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martes, 2 de abril de 2024

La ministra y la pseudoterapia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No hace muchos días se produjo el cese de la presidencia de RTVE y el cese previo del responsable de contenidos. Ha sido algo que se explicó de una manera política: se trataba de saltarse las normas de contratación para hacerse con el programa "La resistencia" y ponerlo, como contraprogramación, en el horario del programa de Pablo Motos, "El hormiguero", que se consideraba "crítico" con el gobierno. Todo esto con el reto por delante de elecciones de diferente nivel.



El escándalo está todavía caliente cuando en 20minutos leemos el siguiente titular: "La ministra de Sanidad denuncia una "pseudoterapia" promocionada por Pablo Motos: "Puede poner en riesgo la salud". En dicho artículo se señala:


La ministra de Sanidad, Mónica García, ha mandado este lunes un mensaje al presentador Pablo Motos y todos sus seguidores después de que este promocionara un tratamiento de belleza en sus redes sociales. 

Motos publicaba un vídeo hace unos días en el que presumía de estar ante "una de las máquinas más punteras del mundo en regeneración celular". El presentador de El hormiguero aseguraba en su publicación que aunque pareciera ciencia ficción, "la sensación es súper placentera". 

En el vídeo, Motos explica que llevaba mucho tiempo buscando una máquina de esas características y que la única que hay en España se encuentra en un centro estético de Alicante. Además, da paso a la doctora especialista en el tratamiento para que explique cómo es y en qué ayuda a la salud. *

 

Teniendo en cuenta las decenas de anuncios y promociones similares que se pueden encontrar en prácticamente todos los canales de TV, ante los que la ministra nunca ha intervenido y teniendo en cuenta el contexto señalado anteriormente, el caso parece un nuevo paso en lo que se había iniciado no hace muchos, el de una "contraprogramación" directa desde el ministerio contra alguien que no les gusta.

Lo sorprendente es esto es que haya sido la ministra quien haya tenido que tomar cartas en el asunto este de polemizar. ¿Se preocupa siempre tanto la señora ministra de la salud de los españoles que quieren "regenerar" sus pieles? Hay algo que se llama "formas" que deberían guardarse para evitar que esto parezca otra cosa distinta.

Si realmente, el producto que se promociona es nocivo para la salud o si simplemente ineficaz, ¿no tiene el Ministerio formas de intervención más allá de estas cosas de la ministra, tan personalizadas, por decirlo así?

Ante el vídeo, con más de 20.000 likes solo en Instagram y que se hizo viral en cuestión de horas, la ministra de Sanidad ha decidido saltar a la palestra y denunciar lo que ella ha definido como "pseudoterapias".*

¿Sabe la Ministra cuántas "pseudoterapias" andan circulando por España, por el mundo, cuántos medicamentos prometen curaciones al 97% por si no te toca mejorar? ¿Por qué Motos? ¿Por qué Motos ahora?

El País

Al convertir al Ministerio en parte de este juego de desprestigios selectivos y bajo sospecha, la Ministra Mónica García comete el error de ponerlo bajo observación en sus próximas declaraciones, afectando a su credibilidad.

No todos los ministerios son iguales. Nos hemos vuelto tan cínicos, tan hipócritas con eso de "en política todo vale", que ya damos por descontado que las cosas que nos digan desde algunos están marcadas por la política, que es la forma eufemística de expresar que pueden ser utilizados por encima de la verdad, que pueden ser manipuladores sin cargo de conciencia. Pero hay ministerios que deberían estar fuera de sospecha por la necesidad de credibilidad para ser eficaces.

Esto lo hemos comprendido durante una pandemia y lo seguimos aprendiendo en una España sacudida no por las "pseudoterapias", sino por los escándalos de las mascarillas fraudulentas, aquellas que no solo se pagaban a precio de oro sino que además no protegían a las personas. Sin embargo, esto solo parece un arma arrojadiza de los políticos tras haber sido un juego enriquecedor sin escrúpulos, una indecencia sin paralelo.

En un mundo en el que te prometen "salud", "felicidad"... "decencia", estamos más que escarmentados como para entrar ahora en esta guerra desde un Ministerio que tiene una larga lista de silencios ante muchas cosas más graves que una pseudoterapia. Si es nociva, que se retire; si es legal, que ser revise si han seguido los trámites correspondientes. Pero que no queden bajo sospecha ministra y, tras de ella, el Ministerio.

Ahora, si no quieren que parezca lo que no es, la ministra García deberá aplicar el mismo tratamiento personalizado a todas las pseudoterapias existentes en el país. De otra forma, parecerá "personal" y no lo es, ¿verdad?

En plena campaña electoral, a esta guerra se suma la guerra de los medios valorando a unos y a otros en función de sus propios intereses competitivos y políticos. La salud importa menos que el voto.

