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domingo, 12 de octubre de 2025

Los otros Juegos sin ética

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los efectos del trumpismo son cada vez más amplios y variados. Aunque quizá decir "variados" no sea lo más adecuado, pues hay un núcleo  a partir del que se establecen "variantes". Son varios los medios que se ocupan hoy de la derechización populista de los jóvenes por todo el mundo achacándolo a los efectos del trumpismo. Lo analizan desde distintos puntos de vista, pero acaban apuntando al trumpismo como punto de partida.

No nos vamos a ocupar del campo de la política, sino de otro, del deporte, donde nos sorprende una noticia en La Vanguardia. Se trata de unos nuevos juegos:

Los Enhanced Games (Juegos Mejorados), que se celebrarán del 21 al 24 de mayo en Las Vegas, promueven la competición (atletismo, natación y halterofilia) ajena a las normas del Comité Olímpico Internacional (COI). Sin controles. Con barra libre. Y se ponen al servicio de los atletas con “avances científicos para ampliar los límites del rendimiento humano”.

El creador es el multimillonario australiano Aron D’Souza, que en su día se unió al fundador de Paypal junto a Elon Musk y uno de los peces gordos de Silicon Valley, Peter Andreas Thiel, para impulsar esta iniciativa resumida por Donald Trump Jr, uno de los mecenas. “Representan el futuro: competencia real, libertad y verdaderos récords. Se trata de excelencia, innovación y dominio estadounidense mundial, algo que representa la esencia del movimiento MAGA (lema de su padre en la campaña). Los Juegos serán un logro, y no podría estar más orgulloso de apoyar el movimiento que cambia el deporte”.

Los Enhanced Games fomentan la venta de testosterona y el “dopaje controlado” por médicos para superar límites, y consideran que organismos como la Agencia Mundial Antidopaje o el COI “coartan” la libertad. Para atraer competidores, las ganancias son elevadas.*


Creo que es una buena forma de intentar comprender cuál es la base del trumpismo en su dimensión más "norteamericana". Lo es por su abandono de las normas comunes que garanticen la igualdad. Como en otros sectores, se pregona la superioridad de los Estados Unidos y no se renuncia a la fuerza extra que pueda aportar la tecnología puntera. No se trata de saber hasta dónde pueda llegar el ser humano, sino de hasta dónde le puede impulsar la tecnología desarrollada por los Estados Unidos. Las normas del olimpismo, por copiar su lenguaje, son un intento de los débiles para frenar a los fuertes. ¿Por qué renunciar al uso de lo que se tiene? Recordemos que la frase de Trump ante la película Ciudadano Kane fue "¿de qué te sirve el poder si no lo usas?"


"Usar el poder" es lo que se centra en la expresión "MAGA". El mundo se ha confabulado para evitar que los Estados Unidos sean realmente grandes, se ha llenado de normas y limitaciones que pretenden evitar que sean "grandes" por cualquier medio. El trumpismo norteamericano pretende evitar esto liberándose de complejos y reinando realmente.

Estos juegos sin límites de dopaje tienen como función demostrar que lo americano sin límites es muy superior a los demás. Lo hace en los campos elegidos, que no son más que tres, atletismo, natación y halterofilia, según se nos cuentan en el artículo.

De esta forma, el dopaje se incluye en el seno mismo del deporte, como un componente más para la consecución de récords. El escenario elegido no podías ser otro, Las Vegas, con lo que todo ello se une y muestra claramente qué es lo que define a los Estados Unidos de Donald Trump.


¿Cuál es entonces el "atractivo" de todo esto por el mundo, especialmente entre los más jóvenes, según nos dicen encuestas y estudios? Habría que reflexionar sobre esto porque nos va en ello el futuro. Llevamos más de dos décadas con una caída en picado de los valores, de un sentido ético, en beneficio de las ganancias, del ascenso social y de la trivialidad como espectáculo cotidiano. No es de extrañar que estas generaciones, sometidas a halagos y explotación, al desempleo y a unas viviendas inalcanzables, se hayan distanciados por un lado y se hayan lanzado a los que les augura supervivencia si prescinden, como hacen muchos de las normas.

Dinero, eliminación de normas y limitaciones, el todo a una carta, es lo que se les promete ahora. Para ello tienen que abandonar lo que se les presenta como una trampa. Si el deporte se consideró como una forma educativa de la competición con reglas respetadas, ahora se les muestra que es romper las reglas lo que lleva al éxito, a las ganancias. Nos dicen que los premios en Las Vegas son cuantiosos. No iba a ser menos.

La promesa que se repite es la de la "súper humanidad" que será, por supuesto, norteamericana, trumpista, por más señas. El deporte no es más que un medio para demostrar algo. Y para hacer beneficios con ellos, con empresas liberadas de las prohibiciones y la mala prensa por la creación de nuevos fármacos antes prohibidos.

Médicos, deportistas, ex deportistas consultados en La Vanguardia son prácticamente unánimes en su condena, pero es cuestión de tiempo. El trumpismo sigue avanzando y se expande por el mundo en busca de la implantación de sus valores o falta de ellos. 


* Alberto Martínez "Y tú, ¿te doparías por un millón?" La Vanguardia 12/10/2025 https://www.lavanguardia.com/deportes/20251012/11149098/te-doparias-millon-juego-mejorados.html

jueves, 27 de abril de 2023

Prisas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me sorprende la noticia que repiten los medios: "Cazan a Manuel Baltar, presidente de la Diputación de Ourense, a más de 200 km/hora en el coche oficial" (El Mundo), "Sancionado el presidente de la Diputación de Ourense (PP) por conducir a 215 kilómetros por hora en el coche oficial" (RTVE.es), "Baltar, líder del PP de Ourense, se arriesga a ser imputado tras conducir a 215 kilómetros por hora un coche oficial" (El País). Hay muchas formas de expresar un mismo hecho... y muchas sutilezas, por decirlo así.

Debo mostrar mi sorpresa por los que tienen tanta urgencia por algo (lo que sea) que les haga ir a esas velocidades. 215 kilómetros por hora son muchos kilómetros. En RTVE.es con texto de EFE, que se repite en otros medios se nos dice al comienzo del artículo:

La Guardia Civil ha sancionado al presidente de la Diputación de Ourense y del PP provincial, José Manuel Baltar, por circular a 215 kilómetros por hora el pasado domingo en la A-52, a la altura del municipio zamorano de Asturianos, en dirección a Madrid.

