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domingo, 9 de septiembre de 2018

Hacia dónde vamos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé si es porque es domingo o porque la prensa de hoy es especialmente deprimente, más allá de lo que suele serlo habitualmente. Es un espectáculo de intolerancia de todos los niveles y campos, desde la homofobia ("El lateral español del Arsenal Bellerín denuncia insultos homófobos de sus propios aficionados", El País), la xenofobia ("Suecia elige hoy entre el sistema o la xenofobia ultraconservadora", El País), el sexismo, la intolerancia ("Escrache 'amarillo' al restaurante de Blanes que rechaza los lazos", El Mundo) y un largo etc. para todos los gustos o, mejor, disgustos.
Algo está pasando y lo tenemos tan encima que apenas lo percibimos porque está empezando a constituir el "nuevo normal", como se dice ahora. Esta "nueva normalidad" es el resultado de vivir en una constante presión, en un clima de violencia y tensión que impide a las personas mantenerse en un cierto estado de relajación o de paz interior, por expresarlo de forma física y psíquica. Todo en nuestro entorno nos lleva al desequilibrio, solo en la "desconexión" —término ya revelador— vemos la forma de recuperar una calma que unos añoran y otros consideran como una sensación en la que descargan la tensión acumulada.


Estamos asistiendo a un continuo aumento de la crispación y de la intolerancia como forma de vida. Las tensiones que se generan por un lado se desahogan por otro. Es difícil mantener algún tipo de equilibrio estable en un mundo claramente desequilibrado en el que el miedo ha pasado a ser un resorte que se manipula sin pudor.
Existe una constante deriva hacia posiciones extremas, en lugar de ir hacia un hipotético espacio de encuentro en el que poder resolver de forma positiva los conflictos constantes. La política se encarga de ello manipulando a las personas para llevarlas en busca de adhesiones. Para ello se están entremezclando los peores instintos básicos y las creencias, especialmente las religiosas y nacionalistas, convertidas en barreras infranqueables de intransigencia.
Las grandes unidades que se construyeron durante el periodo de la Ilustración, especialmente los conceptos de ciudadanía y de universalidad, de derechos humanos, para tratar de salvar las distancias mortíferas que habían causado durante siglos las guerras de religión, fueron sustituidas por las del nacionalismo, en donde la violencia se desataba ahora por las nuevas patrias, en las que se acogió la santidad de la tierra, convertida en santuarios intocables por los profanadores.


El ideal de hermandad se disolvió también por el nuevo racismo colonial que buscaba en la idea de raza la justificación del dominio y la explotación. Lo que antes se había justificado en las religiones (cristianismo, islam) o simplemente el deseo de conquista, ahora encontraba acomodo en las razas superiores, elegidas por la naturaleza para mandar sobre los vecinos y hacerse con los continentes. La Alemania nazi, su socio en Japón, buscaban en la raza el dominio, la reducción o el exterminio de aquellos a los que consideraban indignos de pisar la tierra o de aquellos cuyo destino estaba marcado por su inferioridad.
Las ideologías no se han  librado de este imperialismo, como mostró la Unión Soviética. Donde otros hablaban de razas, ellos hablaron de clases para esconder a la Rusia imperial de siempre bajo un deseo de avanzar en el continente hasta llegar a poner sus fronteras en el corazón de Europa.

El momento que estamos viviendo en todo el mundo es complejo y peligroso. Todo parece arrastrarnos hacia los conflictos. La intransigencia ha aumentado en todos los órdenes y las calles han vuelto a ser escenarios de conflictos violentos. Hay guerras que parece que no interesa que acaban porque provocan efectos en cadena que interesan a terceros. Se retrocede en muchos frentes en los que se habían logrado acuerdos para todos con la excusa del unilateralismo, que en la práctica supone el imperio de la fuerza frente al diálogo, el egoísmo frente a la solidaridad. Hoy la grandeza de un país se busca en su fuerza y no en su capacidad de solidaridad ni en ser un ejemplo de comportamiento cívico. Un contrato millonario justifica dar armas a países que pisotean los derechos humanos y que pueden pasearse orgullosos por entre la comunidad internacional, que solo mira por cada uno.
El terreno de la igualdad de derechos entre los sexos se reduce en países que consideran que el patriarcado justifica, en el orden divino o en el orden natural (para algunos es lo mismo) la dominación masculina. El acoso se ha extendido llegándose a hacer insoportable en países en los que pisar la calle o trabajar fuera de casa es una aventura peligrosa.


Los movimientos contras inmigrantes y refugiados se consideran respetables y patrióticos, ya sea fundamentándose en la religión, el nacionalismo o la economía. Se escuchan cada vez más voces que no tienen pudor en predicar el odio, la xenofobia y el racismo.
Algunos de los movimientos que ascienden en muchos países comparte esos rasgos, con los que han hecho una mezcolanza que les lleva al éxito por su capacidad de seducir a unas masas cada vez más envilecidas por la impunidad que les da el anonimato de las redes, que les permite sacar su odio y sus burlas.
¿Qué nos está pasando? No creo que haya una explicación sencilla y habría que evitarla. Lo que sí parece claro es que no estamos preparados para eludir el contagio de estas corrientes que pueden arrastrar a millones hacia el fanatismo, como ha ocurrido con el extremismo islámico, secundado por los gobiernos que no quieren verse cuestionados, o por unas religiones que buscan la revancha frente a la ciencia reviviendo el oscurantismo del dogma como una verdad eterna. Alguien lo llamó "La venganza de Dios", pero no es más que el oportunismo de aquellos que han esperado la llegada de la nueva ignorancia para exhibir sus terrores apocalípticos y milenaristas.

La extensión de la educación en muchos países se ha realizado con la vista puesta en el trabajo y no en la persona, a la que se ha desposeído de las defensas del verdadero conocimiento, por lo que queda a merced de todo tipo de influencias por el desequilibrio en el que vive. Lo mismo que nos debería haber ayudado, tal como planteaba la Ilustración, se ha convertido en la fuente del envenenamiento a través del adoctrinamiento. Además se ha reforzado a través de la socialización de los medios de comunicación y su rápido crecimiento.
Aquello que debería haber servido positivamente a la integración se ha convertido en herramienta de penetración. Lo que la dejadez de la sociedad deja abierto, es cubierto rápidamente por el radicalismo que usa los medios a su disposición para la captación de los descontentos que nuestras sociedades modernas producen.
Las crisis económicas se ven sustentadas en las morales, nacidas de la codicia y de la idea de que todo vale para el enriquecimiento. Lo que lleva a situaciones de enorme deterioro del medio ambiente en vez de tratar de desarrollar una mentalidad del desarrollo sostenible.
Bajo la excusa de la libertad se pretende poner en pie de igualdad prácticas aberrantes en muchos campos, esparciendo las más increíbles estupideces como "verdades alternativa" haciendo retroceder desde el punto de vista del conocimiento social nuestra visión del mundo a tiempos míticos y dogmáticos. Cualquiera pude tener su creencia y esta es digna de respeto por muy retrógrada o falsa que sea.