Evidentemente, nuestra preocupación no es porque la pseudoterapia pueda útil, si funciona o no, sino por las actitudes y la falta de oportunidad de una ministra que se debe al conjunto, que debe denunciar por igual todo lo que sea un peligro para la salud de los españoles por la propia credibilidad del Ministerio. 

Esperamos con interés la lista de denuncias de las pseudoterapias en el mercado por parte de la Ministra. 

* "La ministra de Sanidad denuncia una "pseudoterapia" promocionada por Pablo Motos: "Puede poner en riesgo la salud"" 20minutos 1/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5232216/0/ministra-sanidad-denuncia-las-pseudoterapias-promocionadas-por-pablo-motos-puede-poner-riesgo-salud/

sábado, 6 de enero de 2024

Mascarillas, el regreso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo los medios nos ofrecen datos y pistas sobre lo que todos temíamos: la vuelta de la mascarilla. Sea por lo que sea, la mascarilla es el objeto fetiche, el tabú del sistema español, pues supone aquello a lo que más le temen los políticos y los sectores económicos, nuestros "mayores". La mascarilla es el recordatorio de que el "mal" existe y de que solo hay una solución, el "distanciamiento".

Habrá usted notado —como yo y cualquier otro, supongo— la proliferación de mascarillas en estos días. Ya es posible verlas en gente de diversas edades en lugares donde hace apenas unas semanas no las veíamos. El gran logro del sistema es habernos convencido de que son los picos los que coinciden con festivos y puentes y los que los provocan. La forma de expresarlo invierte el razonamiento para tratar de evitar que pensemos que somos nosotros los que lo provocamos. Pero en un país que vive de reuniones y saraos de todo tipo es difícil frenar el elemento de propagación, las reuniones. Cuando no que quejan los hosteleros, se quejan los comerciantes o los clubes de futbol. Nuestra forma de negocio patrio es en grupo y, si se puede, en multitudes, ¿Que hay que pagar un precio en muertes?, ¡Pues se paga! Aquí cada uno que vigile lo suyo.


Pero esto tiene también un coste: la atención y esta es cara, necesita de buena organización. En el diario El Mundo leemos:

"Hasta que no vas a un hospital no te das cuenta de lo que hay; la sensación que tengo es la del inicio de la pandemia". Paula, de 40 años, se dio de bruces con la situación de colapso que están viviendo muchos centros sanitarios españoles a consecuencia del aumento de los casos de gripe el pasado 3 de enero, cuando su madre acudió a urgencias del Hospital Río Hortega de Valladolid porque se encontraba muy fatigada.

"Había gente sentada en el suelo porque no había sitio, personas en los pasillos en camillas solas porque no dejaban entrar a los familiares... La compañera de habitación de mi madre tiene 93 años y la tuvieron horas en el pasillo desorientada, sola y sin mascarilla. Por lo que nos ha contado su hija, la llevaron porque tenía insuficiencia respiratoria y dio negativo en Covid y gripe A, pero ahora tiene gripe A y está con fiebre de 38,5. La ha cogido en el hospital", relata.*


La situación es muy real... y frecuente. Hace unos días nos llegó  por correo una triste notificación a todos los profesores de la Facultad, la del fallecimiento de un compañero, menor de 60 años, que fue a un Centro de Salud y salió contagiado de Gripe A. Mandado a su casa, falleció días después por complicaciones respiratorias y finalmente un infarto. La noticia nos dejó a todos sorprendidos. Descanse en paz.

Que uno vaya a los hospitales y salga contagiado, peor de lo que entró, es un gran riesgo y ha existido siempre, pero esto es ya otra cosa por sus niveles de ocurrencia. Cada vez somos más un país de viejos, pero poco preparado. Han dedicado a cabalgata a los "mayores" y se escriben artículos y se montan negocios sobre la llamada "Silver Economy", la que se ocupa de sacar el dinero de los ahorros y pensiones de los mayores una vez que los jóvenes no tienen y los adultos los tienen que financiar.

La oferta es el viaje, las salidas, los actos sociales, etc. que contribuyen en esta época a los contagios. Los virus nos utilizan, igual que nos utilizan políticos y empresarios. Nos necesitan juntos. Este junto es para un viaje, una celebración o un Centro de Salud por la falta de recursos, de espacio, de personal. Lo que podría ser una espera rápida, se convierte en un tiempo interminable para ser atendido. Después, en muchos casos, eso se traduce en nuevos contagios de los que ya no es fácil salir.

El sector sanitario protesta por este aumento y falta de medios, pero los medios están en manos de las comunidades autónomas y, una vez más, este modelo acaba siendo un pasarse la pelota unos a otros ante la incapacidad de respuesta.

En ABC podemos leer hoy mismo: 

Para varias comunidades autónomas, la convocatoria de la ministra Mónica García para celebrar un consejo interterritorial el próximo lunes llega tarde. «Ante la ausencia de medidas por parte del Ministerio de Sanidad, las estoy tomando yo», ha dicho este viernes el consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana, Marciano Gómez, tras anunciar que desde hoy mismo las mascarillas vuelven a ser obligatorias en los centros sanitarios de la región.

