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viernes, 30 de septiembre de 2016

El ser (o no ser) de Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Muy mal lo debe estar pasando el régimen egipcio para necesitar de nuevo los servicios periodísticos de Azza Radwan Sedky. La escritora vuelve a las páginas del estatal Ahram Online —el único que consideraba recomendable porque todos los demás esparcían rumores y mentiras sobre el régimen, según su artículo de hace unos pocos días— para cargar contra los medios extranjeros haciéndose una pregunta desde el titular mismo "Will Western media ever let Egypt be?"* Ya sea con un sentido "esencialista" o "existencialistas", ese "be" es a todas luces excesivo incluso para los medios egipcios, entre otras cosas porque nadie duda de su existencia o esencia por más que produzcan perplejidad muchas de las cosas que nos llegan desde allí, de la misma forma que maravillaron a los antiguos lo que llegaba del mundo faraónico.
Las discordancias se producen esta vez tras la visita del presidente al-Sisi a Nueva York, a la asamblea general anual de Naciones Unidas, un verdadero calvario por los problemas que los propios egipcios crean, como este año con la confusión en la emisión de las entrevistas con el presidente. Vayamos al principio.
Lo que ofende a Azza Radwan Sedky es que se considere a su bien amado presidente, general Abdel Fattah al-Sisi como un "dictador" y que como tal se le haya considerado. La primera parte de su artículo es una queja del maltrato conceptual dado al presidente egipcio y la segunda un tratar de meter el dedo comparativo con cosas como Guantánamo, etc. Las valoraciones sobre Egipto no pierden sentido por lo que Estados Unidos o cualquier otro haga o deje de hacer. Es ser de Egipto es el propio. 


Veamos la primera parte que es donde se concentran las "razones" del desacuerdo y la ofensa de los medios occidentales:

Again and for the umpteenth time I tell myself not to give Western media any undeserved attention and to ignore those who intentionally belittle from our efforts and tarnish what we hold dear and precious. And yet no matter how hard I try, sometimes I get so indignant that I must rebuttal, first to abate my anger, and second to illuminate those who care for the truth.
The Washington Post’s article on President El-Sisi’s meeting with US presidential candidates Hilary Clinton and Donald Trump on the sidelines of the UN General Assembly is today’s angst. “The Stark Difference Between Trump’s and Clinton’s Meeting with a Dictator” at first glance compares Trump to Clinton, but it also bears an incomprehensible but not very subliminal aversion to President El-Sisi.
After referencing President El-Sisi as the “Dictator,” intentionally not naming him in the headline, the article refers to the president as the general “who led the military coup against Egypt’s elected government in 2013 and has since overseen the harshest repression the country has known in a half-century.”
Ignorance is a bliss but overlooking facts or neglecting to mention them is an offence. Just a reminder, Washington Post Editorial Board, the “military coup” came as a response to the demands of Egyptians when a third of the country’s population went to the streets to seek change; the army had to intervene or else Egypt would’ve remained at a never-ending impasse.
The revolution, a more apt name for it, was not sprung upon them; the revolution was their own making.
As for the repressions, again the Washington Post ignores facts. Egypt’s plight against terrorism forces it to detain anyone connected to terrorism, or is gearing the country to further unrest. And amidst the chaos surrounding Egypt and despite all the powers that would prefer otherwise, Egypt is in a good place.*


Las razones expuestas tienen tres núcleos: a) Al-Sisi no es un "dictador"; b) no hubo "golpe de estado" sino "revolución"; y 3) no hay "represión" sino "lucha contra el terrorismo". Estas tres afirmaciones son las que, según Azza Radwan Sadky —y muchos egipcios—, Occidente "no entiende". Pero las entiende creo yo perfectamente; sencillamente, no las comparte.
Para justificar el desacuerdo se responsabiliza a los medios occidentales, a las conspiraciones internacionales, a los disidentes egipcios (de cualquier ideología), etc. Vayamos por partes y desde el principio.
La cuestión (a) es sencilla de entender. Abdel Fattah al-Sisi era el militar al cargo de la Inteligencia Militar egipcia desde 2010. Es decir, era la persona en el régimen de Hosni Mubarak que debía haberse dado cuenta de que algo ocurría en 2011 con la fuerza suficiente como para derribar al régimen o al menos a su cabeza visible. Fue ministro de Defensa con Morsi.
Un dictador puede ser definido por su forma de llegar y su forma de actuar. Se puede dar un golpe de estado y, sin embargo, llevar que de ese golpe salga una democracia. Para ello se debe dar el golpe contra una dictadura. Y aquí empiezan los líos egipcios.


Los egipcios se levantaron contra el régimen de Hosni Mubarak, que había sido elegido presidente en diversas ocasione, hasta completar su "reinado" de treinta años. Mubarak, como al-Sisi, ganaba por goleada en elecciones que no convencieron a nadie, especialmente a los egipcios. Pese a ser aceptado internacionalmente por sus acuerdos de paz en Oriente Medio, los egipcios no estaban demasiado de acuerdo con el presidente y menos con su partido político, una maquinaria electoral fraudulenta.
Los líos egipcios comienzan cuando se considera que Mubarak era un dictador y se le echa del poder pero se acepta su régimen, es decir, se recibe con los brazos abiertos a los militares que estaban a sus órdenes de facto. Por un extraño sentimiento inducido, muchos egipcios no consideran que estar bajo los militares sea un mal, sino que lo consideran la quintaesencia de lo egipcio y una necesidad como única fuerza que impone el orden. El Ejército egipcio vive todavía del prestigio de la revolución colonial y del nasserismo. Cuando Egipto se libera de los ingleses no tiene más que dos organizaciones: el Ejército y los Hermanos Musulmanes. Nasser utilizó a la Hermandad para conseguir el apoyo, pero pronto comenzó el enfrentamiento. Entre unos y otros se han encargado de que Egipto no tuviera más opción, debilitando cualquier intento de crear algo al margen, que es siempre debilitado y desprestigiado rápidamente.
El general al-Sisi es considerado por todo el mundo un "dictador" porque los gobernantes que proceden de los ejércitos y que han entrado en el poder por la fuerza —da igual quiénes les haya llamado— son considerados así.
A-Sisi podría haberse librado de la etiqueta cumpliendo su promesa de no ser "presidente" de Egipto. Fue él mismo quien venció las primeras resistencias de los liberales ante el golpe afirmando que no se presentaría a la presidencia porque no tenía ningún deseo del cargo, que el gobierno de Egipto seguiría siendo civil. Es aquí donde radica la etapa oscura o del "sueño profético". ¿Quiénes hacen cambiar de opinión a al-Sisi? La historia del sueño en el que se le presenta Sadat no merece la pena ser discutida por más que los egipcios adeptos al régimen lo consideren como una "señal" divina. Seamos serios.


