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jueves, 29 de mayo de 2025

Trump y Dios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La respuesta de Donald Trump ante estos primeros reveses judiciales producidos es la publicación en su red social de una imagen en blanco y negro en la que se asegura que lo suyo es una "misión divina" a la que, lógicamente, oponerse es un pecado suicida. Lo que muchos han visto como una excentricidad megalómana se va revelando como algo más, como algo que ha sido asumido en su extravagancia como realmente un plan divino, el que confirma la excepción norteamericana, el nuevo pueblo elegido.

Hay toda una serie de precedentes a lo largo  de los dos siglos pasados, XIX y XX, de existencia de diversas teorías mediante las que una parte del pueblo norteamericano (entendiéndose tales como una extensión de grupos blancos, provenientes de Europa, mayoritariamente anglosajones, protestantes) veía "América" como la nueva tierra de promisión, con un destino manifiesto.

Trump ha sabido ponerse al frente de todos esos poderes en la sombra, de corte religioso fundamentalista, que le apoyaron en su ascenso al poder por coincidencia del mensaje. Trump era el nuevo mesías, el que consolidaría el nuevo poder terrenal en el que se plasmaría la voluntad divina con los Estados Unidos como herramienta.

No nos hemos tomado muy en serio todo este elemento subyacente que Trump ha sabido encauzar y darle el toque divino que sus votantes y apoyos necesitaban. La demagogia trumpista se basa en ese principio fundamental: no es su deseo el que hace avanzar, sino que es Dios quien actúa sobre él, modesto servidor. Para muchos era la distancia suficiente como para disolver el ego individual del político en un plano general en el que son Dios y el pueblo que le sigue quienes triunfan sobre un mundo hostil y descreído.

El problema real de todo esto es cuando se descubre que son muchos millones los que lo creen, millones a los que se convence de que el principal obstáculo para que se produzca el plan divino establecido es un mundo negativo que existe al otro lado de las fronteras. Descubrimos entonces que hay dos facetas del pueblo norteamericano que son reales e irreconciliables y que Trump y sus maquiavelos alrededor han conseguido canalizar la opinión dispersa dándole forma, asegurándose la penetración de los mensajes y enterrando la voluntad democrática bajo un mensaje de predestinación atractivo, que se impone por la fuerza de las armas si es necesario, dentro de la mejor tradición medieval y de las cruzadas. El mensaje deja claro que la fuerza es un elemento disponible y necesario; clasifica el mundo en "americano" y "terrorista anti americano", como veíamos ayer, y convierte a los otros poderes del estado en fuerzas diabólicas a las que hay que resistir, como ha ocurrido con las sentencias judiciales adversas.

En RTVE.es podemos leer sobre estas sentencias:

Según un panel de tres jueces de la Corte de Comercio Internacional, los "aranceles mundiales y de represalia" de Trump "exceden cualquier autoridad otorgada" por la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales de 1977 (IEEPA).

El tribunal considera que las medidas sujetas a la IEEPA, que incluye los gravámenes globales y "recíprocos" anunciados el 2 de abril y otros previos contra Canadá, México y China, deben "ser suspendidas y su operación permanentemente prohibida".

La orden, en definitiva, considera "inconstitucional" la política arancelaria de Trump, uno de los emblemas de su segundo mandato.

La mayoría de los aranceles recogidos en la orden ya estaban en pausa después de que las bolsas reaccionaran con fuertes caídas y el 9 de abril Trump decidiera mantener solo gravámenes de 10% durante 90 días para alcanzar acuerdos con cada país.*



La idea del "exceso de autoridad" que se plantea ha sido respondida con ese plus divino que Trump dice poseer, lo que a los ojos de muchos convierte a la judicatura en secta satánica y la rebelión en evangélica.

No hemos sabido responder al trumpismo pensando que solo eran las ideas de una persona a la que se ridiculizaba durante décadas, alguien que se había exhibido organizando concurso de belleza y televisivos. Pero el peligro de las personas no es lo que piensan, sino hasta dónde llegan. Y Trump ha llegado muy alto, quizá no al cielo pero lo importante es lo que creen los que le siguen.

Trump ha deshecho el partido Republicano, lo han convertido en una caricatura trumpista sacando lo peor de sus huestes, desplazando no solo la moderación sino el sentido común. Ha hecho prosperar a los más ambiciosos y los ha movilizado a luchar por el poder interno en busca de una sucesión en el tiempo, la zanahoria que se exhibe ante las narices del burro.



Ahora, pasados unos pocos meses de su llegada, tras dinamitar día tras día el sistema, comienzan los frenos judiciales y los abandonos de los que no quieren verse marcados por sus políticas o arrastrados a las pérdidas millonarias.

