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sábado, 8 de noviembre de 2025

6-7

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Suelo poner a mis alumnos de Semiótica enlaces a artículos que aparecen en los medios y que pueden tener interés para comprender los conceptos básicos de la asignatura. Los artículos se van amontonando en un directorio por el que pueden navegar. Allí encontrarán artículos en los que se preguntan por el significado del retrato oficial que Melania Trump ha hecho para esta legislatura, sobre lo que aparece en la imagen —del vestido y el sombrero a los edificios que hay tras de ella— o por qué la Generación Z ondea la bandera pirata que apareció en la serie One Piece en sus protestas por el mundo, entre otros muchos textos que afrontan el hecho cultural, rico y variable de nuestros tiempos mediáticos.

Nuestro mundo se mueve por códigos y lenguajes, por signos puestos en marcha a enorme velocidad y que unos entienden y otros no, creándose burbujas en las que unos y otros acaban por no entenderse, ante la deriva del hecho generacional, la nueva división del mundo. Donde antes se teorizaba sobre las "clases" sociales, hoy se trabaja sobre la idea de generación con una distancia menor entre ellas en cuanto a las edades, pero con unas diferencias cada vez mayores en cuanto a sus universos simbólicos y prácticas comunicativas, es decir, aquello que le interesa estudiar a la Semiótica, entre otras disciplinas.

Los acabo de poner a mis alumnos el texto aparecido en el diario El País y firmado por Guillermo Alonso, fechado el 4 de noviembre en su sección "Icon" con el titular "Qué significa el meme “6-7” o “six seven” que dicen tus hijos, si es que significa algo"* No hay mucha ironía en el título, sino una duda razonable sobre la expansión de una expresión que puede no significar nada, lo que no dejaría de ser relevante en estos tiempos en los que estamos súper comunicados, rodeados de mensajes y en medio de todo tipo de conversaciones.

Un meme adolescente cruza de forma oficial la frontera hasta el desconcierto adulto cuando The New York Times o The Guardian lo llevan a sus páginas e intentan explicarlo. También cuando la Wikipedia le dedica una entrada cuyo primer párrafo termina con “no tiene un significado concreto”. Es el caso de 6-7, o six seven, expresión popular entre la generación alfa, o sea, los nacidos después del 2010, que desconcierta a sus padres e irrita a los profesores en los colegios.*


La relevancia alcanzada por esta expresión, que no se sabe a ciencia cierta qué significa, no deja de ser un fenómeno nuevo (quizá no tanto) que nos desvela muchas cosas... excepto el significado de la expresión, algo que el articulista intenta a lo largo del texto, para concluir que no se sabe qué quiere decir. Hoy podemos encontrar en todos los medios mundiales una pregunta: ¿qué significa 6-7?

La conclusión a la llegamos por aproximación al fenómeno es que puede que tampoco quien lo usa sepa qué quiere decir o que se use para cuando no sabe qué decir. Puede que sea solo un término numérico que busque establecer el contacto comunicativo, sin más, que se use precisamente por la falta de significación.

El artículo habla de la irritación causada a los padres por no entender, incluso que sea una forma intencionada de irritarles porque ellos no lo entienden. Pero la pregunta clave es si internamente, para esa generación Z nacida después de 2010, es decir, los que tienen un máximo de 15 años, se pueden entender, si significa algo para ellos o es solo un marcador generacional.

A veces, los número significan algo, como el número "4" en la cultura china, donde se relaciona por su sonido con el término relacionado con la "muerte" o se cree que el "13" puede traer "mala suerte" (por cierto, ¿6+7=13?). Pero por ahora el "6-7" solo es una posibilidad significativa vinculada a unos hablantes que no lo tienen claro entre ellos mismos, pero a los que esto no les importa demasiado y lo usan.

El artículo de Guillermo Alonso se cierra con estos dos párrafos tras una navegación infructuosa por un océano de posibilidades y orígenes:

Según datos de dictionary.com, las búsquedas de 6-7 en Google aumentaron un 600% en los dos últimos meses, seguramente a manos de padres y profesores que no entendían nada. La misma Dictionary acaba de elegir 6-7 palabra del año (el año pasado eligió demure). 6-7 no es una palabra, son dos números, pero eso no importa. 6-7 ha sido elegido como palabra del año y nadie sabe exactamente qué significa, pero eso tampoco importa. La plataforma intenta darle un significado, pero ellos mismos admiten que “es complicado”: “Algunos dicen que significa más o menos, o ni una cosa ni otra, especialmente cuando se acompaña de su característico gesto con la mano, en el que ambas palmas miran hacia arriba y se mueven alternativamente de arriba abajo. Algunos jóvenes, intuyendo una oportunidad para fastidiar a sus mayores, lo usan como respuesta a casi cualquier pregunta: ‘Hola, cariño, ¿qué tal el cole hoy?’ ‘¡6-7!“,

Tal vez el significado ya no signifique nada, y el mundo de mañana sea más de gestos y emociones y la intención sea, más que expresarse ante el otro, irritarlo. Algunas escuelas ya han prohibido su uso porque las palabras 6-7 interrumpen las clases. 6-7 no significa nada para usted y significa absolutamente todo y cualquier cosa para su hijo. Es la piedra roseta de la brecha generacional para finales de 2025. En todo caso, ya existe una bebida enlatada con el nombre 6-7 que promete vender muchísimo. Patentes y Marcas lo ha entendido perfectamente.*

Un análisis inteligente de una situación absurda. Pero es esa misma absurdez la que debería preocuparnos, aunque no es sencillo en este mundo fraccionado generacionalmente. La "generación", insistimos, sustituye a la "clase". Es una burbuja de consumo, especialmente comunicativo. Nadie sabe qué significa, pero se le pone por nombre a una bebida con la seguridad de que será comprada dentro del "paquete" generacional. Lo hará junto a ropas diferenciales, a juegos diferenciales y a todo tipo de elementos marcadores de la generación. "6-7" será una marca generacional, un atractor de consumo, algo que significa "esto es para ti" y no para otros. Lo que pueda significar más allá de esto es irrelevante, pues no es lo que se quiere decir porque se desconoce.

No voy a cometer el error de pensar que es una insuficiencia de la generación Z; creo que cada generación tiene sus expresiones propias. Esta será sustituida pronto por otra expresión manteniendo el dinamismo. Pero sí nos avisa del peligro del hablar sin decir o de la ausencia de una comunicación. Tras estos fenómenos hay muchas consecuencias, aunque no sean inmediatas. Hablar sin decir es peligroso porque nos lleva al actuar sin pensar o similares. Nos lleva a una soledad creciente y a una falta de recursos expresivos en la comunicación, incluso en la auto definición.

