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jueves, 19 de enero de 2023

Adiós, Jacinda

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En estos tiempos en que los dirigentes se aferran al poder como al pezón materno, tiempos en los que el más tonto se considera Moisés —con división del mar incluida—, en estos tiempos en que la palabra "polémica" forma parte de las noticias, en que todo el mundo quiere ser "visir en lugar del visir", no llega la deprimente noticia de que en Nueva Zelanda, Jacinta Arden, su primera ministra, ha decidido dimitir a pocos meses de las elecciones generales que les tocan.

Como los horizontes patrios no dan más de sí, no hay que pedirle peras al olmo y las habas están contadas, uno  siente rubor ante el panorama que se le ofrece y mira hacia las antípodas (no hay nada más lejos) tratando de encontrar algo que le devuelva la esperanza en la política. Durante un tiempo, Jacinda Arden representó una ilusión como posibilidad de hacer un liderazgo con cierta dignidad.

A veces se pregunta uno si no se debiera permitir un voto de desahogo, un voto "inútil", votar en otras elecciones simplemente por darte no la alegría de ganar, sino la de poder votar a personas que representan un estilo, una forma de hacer política. No se trata de que ese voto cuente, no; pero poder votar a alguien que te parece serio, consecuente, sincero, constructivo en una forma saludable. Da igual que el voto no cuente; la intención es lo que importa. Pero ese tipo de voto sería un mal ejemplo y muchos políticos se quedarían solo. Esto es política-ficción, aunque toda política lo es y uno se pregunta si hay "vida inteligente", "si están entre nosotros" o cuándo nos darán un "ultimátum a la Tierra" para ir haciéndonos a la idea.

En RTVE.es nos explican su marcha de la política activa y sus causas: 

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, ha anunciado este jueves a primera hora su renuncia como jefa de Gobierno, y convoca elecciones para el próximo 14 de octubre.

Así lo ha anunciado la mandataria durante una rueda de prensa, detallando que estará en el puesto hasta el próximo 7 de febrero, cuando el Partido Laborista que dirige encuentre una nueva persona para ocupar el cargo de primer ministro, ha informado 'NZ Herald'.

"Tener un papel tan privilegiado conlleva una responsabilidad, incluida la responsabilidad de saber cuándo eres la persona adecuada para liderar y también cuándo no", ha justificado, detallando que era una decisión que venía reflexionando desde verano.

"He dado todo de mí para ser primera ministra, pero también me ha costado mucho. No puedo ni debo hacer el trabajo a menos que tenga el depósito lleno más un poco de reserva para esos desafíos no planificados e inesperados que inevitablemente se presentan", ha relatado.

Ardern ha sostenido que detrás de su decisión no hay "ningún escándalo secreto". "Soy humana. Damos todo lo que podemos durante el tiempo que podemos y luego es el momento. Y para mí, es el momento", ha afirmado.

"No lo dejo porque sea duro, lo dejo porque este trabajo conlleva una gran responsabilidad, y no tengo suficiente energía para hacerle justicia", ha explicado.*


Si tras las palabras hay una realidad, la decisión de Arden es loable porque muestra lo que se debe pensar: la política es para dejar mejor el mundo que como lo encontraste. Sé que "mejor" puede ser relativo, pero la experiencia nos muestra que en política lo "mejor" y lo "peor" solo depende de quien lo haga, al menos de cara a la galería. Y la política es cada vez más una gigantesca galería mediática en la que lanzar flores o dardos, según toque.

Las ansias enfermizas con las que tipos como Bolsonaro y Trump, por poner dos ejemplos recientes, se aferran al poder, hacen resaltar más la figura sobria y la actitud política de Jacinda Arden. Esperemos que los ciudadanos neozelandeses se vean recompensados con su recuerdo. Siempre podrán exigir a los que lleguen que estén a su altura.

La noticia nos habla de los desafíos a los que se tuvo que encontrar. Uno llega a un cargo con un programa, pero luego la realidad azarosa pone en tu camino cosas inesperadas a las que hay que enfrentarse. No todos tienen la capacidad de hacerlo. Del arte de la promesa al de las realidades, al político no hay que pedirle lo imposible, sino lo justo y ajustado, lo que haga mejorar la vida de todos de forma equilibrada. Esta política a cara de perro que vivimos es nefasta y nociva para todos, aunque algunos creen que ganen algo. Los malos ejemplos de lo ocurrido en Brasil, en USA o en nuestro Parlamento Europeo, por no ir de país en país haciendo cuentas, hace que los buenos gobernantes resalten más y se valoren. Ese "gobernar para todos" ha desaparecido porque se ha convertido casi en un "gobernar contra todos".

Un buen gobernante es una bendición. No es lo que vemos con demasiada frecuencia. Dice Arden que le ha costado mucho esfuerzo gobernar, que llega con las fuerzas justitas, que está "quemada" ("burnout"). Al menos, se ha dedicado a construir y muestra ahora sus logros sociales y políticos. La echarán de menos, seguramente.

Nos gusta pensar que no se van por escándalos ni traiciones, sino por ese deseo de servir a su país en plenitud de forma y fuerzas. No se siente con energía para afrontar los nuevos retos y deja el paso a otros. Así debería ser siempre y así deseamos que sea, que su recuerdo quede limpio y salga airosa de este periodo en lo que la Historia escriba sobre ella.

Jacinda Arden se va y eso nos hace quedarnos un poco huérfanos políticos de su seriedad. Da igual que nos sintamos más o menos cerca de sus ideas o decisiones. Ha hecho aquello en lo que creía y no ha engañado a nadie; ha mostrado dignidad en el cargo, algo que en estos tiempos faranduleros se agradece.

¡Adiós, Jacinda! Me has permitido sentirme neozelandés, de las antípodas, por una temporada.

* "Jacinda Ardern anuncia su dimisión como primera ministra de Nueva Zelanda" RTVE.es 19/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20230119/primera-ministra-nueva-zelanda-jacinda-ardern-renuncia/2416486.shtml

jueves, 25 de abril de 2019

De héroes y santos o el terrorista de usar y tirar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La información que va surgiendo del terrible grupo de atentados en Sri Lanka ha creado nuevas inquietudes respecto a las posibilidades. Cada vez que se comete un atentado, los futuros terroristas "aprenden" también. Lo hacen tanto sobre lo que deben hacer como sobre lo que no deben hacer. Es como la época en que las autoridades policiales se quejaban de las series CSI daban tanta información sobre la forma de actuación que los criminales sabían qué no tenían que hacer y se ocupaban de borrar sus rastros.
La información sobre un atentado fascina a los futuros asesinos terroristas. El protagonismo, el proceso de salir a la luz, la atención prestada, etc. forman parte del proceso de preparación, por eso debería analizarse mejor el retrato de los muertos para no convertirlos en motivadores de acciones futuras. Lo hemos visto en el terrorista asesino de Nueva Zelanda, el que realizó las matanzas de las mezquitas. Se veía a sí mismo como parte de una orgullosa cadena de asesinos, héroes para él, una cadena que incluía a Don Pelayo.
El diario El País nos ofrece datos sobre los asesinos terroristas de Sri Lanka