La unión hace la fuerza. Lo que antes estaba disperso, hoy emerge unido para reconquistar el espacio y el tiempo perdido. En unas mentes cada vez más arrastradas hacia la trivialidad, cualquier idea que aliente el enfrentamiento se ve respaldada desde incontables puntos que las hacen parecer como universales. Si es necesario serán repetidas por máquinas que darán la idea de la unanimidad.
La capacidad de conocer las debilidades de las personas mediante técnicas de seguimiento en las redes nos hacen especialmente vulnerables antes los cantos de sirena que nos seducen, con lo que la democracia se ver pervertida por los mecanismos de desinformación y escrutinio de la intimidad.
Falta reflexión sobre lo que nos ocurre. Vivimos en una sociedad de grandes avances y enormes retrocesos. Ignorarlos es muy peligroso, como la Historia nos muestra con retroceder solo un poco. Pero la velocidad acelerada de estos tiempos nos hace parecer enormemente distante lo que ocurrió hace apenas unas décadas y nuestra ignorancia nos hace ser ciegos a los riesgos.


El problema es que el asalto a las democracias desde el autoritarismo cierra caminos, por lo que se olvidan pronto, como si nunca hubieran sido sendas transitadas. Los retrocesos que estamos padeciendo en la Unión Europea por parte de países que salieron de los fascismos (Italia) o del bloque soviético (Polonia, Hungría) o doblemente como el este de Alemania, hacen ver que la memoria flaquea ante el reverdecer de la intransigencia.
No basta con pedir más educación; hay que especificar cuál. No basta con pedir democracia, porque esta es fácil de desestabilizar en un mundo interconectado y sobre el que es fácil extender los demonios de radicalismo político o religioso, de ambos fundidos.
Tenemos que recuperar el valor de las libertades humanas, todo lo que se deriva de la mejor cultura y de la Ciencia, aquello que nos enseña que los seres humanos somos todos parte de un mismo fondo y que hay que corregir las desigualdades que el tiempo ha creado. Hay que separar la cultura que emancipa de la tradición que atrapa; buscar las identidades en lo positivo y no en la crueldad, la intolerancia o el dogmatismo. Cada vez se publican más obras reivindicando el espíritu ilustrado al que los nuevos oscurantistas habían demonizado. Es necesaria una nueva ilustración "humanizada", solidaria y constructiva, que deje atrás los motivos de odios y rencores acumulados en la historia y siga adelante. Verdadera ilustración, que vaya a los principios básicos y derechos universales, que se solidarice con el que sufre y no explote al débil.
Los retos del futuro son de todos, no solo de algunos países. Ya no hay alfombras bajo las que barrer.




lunes, 27 de agosto de 2018

Los muros que nos encierran

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de los elementos más preocupantes de la actual situación de la política mundial es el radicalismo creciente. Las causas pueden ser muy diferentes y complejas —políticas, religiosas, económicas...—, pero los resultados, el enfrentamiento social, es el mismo, con el crecimiento de la inestabilidad, los enfrentamientos y el malestar general como efectos más visibles. Hoy no nos sentimos a gusto en nuestros entornos, en los que percibimos constantemente una violencia, latente o manifiesta, —con explosiones de grupos o de individuos—, una falta de diálogo, una constante revisión buscando en el pasado causas de enfrentamiento, etc.
Los problemas se suceden unos a otros y la gente pierde la esperanza de que se puedan solucionar. Solo se cambia de problema para poder seguir manteniendo tensiones y discursos. Para ello se recurre al futuro apocalíptico o al pasado tenebroso. Todo vale para actuar en el presente. Esa crispación constante es el resultado de llevarnos hacia la ira, la indignación como estado receptivo y energía constante.
La política populista, ya generalizada, se hace distrayendo con este tipo de acciones que arrastran pasiones contra otros, a los que se estigmatiza. Estos pueden ser inmigrantes, miembros de otra religión, partido político o etnia, etc. hacia los que se dirigen los problemas.


Un vídeo de la BBC trata sobre el descontento de los iraníes*, de su falta de esperanza en el futuro. Se ha confeccionado con llamadas desde Irán, personas explicando el malestar. Cada que tenemos, explican, el responsable es el "enemigo", ya sea la subida de los precios, las carencias de productos, la lluvia, las manifestaciones, etc. Siempre hay un "enemigo" al que responsabilizar. La carencia de forma de ese "enemigo" hace que la idea sea ajustable a las situaciones variadas.
Cuando hablamos de Egipto, es frecuente que hablemos de si propio "enemigo", un conglomerado que oscila entre unos conspiradores indefinidos, los Hermanos Musulmanes y unos países, entre los que se encuentran Qatar, Turquía, Irán y en muchas ocasiones, los Estados Unidos, su principal financiador militar y económico. El gobierno responsabiliza a ese "enemigo" de cualquier cosa y todos los que se le oponen o critican forman parte del enemigo global.


Los Estados Unidos de Donald Trump tiene también sus propios enemigos. Los hay exteriores recurrentes (China, Rusia, Corea, Irán...), circunstanciales (Turquía, la Unión Europea, México, Canadá...) y los hay interiores, mayormente los demócratas, las feministas y, gran honor, la prensa, declarada oficialmente "enemiga del pueblo" por el presidente. A su vez, están los enemigos internos históricos, es decir, los presidentes anteriores, responsable de que todo esté mal y excusa para cambiarlo todo (ObamaCare) o renegociar los tratados (comerciales, cambio climático, Irán, la OTAN...).
Todo esto hace que crezca la inseguridad en los países. Se enfrentan a enemigos reales o imaginarios, los que existen en la realidad y los que se vocean desde los exaltados discursos políticos o los titulares llamativos de la prensa. Los medios más serios se han contagiado del sensacionalismo del enemigo. Saben que los lectores, las audiencias, se sienten atraídas por el miedo y la inseguridad. La publicidad misma juega con el miedo a los enemigos buscando atraer a sus clientes y consumidores.
Todo ello va en detrimento de la convivencia y de la democracia misma, la mejor herramienta para la convivencia que hemos inventado. Si el diálogo es la forma de reducir tensiones, de aproximarse y entender al otro, lo que se está fomentando va en la dirección contraria. Los asesores de comunicación de los políticos endurecen sus discursos para fomentar el enfrentamiento radicalizando las posturas.


En Europa y en Estados Unidos esto ha traído unos gobernantes broncos, insultantes y que tienen a gala no hacer uso de lo "políticamente correcto", según afirman en cada intervención. Ellos dicen la "verdad" al pueblo porque son el "pueblo". Y el pueblo les valora porque hacen suyas sus peores instintos. Lejos de civilizar, son ejemplos de intransigencia. Trump es la culminación de este estilo que vemos repetirse en muchos lugares.
Creo que es interesante releer el texto ·Retóricas de la intransigencia", obra de Albert Hirschman, escrito en 1991, es decir, tras la caída del muro de Berlín. Hirschman plantea en esos momentos de euforia de la democracia frente al bloque soviético, el enemigo, los peligros que se avecinan:

La inquietante experiencia de verse excluido, no sólo de las opiniones sino de toda la experiencia vital de un gran número de nuestros contemporáneos, es en efecto característica de las sociedades democráticas modernas. En estos días de celebración universal del modelo democrático puede parecer mezquino explayarse en las deficiencias del funcionamiento de las democracias occidentales. Pero es precisamente el derrumbe espectacular y regocijante de ciertos muros lo que llama la atención respecto a los que siguen intactos o a las brechas que se profundizan. Hay uno entre ellos que puede encontrarse a menudo en las democracias más avanzadas: la sistemática falta de comunicación entre grupos de ciudadanos, como liberales y conservadores, progresistas y reaccionarios. La consecuente separación mutua entre esos grandes grupos me parece más preocupante que el aislamiento de individuos anómicos en la "sociedad de masas" al que tanto bombo han dado los sociólogos.
Curiosamente, la estabilidad misma y el funcionamiento adecuado de una sociedad democrática depende de que sus ciudadanos se organicen en unos pocos grupos importantes (idealmente dos), definidos de manera clara, que sostengan opiniones diferentes en cuestiones centrales de política. Puede suceder que esos grupos se amurallen unos frente a otros; en este sentido, la democracia genera de modo continuo sus propios muros. Como el proceso se alimenta de sí mismo, cada grupo, en algún momento, se preguntará a propósito del otro, con asombro y a veces con mutua aversión: "¿cómo han llegado a ser así?". 6-7