Si sirve para algo es para revelarnos el funcionamiento del sistema de la cultura, las bases de la comunicación, como nos diría Michel Foucault la distancia entre "las palabras y las cosas" o la arbitrariedad del signo. Aquí solo hay palabras, sin significados (o con todos) y sin cosas a las que referirse. Hay un significante puro, ausente el significado, un hueco que se rellena cada vez que se utiliza, un significado que el otro presupone, del que no está seguro. Pero ¿quién está ya seguro de algo?

Ya saben, ¡6-7!

 


* "Qué significa el meme “6-7” o “six seven” que dicen tus hijos, si es que significa algo" El País 4/11/2025 https://elpais.com/icon/2025-11-04/el-6-7-o-six-seven-que-dicen-tus-hijos-que-significa-si-es-que-significa-algo.html

sábado, 11 de octubre de 2025

El heroico embajador contra el diccionario

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos tiempos las guerras que se libran en estos tiempos son muchas y muy diversas, pero la que ha emprendido el embajador sueco en España es muy especial. El embajador se convierte así en un héroe trágico, es decir, en un héroe que no ganará su batalla, lo que da ese tinte a su acción inútil. Y es que el embajador sueco ha emprendido una batalla falsa contra un enemigo equivocado, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, contra el DRAE.

En RTVE.es podemos leer lo siguiente tras el titular

"Fingir que no se entiende o no se sabe para evitar responsabilidad o compromiso", esa es la definición, según la RAE, de la expresión "hacerse el sueco". Una frase popular que, ahora, la embajada de Suecia en Madrid ha pedido cambiar su significado a través de un comunicado, dirigido a los españoles: "¿No tendría más sentido que el significado de esa expresión fuera para algo más sueco? Quizás para llamárselo a las personas que cuidan y se preocupan por el planeta", se pregunta el embajador de Suecia en España, Per-Arne Hjelmborn.

Hjelmborn ha impulsado la campaña #haztelsueco. Un movimiento que consiste en fomentar el cambio de la expresión popular hacia una tendencia positiva. Esta iniciativa se ampara en las actitudes que tiene, por norma general, la población sueca a favor del cuidado del medioambiente, por ejemplo.*

 


Además de responsables y cuidadosos, como señala el embajador, parece ser que los suecos también creen el poder de las instituciones, lo que se deduce de su ingenua creencia de que es el diccionario el que determina qué significa una palabra o expresión y no al contrario, es decir, que se limita a recoger el sentido que se le da en un momento y adquiere estabilidad. De hecho, los suecos no podrían reclamar el cambio si no estuviera en el diccionario.

En estos tiempos de "guerras" reales y mediáticas, que el embajador sueco lance a la comunidad sueca en España en contra del diccionario y de los que están detrás (no los académicos, sino el pueblo español, que es quien usa esa expresión) me parece un error peligroso pues es poner un conflicto donde realmente no lo hay. Creer que se va a redefinir como "sueco" no a los que no entienden sino a los que cuidan mucho el planeta es de nuevo un chiste solo concebible por parte de alguien demasiado ingenuo para ser real. Quizá lo que consiga el embajador sea un nuevo sentido añadido, el de "aquel que se suma a causas inútiles", que sería más acorde con lo planteado.

Nunca he visto nada "insultante" en la expresión "hacerse el sueco", que no afecta a los suecos sino a los españoles. Pese a los orígenes que se nos dan, lo cierto es que esto proviene del contacto turístico, donde fueron muchos suecos los primeros en asentarse en España, en formas sus colonias en las urbanizaciones en zonas turísticas. El "mí no entender", algo real, se convirtió por extensión en una forma de ampararse en el desconocimiento de la lengua. No se trata de lo que hace el sueco, sino de lo que hace el españolito. No es una crítica al que no sabe la lengua, sino al que finge no entenderla, es decir, el español. El embajador ha actuado con un exceso de celo y una ampliación del diccionario hacia sentidos que no tiene. No hay críticas al sueco, estando la clave en el "hacerse".



Pero hacer creer a la comunidad sueca en España, incluso a los suecos de Suecia, que se les insulta o infravalora es peligroso y tiene sus riesgos. Podemos percibir un cierto "aviso" a navegantes sobre el peso de la colonia sueca en España, que es grande. ¿Qué busca realmente el señor embajador, darse a conocer, medallas, una carrera política...?

En el final del artículo se señala:


De momento, parte de la población sueca que habita en nuestro país se ha sumado a esta iniciativa para cambiar el significado de una frase hecha relacionada con conceptos como la irresponsabilidad y la imprudencia, términos con los que los propios suecos no se sienten identificados: "Nosotros somos lo contario. Educamos aquí, en el colegio, sobre la responsabilidad", indica la directora del centro educativo escandinavo de Madrid, Jeny Dettman. "No escurrimos el bulto. A los suecos, [la frase] no nos representa nada", señala la contable del lugar, Pia Rymer-Ryhten.

Tras el comunicado, la embajada de Suecia en España está a la espera de la respuesta de la RAE y la Fundéu para ver si, a través de la campaña #haztelsueco, pueden conseguir ese cambio que tanto desean.*


¿Alguien ha identifica la expresión con "la irresponsabilidad y la imprudencia"? ¿Alguien está manipulando a los suecos para hacerles creer lo que nunca se ha asociado con ellos? ¿Controla el embajador sueco la lengua y usos del español o está mal informado y asesorado?

Lo que podría ser solo una anécdota divertida ¿se puede convertir realmente en una manipulación que lleve a un conflicto de algún tipo entre ambas comunidades? El caso despierta ciertas resonancias con los manejos de los medios británicos, otra amplia colonia de residentes, jubilados principalmente, en nuestro país, para presentar aspectos negativos sobre la sociedad española. ¿Pretender reducir el tamaño de la colonia mediante la creación de una ambiente de antipatía?



No creo que esta idea sea demasiado "conspiranoica" ya que la hemos visto practicada por algunos países que ven que las salidas de capitales hacia donde residen sus jubilados —con lo que supone de gasto, compras de vivienda, sanidad, etc.— exceden lo trivial. ¿Busca convertir España en un país antipático para los suecos? La noticia se produjo a comienzo del verano, en junio, un buen momento.

En cualquier caso, la ingenuidad peligrosa del embajador queda ahí como creación de un "malestar" de fondo para la colonia sueca en España, justo lo contrario de lo que debería ser la función diplomática de un embajador. Podemos considerar que es malintencionada o que simplemente es una ingenuidad por su parte, ya que creer que la gente mira el diccionario para usar las llamadas frases hechas, solo puede considerarse un absurdo. Toda lengua tiene esas expresiones coloquiales que no suponen mucho más allá del uso que se da. Habría que mirar el sueco coloquial, por si acaso hay algo sobre los españoles.