Alto nivel de educación, familia de clase media o media alta, con recursos económicos propios. Este es el perfil de los nueve terroristas suicidas que, según la policía de Sri Lanka, llevaron a cabo la cadena de atentados el domingo en tres hoteles de lujo y tres iglesias que deja ya al menos 359 muertos y más de 500 heridos.
[...] Los nueve suicidas, ocho de ellos ya identificados pero cuya identidad no se ha difundido públicamente, tenían un perfil común. “La mayor parte eran educados y procedentes de clase media o media alta, bastante independientes financieramente y de familias estables. Este es un factor inquietante, ha declarado el portavoz policial Ruwan Wijewardene. Varios han viajado al extranjero o mantenían contactos con el exterior. Uno de ellos estudió en el Reino Unido y concluyó estudios universitarios de posgrado en Australia.
El interés se centra, especialmente, en una familia concreta, la de un acomodado empresario del sector de las especias. Dos de sus hijos, menores de treinta años, fueron los que hicieron estallar las mochilas que llevaban en el bufé de desayuno de dos hoteles de lujo en el centro de Colombo, la principal ciudad del país.*



No entendemos bien el concepto aquí de "factor inquietante" cuando, por ejemplo, Bin Laden era hijo de una familia multimillonaria y había estudiado en los mejores colegios y universidades de Reino Unido.
Las diferencias entre el terrorismo religioso y el terrorismo político son muy grandes, por más que los efectos puedan ser terriblemente similares. En general, el terrorista político tiene un objetivo concreto y el acto de terror es muchas veces una forma de presión para conseguir un objetivo que se quiere negociar. El terrorista religioso no sigue su propia estrategia sino un plan divino que no es negociable.
¿Por qué es "inquietante"? Entiendo porque se enfrentan a personas con una movilidad mucho mayor, con complicidad de la familia, ya que la radicalización se ha hecho durante el proceso de formación y si hubieran estado en contra se habrían dado cuenta y lo habrían evitado.
El hecho, como se nos cuenta, que la esposa de uno de los asesinos hiciera estallar los explosivos en la casa al llegar la Policía, llevándose por delante a sus dos hijos pequeños, explica que el proceso se da dentro de grupos con niveles altos de integración. En este caso, no es lo mismo vigilar los barrios bajos pensando que el terrorismo surge de la miseria y la ignorancia, que tener que moverse por familias muy bien relacionadas y con poder económico, lo que se traduce en una mejor capacidad de ocultación, medios y planificación. Esto abre, además, un serie de peguntas y recelos.
The New York Times titula "Sri Lanka Suicide Bombers Included Two Sons of a Spice Tycoon", lo que es más fuerte que el "acomodados", expresión un tanto ambigua y pasada de moda.
La versión que se nos da desde el diario norteamericano va más lejos:

He built his fortune on black pepper, white pepper, nutmeg, cloves and vanilla. His family lived in a beautiful white villa and traveled in a chauffeured BMW. He was feted by Sri Lanka’s former president for “outstanding service provided to the nation.”
But on Wednesday the narrative of Mohammad Yusuf Ibrahim, one of Sri Lanka’s wealthiest spice traders, was ripped apart. Officials revealed he was in custody in connection with the devastating suicide attacks on Easter Sunday that killed more than 350 people.
An Indian official said that two of Mr. Ibrahim’s sons, who have been identified in Indian media reports as Inshaf and Ilham, were among the eight suicide bombers who struck at hotels and churches across this island. The Islamic State has claimed responsibility for the attack, and investigators said Mr. Ibrahim was being extensively interrogated.
During a raid Sunday at his family’s villa near Colombo, Sri Lanka’s capital, a female suspect blew herself up in front of two of her children, killing them all, along with several police officers who were closing in, investigators said. The Indian official, who spoke on the condition of anonymity, citing the sensitivity of a major terrorism investigation, said the woman who killed herself and her children was most likely the wife of one of Mr. Ibrahim’s sons.
Sri Lankan officials have been reluctant to identify the suicide bombers, saying that could hamper their investigation.
But at a news conference on Wednesday, Ruwan Wijewardene, Sri Lanka’s minister of defense, said most of the bombers had been well educated and had come from middle-class or upper-class families.**



Podemos apreciar que el "factor inquietante" va adquiriendo sentido. El hecho de que esté involucrada la familia de un magnate nacional, de una figura bien relacionada en los mejores círculos y al que se le ha concedido "reconocimiento" por parte del antiguo presidente del país por sus “outstanding service provided to the nation”, como se nos dice en el artículo, claro que es inquietante.
La primera incógnita que se nos plantea lleva abierta desde el inicio: el enorme fallo de seguridad ya que los servicios de información extranjeros avisaron de la realización de los atentados. Hasta las autoridades del país han pedido públicamente perdón por ello. Ha sido en India, no en Sri Lanka, donde han identificado a los hijos del magnate de las especias.
La detección de terroristas de usar y tirar (los terroristas suicidas) no es sencilla si se esconden o cuentan la protección de personajes en las altas esferas políticas y económicas. El hecho de que haya hermanos es un factor relevante porque implica una estructura determinada y unas interacciones específicas. La familia forma parte. La muerte suicida de la madre y la muerte de los niños lo demuestran.
Si en el terrorismo político se busca la "heroicidad", ser vistos como héroes, en el religioso se busca una forma de "santidad", se percibe como un acto de entrega que asegura el camino al paraíso. Por ello se presenta como un estado de perfección, de renuncia, de sumisión a Dios y a sus planes eliminando obstáculos del camino. Psicológica y socialmente son dos planteamientos muy diferentes. El héroe lo es por su propia decisión; el "santo", en cambio, sigue el camino marcado por Dios, obedece. El proceso recorrido es muy diferente.


Los investigadores se preguntan por las conexiones con el Estado Islámico. Es casi una pregunta obligada, pero no sabemos si tiene un interés logístico, histórico o estadístico. Creo que toda la información que se posea es importante, pero no es lo único. El Estado Islámico no es el radicalismo; es una forma de radicalismo estructurado ligada a un grupo. El terrorismo de lo que regresan es una parte del terrorismo potencial. Es un nivel avanzado porque ya lo han practicado. El problema más grave es el del terrorista de usar y tirar, el que ha estado atiborrándose de doctrina hasta llegar al punto crítico en el que pasa una sola vez a la acción. Ese es difícil de detectar y, como ha ocurrido, difícil de detener si está bien relacionado.
La combinación iglesias y hoteles de lujo como objetivo de los atentados es un mensaje doble: cristianos locales y turistas occidentales, lo que le crea un problema también doble a Sri Lanka. Con ambos se manda un mensaje islamista y antioccidental coincidente. También se mandan otros, que son precisamente los inquietantes para las autoridades que se han dado cuenta de lo que implica el caso.
Un último apunte: gracias al "héroe" de la matanza de musulmanes en Nueva Zelanda, cincuenta muertos, tenemos a los "santos" vengadores de Sri Lanka, 360 muertos y 500 heridos, y la cifra de muertos sigue ascendiendo cada día. Estos muertos se le deberían contabilizar en su juicio al admirador de Don Pelayo. Ya se lo comentarán también en el paraíso.