Veremos cómo se le puede frenar y, especialmente, los recursos de resistencia que pretende movilizar. Insisto que el problema no es solo Trump, sino los millones detrás, los millones convencidos de que Dios le ha puesto allí para que los Estados Unidos se conviertan en instrumento divino para la transformación del mundo.

Las imágenes de un Trump-Papa, de su conversión en oficina de las salas del Vaticano, son algo más que anécdotas. Basta con ver los crecientes mensajes e imágenes que el propio Trump fomenta para comprender las dimensiones del problema. "Jesús es mi salvador / Trump es mi presidente". Nadie le puede parar.



* "Una corte federal de EE.UU. declara "anticonstitucionales" los aranceles de Trump y ordena su suspensión" RTVE.es / Agencias 29/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250529/corte-federal-eeuu-bloquea-parte-politica-arancelaria-trump-por-excederse-poderes/16601240.shtml

domingo, 13 de abril de 2025

Trump el mesías

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Es una pena que Trump no fuese Adán! La humanidad se habría evitado muchos problemas desde entonces, pero Dios no siempre acierta. Lo anterior viene a cuento de la sorprendente amplitud de Trump, que abarca lo hecho, lo que niega haber hecho y lo que habría hecho de haber estado allí. Esto va más allá de la post verdad e incluye lo que podríamos llamar la "post posibilidad", un término conceptualmente aberrante, pero es lo que hay con esa entidad, por encima del bien y del mal, de los tiempos presentes, pasados y futuros, que se llama Donald Trump.

En el estupendo artículo de Anna Bosch en RTVE.es podemos leer, entre sus palabras de preocupación por lo poco que Rusia aporta a la causa de la paz, lo siguiente:

[...] poco antes del inicio de este encuentro, Trump llamaba a Rusia a dar pasos para poner fin a las hostilidades en Ucrania. "Rusia tiene que moverse. Demasiada gente está MURIENDO, miles a la semana, en esta guerra terrible y sin sentido. Una guerra que no debería haber pasado nunca, que no hubiese ocurrido de haber sido presidente", aseguró el presidente estadounidense en la red Truth Social.*

¿Realmente cree Donald Trump ser esa figura histórica que él se imagina? Mucho me temo que sí. ¿La creen también los demás? Desgraciadamente, por más que vaya contra el sentido común y cualquier otro sentido implicado, parece que muchos lo creen. Y otros le sacan buen provecho.

Esto tiene además muchas implicaciones. Este mesianismo supone por su parte la aceptación heroica y generosa de una carga en beneficio de la Humanidad. Llevado a su extremo narcisista —es decir, lo primero que piensa cuando se despierta— es que lo que el mundo necesita es que sea presidente planetario, situación que acabaría con todos los males habidos y por haber.

Cualquier afirmación que se haga sobre hasta dónde puede llegar Trump necesita ser contrastada con lo que ya ha hecho, con hasta dónde ha llegado. Creo que el punto de referencia, por ahora, sigue siendo el asalto armado al Capitolio para evitar que Joe Biden tomara posesión como presidente de los Estados Unidos. La negación de la victoria de su rival fue más allá de las insinuaciones y tomó cuerpo en los cientos de personas que tomaron la sede del Capitolio. De no ser por la sangre fría de algunos y por muchas cosas que la Historia acabará revelando, la sombra de la guerra civil sobrevoló el país.

Desde entonces se ha seguido insistiendo en el "fraude" que privaba a Dios y a los Estados Unidos de la bendición de tener a Trump. Las palabras citados anteriormente no son más que la repetición del mismo mensaje: el mundo no puede prescindir de él. Si mañana se da un autogolpe de estado, no será una acción contraria a la Ley, sino en cumplimiento de la ley divina.

Es lo deducido del atentado durante la campaña, la confirmación de que Dios le protege y lo hace para salvar a la Humanidad desde la presidencia de los Estados Unidos. La leyenda creada para hacer ver que tras la bandera enrollada se manifiesta la figura de un ángel protector no solo es una vanidad infinita, sino una justificación de futuros atropellos para seguir en el poder. Serán invocados cuando sea necesario.

Mal negocio cuando en la política meten a Dios por medio. De la voluntad del pueblo se pasa a la voluntad divina y son sus intérpretes los que adquieren protagonismo. Sigue siendo causa de sorpresa la manipulación sobre una población como la estadounidense. Sorprende esa aceptación visionaria del "destino manifiesto", del excepcionalismo norteamericano. Trump es la punta del iceberg de todo ese movimiento manipulador. Sorprende que hayan podido convertir en un sinvergüenza, mentiroso, infiel, estafador y poseedor de otras cualidades de esta orden, en la figura del enviado divino, en la figura ideal para hacer realidad el futuro visionario de "América". Sorprende ver cómo una figura objeto de risas y chistes puede haberse convertido en un líder que arrastra hacia el futuro con unas dosis de narcisismo de tal calibre.