No sé cómo habrá afectado esta campaña pre veraniega a la llegada a España de ciudadanos suecos. Desde luego no creo que haya traído más, si acaso lo contrario. Si su idea es cambiar el lenguaje coloquial, no creo que tenga mucho éxito. En otros campos, puede ser que tenga más éxito. 

No hemos visto datos al respecto. La cifra aclaradora sería esa llegada mayor o menor a España de esos ciudadanos suecos enfadados. Es sorprendente también la titulación de algunos medios en este caso, dando por des contado que habrá que dejar de usar la expresión por la acción del embajador sueco o que deje de usarse si se cambia en el diccionario. Incluso pensar que se puede aceptar la nueva acepción propuesta por el embajador es algo más que ingenuo. 

No voy a dar pistas, pero habría otras expresiones que quizá fueran estereotipos más peligrosos y negativos que "hacerse el sueco".

No conozco a nadie que haya aplicado a un ciudadano sueco la expresión "hacerse el sueco", lo que sería llevarla al absurdo, algo que ha hecho el heroico embajador.

 

ABC 9/06/2025

 

* ""Hacerse el sueco", la frase hecha que quiere resignificar la embajada del país nórdico" RTVE.es 6/06/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250606/embajada-suecia-pide-cambiar-significado-expresion-hacerse-sueco/16614367.shtml

martes, 2 de mayo de 2023

Los peligros de la lectura de nuestros pensamientos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Si ya es peligroso que te lean lo que tienes en el móvil, imagínate que te lean lo que tienes en la cabeza". Son palabras del neurocientífico Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia (NY). Están dichas en el vídeo reportaje de RTVE.es que lleva por titular "Un descodificador traduce el significado de lo que se oye o imagina a partir de imágenes de la actividad cerebral". Como suele ser cada vez más habitual en este tipo de investigaciones que se adentran en la naturaleza humana, la entradilla nos tranquiliza y trata de evitar los reparos que el propio título sugiere: "Se trata de un sistema que solo funciona si cuenta con la colaboración del usuario para preservar su privacidad" y "Los investigadores esperan que pueda ayudar a las personas que han perdido la capacidad de hablar".

Es característico de este tipo de noticias, las que se acercar a los límites, asegurar que son las buenas causas las que las motivan y no otros pensamientos. Las dos entradillas tratan de tranquilizarnos: a) no se puede hacer contra nuestra voluntad, y b) es una ayuda para las personas. Una buena causa. Es la forma de mostrarse hacia el exterior y eliminar resistencias y temores, de tranquilizar y evitar corrientes de opinión pública. Sin embargo, la opinión del profesor Yuste en el mismo vídeo del noticiario refleja dos cosas, la opinión de un especialista en el campo y el temor que se nos ha colado a todos al leer el titular.

En el texto de la noticia se nos explica el adelanto: 

Un grupo de investigadores estadounidenses ha desarrollado un descodificador semántico que puede traducir, en un flujo continuo de texto, el significado aproximado de la historia que una persona escucha o imagina en silencio a partir de imágenes de su actividad cerebral.

Un estudio que publica este lunes Nature Neuroscience presenta este descodificador, que funciona a partir de la resonancia magnética funcional (IRMf) y que, a diferencia de otros, no requiere de cirugía neuroinvasiva para su uso.

El objetivo de la decodificación del lenguaje es hacer grabaciones de la actividad cerebral del usuario y con ellas predecir las palabras que estaba oyendo o imaginando, ha explicado en una rueda de prensa virtual el coordinador del estudio, Alexander Huth, de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU).

El nuevo dispositivo "no recupera las palabras exactas, eso es muy difícil usando este enfoque, pero se puede recuperar la idea general", ha agregado otro de los firmantes, Jerry Tang, del mismo centro educativo.  Aproximadamente la mitad de las veces, cuando el descodificador ha sido entrenado para monitorizar la actividad cerebral de un participante, la máquina produce un texto que, aunque no es literal, se acerca mucho al significado previsto de las palabras originales.

"Esperamos que la decodificación del lenguaje pueda ayudar a restaurar la comunicación a las personas que han perdido la capacidad de hablar debido a una lesión o enfermedad", ha expresado Tang.* 


La "imprecisión" del sistema producido se ejemplifica así: "... un participante que escuchó a un orador decir: "Todavía no tengo el carné de conducir", sus pensamientos se tradujeron como: "Ella todavía no ha empezado a aprender a conducir"." No es muy tranquilizador, la verdad. De nuevo, esta falta de literalidad absoluta intenta ser ejemplo del éxito y, a la vez, tranquilizadora por su "imprecisión". Como puede apreciarse, la "imprecisión" es mínima. No conviene todavía que sea demasiado precisa por los peligros que pueda suponer.

En estos tiempos en que se ha puesto encima de la mesa el problema de la Inteligencia Artificial y de sus posibles efectos en distintos campos y aplicaciones, la cuestión del "control", de la "responsabilidad" empieza a ser preocupante. La IA también ha participado en este proyecto "aprendiendo" las pautas del pensamiento de los sujetos y convirtiéndolo en salida de palabras. Evidentemente, la IA no es responsable de nada; son los que la usan aplicándola a diferentes tareas los que tienen la responsabilidad. Por eso siempre se nos dicen los grandes beneficios que tienen para la "humanidad", aunque luego estos se traduzcan en otra cosa.

La investigación hoy está controlada por la industria; es quien la financia y la que espera resultados que permitan su comercialización o aplicación en determinados campos. Los científicos cuentan poco o nada. Entregarán los resultados de sus investigaciones y algunos rezarán para que se usen en una buena causa. Eso ocurre desde los productos químicos, la energía nuclear hasta llegar a la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones hoy en día.

Muchos dirán que no es su responsabilidad lo que otros hacen, pero no es un consuelo. Gran parte de la investigación de este tipo está siendo bien aprovechada por parte de las dictaduras para poder mantener su control sobre la sociedad. Así ocurre con muchas tecnologías, que son rápidamente aplicadas al control y vigilancia. Estos países, buenos pagadores, utilizan el desarrollo tecnológico para reforzar su poder. Se controla lo que se gasta, dónde se van, con quién se habla. Y ahora, lo que se piensa.

