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lunes, 28 de julio de 2025

Los acuerdos USA: armas y energía

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El próximo presidente de los Estados Unidos tendrá sobre la mesa un dilema, seguir los pasos de Donald Trump o tratar de recuperar el prestigio perdido en estos años; tendrá que decidir si sigue la fórmula de la amenaza y el chantaje o, si por el contrario, da un sentido conforme al diccionario a la palabra "aliado". En definitiva, tendrá que decidir sobre cómo quiere relacionarse con el mundo más allá de la violencia. De ello dependerán muchas cosas en la política internacional, en las relaciones entre países y, dentro de ellos, el creciente recelo, animadversión hacia los Estados Unidos. Es parte importante de los cambios que se están produciendo.

Estamos acostumbrados a llevar las quejas de Trump y el aparato gubernamental a las primeras planas. La visión mesiánica del imperio norteamericano ha cristalizado finalmente en una visión quejica, en una colección de tópicos neuróticos y lamentos infinitos. Ninguno de ellos explica porqué si un país ha sufrido tantos ataques, robos, parásitos, etc. ha llegado a ser la primera potencia mundial, la que está armada hasta las cejas y se puede permitir promesas de anexión o favorecer dictaduras e imponer genocidios como el de Gaza.

Hay, por supuesto, una "explicación": Dios lo quiere. El país puntero en los avances científicos, el que atrae a los investigadores de todo el mundo, se ha convertido en un país mesiánico, en el nuevo "pueblo elegido" para la gloria, con un presidente al que Dios quiere allí sí o sí.

El "acuerdo" con la Unión Europea impone la compra de energía y de material de guerra, con lo que se favorece a las dos grandes industrias que han hecho "América grande". La tercera, la digital, ya no necesita de imposiciones de uso porque se les ha entregado el mundo con la argucia de la "globalización". Hoy puede leer usted esto porque las empresas norteamericanas del sector, entregadas al trumpismo, lo permiten. Pueden borrarlo en cualquier momento o usar el "shadow ban", la fórmula del algoritmo que reduce drásticamente la visibilidad.

Me encontré ayer, releyendo la obra de la feminista egipcia Nawal El Saadawi, el siguiente pasaje escrito en 1991 para el prólogo de la traducción española de su obra La cara desnuda de la mujer árabe:

...¿cuál es ese nuevo orden del que tanto habla la primera potencia mundial, es decir, “la industria militar americana”? Se trata de un sistema que pretende:

1. La dominación de quien posee la fuerza de la bomba atómica sobre quien tiene la razón de los valores humanos.   

2. La dominación de quien detenta el poder económico sobre quien tiene la verdad.   

3. La dominación del hombre sobre la mujer.*

Lo primero que hice fue comprobar la fecha pues parece estar escrito hoy mismo.

Quizá no hemos sabido ver esto a tiempo pensando que nuestro estatus de "aliados" hacía que no se nos aplicara, que solo los que carecían de ese estatus privilegiado percibían las cosas de esta manera.

El trumpismo actual, como pensamiento oficial, participa de estos principios, incluido el del machismo patriarcal, que se impone a través de diversas acciones enmascarado como "tradición" y "mandato divino" de la superioridad masculina. Trump ha querido controlar hasta la vestimenta y estilo a través de una serie de normas y se ha insultado a las feministas que se le han enfrentado.

Trump ignora (o no) que el ascenso de los Estados Unidos se produce tras la II Guerra Mundial, entrando en una Europa devastada. Se dice que el general Charles de Gaulle, presidente de Francia marcó las relaciones con Estados Unidos convencido de que las tropas norteamericanas solo intervinieron cuando ya no había apenas resistencia y dependerían de la ocupación estadounidense como ultima salvación. Esta idea es la que permitió a Francia no querer depender de USA para la defensa del país y convertirse en potencia europea con armamento nuclear.

Estados Unidos quiere vender armas y energía. La mejor manera de hacerlo no es fomentar la paz, sino las guerras, por mucho que Trump se presente como un enviado de la paz. Lo cierto es que desde que está en el poder no hay día prácticamente que no estalle algún conflicto o se recrudezcan otros. Es el problema de tener a la industria armamentística detrás, como apoyo y financiación. El caso especial de la guerra de Gaza con un Israel genocida con Netanyahu al frente será el que marque su paso a la historia negativa.

La mejor forma de vender armas es la guerra o su amenaza. Hemos vuelto a una especie de nuevo formato de la Guerra Fría, con el episodio en caliente de la guerra en Ucrania. Esta amenaza rusa a Europa ha sido suficiente para que Estados Unidos (e Israel) aumenten sus ventas de armas para disfrute de su industria de armamento. La paz con Trump no es paz, es un paréntesis amenazante en el que hay que armarse, un juego diabólico en que se vuelve a tener dos espacios controlados por las dos superpotencias. Trump necesita a Rusia para hacer negocios y vender protección.


Las potencias europeas son mini potencias. Europa se construyó para evitar guerras contando con un paraguas permanente norteamericano. Hoy ese paraguas se paga doble, como dependencia y como alquileres de seguridad, compra de armas y energía, etc.

El acuerdo de aranceles con el compromiso de depender energética y militarmente de Estados Unidos es un mal acuerdo si no se va eliminando esta doble dependencia. La cuestión es ¿dejarán los Estados Unidos que la independencia ser real y efectiva? No hace falta ser muy perspicaz para intuir la respuesta. Por es esencial lo que ocurra en el periodo post Trump. ¿Se seguirá la misma política de fomento de la dependencia, de crear conflictos cercanos para que los países de la Unión Europea se sientan en peligro y reclamen protección norteamericana? Una vez que Rusia ha comprendido el mecanismo le bastará ser una amenaza creíble para meter el suficiente miedo a Europa como para que esta se lance a pedir protección y compre más armas. Hemos visto lo que ocurre en Ucrania como para no necesitar imaginar demasiado: protección a cambio de explotación de recursos.

Según nos decían hoy en el debate mañanero de RTVE.es, España es el país de la UE que más armas compra a Israel. Es algo que va más allá de lo que se ha expuesto con algún contrato que ha salido a la luz. ¿Qué autoridad queda para pedir parar la barbarie genocida de Gaza?

Lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares forma parte de esta estrategia de venta de armas, del gran negocio norteamericano a través de la venta de energía y de armas. Basta que se produzcan bombardeos en zonas de energía, que se corten los tráficos energéticos, para que haya que recurrir a los Estados Unidos de Trump.


