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miércoles, 20 de junio de 2012

Los retratos y el ego

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Siempre se ha dicho que los artistas viven en su mundo. Es verdad. De otra manera no hay forma de entender las respuestas del pintor Antonio López ante lo que se le plantea por el coste del retrato que tiene encargado por el ministerio de Fomento para dejar testimonio de que por aquellos pasillos fue reverenciado Don Francisco Álvarez Cascos. Antonio López tiene, como artista, todos mis respetos. Es el respeto que se le debe a la obra cuando alcanza la maestría. Y él es un maestro.
Pero lo que se está debatiendo es otra cosa muy distinta. Y creo que son básicamente dos: los precios que se barajan y la tradición en que se enmarca el retrato de encargo. Dice el pintor que no entiende que, con la que está cayendo es España, nos preocupemos de cosa tan nimia como es el retrato del ex ministro*. Precisamente, don Antonio, por la que está cayendo.
Y es que en este país recortable, todos somos imprescindibles. Personas y retratos. No sé si se parará el arte occidental porque se interrumpa esta tradición que ha llenado nuestros ministerios de retratos y nuestras plazas de señores montados a caballo o señalando hacia algún lugar del horizonte. Los hombres de paz lo hacen con el dedo; los de armas, con el sable. La verdad es que creo que se meten en política por el retrato o la estatua. Algunos se conforman con calle o plaza, un rotulito por esquina; pero el retrato… ¡ay, el retrato! Tiene un hechizo único.


La polémica —que ha afectado a otros retratos, como el de José Bono— va algo más allá de precio y algunos cuestionan el encargo en sí. Comete don Antonio la imprudencia inocente de comentar los detalles de este proyecto y de los que tiene comprometidos dentro de esta tradición institucional:

Al margen del retrato del expresidente del Principado de Asturias, Antonio López está enfrascado en otros dos nuevos proyectos que tienen a Sevilla como protagonista. Uno es un retrato del rey Juan Carlos en la Maestranza y el otro es un paisaje en el que la ciudad antigua (Giralda, Torre del Oro…) se funden con la modernidad. “En el caso del retrato del Rey, financiado por La Real Maestranza, se trata de que la figura del monarca aparezca rodeado de detalles esenciales de Sevilla que aún no tengo muy definidos”.*


Se consigue con esto que además de cuestionar el precio, se meta la gente en líos de si eso debe ser así o asao, que en cuestiones de arte se mete a opinar todo el mundo, y si es complicado hacer la crítica de una obra, nada más fácil de criticar que una idea. Y pronto estaremos con los de por qué la Giralda y no este otro rinconcito o sobre por qué demonios nos tenemos que fundir con la modernidad o  ¿y eso qué es?, que se preguntará alguno que no sepa nada de arte.
Debo confesar que esta tradición de pintar a los ministros y colgarlos después no me atrae lo más mínimo. También debo confesar que, en algunos casos me sentiría más complacido si se invirtiera el orden y se les colgara primero y se le diera una mano de pintura después. Pero todo esto no son más que fantasías y juegos de palabras que se le vienen a uno después de ver el estado de nuestra economía y recuerda la larga lista de servidores de la patria que nos miran desde las paredes de ministerios e instituciones públicas.

Insisto en mi confesión: esto me parece desfasado, decimonónico y cursi. Esa ristra de rostros, esa colección de caras que quedan, como se suele decir —afortunadamente de forma metafórica—, inmortalizadas en los lienzos, me parece algo antiguo. Y no nos libramos de ello porque la vanidad es un componente importante de nuestras vidas y más de aquellos que consideran que sus vidas son más importantes que las de los demás. Pero nadie rompe esta decorativa costumbre porque parecería ser menos que los otros, y si está fulanito, que inauguró la mitad que yo, ¡cómo no voy a estar yo ahí! Como es el sucesor el que aprueba el presupuesto de inmortalizar al que pasó antes por el cargo, todo se queda en una solidaridad del “hoy por ti, mañana por mí” que hace que nadie diga basta.
Muchos intelectuales del siglo XVIII, especialmente Diderot, abogaron por la liberación del mecenazgo porque les parecía que el arte no debía estar supeditado al gusto de los reyes y poderosos. El artista había decido abandonar los palacios e irse a las buhardillas a morirse de hambre o de reumatismo por las goteras. Por eso sorprende esta tradición del retrato de encargo, aunque sea la fuente principal de ingresos de muchos artistas.

