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sábado, 25 de octubre de 2025

El acoso y los inútiles protocolos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme aumentan los casos del acoso escolar y su gravedad comenzamos a descubrir los fallos del sistema en su conjunto. Empieza a surgir por todas partes la palabra "protocolo" y los expertos que hablan de ellos. Pero hablar no es hacer y hacer no es prevenir.

Cada caso que se produce es "presunto" y queda opacado por el siguiente bajo el foco de los medios. Llegamos a conocer los protocolos incumplidos, los que se debían haber puesto en marcha, precisamente porque no lo han sido.

Mucho me temo que nos estamos quedando en el hecho y nos adentramos en las causas rodeados por una serie de ideas preconcebidas sobre lo que es la infancia y hasta dónde puede llegarse en los centros escolares, sobre el papel de las familias y la responsabilidad. Por muchos titulares que acumulemos, hay algo que falla, mucho que se desconoce y demasiados sitios en los que no se mira.

En RTVE.es, en su sección VerificaRTVE, Laura Huwyler se atreve a meterse en este laberinto de protocolos ignorados con un artículo que titula "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos"*. En él se señala:

"El protocolo es algo reactivo, es lo que hacemos cuando ya se ha quemado la casa y usamos un extintor", declara el presidente de la Asociación Nacional contra el Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez. Asegura que "lo que está fallando es la prevención, la sensibilización y la detección". Así lo explica también Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar: "Tener que implementar un protocolo quiere decir que hemos fracasado porque no hemos previsto lo que podía pasar y no hemos puesto los medios adecuados, no hemos trabajado desde la prevención". La presidenta de Fedecae, Carmen Guillén, asegura que "lo fundamental es meter en esos protocolos la prevención y protección" porque "cuando intervenimos es tarde para alguien generalmente".

Los expertos también señalan la falta de información y formación sobre el acoso escolar. Así lo declara Lourdes Verdeja: "Sus propios profesores que están en el centro, no saben abrir un protocolo. No están formados, no saben identificar qué es acoso escolar". Carmen Cabestany incide en que hay que "aprender a detectar en los centros escolares, hay que enseñar a los profesores cómo detectar un caso de acoso escolar, que a lo mejor lo tienes delante pero no lo estás viendo". También coincide en esta idea Enrique Pérez, que afirma que "el principal problema es que como no hay una buena formación, como no hay una detección temprana, el riesgo va a estar siempre". Para este experto, "hay un gran desconocimiento de lo que es el acoso escolar incluso por una gran parte de la sociedad. Y por supuesto, y eso es lo más grave, por los responsables educativos". Además, aclara que debería implementarse "una herramienta de medición psicométrica precisa" como la de AEPAE, un test de incidencia de acoso. *


Decir que lo que falla es "la prevención, la sensibilización y la detección" es decir que lo que falla realmente es la sociedad, incapaz de actuar frente a lo que tiene delante. En realidad el "acoso" es un indicador negativo de nuestro sistema, de nuestros valores. Si no somos capaces de transmitir lo que está mal en el acoso, ese ejercicio de violencia contra los más débiles, esa forma de sentirse poderoso haciendo daño, ridiculizando, atacando y buscando la complicidad cobarde del grupo, ¿de qué estamos hablando entonces?

El acoso no es cosa de "protocolos" y "expertos", que señalan su propia ineficacia, pues solo son invocados cuando ya es demasiado tarde. Eso es el humo con el que se trata de cubrir la responsabilidad.

En el caso del maltrato de género (con el que creo que está ligado el bullying), una "experta" consultada consideraba positivo que hubiera más denuncias, aunque poco después reconsideraba sus propias palabras, ya que no podía saber si había más denuncias porque había más casos o los mismos casos pero con más denuncias. Me pareció un caso claro de cómo se marea un asunto que no se resuelve y ante el que se buscan estas explicaciones para evitar reacciones en contra.

Todo lo que se ha generado tras el suicidio de Sevilla es una forma de tapar las ineptitudes. Se crean auténticas tapaderas de bonitos nombres que no funcionan nunca en esa confluencia familiar, institucional y empresarial que son los centros escolares.

En el artículo se señala:

Para Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar, otro problema es que "el protocolo lo implementa el centro escolar y este no quiere en general, salvo honrosas excepciones, que se sepa que tienen casos de bullying. De la misma manera que en justicia, el juez no puede ser juez y parte, pues aquí el centro tampoco debería serlo". Para esta experta, "tiene que haber intervención de un agente externo, de alguien totalmente neutral, aséptico que compruebe la transparencia de ese procedimiento". Añade que "por eso la mayoría de los protocolos salen negativos", es decir, que concluyen que no ha habido acoso. Lo ejemplifica con el dato de Córdoba, donde asegura que "el 95% de los protocolos salen negativos". Esto, a su juicio, significaría que "presumiblemente, se ha manipulado por acción o por omisión". El presidente de la AEPAE, Enrique Pérez, se manifiesta en la misma línea: "El protocolo se envía a Inspección Educativa, pero llega sesgado y se desestiman 9 de cada 10 casos".

Pérez también critica la opacidad del proceso. Tal y como explica, el protocolo dice que tiene que ser confidencial, por lo que cuando un familiar denuncia la situación al centro o aporta pruebas del acoso "la familia no sabe si realmente se ha abierto el protocolo" y "tampoco tiene constancia de que se incluyen esas pruebas". Para el presidente de AEPAE "es un fraude de ley" porque, según argumenta, "cualquier persona que está dentro de un proceso, por ley, tiene derecho a estar informado". La presidenta de Tolerancia 0 al Bullying, Lourdes Verdeja, explica que "Inspección Educativa tapa, al igual que los centros educativos, porque se cree más a lo que dicen los centros que a lo que dicen las familias". La experta también denuncia que "muchos profesores que dan la voz de alarma de que puede haber un posible caso de acoso me dicen que, o se callan, o tienen sanciones".*

No hay mayor ceguera que la del que no quiere ver. El fenómeno del acoso escolar es un reflejo de la sociedad que hemos construido, una sociedad en la que los problemas se apartan, no se solucionan. La "solución", como en muchas otras situaciones, es comunicativa, tener las respuestas adecuadas para eludir responsabilidades. Es evidente que no funcionan los remedios, si es que estos existen más allá de los protocolos a posteriori. Las quejas son que el profesorado está a otra cosa, que no recibe la formación adecuada, que no hay apoyo psicológico en los centros, etc. Nada de todo esto devuelve la vida a las víctimas, cuando se llega a ese extremo fatal. Pero quedan los miles de casos en los que el acoso es "simplemente" una tortura diaria, un ejercicio sistemático de violencia de unos futuros líderes sociales que se ejercitan en las escuelas e institutos formando su ego en la agresión. Es una visión de la sociedad como jungla en la que devoras o te devoran, algo de lo que muchos padres se sienten orgullosos al ver que sus hijos están en la cima de la pirámide animal.

Hay que partir del principio de que el acoso escolar no es algo exclusivo de los centros, sino el comienzo de una actitud violenta que se traducirá en otras "especialidades", de la explotación laboral a la violencia de género pasando por el racismo y la xenofobia. Todo esto se muestra en germen en nuestras escuelas con mayor o menor intensidad. El acoso en las escuelas es la punta del iceberg de la violencia social.

Si queremos tener una imagen buenista de nuestros problemas, solo conseguiremos que crezcan los problemas. Falta sentido crítico y comprensión de los que son nuestros verdaderos males y su origen. 


* Laura Huwyler "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos RTVE.es / VerificaRTVE 23/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251023/puntos-debiles-protocolos-contra-acoso-escolar-analisis-expertos/16783657.shtml

domingo, 9 de enero de 2022

Más allá de los protocolos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mucha gente le suele dar un valor absoluto a las indicaciones de los protocolos. Una cosa es que tenga que guardar cuarentena según ciertas reglas, por ejemplo, y otra muy distinta es que si se siguen esas reglas no pase nada. Como vemos, las autoridades sanitarias y/o políticas están cambiando o reajustando los protocolos, según nos dicen, porque las circunstancias cambian. Eso tampoco significa demasiado. Son solo formas de ponerle puertas al campo, por decirlo así. En realidad, el virus se contagia siempre que se dan las "circunstancias" posibles desde su perspectiva, no desde la nuestra, que es solo una forma de organizarnos, cada vez más a la baja, lo que se suele llamar "flexibilizar". La tendencia de la gente a ir confiada hacia las normas favorables, las más relajadas, provoca la triste realidad que hoy tenemos, con todos los indicadores disparados.