El desarrollo incontrolado de la IA en las democracias basándose en las libertades del mercado y la ausencia de responsabilidad es solo una parte. En realidad, el control que tienen las grandes compañías de nosotros, consiguiendo nuestros datos, comerciando con ellos, aplicándolos a nuestra manipulación se hacen en nombre del mercado, que es cada vez menos una opción de libertad y más un espacio de control.

Todos dicen que es para "mejorar nuestra experiencia", según reza en las páginas que nos obligan a aceptar para acceder a los servicios. La democracia es irrelevante; lo importante es la compra venta de datos, algo que permite acceder a nuestro pasado, presente y futuro. En realidad, que se pueda leer nuestros pensamientos es un hecho de confirmación, porque ya se comprenden nuestros comportamientos, igualmente predecibles. Pensar es casi un hecho accesorio cuando nuestros pensamientos son inducidos, estimulados a través de otras técnicas que las neurociencias ponen a disposición del mercado.

Los "problemas" de los que nos hablan no son más que pequeñas limitaciones que se disuelven en la nueva potencia de procesamiento de datos. No somos tan diferentes (¡un penoso descubrimiento!) como nos imaginamos y siempre es posible mejorar. El reportaje de RTVE.es señala: 

Tampoco se puede entrenar el decodificador con las IRMf de una persona e intentar usarlo con otra, pues los resultados no son válidos. Los autores indicaron que se tomaban "muy en serio" la preocupación de que un dispositivo de este tipo pudiera llegar a usarse con malos fines y han trabajado para evitarlo.

Sin embargo, Tang ha reconocido que todo puede cambiar, dependiendo de hacia dónde avance la tecnología en general, por eso hay que seguir investigando las implicaciones para la privacidad mental y ser proactivos con políticas que la protejan.* 


Pero desgraciadamente, las implicaciones para la privacidad, como se señala, no reciben las mismas inversiones. Los que advierten no suelen tener la misma fortuna que los que avanzan hasta conseguir la financiación para proyectos cuya aplicación positiva, por mucho que se diga, será marginal en relación con aquellos a los que eso de la privacidad  importa poco, a la que consideran un obstáculo absurdo que se interpone entre ellos y sus beneficios.

Por mucho que se vigile y se advierta, el provecho real está en los desaprensivos, por un lado, y en los dictadores, que ven una nueva ventaja, llegando más lejos que los dictadores a los que suceden. En las democracias y países ricos, parece que estamos dispuestos a vender nuestros pensamientos muy baratos. No le damos importancia y vendemos nuestra intimidad. Pero allí donde el poder es implacable, hay que guardar a buen recaudo pensamientos y acciones por lo que pueda pasar.

Puede que a usted le dé igual que le lean la mente, que piense que no tiene interés para nadie. Se equivoca. Sus pensamientos interesan a los que quieren saber quién es usted, lo que puede hacer en el futuro en cualquier dimensión, ya sea política, económica o de cualquier sentido. Entre unos y otros, usted —que se cree tan libre— acaba siendo un juguete. Puede que se arreglen algunos trastornos del leguaje, pero seguro es que en muchas zonas del mundo que se les cambiará la vida a muchos. Si su móvil ya no tiene secretos, su cabeza pronto tampoco los tendrá. Es la Sociedad del Monitoreo, que amplía su campo de acción. Palabras, conducta, acciones y ahora pensamientos.

Toda tecnología tiene dos caras, se puede usar para el bien o para el mal. La Historia nos dice que el mal le saca mejor provecho.  

* "Un descodificador traduce el significado de lo que se oye o imagina a partir de imágenes de la actividad cerebral" RTVE.es / EFE 1/05/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230501/descodificador-cerebral-traduce-significado-se-oye-imagina/2442886.shtml

miércoles, 1 de marzo de 2023

La lengua de Putin

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Pierre Bourdieu nos explicó en "¿Qué significa hablar?", que la "lengua" era del "rey" de turno y que las Academias se fundaron para proteger la lengua del rey del deterioro que el pueblo inculto podía ejercer sobre las palabras. El pueblo es inculto y las élites son las que dominan la lengua. Incluso las lenguas, pueden tener su propio prestigio y ser elegidas como propias de las élites y rechazar la propia, que puede no considerarse vehículo de cultura y sí de barbarie. Así ocurrió con el uso del latín, por ejemplo, que los intelectuales consideraban de prestigio y tradición frente a las lenguas vernáculas. Es el desarrollo de cierto sentido nacional el que hace que las lenguas propias se consideren vehículo artístico, cultural. Por eso el romanticismo fue una explosión nacionalista empezando por crear esa lengua del pueblo que se lanzaron a recolectar e imitar. Una de las lenguas más tardías fue precisamente el ruso, cuyos nobles preferían expresarse en francés o alemán, antes que en el feo idioma del inculto pueblo. Se considera a Pushkin el padre del ruso, el autor moderno que sirve de referencia para hablar de un idioma ruso literario. Lo demás es arqueología, rastreo de esa lengua despreciada anteriormente y que fue necesario dignificar acogiéndola en sus propias instituciones, las mismas que la habían despreciado.

En el artículo titulado "¿Por qué los nobles rusos hablaban francés?"*, firmado por Oleg Yegórov, publicado en Russia Beyond, se nos explica en su inicio:

Guerra y paz de Lev Tolstói es uno de los libros más difíciles que tienen que leer los estudiantes rusos. No nos referimos aquí a su tamaño sino a las partes que están escritas en francés.

La mitad del diálogo con el comienza la novela, en un salón de la alta sociedad petersburguesa, está escrito en francés y no es una invención del autor sino un reflejo de los modales de principios del siglo XIX (el primer volumen de Guerra y paz trata sobre eventos que tienen lugar en 1805). Tal y como dice el narrador sobre uno de los personales: “Hablaba en ese refinado francés con el que nuestros abuelos no solo hablaban sino también pensaban”. Y es que en el siglo XVIII el francés “conquistó” Rusia y se convirtió en la lengua no oficial de la aristocracia. ¿Cómo ocurrió?* 

Rusia siempre ha ido con otro ritmo, con otra historia paralela a la occidental. Sin un "renacimiento", sin una etapa "racionalista", sin un pensamiento de libertad individual, Rusia es Rusia. No fue hasta la década de 1860 cuando se suprimió la servidumbre de la gleba, una institución esclavista y medieval. Podemos leer lo que supuso el cambio en la magnífica Padres e hijos, la novela de Iván Turgéniev: "...Decidí que en casa no tendría a más siervos liberados, antiguos miembros de la servidumbre; o que, por lo menos, no les confiaría cargos de responsabilidad. —Arkadi señaló a Piotr con la mirada—. Il est libre, en effet —observó Nikolái Petróvich a media voz—, pero es que él es ayuda de cámara. " (Padres e hijos, cap. VIII).