Es difícil describir mejor la situación actual de los Estados Unidos, con "muro" incluido. Mientras se investiga la participación rusa en las elecciones norteamericanas y el grado de conocimiento de los implicados, la barrera se establece esta vez dentro del país, en donde se han elevado todo tipo de muros invisibles: lenguas, razas, ideas, religiones... Todo es ahora división. Los enemigos que preocupan ahora se encuentran en casa. Es lo que advierte Trump, incluso ha llegado a señalar que los rusos podrían estar ayudando a los demócratas para alejarle de la casa Blanca. Es difícil mayor ejercicio de cinismo y desvergüenza. Pero todo vale en este planteamiento del miedo y el recelo; todo vale para dividir.
The Guardian

La división social es muy rentable pues suele crear unos vínculos de no retorno., es decir, una integración absoluta en el bando al que se pertenece. El vínculo que se crea es difícil de romper incluso (o especialmente) para los propios sujetos, que pierden la capacidad crítica y son arrastrados hacia ese punto. Una vez allí, se puede creer cualquier cosa con solo ser insinuada por parte de los líderes o del grupo mismo que busca reforzarse con esos sentimientos dobles, positivos y acríticos hacia el liderazgo, y negativos para los que queden estigmatizados dentro del concepto de "enemigos".
La obra de Hirschman, que ya contemplaba la división entonces de los norteamericanos y el ascenso de la intransigencia como peligro para las democracias, merece ser leída y tomada como base para el análisis de la situación actual.
Las dictaduras han usado siempre el miedo para justificarse; la situación de las democracias es la preocupante. Si unas y otras actúan de la misma manera, levantando muros y dividiendo a la sociedad, ¿qué esperanza queda? Si el fin del gobiernos es solo mantener el poder y no la convivencia en el tiempo, reducir discrepancias y una política de convergencia, ¿hacia dónde nos lleva?

Hirschman tuvo que huir de su Alemana natal en 1931 por la llegada de Hitler al poder. Se alistó en las Brigadas Internacionales para luchar en España, otro ejemplo de intransigencia. Acabó siendo un especialista en Economía Política, con especial dedicación a Latinoamérica. Se alejo de los meros números para intentar comprender el comportamiento desde la psicología y la sociología, por lo que comprendió que lo que leemos en el papel se da antes o después en la vida. Inventamos al enemigo y salimos a buscarlo. Al final lo encontramos. Por esos los juegos en los discursos son tan peligrosos. Como si de un hechizo se tratara, el enemigo se acaba manifestando.
Los muros que levantamos por el mundo tienen sus consecuencias psicológicas. Las tuvieron en Alemania y las tendrán allí donde se levante con miedo, con odio o con las dos cosas. Los muros visibles son solo una parte. Lo peor son los invisibles porque sus ladrillos son de miedos y odios. Esos muros ya no son tan fáciles de derribar.


* "Iran gripped by despair as country faces economic turmoil, drought" BBC 27/08/2019 https://www.bbc.com/news/av/world-middle-east-45301533/iran-gripped-by-despair-as-country-faces-economic-turmoil-drought
** Albert Hirschman (1991). Retóricas de la intransigencia. FCE.

sábado, 15 de abril de 2017

La batalla más larga

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay una pregunta que reaparece según se encuentren las relaciones entre el gobierno egipcio y la Universidad de Al-Azhar. La ha hecho suya en un titular el diario Egypt Independent y es muy clara y directa: "Why does Egypt's largest Muslim beacon, Al-Azhar, refuse to declare IS 'apostate'?", firmado por Taha Saker.
No es casual que esta pregunta surja después de la masacre del Domingo de Ramos, con las muertes de casi cincuenta personas en dos atentados con bombas contra iglesias en Alejandría y Tanta. No es casual.
Y no lo es porque es porque ya no son tiempos de enmascaramientos y dobles juegos, sino de confrontación con un hecho incontrovertible: la necesidad urgente de reforma del mundo islámico. La crítica del artículo no se dirige esta vez a un grupo, sino a la institución islámica que ejerce de vigilante de la ortodoxia, que centraliza gran parte de los problemas interpretativos que la aplicación del Corán a la vida moderna plantea.
Esta es la primera parte del artículo:

After the Islamic State (IS) militant group declared its responsibility for Palm Sunday's deadly attacks that targeted two Coptic churches in Egypt's Delta and Alexandria city, several media figures and organizations launched severe attack against Egypt's largest religious institution, Al-Azhar University, considering its teachings as fostering religious extremism.
Through these outlets, Al-Azhar is now facing the backlash of taking part in supporting the IS-affiliated members through its insistance to refuse considering the IS group as 'apostates' and through maintaining some extremist teachings in the program that are taught to its students.
The backlash criticized the educational syllabuses that are being currently taught in Al-Azhar institution that include teachings from some prominent clerics. These teachings directly incite the brutal killing of anyone who does not follow Islam or who had been deemed to be an 'infidel'.
The criticism, released from those figures and other media outlets, accused the aforementioned teachings of Al-Azhar by increasingly contributing to generate numerous members affiliated to IS.
Moreover, Al-Azhar’s teaching are perceived by some as the main platform that legitimizes the killing and slaughtering which are currently being practiced by IS group in different parts of the world, in the name of Islamic (Sharia) law.  
In several speeches, President Abdel Fatal Al-Sisi called on Al-Azhar officials  to rapidly launch a campaign that aims to renew the religious rhetoric in Egypt for the sake of providing the right explanation to the Islamic religion.*


La cuestión es mucho más grave que la situación en Egipto, si bien es en Egipto donde se está dando una parte importante de un conflicto en el límite. En ocasiones hemos traído aquí la idea de la tensión que supuso la Primavera Árabe como intento de introducir la modernidad. La revolución no se hizo solo contra los dictadores por parte de los que pedía democracia. También se hizo contra (y en paralelo) los que traían un deseo de apertura.
En las dictaduras árabes había dos oposiciones: la democrática (socialistas, liberales) partidarios de un estado laico, y la islámica, que se había enfrentado a los dictadores pero se había hecho con una parte importante de las poblaciones, usando su abandono e ignorancia para hacer ver que "el islam es la solución", la vieja fórmula repetida por los islamistas. La complejidad de lo que ocurre en Siria, por ejemplo, está reflejando esta lucha en dos direcciones: una hacia un futuro moderno y otra hacia un pasado teocrático.
El papel jugado por los clérigos de Al-Azhar siempre ha sido oscuro y se resistieron al papel que Nasser les quiso dar: el respaldo religioso del Estado, al que debían supeditarse. De esta forma, la labor de contención se realizaba a través de la religión. En vez de "socializar" al país, Nasser hizo "funcionarios" a los clérigos pensando así que tendría controlado a ambos. Pero no fue así.
El artículo pone el dedo en la herida actual: ¿por qué una institución que está constantemente acusando de "apostasía" a los intelectuales es incapaz de condenar los principios del Estado Islámico declarándoles apóstatas, algo que les haría perder parte del atractivo del que gozan? La respuesta es muy sencilla: el Estado Islámico cumple los estándares; no hay "apostasía".
Las críticas a los que llaman "Estado Islámico" a los que se autoproclaman "Estado Islámico" es que qué hay de malo en que un estado se rija por la Sharia? Un estado islámico es lo deseable, no uno laico. ¿No se introdujo en la Constitución egipcia de 1971 el papel de la Sharia? ¿No siguen estando sus leyes bajo su inspiración, según señala la Constitución enmendada de 2014? ¿No hay que consultar a los clérigos de diferentes consejos del estado en ciertas decisiones, incluidas las penas de muerte? Por eso han conseguido que se imponga un término como "Daesh", para evitar el respetable de "estado islámico", que es el los iraníes, por ejemplo.


