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viernes, 13 de septiembre de 2013

La carta de Putin o Pax rusa II

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Era inevitable. No hay pastel sin guinda y esta vez la guinda ha querido ponerla Vladimir Putin en forma de "carta" con el título "A Plea for Caution From Russia" publicada por The New York Times en la emblemática fecha del 11 de septiembre. Eso se llama sentido escénico.
Después de haber sembrado el desconcierto entre los norteamericanos —así dice sentirse Jon McCain y otros muchos—, Putin les envía ahora un mensaje que contribuye a aumentar la sensación extraña, agridulce, que sienten. Los norteamericanos tienen la sensación de que se han perdido algo. Hemos pasado de estar a punto de una intervención militar a este extraño ambiente de entendimiento en el que todos parecen haber conseguido algo mientras en Siria se siguen matando. A veces no sabemos quién los mata, eso sí, pero esas cuestiones pueden aparcarse momentáneamente. No es sencillo haber llegado al acuerdo de que los muertos estaban muertos —pensemos en la noticia rusa de hace unos días sobre un "Hollywood qatarí" con un Damasco duplicado—; parece, y ese ha sido el avance de la segunda fase, que han llegado al acuerdo de que efectivamente han muerto por armas tóxicas —que no existían hasta hace unas horas—; y finalmente no se ha podido llegar al acuerdo de quién ha sido, pero eso es algo ya casi intrascendente, parece, una vez que se ha parado la maquinaria bélica periférica. La política es el arte de aparcar problemas para avanzar; dejemos a los historiadores la verdad para cuando pase el tiempo.


Los norteamericanos han dicho que no se fían —utilizaron el término "escépticos" que tiene un tono más filosófico— pero saben, y esa es la madre del asunto, que los rusos tienen ahora la sartén por el mango al desplegar su iniciativa. Irán incluso —¿por qué no?— desea asumir también un papel de inspector pacifista en el asunto. Por alguna extraña ironía del destino, el presidente Obama ha llenado el planeta de pacifistas. Hasta Hollande que se había sentido especialmente motivado para una intervención, más apetitosa con la retirada británica por el revés parlamentario, se ha vuelto pacifista y aboga por salidas diplomáticas. Fenomenal; cuantos más pacifistas, mejor. No sé si cabrá tanto Gandhi en el mundo.
La carta abierta de Vladimir Putin tiene un arranque insólito en las relaciones hoy entre las dos grandes potencias del siglo XX. The New York Times la ha subtitulado: "What Putin Has to Say to Americans About Syria". La carta la han reproducido todos los periódicos del universo y se estudiara —junto con la "crisis siria"— como el equivalente dialéctico de la "blitzkrieg" en el terreno de las relaciones diplomáticas: la respuesta relámpago. La carta comienza así:

RECENT events surrounding Syria have prompted me to speak directly to the American people and their political leaders. It is important to do so at a time of insufficient communication between our societies.*

Más que dirigirse desde el Kremlin, las palabras de Putin parecen llegar desde una galaxia muy lejana o a través de una ventana del tiempo. Su mensaje al "pueblo" y a los "líderes políticos" (es interesante el uso del plural) trata de marcar una distancia histórica dando por iniciada una etapa que se justifica en el mensaje mismo.


La carta está dotada de solemnidad y convierte a Rusia en la defensora del sistema y orden del Derecho Internacional convirtiendo el privilegio del veto en el Consejo de Seguridad de la ONU en un sistema que ha permitido la paz mundial a lo largo de los años y que ahora podría irse al traste si no se respeta y se actúa unilateralmente, sin su consentimiento.

The United Nations’ founders understood that decisions affecting war and peace should happen only by consensus, and with America’s consent the veto by Security Council permanent members was enshrined in the United Nations Charter. The profound wisdom of this has underpinned the stability of international relations for decades.

La reivindicación del sistema de vetos del Consejo es una forma indirecta de volver más poderosos a los que tienen ese derecho permanente, lo que hará que los países con conflictos busquen con más intensidad su cobertura. La protección permanente a Israel por parte de Estados Unidos es una muestra de que ese sistema solo funciona si los "patrones" son responsables y evitan que sus pupilos abusen de los privilegios y protección que se les ofrece al vetar resoluciones en su contra. En el fondo, la propuesta de Putin es volver a una especie de política amigable de bloques, que será el efecto natural de agrupamiento que produzca: tú vigila a los tuyos, yo vigilo a los míos. Si hay diálogo entre los poderosos, los problemas se pueden arreglar por otra vía que la militar. Es plantear que con el final de la Unión Soviética se acabó la política de bloques, pero que ahora renace con la "Gran Rusia" desde una perspectiva de colaboración y no de enfrentamiento ideológico. Han pasado tanto los tiempos del "capitalismo" contra "comunismo", como el del reinado solitario norteamericano tras la caída del "muro", podemos leer entre líneas. ¿Pueden los Estados Unidos asimilar esa idea que Putin Puede transmitir o prefieren mantenerse en la postura de "vaquero solitario" ignorando las señales que el mundo manda? Las interpretaciones de los estadounidenses, especialmente de sus políticos, serán amplias, de los que pueden ver un camino abierto a los que siguen con la mentalidad del siglo pasado. La Historia se demuestra andando.


La interpretación en la carta de Putin de la situación de Siria, de lo que se está dirimiendo allí, es de carácter "pragmático ":

Syria is not witnessing a battle for democracy, but an armed conflict between government and opposition in a multireligious country. There are few champions of democracy in Syria. But there are more than enough Qaeda fighters and extremists of all stripes battling the government. The United States State Department has designated Al Nusra Front and the Islamic State of Iraq and the Levant, fighting with the opposition, as terrorist organizations. This internal conflict, fueled by foreign weapons supplied to the opposition, is one of the bloodiest in the world.
Mercenaries from Arab countries fighting there, and hundreds of militants from Western countries and even Russia, are an issue of our deep concern. Might they not return to our countries with experience acquired in Syria? After all, after fighting in Libya, extremists moved on to Mali. This threatens us all.*

A diferencia de la interpretación estática norteamericana, que es la que ha llevado a la paradoja señalada por sus propios políticos de que USA pudiera estar financiando a Al-Qaeda o grupos afines, el pragmatismo ruso señala que "hay pocos campeones de la democracia en Siria".


