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jueves, 16 de junio de 2022

Mentiras exitosas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces la colocación de las noticias en los medios te acaba descolocando a ti. Me refiero al no trivial problema de colocar cada acontecimiento o tema en el lugar más acorde. Al fin y al cabo, un periódico es un sistema de clasificación del mundo, una forma de "orden" desde unos valores específicos.

Me ha llamado la atención que La Vanguardia clasifique un artículo dentro de algo muy amplio llamado "Life Style" y con el añadido "parenting", todo muy inglés y vanguardista, para colocar un problema: "Cómo educar a los niños en un mundo de mentirosos de éxito", firmado por Eva Millet. La cuestión no deja de ser un tema trascendente al partir de una premisa: en nuestro mundo, los mentirosos triunfan. Esto conlleva un segundo elemento igualmente trascendente: el éxito es un modelo que se imita. Nada hay más estimulante en nuestra sociedad que el éxito y si este se consigue mintiendo, la mentira pasa a ser una herramienta usada.

Las sociedades de la verdad han dejado paso a la mentira exitosa. Solo se sanciona, como siempre, al que fracasa ya sea con la mentira o con la verdad. Un mentiroso patológico puede llegar a presidente de los Estados Unidos. ¿Cómo vamos a negarnos a reconocer el valor de algo que nos lleva tan lejos? El hecho de que Trump siga sosteniendo la mentira de que le robaron las elecciones, pese a que hasta la familia y los colaboradores no se atrevan a seguir afirmándolo y traten de defenderse señalando que se lo advirtieron, ya nos dice mucho sobre la mentira. Igualmente aquellos que lo creen y lo repiten son millones en el país. Los que quieran tener éxito en el Partido Republicano tienen que hace confesión pública de creer en la mentira de Trump.

Joe Biden tomó posesión de la presidencia indicando que había llegado el momento de la verdad. ¿Es "verdad" o solo una estrategia en un mundo donde se ha demostrado que las mentiras corren más que las verdades, que necesita de enormes inversiones para tratar de dejar al descubierto mentiras y más mentiras, donde los medios tratan de chequear el torrente de mentiras que nos sacude?

Rusia vive en el centro de una enorme cúpula de mentira lanzadas por su presidente, Vladimir Putin. La cadena de mentiras rusas niega que haya una guerra; decir lo contrario es arriesgarse al encarcelamiento, a las multas. En Rusia las mentiras son oficiales y dudar de ellas es un acto hostil, tras el que hay que huir lo más lejos posible.

El mundo se ha hecho orwelliano. 1984 ya no es solo la descripción de la Rusia de Stalin; es una compleja anticipación de hasta dónde han llegado sus planteamientos. Hoy ya no se trata de que el Gran Hermano te esté vigilando; se trata de que todos queremos mirar y ser mirados, dejando en casi anecdótica la vigilancia. El Gran Hermano ha sido sustituido por un Narciso cambiante y acomodado a las circunstancias de la seducción del momento.

En Egipto, Abdel Fattah El Sisi —el "dictador favorito" de Trump— pide a todos que solo se fíen de él. Solo que se afirma oficialmente es verdad por el solo hecho de ser oficial. Eso afecta a lo que se dice sobre el turismo (como el caso del crucero de Luxor en que los viajeros se contagiaron solos) o a los aviones rusos de viajeros (que estallan en el aire sin que haya terroristas que hayan burlado la seguridad) entre otras muchas cosas.

Si los políticos han hecho de la mentira su herramienta favorita, de la tergiversación, desinformación, bulos y rumores; si los medios se han tenido que proteger de la mentiras mediante sistemas de chequeo, lo que no excluye que recurran a otras formas de presentación para alcanzar el éxito comunicativo, la credibilidad, etc., la pregunta de La Vanguardia es pertinente más allá del "parenting".