Desde 2011, todo el proceso político se encaminaba a desalojar a los militares del poder. Uno tras otro, los tres presidentes de Egipto —desde la revolución de 1952— habían sido militares. El Ejército controla toda la vida política y económica por más que se muestre discreto y se haga querer como representación del espíritu y valores de Egipto. Esto no es más que una bien orquestada campaña de imagen que algunos han estudiado a través de la formas de la cultura popular —cine, canciones, iconografía, etc.— y que controla el país.
Con el gobierno de Mohamed Morsi se mostró que los egipcios querían un cambio. Muchos votaron por los islamistas, siendo liberales, laicos y demócratas, porque no querían más militares en el poder. Algunos egipcios me comentaban: "votar por Shafik —el candidato militar— es hacer buena la dictadura de treinta años de Mubarak". De forma un tanto oscura —de nuevo— Egipto se encontró con una competición entre un militar y un islamista, ambos prometiendo una democracia. Quedaron aparcados en una primera vuelta todos los candidatos demócratas o al menos civiles. La sociedad eligió a Morsi por dos motivos: unos porque eran islamistas y otros porque no querían más militares. Cómo diferenciarlos es lo complicado, por no decir imposible. ¿Se había vuelto el Egipto de la Primavera Árabe islamista?


El año de Morsi en el poder fue nefasto para Egipto y para la democracia. Fue una mezcla de prepotencia y dogmatismo y, sobre todo, del incumplimiento de sus promesas electorales de no llevar un programa islamista sino de gobierno para todos y hacer una consolidación de la democracia. Fue un asalto a las instituciones y la imposición de una retrógrada constitución. El mundo criticaba a Morsi cada vez que salía al extranjero diciéndole que no era una democracia lo que estaba construyendo sino que se comportaba como un dictador al no respetar los derechos de las minorías, mujeres, etc. Azza Radwan Sadky debería recordar esto también, las críticas fuertes a Morsi desde gobiernos (Angela Merkel, por ejemplo) y desde los medios.


Fue un periodo de represión fuerte encabezada por el entonces ministro del Interior, un viejo especialista que ya había ejercido en la época de Mubarak y con muchos muertos en su haber profesional. En el ministerio del Ejército se encontraba ya Abdel Fattah al-Sisi, que había dado el salto de la Inteligencia Militar al Consejo de Ministros.
Morsi llegó democráticamente al poder y se convirtió en un dictador inmediatamente, en cabeza de un régimen que no respetaba las reglas del juego democrático, represor, censor, etc. No hay que olvidarlo. Los egipcios no se levantaron contra la democracia de Morsi sino contra su intransigencia, dogmatismo y represión, contra el asalto islamista al poder e instituciones.
Vayamos ahora a la cuestión b), el "golpe". ¿Fue o fue? Evidentemente sí, pero esa no es la cuestión. El mundo entendió lo que había ocurrido en Egipto. Lo que advirtió fue sobre eso que al presidente no le gusta mucho para Egipto: los derechos humanos. Lo que no entendió el mundo es la brutal represión posterior.
Los egipcios no pidieron un golpe de estado, al menos la mayoría. El documento Tamarod o Rebel pedía el abandono de Morsi del palacio presidencial y la convocatoria de unas elecciones (también la ruptura de los tratados militares con los Estados Unidos). Lo firmaron más de veinte millones de egipcios.


El Ejército dio un ultimátum a Morsi para que aceptara las condiciones, salida y elecciones. Pero la soberbia de Morsi y su falta de sentido político le hicieron tomar las decisiones equivocadas. La excusa militar era buena: evitar una guerra civil entre partidarios del la salida y los islamistas, bien organizados. La decisión de intervenir con contundencia contra las sentadas de protesta, un auténtico fortín, abrió definitivamente la brecha.
Antes de la violencia, con la promesa de un gobierno civil y democrático, el "no-coup", al que Azza llama una "revolución", tuvo el apoyo de las fuerzas políticas y sociales, hasta de las religiosas. Todos —incluidos los salafistas— estaban allí para prometer que el golpe sería para bien, para todos los egipcios. Cuando la violencia y la represión comenzaron, los apoyos empezaron a desaparecer y a tener que afrontar los insultos y las difamaciones por no sumarse a lo que ocurría. El régimen emergente perdió los apoyos y se vip en la necesidad de jugar la única baza que le quedaba: la sisimanía.
Se trataba de crear una imitación de Nasser. Pero Nasser sacó a Egipto del colonialismo británico; al-Sisi, en cambio, lo metía de nuevo en su propio régimen de treinta años al ir regenerando a todos los que en primera instancia había encarcelado.


¿Hubo un golpe de estado? Por supuesto. La negativa de Morsi ayudó a ello. Posteriormente ha habido informaciones en las que se ha puesto en cuestión al movimiento Tamarod y se ha hablado de conexión con los servicios secretos. Tampoco sería sorprendente. Lo extraño es que no lo hubieran hecho. El Ejército egipcio es más que un Ejército; es un gigantesco imperio que muchos no están dispuestos a perder ni tan siquiera a que se controle por un parlamento, como hemos podido apreciar no hace muchos días cuando se ha pedido información sobre los sueldos. Los únicos que han aumentado son jueces, policía y militares.
Los estigmas de un golpe de estado solo se borran cuando se pasa a una situación mejor. El golpe se considera liberador. El problema egipcio es que el golpe no ha traído más libertades sino que se ha vuelto más intransigente y retrógrado que la propia época de Mubarak. Que se diga esto, acaba de soliviantar a Azza Radwan Sadky.


Esto nos lleva a la cuestión c), la de la "represión". En nuevo régimen nació manchado de sangre. Realizó una brutal represión llevada a cabo por el mismo que había reprimido en la época de Mubarak, en la época de Morsi y contra los islamistas atrincherados. El presidente hizo una especie de lavado de conciencia pidiendo permiso al pueblo para hacer lo que había que hacer y lo que hizo se acercó a los mil muertos.
Crecieron las voces de las personas diciendo que se debía cambiar al Ministro; nadie hizo caso. La represión se dirigió en primer lugar contra los islamistas, que comenzaron sus atentados. La guerra de Siria le permitió al régimen decir que ellos se estaban encargando de sus propias zonas y que lo hacían dentro de la estrategia internacional. Esto solo era verdad a medias porque cuanto más crecieron las voces criticando la falta de respeto a los Derechos Humanos, la represión —como sucede hoy— se dirige contra todo el que critique al régimen en cualquier sentido, sean problemas sectoriales o las islas regaladas a Arabia Saudí.


