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sábado, 17 de junio de 2017

Donald, César y Arturo o el mundo es un escenario

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los montajes de Shakespeare en el Central Park son toda una tradición. Pero si se monta la obra Julio César y se trae a la actualidad, se viste de ejecutivos a  los senadores y a César se le caracteriza como a Donald Trump, con su penacho amarillo y su larga corbata por debajo del cinturón, la tradición se convierte en agria polémica. ¿Incitación al asesinato?, se preguntan algunos. ¡Defensa de la democracia!, exclaman otros en un debate que confirma que Trump llegó a la Casa Blanca, vio, pero no convenció. Como ocurrió con el musical "Hamilton" anteriormente, se ha convertido en una pieza de artillería contra un mandato que muchos consideran negativo para la democracia.
La polémica surge también con otro hecho límite: el ataque armado contra un grupo de congresistas republicanos que jugaban al béisbol hace apenas unos días. El tirador, que pudo haber causado una masacre, era un ferviente anti-Trump, al que acusaba de destruir la democracia. Como escribió un articulista tras los hechos, esto es algo que todos podían usar contra el resto.
La noticia surge esta vez en Central Park, de la mano de los actores y actrices que representan a Shakespeare. En la crítica en The Washington Post, titulada "When ‘Julius Caesar’ was given a Trumpian makeover, people lost it. But is it any good?", firmada por Peter Mark, podemos leer al final:

In an interview, Eustis told me that his goal was intentionally political, that he saw in Caesar the earmarks of a kind of tyranny that contemporary audiences would recognize. “The fundamental question in ‘Julius Caesar’ is what do you do to protect a democracy when a demagogue is threatening the thing that you love,” he said. When such questions arise, this production vibrantly reaffirms, it’s always the right move to brush up your Shakespeare.*


No se le escapará a los aficionados al musical norteamericano que las últimas palabras se corresponden con la letra de otra adaptación shakesperiana, Kiss me, Kate, esta vez del gran Cole Porter con La doma de la bravía.
Julio César es una obra claramente política en el conjunto de la obra del dramaturgo. Desempolvar a Shakespeare es, por supuesto, actualizarlo. Esa es la función de los clásicos. Su eficacia es doble cuando la obra se completa con lo que ocurre fuera del escenario, en la historia misma. Su eficacia se muestra cuando comprendemos que cosas como la ambición, la lucha por el poder, son constantes del comportamiento humano y que da igual el tiempo transcurrido. Esa es la verdad de la obra, la que reconocemos en la vida.
Pero actualizar a Shakespeare es una cosa y aprovecharlo para la crítica del presidente de los Estados Unidos es otra, opinan algunos. Afortunadamente, una buena memoria es parte del trabajo crítico. Peter Mark recuerda:

A 2012 production of the play by Minneapolis’s august Guthrie Theatre and the New York-based Acting Company presented Caesar in the guise of a black actor who was meant to suggest President Obama. That version aroused none of the anger and condemnations in the ultraconservative media that have made the new Shakespeare-in-the-Park incarnation a target. So much so that the aforementioned corporate partners of the Public Theater, which stages free summertime Shakespeare in the Delacorte Theater, dropped their financial support of the show.*


El aumento de las críticas tiene una razón clara: llueve sobre mojado. Si Donald Trump y los suyos se sintieran seguros en sus posiciones les importaría menos lo que ocurre en Central Park. Sin embargo les afecta profundamente porque el arte cala más que otras formas más burdas. Poco se esperaba Donald Trump que su reinado glorioso se haya convertido en una especie de infierno en el que pese a su triunfalismo, va acumulando desastre tras desastre. No creo que exista ningún precedente de alguien como Trump entre los presidentes norteamericanos. Trump es un accidente. No una forma de azar, sino un accidente, algo que ocurre cuando el entorno está muy deteriorado, como le ocurre a la vida democrática norteamericana y de muchos otros lugares.
Por eso la escocedura shakesperiana es profunda y los ataques a los que han montado la obra constantes. En la página web oficial del teatro público neoyorkino podemos leer la siguiente nota:

Our production of JULIUS CAESAR is no advocates violence towards anyone. Shakespeare's play, and our production, make the opposite point: those who attempt to defend democracy by undemocratic means pay a terrible price and destroy the very thing they are fighting to save. For over 400 years, Shakespeare's play has told this story and we are proud to be telling it again in Central Park.
The Public Theater stands completely behind our production of JULIUS CAESAR. We understand and respect the right of our sponsors and supporters to allocate their funding in line with their own values. We recognize that our interpretation of the play has provoked heated discussion; audiences, sponsors and supporters have expressed varying viewpoints ad opinions.
Such discussion is exactly the goal of our civically-engaged theater; this discourse is the basis of a Healthy democracy.
#WeAreOnePublic
Click here to donate now and show your support**


Es un escudo contra los ataques y una declaración de principios.
Escribe Oskar Eustis, el director de la obra, que llevaba 17 años sin representarse en el teatro de Central Park, que es una obra sobre la fragilidad de la democracia. En estos tiempos en los que las democracias sufren escarnio de los que las ven demasiado débiles, demasiado "occidentales", en que se potencian figuras autoritarias por todo el mundo, no está mal recordar al César. Ha demasiado Julios sin grandeza, caricaturas autoritarias.

La historia de la toma del poder por parte de Donald Trump requerirá al menos dos partes, ascenso y caída, como en el "Arturo Ui", de Bertolt Brecht, otro analista del poder. En ella, Brecht también se ocupaba del ascenso de la demagogia, esta vez del nazismo. Fue escrita en Finlandia, en 1941, mientras esperaba el visado para entrar en los Estados Unidos.
La obra —La resistible ascensión y caída de Arturo Ui— fue estrenada en España el 16 de octubre de 1975, con gran retraso por la censura, poco antes de la muerte de Franco. En el texto introductorio se nos explica la intención de Brecht: contar a los norteamericanos el ascenso de Hitler para que lo entendieran. Con este objetivo, Brecht situó la historia del ascenso hitleriano en la sociedad norteamericana, en un entorno conocido, en medio de gánsteres y políticos corruptos. El texto introductorio nos explica: «No puede tratarse aquí de denunciar a la Alemania del III Reich; eso ya lo hizo la Historia misma. Creemos seguir la intención de Brecht, cuando nos planteamos como meta el cuestionar, mediante una parábola realista (que es el medio genuino del teatro) si el presente puede ser comprendido —y superado—.» Es el mismo planteamiento del montaje del parque, la parábola que nos explica el presente. No se trata solo de entender a Shakespeare —sea eso lo que sea— sino de entender el funcionamiento del mundo en el que vivimos y lo que nos ocurre en él.
En sus palabras finales —en versión de Camilo José Cela, nuestro premio Nobel— se deja clara la finalidad del arte teatral así entendido:

Respetable público: aprendamos a ver,
en vez de mirar como borregos.
En vez de charlar,
bla, bla, bla, bla, bla,
debemos actuar.
Lo que habéis visto estuvo a punto
de dominar el mundo
aún no hace tantos años.
Los pueblos terminaron por tener la razón,
pero nadie puede cantar victoria antes de tiempo.
¡Todavía es fecundo
el vientre que parió el suceso inmundo!
Respetable público: aprendamos a ver,
en lugar de mirar como el cordero
que marcha al matadero.



La función del artista, teatral en este caso, es mantener despiertos a los públicos, no solo durante la obra sino en el mundo, en la vida. Para que no sean secuestradas las libertades, deben mostrarnos lo posible o recordarnos lo que fue para evitar que caigamos de nuevo en situaciones no deseables. La defensa de la democracia, de las libertades de todos, es un riesgo y se hace un llamamiento activo, no a la violencia, como dejan claro en su nota los miembros del teatro, sino a despertar del sueño seductor y de la inacción irresponsable.  Llamamiento a la violencia es la xenofobia y el racismo; vender armas y elevar muros; abrazar dictadores y felicitarlos por su labor. Eso sí es violencia. Lo otro se llama crítica.
El consenso sobre Trump es bastante amplio. En vez de buscar la paz y la armonía, en apenas unos meses, Trump ha aumentado el riesgo global. No vivimos en un mundo más seguro, sino mucho más inestable y armado. En la Unión Europea no se desea ni verle y el mundo sufre por su negacionismo del cambio climático. Ha deshecho los acuerdos construidos durante años, elaborados por los propios Estados Unidos.


El deterioro de la imagen de los Estados Unidos —salvo en los regímenes autoritarios, donde los gobernantes presumen de tener su apoyo— es enorme. No es fiable para nadie y es objeto de críticas por todo el mundo, desde sectores que defienden la Ciencia hasta lo que se ocupan del Medio Ambiente o de los derechos de las Mujeres.
En cierto sentido, nadie es más teatral que Donald Trump. La vida de Trump es su exterior, su carácter histriónico convierte su vida en un escenario de una obra infinitamente más vulgar que la que Shakespeare contó. Si alguien se anima a contar la suya será con tonos más cercanos a Brecht que a Shakespeare. No debe esperar grandeza, ni tono elevado. Solo vulgaridad, vulgaridad y vulgaridad.



* * "When ‘Julius Caesar’ was given a Trumpian makeover, people lost it. But is it any good?" The Washington Post 16/06/2017 https://www.washingtonpost.com/news/arts-and-entertainment/wp/2017/06/16/calpurnia-as-melania-octavius-as-jared-the-public-theater-goes-full-trump-with-julius-caesar-in-central-park/
** publictheater.org.

jueves, 4 de agosto de 2016

Las reinas del dolor

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es una lástima que lo malo siempre desplace a lo bueno en el foco informativo. Nuestro interés se maneja de esta forma y se debe hacer algo para compensar ese vaso cada vez más vacío que la tensión de los titulares produce.
Una manifestación xenófoba o racista atrae más, por ejemplo, que la iniciativa de unos jóvenes alemanes enseñando su idioma a los refugiados recién llegados al país que nos mostraba hace un par de días algún canal de televisión. Euronews nos cuenta cómo unas mujeres sirias están representando en Londres una función de teatro:

Trece refugiadas sirias se han subido a los escenarios de las principales ciudades británicas para contar su propia historia. La obra que representan se titula “Las Reinas de Siria” y se basa en la tragedia griega de Eurípides “Las troyanas”.
“Las Troyanas es una obra que habla de la guerra, de refugiadas. Todos los hombres han muerto y las mujeres esperan en un campo a ser vendidas como esclavas. Pensamos que podíamos basarnos en esta obra. Pero este proyecto no tiene solo como objetivo servir de terapia para estas mujeres, lo importante es sensibilizar al público sobre la crisis de los refugiados sirios en general”, explica Charlotte Eager, productora de la obra.
Reem es una joven siria que estudiaba en la Universidad de Damasco cuando comenzó el conflicto. Un día decidió huir a Jordania.
“He perdido mi casa, la posibilidad de formarme, a mis amigos y a mis vecinos, he perdido mi país. Pero esta obra me devolvió las ganas de hacer algo. Al principio fue difícil pero, después, cuando ya tuvimos claro el objetivo del proyecto, todo fue mejor. Entendimos que el escenario era un lugar en el que podíamos utilizar libremente la palabra”, explica la joven.*


Hay muchas barreras humanas que se salvan mediante este tipo de iniciativas. No es fácil romper el envoltorio mediático que está distorsionado por múltiples filtros, de un sesgo u otro o simplemente llevados por la inercia de sus agendas. A veces lo que leemos no nos acerca a las cosas sino que nos aleja de ellas, de una comprensión más real que los retazos a golpe de estruendo.
Los dramas son siempre dramas humanos. Ya sea como brutalidad o dolor, siempre nos remiten a una pérdida. Las palabras de la refugiada entrevistada, Reem, comienza manifestando la "pérdida" y terminan con una "recuperación" simbólica de lo perdido sobre un escenario. Allí es posible durante el tiempo de la representación vivir el tiempo del arte, un tiempo interno creado por la obra, al igual que la lectura nos abstrae del tiempo y nos introduce en el que la historia nos cuenta. Sobre el escenario esas mujeres han encontrado una libertad que se les niega en otros espacios. Pueden manifestar su dolor y liberarlo haciendo suyo el drama.