El mundo se ve débil. Es poco probable que los que lleguen después de Trump modifiquen todo este entramado que se ve reafirmado por las corrupciones propias del mundo de las armas. 

Recibirá pleno apoyo económico y político aquel que siga defendiendo los intereses de esa "gran industria", que —como decía la escritora egipcia Nawal El Saadawi— busca "la dominación de quien posee la fuerza de la bomba atómica sobre quien tiene la razón de los valores humanos".

No podemos permitirnos más ingenuidades de las necesarias. Hay que evitar que nuestros gobiernos actúen de esta forma por miedo, incapacidad o falta de integridad. Son muchas las cosas que están en juego y nos conformamos con poco. 

Una visión de un futuro de dependencia no es la mejor. Estados Unidos (y Rusia e Israel) se está acostumbrando a que se puede hacer cualquier cosa y eso no es bueno.

 

* — Nawal El Saadawi (1991) La cara desnuda de la mujer árabe (1977). Ed. Horas y horas. Traducción: María Luisa Fuentes

 

lunes, 18 de julio de 2022

El ahorro energético, las casas y nuestras mentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con esta crisis  (con toda crisis) salen a la luz una serie de problemas de los que no éramos conscientes o, sencillamente, no nos importaban. Una de esa ideas revisionistas de lo hecho en el pasado es precisamente la falta de previsión ante el futuro y de las consecuencias de lo que hemos hechos, que se nos manifiestan con toda virulencia en esos momentos críticos. Las crisis son el resultado de la falta de previsión, de un presente que no mira a las consecuencias de lo que hace sino solo a los beneficios del presente. Si los beneficios son muchos, las crisis serán más intensas porque aquello que se ha convertido en problemático es grande y pasa enorme factura.

Con la crisis energética actual estamos descubriendo que lo que parecía eterno y barato, la energía, no es ni una cosa ni otra, junto a un tercer elemento: no es nuestra, hay que comprarla por no producirla.

El debate capitalista es claro: ¿para qué producir energía si es más barato comprarla fuera? La respuesta, una vez pasada la euforia inicial que nos lleva a extender nuestra dependencia, es que quien nos la vende puede dejar de sonreír y se manifieste en toda su crudeza aplicando el siguiente principio de mercado, tan claro como el primero: ¿por qué vender barato cuando se puede vender caro?

Lo que hay de cierto en todo esto es que pagamos hoy nuestros errores y alegría de ayer. En el diario ABC se entrevista a Dolores Huerta, recién elegida directora general del Green Building Council Spain, un organismo privado que busca que las casas en las que vivimos sean más ecológicas, que hoy es decir que nos cuesten menos  al aprovechar los recursos y lo que no se ha hecho habitualmente, construir pensando en el futuro, algo que está cada vez más pegado a nosotros. Con un titular muy claro sobre la situación —«En España se ha construido como si la energía fuese gratis; ahora la prioridad es rehabilitar»—, nos es más fácil comprender la que se nos viene encima con la situación en la que nos encontramos y que tiene todo para seguir agravándose.

Como entrada, la autora de la entrevista, Rocío Mendoza, nos explica: 

La mayor parte de las viviendas españolas no están ni pensadas ni construidas para hacer frente a fenómenos climáticos extremos, como son las sucesivas olas de calor registradas este verano de 2022. Y no es por falta de aparatos de aire acondicionado. Su falta de adaptación se debe a que el grueso de hogares construidos en nuestro país (en la transición y durante el 'boom' antes de 2008) no tenían la obligación legal de atender a unas normas técnicas (el llamado 'Código Técnico de la Edificación') que prepararse bien a los hogares frente a las inclemencias del clima.

Tirar de energía y emitir más emisiones que contribuyen al calentamiento global con sistemas de calefacción y refrigeración fueron las únicas soluciones hasta hace una década. Ahora sí existe una normativa que obliga a tener en cuenta el gasto energético de un edificio, pero solo para los más recientes. ¿Consecuencia? La mayoría de las construcciones no son eficientes.

Así, y ante un escenario de cambio climático en marcha, revertir esta situación se impone. La necesidad de emprender la rehabilitación energética de las viviendas está en el debate social y en los planes económicos de los gobiernos.

El máximo exponente de esta realidad son las ayudas europeas para la rehabilitación de las casas con el fin de tener que consumir menos energía en verano o en invierno. A ellas también se suman las ayudas e incentivos locales para hacer obras que aíslen y mejoren el confort de los edificios. *

Podemos ir por la vía ecológica, hacerlos más eficientes invirtiendo; o podemos plantearlo por la vía económica: hay unos fondos europeos y nacionales destinados a la rehabilitación de los edificios para hacerlos menos gravosos para el medio ambiente y para el bolsillo de sus propietarios.

El Green Building Council Spain es, se nos dice, una entidad destinada a hacernos percibir la necesidad de construir en "verde". Como lo de la construcción se está complicando y la gente quiere casas más baratas, si es que es posible, en negocio está, evidentemente, en la asesoría y en la rehabilitación. Cómo y que de las casas.

Las casas del pasado no están diseñadas (ni pensadas) para consumir menos energía teniendo más luz y evitando perder calor en invierno y reducirlo en verano. Teniendo en cuenta que las perspectivas —este verano es un aperitivo— son bastante negras, la necesidad de ajustarnos a lo que viene son imperiosas. El ejemplo más claro lo tenemos en el aire acondicionado, un negocio que se planteaba cada verano de calor. Desde mi ventana observaba cada verano la instalación de aire condicionados en el edificio de enfrente. Cuando iba al mercado, veía a la gente salir con televisores grandes y aparatos de aire de diverso tipo. Son los indicadores más claros de que las vacaciones se pasarán en casa y que en casa hace mucho calor. Con la crisis energética, la solución eléctrica del aire acondicionado casi se puede equiparar con salir de viaje. Pero —de nuevo la crisis— los precios del turismo y la hostelería se han disparado. Quedarse en casa es caro y salir lo es más.


La solución —nos dicen— es acondicionar la casa para que su gasto energético, en invierno y verano, sea más reducido. Desde hace años, neveras, lavadoras, televisores, etc., llevan etiquetas de menos consumo, de ser más ecológicas. Unos se fijaban en eso y otro no. Ahora se nota en la factura.

