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miércoles, 30 de julio de 2025

Las mujeres egipcias hoy

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los lectores más lejanos de este blog recordarán que comenzó con la Primavera Árabe, allá por 2011. Se comenzó precisamente porque aquí se quedaron aquí atrapados unos compañeros de la Universidad de El Cairo con la que teníamos un proyecto común. Aquello creó un fuerte lazo y un interés permanente por lo que ocurría en Egipto y poder descubrir el papel esencial que jugaba en la zona y, sobre todo, las servidumbres acumuladas desde su creación moderna como república y las contradicciones constantes entre una clase elevada con formación y unas clases desprovistas de casi todo manejadas por los grupos islamistas.

Con el golpe de estado militar de Abdel Fatah al-Sisi contra el islamista de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, pronto se percibió una estrategia combinada para asegurarse el poder con una mezcla de nacionalismo, de extraño liberalismo económico (con un control de la economía por las empresas llevadas por militares) y un discurso moralista acorde con las bases egipcias para sustraerlo al control islamista a través de la poderosa Universidad de Al-Azhar, centro de referencia del islam suní. Un pragmático militar se fue haciendo con esos tres ejes, el control militar, el económico y el religioso para desmontar la doble resistencia que más le preocupaba, la de los progresistas y la del islamismo. Al-Sisi quiso colocarse en medio con un discurso nacionalista, que exaltaba a la vez que reprimía.

Para ello jugó un papel fundamental el control de la prensa. Los medios que habían sido críticos comenzaron a caer en el extraño oficialismo, que unos días predicaba el "orgullo egipcio" y otros un conservadurismo político y sobre todo religioso. Los periódicos independientes empezaron a desaparecer, haciendo imposible entender qué pasaba en Egipto. Medios fiables hasta el momento fueron comprados por las fuerzas económicas de dentro y fuera y puestos al servicio del régimen dejaron de informar de la realidad y comenzaron a hablar casi en exclusiva de turismo, de pirámides y de poco más, silenciando los problemas y el estado de la cuestión.

Uno de los elementos que más fuerza tuvo en la revolución de la Primavera fue, como en otros muchos lugares, el paso adelante de las mujeres, que hicieron de su condición motivo de lucha. En estos días que releo la obra de la feminista y luchadora egipcia, Nawal al-Sa'dawi, titulada La cara oculta de la mujer árabe, escrita originariamente en 1977 y traducida al español en 1991 me acuerdo mucho de aquellos momentos y de la lucha de muchas mujeres, una lucha que hacían extensiva al conjunto de la sociedad.


De algunos de aquellos medios me siguen llegando noticias, resúmenes a través del correo electrónico. Hoy mismo recibí uno de los mejores medios de entonces, Egyptian Streets, una buena representación del deseo de modernidad y cambio, con un encabezado que llamó mi atención y asombro.

El encabezado era "On Elitism and Policing Women’s Attire in Egypt" y este es el texto que el propio medio proponía como presentación a los lectores para acceder al artículo completo: 

In recent years, a troubling pattern has emerged across various venues in Egypt, where resorts, restaurants, and clubs have increasingly imposed informal bans on women wearing the hijab or the burkini. Under the guise of maintaining a certain aesthetic or "respecting" the values of the establishment, these practices have raised serious concerns about the policing of women’s bodies, as well as the classist and exclusionary ideologies underpinning them.

This issue, however, is not new. It is rooted in a complex social history where the veil has long been politicized. In early 20th century Egypt, the hijab was often viewed by the elite and the Western-influenced middle class as a symbol of backwardness. Over time, however, it became a deeply personal and often political expression; an emblem of religious identity, resistance, and autonomy.

From a legal perspective, the situation remains ambiguous. While the Ministry of Tourism has stated that no venue has the right to exclude veiled women, enforcement remains weak, especially in the absence of clear legislation banning such acts. The result is a system where informal rules go unchecked and women continue to be excluded based on what they wear. 

[Trad. Google: En los últimos años, ha surgido un patrón preocupante en diversos lugares de Egipto, donde complejos turísticos, restaurantes y clubes han impuesto cada vez más prohibiciones informales a las mujeres que usan el hiyab o el burkini. Con el pretexto de mantener una cierta estética o de "respetar" los valores del sistema, estas prácticas han suscitado serias preocupaciones sobre la vigilancia del cuerpo femenino, así como sobre las ideologías clasistas y excluyentes que las sustentan.

Este problema, sin embargo, no es nuevo. Tiene sus raíces en una compleja historia social donde el velo se ha politizado durante mucho tiempo. A principios del siglo XX en Egipto, la élite y la clase media, influenciada por Occidente, solían considerar el hiyab como un símbolo de atraso. Con el tiempo, sin embargo, se convirtió en una expresión profundamente personal y, a menudo, política; un emblema de identidad religiosa, resistencia y autonomía.

Desde una perspectiva legal, la situación sigue siendo ambigua. Si bien el Ministerio de Turismo ha declarado que ningún lugar tiene derecho a excluir a las mujeres con velo, la aplicación de la ley sigue siendo deficiente, especialmente ante la ausencia de una legislación clara que prohíba tales actos. El resultado es un sistema donde las reglas informales no se controlan y las mujeres siguen siendo excluidas por su vestimenta.]