¡Cómo no conmoverse con ellas sobre un escenario escuchando al coro decir «Las riberas del mar resuenan, y como el ave que reclama por sus hijuelos, así lloran unas a sus esposos, otras a sus hijos, otras a sus madres ancianas. Ya no existe nada. La lanza griega ha devastado nuestra tierra»!
La obra comenzó su andadura en 2013 y sobre ella se realizó un documental premiado. Estuvieron en el Young Vic del 4 al 9 de julio y el día 26 en el New London Theatre en una gala única. La página de información de la obra resumía la iniciativa de esta forma:

Performed by an all-female cast of Syrian refugees, the production skilfully amalgamates the women’s own narratives of bitter exile and ferocious war into the ancient Greek text. Footage from the documentary is fused with the stage play for the first time to create a powerful, extraordinary and unique piece of theatre.
These are not the voices of political commentators or journalists, but of ordinary women whose lives have been turned upside down by the turmoil of the Syrian conflict. The stories of these women need to be heard.
Following a sold out season at the Young Vic, Queens of Syria comes to the New London Theatre for a unique gala performance. This will be a life-changing opportunity for the refugees themselves, and an eye-opening experience for British audiences who will hear first-hand the harsh realities of life as a refugee.**


Estamos trivializando tanto el arte en cualquiera de sus formas que no sé si mucha gente estará realmente preparada para vivir una experiencia de esta intensidad. La fuerza de la pieza de Eurípides da forma a nuestro presente. No es un entretenimiento, sino una experiencia viva y vivida por quienes la interpretan cuyo poder tiene que ser forzosamente percibido.
La observación sobre la diferencia entre las voces de los "comentaristas políticos" o los "periodistas" y lo que los espectadores van a ver nos dice mucho de la poca estima en la que va quedando la información en sus rutinas de distancia. Cada vez es más difícil encontrar el sentido entre la maraña de informaciones. El sensacionalismo, el esquematismo y la información fragmentaria hacen cada vez más difícil comprender lo que ocurre, la auténtica dimensión de los problemas. Se busca más el impacto efectista que la comprensión de los sucesos.


La función de los medios no es sacarnos de nuestro tiempo, sino hacernos comprender el nuestro en el suceder de los días, en su causalidad, en sus efectos expansivos; la del Arte, darnos una comprensión epifánica de lo que es inmutable en cada suceso diario, en cada drama humano. Las troyanas se transforman en "reinas de Siria" para mostrarnos que somos los mismos bajos nuestras diferencias acumuladas.
Mientras nos llegan informaciones desde todos los puntos de su recorrido hablando de su explotación —Líbano, Turquía, Europa, Jordania, Arabia Saudí...— resuenan en la Historia las palabras finales de Las troyanas:

Tiembla la tierra, tiembla toda la ciudad al desplomarse. Trémulos miembros,  arrastren mis pies. Vamos a vivir en la esclavitud.



* "'Las Reinas de Siria', una obra de teatro para entender la crisis de los refugiados" Euronews 31/07/2016 http://es.euronews.com/2016/07/31/las-reinas-de-siria-una-obra-de-teatro-para-entender-la-crisis-de-los-refugiados

** "Queens of Syria" http://rutlive.co.uk/event/queens-of-syria/





jueves, 24 de marzo de 2016

Tartufo en El Cairo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El estreno en el teatro de la Universidad Americana de El Cairo de una versión adaptada de Tartufo, de Molière, ha debido sonarle a alguno demasiado próximo. Pocos clásicos son tan realmente universales como este retrato de la hipocresía religiosa, de sus formas de captación y de los efectos nocivos que tiene sobre los que les rodean.
Cuando se estrenó en Madrid la versión de Enrique Llovet, con Alfredo Marsillach como protagonista y director, junto con la escenografía de Francisco Nieva, fue un gran escándalo.
Era 1969 y el poder en España estaba en manos de los píos tecnócratas de entonces. Diez años después, con una democracia recién estrenada, el dúo formado por Enrique Llovet, autor del nuevo texto (restraladado, decía), y Adolfo Marsillach readaptó la obra para ajustarla al entorno político del momento.
La noticia del diario El País sobre un reestreno en el 79 daba cuenta de lo ocurrido diez años antes y de las perspectivas de lo que quedaba por llegar:

El estreno de Tartufo en 1969, que recibió el Premio Mayte, provocó uno de los mayores escándalos en el teatro español de los últimos años, junto con la prohibición de las representaciones de Marat-Sade, de Peter Weiss, en montaje de Marsillach. Las alusiones críticas del montaje a los ejecutivos, el Opus Dei y los planes de desarrollo motivaron el malestar de Sánchez Bella, ministro de Información y Turismo en aquel momento, que al no poder suspender las representaciones, que habían sido autorizadas por la censura, impidió que la obra fuera conocida en otras ciudades. Enrique Llovet recordó ayer estos hechos como «una rabieta descomunal y enloquecida del Ministerio de Información y Turismo. Ahora no hay que pasar censura, pero pensamos que vamos a tener también problemas».
«No puedo adelantar el contenido», añade Llovet, «porque estoy trabajando ahora en la nueva versión. Voy a ver si hay algo de Tartufo por ahí. Si en la anterior versión, el texto era un 99% mío y el resto de Molière, en la que escribo creo que va a ser todo mío, manteniendo la estructura de la obra y el genial personaje, impostor y guadiánico, creado por Molière. El personaje es el mismo que en 1969 anduvo por Madrid. Supongo que vamos a contribuir a animar la próxima temporada; yo por lo menos me estoy riendo mucho al escribirlo. Volverá la canción de los ejecutivos, con alguna variación en la letra, los mismos ejecutivos con sus preocupaciones religiosas y su plataforma ideológica.»
El texto completo de Tartufo, de Molière, trasladado por Enrique Llovet, se publicó en el número 115 de la desaparecida revista Primer Acto. En números siguientes, el polémico estreno fue motivo de un debate en torno a los valores teatrales y las significaciones políticas y sociales de la obra, donde intervinieron Adolfo Marsillach, Enrique Llovet y los críticos Díez Crespo y Núñez Ladeveze. En el curso de este debate, Llovet manifestó que «es terrible que, pagando 125 pesetas, y sobre las costillas de Marsillach y las mías, el espectador abandone el teatro convencido de que acaba de realizar un acto de protesta».
En el curso de este debate, Marsillach señaló que las claves políticas de su Tartufo eran las mismas que las del Tartufo de Molière, tal como se pueden leer en cualquier ensayo sobre el dramaturgo francés y su obra.*