Miguel Sanz, presidente navarro
Soy partidario de que el estado fomente las artes, pero me parece que el medio más saludable es dar libertad a los artistas y luego comprar sus mejores obras para que queden en los museos y todos puedan visitarlos para disfrute estético. Por eso, invertir el proceso y encargar cuadros, bustos, estatuas, etc. que van a quedar en los pasillos y despachos de los ministerios, me parece un despilfarro. Si consideramos que esta se práctica realiza no solo con los ministros, sino con presidentes autonómicos, presidentes de cámaras y cabildos, rectores, decanos, alcaldes y todas aquellas personas que están al frente de instituciones públicas y privadas que lo consideran necesario, la cifra no es desdeñable. ¡Hay tanto ego por pintar! 
Ya puestos a colgar cuadros en las paredes de los ministerios, mejor que retratos, podrían colgarse imágenes de los problemas por resolver, así los ministros en vez de fijarse en su gloria particular se centrarían en lo que debe ocupar su atención al completo. Cuadros con colas de parados, mares surcados por pateras u horizontes llenos de grúas, por ejemplo, serían interesantes motivos pictóricos, a los que el hiperrealismo de Antonio López daría interesante forma.

Soy consciente de los maravillosos retratos de Velázquez y Goya, hechos de encargo por las autoridades y que han transcendido su tiempo. Pero precisamente porque era su tiempo, ya no es el nuestro. No va con nuestro gusto actual invertir 190.000 euros en adular el ego de nadie, personal o institucional, por más que de la adulación pudiera salir una obra maestra. Tampoco construimos pirámides.
Apoyemos el arte, no el ego de los políticos. Sería un detalle por su parte, por ejemplo, regalar a las instituciones los retratos que les han hecho. Pero entonces, ¿qué gracia tendría ser ministro?

* “No entiendo las críticas al retrato de Cascos, con la que está cayendo”. El País 19/06/2012 http://cultura.elpais.com/cultura/2012/06/19/actualidad/1340126450_315237.html



viernes, 18 de mayo de 2012

La llamada del ladrillo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias sobre las conexiones de la mafia rusa con el ex alcalde de la localidad malagueña de Casares, junto con otros ediles, ponen de manifiesto una parte de la triste realidad del desarrollo urbanístico español. La web de RTVE sintetizaba así el panorama:

La mafia rusa, con importantes ramificaciones en la Costa del Sol, era el principal "cliente" de la red de blanqueo de capitales y corrupción urbanística liderada supuestamente por el exalcalde de la localidad malagueña de Casares Juan Sánchez (IU), en prisión desde el pasado martes, y en la que ya hay nueve imputados, entre ellos el concejal de Urbanismo.
Así lo han confirmado a Efe fuentes de la investigación, que han explicado que la trama había creado un complejo entramado de más de 20 empresas que se superponían unas a otras y que eran las encargadas de blanquear el dinero procedente del crimen organizado.
A través de inversiones inmobiliarias y aprovechando el "boom" de la construcción vivido en la costa malagueña en años anteriores, el clan "Kremliovskaya" de la mafia rusa habría conseguido blanquear "millones de euros" obtenidos del narcotráfico a gran escala.*

Hay veces en que los descubrimientos son secretos a voces. La inversión mafiosa para blanqueo de capitales ha sido una de las prácticas habituales cuando no se atiende demasiado a quién invierte y se prefiere solo atender al cuánto. Y eso nos ha perdido. La práctica de mirar más la cifra que la firma en los cheques, a la larga, suele ser problemática. El dinero llega a espuertas y se reparte generosamente inflando todo lo que le rodea. Finalmente, la burbuja del ladrillo es la burbuja de los enladrillados, ya que el sector se hace tan rentable que se abandonan otros que lo son menos. ¡Hay tantas cosas que hacer con las casas! Todo parece crecer y los números de la economía se disparan.