En La Vanguardia leemos sobre los protocolos en la Enseñanza que regirán desde mañana lunes, cuando empiezan mayoritariamente las clases: 

En las clases que no están organizadas como grupos burbujas (secundaria y FP) se considera contacto estrecho a los alumnos que estén sentados alrededor del positivo a menos de dos metros durante más de 15 minutos acumulados durante toda la jornada “salvo que se haya hecho un uso adecuado de la mascarilla”. También los convivientes de los casos confirmados, incluyendo hermanos que acudan al mismo u otro centro y los profesores que hayan estado a menos de dos metros sin la utilización correcta de la mascarilla durante más de 15 minutos durante toda la jornada.*

 

Bajo la apariencia de un discurso ordenado, la nada más absoluta. ¿Qué es la "utilización correcta de la mascarilla" en estas circunstancias? ¿Hay que estar expuesto "15 minutos" —por qué 15— para estar aislado? ¿Qué significa eso de "15 minutos toda la jornada"? Es una jerigonza cuya finalidad es hacernos creer que existe un control absoluto. Las medidas son más para "tranquilizar" que para evitar que el virus se expanda, que debería ser el objetivo primario. Sin embargo, lo que buscamos es que siga la vida a un coste humano cada vez más elevado, llevando a los que tienen que vérselas cada día —el sector sanitario en su totalidad— con ello a una batalla interminable en la que van cayendo unos detrás de otros, ya sea por contagio, agotamiento o desesperación. Hemos tratado aquí de esto en varias ocasiones, de cuando se les acaba la paciencia y necesitan un desahogo.

Alguien puede sacar la extraña conclusión de que estar 12 minutos sin la mascarilla, estar solo 10 minutos a menos de dos metros, etc. implica estar a salvo. Son los típicos casos de "¡No lo entiendo, seguí todas las indicaciones!", que escuchamos muchas veces. La rápida expansión del virus no es solo porque tengamos un virus más "veloz", sino porque esas condiciones son solo una garantía relativa. Desgraciadamente vamos a esperar poco para verlo en cuanto que las escuelas se vuelvan a abrir mañana. Esos 1,5 metros, que pueden ser reducidos a 1,2 metros según las circunstancias, son para niños y jóvenes que van a estar reunidos una media de 6-8 horas diarias en unos mismos locales, con paradas para salir a jugar o a comer. La baza que se juega es que la incidencia en ellos es menor, aunque ha sido la más alta durante unas semanas hasta que la franja 20-29 volvió a tener el negativo liderazgo.


La reducción del tamaño de los grupos, las posibilidades bimodales (online y presencial simultáneas), la ampliación de nuevos espacios, etc. son medidas que requieren inversiones. Las otras medidas, en cambio, son baratas y dejan en manos de las personas el cumplimiento. Si los profesores caen, se reducen las cuarentenas en los casos de enfermos leves y se duplican turnos o se juntan clases si no hay profesorado... hasta que sea imposible hacerlo porque hayamos agotado todo.

A lo mejor no podemos hacer otra cosa, pero hay que ser conscientes y no pensar que son "seguras", como tanto nos gusta repetir. Todo momento tiene su excusa, su excepción, que es a lo que nos agarramos mayoritariamente. Por eso mi insistencia en evitar las palabras trampa, las que nos incitan a creer en lo que no es real, las seguridades absolutas o las inmunidades. La realidad nos dice que la gente se reinfecta; que dependiendo del estado de su sistema inmunológico, del tiempo pasado desde la vacunación, de las medidas que se tomen y de las variantes nuevas, etc. el panorama cambia mucho.

No hay una forma "cómoda" de llevar esta situación y, por más que psicólogos, sociólogos, pediatras, etc. nos expliquen lo que sucede o sus efectos sobre nosotros, lo cierto es que se trata de enfrentarse a algo que no se conmueve por nuestros problemas. Es naturaleza pura, pura evolución con sus mecanismos de expansión y supervivencia. No es un problema de "derechos" o "libertades"; es una fase previa a todo esto. Nuestras armas, afortunadamente, están en la Ciencia, sí, pero también en el sentido común, en la prevención más allá de los intereses parciales que se imponen.

La creencia en que somos todopoderosos frente a la Naturaleza, que podemos vencer cualquier reto, no significa que sea rápido ni que nuestra forma impaciente de entender la velocidad sea la más adecuada. Las cosas no evolucionan a la velocidad que queremos ni en el sentido que deseamos en cualquier momento.


De todo esto, deberíamos sacar al menos una consecuencia: tenemos límites, no somos todopoderosos. Podemos maravillarnos de cómo unos cuantos multimillonarios se dan volteretas en el espacio y podemos querer ser como ellos, pero la vida de la inmensa mayoría de los mortales no es esa. Esto es físico, biológico. Pero también algo más: es social.

Al inicio de la pandemia causó gran escándalo en Estados Unidos —no solo allí— ver cómo las diferencias económicas determinaban las posibilidades de morir. La razón no era muy complicada de entender: los pobres vivían hacinados en estrechas casas, familias enteras dormían en una estrecha habitación; estaban peor alimentados y no se habían podido pagar los tratamientos por carecer de seguros médicos. Además tenían que ir a trabajar estuvieran como estuvieran a riesgo de ser despedidos. Los ricos, en cambio, estaban bien alimentados, vivían en espaciosas y separadas casas y habían disfrutado de cuidados médicos a lo largo de su vida; los que trabajan, lo hacen en cómodas oficinas o lo hacen desde sus casas. Los estudios se centraban en los Estados Unidos mostrando que los más perjudicados eran la población negra frente a la blanca. Habiendo en el país muchos más blancos, en cambio, morían muchos más negros. Rápidamente ataron cabos y sacaron conclusiones. Nos es fácil entender que las muertes se concentraran en los más desfavorecidos, pero se nos ha olvidado lo que significa, perdidos en nuestros intereses, legítimos la mayoría de ellos.

Hoy vemos diferencias grandes según los sectores laborales y los grupos económicos. Estos días se ha vuelto a mostrar el regreso del teletrabajo, que es una forma de evitar riesgos. Pero de nada sirve que una persona teletrabaje si el virus entra en su casa por cualquiera de sus miembros, contagiado en una escuela, un botellón, unas rebajas, un concierto solidario o un transporte público en el que se incumplen las normas más elementales.

Los protocolos son necesarios, pero deben estar basados en la seguridad posible y no en este juego imprudente de ir renegociando cada día las distancias, los metros cuadrados, los minutos, etc. Creo que a estas alturas deberíamos saber ya qué hacer. Así nos iría mucho mejor que con este vaivén de reglas, reajustes a lo posible y demás apaños contables.

Nos estamos confiando demasiado en la "levedad" y en los mensajes optimistas, desoyendo los datos reales, que están disparados y provocarán la aparición de nuevas variantes que deseamos tengan baja letalidad. Ya tenemos algunas en el horizonte, como la ya detectada "deltracrón" (mezcla de Delta y Ómicron), que se nos anuncia ya. Veremos cómo nos afectan. 


