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jueves, 11 de octubre de 2018

Amazon, el aprendizaje y la máquina prejuiciosa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Muchas veces usamos los términos "aprendizaje" o "educación" como unas panaceas. Son las palabras mágicas que permiten resolver problemas sociales, que son planteados como carencias que serán compensadas con la educación. Esto es a todas luces incorrecto ya que se trata de transferencias de información en una dirección determinada. La educación o el aprendizaje no son buenos por sí mismo ya que dependen del objetivo que se pretenda transformas y, especialmente, de la naturaleza del cambio.
Esto se vio —y se sigue viendo— en los orígenes de la pedagogía moderna en donde no solo se debatía cómo enseñar, sino una cuestión política: qué aprender. La educación, por sí misma, no es una panacea. Depende absolutamente de aquello que se enseña, ya que se forma, en un sentido u otro, a las personas que reciben esa educación. Por eso es una inmensa responsabilidad que implica una serie de decisiones.

Esta cuestión se hace evidente cuando la educación está en manos de dogmáticos, en manos de aquellos que usan la tecnología educativa para fines de adoctrinamiento en un determinado sentido. Esto se planteaba con toda claridad en los escritos, por ejemplo, de Bertrand Russell sobre la educación en donde se habla de que el sentido de la educación es dar autonomía a las personas y no hacerlas dependientes.
¿Podemos librarnos de nuestros sesgos, de los conscientes y de los que no lo son, en nuestro aprendizaje o en nuestras tomas de decisiones? La pregunta es pertinente en muchos planos y desde hace décadas se empezó a tomar en consideración la posibilidad de que las máquinas fueran más "justas", "ecuánimes" o "precisas" en la toma de decisiones. En su obra "Deshaciendo errores", Michael Lewis nos da cuenta del proceso de descubrimiento de los errores humanos, de las contradicciones constantes entre expertos, cuando tenían que ofrecer diagnósticos o tomar decisiones. En una entrevista realizada por Daniel Mediavilla al autor, este se refería a conmoción causada por la pérdida de credibilidad de los expertos en muchos campos, de la economía a la medicina:  «El inicio de ese movimiento encuentra parte de sus motivaciones en las explicaciones de [Daniel] Kahneman y [Amos] Tversky sobre por qué los expertos se equivocan habitualmente y por qué cometen errores sistemáticos. Su mayor influencia fue poner en duda el juicio de los expertos.»* Pero un movimiento en un sentido produce uno en sentido contrario: pasemos las decisiones a las máquinas.

Las máquinas, combinadas con la Inteligencia Artificial y el aprendizaje profundo, parecía ser la solución a las tomas de decisión más eficaces. Los avances en la IA y, sobre todo, el hecho de que las máquinas pudieran aprender de sus propias interacciones evaluando los resultados, parece ser muy prometedora para poder evitar el problema de los expertos, en los que se ha reducido la confianza. En muchos campos, la subjetividad del experto se camufla tras los lenguajes crípticos o la astucia argumentativa para encubrir un núcleo vacío o una intuición sin justificación. Lo que Lewis llama "movimiento" de recelo hacia los expertos, necesariamente iba en otra dirección, las máquinas.
Pero esto plantea sus propios problemas en los que tiene que ver el aprendizaje. El diario El Mundo titula "Amazon construyó una inteligencia artificial para contratar empleados que discriminaba a las mujeres"** Lo primero que hay que resaltar es lo inductor al error del propio titular, que entra en clara contradicción con lo que sigue a continuación. Amazon no construyó la máquina "para" discriminar a las mujeres, sino justo para lo contrario. El titular de Reuters de donde se ha tomado la noticia es más cuidadoso: "Amazon scraps secret AI recruiting tool that showed bias against women" (10/10/2018).
En el primer párrafo se explica claramente:

En 2014 Amazon decidió poner gran parte del peso en sus procesos de contratación de personal y recursos humanos en manos de inteligencias artificiales desarrolladas en el seno de la compañía para optimizar los esfuerzos en materia de captación de talento y encontrar el candidato ideal para cada puesto. La filosofía tras este proyecto era sencilla: emplear los mismos procesos de automatización que habían llevado a la compañía hasta la cima del ecommerce mundial para seleccionar a sus empleados. Sin embargo, descubrieron que esta inteligencia artificial discriminaba sistemáticamente a las mujeres.**


Habría que crear también una máquina para poder titular los artículos al margen de los prejuicios o el sensacionalismo de los expertos en titulación. Como mucha gente  no pasa del titular, habrá unos cuantos cientos de miles de lectores que ya dan por hecho el "machismo" discriminador de la compañía, y unos cuantos miles de bienintencionados retuitadores harán el resto. La tormenta informativa perfecta: un mal titular y unos cuantos activistas justicieros que no pasan de ahí porque con el titular tiene bastante para confirmar sus propias verdades.
Se explica que la conclusión de Michael Lewis sea que no hay que fiarse de las "historias" que nos cuentan, sino someterlas a revisión constante para evitar ser inducidos a error. Justo lo que ocurre con la noticia del diario El Mundo, nos lleva al error de forma directa y nosotros lo blindamos con nuestras expectativas. Escribe Lewis:

Yo cuento historias. El efecto de su trabajo [de Daniel Kahneman y Amos Tversky] en mí ha sido hacerme más escéptico de lo que soy sobre las historias. Eso no significa que las historias siempre sean falsas. Significa que tienes que estar siempre alerta sobre las formas en que pueden ser falsas y cómo tu mente te está empujando a hilar una serie de datos para convertirlos en una narrativa coherente, posiblemente a costa de la verdad. Todavía puede haber historias verdaderas, pero tienes que ser consciente de cuántas historias falsas pueden sonar bien. Hay que estar alerta ante las historias simples y fáciles, por ejemplo en política, porque con frecuencia son falsas.*


Como podemos ver, los hechos dan la razón a Lewis y a los que consideran que navegamos continuamente en océanos de confusión, de malos entendidos y prejuicios, de medias verdades y falsedades completas, en los que debemos buscar las luces de los faros lejanos que nos puedan orientar un poco. La otra opción, la mayoritaria, es darse un rebozado diario en aquello que nos gusta escuchar, es decir, limitar nuestra exposición a los medios a aquellos que nos dicen lo que queremos escuchar. Los políticos y vendedores de cualquier cosa han tomado buena nota.
Pero volvamos a las máquinas de Amazon y la fuente de su error, que es lo que nos lleva al principio del texto, al aprendizaje y a los prejuicios. También las máquinas necesitan aprender... y lo hacen de nosotros:

Imitando el sistema de valoración de productos en su web, la inteligencia artificial de Amazon valoraba a los candidatos con una puntuación entre una y cinco estrellas. "Era como el Santo Grial, todo el mundo lo quería", admite uno de los empleados a Amazon en declaraciones a Reuters. "Querían que fuera un sistema en el que introducías 100 currículums para que seleccionase los cinco mejores, que serían los que acabarían contratados", asegura.
Sin embargo, un año después de poner en marcha el proyecto, sus desarrolladores descubrieron que el programa discriminaba sistemáticamente a las mujeres y prefería contratar a los hombres, especialmente en trabajos con un perfil técnico o para el desarrollo de software.
La razón tras esta discriminación parecía ser que la inteligencia artificial estaba entrenada con los perfiles de antiguos candidatos que habían intentado trabajar en la empresa durante los últimos 10 años, que mostraban un dominio masculino dentro del sector. La inteligencia artificial de Amazon aprendió así que los hombres eran mejores candidatos que las mujeres y penalizaba los currículums que contenían palabras como "mujeres" o "capitán del club de mujeres". Asimismo, penalizaba a las candidatas que habían estudiado en facultades exclusivamente femeninas.**

Lo que la máquina aprendía era a ejecutar de forma precisa los prejuicios anteriores, ya que eso era lo que reflejaban las selecciones previas. Al igual que puede ocurrir (y ocurre) la máquina de aprender usaba como modelo lo que se quería evitar, pero ¿había otro? Puede que haya quienes puedan diseñar otro sistema, pero ¿significa esto que está exento de problemas de este tipo? Evidentemente no. Si suministramos a las máquinas nuestra historia, reproducirán nuestros errores. Si somos capaces de crear un sistema justo que enseñar a las máquinas ya no las necesitaríamos.
La historia es real, pero tiene mucho de fábula moral moderna. Nos explica que no podemos dejar de ser nosotros mismos y que si queremos que el sistema mejore, debemos tratar de mejorar nosotros mismo, algo que no siempre estamos dispuestos a hacer. También enseña que si usamos máquinas, estas habrán aprendido de nosotros. Eso tiene consecuencias importantes.
Se cierra la noticia con lo siguiente:

Cuando los ingenieros se dieron cuenta de esta tendencia, volvieron a configurar la lógica de la inteligencia artificial para que no tuviese en cuenta esos términos. Sin embargo, no existía ningún tipo de garantía de que el algoritmo no fuese a encontrar otras formas de discriminar a los candidatos por razones de género.
Finalmente, el equipo a cargo de este proyecto fue desmantelado. Sin embargo, los encargados de la selección de personal continuaron empleando la herramienta, aunque solo como un apoyo y teniendo en cuenta otras consideraciones más allá de la clasificación empleada en la inteligencia artificial.**

¿Un fracaso? Sí y no. Nunca es un fracaso cuando aprendemos que nos equivocamos y que el error se puede reproducir de múltiples formas, incluido a través de las máquinas. Lo que nos enseña realmente es que la responsabilidad de ser mejores, más justos, etc. implica corregirnos. Hay errores que viene de fuera, pero hay errores que se consideraban "aciertos" no hace mucho tiempo o que tampoco hay unanimidad social. Los "errores" de la máquina de Amazon antes se presentaban como "aciertos", pues eran valoraciones de una sociedad machista. Darse cuenta de ello es tener ya una parte de la mente fuera, consciente de lo negativo de esos criterios y valores.