«Yo creo que el ministerio tenía que haberse adelantado. Se tenía que haber hecho bastante antes porque desde el último Consejo Interterritorial del 21 de diciembre hasta ahora ha subido la incidencia a nivel nacional a mil casos por 100.000 habitantes y nosotros en la comunidad tenemos 1.500», ha señalado Gómez a la Cadena Ser.

Tampoco la consejera de Sanidad de Madrid, Fátima Matute, ha visto con buenos ojos los anuncios de la ministra. Matute ha criticado que García convoque al consejo interterritorial «de forma extraordinaria y precipitada cuando ha estado de vacaciones desde el 21 de diciembre». «No es tomar las riendas hacer un consejo interterritorial después de que pasen las fechas y cuando ya los picos epidémicos hayan alcanzado casi sus máximos», ha denunciado, e insistía: «De forma improvisada, la ministra se arrenda la dirección de esta pandemia». Madrid, ha defendido, «ha tomado las precauciones y ha hecho los planes necesarios desde noviembre para hacer frente a esta situación».**


 

La ausencia de medidas mínimas, como es el uso de mascarilla en los centros hospitalarios, responde a ese intento de que no se cree un clima negativo ante lo que suponen económicamente las fiestas navideñas, que son las actuales. Hemos admitido con normalidad que ese movimiento económico está por encima de los posibles efectos de la salud. Según este principio, la salud es cosa particular mientras que la economía lo es de los políticos. La incidencia de 1.000 casos es elevadísima y no digamos ya la de 1.500 en la Comunidad Valenciana.

Pero lo peor es que sea en los Centros de Salud, que teóricamente serían puntos en los que encontrarse seguros, donde las personas se contagian. Volvemos a repetir "errores" como los de los fallecimientos en los centros de mayores, convertidos en trampas mortales para no perder la clientela si esta se iba a sus casas. Luego hemos conocido una pequeña parte de esa "silver" masacre por haber mantenido esa concentración de personas.


Las informaciones dadas sobre las "enfermedades respiratorias", así metidas en una sola fórmula, se manejan tanto en lo político como en lo económico como un problema que no depende de las medidas sociales. Pero esto se agrava ante los fallos en la recepción de los casos en los centros y en que estos se conviertan en zonas de contagios intensos.

Las críticas a ministra y ministerio es desaparecer cuando estaba lo más duro, de "vacaciones" desde el 21. Esa desaparición ha dejado las decisiones en manos de las Comunidades que son las que tienen que lidiar con el problema real, con la gente, con los propios médicos que se ven además necesitados de manifestaciones públicas de reclamación de medidas para evitar ser responsabilizados. El que llega a un centro no busca a la ministra; se centra en lo que va teniendo delante, en la situación que debe vivir cada uno.

Es pronto, pero tendremos que realizar estudios correlacionando los contagios anteriores con las probabilidades de contagiarse de otras epidemias posteriores. Es decir, sobre cómo han quedado nuestras defensas, si hay secuelas en nuestro sistema inmunológico. Eso llevaría a nuevas prevenciones y medidas.

Una vez más tenemos nuestro destino sanitario en nuestras manos, en el cuidado que pongamos y en las limitaciones de la vida social. El hecho de que haya más gente con mascarillas en lugares públicos es una señal doble, buena por un lado, pero también manifiesta temor ante los casos que nos rodean y cuyos efectos trágicos vamos conociendo.

¡Cuídese! Nadie lo va a hacer por usted.


 

* Ana Mª Ortiz "Así se está viviendo la gripe en los hospitales: "La sensación que tengo es la del inicio de la pandemia" El Mundo 5/01/2024 https://www.elmundo.es/espana/2024/01/05/65984ffee9cf4a4a0a8b458e.html

** E.C. "Críticas a Mónica García por no actuar ante el pico de gripe: «Tomamos la decisión ante la ausencia de medidas por parte del ministerio»" ABC 6(01/2024 https://www.abc.es/sociedad/criticas-monica-garcia-actuar-ante-pico-gripe-20240105182719-nt.html



miércoles, 24 de noviembre de 2021

Sin máscaras ni mascarillas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En español coloquial, "quitarse la máscara" significa mostrar las verdaderas intenciones, que dejan de estar ocultas. Es lo que acaba de hacer sanidad con la aprobación del nuevo "semáforo COVID" que ya mencionamos hace unos días y que, tras ser retirado por la oposición de ciertas Comunidades, ha sido aprobado hoy mismo por nuestro Ministerio de Sanidad, el Ministerio de la sonriente Carolina Darias, la mujer que anunció la "vuelta de la sonrisa".

