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sábado, 13 de agosto de 2011

Cameron: el presupuesto es el espejo del alma

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Que cualquier político sensato debe tratar de que no vuelvan a ocurrir disturbios como los de esta semana en Reino Unido es una obviedad. También lo es decir que el tipo de soluciones que cada político tome lo definirán. Y David Cameron tiene una personalidad muy definida. Es un poco un Sarkozy a la inglesa, eficacia dinámica con un ligero toque a la americana. A veces, hasta la forma de caminar define a una persona. Están, por ejemplo, los andares de Obama, con un toque Grease, y están los andares de Cameron, como si siempre cruzara con el semáforo en ámbar, decididos y directos.
La imagen política de Cameron se construye sobre otras muchas imágenes porque estamos en el reino de la imagen: su imagen se crea con las de la policía entrando en grupos armados hasta los dientes para sacar a un adolescente de una casa de la que han echado la puerta abajo o con las imágenes en pantallas gigantescas repartidas por las ciudades para identificar a los saqueadores o con esa foto urgente de los jóvenes “correctos” recibidos en la residencia de Downing Street.

Cameron recibe a los jóvenes correctos

Esta última imagen, esa foto de familia generacional, no puede ser superada ni por nuestros políticos: chicos y chicas de todos los colores y vestimentas —con capucha, con chándal o con traje—, elegantes y hip-hop, con repertorio de peinados; una visita testimonial de los jóvenes que piden que “no se hable en su nombre”, pero tampoco se sabe muy bien en nombre de quién hablan.
Habría que alejar de una vez por todas estas tonterías fotográficas de la política, todos estos gestos publicitarios, y tratar de afrontar los problemas desde la realidad de las causas y las consecuencias. Pero las pantallas mandan por ahora.

Cuando se trata de afrontar los problemas, Cameron es directo. Ha dicho que ha hablado con la Policía y estos han reconocido su “error”: pensar que se trataba de un problema de “orden público” cuando se trataba de un “problema criminal”:
"Los jefes de policía han sido francos conmigo acerca de lo que pasó. Inicialmente la policía trató la situación como si fuera una cuestión de orden público, cuando en realidad era esencialmente un asunto criminal".*

La misma Policía que afrontó los sobornos de los diarios de Murdoch como un asunto periodístico, reconoce ahora otro error de evaluación más. A la Policía le habían sentado mal las críticas iniciales de Cameron sobre su actuación. Esa frase debe entenderse como la forma en que Cameron tiene de mantener su opinión inicial: la policía se equivocó, pero ya ha confesado. Curiosa la forma que tiene Cameron de manejar los problemas.
Cameron ha hablado de “toques de queda”, de intervención del ejército para patrullar las calles, de que perseguirá a los culpables hasta el fondo de no sé dónde, de los cortes en las redes sociales, etc. Pero sobre todo mucha foto.
Cuando a David Cameron se le ha preguntado por dejar en suspenso los recortes policiales anunciados, el Primer Ministro ha dicho que ¡ni hablar!, que los recortes de personal en la Policía seguirán adelante. La solución está en dejar las oficinas con los indispensables y en poner a todos los agentes en la calle.
¡No me toquéis las libras!, parece decir, el que esto arda no va a hacer variar mis presupuestos. Y es que los políticos de hoy son sus presupuestos. “El presupuesto es el espejo del alma”, podríamos decir. Es donde se refleja realmente la voluntad de hacer y no hacer.
Las fotos que Cameron se ha hecho con los jóvenes debería habérselas hecho con los jóvenes que por todo el Reino Unido le solicitaban que no recortara los presupuestos destinados a la juventud. A lo mejor, no hubiera sido tan fácil buscarse un sobresueldo con los sobornos de Murdoch si los policías se hubieran visto mejor tratados en los presupuestos.
Hay problemas que se crean o agravan cuando no se han resuelto problemas anteriores. Mientras Cameron siga pensando que los problemas sociales son problemas de “criminalidad”, Cameron no habrá resuelto ningún problema. Solo lo habrá metido entre rejas, presupuestarias o de las otras.
Menos fotos y mejores presupuestos. Las fotos son para calmar a la opinión pública; los presupuestos para actuar sobre la realidad. El dinamismo no se demuestra andando, sino haciendo.