El texto no puede ser más sorprendente. Donde antes se reivindicaba el derecho de la mujer a no llevar el velo, algo que en la mayoría de los casos provenía del conservadurismo familiar y social, del patriarcado fuertemente arraigado, ahora se reivindica lo contrario.

Que el rechazo a las formas más tradicionales del vestido, identificadas con la imposición patriarcal, provenga de establecimientos relacionados con el turismo (acceso a playas y piscinas, hoteles, restaurantes, etc.) no es casual. Los responsables del sector saben bien que este tradicionalismo exhibicionista que se practica no casa bien con el turismo externo, al que se lanzan llamadas a los cuatro vientos porque se necesitan las divisas del turismo. Simplificando, mientras se intenta vender una imagen de "modernidad" en el exterior que no espante al turismo que viene de fuera, se fortalecen las formas de control sobre el cuerpo de las mujeres a las que se les exige "tradicionalismo patriarcal", como rasgo nacional y religioso, identificando ambos valores, tal como el régimen de al-Sisi propone para evitar discursos que le tachen de "occidentalista" y "anti islam".

El régimen se enfrenta así a sus contradicciones, a su intento de satisfacer dos corrientes contrarias y que necesita, la del dinero turístico y las inversiones en el sector, con las "moralistas" que hacen ver la necesidad de velos, burkas y "burkinis".

Para el prólogo de la edición española, Nawal al-Sa'dawi comentaba lo que estaba sucediendo en ese momento en Egipto: 

Se escuchan también voces de satisfacción y complacencia en Arabia Saudí, Kuwait y otros muchos países árabes porque, en junio de 1991, el Gobierno egipcio aprobó un decreto por el que se disolvía la Asociación de Solidaridad con la Mujer Árabe y sus fondos se traspasaban a la Asociación de Mujeres Musulmanas. Asimismo, una escritora egipcia ha dicho que la liberación de la mujer está en contra de la religión y de las tradiciones, y que es necesario que las musulmanas se cubran con el velo.**

Lo que nos cuenta del momento —la dictadura de Hosni Mubarak, tras el asesinato del presidente Sadat por "traición" y alinearse con Occidente e Israel— nos hace ver una constante de los regímenes árabes: la principal forma de mostrar su ortodoxia es penalizando a las mujeres en sus derechos. Es lo que nos muestra el cambio de nombre y función citado por El Sa'dawi. Con actos como este, el régimen se asegura el tradicionalismo que centra su poder en el control de las mujeres; lo demás no le importa mucho.

Recuerdo algunas fotos que me mostraron mis amigas egipcias, las que habían estudiado en nuestras universidades españolas por esos años noventa. Recuerdo una que me sorprendió por el cambio: ninguna llevaba velo, algo que sí hacían entonces algunas incluso en España. Como profesoras en universidades egipcias temía perder sus empleos; eran miembros de las clases privilegiadas, las que había podido estudiar en el extranjero, pero que debían ahora amoldarse a las exigencias del gobierno y de la calle. Fuera, que hicieran lo que quisieran, pero dentro, a la vista de todos, era otra cosa.

Cuando el gobierno egipcio se encuentra en una situación en la que percibe peligro, reacciona con gestos como estos, de los que las mujeres son objetivo. Ahora lo está pues tiene mucho que explicar sobre su actitud ante lo que ocurre en Gaza.

La exclusión de las mujeres vestidas de forma tradicional de locales , playas y piscinas es una buena excusa para imponer el conservadurismo controlador. No es único país árabe que crea dos mundos, uno para el turismo extranjero y otro donde la mujer está encerrada en casas y vestimentas. Pero en Egipto, como siempre, todo es un poco más complicado. El gobierno sabe que el Hermano Musulmán Mohamed Morsi ganó en las urnas y que la base islamista sigue ahí, que hay que tener cuidado por si acaso se enfada más de lo permisible y crea problemas serios.


Al-Sisi se enfadaba con los dirigentes de Al-Azahar porque no presentaban "reformas" para hacer un islam más moderado. Pero los de la Universidad islámica sabían que eso era una forma de perder poder y no estaban dispuestos.

Muchos de mis amigos egipcios desaparecieron pronto. Lo suyo no era la lucha sino vivir dentro del sistema y salir del país cuando no aguantaban más. Era la clase dirigente; bastaba con conservar su poder de cada día. Mis críticas al sistema les comprometían y muchos lazos se rompieron. Lo comprendí cuando empecé a recibir mensajes indirectos de aviso desde la embajada. Me leían. Y eso no era bueno. A una doctoranda mía le preguntaron si me conocía en el control de salida del aeropuerto de El Cairo hacia España. Era un aviso.

Hoy vuelvo a escribir sobre Egipto. Lo hago con dolor por el retroceso de todos y la complacencia de muchos. El tema de las mujeres vuelve a ser el centro. 

Vuelvo a poner la foto de lo que era entonces y ahora mi deseo para Egipto, un deseo que muchos egipcios ya no comparten y prefieren seguir con la comodidad de sus privilegios de clase. Vuelvo a poner la foto en apoyo de quienes resisten, de quienes siguen pidiendo libertad, de las mujeres que quieren ser libres y no estar vigiladas o dar cuenta a nadie.