Con esta aprobación queda claro qué es lo importante: el único valor que determina las acciones es el nivel de ocupación hospitalaria. Según este argumento, como estamos vacunados, enfermar es mucho más leve, no te mueres y no necesitas UCI. Esto está muy bien... a menos que te mueras y necesites UCI. En este hipotético caso, mientras haya hueco...



¿Cuál es la finalidad? Evidentemente no tocar las restricciones, aunque se nos diga, por parte de la ministra que el uso de la mascarilla sigue siendo obligatorio en interiores. No hay sonrisa interior. El problema es que cuando se pone un límite, se salta hasta el siguiente nivel. Si dejas de llevar la mascarilla fuera, un porcentaje dejará de usarla dentro. Es la norma de incumplimiento del siguiente nivel.

Nos explican en RTVE.es: 

"El cambio fundamental es que la incidencia tiene menos peso", ha explicado la secretaria de estado de Sanidad, Silvia Calzón, puesto que el aumento de casos ya no se traduce en un aumento de la presión hospitalaria, gracias a la vacunación. De este modo, el porcentaje de camas ocupadas en hospitales y unidades de cuidados intensivos por pacientes COVID será más relevante a la hora de definir el riesgo, según el documento aprobado por los técnicos de  Sanidad y las comunidades autónomas. Asimismo, se incluirá una tasa que recoja la proporción de población hospitalizada.*

 


¿Lo que está "enfermo", entonces, es el sistema sanitario? ¿Su "gravedad" es la que hay que aliviar y no la de las personas? ¿En qué queda entonces aquello de que los que no se vacunan ocupan unos porcentajes elevados de las UCI?

Nuestra ministra optimista, Carolina Darias señala: " La ministra Darias ha enfatizado la importancia de continuar con la estrategia de "vacunar, vacunar y vacunar".  "La clave está en seguir vacunando sin parar, vacunando a aquellos que no lo han hecho todavía y seguir con las dosis de refuerzo", ha dicho." Sin embargo, la realidad es que el estancamiento de las vacunaciones  en el 79% y unas décimas lleva mucho tiempo. Eso quiere decir que los antivacunas, como comentábamos aquí ayer, se han encastillado en ese 20% que va a ser muy difícil de reconquistar, pese al empeño de la ministra Darias.


Que sea la ocupación hospitalaria la que determine las medidas que hay que tomar es una aberración. Las medidas que hay que tomar son las que evitan los contagios, no dejar de tomar medidas mientras se pueda uno ocupar de los contagiados. Es una claudicación ante la economía y, por supuesto, ante los antivacunas.

¿En qué quedó aquello de la "inmunidad de rebaño"? Parece que el COVID-19 funciona de otro modo, quizá porque está tan extendido que ya no funcionan precisamente como "inmunidad" sino como variedad continuada en el tiempo gracias, entre otras cosas, a esos grupos irreductibles (los antivacunas, cada vez más violentos y organizados) y otras circunstancias como es el grado de mutabilidad del virus.


Nos dicen que el presidente apuesta por la estrategia de "mascarilla y vacunación", pero ¿y si no me vacuno y no me pongo la mascarilla? De nuevo tenemos un tipo de actitud demasiado optimista, especialmente cuando hemos llegado al topo de vacunación, según parece, y se avecinan malos tiempos para las mascarillas. Los expertos, también nos dicen, recomiendan la "persuasión" antes que la imposición, léase "vacunación obligatoria" y exigencia del pasaporte COVID. Ya nos han dicho algunos de nuestros políticos lo que opinan. Todos se han vuelto "seductores", es decir, no quieren perder popularidad.

Finalmente es el aspecto económico el que se busca favorecer habida cuenta de que la distancia social es improductiva. Juntos producimos; separados, no gastamos. Esa es la verdad sobre la que se cimentan todas estas idas y venidas que hoy quedan clarificadas con esta retirada de las máscaras.


Las reticencias de algunos se han vencido precisamente por la negociación de las medidas. Primero se aprueban los niveles; en una segunda tacada y a manos de las propias Autonomías, es decir, en función de sus economías y las temporadas que haya que salvar, se ajustarán las restricciones. Lo que ha hecho Sanidad es ampliar los márgenes para diluir el central, que es la incidencia. Es el dato, qué casualidad, que se sigue disparando cada día, hasta 132 hoy mismo. Hace unas semanas, la ministra sonreía, porque estábamos en 40. ¡Parece que fue ayer!


Mientras los titulares de la prensa lanzan la advertencia de la OMS de que este invierno puede haber del orden de 700.000 muertos por COVID solo en Europa —muertos, no en las UCI— , en España nuestro ministerio y asociados, juegan con los semáforos y las restricciones en un mundo irreal, cortoplacista y arriesgado. ¿Sigue creyendo el gobierno que el eliminar restricciones o subirlas a niveles más altos porque los "enfermos ya no van a las UCI"? ¿Va a forzar a los que no se quieren vacunar? ¿Quiere un espectáculo como el que vemos en las calles italiana, alemanas o francesas?