La versión que se ha puesto en escena en la Universidad Americana de El Cairo no se ha atrevido a ir tan lejos y, por lo que pudiera ocurrir, refleja un mundo norteamericano. 
Hacer una versión "islamista" de Tartufo hubiera sido demasiado osado, incluso para un país en el que se supone que los "islamistas" son oficialmente terroristas y están en la cárcel o en el exilio. Hubiera sido una buena adaptación al reflejar la hipocresía religiosa con la que se vive en el régimen piadoso. 
Enrique Llovet hubiera disfrutado con el episodio del ministro de Justicia El-Zind, defenestrado por bocazas al decir que encarcelaría hasta el Profeta si fuera necesario. El escándalo provocado por las palabras del ex ministro (aquel que quería ser ejemplo de virtudes para todos los demás jueces y de ahí para abajo, hasta llegar a cubrir la sociedad entera) llevó a su dimisión inmediata.
Pero el tartufismo no es exclusivo de los islamistas. La salida del poder y de las instituciones ha supuesto que el tartufismo se asuma por parte de los poderes, que han caído en ese vicio de la piedad oficial. El régimen sigue encarcelando por cuestiones religiosas a reformistas y ateos, que le parecen peligrosos. Eso conlleva la exhibición de muchos para no ser tenidos por impíos. Para mostrar que no son extremistas, están llevando al extremo la propia religión, que se hace omnipresente para demostrar que no está ausente. ¡Paradojas egipcias!

Pero el régimen egipcio camina hacia las tinieblas mientras que la España de 1969 ya quería democracia y la de 1979 estaba con ella recién estrenada. Espectáculos como el de Tartufo servían para poner a prueba la elasticidad del régimen y la paciencia y poder real de los ministros, como nos cuenta la noticia de El País. Tartufo fue un éxito que todavía hoy muchos recuerdan como ejemplo de teatro actualizado para confirmar que los "tipos" representados por Molière eran realmente "ideales".
Es interesante comprobar cómo esto que señalamos, esta desconexión de la obra de su entorno, se echa en falta incluso por la propia crítica. En la reseña de Ahram Online, diario estatal, leemos:

Over three centuries after the famous French playwright Moliere wrote Tartuffe (1664), or The Imposter, the play continues to find timeless relevance, particularly hitting home in Egypt.
Written as a critique of religious hypocrisy, the satirical comedy sees Orgon naively embracing the deceitful Tartuffe into his grand home, against the better judgment of his family members who see through the imposter’s fake piety.
Beyond the stage
The broadside aimed at religious leaders who preach piety yet practice otherwise is something that hits home, amid echoes of political Islam in Egypt and the ongoing conversation about religious extremism and its effects, locally and internationally.
The Malak Gabr Theatre at the American University in Cairo (AUC) is quite good at being timely, always hosting plays that resonate with what is happening in the country. In December 2011, it hosted Frank Bradley’s direction of Mad Forest: The Inner Life of a Revolution, about the Romanian revolution, echoing elements of the Egyptian revolution fresh after the January 2011 uprising.
Today, Tartuffe is so popular that the name is widely synonymous with the term hypocrite. Yet historically, the play wasn’t always so embraced, having been banned by the Catholic Church for five years after it was written, and accused of ridiculing religion.
Moliere defended his work in three petitions to King Louis XIV, and in a preface to the play’s text explaining how his intent was to mock and expose certain types of religious frauds, and not the faith itself.
Director Jane Page chose to work with Constance Congdon’s adaptation of Tartuffe, which updates the text to rhyming verses, in modern English. Page also set the play in a “McMansion in Orange County, California, Today,” according to the programme notes.**


La crónica de Ahram Online es un fino ejercicio dialógico, en un sentido bajtiniano, de participar a través de su texto en un diálogo cultural que está en el aire. El hecho mismo de poner en escena la obra, como se sugiere con la mención a lo hecho anteriormente después de la revolución de 2011, ya implica una contextualización que es la que aporta el espacio-tiempo histórico en el que se mueven los espectadores, su cronotopo.
Interesante es la mención a cómo la obra estuvo prohibida y cómo el propio Molière la defendió asegurando que no trataba de burlarse de la religión sino de los que la usan para sus intereses mostrándose ante los demás como piadosos.
Hace unos días, la prensa egipcia recogía —y aquí lo tratamos en La risa normalizada— el estreno en televisión de la versión egipcia de Saturday Night Live en árabe. Los autores del programa afirmaban no ocuparse de sexo, religión o política. Ellos decía, no iban contra ningún tabú. No sé si con esas perspectivas les habrá interesado mucho la obra de Molière pero es útil entender el contraste entre ambas formas de entender para qué sirve el humor.
Si Molière hubiera hecho una obra sin política, religión o sexo, en términos de la época, no habría sido Molière. Tampoco lo hubiera sido si no hubiera defendido su obra y la intención que albergaba con ella. Independientemente de sus argumentos como abogado defensor de la obra, lo cierto es que luchó por ella.


El Presidente El-Sisi se ha reunido hace unos días con intelectuales y escritores que le han expresado su preocupación por la situación egipcia. Evidentemente han ido los que estaban "preocupados", los que estaban "desesperados" por la situación egipcia es probable que no se hayan molestado en ir. El presidente parece que está empeñado en gastar sus últimos cartuchos en intentar convencer a la gente que lo mejor está por venir, es decir, en lo que podríamos llamar la "post hoja de ruta".
Si hacemos memoria, recordamos los primeros encuentros de El-Sisi con los actores, guionistas y realizadores de televisión pidiéndoles "series" de Ramadán más acordes con los valores patrios (que son muchos). ¡Ya estaba bien de series poco instructivas para esos días de recogimiento religioso! Los allí presentes se mostraban emocionados en que el presidente les pidiera ser espejo del país.
Con los estantes llenos de obras, canciones, películas, etc. patrióticas no se avanza a ningún lado, especialmente si es el país el que no funciona. Entre el patrioterismo y la crítica, siempre funciona mejor la crítica, por eso se persigue a los críticos y se les dan medallas a los encargados de emocionarnos con banderas e himnos a falta de pan, inversores y turistas.
Habrá un día en el que quizá sea posible adapta a Molière al entorno religioso y llenar la obra de alusiones a los poderes públicos y privados, a los tiempos actuales. No sé cuándo, pero sé que Molière estará ahí esperando a que la versión de Tartufo que se represente en Egipto transcurra en El Cairo y no en "McMansion in Orange County, California, Today", como señalan las notas del programa entregado a los asistentes a la obra.