Acondicionar la casa para las próximas olas de calor parece que va en contra de la tendencia a salir tras las reclusiones y limitaciones de la pandemia. Pero salir tiene sus riesgos. El turismo se ha encarecido al querer recuperar en poco tiempo lo perdido. Eso obliga a muchos a quedarse en casa o salir menos. Cuando vas a una cafetería y terrazas, como veíamos ayer, la "moda" (así lo llamaban en algunos medios) es la de los servicios cronometrados, media hora para un refresco y de una a hora y media para las comidas. Si quieres salir con una caravana, algo que el coronavirus puso de moda, los precios igualmente se han disparado en los precios de compra y alquileres; eso sin contar el gasto de la gasolina. Como comer tenemos que seguir comiendo, si no salimos a comer fuera por los aumentos de los precios, el mercado nos pone los pelos de punta con los precios de verduras, aves, carnes y frutas, por no decir los quesos, fiambres, etc.

Para colmo, el cambio climático nos apunta con su escopeta de cañón recortado. Sí, estamos en una crisis en la que las acciones que se toman no hacen sino incrementarla. Hemos lanzado a la gente a las calles a consumir, pero esto ha disparado una importante inflación en todo. Todo el mundo se siente por debajo de costes, que es la fórmula que nos lanza a la escalada de precios. Unos y otros, todos contribuyen a que esta escalada sea espectacular, batiendo récords. Y, una vez más, nos lleva a matar la gallina, haciéndonos menos competitivos. La esperanza de movilizar al turismo nacional, si no viene el extranjero, es cada vez más reducida por la sencilla razón de que estamos en esta crisis que nos da ya tasas de ahorro negativo. No te puedes gastar lo que no tienes. Corrijo, te puedes llevar por delante la economía con una crisis hipotecaria gastándote lo que no tienes, como ya nos ocurrió y estamos con todos los números para que nos vuelva a ocurrir si lo olvidamos. Pero el olvido es la materia con las que están tejidas las crisis.


Habrá que hacer muchos cálculos para saber cuál es el orden correcto de inversiones para mejorar nuestro maltrecho estado. ¿Empezar en invertir en nuestros hogares para poder resistir en ellos? Las ayudas y diversos tipos de medidas podrían hacer recuperarse, más allá, del sector a las economías domésticas limitando los gastos, aprovechando lo que es negativo y que puede pasarse a positivo. ¿Por qué no aprovechar la energía solar para calentar o como ahorro de luz? ¿Por qué no aislar mejor para evitar los enormes gastos de las calefacciones? Más allá de la economía doméstica, está el planeta, en el que también ahorramos si lo cuidamos mejor.

La última respuesta de Dolores Huerta en la entrevista deja claras las cuestiones:

-Nos encontramos con la pescadilla que se muerde la cola: en la sociedad hay una inquietud por ser sostenible, pero pocos tenemos las soluciones en la mano. Además, algunas propuestas pasan por cambios que no gustan (menos coche, menos carne...) y tendemos a mirar hacia otro lado porque un cambio en la forma de vida genera rechazo. En el caso de la rehabilitación también pasa: ¿Quién se quiere meter en obras y encima poniéndote de acuerdo con la comunidad? Son cambios que no generan una adhesión masiva. En mi comunidad, por ejemplo, hemos tardado un año solo en ponernos de acuerdo. La sociedad necesita tiempo para procesar los cambios, pero las velocidades que necesita la ciudadanía no están acompasadas con el proceso burocrático. Estos fondos europeos a la rehabilitación vienen con el tiempo muy acotado. Se pueden gastar hasta 2026 pero solo se pueden pedir hasta finales de 2023. Hasta ahora, ha habido retraso en abrir las ventanillas salvo en tres comunidades autónomas. Así, se da el efecto perverso de que hay obras paralizadas pendientes de las subvenciones. En cuanto a los propios fondos, son un chollo. Ahora mismo, si tienes un poco ambición, puedes llegar a cubrir hasta un 80% de la inversión, al día siguiente empiezas a ahorrar y con el tiempo la vivienda se puede revalorizar.*

Evidentemente, la entrevista tiene la finalidad de apresurar a la gente a que solicite esos fondos para rehabilitar las casas antes de que caduquen y se pierdan. En estos momentos en que todo el mundo llama nuestra atención para que gastemos con unos y no con otros, es importante tomar las decisiones correctas, ajustar las prioridades porque se acercan tiempos difíciles y hay que saber elegir bien.

Por supuesto, el mercado aprovechará nuestros deseos de ahorrar para apretarnos las clavijas. Ahorrar nos saldrá más caro que antes. Pero lo cierto es que habrá que empezar a hacer algo porque lo que nos viene encima es complejo y complicado. No habrá soluciones al gusto de todos, ni al tiempo de todos.

En España, es cierto, se ha construido como si la energía fuera gratis. También se ha consumido como si fuera nuestra y no se la tuviéramos que comprar a enemigos y vecinos poco fiables. Además de acomodar las casas para el futuro, sería bueno corregir malos hábitos del presente, formas de despilfarro que vemos cada día por todas partes. En tiempos en los que sobra poco, es buen momento para esa revisión de malas costumbres, de cambiar pequeños detalles materiales en lo que nos rodea.

Las rehabilitaciones de casas pueden ser pocas por motivos evidentes, pero hay mucho en su interior que se puede mejorar y corregir. Como siempre, el principal elemento somos nosotros, rehabilitar nuestras mentes y consumir energía de otra manera. Los que no lo hacían por el planeta tendrán que hacerlo por su propio bolsillo. 

 

* Rocío Mendoza, entrevista a Dolores Huerta. "«En España se ha construido como si la energía fuese gratis; ahora la prioridad es rehabilitar»" ABC 17/07/2022  https://www.abc.es/antropia/abci-vivienda-consumo-energia-rehabilitacion-ayudas-europeas-20220717141616_noticia.html




viernes, 8 de julio de 2022

Ladrillos y manguerazos o cómo pagan los de siempre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La confluencia de dos noticias ayer nos debería hacer reflexionar más allá de la actualidad. Son dos noticias que nos deberían preocupar a todos, pues no es lo circunstancial lo grave, sino aquello que es largo en el tiempo y solo sale a la luz después de haber sembrado las malas prácticas y haber recogido varias cosechas ante los ojos ciegos.

Ayer conocíamos la sanción a las mayores empresas constructoras del país por prácticas contra la competencia, aunque sería mucho más ajustado llamar a las cosas por su nombre: prácticas contra la sociedad española. No podemos dejar de sentir una fuerte indignación cuando leemos en RTVE.es el titular "La CNMC multa con 203,6 millones a seis constructoras españolas por alterar las licitaciones durante más de 25 años".