La pregunta es más grave: ¿pueden padres mentirosos enseñar el valor de la verdad a sus hijos? La mentira exitosa está en todos los ámbitos y "ser padre" o "ser madre" no es algo al margen de la vida. Trump y Putin, los líderes de la mentira exitosa, son también padres, tienen hijos e hijas que han crecido con ellos. Pero si la mentira está más extendida de lo que nos atrevemos a reconocer, hay poco que hacer. Se nos ha diversificado para ser estudiad. Ahora es "post verdad", "hechos alternativos", etc., pero los efectos sociales son los mismos. Los personales en cambio, se han modificado. Ahora no siempre se señala al mentiroso, se le margina y castiga, ni se le dice que "le va a crecer la nariz";  ahora muchos son envidiados, aplaudidos, estudiados... para llegar a donde ellos han llegado.

Ayer vimos en el cierre de nuestro cinefórum la película de Fritz Lang, "M, el vampiro de Düsseldorf", una joya del cine, filmada en 1931 en la Alemania que salía de una guerra e iba camino de otra pasados unos pocos años.

La película es extraordinaria en muchos aspectos, pero sigue siendo una grandiosa reflexión sobre una sociedad enferma en la que el criminal solo necesita de un disfraz, el de persona normal. Mientras los ciudadanos viven obsesionados (son 16 años los que duró la actividad del criminal) con la posibilidad de que cualquiera sea el asesino, lo que más impresiona de la obra de Lang es algo que posteriormente sería tema de reflexión filosófica (¡de la denostada Filosofía!): la banalidad del mal, su convivencia como normalidad, convertida en una mentira. Los planos que más me impresionan en esta extraordinaria película (¡de esas que muchos rechazan porque son en blanco y negro, por ser viejas, antiguas!) son precisamente los de la normalidad, los que nos muestran al asesino avanzando por la calle junto a las víctimas. Es invisible a las miradas, los demás están ciegos, de ahí la ironía que sea precisamente un ciego real quien lo descubra.

La metáfora de la ceguera es el centro de la película de Lang. Nos dice que cuando las sociedades son incapaces de ver el mal en su interior es que este se disfraza de normalidad. La pregunta de La Vanguardia es inquietante; lo es más si pensamos que "enseñar el valor de la verdad" pasa a formar parte de la familia, considerando que lo exterior a ella puede transmitir otra cosa y si los padres deben seguir o no la línea "social" del éxito. El éxito es la vara de medir los resultados y la verdad, en cambio, no ofrece muchos alicientes, por lo que vemos. El "éxito" son esos 6 millones de euros embolsados por dos comisionistas mentirosos. ¿Merece la pena esforzarse para luego verlos con sus coches, barcos, relojes y juergas? Ya no somos la sociedad del "pobre, pero honrados". ¿Cuándo lo escuchó por última vez si es que ha llegado a escucharlo?

Nuestro mundo ha normalizado la mentira exitosa, la admira por los logros masteriales que permite. Volvamos a la pregunta real: ¿puede (o quiere) un padre mentiroso enseñar lo negativo del mal? Nuestro mundo de "imágenes" se ha convertido en un gigantesco plató mediático en el que exhibimos una imagen retocada, filtrada, seleccionada, confeccionada, asistida por los profesionales de la comunicación dedicados a estos menesteres de ajuste comunicativo con los que vencer las resistencias, seducir, convencer. Lo demás dependen del resbaladizo camino de los valores (no los de Bolsa).

Cada vez hay menos estudiante de periodistas dispuestos a estar comprometidos con la verdad y más dispuestos a ser influencers, es decir, personas que viven de decir a otros cómo deben ver el mundo desde la búsqueda de alguna rentabilidad. Quieren caminos que le permitan vivir bien, hacerse ricos

Hemos pasado del "conócete a ti mismo" al "diséñate a ti mismo"; es el signo de la modernidad. Nuestro mundo es mercado y todos somos productos que nos ofrecemos en él con fines de diverso tipo, desde la aceptación para paliar la soledad al éxito político, artístico o económico.