El hecho de que la nobleza hablara —y pensara, como señala Tolstói y vemos en el fragmento anterior de Turgéniev— nos dice mucho de lo que es Rusia y de lo que ha sido su propia evolución en paralelo a Europa y muchas veces más cercano al totalitarismo asiático, cuyos emperadores estaban bastante cerca de lo que representaban los zares, con el apoyo de la iglesia rusa, contraria a cualquier modernización porque suponía perder el control sobre la ignorancia, como todavía vemos hoy con la actitud de Kirill I, el patriarca de Moscú, valedor de Putin en las invasiones y en sus cruzadas morales y religiosas.

La romantización rusa supuso la dignificación del lenguaje y del pueblo. De esta forma, a la obediencia absoluta se le añadió la voluntad popular, la del pueblo, ahora adulado, mitificado e igualmente explotado por los que dijeron actuar en su nombre. No se libra uno fácilmente del culto a la autoridad.

Ahora se busca el romanticismo nacionalista de los eslavos, ya que se trata de distinguirse de Occidente. En esta línea, Rusia ha estado dividida entre eslavófilos visionarios y occidentalistas liberales. Pero no es fácil hacer consciente a la gente de su libertad y muchos prefieren las ventajas del populismo nacionalista que les libra de pensar y les ofrece dejarse llevar por esas corrientes místicas, mezcla de sangre y tierra.

La lengua rusa se reviste actualmente de nacionalismo. Pensemos que la prueba de verificación para invadir, al igual que hizo la Alemania nazi, es la lengua. Allí donde se habla la misma lengua es que existe el mismo pueblo. Rusia te enseña ruso y luego te anexiona para liberarte, como ha ocurrido en Ucrania. Los rusófonos son la vía de entrada, la excusa para la invasión. Se empieza hablando ruso y se acaba con el pasaporte en la boca.

RTVE.es nos da una noticia interesante por lo que representa en el contexto de lo señalado anteriormente: 

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha declarado la guerra a los extranjerismos con el fin de proteger la lengua rusa de la excesiva influencia de otros idiomas, especialmente el inglés. 

Putin ha promulgado este martes la correspondiente ley que le remitió la Duma y que fue aprobada en primera lectura en diciembre pasado. Con esta norma se prohibirá a los funcionarios del gobierno ruso la mayoría de las palabras extranjeras en el ejercicio de sus funciones.

"A la hora de utilizar el ruso como lengua estatal de la Federación Rusa no se permite el uso de palabras y expresiones que no se correspondan con las normas del idioma literario ruso moderno", señala la nueva ley. La excepción, añade, "son las palabras extranjeras que no tienen análogos en el idioma ruso y cuya lista está recogida por diccionarios normativos".

La ley, que sigue la senda de otras lenguas como el francés, pretende proteger el idioma del "uso excesivo" de palabras extranjeras. Ahora, el Gobierno ruso debe determinar el mecanismo de elaboración de gramáticas, diccionarios y otros manuales que incluyan las normas lingüísticas de obligada aplicación. El objetivo es promover el correcto uso del idioma en todos los niveles de la administración pública.

También se publicará una lista de palabras que pueden utilizarse. Por el momento, no existen penas para quienes no respeten las medidas.**


 

Creo que con lo expresado anteriormente se entiende con más claridad el sentido "romantizador", es decir, populista y nacionalista, de la medida tomada por el gobierno ruso.

Pero la lengua es también una forma de control. El que manda es quien decide qué significan las palabras. Por ello, decidir qué se puede decir y qué no es una de las bases totalitarias más eficaces del control social.

Con esta medida, Putin convierte el aparato del estado, la maquinaria funcionarial, en agente activo en el modelado del pueblo ruso, al que se le fijan las fronteras mentales, que son las de la lengua. La lengua vuelve a ser de Rey, en este caso del Zar de todas las Rusias, Vladimir Putin. Excluyendo las palabras que vienen de fuera, Putin crea un modelo de aislamiento que define lo otro como maldad, como contaminación. Si el uso de la palabra "guerra" aplicado a la "operación especial" en Ucrania ya marcaba un control del lenguaje traducido en control de la realidad, las nuevas medidas convertirán la comunicación en un espacio de vigilancia y sanciones separando el buen hablar de unos frente a los que usen otros términos o con otros sentidos.

Rusia es cada vez más el espacio de Putin, cada vez más separado del mundo. El ruso es cada vez más un arma que se vuelve contra los propios rusos, que son quienes lo usarán con miedo a que se deslice entre sus palabras un término indebido, una palabra peligrosa. Por el momento, dicen, no habrá sanciones, quizá porque las estén calibrando, poniendo a punto. Quizás porque sea un arma de identificación de aquellos que manejan otras fuentes, más allá de las estrictamente rusas.

De los salones que describía Tolstói hablando en francés, a los despachos, calles, escuelas, medios en las que deslizar cualquier término que no se ajuste a lo prescrito sea un acto punible. 

* Oleg Yegórov "¿Por qué los nobles rusos hablaban francés?" Russia Beyond 6/06/2022 https://es.rbth.com/cultura/2017/06/19/por-que-los-nobles-rusos-hablaban-frances_785542

** "Rusia aprueba una ley que prohíbe el uso de extranjerismos a los funcionarios públicos" RTVE.es  28/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230228/putin-declara-guerra-extranjerismos-ley-busca-proteger-lengua-rusa/2428507.shtml

viernes, 16 de abril de 2021

Las lenguas y sus mundos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




La CNN publica una página especial con formato muy gráfico y sonoro, titulada "Losing languages, losing worlds"* donde se nos da una visión de conjunto sobre un fenómeno cultural al que se le aplican los mismos procesos natural que afectan al mundo, las extinciones. Las lenguas desaparecen.

El papel que el lenguaje juega en nuestra especie es determinante. Somos seres comunicativos, en los que el lenguaje tiene dos funciones: la comunicación y el modelado de nuestras mentes y del mundo. No son procesos separados, sino profundamente interconectados. El lenguaje es, a la vez, personal y social. Ordena nuestro mundo interior mediante la aparición de palabras y conceptos y permite intercambiar informaciones sobre el mundo exterior (lo que ocurre o vemos) y lo que pensamos, es decir, nuestro mundo interior. El lenguaje es una herramienta personal y social, algo que recibimos desde fuera, de la comunidad, que nos transmite la cultura en que nos vamos a desenvolver. Y es también algo a lo que contribuimos con nuestras experiencias, con nuestras ideas y con la incorporación de palabras.