La evolución de un conflicto que comenzó en la riada de las primaveras árabes y pronto derivó hacia una guerra civil para convertirse después a un campo de batalla internacional es lo que debería haber obligado a ir modificando los enfoques y planteamientos, algo que no ha hecho la diplomacia norteamericana a lo largo del conflicto, al igual que en otros escenarios en los que ha querido ver sus expectativas y no lo que tenía realmente delante, como, por ejemplo, le ha sucedido con Egipto. Ese es el fracaso de la política de líneas rojas, que no solo amenaza al otro, sino que te obliga a ti a realizar algo que entonces querías pero a lo mejor ahora no quieres o es peor para obtener un buen resultado.
La política de líneas rojas es una trampa, como se ha demostrado, para la política norteamericana que puede arrastrar a los demás, como le señala Putin al "pueblo americano y a sus líderes políticos" sin resolver nada. El pragmatismo diplomático ruso le viene a decir algo elemental: los problemas se solucionan hablando con quien los puede solucionar y no con los amigos. Ahora, le viene a decir, el problema se puede intentar resolver porque está hablando con la persona correcta.


Lo que está tratando de hacer Putin también es advertir de que el problema de lo que pueda surgir de Siria afectará a todos y es mejor mandar señales de aviso poderosas antes que de división. Son esas señales las que identifica en algo que ya no es un conflicto internacional pues no se da entre "estados" o "naciones", como ocurre con los grupos islamistas que recorren todo el espacio de Oriente Medio, Norte de África y cuyos límites se van ampliando hacia el interior africano y el extremo asiático. A diferencia de otro tipo de conflictos entre "naciones", aquí no hay con quién dialogar o llegar a acuerdos porque son fragmentarios y muchos de ellos itinerantes, como bien señala Putin.
Lo que pueda ocurrir tras la retirada de las tropas de Irak y Afganistán está todavía por verse, pero nos hace pensar que las soluciones —que difícilmente serán pacíficas porque ellos no lo son y la paz estable requiere siempre de acuerdos entre grandes partes y no entre grupúsculos— necesitarán del diálogo de los que pueden decidir con su vigilancia y supervisión la estabilidad del conjunto.


El rápido diálogo que se ha establecido en Lavrov y Kerry —mucho más relajado con el ministro ruso que ante su propio Comité— parece revelar que la única salida a un conflicto de una complicación inusual, como es el sirio, es precisamente la de evitar el aumento de la complejidad introduciendo nuevos elementos. Es un principio elemental que la extensión de un conflicto no contribuye a su solución más que a través de más muerte y sufrimiento. Lo complica más.
La responsabilidad histórica inicial de lo que ocurre allí será de Basar Al Asad por no haber atendido las reclamaciones de su pueblo. La de los demás es no haber dado los pasos corrector hasta el momento. Lo cierto es que la línea roja, lo que establecía era una "zona rusa", ampliando a los dos, Rusia y Estados Unidos, la responsabilidad compartida —por diferentes motivos— de lo que allí ocurriera. La deriva de aquella situación a la actual a través de las tres fases que hemos señalado antes debería enseñar que entrar en una cuarta —la internacionalización oficial, entre estados— es demasiado peligroso.


La argumentación de Putin, como es propio de todo texto que busca convencer a otros de algo, favorece sus propios puntos de vista para la consecución de su objetivo, pero señala un punto al que la opinión pública norteamericana debería ser especialmente sensible y con ella, todos nosotros: la excesiva frecuencia de las guerras, llamadas eufemísticamente "intervenciones", "operaciones", etc. y el carácter asociativo de las mismas.

It is alarming that military intervention in internal conflicts in foreign countries has become commonplace for the United States. Is it in America’s long-term interest? I doubt it. Millions around the world increasingly see America not as a model of democracy but as relying solely on brute force, cobbling coalitions together under the slogan “you’re either with us or against us.”*

Este es un punto importante de su argumentación porque es la percepción que muchos tienen, incluido los Estados Unidos. La alegría con la que David Cameron y François Hollande se sumaron a la iniciativa que ahora puede verse aparcada es una muestra de esa ligereza contagiosa en la que los gobernantes ponen toda su energía en convencer de la necesidad de una guerra en vez de invertir la misma energía en evitarla. Los conflictos crecen porque se dejan crecer y lo hacen hasta límites insostenibles. En mi opinión, la presunta tecnología armamentística "segura" es un aliciente doble para el belicismo, pues se fundamenta en la ausencia de riesgo en las intervenciones. La proliferación de la política de "drones", por ejemplo, crea la ilusión de que no supone riesgo para quienes la utilizan, que es un aliciente más en la medida en que relaja las defensas psicológicas preventivas de cualquier guerra, el sufrimiento y la muerte. En términos de economía, reduce el "riesgo moral", por lo que anima a lanzarse aventuras militares que se presentan como de bajo o mínimo riesgo.

La insistencia del presidente Obama en que se trataba de una "operación limpia" y sin riesgos, sin tocar el suelo, parece vencer las resistencias, reduciendo la guerra a una especie de videojuego. Nada más lejos de la realidad. Esa es la parte de profunda hipocresía y gran inmoralidad del planteamiento de Barack Obama, el presentar la intervención militar como "cuestión de unos días" y como "segura", omitiendo los riesgos que para los propios Estados Unidos y sus reclutados tiene además de para los que la sufran directamente. Que no se enfrenten a un ejército regular, que mande una armada como los propios Estados Unidos o Reino Unido cada vez que alguien le toca una isla o peñón, no significa que el enemigo, difuso e inesperado —como en el atentado reciente en Boston—, no golpee allí donde puede y con lo que puede, bombas caseras, aviones comerciales o gas tóxico. El 11 de septiembre se conmemoró hace unos días. La posibilidad, además, de que esa tecnología de "guerra segura" sea un gigantesco negocio que busque la salida del "producto" no debe ser ignorada. Y en eso están muchos países que fabrican armas para otros y luego se rasgan las pacíficas vestiduras. Nos incluimos nosotros como productores y vendedores.
Para el final de la carta, Vladimir Putin crea un espectacular juego de luces y artificios como el mensaje requiere:

A new opportunity to avoid military action has emerged in the past few days. The United States, Russia and all members of the international community must take advantage of the Syrian government’s willingness to place its chemical arsenal under international control for subsequent destruction. Judging by the statements of President Obama, the United States sees this as an alternative to military action.
I welcome the president’s interest in continuing the dialogue with Russia on Syria. We must work together to keep this hope alive, as we agreed to at the Group of 8 meeting in Lough Erne in Northern Ireland in June, and steer the discussion back toward negotiations.
If we can avoid force against Syria, this will improve the atmosphere in international affairs and strengthen mutual trust. It will be our shared success and open the door to cooperation on other critical issues.