Vamos en la dirección contraria a lo que pasa y hacen en Europa. A este ritmo, van a tener que cambiar el semáforo muchas veces.


El "riesgo" no está en las UCI, está en las personas. Usted enferma. Podríamos quitar, por igual motivo, los indicadores de las carreteras porque hay muchas plazas en los hospitales y se puede asumir el "riesgo" de los accidentes. ¿Lógico, verdad?

Cuídese usted, porque está claro que los demás no van a hacerlo. Nadie quiere ser impopular. Mientras nos preguntemos "¿qué nos dejan hacer?", nuestra principal preocupación, y no "¿qué debemos hacer?", no habrá solución fácil.

 


* "Sanidad revisa el 'semáforo' COVID y los niveles de riesgo pero sin incluir restricciones" RTVE.es 23/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211123/sanidad-estudia-cerrar-interior-hosteleria-2300-riesgo-medio-presion-hospitalaria/2233002.shtml


lunes, 22 de noviembre de 2021

El color del semáforo COVID

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Se suele decir que no es honesto cambiar las reglas del juego a mitad de partida. Algo así es lo que quiere hacer el Ministerio de Sanidad con lo que llaman el "semáforo" del coronavirus, es decir, la definición de los niveles de alerta en función de la cantidad de contagios.

Parafraseando a Campoamor, el mundo es según el color del semáforo con el que se describe. Importan más los colores que los datos en estos tiempos "visuales", más sencillos. El "semáforo" no deja de ser una analogía de la situación, por lo que modificarlo tiene ciertos efectos en la percepción de conjunto.

En Antena3 leíamos hace seis días:

Sanidad debatirá el nuevo borrador de semáforo COVID en la Comisión de Salud Pública de este martes. El nuevo documento, al que Antena 3 Noticias ha tenido acceso, propone modificar los límites de riesgo por coronavirus.

[...] la incidencia acumulada a 14 días por cada 100.000 habitantes aumentaría hasta los 500 casos para que llegase a considerarse en riesgo muy alto. De 300 a 500 casos sería riesgo alto; de 300 a 100 riesgo medio; de 100 a 50 riesgo bajo y con menos de 50 positivos, la situación sería 'circulación controlada', lo que hasta ahora se conocía como 'nueva normalidad'.

De acuerdo a estos parámetros, y analizando la situación epidemiológica actual de cada región, País Vasco, Navarra, Aragón, Baleares, Cataluña, La Rioja estarían dentro del nuevo riesgo medio. Por su parte, Canarias, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Madrid y Murcia, permanecerían en el umbral medio y finalmente, sólo Andalucía, Galicia, Asturias y Extremadura estarían en situación controlada.*

 


¿Es una broma? Es la más descarada manipulación en muchos años y, sobre todo, es reírse en la cara de todos los españoles. Si no se puede cambiar la realidad, cámbiale el nombre. Cuando los contagios se vuelven incontrolables, la solución de nuestros genios es cambiar las denominaciones. Son los mismo apaños contables que se hacen para camuflar, por ejemplo, las cifras del paro, sacando a los parados con la más mínima excusa, como que se apunten a cosas que se les ofrecen precisamente para este fin. De esta forma, el político deja de referirse a los datos reales y solo cita a los que reúnen estas condiciones.

Con el cambio de denominación de los niveles, los políticos dejarán de mostrar su fracaso en los datos para mostrar sus bondades situándonos en un nivel más relajado cuando la situación sigue siendo la misma en cuanto al número de contagios. ¿Pretenden que me "sienta tranquilo" igualmente con la calificación de 300 que con 500?

La maniobra es clara: con este rápido crecimiento, se verán en la tesitura de tener que tomar medidas de cara a la campaña navideña que afectarían a lo que realmente le importa, la situación económica. Una vez más, tenemos por delante las verdaderas prioridades.

Al modificar la calificación de las franjas, el "semáforo" estará en verde cuando realmente debería estar en rojo. La creencia en que esto se puede sostener es muy precaria ya que no se va a producir la tercera dosis de la vacuna con la rapidez necesaria como para llegar a lo que temen, la ola navideña. Modificando los niveles, la incidencia deja de ser una referencia para las medidas, que serán muy relajadas aunque no debieran serlo.


Pero el efecto de esto es otro muy diferente: minar la confianza de las personas en las autoridades y el sistema en su conjunto. Ese lema que con tanta vehemencia ha defendido el presidente, "¡Vacunas y mascarillas!", después de que su ministra de Sanidad hablara en su momento que "había llegado el tiempo de las sonrisas", se ve como una mera declaración de intenciones, especialmente una vez que se ha llegado a un punto de vacunación más allá del cual será difícil progresar. Si hay contagios y estos siguen aumentado es señal clara de que esos principios no son suficientes, especialmente si lo que no se vacunan siguen sin querer hacerlo y los que no se ponen las mascarillas tampoco lo hacen. Esto será especialmente grave con la llegada de las celebraciones en interiores, hogares y locales cerrados por la ola de frío que nos llega ya esta misma noche.


