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viernes, 8 de mayo de 2026

La Virgen del cigarrillo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los humanos rodeamos nuestros actos de significado. También lo hacemos con las guerras, con la violencia, a la que tratamos de dotar de un sentido. Hace poco leíamos sobre la costumbre de firmar las bombas, de ponerle dedicatorias, algo que no va a percibir el que las sufre, pero que provoca una sádica satisfacción a quien las envía. El arma mortal se convierte en un texto que comprende el autor.

Las guerras de Gaza e Irán no escapan a estos momentos y actos simbólicos que en tiempos globales y mediáticos se convierten en vehículos de significación. Cualquier objeto, cualquier acto, cualquier espacio... se convierte en signo y nos dice algo dentro del macro texto que es una guerra.

Si antes los ministerios de la Guerra, los de la Propaganda controlaban las campañas y el discurso, hoy en día con millones y millones de teléfonos móviles transformados en cámaras e individuos deseosos de salir del anonimato mediante actos comunicables, pasto de redes, se hace más difícil de controlar.

Hay un discurso oficial por parte de Israel y Estados Unidos, que se empeñan en imponer como verdad. Eso afecta a actos y motivos, que intentan explicarse unos a otros. Pero esta guerra es compleja y no es fácil ocultar sus motivaciones profundas que puede convertir los discursos oficiales en problemáticos ante los hechos incontrolados, es decir, cuando algo real pone en problemas a los discursos oficiales.

Hace unos días era una imagen de un Cristo golpeado por un soldado israelí. Esta imagen creaba una distorsión respecto a los discursos oficiales que sostienen que esto es un conflicto entre los derechos de Israel y los actos terroristas islámicos. Esto dejaba fuera a los cristianos, abundantes en la zona, especialmente en Líbano. Ahora, la foto nos mostraba un acto de odio contra los símbolos cristianos. Golpeando al Cristo se representa el odio hacia los cristianos.

Esto suscitó una serie de reacciones en contra de la violencia israelí y la condena del propio Netanyahu, que se dio cuenta del pastel que se había abierto, máxime si se combinaba en un momento de ataques contra el Papa por parte de Trump, señalando que el Pontífice era "partidario" de que Irán tuviera la "bomba atómica". Las reacciones combinadas ante estos dos hechos significativos fueron rotundas, del rechazo de la fiel Meloni a las de los católicos y demás cristianos en Estados Unidos.

Ahora, RTVE.es nos muestra un nuevo caso que nos representa el conflicto religioso, con Israel contra las dos religiones, la musulmana y la cristiana: 

Un soldado israelí ha sido fotografiado mientras colocaba un cigarrillo en la boca de una estatua de la Virgen María en una localidad del sur del Líbano, en unas imágenes que han provocado polémica y condenas en redes sociales y entre organizaciones cristianas.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) aseguran, en un comunicado de prensa enviado a RTVE Noticias, que la fotografía fue tomada semanas atrás, y han anunciado la apertura de una investigación interna sobre lo ocurrido. Las mismas fuentes han calificado la actuación del militar como "grave" y han afirmado que ese comportamiento "contradice completamente los valores esperados de los soldados israelíes". Una vez concluida la investigación, señalan, se adoptarán medidas disciplinarias en función de sus conclusiones.

Por su parte, la Custodia de Tierra Santa, institución católica encargada históricamente de velar por los lugares santos en la región, ha condenado el incidente y ha pedido a Israel y a las FDI que envíen "un mensaje claro" de que este tipo de conductas son inaceptables y no deben repetirse.*

El nuevo caso complica de nuevo los discursos de Netanyahu sobre con quién se está en guerra. Se trata de restar importancia a la imagen señalando que fue tomada "semanas atrás", con lo que se intenta decir que fue algo antes de las medidas disciplinarias contra los soldados israelíes en el caso del Cristo.

Mucho me temo que le sirva de poco y calentará de nuevo las relaciones y apoyos, ya que como ocurre en Italia estos se debilitan ante el temor de las reacciones en las urnas propias. Lo que pasa en Gaza, Líbano o Irán se vuelve complicado, difícil de explicar cuando afecta a los cristianos, que parecen sentir más las vejaciones simbólicas que las muertes reales, al menos según temen sus líderes.

The Times of India

Pero este carácter simbólico hace más daño a Israel y a Estados Unidos porque provoca reacciones, que a algunos les pueden parecer hipócritas. Pero en esta guerra hay mucho de hipocresía por parte de los que defienden su carácter "existencial", "defensivo" o selectivo.