El lenguaje mismo, que siempre es valorativo, de los curriculos analizados por las máquinas era ya en sí cercano a valores masculinos, lo que favorecía a los candidatos frente a las candidatas. Y no podía ser de otra forma ya que era una sociedad machista quien los había producido. Se aprende de lo que hay y lo que hay era machismo.
La corrección, nos dicen, no asegura que los nuevos criterios no lo sean de nuevo. Esto nos enseña también algo importante: no hay nada definitivo y los seres humanos debemos acostumbrarnos a dejar de pensar en términos absolutos y eternos (esencialistas) para asumir humildemente que cambiamos en el tiempo, aunque siempre nos parezca que estamos en posesión de la verdad como un dogma. Debemos aprende a vivir humildemente con nuestras limitaciones epistémicas, en un esfuerzo constante de autocrítica para evitar que los errores se conviertan en "verdades" que nos encierren. Hay que avanzar deshaciéndonos de peso inútil, pero para eso hay que tener la voluntad de hacerlo.
Como "moraleja" final de la fábula de la máquina de seleccionar personal está la idea de que tras cualquier máquina, escondidos como el Mago de Oz, estamos nosotros. Que podemos fingir que no somos nosotros, pero al final siempre esta el espejo que nos devuelve nuestro rostro. Nosotros somos el principio y el final; nosotros somos el límite. Nuestra es la voz que las montañas nos devuelven como eco.
Por esto, los aprendizajes —incluidos los de las máquinas— deben ser procesos críticos y que enseñen a serlo. Es decir, a distanciarnos de nosotros mismos para poder alejarnos de nuestros errores más claros y no convertirlos en norma.


* Entrevista Michael Lewis "“Los expertos se equivocan sistemáticamente” El País 29/04/2017 https://elpais.com/elpais/2017/04/26/ciencia/1493223398_048373.html
** "Amazon construyó una inteligencia artificial para contratar empleados que discriminaba a las mujeres" El Mundo 11/10/2018 http://www.elmundo.es/tecnologia/2018/10/11/5bbe3a12e5fdea0f578b467e.html

domingo, 7 de mayo de 2017

El desafío del trabajo para las mujeres egipcias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El jueves pasado se presentó dentro de las II Jornadas de Mujeres de 3 Culturas —de las que soy organizador para estímulo de los y las  jóvenes investigadores en los temas de género e interculturalidad— una ponencia presentada por la investigadora egipcia Basant Kamal y titulada "Mujer y trabajo en el cine egipcio", que cubría el periodo del comienzo de los años 50, con el comienzo del país de manos de la revolución, hasta 2007, última de las películas revisadas. En la ponencia se planteaba el retroceso de la idea de la incorporación laboral de la mujer, algo esencial para su autonomía. Las películas permitían calas en la percepción del trabajo femenino desde la perspectiva cultural que el cine ofrece al mostrarnos la mentalidad popular.
El día anterior, pudimos ver la película "Mujeres de El Cairo", de 2009, en el que también se planteaba la inferioridad del trabajo de la mujer respecto al del hombre a través de la pareja de periodistas y del primero de los episodios, el que nos describe la propuesta de matrimonio a la mujer brillante, cuya única oferta es quedarse en casa y dedicar toda su atención al varón, un retrato ,demasiado frecuente como para ser caricatura, de un hombre narcisista que considera que la mujer ya está pagada con que él se digne mirarla y que debe derretirse a sus pies con la oferta del varón, lo más valioso del universo. El mensaje era claro: da gracias por estar a mi servicio
La película de Yousry Nasrallah nos dejaba el retrato del problema a las mismas puertas del estallido de la Primavera árabe, producida a finales de 2010 en Túnez y prendida en Egipto el 25 de enero de 2011, Día Nacional de la Policía, acto que hoy se celebra mientras se reprime a los que van a conmemorar el despertar revolucionario y homenajear a los muertos, llamados entonces "mártires" y hoy sospechosos de ser agentes extranjeros.
Ese mismo día, el 3 de mayo, Egyptian Streets se hacía eco de la presentación de un estudio realizado en la zona. El diario titulaba así su artículo: "Majority of Arab Men Think Women’s Right Place is Home, Don’t believe in Equality: Study"*. En el artículo se recogía las conclusiones del estudio "Understanding Masculinities" **, que no diferían en gran medida de aquellas a las que había llegado Basant Kamal a través del estudio de tres momentos del cine egipcio, convertido en reflejo de las tendencias sociales en lo referido al triángulo "hombre, mujer, trabajo":

A study has found that only one in four men in the Arab World and the Middle East believes in equality between genders.
The study, undertaken by the International Men and Gender Equality Study in the Middle East and North Africa (IMAGES MENA), revealed that young men in the Arab world are as conservatives as their fathers.
The survey was conducted on nearly 10,000 individuals, both men and women from Lebanon, Egypt, Morocco and Palestine; their ages ranged between 18 and 59. The vast majority of them held conservative views regarding women, believing that they are not capable of being leaders and belong in their houses. They also believe that education is important for boys more than girls.
The opinions of the majority of women interviewed were in line with their male counterparts; they agreed that their most important duty is at their houses.
The study also revealed that in some Arab countries, up to 90 percent of men believe that they have the right to control women’s clothes and how often they should have sex.
The majority of men who agreed to have a female boss, however, believed that it shouldn’t alter the fact that men should still be the breadwinners and women can work as long as it doesn’t have a negative effect on their family duties. They have also shown a low progressive attitude towards women having the final word regarding decisions made at home.
According to the study, the males’ view could be a result of the economic turmoil that usually leaves young men struggling to find jobs and unemployed, so they feel not empowered. Unemployment was cited several times as the reason behind the conservative views.
High rates of domestic violence were also revealed by the study, about 45 percent of men show violent attitude towards their spouses. More than half of the surveyed men believed that women deserve to be beaten sometimes.*


