difícil de detectar son las mentes agazapadas, las que se ha ido formando en el odio cotidiano y tienen estas apariciones explosivas.
Este terrorismo es el resultado del crecimiento del radicalismo religioso, no de una causa específica, y no se va a cortar de golpe. Son la quinta columna. Se creó fuera durante décadas. Para su control es esencial disponer de buenos aparatos de inteligencia y buenos observadores de la realidad, del día a día, para poder traspasar la capa que sirve de disfraz para evitar que se vea la determinación de matar. No basta con escuchas y demás medios; hacen falta buenos psicólogos capaces de interpretar matices y condiciones para que surja ese deseo de matar, que requiere de un entorno definido, ya sea familiar o de amistades.


El radicalismo sabe formar sin ser detectado. Se disfraza de piedad, de amor a Dios y a los seres humanos. Cuando ha llegado la etapa del amor comienza la del desvelamiento de aquellos que se oponen a la voluntad de Dios, los impíos que la desobedecen e impiden que el reino de Dios se forme en la tierra no son "humanos". ¿No es eso lo que da sentido a la Historia? ¿No es la sucesión de sorderas a la palabra divina hasta que llegó la "verdad" a comprenderse, a ser dicha en su integridad? ¿Qué excusa hay para no cumplirla? Cuando el proceso se ha terminado, todo resplandece con claridad, todo se hace evidente. Ya puedes sumar por ti mismo. Sabes quién eres y quién es tu enemigo. Para hacer lo que han hecho en Londres basta una furgoneta y unos cuchillos de cocina bien afilados. La parte esencial es mental: convencerse de que Dios quiere que maten.
Y matan a los que se les oponen o simplemente no comparten su clarividencia. Matan a los que les parecen impíos, infieles. Llenos de prejuicios, son incapaces de aceptar la diversidad del mundo, algo que les parece una aberración, contra natura, contra la ley de dios. Solo hay una verdad y lo demás es error. La palabra libertad les parece deleznable, una ficción diabólica, el orgullo llevado al extremo. Pero Londres, París, Mánchester... son ciudades libres y aman su libertad.
Nuestra solidaridad con Londres y sus víctimas. Compartimos su indignación y su voluntad firme de vivir su vida sin que fanáticos descerebrados se la alteren. Como en París, como en Mánchester, ciudades abiertas a la luz, la cultura y a las libertades. Los fanáticos viven en ellas, pero sus mentes habitan oscuras mazmorras en las que ellos mismos se han encerrado.



* "Latest updates: London attack" BBC 4/06/2017 http://www.bbc.com/news/live/uk-40147014

** "London attack: What we know so far" BBC  4/06/2017 http://www.bbc.com/news/uk-england-london-40147164



jueves, 23 de marzo de 2017

El antes y el después de las palabras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Antes de nada, la solidaridad con Londres, con las víctimas, con sus familias y amigos. Cada vez que se comete un acto terrorista, todos somos de todas las ciudades de cualquier continente, de cualquier país. Londres, París, Kabul, El Cairo o Nueva York son capitales de dolor de un país común.

El antes.
En este contexto de acto del terrorismo, entiendo que la campaña lanzada por Erdogan contra Europa, haciendo ver que es un enemigo del Islam, que se desprecia a Turquía porque es musulmana su población, etc. es un acto irresponsable de incitación al odio y, por ello, se convierte en una instigación del terrorismo. Erdogan tiene su parte de responsabilidad en lo ocurrido en Londres. Erdogan no debate; Erdogan insulta y amenaza.
El insulto al llamar "nazis" a Alemania y a Holanda es solo una parte. Pero en el marco del terrorismo, el resto de sus palabras son mucho más graves ya que dirigen el odio de los turcos y de los musulmanes hacia Europa.
La cuestión con Recep Tayyip Erdogan es siempre la misma: nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre en la educada y diplomática Europa. Él lo sabe y se aprovecha de esta debilidad o cortesía.
Los mítines se le prohíben, aunque no se diga, por ser un dictador. Es el calificativo, por encerrar a periodistas, a opositores, por ir recortando libertades, por su ruptura de la tregua con los kurdos para conseguir mantener el poder, etc. El deterioro democrático es un hecho y el estado de los derechos humanos lamentable. Cuando se le recrimina, Erdogan monta en cólera y dice que se odia a Turquía. Es una cuestión sobre su forma de gobernar; no sobre otra cosa. Pero a él le interesa hacer ver lo contrario: odian al islam. Y él es su defensor, el líder del mundo musulán.


La Unión Europea y los Estados Unidos están atados a una Turquía por su pertenencia a la OTAN. Erdogan abusa de esta posición y forma una alianza estratégica con Rusia e Irán para participar en una guerra de la que solo le interesa evitar que los kurdos, que  combaten contra el estado Islámico mucho antes que él, puedan tener protagonismo y respaldo internacional.
Erdogan es un dictador. La Unión Europea lo sabe y no lo dice, intentando creer que la situación turca es reversible en algún momento. Ya se está encargando Erdogan de que no lo sea. Aumentarán los conflictos hasta hacerse con el control absoluto. Su astucia es siempre crear situaciones en las que los demás le necesitan. Erdogan amenaza a los países en donde hay comunidades turcas. Habla de ellas como si fueran sus ejércitos, por más que muchas de ellas sean personas que no han querido vivir dentro de las mismas fronteras. Erdogan lo sabe y ha extendido sus milicias islamistas para controlarle a los exiliados.
Los ataques a Europa en los términos en los que Erdogan los hace —partiendo de la diferencia religiosa— son incitación al odio. Sus palabras intentan justificar sus actuaciones con el rechazo europeo. No se rechaza a Turquía; se rechaza a Erdogan y a sus maneras, se rechaza el camino que ha emprendido radicalizando a una Turquía moderna y laica para convertirla en una república islamista, donde está mal visto Darwin y se le pide a las mujeres que tengan hijos para expandir el islam por el mundo.