* Celeste López "Incertidumbre de las familias ante la vuelta a las aulas con normas más flexibles" La Vanguardia 09/01/2022 https://www.lavanguardia.com/vida/20220109/7975321/incertidumbre-familias-vuelta-aulas-normas-mas-flexibles-colegios.html

martes, 10 de septiembre de 2019

La polémica del estrechamiento de manos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Costumbres o mala educación? "No es nada personal", vienen a decir los varones iraníes. "No damos la mano a las mujeres, no las miramos y no las queremos cerca". Ese ha sido el mensaje de "distensión" de las autoridades en el conflicto del estrechamiento de manos que se ha planteado como protocolo en el Congreso de los diputados. Luego, inmediatamente, acusan a "Occidente" de tratar de "imponer sus costumbres". Un problema protocolario pero que plantea el problema al que lo tiene que aceptar en su propio territorio.
Algo importante que hay que tener en cuenta. Se trata de un saludo, que es una forma de manifestar precisamente una actitud. Uno puede hacerlo de muchas formas, pero no negarlo. El planteamiento iraní no es solo una costumbre, sino negar el saludo y el reconocimiento, por tanto, a las mujeres que les ponen delante por el hecho de serlo. Es discriminación.
El diario El País contaba así lo ocurrido la semana pasada en el Congreso:

Una visita protocolaria de una delegación extranjera de políticos, habituales en el Congreso y que suelen pasar inadvertidas, provocó el martes un incidente diplomático. La nación era Irán. El asunto derivó en una agria disputa nacional, ya casi en plena precampaña electoral en España, sobre cómo abordar la relación de ese país con las mujeres.
Vox capitalizó el frente de la derecha parlamentaria contra el pragmatismo de acudir a la cita tras alertar desde el servicio de protocolo del Congreso que la Embajada de Irán había avisado de que sus delegados no consentirían en el saludo informal ningún contacto físico, ni siquiera con la mano, con las políticas españolas. Ciudadanos se sumó inmediatamente al boicot y el PP lo respaldó este miércoles. La izquierda optó por acudir a la reunión y expresar en la misma sus quejas contra la falta de derechos e igualdad de la mujer en Irán. El embajador iraní en Madrid, Hasan Qashqavi, explicó molesto, al final del encuentro, que esa costumbre forma parte de su cultura y pidió "respeto".
La cita era este pasado martes, a las seis de la tarde, en una sala del Congreso con los componentes de la comisión de Exteriores. Acudía una delegación con un alto representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Mahmoud Barimanique, otros asesores y el embajador en Madrid. Apenas tres horas antes un mensaje a la prensa de Vox reventó la reunión y desató una carrera contra el reloj para situarse políticamente o evitar un incidente diplomático con un país con el que las relaciones son siempre delicadas.*



Los conflictos con los iraníes son constantes y prácticamente irresolubles como demuestra la práctica. Esto deja pocas posibilidades incluso en temas de cortesía o de amistad. La visita al parlamento es una cuestión amistosa hacia un país que está empezando a abusar del hecho que los demás traten de mantener las relaciones que Estados Unidos ha tirado por la borda. Está tomando esto como una cuestión de "debilidad" de lo que han llamado "Europa" con un tono despectivo sin tener en cuenta que es Europa precisamente la que está intentando mantenerles el tipo.
El problema planteado por el protocolo tiene varias alternativas a lo que es la falta de reconocimiento a las mujeres. Eso no es una "tradición"; es una mala costumbre, que es otra cosa. No sirve de ningún consuelo que en su propio país se nieguen a tocar o as mirar simplemente a las mujeres que no sean de su familia. La "costumbre" tiene consecuencias para las personas que el régimen de los ayatolás ignora amparándose en esa costumbre. Uno puede tener sus propios gustos, pero las costumbres que implican que los demás deben obedecerlas —ya sean en Teherán o en Riad o en cualquier otro lugar— están en cuestión.


Las soluciones son complicadas porque implican precisamente las relaciones entre dos países que entienden la cortesía de forma distinta. El hecho de que sean los demás quienes deben cambiarlas en su propia casa no es más que una muestra del desprecio y el sentido de la superioridad que el iraní considera que tiene sobre los demás. Son la muestra de esa superioridad frente a los impuros que nos las practican. No es una costumbre, en el sentido humano; es un mandato que ellos, seguidores fieles de las leyes divinas, practican frente a la ignorancia y zafiedad del resto del planeta. Esto se disfraza de muchas maneras, pero es la evidencia del trato la que lo demuestra. No es privativo suyo, ya que no se trata de una "costumbre de Irán", ya que se practica también en algún otro país que rechaza tener cerca a las mujeres que no son de la familia.
Recuerdo el argumento de un juez egipcio contra la entrada de las mujeres en la magistratura: "¿cómo iban a reunirse a deliberar varios hombres con una mujer en la misma sala?" Lo podemos llamar "costumbre" o también "discriminación". En algunos países esas viejas y añejas costumbres claramente discriminatorias se pueden debatir. En Irán no, porque tienen otras "costumbres" contra quien discrepa de las costumbres. Algunas de esas costumbres acaban muy mal para algunos. Una vez un profesor iraní me dijo que no nos equivocáramos, que Irán era un país con una gran base laica. No sé quién se equivocaba, por supuesto, pero el hecho es que decir que eres laico en ese contexto tiene unos riesgos que muy pocos asumen.


Las que lo asumen principalmente son las mujeres desafiando la imposición del velo. Lo hacen con fotos y vídeos en los que los lanzan a aire o simplemente se lo quitan. Hay algo de alegría liberadora en ese acto de arrojarlo.
En España, lo nuestro es discutir. El País informa de cómo los partidos españoles, dentro de sus pugnas, no quisieron que nadie se llevara la foto de la oposición a algo difícil de aceptar, por lo que todos manifestaron su rechazo. Así fue el encuentro:

Los delegados iraníes acudieron a la hora programada, el encuentro se llevó a cabo, los portavoces de todos los partidos españoles expresaron dentro de la sala sus reparos por el trato a la mujer en Irán y por la falta de igualdad. Tras dos horas de discursos, la cita parecía haber acabado cuando el embajador de Irán en Madrid, Hasan Qashqavi, pidió la palabra. Y subrayó que entendía que a los políticos españoles no les gustase ni comprendiesen las normas culturales por las que se rigen en su país (la sharía o código de conducta del Corán no permite ese contacto físico con las mujeres entre desconocidos) y acabó: "No les pido que lo compartan, pero sí que lo respeten".*

El problema es que eso no es cierto. Siempre hay un cierto tono de hipocresía en las manifestaciones oficiales de las autoridades iraníes. Lo del "respeto" suele ser algo que ellos mismos no practican. Están mal acostumbrados a que se plieguen a sus exigencias. Lo que llama "normas culturales" (bien elegido el término) son el resultado de la imposición de una revolución que cambió toda la situación de Oriente Medio, intensificando el radicalismo islámico en países que eran mucho más de convivencia. Fue la revolución retrógrada de Irán la que activó la mayor parte de los integrismos que habían tenido menor impacto hasta el momento y generó otros nuevos entre el islam suní.
Hoy mismo tenemos en la prensa el anuncio por parte de Arabia Saudí del comienzo de un programa nuclear que puede tener derivaciones militares, como han señalado ellos mismos. Es la respuesta al enriquecimiento de uranio con el que Irán chantajea a la comunidad internacional tras la llegada de Donald Trump. El calentamiento a tres bandas —Irán, Arabia Saudí e Israel— es un motivo de preocupación para todos.