La represión, pese a lo que diga Azza Radwan Sadky ha crecido hasta límites superiores a los de Hosni Mubarak. Los desaparecidos existen y la impunidad en los crímenes y torturas también. Lo único que ha construido el régimen con profusión, además del segmento de Canal, han sido cárceles en las que las denuncias crecen. El caso del asesinato en plena calle de Shaimaa al-Sabbagh muestra que no es a los islamistas a quienes se reprime, sino a los liberales, demócratas, socialistas, laicos, etc. que son los que han levantado la voz contra el régimen, primero como advertencias, luego como críticas. Ahora solo quedan las voces de las que como la escritora tratan de justificar la mala prensa mundial del régimen egipcio desde todos los ángulos. Solo queda la propaganda ciega y agradecida ante un régimen con estallidos constantes de incompetencia, censura y corrupción no curada y otra nueva que esquilma el poco dinero disponible para un pueblo subsidiado y temeroso de que esos regalos le sean retirados. Más vale lo malo conocido.


El general Abdel Fattah al-Sisi solo tenía que haber cumplido la hoja de ruta que inicialmente se propuso. Hubiera logrado seguramente muchos apoyos internacionales. Pero pronto se desveló que el objetivo era el poder. Lo quisiera él o se lo ordenaran otros —lo más probable—, lo cierto es que al-Sisi se ha ido convirtiendo en una figura muy egipcia, la del dictador consentido. Es indudable que tiene apoyos, pero también que esos apoyos se basan en el mantenimiento de una situación hoy ya insostenible, en la tradición del mando militar desde su fundación moderna con Nasser y en una mentalidad caudillista del liderazgo.
Los escritos apologéticos se suceden intentando frenar de forma ingenua el descrédito exterior del régimen y, especialmente, el interior. Este se ha producido sin necesidad de ningún tipo de campaña o conspiración sino por la acumulación de errores garrafales en todos los órdenes. Hasta Rusia, un amigo generoso que lo prometió todo —de armas a turistas, de trigo a centrales nucleares— ha tenido que enfadarse seriamente con la incompetencia egipcia.


Egipto no funciona ni política, ni económica ni socialmente. Lo es porque los desafíos de levantar una nación no se puede hacer con un sistema corrupto que había llevado al desastre y la desesperación a los egipcios, que siguen manteniendo sus reivindicaciones: pan, justicia y libertad. El régimen no les está dando ninguna. Solo les queda pensar que no existe alternativa al Ejército, solo los islamistas, como el propio Ejército se ha encargado de demostrar. Se ha decapitado cualquier intento de desarrollo de una sociedad civil organizada para seguir manteniendo el control del país. Eso va del pan a la leche infantil de la construcción a la hostelería. El Ejército se aseguró de no perder el control de su imperio creando las necesidades de su presencia. Serían tan brutales las reformas necesarias para cambiar el sistema que nadie podría afrontarlas. Es el efecto de los subsidios: nadie muerde la mano que te da de comer.


Los intentos de al-Sisi de ser un gobernante amable se vieron desde el principio. Sus primeros gestos hacían pensar que realmente se iba a tratar de construir una democracia. Así se hizo con las enmiendas de la constitución islamista, que la dejaban más presentable. Sin embargo pronto se vio que el control de estado era el objetivo. La realización de las presidenciales le daba margen de maniobra para poder reorganizar la política creando un movimiento político de respaldo. Como se ha dicho, son en gran medida los empresarios los que han mantenido al régimen con sus apoyos. Necesitan "estabilidad" y situarse dentro de las esferas del poder. Las elecciones generales posteriores tuvieron muy poco respaldo popular (¿para qué un parlamento con tan buen presidente?, decían algunos). Nadie se las creía. Se trataba de escenificar una democracia, no de construirla realmente. La ley que se hizo para el reparto de escaño movía a la risa por ser tan burda en sus manejaos y debilitar a los posibles partidos que se presentaran. Puede que muchos egipcios, acostumbrados a décadas de elecciones fraudulentas no vieran las diferencias, pero desde fuera se perciben con claridad. El régimen no ha logrado pasar los estándares mínimos para levantarle al presidente la etiqueta que tanto molesta: "dictador".

Las cuestiones (a), (b) y (c) están profundamente unidas. En la vida real están entremezcladas y solo el análisis permite separar. La única conclusión lógica es que en Egipto solo hubo una revolución digna de este nombre, la del 25 de enero de 2011, que fue abortada mediante el descabezamiento del régimen pero no su desmantelamiento. La Junta Militar, la SCAF, se comprometió a la realización de elecciones con la pretensión de proponer un candidato que permitiera seguir controlando el país. Dada su desconexión de los demás partidos, presentó su candidato, encargándose de dejar fuera a los que podrían hacer sombra al candidato oficial. Una vez más, el Ejército falló en sus cálculos y estrategia, ganando los islamistas, sus simpatizantes y afines, con el apoyo importante de los que no querían más militares en el poder. Pero Mohamed Morsi fue incapaz de renunciar a su programa de islamización. Creyó que podría controlar a los militares, que le colaron en su gabinete a al-Sisi y al Ministro del Interior. Fue suficiente.
Si Tamarod fue apoyado o manipulado por los militares desde la sombra para desestabilizar al gobierno es algo que los historiadores podrán establecer en el futuro, estando hoy oscuro. Pero las decisiones del gobierno de Morsi están ahí y no fueron democráticas en casi ningún momento, entre otras cosas porque se habían deshecho de sus reformistas y moderados antes de las elecciones, jóvenes incluidos, exigiéndoles obediencia al líder.

La gente salió a la calle, pero a pedir democracia. No querían una dictadura. El gobierno de al-Sisi ha ido aumentando su autoritarismo conforme le fallan los recursos y la propaganda. Aun así, debe estar agradecido a que el papel de Egipto contra los islamistas ha sido bien considerado para la seguridad internacional y eso ha impedido un peor trato o sanciones. No debemos olvidar que hoy se condena a Egipto en todos los foros internacionales de Derechos Humanos, en Naciones Unidas y en el Parlamento Europeo.
No sé si es la vocación de al-Sisi ser un dictador. Probablemente no. Pero eso no quiere decir que no se pueda comportar como lo hace. Lo que hay ahora es una reedición intensificada por la mayor respuesta de lo que fue el régimen policial de Mubarak. Con una policía omnipresente y omnipotente, Mubarak consiguió salvar la imagen del Ejército y así lo vieron quienes les besaban y abrazaban en la Plaza de Tahrir, sin imaginar que poco después muchos caerían bajo sus disparos.