Viñeta de 2006. Esto no es nuevo

Pero la economía no son los números, que solo es el lenguaje en que se expresa. La economía es humanidad pura, relaciones entre personas, traducción de una realidad de la que es peligroso separarse o abstraerse. Y la realidad es que ese dinero mafioso corrompe a instituciones y personas y lleva al conjunto de la sociedad por una peligrosa deriva. ¡Que no nos salga nadie con el patriótico “ha sido bueno para el pueblo”! ¡Ese dinero mafioso ha sido veneno por su misma naturaleza, destrucción de otras opciones diversificadoras de las actividades y una ilusión de riqueza que no era más que endeudamiento! Corrompió, encareció y arruinó, como vemos cada día. Casares es solo un ejemplo, pero otro más de una situación multiplicada por el país. El descubrimiento del blanqueo de dinero mafioso solo lo hace especial en una de sus facetas. En otras cosas, no es excepción sino confirmación del daño hecho a la economía española y a los españoles mismos, que son las personas tras las cifras.


Por eso sorprenden —aunque no tanto— las declaraciones de Esteban González Pons, el fabulista oficial del Partido Popular, el hombre que, con verbo fácil y metáforas sencillas, nos traduce ideas complejas. González Pons, profesor de Derecho constitucional, fue Consejero de Territorio y Vivienda en la Comunidad Valenciana en 2007, aunque por poco tiempo. Sabe de lo que habla. Por eso son llamativas sus declaraciones —que han sido resaltadas por la prensa— sobre la burbuja inmobiliaria en la revista Jot Down:

[P]La mejor frase que recuerdo de Zapatero fue ésa de que se “arrepentía de no haber explotado la burbuja inmobiliaria”. La culpa de lo ocurrido en España la comparten todos los partidos, pero ¿no cree que al PP le ha faltado una autocrítica semejante?
[R] No creo que tengamos que arrepentirnos de la burbuja inmobiliaria. Porque facilitó que mucha gente que no tenía casa pudiera acceder a ella y que muchas personas pudieran adquirir una segunda residencia. El problema es que no planificamos bien urbanísticamente cómo íbamos a crecer. Quizá las competencias urbanísticas deberían estar en manos de las comunidades y no de los ayuntamientos. Y creo que otro fallo fue que no supimos darnos cuenta a tiempo de que la burbuja se estaba haciendo demasiado grande. Pero que la construcción tirara de la economía española no era del todo malo.**

No sé en qué lugar poner esta barbaridad, si en lo político, en lo económico o en lo histórico. Quizá haya que repartirla de forma igual entre las tres. Las disquisiciones de González Pons van porque todo el mundo quiere vivir en el mismo sitio. La burbuja inmobiliaria no es el urbanismo. Es otra cosa. Como sabrá González Pons, el que todo el mundo quiera vivir en el mismo sitio beneficia a unos más que a otros ya que eleva los precios. Es una idea elemental que se le escapa. De ahí las jugosas inversiones en ciertas zonas para multiplicar los beneficios; de ahí especialmente la presión sobre los políticos, su corrupción, para que alteren las normas urbanísticas que permitan la barbaridad urbanística y el encarecimiento. Sí, es fácil decir que todos quieren vivir en el mismo sitio.


Pero sus palabras sobre lo bueno de las burbujas nos hacen ver que su punto de vista no es el que debiera tener un político, que se debe a los ciudadanos. Me da igual su bonita frase sobre que no recibimos la tierra de nuestros padres sino que son nuestros nietos los que nos la prestan. ¡Poesía! Esa política ha conseguido que no tengamos nietos por el empobrecimiento de la generación de nuestros hijos, que tendrán a lo sumo hijos alemanes o chinos. La burbuja no nos ha hecho ricos, sino parados y emigrantes. Esa es la realidad de los números: casas vacías y cuentas en rojo, nacionales y particulares. Hoy las dos huchas, casas y bancos, se han roto y muchos ven que no hay nada dentro. Los cerditos están medio vacíos.
Que González Pons defienda las burbujas (el encarecimiento) y solo se lamente retóricamente, como un Jeremías, de la concentración de edificios es realmente lamentable por lo que implica. Debería leer con detenimiento las noticias. ¿Cómo puede decir que la burbuja fue buena porque “facilitó que mucha gente que no tenía casa pudiera acceder a ella”? Quizá las personas desahuciadas puedan explicárselo mejor. La burbuja no posibilitó que la gente tuviera vivienda: posibilitó que los bancos dieran créditos bajos para que la gente que no podía comprar una vivienda creyera que podía comprarla. Los efectos en bancos y en particulares los tenemos hoy a la vista. Por eso son tan irritantes las palabras de González Pons, por lo que revelan de “incapacidad genético-ideológica” de entender el problema que han causado o han sido incapaces de contener, me da igual, aunque no sea lo mismo. Han sido irresponsables todos.