Las respuestas protocolarias ante la negativa a dar la mano (nadie da la mano si no quiere) pueden ser variadas. Unas ya se han elegido, lanzarles discursos reivindicativos sobre los derechos de las mujeres, negarse a asistir. Pero hay otras, como que nadie les dé la mano creando así la costumbre de la "grosería selectiva", una anticostumbre española, o enviar solo mujeres a hablar con ellos y allá se las apañen, hasta que solo vayan las mujeres. Las posibilidades son muchas.
Hay una falsedad hipócrita en las palabras dichas por el embajador: Irán no pide "respeto"; Irán exige que los demás se plieguen. Las palabras dichas sobre que en España se besan, recogidas por la prensa, son absurdas porque eso refleja un nivel de confianza que se corta en el momento en el que la mujer extiende la mano. Una cosa son los tipos de saludo, que pueden variar, y otra negarlo por principio.
Es raro que nadie haya recordado con motivo de este pequeño conflicto de costumbres lo ocurrido con la visita del presidente Rohani a Italia en 2016. El titular de ABC fue entonces fue "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní":

Las estatuas con desnudos, como las Venus de la época romana, que se encontraban en el recorrido que realizó ayer el presidente de Irán, Hasán Rohaní, en los Museos Capitolinos de Roma fueron cubiertas por respeto al mandatario, según informan hoy los medios de comunicación italianos.
Las imágenes de bloques de contrachapado blanco que cubren las estatuas del Museo que ayer visitó el presidente iraní aparecen hoy en los diarios locales y han suscitado alguna polémica entre los políticos.
Según el diario "Il Messaggero", la delegación iraní pidió que se cubriesen las Venus desnudas y otras estatuas por respeto a su cultura, así como también pidieron un cambio en la «escenografía» de la sala de los Museos Capitolinos donde aparecieron ante la prensa Rohani y el primer ministro, Matteo Renzi, tras su reunión. Según este periódico de Roma, no les gustaba que apareciese la enorme escultura ecuestre en bronce de Marco Aurelio, la gran joya de los museos.**


El hecho de tener que tapar las estatuas por las que todos pueden pasar por delante menos los dirigentes iraníes es ya un indicativo del grado de exigencia. La estupidez italiana de entonces se sigue pagando ahora. Cuando un país tiene que cubrir sus monumentos para evitar que el visitante se ofenda, las visitas carecen de sentido. Quizá debería celebrarse las sesiones con ellos mediante video conferencia o en un islote sin historia en las que sus costumbres (las que imponen los ayatolás) no se vieran impedidas o perturbadas. Tampoco se sirvió vino "por no ofender", algo absurdo que muestra la intolerancia. No se trata de no beber, sino de que no se beba en su presencia. Una forma más de hipocresía desde países que beben en las casas, lejos de las miradas de los censores. No se trató tampoco de respeto, sino de imponer a otros sus condiciones desde esa superioridad divina que les caracteriza.


Nuestra Facultad, que ha tenido decana durante ocho años, pudo comprobar los mismos desprecios del saludo a quienes se invitaba amablemente para mostrar su cine, la única herramienta de propaganda del régimen que le funciona en el exterior, pese a las limitaciones a la creación. La utilizan bien.
Quizá haya que replantearse las relaciones formales mediante nuevos protocolos. El argumento, tan querido por los poscolonialistas, de que Occidente quiere cambiarles elude la diferencia entre las costumbres y las imposiciones, especialmente en las cuestiones de género. Las sociedades evolucionan a menos que se las encierre, que el caso de muchos países en los que se esconden tras la idea de "cultura" para mantener sus dispositivos de control social y ausencia de libertades. El mundo se ha hecho global y es muy difícil evitar los cambios. Hacia dónde vayan esos cambios es difícil de predecir. Unas veces van en un sentido y otras en clara involución eliminando de sus sociedades a aquellos que van en contra de la "costumbre", vieja o nueva.


Al final, no cuentan las personas, sino la fuerza que es posible emplear para mantenerlos en los carriles adecuados de la costumbre. Hay muchos iraníes que no están de acuerdo con esas costumbres; lo que ocurre es que tienen que callarse o irse. Los largos brazos del poder les llegan aunque están fuera de su país, pues las embajadas —no son los únicos— vigilan.
Si no quieren o pueden dar la mano, nadie les puede obligar. Pero tampoco debemos entonces nosotros a dárselas a ellos, aunque nos cueste. La cuestión de que haya mujeres cerca o si hay que mirarlas de frente o de lado, es un problema suyo. Vendas, parches o gafas oscuras están a su alcance. En Italia no debieron cubrir las estatuas, sino tapar los ojos del que se sentía ofendido.
El titular de El País hace referencia a una supuesta "batalla del saludo" ganada por la derecha parlamentaria. No creo que esa sea la cuestión relevante. Es casi ofensiva para las mujeres que se juegan en Irán y en otros lugares la vida o la cárcel por cuestiones de este tipo. No es cuestión de complejos o de intereses extraños. Es una cuestión más profunda y que nos afecta a todos por encima de banderías. Algunos pueden quedar en evidencia, pero eso es cuestión suya.




* "La derecha gana la batalla del saludo a la delegación iraní en el Congreso" El País 5/09/2019 https://elpais.com/politica/2019/09/04/actualidad/1567618282_623283.html
** "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní" ABC 27/01/2016 https://www.abc.es/internacional/abci-italia-tapa-estatuas-desnudos-visita-presidente-irani-201601261457_noticia.html

martes, 25 de abril de 2017

La perversa lógica cotidiana

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De todo este mundo bárbaro del que recibimos cada día información sobre desastres y maldades, siempre hay cosas pequeñas que adquieren valor de ilustración no por ser frecuentes sino por lo contrario. Su perversión aparece resaltada precisamente por el valor simbólico que tienen ante nuestros ojos. Todos sentimos el horror cotidiano, contra el que estamos vacunados: es aquel que nos afecta y ratifica nuestra visión del mundo. Es el horror de los decapitadores, de los maltratadores, de los lapidadores, el de los falsos justos, el de los hipócritas virtuosos, el de los necios poderosos.
Tres historias estos días me han dejado estos días con el ánimo débil. Lo han hecho precisamente por su novedad, porque sus imágenes son inhabituales y te abren espacios de reflexión sobre el estado de las cosas y el mundo que se eleva ante nuestros ojos cada día.
La primera de ellas ha sido la noticia sobre las ejecuciones en los Estados Unidos por el hecho de que caducaban los productos químicos usados en el proceso. El 5 de marzo, El País titulaba "Arkansas ejecutará a 8 presos en 10 días para evitar que caduque un componente de la inyección letal". Decía el periódico:

Mejor matar a que se eche a perder la inyección letal. Tras 12 años de interrupción de la pena capital, el pequeño estado de Arkansas (tres millones de habitantes) va a poner fin a la vida de ocho presos en tan solo 10 días. Será la mayor ejecución en cadena en Estados Unidos desde la reinstauración de la pena máxima en 1977. El motivo para acabar con tantos condenados en tan poco tiempo es, según la Coalición para Abolir la Pena de Muerte de Arkansas, evitar que caduque uno de los tres componentes de la inyección letal. Las últimas existencias de la sustancia, un ansiolítico de efecto rápido, expiran en mayo. Y las posibilidades de obtener nuevas partidas son extremadamente difíciles dada la negativa de la industria a facilitarlas para ejecuciones.*


Asusta la lógica que está bajo este hecho y el desprecio absoluto de la vida humana, la falta de valor asignado en una escala en la que un producto tiene más valor. Es una perversión que procede del sistema, que como la del nazi Eichmann se ampara en la eficacia y hasta se disfraza de virtud. La comunidad ahorra en gastos y se deshace de ocho personas, de ocho fuentes de gasto. Los jueces han logrado bloquear las ejecuciones evitando está marea de eficacia.
El segundo caso es el del atentado contra el autobús del equipo de fútbol Borussia Dortmund. En una ola de atentados por todo el mundo, este —que no causó más que un herido pero podía haberlo hecho con más— se descubrió que era una maniobra de un especulador en bolsa. Había puesto en juego vidas humanas para una maniobra bursátil. Demuestra igualmente una perversión del sistema, una forma depravada de pensamiento. Frente a los crímenes constantes de los fanáticos que muestran una locura, el atentado contra el equipo de fútbol es una pequeña anécdota, pero revela esa carencia que refleja muchas otras carencias a las que nos hemos acostumbrado y que nos lleva al mundo de la especulación arriesgando a los demás, piezas intercambiables para conseguir nuestros fines.


El tercero es otro asunto pequeño: la detención en su colegio de Florida de un niño de 10 años, autista. La madre grabó las imágenes del niño pidiendo, por favor, no ser tocado. Las imágenes no nos dejan distanciarnos emocionalmente. Sin embargo, más allá de las emociones, está de nuevo la inhumanidad del sistema que sigue los mismos protocolos para detener a un asesino que a un niño autista de diez años. Como escribieron algunos, muestra un fracaso de la escuela y de los jueces, incapaces de solucionar de una forma diferente un caso diferente. Pero el sistema es implacable. Como señala un periodista en la CNN, la única novedad del caso es el vídeo grabado por la madre. La práctica es corriente.