Según fuentes oficiales de la institución provincial, Baltar se desplazó el domingo a la capital española en un coche oficial que pertenece a la Diputación de Ourense y que está a disposición de Presidencia para participar en diferentes reuniones del organismo.*

Y al final se explica:

José Manuel Baltar fue reelegido presidente del PP de Ourense el 26 de septiembre de 2021 con el 99,24% de los votos emitidos en el 18º Congreso Provincial. Desde febrero de 2012 es el presidente de la Diputación de Ourense, sucediendo así a su padre, José Luis Baltar Pumar, quien dejó este cargo tras 22 años.*

La verdad sea dicha, el exceso de velocidad de Baltar, al que no conocía, ha servido para ponernos al día de un montón de cosas sobre la vida pública gallega. Aunque no acabo de entender muy bien las conexiones. Una de las normas del buen hacer periodístico es la contextualización, claro, pero también la pertinencia. Lo que me hace dudar de mi concepto de "contexto" o de contexto en época de campañas electorales.

Esto quiere decir que el hecho de rebasar la velocidad permitida, un hecho "positivo", detectado y medido por un radar "imparcial", se puede convertir en el epicentro del discurso informativo, pero que se nos escapa hacia otros derroteros rápidamente.

Si la noticia es el exceso de velocidad, pronto se entremezcla con el vehículo, que era "oficial", con el motivo del traslado, con quién se encontraría a su llegada y así va derivando hasta que se nos explica cómo llegó al cargo, etc. Es decir, el incidente de la velocidad es un punto de partida que rápidamente evoluciona hacia otros derroteros, algo que se convierte ya en una forma habitual, entrando a formar parte del "paquete" biográfico, por llamarlo así del personaje. Lo que se expresa unido, se percibe unido. Todo pasa a formar parte del personaje añadiendo una dimensión más a su carácter poliédrico.

En el diario El País, que es el que se separa más de la nota repetida de EFE en los medios, por ejemplo, la nota histórica de su llegada al poder por vía familiar, se une con los tecnicismos legales de la infracción y la precisión del lugar: 

El político, hijo del anterior presidente del PP provincial y de la Diputación, José Luis Baltar, fue detectado a 215 kilómetros por hora en el punto kilométrico 67, a la altura del municipio zamorano de Asturianos. La noticia de la infracción la avanzó en la noche del martes eldiario.es. La normativa establece que la infracción por exceso de velocidad es un delito contra la seguridad del tráfico cuando se supera en más de 80 kilómetros por hora el tope de la vía interurbana por la que se circula. Debe superarse en un 7% si el radar es móvil, y en un 5% si es fijo. En el caso de la A-52 el máximo es 120 kilómetros por hora y el radar era fijo, señalan fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Zamora, por lo que el límite para Baltar para no entrar en los márgenes del ámbito penal era de 210 kilómetros por hora y lo rebasó en 5.** 

La forma de expresarlo une todo en un párrafo: historial político, cargos, lugar del incidente, fuente de la noticia y una larga y detallada explicación técnica (que no he visto con tanta precisión en otro medios, donde no salen las cuentas).

Lo que da relevancia al hecho no es solo la excepcional velocidad, sino que eso se junta a la posición, donde es relevante que unos presentan su faceta de "presidente de la Diputación", mientras que otros resaltan pertenencia al PP. A nadie se le escapará que, en época electoral, esa forma de dar relevancia al infractor no es precisamente sutil.

Para otros, lo relevante es quiénes le esperaban o, si se prefiere, porqué tenía tanta prisa en llegar. Entonces surge otra línea informativa sobre quiénes eran. De nuevo es El País el que nos da los detalles sobre el motivo del viaje:

Según un portavoz de la Diputación orensana, Baltar se dirigía el domingo por la tarde a Madrid para participar en una serie de “reuniones internas”. Esa es la razón por la que conducía un Volkswagen oficial del organismo provincial, un vehículo que, explica la misma fuente, ya había utilizado en otras ocasiones porque “está habilitado” para ello. Una de las entidades con sede en Madrid a las que acudió Baltar el lunes por la mañana, según su equipo, es la Fundación Democracia y Gobierno Local, un ente dedicado a mejorar la “calidad” de las instituciones y la “confianza de los ciudadanos” en ellas y de la que la Diputación de Ourense es patrono. El gerente de esta entidad ha confirmado que se reunió con el dirigente del PP para tratar, entre otras cosas, la posibilidad de organizar actividades en su provincia.**

El incidente del exceso de velocidad se ve de nuevo ampliado con los datos sobre el vehículo (a la gente le interesa saber qué coche es capaz de ponerse a esas velocidades) y se precisa que «"está habilitado" para ello», tratando de evitar los que suministran la información lo que sería una línea informativa sobre un uso indebido del coche oficial. Así no hay dudas ni especulaciones.

La construcción de esta noticia en los medios es interesante por mostrar cómo se entrelazan las diferentes líneas, lo que se considera pertinente o simplemente está ahí con otra intención. Todo lo que se junta en un texto se percibe, como señalamos, conjuntamente. Es el propio lector el que saca consecuencias de lo que le damos precocinado. 

Me molesto en buscar otras noticias sobre José Manuel Baltar y veo que algunas anteriores al incidente están relacionadas están relacionadas con los coches. Compras de coches y poses junto a ellos. Indudablemente le gustan. Correr no siempre es cuestión de prisas. Amar los coches no es delito; amar la velocidad puede serlo. Ahora ya es cuestión política.