Lo mismo ocurre con el término "yihadista". Los expertos señalan que de las veces que se menciona en el Corán, solo tres o cuatro veces lo hace en el sentido de la "guerra". Es suficiente, no hacen falta más para que queden dentro de la ortodoxia.
La Universidad de Al-Azhar condena los atentados, pero no pueden condenar los principios que los guían y declararlos apóstatas. Son puristas, no apóstatas. No se apartan del Corán. Por eso dice el articulista: «Al-Azhar’s teaching are perceived by some as the main platform that legitimizes the killing and slaughtering which are currently being practiced by IS group in different parts of the world, in the name of Islamic (Sharia) law.»
Las luchas del presidente al-Sisi con Al-Azhar son constantes y públicas. Les ha pedido una y otra vez que lancen mensajes que permitan dar el salto, a sabiendas de que si no se hace, el semillero de los terroristas serán los voluntariosos "buenos musulmanes" a los que no se les muestra el peligro doctrinal sino que se van al otro mundo convencidos de que tienen sitio en el Paraíso.
Los planes iniciales del presidente al-Sisi eran meridianamente claros: una maniobra conjunta de reeducación popular para deshacerse del islamismo. En esta maniobra, actuarían juntos Al-Azhar y el Estado y todo iría sobre ruedas. Hasta se tuvo la ilusión de tener controlados a los salafistas para evitar más sublevaciones de las necesarias. Pero no funcionó nada.


En primer lugar, la sociedad estaba mucho más penetrada por los islamistas de lo que creían. También las instituciones, del propio Al-Azhar a la Judicatura o los sindicatos. La lucha represiva de al-Sisi no puede tener fin porque los simpatizantes y activistas son más de los que pensaban.
En segundo lugar, no contó con los intelectuales laicos para no ser acusado de gobernante "impío". Las ideas debían de salir de Al-Azhar, que era la forma de certificación oficial de la pureza de las reformas. Pero los clérigos se han opuesto a este procedimiento. Son ellos los que deciden, los que quieren el control.
El motivo es sencillo: en la medida en que la sociedad se modere, se haga menos radical, su influencia será menor. El protagonismo que el presidente les ha dado es para hacerse ellos con la dirección espiritual. De ahí la acusación directa por parte del articulista de estar sirviendo de trasfondo al terrorismo, acusación muy grave. Pero es la realidad, a la vista del aumento de actos sectarios cuyos efectos acabamos de ver en las explosiones del Domingo de Ramos y en todos los actos anteriores contra los coptos.
El aumento enorme de las penas por blasfemia y apostasía en Egipto, muy superiores a las etapas anteriores, muestran que no se ha ido hacia una democratización y liberalización, sino que se ha ido hacia el aumento de la intransigencia. No es solo el terrorismo, como ya hemos señalado, es la presión vecinal alentada por los salafistas y demás islamistas contra los coptos para echarlos de las tierras acusándolos de actuar contra el islam. Tienen versículos para todo; no hay problema con la ortodoxia.
El articulista, Taha Saker, señala la interpretación dada desde la Universidad de Al-Azhar:

Earlier in December 2015, Egypt's Al-Azhar Grand Sheikh Ahmed al-Tayyeb publicly announced that he does not have the right to announce IS an 'apostate' group, noting that since IS members believe in God and doomsday, Al-Azhar will not be able to consider them as such.
His statements have stirred massive controversy and criticism among social media users, as well as political and intellectual figures.
In 2015, he further asserted through a footage that documented his visit to Cairo University that Al-Azhar considers IS members as 'Khawarij' (some sects that adopted rebellion against Islam's leaders following Prophet Muhammad's era and committed sins).
According to Al-Tayyeb's explanation, the Khawarij people are Muslims who committed unprecedented sins, however they still believing in [Allah] God, therefore they cannot be considered as 'apostates'.
Regarding the punishment the Khawarij people are receiving  according to the Islamic law, Al-Tayyeb said that Islam orders the killing and slaughtering of them as they are practicing corruption in Earth, adding the IS members should receive similar punishment.*

No deja de ser ilustrativo que el remedio que Al-Tayyeb encuentre para enfrentarse al Estado Islámico no sea la descalificación teológica sino más matanzas, tal como prescribe su interpretación de Corán. Todo se resuelve finalmente en quién mata a quién, ya que el que obtenga el máximo poder será quien considere al otro como "Khawarij", miembro de una secta con problemas de interpretación que comete horrendos pecados. Matanza es la solución. Los puristas del Estado Islámico, por ejemplo, como ya han hecho los Hermanos Musulmanes, consideran a Al-Azhar como una institución corrupta. Solo el posible efecto negativo que tendría atentar contra ellos les impide hacerlo. No han tenido mucho problema, en cambio, cuando se ha tratado de algún clérigo más liberal. En las paredes de El Cairo quedó el retrato de alguno de ellos.


Las explicaciones de Al-Tayyeb pertenecen a su mundo, tienen su lógica interna. Y dentro de esa lógica encaja el Estado Islámico, aunque no le guste cómo llevan a cabo sus tareas. Los militantes del Estado Islámico, por ejemplo, justificaban cortar manos a los ladrones porque todavía la sociedad no había llegado a su perfección. Cuando la sociedad fuera perfectamente islámica —la edad de oro— no sería necesario utilizarlo simplemente porque no existirían ladrones. Es su razonamiento y tiene su lógica. Pero el mundo entero no está dispuesto a comprobarlo.
El equivalente al ladrón en el ámbito del pensamiento es el intelectual independiente. La sola mención de "independencia intelectual" es ya una aberración ya que supone  el engreimiento del que va contra la verdad revelada y que no admite dudas. El que piensa diferente es el enemigo al que hay que eliminar; son ellos los que representan el verdadero peligro.
Tras recoger en el artículo otras opiniones similares en sentido a las de Al-Tayyed, Taha Saker acude a los críticos:

On the other hand, the Islamic affairs researcher Ahmed Maher asserted that extremist teachings do still exist in Al-Azhar institution’s syllabuses, giving as examples the books that include such teachings.
"Extremist teachings are heavily taught at Al-Azhar institution; among these teachings a book entitled 'El Eqenaa fe Hal Alafaz Abu Shogaaa.’  
This book includes teachings of one prominent Islamic cleric who calls on Muslims to eat meat of any 'apostate' or ‘infidel', Maher asserted to Egypt Independent.  
In response to Maher's views, the head of the Islamic Research Complex noted that this book had been taught to the secondary stage at Al-Azhar earlier; but that nowadays this book has been removed.
"These teachings were indeed taught in order to give historical information to the students at Al-Azhar institution, not to instill such teachings in their minds,” Abdel-Aziz said.
On a different note, Maher wondered about the reasons that prevent Al-Azhar institution from considering members affiliated to IS group 'apostates'. He considered the statements issued by Al-Azhar 's officials regarding not having authority to consider someone as 'apostate' is not “persuasive”.
"They [Al-Azhar clerics] have previously considered many public figures who have different views as 'apostates', such as the Egyptian prominent intellectual Taha Hussein and Farag Fouda. Al-Azhar does not want to consider IS members as apostates as they both are one entity,” he pointed out.*

El problema no es que se sigan enseñando, desde una "perspectiva histórica" doctrina aberrantes, que puedan ser reivindicadas por los puristas del Estados Islámico o de cualquier otra corriente de regreso a la edad de oro. Como se recoge al final, las razones para no declarar apóstatas a los terroristas del Estado Islámico no se aplican a intelectuales pacíficos a los que se acusa, como a los citados, de "apostasía" o como a muchos actuales reformistas de blasfemia.