La maniobra de cambiar el "semáforo" en plena ola de ascenso, con las nuevas vacunaciones apenas progresando y empezando con las terceras dosis porque es necesario reforzar las anteriores, es realmente una temeridad.

Pero no todo está tan claro por las divergencias de intereses. Sorprendentemente, la propuesta del Ministerio no pasó, según se nos informó en los medios:

La Comisión de Salud Pública celebrada esta tarde ha aprobado por unanimidad el Plan Estratégico de Salud Medioambiental (PESMA), pero, en contra de lo que se esperaba, la ponencia de alertas del mismo organismo no ha dado luz verde al documento de ‘Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión de COVID-19’, el conocido 'semáforo covid', un texto en el que, según Sanidad, sigue trabajando junto a las comunidades autónomas. 

En la reunión, indican desde el Ministerio, se han recogido impresiones y propuestas de las distintas regiones sobre esa actualización de los indicadores para medir los niveles de riesgo en los que se encuentra España respecto al coronavirus. El texto se llevará a Comisión de Salud Pública próximamente.**


Algo les falló y no es difícil imaginar qué dadas las diferencias políticas entre las autonomía, al igual que en sus estados o niveles. Cuando hay Autonomías luchando por tratar de mentalizar a la gente de que hay que tomar medidas, el Ministerio sale con una propuesta para lo contrario, para relativizar la incidencia.

El argumento sobre que estamos bastante vacunados, que la gente enferma con menor gravedad, etc. no es demasiado congruente con lo que estamos viendo y, sobre todo, con lo que nos espera. Con la enorme crisis europea, no parece razonable relajarnos tanto como se nos pide. No vivimos aislados.

Tenemos suerte de que nuestras cifras de vacunación sean buenas comparativamente hablando, pero ¿hemos llegado al tope de vacunación y al rebote de los contagios? Eso es lo que los datos nos dicen cada día, que crece poco la vacunación y aumenta mucho la incidencia. Por delante el invierno y las olas navideñas. Mucho me temo que esta maniobra de camuflaje sea una anticipación de lo duro que nos queda por llegar. Es una desfachatez, pero sobre todo es una peligrosa maniobra que conlleva la relajación de medidas. El frenazo al cambio del semáforo indica que cada vez hay más instituciones que no aceptan este sistema fuelle y prefieren cortar antes que camuflar.

El Ministerio de Sanidad lleva tiempo siendo más "político" de la cuenta. Han dicho que volverán a la carga con el cambio del semáforo. ¿Es sensato mientras los indicadores suben? 




 * Rosa María Salcedo  "Sanidad propone aumentar de 250 a 500 los casos para considerar que un territorio está en riesgo muy alto de coronavirus" Antena3 16/11/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/sanidad-propone-aumentar-500-casos-riesgo-muy-alto-incidencia-acumulada_2021111661937b2c77bc800001a72b34.html

** "Sanidad aplaza el cambio del nuevo 'semáforo covid'" El Periódico de España 16/11/2021 https://www.epe.es/es/sanidad/20211116/sanidad-aplaza-cambio-nuevo-semaforo-covid-12856267


sábado, 10 de octubre de 2020

Tumbar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¡Qué extrañas guerras las de la política española! Tras la decisión judicial del jueves por parte del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, se ha puesto de moda el verbo "tumbar", una metáfora que despierta en las mentes de quienes la escuchan diversos sentimientos según el barrio. Lo extraño del caso es que la metáfora tiene una serie de connotaciones que no inocentes, en modo alguno, dentro de esta lucha entre afinadores de palabras, como hay afinadores de pianos, busca del término efectivo-expresivo que haga daño. Sorprende, además, el efecto contagioso que estas metáforas tienen en los medios, que se refugian en ellas con una evidente falta de precisión y fácil mimetismo.

"Tumbar" es, además, un árbol que no deja ver el bosque, ya que su función no es revelar algo sino usar una valoración del hecho en sí que tiene efectos perceptivos. Como nos enseñaron G. Lakoff y M. Johnson, "vivimos a través de las metáforas", es decir, ellas representan el marco interpretativo de los acontecimientos. "Tumbar" tiene sus efectos valorativos.