Las conclusiones del estudio son aterradoras para el futuro, pero no más que la realidad palpable a través de muchos indicadores sociales que muestran la involución social y el fracaso de las políticas igualitarias, que si bien pueden fijarse legalmente después son rechazadas por la resistencia de la visión patriarcal tradicional frente a las mujeres y de las mujeres cuya identidad se ha forjado bajo la mirada masculina.
Hoy se responsabiliza a la Primavera árabe de los desastres consiguientes, en especial la crisis económica y la guerra en la zona (como división). Es la forma de anular sus ideales y dirigir de forma maquiavélica el rechazo hacia ella. Sus enemigos son maestros en estas argucias, encubriendo sus maniobras. Los hombres han luchado por el poder; la mujeres por los derechos. Cuando han conseguido el poder, se han reprimido los derechos, especialmente los de las mujeres, hacia cuya yugular se han dirigido los violentos colmillos patriarcales, presentes en todas las corrientes políticas, incluso en muchas que se presentan como progresistas.

El mundo árabe no logra quitarse de encima su profundo machismo tradicional sobre el que se asienta su visión del poder como un elemento viril. Este poder se basa en el control y no en la capacidad de transformar la sociedad, que queda anquilosada y retrógrada. Es más importante dominar que cualquier otra cosa. Y esa dominación tiene su primera fase en las mujeres, en la casa, a través de la obediencia y sumisión de esposas e hijas.
La excusa de la crisis económica para perder el terreno ganado en el trabajo no es más que eso, una excusa. Como hay poco trabajo, las mujeres deben abandonar sus puestos, quedarse en casa, para que no sufra la virilidad del varón, que es quien debe demostrar ante otros ser capaz de mantener a todos. Como excusa es vieja y frustrante porque no solo no excusa nada sino que muestra el carácter condescendiente que se tiene con la mujer que trabaja, un mero entretenimiento o una agresión pública, según los casos.
La idea final de que las mujeres "se merecen" ser golpeadas en ocasiones, muestra descarnadamente la violencia de la dominación masculina. La hipocresía social presume del "dulce convencimiento" y si no es eficaz, se aplica la violencia por "su propio bien". La mujer que se resista que se atenga a las consecuencias.
La película de Yousry Nasrallah comienza mostrándonos al seductor esposo, ofreciéndose como un premio a su esposa, y termina con una brutal paliza en la que la pelea libera a la mujer del fantasma seductor que por todas partes se le ofrece para conseguirla. Una vez conseguida, se desvela el engaño.
La involución social ha venido de la mano del crecimiento del tradicionalismo que comenzó en los años 80. La idea se repite por todas partes: las mujeres eran más feministas hasta los años 70.  Abuelas feministas, partidarias de la igualdad y del trabajo; hijas conservadoras y nietas tradicionalistas que se revuelven contra las que se resisten.
La obsesión matrimonial es un síntoma claro. Basta con revisar las páginas de Facebook para comprender hasta qué punto se ha producido una distorsión de la vida social obsesionando a las más jóvenes con el matrimonio. Las fotos luciendo los añillos, las celebraciones de las bodas, la imagen feliz se produce cada vez antes. El avance tradicional de los islamistas reduce la capacidad de independencia de las mujeres mediante la reducción de la edad del matrimonio. Pronto llegan los hijos y se cierran las posibilidades de incorporación al trabajo. Las cifras de divorcios aumentan espectacularmente —como ha ocurrido en Egipto, y aquí hemos tratado, ante la desesperación del presidente al-Sisi— porque pronto se descubre el lado duro del marido. Donde se esperaba dulzura, aparece pronto el narcisismo, muchas veces violento, del que no se debe hablar. Las mujeres divorciadas regresan a casa de sus padres, estigmatizadas, controladas por unas vergonzosas leyes de divorcio que las dejan en manos de los maridos, sin más recurso muchas que las pensiones que ellos pueden pagar o no ante la indiferencia de la ley, que sigue siendo machista. El hombre se casa y sigue agregando piezas a su colección. La mujer queda escondida, acosada por aquellos que consideran que una viuda ya no es terreno de nadie y necesita de hombres que la vean en secreto. Muchas de ellas sufren esas llamadas vergonzosas de hombres, diciéndoles que se ofrecen a consolarlas en secreto.