* — Nawal El Sa'dawi (1991) La cara desnuda de la mujer árabe (1977). Ed. Horas y horas. Traducción: María Luisa Fuentes

lunes, 6 de marzo de 2023

Gas en las escuelas femeninas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las intoxicaciones en las escuelas iraníes es una de las grandes infamias del integrismo islámico en cualquiera de sus versiones. Las insinuaciones del régimen iraní de que lo han realizado los "enemigos de Irán" es solo el complemento propagandístico necesario para intentar distanciarse de los hechos, reprobables desde cualquier perspectiva.

Una vez más queda demostrado que los acontecimientos que se repiten en diversos puntos del planeta no son casuales: se trata den todo ellos de impedir la educación de la mujer. Esto se realiza con atentados como el realizado en su día contra Malala, los matrimonios infantiles, los encierros de las mujeres en casa como en Afganistán o como los ataques realizados contra las escuelas en Irán. Todos ellos son formas en las que el fundamentalismo islámico se ceba contra ellas.

En todas sus versiones se parte del principio de la maldad congénita de la mujer, que debe ser vigilada, controlada y reprimida para evitar que se produzca la destrucción total de la que ella sería la chispa. La educación daría armas a las mujeres para sacudirse la vigilancia y ganar poder. Es la versión antifeminista en el mundo del integrismo.


La idea de que Dios dio esa responsabilidad de vigilancia al varón sobre la mujer es poderosa porque permite la idea de superioridad de lo masculino sobre lo femenino, que queda reducido a cuidar del varón, darle hijos y placer.

Cuando la mujer adquiere educación tiene una perspectiva diferente del mundo, con los mitos patriarcales en retirada. Pero la educación le permite, sobre todo, autonomía. Puede crearse un destino diferente, sin la dependencia del varón, un destino propio.

De ahí la insistencia en evitarlo a través del matrimonio infantil y, en especial, con la carga de hijos desde edades muy tempranas, lo que hace que no haya tiempo para nada más y que todo se abandone para su cuidado. La mujer pierde la totalidad del control  sobre su tiempo. En los países en los que avanza la educación femenina, la edad del matrimonio se retrasa y también lo hace la del nacimiento de los hijos.

En estos meses últimos Irán trató de evitar que ocurriera lo que estaba pasando en Afganistán, que las mujeres salieran a la calle a defender sus derechos. Como este tipo de reacciones tienden al exceso, se produjo la muerte de la joven que llevaba "mal colocado el velo" debido a la brutalidad de sus detención. Esto sirvió para lo contrario de lo que se buscaba, lanzando a las mujeres a las calles a protestar.

El siguiente paso tras la represión en las calles ha sido esta campaña de lanzamiento de gases tóxicos en las escuelas de niñas, que han tenido que ser atendidas por cientos en los hospitales.

Ningún tipo de política podrá mantenerse sobre este principio de enterramiento social y cultural de las mujeres. Solo puede recurrir a la fuerza, es decir, a la represión y al oscurantismo. Ningún país que se sustente en estas prácticas puede aspirar a tener un futuro digno de llamarse así. Su vida no es más que un intento de regreso a un pasado mitificado, antinatural, como el preconizado por el mundo salafista, una petición de regresos a la época de Mahoma, considerada como una "edad de oro", el momento histórico de la perfección.

El fundamentalismo integrista considera cualquier desviación de ese momento histórico como una alteración de la ley divina, del mandato de Dios, algo que solo puede ser rechazado y castigado por el creyente. Es un mundo donde las mujeres solo tienen una perspectiva de sumisión y donde la misoginia es el motor.

Esta rebeldía para la autoformación de las mujeres tiene un coste en vidas en todas partes. Incluso en los lugares en los que los derechos de las mujeres están en primera línea, siguen siendo víctimas de esa memoria patriarcal que hace que algunos consideren una transgresión del "orden natural" adquirir educación, acceder a puestos de trabajo con responsabilidad, la acción política, etc.

Lo ocurrido en Irán es una de las acciones más reprobables de estos últimos tiempos. El momento y el lugar, la escuela de las niñas, muestran con claridad qué ven como peligros los fundamentalistas tras los atentados. Las imágenes de las niñas siendo asistidas en los hospitales por las intoxicaciones no pueden ser más claras sobre los objetivos.

Los tiempos de la obra "Leer Lolita en Teherán", de la escritora Azar Nafisi, han vuelto. Conforme las mujeres planten cara con más rotundidad, las acciones represivas contra ellas se harán más frecuentes. Y contundentes.

Como ya se mostró en la Primavera Árabe, las mujeres son necesarias en la transformación social, en la creación de un futuro real. Esto no es un futuro, sino una fantasía cruel que deja a las mujeres encerradas, alejadas de la vida real. El integrismo, por el contrario, es barbarie y estupidez, como la de aquel egipcio en Estados Unidos que veía el COVID como una bendición divina porque así las mujeres llevarían el rostro cubierto por las mascarillas, como debía ser siempre. Los que hoy lanzan gases en las escuelas de niñas actúan, piensan ellos, como extensión de la mano de Dios.