En el artículo sobre la sanción leemos: 

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha multado con un total de 203,6 millones de euros a seis de las principales constructoras españolas por alterar durante 25 años, de 1992 a 2017, la competencia de miles de licitaciones públicas destinadas a la edificación y obra civil de infraestructuras.

Tal como ha confirmado este jueves la CNMC, las compañías y sanciones impuestas son Acciona (29,4 millones), Dragados (57,1 millones), FCC (40,4 millones), Ferrovial (38,5 millones), OHL (21,5 millones) y Sacyr (16,7 millones). "Desde 1992, las compañías se reunían semanalmente y decidían los contratos públicos en que iban a compartir trabajos técnicos de sus ofertas", ha explicado el organismo en una nota remitida a los medios. Además, intercambiaban información sobre su estrategia de presentación a los concursos públicos.

Se trata de prácticas, según la CNMC, cuyos efectos "han sido especialmente dañinos para la sociedad", pues entre las miles de licitaciones afectadas existen infraestructuras de interés general como hospitales, puertos y aeropuertos o carreteras; fundamentalmente las pertenecientes al ámbito de fomento, incluido el Ministerio de Fomento (actual Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana), junto con sus organismos y entidades públicas empresariales dependientes.* 

Hay varios aspectos en los que se puede desglosar la rabia. El primero es que el "ladrillo" ha sido el sector que más ha especulado en este país, que lo modelado para convertirlo en un chiringuito turístico durante décadas impulsando construcciones de todo tipo, saltándose en muchas ocasiones normativas; ha sido el mayor factor de corrupción en los niveles locales y autonómicos y son pocos los grandes escándalos de corrupción que no han ido vinculados a la construcción, terrenos, etc. Ha sido el principal factor de endeudamiento de las familias españolas, el que contribuyó a una enorme crisis cuando la economía española se tambaleo y la gente no pudo cubrir los créditos solicitados precisamente para las viviendas y segundas viviendas. Eran tiempos en los que el "ladrillo" era el principal destino del dinero. Pero siempre se quiere más, nunca se gana bastante. La llamada "burbuja inmobiliaria" fue el resultado y se llevó por delante a muchos. Por supuesto, no a los que se habían hecho millonarios, sino a los que tenían que dedicar una parte de sus sueldos o un sueldo entero a pagar unas eternas hipotecas.

El segundo factor es la duración. Se les sanciona por sus actuaciones entre 1992 y 2017. ¿Cómo es posible que hayan podido mantener este comportamiento delictivo durante todo este periodo de tiempo? ¿Cómo es posible que esto se haya estado produciendo así, de esta forma escandalosa durante 25 años? Una vez más hay que apuntar a la corrupción y al efecto corruptor, que son dos cosas distintas. 25 años de corrupción en la construcción son muchos miles de corruptos en ambos lados del hecho.

¿Cómo es posible señalar que "Desde 1992, las compañías se reunían semanalmente y decidían los contratos públicos en que iban a compartir trabajos técnicos de sus ofertas"? ¿Cómo es posible que nadie lo supiera o, peor, que a nadie le importara? Una "reunión semanal" durante 25 años no es una broma, un hecho aislado; es un comportamiento sistemático en contra de los intereses de todos los españoles que somos los que contribuimos a los fondos del estado.

El tercer elemento lo tenemos en las multas. Las multas, que a cualquier mortal nos parecen enormes, son apenas hacerles cosquillas a los que ha estado usando estos procedimientos durante 25 años y que han ganado miles de millones de euros con esto. Las multas son apenas testimoniales; salen rentables. Pagas un poco en comparación con lo mucho que has ganado, por lo mucho que le has sacado al dinero del estado.

El hecho de que los fraudes en las construcciones se dieran en las administraciones autonómicas y municipales, que son las que disponen de terreno es escandaloso. Ahora nos dicen que esto se ha dado en territorios ministeriales, como los de Fomentos, que tenemos menos hospitales, aeropuertos, etc. porque hemos tenido que pagar mucho más por los existentes dados los pactos para no competir y tener que realizar ofertas más bajas. Hemos pagado todo lo construido de forma más cara gracias a estas prácticas durante 25 años.

Pero no es la única noticia indignante. La noticia sobre cómo la bonificación de esos 20 céntimos de euro, destinados a abaratar los combustibles a los ciudadanos, han sido "absorbidos" por las gasolineras subiendo los precios es de nuevo indignante y reveladora.

Es el resultado de un estudio sobre el comportamiento de los precios realizado en ESADE. En RTVE.es se señala:

La hipótesis principal, según sus autores, es que esta situación se debe a "un fallo de diseñode la bonificación del Ejecutivo con respecto a las estaciones de servicio independientes. "El sistema de anticipos implementado por el Gobierno para dotar de liquidez al sector se ha revelado insuficiente en el caso de las gasolineras independientes con menores precios, lo que ha podido llevar a que aumenten sus precios para poder garantizar dicha liquidez", apunta el documento.

Así, los autores consideran que las grandes compañías "pueden permitirse llevar a cabo esta estrategia de no subir precios, o incluso bajarlos ligeramente en el caso de la gasolina 95", ya que cuentan con los márgenes de sus actividades de refino, así como con precios previos superiores respecto a las estaciones de servicio independientes.

"Este abaratamiento relativo de las gasolineras operadas por operadores mayoristas respecto al resto del mercado nos parece especialmente preocupante a medio y largo plazo, puesto que entendemos que puede minar la competencia en el sector", advierte el informe.**


Que el efecto de una ayuda destinada a hacer descender el pago por parte del ciudadano sea encarecer el precio de la gasolina y que se embolsen otros ese dinero es algo más que un despropósito, es una forma de funcionamiento del sistema, que actúa siempre en beneficio de unos y en detrimento de otros.

Esta forma de capitalismo que practicamos no beneficia a los consumidores, sino que por el contrario trata de explotarlo apoyándose en prácticas como las que se nos ha mostrado en un sector como la construcción o ahora en la energía.