La única explicación desde la racionalidad para explicar esto es la frustración acumulada, las toneladas de mentiras y distorsiones que se han ido juntando en décadas. ¿Cómo es posible que la superpotencia reinante se considere "parasitada" cuando posee los mayores indicadores de riqueza del planeta, cuando lo domina en lo científico, tecnológico, militar y culturalmente?

Hoy vemos en mundo a través de los ojos americanos gracias al cine, a la música. Celebramos Halloween y nos vestimos de Papá Noel, como fijó un anuncio de la Coca-cola. Vivimos a la americana, mientras que ellos se han convertido en los mayores paletos del planeta, ignorando o despreciando otras formas de vida, otras culturas, que son siempre inferiores según nos muestran sus propios textos. 

De ser un pueblo de inmigrantes, han llegado a ser un país imperialistas, despreciando a los que como ellos antaño llegan allí en busca de oportunidades. Todos somos criminales a sus ojos; se cierran las fronteras y se abren las cárceles. De defender la democracia y los derechos humanos, la administración de Trump se ha aliado con los peores dictadores, con los constructores de cárceles de alquiler. Fomenta la división y el autoritarismo como alternativas a las libertades; chantajea a los países para conseguir recursos y tierras. Los Estados Unidos de Trump son la negación de la tradición norteamericana, de todo aquello que hizo de ellos un país grande. Nosotros somos a sus ojos "americanos de segunda" sin derecho a voto.

Trump no solo se hace con recursos, también quiere hacerse con el pasado reinterpretándolo, dándole sentido para justificar sus acciones presentes. Cómo ha conseguido seducir a decenas de millones de norteamericanos es uno de esos misterios que deberíamos intentar resolver para evitarnos incurrir en  sus mismos errores. Los Estados Unidos son víctimas de ese aislamiento de la realidad, de esa imagen de ellos mismos que les han fabricado interesadamente para seducirlos, para manipularlos. Trump está cerrando los grifos de información de los medios estatales a la educación, todo aquello que pudiera hacer cambiar esta hipnosis colectiva. 


* Anna Bosch "De Washington a Barcelona: Donald Trump, contra la cultura y la historia" RTVE.es 12/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250412/washington-barcelona-donald-trump-contra-cultura-historia/16534951.shtml

sábado, 16 de noviembre de 2024

La troupe de Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


 Conforme avanzan las designaciones de candidatos a los grandes cargos, aumenta un sentimiento que se mueve entre el asombro, el miedo y la irritación. Ni el peor enemigo de los Estados Unidos habría diseñado un aparato del estado con estos personajes al frente, de Musk desmantelando a Robert Kennedy cuidando de la salud general, pasando por todo tipo de radicales y negacionistas. ¡Es la troupe de Trump!  

Inmediatamente surgen hipótesis sobre lo sabido de los futuros nombramientos, siempre que las cámaras los acepten. Algunos de los nombres conocidos, nos dice, siembran serias dudas entre los representantes republicanos en las cámaras. En RTVE.es, Anna Bosch comenta:

Lo anunció el hoy presidente electo en la campaña electoral y lo mismo hizo su entorno más cercano: Donald Trump ya ha sido presidente y ya conoce cómo funcionan el Gobierno y la Administración. De modo que, y ese fue el anuncio, en esta segunda presidencia no se rodeará de cargos que puedan decirle que conocen mejor esos mecanismos que él, el criterio de selección será que sean fieles a él. Su pretensión es gobernar con cargos que ya le ha demostrado lealtad.*

Es un argumento que implica que Trump conoce ya lo que puede y no hacer (algo dudoso) y, esto es lo relevante, que se rodea de "protagonistas", es decir, de personas que han practicado el dogmatismo y el bulo para atraer la atención. Es decir, lo que Trump ha seleccionado son "mini-yoes", reproducciones de sí mismo en cada territorio transitado, de la salud a la seguridad o el ejército, por citar solo algunos campos.

El "criterio de la fidelidad" es un argumento precario a menos que se entienda que Trump los ha elegido con la intención de no tener que hacer él lo más criticable. En eses sentido, Trump tiene a quien responsabilizar de las decisiones que no funcionen. Sería una maniobra de distracción multiplicando los frentes.