Hay interés en determinados países islámicos en volver, en retroceder en lo poco o mucho que se haya avanzado. Saben que de esta forma los varones se sentirán parte del poder porque contribuyen a mantenerlo, que es necesaria esa ficción piadosa para mantener la integridad del sistema. La idea del control de las mujeres por la ignorancia, por los matrimonios tempranos, etc. les beneficia, les convierte en amos, aunque sea en la miseria. De esta forma,  esta falsa piedad cubre sus vergüenzas.

Es importante que las mujeres de Afganistán, de Irán, de cualquier otro país en las mismas circunstancias de represión y retroceso no se sientan olvidadas por el resto del mundo. Es necesario que para continuar su lucha se sientan reconocidas, apoyadas desde el exterior. Ha habido y hay demasiados intereses que consideran que esto es "cultural" y que se puede dejar de lado mientras se negocian otras circunstancias. Es un gran error y, sobre todo, una enorme injusticia.

El mensaje no admite ningún tipo de error interpretativo: las niñas, las mujeres fuera de las escuelas. No son su territorio. El suyo es la oscuridad de la casa bajo la atenta mirada del esposo, del padre o del hermano. La educación, dicen, les hace abandonar sus deberes, sus obligaciones marcadas por Dios.  En realidad, el miedo es a que las luces hagan salir a muchos de la oscuridad en la que viven, que se vean los hilos de las marionetas.

Van a resistir los ataques. Su intensidad muestra el miedo que tienen a que un día las mujeres sean capaces de ofrecer una resistencia inteligente que los deje desarmados, desnudos en su barbarie.



lunes, 22 de marzo de 2021

Adiós a Nawal El-Saadawi, la mujer que buscaba

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La prensa de casi todo el mundo anunciaba ayer una gran pérdida, la muerte de la egipcia Nawal El-Saadawi, una de las referencias del feminismo mundial y, en especial del mundo árabe, que pierde una de sus referencias intelectuales más destacadas.

Biografías apresuradas compuestas de unos cuantos datos es lo que los medios nos ofrecen en estas circunstancias dejando a otros la tarea de profundizar en el sentido de las figuras que desaparecen en un mundo en el que la memoria parece ser de peces.

Nawal El-Saadawi ha sido una referencia para varias generaciones que podían acceder a sus escritos y declaraciones contundentes. La retirada de Turquía del acuerdo europeo contra la violencia de género y en favor de la igualdad ha coincidido fatalmente con la muerte de El-Saadawi, una especie de pérdida doble, una doble mala noticia, pero es también una ocasión para comprender mejor la figura de una "intelectual", palabra cada vez menos usada e incluso menospreciada, que adquiere en ella pleno sentido.

Nawal El-Saadawi no se presentaba como una especialista, que lo era en diversos campos, sino como una mujer que trataba de entender los problemas desde su complejidad. Su voz era la contraria al "experto", la figura centrada en algún aspecto específico para quien el resto es una zona oscura. El-Saadawi sabía que para comprender hay que conectar, hay que buscar los lazos con los que está entretejida la cultura, el entorno en el que nos movemos. Sin comprensión no hay cambio y el cambio era el objetivo.



El pensamiento feminista de El-Saadawi era genuino y firmemente anclado en conocimientos teóricos y prácticos de la vida, otro aspecto esencial de la comprensión. Por eso sus bases para el análisis eran esenciales para su explicación o interpretación de los fenómenos en un mundo hostil para las mujeres y para todos aquellos que desearan la libertad. Nawal El-Saadawi se dirigía a la mujer buscando la mujer libre en un entorno de libertad. Este ideal es complicado en un entorno como el que le tocó vivir.

Entre las lecturas de artículos publicados ayer, me quedo con unas palabras suyas publicadas en Ahram Online, el diario estatal egipcio:

 

In 1981, she founded a feminist magazine called Al-Moawgaha (The Confrontation).

Later that year, she was imprisoned by then-President Anwar El-Sadat, who deemed her views too radical for society and the state.

El-Saadawi once stated in an interview, “I was arrested because I believed El-Sadat. He said there is democracy, and that we have a multi-party system that allows for criticism. So, I started criticizing his policy and ended up in jail.”

While in prison, she formed the Arab Women’s Solidarity Association, which was one of the first legal and independent feminist groups in Egypt.

While in prison, she decided to write her memoirs, but she was denied a pen and paper, so she used a black eyebrow pencil and a small roll of toilet paper to record her thoughts.

After her release from jail following Sadat's death, she published her memoirs under the title ‘Memoirs from the Women’s Prison’.*

 


Dos aspectos importantes en estas líneas. El primero, la pasión incansable, inagotable por hacer, por trabajar. Ni la cárcel es capaz de frenar su actividad constante. Encerrada crea grupos; sin papel ni lápiz escribe con lo que tiene a mano. Todo es experiencia, todo forma parte de ese diálogo constante con la vida.