Algo similar ha ocurrido con el vídeo del pasajero sacado a la fuerza de su asiento en un vuelo ha sido portada en miles de periódicos y noticiarios de todo el mundo. De nuevo el protocolo. El avión no puede esperar y no se puede perder el tiempo discutiendo. La misma lógica de la caducidad de los productos químicos, de la especulación tras el atentado, del arresto del niño autista. Hay algo que falla en este modo de pensar y que está enrareciendo el mundo en el que vivimos.
Hay una violencia que nos abruma, unas ideas que nos repugnan a las que nos enfrentamos cada día. Pero hay otras que se disfrazan de normalidad, de eficacia o de audacia que son aplaudidas por el sistema como ahorro, eficiencia e iniciativa. Cuando salen a la superficie, cuando se nos muestran, surge la inquietud, el horror, la indignación. Pero están ahí, se enseñan y aprenden.
Con el título "La advertencia póstuma del pensador Zygmunt Bauman", el diario El País publicó ayer un artículo de Antonio Pita dando cuenta de la aparición de dos textos póstumos del sociólogo polaco, Retrotopía (Paídós) y "Síntomas en busca de objeto y nombre", dentro de una obra colectiva titulada El gran retroceso (Seix Barral).

"Hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse, lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen; entre lo que ocurre y lo deseable", señala. Bauman defiende que hemos regresado a la tribu, al seno materno, al mundo despiadado que describía Hobbes para justificar la necesidad del Leviatán (El Estado fuerte que evite la guerra de todos contra todos) y a la más flagrante desigualdad, en la que "el 'otro' es una amenaza" y "la solidaridad se le antoja al ingenuo, al incrédulo, al insensato y al frívolo una especie de trampa traicionera". "El objetivo ya no es conseguir una sociedad mejor, pues mejorarla es una esperanza vana a todos los efectos, sino mejorar la propia posición individual dentro de esa sociedad tan esencial y definitivamente incorregible", lamenta.**


Sí. Nuestra tribu es ordenada, protocolaria, eficiente. Nos horrorizamos, con razón, ante muchas noticias que nos llegan cada día. Es fácil defenderse de lo absolutamente otro. Pero deberíamos también preocuparnos por esta perversa cotidianeidad en la que vivimos porque nuestra toxicidad no caduca, porque nuestra especulación no cesa y nuestra sensibilidad desaparece.


* "Arkansas ejecutará a 8 presos en 10 días para evitar que caduque un componente de la inyección letal" El País 5/03/2017 http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/04/estados_unidos/1488600606_420874.html
** "La advertencia póstuma del pensador Zygmunt Bauman" El País 24/04/2017 http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/17/actualidad/1492423945_605390.html



miércoles, 20 de abril de 2016

Sospechas y simplificaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The Washington Post publicó ayer un artículo titulado "I used to be a flight attendant. Dealing with passengers’ racism is part of the job"*, firmado por Gillian Brockell, que, como se señala, vivió durante un tiempo una experiencia laboral como auxiliar de vuelo antes de dedicarse a los medios. Ahora es editora de vídeo en el periódico y ha aprovechado su antiguo trabajo, que le permitió ver mundo y salir de su ciudad mormona, para escribir este artículo en relación con la noticia circulante estos días de la expulsión de un avión de un joven árabe, estudiante en una universidad californiana, al que se le escuchó hablando árabe por teléfono. El "Inshallah", tradicional inserción en la conversación, puso muy nerviosa a la persona que lo escuchó y corrió a denunciar sus "sospechas" a los miembros de la tripulación.
Brockell se remite a su experiencia como asistente para señalar que aunque los pasajeros puedan sospechar de alguien (un tipo de problema inevitable), los profesionales que van en el vuelo tienen que reaccionar de otra manera (un segundo tipo de problema que sí puede ser evitado). Cuando escribe en el título "racism is part of the job" se refiere precisamente a eso. El papel del profesional es precisamente que los prejuicios, miedos, etc. que una persona pueda tener afecten a los demás pasajeros (especialmente al señalado con el dedo). Si el profesional se deja llevar por los prejuicios o miedos del que señala a otros como posibles terroristas, no cumple su función, que es una mezcla de psicología, investigación y mediación. Por eso Gillian Brockell advierte ya desde el título: «Our training taught us to take safety concerns seriously. It did not teach us to think Arabic is suspicious.»*
El diario Clarín —que titula "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe"— lo cuenta así:

Según el estudiante, la mujer que estaba sentada frente a él en el avión comenzó a mirarlo fijamente. "En ese momento me dije `oh, espero que no diga nada de mí''', afirmó Makhzoomi.
El estudiante afirmó que un empleado de la aerolínea que hablaba árabe se presentó ante él, le pidió que bajara del avión y le preguntó por qué estuvo hablando en árabe.
Makhzoomi señaló que le dijo al empleado ``esto es lo que la islamofobia ha traído a este país''. Makhzoomi señaló que la respuesta disgustó al hombre y fue cuando se le indicó que no podría regresar al avión.
El FBI en Los Ángeles dijo en un comunicado que investigó la situación debido a una solicitud y determinó que no era necesario tomar más medidas.**


El joven estudiante se limitaba a hablar con su tío contándole lo emocionado que estaba por haber escuchado un discurso del secretario general de la ONU, pero eso no es lo que escuchaba o veía la señora que tenía enfrente, cuya mente se encontraba inmersa en un proceso de máxima alerta por el miedo. Antes la gente simplemente tenía miedo a los aviones; ahora se le suma el con quién se vuela. Hubo una época en que el lenguaje sospechoso era el español, especialmente si era con acento cubano, ya que hubo diversos secuestros aéreos —comenzaron en 1958— que ordenaban dirigirse hacia Cuba. ¿Cubanofobia?


El caso sorprende a la ex auxiliar de vuelo porque señala que el personal está entrenado para no realizar evaluaciones rápidas y cometer errores de este tipo. Escribe Gillian Brockell:

Flight attendants are trained extensively in evaluating suspicious behavior with videos, checklists, quizzes and drills. (And drills and drills and drills.) The training infuses you with an automatic paranoid vigilance that follows you forever and insists you take all threats seriously, as the cost of being wrong is too high. But nowhere does it recommend you accept a passenger’s assessment of a situation, and nowhere does it teach that speaking Arabic is cause for suspicion.*


Lo malo es que los libros y manuales tratan de introducir escenarios racionales, someten todo a protocolos y guías, mientras que la mente no se rige por la razón (¡gran invento!) más que de forma muy circunstancial. Lo hace mucho más por el interés (justificando lo que deseamos), por el miedo (atacando lo que puede producirnos daño), por la envidia (queremos lo de otros) o por el autoengaño (cuando lo verdadero no nos gusta). Lo peligroso es que estos impulsos no se nos hacen evidentes desde dentro y, por ejemplo, el miedo siempre nos parece justificado mientras estamos controlados por sus poderosas garras. Lo mismo ocurre con la envidia, que se disfraza de injusticia, etc. Cuando estamos fuera del efecto, todo nos parece ridículo o absurdo. Pero hasta entonces...

La profesionalidad de las personas encargadas es esencial. Brockell señala que los simulacros y entrenamientos son constantes. Ella describe situaciones en las que tuvo que enfrentarse a las sospechas de unos pasajeros respecto a otros y cómo lo primero que hizo fue observar y hablar con ellos para detectar reacciones que pudieran darle alguna pista sobre las intenciones reales del que ha sido señalado. En ocasiones las sospechas vienen del color de la piel simplemente; otras de una lengua o vestimenta desconocidas o de un paquete sospechoso. 
El racismo no necesita de la excusa del terrorismo pues se practica igualmente en tiempos más tranquilos. Es importante evaluar cada caso en sus términos porque, si no, se entremezclan, confunden y llevan a falsas soluciones, poco eficaces. No hay "asiento de atrás" en los aviones, por usar la analogía tradicional de los autobuses segregacionistas, donde sí representaban una muestra del racismo. Forma parte del trabajo diario del personal aéreo tratar con él para evitar que se produzca en los vuelos. Pero la sospecha se mete en el equipaje mental.