Vemos que existe una "guerra religiosa" y que la idea de convivencia no existe realmente, que Israel sigue pensado que aquello es una tierra prometida y que no hay religión posterior que les arrebate esa posesión. Los demás sobran y eso es lo que revelan realmente estas imágenes que muestran esas vejaciones simbólicas.

¿Son anecdóticas, personales, esas fotos que salen a la luz de las redes y medios? Muestran lo que muestran; nadie les ha obligado a hacer esos actos y a reflejarlos en esas fotos; nadie les ha obligado a compartirlas. Qué les haya llevado a hacerlo puede ser motivo de especulación, pero eso no oculta su gravedad simbólica y reveladora. Nos muestra una actitud pasada, presente y futura respecto a los cristianos por parte de Israel y sus soldados, algo de lo que les será difícil librarse mediante desmentidos y disculpas o sanciones. Esos soldados manifiestan lo que sienten y lo que sienten está claro.

Si la Virgen es un símbolo, el cigarrillo también lo es y lo es en manos de un soldado que lo es del estado de Israel, en eso consiste un "uniforme". La foto los une en una totalidad explosiva.

Lo del "mensaje claro" a los soldados suena casi a broma. 

 

* Ana Garralda "Investigado un soldado israelí por colocar un cigarrillo en una estatua de la Virgen María en el sur del Líbano" RTVE.es 07/05/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260507/investigado-soldado-israeli-por-colocar-cigarrillo-estatua-virgen-maria-sur-del-libano/17057951.shtml

miércoles, 20 de marzo de 2013

Iconoclastia del embudo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay cosas que es mejor no comprobar cómo pueden terminar. Es sensato ser sensato. El caso de la polémica falla valenciana que nos cuentan los diarios hoy nos avisa de que debemos ser más cuidadosos desde que el mundo se ha hecho más pequeño, más próximo, tanto que casi todo se puede tocar.
Puestos a elegir entre todos los motivos posibles, a algunos artistas falleros se les ocurrió hacer una falla con un divertido elefante rosa y unas cuantas figuras exóticas que daba la casualidad que eran representaciones de los dioses de la religión hindú, sus símbolos sagrados. El diario El País nos cuenta:

Esta falla, de la sección Primera B y cuyo lema era Vells contes de la Índia (Viejos relatos de la India), es obra del artista Sergi Fandos y está rematada con una gran figura de un elefante que representa al dios hindú Ganesha, una de las deidades del país asiático.
Los presidentes de la comisión Ceramista Ros, de la Junta Central Fallera y del templo Hindú, Swami Omkarananda, llegaron a un acuerdo y decidieron que “en prueba de buena fe y de cooperación”, se indultó anoche la figura que evocaba a la divinidad de Shiva Nataraja. La figura indultada se donará al Templo Hindú. También se quitaron del elefante que remataba la falla, los atributos sagrados.*

Todo esto, esta buena voluntad, es loable una vez detectado el problema. Porque es un problema. Es sobre todo un problema de nuestra forma de entender —o de no entender— cómo funciona el mundo más allá de los límites castizos de nuestro pequeño mundo, que funciona de forma independiente a nuestros deseos y apetencias. Me imagino que todos los valencianos —y una mayoría de seres humanos— se alegrarán porque las Fallas se sigan conociendo en el mundo como una actividad festiva y no de una manera trágica que podría haber entrado en el negro listado de provocaciones sangrientas que acaban pagando justos por pecadores en cualquier lugar del mundo.
De salida advirtamos que el caso fallero no tiene nada que ver con otros como la quema de coranes por ese tarado que se llama Terry Jones o la realización del vídeo sobre Mahoma. Pero esa distinción no sirve de nada en quien no la entiende y solo ve lo que necesita ver: la quema de sus símbolos sagrados, algo que —sin venir a cuento— alguien se dedica a hacer en una parte del mundo que hasta el momento desconocía dando saltos alrededor de una hoguera.