Durante la Revolución —denostada hoy por una doble estrategia del estado y los islamistas—, las mujeres sufrieron violencia desde ambos lados. Escandalosos para todo el mundo fueron los exámenes de virginidad a las manifestante por parte de los militares, de la misma forma que tuvieron que sufrir secuestros y violaciones en masa por parte de los grupos que practicaban el denominado terrorismo sexual en plena plaza de Tahrir. Tuvieron que organizarse grupos de vigilancia para proteger a las mujeres de los ataques. Sobre todo esto, las hemerotecas están llenas de datos e imágenes, mal que les pese a muchos. La primero visita que hizo el presidente al-Sisi fue a un hospital para visitar a una mujer atacada.
La violencia no solo es física. Se trata de mantener a las mujeres en casa, bajo el control y la dependencia de los hombres porque esa es la voluntad del dios patriarcal y de sus representantes en la tierra, los varones, cuyas parejas fueron creadas para que no se sintiera solo, sin más especificación.
La violencia se ejerce a través de las instituciones que van minando la resistencia de las mujeres y sus deseos de autonomía para poder alcanzar su propia identidad. Es aquí donde entran los modelos propuestos desde la sociedad patriarcal y que tan bien definió Betty Friedan en su obra La mística de la feminidad. La "nueva mujer" es definida como un modelo representado a través de todos los dispositivos a disposición del sistema. La mujer acaba alienada y satisfecha con su papel dependiente, su mundo gira sobre la satisfacción de los deseos y fantasías de lo varón en sus distintos roles. No es de extrañar que el estudio señale:

Women were not so different, they also didn’t show progressive attitudes towards their social and economic rights. However, young women were more to defend their rights and equality compared to older women.
In Egypt, findings of the study show that the patriarchy is alive and well, in both public and private life. Both men and women, on the whole, hold inequitable attitudes about the rights and responsibilities of women compared with those of men.
In Morocco, it showed vast gap between public and private perspectives. “Masculinity and the patriarchal mindset. It affects men, as well, because the norms or the roles assigned to each sex, at the heart of society, are disadvantageous,” according to the study.
In Lebanon, the study showed some levels of support of gender equality. Also, many male respondents report putting more equitable ideas into practice.
In Palestine, findings indicate that the division of labour in the household still reflects inequitable, gendered power relationships.
“This inequitable division of housework puts a greater burden on women, hindering their involvement in societal or political issues and maintaining their marginal position within the family and society,” according to the study.*

Por encima de los efectos de la superficie cotidiana están los movimientos profundos que son los que estructuran la sociedad y establecen los límites de lo posible social. Y lo posible es cada vez más limitado para las mujeres.


El sistema patriarcal es un reparto de poder delegado desde Dios hasta la casa más humilde, que cree estar defendiendo un orden divino en el encierro, la invisibilidad o la violencia contra las mujeres. Nadie renuncia a ese poder en un mundo de sumisiones, de ciudadanías débiles en favor de otros criterios de identidad como son los de la religión y el género, que se ratifican y refuerzan el uno al otro.
La virulencia contra lo que supuso la revolución es en gran medida una reacción tradicionalista. El empeño en considerar que los derechos igualitarios de la mujer suponen una subversión del orden divino, que enseña que la mujer debe ser obediente, que la muestra con falsas limitaciones que convierten al varón en su "guardián" en todo momento de su vida, etc. ha sido usado políticamente.
No existe democracia sin la igualdad de género, de derechos reales. En Egipto, los síntomas son diarios y se confirman con los datos del estudio. Se percibe en las propuestas de algunos parlamentarios, claramente contra las mujeres, en legislación puesta ya en marcha.
No hay una defensa clara de la igualdad de derechos. Y cuando la hay, queda muchas veces en un mero discurso propagandístico, incapaz de enfrentarse a las fuerzas reaccionarias que mueven la sociedad en su fondo.
El gran fracaso de las fuerzas políticas democráticas es haber sido incapaces de frenar el crecimiento social, desde la base, del islamismo anti reformista que ha estado actuando pese a su marginación de lo público. La ideología retrógrada, proveniente en gran medida de los países como Arabia Saudí y otros de la zona, ha financiado las campañas y ha apoyado a los más conservadores. Esta explicación no debe mostrar a la sociedad egipcia como una víctima saudí, como en ocasiones se presenta. Tiene plena responsabilidad, de los gobiernos a la calle, de no haber sido capaz de profundizar en la igualdad real de las mujeres y establecerlo como un modelo a través de la educación. La educación ha fallado por el desastroso periodo de Mubarak en el que esos derechos eran los que usaban las élites, pero no se defendían los de los demás, abandonados a su suerte, es decir, a la expansión del pensamiento tradicionalista y patriarcal.


En 2015, un reportaje del HuffPost titulado "New Report Paints Devastating Picture Of Violence Against Women In Egypt" señalaba:

A leading human rights group said Wednesday that Egypt is failing to protect its women from widespread violence and criticized the country’s authorities for “token” legal reforms that have not translated into real change.
The damning report, released by Amnesty International, urged the government to present a comprehensive strategy to combat violence against women before the upcoming parliamentary election.
“Recent measures to protect women taken have been largely symbolic,” Hassiba Hadj Sahraoui, Deputy Director of the Middle East and North Africa Programme at Amnesty International, said in a press release. “The authorities must prove that these are more than cosmetic changes by making sustained efforts to implement changes and challenge deeply entrenched attitudes prevalent in Egyptian society.”
In June 2014, Egypt criminalized sexual harassment for the first time. Women’s rights advocates have been skeptical of the new law, and have noted that some of its burdensome requirements — such as requiring women who are sexually harassed or assaulted to have two witnesses to the crime — may render it difficult to enforce. While no official data are available, Amnesty said the new law does not appear to have resulted in increased prosecutions or convictions.***