Estos son algunos titulares con el "tumbar" incluido: "¿Puede la Comunidad de Madrid tumbar en los tribunales el confinamiento de sus ciudades?" (1/10 RTVE); "Gobierno y Madrid se reúnen esta tarde ante la decisión del Tribunal de Justicia de tumbar el cierre de Madrid" (Servimedia 8/10/); "¿Está de acuerdo con la decisión del TSJM de tumbar la orden de confinamiento de Madrid?" (20 Minutos); "En directo: reacción de Illa en el Congreso a la decisión del TSJM de tumbar el cierre de Madrid" (8/10 La Política Online); "Por qué un tribunal tumbó las restricciones en Madrid y otros las aceptaron" (9/10/ Heraldo); "La Justicia tumba el confinamiento de Madrid ordenado por Illa" (08/10 El Periódico); "El Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumba el confinamiento perimetral de la capital y otros nueve municipios de la comunidad" (8/10 El Diario); "La justicia tumba el confinamiento de Madrid ordenado por Illa" (8/10 El Día. La Opinión de Tenerife)...

"Tumbar" es una metáfora de metáforas. Se usa en otros ámbitos, el principal es el del boxeo en donde "se tumba al contrario". "Tumbar", en este ámbito, implica dar un golpe tan contundente que das con el adversario en la lona, en el suelo del cuadrilátero. Es una victoria contundente.

El Confidencial dedica un artículo firmado por Pablo Gabilondo —con el titular "¿Por qué Vallecas sí y Madrid no? Los tecnicismos legales del confinamiento"— a explicar el sentido jurídico de lo establecido por el TSJM, señalando lo inadecuado del procedimiento seguido dada la magnitud de los que se pide. Su conclusión final es la siguiente: 

[...] las autoridades pasaron por alto las anteriores leyes y solo apoyaron el cierre de Madrid en la orden de Sanidad, texto que en ningún caso incluye esa competencia que tienen las comunidades autónomas para "adoptar medidas preventivas de contención y otras que supongan limitación de actividades y desplazamiento de personas". Sin esa delicada combinación de leyes como telón de fondo, el TSJM considera que las restricciones suponen una "limitación o restricción de derechos fundamentales" que no está justificada y, consecuentemente, no cabe su ratificación. El tribunal, por tanto, no entra en que las medidas sean más o menos urgentes o en que los vecinos de la Moraleja merezcan un trato distinto a los de Vallecas: solo subraya que, esta vez, el armazón legal presentado es insuficiente para cerrar Madrid.* 

De eso se trata y no de otra cosa. Pero eso ha abierto otra nueva línea de ataques entre unos y otros contra, esta vez, los jueces, cuya responsabilidad es clara y sus indicaciones son precisas. Han dicho lo que debían decir y resaltado la chapuza jurídica.

Lo que han explicado con poca fortuna los catedráticos y expertos en Derecho Constitucional ante las cámaras de quienes les ha preguntado es que el TSJM no entra la en cuestión de la pertinencia sanitaria de las medidas, sino en la débil vía jurídica elegida para aplicar medidas que afectan directamente a un "derecho fundamental", la movilidad de las personas, algo recogido en nuestra Constitución y que solo puede verse modificado por una norma de rango superior a la empleada. Por eso, el "tumbado madrileño" solo ha durado el tiempo que ha tardado en reunirse el Consejo de Ministros y decretar el "estado de alarma" en la Comunidad, herramienta jurídica que sí permite (como ya ocurrió) mantener a la gente dentro de determinados ámbitos espaciales, es decir, confinamientos perimetrales de poblaciones en la zona especificada por el decreto.

Pero la interpretación es llevada por otros derroteros, los de la maldad intrínseca de las medidas, algo en lo que los jueces ni entran si salen, ni tampoco deben ya que no es su función.

Todo esto, que parece fácil de entender si se quiere entender, se produce en una pelea como no se ha visto nunca entre administraciones, con la excepción de las rebeldías de Cataluña. En esta lucha, los medios están jugando un papel de comparsas, ya sea por sus propias adscripciones ideológicas, sus intereses económicos (o de los que están detrás de ellos) o las simpatías personales. El contagioso verbo "tumbar" demuestra una falta de análisis, un exceso de partidismo o una combinación de ambos. En algunos medios es simplemente el deseo de usar términos fuertes, como "tumbar" con el deseo de atraer lectores con los titulares.

Lo más preocupante es que los destinatarios finales de estos mensajes son los ciudadanos que, además de sentirse mareados por la falta de decisión o tino de sus dirigentes, se ven ahora lanzados, por unos y otros, hacia los jueces, que se han limitado, como es su obligación, a señalar los defectos jurídicos, no los sanitarios, que son los que afectan a la salud de los madrileños. Sin embargo, la mezcla de todo tipo de elementos es el fenómeno visible: si el TSJM "tumbó" las "medidas" del gobierno central es porque "atentaba" contra los "derechos constitucionales" de los madrileños. Y no es eso lo que han dicho ni han querido decir. Pero la interpretación de lo ocurrido con el TSJM se esparce como una especie de gran victoria por KO en la rivalidad entre administraciones primero y entre partidos después.