¿Mentiras exitosas? La mentiras son muchas, pero el éxito es de pocos. No todos llegan al Kremlin o a la Casa Blanca. No queremos escuchar voces que nos lo afeen, ya sean del pasado o del presente. Abandonamos reparos y escrúpulos, considerados como cargas que nos limitan en el camino al éxito por cualquier vía que funcione. ¿Cuánto tiempo hace que no escuchamos el viejo "¡hay que decir siempre la verdad!"? Supongo que mucho, porque es cada vez menos frecuente en este mundo que hemos hecho a la medida del éxito.  Perseguimos a los mentirosos, pero para preguntarles su "secreto".

Las mentiras halagan, se crean para que muchos escuchen lo que quieren escuchar; la verdad, en cambio, es dura, duele, te dice lo que no quieres escuchar ni creer, te sacude, no te adormece. Es lo que ocurre con los millones de republicanos norteamericanos que quieren creer lo que Trump les cuenta, que son "patriotas" y deben asaltar el Capitolio para salvar al país. A los islamistas les gusta escuchar que las feministas son agentes occidentales que quieren destruir la perfecta familia musulmana. A muchos egipcios les gusta escuchar que los que critican al presidente son también "terroristas" o que el que se presenta a las elecciones presidenciales frente a él es culpable de "querer separar al pueblo y al Ejército". A los rusos les gusta pensar que están salvando a Ucrania de los nazis mientras la invaden... A los españoles...

¿La "verdad"? ¿En serio?

Chequeos en PolitiFact de Trump y Biden


viernes, 6 de noviembre de 2020

El mentiroso

 Joaquín Mª Aguirre UCM)


Conforme Joe Biden mantiene su distancia y se acerca victorias en los estados en disputa, Trump se revuelve como fiera herida. Era lo previsible. Un documental esta misma madrugada comparando la trayectoria de ambos contendientes nos explica el origen de los comportamientos de Trump, esa negativa a reconocer una derrota y la estrategia constante de la destrucción y el enfrentamiento. Así aprendió de su padre y de los personajes que actuaron como mentores, "conseguidores", durante su crecimiento y aprendizaje en la Nueva York de los 70, una ciudad en crisis, en manos de criminales y especuladores. La verdad es que da miedo ver la trayectoria familiar y profesional de Trump, un personaje al que nunca se tomó demasiado en serio, pero que él si se tomó a sí mismo.

La explicación que encuentro es que los tiempos llegaron al punto en que Trump dejó de ser percibido como un payaso porque el mundo se transformó en un circo. No fue Trump el que se adaptó a los tiempos, sino los tiempos los que se adaptaron a él. Ya no desentona. Tuvo que extenderse mucho la ignorancia y encogerse la ética; tuvo que transformarse la política en espectáculo, para que Trump no solo no engañara a nadie sobre su naturaleza mentirosa, pretenciosa y petulante, osada y despectiva, para que Trump encontrara finalmente su sitio y la gente encontrara un líder que no les exigía la virtud, sino la fuerza, que nos les pedía un diálogo que no sentían, sino el odio con cada discurso. Sí, los tiempos llegaron a Trump. Tuvo que imponerse el mundo de la mentira para que el gran mentiroso fuera el rey.


En su artículo en la CNN, titulado "Fact Check: Trump delivers the most dishonest speech of his presidency as Biden closes in on victory", el periodista Daniel Dale escribe: 

President Donald Trump delivered the most dishonest speech of his presidency on Thursday evening.

I've watched or read the transcript of every Trump speech since late 2016. I've cataloged thousands and thousands of his false claims.

I have never seen him lie more thoroughly and more egregiously than he did on Thursday evening at the White House.

On the verge of what appeared to be a likely defeat by former Vice President Joe Biden, Trump emerged in the press briefing room and took a blowtorch to the presidential tradition of defending the legitimacy of the democratic process.