Putin hace ver —esto también es una jugada retórica— que el "ofrecimiento" de los Estados Unidos es aceptable y una puerta al futuro. En lugar de intentar presentar la propuesta como un éxito propio, Putin —más sutil— va más allá y lo muestra como aceptación de una propuesta de la administración norteamericana, elevando el desliz de Kerry en la rueda de prensa al nivel de iniciativa oficial. De ahí la rápida aceptación y la orquestación de un marco por parte de todos, amigos y enemigos, que vieron la puerta abierta a una salida que les permitiera no tener que sumarse a otra aventura bélica americana.


¿Está justificado el escepticismo de algunos? Esa no es la cuestión. Lo realmente importante es que Rusia ha movido ficha y que los que dependen de ella lo saben. Al Assad está más controlado por Rusia que Israel, por ejemplo, por Estados Unidos, que está secuestrado por su protegido en sus decisiones. ¿El peligro del yihadismo terrorista puede ser frenado en algunas zonas? No lo sabemos, pero la perspectiva de que no quedarán muchos paraguas bajo los que esconderse al poder funcionar la política de vetos de forma más coordinada siempre sería más efectiva que esta de enfrentamiento. El que desobedezca las instrucciones puede enfrentarse a que los poderosos dejen de ampararlos con sus vetos. Es la estrategia del miedo pero aplicada a los socios problemáticos.

¿Qué saca Putin de esto? Muchas cosas, dentro y fuera de Rusia. El creciente deterioro de las relaciones con otros países ha hecho que ahora le deban un favor; ha mostrado, por la rápida aceptación de Siria del plan propuesto, quién manda en ese punto del globo y a quién se escucha. Putin es listo y sabe que eso no será suficiente si la guerra sigue de masacre en masacre, "aunque" sea con armas convencionales. Quizá no tardemos mucho en ver una iniciativa de paz liderada por Rusia en la que una facción de los opositores y el gobierno se acepten como interlocutores hacia un rápido futuro posible. De esa forma, Al Asad y una parte de la oposición que no quiere ser identificada con el integrismo terrorista, trataría de salvar los papeles buscando una salida. Y Rusia tendría una demostración de que su forma de entender la diplomacia funciona. La presión sobre los conflictos que la propia Rusia tiene —no es ni un modelo de pacifismo ni de democracia— podría relajarse también. Y saldría igualmente reforzado en el interior por su papel internacional y podría avanzar en su política de construcción de la comunidad euroasiática, que verían en Rusia un liderazgo sólido.
El último párrafo de la carta es sorprendente en términos de comunicación histórica entre ambas potencias:

My working and personal relationship with President Obama is marked by growing trust. I appreciate this. I carefully studied his address to the nation on Tuesday. And I would rather disagree with a case he made on American exceptionalism, stating that the United States’ policy is “what makes America different. It’s what makes us exceptional.” It is extremely dangerous to encourage people to see themselves as exceptional, whatever the motivation. There are big countries and small countries, rich and poor, those with long democratic traditions and those still finding their way to democracy. Their policies differ, too. We are all different, but when we ask for the Lord’s blessings, we must not forget that God created us equal.

Podemos suscribir el principio sobre el que gira: no es bueno decir a los pueblos que son excepcionales. Es un principio sensato que suele ser ignorado con demasiada frecuencia y que los lanza a aventuras peligrosas y a egocentrismos mesiánicos indeseables para los demás. Decíamos hace días que Estados Unidos tenía un grave problema por la distancia existente entre la imagen que tiene de sí mismo y la que los demás, amigos o enemigos, tienen de él. Hay multitud de obras, muchas de autores norteamericanos, que analizan esa distancia existente entre ambas imágenes, la idealizada propia y la mirada externa. Los escándalos del espionaje deberían mostrar a los Estados Unidos tiene que cambiar muchas cosas no ya con sus rivales, sino con sus propios aliados.

El día ocho de septiembre terminábamos irónicamente nuestro comentario con el "In God we trust" tratando de señalar precisamente el peligro de esa excepcionalidad en el papel que uno se asigna. La frase final de la carta de Vladimir Putin — "We are all different, but when we ask for the Lord’s blessings, we must not forget that God created us equal"— viene a incidir en el mismo punto. Viniendo de la Santa Rusia y de la ex Unión Soviética, no falta experiencia en esto del mesianismo y sus consecuencias.
Cualquier vía que permita resolver el conflicto será buena si consigue reducir el riesgo para todos y llevar algún tipo de paz, algo que se le parezca, para evitar más sufrimientos. El escepticismo de los políticos norteamericanos es una actitud defensiva ante algo que ha sacudido los cimientos de la vida política norteamericana al dejar en evidencia cierto tipo de actitudes y de liderazgo interior —Barack Obama, su presidente y comandante en jefe— y exterior —la crisis de los aliados y su división ante la intervención—. Está claro que el mundo necesita liderazgos para bien y cuanto menos protagonismo mejor. Hay que recomponer el mapa dinámico del siglo en nuestras cabezas; ya no coincide con la realidad. Si la cosa funciona, pues muy bien... El tiempo nos lo dirá. Hoy las guerras traen crisis y las crisis revueltas y las revueltas más crisis y guerras. Eso sí está demostrado.
Y esto es lo que Vladimir Putin —como aclara The New York Times, "Vladimir V. Putin is the president of Russia "— tenía que contarle al pueblo de los Estados Unidos y a sus dirigentes. Y yo a los que han tenido la paciencia de leer hasta aquí.


