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jueves, 20 de noviembre de 2014

Disney y el príncipe de Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Poco les duran las declaraciones a algunos ministros egipcios. Empeñados en transmitir una imagen de "normalidad" que se basa en un imposible control de lo que ocurre mediante medidas de control, la realidad les desdice para desprestigio personal e inquietud general, que ven la creciente divergencia entre fotografía y realidad, entre discursos y hechos.
Hace apenas dos días salían de la boca del ministro de Inversiones, Ashraf Salman, unas triunfales declaraciones que recogía toda la prensa egipcia:

Disney World shows in Egypt sends an important message to domestic and international investors to Egypt that the country is safe and stable for investments, according to Investment Minister Ashraf Salman.
Salman added that the shows are particularly important for tourism investments, confirming that tourism sector revenues contribute 3.2% of the GDP and employs approximately 12.6% of Egyptian labour.
In a Tuesday press conference launching Disney World activities in Egypt, Salman confirmed that the Egyptian economy’s performance has improved, according to preliminary figures for the fiscal year (FY) 2014/2015. He added that the Ministry of Investment is working on the promotion of investments in various sectors.
Horatio Reina, CEO of Disney World for Europe, Middle East and Africa, Deputy Assistant of Foreign Minister for North America Affairs Ambassador Suha El-Gendy, representatives of US Embassy in Cairo and representatives of the ministries of Tourism and Investment, attended the conference.*


La noticia fue recogida con gran entusiasmo por todos. Es de estos mensajes, que el ministro considera buenos para los inversores, de los que viven los propios egipcios, que prefieren este tipo de indicadores a los que les proporciona la realidad misma. El proceso se invierte y sientes que todo va bien, no porque lo percibas en tus carnes diariamente, sino porque Disney venga a establecer un parque de atracciones. ¿Existe mayor signo de paz y seguridad que un parque de atracciones? ¡No! ¿Existe una mejor confirmación de que todo va bien, de que las decisiones son las acertadas, de que todos ven en Egipto un remanso de paz, que están enamorados de tu líder? ¡No! Hasta los encarcelados, los que están en huelga de hambre, los que no pueden manifestarse contra la ley antimanifestaciones, seguro que se emocionaron con la noticia. ¡Hasta Mubarak se alegró probablemente! ¿Quién no?


Egipto, que se ha manifestado diariamente, unos y otros, contra los americanos, que hizo marcharse a la embajadora Patterson ante las manifestaciones diarias contra ella, que acusa a los Estados Unidos de estar a favor de los Hermanos Musulmanes y de financiar el terrorismo, queda ilusionado, esperanzado por la llegada de un "CairoDisney". Mickey, Minnie, Donald y demás llegarán pronto para abrazar a todos en la entrada. Todo va bien.


La lástima es que los desmentidos han salido inmediatamente. Ayer la prensa independiente ya anticipaba que Disney negaba rotundamente tener planes al respecto. De hecho, la única referencia que une Egipto con Disney hasta el momento es la película "El príncipe de Egipto". Una noticia aparecida en The Jerusalem Post aseguraba que habían despedido al actor egipcio Wael Mansour encargado de doblar al árabe al Pato Donald había sido despedido por tuitear mensajes contra Israel. El propio Mansour mostraba orgulloso sus tuits. «“Disney decided I am no longer the official voice of Donald Duck in it’s middle-east dubbed cartoons because of an anti Zionism tweet. Proud!” he tweeted»**, recogía el periódico directamente de su cuenta. No sé si eso preparaba ya el clima para llevar a Egipto el parque temático..


Ahram Online desmiente hoy la noticia de titulares anteriores y reproduce la nota que la compañía Disney les ha enviado:

The Walt Disney Company denied it has plans to open a theme park in Egypt, a day after an Egyptian minister said talks were underway with the entertainment giant.
"While Egypt is an attractive market, we have no plans for the region at this time," a Disney spokesperson said in an emailed statement to Ahram Online.
Minister of Investment Ashraf Salman said on Tuesday that discussions were ongoing with Disney to build the Middle East's first Disney World park in Egypt.
"It would be similar to Disney France," Salman said, according to state-run news agency MENA.
Salman's comments were made during the launch of a live show featuring a cast of Disney characters in a magic-themed performance at Cairo International Convention Centre.
"At Walt Disney Parks and Resorts, we continually look for ways to grow our business and as part of that process we have conversations with many different entities," the Disney spokesperson said.***