* "Acomodados y con alto nivel educativo: el perfil de los terroristas de Sri Lanka" El País 24/04/2019 https://elpais.com/internacional/2019/04/24/actualidad/1556093350_478257.html
** "Sri Lanka Suicide Bombers Included Two Sons of a Spice Tycoon" The New York Times 24/04/2019 https://www.nytimes.com/2019/04/24/world/asia/sri-lanka-bombers-millionaire.html


jueves, 21 de marzo de 2019

Caminando a su lado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las reacciones de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, están causando impacto en lugares muy diferentes. Mientras Trump se muestra ufano ante la prensa con un gráfico en las manos señalando el especio que ocupaba en Estado islámico y ese "punto" que "desaparecerá esta noche", según su pronóstico, la acciones de Ardern son percibidas de forma muy distinta y, por ello, valoradas como nuevas. Por lo pronto, Ardern está actuando desde el sentido común y desde la empatía con las víctimas y sus familias, que son las que necesitan del apoyo principal.
En estos momentos The New York Times le dedica los lugares preferentes en su edición digital con titulares como "New Zealand to Ban Military-Style Semiautomatic Guns, Jacinda Ardern Says" o  lanza preguntas directamente a sus lectores, como hace el articulista Nicholas Kristof con su titular "New Zealand’s Dealing With Its Gun Problem. When Will We?". The Washington Post, en lugar igualmente preferente, titula "New Zealand bans military-style firearms six days after mosque attacks". Todos los medios norteamericanos han prestado atención a su firmeza y rapidez.


Si la matanza horrenda de las mezquitas neozelandesas ha despertado la ira de la mayoría, las actuaciones de Ardern tanto en el plano político como en humano han merecido la atención de los medios y los lectores. Nueva Zelanda es un país tranquilo que no suele estar en el centro de la mirada mediática, que suele ser atraída por las desgracias.
La pregunta del articulista Kristof lleva a los norteamericanos a preguntarse lo mismo, "¿cuándo tocará a las Estados Unidos?" enfrentarse al demonio de las armas, a ese gigantesco negocio que permite a unos pocos enormes ganancias con el dolor inmenso de miles de personas anualmente por pérdidas de familiares y amigos.
Cuando se ha producido un atentado, la respuesta de Trump, por el contrario, ha sido armarse más. Intentar convertir las escuelas en arsenales y armar al mayor número de personas del entorno, los "tipos buenos" que en su mentalidad, crecida en los duelos en Ok Corral, siempre ganan y cabalgan finalmente hacia el atardecer.
La rapidez en tomar la decisión de prohibir las armas automáticas ha debido "sorprender" en los Estados Unidos, los mayores vendedores y poseedores de armas de este tipo. La prohibición se extiende a todos los artilugios destinados a convertir en automáticas las armas que no lo son. La diferencia es esencial porque puede salvar la vida de muchas personas o incluso desarmar al atacante, algo complicado en alguien que tiene en las manos armas de gran poder de fuego.


Pero los efectos de las acciones de Jacinda Ardern han llegado más lejos. Egyptian Streets publica un muy interesante artículo firmado por Mirna Abdulaal, con el título "What Arab Leaders Can Learn from New Zealand’s Jacinda Ardern".
Mientras la perspectiva de las armas impacta en los Estados Unidos, víctimas constantes de este tipo de atentados contra institutos, conciertos, discotecas, etc. por citar algunos de los escenarios últimos, la percepción en los países que sufren también la lacra del terrorismo, como ocurre en Egipto, motiva también una respuesta ante las decisiones y sobre todo las actitudes de Ardern. De nuevo el contraste es grande con los que habitualmente se puede percibir en este tipo de circunstancias.
El artículo comienza reconociendo la situación sobre el terreno de Oriente Medio y la lucha sin fin que allí se vive:

Fighting terrorism is long and never-ending battle in the Middle East. In some countries, it is a living reality, as in the case of Syria and Iraq, who have been engulfed by the satanic force of ISIS and other militants for the past couple of years.
Egypt, too, has been subjected to terrorist attacks consistently throughout the years. Other than the battle that is currently ongoing in North Sinai to fight Islamist militants, the twin explosions on Palm Sunday in St. George’s Church in Tanta and St. Mark’s Cathedral in Alexandria, as well as the deadly Al-Rawda mosque attack which left 305 killed, revealed just how grave and extreme the problem is.
In that kind of context, it is difficult to see any other alternative to the use of force. For years, Arab leaders fought fire with fire. In 1982, President Hafez al Assad launched an aggressive military campaign against the Muslim Brotherhood in the town of Hama, leading to thousands killed. Until today, his son inherits the same strategy and tactic of using the iron first, drowning the country into a brutal civil war for eight years against various groups, including the Salafi jihadist groups of Al Nusra and ISIS.
It is not just through the military, but through politics. Arab leaders have turned the terrorism problem into a chess game among themselves, fighting against those who are with or against them, as President Bush once said, “You are either with us, or you are against us.” The United States of America’s fight against terrorism post-9/11 became the sole model for all countries. Now, leaders in the Arab world are forming alliances and pointing fingers at one another for propagating and financing terrorism.

Pese a lo que el presidente Trump (o cualquier otro diga) la batalla contra el terrorismo islamista no se acaba con la guerra de Siria. Al Qaeda, el estado islámico, etc. no son más que nombres, etiquetas, en un conflicto que surge de las propias contradicciones del enfrentamiento/negación de la modernidad o, si se prefiere, del cambio histórico. Es algo que, con mayor o menor intensidad, aquí o allí, pervivirá como conflicto porque no está ligado ni a un nombre ni a un punto en el espacio. La fuerza no ha servido demasiado hasta el momento, más bien ha convertido en normalidad algo que no puede ser calificado así más que en medio del retorcimiento de la realidad que supone la violencia terrorista.
En este reino y doctrina del "ojo por ojo", del "puño de hierro" también ha llamado la atención la actitud de Jacinda Ardern.
La firmeza es una cuestión que va más allá de las políticas de respuestas armadas. Una situación de esta naturaleza requiere de una sensibilidad mayor que la que Trump puede ofrecer o que los líderes árabes manifiestan habitualmente.