Hay un interesante texto taoísta, perteneciente al Lie Zi o Libro de la perfecta vacuidad, atribuido a Lie Yukou. Se titula La sospecha y es este:

Un hombre perdió su hacha; y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho –exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven –idéntica a la de un ladrón. Observó su forma de hablar –igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de hurto.
Pero más tarde, encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parecían muy diferentes de los de un ladrón.


Creo que el texto se acerca más a la verdad del comportamiento real que el de los protocolos y el de los discursos habituales. Cuando se vive en un clima general de desconfianza o miedo, todo pasa a ser sospechoso. Esta sospecha (y sus efectos) se ha agravado con la forma en que el yihadismo recluta a sus miembros dentro de los países a los que ataca. La sensación de que el peligro está alejado no despierta las defensas de la misma manera que cuando se percibe próximo. Esto es obvio y no requiere demasiada explicación. Lo que sí requiere es alguna forma de plantearse que los miedos y recelos no son racionales, sino altamente irracionales, por lo que los medios para combatirlos no son los que habitualmente se utilizan. Y eso afecta al terrorismo o al ébola, por ejemplo, que convierte en sospechosas a personas que han viajado a países afectados y de los que incluso los amigos pueden sentir cierta prevención antes de pasar al saludo. Somos así y si lo pensamientos son libres, como se dice, los miedos lo son más.
Hoy existe un clima de desconfianza y recelo generalizados. No es solo la cuestión de la "islamofobia" que a muchos les viene muy bien como concepto separador y de radicalización. Hay muchas otras formas de recelo respecto a otro tipo de cuestiones, empezando por los propios países árabes, que tienen también las suyas. Recuerdo el caso del periodista francés que se encontraba conversando de política en un café en El Cairo con unos estudiantes y que fue detenido por la denuncia de una señora que estaba en la mesa de al lado. La creencia en que todo son conspiraciones contra Egipto, alentada desde el gobierno y los políticos, acaba calando y uno ve conspiradores en cualquiera que venga de fuera.


El problema es que cuando la sospecha se generaliza y el miedo se apodera de nosotros los incidentes de este tipo se multiplican. Deja de verse lo que se tiene delante y se funciona desde los estereotipos más negativos, que son los que nos condicionan en nuestra interpretación de la realidad.
Tampoco es buena la forma en que muchos medios lo expresan que, además de buscar su lado espectacular, crean una simplificación de los fenómenos. Nunca se insistirá bastante en que el Periodismo se aleja de su función cuando renuncia a explicar y distorsiona los acontecimientos, etc. El titular de Clarín — "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe"—, no es bueno. Expresado de esa forma (que se contradice con lo que después se explica) es simplista, que es lo contrario de lo que necesitamos. El periódico explica:

Makhzoomi señaló que le dijo al empleado ``esto es lo que la islamofobia ha traído a este país''. Makhzoomi señaló que la respuesta disgustó al hombre y fue cuando se le indicó que no podría regresar al avión.*

No se le "expulsó", entonces, por hablar árabe, como dice el titular. Eso fue lo que inició la sospecha de la otra pasajera. Por eso le extrañaba a Brockell y señalaba "It did not teach us to think Arabic is suspicious.* Si se transmite esa idea, se está creando una falsa sensación, que puede que a algunos interese, pero que no debe ser el que encabece una información periodística. Sin embargo, cada vez se ve más esta simplificación escandalosa sin pensar en los efectos que tiene.

Hay una creencia de que los hechos se explican por sí solos y eso un gran error. Los hechos son los que son, pero nosotros los engarzamos formando cadenas y series de acontecimientos, Puede que los haya desconectados, pero los que forman parte de situaciones complejas —como es el caso del avión— deben ser además de contados, explicados o interpretados en sus términos. No es hacer mejor periodismo cuando se renuncia a las explicaciones si dejamos que los errores los comentan otros con lo que les damos. Así solo se contribuye a la confusión.
En estos tiempos mediáticos es esencial comprender la naturaleza de los fenómenos para poder explicarlos. Los que se empeñan en construir un periodismo irresponsable no hacen sino contribuir con sus malas prácticas a la confusión general, con la que ya muchos cuentan como arma estratégica. La información construye nuestra visión del mundo y sobre ella se analizan las siguientes experiencias.
Como dice el texto taoísta del Libro de la perfecta vacuidad, la sospecha dirige la mente hacia el error y la confunde. Vemos lo que esperamos ver y bajo ese prisma lo interpretamos. Si la tensión crece, se cometerán más errores. Por eso es importante que los profesionales —de la aviación, de la información, de la seguridad...— sean capaces de no dejarse arrastrar al error por bien de todos.




* "I used to be a flight attendant. Dealing with passengers’ racism is part of the job" The Washington Post 19/04/2016 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/04/19/i-used-to-be-a-flight-attendant-dealing-with-passengers-racism-is-part-of-the-job/?hpid=hp_hp-cards_hp-card-posteverything%3Ahomepage%2Fcard
** "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe" Clarín 18/04/2016 http://www.clarin.com/mundo/expulsan-avion-hablar-arabe_0_1561044090.html






miércoles, 22 de abril de 2015

La falsa broma, los expertos y los medios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La primera función de los expertos es convencernos de que lo que no han podido evitar era inevitable. Es así en todos los campos, de la economía a la lucha antiterrorista. Es lo que podríamos llamar el principio de credibilidad sostenible. El segundo punto es asegurarnos que las medidas para que no suceda de nuevo ya han sido tomadas. Con él todo vuelve a la tranquilidad y se cumple el tercer principio, el de vuelta a la calma de aquellos que se sentían inquietos o preocupados. Cuando algo vuelve a ocurrir, de reinicia el proceso.
El suceso ocurrido en las aulas del instituto catalán, ha conmocionado a todos. Desde la perspectiva de la comunicación y la recepción, el hecho está muy próximo al desastre del avión estrellado en los Alpes por el copiloto de la filial de Lufthansa, Germanwings, que ha tenido abierto el debate sobre las enfermedades mentales y su control durante los días de conmoción y exigencia de responsabilidades. El rastreo de las causas moviliza a los expertos que, de nuevo, revisan los protocolos de actuación y comprueban que su papel consiste en ser modificados tras los sucesos. Por su propia definición, el suceso no evita lo inevitable, sino que intenta evitar de nuevo lo ya ocurrido, que no tiene por qué ser lo que ocurra en el futuro.
El diario El Mundo repite, con las variantes de cada caso, las mismas historias respuesta a los acontecimientos manteniendo esa imagen de desajustes de un sistema que asegura que alcanzará la máxima eficacia cuando logre centralizar toda la información. Se establece así una relación causal, como en otros campos, entre información —que será manejada por los mismos o nuevos expertos— y la incertidumbre:

Según la investigación, el menor que apuñaló mortalmente al profesor de Ciencias Sociales del instituto Joan Fuster no sólo padecía una enfermedad que le obligaba a medicarse sino que también había estado en tratamiento psicológico, un diagnóstico que no constaba en su expediente académico y que el propio agresor habría confesado tras el suceso.
Pese a la gravedad de este caso, no es de extrañar que la escuela desconociera el trastorno mental del chico. Con la legislación en la mano, las familias no tienen la obligación de informar al centro del historial médico de sus hijos, una normativa que el Govern quiere cambiar para el próximo curso. Hace escasamente un mes, la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, anunció que en septiembre todos los alumnos de P3 -tres años- de centros de alta complejidad tendrán que presentar un informe del pediatra al ingresar por primera vez en el colegio. Una medida que se extenderá a todas las escuelas catalanas en 2016 y que provocó un aluvión de críticas por cuestionar aspectos tan sensibles como la privacidad de los menores o el temor a que los alumnos con enfermedades mentales pudieran ser estigmatizados.*