El después.
Pero hay otra nota negativa junto a la de Erdogan. El segundo personaje nos lo trae hoy la BBC. Es el hijo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump Jr. Ha recibido duras críticas por sus comentarios a un artículo publicado por el alcalde de Londres. Recordemos que Londres ha sido una de las ciudades más beligerantes con Trump, que llegó a plantearse la declaración de persona non grata y, en especial, que su alcalde, Sadiq Khan es musulmán. Todo ello hace que la respuesta dada por el hijo de Trump sea poco adecuada a las circunstancias. La BBC nos cuenta:

President Donald Trump's son has come under fire for criticising London's mayor, shortly after a terror attack on the UK capital killed three people.
Donald Trump Jr tweeted an article written last year, in which Sadiq Khan said terror vigilance had become "part and parcel" of life in a global city.
Mr Trump quoted the headline and tweeted: "You have to be kidding me?!"
He angered many Britons who accused him of exploiting the tragedy and implying the quotes were made after the attack.*


Parece que el hijo sigue los caminos del padre, lo que nos hace temblar ante el futuro. Trump puede tener el secreto deseo de fundar una dinastía a base de hijos e hijas que ya están aprendiendo a meter la pata siguiendo los sabios consejos de su padre. Es la maldad de coger un viejo artículo y situarlo en un contexto diferente en el peor momento. Pero para los Trump parece que todo vale.
El artículo que le sirve a Donald Jr para atacar a otros y ponderar su idea de la América búnker fue publicado en una situación muy distinta y contra intención. Explica la BBC:

In the article, Mr Khan was speaking shortly before a meeting with New York Mayor Bill De Blasio, on the day after three bombs exploded in New York City and nearby towns, wounding 29 people.
The attacks had given him a sleepless night, he said, as he pondered the dangers faced by big Western cities like New York and London.
"Part and parcel of living in a great global city is you have to be prepared for these sorts of things, you have to be vigilant, you have to support the police doing an incredibly hard job, you have to support the security services," he said.
On Wednesday, after the attack in Westminster, the mayor said that Londoners "will never be cowed by terrorism" and that the city stood together in the face of those seeking it harm.
Mr Trump's tweet incensed many British people on Twitter, including MP Wes Streeting, who called him a "disgrace" for exploiting the tragedy.*

Las palabras del alcalde Sadiq Kahn no son de derrotismo sino precisamente de refuerzo de la actitud firme que los mismos londinenses o los parisinos o los belgas o los neoyorquinos o los madrileños cuando nos tocó, mostraron: sabemos que se puede repetir, viviremos vigilantes pero no con miedo; cambiaremos nuestra seguridad, pero no nuestra vida. Este es el mensaje que Kahn manifestó en solidaridad con el alcalde de Nueva York. Pero el hijo de Trump no iba a estar a la altura de ninguno de los dos. Quizá ha sacado el mismo carácter vengativo de su padre y está intentando atacar al alcalde de una ciudad que considera a Trump persona non grata.


Las críticas al nuevo bocazas Trump son merecidas porque muestran un ser bastante rastrero y la misma incapacidad de entender la política que su padre. Solo la buena educación impedirá recordárselas cuando se produzca un incidente similar en los Estados Unidos.
Los Trump están vendiendo que quieren blindar los Estados Unidos con muros, vigilancia orwelliana y militarismo. De ellos no saldrán palabras solidarias; solo el orgullo malsano de su pretendida superioridad.
Esto no es una guerra convencional. No se puede ganar o perder porque no se plantea en estos términos. Por eso es importante entender lo que dice Kahn de la vida en las grandes ciudades, convertidas en objetivo por serlo; es necesario comprender lo que nos dicen sobre el papel de la vigilancia y reforzarla sin que altere la vida de las personas, actuando en una bien preparada sombra, desarrollando mecanismos de información y detección eficaces.


Erdogan y Trump Jr. manifiestan dos formas de aprovechamiento del terrorismo en su propio beneficio. Los discursos de Erdogan tienen que acabarse o recibir una contestación contundente de la Unión Europea. Hasta el momento, la débil respuesta le fortalece, que es su objetivo final. Sus discursos denigran a Europa y luego se vanagloria de ellos ante sus seguidores. Hay que entender el liderazgo islamista, cómo se basa en ese tipo de "prestigio" y en su idea de invulnerabilidad. La popularidad crece con cada discurso ante la falta de respuesta contundente. Europa mide mucho sus palabras. Erdogan, en cambio, ni las cuenta, pero tienen sus efectos.
De Trump Jr. no hay mucho que explicar porque el personajillo da de sí lo que da. La pena es que con un Trump creando problemas diplomáticos ya era suficiente, pero ahora parece que va a ser cosa de familia.
¡Cuanta osadía da el dinero! ¡Cuánta imprudencia la soberbia!



* "Donald Trump Jr criticises London mayor after terror attack" BBC 23/03/2017 http://www.bbc.com/news/world-us-canada-39361079