Se ha hablado mucho de los problemas del régimen egipcio con la novela de Orwell 1984, pero se habla muy poco del tartufismo existente en la sociedad. Es sin embargo el rasgo esencial que define al islamismo y a su parafernalia religiosa, a la forma en que tiene de captar adeptos, adularles y prometerles una vida eterna porque son mejores que el resto de los mortales.
Leamos para comprobarlo la descripción que hace Molière del personaje y de sus formas de actuación:

ORGON:
-Os encantaría conocerlo. Sí; infinito sería vuestro arrobamiento. Es un hombre que..., un hombre, ¡ah!, un hombre... En fin, es un hombre. El que se instruye bien de sus lecciones goza de paz profunda. Mira a todos como si fuesen despreciable estiércol. Merced a sus pláticas, me he trocado en otro del que era. El me ha enseñado a no tener afecto por nadie, ha apartado mi alma de toda amistad, y tanto es así, que si yo viese morir a mi hermano, hijos, madre y esposa, no me curaría de ello.
CLEANTO:
-¡Humanos sentimientos, cuñado!
ORGON:
-Si hubieses visto cómo conocí a Tartufo habríais tenido por él la amistad que yo. A diario iba a la iglesia, con benigno talante, prosternábase frente a mí, doblando entrambas rodillas, y atraía los ojos de toda la congregación por el fervor con que elevaba a Dios sus plegarias. Exhalaba suspiros, ponía los brazos en cruz y a cada momento besaba humildemente la tierra. Cuando yo salía, adelantábase presto para ofrecerme agua bendita. Instruido por su mozo (que le imitaba en todo) de lo que era aquel hombre y de su inteligencia, hícele dones, mas él, modesto, siempre quería devolverme una parte. «Es demasiado (decía), es excesivo en la mitad. Y no merezco vuestra compasión.» Y si yo me negaba a tomarle el dinero, acudía a los pobres y lo distribuía entre ellos ante mis ojos. Al fin el Cielo llevóle a acogerse en mi casa y desde entonces todo parece prosperar en ella. Repréndelo todo, y respecto a mi mujer tómase extremo interés por mi honor, advirtiéndome de cuales gentes la miran con ojos dulces y mostrándose seis veces más celoso que yo. No podéis creer a dónde llega su celo; acúsase de pecado a la menor nonada; escandalízale cualquier menudencia, y ha pocos días vino a culparse de haber apresado una pulga estando en oración y matádola con excesiva cólera.
(acto I, escena V)

No hay retrato más perfecto de la mentalidad y la forma de actuación del islamista. Más de uno sonreirá satisfecho entre el público pensando "¡cómo son los cristianos norteamericanos!", ante un escenario repleto de crucifijos. Así es la ceguera del perfecto Tartufo. Sería incapaz de ver que la universalidad de Molière es precisamente la que le permite adaptarse a todo tiempo y espacio. Todas las religiones tienen sus tartufos, los escenógrafos de la piedad convertida en espectáculo público, dejando los vicios para cuando los ojos ajenos se apartan. Ninguna religión se libra de tener seguidores así, pero también es cierto que los tartufos son más abundantes cuando el poder se alía con la religión o la religión con el poder. Es entonces cuando el tartufismo alcanza su máximo esplendor y rentabilidad. No es exclusivo tampoco de los islamistas sino de todos aquellos que usan la religión de esa manera, cuidando barbas y poniendo ojos en blanco. Molière hubiera disfrutado con aquella historia del diputado salafista, Anwar Al-Balkimy, de la época de Morsi, que fingió su propio atraco para justificar una operación estética de nariz. Si Dios nos da una nariz, es ir contra sus designios cambiarla. Un tartufo puro.


El tartufismo es un vicio humano, sin principio ni final. Podrá haber más o menos tartufos, que es donde radica el problema de los vicios humanos, que siguen siendo los mismos. Los vicios que tienen exhibición pública son contagiosos y desencadenan el afán de emulación, de superar al prójimo en la frenética carrera hacia la vida eterna entre aplausos y admiración de los que se quedan aquí. Nunca se es bastante tartufo porque está poseído por un inagotable espíritu de superación.
La sociedad que acepta un programa de televisión en el que no se hable de nada que pueda provocarles desasosiego o el deseo de mejorar, es una sociedad con poca esperanza de cambio. Le ha dado la vuelta a los vicios para mostrarlos como virtudes; le resulta más cómodo que regenerarse.
En vez de exigir obediencia y retratos favorables, el poder debería dejar de dar instrucciones sobre cómo le gusta ser retratado. 
Pese a ocurrir en un desconocido y alejado condado norteamericano, nos dice el cronista que algunos actores mantienen un inequívoco deje egipcio que los acerca a los espectadores.



* "Marsillach vuelve a los escenarios con "Tartufo" de Molière-Llovet" El País 14/06/1979 http://elpais.com/diario/1979/06/14/cultura/298159226_850215.html

* "Moliere’s Tartuffe discovers relevance in Cairo staging" Ahram Online 23/03/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/35/193626/Arts--Culture/Stage--Street/Moliere%E2%80%99s-Tartuffe-discovers-relevance-in-Cairo-st.aspx




viernes, 29 de mayo de 2015

Más teatro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dábamos cuenta aquí hace un par de días de la primera, tumultuosa y sorprendente —en palabras de la periodista "shocking"— conferencia organizada sobre "Teatro y censura". Cualquier persona razonable pensaría que con ese título se trataba de hacer una reivindicación clara de la libertad del teatro y los artistas y, con ellos, del público asistente, pues no es otra la relación que en cuestiones como estas se plantean. Sin embargo, las autoridades y una parte de los intervinientes sorprendieron a aquellos a los que les queda margen para la sorpresa en Egipto haciendo un canto a la censura y su necesidad.
Tras unos días de debate, Dania Basiouny titula de forma teatral su artículo resumen en Ahram Online como "Much Ado About 'Theatre and Censorship': strong debates, hazy harvest", en alusión a la obra de Shakespeare que aquí traducimos habitualmente como "Mucho ruido y pocas nueces". El "nothing" del título de la obra es sustituido por el de la conferencia "Theatre and Censorship". Más claro no se puede decir ni con menos elegancia teatral. Por si quedaran dudas sobre los resultados, la segunda parte del titular abunda en ese sentido de discusiones fuerte y conclusiones que se quedan en nada, un mal nacional, mucho discutir y poco resolver. Más todavía si el encuentro se planteó, como gusta hacer al gobierno egipcio, como una forma de obtener una declaración en la que los amantes de la censuran se identificaran con la protección del "pueblo", reducido al estatus infantil al que entre unos y otros lo quieren reducir a perpetuidad.
Finalmente, apareció de la nada en manos del organizador, Assem Nagaty, una "difusa" declaración final, un texto genérico. Señala la periodista:

The Cairo Declaration, which came in place of a conference recommendation, proposed some interesting notions such as: challenging censorship, cancelling any guardianship over the audience, activating the role of civil society, dealing with legislative challenges in censorship laws and applying pressure to create law changes.
Unfortunately, the declaration was not supported by any action plan explaining how it is supposed to be implemented. Accordingly, most of these noble ideas are likely to remain just words.*


Todos esos loables principios se quedan en nada en cuanto alguien se convierte, como ocurre, en portavoz del "pueblo", en intérprete de sus aspiraciones y necesidades. Un ejemplo lo tenemos en lo que el propio organizador hizo con los participantes, a los que ignoró para sacarse de la manga la "declaración".
Todo queda en nada, efectivamente, si no se concretan las medidas y compromisos. Esto no está lejos de la realidad. El oficialismo de la convocatoria y de los intentos de manipular sus resultados es una vez más el intento de crear una sensación de "normalidad" en la excepción egipcia. Es decir, es el mismo argumento de que los "derechos humanos" que violan entran en contradicción con la religión o las tradiciones, algo absurdo e impresentable, o el intento de justificar en la opinión pública muchas otras cosas. En este sentido, nos dice Ahram Online:

Equally astonishing was how [Assem] Nagaty used the conference platform to declare that "Egypt has no oppression", clarifying his point only in Arabic, hence leaving the international guests unable to understand his statement.
His statement nevertheless enraged a few attendees.
Most vocal was Egyptian writer and critic Mohsen El-Merghany, a co-founder of Critics of the Continuing Revolution Movement.
“You are altering what happened and making a statement that misrepresents what took place at this conference," said El-Merghany, standing up to challenge Nagaty’s declaration. "Not one presenter or commentator or attendee at the three-day conference mentioned that there is no oppression in Egypt. The opposite is true!”
Nagaty did not respond to this statement.*


Como puede apreciarse, no le valieron de mucho las manipulaciones de la conferencia. No hay disculpas, por más que se busquen, y es lo que les han dicho. La idea de que en "Egipto no hay opresión" deberían preguntárselo a los activistas de la revolución o defensores de las libertades que se ven encerrados mediante la aplicación de la Ley antiprotestas.
La "fantasía" egipcia sigue insistiendo en que hay un país perfecto rodeado de problemas con los que solo hay una forma de acabar. En modo alguno se consideran parte del problema. Y eso es inaceptable para cualquiera que no esté cegado por la propaganda o por el miedo.

Organizar una conferencia sobre la "censura y el teatro" para defender la censura y no el teatro es un absurdo que solo tendría lugar hoy en la Rusia de Putin, que tiene desparpajo para eso y mucho más, o en lugares similares.
El régimen egipcio intenta dar una sensación de "modernidad" frente al islamismo, pero está consiguiendo una represión mayor. La lucha no es entre liberales e islamistas, sino entre viejos enemigos a los que gusta la represión como método de defensa de sus verdades particulares y privilegios propios. El debilitamiento de la sociedad civil, que se va alejando ante el panorama, la huida de los artistas que reclaman más libertad para establecer los propios límites de lo pensable, que es la función del arte, casan mal con una alianza conservadora en lo religioso y autoritaria en lo político-militar, que es lo que hay ahora al frente del estado.

El estado quiere reunir voces de artistas que proclamen su servidumbre al poder, que acepten que las censuras son una necesidad para evitar el avance del islamismo radical, cuando ellos mismos están practicando una presión religiosa, concesión a las autoridades clericales de Al-Azhar que desean mantener su poder de delinear los límites admisibles desde su visión. Se trata de evitar que la sociedad evolucione, que haya un pensamiento posible al margen de lo oficial, que se muestra como voz del pueblo y actúa en su nombre.
Pero esa  falacia no puede contar con los artistas que reivindican su arte como expansión y búsqueda de nuevas formas frente a lo que el pobre oficialismo puede ofrecerles. Esa falacia necesita decir que la subida al poder de Al-Sisi permitió recuperar una "libertades", salvando al pueblo de la oscuridad. Ahora descubrimos que hay muchos tonos en la oscuridad, que los eclipses pueden ser de sol o de luna, pero que ambos traen su propia oscuridad a la tierra.
Al menos la conferencia sirvió para reunir a personas deseosas de crear un mundo mejor para el arte, que redundará en el futuro en la expansión de sus mundos propios.

One interesting initiative proposed at the final session was establishing a Network for the Protection of Arab Artists. Jordanian artist Ghannam Ghannam said he would take immediate steps to activate this much-needed network, as a platform to ensure the safety of Arab artists.*

Son este tipo de iniciativas las que harán que los artistas jueguen en el mundo árabe el papel que se les niega. Se les quiere cantores de regímenes, entretenedores de sus pueblos. Ellos reivindican, al contrario, una libertad creativa que abra la conciencia de sus espectadores o lectores, que les permita otra visión distinta a la monolítica que habitualmente padecen.