Si el primer mandato consistió en cómo rodear a un loco de personas sensatas, en este segundo mandato la estrategia sería la contraria: rodear a un loco de otros más locos para parecer cuerdo. De esta forma, Trump diversificaría los ataques contra él al hacer responsables a los demás.

Para esto hay que partir de un principio claro: a Trump le importa poco el presente y futuro de los Estados Unidos. A Trump solo le importa Trump y el poder que pueda tener. Es un narcisista patológico al que solo le importa él. Todo lo demás es un medio para él mismo; solo le importa él y su gloria. Si alguien cree que le importa la salud del norteamericano, la guerra de Ucrania o el futuro del pueblo palestino, es que no conoce a Trump.

El gran misterio sigue siendo —lo repetimos una y otra vez— cómo esta persona ha logrado volver a la presidencia con un programa "vacío", basado solo en el desmantelamiento y en una promesa vacía de "hacer grande América de nuevo" sin especificar cuándo "fue grande" por primera o última vez (suponemos que se refiere a su anterior mandato).

Solo un gran deterioro del estado general de los norteamericanos, traducido en una enorme "credulidad" puede hacerles confiar en este millonario que se presentaba como "alternativa" al sistema, que ha logrado convertir en un erial al partido republicano, donde ya solo sobresalen esos "mini-yoes" que cifran su éxito en radicalizarse a imagen de su jefe, a cuyo carro se subieron para alcanzar cargos. Muchos de ellos cargaron contra él diciéndole de todo en las primarias, pero todo se perdona en nombre del éxito electoral. Y eso es lo que han logrado.

¿Hay dos Américas? ¿Cómo se ha producido esta terrible escisión, este sentido de revancha contra el mundo que hoy sienten muchos norteamericanos? Creo que es una suma de factores, internos y externos. La sociedad norteamericana es incapaz de discernir entre los bulos y la desinformación. Está claro que las fuentes de información ya no se basan en los medios tradicionales y que muchos prefieren la información de refuerzo de sus actitudes a salir de su propio marco de referencia. Las oscuras nubes activas de la desinformación son constantes y repartidas. Trump ha sabido crear puntos fijos de información controlada, como ha ocurrido con Fox News, una referencia de desinformación y promoción.

Frente a esto, las informaciones de medios que habían sido rectores de la opinión pública quedan tapadas en el nuevo escenario mediático en el que se utiliza una combinación de automatismos activos y borrados de las noticias relevantes. Hoy asuste ver qué tipo de noticias llegan a mucha gente, envuelta en flujos cuidadosamente planeados para la desinformación. En estas turbulencias emerge la figura del "arreglador", de un Trump que se presenta como un elegido de Dios para salvarles.

El atentado que le hiere la oreja se convierte en un ángel en forma de bandera norteamericana y, viceversa, en una bandera que se convierte en ángel. Pronto, todo adquiere sentido: Dios ha salvado a Trump para que este salve (sane) a los Estados Unidos.

La repetición de este tipo de mesianismo cala en una parte del pueblo norteamericano al que se lleva siglos convenciendo de ser el "nuevo pueblo prometido". Sectas y grupos evangélicos apoyan a un personas amoral como Trump en su deseo de atacar todo aquello que es antiamericano: la inmigración, el feminismo (que rechaza, dicen tener hijos) o el sagrado individualismo mediante el que Dios reparte según los méritos.

Trump y sus equipos han conseguido convencer a millones de personas de que Dios está con ellos y que deben enfrentarse a los antiamericanos infiltrados en el país, a los traidores de dentro.

Hace unos días comentábamos aquí la urgente necesidad que tienen los estadounidenses de leer a Alexis de Tocqueville, su La democracia en América, para poder comprobar lo que se han distanciado de sus propios logros. La América de Trump es la tierra del dogmatismo mesiánico, del autoritarismo, de la negación de la ciencia. Es un pensamiento agresivo y contra la razón y lo razonable.

Al mundo nos queda esperar y tratar de defendernos del crecimiento de este mesianismo dogmático que tiende a extenderse en forma de nacionalismo ultraliberal y solo favorecerá a las grandes compañías apuntadas a este cambio para obtener más beneficios. Para ello, el desmantelamiento del llamado "estado de bienestar" es decisivo. El crecimiento de la desigualdad, la falta de cobertura a los más débiles y el aislacionismo cultural son algunas de las consecuencias. Lo es también una nueva forma de agresividad internacional haciendo ver que la "grandeza de América" consiste en doblegar a terceros países, en abandonar acuerdos internacionales que les limiten, cobrar por la "protección", como con la OTAN, u obligar a comprar sus productos (de armas a coches) sancionando a los que no lo hacen. 