Azza Radwan Sadky se enfada cuando ve cómo tratan a su presidente. Me parece bien. Pero su enfado es el resultado de haberse acostumbrado al maniqueísmo reduccionista de la política egipcia en la que se considera egipcio al que está junto al poder y a todos los demás como enemigos del país. Es cierto que los islamistas son un peligro para la democracia por el sencillo hecho de que no son demócratas. Pero en Egipto se encarcela a cualquier que critica o discrepa con la excusa de que sirven a los intereses de los islamistas o que hacen mal a Egipto. Eso es un razonamiento absurdo y muy peligroso que se traduce en que las cosas son verdad cuando tienes el poder de encarcelar o hacer desaparecer a quien diga lo contrario.
Eso fue lo que comenzó a hacer el régimen cuando empezaron a fallarle sus cálculos, considerar enemigos a todos. Muchos de ellos dirigieron leales cartas al presidente, los periódicos las reprodujeron en forma de artículos. Pedían, casi imploraban, un cambio que les permitiera estar con la conciencia limpia. Pero no han sido escuchados. Los errores no existen y la situación egipcia es tan perfecta como su presidente.


Los que hicieron la revolución del 25 de enero han sido difamados, considerados traidores, agentes extranjeros, se ha pedido que se les retire la nacionalidad a algunos, se ha tratado de borrar su memoria y se ha matado a quienes iban a honrarles a Tahrir. No eran islamistas, eran personas que quería sacar a su país del sueño militar y de dependencia en el que se vivía durante décadas. Soñaron que eran libres entre botes de humo, disparos y camellos lanzados en su contra.
Hoy no se sueña, se vive una fantasía escapista en la que las críticas se llaman envidia y las advertencias conspiraciones. Pero solo Egipto conspira contra Egipto. El "ser" de Egipto que Azza Radwan Sadky considera que está amenazado por los medios occidentales solo está amenazado por aquellos que consideran normal la situación actual del país.


Egipto ha pasado muchos momentos duros, de carencia de libertades. Pero solo ahora pretende de forma ofendida que los demás le reconozca que esto es una democracia. No se puede hacer por respeto a los propios egipcios que, aunque a ella no le guste, están encarcelados, han sido censurados o han desaparecido; por respeto a aquellos que corren riesgos, son presionados por intentar describir lo que ocurre cada día desde medios menos afectos al régimen que los que la autora recomienda.
No tengo la más mínima simpatía por los islamistas; los considero culpables de muchos de los males de Egipto y de la situación internacional. Pero creo que los derechos humanos son universales. Mis simpatías están los egipcios que desean un país más libre y moderno, de convivencia y tolerancia y que por ello son difamados por esos medios que a Azza Rawdan Sadky le parece que dicen la verdad.



* Azza Radwan Sedky "Will Western media ever let Egypt be?" Ahram Online http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/244622/Opinion/-Will-Western-media-ever-let-Egypt-be.aspx


viernes, 23 de septiembre de 2016

Rumores, verdades y lo que sea

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El rumor ha pasado al centro de la aldea global macluhaniana. El rumor asciende de los cotilleos a los grandes titulares y se usa para envenenar a las masas que, indefensas, se dejan arrastrar por la riada. ¿Indefensas? ¡No! Gracias a que todavía quedan personas que inician cruzadas para avisarnos de lo pernicioso de los rumores y los efectos terribles que pueden tener sobre... ¡prácticamente todo! Para ello es esencial distinguir el rumor de la verdad. ¿Cómo se hace? Sencillo: hágame caso a mí y solo a mí. En la aldea global, al final, solo queda la confianza. Y dar gracias por haber acertado.
El estatal Ahram Online ha publicado un artículo de la columnista Azza Radwan Sedky, titulado "The ramifications of rumours, hearsay, and gossip" que trata de frenar la pasión de los egipcios por los rumores. Tras poner ejemplos de cómo se compra agua embotellada porque se ha extendido el rumor de que han envenenado o de que un saudí ha sido apaleado frente a su familia en el aeropuerto de El Cairo o de que no van a dejar poner cruces en lo alto de las iglesias egipcias, etc. etc., todo ello rumores infundados pero repetidos por las redes sociales, medios poco profesionales, grupos políticos conspiradores, la escritora concluye:

Wars on Egypt take different shapes or forms. First came the vicious attacks on civilians and the security apparatus alike, bombs exploding in front of government buildings and embassies and amongst civilians, and execution style killings of soldiers. Then came the explosions of power towers and later arson attempts on buildings in the middle of Cairo. Now we have a new line of innovative practices: instilling fear in Egyptians, be it of shortages of goods or of impending crises. This is realised through rumours.
Spreading rumours is another method of warfare, another extremely effective means of destruction, its ripple effect horrendous.
How should Egypt authorities deal with such rumours? They must be proactive versus reactive. Think about it. All the above stories have damaging repercussions, if they are not dealt with fast enough. This is easier said than done I know, but being alert and ready to deal with a rumour the moment it begins is fundamental. At the same time, officials can halt the dissemination of such rumours by being transparent, accurate, and proactive.
How should you as an Egyptian deal with such rumours? You must ask yourself if such a rumour is possible or highly unlikely before you contemplate repeating it. More importantly, this practice utilises you, yourself, in propagating these rumours further.
In an environment of uncertainty, rumours go haywire. Defeat the uncertainty by going to trustworthy sources for verification. If you are on Facebook and Twitter, then you can google the topic to see if a credible publication, such as Ahram Online for instance, speaks about it, which would prove its authenticity.
The worst type of rumour is the bogey one, the one that plays on your fears and doubts. If a group collectively is worried and anxious, it is easier to start a rumour amongst it. You must rest assured that Egypt is in good hands and those in charge are doing their best. This will alleviate worry and anxiety.*