La verdad es que la perspectiva de montar un parque Disney, no ya en Egipto, sino en cualquier lugar de la zona, parece un poco fuera de la realidad, por decirlo suavemente. Debemos entenderlo como forma de comunicación dentro de eso que algunos llaman "indicadores de confianza", como el propio ministro adelantó, una señal para los inversores. Este mensaje se está enviando todos los días para el exterior, pero también para el consumo interno, en donde se usan como reafirmaciones de lo correcto de las decisiones. Sin embargo, algunas han dejado en evidencia al gobierno porque se desmoronan.
Más grave que la cuestión de Disney, que queda en lo anecdótico, ha sido el fiasco del anuncio por parte de  médicos militares de haber encontrado un remedio para el SIDA y la hepatitis C, una enfermedad en la que Egipto tienen las más elevadas tasas del mundo. The New York Times lo contaba así en febrero:

CAIRO — At a news conference late last week, an Egyptian Army doctor confidently announced that the country’s military had developed a cure for the virus that causes AIDS, as well as hepatitis C, one of Egypt’s gravest public health threats.
The doctor, Maj. Gen. Ibrahim Abdul Atti, said the cures were the result of 22 years of his own study. At some point, he added, military intelligence had taken on his research as a secret project.
Now it was being revealed to the world.
“Defeating the virus is a very easy process, but God grants wisdom to whoever he wants,” said the general, who boasted that the treatments had cured 100 percent of AIDS patients and more than 95 percent of hepatitis C cases.
An Army video played at the news conference showed the devices used in the treatments at work. Some patients were hooked up to boxlike machines. Others were monitored by doctors holding what looked like a hand exerciser attached to an antenna that swiveled, following the patients as they walked.****


El escepticismo fue total por todo el mundo, incluido los científicos egipcios, que sintieron sonrojo ante lo que vieron y escucharon. Pero se estaban acercando las elecciones presidenciales y se trataba de transmitir la sensación de que en el ejército egipcio estaba la solución a todo, incluidas las enfermedades. Nos contaba entonces The New York Times que el vídeo que anunciaba la noticia se abría con unos heroicos soldados combatiendo. ¿También habían vencido al SIDA? Eso parecía querer transmitirse, más con el actual presidente y entonces candidato, general Al-Sisi, asistía al anuncio. Así terminaba The New York Times su información:

Some of the backlash came from unexpected quarters. Dr. Essam Heggy, a planetary scientist and an adviser to Egypt’s interim president, told a newspaper that it was a “scandal for Egypt” that “hurts the image of scientists and science” in the country.
“The real achievement is to realize our problems and resolve them together,” he wrote on Facebook, “not to invent illusionary solutions to real problems.”
Others complained that General Abdul Atti’s announcement, which praised the army, seemed connected to politics and the expected presidential candidacy of Egypt’s military chief, Field Marshal Abdul-Fattah el-Sisi, who was sitting in the audience when the presentation was made.
Dr. Gamal el-Ebaidy, a prominent surgeon and hepatologist, said he doubted the reported discoveries and was concerned that they might have been announced for “the sake of the elections.”
“Medicine has nothing to do with politics,” he said.****