 

* "Sancionado el presidente de la Diputación de Ourense (PP) por conducir a 215 kilómetros por hora en el coche oficial" RTVE.es 26/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230426/sancionado-presidente-diputacion-ourense-conducir-215-km-hora/2441626.shtml

** Sonia Vizoso "Baltar, líder del PP de Ourense, se arriesga a ser imputado tras conducir a 215 kilómetros por hora un coche oficial" EL País 26/04/2023 https://elpais.com/espana/2023-04-26/multado-el-presidente-popular-de-la-diputacion-de-ourense-por-circular-a-215-kilometros-por-hora.html

martes, 18 de enero de 2022

El tenista, el alcalde y el coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Como ya señalábamos el otro día, a Novak Djokovic le puede haber salido más caro de lo que pensaba el órdago australiano. Con su expulsión garantizada por tres años de Australia y la consiguiente imposibilidad de acceder al país en tres años, el tenista se ha complicado la vida más de lo que pensaba.

Puede que el alcalde de Madrid se haya complicado también al manifestar el "reclamo"* del jugador si viniera a jugar aquí; es algo que también le pasará factura, ya que aquí nadie desaprovecha nada para la lucha política, de las vacas a los tenistas. Lo que haga falta con tal de destrozar al contrario.



El caso del tenista es lo suficientemente complicado —y lo será más— como para subirlo a la agenda política española. Ya lo ha hecho con efectos imprevisibles el gobierno serbio que lo usará en una cruzada nacional contra... ¿el universo menos Madrid?

¿Cree el alcalde Martínez Almeida que invitar a Djokovic va a crear un flujo de turismo serbio hacia la capital española, que sea el único lugar —más allá de su propio país— donde se le permita jugar? Luego le ha pasado la pelota al "gobierno de la nación", lo que no deja de ser un intento más de enredar las cosas.

No son las únicas complicaciones. Me parece mal, por ejemplo, que en RTVE se añada en varias ocasiones la frase "allana el camino hacia el título" para mencionar después a citar a Rafael Nadal y al ruso Medvédev. Me parece simplemente una maldad, algo de muy baja estofa, porque quien se ha complicado la vida es el propio Djokovic. A veces el periodismo quiere ser sutil y solo es injusto. ¿Qué deben hacer, retirarse?

Ya se han anunciado varios torneos internacionales en lo que no podrá participar porque para entrar al país se exige estar vacunado. En España no, tal como sabemos y hemos visto a Djokovic disfrutar de Marbella antes de su fiasco australiano. Con una PCR negativa le vale, según parece. Por eso nuestro alcalde se ha permitido meterse en ese lío él solito.

Tiene mucha razón Rafael Nadal, que, además de jugar bien al tenis, es muy sensato. Djokovic es culpable, pero no es el único, ha dicho Nadal. A los que "culpable" les parezca "fuerte" habrá que recordarles que Djokovic ha mentido en un documento de ingreso en un país. No es más que una víctima de sí mismo. 

Pero ¿a quién se refiere Nadal? Está claro: al mundo deportivo empresarial que ve el tenis como un negocio y que ha intentado no "perder atractivo" a cualquier costa. Lo importante, como en otros casos, es el dinero y no la salud. Mucho menos el ejemplo, ya que el jugador serbio hace público su idea anti vacunación. Y esto no es precisamente lo deseable tal como están las cosas por el mundo. Después de esto, cada participación de Djokovic, el "jesucristo" de los anti vacunas, será entendida como un impulso claro para estos grupos que buscarán más visibilidad.

Pero la auténtica medida de lo afectará al serbio es el patrocinio y este ya ha dado los primeros pasos con una de las marcas importantes que le patrocinan, Lacoste, todo un símbolo en el mundo del tenis y la moda deportiva.

En Antena 3, bajo el titular "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia", leemos: 

Su negativa a vacunarse puede acabar siendo el final de su carrera, siempre que no cambie de criterio, y la consecuencia es que algunos de sus patrocinadores pueden comenzar a pedir explicaciones a Nole. El primero en hacerlo, al menos de forma pública, ha sido Lacoste. La marca de ropa francesa pedirá cuentas al número 1 del mundo por la polémica que ha protagonizado en los últimos días en Australia, país de que ha sido deportado por no cumplir los requisitos de vacunación del país.

"En cuanto sea posible contactaremos con Novak Djokovic para revisar los acontecimientos que han marcado su presencia en Australia", indicó en un comunicado Lacoste, marca que el serbio luce en su pecho desde que en 2017 firmó un multimillonario contrato y abandonó la japonesa Uniclo.**

Lacoste sabe que la controversia no favorece sus ventas y que la imagen del serbio ha quedado dañada en diferentes aspectos, que sus intentos por colarse en Australia saltándose lo que se le pide al resto de los mortales que no son número 1 del tenis. No es ya la cuestión de la vacunación, sino también las distintas mentiras y falsedades en persona y formularios por parte de él y su séquito lo que acaban de dar forma a su imagen.

Es víctima además de los que le apoyan, que rozan el ridículo y a los que no pueden controlar. Un Djokovic "mesías" es un auténtico insulto a media humanidad y en especial a los fallecidos por millones y a sus muchos más millones de familiares. No, Djokovic no puede ser héroe más que de fanáticos, pero no del tenis, sino de la sinrazón, algo que se trata de combatir por todo el mundo.

Por más que el alcalde de Madrid, señor Martínez Almeida, busque un equilibrio entre el deseo y la norma, verá la de veces que se le recordarán sus palabras—"sería un gran reclamo"—, por más que le pase la pelota del "deber" a otros. Se ha metido él solo en la polémica y ya hay quienes lo utilizan contra él, como era previsible. Callarse es siempre una opción española de supervivencia.

Jugará allí donde las leyes se lo permitan —por eso los grandes torneos ha dejado claro la normativa de sus ciudades, como ha hecho Nueva York, o de sus gobiernos— y tendrá que pasar por el mismo calvario que en Australia si intenta forzar la situación ya con un precedente negativo importante. Pronto, los grandes trofeos intentarán evitar la patata caliente y la publicidad negativa que les supone invitar al serbio a sabiendas de que no está vacunado.

Localmente, los políticos serbios se ponen al lado de sus admiradores y se rasgan las vestiduras, pero cuidado con excederse en las críticas a los demás países, porque llevan las de perder. No sé si Serbia tiene algo más que Djokovic como activo, pero es lo que hay y no creo que pueda ir más allá del pataleo. 

Novak Djokovic quiere ser un privilegiado número 1 y no un ejemplar número 1. Cuando se habla de las virtudes del deporte, también se debería poder hablar de las virtudes de los deportistas. Algunos las tienen, otros no. Al final, algo en el camino marca la diferencia.