* "A Plea for Caution From Russia. What Putin Has to Say to Americans About Syria" The New York Times 11/09/2013 http://www.nytimes.com/2013/09/12/opinion/putin-plea-for-caution-from-russia-on-syria.html?src=me&ref=general





jueves, 12 de septiembre de 2013

El desengaño

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El presidente Obama debe llevar unos días preguntándose por qué ha pasado de ser considerado un adalid de la paz —con Nobel incluido— o de ser aplaudido en el fenomenal auditorio de la Universidad de El Cairo por los asistentes antes de la Revoluciones primaverales, a tenérsele por belicista en medio mundo y a verse manifestaciones en las calles de Egipto con pancartas en las que se le muestra disfrazado de Bin Laden. Pero no hay que irse tan lejos. Una cadena de televisión preguntaba a los ciudadanos, en pleno centro de Nueva York, su opinión sobre la crisis siria. Aunque no tenga valor estadístico o probatorio alguno, los ciudadanos manifestaban su incomodidad con las decisiones de su presidente: "He votado al presidente Obama, le apoyo en muchas cosas, pero en esto no puedo hacerlo. No estoy de acuerdo", decía uno de ellos. Es más o menos lo que vienen a decir las encuestas. Obama se ha equivocado, coinciden en señalar.
La pregunta es: ¿por qué ha llegado Barack Obama a esta situación? ¿Cómo se ha producido etsa inversión en su valoración perceptiva cuando —aparentemente al menos— se trata de una causa como la de evitar que se gasee a la población?


El agua de la lluvia cae repartida pero luego corre canalizada; las gotas del descontento acaban formando torrentes de frustración. Al final de la primera legislatura, las voces —unas más discretas que otras— de los que se sentían desengañados con el presidente al que habían votado coincidían casi todas en lo mismo: no se cumplen nuestras expectativas, no hay cambio real. En la primera legislatura el desengaño se centró en la economía. Había mucho deseo de ejemplaridad contra la clase financiera que había desencadenado la crisis que sacudió al mundo entero desde el centro de Wall Street. 

"¡Esto no es Wall Street! —dice un diablo en la serie televisiva "Sobrenatural"—"Esto es el infierno y aquí tenemos integridad". Más allá del chiste, está la indignación popular de la que es reflejo. Sin embargo, pronto se vio que Obama no solo no metía a ningún banquero en la cárcel sino que mantenía a los responsables de la política financiera —los que habían fallado en el control y supervisión permitiendo desastres y corrupción financiera— en los mismos puestos. Eso no sentó nada bien y comenzaron a levantarse voces críticas, algunas muy cualificadas en el mundo de la Economía, señalando que los responsables saldrían de rositas, lo que implicaba que estarían preparando la siguiente felicitándose por haber salido indemnes del desastre que provocaron con su codicia y desvergüenza financiera. El famoso riesgo moral —el que las acciones económicas erróneas no se vean penalizadas— quedó en nada. Habían actuado impunemente burlando las normas y nadie pisó la cárcel. Y la gente responsabilizó al presidente que habían elegido para meterlos en cintura.
Esa debilidad que algunos entrevieron se vio ampliada con las penosas negociaciones presupuestarias entre los dos partidos, llevando de nuevo al límite del estancamiento y el caos a Estados Unidos y, por sus efectos, al resto de los países que verían sacudidas sus economías. También entonces el presidente Obama recurrió a la estrategia de líneas rojas y ultimátum apocalíptico. El enfrentamiento con los proyectos de salud pública también se convirtieron en campañas en su contra y en cesiones negociadas a otras propuestas que se alejaban de las promesas en su segundo mandato. El programa de salud, conocido como "Obamacare", supuso un tremendo desgaste y fue calificado por un político norteamericano como "un choque de trenes", en referencia a los intereses multimillonarios de la compañías de seguros, farmacéuticas, etc. con los que se enfrentaba.



La gente parece haber descubierto que Barack Obama se encuentra con demasiada frecuencia en situaciones límite, ante fechas clave en las que el estómago se encoge ante la perspectiva de terribles situaciones, tal como ocurrió con las negociaciones presupuestarias.
El camino de un presidente estadounidense en una segunda legislatura, sin posibilidad de una tercera, no suele ser muy cómodo si no ha tenido una primera excesivamente sólida. Los republicanos han golpeado sin piedad en cuanto que han tenido ocasión y los demócratas se vuelven calculadores antes las perspectivas futuras, desmarcándose o preparando sus mochilas para el siguiente viaje hacia el poder.

Ante esta perspectiva de debilidad y falta de apoyos, ocurre la crisis de las primaveras árabes en la que Estados Unidos se enfrenta de dejar abandonados a viejos "compañeros de viaje", como Mubarak en Egipto, o a intervenir militarmente en Libia en donde, hace un año, fue asesinado el embajador de los Estados Unidos, Christopher Stevens, junto a otros miembros del personal de la legación, algo que hoy mismo le recuerdan. Extraña forma de establecer vínculos con los que se han movilizado para liberarte.
El papel de los Estados Unidos en la zona se ha visto mermado por la increíblemente torpe estrategia desarrollada ante el apoyo a los gobiernos islamistas políticos surgidos tras la primavera árabe, en una incomprensión del desarrollo previsible de los fenómenos y sus consecuencias. Hoy Oriente Medio es un polvorín recorrido por grupos terroristas de diverso pelaje que se desplazan de un lugar a otro interviniendo donde pueden crear el caos, por Siria, Egipto, Líbano o Libia. Las calles de las ciudades de varios países se llenan de manifestaciones antiamericanas por unos motivos u otros. La presión interna y externa aumenta.