Se puede estar de acuerdo en que los rumores forman parte de los conflictos, pero que la forma de acabar con ellos sea "Egypt is in good hands and those in charge are doing their best" es un acto excesivo de fe. Los rumores se intensifican precisamente porque uno puede creerse cualquier cosas de un gobierno que no brilla por su eficacia. Creer que el gobierno egipcio funciona es también un "rumor", aunque se llamaría "propaganda" ya que se hace en favor del gobierno, desde un diario estatal (al que se toma como referencia de la verdad por serlo) y repitiendo las mismas consignas que su presidente, especialista en guerra psicológica —la famosa 4GW o guerra de cuarta generación—, y de la que previene a todos con el mismo argumento: solo hay que escucharle a él. ¿Y por qué? Porque él es algo más que un electo; es un elegido. Muchos se quedarán más tranquilos con esta respuesta, pero otros se sentirán más inquietos.
Que la forma de aliviar "worry and anxiety", como dice la autora, sea creerse lo que dice el gobierno egipcio no deja de ser una propuesta un tanto patética que demuestra que la eficacia es sustituida por el discurso sobre la eficacia. La primera la percibes y compruebas por ti mismos, en tu vida cotidiana; la otra te la cuentan, te la repiten... pero no la ves. Llamar "eficaz" al gobierno egipcio me parece un exceso que puede ser verificado en las mismas páginas de Ahram Online sin necesidad de escuchar rumores. Lo puedes ver en las informaciones de las crisis ministeriales, en los encierros de los ministros por corrupción, en los nombramientos de militares para cada vez más puestos, en la crisis del trigo, en la escasez de medicamentos, en las cifras de analfabetismo, en la represión de los discrepantes, en los juicios que no se celebran... No son rumores; están ahí en los titulares que rodean al artículo de Azza Radwan Sedky.
Las visitas del presidente a entornos hostiles exteriores (vamos a decirlo así) siempre suponen un reto a la capacidad de los medios egipcios para seguir viviendo de la fantasía del gobierno milagroso, el que calma la ansiedad con solo escucharlo. Se contraponen la imagen idealizada del elegido con la del mal electo (recordemos la ironía de la periodista de la MSNBC al hablar del 97% de votos en la elección presidencial), que es como se percibe desde el exterior y que los medios oficiales se empeñan en llamar campaña difamatoria, como decía la propia Azza Radwan Sedky.
La visita del presidente a Nueva York ha generado más noticias de otros medios. Veamos algunas que difieren de lo dicho oficialmente. "Egyptian media blackout on rallies opposing Al-Sisi in New York" es el titular de Daily News Egypt. Recogíamos ayer el malestar de los activistas coptos por la instrumentalización de las autoridades religiosas cristianas en favor del régimen movilizando manifestantes para neutralizar a esos que han desaparecido de los medios.

The protest itself is not unprecedented. Every year, since the ouster of former Muslim Brotherhood president Mohamed Morsi, Egyptians, both those who support and those who oppose Al-Sisi, assemble in front of the UN headquarters. The two groups are separated by a barricade in the same block.
The number of this year’s protestors, however, was significantly lower than last year.
Every year, Egyptian media outlets turn a blind eye to the opposition rally, and limit their footage and interviews to the supporters’ group.
Media trainer Khaled Baramawy told Daily News Egypt that this kind of one-sided coverage is simply not efficient. “If the media does not want to show a certain event, social media platforms will now cover this gap,” he said.**

Y añade:

“Ignoring one side of the story is unprofessional. However, there should always be a balance between both sides,” he said.
Generally speaking, Baramawy said that the main objective of any media outlet is to satisfy its target audience, and when it comes to news covering in particular, all sides should be covered.**


La respuesta al problema de la información fidedigna es más sensata. Hay que cubrir profesionalmente los sucesos y no ser sectario porque entonces los rumores se extienden con mucha facilidad. Es mejor decir que se manifestaron menos personas que el año pasado que ignorarlos y permitir que los rumores los cuenten por miles.
La fiabilidad es un elemento esencial en el freno de los rumores y esta se desprende, entre otras cosas, de la tradición de sinceridad que haya tenido el gobierno actual, que también usa también los rumores (no pueden ser llamados otra cosa) cuando le ha interesado para tapar su ineficacia. De hecho la argumentación habitual es que el fracaso de muchas de sus políticas, como señala la autora, se deben a los rumores esparcidos. Mientras haya rumores, hay excusas.
Como más aportaciones a las teorías sobre la verdad política, Egypt Independent reproduce un artículo centrado en lo que ha sido el tema estrella de la visita del presidente El-Sisi: su encuentro con Donald Trump. Es lógico que los medios norteamericanos asistieran con curiosidad a este hecho, como lo hicieron con el presidente de México, país directamente insultado y amenazado por Trump. Esta vez se trataba de ver las reacciones del presidente de un país musulmán, es decir, el otro grupo insultado y amenazado por Trump en su campaña. Los periodistas, en cambio, se llevaron una sorpresa. Egypt Independent recoge —con su propio titular "Egyptian president responds to Trump's Muslim ban"— el material de la CNN:

Egyptian President Abdel Fattah al-Sisi says that Donald Trump would "no doubt" make a strong leader.
The comments come as part of a sit-down interview with Erin Burnett, during which el-Sisi seemed to downplay a ban on Muslims entering the United States that, at times, served as a centerpiece to the Republican presidential nominee's political rise.
"During election campaigns, many statements are made and many things are said," noted el-Sisi, who has met with Trump. "However, afterward governing the country would be something different."
To this end, Burnett inquired Wednesday as to whether Trump's oft-outrageous rhetoric should be seen as simply a stump talking point.
"It sounds like you think Donald Trump is saying what he needs to say to be elected, but that he might not follow through with the plan," said CNN's "OutFront" host.
In response, the Egyptian leader elaborated on his initial point, noting the difference between a nominee and, ultimately, a president.
"During election campaigns there is a perception based on a certain vision and a point of view," he said, speaking through the aid of a translator. "Then that vision or point of view gets corrected and develops as a result of experience, reports and advice from experts."
During Burnett's conversation with el-Sisi, she inquired as to his feelings on Trump's opponent.
"Do you think Hillary Clinton would make a good president," she asked, referencing a woman that el-Sisi has met with on multiple occasions.
"Political parties in the United States would not allow candidates to reach that level unless they are qualified to lead a country the size of the United States of America," he said of the former secretary of state.
In the past, Clinton has referred to Egypt as "basically an army dictatorship," comments Burnett asked the nation's current president to respond to. 
"In Egypt there will not be a chance for any dictatorship because in Egypt there is a Constitution," el-Sisi said. "There is law, and there the will of the people which will refuse to allow any leader to stay in his position for any period longer than his term, which is four years."***


¿La "respuesta" a la prohibición de la entrada de musulmanes en Estados Unidos es decir que una cosa son las campañas y otra la presidencia? La verdad es que no es una respuesta demasiado contundente y sí un poco maquiavélica. La incredulidad del entrevistador no puede ser mayor: "It sounds like you think Donald Trump is saying what he needs to say to be elected, but that he might not follow through with the plan". Pues sí, a eso "suena". En un país en donde a la gente se le exige que cumpla sus promesas electorales, precisamente para que no puedan prometer cualquier cosa, ha debido sorprender mucho lo que más que una "contestación" en nombre de los musulmanes ofendidos, ha sido una disculpa de un candidato poco fiable.