Nos queda la polémica nacional de fondo. Es el momento de jugar y ser jugado por unos y otros. Mejor no acabar de complicar algo que es muy sencillo: las normas se cumplen. El problema real para Djokovic no es el torneo de Madrid sino el contrato con sus patrocinadores, algo que se puede terminar si deja de ser "rentable" su imagen.

* "Almeida abre la puerta a Djokovic al Madrid Open y Sánchez responde: "Deberá cumplir las normas sanitarias"" RTVE.es/Agencias 17/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220117/almeida-sanchez-djokovic-madrid-open-normas-sanitarias/2258642.shtml

** Guillermo Fernández "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia" Antena 3 https://www.antena3.com/noticias/deportes/tenis/lacoste-pedira-explicaciones-djokovic-ocurrido-australia_2022011761e58f599890160001bc699b.html

sábado, 25 de diciembre de 2021

Peligros del espacio exterior

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No sé si el "reglamentismo" es una de nuestras virtudes o uno de nuestros defectos. Desde luego, lo que sí está claro es lo que nos gusta discutirlo todo. 

Sabemos que las palabras no lo dicen todo y que son muchas veces interpretables. Para eso se nos ha dotado de una cosa llamada "sentido común". En las leyes, por ejemplo, se apela a su "espíritu" para resolver las dudas que determinados aspectos pudieran suscitar. Ese "espíritu" tiene que ver con la "intención" de la norma y la "ocasión", es decir, el contexto en el que se tratan de aplicar. Lo importante es que ese "espíritu", que es el del bien común o el de evitar el mal (no es lo mismo), debe tenerse en cuenta. Se supone que las leyes, normas, etc. buscan lo positivo para evitar males, que buscan nuestra protección y seguridad. Elemento esencial es la buena voluntad interpretativa, es decir, no retorcer las normas hasta hacerlas irreconocibles o pensar que buscan nuestro mal. Pero en nuestra lucha continua contra las normas esto es demasiado sencillo,

Una vez que se ha establecido la "norma" del uso de las mascarillas en exteriores se ha desencadenado una tormenta de tonterías y sinsentidos lanzada especialmente por los opositores políticos y los negacionistas chistosos, además de esa especie extraña que son los medios cuando les da por indagar en las tonterías y tomarlas en serio.

Unos discuten si la medida de las mascarillas es "adecuada", si se queda corta o habría que ampliarla; otros señalan que llega tarde, aunque más vale tarde que nunca. De nuevo, políticos, expertos y tertulianos se lanzan a los rincones poco iluminados de la norma para establecer sus pegas.

El problema se plantea cuando se le da a "exteriores" un sentido absoluto que no tiene. En un sentido, los exteriores están claros, pues el sentido de la norma es evitar los contagios "Si estoy solo en el campo, paseando", decía un señor en un canal televisivo al ser preguntado, "no, no me la pongo". Algún malintencionado y estricto vigilante podría seguirle con un dron, fotografiarlo y ponerle una denuncia por que "iba sin mascarilla en exteriores". Podría ocurrir, pero afortunadamente es poco probable.

Para los "anti normas", "anti sistema" y negacionistas, sin embargo, todo se centra en esa posibilidad y otras del mismo corte. "¿Y si estoy en el Moncayo?", preguntan. ¿Y si mi sherpa es o no de la misma "unidad familiar"? ¿Y si nos hemos hecho test antes de subir? ¿Y si no pensamos bajar del Himalaya en seis meses? La casuística se desborda.

Telemadrid abril 2020

Este bizantinismo pandémico ha sido planteado por los mismos de siempre desde el comienzo de todo esto. ¿Recuerdan las preguntas sobre las mascotas? ¿Sobre los niños? Recuerdan: ¿si hay custodia compartida, cómo se considera la distancia del domicilio familiar? ¿Cuántas personas pueden acompañar a los niños?... Miles de preguntas lanzadas al aire cuya función no era informar mejor, sino sembrar la confusión especulativa en la gran mayoría de los casos.

El mundo y sus posibilidades se esparcían ante nuestros ojos en un sinfín de preguntas que saltaban a nuestros oídos desde todos los puntos. El objetivo no era otro que boicotear la eficacia de las medidas, algo que no ha dejado de ocurrir desde el comienzo de la pandemia por intereses diversos de unos y otros. La resistencia ha existido desde el principio en todos los planos. Ya fuera por hacer concursos de ingenio o por meter palos en las ruedas de los gobiernos responsables, lo cierto es que nuestras neuronas se han dedicado más a cómo incumplir que a cómo librarnos de esto.

En RTVE.es leemos el titular "España retoma la mascarilla obligatoria en la calle: ¿cuándo hay que llevarla? ¿Quién está eximido? ¿Habrá multas?" Tal como se plantea el asunto, los mejor es salir con mascarilla y abogado o, en su defecto, asesor jurídico online (un negocio por explotar) para resolver dudas: 

¿Cuándo habrá que llevar la mascarilla?

En interiores, como comercios, o bares y restaurantes siempre que no se esté consumiendo, en los transportes y ahora también al aire libre, incluso si se puede mantener una distancia de más de 1,5 metros. Será obligatoria "en cualquier espacio al aire libre de uso público o que se encuentre abierto al público", según se puede leer en el BOE, lo que implica que habrá que llevarla en la calle, en parques y, por regla general, en cualquier espacio abierto, salvo ciertas excepciones que recoge el decreto. Como ha resumido Darias, "cada vez que salgamos, tenemos que ir con ella puesta".*

 


He visto personas sin mascarillas ante una taza de café o una cervecita eternos. Cuando se te acerca alguien, das un ligero sorbito y sigues como si nada. Algunos han desarrollado el arte de detener el tiempo ante un vaso de agua. Ellos cumplen la norma a su manera o, si se prefieren, la incumplen de forma adecuada. Es una especie de pulso de ingenio para saltarse las normas. Como recompensa a su ingenio, las UCI están llenas de este tipo de personas.