En 2014 se planteó —ante el enorme escándalo continuo de los medios de comunicación mundiales por los datos y sobre todo por la focalización en las imágenes producidas durante la revolución, el apaleamiento por la Policía, en plena calle, de la llamada "mujer del sujetador azul", los exámenes de virginidad a las manifestantes por los militares, las filmaciones de violaciones en grupo, etc.— una ley de penalización del acoso, algo inexistente oficialmente, como tantas otras circunstancias que afecta a la mujeres, que se trataba de alejar de los juzgados.
El artículo sobre el acoso sexual y demás violencia contra las mujeres se cerraba con unas declaraciones:

Mona Eltahawy, an Egyptian-American women’s rights activist, said it was incredibly important that Amnesty connected domestic, street and state violence against women.
“Women in Egypt are entrapped by institutional, systematic violence,” she told The Huffington Post by email. “Unless combatting that violence becomes a priority, unless women can live safe and dignified lives, no revolution has taken place. We must overthrow the Mubarak at home as well as on the street, not just the one who sat in the presidential palace. That double revolution that us women must undertake — against the misogyny of the state and the street, and by extension the home, is Egypt’s key to freedom.”***

La idea de Eltahawy —conectar todas las formas de violencia— es esencial para comprende el fenómeno y, sobre todo, para comprender por qué no solo no se soluciona sino que se incrementa el acoso, a pesar del mínimo margen ya que abarca a más del 90% de la población femenina. El acoso es una forma de resistencia patriarcal, una forma de poner a la mujer en su sitio ante lo que el varón entiende como desafío o provocación. Casa, calle e instituciones son reflejo del patriarcado y dan por sentado el papel inferior de la mujer, por más que proclamen en las instancias superiores la igualdad, por más que se escriba en sus constituciones, inferiores porque han sido hechas por los hombres y no por Dios. La única ley válida es la que llevan grabada a fuego desde el nacimiento y que repite una y otra vez la superioridad del varón. Es la cultura patriarcal que sobrevive bajo cualquier apariencia de modernidad. No hay revolución, no hay modernización sin hacer desaparecer la misoginia presente en todos los rincones.


Los datos del estudio muestran que la reacción avanza desmantelando uno de los primeros movimientos de derechos de la mujer, como fue el egipcio, ya en los años 20. Pero el Egipto cosmopolita, aspirante a una modernidad real, se fue perdiendo en la atracción del abismo patriarcal de la misoginia estableciendo una curva en la que se refleja un continuo descenso. La batalla cultural la perdió la modernidad en cuanto se limitó a formular leyes sin voluntad de hacerlas cumplir. Las instituciones no han respaldado a las mujeres.
Lo que se ha podido avanzar, se está retrocediendo. La desaparición de las voces políticas que defiendan la igualdad y —todavía más importante— que la defiendan, a lo que hay que sumar las campañas contra las ONG feministas a las que se ataca y desprestigia considerándolas como una "cuña occidental" para destruir la familias y la moral sagradas de Egipto. La falta de recursos y los impedimentos a que reciban muchas veces financiación exterior para ayudarlas a realizar su labor es determinante.


La excusa de la crisis económica no es más que una maniobra para evitar que las mujeres tengan independencia. Es la forma de seguir controlándolas, antes, durante y después del matrimonio. Antes porque deben aceptar las decisiones de los padres; durante porque quedan supeditadas al marido al no poder salir por falta de recursos; después porque incapacitadas para trabajar, siguen dependiendo de las pensiones que quieran pasarles si es que lo hacen. Sin formación, dependen de ellos para siempre.
Lo que el estudio muestra es un retroceso social dramático. Muchas mujeres aceptan esa dependencia ante el riesgo que el acoso permanente en los trabajos supone. En marzo, Mada Masr publicó un artículo firmado por Mona Ezzat, titulado "Working women and policy assessment", en el que daba cuenta del acoso laboral detectado en estudios anteriores:

Women in Egypt are subject to sexual harassment in their places of work at a very high rate. In 2009, we conducted a study on women working in economic zones in Alexandria and the governorates along the Suez Canal. We interviewed women at their houses in villages or waited for them as they were leaving the factories they worked in, because we were not allowed to go inside. We also discovered cases of sexual harassment against women inside government institutions, which prompted a study on sexual harassment in public and government agencies in 2015, and another one on sexual violence in health and education facilities.
As gender issues are not reflected in official statistics, that’s what we have focused on during our interviews with working women. We have have heard accounts of sexual violence, unfair wage practices and the inability to secure maternity leaves, issues mainly occurring in the private sector. We also measure the efficacy of state policies. For example, there are units in all government agencies that are meant to ensure that equal opportunities are provided regardless of gender, but they are not activated. However, this only came to light when we conducted interviews with women working in government.****