Una señora que sale en el vídeo de El País TV señala que aquí "se quema al rey Juan Carlos y no pasa nada". Y tiene razón en eso, pero no es lo mismo que lo quemen en la India; significa otra cosa. Si mañana en cualquier ciudad de la India se dedicaran a quemar imágenes de la Virgen del Pilar, de la Moreneta o de cualquier otra imagen reverenciada en nuestro solar patrio, seguro que algunos, molestos, protestarían. La misma devoción con la que los valencianos ofrecen las flores para cubrir el manto de su gigantesca figura de la Virgen en estas mismas fiestas es la que sienten personas de otras partes del mundo por sus símbolos. Nos muestran  llorando por la emoción a algunas jóvenes que han dejado sus ramos para cubrir el manto de la "Geperudeta", la Virgen de los Desamparados. Uno de los encuestados señala, con sentido común, que a él no le gustaría que se quemara a la "Geperudeta", que lo entiende. Otras opiniones recogidas sobre la cuestión en el vídeo de El País repiten mecánicamente que hay que quemarla porque "es la tradición". Tan iconoclastas para unas cosas y tan "tradicionales" para otras. Es la ley del embudo de la iconoclastia: lo mío, tradición; lo de los demás, superchería.

La gracia de las Fallas no está en quemar símbolos religiosos de otras culturas; la gracia esta en quemar figuras de nuestros políticos, deportistas, del rey, incluso. Una Rita Barberá hindú esta perfectamente justificada en la falla. Y como somos europeos, también la de Angela Merkel; y como estamos en la OTAN, las de Barack Obama o George Bush. Lo iconoclasta está en quemar lo nuestro, con lo que tenemos vínculos contexuales, y no lo ajeno y descontextualizado porque entonces surgen problemas como este al incluir las divinidades hindúes entremezcladas que arderán junto a los políticos locales, que se lo merecen. Deja de ser una ejercicio festivo de crítica y autocrítica y pasa a serlo de violencia y agresión simbólica gratuita contra los otros, sin más. Y vete a explicarles, antes de que la monten, a los millones de hindúes que quemar sus símbolos religiosos es una cosa muy divertida que hacen en España para celebrar el día de San José. ¿San José?, preguntarán entonces los hindúes muy interesados. «Sí, un santo por el que sienten mucha devoción en aquella ciudad y le dedican sus fiestas», explicaremos. «Entonces, ¿es algo religioso?» «Pues sí y no...», dudaremos. «¿Y podemos quemarlo nosotros?», preguntarán los hindúes muy interesados. «Pues, no sé...», diríamos.


Ayer estuvo a punto de quemarse un hombre frente a la Falla en cuestión. Podemos pensar que es un loco, un fanático, un simple creyente o lo que queramos pensar. Una persona, al fin y al cabo. Es un aviso. El asunto podía haber causado problemas graves en algo cuya función es divertirse y atraer a miles de turistas de todo el mundo.

La gracia de las Fallas está en ser irreverentes, como apuntaba la señora del vídeo. Pero debemos ser conscientes que no tenemos la exclusiva sobre qué es divertido y qué no lo es, sobre lo sagrado y lo profano. Que nosotros mostremos nuestro desapego por nuestros propios símbolos, ya sea por diversión o por agresión, no nos autoriza a hacer lo mismo con lo de los demás. Que hayamos llegado a una especie de "nirvana" de la iconoclastia en el que quemamos nuestras banderas, silbamos nuestros himnos, etc. no significa que los demás lo hagan y menos que lo entiendan. Y, por supuesto, menos todavía que lo hagamos con los de los demás. Nos cuentan en el diario El Mundo que «varios vecinos gritaban desde balcones cercanos lemas amenazantes como "esta falla, la vamos a quemar".»** Seguro que si se hubiera producido un asalto y prendido fuego a alguna legación española en alguna parte del mundo, también hubieran saltado manifestando su satisfacción. Hay gente para todo y el sentido común mal repartido, aunque salga la media.
El hindú que amenazó con quemarse si los símbolos que para él representan algo importante y respetable fue detenido a tiempo y se puedo evitar una tragedia que habría puesto en los periódicos de medio mundo el caso. A algunos, deseosos de notoriedad, hasta les habría parecido bien. Pero a los ojos del mundo, Valencia y sus fiestas ya no serían lo que han sido hasta ahora, sino que habrían mostrado un sesgo violento que a muchos no les gustaría. La Comisión fallera ha hecho bien en dialogar con la comunidad hindú para lograr un acuerdo. De todo se aprende y me imagino que se habrá sacado alguna consecuencia para el futuro.