Cuando se produjo el suceso del avión de Lufthansa, ya dedicamos una entrada del blog al problema de la estigmatización en los centros escolares de las personas con enfermedades mentales y los testimonios de cómo los centros habían acabado quitándose de encima a los alumnos afectados. Lo hicimos a través de testimonios de la ineficacia en el sistema norteamericano de este tipo de planteamientos.
Pensar que un informe de un pediatra para el ingreso escolar va a servir de algo es de una ingenuidad pasmosa. Nada bueno se puede esperar de eufemismos como "centros de alta complejidad" y similares con los que los expertos y políticos tratan de mostrar que tienen las situaciones catalogadas y controladas
Hace poco más de un mes, el 9 de marzo, El Periódico titulaba así "Los colegios de barrios pobres pedirán un informe médico a los alumnos de P3". En toda su crudeza se prescinde de eufemismos y se describe lo que en el interior de la noticia se nos muestra:

Los aproximadamente 7.000 niños de tres años que estudiarán el próximo curso escolar en centros educativos alta complejidad socioeconómica en Catalunya tendrán que presentar un informe médico a la hora de formalizar la matrícula, para así facilitar la detección de posibles problemas de aprendizaje y hacer que sus maestros puedan tratar de forma más específica sus necesidades educativas. La medida, que en cursos siguientes se extenderá a todos los alumnos catalanes de P3, se adopta, según ha subrayado este lunes la 'consellera' de Ensenyament, Irene Rigau, para "fijar nuevas herramientas para luchar contra la desigualdad escolar".
La iniciativa está coordinada con los pediatras y la Conselleria de Salut, que dará pautas a los docentes sobre cómo valorar los informes y propondrá actuaciones complementarias para atender mejor las posibles necesidades. "Queremos ir a la raíz, no solo queremos saber que hay diferencias, sino por qué", ha manifestado Rigau.**


Aquí se nos aclara que los llamados hoy "centros educativos de alta complejidad" son en realidad "centros educativos de alta complejidad socioeconómica" y traducidos al lenguaje cotidiano y directo del titular "colegios de barrios pobres". En la escala se nos muestra la distancia que el tecnicismo impone y cómo esconde la realidad de las causas a cuyo origen doña Irene Rigau quiere remontarse para encontrar las "raíces".
Se nos revela que esos "expertos" a los que habrá que suministrar los historiales médicos —¡hay que ahorrar!— serán los mismos profesores del centro a los que se darán "pautas" sobre cómo "valorar" los informes recibidos. Como es previsible, esto arreglará poco y enturbiará mucho. Y además puede plantear una reclamación nueva: que los padres exijan conocer el estado de salud, incluido el mental, de los profesores con los que dejan a sus hijos. ¿Por qué no? ¿No podrían hacerlo, con razón, los viajeros de Lufthansa respecto a los pilotos de su vuelo? 
La información que El Mundo nos suministra nos muestra de nuevo que aquellos que podrían haber detectado algo no lo hicieron:

Aunque los profesores del centro Joan Fuster desconocían el trastorno mental del agresor, sí que habían detectado en los últimos días una bajada del rendimiento académico que les llevó a hacerle un seguimiento especial. "A diario, los padres firmaban una nota de cada clase y estaba previsto que los padres fueran a hablar con los profesores un día de estos", explicó Rigau, quien rechazó que el menor hubiera tenido alguna conducta conflictiva que levantara sospechas. "Sólo se distraía un poco", resumió. De hecho, la clase donde estudiaba el agresor pasó hace un mes tres días en la nieve sin ningún problema de convivencia.
Ahora, la Generalitat insiste y refuerza la idea de que sea obligatorio presentar un informe médico en el colegio. De hecho, Rigau ve "imprescindible" aumentar la relación entre pediatras, escuelas y familias "para garantizar el crecimiento adecuado" de los adolescentes. "Tener el informe te puede ayudar", reconoció ayer la titular de Enseñanza, que advirtió que "hay cosas que las familias no saben explicar".
Eso sí, exige "madurez" por parte del profesorado para hacer un buen uso de "una información muy reservada". También alertó Rigau de que en los últimos años "se ha detectado un aumento de medicación desde edades pequeñas" para tratar problemas como el insomnio o la falta de atención.*


¿"Madurez", "buen uso"? El "aumento de la medicación infantil", ¿viene de los pediatras a petición de los padres que reciben quejas de los centros? Habrá que explicarlo si es así. En Estados Unidos, por ejemplo, hay un grave problema de medicación en los centros para la tranquilidad de todos
En ocasiones no se detectan porque un trastorno puede no manifestarse de forma clara; en otros casos, se detecta "algo" (el verbo "detectar" implica muchas cosas y una forma de vigilancia protocolaria), pero no se reacciona por motivos muy diversos. Estaba previsto, nos dice la consejera Rigau, "que los padres fueran a hablar con los profesores un día de estos". El hecho de que hubieran ido no significa que se hubiera "detectado" nada peligroso. Lo más preocupante es la lista que el joven llevaba, ¿qué le llevó a hacerla? El Periódico señala:

Según varios alumnos del instituto Joan Fuster de La Sagrera, el joven disponía de una lista con 25 nombres de profesores y alumnos contra los que pretendía atentar. Hace un par de meses que tenía preparada la lista.
Los propios compañeros se lo tomaron a broma y no creían que el joven pudiera llevar a cabo sus dramáticas intenciones. Según los alumnos del centro, lo tenía todo planeado desde hace tiempo pero siempre pensaron que era una simple broma.***


Como se puede comprobar, todo es broma hasta que ocurre. Y son estas instancias educativas quienes tienen que detectar, evaluar e informar de los posibles casos de riesgo. Si la señora Rigau quiere ir a las "raíces", tendría que acercarse a todos esos elementos. Por lo pronto ya se ha construido una "historia": el niño de trece años es "adicto" a "The Walking Dead" (como muchos otros millones de jóvenes y adultos), su personaje favorito mata zombies con una ballesta (aunque haya atacado con un cuchillo) y tiene una calavera de fuego en su perfil de Facebook. Había ido al psicólogo, como tantos. Para otros es un chico normal y hasta les caía bien. Es ya "el niño de la ballesta" o, más crudamente para otros, "el asesino de la ballesta".


Preocupante es, de nuevo, junto al discurso de los expertos, la forma del tratamiento mediático de estos acontecimientos, de las narrativas en la que se insertan para ser lanzadas a los cuatro vientos. Nos limitaremos a recoger los titulares de El Periódico, que es un medio local: "El menor de la ballesta, entre el "chico amable" y el "friki' de las armas"", "El detenido tenía una 'lista negra' con 25 nombres, entre los que figuraban 3 de los heridos / Varios alumnos relatan que el agresor bromeaba desde hace dos meses con llevar a cabo su plan", "¿Se necesita licencia de armas para tener una ballesta?" y "Andrés Rabadán, el 'asesino de la ballesta'". Como vemos, el reparto de artículos cubre los distintos frentes de oferta/demanda informativa: en los dos primeros se hace el retrato del personaje por sus compañeros y se le sitúa contextualmente; el segundo es otro discurso "técnico" sobre el arma, la ballesta, y los requisitos legales, y finalmente el que le sitúa dentro de la serie histórica de los "asesinos con ballesta". En este último podemos leer cosas inquietantes por las analogías que se establecen entre un suceso de hace veinte años por el hecho de usar la misma arma:

El suceso de este lunes en el instituto Joan Fuster, en el barrio de Navas, en la Meridiana de Barcelona nos ha trasladado al año 1994, cuando un joven del Maresme saboteó los trenes de cercanías y acabó matando a su propio padre, en el domicilio de Palafolls, de cuatro disparos con una ballesta. Desde entonces, para la población en general aquel joven, Andrés Rabadán, pasó a ser conocido como 'el asesino de la ballesta'. El arma criminal eclipsó el método para hacer descarrilar hasta tres trenes de cercanías en los municipios de Malgrat de Mar, Sant Pol de Mar y Tordera, al norte del Maresme.
El asesinato de su propio padre, aparentemente por una discusión sobre la temperatura del vaso de leche que le acababa de calentar, sirvió para descubrir al autor del descarrilamiento de los trenes. Rabadán, que estudiaba en el instituto de Blanes, ocupó las primeras páginas, protagonizó los telediarios y dio pie a horas de radio. La fama del 'asesino de la ballesta' --si buscan en Google aparecen más de 100.000 resultados-- perdura con los años. Rabadán, que se dedicó a pintar en prisión, realizó exposiciones y acabó siendo carne de guión cinematográfico y escribiendo, comparte en estos momentos las páginas de los buscadores de internet con el autor, un menor de 13 años, del asalto con ballesta y arma blanca en el instituto Joan Fuster.
Tanto el crimen de Palafolls como el de este lunes en el instituto de la Meridiana acabaron con una víctima. Rabadán, que sufría problemas psiquiátricos, mató a su padre. La incógnita ahora es saber por qué el menor de 13 años detenido quería matar a los profesores.****