En cuanto a las distancias, no hay que recurrir a la Relatividad para saber que todo el universo se mueve, que ahora estás a dos metros y nos segundos después a centímetros, que no se sabe muy bien quién se ha acercado a quien, que tú estabas a la distancia correcta pero fue el otro el que se movió, señoría. 

¿Cuándo me la podré quitar?

Se establecen dos excepciones para la obligatoriedad de la mascarilla. No será necesario llevarla en exteriores "durante la práctica de deporte individual" ni tampoco "durante la realización de actividades que no sean de carácter deportivo, pero se realicen en espacios naturales". Todo ello siempre que se pueda mantener la distancia de más de 1,5 metros con otras personas no convivientes.*


De nuevo volvemos a lo del "deporte individual", que traducido al español coloquial significa ponerse un chándal, coger una botellita de plástico y levantar un poco los brazos si se acerca alguien. En el caso de actividades "que no sean de carácter deportivo pero se realicen en espacio naturales", la imaginación se desborda y, estrictamente, significa que todo lo que se pueda hacer exime de la mascarilla, desde fumarse un cigarro hasta practicar cantos tiroleses. Todo es papel mojado, porque lo que cuenta realmente es el metro y medio de distancia que obliga a ponerse de nuevo la mascarilla. ¿Había que dar tantas vueltas para esto? 

Pero mi parte favorita es la siguiente: 

También se la podrán quitar quienes viajen en barco cuando entren en un camarote individual, una excepción que ya recogía la Ley 2/2021, de 29 de marzo de 2020, que hacía obligatoria la mascarilla por primera vez. Sin embargo, la mascarilla volverá a ser obligatoria en cubierta, incluso si hay distancia, a diferencia de lo que recogía el último decreto, del pasado junio.* 


¿Y si hay tifones, vientos huracanados, olas gigantes? Y durante un naufragio ¿es obligatoria la mascarilla? ¿Se puede uno quitar la mascarilla en un bote salvavidas?, ¿vale con la quirúrgica o hace falta la FFP2? 

Las cuestiones candentes sobre el uso me bombardean sin piedad y, como yo, me imagino que todos los españoles estarán revisando todas las posibilidades del uso de mascarillas en ese espacio definido como "exterior".

Antes el "espacio exterior" estaba camino de la Luna, planetas de nuestro sistema solar y más allá. Ahora el "espacio exterior" se nos ha hecho asfixiantemente próximo, claustrofóbicamente legalizado al milímetro. Desde esta perspectiva, cualquier error puede ser fatal, aunque no se paguen luego las multas, que esa es otra. El tercer término del titular de RTVE.es se pregunta "¿habrá multas?", cuestión tan esencial como si existe un "más allá" o si "habrá vida fuera de la Tierra". 

Bromas aparte, me resulta difícil pensar que todas estas discusiones se puedan estar produciendo en el pico elevadísimo que tenemos hoy en este país, que todo esto no sea más que para discutir sobre medidas que tratan de evitar nuestros contagios. Las habrá mejores o peores, adecuadas o tardías, pero lo que nos jugamos no es el "poder" sino la vida misma, por más que muchos lo aprovechan para lo suyo. Sus decisiones sobre el estado de la cuestión, del momento y de la mayor seguridad acabarán en sus manos. ¡Decida bien, que es mucho lo que nos jugamos!

Que sea su sentido común el que le diga cuándo debe usar esa mascarilla que le protege, sí o sí, si la tiene donde debe y a la distancia adecuada.  Todos vemos cada día cómo se comportan algunos.

Se me hace muy cuesta arriba pensar que todo nuestro ingenio se nos va en discutir sin fin y en el incumplimiento de las medidas que se toman por un incumplimiento previo que nos ha traído una nueva ola, algo que debe producir un extraño placer en las mentes de quienes lo practican.  Hay gente para todo.

 

 

* "España retoma la mascarilla obligatoria en la calle: ¿Cuándo hay que llevarla? ¿Quién está eximido? ¿Habrá multas?" RTVE.es 24/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211224/cuando-llevar-mascarilla-exteriores-excepciones/2243561.shtml

martes, 20 de julio de 2021

Les sobran los demás

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




Antena3 hace un repaso de los distintos casos (recogidos) de agresiones por causa del no uso de la mascarilla*. La secuencia se repite: alguien entra en algún lugar sin la mascarilla puesta, otro le dice que se la ponga y el primero responde con violencia inusitada. Puede que algunos intervengan, pero en la mayoría de los casos mostrados es en favor del agresor, especialmente si es algún tipo de autoridad implicada, de un agente de policía a un vigilante.

La pandemia está sirviendo para mostrar muchas cosas que no son nuevas. Simplemente no las percibíamos por mirar a otro lado o, en la mayoría de los casos, porque vivimos aislados en pequeñas burbujas que nos hacen percibir a los otros como seres de otro planeta. No hay sentido de conjunto, solo un sentido territorial parcelado de la realidad. Las dimensiones de ese territorio son muy variables, del barrio o el pueblo al espacio del metro; puede ser fijo o moverse con nosotros mismo, que erigimos en territorio allí donde estamos implantando la ley.

Las personas que entran en un espacio público sin ponerse la mascarilla está diciendo dos cosas: yo soy mi propio territorio y no acepto vuestra ley, por un lado; pero, por otro, está diciendo no me importáis, sois invisibles para mí.

Las autoridades han tomado algunas decisiones sin tener en cuenta esta falsa sensación de conjunto, que implica la aceptación del espacio y la norma comunes. Pero el que lleva su propio reino con él no acepta más autoridad que la propia.



Percibir la sociedad verticalmente, donde las normas descienden, son aceptadas y cumplidas es un modo ingenuo de considerar el funcionamiento social. Hay cada vez más rechazo e incumplimiento, entre otras cosas, porque la propia idea de autoridad es erosionada por las propias autoridades mismas. ¿Cree alguien que esta continua refriega no erosiona la idea de autoridad?