El final de la información vuelve a poner el dedo en la manipulación que ha supuesto la conferencia:

At the end of three days of sessions and conversations, a question arises about the selection criteria needed to make this kind of gathering truly a conference, not just a meeting between different voices.
Missing from this conference were both the independent and most established artists who have waged long battles with the censors in Egypt. Their absence could have been the result of a lack of sufficient advertising, or them "boycotting" the event. In either case, the absence of some of the major players neither served the conference, nor helped reach any possible future resolutions.
Unfortunately, the enlightened voices of renowned theatre critic Nehad Selaiha and former culture minister Emad Abou Ghazi made limited contributions, as their role was assigned mainly to facilitating sessions.
At this Egyptian conference, organisers focused on presenting and honoring the Arab and international guests, while ignoring the Egyptian participants.
The Second Cairo Declaration did not even include the input of Egyptian participants. This raises serious questions about who this conference is supposed to serve, and how it could possibly help Egyptian artists dealing with censorship.*

Creo que no se puede decir más claro. Se ha dejado fuera a todas las voces críticas o simplemente se han negado a ir a hacerse una fotografía que sirva de coartada al régimen en su control de la artes. A muchos les queda, al menos, la dignidad de no prestarse a estos espectáculo, que como titulábamos el otro día no son más que puro teatro.
Egipto tiene un enorme potencial creativo, como demuestra su tradición artística cuando se ha dejado fluir, algo que no ha sido en demasiadas ocasiones. La revolución del 25 de enero fue una explosión de creatividad y de deseo de conectar los jóvenes intelectuales y artistas con un pueblo olvidado y desmoralizado. Hoy ese impulso se manifiesta en actividades culturales al margen del poder, que busca recabar voceros. Los jóvenes se reúnen y hacen de las calles su escenario. Allí está su público, allí su futuro.
Interesante de nuevo fijarse en que el mensaje no llega desde la "oposición", sino desde el diario Ahram. Las críticas no les llegan de fuera, sino de dentro. Y crecen.



* "Much Ado About 'Theatre and Censorship': strong debates, hazy harvest" Ahram Online 28/05/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/35/131405/Arts--Culture/Stage--Street/Much-Ado-About-Theatre-and-Censorship-strong-debat.aspx





miércoles, 27 de mayo de 2015

Puro teatro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Solo a un régimen como el egipcio actual se le ocurriría celebrar una conferencia sobre "Teatro y censura". Puede que no se les haya ocurrido a ellos, claro, pero están tan pagados de sí mismos que han pensado que lo sustancial era la censura. Es decir, como si los presos de una cárcel se amotinaran para pedir que les aumentaran las penas. Es una muestra más de la pericia política demostrada por un régimen que cada día está más alejado de la realidad y en el que algunos van despertando para asistir al esperpento.
Ahram Online nos contaba el evento:

The opening ceremony, held at Hanager Arts Centre in the grounds of the Cairo Opera House, was attended by many notable Egyptian artists, academics and intellectuals, in addition to an array of Arab and international participants from three continents.
The organisers screened a short film they had produced which documented Egypt’s journey with official censorship, starting with a decree by Khedive Tawfik in 1881 as part of his attempt to control political criticism.
Although the film clearly states that censorship was connected from the start to the political control of expression, later presentations seemed to ignore this connection, reducing censorship to issues of morality and freedom of the body.
Minister of Culture Abdel Wahed El-Nabawy in his welcoming speech argued that censorship was "helpful to Egyptian theatre as it encouraged artists to create a wide range of theatre forms."*


Las palabras del ministro de Cultura —el mismo ministro que recomendó que pusieran a subir escaleras a una funcionaria con sobrepeso cuando intento interesarse por su petición de aumento de suelto— debieron resonar por la sala, como diría Stendhal, como un pistoletazo en un concierto.
El hecho de que un ministro salga con la mayor naturalidad del mundo a defender los valores de la censura ante los artistas demuestra que el sentido de la realidad —espacio y tiempo— se ha perdido. Frente a las reivindicaciones de libertad que presidieron las manifestaciones de la revolución del 25 de enero de 2011, la mal llamada "revolución del 30 de junio" no ha traído más que un retroceso en las pocas libertades que los egipcios han podido disfrutar de forma peligrosa y centelleante, un visto y no visto.


Salido del Al-Azhar, el ministro de Cultura tiene la visión retrógrada de la cultura que era de esperar en alguien que considera que las personas deben ser llevadas toda su vida por los "guías espirituales" que han de vigilar por su salud espiritual. La otra es menos importante y de otros ministerios. Poner al frente del Ministerio de Cultura a alguien que reivindica la censura como forma creativa es un despropósito tan grande como poner a un ministro de Justicia que creo que los pobres no deben llegar a jueces. Egipto ha cumplido con ambos. A uno le cesaron (para poner a otro que cree que solo deben llegar a jueces los hijos de los jueces) a este parece que le queda larga vida para ir pontificando de congreso en congreso sobre las bondades de la censura.
Es importante resaltar que el gobierno egipcio no trae a sus ministros de otros planetas, sino que salen de la misma sociedad contradictoria que reflejan sus dirigentes. De ahí que consideren que pueden hacer este tipo de manifestaciones en público y ante parte de los afectados. Digo "parte" porque algunos de los presentes se debaten entre el amor al poder y las subvenciones que supone pertenecer al nuevo régimen, por un lado, y la independencia creativa para poder criticarlo debidamente, por otro. De ahí que sucediera lo que nos cuentan asombrados desde Ahram Online:

The first session, titled “The Role of Censorship between Past and Future,” was an explosive one, and it was followed by a heated discussion between supporters of official governmental censorship and opponents of all forms of censorship.
Egyptian researcher Wissam Nabih Nasr summarised her paper on the topic, while Egyptian director Gamal Yaqout spoke about “Censorship and Value Reference in Modern and Contemporary Theatre.” They were followed by Abdel Sattar Fathy, head of the Censorship Institute in Egypt who spoke about the role of censorship historically. Finally a Sudanese actor/director presented a paper on “The Prospects of International Cooperation and Global Content of Censorship, and Mechanisms of Optimal Use of Public Censorship Terms.”
It is understandable that the head of the censorship authority would defend the role of his institution, but it was shocking to hear the contradictory statements by artists who claimed to oppose the notion of censorship, yet find some form of it “necessary” in the current situation. And the attendees responded with enthusiasm.
Yaqout seemed to express two contradictory ideas. He said he is against censorship, yet feels that "as a society we need censorship at this transitional phase," giving examples from choices he made in his plays to avoid presenting explicit scenes on stage. He reduced the issue of censorship to protecting the audience from “unnecessarily explicit sexuality.”*


Partiendo de que el título de la sesión da por descontando que la censura tendrá un papel en el futuro, es difícil no imaginarse lo que allí pudo ocurrir, lo que se escuchó y lo que no se escuchó. Como bien dice el periodista, es comprensible que los censores defiendan la censura, pero que lo hagan los "artistas" nos deja en ese "shocking", por no decir otra cosa.
Egipto sigue viviendo en la confusión profunda de creer que es un régimen de espíritu democrático cuando no es más que un régimen autoritario vergonzante, es decir, no puede asimilar que su golpe de estado le lleva a una dictadura cada vez más intensa para tratar de evitar que la verdad, "su" verdad, salga a la luz. En términos freudianos, Egipto reprime sus vergüenzas haciéndolas aceptables mediante formas de sublimación retórica. Son mecanismos de racionalización para poder hacer "aceptable" sus propias acciones y que la represión haya llegado a extremos no vistos anteriormente, creando una espiral de violencia que sirve para justificar sus acciones.