On its face, the basic concept behind this model can be seen as not entirely erroneous. Terrorism is evil, and the killing of innocent civilians should be under no circumstance be deemed acceptable. After the mosque terror attack in New Zealand, Prime Minister Jacinda Ardern strongly said, “we utterly reject and condemn you,” when referring to the terrorist.
However, there was something else different about Jacinda Ardern’s behavior that created a new type of model not seen for years. The world was used to the United States’ ‘War on Terror’ model, fighting wars in Iraq and Afghanistan and expanding the power of the intelligence services. It is a model that corners the terrorism question within the circle of government bodies and forgets to integrate the communities and ordinary population.
Jacinda Ardern, on the other hand, prioritized the community. A day after the attack, Ardern led a multi-party group to visit the Muslim community members. She wore a black head scarf, hugged relatives, talked to them directly, and listened attentively to their concerns, as she promised to cover the funeral costs and provide extra financial assistance for families who lost breadwinners.*

La priorización de la comunidad es esencial frente al modelo habitual. Cuando en Egipto se produce un atentado la prioridad es otra: debe aparecer inmediatamente un titular en la prensa en el que se diga que el Ejército ha matado 50, 60... la mayor cantidad posible de presuntos terroristas. Se trata de mostrar, en efecto, que se gana el reto con más muerte y destrucción..., pero se muestra muy poca empatía y acercamiento a la comunidad. La venganza lo debería colmar todo. Hay poca respuesta más allá. Los atentados se usan para reforzar la autoridad y poder del Estado, que se presenta como protector, como un escudo de fuerza, y vengador.


Mirna Abdulaal pondera el sentido de la comunidad y cómo Ardern ha creado inmediatamente un punto de conexión entre la administración, los partidos, etc. que se unen para mostrar su solidaridad con los afectados directamente. Lo primero es atender a los que han quedado, consolar el dolor, atender las necesidades, preocuparse por ellos, porque al dolor no se sumen otras circunstancias. Los que sufren necesitan consuelo sincero y ayuda, sentir que los demás están junto a ellos. "We cannot know your grief, but we can walk with you at every stage", escribe Abdulaal, recogiendo las palabras dichas por Ardern. Caminar juntos es el modelo de integración de la comunidad. Aunque el terrorismo tenga sus objetivos específicos, la comunidad no debe reconocerse en esa división sino, por el contrario, mostrar que es falsa.
La necesidad de unión, frente a las tentaciones partidistas, es una prioridad de política básica. Es lo que se trata de representar con el "yo soy..." o "todos somos...", lemas que difuminan las separaciones y muestran empatía con el que sufre y el deseo de formar la comunidad alrededor de los miembros atacados.

Ardern showed that it is necessary to connect, feel and speak with those outside of her world. The enemy, for her, is not a target, but a shadow.
“You will never hear me mention his name,” she said, “speak the names of those who were lost rather than the name of the man who took them. He may have sought notoriety but we in New Zealand will give him nothing — not even his name.”
In her model, fighting the terrorist is through shrinking, rather than expanding, his role in society. It is by giving the community a much bigger role and priority, and by doing that, she won support and praise around the world.

La negación del nombre es una actitud que muestra decisión. Los únicos que merecen ser recordados son las víctimas inocentes de los atentados. Evitar la publicidad, la expansión del terrorismo es un objetivo.
Evidentemente, el combate contra el terrorismo tiene muchas facetas. Lo ocurrido en Nueva Zelanda no tenía precedentes para ellos en esta magnitud. 1997 era la última vez que padecieron este azote. Ha sido un golpe duro, pero también la ocasión de mostrar que la respuesta dada va por una vía que enfatiza los aspectos comunitarios. Unirse para demostrar fuerza y decisión, dar prioridad al dolor, visibilizar la comunidad para que se vea su unidad claramente, su firmeza es esencial.


La autora señala que el presidente al-Sisi ha intentado esta proximidad a las víctimas en los casos de los atentados a los coptos. Pero, a mi entender, es un gesto personalizado más que de la comunidad.
Hay una cuestión clara y que explica una parte, una cuestión que no debe ser soslayada: el género importa. Jacinda Ardern ha mostrado dar más importancia a los demás, al otro que sufre, no ha temido mostrar su dolor ante el dolor ajeno. Ha mostrado, en resumidas cuentas, su humanidad. Ha tomado sus decisiones, pero ha sabido diferenciar lo que necesitaban la sociedad y lo que necesitaban los familiares y comunidad atacada, sentirse en el centro de afecto, que caminaban junto a ellos, que eran acompañados, que no estaban solos. Ardern ya había humanizado su mandato siendo la segunda mujer en dar a luz estando en el cargo de primer ministro. Ya mostraba algo.
Unos valoran su decisión de prohibir las armas automáticas; otros su capacidad de mostrarse junto a los que sufren. Si pensamos que la respuesta de Donald Trump es defender las armas tras una matanza o hablar de "ambas partes" cuando un supremacista asesina atropellando en Charlottesville, las diferencias son claras. Su forma de entender el liderazgo conlleva la proximidad y no el distanciamiento que se produce en la mayoría de los países y que les hacen sentirse huérfanos de modelos. La política debe ser ejemplar, un escenario para valores y principios, un lugar de humanidad. Puedes equivocarte, pero no deshumanizarte.
Jacinda Ardern no ha se ha hecho unas simple fotos. Ha estado en todo momento junto a las familias y la comunidad. Les ha acompañado personalmente, ha caminado por las calles con ellos, cogidas sus manos. Se ha reunido con los grupos, le ha transmitido su apoyo, ha compartido su dolor. No ha añadido ninguno más a los que ya padecen. Dijo que prohibiría las armas y ya lo ha hecho. Firmeza y solidaridad. Ha caminado a su lado. 



* Mirna Abdulaal "What Arab Leaders Can Learn from New Zealand’s Jacinda Ardern" Egyptian Streets 19/03/2019 https://egyptianstreets.com/2019/03/19/what-arab-leaders-can-learn-from-new-zealands-jacinda-ardern/



martes, 19 de marzo de 2019

La maquinaria simpática del odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El atentado terrorista contra las dos mezquitas en Nueva Zelanda y contra las personas que allí oraban abre una serie de reflexiones y comentarios que es necesario digerir para que sirvan de algo más allá de las condolencias. El análisis sirve de poco si queda en reposo hasta el siguiente caso.
Ha causado inquietud el hecho de que un periodista de opinión de The New York Times, Wajahat Ali, haya hablado de los supremacistas blancos como un "White ISIS". La CNN lo ha entrevistado y ha generado el titular  "Panelist calls white supremacy 'white ISIS'". La extrañeza de la singularidad es realmente notable, pues el movimiento del supremacismo blanco no es otra cosa que, efectivamente, una forma paralela al Estado Islámico. Es un movimiento peligroso en lo físico y en lo ideológico, racista y violento. Llamar "white ISIS" no va desencaminado.