En España, desde hace ya tiempo, se inició una peligrosa senda individualista que se expresa en la idea del "no va conmigo". Los argumentos se toman de boca de los propios políticos. El ejemplo más claro lo tenemos en estos días con la increíbles interpretaciones de la sentencia del Tribunal Constitucional, otro punto de fricciones que ha permitido a muchos (incluidos medios y partidos políticos) confundir una cosa con la otra y permitiendo a algunos sacar la conclusión que "han sido secuestrados", que no hay que cumplir ninguna medida restrictiva porque "son inconstitucionales". Lo escuchamos cada día y para lo único que sirve es para que más gente se desentienda del conjunto.

El ejemplo más claro lo tenemos en los "botellones", auténtica figura patrimonial española, en la que —pese a años de estar prohibido— se ha desarrollado con total impunidad en todos los municipios de España. Mi Facultad es la única de la Ciudad Universitaria que hubo que vallar hace un par de años porque era literalmente "ocupada", con pleno consentimiento de la autoridad, que los guiaba hacia nuestras praderas para evitar que se ocuparan (y mancharan) otras.

Después de estos años, ve a explicarle a un joven que esa actividad que lleva años realizando se tiene que interrumpir por un "virus" que se han inventado algunos para "controlar el mundo", por seguir las chifladuras de un Bosé, por ejemplo.



Otro de los fenómenos que contribuyen a esta peligrosa tendencia a la violencia callejera es la ambigüedad de las medidas. No se puede pretender que funcione algo en lo que hay que ir con un metro midiendo si estás a 1,5 m o no. Y así ha sido desde el principio.

Todas las normas que se han ido dictando contaban con lo único inexistente: la buena voluntad de muchos. Mucha gente lo cumple, sí, pero los conflictos son continuos precisamente por esa división entre los que los siguen y los que se ríen de ellos. La expresión tiene toda la intencionalidad, ya que el que no lo cumple se ríe descaradamente en la cara de quien si lo hace, que acaba estallando muchas veces. Forma parte de ese peculiar carácter español además del incumplimiento, la ostentación. No solo soy incumplidor, sino que los demás son idiotas por cumplir. Los ataques se producen cuando a alguien se le dice que tiene que cumplir como los demás. Pero el aludido, precisamente, rechaza ser como los demás, algo ofensivo para su peculiar forma de ver el mundo, la vida a los demás y a él mismo.

Dejar que se tomen en la calle las decisiones sobre si hay suficiente gente, a la suficiente distancia, etc. como para llevar o no llevar la mascarilla es abonarse a la discusión y al conflicto constante.

Muchos especulan sobre el aumento real de la violencia, que se manifiesta tanto en las casas como las calles. El terrible aumento de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas tras el fin del estado de alarma se presta a diversas interpretaciones. Lo mismo ha ocurrido en otros ámbitos, como el transporte o los conflictos con los botellones, las luchas de los vecinos, etc.

Hay demasiadas discusiones sobre la mesa por falta de precisión en las medida y a esto contribuye la propia tensión que la pandemia genera con su inseguridad e incertidumbres.

La propia autoridad la ha generado con su confusión. En su momento lo señalamos. No se puede trasladar a la calle la discusión sobre qué hacer o no. Pero esto ha ido más lejos cuando en unos lugares se podía y en otros no, lo cual ha acabado creando un insostenible "relativismo" que la gente también ha interpretado a su manera.



Ayer nos hablaban de los traslados de los jóvenes a "hacer botellón" en el pueblo vecino, que no estaba con cierre perimetral. Evidentemente las diferencias de situación entre un pueblo y otro reflejan muchas cosas y no será casuales. La confirmación llega con el descaro de pasarse a otro a hacer lo que no puedes hacer en el tuyo. En el suyo no pueden hacerlo ahora precisamente porque lo han estado haciendo sin medida hasta ese momento.

Al incumplimiento se añade el descaro señalado. Las normas "no van con nosotros" es el mensaje. Dicen que los detenidos suelen ser varones de entre 36 y 55 años*, pero mucho me temo que esto sea porque en otras edades más tempranas los incidentes son ya parte de la vida cotidiana. Lo que sí se puede afirmar es que a ninguno les sobra el ego, sino los demás.

La erosión de la autoridad, el relativismo, las luchas entre poderes e instituciones, etc. están minando las bases sociales y las posibilidades de acuerdos, situando el conflicto permanente como una forma de vida. No debería extrañarnos que en un país con dirigentes tan beligerantes entre ellos, esto se traslade a la calle.

El hecho de que haya estado ocurriendo en otros países (especialmente en los Estados Unidos, con varias muertes) no es ningún alivio. El que coincidan con líneas ideológicas extremistas tampoco es una explicación pues todo ello se entremezcla de forma compleja con resultados parecidos.



* Ignacio Buenavista Prats "El uso obligatorio de la mascarilla, una de las causas de agresiones a policías y sanitarios durante la pandemia" Antena3 20/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/uso-obligatorio-mascarilla-causas-agresiones-policias-sanitarios-pandemia_2021072060f66fa06b7ef500010181b9.html

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Nuestros tristes récords

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Al igual que da mucha alegría enterarse de que somos líderes en aspectos positivos, da mucha tristeza comprobar cómo se nos acumulan los más tristes y oscuros récords en estos tiempos de pandemia. Hasta nuestros récords se vuelven contra nosotros, pues no es otra cosa que lo que ocurre con el turismo; lo mismo que nos hacía sacar pecho tras terminar el verano pasado y en los anteriores, ahora nos hace bajar la cabeza y algo peor, llevarnos las manos a ella en gesto de desesperación y enfado.

España acumula récords negativos: somos la economía europea más afectada por el COVID-19, con liderazgo en desempleo. "España sigue siendo el segundo país europeo más afectado por la pandemia del coronavirus, solo superada por Rusia (1.035.789)", nos decía La Vanguardia a primera hora de la mañana en su información al minuto de lo que ocurre sobre esta cuestión.

La pandemia no ha creado nada, simplemente ha dejado al descubierto nuestras miserias. Hay demasiadas tareas por hacer y poca voluntad para resolverlas porque hemos descubierto con horror que la clase política vive de los problemas, no de resolverlos. Esto tampoco es nuevo, pero vamos despertando de nuestra hipnosis para darnos cuenta, ahora que la necesidad aprieta. Pero basta que se agite ante nosotros el trapo para que volvamos a cuadrar las patas y recibir la estocada de la estupidez en plena cerviz.