La crisis siria es una muestra más del pésimo asesoramiento político de Barack Obama. La salida de Hillary Clinton de la Casa Blanca —y para muchos próxima candidata a ella— parece haber tenido efectos secundarios. Clinton se ha sentido forzada a intervenir en apoyo del presidente tras la iniciativa rusa sobre Siria. Como ha señalado con agudeza The Washington Post, «Until Monday, Clinton had not commented publicly on an alleged Aug. 21 chemical weapons attack that U.S. officials say Assad carried out. »* Los apoyos llegan cuando ya la crisis está en un tono distinto. Bill Clinton, señalan también, no se ha manifestado hasta el momento. 
Con toda esta crisis, la figura de Barack Obama ha entrado en un vía dolorosa. Las facturas que deberá pagar son muy amplias. Se le responsabiliza del deterioro del liderazgo americano, que algunos entienden en un papel de gendarme del mundo antes que de otro tipo. Entienden que muchos de los conflictos abiertos lo son por la debilidad manifestada.


Siria es solo una parte. Los aliados a los que se les ha pedido apoyo en Siria, siguen con la fractura del espionaje masivo o selectivo, como es el escándalo del espionaje a la presidenta de Brasil, que ha dicho que suspende su visita a Estados Unidos hasta que se le den explicaciones satisfactorias. Las "explicaciones" dadas hasta el momento por el espionaje a los amigos y aliados han sido ridículas y han irritado a casi todos los amigos, que han visto en ello una política poco leal y que les obliga, por sus propios ciudadanos, a protestar por ser espiados. El argumento es que Estados Unidos vela por sus intereses, argumento que podrían volverse contra los Estados Unidos por parte de cualquier terrorista. ¿Solo los Estados Unidos tienen intereses que justifican cualquier acción dónde sea y con quién sea? Este argumento se sostiene solo en la fuerza y no en otro tipo de liderazgo, algo que siempre traerá problemas y, desde luego, pocas simpatías. 

El conflicto sirio ha causado una aceleración del deterioro de la figura de Obama dentro y fuera de los Estados Unidos. Ha dado argumentos a los republicanos para la próxima legislatura y no atraerá muchos apoyos internacionales ante la presión de Rusia y China por jugar un papel de liderazgo mayor y enfrentarse al papel solista de árbitro mundial.
La "jugada risa" en Siria ha dejado en evidencia la falta de cintura de la política norteamericana. Los hay que opinan que Obama trató de lanzar un órdago que reafirmara su liderazgo amparándose en la intervención militar; los habrá que piensen, en cambio, que se vio entrampado en sus propias palabras arrastrando a los Estados Unidos a una posible guerra que nadie quería ni quiere.
La evolución de la guerra civil Siria, pues de eso se trata, ha sido más o menos previsible, pero nunca estuvo clara. El informa de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, hecha pública hoy, es otro golpe a Barack Obama, pues acusa a amabas partes de "crímenes inimaginables", impidiendo establecer un universo maniqueo. Al Asad es un dictador cruel que ha arrastrado a su país a una guerra, de eso no hay duda, pero la ONU advierte que los rebeldes que luchan allí ya no son unos simples civiles, víctimas de un dictador. El informe presentado acusa de "crímenes contra la Humanidad" a Basar Al Asad y de "crímenes de guerra" a los rebeldes.


Ante esta perspectiva, las palabras de Obama sobre la intervención militar ante el uso de armas químicas, un año después, tienen un sentido diferente. Por eso han sido consideradas un desliz, algo que no se tenía que haber dicho nunca porque el presidente de los Estados Unidos puede ser el hombre más poderoso del planeta, pero no tiene el don de la videncia, especialmente en escenarios muy oscuros como el sirio. El temor a estar ayudando a grupos como Al Qaeda a hacerse con el poder en Siria es un serio obstáculo para la intervención norteamericana —y de los demás— y que ha sido puesto sobre la mesa por políticos de distinto signo. Nos gustaría que las guerras estuvieran tan claras como las películas bélicas, pero suelen tener malos guionistas.
A los problemas vistos, hay que añadir el ascenso del papel de Rusia, que ha estado tras las bambalinas y que aparece ahora en un papel de supervisor del proceso que Estados Unidos pierde. Un comentarista político norteamericano califica esta misma mañana de "chiste político" que Rusia —que ha estado entregando las armas a Al Asad— supervisara su arsenal de armas química. Sí, la Historia también tiene lugar para chistes, de mejor y de peor gusto.

El hecho de que la mayoría de los países haya visto el cielo abierto con la fórmula rusa para salir del atolladero y que esta provenga de un "desliz" de John Kerry, no ha gustado mucho a algunos políticos norteamericanos, pero es preferible a una ampliación, imprevisible en sus consecuencias, del conflicto. La guerra siria caerá del lado que caiga, pero no puede ser el detonante de una locura mayor. La mayoría de los estadounidenses ha comprendido que, ocurra lo que ocurra, su intervención en el conflicto no les traerá nada bueno y sí el riesgo de muchos problemas.
Obama podía haber tomado la vía de los refugiados. Señalar que el conflicto sirio había entrado en una vía muerta, pasarle la responsabilidad moral a Rusia por su apoyo militar a un régimen genocida y haber jugado un papel solidario en favor de las víctimas. Pero eso, parece ser, no va con la idea de que el liderazgo mundial se basa en la fuerza.
Quizá el desengaño resida en esta último punto, en las esperanzas puestas en que el mundo podía funcionar de otra manera. Lo que se ha visto es que los esfuerzos se ponían más en la "justificación moral" de una intervención militar antes que en evitarla. Los argumentos, claro, no han convencido a nadie. No sé cómo juzgará la Historia a Barack Obama, pero su presente está siendo complicado.