La sorpresa es que el supremacismo blanco se ha convertido en un movimiento que se ha ido esparciendo por el mundo y que cuenta con un inquilino en la Casa Blanca, llevado allí por sus votos, hartos de tener un presidente afroamericano durante ocho años. La América "blanca", "cristiano-integrista" ha seguido avanzando, organizándose hasta tener todo su aparato ideológico en marcha, con un Steve Bannon recorriendo Europa para expandir y reclutar adeptos a la causa por el continente.


El marco ideológico coincide con los nacionalismos populistas de derechas y tienen su foco puesto en la inmigración y, en especial, contra los musulmanes, sobre los que se va creando la estigmatización a través de las insinuaciones o las asociaciones.
En la CNN se recoge un artículo firmado por la asesora del partido Laborista británico, escritora y actriz, Ayesha Hazarika, de origen indio musulmán, y escocesa de nacimiento.

When I woke up Friday morning to the news of the massacre at two mosques in Christchurch, New Zealand, I felt sick. But sadly, not entirely surprised. I had been dreading this kind of violence happening, although I would have never imagined this kind of scale -- 50 Muslim men, women and children killed in cold blood with such clinical, methodical precision and filmed for social media.
Islamophobia is on the rise and has been for some time. Muslims have been demonized, dehumanized and scapegoated on an industrial scale by society since 9/11.
No other group has been punished for the sins of the father in such a systematic and accepted way. Politicians, commentators, influencers and the media on the right have waged a war against Muslims that has become normalized.*


Lo que se ha hecho en Nueva Zelanda no es un elemento aislado. Tenemos que dejar de ver el odio como un hecho violento y empezar a entender que la violencia es solo la punta del iceberg del odio, cuyas formas son muy variadas y sinuosas. Antes del odio que desemboca en la violencia están el desprecio que desemboca en la burla, un caldo social más aceptable y que transmite el racismo y la xenofobia a través de la creación de los estereotipos y las representaciones sociales que actúan como cárceles de las personas.
Creo que la idea de Ayesha Hazarika, una comediante en sus inicios, viene precisamente del conocimiento del papel que la comedia y otras formas "simpáticas" juegan en el establecimiento del odio y la discriminación. Mientras no nos demos cuenta de las sutiles formas del odio, que la violencia física es solo la última fase, el odio seguirá prosperando.
De la misma forma que el análisis de los medios en el mundo árabe musulmán siembran hacia occidente el recelo (lo hemos analizado aquí muchas veces como una política orquestada para mantener las distancias), en los Estados Unidos se acostumbra a fabricar estereotipos de todo lo "no americano" que acaba asumiéndose como "real".
Estados Unidos tiene la más potente de las maquinarias culturales de exportación de estereotipos negativos hacia el exterior. Se llama Hollywood; se llama cadenas de televisión.


La propia sociedad norteamericana ha tenido que rechazar los estereotipos racistas que sus comedias incorporaban; han tenido que exigir que se pare la producción racista o xenófoba que muchas de sus obras distribuían por las cadenas de televisión y que representaban una suerte de consagración del racismo, de la supremacía del blanco. Hasta que el sistema no ha sido capaz de asumir críticamente su propio trabajo, la maquinaria ha seguido produciendo odio disfrazado de sonrisas o simplemente odios en aquellas películas en las que valerosos soldados, detectives o lo que fuera eliminaban a tiro limpio, con explosiones, drones o misiles a esos enemigos, los "chicos malos", que curiosamente coincidían con los enemigos políticos de los Estados Unidos, alemanes, japoneses, rusos, árabes, hispanos, ahora chinos... han sido el blanco de esta artillería pesada cultural que se ofrecía como carnaza al imaginario de los espectadores.
Incluso en tiempos de paz, los Estados Unidos viven sus guerras en las pantallas, destrozando a enemigos imaginados, salvando rehenes norteamericanos en peligro por todo el mundo.
Cada vez más vivimos en una sociedad que nos sabe o puede diferenciar la ficción de la realidad. El mundo vive con realismo las ficciones y las ficciones de forma realista. Es una de las patologías más acusadas, que la matanza de Nueva Zelanda ha confirmado con su retransmisión en directo.


Hay que ir a la causas del odio, de la violencia y de la combinación de ambos. Nos gusta preguntarnos por las causas de la "radicalización", pero somos incapaces de verlas pues se nos han hecho tan habituales que se han vuelto invisibles.
La radicalización, la explosión del odio, es la consecuencia de vivir toda una serie de experiencias previas, que tienen sus entradas mayoritariamente en experiencias imaginadas.
El odio nace en los chistes, en las risas, en las burlas que nos muestran superiores a otros y alimentan nuestra vanidad. Hay una guerra por las representaciones en las que la maquinaria cultural es importante. Estamos expuestas a ella las veinticuatro horas del día.
Estados Unidos, un país que presume de ser "crisol", se ha convertido en una enorme maquinaria que produce lo que muchos desean, alimentar su odio con estar representaciones a través de los medios. Hoy está a su frente un alentador de todo esto, alguien que alienta a los supremacistas y que causa escándalo entre los propios norteamericanos.
Hasta la cadena Fox ha tenido que sancionar a una de sus "agitadoras" estrella, la "jueza Jeanine Pirro", por sus excesos islamofóbicos. Es la lucha por ser más americano que nadie, por mostrar que otros no los son. Luego todo se combina en las mentes, hace sus propios recorridos juntando las piezas que se le ofrecen en nombre de las libertades y que acabarán pisoteando.


No debemos fijarnos solo en la islamofobia. Los afronorteamericanos han tenido que luchar mucho para denunciar los desprecios, las burlas, las distorsiones de su identidad. Pero la maquinaria se va ampliando hacia otros países o grupos: todos los rusos son mafiosos, todos los chinos son espías, todos los hispanos son traficantes y violadores. Solo la casta blanca, cristiana no papista, hija de los peregrinos, se salva de la corrupción del mundo. De todos se pueden reír, ellos, los únicos normales.
El "America First" se convierte en un grito fascistoide que realmente significa "solo América", "construye un muro" antes que lleguen hasta nosotros y nos contaminen. Musulmanes, hispanos, chinos... todos están bajo la sospecha de una mirada paranoide. Todos son objeto de violencia simbólica a través de la representación mediática.
El salto al odio y a la violencia física es solo cuestión de tiempo, de que se llegue al momento de la explosión en que el espectador decide convertirse en el héroe de la comunidad blanca superior.
Si no corregimos estas primeras fases, la semilla "simpática", la que busca una complicidad blanda, germinará, se irá haciendo más violenta hasta que estalle en algunos, que serán aplaudidos en silencio por los siguientes. 