Cuando nacemos tenemos una capacidad lingüística; cuando crecemos nos adentramos en una comunidad lingüística de la que aceptamos sus manifestaciones, es decir, una lengua específica que es una forma de ver el mundo, un organizador espacio-temporal, un muestrario emocional (pone nombre a lo que sentimos), nos ofrece —más allá de las palabras— todo un sistema metafórico que implica un sistema de valores que aceptamos o con el que luchamos.



Todo lo que cuesta aprenderlo, lo olvidamos pronto. Una vez que nuestro cerebro aprende las reglas, las gramáticas, que son los mecanismos de construcción expresiva, nuestra memoria empieza a guardar datos para afinar las expresiones. Nuestro mundo depende de la cantidad de matices que cada palabra cubre. Todo ello no es exacto, por lo que está sujeto a lo que las palabras significan para unos y otros. Por eso hubo que fijarlas en diccionarios, para dar cierta estabilidad a algo que es terriblemente plástico y muchas veces personal porque vinculamos también la memoria de las palabras a la memoria de la vida, a la experiencia. El aspecto evocativo es importante en nosotros, animales sentimentales, para los que las emociones crean vínculos. Los antiguos comprendieron rápidamente el papel de la memoria; esta era esencialmente un arte asociativo en el que unas palabras se vinculan con otras y en donde las palabras se conectan con las cosas y hechos formado cadenas asociativas que les servían para recuperar información con más facilidad. Las palabras, las frases, los poemas... se fijan en nuestra memoria a momentos, creando emociones, el pegamento de nuestra mente.

Hay diferentes y variadas hipótesis sobre el origen del lenguaje, porque es evidente que debimos ser capaces de algún tipo de proceso simbólico —algo representa algo diferente de sí mismo— antes de crear los códigos más elementales. Qué fue antes, el signo o código, es plantear lo del huevo y la gallina en la comunicación. Hay lenguajes sin palabras, elementos que conectamos a la experiencia repetitiva y pueden ser comunes. De ahí a escribir el Discurso del Método, Anna Karenina o Hijos de la ira, va un largo trecho evolutivo y social. Puede que nuestro cuerpo no haya cambiado mucho en miles de años, pero nuestra mente desde luego que sí gracias a los conocimientos que unas lenguas nos han permitido intercambiar y, creo que importante, la capacidad de auto-percibirnos interiormente. Cuando a Agustín de Hipona o a Jean-Jacques Rousseau les dio por contarnos en sus confesiones cómo se percibían interiormente, cuando los poetas compartían su visión del mundo, también se produjo un gran suceso, pues comprendimos lo que era común y lo que era excepcional en la vida de cada uno.



Estos procesos de pérdida de las lenguas pueden deberse a diferentes motivos. En el texto de la CNN se barajan algunos. La forma más radical, evidentemente, es el exterminio. Es más frecuente la absorción por silencio. Cuando se prohíbe una lengua y se impone otra, también mueren los mundos que representaban y se rompen los lazos de la historia y la identidad. Hoy hablamos mucho de las identidades, casi siempre para establecer que están en crisis. Muchas de esas crisis tienen que ver con lenguas.

Pero hay una enfermedad de las lenguas antes de llegar a la extinción: su desconocimiento, la pobreza expresiva que es un mal que nos aqueja en un mundo que valora la brevedad y la prisa como rasgos de "excelencia", que nos pone a hablar con máquinas, las pone a escribir o sustituye el diálogo por "pulse la opción" correspondiente. Sí, las lenguas no solo mueren; también se estropean.

Todos los años, los informes detectan una pérdida de capacidad de comprensión que proviene en gran medida de la simplificación de la vida. Sin embargo, cada vez vivimos en sociedades más complejas, necesitados de herramientas para comprendernos a nosotros mismos y comunicarnos con los demás. Desgraciadamente, esto no siempre se consigue.

Hacer crecer nuestros límites en la lengua, ampliar el mundo verbal, es ampliarnos nosotros. Es también tener una mejor capacidad de comprender el mundo. La palabra, en cierto sentido, está en retroceso en favor de fórmulas gráficas, que son válidas si no produjeran una reducción de nuestra competencia verbal. Es el desequilibrio lo que produce el problema. Una cosa es un tuit y otra Crimen y castigo. Cada vez vemos más iniciativas simplificadoras que se presentan como ahorradoras de tiempo y dinero. Algunas, incluso, vienen de solemnes instituciones, como las universidades, que deberían fijarse en otros parámetros, pero es la moda y hay que ser modernos. En paralelo discurren las quejas sobre la falta de comprensión, la fatiga de los textos largos y la reducción del vocabulario. Todo esto acompaña al aspecto informativo, es decir, la falta de comprensión histórica, la capacidad de organizar los datos, las confusiones porque todo está con alfileres, etc.

No se trata solo de salvar las lenguas en peligro de extinción. Se trata también de salvarnos de la simplificación, del malentendido y de la ignorancia. Con estas tres alertas, seguro que no se extinguen nuestras lenguas... ni nuestras mentes.



* Maria Morava "Losing languages, losing worlds" CNN https://edition.cnn.com/interactive/2021/04/us/losing-languages/




viernes, 4 de diciembre de 2020

Allegados o la miseria del lenguaje

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Recuerdo cuando me enseñaban en el colegio que un "metro" era la distancia que había entre dos marcas en una barra de platino iridiado que se guardaba en la Oficina de Pesas y Medidas en París. Uno se tenía que imaginar una barra de esas características y luego que todos los metros que había en el mundo habían sido tomados sobre aquellas dos rayitas tan importantes, copiándolas y trasladándolas. Gastábamos por entonces la broma del que iba a París, ponía los dedos sobre cada una de las marcas regresaba a España tratando de mantener las distancias para lo que llegara aquí fuera lo más parecido a un metro como el que había en la capital francesa.

Aquel lugar francés, templo de la precisión, custodio de las medidas sacras, se nos antojaba como un lugar que debía ser vigilado y protegido porque si desaparecían esas referencias, ¿qué iba a ser del mundo? ¿Qué caos podría producirse en el mundo si de repente alguien se llevara de allí aquel objeto exacto, que no podía ser verificado por nadie más que por sí mismo? Un metro era aquello y aquello era un metro. No había nada antes. Con su nacimiento nació el metro.



De vez en cuando me lleva la memoria a aquella definición del metro que, según creo —como casi todas— ha sido modificada por otras más técnicas y menos comprensibles. Lo de la vara era de comprensión inmediata. Mayor precisión sería dar los datos de la calle parisina y el piso en el que se encontraba la varita, el "metro".