El fenómeno es total. No es una cuestión de las calles, es una cuestión de la cultura que se expande a todos los ámbitos. Los miembros de la sociedad desempeñan distintos roles en distintos espacios, pero no cambian su mentalidad. El que es violento en su casa, acosa en las calles y trata de taparlo desde las instituciones. Son muchos los problemas que afectan a las mujeres que son tapados desde este sentido de mantenimiento de la hipocresía social.
Lo más terrible es lo precario de los avances de los derechos de las mujeres, rodeadas de una intensa cultura machista, refrendada por muchas mujeres que han asumido este estado y no perdonan los intentos de otras de cambiarlo. Esta es la parte más oscura siempre de analizar, pero el patriarcado no es una cuestión estrictamente masculina sino una forma de ordenar la sociedad y determinar sus posibilidades de existencia. El fenómeno se llama "alienación". Por ello se trata de silenciar, invisibilizar los esfuerzos de muchas mujeres para que comprendan la situación y poder combatirla.
Esta precariedad queda reflejada en la forma en que se llevaron los avances de las mujeres, según explica Miwa Kato, en su artículo del actual número de The Cairo Review of Global Affairs, de la Universidad Americana de El cairo:

Egypt’s recent history shows the importance of pushing a cause as important as gender equality and women’s empowerment with a movement supported by a large segment of the citizenry. Social transformation needs to evolve as a part of a wider social aspiration, growing beyond what is often referred to as the First Lady Syndrome. In Egypt, the limiting of the voice of civil society and of ordinary women prevented women’s rights from taking root in transforming the society. Top-down legislative action and policy development driven by the clout of the First Lady failed to sufficiently change the social norms and perceptions of ordinary citizens. This left the progress of the Mubarak years vulnerable to a regressive backlash.
Thus, when the first post-Mubarak elections brought conservative Islamist forces into government for the first time in Egypt’s history, the close association of the women’s rights movement with the Mubarak regime placed its accomplishments in a highly precarious position. The breakdown of law and order in the immediate aftermath of the uprising created the opportunity for a violent backlash against women seeking equal engagement in civic life. The shocking sexual assaults on women in the streets were manifestations of deep-rooted societal norms and perceptions about women’s right to choose and assert in public settings.*****


El síndrome de la Primera Dama podría aplicarse en muchos otros casos en los que la personalización del poder se produce al ponerlos bajo la imagen del poderoso. es una forma de asociación de los derechos a las personas poderosas, que son sus garantes. Pero eso no significa que calen en la sociedad más allá de ciertos niveles. Como se señala, puede ser contraproducente, incluso.
Igual que se visibiliza al poderoso concediendo o amparando derechos de los ciudadanos, los elementos negativos se esconden porque se consideran que son malos para la imagen del régimen o el país. Así ocurre con fenómenos como el reflejado en el estudio o muchos otros que no deben salir a la luz porque así oficialmente no existen. Ocurrió con el acoso y ocurre con otros, como los crímenes de honor, un tema tabú.
La respuesta egipcia suele ser siempre matar al mensajero, destruir o estigmatizar a aquellos que les ponen el espejo delante de la cara.



* "Majority of Arab Men Think Women’s Right Place is Home, Don’t believe in Equality: Study" Egyptian Streets 3/05/2017https://egyptianstreets.com/2017/05/03/majority-of-arab-men-think-womens-right-place-is-home-dont-believe-in-equality-study/
** Understanding Masculinities http://imagesmena.org/en/
*** "New Report Paints Devastating Picture Of Violence Against Women In Egypt" HuffPost 1/21/2015 http://www.huffingtonpost.com/2015/01/21/egypt-women-violence_n_6517346.html
**** "Working women and policy assessment – Feminist testimonies from Egypt" Mada Masr 10/03/2017 http://www.madamasr.com/en/2017/03/10/feature/society/on-workingwomen-femini
***** Miwa Kato "Women of Egypt" The Cairo Review of Global Affairs nº 24. 2017 https://www.thecairoreview.com/essays/women-of-egypt/


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jueves, 28 de julio de 2011

Sumando las historias de cada día

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hablo esta misma mañana con una doctoranda a punto de cerrar ya su tesis. Su historia es bastante elocuente sobre porqué las cosas ocurren como ocurren. No es muy distinta a otras muchas historias que usted y yo escuchamos cada día.
B. siempre ha sido una persona activa. Estudió en una universidad pública Periodismo y, desde la misma carrera, se preocupó por ampliar su formación. Pasó un año en un país nórdico con una beca Erasmus, trabajaba los veranos para mejorar sus idiomas. Cuando comenzó el doctorado obtuvo una beca para trabajar en una gran empresa mediática. Por la mañana trabajaba en su tesis y por la tarde en la empresa televisiva en la que gestionaba su página web y hacía reportajes. Cuando salía a las once de la noche, como estaba en la misma localidad que yo, paraba delante de casa para que le dejara libros y artículos. Los recogía y se iba a Madrid para ponerse a trabajar por la mañana.  Allí estuvo dos o tres años.
Mientras tenía ese trabajo mal pagado y con bastantes conflictos con jefecillos celosos que se apuntaban todo lo que ella hacía, le ofrecieron un puesto de profesora en una Universidad privada en la que pasó a impartir talleres de televisión y alguna asignatura más. Al poco tiempo, la llamaron de una importante empresa del sector informático para hacerse cargo de la oficina de comunicaciones de Madrid. Abandonó la empresa mediática y compaginó su nuevo trabajo con las clases y su tesis. Se casó. Los dos primeros años, las evaluaciones que la empresa realizaba de su actividad eran muy buenas. Estaban contentos con ella. Quedó embarazada. El panorama cambió.