Me preocupa que en España se estén copiando las fórmulas norteamericanas, que cada vez los comediantes encuentren más motivos de risa —la risa es una invitación a la complicidad— en los otros. La burla se disfraza de humor, pero solo para sortear nuestras barreras y acogerse en lo que es el principio de la discriminación, el estereotipo. Me preocupa que esa sea la vía elegida. La comedía puede elegir la auto crítica social o, por el contrario, alimentar el odio dirigiendo esas energías negativas a hacer reírnos de los demás, ya sean de Lepe, La Gomera, Andalucía, Bilbao, Bagdad o... China, por poner un ejemplo reciente y creciente. En un mundo cada vez más trivial, la comedia se convierte en un arma poderosa; el estereotipo en verdad incuestionable.
Me preocupa. Podemos horrorizarnos con la violencia, pero no sabemos defendernos de esas zonas templadas en las que parece que todo se puede decir. Lo que se dice es semilla de lo que se hace. Hace falta una más decidida crítica a los comportamientos que serán la fuente del odio futuro.  Hoy se aprende en comedias, vídeo juegos, películas, chistes o cualquier otra forma. 
Es el huevo de la serpiente.



* "Panelist calls white supremacy 'white ISIS'" CNN 16/03/2019 https://edition.cnn.com/videos/politics/2019/03/16/white-supremacy-white-isis-new-zealand-reaction-sot-wajahat-ali-nr-vpx.cnn
** "We have to stop this hate and start seeing Muslims as human" CNN 17/03/2019 https://edition.cnn.com/2019/03/15/opinions/we-have-to-stop-this-hate-and-start-seeing-muslims-as-human-opinion-intl/index.html



domingo, 17 de marzo de 2019

La tentación del narcisismo criminal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo ocurrido en Nueva Zelanda, la matanza de cincuenta musulmanes que oficiaban los ritos del viernes en sus mezquitas añade más datos a un fenómeno que va creciendo, el del narcisismo criminal.
A los motivos ideológicos que se esgrimen se les añaden las personalidades narcisistas de los que necesitan de un público para perpetrar sus crímenes, necesitan, por decirlo así, un público en el que contemplar las reacciones a sus crímenes.
Los detalles de la retransmisión vía Facebook de la matanza que se van sabiendo no hacen sino mostrarnos esa patología individual y social. El espejo social del narcisista son los otros, actúa para llamar su atención y sentirse el centro. En un mundo en el que se compite por la atención (economía de la atención), conseguirla solo logra superando a los otros en sus atrocidades.
La necesidad patológica de que se observe lo que se observe lo que se hace conlleva unos enormes riesgos con lo que se ha denominados "viralidad". A sabiendas de que hoy existen foros con audiencias de millones, prestas a lanzarse sobre cualquier cosa que les saque de su vida aburrida, los criminales las buscan con el poder de la tecnología de las comunicaciones.
El diario El País titula "Una matanza de 17 minutos planeada para ser viral" y escribe:

La búsqueda no dura más de 30 segundos. Son las siete de la tarde de ayer, esto es, 17 horas después del atentado contra dos mezquitas de Christchurch, en Nueva Zelanda. Uno de los hashtags de Twitter con más mensajes de la matanza de al menos 49 personas es #ChristchurchAttack. La cuenta @malikshahzaib94 incluye algo más de un minuto de la retransmisión en directo del ataque sobre la mezquita de Al Noor. El perfil es lo de menos; expresa sus condolencias y cuelga una grabación que otro ha subido antes. Lo que no tiene parangón es el éxito de este terrorista al difundir en un directo de la red social Facebook una de las mayores masacres terroristas islamófobas. El nombre del tipo que difunde el ataque, Brenton Tarrant, coincide con la identidad del pistolero difundida por las autoridades australianas.
El terrorista, según se puede ver en la parte superior derecha de la retransmisión, usa LIVE4, una aplicación muy sencilla. Vincula una cámara GoPro al teléfono móvil y de ahí a Facebook para que lo grabado salga al aire de forma inmediata.
El impacto es extraordinario e imparable. Una vez que un vídeo está en la Red, aunque la web que lo aloja lo elimine, en este caso Facebook, cualquier tiempo de emisión es suficiente para que cientos de usuarios lo graben y difundan en otras plataformas. Pero la intención de este atacante no es novedosa. En junio de 2016, el francés de origen marroquí Larossi Abballa mató a un agente de policía y su pareja a las afueras de París. Después de acuchillarlos hasta la muerte, retuvo a su hijo y se conectó a Facebook Live, el servicio de la red para retransmisiones en directo. Allí, mostró a las víctimas y juró lealtad al Estado Islámico. Posteriormente fue abatido por las fuerzas de seguridad francesas.*


 A la patología individual se suma la colectiva, la cultural. El sociólogo norteamericano lo estudió en su obra "La cultura del narcisismo", publicada al final del milenio. Lasch no se equivocaba.
Lo que el periodista llama "éxito" es lo que se busca. ¿Por qué llamarlo con otra palabra? "Éxito" implica reconocimiento por encima de la aceptación. Es la fascinación del mal.
Durante siglos, moralistas, religiosos, escritores y psicólogos han tratado la cuestión del mal. Pero el mal ya no es una cuestión individual, una cuestión de conciencias y pecados. El mal forma parte de la "sociedad del espectáculo", Debord.
La grabación-clonación de la información crea sus propias realidades, que son consumidas por los adictos como parte morbosa y fantasmática de su propia existencia.
El asesino no se ha suicidado, como hacen otros con la expectativa poco razonable de recibir su premio en el paraíso. Necesita seguir vivo porque su premio es contemplar y ser contemplado. Ya no le vale el recuerdo  que se pueda tener de él: necesita verlo. Esto es lo que caracteriza las matanzas de estos tarados ultraderechistas, supremacistas, racistas. Es lo mismo que ocurrió con la matanza de Utoya, donde Anders Breivik recorrió la isla matando a los jóvenes socialistas para llamar la atención del mundo, para convertir en un circo mediático su juicio, lanzando soflamas y alzando el puño.


Los nuevos medios están transformando nuestras mentalidades y haciendo aflorar comportamientos dormidos que toman la energía para cometer sus actos a través de ellos. Así ha sido siempre. Las sociedades —es la hipótesis central de la Escuela Canadiense, con Marshall McLuhan, Paul Zumthor, Walter Ong...— se vertebran a través de sus formas de comunicación, es decir, de los medios que usan, de la oralidad a la escritura, de la imprenta a las redes sociales. Esto tiene su propia lógica económica: se trata de favorecer las comunicaciones, por lo que se acaban creando las adaptaciones que facilitan la comunicación.
No se ha estudiado tanto, en cambio, los efectos psicológicos de los medios de comunicación y de cómo afectan a las relaciones sociales e interpersonales. ¿Crean patologías específicas o, por el contrario, hacen aflorar las existentes selectivamente? Es indudable que cada forma de comunicación favorece algún tipo de modelo.