El mundo, como decíamos al principio, se ha hecho más pequeño y con los tabiques más finos, de tal forma que se escucha todo. Que no respetemos lo nuestro es cosa nuestra; pero que no lo hagamos con lo de los demás tiene sus riesgos. Los hindúes tienen sus tradiciones y no se meten con nadie. Meterse con los demás no es una tradición, es un ejercicio arriesgado entre la osadía y la ignorancia. Aunque algunos lo piensen, no somos el centro del mundo.
Una fiesta que aspira a ser declarada Patrrimonio Inmaterial de la Humanidad tiene que ser generosa y respetuosa con esa humanidad variada para que pueda disfrutarla sin distinciones. Afortunadamente lo han hecho. La decisión está en el aire.




* "Un detenido por la polémica de la falla con símbolos hindúes" El País 19/03/2013 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/03/19/valencia/1363691895_212875.html?autoplay=1
** "Un hindú intenta prenderse fuego ante la falla que se centraba en su religión" El Mundo 20/03/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/20/valencia/1363736180.html



sábado, 12 de febrero de 2011

Las tiendas de la Plaza Tahrir

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Historia comienza cada día. De los dos sentidos, el de la Historia como hechos ocurridos y la asignación de valor a esa concatenación de hechos, el más interesante es el segundo. De hecho, muchas veces los primeros, los hechos, no existen. Muchos pueblos han mitificado hechos inexistentes o han distorsionado tanto algunos que son difícilmente identificables. Los hechos anteriores afectan a lo que ocurre, pero no menos que la forma en que los interpretamos, ya que son esas interpretaciones las que ponemos sobre la mesa cuando tomamos decisiones que decidirán nuestro futuro. Por eso la crisis de la Historia es solo ficticia. Su crisis como disciplina que trata de determinar los acontecimientos es cierta porque ha sido precisamente el concepto de “acontecimiento”, su carácter constructivo, el que ha entrado en crisis. Sin embargo el problema del estatus científico de la Historia no afecta lo más mínimo a su importancia social ya que los pueblos y las personas nos movemos lo mismo por verdades que por mentiras.

El Egipto que se ha manifestado en las plazas y calles de todo el país tendrá que reescribir su historia para reajustarla a su nueva identidad. Porque el Egipto que se despertó hoy no es el de ayer. Ya no le sirven los discursos que se habían automatizado hasta el momento y que constituían su mochila de viaje. Eran discursos sin sentido para nadie. Las revoluciones son fronteras interiores, marcadores de espacios simbólicos. Además de por las injusticias, la desesperación, la crueldad, etc., son el resultado de la claustrofobia moral que producen. Los ciudadanos se lanzan a la calle a coger aire fresco ante la obscenidad de la mentira que se les pide que asuman cada día.

Los egipcios, los tunecinos, ahora los habitantes de Argel y Yemen, todos los pueblos que se van adentrando en los nuevos espacios simbólicos que implican sus cambios profundos sentirán —lo sienten ya— la necesidad de reescribir sus identidades y su historia. Advierte la historiadora Margaret MacMillan en su obra Juegos peligrosos. Usos y abusos de la Historia* que:

Puede resultar peligroso cuestionar las historias que cuenta la gente sobre sí misma porque su identidad en gran medida se halla moldeada y ligada por su historia. Por eso el hecho de enfrentarnos al pasado y decidir qué versión queremos o qué es lo que queremos recordar y olvidar puede tener una carga política tan significativa. (64)

Se refiere MacMillan precisamente a la necesidad de cuestionar las historias oficiales y, también, de su peligro para los que lo hacen, ya sean historiadores profesionales, informadores o simples ciudadanos. La Historia es siempre política. Los cientos de miles de personas que han salido estos días a las calles en Egipto y Túnez estaban cuestionando la historia y a la vez escribiéndola sobre los muros de la realidad misma para que otros vivan en nuevo espacio moral más oxigenado y ajustado a lo que sienten y piensan. Es la distancia entre lo que sientes y lo que te piden que sientas, entre lo que percibes y se te ordena que percibas, la que define el alcance de los cambios. Por eso es tan importante el símbolo de la Plaza de Tahrir y por eso es tan importante mantener vivo su legado, que lo que representa hoy no se traicione en el futuro y la haga irreconocible. Lo han entendido y ahora la limpian con mimo y esmero, pero han decidido dejar las tiendas de campaña en el centro de la plaza. Es un compromiso del pasado con el futuro. Los egipcios lo han dicho muy claro: el que quiera participar en el futuro de Egipto deberá recordar siempre sobre qué piedras se asienta. Esas tiendas estarán siempre dispuestas a acoger en su interior a los resistentes a los que sus gobernantes obliguen a volver.

* Margaret MacMillan (2010): Juegos peligrosos. Usos y abusos de la Historia. Ariel, Madrid.