El-Sisi ha perdido una oportunidad gloriosa de representar a los musulmanes ofendidos por Trump y, por el contrario, se ha sentido admirado por el "personaje". El titular de Egypt Independent se revela absurdo porque no ha hablado realmente de la prohibición a los musulmanes. No se ha dado cuenta de que dando una respuesta contundente a Trump, afeándole su conducta y haciéndole reconocer que la prohibición planeada es ofensiva e injusta, se habría ganado la simpatía o al menos el respeto de muchos medios que, sin ser musulmanes, han criticado a Trump por sus propuestas fascistoides. Es una oportunidad perdida: lanzar flores a Trump ha sido un error político y comunicativo más del gobierno egipcio con su presidente al frente. Hoy los titulares mundiales, sin necesidad de conspiración o rumores, recogen que el presidente de Egipto considera que Donald Trump será un "líder fuerte", un "strong man". No podía ser peor. ¿O sí?
Pero la actitud blanda ante Trump contrasta con la tomada ante Hillary Clinton, quien le recordó la cuestión de los derechos humanos en Egipto. El error esta vez —una vez más— es negarlo y poner como argumento una constitución que no se cumple, unos jueces que retrasan indefinidamente los juicios como castigo previo y el argumento de los cuatro años esgrimido por alguien que dijo no querer presentarse y al que ya le están haciendo campaña para seguir en el poder.


Egyptian Streets titula mostrando las loas de El-Sisi a Trump, "Donald Trump Would ‘No Doubt’ Be a Strong Leader says Egypt’s President Sisi". «During an interview with CNN’s Erin Burnett, Sisi was asked whether Trump, whom he met earlier this week at his place of residence in New York City, would make a strong leader. Responding simply, Sisi said “no doubt”»****. El "sin duda" no es un rumor; es un voto de confianza a alguien que ha dicho lo que ha dicho y al que le importa Egipto lo que un libro que tenga más de doscientas páginas y no hable de él. Pero eso del "apoyo a la lucha contra el terrorismo" le gusta al Presidente porque le asegura el flujo económico militar y el uso de la fuerza. Pero también condena a Egipto a una crisis constante visto como un parapeto cuya función es actuar de filtro para la seguridad y poco más. Es la misma política que mantuvo a Hosni Mubarak durante treinta años: haz lo que quieras dentro, pero elimíname los enemigos. Clinton, en cambio, le ofrece la ayuda pero lo dice que debe ser compatible con los derechos humanos. Luego unos tirarán más o menos de la cuerda.


En este mundo de rumores y noticias, de versiones de la historia desde uno o dos lados, Egipto siempre tiene que tener su propio "toque". Daily News Egypt nos deja anonadados con el titular "Head of ERTU News Department dismissed for airing old interview of Al-Sisi with PBS". La ERTU es la televisión estatal. Señala el diario:

Head of the Egyptian Radio and Television Union (ERTU) Safaa Hegazy ordered the dismissal of the head of the union’s News Department Mostafa Shehata on Tuesday evening for airing an old interview of President Abdel Fattah Al-Sisi, instead of a recent interview with American public broadcaster PBS, according to ERTU’s statement of apology.
The department’s deputy head Khaled Mehanna was promoted to take Shehata’s position until a new head is appointed. Hegazy also ordered the referral of all those involved in the error to the legal affairs department.
The recent interview with PBS took place on Tuesday during Al-Sisi’s presence in New York to attend the 71st session of the United Nations general assembly.
The interview was hosted by TV-host Charlie Rose who discussed various aspects of Egypt’s situation with the president.*****


¿Qué se puede decir después de esto? Se puede teorizar sobre el rumor, sobre la verdad, sobre los medios, sobre... pero siempre habrá alguien que destruya argumentos, razones y cualquier cosa tenga algo de lógica. En la época de Mohamed Morsi los egipcios (y el mundo) asistieron estupefactos a la retransmisión inesperada de una reunión secreta del presidente con políticos en la que se dijeron todo tipo de barbaridades sobre países vecinos y cómo sabotear las instalaciones de la presa Renacimiento del Nilo. Esta vez han asistido en ese medio fiable, como diría la bendita Azza Radwan Sedky, a una antigua entrevista, echando por tierra los cálculos y estrategias comunicativas y políticas. ¿Sabotaje, incompetencia, designio divino?
¿Así cómo vamos a ganar la 4GW?, se habrá preguntado el presidente a su regreso a casa. ¡Buena pregunta!




* "The ramifications of rumours, hearsay, and gossip" Ahram Online 22/09/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/242315/Opinion/The-ramifications-of-rumours,-hearsay,-and-gossip.aspx
** "Egyptian media blackout on rallies opposing Al-Sisi in New York" Daily News Egypt 21/09/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/09/21/550281/
*** "Egyptian president responds to Trump's Muslim ban" Egypt Independent 22/09/2016 http://www.egyptindependent.com//news/egyptian-president-responds-trump-s-muslim-ban

**** "Donald Trump Would ‘No Doubt’ Be a Strong Leader says Egypt’s President Sisi" Egyptian Streets 22/09/2106 http://egyptianstreets.com/2016/09/22/donald-trump-would-no-doubt-be-a-strong-leader-says-egypts-president-sisi/




domingo, 26 de junio de 2016

El mundo miente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Periódicamente los medios egipcios tratan de explicar a sus ciudadanos porqué incomprensiblemente a la gente del resto del mundo no le gusta lo que ocurre en Egipto. Cada cierto tiempo, es necesario para su tranquilidad explicarles que la perfección que ellos creen alcanzar en todos sus terrenos —aunque las cifras manipuladas digan lo contrario— despierta en el mundo envidias y conspiraciones. Lo medios rabian de envidia ante un estado de perfección en el que Dios echa una mano de vez en cuando para llevarles buenos gobernantes y quitarles otros que, en una leve distracción de la divinidad —¡hay tantos problemas en el mundo!— se les ha colado.
Esta vez le ha tocado a Ahram Online publicar un artículo con el título "The Western media exposed"*, firmado por Azza Sedky y que lleva la siguiente entradilla resumen: «The Western media plays a fundamental role in manipulating world opinion, as can be seen by its biased coverage of Egypt»*. Si no fuera por esa periodicidad en la que los periodistas e intelectuales proclives al régimen de Al-Sisi publican artículos como este o similares —el último detectado "The Guardian's fabrication apology: too little too late?", en Egypt Independent— no sentiríamos sorprendidos pero es difícil encontrar en la larga lista de este tipo de escritos uno de este calibre, que podría ser tomado como un indicador de la debilidad de sus propios planteamientos y, en especial, la falta de argumentos para defenderse a sí mismo ante aquellos a los que va destinado, el consumo interno.