Sigue sin haber explicaciones coherentes sobre porqué las energéticas están aumentando beneficios de forma espectacular, mientras se aplica una ley de inevitabilidad a los padecimientos económicos de los consumidores y usuarios, desprovistos de amparo ante los abusos y connivencias de un sector, como es el inmobiliario, que se lleva la base de sus ahorros y otro como el energético, del que cada vez sospechamos más que Putin es el inicio, pero que hay otros muchos que se están beneficiando aumentando su márgenes de beneficio por la sencilla ley del mercado que todo lo que se pueda ganar se gane. Es una versión más elegante del "¡p'a la saca!", el "Non Plus Ultra" de estas generaciones educadas siguiendo a sus mayores. Hasta los más indocumentados son capaces de hacer gastar al estado, como aumento especulativo del precio de las mascarillas; basta tener primo, hermano o amigo bien situado. Luego, el dinero llama dinero.


Las informaciones que nos van llegando describen un estado lleno de agujeros y trampas, fácil de engañar y desviar lejos lo que entra y sale. ¿No hay controles o, por el contrario, los controles están controlados por manos expertas en estos chanchullos?

Comentaban hace unos días en un canal que los viejos lazos entre las empresas y la política no se han desatado y que unos sostienen a otros dándoles apoyos. Hoy por ti; mañana por mí, parece ser el lema.

Lo ocurrido con sector de la construcción es un enorme escándalo, tanto por sus efectos como por su duración. El hecho de que una bonificación al ciudadano se resuelva en un aumento de los precios es algo más que un "fallo de diseño"; es el funcionamiento perverso del sistema que lo permite. Hablan de que han sido los que controlan las refinerías los que han manipulado los precios para recoger ese dinero que sale del estado.

Podríamos citar más casos en los que las ayudas se acaban convirtiendo en perjuicios para los ciudadanos. La pandemia, la guerra, etc. todo son excusas para unos aumento de precios que están causando una enorme inflación. Muchas veces se trata de excusas para las subidas de precios que aumentan las ganancias, por lo que desincentivar los beneficios escandalosos, sin escrúpulos, tendría que empezar a funcionar. Pero, como sucede con los lazos económico-políticos de Putin, los lazos del mismo tipo de los políticos españoles son complicados de deshacer. Demasiadas conexiones, demasiada información circulando, demasiada protección en muchos niveles.

No estamos hablando aquí de los chorizos, de los tironeros, etc. Estamos hablando de los "respetables" ejecutivos, directivos, empresarios, etc. que han basado su riqueza en este tipo de manipulaciones. Lo han hecho porque han podido, simplemente; lo han hecho porque es bueno ganar mucho dinero y es inteligente saltarse las reglas, normas y leyes, que son para los de abajo, usted y yo. Ganas muchos dinero para ir a las mejores escuelas de negocios, a las mejores universidades, etc. para aprender ese principio básico: la normas son para los de abajo, para los tontos. Me parece muy bien que les multen; me gustaría que les retrataran, que les pusieran foto y nombre y apellidos, su declaración de la renta, etc. Los españoles tenemos derecho a saber dónde va nuestro dinero, creo yo, ver el coche, el yate, los relojes, como los dos listillos comisionistas de las mascarillas del "¡p'a la saca!", alevines con futuro.

Hace falta limpieza a fondo. El "mercado" no es el paraíso, sino la jungla en la que tenemos que sobrevivir cada día. Necesitamos movernos por un sistema limpio y claro y no estas oscuridades acumuladas, estos meandros de corrupción, a un lado y otro de los límites. De la modesta gasolinera a los llamados "G7 del ladrillo" (la G es por "golfos"), hay que proteger a las personas de este afán depredador que afecta tanto a las personas como a las arcas del Estados, es decir, nos las dan por todos lados.  

* "La CNMC multa con 203,6 millones a seis constructoras españolas por alterar las licitaciones durante más de 25 años" RTVE.es 7/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220707/cnmc-multa-constructoras/2387240.shtml

** "Las gasolineras subieron sus precios entre 0,7 y 3,5 céntimos tras la bonificación del Gobierno, según Esade" RTVE.es 7/7/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220707/gasolineras-subieron-precios-carburante-descuento-gobierno/2387216.shtml

viernes, 20 de mayo de 2022

Todo llega de algún sitio

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Una de las cosas para las que ha servido la invasión rusa de Ucrania es para darnos cuenta que todo llega de algún sitio. Las sociedades ricas son ricas precisamente porque no saben de dónde les llegan las cosas. En este amplio término caben la electricidad y el gas, pero también muchas otras cosas a las que no damos valor precisamente porque las tenemos, no nos suele faltar y con un sencillo gesto las conseguimos. Sencillo gesto es en este caso darle a un interruptor, apretar un botón o girar el mando del gas en una cocina, encender la calefacción y muchos otros con los que, sin embargo, una gran parte del mundo sueña cada día porque carece de ellos. Una sociedad rica es una sociedad que no valora lo que tiene.

Me viene a la mente una anécdota que escuche hace muchos años del multimillonario Rockefeller. Le preguntaban por qué era tan austero, por no decir tacaño, mientras que su hijo era lo contrario y gastaba a manos llenas. La respuesta fue sencilla e inmediata: "Porque mi hijo es hijo de millonario y yo no". No sé si la anécdota es cierta o es una buena idea que, como se hacía en la antigüedad, se le adjudicaba a alguien conocido para darle verosimilitud y respaldo.

Hasta el momento nuestra riqueza se ha sostenido precisamente por la ligereza con la que gastamos, compramos, adquirimos cosas sabiendo solo su precio, pero no su "valor", que es otra cosa. Incluso su precio puede ser el resultado de una serie de operaciones que destruyen sectores enteros. Agricultores y ganaderos se quejan de que lo que les pagan está por debajo de lo que les cuesta su producción. Todo se ha encarecido y a ellos les siguen ofreciendo precios que no se corresponden con lo que ellos pagan. La huelga de transportistas ha tenido un efecto demoledor en toda la economía española como efecto de la subida de los carburantes, que siguen disparados.

Cuando nos dicen que el gas que tenemos en Europa le sirve a Putin para financiar sus guerras, estamos haciendo una llamada a la moderación del gasto que nos beneficia evitando que se dispare.

Llueve sobre mojado porque lo que muchos no quieren hacer, otros llevan haciéndolo tiempo por el bien del planeta, que también es en beneficio nuestro y de las demás especies. Los ecologistas nos han acostumbrado a contemplar las acciones por su valor medioambiental y no solo por su coste de mercado. Las cosas que queremos y nos ofrecen tienen costes importantes en el futuro planetario. Pero las sociedades solo ven aquello que quieren ver, lo que se les ofrece. Unos se han acostumbrado a su riqueza, a otros no les queda más remedio que soportar su pobreza. De vez en cuando, nos llegan noticias del coste real de esas prendas que lucimos, de quién y cómo las fabrican, desde la explotación infantil a la polución incontrolada. Nuestros residuos van a parar a aquellos que sobreviven entre vertederos insalubres. Nosotros, en cambio, dormimos satisfechos con todo eso que ignoramos de dónde viene y cuál es su coste.