La conferencia sobre la censura y el teatro es una escenificación más de la "teatralidad" del régimen egipcio. El paternalismo que rezuman todos los ministros y autoridades es superior al del "padre Mubarak" dirigiéndose a sus "hijos e hijas" en su última alocución antes de que sus compañeros de armas le pidieran que se tomara un descanso a cuenta del Estado. Pero esta apelación a la infancia tiene un elemento literal: se usa a los niños como excusa para la censura. Esto es algo más que una desvergüenza viniendo de un estado que permite la existencia de cientos de miles de niños en la calle sometidos a todo tipo de abusos y en pobreza extrema, denunciado por múltiples  organizaciones nacionales e internacionales. ¡No usen a los niños como excusa! Que se hable de la censura como de una forma de protección de la "infancia" es cuanto menos un escándalo por la hipocresía que supone. A menos que se consideren "niños" a todo el pueblo egipcio, que es lo que supone el control político y religioso de las artes, el argumento se cae.


En la reunión los censores y amigos de la censura egipcios tuvieron que soportar algunas lecciones, entre ellas la de los artistas tunecino, los que supieron sacar adelante su "primavera" y traducirla en mejores resultados, defendiéndola con la fuerza democrática cuando la vieron en peligro por los islamistas.

The clear voice and vision of progressive Tunisian artists seemed to suggest that when it comes to issues of freedom and censorship, the answer is still “Tunisia!"
Lassaad Jamoussi, Tunisian artist and head of Carthage Theatre Festival, said he supports all censorship for “works presented for children” but vehemently rejected that the whole of society to be treated like children by whoever is placed in the position of power.
Another passionate voice in support of freedom of expression was Tunisian artist Meriam Bousselmi. She disagreed with Gamal Yaqout’s argument that lumped up television, social media, and theatre into one category. Asserting that the kind of theatre she believes in is of a completely different rank, by definition it is out to effect change, and challenge the status quo. She said that speakers mix up notions of self censorship and responsibility.
In the other camp, some attendees thought freedom and abolishing censorship would translate into “destroying society and its moral code” and strongly defended the role of censorship in society, as they believed it is much needed.*


Sí, la respuesta es "¡Túnez!". La respuesta es la dada por Lassas Jamoussi: la sociedad no puede ser tratada como niños. El problema egipcio es que una parte de su sociedad, una combinación de élites aprovechadas y de ignorantes desaprovechados, quiere seguir manteniendo su estatus promocionándose como "guardianes" de unas costumbres que, hasta el momento, han consistido en reprimir a los demás imponiéndoles sus propios criterios.
La destrucción de la "sociedad" y su "código moral" es la que intenta proteger a la infancia y la deja arrastrase por la calles, o no quiere desnudos pero acosa al 95% de sus mujeres. Es su código moral lo que debe revisar porque no es moral sino penal. Es la forma de tratar a los que disienten dejando libres a los que abusan de la corrupción, la sexualidad o la violencia. Si ese es el código moral que hay que defender o la sociedad que van a destruir la libertad de las artes, se debería pensar en ello porque Egipto se convertirá no el paraíso de la virtud que ya creen algunos ser, sino en una gigantesca cárcel en la que algunos jurarán vivir felices.
En los días que siguieron a la revolución, en marzo de 2011, El mismo Ahram Online decía lo que hoy parece mucho más complicado decir, en un artículo titulado "Egyptian Theatre in need of its own revolution":

Prior to the 25 January Revolution, Egyptian theatre productions were totally isolated and distanced from the social and political situation in the country. Theatre did not hear the social voices calling for democracy. On the contrary, all social needs were silenced as a result of direct censorship placed on the theatre by the Ministry of Culture. 
Limitations and rigid censorship was among the many reasons that stopped the theatre from giving rein to free expression. Many people considered the theatre as an important professional means of art, but could not transfer their theatrical visions of today and tomorrow and were unable to implement a large number of theatrical practices.
Censorship is one of the main reasons behind the limitations of contemporary theatre in Egypt. On the one hand, governmental censorship and on the other hand, religious censorship (such as that imposed by Al Azhar) put a red line through many essential themes which needed to be tackled in all artistic expressions, including theatre. These limitations were obstructing topics extremely close to social needs, such as religion itself.
There was an obvious “secret deal” between the government and religious influences, which was controlling the realisation of many artistic and cultural productions. During the last decades, theatre was presenting works in a very conservative manner, while many productions had mainly entertaining angles and carried poor esthetical and artistic values, whilst the contents of those presentations were negated.**


A poco más de un mes y medio del inicio de la revolución, con las calles calientes todavía, se podía decir claramente lo que ahora no se puede: que la cultura egipcia permanece en un estado de represión por la alianza civil-religiosa que se apoya mutuamente para que la sociedad no pueda evolucionar en su conjunto. El arte es crítico y pronto se vuelve contra los hipócritas y tartufos, una especie abundante.
Entre estos dos artículos se encuentran los límites de los sueños egipcios, los límites de lo que pueden representar en un escenario sin riesgo de acabar mal. Sí, el teatro egipcio necesita de su revolución, como el pueblo egipcio necesita recuperar la suya, al menos aquellos que siente le deseo de expresarse libremente. Para los que son mera "cla", aplaudidores vocacionales del poder, es suficiente con lo que tienen y lo disfrutan.
Todo es puro teatro, un teatro que hubiera encantado a los admiradores de Moliere.


* "Cairo conference on theatre and censorship kicks off with stormy debate" Ahram Online 26/05/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/35/131092/Arts--Culture/Stage--Street/Cairo-conference-on-theatre-and-censorship-kicks-o.aspx 
** "Egyptian Theatre in need of its own revolution"  Ahram Online 10/03/2011 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/35/7390/Arts--Culture/Stage--Street/Egyptian-Theatre-in-need-of-its-own-revolution.aspx