¿Quién se ha "trasladado"? He reproducido el texto en su integridad porque es difícil encontrar casos de tamaña frivolidad informativa. ¡Toda esta analogía partiendo de una ballesta! Pero es más atractiva que un vulgar cuchillo, que es con lo que irió y mató al profesor. 
Todo lo que se desconoce del caso, se compensa con las informaciones de un caso anterior, del que se dan los más mínimos detalles, hasta la discusión sobre el vaso de leche y su temperatura. Es lo inusual del arma lo que determina la inclusión en la categoría criminal "asesinos de la ballesta". ¡Hasta Google los ha unido!, nos vienen a decir, como si fuera una ley asociativa de la naturaleza o compartieran el ADN. 
La máquina mediática se pone en marcha en toda su insoportable levedad y ofrece la carnaza evidente que los que tenían el problema delante de las narices, en cambio, fueron incapaces de ver o no pudieron pasar de valorarlo como una broma. Si nadie vio antes el problema, lo que vemos ahora tampoco es realidad sino una variante discursiva construida con pinceladas de series de televisión o analogías forzadas.


Entre las cegueras de la "broma" y los "asesinos de portada" —estamos hablando de un menor de trece años— oscila esta historia de miopías y carencias. Hasta que todo estalla.
El diario El Mundo nos ofrece algunas de las respuestas dadas en los distintos niveles implicados de las administraciones:

En el caso del niño de la ballesta, el agresor podría ingresar en un centro de menores durante dos o tres años para acabar la ESO con "recursos especializados" a través de un régimen flexible, a estudiar con el Departamento de Bienestar Social y Familia de la Generalitat.
Por el momento, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona -especializado en tratamiento a menores- confirmó ayer que sufrió un "brote psicótico" que le llevó a actuar "imbuido por un arrebato inexplicable", según resumió ayer la propia Rigau. "Debe poder volver a una situación de normalidad progresiva", vaticinó la titular de Enseñanza, quien rechazó que el agresor pueda volver al instituto Joan Fuster.
El protocolo que seguirá la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat (DGAIA) en este caso consiste en hacer un seguimiento al menor con el trabajo de profesionales educativos y psicólogos que puede durar "un mínimo de 10 sesiones", y siempre con una segunda valoración antes de dar por acabado el tratamiento. De hecho, Irene Rigau habló ayer de "dos o tres años bajo atención continuada" para el niño de la ballesta tras protagonizar el primer incidente de este calibre en las aulas catalanas.*

Lo del "arrebato inexplicable" de la señora Rigau es digno de figurar en las antologías de las explicaciones de expertos. Y así vamos, rutinarios con el 99% de los casos, y capeando ese 1% de "arrebatos inexplicables" que son, evidentemente, los que no podemos explicar. Una vez que se prescinde de la hipótesis de la "broma", que queda descartada, las cosas se vuelven un poco más complicadas.

Afortunadamente estos casos son infrecuentes, lo que da a los expertos y responsables la posibilidad de decir que las cosas no ocurren porque ellos lo evitan. La cuestión de los historiales médicos de los niños en las escuelas, en cambio, forma parte de una regularidad peligrosa, de una tendencia a la acumulación de información cuyo manejo quedará en manos de los que no pueden ni deben interpretarla o, lo que es peor, no pueden tomar medidas preventivas usándola. Se confunde la observación con la vigilancia. A Michel Foucault le hubiera interesado mucho esta conexión entre escuela y clínica, entre pediatra y profesor, entre vigilancia, clínica y docencia. Y el hecho de que se empiece por los "centros de alta complejidad socioeconómica", es decir, los colegios de los barrios pobres, también le habría resultado muy interesante.
Alguien ha colgado una pancarta en la puerta del instituto dirigida principalmente a los medios: "exigimos respeto". Hacen bien porque no suele ser lo más habitual en estos casos en los que gusta recordar al que asesinó hace veinte años a su padre. Hay que alabar la actitud de las personas más directamente implicadas en el suceso, que son las que menos interés tienen en que las cosas se saquen de quicio. El Periódico nos muestra la actitud del profesor que se encontró con el niño y le hizo entrar en razón.

El chaval estaba de pie junto a la mesa del profesor con un cuchillo, un pequeño pico y una ballesta, una mochila y manipulando una botella vacía de cerveza con la que estaba preparando un cóctel molotov.
Con mucha calma entró. A una distancia prudente, David se dirigió al joven por su nombre. El niño todavía deliraba y repetía en voz alta sus objetivos. "Lo que dijo en ese momento lo he declarado a los Mossos d'Esquadra. Se trata de un menor, un niño. Y no lo voy a repetir", advierte.
En este momento, el profesor ya había soltado el palo. "Le hice ver con mucha tranquilidad que estaba haciendo muchísimo daño a más gente de la que él sospechaba". Entonces le volvió a pedir que se alejara de las armas, que se las entregara. Primero se deshizo del pico, del cuchillo, de la botella, de la ballesta. Le acercó la mochila. "Le pedí que me enseñara lo que llevaba en los bolsillos. Y así lo hizo". Se acercó poco a poco hasta él. "Entonces se derrumbó, lo abracé y empezó a llorar como el niño que es y como el niño al que yo daba clases". Se sentaron en dos sillas, uno frente al otro, y David escuchó el relato del joven balbuceante. Hasta que llegó la primera patrulla de los Mossos.****


Poco tiene que ver esta escena con la del "asesino de la ballesta". El profesor que la vivió hace bien en resaltar la esencia de la situación como vuelta a una realidad que no se debería haber perdido nunca.
Si la señora consejera Rigau quiere ir a la raíz ya puede coger la pala y empezar. Que comience por preguntarse qué lleva a un chico de 13 años a hacer una lista de 25 personas del instituto a las que tenía que matar, por qué los demás lo sabían desde hace meses y por qué se lo tomaron a broma. Hay cosas que son difíciles de prever, que es una cosa, y de detectar, que es otra. Pero lo que está avisado por el autor y se ignora por todos entra en un tercer nivel. Quizá además de prever y detectar necesitemos "comprender", un verbo más humano, más próximo, menos frío, algo que va más allá de la petición de un certificado médico y su archivo con el expediente académico. Finalmente alguien escuchó su relato. Quizá tarde.
Tenemos expertos para todo, menos para las bromas. En este campo, todos nos consideramos competentes, hasta que descubrimos que lo habíamos etiquetado mal, que no era una broma, que era un drama que no conseguimos entender hasta que fue demasiado tarde.



* "El colegio ignoraba que el niño de la ballesta había ido al psicólogo" El Mundo 22/04/2015 http://www.elmundo.es/cataluna/2015/04/22/5536f30fca474162698b456f.html
** "Los colegios de barrios pobres pedirán un informe médico a los alumnos de P3" El Periódico 9/03/2015 http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/los-colegios-barrios-desfavorecidos-pediran-informe-medico-los-alumnos-4002355
*** "El detenido tenía una 'lista negra' con 25 nombres, entre los que figuraban 3 de los heridos" El Periódico 20/04/2015 http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/detenido-tenia-una-lista-negra-con-nombres-entre-los-que-figuraban-los-heridos-4115629
**** "Andrés Rabadán, el 'asesino de la ballesta'" El Periódico 20/04/2015  http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/andres-rabadan-asesino-ballesta-4115698
***** "Lo abracé y empezó a llorar" El Periódico 21/04/2015http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/profesor-educacion-fisica-relata-como-subio-segunda-planta-para-ver-que-sucedia-logro-desarmar-nino-con-palabras-4118013