El "metro" así entendido era muy superior a las medidas de "pies", "pulgadas", "brazadas", etc. que dependían evidentemente del pie, pulgares y tamaño de los brazos. Por ejemplo, el Diccionario de la Lengua nos define "brazada" como "Cantidad de cualquier cosa que se puede abarcar con los brazos de una sola vez." Es decir, que el que tiene los brazos más amplios y más fuertes tiene una capacidad mayor, sus brazadas son más cosas. Es tan sencillo como los pies o las pulgadas.

Lo de los pies me trae a la mente las discusiones en los recreos cuando había que medir distancias. Eran los pies lo que se utilizaban. Pero no era lo mismo el que tenía un 38 que el que se había desarrollado y andaba ya por el 42. Los pies se complementaban con los dedos de la mano. "3 pies y 8 dedos", podíamos medir, pero era inmediatamente contestado por otro con pies y manos distintos.



Pues de todas estas cosas en las que lo preciso se nos revela impreciso, me acuerdo cuando veo a nuestros presentadores televisivos intentando dar sentido preciso al término "allegados", que el gobierno ha incluido en las cuentas del número de personas (físicas, por supuesto) con las que se puede compartir mesa (la comida no es problema porque se puede enviar). Pese a todo, el otro día en un programa televisivo discutían cómo había que servir los platos (no compartir) y solo un chef preparando. A la presentadora que asistía a la demostración en el plató se le escapó que no pondría marisco en su cena navideña por motivos de seguridad (chuparse los dedos), lo que supongo que habrá suscitado notas de protesta y pedidos de cese por parte de cofradías de mariscadores o de empresas de alimentación y supermercados. Nada de platos comunes y sírvase cada uno, ni hablar. Cada uno en su platito y nada de compartir. Ese era el consejo que se nos daba desde el programa informativo para evitar que la tercera ola mal contada nos traiga una pos navidad complicada, una cuesta de enero coronavírica difícil de remontar.



La necesidad de dilucidar quién en un "allegado" se ha convertido en urgente porque hay que ir comprando. Para las grandes empresas del sector alimentario, un "allegado" es alguien que se sentiría ofendido si se le deja fuera de la cena o comida y se le impide llevar el postre, riesgos que sobrevuelan el ambiente navideño.

Las cadenas televisivas consultan el DRAE y luego consultan al público, es decir, al primero que pasa por la calle y le preguntan. La coincidencia de la mayoría es que así cada uno hará lo que le dé la gana, algo muy probable. Hay que volver a casos anteriores durante la pandemia y recordar lo ocurrido cuando los expertos empezaron a preocuparse por la salud de los niños y los padres aprovecharon para hacer de las suyas y reunirse en parques mientras los niños se aburrían. Hay que recordar lo ocurrido con las mascotas y sus paseos agotadores, sus abandonos tras el encierro. De nuevo otro abuso, con tráfico de perros incluido.



Es una pena que los Ozores ya no trabajen porque seguro que sacaban una película este año con el título de "Los allegados", con Esteso y Pajares, en los papeles principales, junto a todos esos asiduos (y allegados) actores en su cine popular. Seguro que les salía un guión redondo.

Este país —frustración de expertos, nido de listos— necesita más sentido común, pero ¡ay! ¿dónde encontrarlo? Estamos empezando a ser país de leyes confusas y trampas precisas. No es fácil rastrear el sentido común. En la clase política, desde luego, no. Es más, bastaría que uno lo tuviera para que los demás dijeran lo contrario, como es ya costumbre.

Si encontráramos a alguien con un sentido común estable, a lo mejor había que hacer como con la varita del "metro", encerrarlo cómodamente en una oficina parisina y escucharle las respuestas sensatas ante las tonterías que escuchamos cada día. Si consiguiéramos a alguien con un sentido común ejemplar, se convertiría en una especie de oráculo. Quizá estoy siendo demasiado optimista y lo que ocurriría es justo lo contrario, que nadie le consultara porque sabemos aprovechar bien las imperfecciones del leguaje, la distancia entre las palabras y las cosas, que nos diría Foucault, nuestra capacidad de fabricar metáforas y ficciones y luego olvidarnos de ellas que diría Nietzsche o que se nos quedaran las palabras como hojas muertas en la boca, como nos escribe el Lord Chandos de Hofmannsthal.



Hemos estrujado las palabras, las hemos retorcido hasta hacerlas decir lo que nos interesa y conviene. Un "allegado" será, finalmente, una persona que esté en nuestra mesa y no al contrario. El que esté allí, como la vara parisina, será un "allegado" y no se hable más.

Descubrimos que el lenguaje es maravillosamente impreciso, algo que gusta a los poetas y a los vendedores de sueños, ya sean políticos, económicos o de belleza. Descubrimos que solo por aproximación y acuerdo nos entendemos y que si no queremos, ni nos aproximamos ni nos entendemos, que es la fase en la que estamos. Unos días muy listos, otros muy tontos. Días de precisión y días escépticos, posmodernos o de atajos hacia lo que queremos conseguir. Retorcemos las palabras para sacarle el jugo que nos interesa unos días, pero otros nos volvemos tontos semánticos, inútiles de entendederas, y no sabemos qué quieren decir palabras como "allegados", "convivientes", etc. y necesitamos que nos lo expliquen sin demasiada fortuna. Quizá para febrero, quizá cuando llegue la vacuna...



¿Recuerdan la magistral "Placido", el filme de García Berlanga, con su campaña navideña "Un pobre en vuestra mesa"? El problema navideño no es cuántos puedo sentar a mi mesa, sino cuántos se van a quedar sin mesa, sin comida y sin langostinos con los que chuparse los dedos y contagiarse; cuántos se van a quedar por el camino en casas, uci y residencias. Mejor contagiarse con alguien de confianza que con un desconocido. Al final, si sobrevives, siempre te puedes echar unas risas con los colegas, perdón, con los allegados.

Aquí pasamos del sufrimiento al consumismo con una velocidad pasmosa; pasamos del experto al analfabeto interesado en un santiamén, que es, según mi Nuevo Diccionario de Dudas Circunstanciales, "el tiempo que tarda uno en contagiarse si no se toman medidas eficaces".