Nuestra clase política, que antes llamaban la "casta" los que ahora forman parte de ella, es efectivamente una "casta". Incapaz de dialogar por el bien de todos, discute y se divide hasta el infinito creando nuevas siglas exóticas, para aprovechar los errores ajenos y tratar de rentabilizarlos.

Si algo deja en evidencia esta crisis es la falta de responsabilidad frente a los grandes retos que se nos presentan. Desde todos los lugares de la sociedad, desde los medios, en las encuestas queda reflejado, se ha pedido a los políticos unidad, que aparquen las controversias y traten de sacarnos de esta. Sin embargo, con la pandemia se han aprovechado todos conflictos latentes para hacer bandera de ellos, de la monarquía a la enseñanza religiosa pasando por el secesionismo. El infame "¡España nos mata!" de Torra es un ejemplo, pero hay muchos más de este desgaste continuo de una clase que no sabe renunciar al protagonismo fácil y pensar en la ciudadanía, en todos.



En tiempos en los que necesitamos ejemplaridad, no ofrecen más que pésimos ejemplos. Los efectos sobre la ciudadanía son claros. Nos hemos llenado de irresponsables que se amparan en la falta de claridad de los políticos, en sus contradicciones, en sus desvergüenzas y corrupciones, para no cumplir tampoco.

La reclamada vuelta al ámbito autonómico de las decisiones sobre la pandemia se ha traducido en un estallido de incumplimientos precedidos por los gritos de "¡Somos los más seguros, "corredores seguros" para todos!", que se ha saldado en el contagio masivo y la huida del turismo. Lo que se criticaba al gobierno central se ha reproducido en las Autonomías, donde los políticos han pretendido presentarse como los liberadores de la economía. Las consecuencias están a la vista: lo han hundido más de lo que estaba. Nuestras cifras no dicen otra cosa.

Las medidas sobre algo esencial, la seguridad en la educación, se han dejado para unos pocos días antes del comienzo de las clases, dejando vendidos a los centros, a los profesionales de la educación y al alumnado, que es como decir a la población pues esos niños y jóvenes se encuentran en grupos familiares. Ya se están cerrando centros porque es inevitable que los contagios aumenten, como lo era que lo hicieran al "abrir" una economía de servicios, centrada en el ocio, el verdadero negocio nacional. Lo que antes funcionaba, las concentraciones como signo de éxito —de los Sanfermines a las Fallas, de las ferias profesionales a terrazas y el ocio nocturno— ahora lo son de problemas, de extensión de la pandemia hasta límites inesperados, aunque quizá esto sea demasiado aventurar.

La responsabilidad está también más allá de los políticos, acostumbrados a atraer la atención con grescas y no con buenas ideas, soluciones adecuadas, etc. La responsabilidad de la ciudadanía es también grande, pero resulta difícil cambiar los hábitos, los enfoques sobre algo que parece igual pero es distinto.

El COVID-19 exige la desaumatización de hábitos que no son malos es sí, pero que ahora tienen unos efectos negativos porque el comportamiento debe ser otro. El quid de esta cuestión es que el coronavirus no altera lo que vemos, hasta que es demasiado tarde. Saludables asintomáticos se mueven de un lugar a otro como si todo siguiera igual; la gente se reúne como si no pasara nada; las familias celebran con ganas cumpleaños, funerales o cualquier tipo de evento; los amigos son invitados a bodas y despedidas de solteros... y van, etc.


Se esperan tiempos duros, durísimos, porque no conseguimos prevenir, disuadir ni concienciar, los tres factores. No se puede seguir vendiendo un paraíso próximo lleno de vacunas y vacunados felices, especialmente porque ha hecho pensar que esto se arregla en un par de meses. No se puede seguir diciendo que solo se mueren los viejos y, si solo se mueren los viejos no tomar medidas y que las residencias sigan cayendo con porcentajes escandalosos de contagios, como está ocurriendo.

Creo que ha llegado el momento en el que la paciencia ha sido desbordada. Se nos lanzan desde los medios y la política nuevos casos para tenernos entretenidos, de Corina a Messi, del reto independentista al "kitchen". El COVID-19 solo da ya para ir sumando cifras y hacer estadísticas, para cansancio de expertos que ya lo han dicho todo.

Es tan bueno tener vacuna como no tenerla, según nos cuentan medios, expertos y políticos. Las vacunas chinas son malas porque son chinas, las buenas son las nuestras, que no tenemos, pero prestamos el brazo de unos miles de valientes para contribuir a ese momento de gloria, que tarda en llegar, pero que llegará, como llega el invierno, aunque no sepamos en qué año.

Hoy, esta misma mañana, en una entrevista al líder de Vox, le han afeado en directo que sus diputados fumaran a la puerta del Congreso sin ninguna distancia de seguridad. Abascal, genio y figura, ha arremetido contra la periodista diciendo que "le sorprendía" que "con la que estaba cayendo en España le preguntaran sobre eso", señalando que parecía una "maniobra para responsabilizar a su partido de la expansión del coronavirus". Es una defensa atacante, como se suele decir.


Nadie considera que Vox sea responsable de la expansión del virus, salvo cuando su secretario general Ortega Smith, contagiado, tose en un mitin, transmitiendo el "maldito virus chino" al que enfrentó "sus anticuerpos españoles". Pero sí hubiera sido un buen ejemplo que la imagen de sus diputados —o los de cualquier otro partido que hiciera lo mismo— no se pareciera a la que se reprocha a los jóvenes mostrados a la salida del instituto, captadas por las cámaras televisivas en el estreno educativo del curso. Se molesta mucho Abascal porque le pregunten. A mí me molesta ver que no cumplen sus señorías con las normas de todos.

Mientras los políticos ajustan sus discursos optimistas a la vicisitudes del camino tortuoso de la pandemia, los ciudadanos nos movemos entre la indiferencia y el desasosiego ante lo que se nos dice o muestra. Carecemos de un discurso creíble y tenemos la sensación de que se nos dice lo que queremos escuchar, cuyos efectos han sido muy dañinos desde el principio. Los efectos de intentar tranquilizar diciendo que las muertes por coronavirus se mezclaban con patologías previas y acumuladas por la edad han servido para que los jóvenes se consideran inmortales, algo que sabemos que no ocurre. Desde que la escuela se abre, se nos bombardea con expertos que dicen que los niños no son tan "transmisores" como se pensaban y que enferman menos. Costó mucho que se permitiera salir a los niños, para disfrute de los mayores, que podían ejercer sus deberes como padres a la vez que alternaban con otros amigos tan buenos padres como ellos. Ahora, los positivos en las escuelas decidirán quién tiene razón.