Cuando se enteraron en la empresa —una empresa que presume en la presentación de sus memorias anuales de creativa e innovadora y ser una gran familia—, comenzaron los problemas. La llamaban constantemente a decirle lo descontentos que estaban con su trabajo. Afortunadamente, ella sabe que ha ocurrido lo mismo con todas las empleadas de la empresa que tuvieron la osadía de traer niños al mundo, que era la práctica habitual allí.
Eso en lo laboral. Sabe que en cuanto que se termine su periodo de baja, los problemas no van sino crecer en su empresa, que no es sino cuestión de tiempo que la presionen para que deje el trabajo, tal como ya lo están haciendo.
Pero ante ella se ha abierto un nuevo abanico de problemas insospechados hasta el momento. En su zona no hay guarderías suficientes. Solo hay una en la que le dicen que la gente presenta unas declaraciones inverosímiles, pero que tienen que dar por buenas. Todos aquellos que realizan sus declaraciones honestamente están en desventaja frente a los que realizan declaraciones fraudulentas y son muchos, ante la falta de recursos administrativos para revisarlas. Esta queja la pueden oír a la puerta de cualquier guardería pública cuando salgan los resultados de los admitidos.
Para poder realizar sus actividades y terminar su tesis para prepararse unas oposiciones en la enseñanza pública, B. ha tenido que coger a una persona que lleva diez meses sin trabajo para que pase unas horas en su casa cuidando a su hija. La persona que va a su casa, además tiene un hijo de siete meses. «¡Qué absurdo! —me dice—, tengo que coger a una persona, que tiene que dejar a su hijo, para que atiendan a mi hija». Sí, un absurdo más.
B., como tantas otras personas jóvenes que conozco, prepara unas oposiciones con la esperanza de poder conciliar su hija con su trabajo. Esto le valdrá varias acusaciones. La CEOE pensará de ella que es otra persona más que, incapaz de asumir esa aventura apasionante que es la empresa privada, rodeada de gente emprendedora, auténtico motor de nuestra sociedad, se lanza a los oscuros mecanismos de las administraciones públicas, lugar de malvados dilapidadores de los recursos de todos. También la acusarán de condicionar con los horarios escolares a las mujeres emprendedoras de las empresas y que han cometido el desliz de tener hijos y llevarlos a las escuelas.
La historia de B. se multiplica por la geografía nacional y es la queja permanente de muchas familias. No existen guarderías suficientes ni las empresas están dispuestas a aceptar que es necesario tener hijos para que un país no se quede vacío. Lo peor de todo es que esta situación es el resultado la conjunción de los intereses privados y la desidia pública.


 Cuando decimos que carecemos de un modelo de país nos referimos, entre otras muchas cosas, a este tipo de situaciones. Tener un modelo es dirigirse claramente hacia algún punto del futuro que hayamos considerado que es positivo para todos, hacia algunos estándares de calidad social. Hacemos leyes de cara a la galería que somos incapaces de dotar presupuestariamente y de hacer cumplir. La conciliación laboral es papel absolutamente mojado porque no existe la voluntad empresarial de llevarla a cabo ni la voluntad política de hacer que se cumpla creando las condiciones favorables. Un país mejor, lo hemos dicho muchas veces, no es un país en el que algunos son más ricos. Es un país en el que merece la pena vivir y dedicarle unas horas al día a pensar cómo se puede mejorar.
En los primeros días de las sentadas en la Puerta del Sol había un grupo de madres jugando en el suelo con sus hijos bajo una gran pancarta en la que se pedían guarderías para todos. Son esas guarderías las que permitirán una mejor conciliación laboral y una incorporación de las mujeres a empleos de mejor calidad. Mientras las empresas sigan considerando que deben pagar a las mujeres menos porque tienen de vez en cuando esas molestas cosas llamadas “hijos”, existirá una forma de machismo social nada sutil, con el agravante de ser amparado por la dejadez oficial.
El chantaje empresarial del paro ha servido para que no se aborden reformas ni cambios de actitudes en las empresas españolas. En este y en otros casos. Si no fuera porque esta historia se ha repetido exactamente igual en los tiempos de bonanza, podríamos creer los lamentos de algunos. Mientras no prenda la idea de que son todas estas cosas las que hacen que merezca la pena vivir en un país, seguiremos luchando contra esas barreras de los malos hábitos y prácticas.
Si sumamos todas las historias que conocemos, todos los desajustes de los que nos vamos dando cuenta a diario, saldría un mapa de problemas reales. La historia de B. no es más que un capítulo más de la narración general de por qué las cosas tienden a caer cuando no se hace nada por evitarlo.

Datos de la OCU 2010 sobre las diferencias de precio de las guarderías