Cuando alguien quiere salir de su pobreza ponemos barreras y todo tipo de impedimentos. Queremos que sigan en su sitio, a menos que los necesitemos, ya sea como mano de obra barata (los recolectores de todo el mundo) o como mano de obra especializada, como hacen los Estados Unidos admitiendo a los especialistas de los países pobres (los informáticos y matemáticos de la India, por ejemplo, con una gran formación). De esta manera, no solo privan a los países pobres de sus mejores especialistas, sino que con ello se evita que puedan evolucionar. Muros para los pobres, lujosa alfombra para los mejores.

La guerra en Ucrania, la invasión rusa, nos está tocando en un punto sensible. Es una guerra que va del bombardeo y el tiro en la nuca junto a una zanja hasta la manipulación de la energía de países enteros. Nuestro horror viene de ver las imágenes de las víctimas y de ver nuestras crecientes e incontroladas facturas del gas, la electricidad y los combustibles fósiles.

Putin y los suyos han estudiado bien nuestro imperfecto sistema de países ricos para poder hacernos daño. Saben que los países ricos se vuelven cómodos e irritables cuando se les toca el bolsillo. Prefieren no mirar de dónde vienen las cosas, pero sí miran el precio. Y los precios, según la inflación, siguen subiendo, mientras que bajan las estimaciones de crecimiento.

Nosotros somos una pobre economía rica. Los indicadores de crecimiento son bastante engañosos sobre la realidad. Lo cierto es que va para dos décadas y con varias crisis por medio en que tenemos las cifras que doblan el paro europeo y, en el caso del paro juvenil, son de auténtico escándalo. También somos de los países con mayor envejecimiento del mundo, de las mayores tasas de abandono escolar y de los de mayor consumo de ansiolíticos. Somos, sobre todo, un país con enorme dependencia en muchísimas cosas, sobre todo de un turismo que, lógicamente, se resentirá con lo que está pasando en Europa. Para poder competir como "destino turístico" se acabarán reduciendo sueldos y contratando menos, según las necesidades del momento, a las que nos gusta llamar "temporada". Los encadenamientos de contratos son una pesadilla para unos y un sueño para otros, que prefieren eso al paro. Lo que antes ocurría en ciertas profesiones de alta temporalidad, como es turismo y hostelería, ahora se ha extendido a muchas otras profesiones, como estamos comprobando con el sector sanitario.

Los dos grandes pilares de una sociedad, educación y sanidad, sufren los males de esta sociedad que empieza a ser consciente de sus limitaciones cuando le dan cita para dentro de un año o retrasan seis meses una operación; o cuando se cierran las escuelas de los pueblos y los niños tienen que recorrer decenas de kilómetros diariamente para acudir a otras poblaciones en la España vaciada.

Las subidas energéticas aprietan en todos los sectores, nos muestran el estado crítico de muchos de ellos. La inflación que tenemos, también de las más altas de Europa, está tocando muchos sectores del país y ya nadie se escapa de sus efectos de una forma u otra.

El Economista 1/04/2022

Hay que cambiar cuento antes la mentalidad de ricos y exigir el ajuste a la realidad mediante políticas eficaces. No todo debe venir de arriba. Nosotros debemos y podemos hacer mucho controlando los gastos y gestionando mejor lo que tenemos. Los primeros beneficiarios debemos ser nosotros mismos, como sociedad.

La crisis del transporte anterior se tradujo en quejas, algo muy español, pero en evitar cambiar el modelo. Esa crisis ya afectó a muchos países europeos y benefició a intermediarios, que hacían cambiar el rumbo de los barcos según los precios que se les ofrecían.

Es el momento de reindustrializar España. Si no se hace y se sigue dependiendo de que los demás sean ricos y nosotros un destino barato, iremos a peor, pues está claro que aunque la guerra termine, las reglas del juego han cambiado. Hemos de sustituir la idea de "lo barato" por la de "lo seguro", que puede resultarnos más caro inicialmente, pero menos peligroso en un futuro que se presenta lleno de incertidumbres. Hay que fabricar y dejar de depender; hay que producir y ser lo más autosuficientes que podamos ser; hay que comprar equilibradamente y con socios estratégicos, no con países que son potenciales enemigos en diversos niveles. Ya sea energía o productos, la menor dependencia es lo más aconsejables. La idea de que no se puede hacer de golpe puede ser real, pero si somos nosotros los que estamos dando fuerza al que se empeña en destruirnos, no saldremos más que reducidos a la nada. Esa idea, además, es introducida por los mercados, a los que les importamos muy poco. Ellos buscan el máximo beneficio con el mínimo coste, por lo que es difícil que estén dispuestos a asumir la situación. Prefieren esperar apostando a que esto durará poco y Rusia volverá a la situación anterior. Se equivocan. Rusia ha dividido el continente y trata de arrastrar hacia una nueva división mundial. Han visto la debilidad de Occidente en su dependencia de lo que a ellos les cuesta menos, la energía. Lo que gana con nosotros lo utiliza para debilitarnos, sobornarnos (el Parlamento alemán acaba de quitar todos los honores al ex canciller Schroeder, como ya hizo en abril su propio partido expulsándolo) y amenazarnos.

Los políticos hablan tímidamente de "ahorro", término que les asusta pues la gente percibe el éxito en términos de gasto. Pero somos los ciudadanos los que debemos empezar a hacer una gestión inteligente de nuestros recursos. Es complicado cuando te dan las cifras de la gente a la que le cuesta llegar a final de mes o la que recibe alimentos para sobrevivir. Por eso es importante que instituciones y sociedad comprendan lo que es importante y lo que no, en dónde se debe invertir y lo que hay que dejar en función del conjunto social. Es muy difícil que esto ocurra porque nuestra sociedad vive en grandes sectores de lo prescindible y pronto surgen las quejas. Si nuestro principal negocio es el ocio, tendremos que vender la sensación de que "España va bien" pese a que no sea real. Por eso la diversificación y la industrialización, el apoyo a la exportación, etc. son cuestión de todos.