La cuestión es que definiendo quiénes son los enemigos del islam y quiénes solo los "equivocados" pecadores que ya pagarán en el otro mundo, si Dios lo quiere, la institución tiene un enorme poder. No se trata más que de una nueva versión de la lucha histórica entre el reparto del poder entre califas, poder político, y ulemas, los eruditos coránicos.

El ulema (árabe 'alim, pl. 'ulama,) es el especialista en el saber religioso islámico, es decir, es aquél que conoce y estudia el Corán y la Tradición del Profeta, las dos fuentes de la Revelación Divina, y lleva a cabo también una labor de interpretación de esas fuentes con el objeto de asegurar a la comunidad de creyentes una correcta comprensión  de  las  normas  que  Dios  ha  impuesto  a  los  hombres.  Esto  vale  para la  versión  sunní  del  Islam,  es  decir,  para  aquellos  que  piensan  que  la  sucesión  de Muhammad en tanto que profeta y hombre de estado quedó tras su muerte repartida entre dos figuras de autoridad. Por un lado, está el califa que es vicario del Profeta de Dios y no vicario directo de Dios como piensan los si'íes. Por otro lado, están los ulemas, los encargados de preservar, transmitir y —de hecho— conformar el 'ilm o conocimiento  religioso.  En  este  sentido,  los  ulemas  son  herederos  de  los  Profetas, herencia que los eleva por encima de los demás creyentes y les hace merecedores del respeto y amor de estos, así como merecedores de otras prerrogativas y responsabilidades sobre las que los ulemas nunca dejan de insistir en sus escritos. En efecto, los ulemas —“hombres de cálamo”— han dedicado muchos pasajes a hablar de la importancia crucial del saber religioso para los musulmanes3 y, en consecuencia, de la  importancia  crucial  de  la  existencia  de  ellos  mismos,  los  ulemas,  en  un  esfuerzo de auto-promoción de dimensiones considerables y con consecuencias de largo alcance  para  las  sociedades  islámicas  pre-modernas  que  aun  deben  seguir  siendo estudiadas en profundidad.**


Es importante la apreciación sobre el "esfuerzo de autopromoción" porque, en efecto, son ellos mismos los que han creado su propia dependencia, es decir, los que se proclaman necesarios. Esto ha causado verdaderos problemas y los sigue causando a los que desde el margen de las instituciones intentan cambiar algo, incluido el presidente de Egipto.
El temor es siempre el mismo: la obediencia al líder político se justifica desde la religión. Puede equivocarse y habrá que soportarlo. Solo cuando se aparte de la verdadera religión podrán rebelarse en el nombre de Dios. Y quien lo decide son los ulemas o aquellos que tengan el reconocimiento de estar cerca de la verdad por su erudición teológica o, lo que es lo mismo, jurídica, ya que todo emana de lo mismo.
La Universidad de Al-Azhar ha tenido muchos contenciosos con el presidente. El último, tratado aquí, sobre la cuestión de los divorcios orales en donde le dijeron a al-Sisi que era acorde con la Ley islámica y que no había nada que hacer.
El presidente por su parte le ha acusado de oponerse a las reformas. Hoy desde la prensa se ha lanzado este explosivo artículo contra el inmovilismo de Al-Azhar y los efectos en la guerra contra el radicalismo.
Lo que más teme Al-Azhar —y hace bien en temerlo— es la apertura de la sociedad, es decir, que las personas cuyos caminos no vayan por la religión o los intentos de adecuarla a los tiempos actuales. Eso supondría, en el mejor de los casos, la pérdida de la influencia y poder que ahora mismo tienen.
Lo que vimos en la Primavera Árabe fue un intento de construir una democracia tolerante. Han sido los islamistas, en gran medida, los que la han truncado. La democracia no entra en sus planes más que como una forma de maquillaje para el acceso al poder, pero les repugna intelectualmente. Como estamos viendo en Turquía, se trata de un retroceso hacia figuras de caudillaje religioso con las bendiciones de las instituciones que glorifican al líder considerándolo como un poderoso enviado para lavar afrentas históricas.


Desde aquí hemos insistido en que se debe apoyar a la gente que trata de vivir en una sociedad más abierta, más humana y menos vigilantista. La mayoría de los musulmanes no tiene que ver con este radicalismo, pero el miedo avanza en estas sociedades mediante la vigilancia. Los que tratan de ser diferentes en cualquier aspecto pronto son objeto de ataques que sirven para eliminar sus pretensiones, pero también de advertencia a muchos que pudieran tener la tentación de seguirles.
Mi despertar esta mañana fue con unas imágenes terribles que Euronews decidió no ahorrarnos: la del linchamiento brutal de un estudiante de Periodismo en Pakistán. Lo mataron sus propios compañeros, una muchedumbre inhumana que lo pateó hasta matarlo. Todos los que lo hicieron se sentían especialmente piadosos. Estaban eliminando el mal de la Tierra siguiendo las enseñanzas que cualquiera les ha transmitido retorcidamente para convertirlos en un ejército dormido que despierta al grito de "blasfemia" o señala con el dedo al apóstata.
El Daily Pakistan recoge la noticia y las reacciones oficiales:

ISLAMABAD – As brutal killing of a student in Mardan on blasphemy has provoked outrage across country, religious scholars have also come forward condemning the violent behaviour of people on unproven allegations.
Reacting over the murder of a Mashal at Abdul Wali Khan University in Mardan, renowned Islamic scholar Mufti Taqi Usmani highlighted that no individual has the right to kill anyone in the wake of blasphemy as Pakistan has proper law to handle such matters.
He added that state is responsible to award punishment to people in the blasphemy case that is a sensitive issue.
“Legislation and implementation of laws are the sole responsibility of the state,” he said while talking to Samaa news.
On the other hand, Minister for Religious Affairs and Interfaith Harmony Sardar Mohammad Yousaf has said that blasphemy by anyone cannot be pardoned but no one will be allowed to interfere in state affairs.
On Thursday, Mashal Khan, a journalism student, was stripped, lynched and thrown from the second floor of his hostel to death at the university.***


Es difícil encontrar una situación que muestre mejor el caso del que hablamos. Euronews nos mostró la habitación del joven estudiante. Tenía en su pared un póster del Che Guevara y otro de Carlos Marx. Saló lanzado por la ventana y lo que quedó abajo no era más que un amasijo de huesos, pateado con furia por aquellos candidatos al paraíso.
El papel de los "ulemas" pakistaníes no dista mucho del que juegan los de Al-Azhar: dicen que está mal tomarse la justicia por su mano, pero que la blasfemia no debe quedar sin castigo. Si no lo elimina la turba, lo hará el estado, que no es más que la turba regulada delegando su funciones.
Imágenes como esas, disidentes linchados, hemos visto muchas en estos años en Oriente Medio, en Afganistán, en Pakistán... Las condenas van más a los que piensan de otra manera que contra los que matan en nombre de la ortodoxia más retrógrada.
El presidente al-Sisi quería ir a ver a Trump con un limpio expediente de defensor de las libertades religiosas frente a los radicales. Mientras no se entienda que no hay una línea de separación, como ha dicho el artículo de Egypt Independent, sino que las enseñanzas, los libros, etc. son combustible para la base de ese terrorismo del que se niega que tenga que ver con las religiones pero al que se evita condenar como apostasía.