* "Hillary Clinton backs Obama on Syria strike" The Washington Post 9/09/2013 http://www.washingtonpost.com/politics/hillary-clinton-backs-obama-on-syria-strikes/2013/09/09/f697ecc6-196f-11e3-a628-7e6dde8f889d_story.html

 


martes, 10 de septiembre de 2013

Pax rusa (episodio I)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Puede que algún día John Kerry escriba sus memorias y su editor le sugiera el título de "¿En qué estaría yo pensando?", aunque quizá pierda algo en inglés. En ella los lectores tratarán de ir directamente al capítulo titulado "El otro desliz" en el que Kerry no termine de aclarar si realmente el suyo fue un desliz-desliz, solo un desliz o un aparente desliz para intentar salir del callejón en que su Comandante en Jefe había metido a todos.
Nos cuenta el diario El País:

Siria aprueba la propuesta de Rusia de poner sus arsenales de armas químicas bajo control internacional, según dijo el jefe de la diplomacia de Damasco Walid Muallem, ayer en Moscú. El ministro se había entrevistado antes con su colega ruso Serguéi Lavrov, quien, con un hábil gesto, supo transformar una frase retórica del secretario de Estado norteamericano John Kerry en una iniciativa en toda regla destinada a evitar un ataque militar norteamericano sobre Siria.*


Tras el desliz o patinazo verbal que marcó el comienzo de este lío en el momento en que a Barack Obama (ese hombre de corazón y boca grandes) le dio por hacer metáforas cubistas hablando de líneas y colores, llega ahora otro momento calificado así, el de John Kerry, con la idea de que no se vería mal que Siria se dejara controlar el arsenal químico. La idea prospera y actúa como si de un airbag se tratará tras una frenada en seco. Hasta se han suspendido las votaciones decisivas de hoy y Obama apenas tienes unas horas para encajar el golpe agridulce que supone la maniobra rusa y dirigirse hoy a la nación presentando una gran victoria. Pero muchos americanos moverán hoy la cabeza ante el televisor.
Obama había desplazado el "problema sirio" y creado un "problema americano": cómo convencerlos de no meter a todos en una guerra que nadie quería, incluido el Pentágono. Ahora todo pasa a ser un "solución rusa" que deja en evidencia el modelo y actuación estadounidenses. Y no tendrán más remedio que entenderlo y aceptarlo.


La crisis —obsesionados como están todos con el recuerdo de Irak y Afganistán— se parece en cambio más a la de los misiles cubanos, una especie de reedición con armas químicas con Al Asad en el papel de Fidel. Cuba sigue ahí, maltrecha, pero ahí.
Mientras Obama daba entrevistas (seis medios en un día) diciendo que la CIA le había confirmado que los vídeos de YouTube son auténticos y hacía giras promocionales de su plan, los rusos jugaba a otra cosa. Putin ha dejado que los norteamericanos se empantanen, comprometan, presionen, se dividan..., siembren recelos entre los aliados a regañadientes, mendigando un poco de apoyo, como el que pasa el cesto en misa de doce. A Putin le ha bastado esperar a que la presión fuera insostenible en el puchero americano para darles una salida en la que se presenta como pacificador mundial.
¡Con qué cara habrán escuchado Obama, Kerry y los políticos y ciudadanos norteamericanos estas palabras del Ministro sirio¡:

"Siria acoge positivamente la iniciativa rusa en nombre de la preocupación de los dirigentes sirios por la vida de nuestros ciudadanos y la seguridad de nuestro país", dijo Muallem, que elogió la "sabiduría de los dirigentes rusos que intentan evitar la agresión norteamericana contra nuestro pueblo".*


Rusia, que es quien ha servido de protección a Siria, decide —cuando la hora se acerca— dar un giro, servido en bandeja por el desliz de Kerry, y aceptar esa vía que —en el peor de los casos— obliga a parar la maquinaria para "dar una oportunidad a la paz", como ya ha señalado Obama al decir inmediatamente que está a favor de cualquier "solución pacífica" del problema. Con eso desplaza los argumentos de la "defensa de la paz y la conciencia mundiales" de los norteamericanos a Rusia que se convierte —siempre lo ha sido— en el dueño de la situación.

Han jugado con ellos y lo seguirán haciendo en un sentido u otro. Hasta el Papa Francisco, que tiene la obligación de ser ingenuo, pensaba que aquí se trataba de vender armas. Pero Rusia ya las tiene todas vendidas y ahora se las quitan de las manos. Ha demostrado que protege a sus clientes y amigos. Rusia está haciendo cartera.
También han conseguido demostrar al mundo hasta dónde puede llegar el liderazgo americano, sus límites: hasta el borde de un desastre que han visto en primera fila los políticos americanos, Cameron y el parlamento inglés, Francia, Israel, etc. Los aliados occidentales de Estados Unidos se sentirán un poco más relajados ante un liderazgo que desde que desaparecieron los "bloques" les tiene metidos en pequeñas pero molestas guerras cuando ellos lo que quieren es comprar y vender, sin más, aunque solo sean armas.
Habrá efectos interesantes en otros ámbitos. Rusia está creando su propia "comunidad" dirigida hacia Asia y al cinturón de países que dudan si son de un lado o de otro. El caso más reciente se ha dado estos días con Armenia que, ante el creciente deterioro de Europa, ha decidido pasarse al lado euroasiático abandonando su sueño "europeo". Ya está en brazos de Putin en una elección que a muchos parecería incomprensible, pero que se entiende cada vez mejor.


Rusia ha demostrado al mundo que vale más ser un maquiavélico confeso al que le debes la paz, que ser un idealista carente de pragmatismo al que le debes la guerra. Putin, el que mete en la cárcel a las Pussy Riot por pedir a la Virgen que libre a Rusia de su mano; Putin, el que lanza a sus huestes ultranacionalistas repeladas a apalear gays por las calles; Putin, al que sus enemigos se le mueren por polonio; Putin, cuyos sus rivales políticos son incapaces de hacer su declaración de la renta bien y acaban en el trullo acusados de fraude, estafa, etc.; Putin, el que no sabe qué hacer con tantos votos que le sobran y los acaba metiendo en las urnas por no llenar las calles de papeles; el Putin que cabalga, caza osos, guía gansos desde un ala delta y luce su torso desnudo por las estepas gélidas desafiando al resfriado... sí, ese Vladimir Putin, es el que quedará como quien frenó la posibilidad de un desastre en cadena simplemente con una llamada a cobro revertido.