Cuando empezó la pandemia, no teníamos mascarillas. Algunas empresas cambiaron su producción y empezaron a fabricarlas; otros, en cambio, se dedicaron a estafar importando mascarillas que muchas veces no tenían las condiciones requeridas. Los que optaron por aprovechar un problema creando dos están hoy en nuestras portadas. La opción era entre fabricar o importar. Los precios de las mascarillas eran tan altos que la gente pasaba a Portugal a comprar si tenía ocasión. Muchos se han hecho ricos con estas comisiones, a las que han contribuido amigos y familiares en la administración. A la repugnancia de estos actos ante su falta de ética está a la par con la forma en que se gastaron, como ricos luciendo coches, relojes, apartamentos, barcos, noches en carísimos hoteles...

Hace mucho que la economía española está dejada a su suerte o quizá sería mejor decir a su mala suerte. Cuando no se invoca a Europa se invoca al mercado. Ahora estamos indagando un poquito en de dónde vienen las cosas y cuáles son los costes reales, lo que supone esta falta de equilibrio entre sectores que explican que necesitemos importar demasiadas cosas.

Lo cierto es que necesitamos esa reindustrialización, unas urgentes dosis de ética y de solidaridad, sentido de comunidad y de justicia social, algo que nos falta desde hace mucho. Necesitamos ejemplos, buenos ejemplos y sobre todo conciencia de lo que supone vivir como vivimos. Hay que volver a considerar el ahorro una virtud y no esta permanente incitación al gasto, las más de las veces en lo superfluo, que es la base de nuestro sistema económico y en la que los políticos ponen el foco. Hay que empezar a gastar con perspectiva. Hemos visto muchas imágenes de discotecas y chiringuitos, muchas menos de fábricas y empresas que producen y exportan; mucho deporte, pero poca investigación. Se nos dirige a través de los medios hacia ciertos sectores que se nos ponen en el centro mientras que ignoramos otros que más nos valdría desarrollar para tener un futuro más sostenible no solo en términos de energía, sino una vida cultural más sólida y avanzar en aquellos campos que realmente suponen progreso y no solo el beneficio de algunos y el empobrecimiento del resto, con esos enormes agujeros en nuestro cada vez más pobre y desequilibrado sistema laboral. Hay que aumentar la estabilidad del empleo, garantizar su calidad porque son personas lo que hay detrás. Para eso hace falta más sentido social y menos demagogia, en resumen, un gran pacto para desarrollo de planes sólidos de futuro, un modelo de país estable y no esta trifulca por todo.

El Economista 02/05/2022

Si alguien pretende sobrevivir en el futuro llenado el hueco que pueda producir un parón europeo del turismo por el agravamiento de la crisis con Rusia, ya sabe a lo que se expone. Lo pagarán con las bajadas de sueldos, que es donde siempre acaban las crisis. No somos ricos, es duro descubrirlo, pero es así. El problema es que vamos a dejar de serlo todavía más y cuanto antes actuemos será mejor. Los políticos son los que deberían advertir, pero están a otra cosa y solo quieren dar buenas noticias.

Decíamos al inicio que todo llega de algún sitio, también el turismo. Y si ese turismo que nos llega es más pobre, gastará menos o no vendrá. Las quejas por el turismo pobre y de excesos de hace unos días es un brindis al sol, pues la calidad de este dependerá de su posibilidad de gasto. La subida de precios como filtro puede que nos deje sin turistas pobres y que los ricos decidan gastarlo en otras partes. Somos demasiado dependientes y eso no es bueno. Tenemos una pobre economía muy vistosa, hecha para el que viene de fuera y cuyo ritmo es difícil seguir si no se tienen condiciones similares y, desde luego, no las tenemos.

Hay que gastar mejor y vigilar el gasto, el propio y el público, alejar a los comisionistas que viven de las crisis y a los políticos que viven de promocionarse con los presupuestos de todos. Hay que ser conscientes de lo que nos cuesta realmente cada cosa que malgastamos.

El Periódico de la Energía 07/10/2021

domingo, 27 de marzo de 2022

Dependencias múltiples

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer comentábamos que existe una geografía de la paz, la que está construida por las relaciones culturales y comerciales, lo que incluye del deporte a la energía, de una gira operística a los productos alimenticios, de las series de TV al turismo. Estas relaciones crean contactos y establecen lazos con dependencias. Sobre la base de esa paz, explicábamos, ha sido construir un mundo con un enorme desarrollo del que se han beneficiado —en muchos sentidos— los participantes buscando el equilibrio de las relaciones.

Pero también es cierto que ese escenario no siempre se ha desarrollado con la inteligencia ni la buena fe como para asegurar un camino seguro. Muchas veces esos lazos han creado dependencias tóxicas, como estamos experimentando ahora con la energía que nos llega de países como Rusia, que la utilizan como arma de guerra. Serán los historiadores los que nos deban explicar desde qué momento la estrategia rusa ha sido crear una dependencia europea para así asegurarse (o al menos intentarlo) la impunidad de sus acciones con el chantaje energético, que provoca una serie de desórdenes en cadena, como vemos en España. "Lo barato sale caro", suele decirse y ahora tenemos un ejemplo de esta gran verdad.

En RTVE.es se nos intenta explicar porqué la dependencia del gas ruso es una trampa que, además, divide a Europa por encima de las circunstancias destructivas de cada país, lo que solo puede significar una mala noticia, que unos se están beneficiando y no quieren que la situación cambie mientras otros se asfixian. En el artículo, uno de los expertos consultados señala:

"Esto es una lección para toda Europa, que lleva una década luchando por la sustitución del carbón por el gas, pero eso nos ha hecho más vulnerables", dice Jorge Sanz. El experto considera que a la UE le ha faltado "visión estratégica para darnos cuenta de que los países suministradores de gas no son muchos y, además, son inestables desde el punto de vista político".*


Esto significa que tenemos que mirar una serie de factores antes que el precio. En Estados Unidos se usaba antes una expresión para establecer el grado de confianza que nos suscitaba un candidato a la presidencia. Se hacían la pregunta de si a ese candidato "se le compraría un coche usado", es decir, si te suscitaba la confianza suficiente como para creerle y hacerle una compra importante. Nosotros le hemos comprado el coche a Putin y ahora ya está empezando a fallar, la rueda de repuesto está pinchada y descubrimos que el cuentakilómetros está trucado. Es ahora cuando nos damos cuenta los riesgos de todas nuestras decisiones hechas sobre unos supuestos erróneos: que Putin es fiable, que Rusia y la Unión Europea tienen unos objetivos comunes.