Pero hay también un segundo aspecto: la traición de Sadat, la falsedad de su democracia, algo que no se ha terminado en la farsa egipcia, especializada en representar al exterior una normalidad de la que se carece en realidad. No nos olvidemos que fue un fantasmal Sadat el que se le apareció en sueños —según confesión propia— al actual presidente, Abdel Fattah al-Sisi, para que se presentara. El piadoso Sadat y el piadoso al-Sisi, ambos con una imagen tradicionalista de la sociedad que considera a las mujeres como parte de una estructura férrea. No dudo de la intencionalidad del redactor al seleccionar esas palabras de El-Saadawi, suele ocurrir en el diario.



No hay semana que no nos traiga la prensa egipcia el encarcelamiento de activistas feministas, algo que nos demuestra que su causa sigue en pie. El islamismo y el tradicionalismo que volvió en la época de Sadat con la vuelta a casa de muchos que había estado en el Golfo y con las reacciones ante lo que fue la expansión de la revolución islámica en Irán, empezó a crear una brecha en el pensamiento sobre las mujeres, que comenzó a reprimir el feminismo.

Es un tópico señalar el feminismo de las abuelas egipcias, decreciente en la generación de las madres, y dividido en las hijas actuales, en donde el pensamiento tradicionalista y el liberador están repartidos entre las mujeres, unas lanzadas a la Revolución en 2011 y otras en el campo de la tradición.

Los movimientos islámicos siguen un modelo patriarcal que refuerza sus propias visiones sobre cómo debe ser la sociedad, arrastrándolas hacia el pasado. La sociedad egipcia se enfrenta a un proceso neotradicionalista en el que se vigila especialmente a las mujeres, cuyo activismo se teme a la vista de sus efectos de emancipación  personal y social.

El-Saadawi supo ver bien cómo todo este proceso afecta a la mujer, pero es más amplio ya que se extiende por todo el tejido social. No es tanto cuestión de una polarización "masculino femenino", sino de un modelo patriarcal que absorbe su propia definición de lo femenino incluyéndola en el proyecto que impone.



He retomado su obra "La cara desnuda de la mujer árabe" (1977) y creo que en su introducción  explica con gran claridad cómo enfrentarse al problema que determinó su lucha durante prácticamente toda su vida. En estos párrafos podemos apreciar concentrado el objetivo de sus acciones:

 

Quizá muchos piensen que este estudio va a tratar exclusivamente sobre la mujer —su familia, hijos, marido, etcétera— y sobre las presiones emocionales y sexuales a las que se ve sometida en su vida cotidiana. Desde siempre, los estudios que han abordado el tema de la mujer han sido relegados a un puesto secundario porque se consideraba que se centraban en un tema muy específico, reducido a un grupo de población especial con unos problemas muy concretos. Porque ¿no es cierto que el mundo de las mujeres se reduce a la familia, los niños y la casa? ¿Cómo un mundo tan limitado va a poder competir con los asuntos que en la actualidad nos conmocionan y nos hacen reflexionar tanto, con los temas de gran trascendencia política y humana como pueden ser la libertad, la justicia o el futuro del socialismo?   

Pero, sin embargo, si intentáramos estudiar la condición de la mujer en la sociedad con profundidad y sin considerarla únicamente como un instrumento de reproducción, terminaríamos sin duda examinando una serie de aspectos de la vida humana mucho más amplios. De hecho, acabaríamos planteándonos problemas políticos generales o, más concretamente, el tema de la mujer se convertiría en una causa política de primer orden, estrechamente relacionada con la eterna lucha por alcanzar la libertad y la verdad.   

Porque, en cualquier país, lo que llamamos “política de alto nivel” se conforma como un edificio construido a partir de pequeños ladrillos, de detalles que componen el todo y que no son más que las necesidades, los problemas y los deseos personales de cada individuo. En la política de un país, es el análisis de la vida y de las exigencias personales de la gente lo que debe actuar como fuerza directriz y motriz de la voluntad y el quehacer político. Y parece evidente que en la vida personal de cada uno se incluyen los problemas sexuales, las relaciones hombre-mujer, y las relaciones de producción y división del trabajo. Así pues, los que menosprecian los problemas de la mujer o la sexualidad ignoran o no entienden los principios en los que se basa la política. Ya no podemos cerrar los ojos ante el hecho de que la discriminación de la mujer y su atraso relativo conducen al retraso general de toda la sociedad. Y, por eso, hay que concebir la emancipación de la mujer como parte integrante de la lucha contra cualquier forma de opresión y de los esfuerzos que se han llevado a cabo para liberar, tanto desde un punto de vista político como sexual, a todas las clases y grupos sociales explotados.**

 


La claridad expositiva permite acceder a la claridad de ideas. En efecto, la cuestión de la mujer es la prueba de fuego que la sociedad debe superar para poder avanzar realmente. De no hacerlo, el atraso está garantizado por más que se pueda prosperar en algún sector. El-Saadawi parte de una concepción global y compleja de la sociedad, donde los hechos están determinados por las reglas interiores, por las concepciones que son las que limitan los movimientos definiendo lo posible para cada uno de los agentes sociales.