Está claro que al presidente al-Sisi no le ha funcionado el método ni la estrategia usados. La esquizofrenia de creer un día que el Estado Islámico es una creación de Obama para desprestigiar al islam y el otro en que son los representantes más puros del islam parece ser preferible para muchos.
Lo malo es que por esta vía no hay salida ni para Egipto ni para la zona. Mientras no se enfrente directamente el problema de la sociedad y la cultura de la intolerancia que se ha creado, todos los demás seguirán creciendo. Hoy por hoy, es la demostración de incompatibilidad con un mundo que no puede ignorar lo que ocurre.
Como profesor de Periodismo, la muerte del joven estudiante me ha afectado especialmente. Lo que tenía enfrente da muestras de su valor. El joven estudiante de Periodismo pakistaní es una muestra de lo que espera a los reformistas o a las personas que no renuncian a la su razón e inteligencia. Si nadie les apoya y solo nos fijamos en nosotros mismos, el problema lo tendremos (ya lo tenemos) dentro e irá a mucho peor.
En la guerra entre la presidencia egipcia y la Universidad de Al-Azhar se debería cambiar de estrategia y el presidente al-Sisi abrir posibilidades, las que están en la Constitución, que garantizan la libertad de religión y pensamiento. No hay otro camino. Será la batalla más larga.


* "Why does Egypt's largest Muslim beacon, Al-Azhar, refuse to declare IS 'apostate'?" Egypt Independent 14/04/2017 http://www.egyptindependent.com//news/why-does-egypt-s-largest-muslim-beacon-al-azhar-refuse-declare-apostate
** Fierro, Maribel "Ulemas en las ciudades andalusíes: religión, política y prácticas sociales" Proyecto de investigación “Knowledge, heresy and political culture in the Islamic West (eighth-fifteenth centuries)” (KOHEPOCU), Centro de Ciencias Humanas y Sociales. Proyecto financiado por el European Research Council (Advanced Research Grant 2009-2014).

*** "“No individual has the right to kill anyone for blasphemy”, major Islamic scholars stand up against brutal vigilantism" Daily Pakistan 15/04/2017 https://en.dailypakistan.com.pk/pakistan/no-individual-has-right-to-kill-anyone-for-blasphemy-scholars/




viernes, 7 de abril de 2017

El baile virtuoso o los tres pasos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días hemos estado tratando la cuestión del tratamiento dado por la visita del presidente al-Sisi a los Estados Unidos de Donald Trump. He creído que era importante comprender desde esa perspectiva lo que implica para las personas que tratan de tener una vida libre y respetable bajo el marco de los derechos humanos que muchos otros países viven. Se ha recriminado, así lo ha hecho la prensa norteamericana, que las alabanzas desmedidas de Trump hacia un régimen que no respeta los derechos humanos es un mal ejemplo y, sobre todo, es una licencia para continuar así, sin rectificar, sin estímulo correctivo de lo que se califica como un "fantastic job" y que incluye muchos aspectos negativos.
Pero no se comprende nada de Egipto sin entender que hay una parte importante de esa sociedad que tiene la intolerancia como principio, que no es capaz de convivir con aquellos que son diferentes en diversos aspectos de la vida personal y social. Son esos los que jalean y aplauden, según llegue el caso, a islamistas o a militares. No tienen interés alguno en la individualidad que nos distingue sino que no contemplan, en sus estrechas mentes, más que un mundo hecho a su imagen y semejanza, un mundo en el que resultan como modélicos, virtuosos, frente a los otros.
Ya sean islamistas o militaristas, es la intransigencia su norma de vida. Son atentos vigilantes de la vida de los otros y cuidadosos exhibidores de su propia conducta, que elevan al rango de virtud. Rezan más que nadie, aplauden más que nadie y acusan más que nadie. Así muestran su adhesión a Dios, al líder o a ambos.
Su objetivo es siempre la uniformidad social. Sus vidas les parecen poco y necesitan controlar las de los demás. Sí una película no les gusta, van a los jueces; si un libro no les gusta, van a los jueces... Así, desataron sus iras contra actores, directores, escritores, intelectuales que hablaban de algo nuevo, que proponían avanzar en algún sentido. Pero para ellos ese concepto no existe. Todo está dicho; lo tomas o lo dejas; te vas o te quedas.
Egipto nos da un nuevo ejemplo —insólito para casi el resto del mundo— que ha aparecido en la prensa y en las redes que muestra la persecución a las personas que simplemente viven de otra manera. Lo ha recogido el diario estatal Ahram Online con el titular "Egyptian university investigates professor after dancing video goes viral" y este es su contenido:

Egypt's Suez Canal University has decided to investigate English literature professor Mona Prince after personal images of her – including a two-minute video of her dancing on the roof of her home – went viral on social media on Tuesday.
The video and photos sparked controversy in the country, with many describing her behaviour as "inappropriate" for a university professor, Others defended the professor, saying it is a matter of personal freedom.
Professor Prince told Ahram Online on Wednesday that she has not received an official notice from the university regarding an investigation.
However, the university president said in a TV interview that the decision to investigate came after the university received many complaints that Prince violated academic principles when she posted the images, which included photos of her in a revealing swimsuit and drinking alcohol.
Hany Abu Zeid, a Facebook user who grabbed the professor's videos and photos and shared them on his page, said that the professor publically shared the material on her Facebook page.
Prince said "I do not know this man – who claims to be a journalist – either from social media or in person. He was probably pushed by someone else to defame me."
The professor defended her behaviour, saying it is a matter of personal freedom that harms no one, and called on the Egyptian community to consider discussing topics of more importance like health and education, instead of "a common citizen dancing at her home."
She added that she is ready to sue anyone who shared her photos and videos with the aim of to defaming her, since she shared this material on her private Facebook page a long time ago.*


De las grandes cuestiones de estado tratadas por el presidente en los Estados Unidos a los detalles reveladores de la situación real. Lo ocurrido con la doctora Mona Prince es realmente un ejemplo de una forma de actuar demasiado frecuente en el Egipto postrevolucionario, que desencadenó una reacción ultraconservadora en la que encajan igualmente islamistas y militaristas, pues ambos poseen una visión del control social semejante, son hijos de la vigilancia y la hipocresía, dos defectos nacionales de los que Egipto no se libra y le condenan a estas situaciones.
El caso tiene tres momentos. El primero de ellos está oculto. Se trata del desencadenante que haya podido dar pie a la vigilancia. La doctora Mona Prince es profesora de Literatura Inglesa. En sus clases se hablará de muchas obras, se leerán muchas de ellas, que no gusten a los piadosos guardianes de la sociedad perfecta. Alguien cuenta que han leído a un autor, pongamos Orwell, pongamos Joyce. Un día lo llevan a casa o lo ve un vecino o se entera un piadoso compañero de la propia universidad. Otro día surge un debate en las clases sobre cualquier aspecto relacionado con la vida al hilo de lo leído. Um... ¡qué peligro!
Los ataques contra la doctora Pince no son nuevos. Jadaliyya publicaba en mayo de 2013 la siguiente carta dirigida al rector de la Universidad de Suez y con copia al ministro de Educación:

President, Suez University
Cairo-Suez Road
Suez
Arab Republic of Egypt

Dear President Musbah,
I write on behalf of the Committee on Academic Freedom of the Middle East Studies Association (MESA) of North America in strong protest of the current investigation and informal suspension without pay of Dr. Mona Prince by officials at your university. We believe that this investigation is unwarranted by the facts of the case and badly undermines the principles of academic freedom. We are troubled, in addition, by evidence that the mistreatment of Dr. Prince by the university is politically motivated.
MESA was founded in 1966 to promote scholarship and teaching on the Middle East and North Africa. The preeminent organization in the field, the Association publishes the International Journal of Middle East Studies and has nearly 3,000 members worldwide. MESA is committed to ensuring academic freedom and freedom of expression, both within the region and in connection with the study of the region in North America and elsewhere.
As has been widely reported in Egyptian print and broadcast media, Dr. Prince stands accused by one of her students of expressing untoward sentiments about Islam during a class discussion about the problem of sectarian tensions in Egypt. We use a vague formulation because the exact complaint against Dr. Prince seems to change every few days. Originally, she was told she would be investigated for “contempt of religion.” In a 28 April interview with al-Youm al-Sabi‘, you indicated that this charge would be downgraded to “insulting Islam.” On 3 May, an article in al-Masry al-Youm suggested that she faces allegations of “contempt of religion and insults to certain Salafist sheikhs.”
As might be guessed from the fuzzy nature of the charges, the precipitating incident appears to have been a simple misunderstanding by the student of Dr. Prince’s points or at most a disagreement between the two of them. Dr. Prince’s April 16 appearance on Mona al-Shazli’s television program, “Gumla Mufida,” was instructive in this respect. When the student called in to the program to voice her grievances, she could not offer any examples of wrongdoing on Dr. Prince’s part. It was clear that the student had been offended by certain turns of phrase in readings that Dr. Prince had assigned about sexual harassment in Egypt and by Dr. Prince’s opinions about sectarian discord in the country. But that was all.**


La carta —más extensa, aboga por la libertad de expresión y enseñanza— la firmaba Peter Slugett, el presidente de MESA, de la Universidad de Singapur. Describe bastante bien los múltiples casos en los que son los alumnos —la generación más joven e islamizada— los que denuncian a sus profesores para evitar que se transmitan pensamientos liberales. La acusación es siempre, por supuesto, la "acusación virtuosa": el "insulto al islam", que implica cualquier tipo de crítica no ya a la religión sino a quienes se consideran su encarnación humana, en este caso a unos jeques salafistas. Recordemos que en esas fechas, todavía están en el poder los islamistas en Egipto. Ya se consideran dueños de la sociedad y han comenzado sus cazas de brujas para eliminar del panorama educativo, artístico, intelectual, etc. a todos aquellos que se les enfrentan o hablan críticamente de ellos. La carta de Slugett es de mayo, lo que implica que el caso venía de algún tiempo antes. Esta fue la "democracia" de Morsi, tan alabada por algunos ignorantes.
A veces hablar de los islamistas es engañoso. El problema de la intransigencia en Egipto va más allá del "islam político", problema de las alturas y los debates internacionales. Hay un ultra tradicionalismo intransigente de amplia base social, fruto del retroceso de las ideas tolerantes, abiertas y democráticas en beneficio del conservadurismo social islámico, categoría más amplia que la política. Muchos piensan que solo el "terrorismo" es el problema, pero no es cierto. Esa violencia sale de esa intransigencia social, amparada desde el mundo institucional (de jueces a académicos). Acostumbrados a actuar bajo las instituciones, las denuncias siempre buscan eliminar a los elementos liberales de la sociedad, a los que quieren vivir su propia vida. Ellos les convencen que eso es una falacia, que no existe una "vida propia", sino una "vida apropiada", la que se ajusta a sus cánones.
Con el caso de la doctora Mona Prince me viene a la memoria "Leer Lolita en Teherán", la extraordinaria obra de Azar Nafisi, profesora iraní de literatura inglesa, como Mona Prince. La obra muestra el choque cultural tras la revolución islámica y cómo se reunía con sus alumnas en la casa para poder seguir hablando de Nabokov, de Flaubert, de los autores que representaban un mundo diferente y, sobre todo, ponían en marcha tanto la imaginación como el espíritu crítico. Nafisi se tuvo que exiliar y ha podido dejarnos
En una entrevista publicada en 2014 en The Guardian, Azar Nafisi señalaba:

The importance of ideas and the imagination is that they really defy borders and limitations. Books are representative of the most democratic way of living. There’s a James Baldwin quote about feeling all alone and isolated until you read Dostoevsky and you discover that someone who lived a hundred years ago connects to you – and you don’t feel lonely any more.
The premise of this book is that “to deny literature is to deny pain and the dilemma that is called life”. In what way can fiction help us with this dilemma?
Fiction confronts a great many things that we cannot fully confront in real life. Fiction is the ability to be multi-vocal and to speak through the mind and the heart of even the villain. In doing that, it forces us to face the pain of being human and being transient. It’s what Nabokov talks about: “The conclusive evidence of having lived.”***


A las dictaduras no les molestan las ingenierías; les molestan las Humanidades y las Ciencias Sociales. Les molestan las ficciones y metáforas que las representan. Por eso causó tanto revuelo en Egipto el éxito espontáneo del orwelliano "1984", obra que ni Trump ni al-Sisi han leído, y comenzó a requisarse en la frontera libanesa después que las noticias hablaran de un estudiante detenido "por tener 1984" en la mochila. No creo que fuera por eso, pero al expresar irónicamente que llevaba en su mochila la obra, la convirtió en un emblema de resistencia.
La libertad de la Literatura, de los ensayos es opuesta a esta gente del "libro inamovible", ya sea religioso o las ordenanzas militares. Su rigidez contrasta con la flexibilidad del pensamiento crítico que se aventura más allá de lo que existe en un maravilloso movimiento de creatividad y crítica. Frente a ellos el estatismo como virtud, la inmovilidad del pensamiento.
Y si hay algo contrario a la "inmovilidad" es Mona Prince. En 2014, Arabic Literature, se ocupaba de la salida de su obra "Revolution is my name" y trazaba este retrato de ella:

Prince is many things – writer, academic, activist, former presidential candidate, some might say contrarion – but first and foremost she is herself. And it is this presence of self, accompanied by a blunt, slightly mischievous sense of humor that comes through in her narrative account of the 18 days of the 2011 Egyptian revolution, which is due to be released in the fall in English translation by the American University in Cairo Press. (Translator: Samia Mehrez, founder of AUC’s Center for Translation Studies.)
Prince’s writing trajectory began after she graduated from Ain Shams University with a degree in English literature in the early 90s. She was first influenced by leftist writer Radwa Ashour, who was one of her professors; later, Ibrahim Aslan helped her publish several short stories in Al Hayat newspaper.
[...]
Some writers would be content with producing work that reflected on such a significant political and historical shift, but Prince was inspired to do more. She decided to run for president. “I thought, now is the time to do something,” she says. “I wanted to break taboos, break stereotypes, get involved. We weren’t sure if the elections were going to happen or not [under SCAF] but the idea was to let the people know that there were different possibilities.” Prince failed to garner enough signatures to make it on the ballot, but said that the conversations she had about the country and ways to move forward were achievement enough. She’s currently finishing a short story about the experience.***