Diario de Sevilla



miércoles, 1 de mayo de 2019

Late sale a la luz o ver y comprender

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nada es más peligroso que una enfermedad se parezca a otra, que se confunda con ella. Los tratamientos dependen de los diagnósticos, por lo que es esencial para la salud. Un diagnóstico correcto nos permite un tratamiento adecuado, pero los errores por las enfermedades mal diagnosticadas o invisibles tienen consecuencias letales para los pacientes. 
El diario El País nos ofrece un ejemplo —está por toda la prensa mundial— de cómo un "saber", un conocimiento, cambia de estado y se necesita eliminar los errores cometidos en la identificación. Lo hace a través de una noticia del campo de la investigación sobre el cerebro y las formas de demencia. La noticia despierta gran interés dado el crecimiento de la demencia por la prolongación de la edad.
Tras hablarnos de los efectos de las enfermedades degenerativas que nos hacen morir sin saber quién somos a través de algunos casos ilustres (Ronald Reagan, Rita Hayworth, etc.), nos explica el diario el descubrimiento de nuestro error de identificación:

Un equipo internacional de científicos publica hoy un documento que podría ayudar a explicar por qué las terapias experimentales fracasan una tras otra desde hace años. El llamado alzhéimer no siempre es alzhéimer. Los investigadores, encabezados por el estadounidense Peter Nelson, describen un nuevo tipo de demencia, bautizado Late (acrónimo del difícil nombre científico "encelopatía TDP-43 límbico-predominante relacionada con la edad") que aparentemente es tan habitual como el alzhéimer en las personas de más de 80 años. Ha pasado desapercibido durante décadas. “Existen más de 200 virus diferentes que pueden causar el resfriado común. ¿Por qué íbamos a pensar que solo hay una causa de la demencia?”, ha argumentado Nelson, de la Universidad de Kentucky, en un comunicado.*



No sabemos por qué, ciertamente, pero el hecho es que es lo ocurrido. Es un saber erróneo, un creer saber. La identificación de síntomas y de las relaciones efecto-causa es esencial porque implica poder eliminar las causas para que no se produzcan los efectos. Sin una correcta identificación, se pueden estar aplicando —como de hecho ha ocurrido— remedios a males que no son los que afectan a las personas o a cualquier otro campo, la identificación de un problema o del origen de un problema es esencial para la resolución.
¿Qué significa "pasar desapercibido durante décadas"? ¿Que ha estado ahí y que nadie ha "sabido" verlo? No he utilizado el "poder" (podido verlo) por es más un problema de interpretación. Vemos lo que podemos interpretar, por lo que dado que es interpretación se hace desde nuestros propios saberes, es fácil que esos mismos conocimientos sean los que nos impiden ver el bosque. "Ver" es "interpretar", es decir, es "dar sentido" a lo que percibimos, que no es, por tanto, un acto objetivo o transparente. Vemos a través de lo que sabemos o creemos saber. Esto es de gran importancia porque, en ocasiones hay tanta ceguera como visión.


Este hecho —tener delante y no ver— es precisamente uno de los obstáculos del avance del propio conocimiento ya que todo conocimiento impulsa y lastra. Este efecto se trata de paliar con formas de formación más abiertas o creativas ya que aprender es "aprender a percibir" y "aprender a interpretar". La ciencia o cualquier otro campo necesitan de la creatividad perceptiva y hermenéutica para poder liberarse del efecto de succión del propio conocimiento adquirido.
En el texto de El País se nos describe esta variante del fenómeno:

El equipo de la neurocientífica Virginia Lee, de la Universidad de Pensilvania, ya observó en 2006 la presencia de cúmulos de la proteína TDP-43 en la degeneración lobular frontotemporal del cerebro, uno de los principales tipos de demencia junto al alzhéimer, la demencia de cuerpos de Lewy y la demencia vascular. En el caso de Late, la TDP-43 se suele concentrar en la amígdala y en el hipocampo, dos áreas del cerebro relacionadas, respectivamente, con las emociones y con la memoria autobiográfica.
Alberto Rábano lleva años viendo esas acumulaciones de TDP-43 dentro de las neuronas. Dirige el banco de cerebros de la Fundación CIEN, con 155 órganos donados por pacientes del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía, en el barrio madrileño de Vallecas. “Siempre hemos dicho que el alzhéimer, a partir de los 85 años, parece otra enfermedad. En esas edades tan extremas, la demencia es una suma de patologías. Vemos alzhéimer, alzhéimer con párkinson, enfermedad vascular cerebral, inclusiones de TDP-43…”, señala el experto.*

Se ha visto una diferencia, pero no se la ha sabido o podido dar sentido. La nueva forma de demencia, llamada "Late" —el nuevo nombre le da existencia y visibilidad— inicia un nuevo espacio, un espacio separado, aunque conectado con el del alzheimer, de cuya sombra parece haber salido.
Desde la Semiótica de la Cultura, se ha iniciado un espacio semiótico nuevo. Se ha pasado de lo que no tenía significado a crear un espacio de significación que irá creciendo con las nuevas aportaciones textuales, con la creciente atención que se le dedicará a tratar de aclarar la especificidad de lo que antes se daba como indiferenciado. Lo que antes era marginal, pasará a atraer la atención y adquirirá una "densidad" propia, habrá dejado de ser ese elemento invisible y pasará a serlo en la literatura médica, podrá ser diagnosticada, etc.


Los seres humanos ponemos nombres a las "cosas" para poder manejarlas, incluso nombres a los nombres, los metalenguajes. La identificación correcta es una cuestión no siempre sencilla pues el nombre de una "enfermedad" reúne a toda una serie de factores y elementos, como esos doscientos virus que "encerramos" en la palabra "resfriado". Creíamos que controlábamos con el etiquetado la enfermedad, pero esta se ha mostrado más compleja.
Ahora comienza un nuevo proceso. Una vez comprendido lo que no es, habrá que adentrarse en un nuevo camino para comprender su papel.

Los autores del nuevo estudio, publicado en la revista especializada Brain, alertan de que cada vez hay más personas de más de 80 años en todo el mundo y, por lo tanto, “Late tiene un impacto creciente y poco conocido en la salud pública”. Hay “una necesidad urgente de investigación”, advierten. Rábano, por su parte, aprovecha para hacer un llamamiento a la población: “Que donen sus cerebros”.*

Ahora el dedo señala y es posible ver y empezar a comprender, a interpretar de forma diferente lo que vemos.


Algunos pensarán en las personas que han sido erróneamente diagnosticadas, en ese tanto por ciento, que han quedado en el mundo sin que les funcionaran esos tratamientos experimentales destinados a lo que parecía enfermedad que no tenían. Ahora comienza un nuevo proceso. Una vez comprendido lo que no es, habrá que adentrarse en un nuevo camino para comprender su papel.
Aunque nos resulte una paradoja, hay que darle la bienvenida a la "nueva enfermedad", a esta nueva forma de demencia, a Late. Ha salido de las sombras.


* "Identificado un nuevo tipo de demencia confundido hasta ahora con el alzhéimer" 1/05/2018 El País https://elpais.com/elpais/2019/04/29/ciencia/1556556220_386317.html