Queda por resolver el otro problema educativo: el de las universidades, cuyos estudiantes se encuentran en la franja de edad de mayor número de contagios. Será un enorme reto para el que muchos no están preparados, las instituciones han aprendido que los discursos son más baratos que las medidas de seguridad. También se esperó a septiembre para intentar dar luz al futuro inmediato. Falta poco para ver qué ocurre y si esos documentos que se han colgado en las páginas web de las Universidades sirven de algo o es simplemente una forma de cubrirse las espaldas y mantener en marcha el sistema.

La experiencia de los excesos en la hostelería —otros que se quejan de haber sido responsabilizados— y en otros sectores no muestra que no es fácil mantener la vigilancia sobre el comportamiento y que al final, en la medida de los posible, cada uno tomará las medidas que crea suficientes y necesarias para poder sobrevivir a la ineficacia y, sobre todo, a la irresponsabilidad.

Decir que se espera que haya que cerrar centros o cualquier otro tipo de espacios de trabajo o encuentro no es la política mejor. Trump pensó que se curaba en salud cuando dijo que "podría haber cien mil muertos en USA" y que eso sería "normal". Ya está llegando a los doscientos mil fallecido, cifra que alcanzarán en algunas horas. Anticipar los desastres no sirve para lavar la responsabilidad, como ya sabe Trump.


El gran invento contra la pandemia ha sido encontrado: ¡reducir a diez días la cuarentena! ¡Cómo no se nos había ocurrido! Una vez emprendido el camino, se puede llegar hasta cuarentenas de un día y si es necesario de horas. Los precedentes ya los tenemos en casos como el de "El Pirata de Formentera", con sus empleados contagiados trabajando como si nada.

Basta con desacreditar la fiabilidad de los test PCR o cualquier otro con teorías conspiratorias o datos dudosos, retorcidos o inventados. Una señora ha hecho circular por las redes un vídeo señalando que en los Estados Unidos han descubierto que el 90% de los muertos no lo han hecho por el coronavirus, lo que quiere decir que el virus no es tan peligroso como dicen. Me llegó por el Messenger, directamente.

Estamos creando el paraíso para los negacionistas, aliados con autoritarios "defensores de las libertades", y combinados con los intereses de los grupos económicos y de quienes viven en protegidas mansiones o de los que tienen un modesto negocio. Los mensajes se multiplican en redes y los medios dan cobertura a muchos de ellos, vinculados a grupos políticos y económicos.


La presión diaria va aumentando conforme comienza trabajos, escuelas, universidades. Se va llegando al momento crítico de la verdad. La normalidad que esperábamos era otra, pero nos encontramos con la cruel tiranía de los hechos.

El Economista publicaba un artículo a mediados de agosto con el título "Las cuatro razones por las que España es el mayor perdedor en la crisis del coronavirus"**. Las razones indicadas eran las siguientes y este mismo orden: 

Baja capacidad de teletrabajo

Un sector turístico "sobredimensionado"

El pequeño tamaño de las empresas

Una respuesta fiscal insuficiente**

 


De las tres primeras hemos hablado en estos años de post crisis y de nunca salir de ella, pero mostrando siempre un rostro sonriente y satisfecho con la precariedad del empleo, su baja calidad, mala remuneración decreciente y concentración en servicios, su estacionalidad en muchos sectores, etc. Esto ha creado una mala economía, una economía débil de la que unos pocos se han beneficiado mientras que los más cualificados han tenido que repartirse por el mundo en busca de mejores oportunidades que las que aquí se les ofrecían. En estos diez años de escritura, hemos tratado en muchas ocasiones. Todos estos males han sido anunciados y reafirmados por informes nacionales e internacionales. España estaba avisada, pero nuestra clase política buscó salidas más acomodaticias, más para contentar a las fuerzas económicas que se han beneficiado y no cambiar nada.

No hay un proyecto, un carro al que podamos subirnos más allá de contar los turistas. Formamos buenos profesionales que se tienen que ir ante las pobres ofertas de empleo. No hay inversión en sectores clave. Nos ha salvado la agricultura y sus exportaciones y ya vemos cómo están las cosas, a base de temporeros.

Necesitamos una clase política mejor, con más categoría. Los espectáculos vergonzosos a los que asistimos cada día no parecen tener fin. Los escándalos se suceden y los partidos se dividen en unidades cada vez más pequeñas, más ruidosas y menos eficaces, con peleas de gallinero. La solución no es el radicalismo ruidoso, demagógico, sino modificar el sistema, atraer otro tipo de personas a la política, personas con sentido de la responsabilidad, del servicio público, que conviertan las esperanzas en realidades de futuro. Menos demagogos y más personas cualificadas para resolver los problemas, más personas preocupadas por todos nosotros y menos por su propio destino.

Mientras esto no ocurra, despertaremos cada día con tristes récords y demagogia para tratar de ocultarlos. Hay que sembrar responsabilidad y compromiso, por eso es necesaria la ejemplaridad, pero brilla por su ausencia confundida con meter la cabeza en los agujeros del ocio y la fiesta, del cotilleo y de la conversión de todo en espectáculo. 

Menos mal que Messi se queda. Si no, ¡no sé qué hubiera pasado! ¡Un alivio!


 * "Coronavirus: Noticias de última hora, en directo" La Vanguardia 10/09/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200910/483394115297/coronavirus-espana-contagios-rebrotes-fallecidos-datos-ultimas-noticias-hoy-en-directo.html

** "Las cuatro razones por las que España es el mayor perdedor en la crisis del coronavirus" El Economista 12/08/2020 https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10718454/08/20/Las-cuatro-razones-por-las-que-Espana-es-el-mayor-perdedor-en-la-crisis-del-coronavirus.html