Vuelvo de nuevo a conectar el caso de lo ocurrido en Turquía, donde se da como explicación para dejar desprotegida y limitada a la mujer la presión de los grupos conservadores que ven en la mujer más libre un peligro para la familia (es decir, para su estructura jerarquizada), la retiran del trabajo (es decir, deja puestos libres a los hombres) y reducen los conceptos de agresión (es decir, la vuelven indefensa. Como decía una mujer turca entrevistada ayer: "¿Cómo vamos a ir a denunciar las agresiones si los policías nos dicen que "perdonemos" a nuestros maridos?"




El pensamiento de Nawal El-Saadawi no debe ser olvidado como tampoco su ejemplo de vida luchadora. Más allá de la noticia de su fallecimiento, es el momento de revivirla en un comprensión de una mujer libre en una sociedad libre y la necesidad de luchar por ambas, pues la una sin la otra es solo una ficción. Los intentos de gobiernos musulmanes de crear unas falsas democracias, como decía El-Saadawi del engaño de Anwar El Sadat cuando la encarceló, es hoy una constante. Países que se dicen democráticos aceptan, sin embargo, que la mujer es ciudadana de segunda categoría, sujeta al control de dos estados, el político y el patriarcal.



En 2017, con motivo de la publicación de su novela La mujer que buscaba, se le hizo para ZendaLibros una breve entrevista a cargo de Susana Rizo,  que transcribimos aquí:

 

—¿Quién le enseñó a luchar contra la injusticia en la sociedad? ¿Hubo algún suceso en su infancia que determinó su posterior compromiso?

—Mis padres, especialmente mi madre me influyó desde que era muy joven. No solo hubo un suceso, fueron muchos.

—¿De dónde procede su fuerza para afrontar las adversidades?¿Dónde deposita su esperanza?

—Mi fuerza interna procede de la confianza en mí misma.

—No entiendo muy bien por qué Fouada (protagonista de La mujer que buscaba) no logra avanzar. Se hace demasiadas preguntas que la llevan a deprimirse.

—Fouada era una mujer joven rebelándose contra un sistema opresivo. Ella buscaba la libertad y realizarse como persona, no estaba deprimida.

—¿Qué buscaba Fouada? ¿El amor, romper las reglas…? 

—Buscaba su verdad a través del amor y a través de la rebeldía contra todos los obstáculos que se le ponían delante.

—¿El enfado ha sido un motor para su creatividad o en su vida? ¿Por qué decidió ser escritora?

—No solo la ira. La ira por sí sola no es suficiente. Me hice escritora porque me encantaba, me producía un gran placer escribir.

—¿En qué punto nos encontramos ahora en la situación de la mujer?

—Se está avanzando, a pesar de las recaídas y retrocesos.***

 


No es difícil intuir que tras esa "mujer que buscaba" se encuentra la propia Nawal El-Saadawi. Buscar su verdad a través del amor podría ser una buena descripción de ese movimiento existencial que definió su vida negándose a aceptar aquello en lo que no creía. Frente a la comodidad que podía haber tenido mirando en otras direcciones, el genio de El-Saadawi era la confianza en ella misma y su incapacidad para aceptar lo inaceptable, garantía de la buena vida del conformista.

Su pérdida es enorme para Egipto, el mundo árabe y las mujeres de todo el mundo que tenían en ella una voz sin miedo a alzarse fueran cuales fuesen las circunstancias.

Novelista, ensayista, médico, luchadora, rebelde...  la mujer que buscaba. El-Saadawi ha dejado palabras y testimonio con sus acciones para ser inspiración futura. Ahora es tarea de todos evitar que se pierda en la débil memoria colectiva.  Sus palabras, su ejemplo, son más necesarios que nunca por causa de la ola de retrocesos que hace que muchos avances se pierdan cada día, como vemos en Turquía, en Afganistán, en el mismo Egipto.

Descanse en paz.



* Mohammed Saad  "Renowned Egyptian feminist, author, activist Nawal El-Saadawi dies at 89" Ahram Online 21/03/2021 https://english.ahram.org.eg/NewsContentP/18/407474/Books/Renowned-Egyptian-feminist,-author,-activist-Nawal.aspx

** Nawal El-Saadawi "La cara desnuda de la mujer árabe". Ed. Horas y Horas 1991. Traducción de María Luisa Fuentes.  

*** Susana Rizo "La historia de todas las mujeres" (crítica / entrevista) Zenda 24/11/2017 https://www.zendalibros.com/mujer-que-buscaba-nawal-saadawi/

 



jueves, 28 de septiembre de 2017

Al volante

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En mundo preocupado por misiles, huracanes y terremotos, referéndum y secesiones, migraciones y fronteras, la noticia que el embajador de Arabia Saudí en Naciones Unidas que ha hecho aplaudir con una sonrisa incontenible ha sido la aprobación por el Rey Salman de un decreto que permite a las mujeres conducir.
En este mundo tan preocupado por tantas cosas importantes, la cuestión de que Arabia Saudí fuera el único lugar del mundo en el que las mujeres no pueden conducir automóviles... o bicicletas (como nos mostraba la magnífica película La bicicleta verde -Wadja 2012- ), se ha tomado como excusa para reproducir los vídeos que las propias saudíes colgaban en YouTube para desafiar al régimen que las obligaba a depender de conductores que las recogían de sus casas para ir a hacer la compra. Más que curiosidades eran demostraciones de libertad de seres humanos condenados al encierro y a la dependencia para casi todo.