El arranque del artículo es suficiente para ver los argumentos de la acusación:

Today, it is a given among the majority of Egyptians that the Western media is against them. As Egyptians try to present themselves as being on the right track, someone out there continues to slander their every move and flagrantly ignore their accomplishments.
Is this attitude towards Egypt deliberate and premeditated? If so, why? More importantly, is this only the attitude of the Western media or is that media a mere marionette in the hands of larger powers?
The Western world was sceptical if not critical of the 30 June Revolution. Though many countries have turned around since, Britain remains on the fence, and the US continues to give Egypt the cold shoulder despite official visits and a continued flow of foreign aid. Even if official views are superficially courteous, the Western media is dead set on presenting a tarnished picture of Egypt today.
Egyptians are bewildered. They cannot fathom how the West does not see eye to eye with them on what they consider to be the best thing that could have happened in over five years.
Egyptians went out in droves on 30 June 2013 to call for change. Doesn’t this make the revolution a legitimate one, launched by Egyptians and not enforced upon them?
Egyptians may never get to the real reason behind the hostility, but it will continue for as long as the powers in the West deem it to be necessary.*


Hay dos cosas que resaltan inmediatamente en el texto: 1) la grandilocuencia absoluta y 2) la ceguera. La primero resalta de forma inmediata en la pretenciosidad de los enunciados en donde, de forma retórica, ya se da algo por hecho apuntándoselo a un global "los egipcios". Azza Sedky va a explicar y confirmar eso que la sabiduría ancestral egipcia ya ha determinado: que los medios occidentales están contra ellos. Tras esta "verdad" incontestable —¿cómo van a estar equivocados los egipcios?—, a ella, intelectual" al servicio del pueblo, solo le queda explicarle las razones y el alcance. Intelectuales, pueblo y ejército, una sola mano. Confirma Sedky lo que el presidente El-Sisi le había advertido: los medios os engañarán; leed solo los oficiales.
Se vuelve al argumento de la envidia por la situación derivada del golpe de Estado del 30 de junio de 2013, el "no-coup". El argumento es tan absurdo que solo puede ser sostenido por personas llevadas por la ceguera y la mala memoria. Nunca pidió nadie un "golpe de estado", sino la renuncia de Morsi y la convocatoria de elecciones generales. Eso era lo que los egipcios solicitaban en la carta de Tamarod. ¿Cabe algo más absurdo que solicitar un golpe de estado firmando unas cartas? Solo cuando las cartas se juntaron y ante la negativa de Morsi, el Ejército intervino con el respaldo de las fuerzas políticas que no quisieron quedarse fuera y que entendieron que se trataba de evitar una guerra civil, argumento que el propio Ejército utilizo. Ese argumento se fue torciendo y manipulando, hasta darle la vuelta.


Como en la época de Mubarak, Egipto se ha beneficiado de su posición en cuanto a las críticas. Los gobiernos de los países que le han apoyado, esencialmente Estados Unidos, pagaban y mantenían a su Ejército para que mantuviera controlada la zona y evitarle problemas a Israel. Hoy se hace lo mismo, sigue recibiendo, pero la imagen que el presidente El-Sisi debe mantener ante los ciudadanos es la del nuevo Nasser, algo que evidentemente no es. Vende la soberanía de Egipto cuando su soberanía está hipotecada por múltiples deudas, como acaba de comprobarse con el caso de las islas de Tiran y Sanafir, auténtico caso de vergüenza.
No son los medios de información occidentales los que critican la actuación del gobierno egipcio, sino todas las instituciones de Derechos Humanos existentes. Los medios se limitan a recoger lo que esas instituciones dictaminan ante los preocupantes datos de todo tipo sobre juicios, represión y muertes. No han sido los medios occidentales los que han matado a la socialista Shaimaa al-Sabbagh llevando una corona de flores a los caídos en la revolución de enero de 2011; tampoco son los que han secuestrado, torturado y asesinado a Giulio Regeni. No son los medios los que colocan bombas en un avión ruso y se niegan a reconocerlo como atentado o bombardean a turistas mexicanos en mitad de una barbacoa en sus vacaciones. No son los medios occidentales los que encarcelan periodistas, ateos u homosexuales retransmitiendo en directo las redadas para mostrar lo virtuosos que son los egipcios.


La lista de  activistas encarcelados es grande y los medios occidentales apenas dan cuenta de ellos. De hecho, el interés de los medios occidentales por lo que ocurre en Egipto —por extraño que les parezca— es muy reducido, casi nulo. Los viajes oficiales procuran ser discretos y solo los dictadores del mundo, los autócratas, parecen sentirse a gusto allí.
Los dirigentes occidentales han sido en ocasiones nada diplomáticos: es importante que Egipto vigile la zona y eso nos importa más que discutir con ellos. Esto no implica reconocimiento alguno, sino todo lo contrario: es más importante que encarcelen terroristas. En realidad, Egipto ha dejado de importar. Y eso es profundamente injusto porque quienes están pagando ese abandono son aquellos a los que ni el gobierno ni una parte del pueblo les agradece el sacrificio que hacen e hicieron.
Lo sorprendente es que Egipto se atreva a hablar de manipulación de los medios occidentales cuando sufre la mayor manipulación histórica realizada en décadas en casi cualquier parte del mundo. Los medios egipcios y los políticos y empresarios que están detrás han logrado convencer a los ciudadanos de que los que salieron a la calle el 25 de enero de 2011, protagonizando uno de los episodios principales de la Primavera Árabe, eran agentes extranjeros destinados a hundir a Egipto. ¿Cómo puede Azza Sedky hablar de "manipulación"? ¿Cómo puede hacerlo cuando el poder reunió a los principales medios para ofrecerles una cuerdo de silencio mediante el que no se criticaría a jueces, militares o policía, un acuerdo ante el que se rebelaron determinados editores, tal como recogió la propia prensa egipcia? ¿Cómo puede Azza Sedky hablar de la manipulación de los medios occidentales cuando se está juzgando a la cúpula del sindicato de periodistas egipcios por amparar a dos profesionales que habían manifestado su opinión a la decisión unilateral del gobierno de la entrega a Arabia Saudí de las dos islas? ¿Cómo puede?