No confío demasiado en lo que pueda ocurrir en los nombramientos por las cámaras. Es difícil oponerse a Trump tras el poder acumulado. La troupe saldrá adelante y tendremos que esperar los efectos.


* Anna Bosch "Estados Unidos: trumpismo sin frenos" 16/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241116/trump-nombramientos-eeuu-cargos-gobierno/16332095.shtml

miércoles, 29 de febrero de 2012

Patria, padre, santo patrón

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La imagen de un Hugo Chávez situado junto a Simón Bolívar y Cristo con la que El País* nos sorprende hoy es profundamente reveladora de la situación de Venezuela y, más allá, de una forma de entender y hacer la política.
El encadenamiento de “liberadores” y “salvadores”  religiosos y políticos nos muestra el carácter mesiánico adoptado por Chávez en su propia persona. La exaltación constante de la  figura de Simón Bolívar no era más que una forma de exaltar la suya. En su peculiar síntesis política y religiosa, Chávez es la última figura enviada a la Tierra por la Divinidad: Cristo, Bolívar y él. Hugo Chávez ha conseguido convertirse en una figura cuya aparición no es fruto de la decisión de un pueblo, sino de la Historia misma, una Historia con un sentido transcendental de liberación cuyo final es él. Religión y política coinciden en su persona, Bolívar, Marx y los evangelios, todo apunta hacia él.


Desde el punto de vista político, la justificación de su presencia en la tierra es la liberación de los pueblos americanos y, como el fundamentalismo que trata de reconquistar los imperios perdidos, Chávez tiene en mente la “patria americana” que su doctrina bolivarista anhela. Para Chávez, como para cualquier profeta, las fronteras no son más que absurdos obstáculos terrenales a la misión divina encomendada.

Cómo los delirios personales se convierten en obsesión colectiva es uno de los grandes misterios sociales. La sintonía con Muamar El Gadafi no era casual, pues obedecen a un mismo patrón psíquico y político, el deseo de poder y adoración. Hay mesías discretos y los hay exhibicionistas. Los mesías políticos necesitan del amor y del temor intensos, necesitan la conexión sentimental con sus pueblos. Por eso la enfermedad que le aqueja es ocasión de vínculo y exaltada como una forma de demostrar al mundo que está por encima de él. La leyenda que corona el mural reza: “¡He resucitado! Patria, Socialismo o Muerte. Venceremos”. Increíble síntesis de las tres figuras en un enunciado. Tres personas y un solo mensaje.
La trinidad chavista —Cristo, Bolívar, Chávez— busca convertir su propia enfermedad en Calvario en prueba de la excepcionalidad del mandatario, ya sea venciendo a la muerte, ya sea legando el ejemplo del martirio en el que se convierten sus sufrimientos. La enfermedad es prueba, sufrimiento por la causa. Los autores del mural traducen en imagen el sentimiento mesiánico y salvífico de su figura. ¡He resucitado!


Esta forma de hacer política aleja de una sociedad madura. Este tipo de socialismo envuelto en mesianismo, en autoritarismo porque quienes se oponen a él o a sus ideas van en contra de la Divinidad, es puro fundamentalismo emocional, lo último en que debe convertirse un sistema político, en la apelación constante a la irracionalidad como motor de las acciones. Un sistema así no busca el crecimiento de un pueblo sino su sumisión emocional y primaria a una figura que se presenta como el “padrecito” de la patria, como el enviado en cuyas manos está el destino depositado. Patria, padre, santo patrón.

Hace unos días criticábamos aquí los “desayunos” de Rick Santorum con Dios como una forma de manipulación mesiánica intolerable por degradante en un sistema democrático. Chávez va más allá y se convierte en el intérprete y depositario del cristianismo y del bolivarismo, que no son más que versiones temporales, a su juicio, del mismo mensaje que él aplica hoy al país. Mezcla de cuartel y monasterio, Venezuela vive la exaltación de esta figura sin límites en sus planes, sin fronteras en sus intrigas, sin pudor en su narcisismo. 
En las sociedades autoritarias, los retratos de sus presidentes salen de los despachos oficiales e inundan las calles mirando a sus ciudadanos  como santos patronos a los que hay que reverenciar y cuya mirada está fija en ti en todo momento. Presencia obsesiva, logran así la omnipresencia divina a través del mural y del cartel.
La fractura mental que ha producido en la sociedad es grande porque no hay término medio. No existe más que conmigo o contra mí.

* "Chávez supera una tercera operación en Cuba y está en "buena condición física"" El País 28/02/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/28/actualidad/1330458392_048833.html