Sin embargo, todo tiene que ver con la política en Egipto. Es como una olla a presión que, aislada del exterior, se cocinara en su propio jugo hasta irse consumiendo. La pérdida de sentido de la realidad crece y cualquier cosa es aceptable porque así se desea. Se cree sin mesura lo que se desea escuchar para tapar las carencias. Esto lleva a vivir en un drama consciente, en una tortura diaria a todos aquellos que no participan de esta euforia colectiva, de esta marea que les arrastra. La lucidez es un castigo hoy en Egipto y condena a la sanción pública del que lo denuncia o a guardar un silencio corrosivo.
Daily News Egypt publicaba hace unos días un artículo titulado "The fading faces of opposition media under Al-Sisi’s Egypt"*****. En él se recogen los "silencios" voluntarios y forzados en esta etapa de gobierno. Las imágenes de los silenciosos y silenciados presidía el artículo en el que se daba cuenta de los atropellos contra periodistas o comunicadores en este última época.
Es la época de la creencia ciega o del silencio. Llevan tiempo advirtiéndolo, pero no se ha visto una ceguera igual. Prescindiendo de aquellos que les pueden ayudar a evitar caer en el error, se corre el riego de estar cometiendo permanentemente desatinos en todos los órdenes. El fiasco del parque temático de Disney es uno más. No ha durado mucho, pero deja una vez más en evidencia esta forma de hacer política, a falta de otras cosas. Los que advierten que son estos fiascos los que dañan la credibilidad de Egipto tienen una dura tarea por delante. Pero saben que tienen a su favor que el tiempo pone todo en su sitio.



* "Disney in Egypt important message to attract investors: Investment minister" Daily News Egypt 19/11/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/11/19/disney-egypt-important-message-attract-investors-investment-minister/ 
** "Arab voice of Donald Duck fired by Disney for anti-Israel tweets" The Jerusalem Post 13/02/2014 http://www.jpost.com/Middle-East/Arab-voice-of-Donald-Duck-fired-by-Disney-for-anti-Israel-tweets-341355
*** "Disney not considering a theme park in Egypt: Spokesman" Ahram Online 20/11/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/3/12/115965/Business/Economy/Disney-not-considering-a-theme-park-in-Egypt-Spoke.aspx
*** "Disbelief After Egypt Announces Cures for AIDS and Hepatitis C" The New York Times 26/02/2014 http://www.nytimes.com/2014/02/27/world/middleeast/disbelief-after-egypt-announces-cures-for-aids-hepatitis-c.html?_r=0
**** "The fading faces of opposition media under Al-Sisi’s Egypt" 16/11/2014 The fading faces of opposition media under Al-Sisi’s Egypt








viernes, 23 de marzo de 2012

La fábrica de sueños caros y tontos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El Olimpo de los cómics se va agotando. Ya solo quedan diosecillos y semidioses, según parece, con poco atractivo para el público actual y futuro, condenado a secuelas y precuelas a falta de manjares originales con los que llenar sus tardes de ocio y palomitas.
El consumo de tipos musculados, saltadores increíbles, voladores supersónicos y fulminadores con ondas electromagnéticas que salen de sus manos, necesita de nueva savia que no llega creando un estado de ansiedad en los adictos a todas estas cosas.
Sí, John Carter ha fracasado.
Las aventuras de un señor —una especie de Tarzán de secano— que, por los juegos absurdos del destino tiene línea directa con Marte —bueno, con un Marte muy especial—, y va y viene cuando menos lo desea, no han logrado compensar lo que costó. La Disney ha comunicado unas pérdidas de doscientos millones de dólares
Y los ejecutivos —esos estetas irredentos— se preguntan cómo es posible meterse en la cabeza de esa inteligencia colectiva y emergente que se llama público y acertar. Nos dicen que ellos ya se lo temían, pero que mantienen las apariencias para evitar que el desastre sea mayor y recuperar algo. Hay que mantener la sonrisa hasta el final. Luego se llora. Y mucho, una barbaridad.

El contraste entre John Carter y Los idus de marzo es galáctico. En la primera se nos muestra la lucha por el poder en Marte —algo que a nosotros ni nos va ni nos viene, la verdad—, seres tirando a extraños montados en bestias más extrañas todavía recorriendo desiertos sin un pepino que llevarse a las fauces. En Los idus de marzo, por el contrario, se nos muestran nuestros monstruos morales cotidianos, los que sí nos afectan, luchando por el poder, es decir, por ponerse al frente para tomar las decisiones que afectan a nuestras vidas.
Por supuesto, se puede hablar de Marte y que la gente entienda que están hablando de su país y que bajo un señor verde y con verrugas se esconde el ministro de no sé qué, un tipo corrupto y violento, pero no es el caso. Aquí las facciones no son más que los antagonistas necesarios para que te pases dos horas viendo peleas y escuchando gruñidos en extrañas lenguas que no oirías en ninguna playa en agosto.