Christopher Lasch vio que el mundo de la comunicación moderna favorecía el narcisismo por encima de otros rasgos.
La única duda que existe es, como es frecuente en el campo social, la relación entre efecto y causa. Es decir, crean el narcisismo o solo dan salida a los que ya lo son. El fenómeno del supremacismo se ajusta al narcisismo y las tecnologías actuales permiten la visibilidad completa y casi automática. Cualquier punto del globo se convierte en escenario, en el punto de salida de información hacia millones de espectadores de nuestra representación, sea una canción o un crimen horrendo.
No evolucionamos. Cambiamos individualmente y producimos cambios en nuestro entorno que generan nuevos cambios. Has no hace mucho, los cambios eran lentos. Hoy la aceleración de los tiempos es un hecho. Las brechas generacionales se agrandan porque el mundo en el que crecemos está cambiando continuamente y el mundo en el que creces pronto se te hace irreconocible. Por eso los que venden ideas eternas, inmutables, dogmáticas, etc. ofrecen el resguardo frente a la tormenta de la vorágine. El cambio constante produce tensión y desequilibrio. No todos se adaptan de la misma manera. Lo que antes solo se percibía en centurias ahora se muestra en un lustro o menos.
Hasta la educación, que era lo que daba forma a las personas, se ha vuelto un elemento inestable que nos ofrece solo la capacidad de aprender a cambiar. Desde todos los puntos se nos dice que nuestros anclajes deben ser ligeros para no ofrecer resistencia y dejarnos caer en brazos del cambio. Lo llaman "formación continua", "aprender a aprender", etc.  Vivo en un entorno educativo en el que se atacan las Humanidades en beneficio de la tecnología cambiante. Nadie quiere entender el pasado, solo vivir un presente que se asemeja al paisaje desde un tren de alta velocidad, un exterior irreconocible por el que viajamos privados del paisaje.
Lo ves en las nuevas generaciones, que se distancian de un pasado que les resulta irreconocible y con el que no mantienen lazos. Son ya la segunda generación que vive delante de una pantalla para conectar con el mundo, que no necesita bibliotecas, que no entiende el concepto de privacidad en beneficio del exhibicionismo y el compartir sus datos. En este contexto es fácil anclarse en aquello que nos promete coherencia, sentido, frente a la velocidad. Ya sea la "raza", la "tierra", el "pueblo", la "clase", "Dios", es el retorno de aquello que nos ata emocionalmente y en cuyo nombre somos capaces de matar o morir. Es el regreso de los mitos que nos transforman de espectadores en protagonistas.
El asesino australiano necesitaba en su vida el reconocimiento de "su" supremacía, un acto de consagración. Quería mostrar al mundo cómo se sentía superior frente a aquellos a los que debía matar. Lo que el diario El País nos señala es precisamente ese "éxito", la doble vida del hecho: la barbarie del hecho real y la monstruosidad del hecho viral. Le damos aquí a "monstruosidad" el sentido de lo enorme, de lo diferente.


Otra de las informaciones del periódico dice "Facebook elimina más de 1,5 millones de vídeos del ataque de Nueva Zelanda a las 24 horas del atentado"**. Jamás llegaron tan rápido y tan lejos las hazañas de Alejandro, de Saladino, de Gengis Khan. Cubrir el globo en unas horas forma parte de lo monstruoso, de lo enorme, feo y diferente a una normalidad cada vez más esquiva.
Las matanzas de este tipo van aumentando y lo hacen al ritmo de expansión de los medios. La patología social e individual crece con ellos porque el narcisismo es una patología de la mirada y conforme esta aumenta, se extiende por su atractivo. Ya no se trata de que te vean los que te rodean. El mundo es tu escenario. Tienes las cámaras, las luces, los condenados a ser los extras de tu fantasía mortal.
Hemos cometido el error de abrir la caja tecnológica de Pandora y no preocuparnos de sus efectos. Nos desprotegemos al no comprender o ignorar lo que suponen nuestra acciones. Creemos estar a salvo, pero la locura es aleatoria. Le sacamos beneficios económicos, pero perdemos muchas cosas de enorme valor. Para que no nos duela, dejamos de valorarlas.
Las llamadas a la cordura no son suficientes. Hay que entender qué ocurre. Avanzamos hacia lo peor sin hacer nada más que lamentarnos. En una sociedad intensamente comunicada, los motivos de conflicto aumentan exponencialmente. La retroalimentación intensifica las reacciones. Los odios se alimentan de los odios a través del flujo viral.
Los millones de vídeos borrados son solo una capa. De esos millones muchos han realizado ya su cometido, la llamada del odio. El arma del asesino llevaba inscritos los nombres de sus héroes de todos los tiempos. Ahora solo le queda esperar que su nombre se difunda y que alguien escriba el suyo en esta siniestra expansión viral. De Bin Laden y el 11-S en adelante la muerte es la excusa para el espectáculo. Se busca la viralidad, despertar con las imágenes el narcisismo de nuevos asesinos con los que proseguir el ritual de las matanzas. Es una macabra y brutal senda en la que seguimos sin diseñar estrategias de resistencia.
Una anécdota: el asesino nombraba a un tal PewDiePie, convertido en su héroes por haber manifestado un comportamiento racista insultante. La irresponsabilidad de individuo es recogida por el asesino, que la usa para satisfacer su necesidad de formar parte de la élite admirada. Lo que hacemos tiene trascendencia, para bien y para mal. Solo que en el mundo se dicen muchas más tonterías que cosas inteligentes al cabo del día. Los descerebrados necesitan  más que las personas normales que les rían las gracias.



* "Una matanza de 17 minutos planeada para ser viral" El País 16/03/2019 https://elpais.com/internacional/2019/03/15/actualidad/1552683762_746777.html 
* "Facebook elimina más de 1,5 millones de vídeos del ataque de Nueva Zelanda a las 24 horas del atentado" El País 17/03/2019 https://elpais.com/internacional/2019/03/17/actualidad/1552810871_434409.html

viernes, 15 de marzo de 2019

El arma del odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia del atentado contra dos mezquitas en Nueva Zelanda, con cuarenta nueve muertos y múltiples heridos en estado crítico, sacude la mañana y las conciencias. Los datos han ido variando desde los veinte muertos iniciales hasta los que ahora se dan. Una barbarie que sacude la comunidad de Christchurch, irónico nombre para un lugar que quedará asociado desde hoy mismo a la barbarie, al crimen y al odio. Solo cabe la condena y la capacidad de horrorizarse, que estamos perdiendo.
Llevamos tiempo señalando el crecimiento diario del odio en el mundo, de la incapacidad de desarrollar diálogo y especialmente de la espiral de violencia que seguirá creciendo en el ojo por ojo, la ley que se ha resucitado en nombre de todas las confesiones.
No hay ley, dios o credo que pueda respaldar este o los demás crímenes que se hagan en su nombre. La misma condena que cualquier otro atentado, el mismo desprecio, la misma indignación. Un viernes negro lleno de horror y muerte, de tinieblas.