Es tal el impacto del golpe que Estados Unidos ha tenido que hablar inicialmente de "escepticismo" con el ingenuo argumento lógico de "cómo se va a controlar por la comunidad internacional un arsenal químico que 'no existe' oficialmente, según Al Asad". Olvida Estados Unidos que ellos realizaron una guerra completa por una "armas que tampoco existían". No se debe mencionar la soga... La simple posibilidad de que se pueda "controlar" algo que "no existe" es más factible y económico que llevar un ejército al otro lado del mundo para encontrar armas inexistentes que has jurado ver con esos ojitos y cuyas fotografías eres capaz de mostrar y explicar al mundo, aunque luego no encuentres nada.

¿Por qué hay que explicarle cada cierto tiempo a los Estados Unidos que son ellos mismos lo que arruinaron su credibilidad; por qué decirles que están obligados a dar el doble de explicaciones —aunque sea sobre vídeos de YouTube— y que no se pueden permitir dudar de los demás? ¿Por qué hay que explicarlo? ¿Por qué hay que decirles que a los amigos les molesta ser espiados y cosas así?
Todos se lanzarán a apoyar la iniciativa rusa con tal de no meterse en una guerra que nadie quiere, con lo que —a menos que ocurriera otro ataque con gases tóxicos, que sería ya muy sospechoso— todos bendecirán a Vladimir Putin como apóstol de la Paz y le propondrán para el Nobel, algo que sin duda se merecerá a los ojos del mundo, al que le gusta recordar solo lo agradable.
La corresponsal de CNN en Moscú respondía, hace apenas unos minutos, a las preguntas de su sorprendido compañero desde su central calificando el papel de Putin de "deus ex maquina". Rusia ha sido algo más que el deus ex maquina: ha sido el guionista, el decorador y el director de reparto de esta extraña obra de la que todo el mundo debe sacar unas rápidas conclusiones.


Al tomar Rusia las riendas del asunto, tal como ha manifestado, es más que probable que todo se solucione rápidamente, Debemos entender que esto implica algo importante al dejar en evidencia la hipocresía de las líneas rojas: Ahora Basar Al Asad tiene las bendiciones de la comunidad internacional para poder seguir su guerra "convencional", ya que el compromiso alcanzado, de seguir, implicará que nadie intervendrá si no se usan armas químicas, siguiendo la "doctrina Obama" de la guerra. Si Basar Al Asad las usó, que es lo más probable, le ha salido doblemente rentable —ha demostrado a sus enemigos hasta dónde es capaz de llegar— y les ha dejado claro a los sirios resistentes que no han contado ni van a contar con mucha más ayuda de la conseguida hasta el momento. Es más, muchos estarán deseando que se termine de una vez este conflicto empantanado y evitar riesgos futuros. ¿Que gana Al Asad? ¡Pues peor para ellos!
Rusia ha mostrado su astucia y poder ante los aliados y amigos; Obama, en cambio, su debilidad, algo que los políticos norteamericanos no le van a perdonar en lo que le queda de vida política. El presidente está vendiendo ya este fiasco como una victoria de la presión norteamericana sobre los "malos". Quiere ser Kennedy. Lo que ha conseguido en realidad es dejar las cosas como estaban, bendecir lo que Al Asad pueda hacer en el futuro, y mostrar que se puede llevar al mundo al límite tras unas palabras que se escapan.
Al final se tiene que envolver en papel dorado el pragmatismo. Rusia no va a permitir que Al Asad le deje en evidencia. Ya se encargará Vladimir Putin de encontrar el recurso adecuado para que se cumpla a rajatabla este primer compromiso de la Pax Rusa.




*Siria abraza la propuesta rusa para desactivar un ataque internacional" El País  9/09/2013 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/09/actualidad/1378749132_247125.html






lunes, 9 de septiembre de 2013

Nuestros valores, nuestras imágenes, nuestras razones

Joaquín Mª Aguirre
Da la impresión de que nadie es responsable de lo que ocurre en cualquier punto del planeta. En un mundo lleno de cámaras y testigos, saturado de medios de comunicación y de voluntariosos voluntarios que cuelgan cada día millones de imágenes y vídeos, lo que ha arraigado es la duda. El resultado es que nadie se cree ya nada. Nos hemos vuelto todos escépticos de lo ajeno mientras que, por el contrario, exigimos a los demás la adhesión inmediata a nuestras propuestas, que nos parecen absolutamente evidentes, innegables. Los demás nos aplican, claro, el mismo rasero.
El mundo se ha vuelto escéptico no por un exceso de meticulosidad sino por un exceso de información contradictoria: somos incapaces de decidir sobre lo que es verdadero o falso de forma racional. La televisión rusa afirma hoy en su web que los vídeos de las consecuencias de los ataques con armas químicas están rodados en el 'Hollywood catarí". La opinión de un periodista sirio entrevistado por medios rusos ayuda a sembrar el desconcierto:

El año pasado se dio a conocer, según datos de la agencia siria Sana, que una empresa catarí especializada en la construcción de decorados de cine creó en las afueras de la capital, Doha, copias de calles, plazas y edificios de las ciudades de Damasco, Alepo y Latakia.
La agencia publicó en aquel entonces que, con la ayuda de estos decorados y de actores vestidos con uniformes militares sirios, canales de noticias árabes y occidentales hostiles al Gobierno de Bashar al Assad iniciaron una nueva ofensiva en la guerra de información con el fin de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de intervenir militarmente en el conflicto sirio.*


En un mundo en el que la gente cree que les engañaron con la llegada a la Luna o que la gente se bombardea a sí misma, todo es posible. ¿Es el mundo un decorado; todos somos Truman?
La prensa egipcia avisaba ayer de la detención del responsable de una empresa de ropas especiales y uniformes para policía y militares porque se estaba fabricando material sin control de adónde iba. También allí se discute sobre la veracidad de sus propios videos, sobre si son reales o montajes. También allí se preguntan porque ciertos muertos llevan abrigo en verano o porque alguien muere varias veces, según la fotos publicadas o por qué un mártir de una sentada pro Morsi se manifestaba unos días antes con su familia contra Morsi. ¿Existe un mundo doble poblado por actores entremezclados con las personas que son las que dicen ser? ¿Existe otra Siria en  Qatar? ¿Todos los muertos son del mismo lado? Con sembrar la duda es suficiente.