Los idus de marzo tiene magníficos actores, un buen guión y una buena realización. Salimos de ella con la sensación de que ese mundo es creíble —se parece al nuestro en el fondo y en la forma— y aprendemos algo sobre su funcionamiento. Entendemos que en esa película existe una reflexión moral sobre el comportamiento político, sobre la hipocresía y la manipulación. De John Carter salimos con una idea equivocada de Marte. Podíamos habernos divertido y pasado un buen rato, claro. Pero el público se ha aburrido y se lo ha contado a los demás. Y muchos se han quedado sin la ocasión de tener una idea equivocada de Marte.
El presupuesto de Los idus de marzo ha sido doce millones y medio de dólares. John Carter ha costado doscientos cincuenta millones de dólares más una decenas de millones en publicidad. La Disney calcula que perderá doscientos millones de dólares con la película. Antes el cine perdía dinero con películas como Cleopatra (J.L. Mankiewicz 1963), que casi llevó a la bancarrota a la Twenty  Century Fox,  o La puerta del cielo (M. Cimino 1980), que se llevó por delante a la United Artists. Ahora lo hace con John Carter, Thor y similares. La diferencia es grande.

Cuando una empresa invierte tantos millones de dólares en una película siempre hay un componente de riesgo. El arte es siempre riesgo si quiere ser verdadero arte. Pero aquí la palabra riesgo significa algo muy distinto al de las inversiones. Mientras que el arte se arriesga porque va contra el gusto del público al que trata de doblegar, de sacarlo de lo que antes le gustaba y ofrecerle nuevas propuestas, el arte industrial ve el riesgo en salirse del camino trillado, se busca lo que ha funcionado antes para repetirlo hasta la saciedad literalmente. Riesgo artístico no es lo mismo que riesgo empresarial.
El hecho de que las viejas fórmulas repetitivas, que siempre han caracterizado a la cultura popular, sean objeto de inversiones multimillonarias nos muestra la pérdida de sentido del arte, que se debe mover ahora entre la extravagancia y la repetición. Convertido en forma de llamar la atención —ya sea como consumo o como coleccionismo—, el arte se muere entre esas dos fórmulas que pueden tener éxito momentáneo, pero que desaparecen pronto, una porque se olvida la sorpresa sobre la que se funda y la otra porque no llega a recordarse por lo repetitivo.
Mientras las salas de cine se hacen más pequeñas, las películas se vuelven a hacer grandes. Intentan competir por medio de grandes presupuestos con sus enemigos naturales (las otras películas, los medios rivales y las descargas de la gente que no paga). Son demasiados enemigos y las armas de que disponen —los superhéroes, la serialización de lo que funciona estirándolo hasta que se agote, los efectos especiales, el 3D, etc.— no van a funcionar siempre. Y llegan entonces los héroes de segunda fila, la quinta entrega aburrida de la saga o la chapuza tridimensional.


En La Vanguardia* se preguntan por la vuelta de los cuentos infantiles al cine y la televisión —hay tres versiones para estrenar de Blancanieves en estos momentos— y en El Mundo lo hacen sobre el desastre económico de John Carter y la forma de evitarlo, algo inútil porque cuando ya son conscientes de que será un desastre, la película ya está hecha. Les pierde pensar que el público es una masa idiota que quiere siempre lo mismo. Y van bajando el listón.
El regreso a los cuentos —agotados los cómics— es el descenso en la edad mental del público al que se dirigen. Por mucho que se hagan versiones retorcidas, sádicas, etc. de los cuentos infantiles, el hecho manifiesto es la incapacidad de ir más allá del fondo de armario cultural. Llegados a la infancia, ya solo queda el descenso a lo prenatal. Tengo curiosidad.
Hay películas costosas y hay películas tontas. El cine industrial se ha convertido en la fábrica de los sueños caros y tontos.

* “El cine y la televisión recuperan los cuentos de hadas”. La Vanguardia 23/03/2012 http://www.lavanguardia.com/cine/20120323/54275324745/cine-television-recuperan-cuentos-hadas.html

** “Manual para no tirar el dinero con una película”. El Mundo 23/03/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/22/cultura/1332373272.html?a=9ea188ccd5adb29ff9d4d769decc114c&t=1332483095&numero=