Aside from some valid criticism of errors by pollsters, some legitimate boasting about his performance with various demographic groups and some legitimate boasting about Republicans' down-ballot performance, almost everything Trump said was not true.* 

Un aspecto sorprendente de la trayectoria de Donald Trump en la Casa Blanca es que han tenido más respeto a la presidencia los periodistas que él mismo. Uno de los problemas que Trump ha planteado desde su llegada —lo hemos comentado en ocasiones en estos años de su mandato— era el respeto le les merecía la Presidencia y la falta de respeto que les provocaba el presidente, Donald Trump.

Algunos, como los humoristas, las series de animación, etc. lo plantearon como una prolongación "natural" de la propia personalidad de Trump: si el presidente es un payaso, reíamos no de él. Solo así es posible entender las parodias de SNL con Alex Baldwin, o la serie "Animado Presidente".

The New York Times, hoy

Pero para los periodistas políticos, el problema se planteaba de otra manera diferente. Su función no era hacer reír, sino tratar de mantener la idea de que la Presidencia de los Estados Unidos estaba en manos de un personaje como Trump, sin que cundiera el pánico y respetando la función presidencial. Para Trump, por ejemplo, no existe una separación entre él y la presidencia. Por eso ha podido pisotear sin rubor la propia institución que ha entendido como una parcela de poder personal y no como una forma de servicio a su comunidad. Lo han dicho muchas veces, a Trump solo le importa él mismo, y si hay que provocar una guerra civil, tampoco le importa mucho. Lo ha demostrado una y otra vez.

Que en estos momentos críticos —lo ha hecho anteriormente, como con su "¡liberad los Estados!"— se produzca el discurso con más mentiras de Trump, según entiende Daniel Dale, es solo revelador de un personaje que nunca se ha ocultado, pero al que unos no han querido ver y otros han disfrutado mirando.

Trump es como la "carta robada" del cuento de E.A. Poe es la aberración normalizada, un payaso entre los payasos del circo. Es un psicópata en un mundo de aberraciones exhibidas como medallas de buena conducta. Es el rey del bullying en una escuela donde todos acosan; un mentiroso en el reino del engaño. Por eso, el discurso del récord de mentiras es su "grand finale", la apoteosis de su reinado. Es el rey desnudo en una sociedad desnuda donde todos se imaginan ir elegantemente vestidos. The Guardian coincide en que se trata del discurso con más mentiras de Trump y le llama "The Liar-In-Chief", una fórmula adecuada, mezcla de ironía y realidad. The New York Times habla de "torrente de mentiras", la CNN, por boca de Anderson Cooper, califica el discurso de "BS", una mierda.

Lo malo de las mentiras de Trump es que son descendentes, es decir, obligan a mentir a muchos, como está ocurriendo con el Partido Republicano, cuya viejas y no tan viejas glorias se ven arrastradas a apoyar las mentiras de su jefe. Los que no tuvieron la valentía o la decencia de abandonar el barco, se hunden ahora con el Gran Mentiroso y entierran su vida política en el fango. ¡Mal retiro para unos, mal futuro para otros! ¡Mal presente para los que se dejan arrastrar a las calles por las mentiras que destruyen convivencia y sistema!

Todavía está en el aire la presidencia. Pero está en juego mucho más, salir de la pesadilla real en que la ha convertido. No sabemos todavía qué ocurrirá, pero si los ladridos de Trump son indicadores de su nerviosismo, lo está como nunca lo ha estado. Y eso es triste, pero no deja de ser una buena señal.

 


* Daniel Dale "Fact Check: Trump delivers the most dishonest speech of his presidency as Biden closes in on victory" CNN 6/11/2020 https://edition.cnn.com/2020/11/05/politics/fact-check-trump-speech-thursday-election-rigged-stolen/index.html