El abandono de la racionalidad decisoria, por aburrimiento analítico —no llegamos a consecuencias claras y nos bloqueamos—, hace que finalmente, sean los argumentos emocionales los que busquen nuestra adhesión en un intenso crescendo que sustituye al diálogo. Pero nada más fácil que manipular los sentimientos. Y en eso están todos. Se busca conmover y nuestras saturadas sensibilidades necesitan ya dosis dobles para escandalizarse u horrorizarse ante algo.
Barack Obama y John Kerry van a dejar de dar argumentos para provocar sentimientos al centrar su campaña para la consecución de apoyos a su decisión en los vídeos en los que se ve a las víctimas mortales de los gases usados en Siria. El diario El Mundo señalaba ayer:

La Casa Blanca mostró a los miembros del Congreso 13 vídeos en los que podía verse a niños moribundos y a otras víctimas del gas sarín con el que el régimen de Asad atacó a los rebeldes el pasado 21 de agosto. Una senadora demócrata decidió hacerlos públicos este sábado en la web de su comisión.
Dianne Feinstein, presidenta del comité de Inteligencia del Senado, explicó que la Administración Obama mostró los vídeos, disponibles antes en YouTube, pero cuya autenticidad ha sido confirmada ahora por la CIA. Según la información recabada por Estados Unidos, 1.429 personas fueron asesinadas en el ataque del día 21, entre ellas más de 400 niños. Los cuerpos no muestran signos de heridas ni sangre.
"En estos vídeos se puede ver seres humanos -padres, niños- muertos de una manera que nadie puede aceptar (...) No lo aceptamos, no son nuestros valores", subrayó.**


No sé cuál es la muerte "aceptable" o la que no choca con nuestros "valores". La racionalidad trataría de evitarlas; la emocionalidad reacciona a posteriori.
Al contrario de lo que opinan muchos, no discuto las imágenes, ni su origen ni la crueldad de lo que muestran ni la responsabilidad de a quien se atribuyen, de si están hechas en Damasco o en el Pseudodamasco de Qatar. Creo que es otra la cuestión. Discuto un método que espera a que eso ocurra para actuar. Hemos pasado de la "guerra preventiva" —que nos permite atacar antes de que nos ataquen— a la "guerra punitiva", la que espera a que se llegue al extremo de la crueldad, a pasar las líneas rojas, para actuar porque entonces —y solo entonces— se exhiben "nuestros valores". ¿Son las políticas de líneas rojas nuestros "valores"?

Si la comunidad internacional, a la que se busca conmover hoy, hubiera actuado como debiera, puede que hoy no tuviéramos que mostrar esos vídeos y muchos de esos niños probablemente no estarían muertos.
La extrema situación a la que nos enfrentamos hoy es hija bastarda del cinismo y la hipocresía de "nuestros valores", que han necesitado de esas 1.400 muertes para decidir que Basar Al Asad era un dictador cruel que fue incapaz de negociar una salida a las demandas de su pueblo en su momento. No se discutió demasiado; quedaba fuera del ámbito de "nuestros valores", porque era "asunto ruso", porque era "zona peligrosa" para Israel, porque era un "amigo iraní", porque "no estaba claro" quién luchaba allí y todas esas otras poderosas razones que encajan bien con "nuestros valores" y fomentaban nuestra distancia del problema sirio. Hoy interesa sumergirnos, ahogarnos emocionalmente en él.
La televisión rusa mostraba esta misma mañana los gráficos estadísticos de la oposición a la intervención militar en Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y, por supuesto, los Estados Unidos. Todos eran negativos para la intervención. Contra la emocionalidad de las imágenes —¡recogidas de Youtube y avaladas por la CIA!—, la frialdad de los gráficos, aunque estos tengan su componente emocional. Las cifras oscilaban, cito de memoria, entre un 56% y un 80%, según los países. No sé si las encuestas son verdaderas, son falsas y han sido realizadas en alguna ciudad duplicada en algún remoto y escondido lugar del globo. No sé si una masiva presentación mundial de vídeos cambiaría los resultados. El Mundo señala que hay otra remesa de imágenes preparadas por si fallan las primeras.


Ninguna imagen aporta una sola conclusión sobre las consecuencias de la intervención. Todas nos muestran la crueldad y tratan de movilizarnos en nuestros deseos de justificar la intervención. Pero se trata de hacer aceptar una estrategia mal definida, sin análisis de las consecuencias, que elimina cualquier pregunta sobre qué ocurrirá el día después. Eso es lo que le están preguntando todos y que Barack Obama y John Kerry no saben o no quieren responder.

El hecho de que las imágenes sean verdaderas no implica que la solución escogida sea buena, no la convierte en inteligente. Eso es un razonamiento perverso, un silogismo mal construido, que muestra lo desatinado de enfocar la guerra siria desde el principio. Aplicar a la política internacional, a una situación tan grave de conflicto, ese principio facilón de la autoayuda de "es mejor arrepentirse de hacer que de no haber hecho" es un grave error porque la Historia no funciona así y, si me apuran, tampoco la vida personal. El hacer irreflexivo puede ser tan malo como el no hacer. La comunidad internacional es tan responsable por "no hacer" antes, como por lo que pueda hacer ahora.
Ayer incluíamos una caricatura especialmente reveladora en su sencillez. Nos muestra a un Barack Obama pintando líneas rojas a su alrededor hasta quedan atrapado en ellas. Creo que es una acertada metáfora visual que nos muestra esa parte del problema, la firmeza a destiempo.



* ""El vídeo del ataque químico en Damasco se filmó en el 'Hollywood' catarí"Rusia Televisión (RT) 8/09/2013  http://actualidad.rt.com/actualidad/view/105020-video-ataque-quimico-siria-qatar
 ** "Kerry confía en convencer al Congreso con los vídeos de víctimas: 'No se puede aceptar'" El Mundo 8/09/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/08/internacional/1378666155.html?a=KPNb409ded0c96c5c684a99a21d9e759c7d&t=1378704134&numero=