Hace mucho que se habla de una revolución lenta de las mujeres en Arabia Saudí. La película citada anteriormente, la primera realizada en Arabia Saudí y dirigida por una mujer contra viento, marea y las imprecaciones piadosas de los saudíes que consideraban contra la voluntad de Dios que una mujer trabajara y con hombres, termina con un plano de gran valor simbólico: Wadjda se lanza a la carrera con su bicicleta, sin miedo y con una alegría desbordante. La bici le permite competir con los hombres... y ganarles. En el fondo, no es la bicicleta el problema, sino la competencia.
Pero me preocupa la semántica, primero, y la pragmática después. Que las mujeres puedan conducir no significa que puedan hacerlo solas. Pese a que muchos eruditos jeques han establecido los peligros que supone conducir para el cuerpo de las mujeres, lo cierto es que el problema no es tanto la conducción (a ninguna mujer del mundo le ha pasado nada que no le haya podido pasar a un hombre), el verdadero problema es la autonomía. El automóvil pasa a ser un símbolo de la capacidad tomar decisiones. Las mujeres saudíes debían moverse bajo el control de sus esposos o responsables al volante o bajo la vigilancia de los "conductores" alquilados para recoger a las mujeres en las puertas de sus casas. Caminar no está bien visto, hace calor y, especialmente, se pueden sufrir ataques machistas.
Una mujer al volante no es lo mismo que una mujer sola al volante. La cuestión es que conducir está supeditado a una orden general de difícil revocación: el hombre es el guardián de la mujer y su responsable. Recordemos que Arabia Saudí no solo es el único país del mundo en el que una mujer no puede conducir sino también el único país del mundo en el que una mujer no puede entrar sola, es decir, necesita de un responsable, padre, marido, hermano o hijo.


La fotografía inicial de este texto muestra uno de los check point en los que se verifica que no sea una mujer quien conduce pero también que los que van son los familiares adecuados. De no serlo, puede haber un incidente o incluso una sospecha de adulterio o prostitución. Muchas explicaciones hay que dar si quien está dentro del coche, conduzca o no, no está incluido en el círculo correcto de la familia, el responsable.
Por eso, lo problemas de la conducción abrirán otros nuevos al poseer la mujer autonomía de movimientos. Habrá que ver cuál es la reacción social. Una cosa es conducir y otra tener las llaves del coche; una cosa es conducir y otra qué haces aquí. Son matices, pero así es la vida, matices. En La bicicleta verde el gran escándalo es que una de las chicas había sido recogida en coche por un amigo y habían sido detenidos por la Policía para verificar si realmente eran parientes.
Nos cuentan en Euronews que aunque el decreto del rey Salman no entrará en vigor hasta junio de 2018, muchas mujeres se han lanzado a la calle conduciendo como reflejo de su alegría. El sistema social buscará la forma de complicarles la vida de la forma más sutil que pueda. No quita para que sea un avance hacia una extraña igualdad pues en casi todo el mundo las mujeres piden los mismos derechos de los hombres, pero ¿cómo reivindicar esta forma patriarcal que les guía? Por eso la revolución de las mujeres en países como Arabia Saudí es la verdadera revolución porque es mucho más avanzada que las retrógradas que proponen la mayoría de los hombres. Las mujeres inteligentes no reclaman el derecho al abuso masculino sino derechos que los propios hombres rechazan. Es una interesante paradoja que permite decir una vez más que no habrá democracia sin mujeres autónomas, mientras la situación general sea mujeres con dependencia natural y divina de los hombres.


Ahram Online nos trae noticias de una mujer kuwaití, que no solo ha tenido el valor de ser escritora sino que ha cometido la osadía de escribir una autobiografía. El mundo árabe musulmán posee muy poco este género, especialmente en las mujeres. ¡Si las mujeres hablaran! Es mucho lo que se calla. De no ser por la fuerte presión social y familiar, muchas mujeres se enfrentarían a los retos de la autobiografía, pero en un mundo en donde el exterior virtuoso lo es todo y en donde lo que se dice de uno repercute sobre la totalidad familiar no es nada sencillo. Los hombres, con una tendencia enorme a la vanidad, convierten sus biografías en autoalabanzas y propaganda de su misión en la vida.
La escritora kuwaití, Laila Al-Othman, revela ese mundo en el que las mujeres padecen que su destino nunca sea suyo, sino que esté en manos de los hombres. Señalan en Ahram Online lo atípico de la escritura autobiográfica:

[...] Perhaps she is the only Kuwaiti female writer who dared to write her autobiography, in which she revealed much unspoken and submerged in the conservatism of Kuwaiti society.
For instance, she reveals the widespread of polygamy in Kuwait, to the extent that it is the norm. After her mother gave birth to her, her father threatened her mother with divorce if she gave birth to a fourth female child and not a boy. The mother tried to kill Laila by throwing her in the sea.
While she survived, her father divorced her mother and she was obliged to take her daughters to live in a desolate area. When her mother married for the second time, her father snatched the girls and made his other wives bring up the daughters.
In her autobiography, Al-Othman focuses on her troubled, harsh childhood and on her father, one of the richest men in Kuwait at the time, who was extremely cruel, domineering and authoritarian as a parent.
In the first two chapters, she speaks in detail on aspects of life in the 1950s, when Kuwait was just desert communities lacking every amenity before oil was discovered there. She was keen to mention the circumstances in which she starting writing, emphasising throughout the book that she started from scratch.*