Todo esto es un intento de rentabilizar una vergonzosa lucha política que los propios ciudadanos rechazan, como se aprecia en las múltiples encuestas en las que se muestra su hartazgo. Por eso, los intentos de politizar estas cuestiones no son bueno para nadie. Demuestra que, por mucho que se diga, no se hace sino intentar incitar a la ciudadanía en vez de tratar de llevarla a comportamientos más responsables. El resultado de la batalla madrileña es "haz lo que te dé la gana", como muestran los múltiples memes y chistes circulantes, una forma de desinformación y de erosión de los poderes públicos, incluidos los judiciales. El caos perjudica a todos, pero beneficia a algunos.

No es sorprendente que esto ocurra, ya que desde el principio, la situación política española no ha dejado de interferir en las medidas necesarias para la toma de decisiones sanitarias. Desde las autorización de manifestaciones y las celebraciones de mítines días antes de declarar el estado de alarma hasta la actual batalla de Madrid, pasando por el "¡Madrid nos mata!" de un inefable Qim Torra a sus huestes, la política no ha dejado de inmiscuirse en las decisiones sanitarias de todas y cada una de las Autonomías, en los Ayuntamientos y en el gobierno central. Cada una de las ampliaciones del "estado de alarma", que debían pasarse por el Parlamento, han sido batallas campales; lo fue la desbandada de la reapertura ante la "nueva normalidad", que tenía poco de ambas cosas, en su carrera por la atracción de turistas ante la promesa de que "yo soy más seguro que los demás" por parte de las autoridades autonómicas. Ahora pagamos las consecuencias en todos los ámbitos. La batalla del "turismo seguro" (una de las múltiples en esta guerra larga) se ha saldado con innumerables caídos y este calamitoso estado en que nos encontramos.

El intento del Partido Popular madrileño de llevar la pandemia al terreno de las "libertades", con el aplauso de Vox y el descontento de Ciudadanos, es esencialmente un reflejo de lo ocurrido en Estados Unidos y en Reino Unido. Vemos el peso de la ultraderecha norteamericana, contagiando a la europea, en los que se oponen a las mascarillas como un atentado contra sus libertades y se manifiestan contra ellas en nuestras capitales comunitarias, como ocurrió en Madrid y Berlín. El argumento de los ataques a las libertades es erróneo y solo busca debilitar el sistema. Basta con escuchar los ecos de Trump para comprenderlo.

El enfoque "neoliberal" de la pandemia, se ha visto, no ha llevado a una expansión de la economía, sino a todo lo contrario y con peores consecuencias y duraderas secuelas. Parece que uno de los efectos del coronavirus es el borrado de la memoria, el olvido de lo que hemos vivido apenas unas semanas antes. Es una especie de "reinicio" constante movido por los intereses que hay detrás, mayormente económicos entremezclados con los políticos. No se ha conseguido llegar a la sincronización de ambos aspectos, seguridad y economía. En vez de buscar fórmulas de equilibrio que permitieran avanzar con prudencia y firmeza, se han impuesto las prisas y —hay que recordarlo— los prematuros saltos de fase en España para hacerse con el mercado disponible, especialmente el turístico.

Pese a ello, no deja de sorprender que la batalla madrileña gire alrededor de un puente. ¿Vamos a tener esta batalla con cada uno de nuestros "puentes", momentos en los que se producen millones de desplazamientos a segundas residencias y lugares turísticos? En un momento en que algunos países ya dan por "perdidas" las navidades, ¿vamos a seguir estas disputas con cada festivo en adelante?

La chapuza del ministerio es grande, pero no le van a la zaga los cantos de victoria lanzados por algunos, que quieren ver respaldo jurídico para sus tesis en unas decisiones sanitarias necesarias ante el empeoramiento escandaloso de Madrid, en estos momentos capital europea de la pandemia, un desgraciado título que debemos quitarnos como sea de encima pronto. 

Esto solo se logrará con la colaboración de buena fe entre las administraciones, que será lo que dé respaldo a la responsabilidad ciudadana, pieza necesaria y mareada para el mejor funcionamiento de las medidas y control de la situación de la epidemia.

"Tumbar", más allá de el boxeo, tiene también otras derivas semánticas. Desgraciadamente la de "estar tumbados", es decir, la de no hacer nada está incluida entre ellas. Ese es el verdadero peligro que nos amenaza a todos, el de no hacer nada y darnos por contentos con estas cosas que al final siempre seremos nosotros los que las paguemos en sufrimiento y pérdidas de todo tipo.  Los expertos, más allá de los mecanismos legales, advierten que lo que llega con el invierno no será fácil de sobrellevar. Estas son todavía las alegrías post-veraniegas, como si no hubiéramos tenido bastante.

El País

* Pablo Gabilondo "¿Por qué Vallecas sí y Madrid no? Los tecnicismos legales del confinamiento" El Confidencial 09/10/2020 https://www.elconfidencial.com/espana/2020-10-09/tsjm-cierre-madrid-confinamiento-restricciones_2782044/