Hay otra cuestión: Egipto no está frenando el islamismo, solo está encerrado a los peligrosos. El fomento de una actitud antioccidental no es una ayuda ya que redirige los odios hacia occidente. Occidente ha inventado —forma parte de la oficial teoría de la conspiración— el Estado Islámico, Al-Qaeda, etc. Obama es un "terrorista" como lo son los estados occidentales y todo lo que llegue de allí un peligro destinado a la destrucción de Oriente Medio. Eso incluye muchas cuestiones, en especial los derechos humanos, que el presidente ha etiquetado como "algo occidental" y que choca con la moral egipcia. Todo lo que se quiere cortar es marcado como "occidental", del feminismo a Internet. Esto tiene sus consecuencias y es de una enorme irresponsabilidad. Los que se quejan constantemente de la islamofobia deberían mirar mejor lo que dicen.
Insistir en que existe una conspiración contra Egipto y que esta proviene de poderes occidentales (y sionistas) que quieren su destrucción es sembrar estadísticamente el terrorismo. Los que lo crean firmemente acabarán tomando medidas. No se puede ir diciendo que todos son enemigos y que no tenga consecuencias.


Las teorías de la conspiración son frecuentes allí, pero tienen riesgos. Elevar teorías absurdas al rango de verdad absoluta y encerrar al que discrepa por "faltar a la verdad" o "expandir mentiras" es una medida típica de las dictaduras más manipuladoras que solo quieren una versión del mundo. Querer que esta pretensión manipuladora se extienda a todo el mundo y se tengan que creer las absurdas versiones con las que el gobierno egipcio intenta que le cuadren los hechos forma parte del delirio en el que muchos viven.
Desgraciadamente los medios occidentales no se ocupan cuanto debía de la suerte de los muchos jóvenes que se jugaron la vida en 2011 y posteriormente intentando defender una libertades para todos. Hoy son acusados de agentes extranjeros en los medios egipcios o ante el propio parlamente.


Egipto puede engañarse a sí mismo cuanto quiera, pero será difícil que logre convencer al mundo de ver lo que no es o, al menos, de escuchar lo que otros opinan. Egipto es hoy en día un espacio de manipulación informativa sin precedentes, con episodios vergonzosos que a Azza Sedky se le han debido pasar por alto, como lo que ocurre con las islas entregadas a Arabia Saudí. Las amenazas a la prensa desde el parlamento mismo o desde el gobierno públicas. Quizá debiera leer más prensa egipcia, pero seguramente llegará a la conclusión de que todo el que no opina de la misma manera es un mentiroso y, sobre todo, que no tiene derecho a ser egipcio. Esa es la raíz de la inmensa mayoría de sus problemas, el monolitismo, la falta de diversidad.
Tristemente, personas muy valiosas desde muchos campos —la Ciencia, la Literatura, la Política...— se lo están diciendo al régimen. El discurso único no es bueno y la pretensión de que los demás tratan de hundirles es todavía peor; es un nacionalismo trasnochado que se basa en la manipulación de un pueblo al que se quiere aislar de cualquier crítica. Donde reina una sola palabra, todo es verdad.


Las especulaciones de Azza Sedky no se quedan en los periódicos, claro. Todos los periódicos del mundo responden como una sola voz contra Egipto. Los periódicos, señala, son mera marionetas. En la segunda parte del artículo todo esto se ve confirmado por la circulación de un documental de 25 minutos en el que todo se explica con claridad. ¡Menos mal! Allí se descubre ¡hasta lo que hay detrás de Google! 
Si quieren saber la verdad de cómo es el mundo, señala, atiendan a la reciente y criticada entrevista que le han hecho al presidente Sisi:

All this is taking place while President Abdel-Fattah Al-Sisi, whom the Western media has shunned, has allowed journalist Ossama Kamal to ask whatever Egyptians would like to know during his two-year presidency in an interview with no censorship, no prohibitions and no omissions, but gaining very little coverage from the Western media.*


¿No le entra a Azza Sedky que al mundo no le importa lo más mínimo? No es una "conspiración"; se llama "desinterés". No merece ninguna credibilidad lo que se recoja en una entrevista de este tipo, de un presidente que ha pedido al pueblo que solo le escuchen a él porque todos los demás les engañan, les hacen la "4GW". ¿No lo entiende?
Evidentemente, no. La frase final con la que Sedky cierra su artículo de forma lapidaria y cerrando el mensaje por si había dudas sobre su significado: "It is high time that we took the Western media with a grain of salt, doubting everything and believing nothing."*
Me saltan algunas dudas ahora. No sé en qué grado participo más de la conspiración universal, si criticando el artículo o silenciándolo. Todo lo que no haya sido decir que es maravilloso y envidiable será considerado un ataque. En cualquier caso, me quedo con la libertad de leer lo que ella dice y decir lo que pienso después, algo que desgraciadamente no puede todo el mundo.
El texto de Azza Sedky es una muestra más del drama intelectual egipcio, del fracaso de una clase privilegiada aduladora del poder que les sigue manteniendo en sus puestos. Los que le dicen al emperador que está desnudo deben hacer las maletas. 

Se publica, además, en un contexto específico: el debate sobre la nueva ley de medios, convertida en arma contra los propios medios egipcios y en especial restringiendo la capacidad de promover nuevos medios, especialmente desde los jóvenes, al exigirles unas licencias y capitales fuera de sus posibilidades. Las fuertes multas a los que publiquen sin licencia acaba por cerrar el círculo, dejando fuera a los que quieran criticar las posturas gubernamentales. En este sentido van algunas de las críticas —muy moderadas— que han sido realizadas por Mohamed Shuman, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Británica de Egipto (BUE), en su artículo publicado días antes que el de Sadky en el mismo medio. El título de artículo es "A critical eye on the law for organising media"**


La noticia de ayer era que se retrasaba por tercera vez, al 3 de julio, el juicio a la cúpula del Sindicato de Periodistas. Algunos llevan años esperando a que se celebren sus juicios. Pero eso es también un invento occidental.



* "The Western media exposed" Ahram Online 20/06/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/223264/Opinion/The-Western-media-exposed.aspx
** "A critical eye on the law for organising media" Ahram Online 11/06/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/4/0/222497/Opinion/0/A-critical-eye-on-the-law-for-organising-media.aspx