Manifestación de jóvenes con una "carta" pidiendo que no se hagan recortes
* "Cameron anuncia nuevas medidas para frenar los disturbios", El País 11/08 http://www.elpais.com/articulo/internacional/Cameron/anuncia/nuevas/medidas/frenar/disturbios/elpepuint/20110811elpepuint_7/Tes

viernes, 12 de agosto de 2011

La mano que lanza la piedra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Euronews nos muestra en uno de sus reportajes de hoy a unos cuantos jóvenes saqueadores británicos encapuchados.
Comentan que se han llevado televisores de plasma, videoconsolas y otros objetos de las tiendas asaltadas. El periodista pregunta a uno de ellos si no ha tenido problemas de conciencia, si ha podido conciliar el sueño esa noche. El joven comenta que sí, que se quedó dormido viendo la televisión que había robado.
La historia tiene algo de fábula y, de no ser por su espontaneidad, nos parecería escrita por un buen guionista de la mejor época de la comedia de Hollywood. Al igual que las penas con pan son menos penas, los robos con botín traen menos remordimientos. El auténtico castigo es el que llega con el fracaso, pero ¿de qué hay que arrepentirse si se tiene éxito? Lo que estamos viendo es la reducción de la moral a la cuestión de si se tiene éxito o se fracasa. No hay otra.

Desde ese planteamiento primero, la única cuestión que se cuestiona es la de la “eficacia” o, si se prefiere, la de “excelencia”. El joven tenía un “objetivo” y lo ha conseguido. ¿Dónde está el problema? El éxito es conseguirlo y el fracaso no hacerlo o que te pillen. Son las únicas variables objetivas del asunto. Lo demás, para el que se lo quiera plantear. El "beneficismo" es el equivalente del esteticismo: el beneficio por el beneficio. Parafraseando a Oscar Wilde: no hay robos buenos o malos, solo beneficios mayores o menores.
Los sucesos de Reino Unido son el reflejo de un tipo de moralidad autocomplaciente que desciende desde el éxito que se justifica por el éxito, hasta llegar al robo que se justifica por el botín. Habrá algunos que consideren, y no voy a discutirlo, que esto ha existido siempre. Pero pongo el énfasis en la naturalidad del asunto, en la obviedad con que se cuenta y se vive. Con razonamientos como estos, la idea de reeducación no es necesaria. David Cameron ha abierto ya varias vías de fuerza, pero no van a servir de mucho. Solo para hacer más “competitivo” el asunto.
En el magnífico documental sobre la crisis financiera del año 2008, “Inside Job” (2010), hay un momento en el que se reproducen imágenes de los interrogatorios de los banqueros y especuladores responsables del desastre económico y de la ruina de cientos de miles de familias. Uno de los congresistas, visiblemente enfadado, le grita a uno de los banqueros llevados ante la Comisión: “¡En mi distrito hay decenas de personas en la cárcel por haber robado en sus bancos y todas dicen «¡lo siento, lo siento!»! ¿Por qué tengo que hacerles caso a ustedes ahora cuando dicen «¡lo siento!»?»
La violencia de estos días debe ser condenada sin ningún tipo de reparos. Pero esto debe llevar también el asumir el fracaso del modelo o, para algunos, el éxito del modelo implícito en el problema. Igual que se condena la violencia debe existir una conciencia clara del origen de los hechos: el abandono de comunidades enteras convirtiéndolas en focos de degradación. Si el trabajo no llega hasta allí y tampoco los programas de ayuda para paliar los efectos del desempleo, el resultado está claro. A los que se trata como a delincuentes acaban siéndolo. Es el principio más viejo de la educación. Y no es solo un problema de recursos; es un problema sobre cómo consideramos a los demás, cómo los hacemos sentirse dentro de la comunidad. Nada transmite más desprecio que una mirada. Se aprende que te consideran basura y comienzas a comportarte como basura. Es el principio.
Curiosamente, la imagen que más se ha visto y ha llamado la atención es la de cómo le sustraen con toda naturalidad, ante la indiferencia de todos los que le rodean, objetos de una mochila a un joven que había sido herido. No lo entiendo. Es una escena que se repite por miles en nuestras escuelas y en las de medio mundo todos los días. Es el resultado de la indiferencia, el abuso y la impunidad. La suma de todo esto es lo que trae estas escenas. El que haya casas ardiendo en los alrededores es circunstancial. El principio ya está asentado.
Las mentes calenturientas que comparan las revueltas de Reino Unido con las del mundo árabe, olvidan que tras un mismo acto puede haber muchos significados y causas. Lo importante es el origen de la ira y la justicia que eleva el brazo y lo carga. Nada que ver.

El joven que dormía viendo la televisión