Esto mucho más que lo que los amantes del orden pueden asimilar. Mona Prince pertenece a ese grupo de egipcios vitalistas, inquietos y con sentido del humor. Yo los llamo acuáticos frente a aquellos que están más a gusto entre las arenas del desierto.
La mera ocurrencia de presentarse a la carrera presidencial ya demuestra que no es un personaje fácil de clasificar dentro del panorama egipcio, tanto de forma general como en sus variantes académicas y de género. Prince es un desafío constante.
El segundo momento es el de la vigilancia, el de buscar aspectos con los que se le pueda hundir social, personal o legalmente. Si algo caracteriza a estos vigilantes es que no tienen prisa. Vigilan y vigilan hasta que encuentran algo que les permita hundir a sus rivales, llevarles ante los tribunales, expulsarlos de  la Academia. Son vengativos y pacientes.
Como se nos contaba, han hecho circular imágenes en las que baila (belly dance) en un espacio cerrado y unas fotos en bañador y con un vaso. Con ello pretenden evidentemente hundir su vida académica. Esto deja en evidencia qué se entiende por vida académica en estos casos.
En casi cualquier lugar resultaría absurdo, como señala la propia Mona Prince, que esto tenga lugar, que haya un movimiento social enjuiciándola y no preocupándose de la crítica situación de Egipto en estos momentos. Pero muchos no van a dejar pasar la ocasión de mostrarse virtuosos y acusadores (en un movimiento bifacial) ante un caso como este.
Ese es el tercer momento, cuando una parte de la sociedad se siente más piadosa, más virtuosa lanzando la piedra contra la acusada de haber roto las normas. ¿Libertad personal, qué es eso? Nadie es libre; todos están atados por el juicio colectivo al que se somete al discordante. Y la doctora Mona Prince es discordante por naturaleza. Lo es en lo personal, en lo académico, en lo político, en la escritura que realiza. Es el blanco perfecto.


La sociedad egipcia puede luchar lo que quiera contra el terrorismo. Pero el crecimiento del totalitarismo social define su poco apego por la libertad ajena, especialmente por la femenina.
Estos años han sido de constante ataque a todas aquellas personas que se han enfrentado a las convenciones sociales. Con ello, Egipto pierde sus voces críticas, que es lo que van buscando unos y otros. En el aparente conflicto entre islamistas y militaristas, lo que siempre se ha manifestado es el carácter autoritario y la lucha por la imagen pública acorde a una sociedad cuyo fondo intolerante ha ido creciendo con cada generación. Se ha resaltado muchas veces las diferencias entre las tres generaciones que han marcado el Egipto moderno. La lucha que comenzó ya en los 50 se ha mantenido y los más liberales y tolerantes las empezaron a perder en los ochenta, cuando llegaron las corrientes oscuras desde el mundo del Golfo. De allí tomaron su apoyo las que existían en Egipto, especialmente los Hermanos Musulmanes y salafistas. Para todos ellos, las formas e ideas que venían del exterior eran la negación pecaminosa de la identidad musulmana que empezaron a igualar con la intransigencia. Sabían que su visión implicaba no una cuestión política formal sino de moral y de costumbres.
Igual que atacan hoy a la doctora Mona Prince, lo hicieron con los intelectuales que habían preconizado la apertura hacia otras ideas —desde el socialismo, del liberalismo, desde el arte—. Lo hicieron atentando contra Naguib Mahfuz, el premio Nobel árabe, al que acusaban de impío. Lo hicieron contra los reformistas que pedían abrir la doctrinas islámica para hacerla compatible con el mundo moderno y no dar por cerrado cualquier cambio. 
Mona Prince ha sido atacada en la época de Morsi, con los islamistas, y lo es ahora con al-Sisi porque el fondo es el mismo; son las mismas actitudes intransigentes y autoritarias. Y lo es desde el rectorado de su universidad. Se trata de seguir a los personajes "peligrosos" hasta cumplir los tres pasos de proceso: detección, vigilancia, acusación.
El gran error que llevó a la situación actual es que al perseguir a las personas tolerantes, poco a poco, solo acabaron quedando las intolerantes. Y son estas las que acuden a jueces o recurren al degüello cuando encuentran que alguien puede ser un mal ejemplo para su finalidad del control social absoluto.
El terrorismo no tiene líneas separadoras. Es un camino por el que se transita hasta llegar a la violencia de las armas. Pero se ha recorrido con la violencia de las ideas. Muchos no llegan a las armas gracias a la especialización del trabajo. Unos señalan y otros tiran la piedra. El árbol y las nueces.


El presidente Trump ha felicitado al presidente al-Sisi. Pero el presidente egipcio no ha conseguido ningún avance significativo en este otro camino, el de la intolerancia social, el verdadero semillero de la violencia. No se lo van a poner fácil en este terreno y más si trata de nadar institucionalmente entre dos aguas. Nacida en 1970, Mona Prince pertenece a una generación que ha tenido que mostrar su rechazo al conservadurismo social, que recibió el testigo de los que fueron capaces de transmitir tolerancia y modernidad de aquellos que sobrevivieron a las primeras purgas, cuando el régimen empezó a exigir silencio u obediencia y a penalizar la palabra. Ahora quieren separarlos de los jóvenes, evitar su influencia para que el Egipto que aspira a la libertad y a la modernidad desparezca bajo la presión de la intolerancia social disfrazada de religión y virtud.
Desde aquí nos solidarizamos con la doctora Mona Prince. Como es mujer combativa, la animamos a que siga con su lucha contra la intransigencia, los estereotipos, contra el rasgado hipócrita de vestiduras. Que baile cuanto quiera y como quiera, que es muy sano y trae alegría al alma. Que no le quiten sus enemigos el sentido del humor, su mejor arma para enfrentarse a esos eternamente serios hijos de la virtud.
En un acto de presentación en la Universidad Americana de El Cairo (AUC) de su obra Revolución es mi nombre (2014), Mona Prince comentó:

“When I started writing this book I discovered what a strong sense of sarcasm I have and I had to resort to that. It was obvious in Tahrir, seeing the people with their humor. It is humor, which can be harsh sometimes, that makes us survive. It is a major element in the book despite all the horror scenes,” she added****

Es el humor lo que hace sobrevivir a muchos egipcios. Es lo que les salva de una melancolía que queda en el fondo tapada. Que no pierda ese sentido del humor y esa independencia de criterio que debe servir de ejemplo para muchos. Egipto la necesita —y a muchos como ella— para no hundirse en la arenas de las que nunca saldrá.


* "Egyptian university investigates professor after dancing video goes viral" Ahram Online 5/04/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/262323/Egypt/Politics-/Egyptian-university-investigates-professor-after-d.aspx
** "Letter Concerning Suspension of Dr. Mona Prince of Suez University" Jadaliyya 19/05/2013 http://www.jadaliyya.com/pages/index/11805/letter-concerning-suspension-of-dr.-mona-prince-of
*** "Mona Prince: ‘Revolution is My Name’" Arabic Literature 7/07/2014 https://arablit.org/2014/07/07/mona-prince-revolution-is-my-name/