Los detalles de su retransmisión al mundo a través de Facebook, como señala el diario El país, no hacen sino confirmar que la violencia de hoy no se hace en nombre de ideas inteligentes o inteligibles, sino en nombre de tarados narcisistas. A sus débiles mentes llegan las olas sucias del odio dejando la porquería que esos mares arrastran.
No contentos con escuchar los horrores creados por el Estado Islámico, los abusos y muertes, nos llegan los hechos ahora en nombre de las ideologías ultraderechistas, nacionalistas e integristas.
El diario El País recoge un detalle que nos afecta:

Uno de los atacantes del atentado de este viernes en las dos mezquitas en Nueva Zelanda, el que retransmitió el ataque por Facebook Live, llevaba escrito en su fusil el nombre de autores de asesinatos masivos en otros países vinculados a la extrema derecha, según The New York Times. Sin embargo, uno de los mencionados era Josué Estébanez de la Hija, un neonazi español que asesinó a un joven de extrema izquierda en el metro de Madrid en 2007. Estébanez fue el primer sentenciado por la justicia española al que se le aplicó el agravante por motivos ideológicos. 
En círculos radicales de derechas, el militar vasco, en prisión hasta 2033, es considerado una especie de mito. Su nombre ("¡Josué libertad!) aparece constantemente pintado en muros en cualquier rincón de España. El grupo Hogar Social Madrid a menudo invoca su nombre y su familia vendió papeletas para recaudar dinero con el que hacer frente a la indemnización a la que tenía derecho la familia de la víctima, Carlos Palomino. Estébanez siempre alegó que se sintió intimidado en el vagón por Palomino y la gente que lo acompañaba.
Palomino, en los ambientes totalmente opuestos, los de extrema izquierda, fue elevado a la figura de mártir. En casas okupas suele haber alguna inscripción que le recuerde como un luchador antifascista que fue asesinado a manos de un rival ideológico, como así consideró probado la sentencia. En muchos países del mundo, como Suecia o Alemania, se pueden ver inscripciones como "Palomino vive, la lucha sigue". *


Es la espiral del odio; la sangre llama a la sangre; la venganza a la venganza. Lo que han hecho los descerebrados de Nueva Zelanda es sembrar las semillas de más muertes, las que ellos han arrojado al mundo del odio, que serán regadas por los integristas de mundo islámico, a las que les servirán de excusa para las próximas muertes. Al igual que con nuestros radicales, unos días les toca a unos y otros a otros. Los muros se llenan de llamadas a matar o a morir según el estado de ánimo del día.
El mundo se está llenando de odio. Cada día más, cada día más sangriento. Lo decimos muchas veces en nuestros escritos y no nos cansaremos de repetirlo. Hay que dejarse de melindres y empezar a darnos cuentas, en todas las sociedades, en todas las culturas, que no se puede seguir predicando el odio, los estereotipos, las discriminaciones.
Insistimos en lo poderosas que son las herramientas de la comunicación y se están usando para expandir elementos de odio antes que de paz, para el insulto antes que para el diálogo.


Esto es incuestionable y solo es cuestión de grados los casos en los que nos escandalizamos. hay que ver las cosas grandes en las pequeñas, que los pequeños casos son los avisos de los grandes casos. Pero no se ve o no se quiere ver. Todo se queda en datos, todo se queda en estadísticas. Nunca en soluciones.
Esta vez los asesinos están entre nosotros, matan con nuestras ideas, en nombre de principios que tenemos. Nos dice en el diario:

En los cargadores del asaltante en Nueva Zelanda también se pueden leer los nombres de personajes históricos que en la Edad Media lucharon contra ejércitos musulmanes. Entre ellos hay varios que participaron en las Cruzadas: Gastón IV de Bearne, mandatario del siglo XI en el reino de Aragón, y Bohemundo de Antioquía. También está escrito "Pelayu", que podría hacer referencia a Don Pelayo, símbolo de la lucha de los cristianos contra los musulmanes en la península Ibérica durante la Edad Media, informa Verne.*

Hemos tenido entre nosotros, últimamente, gente a la que se le ha llenado la boca del término "reconquista". No voy a hacerles responsables de lo ocurrido en Nueva Zelanda, pero sí del odio que usan para conseguir sus fines aquí. habrá un día en el que haya muertos, casa incendiadas en cuyos muros alguien escriba "reconquista" y entonces se darán cuenta de lo que están haciendo entre unos y otros.


Se está extendiendo el odio sobre la base de la ignorancia. Nuestra sociedad no forma personas, formas mano de obra (barata); son personas que no aprenden mucho sobre la Historia o sobre el mundo que les rodea. Los tecnócratas son incapaces de entender que somos seres en el mundo, más allá de fábrica u oficinas. No entienden que la educación que desprecian es la que nos ayuda a resistir frente a los odios envueltos en ignorancia.
Estamos incurriendo en los mismos errores que decimos combatir. A la ignorancia dogmática del terrorismo enfrentamos otra igualmente dogmática y no menos ignorante.
Esas armas con sus inscripciones son un símbolo elocuente del retroceso, de la falta de sentido hacia el que nos dirigimos a ritmo de fanfarrias patrióticas.
Falla estrepitosamente nuestra educación cuando no somos capaces de pensar sobre la vida. Se nos enseñar a ganárnosla, pero no a vivirla. Por ello languidecemos, expuestos a los seductores que nos ofrecen causas y motivos.


Los jóvenes occidentales que han ido a luchar a Siria junto al Estado Islámico eran ya un aviso de la falta de sentido, de no haber sabido rellenar los huecos existenciales que nos dejan sin defensas, víctima de la fascinación de la violencia.
Nuestros expertos siguen debatiendo y poniendo nombre complicado a lo que son cosas más sencillas. La violencia es atractiva cuando carecemos de la posibilidad de sentirnos por encima de ella, cuando no somos capaces de rechazar lo que se nos presenta. Hoy eso es un hecho.
El peligro lleva tiempo avisado. Se repite en distintos lugares y bajo distintas doctrinas. Es el atractivo de la violencia en una sociedad sin atractivos, en la que se languidece, como languideció la decimonónica y llamó al tedio "el mal del siglo". Es el bostezo, esta vez sangriento, de los Hollow Men de Eliot.
Mi condena de estos crímenes horrendos, como condeno todos aquellos que se producen en nombre de cualquier barbarie dogmática. Mi condena a los sistemas que son incapaces de ofrecer a las personas la posibilidad de dar un sentido a su vida más allá de la violencia. Mi asco y repugnancia, mi náusea, a todos los que usan el miedo, la violencia para conseguir sus objetivos, ya sea un escaño o volar un avión, subir en las encuestas o subir al paraíso. Mi condena a un mundo absurdo en el que no hacemos nada por compartir o dialogar y hacemos todo para producir odio religioso, racial, clasista, xenófobo. No tengo capacidad para el odio, pero toda para el desprecio.


* "Uno de los atacantes de Nueva Zelanda llevaba en el fusil el nombre del neonazi que mató a Carlos Palomino" El País https://elpais.com/ccaa/2019/03/15/madrid/1552645383_279994.html