Es ya muy tarde para rectificar algunas cosas. Hay aspectos que se podrán resolver a medio o largo plazo, siempre que se encuentren alternativas más fiables. Estados Unidos ha aumentado su exportación de gas a Europa, lo que no nos hace menos dependientes, sino solo menos dependientes del gas ruso. Estados Unidos antes importaba gas, pero gracias a una serie de decisiones y estrategias de inversión y desarrollo ahora se puede permitir exportar, teniendo un nuevo mercado. Los europeos solo cambiamos de dependencia y rogamos ya que nos vaya mejor. Hoy tenemos a Biden, pero mañana puede volver Trump u otro del mismo corte, que nos quiera cobrar con creces del gas a la defensa a precio de oro, un Trump que juegue como hizo el ex presidente a darse abrazos con Putin, al que sabemos que admira. Fue con Trump cuando empezó la política de crear conflictos y luego "arreglarlos" además de la política comercial vinculada con estrategia política con series de baterías de sanciones o de aranceles. Un Estados Unidos agresivo con sus socios y necesitados de protección ante el empeoramiento de las relaciones entre Europa y Rusia y un distanciamiento de China, a la que veía como la gran rival y a la que había que separar a todo trance del mercado mundial, especialmente del europeo para recuperar protagonismo.

Todo esto es ya conocido y aquí lo hemos desarrollado a lo largo del mandato de Trump y los peligros que traía. La dependencia de la energía es un mal para Europa porque significa, lo estamos viendo, que es Rusia quien puede controlar nuestro futuro en muchos campos.


1/11/2021

La independencia absoluta puede que no exista, pero tampoco debería existir la dependencia absoluta. La estrategia rusa dura el tiempo que nosotros seamos capaces de superarla mediante estrategias que, hoy por hoy, no están ya sobre el tablero más que de forma imprecisa. Elegir de quién se va a depender en las próximas décadas no es una tarea sencilla. Necesitamos una cuidadosa elección para no vernos en las mismas con otros agentes que se aprovechen de nuestra situación. Nos ponemos muchos límites cerrando nuestras energías disponibles o creando condiciones que nos atan.

Las dictaduras como las de Putin o las de los países árabes tienen muchos menos escrúpulos en de dónde sacan la energía, a qué coste. Eso ha permitido que esas dictaduras hagan comer en su mano a las democracias, donde —como vemos en España— unas presiones hacen salir a medio país a protestar a las calles, con sectores enteros pidiendo ayudas y los cláxones sonando por todo el país pidiendo dimisiones.

No es bueno depender de nadie y mucho menos de gobiernos de autócratas que se acaban protegiendo tras nuestra dependencia o, como la Rusia de Putin, atacando a las democracias colindantes o jugando a distancia con ellas a través de toda una serie de turbias maniobras de agitación, desinformación e intervencionismo desestabilizador.

Hay que elegir muy bien de quién se depende, mirar menos el precio y más la letra pequeña. De lo contrario nos encontramos en una situación como la actual, con terribles efectos sobre la economía europea y especialmente graves en los países más frágiles y dependientes.


Es el caso de España, un país construido a golpe de dependencia (70% de dependencia energética), que ha ido sacrificando muchos de sus sectores en beneficio de un mayoritario: el turismo y aledaños. Lo hemos tratado aquí muchas veces en estos años: España necesita que Europa vaya bien, que esté en paz y enriquecida, con excedente económico para gastar en lo que les ofrecemos. Con la inflación comiéndose el dinero para otros gastos, con una Europa a la defensiva ante las amenazas rusas, necesitada de inversiones en defensa y aumentando sus reservas, lo que quedará disponible para venir a gastárselo en España será menos de lo que requerimos para que nuestro chiringuito nacional se mantenga abierto y productivo.

No solo dependemos de la energía exterior —afortunadamente, no de la rusa—, sino que dependemos de tener el mismo número de turistas por temporada que el número de población. Necesitamos de 30 a 40 millones de turistas extranjeros para mantenernos medianamente en marcha. Con una Europa con la guerra en su interior, el turismo va a ser un nuevo factor de riesgo, como nos ha demostrado la pandemia. Ya quedó claro el desastre de una economía con pinzas y un empleo con alfileres.


23/06/2020

Para complicarnos la vida, nos enfrentamos a nuestro suministrador de gas más próximo, Argelia, con un tema como Marruecos. Afortunadamente nos han dado un balón de oxígeno energético con declararnos una "isla", una excepción. Esperemos que esto nos permita liberarnos de otra dependencia interna, los transportistas, que ha demostrado que les importa poco el resto y que cada uno se busque la vida por su lado. Las pérdidas causadas a todos los sectores superan ya lo "razonable". Otro problema que la demagogia ha dejado pudrirse y con difícil solución con un sector atomizado y sin demasiadas alternativas con una España vaciada en la que ya no paran los trenes. Lo cierto es que no se ha tenido mucha capacidad de reacción y, lo más evidente, existe una nula previsión estratégica. España camina a golpe de dependencia, a golpe de reacciones airadas y no por sendas planificadas e integradoras de los intereses sectoriales, que es lo que se debería intentar, armonizar intereses y no dejar que los problemas crezcan para prestarles atención cuando ya no hay solución fácil.

Es imprescindible comprender nuestras carencias y dependencias, tratar de encontrar un equilibrio que evite secuestros futuros. Hay que analizar las dependencias dentro de programas globales, con estudios estratégicos centrados en el futuro a diferentes plazos, tratando de resolver los más acuciantes. Hay que dibujar un mapa de dependencias por sectores y geografía buscando crear un país sólido. hay que salir del modelo de debilidad extrema que supone el turismo y tratar de repoblar los espacios disponibles con alternativas productivas que nos permitan resistir estos ataques fomentados por nuestra propia debilidad, claramente patente desde fuera. Y sobre todo, debemos evitar dispararnos en el mismo pie con la frecuencia que los hacemos.

La prensa está llena de avisos sobre todo esto en fechas muy anteriores a la guerra en Ucrania y a las subidas energéticas. Todo estaba escrito, pero la mirada estaba puesta en otros sitios. Parece que solo avanzamos con los desastres en las puertas, que  prevención es una palabra que no existe en nuestro vocabulario ni el desarrollo estratégico en nuestras mentes.

 

21/05/2021

* Alberto León "Las claves de la 'excepción ibérica', el acuerdo europeo que permite a España rebajar la presión energética" RTVE.es https://www.rtve.es/noticias/20220326/claves-excepcion-iberica-acuerdo-europeo-presion-energetica/2323416.shtml