Toda historia contada se vuelve excepcional. Pero es probable que lo que Laila Al-Othman cuenta se repita en muchos otros hogares. Como señaló Flaubert, hay una Emma Bovary en cada pueblo de Francia. Puede que muchas más. Toda historia tiene lo vívido de lo personal y lo vulgar de la repetición tras cada puerta cerrada. Al-Othman ha conseguido contar su historia, probablemente llena de hechos traumáticos para ella que ahora ha podido liberar en el papel. Son necesarias muchas autobiografías en el mundo árabe, especialmente femeninas porque son voces condenadas al silencio o al fingimiento.
Sí, las mujeres podrían contar muchas historias y hacer de sus autobiografías bestsellers que nos dejarían asombrados por las dificultades, por las distancias que existen entre los órdenes sociales en que vivimos y los que otros padecen.
Nos cuenta Laila Al- Othman en su autobiografía:

After finishing high school, her cruel and domineering father issued a command that she must stop learning, stay at home and wait for a husband. In this period, she started writing but she couldn’t publish because her father refused that her name appear in a newspaper or a magazine.
Her relationship with her father was complex. She was in a love-hate relationship with him, feeling that he was the shackle restraining and preventing her from living her own life, due to his fear for her, his desire to protect her and in keeping with conservative traditions. For these reasons she had no choice but to marry to escape from her father’s control. She even coined her own expression, “Marriage is the doorway to deliverance,” devoting a special chapter to it.
Al-Othman was married first to Dr Hosni Mansour, a Palestinian gynecologist and obstetrician, who was 33 years her senior. He was the family’s doctor and her father trusted him very much.
Her husband encouraged and stood by her and she began her first steps in writing and publishing. She worked in journalism and made a number of news reportages that drew attention due to their daring, such as the one she made when she visited the women prison in Kuwait. However, she realised after some time that journalism consumes the writer’s time and effort, expressing regret for working in this field. Soon she stopped and devoted herself entirely to creative writing.
After nine years of marriage and giving birth to four sons, her husband died, which was a traumatic experience. If in her first marriage she succumbed to traditions and bowed to her father’s will, her second marriage to the Palestinian critic Walid Abu-Bakr followed a love story and she gave birth to two daughters.*


¿Una vida de película? Probablemente no. Lo que cuenta la escritora kuwaití, hija de uno de los hombres más ricos del país, es una vida bastante frecuente en sus restricciones. La jaula era de oro, pero jaula al fin y al cabo. El matrimonio como huida de la casa paterna, maridos de mucha más edad, carga de hijos. La suerte le vino en forma de una educación a manos de esos profesores palestinos cuya forma de ver la vida se alejaba de la forma de ignorarla de los ricos kuwaitíes. Protegidos por las reservas inmensas reservas de petróleo, los gobernantes y propietarios de estos países han conseguido frenar el cambio histórico blindando sus prácticas culturales. El petróleo ha sido el freno reaccionario que ha hecho que unos y otros se disputen su amistad y se movilizaran cuando Sadam Hussein les invadió.

2012

La lenta marcha de los avances de las mujeres en países como Kuwait o Arabia Saudí, contrasta con el retroceso de los que habían avanzado algo. En muchos, las fuerzas retrógrado-virtuosas se rasgan las vestiduras ante los cambios y se lanzan a las calles y parlamentos a vociferar consignas, citar versículos y exponer doctrinas que muestran que las mujeres no son de fiar.
El derecho a conducir coches que se les acaba de conceder graciosamente es pensado por muchas de las que desafiaron su prohibición como una forma de libertad de movimientos. La alegría de las que conducían contra la ley patriarcal era la del desafío a la autoridad. No existe vida propia sin decisiones propias; cuando hacemos solo que otros nos dicen no somos realmente nosotros mismos. La escritora kuwaití ha tenido que deshacerse de muchas cadenas hasta poder tener la libertad de vivir su vida y así ha podido contarla con libertad. Nos ha dejado testimonio de la parte en la que era solo un títere  de su padre y también de la que logró poder escribir y describirse hasta llegar a darnos su autobiografía. Ella también está al volante.
Ahora habrá que esperar el siguiente acontecimiento, que será la primera multa puesta a una mujer o incluso la primera retirada del carnet de conducir, porque las fuerzas reaccionarias no desaparecen sino que se transforman. Hasta entonces, nuestra esperanza de que sigan firmes al volante de sus vidas y estas puedan ser contadas. Autonomía en todos los órdenes.



* "Kuwaiti Laila Al-Othman's autobiography: Writing is a profession of hardship and happiness" Ahram Online 27/09/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/18/277859/Books/Kuwaiti-Laila-AlOthmans-autobiography-Writing-is-a.aspx