Como la memoria es una herida que apenas se cierra, me viene al recuerdo una declaraciones con las que aburría a mis contertulios de la época, de hace diez años. Me levantaron la ira cafetera, que es la que descargas con los amigos cuando compartes el desayuno. Mi irritación la causaron las palabras de ese otro hombre de verbo fácil e ideas sencillas —hoy recuperado para el desastre político autonómico— que es Francisco Álvarez Cascos, entonces ministro:

El ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, asegura que el encarecimiento de la vivienda refleja que hay "muchos españoles" que pueden comprar pisos y que si hay tanta demanda es porque "los españoles hemos convertido desde hace muchos años la vivienda en el principal objetivo del ahorro".
Álvarez Cascos comentó en estos términos los datos facilitados por Tasaciones Inmobiliarias (Tinsa), que cifran en un 14,24% el aumento del precio de la vivienda nueva entre septiembre de 2001 y el mismo mes de 2002.


Que el ministro de Fomento diga que es bueno que el precio de la vivienda subiera un 14% en un año porque eso era síntoma de que había “mucho rico” dispuesto a pagarlo, va en la misma línea mental y económica de lo señalado por González Pons. Un error terrible porque ante ese crecimiento de los precios, los españoles no ahorraron, sino que perdieron sus ahorros, como es notorio hoy. Las burbujas son ficciones a las que tienes que arrastrar a otros; eso es la euforia.
Los argumentos de González Pons sobre permitir el acceso a la vivienda a los que no podían acceder a ella entran en contradicción perversa con la idea de Álvarez Cascos de que debe subir porque somos más ricos. Hoy sabemos que los españoles se autoproclamaban ricos cuando tenían una vivienda muy cara que no habían pagado.  Así somos. Uno no es rico por lo que debe, sino por lo que tiene. Pero esa es la idea que transmitieron políticos y bancos. Es la misma justificación que llevó a la crisis en Estados Unidos: pongamos la vivienda al alcance de todos; hagamos que los bancos den créditos muy baratos para que se ponga en marcha la economía del ladrillo como motor general. Los millones de desahucios en Estados Unidos certifican los mismos resultados. La construcción era la alternativa estática (local) a la deslocalización fabril. Produzco barato fuera; construyo casas caras dentro. Y eso atrae inversores, incluida la mafia rusa.

Es esta especie de políticos, unos que no entienden la realidad y otros que la entienden demasiado bien, la que lleva al desastre a los pueblos. Demuestran carecer de ideas y que las que tienen no son buenas porque nos llevan a los desastres, del que además son incapaces de reconocer sus consecuencias. Es preocupante, además, porque si no son conscientes del problema, volverán a llevarnos al mismo sitio en cuanto se inicie la recuperación, sea eso cuando sea. Seguiremos con la idea de que las burbujas son buenas, que el encarecimiento es síntoma de riqueza, y que hay que atraer inversores, aunque sean mafiosos.
Al final, un alcalde y concejales malagueños de Izquierda Unida, la mafia rusa, la estupidez neoliberal… todos acaban atendiendo, parafraseando a Jack London —The call of the wild—, la llamada del ladrillo. Una llamada salvaje.

* "La mafia rusa, detrás de la trama de blanqueo de Casares en la que ya hay nueve imputados". RTVE /Agencias 17/05/2012 http://www.rtve.es/noticias/20120517/dos-nuevos-imputados-prevaricacion-casares-malaga-elevan-lista-nueve/527711.shtml
** "Esteban González Pons: "La burbuja inmobiliaria fue buena"" Jot Down mayo 2012 http://www.jotdown.es/2012/05/esteban-gonzalez-pons-la-burbuja-inmobiliaria-fue-buena/
*** "Cascos afirma que si la vivienda está cara es porque 'muchos españoles' pueden pagarla" El Mundo 16/10/2002 http://www.elmundo.es/elmundo/2002/10/15/economia/1034692794.html